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viernes, 5 de junio de 2026

En medio de nuestras tribulaciones, nuestras luchas, nuestras búsquedas sepamos acudir a la Sagrada Escritura para encontrar la Sabiduría de Dios para nuestra vida

 


En medio de nuestras tribulaciones, nuestras luchas, nuestras búsquedas sepamos acudir a la Sagrada Escritura para encontrar la Sabiduría de Dios para nuestra vida

2 Timoteo 3, 10-17; Salmo 118; Marcos 12, 35-37

No temamos hacernos preguntas que nos cuestionen por dentro; es un deseo de avanzar, de encontrar razones, de abrirnos a nuevos horizontes, de fundamentar bien lo que ya llevamos por dentro. En la medida en que vamos avanzando por la vida seguramente nos aparecerán nuevas cuestiones que antes no nos habíamos planteado, pero eso significa el crecimiento que vamos experimentando y eso nos conduce a una madurez que nos hará sentirnos más seguros. No somos ciegos que simplemente ven por los ojos de los otros, sino que hemos de tener nuestra propia mirada, que se siente enriquecida por lo nuevo que va encontrando, pero también de lo que va recibiendo de los demás. No es una búsqueda que nos haga mirarnos solo a nosotros mismos, sino que nos hará rumiar y reflexionar sobre lo que ya forma parte de nuestra vida para ir ahondando más y más.

Hoy es Jesús en el evangelio el que le hace preguntas a sus contrincantes; muchos habían ido planteándole cuestiones no siempre en una búsqueda sincera de algo mejor que Jesús pudiera ofrecerles, sino como muchas veces hemos visto querían cogerle en sus palabras para manifestar así su rechazo a lo que Jesús estaba significando. Ayer mismo escuchábamos al escriba que le preguntaba por el mandamiento principal de la ley, una pregunta que no tendría sentido en quien la hacía puesto que era un maestro de la Ley. Pero hoy es Jesús el que los cuestiona y los deja sin palabras. Si el Mesías era hijo de David, de la descendencia de David, ¿cómo es que le llame su Señor? No tienen respuesta; pero Jesús les está haciendo ver cual es su verdadero mesianismo y que El está por encima de la misma Ley, si es el Hijo de Dios como se está manifestando Jesús. El pueblo sencillo sí sabe reconocer la veracidad y autenticidad con que Jesús se manifiesta.

Lo de menos en nuestra reflexión en este caso es ese cuestionamiento. Hemos más bien saber responder a esos interrogantes que en nuestro interior se nos presentan también en el campo de nuestra fe y de la manera de expresar no solo nuestra religiosidad sino todo lo que significa el seguimiento de Jesús, es decir, todo lo que atañe a nuestra vida cristiana. ¿Dónde hemos de ir encontrando esas respuestas?

Hermoso el texto que se nos ofrece de la segunda carta de san Pablo a su discípulo Timoteo. Está recordando el apóstol lo que ha sido el recorrido de su vida que no siempre ha sido fácil. ‘¡Qué persecuciones soporté!’, recuerda el apóstol, ‘pero de todas me libró el Señor… todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, serán perseguidos’, nos viene a decir. Por eso nos invita a vivir en la fidelidad. Como le dice a su discípulo ‘tú, en cambio, permanece en lo que aprendiste y creíste, consciente de quiénes lo aprendiste, y que desde niño conoces las Sagradas Escrituras: ellas pueden darte la sabiduría que conduce a la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús’.

Ahí tenemos nuestra sabiduría que nos hará saborear todo el sentido y el valor de la vida; es lo que nos hará crecer y madurar, es lo que nos va a dar verdadera profundidad a nuestra vida, es donde vamos a encontrar la fuerza para mantenernos en esa fidelidad, sintiendo que es el Señor nuestra fortaleza. Por eso concluye diciéndonos algo hermoso. ‘Toda Escritura es inspirada por Dios y además útil para enseñar, para argüir, para corregir, para educar en la justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto y esté preparado para toda obra buena’.

¿Qué valor le damos a la Biblia? ¿La saboreamos como lo que es, la Sabiduría de la Palabra de Dios? En medio de nuestras tribulaciones, nuestras luchas, nuestras búsquedas ¿acudimos a la Sagrada Escritura para encontrar esa Sabiduría de Dios para nuestra vida?

lunes, 11 de mayo de 2026

El Espíritu de la verdad, enviado desde el Padre que dará testimonio de Jesús, y que hará que nosotros también demos testimonio de Jesús

 


El Espíritu de la verdad, enviado desde el Padre que dará testimonio de Jesús, y que hará que nosotros también demos testimonio de Jesús

Hechos 16, 11-15; Salmo 149; Juan 15, 26 — 16, 4a

Es cierto que a veces al tener que enfrentarnos a lo desconocido se nos pueden llenar de temores el corazón porque en nuestras dudas y miedos no sabemos si sabremos afrontar esas nuevas situaciones que se nos presenten y de alguna manera se nos meten muchas cosas en la cabeza, muchas imaginaciones en que podemos barruntar que no va a ser fácil lo que tenemos que hacer.

Nos sucede en el día a día de nuestra vida, nos sucede cuando tenemos entre manos un nuevo proyecto que aunque nos llena de ilusión también nos aparecen esos miedos de si seremos capaces de llevarlo a cabo, nos sucede en la tarea de superación personal que cada uno vivimos donde nos damos cuenta de nuestras posibilidades pero también de nuestras debilidades que nos podrían llevar a muchos tropiezos, y nos sucede en el camino de nuestra fe, de nuestro compromiso cristiano en medio del mundo que nos rodea.

¿De donde sacaremos fuerza?, quizás nos preguntamos muchas veces, o quizás después de realizados esos proyectos también nos preguntamos cómo fuimos capaces de afrontar todo eso y llevarlo adelante, dónde encontramos esa fortaleza para llegar a hacer lo que incluso creíamos que éramos incapaces de realizar.

Jesús nos está hablando hoy del ‘Paráclito que enviará desde el Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre’. Jesús les había prometido que no los abandonaba, que El estaría con ellos pero les hacia saber que era de una manera nueva. Lo irán luego experimentando después de la resurrección en aquellas manifestaciones de Jesús como hemos venido meditando en esta pascua. Será el Espíritu de la verdad, enviado desde el Padre el que dará testimonio de Jesús, como hoy nos dice. Y el que hará que nosotros también demos testimonio de Jesús. Todo un misterio de Dios, todo un misterio de amor.

Jesús no les oculta que no todo será siempre fácil. Les habla de persecuciones e incluso muerte, y les anuncia todo esto para que cuando lleguen esos momentos difíciles no se vengan abajo, ‘cuando llegue la hora os acordéis de que yo os lo había dicho’. Pero Jesús les estará garantizando que con la fuerza del Espíritu, el Paráclito, podrán dar ese testimonio de Jesús.

