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lunes, 24 de agosto de 2026

Son muchos los que andan en caminos oscuros y necesitan escuchar la invitación de Felipe a Natanael ‘ven y lo verás’ para llegar a la experiencia de Jesús

 

Son muchos los que andan en caminos oscuros y necesitan escuchar la invitación de Felipe a Natanael ‘ven y lo verás’ para llegar a la experiencia de Jesús

Apocalipsis 21, 9b -14; Salmo 144;  Juan 1, 45-51

Alguna vez habremos discutido con alguien cuando ha querido mostrarnos algo que ha sucedido o él ha experimentado pero que a nosotros nos parece algo insólito y difícil de aceptar por lo que nosotros nos hemos negado a aceptarlo por muchas que fueran las razones que el amigo nos ofreciera para que le creyéramos; quizás el amigo cansado ante nuestras negativas, porque él además está muy convencido de la experiencia que ha vivido, ha terminado por decirnos, pues ven para que lo veas por ti mismo y te convenzas. ¿Llegaremos a ir aunque solo fuera por quitarnos de encima tal insistencia y tanta presión?

Algo así es lo que nos está contando hoy el evangelio. Estamos en aquellos primeros momentos de la predicación de Jesús donde se está dando a conocer a haciendo el anuncio de conversión para aceptar la buena noticia del Reino de Dios. Algunos han comenzado ya a seguirle de cerca, otros han venido atraídos por las invitaciones que han recibido y en el caso de Felipe ha escuchado la llamada de Jesús y se ha ido con El. Ha sido una experiencia impactante en su vida; ahora no puede hacer otra cosa sino estar hablando de lo que él ha vivido; se ha tropezado con su amigo Natanael y le anuncia que han encontrado a aquel del quien habla Moisés en la ley y los profetas, y le señala a Jesús, el hijo de José, de Nazaret.

No está viendo las cosas claras Natanael, aunque se ve que es un hombre que conoce las Escrituras. Si Felipe le habla de que han encontrado al Mesías, ¿cómo va a ser simplemente el hijo de José, el carpintero, y además de ese pueblito de Nazaret? Es la reacción normal que siempre se tiene ante las cosas que nos puedan venir del pueblo de al lado – siempre nuestro pueblo será mejor como tantas veces nos sucede en nuestra vida pueblerina de cada día – pero además le parece inverosímil que suceda algo así sin que haya habido unos signos y señales venidos del cielo.

Ya a Felipe no le quedan más argumentos para convencerlo. Cansado de tanta réplica simplemente le dirá ‘Ven y verás’. Nos está diciendo algo con gran sabiduría Felipe porque el aceptar o no aceptar a Jesús va mucho más allá de unos convencimientos por unos razonamientos. Cuando Natanael se encuentra con Jesús se sorprende por el saludo y la acogida que es valorar algo bueno que hay en la vida de Natanael. Jesús habla de su rectitud y de su madurez. ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño’. Se sorprende el bueno de Natanael por lo que le replicará de qué lo conoce. ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi’. Y ya Natanael no puede más. ‘Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’. Es un reconocimiento de fe que ha partido solo de una experiencia de encuentro con Jesús.

No vamos ahora a ponernos a hacer consideraciones de lo que pudiera significar o no esta frase de Jesús. Lo importante es que Jesús nos ha mirado antes de que nosotros quisiéramos ir a El. Nos conoce y quiere contar con nosotros, solamente tenemos que dejarnos mirar por Jesús, pero con sinceridad, con humildad, con apertura de corazón. No podemos poner vallas en nuestro alrededor, no podemos crear abismos de distancias, no podemos ocultarnos tras las hojas de la higuera, Jesús pasa nuestro lado y nos mira, y nos llama, y nosotros tenemos que abrir los oídos de nuestro corazón para escucharle, y nosotros tenemos que dejarnos conducir por aquellos que quieren llevarnos a Jesús.

Como ahora ha estado haciendo Felipe, como veremos en otra ocasión del evangelio en que los que están a nuestro lado en el camino nos estarán diciendo, vamos levántate que te llama, como aquel ciego del camino de Jericó. Lo que parecía que podían ser obstáculos – recordamos como querían hacerlo callar los gritos del ciego pidiendo compasión – sin embargo luego fueron los que lo ayudaron para que llegara a Jesús. Así nos sucede tantas veces. Porque necesitamos ir a tener esa experiencia del encuentro con Jesús. Aquel ciego que mencionábamos recobró la vista, a Natanael se le abrió un camino de luz porque terminó reconociendo a Jesús.

¿Qué podemos ofrecer de todo esto a los demás? ¿No tendremos que decir también ‘ven y verás’ para que otros vayan al encuentro con Jesús? Son tantos los que necesitan escuchar esa invitación.


viernes, 8 de mayo de 2026

No somos los siervos que simplemente tenemos que obedecer, somos los elegidos de Dios a quienes llama amigos, para permanecer en su amor y dar fruto

 


No somos los siervos que simplemente tenemos que obedecer, somos los elegidos de Dios a quienes llama amigos, para permanecer en su amor y dar fruto

Hechos 15, 22-31; Salmo 56;  Juan 15, 12-17

¿Desde cuándo somos amigos? ¿Cómo comenzó nuestra amistad? ¿Me buscaste de alguna manera interesándote por mí o yo me dejé encontrar? Preguntas así se hacen alguna vez los amigos cuando ya hay una amistad consolidada y llegan momentos quizás de mayores confidencias. ¿Por qué comenzamos a ser amigos? ¿Qué encontramos el uno en el otro que nos llamara la atención y provocara esa amistad? Pero creo que es importante también lo que ya antes mencionábamos de dejarnos encontrar; porque eso significa una apertura por nuestra parte pero también es la atención y la llegada del otro a nuestra vida.

¿Podremos o tenemos que hacernos preguntas así en torno a nuestra fe y a nuestro seguimiento de Jesús? Fácilmente podemos pensar que ha sido el resultado de una búsqueda por nuestra parte, con sus reflexiones y momentos de interiorización personal; es cierto que es necesario una maduración por nuestra parte en lo humano y luego también en el camino de nuestra fe, pero hay algo más misterioso y maravilloso al mismo tiempo de lo que hoy nos habla también el evangelio.

Podríamos hacer a lo largo de los cuatro evangelios un recorrido sobre las vocaciones de aquellos primeros discípulos; es cierto que Juan y Andrés se fueron tras Jesús tras lo que había señalado Juan Bautista e iban preguntando a Jesús donde vivía, como un deseo de conocerle. Pero veremos que hay una constante y son las llamadas de Jesús; se nos describen algunos momentos como la llamada de los pescadores a la orilla del lago o tras la pesca milagrosa, la vocación de Leví que estando tras el mostrador de los impuestos Jesús le llama y la invita a seguirle; es cierto también que muchos vienen hasta Jesús invitados por otros que ya siguen de cerca de Jesús, como sería Simón Pedro o Natanael, y podemos recordar el momento en que de entre todos ellos Jesús escoge a los doce a los que llamará Apóstoles y que van a estar de una manera muy cercana a Jesús.

Pero hoy Jesús nos está dando la clave cuando incluso nos deja como sentido fundamental de la vida del discípulo el amor. ‘Este es mí mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado’, les dice pero nos señala también la medida de ese amor. ‘Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos’. No es un amor cualquiera, porque es el amor que es capaz de dar la vida. Y Jesús nos llama amigos, esos por quienes ha dado su vida. Y nos revela algo importante. ‘Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca’.

