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miércoles, 16 de septiembre de 2026

Que sea el Espíritu del Señor el que nos guíe porque es quien nos da con su divina sabiduría el agua o el sol que necesitamos en cada momento para vivir el Reino de Dios

 


Que sea el Espíritu del Señor el que nos guíe porque es quien nos da con su divina sabiduría el agua o el sol que necesitamos en cada momento para vivir el Reino de Dios

1Corintios 12, 31 – 13,13; Salmo 32; Lucas 7, 31-35

Nunca llueve a gusto de todos, solemos decir muchas veces; y no es solo que no estemos nunca contentos con el tiempo meteorológico que tengamos, que si hace calor, que si hace frío, que si tenemos mal tiempo, que si los tiempos están cambiando que son temas de conversación bastante frecuentes; pero cuando empleamos esa expresión queremos decir algo más, nunca estamos contentos en cómo estamos o lo que tenemos aunque seamos nosotros mismos los que nos lo hemos labrado.

¿Descontento? ¿poca confianza en lo que hacemos? ¿inconformismo? ¿incongruencia en las actitudes o en las posturas que tomamos con las que al final ni nosotros mismos estamos de acuerdo? ¿falta de metas o de principios que den una orientación firme a nuestra vida? Yo suelo decir, sin embargo, que un cierto inconformismo sí que necesitamos en la vida, porque será también lo que nos vuelva críticos con nosotros mismos y nos haga crecer, porque nos lleve a corregirnos y a buscar siempre algo mejor para nuestra vida. Pero quizás nuestros inconformismos no siempre vayan por ese camino, sino porque no nos hacen lo que a nosotros nos agrada o nos resulta más fácil.

Jesús se pregunta a quién puede comparar aquella generación que entonces le tocó sortear. Y dirá que son como niños que no saben lo que quieren, que salen a jugar a la plaza y no terminan de ponerse de acuerdo en los juegos que les harían participar a todos. ¿Seguiremos siendo también hoy nosotros como niños que no sabemos lo que queremos?

Jesús, de alguna manera, hace una comparación en las reacciones que tuvieron cuando Juan Bautista apareció allá en el desierto a la orilla del Jordán y la reacción que ahora están teniendo con su presencia y su manera de anunciarles el Reino de Dios. Mientras había gente que iba a escuchar con gusto a Juan queriendo entrar en aquel camino de preparación para la inminente venida del Mesías, otros lo rechazaban por su austeridad, su manera de presentarse y las palabras duras que en ocasiones pronunciaba invitando a la penitencia y a la conversión; por contra otros querían restarle autoridad, allí estaban aquellas embajadas enviadas desde Jerusalén pidiéndole que se identificará claramente si era un profeta o si era el Mesías.

Pero es lo que está sucediendo con Jesús; hay multitudes que le aclaman y reconocen los signos que realiza a pesar de que muchas veces se puede quedar en un entusiasmo pasajero, mientras otros ponen en duda su autoridad y su poder atribuyéndole incongruentemente poderes satánicos a la hora de realizar milagros o expulsiones de demonios, como tampoco le aceptarán considerándolo un desprestigio el que coma y se reúna con publicanos y pecadores.

¿Quien tendrá la razón? ¿donde encontrar la verdadera sabiduría que nos haga discernir bien las opciones que hemos de tomar?

Pero claro que cuando escuchamos este mensaje del evangelio no nos quedamos en un ojo crítico con lo que sucedía en aquellos tiempos y nos narra el evangelista, sino que ahí tenemos que saber descubrir una plantilla de lo que ahora a nosotros mismos nos pueda suceder. ¿Cómo escuchamos y qué valor le damos a lo que la Iglesia hoy nos enseña y nos propone en nombre del evangelio en este momento concreto de nuestra historia? ¿Cuál es la atención que le prestamos a la voz del Papa o de nuestros pastores más directos? ¿Qué interpretaciones hacemos?

Como decíamos al principio no siempre llueve al gusto de todos y cada uno quiere acercar el ascua a su sardina; según los presupuestos que tengamos en nuestra mente queremos aplicar o queremos dejar de lado lo que la Iglesia nos propone a través de sus pastores. Y entramos en catalogaciones, y hablamos de tendencias, y hacemos comparaciones con las maneras de actuar de los dirigentes o de las ideologías del momento.