No se trata tanto de lo que nosotros por nosotros mismos seamos capaces de hacer, que podemos hacer más de lo que nosotros pensamos, pero es que no vamos por caminos de autosuficiencias ni de orgullos personales, estamos en otra honda, otro el sentido espiritual que debe envolver nuestra vida porque es envolvernos del Espíritu de Dios. El Espíritu que nos ilumina y nos llevar a que podamos comprenderlo todo, el Espíritu que completa en nuestro corazón esa revelación de Dios porque nos recordará todo lo que Jesús nos ha enseñado, el Espíritu que nos da fortaleza para quitar miedos, para abrir puertas, para saltar sobre esos abismos y barreras que tantas veces nos creamos, que le da profundidad a nuestra vida para que no nos quedemos ni en la apariencia ni en lo superficial, el Espíritu que nos hace humildes porque no somos dueños de una verdad sino mensajeros de una buena nueva, el Evangelio de Jesús, el Espíritu que va a animar y dar sentido también a nuestra oración porque solo con la acción del Espíritu podremos decir que Jesús es el Señor y llamar Padre a Dios.

Mucho tendríamos que reflexionar sobre todo esto porque aunque nos decimos cristianos y creyentes que hemos puesto nuestra fe en Jesús sin embargo con demasiada frecuencia nos olvidamos de esta acción del Espíritu Santo en nosotros. Nos sentimos débiles por nosotros mismos y cuando nos envuelven los problemas o se nos hace costoso el testimonio que hemos de dar de nuestra fe parece que nos sentimos sin fuerzas y en nuestros miedos muchas veces reculamos y no somos lo valientes que tendríamos que ser. Muchos miedos y cobardías se nos meten en el alma.

Tendríamos que escuchar con mucha atención estas palabras de Jesús y hacerlas vida de nuestra vida. Muchas veces decimos que el Espíritu Santo es el gran olvidado, pero es que realmente está ahí en el credo de nuestra fe, pero no terminamos de asimilar y sentir su presencia en nosotros y en la vida de la Iglesia.

domingo, 10 de mayo de 2026

No nos ha dejado huérfanos Jesús, nos da el Paráclito, el Defensor, el Espíritu de la verdad que nos inspira y nos hace sentir siempre la presencia de Jesús

 


No nos ha dejado huérfanos Jesús, nos da el Paráclito, el Defensor, el Espíritu de la verdad que nos inspira y nos hace sentir siempre la presencia de Jesús

Hechos 8, 5-8. 14-17; Salmo 65; 1Pedro 3, 15-18; Juan 14, 15-21

Cuando vivimos arropados los unos con los otros formando un equipo o un grupo pero sobre todo con la presencia de alguien que, como un líder, nos da fuerza y ánimos para ir logrando las metas que nos proponemos, que además ha puesto su confianza en nosotros y nos ha ayudado a crecer y madurar dándonos además confianza en nosotros mismos, si en un momento determinado esa persona nos falla, porque no puede seguir con nosotros, porque por ejemplo le sobreviene la muerte de forma inesperada, nos parece que nos venimos abajo, que perdemos nuestra seguridad y confianza, nos parece que ya nos sentimos imposibilitados para llevar a cabo aquellas metas que nos habíamos propuesto. ¿Seremos capaces de renacer de nuestras cenizas? ¿Dónde y cómo vamos encontrar esos apoyos que nos ayuden a seguir creyendo en nosotros mismos?

Pongo esta imagen en el comienzo de la reflexión de hoy porque de alguna manera se sentían así los discípulos de Jesús ante los acontecimientos que se avecinaban por lo que el mismo Jesús les había señalado; teniendo aun a Jesús con ellos ya comenzaban a sentirse solos y abandonados, incapaces de continuar con la tarea del Reino de Dios que Jesús les había encomendado. Es la tristeza que están viviendo en la cena pascual con esos aires de despedida que los envolvían.

Pero las palabras de Jesús es decirles que no les dejará abandonados. Palabras de aliento y de ánimo, palabras que siempre como todas las palabras de Jesús siembran esperanza. ‘No os dejaré huérfanos, les dice, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo’. Sin embargo, a ellos les cuesta entender. Jesús les insiste en la fidelidad que han de mantener, han de seguir haciendo y haciéndolo con intensidad todo aquello que Él les ha enseñado. Han de mantenerse firmes en su amor que tiene que transformarse en amor en sus vidas.

Por eso les habla de una presencia nueva, que será como su abogado y defensor, que les hará tener presente siempre las palabras de Jesús, lo que Jesús les ha enseñado. El Paráclito, es la palabra que se emplea en el evangelio, que viene a significar algo así como el Defensor. ‘Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad’.

Sentirán entonces en sí mismos el Espíritu de Jesús que les hace presente a Jesús; sentirán su inspiración para las obras buenas que tienen que seguir haciendo; sentirán en su corazón como llegarán a entender mejor todo el sentido de Jesús, todo lo que significaba aquella buena nueva que venía a ser Jesús para el mundo. No todos lo comprenderán ni podrán conocerlo, solo quienes han puesto totalmente su fe y su confianza en Jesús podrán entender el sentido de sus Palabras y podrán llegar a sentir en sus corazones la presencia del Espíritu Santo.

Estamos entrando ya en las rectas finales de nuestro tiempo de Pascua, porque el próximo domingo celebraremos ya la Ascensión y dentro de quince días Pentecostés. Es momento de seguir intensificando la vivencia de la Pascua, que no se nos quede ya como un recuerdo pasado; seguimos viviendo la Pascua, como ese sentido pascual tiene que estar presente siempre en la vida del cristiano cada día. Pero viene siendo el momento ya de irnos preparando para la fiesta de Pentecostés para que sintamos en verdad la presencia del Espíritu de Jesús en nosotros, en nuestra vida, y en la vida de la Iglesia.

Momento de despertar nuestra fe en la presencia del Espíritu Santo sin el cual nuestra vida podría quedarse en un vacío e incluso nuestras celebraciones en unos rituales sin vida. Recordemos que no hay sacramento sin la acción del Espíritu Santo que nos hace sentir en el Sacramento la presencia y la acción de Jesús. ¿No invocamos al Espíritu Santo para que transforme nuestras ofrendas del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesús?  No olvidemos que por el agua y el Espíritu hemos renacido a una nueva vida en nuestro Bautismo. Y es por la acción del Espíritu Santo por el que recibimos el perdón de los pecados en el Sacramento de la Penitencia.

Y así en todos los sacramentos. Pero así tendría que ser en toda nuestra vida de fe, en nuestra oración en la que nos sentimos hijos que hablamos y oramos al Padre, como en todo lo que significa el compromiso de nuestro amor; dejémonos inspirar por el Espíritu Santo para esas nuevas iniciativas de compromiso de amor que hemos de vivir cada día, pero es con la fuerza del Espíritu cómo vamos a expresar nuestro amor. ¿No es nuestro Paráclito, nuestro Defensor? Cuando algo nos cueste o se nos haga difícil invoquemos al Espíritu y sentiremos la fuerza de Jesús para realizar sus mismas acciones.

No estamos solos, no nos ha dejado huérfanos Jesús. Con la fuerza de su Espíritu seguiremos creyendo en nuestras posibilidades, ser testigos de Jesús con nuestra vida, dar testimonio de nuestra fe.