No somos los siervos que simplemente tenemos que obedecer; Jesús nos ha revelado lo más hondo de sí mismo para que vivamos en comunión con Él; por eso nos llama amigos. Somos los amigos que Él ha elegido, nos ha llamado por nuestro nombre, sabe cómo somos y sabe también de nuestras debilidades, pero somos los amigos en quien Jesús confía. Pero ¿qué hemos de hacer? ¿Cómo hemos de responder? Quiere que demos frutos pero unos frutos que permanezcan. Por eso recordamos lo que ya nos había dicho, quiere que permanezcamos en su amor, porque permaneciendo en su amor es cómo podremos llegar a dar fruto.

Por eso el amor se convierte en una exigencia para nosotros; El nos dice que es su mandato que nos amemos los unos a los otros; es algo que con gusto hemos de hacer porque cuando nos sentimos así amados y elegidos del Señor, cuando nos dice que somos sus amigos, ¿qué otra cosa podemos hacer sino amar?


martes, 8 de julio de 2025

Tenemos que escuchar la voz de Dios que nos llega de mil maneras – esta semilla también es resonancia de esa voz de Dios - invitándonos a ser operarios de su mies

 


Tenemos que escuchar la voz de Dios que nos llega de mil maneras – esta semilla también es resonancia de esa voz de Dios - invitándonos a ser operarios de su mies

Génesis 32, 23-33; Salmo 16;  Mateo 9,32-38

¿Cuánta gente necesitamos para hacer eso? Es quizás una pregunta que surge cuando nos presentan un proyecto de gran envergadura y para el que necesitaríamos muchas cosas para poder realizarlo. Pensamos sí en lo que cuesta, pensamos en como mejor entender ese plan o ese proyecto que nos presentan, pensamos con cuantos podríamos contar para poderlo llevar a cabo, no solo en el sentido de la cantidad, sino en el sentido de la capacidad y la fuerza para llevarlo adelante. Humanamente siempre nos estamos haciendo cálculos, estudiando posibilidades, viendo si somos capaces de llevar a término aquello que nos proponemos.

Válganos en principio esta primera reflexión para una profundización y una preparación para cuanto en la vida tenemos que realizar, con valentía y sin miedos, siendo capaces de arriesgarnos y poniendo toda nuestra confianza en ello también.

Pero cuanto este principio de reflexión me estoy haciendo estos planteamientos me los hago también en referencia a lo que hoy nos cuenta el evangelista. Parte de la curación de un hombre poseído por el mal, un endemoniado como es el lenguaje de aquel tiempo y del relato del evangelio. Admiración por parte de la gente, que no ha visto nunca cosa igual, como se dicen. Recorrido de Jesús que nos hace el evangelista por todos aquellos lugares de Galilea donde Jesús va anunciando el Reino pero también donde señales del  mismo con los signos, los milagros que iba realizando. Multitudes que se agolpan en torno a Jesús, que podríamos decir, se ve desbordado. Confidencia del corazón de Cristo a aquellos primeros discípulos que le siguen más de cerca. Mucha gente, multitudes a las que ve Jesús como abandonados, como ovejas sin pastor, ansiosas de algo nuevo y distinto, queriendo escuchar lo que Jesús les propone.

‘La mies es abundante y los obreros pocos’. Grande es la tarea, pero no es tarea para uno solo; Jesús sabe que El es el Redentor, el Mesías Salvador, pero su mensaje de salvación ha de llegar a todos. ‘Rogad al dueño de la mies que envíe operarios a su mies’.

Pero os confieso algo, no me quedo en el allá del relato del evangelio, en aquel tiempo, sino quiero mirar este tiempo, el aquí y ahora y comienzo a mirar alrededor. Camino por las calles y caminos de mi pueblo y pienso en tanta gente repartida, por así decirlo, por un lado o por otro; ayer mismo atravesaba en mi paseo lugares por los que hace tiempo no pasaba y notaba el cambio, el aumento de la población, la cantidad de nuevas viviendas, lo que significa cuánta gente habita en ellas.

Y pensaba, ¿cómo está llegando el evangelio a todos estos lugares? Probablemente la mayoría de esas personas están bautizadas, cuando llega la fiesta del pueblo, de la Virgen o del Santo de su devoción probablemente participaran en muchos de los actos de esas fiestas, pero ¿con eso solo podemos decir que está calando en sus corazones el sentido cristiano de la vida?, ¿habrá calado el evangelio en sus corazones? ¿Cómo estamos haciendo presente el Reino de Dios en esos lugares, cómo llega la voz de la Palabra de Dios a todos esos hogares?

‘La mies es abundante…’ los campos de trabajo son amplios, muchas son las multitudes que de una forma u otra están en la cercanía de nuestras iglesias o tienen alguna conexión en ocasiones con los actos religiosos que organizamos y vivimos, pero ¿nos podemos contentar con solo eso? ¿Cuántos son los que desde nuestras comunidades sienten la inquietud por participar en la acción pastoral de la Iglesia? ¿Qué estamos haciendo en este sentido?

‘Rogad al dueño de la mies que envíe operarios a su mies’. Tenemos que orar, pero tenemos también que comprometernos, tenemos que saber escuchar esa voz de Dios que nos llega de mil maneras – esta reflexión que nos estamos haciendo puede ser también una resonancia de esa voz de Dios - invitándonos a que nosotros seamos operarios de su mies. ¿Sentiremos en verdad inquietud por todo esto, por la obra que la Iglesia tiene que estar haciendo hoy en medio de nuestro mundo y que sea lo más parecida a lo que vemos en el evangelio?

domingo, 23 de marzo de 2025

Escuchemos en el silencio del corazón esas llamadas de Dios y en lo sencillo y en lo pequeño sepamos escuchar la voz de Dios que espera la respuesta de nuestra conversión

 


Escuchemos en el silencio del corazón esas llamadas de Dios y en lo sencillo y en lo pequeño sepamos escuchar la voz de Dios que espera la respuesta de nuestra conversión

Éxodo 3, 1-8a. 13-15; Salmo 102; 1 Corintios 10, 1-6. 10-12; Lucas 13, 1-9

Cuando nos ponemos a pensar un poco y contemplamos las cosas que van sucediendo en el momento presente en nuestro mundo de alguna manera se nos mete el miedo en el cuerpo, por decirlo de alguna manera, y nos llenamos de muchos interrogantes que nos pueden hacer plantear muchas cosas; guerras provocadas por la maldad de los hombres – no podemos decir otra cosa u otra razón – con el sufrimiento y muerte de tantas personas, catástrofes naturales que se suceden y que también producen tantos estragos y se llevan a tantas vidas humanas por delante, y de eso tenemos hecho muy concretos, muy recientes y muy presentes, como muchas cosas de índole personal que nos van sucediendo y nos llaman la atención en cosas que nos pasan, en enfermedades que aparecen en nosotros o en los nuestros, en las limitaciones que vayamos sufriendo quizá por el paso de los años.

¿Qué sucede? ¿Qué avisos pueden ser esas cosas para nuestra vida y para nuestro mundo? ¿De qué son señales esas cosas? Pero hemos de tener cuidado con los catastrofismos y radicalismos de planteamientos. ¿Dónde buscamos las culpas? ¿Serán acaso castigos divinos?, llegamos también a pensar. ¿Qué llamadas podemos ahí encontrar?

En el evangelio vemos que también van a contar a Jesús lo que ha sucedido recientemente en el templo, con la sangre de los galileos derramada en el lugar de los sacrificios desde aquellas represiones del poder dominante. Algo que realmente era muy indignante para los judíos por tratarse del lugar sagrado. Reacciones quizás de todo tipo se podían estar dando. ¿Estarían buscando quizás que quien parecía ser el Mesías se pusiera al frente de lo que pudiera suceder? también había acaecido otro suceso en la piscina de Siloé donde la caída de una pared había producido también algunos muertos.