¿No seríamos capaces de pensar que es el Espíritu del Señor el que en verdad guía a la Iglesia y esa diversidad que algunas veces nos parece encontrar sea lo que en cada momento, y a través del pastor que Dios nos ha dado en ese momento, es lo que necesitábamos para el anuncio del Reino en el mundo concreto en que vivimos? Mucho tenemos que discernir y muchos tenemos que dejarnos guiar por el Espíritu que nos llena de la verdadera sabiduría.


sábado, 21 de febrero de 2026

Una buena noticia que no hemos de olvidar y que hemos de hacer vida en nosotros para ser luz en medio de las tinieblas

 


Una buena noticia que no hemos de olvidar y que hemos de hacer vida en nosotros para ser luz en medio de las tinieblas

Isaías 58, 9b-14; Salmo 85; Lucas 5, 27-32

Parece como si algunas veces olvidáramos las palabras que nos dice Jesús en el evangelio, o quizás olvidamos el verdadero sentido de esa palabra, evangelio; es una nueva noticia y una noticia buena, pero una noticia transformadora, que nos inquieta, que nos lleva a descubrir algo siempre nuevo; nos hemos acostumbrado a decir evangelio y ya no gustamos de su sentido, de lo que nos ofrece, de aquello a que nos llama.

Por algo Jesús desde el principio nos pide un cambio profundo dentro de nosotros para poder creer en esa buena noticia que nos ofrece y que nos está hablando del Reino de Dios; la palabra que se emplea y que medio hemos endulzado es conversión; y conversión es una vuelta total del corazón. De lo contrario no podríamos llegar a entender páginas como las que se nos ofrecen hoy, y me refiero tanto al evangelio como también al profeta.

Parece que se sale de todos los limites el que Jesús llame precisamente para que le siga como discípulo a un publicano; eran personas muy minusvaloradas en la sociedad judía de entonces, en consecuencia no tendría el prestigio – cuanto hablamos hoy también de los prestigios incluso dentro de la Iglesia – para formar parte de aquellos más cercanos a Jesús que El un día constituiría como el grupo de los apóstoles, el fundamento, podríamos decir, de aquella nueva comunidad.

Pero otra cosa que podría parecer discordante para aquella sociedad es que precisamente Jesús se siente a la mesa con todas esas personas que son despreciadas por su entorno, publicanos y pecadores. ¿Podría quitar eso el brillo de la santidad y rectitud de quien se presentaba como profeta en medio de ellos? Pero esa es la voz del profeta que solo quiere transmitir lo que es el mensaje de Dios, es la garantía precisamente de que Jesús es aquel que había anunciado el profeta como lleno del Espíritu de Dios que venía a traer una buena noticia a los pobres, a los oprimidos, como se había proclamado un día allá en la sinagoga de Nazaret. Es el estilo de Dios que así se nos manifiesta en Jesús. En ese sentido iban las palabras del profeta.

Hermosas las palabras del profeta. ‘Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies el alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía’. Así Jesús se convierte en luz de nuestra vida en medio de tantas tinieblas y oscuridad. Claro que como nos dice el evangelio de Juan al principio la luz vino a iluminar las tinieblas pero las tinieblas rechazaron la luz.

Pero la palabra del profeta es aliento para nuestra vida, un impulso para que seamos siempre luz con la luz de Jesús. ‘Tu gente reconstruirá las ruinas antiguas, volverás a levantar los cimientos de otros tiempos; te llamarán “reparador de brechas”, “restaurador de senderos”, para hacer habitable el país’. ¿No será eso lo que nosotros también tenemos que ser? Como dice el  profeta ‘reparador de brechas… restaurador de senderos…’ Cuántos corazones rotos hemos de sanar, cuántas soledades que acompañar, cuántas manos que tender, cuántos caminos de hacer junto a los demás. ‘Brillará tu luz en las tinieblas…’ No olvidemos lo que dice Jesús que ‘no necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan’.