 


miércoles, 28 de mayo de 2025

Damos gracias por la acción del Espíritu que se manifestó y se manifiesta el hoy del camino de la Iglesia y dejémonos enseñar y conducir por El que nos guiará a la Verdad plena

 


Damos gracias por la acción del Espíritu que se manifestó y se manifiesta el hoy del camino de la Iglesia y dejémonos enseñar y conducir por El que nos guiará a la Verdad plena

Hechos 17, 15. 22 — 18, 1; Salmo 148; Juan 16, 12-15

Los conocimientos no los podemos reducir a unas como estancias o espacios estancos que cuando se llenan ya no tienen capacidad para más; el conocimiento en sí mismo está en progresivo conocimiento, no podemos decir hasta aquí he llegado y ya no tengo más a donde ir para aprender algo nuevo; el sabio no lo es porque ya se lo sepa todo, sino porque está cada día queriendo conocer más. Lástima que en la vida algunas veces podamos encerrarlo en aquello de que yo eso ya lo estudié cuando era niño o cuando era joven y no necesita aprender más; es limitar nuestras capacidades, limitar nuestra misma humanidad que siempre ha de estar en crecimiento y siempre podemos dar un paso más y llegar un poco más allá. Tenemos siempre la base de lo aprendido pero sobre ella seguimos construyendo; así tiene que ser la vida.

Así tiene que ser también nuestra vida cristiana, no solo en cuanto a lo que podemos hacer sino también en cuanto a lo que podemos ser; es el crecimiento de Dios en nuestro corazón, es la comprensión de su Palabra que cada día ha de ser mayor, es el leer lo que es la Palabra eterna de Dios pero en el hoy de nuestra vida para seguir descubriendo la luz que tiene que estar siempre llena de vida y que nos ha de iluminar para comprender también lo que hoy vivimos y lo que hoy somos.

Seguramente los que cada día nos dejamos iluminar por la Palabra de Dios y reflexionamos sobre ella, nos damos cuenta de la novedad que siempre nos encontramos, de ese paso adelante que cada día podemos dar; aquellos textos que tantas veces hemos escuchado y nos pudiera parecer que ya lo tienen todo dicho para nosotros, nos damos cuenta que en una nueva lectura descubrimos aspectos nuevos, nuevas perspectivas, nuevas formas en como lo vamos aplicando a nuestra vida en nuestro hoy. Nunca la Palabra de Dios, incluso teniendo en cuenta la fidelidad que hemos de tener a esa Palabra, será algo anquilosado que nos frena sino que siempre nos ayudará a crecer un poco más.

Es lo que nos está diciendo hoy Jesús en el Evangelio. ‘Muchas cosas me quedan por decirnos, nos dice, no podéis cargar con ellas ahora, pero cuando venga el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la Verdad plena’.

Es el Espíritu de Dios que nos guía, que sigue guiando a la Iglesia a lo largo de los tiempos, es el Espíritu que nos hará comprender la verdad de Dios en cada momento, en cada situación, como lo ha sido a lo largo de la historia. Es la continuidad de la Iglesia, a pesar de sus debilidades porque está compuesta por seres humanos que también tienen sus debilidades, y ahora queramos hacer un juicio de la historia pasada – somos en todos los aspectos muy dados a hacer esos juicios de la historia – tenemos que darnos cuenta que a pesar de las oscuridades que ahora nosotros podamos ver, allí estuvo el Espíritu de Dios guiando a su Iglesia, y si aun permanece es por la permanencia del Espíritu Santo en su Iglesia a través de la historia.

Podemos pensar como Iglesia en lo que hemos vivido en los últimos tiempos y ahora mismo estamos viviendo; en cada momento el Espíritu nos ha dado el Papa que necesitaba la Iglesia, cada uno con sus características, con su visión, con su apertura; no podemos pedir que un Papa, por ejemplo, sea igual al anterior o sea igual a otro, como lo podemos pensar del obispo en nuestras diócesis o de los sacerdotes en nuestras parroquias; cada uno dejará su huella, sembrará su semilla, aportará su iniciativa, sin dejar de ser la Iglesia, la Iglesia querida por Jesús y que va guiada por el Espíritu.

He querido compartir esta reflexión porque frente a todos los comentarios que por un lado y por otro podamos escuchar, hemos de tener la serenidad que nace de la fe, de confiarnos al Espíritu Santo que está inspirando también estos momentos de la Iglesia. Ni podíamos pedir que Francisco fuera una copia del Papa Benedicto XVI, sino que ahora León XIV sea una copia mimética de lo que hizo el Papa Francisco. Damos gracias a Dios por la acción del Espíritu Santo que se manifestó y se manifiesta hoy del camino de la Iglesia.

Sintamos que de la misma manera así también el Espíritu se va manifestando en nuestra vida, en nuestro corazón y en lo que vamos en cada momento realizando. Dejémonos enseñar y conducir por el Espíritu que siempre nos guiará a la Verdad plena.


jueves, 13 de marzo de 2025

Oramos y pedimos con la confianza de los hijos que se saben amados y sentirán siempre al Padre a su lado como estímulo y fortaleza para el crecimiento de su vida

 


Oramos y pedimos con la confianza de los hijos que se saben amados y sentirán siempre al Padre a su lado como estímulo y fortaleza para el crecimiento de su vida

Ester 4, 17k. l-z; Salmo 137; Mateo 7, 7-12

Afrontando la vida con realismo y sinceridad nos damos cuenta que en el mundo en que vivimos estamos llamados a interrelacionarnos los unos con los otros, porque mutuamente nos necesitamos empezando para comunicarnos pero también por la ayuda que nos podemos dar los unos a los otros en las mismas necesidades vitales con que nos encontramos.

Surge, pues, esa relación y esa intercomunicación, ese pedir ayuda en multitud de ocasiones y aceptar lo que los demás puedan ofrecernos. Orgullosos somos en ocasiones para no querer o no atrevernos a pedir a los demás eso que necesitamos, aunque haya otros que viven en una dependencia total de los demás porque tampoco son capaces de hacer nada por si mismos.

Hoy Jesús en el evangelio está enseñándonos esa relación de humildad pero también de confianza que nosotros hemos de tener con Dios. Es la confianza de los hijos que se sienten amados por sus padres y a ellos llegarán con toda confianza con lo que es su vida porque sabe que siempre serán escuchados y comprendidos y siempre van a encontrar el apoyo que necesitan para desarrollar su propia vida.

El padre en su amor hará siempre todo lo que pueda por su hijo porque lo ama, pero también dejará crecer al hijo, estará a su lado como apoyo que le sostiene en ese enfrentarse con los problemas de la vida; no es mejor padre el que se convierte es un insustituible en la vida del hijo haciéndolo todo por él, sino el que mejor estimula, acompaña y ayuda a crecer haciéndole sentir la fuerza que necesita para hacer también todo lo que es capaz.

Hoy nos dice ‘Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre’, y no es para que nos sintamos incapaces y que nos lo den todo hecho sino para que tengamos la confianza de que somos escuchado, que se nos dará lo que necesitemos, se nos responderá a nuestras súplicas o en aquellas angustias que podamos pasar en los momentos tormentosos de la vida, vamos a tener la seguridad de quien está a nuestro lado y será nuestra fortaleza. ‘Quien busca encuentro y al que llama se le abre’, nos dirá Jesús.

Algunas veces le hemos dado una literalidad a estas palabras de Jesús que vemos a Dios solo como el solucionador de problemas o ese paternalismo de quien nos da las cosas hechas sin que nosotros pongamos nada de nuestra parte. Así muchas veces vamos en nuestra oración a Dios, como al solucionador de problemas o la tómbola que nos regala las cosas en función de la suerte o la lotería que reparte premios, vamos al que nos va a sacar las castañas del fuego para que nosotros no nos quememos.