Una forma de pensar y de reaccionar ante cosas así era el atribuir a un castigo del cielo porque aquellas personas eran pecadores. ¿No decimos nosotros también muchas veces que Dios castiga sin piedra ni palo?

Jesús les dice que no piensen que aquellos que murieron en tales acontecimientos eran más pecadores que los demás. No podemos pensar en castigos del cielo porque el actuar de Dios es de otra manera. Nos lo está manifestando en la misma presencia de Jesús que no teme estar en medio de los pecadores porque El es el médico que viene a sanar y a curar, no a castigar ni a llegar a la muerte como castigo. Qué distinto a nuestros criterios tan fáciles para juzgar y para condenar, pero fáciles para juzgar y condenar a los demás, porque a nosotros mismos no nos miramos.

Es lo que quiere Jesús, que nos miremos a nosotros mismos, no para hundirnos en nuestras culpas, sino para contemplar lo que es la misericordia de Dios. Y nos propone una pequeña parábola. El hombre que tenía una higuera y año tras año, y ya van tres, viene en su época a buscar higos, pero la higuera no da higos. Parece inútil e inservible en medio de su huerta y lo que no sirve se quita de en medio. Pero allí está el hortelano que le pide paciencia al dueño; él la va a trabajar con especial cuidado, cavará a su alrededor y la abonará en abundancia con la esperanza de que un día dé fruto.

Es la paciencia de Dios con nosotros, mejor tenemos que decir, el amor misericordioso de Dios que viene a buscarnos como hizo con el pueblo oprimido en Egipto y siempre está esperando nuestra respuesta. Continuamente nos está ofreciendo su gracia, pone a nuestro lado otro Moisés que nos haga llegar esa llamada de Dios y nos abra a nuevos caminos de liberación para nuestra vida, va dejando señales en nuestro camino para que en verdad nos convirtamos y hagamos nuestra vuelta al amor de Dios, nos regala continuamente su Palabra que nos llega no solo en aquellas celebraciones en las que participamos sino de mil medios y maneras se hace presente en nuestra vida, recibimos el testimonio de tantos a nuestro alrededor que son llamadas de Dios a nuestra vida. ¿Qué respuesta estamos dispuestos a dar?

El camino cuaresmal que ahora estamos haciendo es una gracia de Dios. Tiempo favorable, tiempo de salvación, tiempo propicio, hemos ido escuchando una y otra vez. No tenemos que irnos por tremendismos de interpretaciones forzadas de los acontecimientos de la vida – también puede ser un toque de atención – sino que en lo sencillo y en lo pequeño hemos de saber escuchar esa voz de Dios. Vayamos rumiando esa palabra que cada semana o cada día vamos escuchando y seamos capaces de abrir nuestro corazón a Dios. Escuchemos en el silencio de nuestro corazón esas llamadas de Dios.

martes, 4 de febrero de 2025

Descubramos a Jesús en quien nos sale al encuentro y nos ofrece su oído para escucharnos, nos regala su palabra, vuelve su mirada hacia el borde del camino y nos llama

 


Descubramos a Jesús en quien nos sale al encuentro y nos ofrece su oído para escucharnos, nos regala su palabra, vuelve su mirada hacia el borde del camino y nos llama

Hebreos 12, 1 – 4; Salmo 21; Marcos 5, 21-43

Supongamos que tenemos que hacer una petición de algo que consideramos muy importante para nuestra vida; ya procuraremos preparar con todo cuidado la solicitud, las palabras que vamos a decir en nuestra petición o la instancia a presentar si ese es el camino; buscaremos quizás los más expertos que nos puedan aconsejar, nos valemos de las influencias que podamos conseguir de personas que desde su situación privilegiada pongan su mano, intercedan por nosotros si ese es el caso, o cuidaremos mucho la forma de presentarnos ante quien nos pueda atender en dicha solicitud. No iremos con las manos vacías y de cualquier modo.

¿Será esa la manera de proceder cuando acudimos a Dios desde nuestras necesidades o problemas? Creo que en este aspecto tenemos muchas cosas que revisar; con atención tenemos que leer, escuchar, empaparnos del evangelio que hoy se nos ofrece. ¿Qué necesitaríamos en verdad?

El evangelio es claro. Escuchémoslo desde el corazón y con mucha atención porque nos dice cosas importantes. Repasemos las situaciones que se nos describen. Un hombre, que en cierta manera era importante, era el jefe de la sinagoga, tiene una niña que está muy enferma y acude directamente a Jesús. Y Jesús se ofrece para ir directamente a su casa para darle vida a su niña. Por otra parte una pobre mujer, anónima entre la multitud de manera que pasa desapercibido incluso en la situación de la enfermedad que padece que en cierto modo oculta, pero que no sabe a quien acudir y se va directamente a Jesús, sin preparar palabras ni peticiones, pero con una certeza que le da su corazón desde la fe que la mueve; solo con tocarle el manto piensa ella que es suficiente.

Vendrán criados con malas nuevas para el jefe de la sinagoga, porque piensan que ya nada hay que hacer, pero Jesús le dice a aquel hombre que solo le ha pedido fe, ‘basta que tengas fe’. Aquella mujer, que nada dice, pero que se atreve a tocar a Jesús pero que ahora le está costando dar la cara cuando Jesús pregunta que quien le ha tocado, incluso con la aglomeración de gente a su alrededor, cuando se atreve a dar el paso adelante, tímida pero agradecida, Jesús le dirá que su fe le ha curado.

La única instancia necesaria ha sido la de la fe. Ni discursos con muchas palabras ni influencias de nadie que puedan aparecer como poderosos, sino la humildad del que se siente pobre y necesitado y con esa fe y con esa humildad acude a Jesús. No hacen falta antesalas porque todo va a suceder a pie de calle, no será necesario acudir ni al templo ni a la sinagoga, Jesús que se baja de la barca y allí lo aborda aquel hombre, Jesús que camina por la calle entre el remolino de gente que lo apretuja por todas partes. Pero la fe mueve montañas, como nos dirá Jesús en otra ocasión.

Y nosotros que nos cansamos de hacer largos rezos, nosotros que acudimos a la intercesión de todos los santos, nosotros que rodeamos de esplendor nuestro culto, nosotros que vamos con nuestras ofrendas por delante o al menos con nuestras promesas de no sé cuantas cosas haremos después, cuantas de alguna manera instancias que preparamos;  y Jesús nos dice que basta que tengamos fe, Jesús que se deja abordar por los necesitados o sale a su encuentro dejando que lo apretuje la gente o tiren de su manto, Jesús que se pone en camino allí donde falta la vida porque quiere hacer que la recuperemos, Jesús que no le importa que se rían de El porque está diciendo cosas que la mayoría influenciada por costumbres o rutinas no sabe comprender.

¿Aprenderemos a encontrarnos con Jesús? ¿Sabremos descubrirle en quien sale a nuestro encuentro en la vida y nos ofrece su oído para escucharnos, nos regala su palabra que nos anima, vuelve su mirada hacia quienes estamos al borde del camino, nos llama para que vayamos hasta El?

¡Qué hermoso es el evangelio! ¡Qué buena noticia nos trae Jesús! Dejémonos sorprender, comencemos a ver las cosas con los ojos de Jesús, despertemos de verdad nuestra fe y que sea la que mueva esas montañas de rutinas que paralizan nuestra vida.