Es el camino que se abre ante nosotros en esta cuaresma que estamos comenzando a vivir. Es el ayuno y la penitencia que el Señor nos pide. Son esas actitudes nuevas que han de brillar en nuestra vida. Son los signos de vida nueva que han de ser evangelio también para los demás. Es la misión que Jesús a nosotros también nos ha confiado.

 

sábado, 17 de enero de 2026

El evangelio de Jesús viene a romper barreras, a tender puentes, a abrirnos los ojos para ver con mirada distinta desde la humildad y la compasión

 


El evangelio de Jesús viene a romper barreras, a tender puentes, a abrirnos los ojos para ver con mirada distinta desde la humildad y la compasión

1Samuel 9, 1-4. 17-19; 10, 1ª; Salmo 20; Marcos 2, 13-17

Todos entendemos que una comida es algo más que ingerir unos alimentos para nutrir nuestro cuerpo; una comida es un compartir, una comida significa cercanía, una comida es una puerta abierta a la amistad y el comer juntos viene a intensificar el crecimiento de ese mutuo conocimiento y de esa amistad. Por eso invitamos a comer con nosotros a aquellos con los que nos sentimos en mayor sintonía; la invitación a una comida es una invitación a la amistad, es una muestra del aprecio que sentimos por aquellos a los que sentamos a su mesa o el aprecio que nos muestran quienes nos invitan a nuestra mesa.

Esto voy reflexionando pudiera parecer a algunos muy idílico o como un sueño, porque no siempre le damos a nuestras comidas ese sentido abierto y universal y pudiera suceder que en nuestra malicia con esas comidas estemos haciendo juego sucio por nuestras manipulaciones, por nuestros intereses y en el fondo por falta de sinceridad y de auténtica solidaridad con aquellos con quienes estamos. Sabemos también cómo hacemos nuestras exclusiones, hay una cierta discriminación porque no con todos queremos que nos vieran sentados en una misma mesa, con lo que ya estaríamos desvirtuando el sentido que tendría que tener una comida, como hemos venido reflexionando.

Jesús no es de los que excluyen a nadie, más bien quiere mostrar claramente que todos son importantes para El y a todos busca y por todos quiere darse. Será precisamente en lo que es muy criticado por ciertos sectores por sentarse a la mesa con lo que ellos llaman los publicanos o los pecadores. Aquello que en el refrán castellano se dice ‘dime con quien andas y te diré quien eres’ con todo el sentido peyorativo que tiene esa frase que sin embargo los padres que quieren educar a sus hijos quizás tanto les repiten y tendríamos que decir que con esa visión qué es lo que realmente están formando o deformando en la conciencia humana. Es lo que piensan los dirigentes judíos de Jesús cuando lo ven comer con publicanos y pecadores, sean quienes sean.

El episodio que nos ofrece hoy el evangelio parte también de un gesto sorprendente de Jesús cuando al paso por delante de la garita de los impuestos invita a seguirle al publicano que está allí al frente de la recaudación de los impuestos, y que eran tan mal mirados por los judíos, a los que despreciaban precisamente con ese epíteto de publicano. Es cierto que quien anda en medio de esas materialidades de la vida fácilmente puede mancharse con esas ambiciones de usuras y de riquezas a lo que en cierto modo todos nos sentimos tentados. Fijémonos cómo priva en tantos momentos de nuestra vida esa ambición por lo económico o las riquezas: fijémonos en nuestros sueños de premios y loterías ganadas con las que pensamos que ya tendríamos todos los problemas de la vida resueltos. Hasta la navidad la tenemos así marcada con la suerte de la lotería.

Jesús invitó a Leví a seguirle y lo dejó todo para irse con Jesús, en él hemos interpretado siempre al Mateo que nos dejó el evangelio. Pero en su entusiasmo por seguir a Jesús lo invitó a comer con los discípulos que ya le seguían, pero como era normal se sentarían a la mesa con ellos también los que habían sido sus amigos y compañeros de siempre. Es lo que motivará las críticas de los fariseos y maestros de la ley.