La presencia de Dios en nuestra vida es mucho más que todo eso. Es, sí, nuestro refugio y nuestra fortaleza, pero es también la luz que nos guía, la Palabra que nos pone en camino, la Sabiduría que ilumina nuestro espíritu en las decisiones que hemos de tomar, y el viático que nos acompaña para hacer que nos sintamos fuertes en nuestras luchas y en la consecución de nuestros mejores deseos. Otra tiene que ser la forma de nuestra oración.

Una imagen preciosa de una hermosa oración la tenemos en el ejemplo de la reina Esther. Era ella la que tenía que presentarse ante el rey para suplicar por su pueblo que se veía oprimido y humillado; acude ella en su oración a Dios antes de enfrentarse a aquella situación para sentir esa presencia y esa fortaleza del Señor para hacer lo que tenía que hacer. ‘Ahora, Señor, Dios mío, ayúdame, que estoy sola y no tengo a nadie fuera de ti. Ahora, ven en mi ayuda, pues estoy huérfana, y pon en mis labios una palabra oportuna delante del león, y hazme grata a sus ojos….’ Se siente sola y desamparada, incapaz de pronunciar palabra, pero pide la ayuda del Señor que ponga en sus labios la palabra oportuna. Y con esa confianza da el paso adelante para realizar su tarea.

Tenemos que quemarnos en la vida, tenemos que afrontar nuestras tareas y responsabilidades, tenemos que luchar contra el mal, tenemos que hacer el camino, pero lo hacemos con la confianza de que Dios está con nosotros, Dios inspirará lo que hemos de hacer o lo que hemos de decir, será nuestra fortaleza para superar nuestros decaimientos y para levantarnos de donde nos hundimos.

Es la confianza con que hacemos el camino, porque somos escuchados, encontraremos esa luz o esa fuerza, sentiremos ese regalo de la presencia del Señor en nuestro camino. Oramos y pedimos con la confianza de los hijos que se saben amados.


domingo, 16 de junio de 2024

Con la acción de Dios nos podemos sentir transformados, y a través de nuestro actuar podemos sentir, podemos hacer que nuestro mundo también se transforme

 


Con la acción de Dios nos podemos sentir transformados, y a través de nuestro actuar podemos sentir, podemos hacer que nuestro mundo también se transforme

Ezequiel 17, 22-24; Salmo 91; 2 Corintios 5, 6-10; Marcos 4, 26-34

Muchas veces decimos, es que yo soy así y a estas alturas de mi vida nada me va a hacer cambiar, y nos encerramos en nosotros mismos como un caracol que pone enroscada la concha sobre si mismo y parece que nada lo puede hacer salir de allí. Pero algunas veces nos sorprendemos en nosotros mismos, aunque nos cueste reconocerlo, pero podemos verlo en la evolución de los demás, o en la evolución de la misma sociedad que realmente se puede cambiar, podemos comenzar a ser de otra manera, tener otras perspectivas u otros pensamientos.

Decimos que no sabemos cómo, lo queremos echar al azar, pero quizás olvidamos una palabra que un día escuchamos y nos hizo pensar, el testimonio de alguien que hizo algo que no esperábamos y quizás nos planteó unos interrogantes. ¿Puede ser la influencia de la sociedad que nos rodea? Tendríamos que quizás pensarlo, para darnos cuenta también de lo que podemos hacer. Pero ¿por qué no pensar en una fuerza interior que pueda mover nuestros corazones, hacer cambiar nuestros pensamientos, realizar una transformación dentro de nosotros que quizás no esperábamos? Nosotros los cristianos tenemos algo que nos puede dar luz en este sentido.

Hoy Jesús nos ha propuesto dos parábolas en el evangelio. Nos habla de una semilla echada en tierra y que allá en lo secreto de la tierra germina, hace brotar una planta, que crecerá y madurará para un día darnos fruto. Como nos habla de otra semilla más insignificante aún, la mostaza más pequeña que una cabeza de alfiler, y que sin embargo habrá brotar una planta muy hermosa.

Decimos es la fuerza de la semilla, su capacidad de germinar, el encontrar la tierra o el lugar apropiado para que al germinar brote y nos pueda dar esa planta con sus frutos. Decimos que el labrador poco más hace que sembrarla, quizás luego vendrá el cultivarla con sus cuidados, sus riegos y sus abonos. Pero no es el abono el que hace germinar la semilla, sino que antes tendrá que germinar para que luego pueda alimentarse y fortalecerse.

¿Qué nos estará queriendo decir Jesús? ¿Podrá germinar algo nuevo en nuestro corazón? ¿Podrá lograrse esa transformación de nuestro mundo y de nuestra sociedad? No pensamos solo en la mano o el poder del hombre. Quizás muchas veces nuestra mano maleada o nuestro poder con todas las cosas que en su entorno con sus ambiciones y manipulaciones, con nuestros enfrentamientos y nuestras guerras y podemos decir de cualquier tipo que puedan aparecer, más bien muchas veces está produciendo nuestra destrucción y la destrucción de nuestro mundo. ¿No hay posibilidad de salvación para nosotros y para nuestro mundo?

Jesús cuando se ha planteado estas parábolas se estaba preguntando con qué podía comparar el Reino de Dios. Es lo que hemos de tener presente. Como creyente sigo pensando y creyendo en la presencia y en el poder de Dios en medio de nosotros, incluso en nuestro propio corazón. Y Dios tiene muchas formas de llamarnos, de hablarnos allá en lo más hondo de nosotros mismos, muchas maneras de hacernos llegar su inspiración y su fuerza. Ese actuar en silencio y en secreto de la semilla de la que nos hablaba la parábola.

¿No nos habremos sentido en más de una ocasión movidos a algo nuevo y distinto, a hacer algo en lo que jamás habíamos pensado, a actuar en una situación determinada con cosas y acciones que jamás se nos habían ocurrido? ¿Por qué no pensar en ese actuar de Dios, esa inspiración del Espíritu Santo allá en lo hondo del corazón?

No hace mucho hemos celebrado la fiesta del Espíritu Santo, hemos celebrado Pentecostés recordando la venida del Espíritu sobre los Apóstoles y sobre la Iglesia naciente. Pero no podemos quedarnos en eso como si fuera cosa sucedida en otro tiempo y lugar pero que hoy con nosotros no puede suceder. Hoy, en nuestra vida y en nuestro mundo, de la misma manera se sigue haciendo presente el Espíritu Santo. ¿No decimos que somos templos de Dios y que su Espíritu mora en nosotros? Que no solo sean ideas que tengamos en la cabeza sino algo que en verdad sentimos en el corazón.

Con esa acción de Dios nos sentimos transformados, con esa acción de Dios a través de nuestro actuar podemos sentir, podemos hacer que nuestro mundo se transforme. Ahí está también nuestra tarea, como esos labradores de la viña del Señor que hemos de cultivar nuestra tierra para que también un día esa semilla, que ahí está plantada, llegue a dar sus frutos.

Siento al ofreceros esta reflexión que ha sido el Espíritu del Señor quien me ha inspirado para ayudaros a que también lleguéis a dar fruto. Sin su acción no hubiera sido capaz de ofreceros esta semilla con la que quiero colaborar a hacer fructificar el campo de vuestra vida.