 

viernes, 24 de enero de 2025

Nos sentimos agradecidos y emocionados con el amor que el Señor nos tiene que sigue confiando en nosotros, impulsados a buscar nuevas metas de superación

 


Nos sentimos agradecidos y emocionados con el amor que el Señor nos tiene que sigue confiando en nosotros, impulsados a buscar nuevas metas de superación

Hebreos 8,6-13; Salmo 84; Marcos 3,13-19

Nosotros escogemos a nuestros amigos; conoceremos a muchos pero tener la consideración de amigos solo serán algunos; ¿qué les pedimos o qué les ofrecemos? Fundamentalmente la lealtad de la amistad con todas las características que les acompañan, normalmente teniendo en cuenta su sinceridad y sus valores humanos; habrá quienes sean interesados en otras cosas, poder, influencia, prestigios sociales, pero ahí no vamos realmente buscando la amistad; no nos importa quienes son en ese sentido sino como se muestran con nosotros para poder confiar. Con los amigos se van a compartir muchas cosas, todo lo que encierra la amistad.

De la misma manera podríamos decir cuando buscamos colaboradores para algo que vamos a emprender; no lo hacemos a la ligera y tendremos nuestros criterios propios; partiríamos de esa lealtad de la amistad y de ser personas con inquietud, aunque en la vida no hayan destacado por muchas cosas, pero buscamos lo que hay en lo más hondo de ellos mismos y que sabemos que pueden sacarlo a todo para emprender lo que le confiemos; muchas veces desde lo pequeño y lo que nos parece menos relumbrante quizás encontramos esas personas ideales en las que podemos confiar.

En torno a Jesús se había ido formando ya un grupo de personas que le seguían más de cerca, que compartían lealmente con Jesús muchas cosas, porque quizás a muchas cosas habían sido capaces de renunciar para escuchar a Jesús y estar al lado de Jesús. Llega el momento de ir formando aquel grupo que iba a ser como imagen de esa nueva comunidad que se iba a formar a partir de Jesús. Es lo que hoy contemplamos en el evangelio.

Algún evangelista nos dirá que se pasó la noche en oración; eran decisiones serias que no se podían tomar sin una previa reflexión; por eso le vemos que aquel día con sencillez, pero con la solemnidad que conllevaba aquel momento fue llamando uno a uno a los doce que iba a tener con El y a los que iba a llamar sus enviados, apóstoles. El evangelista nos da la relación. Les hemos visto en distintos momentos cuando Jesús los ha llamado a seguirle, cuando se han ido con él dejándolo todo, procedentes en cierto modo de diversos ambientes, pero muy cercanos a Jesús pues algunos incluso serán parientes. ‘Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con él’.

Y ya vemos desde el primer momento que se confía en ellos porque les da autoridad para lo que han de realizar. Ellos han de ser signos de ese Reino de Dios que se estaba constituyendo y habían de realizar también esas señales de que el Reino de Dios estaba llegando. Por eso nos dice el evangelista que ‘instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios’.

Comienza a plasmarse lo que era el Reino de Dios que Jesús venía anunciando. Había invitado a la conversión para creer en esa buena noticia y aquellos doce habían dado señales de que estaban en ese camino, a pesar de sus debilidades, a pesar de que haya momentos en que no terminen de entender lo que Jesús les enseñe, a pesar de sus ambiciones humanas que seguían latentes en sus corazones y de las que tendrían que irse poco a poco desprendiendo. Eran los que estaban con Jesús y los enviados de Jesús.

Con cierta emoción escuchamos nosotros este relato del evangelio porque estamos viendo que Jesús nos llama también a ser sus amigos, a que demos esas señales del Reino de Dios en nuestra vida y entonces seamos capaces también de desprendernos de esas cosas que quedan en nosotros como rémoras que nos impiden caminar libremente.

Nos sentimos agradecidos y emocionados con el amor que el Señor nos tiene que así sigue confiando en nosotros, conociendo como conocemos nuestras debilidades y tropiezos, pero al tiempo nos sentimos impulsados a caminar, a levantarnos, a mirar a lo alto, a buscar nuevas metas de superación en nuestra vida. Gracias, Señor, por seguir confiando en nosotros y seguir llamándonos amigos.

lunes, 6 de enero de 2025

Una nueva Epifanía para saber hacernos los regalos de una generosa acogida también entre aquellos que no nos conocemos

 


Una nueva Epifanía para saber hacernos los regalos de una generosa acogida también entre aquellos que no nos conocemos

Isaías 60, 1-6; Salmo 71; Efesios 3, 2-3a. 5-6; Mateo 2, 1-12

Aquella comitiva de tres extranjeros que se adentra por la calles de Jerusalén haciendo preguntas que para algunos resultan ignotas, mientras en otros producen cierta inquietud me hace pensar en situaciones semejantes que no sé si terminamos de acostumbrarnos pero que también de manera semejante se nos dan hoy en nuestras calles.

Es cierto que en el mundo globalizado en que nos encontramos ya no es extraño encontrarnos en nuestro entorno extranjeros que nos hablan idiomas para nosotros desconocidos, pero también algunos nos producen cierta inquietud y nos preguntamos a donde vamos a llegar, porque muchas veces nos parece poco menos que una invasión; en la tierra donde vivo, en nuestras islas, ya no nos es extraño encontrarnos gentes de otras razas y lugares, extranjeros que llegan a nuestras cosas desde diversos motivos que a muchos, es cierto, llenan de inquietud, a unos llamamos turistas, otros llamamos inmigrantes, algunos los consideramos incluso ilegales y es grande la presión que está sufriendo la demografía de nuestras tierras. Cuando nos cruzamos con ellos, ¿cómo nos sentimos? ¿Qué pensamos quizás que tenemos que hacer? ¿A dónde vamos a llegar?

Un revuelo semejante se armó aquellos días en Jerusalén con aquellos personajes que llegaron a Jerusalén y que no eran precisamente judíos provenientes de la diáspora, tampoco los podían considerar prosélitos, aunque unas preguntas inquietantes venían haciendo que tendrían que descifrar su significado y que les llevó incluso a la consulta de las autoridades religiosas para entender qué es lo que preguntaban. ¿Un recién nacido rey de los judíos? Pero no parecía que fueran cosas que sucedieran en el palacio de Herodes, aunque en las profecías fueron a buscar respuestas.

Conocemos bien el texto del evangelio que tantas veces hemos escuchado y meditado. A Belén se dirigieron y allí encontraron lo que buscaban en aquel niño envuelto en pañales en brazos de María a quien ofrecieron sus ofrendas. Con la resonancia de las profecías y de los salmos para nosotros se han quedado como los reyes magos, pues el evangelista ha hablado de unos magos venidos de oriente, con su especial significado.

Para nosotros este texto se ha convertido en evangelio, en buena noticia, porque nos está hablando del nacimiento del Hijo de Dios hecho hombre en aquel hijo de María y de José que para nosotros será Jesús, porque será el Salvador de nuestras vidas.

Pero el evangelio hoy no se nos puede quedar para nosotros en un recuerdo de antiguos acontecimientos, sino que en eso que nos está sucediendo cada día hemos de saber leer el mensaje de este evangelio, en eso que cada día nos está sucediendo en nuestro entorno hemos de saber leer y encontrar una buena noticia de salvación para nosotros hoy.