Al médico lo llamamos o acudimos a él cuando estamos enfermos. Es lo que les viene a decir Jesús, ha venido a sanar a los enfermos, por eso se acerca a los pecadores con su corazón lleno de misericordia para ofrecer caminos de perdón y de paz. ¿Será ese el espíritu de misericordia que mueve nuestras vidas? Con nuestras posturas y actitudes tenemos que ser ese médico que sana los corazones, tenemos que ser capaces de sentar en la mesa de nuestra vida a esos que son despreciados por nuestra sociedad tan puritana para algunas cosas, pero tan necesitada de esa sanción porque nuestra sociedad sigue con sus discriminaciones y sus racismos, todavía pesa el color de la piel o el lenguaje diferente y no es porque no nos entendamos sino porque no queremos comunicarnos, porque seguimos mintiendo barreras y abismos en nuestras mutuas relaciones, en la acogida no siempre tan generosa que hacemos a los emigrantes que llegan a nosotros, provengan de donde provengan.

Muchas cosas se van desgranando en mi pensamiento cuando contemplamos este texto del evangelio, que tiene que ser auténtica buena noticia para nosotros.

martes, 16 de diciembre de 2025

¿Seremos los que decimos que tenemos muchas cosas que hacer pero al final no hacemos nada, que somos amigos de mis amigos pero nunca hermano de todos?

 


¿Seremos los que decimos que tenemos muchas cosas que hacer pero al final no hacemos nada, que somos amigos de mis amigos pero nunca hermano de todos?

Sofonías 3,1-2.9-13; Salmo 33; Mateo 21,28-32

Con qué facilidad decimos bonitas palabras y hacemos propósitos de buenos deseos. Escuchamos a alguien con sus sueños de grandes proyectos y sin pensárnoslo mucho ha estamos asintiendo espontáneamente apuntándonos a esos futuros éxitos de esas cosas grandes e importantes que ya estamos soñando realizar. No hace falta ni que nos pregunten para ya nosotros estar dando el paso adelante apuntándonos a todo eso que nos dicen. Pero pasa el tiempo, pasan los días ¿y qué ha quedado de toda aquella admiración que sentíamos por los proyectos que nos presentaban, por esos nuevos planes que nos hacíamos para llevarlos a cabo? Como se suele decir ‘si te vi. no me acuerdo’.

Nos quejamos y decimos que estamos cansados de tantas promesas y de tantos proyectos maravillosos que nos ofrecen nuestros dirigentes. Es una de las críticas más frecuentes y son las insatisfacciones más dolorosas, porque en un momento puntual, cuando quizás se estaba pasando por unas circunstancias dolorosas todo eran promesas y aquello se iba a resolver pronto, y las cosas al final incluso iban a estar mejor. Estamos cansados de esas promesas.

Pero que no sea solo la queja que tengamos contra los demás, sino mirémonos a nosotros mismos y en tantas ocasiones no estamos haciendo lo mismo. Y hablo ahora religiosamente en nuestra vida espiritual, en nuestros compromisos como cristianos y en el testimonio que tendríamos que dar y recordemos que tras unos momentos de fervor, una celebración especial, un acontecimiento en la vida de la comunidad, una reflexión que escuchamos, unos ejercicios espirituales, una fiesta de pascua vivida quizás con mucho fervor y mucha intensidad, nos hicimos una lista interminable de propósitos que pronto se fueron borrando incluso del papel en que lo escribimos, porque ya en nuestra mente los damos hasta por olvidados.

De esto nos está hablando Jesús. Hablaba a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, como nos señala el evangelista como nos habla a nosotros hoy. Habla de los dos hijos enviados por el padre a trabajar a la viña; uno entusiasta todo son buenas palabras de ir inmediatamente a cumplir con lo dicho por el padre, pero que pronto lo olvida, porque quizás tiene tantas cosas que hacer, tantas promesas por cumplir, que al final algo se queda sin hacer; mientras el otro que parecía rebelde, que se negó incluso a cumplir con lo ordenado por su padre, sin embargo recapacita y se arrepiente y será el que vaya finalmente a cumplir lo mandado por el padre.