 

jueves, 18 de abril de 2024

Dejémonos conducir por su Espíritu y alcanzaremos vida para siempre porque Jesús se hace Pan de vida para resucitarnos a una vida nueva

 


Dejémonos conducir por su Espíritu y alcanzaremos vida para siempre porque Jesús se hace Pan de vida  para resucitarnos a una vida nueva

Hechos de los apóstoles 8, 26-40; Salmo 65; Juan 6, 44-51

En la vida nos conducimos por aquello que nos gusta, nos parece apetecible, y así vamos eligiendo lo que queremos, los que queremos para nosotros como posesión, pero lo que queremos para nosotros como manera de vivir o como forma de desarrollar nuestro yo; así vamos escogiendo los amigos con los que nos sentimos a gusto, o vamos poco a poco decantándonos por una forma de vivir, por un sentido de la vida, desde lo que nos ofrecen o desde aquello que nos parece que compagina con nuestro ser. Nos decimos que somos libres y que somos nosotros los que elegimos; nos decimos con personalidad y no queremos sentirnos arrastrados por nadie.

Pero también nos damos cuenta que en un momento determinado algo ha hecho que tomemos otras decisiones, que nos sintamos como llamados, quizás decimos interiormente, o algunos, porque está de modo esnobismos que nos vienen no sé de donde, que el karma nos arrastró a algo, que era como una predestinación y no sé cuantas cosas más que nos decimos. Pero algo ha habido que nos ha hecho mover la vida quizás hasta cambiando el rumbo de lo que estamos haciendo, y que nos descubre algo nuevo.

Nosotros los creyentes no necesitamos hablar del karma o cosas de esas, o de predisposiciones o presentimientos que nos pueden surgir, nosotros pensamos en algo distinto que lo hemos tenido ahí de siempre, pero quizás olvidamos, o quizás descartamos para pensar en eso que nos viene de acá o de allá. Nosotros creemos que Dios actúa en nuestra vida, que su Espíritu puede mover los corazones y nos inspira – mira por donde viene la palabra Espíritu – y se vale quizá de muchos signos externos o incluso dentro de nosotros mismos para hacernos conocer lo que es su voluntad, lo que Dios quiere de nosotros.

Cuando estamos hablando del misterio de Dios, de nuestra relación con Dios y con Cristo, de nuestra vida cristiana sentimos que hay algo sobrenatural, que significa que está por encima o más allá de nosotros, que actúa en nuestra vida, nos inspira lo que hemos de hacer, nos hace descubrir también lo que es la voluntad de Dios para con nosotros.

Nos lo ha dicho hoy Jesús. ‘Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado, y yo lo resucitaré en el último día’. Es Dios el que nos llama. Es lo que le está diciendo Jesús a aquellos que se han convertido en sus discípulos, que no fue solamente porque un día se sintieran atraídos por Jesús, sino porque fueron invitados a seguir a Jesús. ‘Venid conmigo…’ les iba diciendo Jesús como a Pedro y a su hermano Andrés, como a los hermanos Zebedeos, como a Mateo o Leví cuando estaba allí en su garita de recaudador de impuestos, y así a todos aquellos que había ido llamando por su nombre para que fueran sus discípulos, para constituir el colegio de los Apóstoles.

Hoy Jesús nos está diciendo cosas muy importantes, pero también hemos de reconocer que les costaba entender a aquellos que le escuchaban en la sinagoga de Cafarnaún, pero les esta pidiendo un plus, podemos decir, de confianza en El, de creer en Jesús. Y es que creer en Jesús significa dejarse transformar por El. Por eso les habla de vida nueva, de resurrección, que era algo que iba mucho más allá de lo que pudiera haber sido la resurrección de Lázaro o de la hija de Jairo. Creer en Jesús significa entrar en una nueva vida, en un nuevo sentido de vida, porque era además comenzar a vivir la vida de Jesús.

Por eso necesitamos comerle, para podernos llenar de su vida. Por eso nos dice que El es el Pan de vida, el verdadero Pan bajado del cielo y que comiéndole a El tendríamos vida para siempre, nos resucitaría en el último día. No nos quiere dar Jesús un pan que comiéndole volvamos a morir, porque no sea un pan que nos alimenta para siempre. No es cualquier cosa lo que quiere ofrecernos Jesús, porque es El mismo que se hace pan, es El mismo que nos da su carne, que nos da su vida.

Claro que son cosas difíciles de entender si nos quedamos en la literalidad de las palabras. Por eso la gente no le entiende y algunos incluso dejarán de seguirle. Pero El nos pide que confiemos en su Palabra, y que su Espíritu va a actuar en nosotros para que lleguemos a comprender y vivir ese misterio de Dios. Dejémonos conducir por su Espíritu y alcanzaremos vida para siempre.


lunes, 2 de octubre de 2023

Desde la infancia a la muerte, la vida humana está rodeada de la custodia y de la intercesión de los Santos Ángeles que cada uno tenemos a nuestro lado para conducirnos a la vida



 Desde la infancia a la muerte, la vida humana está rodeada de la custodia y de la intercesión de los Santos Ángeles que cada uno tenemos a nuestro lado para conducirnos a la vida

Zacarías 8, 1-8; Sal 101;Mateo 18, 1-5. 10

En este día siempre recuerdo un cuadro que mis padres tenían en la cabecera de su cama, el santo Angel Custodio. La imagen de unos niños que están en un peligro pero el santo Angel Custodio que extiende sus alas para protegerlos del peligro inminente. Esto nos hace recordar aquellas oraciones aprendidas de niño que nuestras madres nos hacían rezar todas las noches antes de dormirnos que nos hablaban de las cuatro esquinitas de nuestra cama protegidas por cuatro ángeles que como guardianes custodiaban nuestro sueño para que no sucediera algo malo.

Hoy quizás no nos puedan valer de la misma manera esas imágenes tan infantiles, pero sin embargo encontraremos con frecuencia en las redes sociales cadenas que nos invitan a hacer novenas a los santos ángeles además atribuyéndose unos poderes espirituales, más allá de lo que es nuestra verdadera espiritualidad cristiana. Fácilmente se puede caer en supersticiones que nos pueden desviar de una verdadera religiosidad y una auténtica espiritualidad.

No es fácil hablar de esto esto por esas mezclas que hacemos en las expresiones de nuestra religiosidad. Más allá de esas imágenes un tanto infantiles propias también de una época y una cultura, sí tenemos que reconocer con nuestra fe de la presencia de esos espíritus puros que están en la presencia de Dios alabando por toda la eternidad, pero que al mismo tiempo están a nuestro lado como una protección y un signo de la presencia de Dios.

Hoy precisamente el evangelio a partir de un planteamiento que le hacen a Jesús de quien va a ser el más importante en el Reino de los Cielos, nos habla de hacernos pequeños, sencillos y humildes como niños para poder entrar en el Reino de los cielos. Y nos dirá que el que acoge a un niño lo está acogiendo a Él. Quizás ante la extrañeza que pudieran producir estas palabras de Jesús en un mundo donde precisamente los pequeños hasta que no llegaran a una cierta edad eran poco considerados, Jesús les dirá que cuidemos de no despreciar a los pequeños 'porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial'.

Es aquello que aparece en el momento de las tentaciones de Jesús en el desierto cuando el diablo le invita a tirarse desde el pináculo del templo, porque seguro que no le pasaría nada y eso sería ocasión para ser aclamado por las gentes ante un hecho tan milagroso, porque, recordando episodios y textos del Antiguo Testamento, Dios pondría sus ángeles para que su pie no tropezará en ninguna piedra.