¿Habrá evangelio, habrá buena noticia, habrá una llamada de Dios en lo que ahora mismo está sucediendo en nuestro mundo? Algo seguramente tiene Dios que decirnos. Y en aquel que por nosotros se hizo emigrante y hasta desterrado - ¿no habían venido sus padres desde la lejana Galilea hasta Judea y hasta Belén y allí nacería aquel niño?, ¿no lo contemplaremos luego poco menos que desterrado a Egipto en donde habrá de refugiarse en su huida de aquel rey Herodes que atentaba contra la vida del niño?  -, en aquel Niño, pero en esto que nos está sucediendo en nuestro entorno con emigrantes o desplazados, con turistas o con gentes que nos visitan Dios quizás tiene una Buena Noticia, una llamada para nosotros. Es en lo que tenemos que detenernos, lo que nos tiene que hacer pensar, lo que hemos de saber descubrir, aunque no sea fácil.

Para nosotros los creyentes las cosas no suceden porque sí, no son tampoco un destino fatal, no tienen que ser cosas que irremediablemente tienen que suceder, detrás podremos descubrir un plan de Dios, detrás podríamos o tendríamos que descubrir una buena noticia de salvación para nosotros.

Es lo que tenemos que llevar a nuestra oración, es lo que tenemos que saber escuchar en lo  hondo del corazón, es lo que tenemos que aprender a leer en los acontecimientos de la vida. ¿Nos estará todo esto pidiendo unas nuevas actitudes ante la gente nueva y desconocida que nos rodea? ¿Tendremos que aprender a acercarnos a ellos de otra manera haciendo que haya una acogida desde lo más profundo de nuestro corazón? ¿Cuántas veces nos hemos detenido ante esas personas, no simplemente para enseñarle una dirección de un monumento artístico, sino para interesarnos por su vida, por sus preocupaciones, por los sufrimientos que muchas veces podemos ver marcados en su rostro?

Aquí tiene que haber una nueva Epifanía del Señor para nuestra vida. No es solo una celebración que nos lleve a hacernos regalos entre los que nos queremos. ¿No tendría que ser una invitación en esa nueva Epifanía a hacernos el regalo de nuestra mejor acogida mutua también entre aquellos que no nos conocemos? Da que pensar.

domingo, 27 de octubre de 2024

Unos gritos surgen al borde del camino que nos molestan en la tranquilidad de nuestra vida pero que son una llamada de Jesús a despertar a la luz


Unos gritos surgen al borde del camino que nos molestan en la tranquilidad de nuestra vida pero que son una llamada de Jesús a despertar a la luz

Jeremías 31, 7-9; Sal. 125; Hebreos 5, 1-6; Marcos 10,46-52

Jesús va de camino hacia Jerusalén atravesando la ciudad de Jericó, era el camino de los que venían de Galilea bajando el Jordán y subiendo luego esos desiertos kilómetros desde la hondura del Jordán hasta las alturas de la ciudad santa. Pero alguien grita y todos se sobresaltan. Parece una descortesía; nos han enseñado que no se habla a gritos pero algunas veces tenemos que gritar, para hacernos notar, para que nos escuchen desde nuestras necesidades o desde los peligros en que nos encontremos, claro que también podemos gritar de alegría cuando nos salen bien las cosas, cuando recibimos sorpresas en la vida, cuando nos dan una buena noticia o un regalo. Al borde del camino está un ciego con sus gritos al que quieren hacer callar.

¿Podemos o debemos hacer callar a quien grita? Desde la comodidad donde nos hemos establecido en la vida nos molestan los gritos que nos hacen despertar. Preferimos el silencio y la tranquilidad, que no nos molesten. Desde nuestra tranquilidad - ¿o podemos decir desde nuestra insensibilidad? – no queremos que haya voces que nos molesten, porque eso no va con nosotros, que cada uno se las arregle como pueda que yo tengo mis problemas, que nada nos perturbe porque nosotros queremos tener paz o nada nos distraiga porque yo ahora tengo mis cosas que hacer, porque yo quiero escuchar lo que me interesa no lo que venga con problemas que nos pueden hacer perder la paz… tantos silencios que preferimos en la vida que aunque decimos de paz son de insensibilidad.

Y Jesús no solo oyó sino que escuchó también los gritos de aquel pobre ciego que estaba al borde del camino. Sí, al borde del camino, porque el camino en su ceguera no era para él; ya quisiera él poder hacer ese camino, poder subir también a Jerusalén con todos aquellos peregrinos que por allí pasaban. Pero tenía que contentarse con estar con su manta tendida en el suelo, su manto, para recoger algunas monedas que algunos compasivos arrojasen a su paso.

Pero Jesús le llama para que se ponga en camino. Y claro que a esta llamada de Jesús – le dicen, ‘Jesús te llama’ – el da un salto para ponerse en camino, para acercarse a Jesús. Algunos ahora compasivos, aunque antes quisieran hacerlo callar, le ayudan porque él se soltará de todo, deja atrás su manto y su bastón porque quiere llegar hasta Jesús.

‘¿Qué quieres que haga por ti?’ es la pregunta de Jesús. ‘Señor, que vea’. Luz para sus ojos, una luz que será vida para él porque podrá ya comenzar a valerse de si mismo para salir de su pobreza, luz que le dará fuerzas para ponerse también en camino, aunque ahora ya ha comenzado a sentir una nueva fuerza en él cuando alguien se ha interesado por él y ha sido capaz de dar un salto. Qué importante es que aprendamos a interesarnos por alguien, por los demás, por quien está al borde del camino; es comenzar a valorarlos, comenzarán a sentirse valorados porque alguien piensa en ellos, como el hijo de Timeo, que cuando escucha que Jesús lo llama será capaz de levantarse del borde del camino para ir al encuentro de la luz.

Claro que Jesús quiere poner luz en los ojos de aquel hombre. Para eso ha venido para ser nuestra luz, luz de la humanidad, luz del hombre nuevo que nace con Jesús, luz que nos saque de las tinieblas, luz que mantengamos encendida para poder entrar en el banquete del Reino. ¿No recordamos tantos otros pasajes del evangelio que nos están hablando de esa luz de Jesús para nosotros? ¿Pero no podemos recordar también que Jesús quiere que nosotros seamos luz para nuestro mundo?

Tendríamos que vernos reflejado en ese hombre sentado al borde del camino, porque también nosotros nos falta luz, porque nosotros también tantas veces nos quedamos anquilosados al borde y parece que no somos capaces de hacer nada, porque caemos en nuestras rutinas y en nuestras desganas y parece que lo que queremos es que tengan lástima de nosotros, porque no solo estamos ciegos sino que también nos hacemos sordos y no llegamos a escuchar que Jesús nos llama para que vayamos a El, porque son tantos nuestros desánimos que ni siquiera nos dejamos ayudar porque quieres nos tienden una mano para que nos levantemos, porque no llegamos a reconocer nuestras cegueras porque nos hemos acostumbrado a nuestra abulia y aburrimiento. ‘Señor, que yo vea’, tenemos también que pedir, tenemos también que gritar.

Hoy nos está diciendo muchas cosas el evangelio. Nos hace ver nuestras cegueras, pero nos tiene que hacer ver que muchas veces podemos ser obstáculo para los que están a nuestro lado gritando desde las orillas del camino, con nuestra búsqueda de silencio y de tranquilidad, con nuestros deseos que no nos molesten porque ya nosotros tenemos nuestra vida, y tantas veces pasamos de largo y ni siquiera vemos a quien se cruza con nosotros y que quizás van cargando con su pesada cruz de sus pobreza o de sus sufrimientos, de las discriminaciones que sufren o de los abandonos de la misma sociedad, pero no movemos ni un dedo para ayudar. ¿Seguiremos haciéndonos sordos a los gritos de la humanidad que quiere paz, que grita debajo de los horrores de la guerra, que nos pide clemencia desde su hambre y su miseria?

