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martes, 1 de septiembre de 2026

El evangelio tiene que despertar algo nuevo en nosotros que nos sorprenda e interrogue aunque nos quedemos sin palabras, la palabra de Jesús es la única que vale y nos salva

 


El evangelio tiene que despertar algo nuevo en nosotros que nos sorprenda e interrogue aunque nos quedemos sin palabras, la palabra de Jesús es la única que vale y nos salva

1Corintios 2, 10b-16; Salmo 144; Lucas 4, 31-37

Hay cosas que nos dejan sin palabras; un hecho sorprendente, inesperado y maravilloso que sucede ante nosotros, una palabra que escuchamos que nos deja un interrogante en nuestro interior, un gesto o un detalle que observamos en alguien de quien no esperábamos que fuera capaz de hacer lo que hizo. Quedarnos sin palabras es no saber explicarnos por qué suceden tales cosas, la sorpresa que nos hace ver las cosas de otra manera a como nosotros pensábamos de siempre y para lo que parece que no encontramos razones pero que vemos que es distinto, algo que hace renacer de nuevo la ilusión y la esperanza porque encontramos una paz que no teníamos, porque nos sentimos sanados por dentro sin saber por qué ese cambio que se ha producido en nuestro interior… son interrogantes que se nos plantean, son preguntas de hasta dónde nos va a llevar esto nuevo que nos está sucediendo, son cuestionamientos de por qué hacíamos las cosas como las hacíamos y no habíamos caído en la cuenta de que podían ser de otra manera.

Claro que muchas veces no nos llevamos bien con esas novedades que nos van apareciendo porque casi queríamos seguir con la misma rutina de siempre, con lo que siempre se había hecho y no se nos había ocurrido que podía ser de otra manera; y puede surgir un rechazo, puede ser que queramos permanecer en nuestro conformismo de lo de siempre porque siempre se ha hecho así, o puede surgir el entusiasmo que nos hace buscar más y ponernos en camino hacia lo nuevo que se nos ofrece.

Son las reacciones que vemos que se van despertando en torno a Jesús, a su enseñanza y predicación y también a los signos que iba realizando como señal de que algo nuevo tenía que surgir. Están los que querían manipular el actuar de Jesús, como ayer contemplábamos en la sinagoga de su pueblo de Nazaret, donde al final pretenderán incluso despeñarlo por un barranco; hoy contemplamos cuando está enseñando en la sinagoga de Cafarnaún ante la admiración y el beneplácito de la gente que surge la voz discordante de aquel hombre poseído por un espíritu maligno que de alguna manera se enfrenta a Jesús. ‘¡Basta! ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios’.

Pero la autoridad de Jesús se sobrepone sobre esta reacción. Era la señal de lo nuevo que Jesús quería realizar en el corazón del hombre. ‘Jesús le increpó diciendo: ¡Cállate y sal de él!. Entonces el demonio, tirando al hombre por tierra en medio de la gente, salió sin hacerle daño’.

Entonces el evangelista nos comenta que todos están asombrados preguntándose por aquella autoridad de la palabra de Jesús. Se quedaron sin palabras, como decíamos al principio. No era a lo que estaba acostumbrados, no era la forma de enseñar de los maestros de la ley o quienes en la sinagoga los sábados comentaran las lecturas de la ley y los profetas. No parecían palabras repetidas o aprendidas de memoria, sino que había algo que se estaba transmitiendo desde lo más hondo. Por eso se están preguntando quien era aquel Jesús. que de tal manera les hablaba y les enseñaba.