'El ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los protege', rezamos con los ángeles. Expresión de esa presencia sobrenatural junto a nosotros para inspirarnos el bien en nuestros corazones y para sentir la fuerza de su presencia celestial vencer también las fuerzas del mal que nos tientan. Cuántas veces sentimos en nuestro interior esa fuerza que nos impulsa a hacer una cosa buena, cuántas veces aparecen palabras en nuestros labios que quizá nunca hubiéramos imaginado con las que dar un buen consejo, con las que dar una buena orientación. ¿Por qué no pensar que Dios nos asiste y nos inspira porque también nos concede la fuerza de su Espíritu?

Como nos enseña el catecismo de la Iglesia Católica “Desde la infancia a la muerte, la vida humana está rodeada de su custodia y de su intercesión. ‘Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida’ (S. Basileo)”

Es algo que forma parte de nuestra fe, y más atentos tendríamos que estar a esas inspiraciones espirituales que nos alientan y que nos guían. Sintamos también que en nuestras luchas por superar la tentación, en los momentos en que nos encontramos con problemas y dificultades en la vida siempre tenemos a nuestro lado ese ángel que nos ayuda y que nos trae la gracia del Señor.

En ese Getsemaní de la vida por el que tantas veces tenemos que pasar cuando nos vemos agobiados con nuestros problemas, nuestros tropiezos, nuestras debilidades también estará con nosotros, como con Jesús en la agonía del huerto, el Ángel del Señor que nos conforta. Nunca estamos solos, el ángel del Señor nos acompaña y nos guía para traer sobre nosotros esa fuerza divina.


jueves, 29 de septiembre de 2022

Al celebrar a los santos arcángeles que Dios nos alcance ver a esos ángeles que a nuestro lado nos elevan y nos estimulan y nos llenan de nueva espiritualidad

 


Al celebrar a los santos arcángeles que Dios nos alcance ver a esos ángeles que a nuestro lado nos elevan y nos estimulan y nos llenan de nueva espiritualidad

Daniel 7,9-10.13-14; Sal 137; Juan 1,47-51

Algunas veces nos encontramos con personas que nos parecen extraordinarias por sus valores reflejados en posturas o en actuaciones valientes en la vida que aunque parezcan ir a contracorriente de lo que habitualmente vivimos sin embargo nos llaman la atención, pero es que además descubrimos que en esas personas hay como una hondura espiritual que crean en ellas un algo muy especial y con quien ciertamente aunque sus posturas o su actuar sean un interrogante en nuestra vida, sin embargo parece que trasmiten una paz que nos hace sentirnos bien. En algunos sitios y en expresiones muy coloquiales se suele decir que estas personas tienen un ángel. Solemos decir algunas veces que nos encontramos Ángeles en nuestra vida caminando a nuestro lado.

¿Creemos en los ángeles? Quizá cuando nos encontramos personas así, tan espirituales, parece que nos inducen de verdad a creer en los ángeles. Es lo que hoy y el próximo 2 de octubre con la liturgia de la Iglesia celebramos. Hoy de manera especial hacemos memoria de los arcángeles san Miguel, san Gabriel y san Rafael.  Hay una referencia especial a ellos en la Biblia y en especial en el Evangelio para san Miguel y san Gabriel, y san Rafael en el Antiguo Testamento en el Libro de Tobías.

Hoy mismo hemos escuchado en el texto del evangelio que se nos ofrece – el encuentro de Natanael con Jesús a pesar de sus reticencias cuando Felipe le habla de Jesús – que ‘veremos el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre’. Ya en muchos momentos del evangelio aparece la figura de los ángeles; no solo es el ángel Gabriel el que primero anuncia a Zacarías el Nacimiento del Precursor del Mesías sino también a María que de ella va a nacer el Hijo de Dios.

Serán los ángeles los que cantan la gloria de Dios en su nacimiento anunciando a los pastores que en la ciudad de David les ha nacido un salvador. Serán los ángeles que sirven a Jesús después que el ángel tentador lo haya abandonado en el monte de la cuarentena.  En el momento del inicio de la pasión en Getsemaní será el ángel del Señor el que acompañe a Jesús como consuelo. Más tarde serán los ángeles los encargados de anunciar a las mujeres que no busquen entre los muertos al que ha resucitado. Y como anuncia Jesús serán enviados los Ángeles a los cuatro vientos para reunir a los elegidos y acompañarán al Hijo del Hombre en su venida definitiva con gran poder y gloria, como los ángeles de los niños inocentes estarán contemplando en el cielo el rostro de Dios.

Son los ángeles de Dios que también están junto a nosotros en el camino de la vida inspirándonos lo bueno y haciéndonos sentir la presencia de Dios. Eso lo celebraremos con más intensidad el dos de octubre cuando celebremos los santos ángeles custodios. Pero eso no impide que hoy nos unamos a la liturgia celestial para cantar con los ángeles y con los arcángeles y con todos los coros celestiales la gloria del Señor como lo hacemos en nuestra liturgia de cada día en la celebración de la Eucaristía. Del cánticos de los ángeles en el nacimiento de Jesús tomamos prestadas sus palabras – ‘gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama’ - para entonar también el cántico de gloria y de alabanza cuando iniciamos la Eucaristía. Y deseamos que por mano de su ángel sea presentada nuestra ofrenda en el cielo para que así sea siempre todo para honor y gloria del Señor.

Pero como decíamos al principio debemos tener ojos de fe, ojos limpios de malicia, para descubrir a esos ángeles que Dios pone a nuestro lado en el camino de la vida en esas personas buenas, que con sus valores y también con la profundidad de sus vidas quieren elevarnos a nosotros a que descubramos metas más altas, caminos más grandiosos. Tenemos que dar gracias a Dios porque pone tantas personas buenas a nuestro lado que nos estimulan y nos impulsan a que vivamos una vida distinta, a que arranquemos de nosotros toda malicia, a que llenemos nuestra existencia de una verdadera espiritualidad.

Ojalá seamos capaces de ver ese cielo abierto con esos Ángeles significados en tantas personas buenas que a nuestro lado elevan nuestro espíritu y nos hacen gozar también de la gloria y la presencia del Señor.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

Santos Arcángeles, Miguel, Rafael y Gabriel que nos hacen sentir esa presencia de Dios en nuestra vida trayéndonos un mensaje de salud y salvación

 


Santos Arcángeles, Miguel, Rafael y Gabriel que nos hacen sentir esa presencia de Dios en nuestra vida trayéndonos un mensaje de salud y salvación

Daniel 7,9-10.13-14; Sal 137; Juan 1,47-51

Hoy celebramos la fiesta de los santos Arcángeles san Miguel, san Rafael y san Gabriel. Los mayores tenemos este día como si fuera únicamente de san Miguel, porque antes de la reforma del calendario romano después del Concilio Vaticano II, san Rafael se celebraba el 24 de octubre y san Gabriel la víspera de la Anunciación del Señor, el 14 de Marzo.

El Catecismo que estudiamos de niños nos decía que los ángeles son espíritus puros que están en la presencia del Señor alabándole siempre. Hoy precisamente en el evangelio Jesús nos habla de los ángeles que están en la presencia del Señor en el comentario que hace a Natanael que se siente admirado por la presencia de Dios en un momento determinado de su vida y le lleva a aquella hermosa confesión de fe en Jesús. ‘Has de ver cosas mayores, le dice… En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre’.