Aquel hombre cuando recuperó la luz de sus ojos se puso en camino también detrás de Jesús. ¿Será lo que nosotros también vamos a hacer para subir con Jesús a Jerusalén, para con Jesús ir a la Jerusalén de la vida donde hemos de vivir también y celebrar la Pascua?


lunes, 1 de julio de 2024

El seguimiento de Jesús no es solo cuestión de un gusto personal sino respuesta a una invitación dada con radicalidad

 


El seguimiento de Jesús no es solo cuestión de un gusto personal sino respuesta a una invitación dada con radicalidad

Amós 2,6-10.13-16; Sal. 49;  Mateo 8, 18-22

Nos gustaría ser como él, hacer las cosas que él hace, parecernos a él. Es, me atrevo a decirlo así, la atracción que podemos sentir cuando nos encontramos una persona buena, una persona entregada, una persona que nos manifiesta con sus palabras pero sobre todo con actitudes y con compromisos de su vida, verdades que nos hacen pensar, que nos hacen plantearnos ideales nobles por los que llegamos a pensar que merece dar la vida.

Es bueno, podemos decir que de alguna manera es normal, que al sentirnos atraídos por algo queramos hacerlo, que si encontramos una persona así nos sintamos estimulados a elevar el listón de nuestra vida queriendo ser mejor, queriendo vivir también una entrega en la que encontramos un sentido para la vida; pero no tenemos que copiar, cada uno tenemos unas características y una personalidad, y lo que tenemos que sentirnos llamados a hacer es a desarrollar lo más posible lo mejor de nosotros mismos, que no significa que tengamos que hacer exactamente lo mismo, o querer como hacer un duplicado en nosotros de esa otra persona. Será algo a lo que nos ayudará la madurez que vayamos alcanzando en la vida, porque lo otro podría quedarse en una reacción un tanto infantil, y somos nosotros los que tenemos que madurar.

La gente también se sentía atraída por Jesús, le seguían a todas partes, se daban de codazos por estar a su lado – ‘ves como te apretuja la gente’, le escuchamos un día decir a Pedro -, se sienten entusiasmados y en tienen en ocasiones momentos incluso de delirio como cuando quieren hacerle rey allá en el descampado después de la multiplicación de los panes, y ya vemos cuantas alabanzas para él, e incluso para la madre que lo amamantó, como aquella mujer anónima.

En torno a El se ha ido formando aquel grupo de discípulos  que están con él siempre porque incluso han dejado sus barcas y redes o sus puestos de trabajo para responder a su llamada; a ellos de una manera especial irá formando porque para ellos tiene una misión especial. Son muchos los que le quieren seguir, bien cuando se han visto liberados de sus enfermedades y males como el ciego Bartimeo que le sigue por el camino después de haber recobrado la vista, o como aquel endemoniado geraseno que después de sentirse curado por Jesús quiere seguirle y Jesús le dirá que vaya a decirle a los suyos cuanto ha hecho Jesús con él.

Hoy vemos que incluso un escriba viene y esta dispuesto a seguir a Jesús a donde quiera que vaya. Pero no quiere Jesús entusiasmos fáciles que se pueden quedar en pasajeros; cuantas veces nos sucede que nos entusiasmamos con una amistad, pero con el paso del tiempo y no hace falta que sea mucho ya nos olvidamos de aquellos fervores del principio. Jesús quiere dejarnos bien claro cuales son las exigencias para seguirle, que no se puede quedar solo en cantos de alabanza; ¿nos quedaremos muchas veces en cánticos bonitos y entusiastas en nuestras celebraciones, pero cuando salimos de allí parece que lo hemos olvidado todo?

Hoy Jesús recuerda que las fieras del campo tienen sus madrigueras y los pájaros sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza. ¿Podemos llegar a vivir un desprendimiento y una austeridad así? Y nos dirá también que cuando nos decidamos a seguirle no podemos estar volviendo la vista atrás a cada rato para estar soñando con lo que dejamos, ni podemos quedarnos en seguir haciendo las cosas de muerte de siempre porque el camino que se abre ante nosotros es un camino de vida.

¿Estaremos dispuestos a escuchar la invitación de Jesús a seguirle – porque no es solo cuestión de gustos personales sino de llamada y vocación – para seguir con todo a Jesús en su camino? Es algo serio.

sábado, 18 de mayo de 2024

También nos dice hoy a nosotros Jesús ‘tú, sígueme’, para que mantengamos nuestro camino de fe, de fidelidad y de amor que tenemos que llevar hasta el final

 


También nos dice hoy a nosotros Jesús ‘tú, sígueme’, para que mantengamos nuestro camino de fe, de fidelidad y de amor que tenemos que llevar hasta el final

Hechos de los apóstoles 28, 16-20. 30-31; Salmo 10; Juan 21, 20-25

Un día también como Pedro o como los otros discípulos nosotros también escuchamos la voz del Maestro que nos decía ‘ven y sígueme’. Cada uno tenemos nuestra propia historia, distinta y diversa fue la llamada del Señor a seguirle, bien porque en la fe cristiana fuimos educados por nuestros padres, por la influencia que recibimos de la comunidad cristiana que nos rodeaba donde se nos impartió una catequesis, recibimos quizás desde niños los sacramentos, o cualquier otra circunstancia que a lo largo de la vida hizo que nos fuéramos encontrando con el Señor y sintiéramos el amor de Dios en nuestro corazón.

Hoy estamos haciendo este camino de fe, participamos en la vida de la comunidad y de ella recibimos una inmensa riqueza espiritual que nos va haciendo crecer en nuestra fe, en nuestro amor y en nuestro compromiso. No siempre ha sido fácil ni siempre todo fue claridad; muchos momentos oscuros pueden haber ido apareciendo en nuestra vida que no nos terminan de abandonar del todo. Nuestro camino y nuestra historia hay tenido sus luces y sus sombras, sus altos y sus bajadas, sus momentos de entusiasmo y hasta de euforia espiritual, como también ha aparecido el decaimiento, la tibieza y hasta el cansancio. Pero aquí seguimos, aquí estamos hoy llegando al final del camino de la Pascua de este año, cuando mañana celebremos la Pascua de Pentecostés.

¿Habrá sido nuestro camino como el de Pedro al que tantas veces hemos contemplado a lo largo del evangelio? Cada uno hemos tenido nuestro propio camino, pero también Pedro, como el resto de los apóstoles, como el de tantos santos en la Iglesia a lo largo de la historia, han sido un estímulo para nosotros.

Un camino que hemos ido haciendo de forma personal, pero siempre acompañados de la comunidad cristiana que se manifiesta a nuestro lado de diferentes maneras. Un camino que nos exige, en nombre del amor que tiene que envolver nuestra vida, a vivir en comunión con los que están a nuestro lado. ¿Nos facilita nuestros pasos, nos facilita el camino?

Tendría que ser así, pero realmente sabes que no siempre ha sido así. Y no vamos a pesar en los malos ejemplos que hayamos podido recibir de los demás y de quienes tenían la obligación de estar especialmente a nuestro lado, sino que tenemos que pensar en las malas hierbas que muchas veces reverdecen en nuestro corazón y nos hace desconfiados y envidiosos, nos llenan de orgullos o nos envuelven en vanidades, tropiezos en nuestras pasiones que se nos desbordan y nos hacen daño, que nos pueden llevar a decaimientos y a desánimos.