Y Jesús les habla claramente y les echa en cara lo que es la manera habitual de actuar. Vino Juan y no quisieron escucharlo, parecía que no les convencía, quizás les parecieran duras sus palabras y sus propuestas, ellos estaban acomodados a lo de siempre y por qué iban a cambiar, como nos decimos nosotros también tantas veces. Pero Jesús les habla de los publicanos y todos aquellos que ellos despreciaban; les dice que se les van a adelantar en el reino de los cielos, porque escucharon y se arrepintieron, escucharon y entraron en camino de conversión.

¿Quiénes eran los que seguían a Jesús? Le echaban en cara que comía con publicanos y pecadores. Pero el publicano Zaqueo fue el primero que se bajó de su árbol para recibir a Jesús en su casa; el publicano Leví será quien se levanta de se garita dejándolo todo por seguir a Jesús; la mujer pecadora fue la que se atrevió a ir a lavar los pies de Jesús en la casa de Simón el fariseo; la inmunda hemorroisa es la que se abre paso por detrás de Jesús para con fe tocar su manto en busca de su curación; la pecadora de la que habían sido expulsados siete demonios, la Magdalena, será la que está a los pies de la cruz en el Calvario y la que llorará a la entrada del sepulcro porque se habían robado el cuerpo del Señor Jesús. Podríamos seguir recordando muchas más páginas del evangelio.

Y nosotros, ¿dónde estamos? ¿Cuál es nuestra respuesta o cuales son nuestras evasivas? Tenemos muchas cosas que hacer y al final no hacemos nada. Decimos que sí amamos mucho a Jesús, pero seguimos poniendo filtros para ver a quienes tenemos que amar. Amigo de mis amigos, decimos, pero, ¿cuándo vamos a ser hermanos de todos sin distinción?

viernes, 4 de julio de 2025

Dios se revela a los humildes y a los sencillos porque los que se creen entendidos y sabios en su orgullo ponen una coraza que se cierra a la semilla de la Palabra de Dios

 


Dios se revela a los humildes y a los sencillos porque los que se creen entendidos y sabios en su orgullo ponen una coraza que se cierra a la semilla de la Palabra de Dios

Génesis 23,1-4.19; 24, 1-8.62-67; Salmo 105; Mateo 9,9-13

Cuando queremos emprender una obra que consideramos importante además de pensarnos bien lo que queremos proyectar y saber si podemos llevarla a cabo, buscaremos los mejores asesores que nos ayuden a elaborar el plan y llevarlo adelante, pero también aquellos mejores colaboradores a los que entregaremos la realización del proyecto. Eso lo hacemos normalmente procurando también los mejores medios, pero también las mejores y más capaces personas que nos lo ayuden a realizar. Muchos ejemplos podríamos poner, en el proyecto de un negocio, por ejemplo, en la construcción de una casa, o en cualquier obra de envergadura.

Tendríamos que decir también que es lo que tenemos que hacer en nuestro propio proyecto de vida como persona, para el desarrollo de nuestros valores y nuestra personalidad, para encontrar ese lugar en nuestro mundo, para seguir esa podemos llamar también vocación de la persona que de alguna manera ha de desarrollarse en la vida. ¿Estaremos buscando los mejores asesores, los mejores medios, la mejor preparación nuestra personal para realizar ese nuestro personal proyecto de vida? Esto ya tendría que darnos mucho que pensar, que revisar, que plantearnos con seriedad, porque quizás muchas veces no es precisamente a lo que damos más valor; y la persona tiene mucho más valor que cualquier obra por importante que sea que vayamos a realizar en la vida. Está bien que nos planteemos todo eso y actuemos, es cierto, con esa responsabilidad en la vida.

Me estoy planteando todo esto que en si mismo tiene mucha importancia y siempre que nos enfrentamos a páginas del evangelio todo eso personal de nuestra vida hemos de mirarlo y de tenerlo en cuenta; pero lo estoy haciendo también en el contexto de lo que hoy en esta página se nos presenta.