 En la liturgia, recogiendo el sentir del Apocalipsis y de algunos libros del Antiguo Testamento se nos habla de los coros de los Ángeles y de los Arcángeles, los coros celestiales que alaban y cantan la gloria del Señor. Dentro de pocos días celebraremos a los Santos Ángeles Custodios como esos Ángeles que Dios ha puesto a nuestro lado para inspirarnos el camino del bien y preservarnos de todo malo; ya hablaremos de ello.

Hoy celebramos a los Santos Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel, a quienes vemos en la Biblia con una muy concreta misión, como incluso el significado del mismo nombre indica. Mensajeros de Dios que nos traen la buena noticia o que nos acompañan en el camino de la vida para preservarnos del mal.

En concreto es habitual contemplar en nuestras iglesias o templos la imagen del Arcángel San Miguel en el cuadro de Ánimas del Purgatorio. Es la imagen que quizás los mayores mas recordamos como un intercesor o mediador para después de la purificación del purgatorio conducirnos a la presencia y gloria del Señor. Es por eso por lo que aparece casi siempre con esa imagen de la balanza en sus manos, signo de la justicia de Dios. Es el arcángel del que nos habla la Biblia algo así como capitán de las milicias y ejércitos celestiales – aunque la imagen aparezca un tanto guerrera – frente a la rebelión de Lucifer, el llamado ángel de la luz.

Del Arcángel Rafael conocemos la historia de Tobías, donde él mismo se presenta como un ángel que está en la presencia de Dios y presentando las súplicas y las oraciones de los fieles. Se le verá como compañero de camino del joven Tobías y el que le inspirará tanto para elegir mujer, como para encontrar el remedio que curara la ceguera del anciano Tobías. Es algo así como medicina de Dios en la interpretación de los santos padres de la Iglesia nos han hecho a través de los tiempos.

Y del Arcángel Gabriel nos habla el evangelio, como del ángel que viene de parte de Dios para anunciarle al anciano Zacarías el nacimiento de un hijo y de cuál sería su misión, como luego quien vendrá hasta la doncella de Nazaret para anunciarle que iba a ser la madre del Señor. Mensajero de la Buena Noticia, primer mensajero del Evangelio que viene de parte de Dios para hacer el anuncio a María.

Brevemente hemos hecho una referencia a los tres arcángeles que en este día celebramos pero que viene a ayudarnos a la comprensión del significado de los ángeles en nuestra vida. Como decíamos, espíritus puros que están en la presencia de Dios, enviados y mensajeros de Dios que nos acompañan en el camino de nuestra vida para hacernos sentir la presencia del Señor. Recordemos como en el Antiguo Testamento normalmente cuando se habla de la presencia de Dios junto a los grandes patriarcas, los jueces de Israel e incluso a los profetas, se habla de cómo se manifestó el ángel del Señor que era una forma de hablar de la presencia de Dios.

Esa presencia de Dios que nosotros podemos sentir en nuestra vida cuando sentimos la inspiración para el bien o para alejarnos del mal. El ángel del Señor que nos acompaña, que nos inspira, que nos hace presente la gracia y la fuerza del Señor para liberarnos del mal. Ojalá sepamos dejarnos conducir esa inspiración buena que tantas veces sentimos en nuestro corazón y que casi no nos damos cuenta de donde nos viene, quien nos inspiró aquella cosa buena, quién se puso junto a nosotros como un escudo protector frente a ese mal o peligro que nos acechaba.

Pensemos, sí, en los Ángeles del Señor, en sus santos Arcángeles que hoy celebramos, en su protección que nos hacen presente y nos hacen sentir la presencia de Dios en nuestra vida y como decimos con los salmos delante de los ángeles, juntos con los coros de los ángeles cantemos para el Señor.


viernes, 2 de octubre de 2020

Sintamos la protección de nuestro santo Ángel de la Guarda y dejémonos conducir por su inspiración por los caminos del bien apartándonos de todo peligro

 


Sintamos la protección de nuestro santo Ángel de la Guarda y dejémonos conducir por su inspiración por los caminos del bien apartándonos de todo peligro

Éxodo 23, 20-23ª; Sal 90; Mateo 18, 1-5- 10

Ya hoy en nuestras casas escasean cada vez más los signos religiosos, como aquellos cuadros de la Virgen, del Señor o de los santos de nuestra devoción. Entre ellos no solía faltar el cuadro del Ángel de la Guarda. Aun mantengo en la retina de mi mente el cuadro del Ángel de la Guarda que mi madre tenia sobre la cama en su dormitorio; un ángel que extendía su mano para tomar la del niño que se encontraba en peligro de caer por lo que quería ser como el inicio de un precipicio.

Esa imagen nos acompañó en nuestra niñez junto con aquellas oraciones que aprendimos de pequeños y que hablaban de los Ángeles que nos guardaban dn cada una de las esquinas de nuestra cunita.  Quizá infantilizamos demasiado la imagen por lo que fácilmente en la medida que dejábamos atrás nuestras cosas de niño quizá se fueron cayendo también de nuestra vida esos signos religiosos.

Pero la existencia de los Ángeles que junto a nosotros están en el camino de nuestra vida y nos libran de peligros e inspiran tantas cosas buenas que tendríamos que hacer, forma parte también de nuestra fe. La Biblia repetidamente nos habla de los ángeles y no los podemos reducir a meros mitos, sino que tenemos que aprender a descubrir toda la riqueza espiritual que significa en nuestra vida esa presencia de los Ángeles que nos protegen y nos hacen sentir a Dios. Espíritus puros nos los definía el catecismo que están en la presencia de Dios para alabarle y que inspiran también la alabanza que nosotros hemos de cantar a la gloria del Señor.

No vamos a hacer ahora un repaso de esos momentos de la presencia de los Ángeles de Dios junto a su pueblo y que lo protegían frente a los peligros, pero que en momentos de más extensa reflexión bien nos vendría pensar en ello. Los Ángeles de Dios que no dejarán que nuestro pie tropiece en ninguna piedra, recogiendo incluso las palabras del tentador a Jesús pero que viene a reflejar lo que anteriormente en la Biblia ya se había dicho y repetido en los salmos, por ejemplo.

Cuando somos capaces de recuperar todo el sentido espiritual que tiene nuestra vida – algo que hoy nos cuesta tanto con el materialismo tan exacerbado en que vivimos – podremos sentir esa presencia espiritual junto a nosotros y seguramente habremos tenido la experiencia de la que quizá no nos atrevemos a hablar de esa mano llamemos invisible que nos sacó en un momento determinado de un peligro, o ese soplo divino que sentimos en nuestro interior inspirándonos algo bueno que teníamos que realizar o un pensamiento e impulso interior que nos elevaba y nos hacía sentir como en otro espacio o en otra dimensión. ¿Por qué no pensar en esa inspiración de nuestro ángel, esa protección que sobre nosotros estaba ejerciendo y nos hacía sentirnos de manera distinta?

Necesitamos de nuevo imágenes como a las que hacíamos referencia al principio, quitándole quizá toda esa expresión tan infantiloide de la que estaban demasiado recargadas, pero si ese signo religioso y espiritual que nos recuerde esa otra dimensión de nuestra vida que de verdad nos eleve y nos transporte a la presencia del Señor. Si los ángeles como decíamos están siempre en la presencia de Dios, esa presencia del Ángel de la Guarda a nuestro lado en nuestra vida nos estará recordando y haciendo sentir también esa presencia de Dios junto a nosotros. Y cuánto lo necesitamos.