Y es aquí donde entramos nosotros. Porque no estamos simplemente aprendiendo una lección de historia recordando lo que en otro tiempo sucedió. Nuestra escucha del evangelio tiene que despertar algo nuevo y distinto en nosotros; tenemos que dejarnos sorprender, tenemos que abrirnos a esos nuevos horizontes que Jesús pone ante nuestra vida, tenemos que sentir como nueva esa palabra para que se convierta en palabra de vida para nosotros, tenemos que ponernos humildemente con nuestra realidad ante Jesús aunque nos sintamos incómodos, tenemos que reconocer esas influencias que recibimos de un lago y de otro que algunas veces nos hacen resistirnos ante la buena noticia del evangelio, la buena noticia que tiene que significar aquí y ahora Jesús para nosotros, tenemos que despojarnos de viejas visiones que nos seguirían encerrando en el conformismo y la rutina, tenemos que dejar a un lado el espíritu del mundo que nunca llegará a entender a Jesús para dejarnos envolver, como nos decía san Pablo, por el Espíritu de Dios que nos llena de sabiduría para llegar a saborear de verdad las cosas de Dios.


viernes, 6 de marzo de 2026

No temamos sentirnos interpelados por la Palabra de Dios, aunque de momento nos haga sufrir en nuestra realidad, en Jesús encontraremos siempre la verdadera sanación de nuestras vidas

 


No temamos sentirnos interpelados por la Palabra de Dios, aunque de momento nos haga sufrir en nuestra realidad, en Jesús encontraremos siempre la verdadera sanación de nuestras vidas

Génesis 37, 3-4. 12-13a. 17b-28; Salmo 104; Mateo 21, 33-43, 45-46

‘¿Eso lo están diciendo por mi? Es la pregunta o la reacción cuando nos vemos aludidos quizás por un comentario que hace alguien en un momento determinado, que escuchamos directamente o quizás nos ha llegado a través de las insinuaciones de otras personas, por las palabras de un maestro o profesor que en su enseñanza utilizará imágenes y comparaciones para transmitirnos su mensaje, por algo que se plantea quizás en una reunión para tratar de resolver algunos problemas y donde con claridad quizás haya que afrontar situaciones o maneras de actuar a las que hay que dar alguna solución. Nuestra reacción puede ser diversa, desde el hacernos los tontos como si aquello no fuera con nosotros, o los resabios que nos surgen interiormente porque nos parece que no somos bien tratados o tratan de hacernos quedar mal, el rechazo y quizás el maquinar cómo podremos  ir contra aquellas personas. ¿Reconocer lo que eso que dicen nos vemos reflejados? Sería una buena señal de madurez, pero que no siempre sabemos afrontar.

Hoy Jesús emplea una parábola para tratar de que los judíos y en especial sus dirigentes se vean reflejados y que sea como una llamada de atención, una llamada a la conversión y a cambiar sus actitudes.

El dueño de la viña que la prepara de la mejor manera posible, poniendo incluso aquellos posibles medios que van a necesitar para hacerla producir de la mejor manera, pero que la arrienda a unos labradores para que la trabajen, le saquen frutos de los que él también como dueño ha de verse beneficiado dado todo lo que ha aportado. Vemos el desarrollo de la parábola y cómo aquellos viñadores acabaran sus frutos y no quieren rendir cuentas a nadie, es más, responderán con violencia.

Ya nos dice el evangelista que los fariseos, los escribas y los maestros de la ley que escuchan a Jesús sienten que habla con ellos. Es un reflejo de lo que ha sido la historia de la salvación reflejada en lo que ha sido la historia de Israel a lo largo de los tiempos. Pero ya vemos también su reacción. Tratarán de quitar de en medio a Jesús.

Pero no nos quedamos en lo antiguo, porque esto es Palabra de Dios hoy para nosotros. ¿Seremos capaces de vernos ahí reflejados también? Es algo que siempre nos cuesta; cuántas veces cuando escuchamos la Palabra de Dios en nuestra celebración y la explicación que nuestros pastores nos ofrecen también tenemos reacciones negativas. Queremos escuchar palabras edulcoradas pero nos hacemos sordos a la crudeza que muchas veces tiene la Palabra de Dios para nuestras vidas. Queremos palabras que nos adormezcan, no queremos escuchar ese grito de la Palabra de Dios que despierta nuestros corazones. Vamos poniendo filtros en nuestros oídos para escuchar aquello que nos arrulla y adormece y lo otro, lo que podría inquietarnos o hacer que nos hagamos preguntas en nuestro interior siempre queremos aplicarlo a los demás.