En primer lugar está la invitación a Mateo por parte de Jesús para seguirle. Dios siempre tiene grandes proyectos para nosotros. Pero vamos a fijarnos en unos detalles; Jesús está en el momento en que va formando en torno a si a ese grupo, al que un día llamará de manera especial para hacerlos apóstoles, y le vemos que va llamando a distintas personas unas que se acercan a El y otras que Jesús mismo va a buscar. Es grande el proyecto del Reino de Dios que Jesús tiene entre manos, pero los que ha ido llamando no se destacan por especiales cosas, muchos de ellos unos simples pescadores del lago de Tiberíades. Pero hoy vemos que se fija en alguien distinto, un cobrador de impuestos, un hombre dedicado a los negocios, aunque los publicanos tuvieran tan mala fama entre los judíos, que podíamos pensar que Jesús lo escoge porque acostumbrado a ese tipo de vida quizás podría ser un buen estratega para toda esa tarea que Jesús tiene por delante.

Pero no son esos los planes de Dios, simplemente es el Dios que quiere que todo nombre se salve, porque para todos sin distinción es la salvación. Pero hemos visto que Jesús se ha ido rodeando de gente sencilla, pero entre ellos a los que son menos considerados en aquella sociedad, como son los pecadores. Ahora vemos el juicio que están haciendo sobre ese actuar de Jesús los que se consideraban los más justos y cumplidores. Se quejan y critican que Jesús se rodee de publicanos y pecadores; eso era ya también un juicio sobre aquella elección de Mateo por parte de Jesús.

Qué difícil es entender los caminos de Dios, cuando ponemos nuestros caminos o nuestros criterios por delante. Es lo que le estaba sucediendo a aquellos escribas y fariseos, no podían entender los caminos de Dios y que los caminos de Dios se manifestarán precisamente en ese actuar de Jesús.

Pero ¿qué es lo que Dios quiere? ¿Cuáles van a ser los parámetros de ese Reino de Dios anunciado por Jesús? No va a ser al estilo de los poderosos de este mundo, no va a realizarse el Reino de Dios desde la prepotencia y el orgullo, desde las vanidades y las apariencias. Solo quienes tienen un corazón humilde serán los que podrán entender lo que Jesús quiere para nosotros. Los que se sienten pecadores, los que tienen la humildad de reconocer que son pecadores serán los que como los que se sienten enfermos van a acudir al médico para que los cure. Dios se revela a los humildes y a los sencillos y se oculta a los que se creen entendidos y sabios porque su orgullo es como una coraza que se han puesto  por la que no puede penetrar la semilla de la Palabra de Dios.

El médico ha venido para curar a los enfermos; por eso llama hoy también a Mateo, como un día quiso hospedarse en la casa de Zaqueo, como ahora aceptar comer en casa de Mateo rodeado de publicanos y pecadores. Porque, ¿qué es lo que quiere Dios? ‘Misericordia quiero y no sacrificios’.

¿Cuáles son los criterios que nosotros tenemos para tener en consideración a los que están a nuestro lado? Porque aquí también tendríamos mucho que revisar.

 

domingo, 23 de marzo de 2025

Escuchemos en el silencio del corazón esas llamadas de Dios y en lo sencillo y en lo pequeño sepamos escuchar la voz de Dios que espera la respuesta de nuestra conversión

 


Escuchemos en el silencio del corazón esas llamadas de Dios y en lo sencillo y en lo pequeño sepamos escuchar la voz de Dios que espera la respuesta de nuestra conversión

Éxodo 3, 1-8a. 13-15; Salmo 102; 1 Corintios 10, 1-6. 10-12; Lucas 13, 1-9

Cuando nos ponemos a pensar un poco y contemplamos las cosas que van sucediendo en el momento presente en nuestro mundo de alguna manera se nos mete el miedo en el cuerpo, por decirlo de alguna manera, y nos llenamos de muchos interrogantes que nos pueden hacer plantear muchas cosas; guerras provocadas por la maldad de los hombres – no podemos decir otra cosa u otra razón – con el sufrimiento y muerte de tantas personas, catástrofes naturales que se suceden y que también producen tantos estragos y se llevan a tantas vidas humanas por delante, y de eso tenemos hecho muy concretos, muy recientes y muy presentes, como muchas cosas de índole personal que nos van sucediendo y nos llaman la atención en cosas que nos pasan, en enfermedades que aparecen en nosotros o en los nuestros, en las limitaciones que vayamos sufriendo quizá por el paso de los años.