Miramos demasiadas veces para detrás, para nuestro lado, nos podemos sentir incómodos con ciertas cosas que puedan haber sucedido en la vida o que aparecen en quienes nos acompañan en el camino, pero no podemos perder el animo, no podemos perder el rumbo que tenemos que seguir, no nos podemos hacer comparaciones ni para creernos mejores que los demás ni para llenarnos de envidia por lo que a ellos les esté sucediendo. Otras tienen que ser nuestras actitudes y nuestras posturas.

Estos días hemos contemplado ese momento de porfía de amor de Pedro por Jesús y esa confianza que Jesús sigue depositando en él. Pero Pedro hoy miró para detrás, y por allí andaba aquel discípulo que se decía que era el amado de manera especial por Jesús. Sabemos lo que nos puede suceder en el corazón en momentos así. Por eso Jesús parece ser cortante con Pedro como diciéndole que no se meta donde no tiene que meterse.

Es lo que nos sucede tantas veces, parece como que queremos manejar también la vida de los demás y nos olvidamos de la exigencia que tiene que haber en nuestra propia vida. Es lo que Jesús viene a decirle a Pedro, ¿Por qué tienes que andar pendiente en lo que le pueda suceder o no a Juan? Lo importante ahora es que tú me sigues. ‘Tú, sígueme’. También nos lo dice a nosotros Jesús. No olvidemos nuestra fidelidad y no olvidemos el amor que tenemos que llevar hasta el final.

jueves, 18 de abril de 2024

Dejémonos conducir por su Espíritu y alcanzaremos vida para siempre porque Jesús se hace Pan de vida para resucitarnos a una vida nueva

 


Dejémonos conducir por su Espíritu y alcanzaremos vida para siempre porque Jesús se hace Pan de vida  para resucitarnos a una vida nueva

Hechos de los apóstoles 8, 26-40; Salmo 65; Juan 6, 44-51

En la vida nos conducimos por aquello que nos gusta, nos parece apetecible, y así vamos eligiendo lo que queremos, los que queremos para nosotros como posesión, pero lo que queremos para nosotros como manera de vivir o como forma de desarrollar nuestro yo; así vamos escogiendo los amigos con los que nos sentimos a gusto, o vamos poco a poco decantándonos por una forma de vivir, por un sentido de la vida, desde lo que nos ofrecen o desde aquello que nos parece que compagina con nuestro ser. Nos decimos que somos libres y que somos nosotros los que elegimos; nos decimos con personalidad y no queremos sentirnos arrastrados por nadie.

Pero también nos damos cuenta que en un momento determinado algo ha hecho que tomemos otras decisiones, que nos sintamos como llamados, quizás decimos interiormente, o algunos, porque está de modo esnobismos que nos vienen no sé de donde, que el karma nos arrastró a algo, que era como una predestinación y no sé cuantas cosas más que nos decimos. Pero algo ha habido que nos ha hecho mover la vida quizás hasta cambiando el rumbo de lo que estamos haciendo, y que nos descubre algo nuevo.

Nosotros los creyentes no necesitamos hablar del karma o cosas de esas, o de predisposiciones o presentimientos que nos pueden surgir, nosotros pensamos en algo distinto que lo hemos tenido ahí de siempre, pero quizás olvidamos, o quizás descartamos para pensar en eso que nos viene de acá o de allá. Nosotros creemos que Dios actúa en nuestra vida, que su Espíritu puede mover los corazones y nos inspira – mira por donde viene la palabra Espíritu – y se vale quizá de muchos signos externos o incluso dentro de nosotros mismos para hacernos conocer lo que es su voluntad, lo que Dios quiere de nosotros.

Cuando estamos hablando del misterio de Dios, de nuestra relación con Dios y con Cristo, de nuestra vida cristiana sentimos que hay algo sobrenatural, que significa que está por encima o más allá de nosotros, que actúa en nuestra vida, nos inspira lo que hemos de hacer, nos hace descubrir también lo que es la voluntad de Dios para con nosotros.

Nos lo ha dicho hoy Jesús. ‘Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado, y yo lo resucitaré en el último día’. Es Dios el que nos llama. Es lo que le está diciendo Jesús a aquellos que se han convertido en sus discípulos, que no fue solamente porque un día se sintieran atraídos por Jesús, sino porque fueron invitados a seguir a Jesús. ‘Venid conmigo…’ les iba diciendo Jesús como a Pedro y a su hermano Andrés, como a los hermanos Zebedeos, como a Mateo o Leví cuando estaba allí en su garita de recaudador de impuestos, y así a todos aquellos que había ido llamando por su nombre para que fueran sus discípulos, para constituir el colegio de los Apóstoles.

Hoy Jesús nos está diciendo cosas muy importantes, pero también hemos de reconocer que les costaba entender a aquellos que le escuchaban en la sinagoga de Cafarnaún, pero les esta pidiendo un plus, podemos decir, de confianza en El, de creer en Jesús. Y es que creer en Jesús significa dejarse transformar por El. Por eso les habla de vida nueva, de resurrección, que era algo que iba mucho más allá de lo que pudiera haber sido la resurrección de Lázaro o de la hija de Jairo. Creer en Jesús significa entrar en una nueva vida, en un nuevo sentido de vida, porque era además comenzar a vivir la vida de Jesús.

Por eso necesitamos comerle, para podernos llenar de su vida. Por eso nos dice que El es el Pan de vida, el verdadero Pan bajado del cielo y que comiéndole a El tendríamos vida para siempre, nos resucitaría en el último día. No nos quiere dar Jesús un pan que comiéndole volvamos a morir, porque no sea un pan que nos alimenta para siempre. No es cualquier cosa lo que quiere ofrecernos Jesús, porque es El mismo que se hace pan, es El mismo que nos da su carne, que nos da su vida.

Claro que son cosas difíciles de entender si nos quedamos en la literalidad de las palabras. Por eso la gente no le entiende y algunos incluso dejarán de seguirle. Pero El nos pide que confiemos en su Palabra, y que su Espíritu va a actuar en nosotros para que lleguemos a comprender y vivir ese misterio de Dios. Dejémonos conducir por su Espíritu y alcanzaremos vida para siempre.


sábado, 17 de febrero de 2024

Necesitamos tener unas nuevas aptitudes que nos hagan disponibles siempre para el servicio, pero también con las que valoremos a los demás sin descartes que anulan

 


Necesitamos tener unas nuevas aptitudes que nos hagan disponibles siempre para el servicio, pero también con las que valoremos a los demás sin descartes que anulan

Isaías 58, 9b-14; Salmo 85; Lucas 5, 27-32

Cuando queremos conseguir a alguien que nos haga un buen trabajo trataremos de informarnos bien sobre quien queremos contar, buscaremos a alguien que nos lo recomienden como muy capaz de realizarlo, pero al tiempo queremos buscar una buena persona de la que tengamos alguna certeza de su integridad y honradez para confiarle aquello en lo que además nos vamos a gastar nuestros dineros. No buscamos a cualquiera, escogeremos muy bien y en los lugares que consideremos más apropiados. Parece que eso sería lo normal que tendríamos que hacer.

Pero he aquí que hoy nos encontramos con un texto del evangelio que parece que nos viene a echar abajo todas esas buenas predisposiciones por nuestra parte, todo ese afán de buscar lo más integro y lo más capaz. Jesús está buscando, por decirlo de alguna manera, seguidores, y además en estas elecciones que va haciendo Jesús está, podríamos decir, mirando en la lejanía porque aquellos que ahora invita a seguirle, serán los que un día nombrará apóstoles y en cuyas manos a poner toda la tarea de anunciar y realizar el Reino de Dios.