Y la Palabra de Dios es espada de doble filo que penetra hondo en nuestros corazones. Nos podemos sentir dañados cuando estás tocando las cicatrices de nuestras viejas heridas que no hemos sabido curar bien. Sintamos que si en ese primer momento de escucha nos sentimos impactados y nos puede producir heridas en nosotros, es porque hay algo que está enfermo en nosotros y tenemos que curar.

Agradezcamos que la Palabra de Dios nos interpele porque es señal de que en verdad estamos buscando un auténtico seguimiento de Jesús. Pero Jesús no viene para hacernos sufrir sino para liberarnos de todo sufrimiento, El quiere sanar nuestros corazones, poner vida nueva en nosotros aunque nos cueste arrancarnos de las viejas raíces del pecado que aún se mantienen en nuestro corazón; pero con Jesús nos sentiremos liberados, sanados, llenos de vida; su palabra siempre será una palabra de amor que nos llama y nos invita a ir hasta Él a pesar de nuestros agobios o de nuestras esclavitudes, en su amor siempre encontraremos la verdadera liberación.


domingo, 23 de marzo de 2025

Escuchemos en el silencio del corazón esas llamadas de Dios y en lo sencillo y en lo pequeño sepamos escuchar la voz de Dios que espera la respuesta de nuestra conversión

 


Escuchemos en el silencio del corazón esas llamadas de Dios y en lo sencillo y en lo pequeño sepamos escuchar la voz de Dios que espera la respuesta de nuestra conversión

Éxodo 3, 1-8a. 13-15; Salmo 102; 1 Corintios 10, 1-6. 10-12; Lucas 13, 1-9

Cuando nos ponemos a pensar un poco y contemplamos las cosas que van sucediendo en el momento presente en nuestro mundo de alguna manera se nos mete el miedo en el cuerpo, por decirlo de alguna manera, y nos llenamos de muchos interrogantes que nos pueden hacer plantear muchas cosas; guerras provocadas por la maldad de los hombres – no podemos decir otra cosa u otra razón – con el sufrimiento y muerte de tantas personas, catástrofes naturales que se suceden y que también producen tantos estragos y se llevan a tantas vidas humanas por delante, y de eso tenemos hecho muy concretos, muy recientes y muy presentes, como muchas cosas de índole personal que nos van sucediendo y nos llaman la atención en cosas que nos pasan, en enfermedades que aparecen en nosotros o en los nuestros, en las limitaciones que vayamos sufriendo quizá por el paso de los años.

¿Qué sucede? ¿Qué avisos pueden ser esas cosas para nuestra vida y para nuestro mundo? ¿De qué son señales esas cosas? Pero hemos de tener cuidado con los catastrofismos y radicalismos de planteamientos. ¿Dónde buscamos las culpas? ¿Serán acaso castigos divinos?, llegamos también a pensar. ¿Qué llamadas podemos ahí encontrar?

En el evangelio vemos que también van a contar a Jesús lo que ha sucedido recientemente en el templo, con la sangre de los galileos derramada en el lugar de los sacrificios desde aquellas represiones del poder dominante. Algo que realmente era muy indignante para los judíos por tratarse del lugar sagrado. Reacciones quizás de todo tipo se podían estar dando. ¿Estarían buscando quizás que quien parecía ser el Mesías se pusiera al frente de lo que pudiera suceder? también había acaecido otro suceso en la piscina de Siloé donde la caída de una pared había producido también algunos muertos.

Una forma de pensar y de reaccionar ante cosas así era el atribuir a un castigo del cielo porque aquellas personas eran pecadores. ¿No decimos nosotros también muchas veces que Dios castiga sin piedra ni palo?