Cuanto nos ayudaría para hacer más vivo nuestro encuentro con el Señor en la oración. Si en la fiesta de los arcángeles recordábamos lo que le decía el arcángel Rafael a Tobías que su oración había sido escuchada por el Señor porque eran presentadas ante el trono de Dios por manos de los ángeles, bueno es que lo recordemos al comienzo de nuestra oración y así nos sirva de inspiración. Ya en la liturgia lo repetimos en cada celebración de la Eucaristía que nos unimos a los coros de los Ángeles en nuestro cántico de alabanza a Dios.

Sintamos, pues, la protección de nuestro santo Ángel de la Guarda, como hoy estamos celebrando; dejémonos conducir por su inspiración por los caminos del bien apartándonos de todo peligro y de toda tentación, y junto con nuestro ángel que está cara a cara con Dios, como dice hoy Jesús de los Ángeles que protegen a los niños, cantemos también nuestra alabanza y nuestra acción de gracias a Dios.

domingo, 17 de mayo de 2020

El Espíritu del Señor como Paráclito nos hace encontrarnos con nosotros mismos y encontrarnos de nuevo con el Evangelio de Jesús y construir el mundo según sus valores


El Espíritu del Señor como Paráclito nos hace encontrarnos con nosotros mismos y encontrarnos de nuevo con el Evangelio de Jesús y construir el mundo según sus valores

Hechos 8, 5-8. 14-17; Sal 65; 1Pedro 3, 15-18; Juan 14, 15-21
Nadie tiene por qué sentirse desprotegido. Sabemos hoy que la sociedad tiene que ofrecer recursos al que se siente indefenso ante la justicia para tener quien lo asesore y le defienda. Multitud de recursos sociales que tiene que ofrecer la sociedad, apoyo jurídico que incluso se ha de tener ante los tribunales. No siempre ha sido así, ni siempre están a mano con la facilidad que correspondería esos recursos de defensa incluso para el reo presuntamente culpable.
Hago esta referencia a ese apoyo que siempre en la sociedad tendríamos que encontrar porque hablando quizá desde el presupuesto de estos términos es lo que Jesús ofrece a sus discípulos.
Les está hablando en momentos críticos como son los previos al propio prendimiento de Jesús y los discípulos pudieran intuir que si les falta Jesús es como si se sintieran huérfanos; conocen todas las confabulaciones de los judíos con Jesús, pero ellos están con El y se sienten seguros; intuyen quizá que si les faltara Jesús porque se cumpliera todo lo que El les ha anunciado se van a ver solos y como abandonados a su suerte. Así los veremos encerrados en el cenáculo por miedo a los judíos tras el prendimiento de Jesús, su pasión y su muerte en la cruz, a pesar de todas las promesas que Jesús les ha ido haciendo, pero que ellos nunca terminaron de entender. Y de eso es de lo que hoy Jesús les habla.
Ya en ocasiones les había hablado de persecuciones y de tribunales e igualmente les había dicho que no tuvieran miedo porque tendrían un Defensor, el Espíritu que pondría palabras en sus labios para su defensa. Jesús les pide fidelidad, amor, cumplimiento siempre de su voluntad, pero no han de temer aunque vengan momentos difíciles y en ocasiones incluso se encuentren desorientados sin saber a qué atenerse. ‘Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad’.
Se nos ha conservado la palabra de origen griego en su traducción literal al castellano porque expresa realmente el sentido de lo que les ofrece Jesús. El paráclito es el que está llamado para defender al indefenso. Y es el sentido que Jesús quiere darle a la presencia del Espíritu Santo en la vida de los discípulos, el Defensor, el apoyo y la fuerza incuestionable, el que estará siempre a nuestro lado para que encontremos la mejor palabra, la más perfecta actitud y postura, la más valiente decisión. Es el que inspira y nos da luz para hacernos ver caminos, salidas. Es el que acompaña para que no nos sintamos solos en el camino que muchas veces se puede convertir en algo duro y nos puede hasta parecer intransitable. Pero El estará ahí como nuestra fuerza y nuestra luz, como nuestra defensa y nuestra fortaleza.
La liturgia cuando casi vamos concluyendo el tiempo pascual porque ya nos acercamos a Pentecostés nos ofrece estos textos con la promesa de Jesús. Es esa luz que necesitamos en todos los tiempos porque siempre ha habido y habrá momentos difíciles para los que queremos seguir a Jesús y no nos podemos sentir huérfanos y desamparados. Bien que en el camino de la Iglesia a través de todos los tiempos siempre se ha sentido esa presencia del Espíritu y aunque haya habido momentos difíciles, momentos en que la iglesia ha caminado incluso por caminos tortuosos, no ha faltado la presencia del Espíritu que guía y que sostiene a la Iglesia.
Pero tenemos que escuchar esta Palabra en el momento presente, momento de turbulencias, de confusión y desorientación, momentos en que nos vemos zarandeados por problemas que pensábamos que no se iban a presentar a la humanidad, pero que de la noche a la mañana todo se ha trastocado, muchas cosas se han venido abajo, nos sentimos que no sabemos como ni cuando vamos a salir de estas oscuridades y tenemos el peligro y la tentación del desaliento.
Momentos, por otra parte, que tendrían que hacernos pensar sobre la manera como hemos ido construyendo nuestro mundo que ahora da la impresión que ha perdido los cimientos y el edificio se nos puede venir abajo. Momentos de reflexión para saber leer las lecciones de la historia y, en concreto, de esta historia que ahora nos ha tocado vivir y donde siempre tenemos algo que aprender. Se nos cuestionan muchas cosas, pero aparecen también señales de luz de que no todo está perdido porque aparece en muchos lo mejor que tienen de si mismos y eso les hace plantearse las cosas de otra manera.
Y como creyentes también tenemos algo que decir, como creyentes en Jesús también tenemos un camino y unas decisiones que tomar para encontrar salidas, como creyentes no podemos sentir que todo es oscuridad alrededor nuestro, como creyentes ahora escuchamos esta Palabra de Jesús que nos hace encontrar la luz porque también en estos momentos hemos de sentir con nosotros la presencia y la fuerza del Paráclito, la fuerza del Espíritu Santo prometido. No estamos batiendo alas como aves desorientadas en un túnel oscuro y sin salida sino que hay quien nos inspira y nos orienta desde lo más hondo para que encontremos esa luz que nos señala una salida.
Una salida a algo nuevo, una salida a un mundo transformado, una salida a un mundo nuevo que nosotros los cristianos sabemos bien como construirlo desde esos valores nuevos que nos ofrece el evangelio y que quizá tantas veces hemos olvidado dejándonos encantar por esos cantos de sirena que en el mundo se nos ofrecían. El Espíritu del Señor que nos hace encontrarnos con nosotros mismos y encontrarnos de nuevo con el Evangelio de Jesús. Ese mundo nuevo que nosotros los cristianos llamamos el Reino de Dios y donde han de florecer esos valores eternos e inviolables del amor y de la justicia, de la paz y de la solidaridad, de la verdad y de la autenticidad, de la cercanía y de la fraternidad, por citar algunos.
No estamos solos, no caminamos abandonados como huérfanos, con nosotros está la fuerza del Espíritu del Señor. Dejémonos conducir.