Sin embargo, ¿a quien vemos hoy que busca Jesús y le invita a seguirle? Un publicano, una persona que en razón de su profesión y de la mala fama que se habían ganado eran despreciados por los judíos, porque eran considerados como unos colaboracionistas con los que ahora les dominaban y de manera especial por sus dirigentes. Mala fama tenían de ladrones y de usureros, porque eran además los que se dedicaban al negocio de los préstamos, cosa que siempre ha habido a través de todos los tiempos. Y Jesús llama a seguirle a uno de ellos; y mira por donde encontraré en él una prontitud para seguirle realmente admirable, porque se levantó de su garita de cobrador y se fue con Jesús, además con alegría porque en su honor querrá celebrar un banquete.

En medio de todo esto tendríamos que preguntarnos que es lo que realmente mira Jesús a la hora de su llamada. No le importa su condición de pecador, fama de publicano que se había ganado, porque como vemos ante la reacción que pronto se producirá por parte de los escribas y fariseos que se quejan de que Jesús se siente a la mesa con los pecadores y como con ellos, nos dirá que El ha venido como salvación y que son los enfermos, que son los pecadores los que necesitan del médico, los que necesitan de la salvación y es a ellos a donde Jesús primero se dirigirá.

Aquí con sinceridad tendríamos que comenzar por pensar en nosotros mismos. El Señor sigue contando con nosotros que somos pecadores. Porque cuantas veces hemos sentido los regalos del amor de Dios en nuestra vida y aunque en principio parecía que queríamos responder, sin embargo luego la respuesta de nuestra vida se ha vuelto tantas veces negativa. Jesús está pasando también por la garita de nuestra vida y también nos está invitando a seguirle a pesar de lo encerrados en nosotros mismos que vivimos tantas veces con nuestras debilidades, con nuestras infidelidades, con nuestro pecado.

Jesús le dio una nueva oportunidad a Leví y éste la aprovechó; dio pronta respuesta que sería en un seguimiento en fidelidad de los caminos de Jesús, caminos que luego nos trasmitiría con el evangelio de Jesús que nos escribió. Pero esto me lleva a pensar, aunque fuera brevemente, en algo más. ¿No tendríamos que aprender a dar nuevas oportunidades a los demás?

Con mucha facilidad vamos por la vida descartando; con aquel no contamos porque es así, aquel ya en una ocasión nos dejó plantados así que no volveré a contar con él, aquel no creo que sea capaz de hacer nada de provecho, en otros nos fijamos en lo que nos parece la pobreza de su vida y no somos capaces de descubrir los valores que pueden haber en su corazón… y así vamos descantando a tantos, la lista se haría interminable.

¿Aprenderemos a tener unas actitudes nuevas como Jesús nos está enseñando?

viernes, 19 de enero de 2024

Dios sigue contando hoy contigo y conmigo, y cada uno sabe con sinceridad en su interior cómo es y cual es el recorrido, cuenta con nosotros y quiere que estemos con El

 


Dios sigue contando hoy contigo y conmigo, y cada uno sabe con sinceridad en su interior cómo es y cual es el recorrido, cuenta con nosotros y quiere que estemos con El

1Samuel 24, 3-21; Sal 56;  Marcos 3, 13-19

Todos queremos realizar nuestro trabajo y de la mejor manera posible; ponemos nuestro empeño, nuestro esfuerzo, nuestras capacidades para ir sacando adelante aquel trabajo de nuestras manos, o de nuestras capacidades y posibilidades. Pero todo comprendemos hoy que nada vamos a hacer en su totalidad por nosotros mismos, que necesitamos contar con tareas que otros hayan realizado, o con personas que trabajen a nuestro lado, cada uno según sus ‘saberes’ y sus capacidades para poder realizar un trabajo en conjunto que llegue a lo mejor. Buscamos para trabajar con nosotros los mejores colaboradores, las mejores cualidades y valores, queriendo rodearnos de lo mejor. Es, podríamos decir, la sabiduría de la vida que también hemos ido aprendiendo.

Es como Dios nos ha creado, pensamos y decimos desde nuestra antropología cristiana. El mundo no lo puso en las manos de un solo hombre, sino de toda la humanidad, y somos todos, sabiendo trabajar juntos en armónica colaboración, los que tenemos la tarea de continuar esa obra creadora de Dios puesta en nuestras manos. Si llegáramos a comprenderlo bien se acabarían tantos egoísmos y orgullos, tanto individualismos y tantas guerras que nos hacemos los unos a los otros, porque siempre queremos sobresalir individualmente y nos olvidamos de la belleza que entre todos tenemos que saber crear.

Es lo que contemplamos que va haciendo Jesús en el evangelio. Comienza haciendo el anuncio del Reino de Dios y le veremos ir de un lado a otro en esa proclamación de la Palabra. Pronto va llamando a aquellos que le van a seguir de mas cerca; invitará a los pescadores del mar de Galilea a ser pescadores de una pesca más amplia cuando les habla de ser pescadores de hombres; llamará a Mateo desde su garita de cobrador de impuestos, o invitará a Felipe a seguirle, aceptará a Natanael que viene hasta El aun con sus reticencias, y serán muchos los que le van siguiendo de cerca formando un grupo más compacto junto a El. En un momento a ese grupo grande de discípulos los envía de dos en dos por donde ha de ir El para que vayan por delante haciendo el anuncio del Reino.

Hoy en el evangelio contemplamos como, ‘mientras subía al monte, de entre todos los discípulos, llamó a doce para que estuvieran con El y para enviarlos a predicar con la autoridad de curar enfermos y expulsar demonios’, su misma autoridad. Y a continuación el evangelista nos da nominalmente quienes forman ese grupo con sus propios nombres.

‘Llamó a los que quiso y se fueron con El’, dice el evangelista. ¿Y a quienes llamó? En nuestros criterios humanos nos hubiéramos puestos a escoger muy bien, trazándonos unos perfiles muy concisos y exigentes, porque hubiéramos querido escoger a los mejores según nuestros criterios. Pero llamó a unos pescadores, llamó a una gente sencilla, la mayoría de ellos sin nombre y sin que hubieran destacado por otros lados, incluso alguno de los que más despreciados eran por los que se consideraban importantes, porque era un publicano, un recaudador de impuestos, algunos zelotes de aquellos grupos medio exaltados y revolucionarios que estaban en contra de la situación que vivía Israel en aquellos momentos. Pero fueron los que escogió Jesús para que estuvieran con El y para enviarlos a predicar con su misma autoridad.

Pero ya sabemos que el Señor no se fija en las apariencias, que Jesús mira el corazón, que Jesús descubre en nosotros otros valores que quizás los que están a nuestro lado no son capaces de ver, ni nosotros mismos de reconocer. Porque Dios sigue contando hoy contigo y conmigo; y cada uno sabe con sinceridad en su interior cómo es y cual es el recorrido, muchas veces lleno de sombras, que nosotros hemos hecho. Y Dios cuenta con nosotros. Y quiere que estemos con El. Y también nos dará esa autoridad para que sigamos haciendo el anuncio del Reino hoy.

¿Tendríamos que aprender a ver y reconocer los auténticos valores que llevamos por dentro, que tienen las personas que están cerca de nosotros? ¿Tendríamos que aprender a reconocer y agradecer ese querer contar Dios con nosotros a pesar de nuestras limitaciones o de las sombras que haya en nuestra vida? ¿Por qué andamos con tantos prejuicios, con tantas apreciaciones que nos hacemos de los demás, con tantos sambenitos que seguimos colgando sobre los hombros de los otros simplemente porque no nos caen bien? A muchas consideraciones tendría que llevarnos este evangelio que hoy estamos contemplando.