Jesús les dice que no piensen que aquellos que murieron en tales acontecimientos eran más pecadores que los demás. No podemos pensar en castigos del cielo porque el actuar de Dios es de otra manera. Nos lo está manifestando en la misma presencia de Jesús que no teme estar en medio de los pecadores porque El es el médico que viene a sanar y a curar, no a castigar ni a llegar a la muerte como castigo. Qué distinto a nuestros criterios tan fáciles para juzgar y para condenar, pero fáciles para juzgar y condenar a los demás, porque a nosotros mismos no nos miramos.

Es lo que quiere Jesús, que nos miremos a nosotros mismos, no para hundirnos en nuestras culpas, sino para contemplar lo que es la misericordia de Dios. Y nos propone una pequeña parábola. El hombre que tenía una higuera y año tras año, y ya van tres, viene en su época a buscar higos, pero la higuera no da higos. Parece inútil e inservible en medio de su huerta y lo que no sirve se quita de en medio. Pero allí está el hortelano que le pide paciencia al dueño; él la va a trabajar con especial cuidado, cavará a su alrededor y la abonará en abundancia con la esperanza de que un día dé fruto.

Es la paciencia de Dios con nosotros, mejor tenemos que decir, el amor misericordioso de Dios que viene a buscarnos como hizo con el pueblo oprimido en Egipto y siempre está esperando nuestra respuesta. Continuamente nos está ofreciendo su gracia, pone a nuestro lado otro Moisés que nos haga llegar esa llamada de Dios y nos abra a nuevos caminos de liberación para nuestra vida, va dejando señales en nuestro camino para que en verdad nos convirtamos y hagamos nuestra vuelta al amor de Dios, nos regala continuamente su Palabra que nos llega no solo en aquellas celebraciones en las que participamos sino de mil medios y maneras se hace presente en nuestra vida, recibimos el testimonio de tantos a nuestro alrededor que son llamadas de Dios a nuestra vida. ¿Qué respuesta estamos dispuestos a dar?

El camino cuaresmal que ahora estamos haciendo es una gracia de Dios. Tiempo favorable, tiempo de salvación, tiempo propicio, hemos ido escuchando una y otra vez. No tenemos que irnos por tremendismos de interpretaciones forzadas de los acontecimientos de la vida – también puede ser un toque de atención – sino que en lo sencillo y en lo pequeño hemos de saber escuchar esa voz de Dios. Vayamos rumiando esa palabra que cada semana o cada día vamos escuchando y seamos capaces de abrir nuestro corazón a Dios. Escuchemos en el silencio de nuestro corazón esas llamadas de Dios.

martes, 1 de octubre de 2024

 


En un mundo que quizá no entienda o nos rechace por nuestra manera de ver las cosas, nuestra decisión tiene que ser firme de seguir los pasos de la pascua de Jesús

Job 3,1-3.11-17.20-23; Salmo 87; Lucas 9,51-56

Hay momentos en que tenemos que tomar decisiones; la vida realmente está llena de esos momentos, porque tenemos que ir aclarando lo que buscamos o lo que queremos, pueden ser muchas las cosas distintas que se nos ofrezcan y nos encontramos en la alternativa de decidir; y hay cosas y momentos en que no lo podemos dejar en manos de otros, porque son cosas que realmente nos atañen a nosotros, nuestro futuro, la realización de nosotros mismos, nuestra felicidad; y nos cuesta porque tememos equivocarnos, porque algunas veces no sabemos realmente a donde nos lleva y sus consecuencias el camino elegido, porque son muchas las bifurcaciones.

Pero ahí iremos demostrando nuestra madurez, la seguridad con que caminamos en la vida, el fondo que hay en nosotros que nos hace pensar en nuestras metas, la fortaleza para afrontar quizás caminos difíciles, escabrosos, que pueden traernos incluso problemas. ¿Seguiremos dando vaivenes de una lado para otro sin aclararnos? ¿Permanecerá la paz y serenidad en el corazón a pesar de lo difícil que pueda ser tomar una decisión?

Hoy nos dice el evangelista que Jesús tomó la determinación de subir a Jerusalén. Y lo hizo con firme decisión consciente del camino que estaba emprendiendo. Ya lo había venido anunciando a los discípulos que no habían sabido o querido entender las palabras de Jesús que eran bastante claras. Jesús sabe que es el camino de su Pascua. No es solo que suba como todos los judíos a celebrar la Pascua en Jerusalén, sino que iba a ser su Pascua, una Pascua que iba a tener una característica muy especial y que como en su momento dirá Jesús será definitiva y eterna.

En algún momento mas adelante el evangelista nos dirá que Jesús iba deprisa, como que le faltaba tiempo para llegar a Jerusalén. Ahora le vemos en una decisión firme, teniendo claro cuanto iba a suceder. Y ya desde unos primeros momentos, porque en esta ocasión van atravesando Samaría, van a aparecer las primeras dificultades. Ha enviado por delante a algunos de los discípulos buscando alojamiento, pero no lo encuentran; nadie quiere darles alojamiento porque subían a Jerusalén. Ya conocemos sus rivalidades y como los samaritanos decían que el monte santo no era Jerusalén, sino Garizin.

Pero podríamos recordar aquí con la falta de alojamiento aquello que un día había dicho, que el Hijo del hombre no tenía donde reclinar su cabeza. La pobreza de Jesús, la pobreza del seguidor de Jesús que no tiene tantas veces esos apoyos materiales que todos en el fondo buscamos. También les había dicho a los apóstoles que no llevaran ni bastón ni alforjas para el camino, que en la casa donde entraren allí permanecieran si eran bien recibidos, pero si eran rechazados marcharan a otra parte. ¿Será lo que ahora hace Jesús? Ante la reacción de los discípulos que poco menos que pedían que bajara fuego del cielo para castigarlos, Jesús les dice que han de marchar a otra parte. Jesús no perdió la paz. Siempre en camino. ¿Tomamos ejemplo para las reacciones que tengamos ante la oposición que encontremos?

No podemos perder la paz, perder los nervios como decimos habitualmente cuando tenemos que enfrentarnos a momentos o decisiones difíciles. Reconocemos que no es fácil. Parece que el espíritu del mundo nos envuelve o nos ciega. Soñamos quizás con tiempos de cristiandad, allí cuando parecía que todos tenían la misma fe y el mismo entusiasmo. Parece hoy como si todo hubiera cambiado. ¿Dónde está aquellos que llenaban nuestros templos o hacía multitudinarias procesiones? ¿Qué dejaron de todo aquello a sus hijos que hoy pasan de todo y en nada que sepa a religioso quieren participar? ¿Qué hondura le dimos a la fe que no supimos transmitir o es que nos habíamos quedado solo en lo externo?  

Pero cuando queremos seguir los pasos de Jesús en su espíritu tenemos que sentirnos fortalecidos, aunque el camino sea duro y difícil o nos encontremos a tantos indiferentes a nuestro lado que quizás siguen aprovechando lo religioso pero solo como base de sus actividades sociales. Yo miro, por ejemplo, en lo que se han quedado las fiestas de nuestros pueblos, las fiestas del Cristo, de la Virgen o del santo patrono del pueblo; ¿siguen siendo una expresión de fe comprometida o se queda solo en un motivo para otras actividades con lo que hacemos la fiesta? Lo pienso cuando en estos momentos a nuestro alrededor tantas fiestas se están celebrando, pero que tenemos que ver en qué se quedan.

Claro que no nos podemos cruzar de brazos y tenemos que tomar la decisión con Jesús de subir a Jerusalén. ¿Dónde estará hoy esa subida a Jerusalén en mi vida de cristiano para celebrar la Pascua con Jesús? No será fácil nadar a contra corriente de lo que hace el mundo, pero ahí tenemos que estar los cristianos aunque la decisión que tengamos que tomar sea costosa y difícil.