¿Qué sucede? ¿Qué avisos pueden ser esas cosas para nuestra vida y para nuestro mundo? ¿De qué son señales esas cosas? Pero hemos de tener cuidado con los catastrofismos y radicalismos de planteamientos. ¿Dónde buscamos las culpas? ¿Serán acaso castigos divinos?, llegamos también a pensar. ¿Qué llamadas podemos ahí encontrar?

En el evangelio vemos que también van a contar a Jesús lo que ha sucedido recientemente en el templo, con la sangre de los galileos derramada en el lugar de los sacrificios desde aquellas represiones del poder dominante. Algo que realmente era muy indignante para los judíos por tratarse del lugar sagrado. Reacciones quizás de todo tipo se podían estar dando. ¿Estarían buscando quizás que quien parecía ser el Mesías se pusiera al frente de lo que pudiera suceder? también había acaecido otro suceso en la piscina de Siloé donde la caída de una pared había producido también algunos muertos.

Una forma de pensar y de reaccionar ante cosas así era el atribuir a un castigo del cielo porque aquellas personas eran pecadores. ¿No decimos nosotros también muchas veces que Dios castiga sin piedra ni palo?

Jesús les dice que no piensen que aquellos que murieron en tales acontecimientos eran más pecadores que los demás. No podemos pensar en castigos del cielo porque el actuar de Dios es de otra manera. Nos lo está manifestando en la misma presencia de Jesús que no teme estar en medio de los pecadores porque El es el médico que viene a sanar y a curar, no a castigar ni a llegar a la muerte como castigo. Qué distinto a nuestros criterios tan fáciles para juzgar y para condenar, pero fáciles para juzgar y condenar a los demás, porque a nosotros mismos no nos miramos.

Es lo que quiere Jesús, que nos miremos a nosotros mismos, no para hundirnos en nuestras culpas, sino para contemplar lo que es la misericordia de Dios. Y nos propone una pequeña parábola. El hombre que tenía una higuera y año tras año, y ya van tres, viene en su época a buscar higos, pero la higuera no da higos. Parece inútil e inservible en medio de su huerta y lo que no sirve se quita de en medio. Pero allí está el hortelano que le pide paciencia al dueño; él la va a trabajar con especial cuidado, cavará a su alrededor y la abonará en abundancia con la esperanza de que un día dé fruto.

Es la paciencia de Dios con nosotros, mejor tenemos que decir, el amor misericordioso de Dios que viene a buscarnos como hizo con el pueblo oprimido en Egipto y siempre está esperando nuestra respuesta. Continuamente nos está ofreciendo su gracia, pone a nuestro lado otro Moisés que nos haga llegar esa llamada de Dios y nos abra a nuevos caminos de liberación para nuestra vida, va dejando señales en nuestro camino para que en verdad nos convirtamos y hagamos nuestra vuelta al amor de Dios, nos regala continuamente su Palabra que nos llega no solo en aquellas celebraciones en las que participamos sino de mil medios y maneras se hace presente en nuestra vida, recibimos el testimonio de tantos a nuestro alrededor que son llamadas de Dios a nuestra vida. ¿Qué respuesta estamos dispuestos a dar?

El camino cuaresmal que ahora estamos haciendo es una gracia de Dios. Tiempo favorable, tiempo de salvación, tiempo propicio, hemos ido escuchando una y otra vez. No tenemos que irnos por tremendismos de interpretaciones forzadas de los acontecimientos de la vida – también puede ser un toque de atención – sino que en lo sencillo y en lo pequeño hemos de saber escuchar esa voz de Dios. Vayamos rumiando esa palabra que cada semana o cada día vamos escuchando y seamos capaces de abrir nuestro corazón a Dios. Escuchemos en el silencio de nuestro corazón esas llamadas de Dios.

sábado, 22 de marzo de 2025

Una nueva y distinta dimensión de nuestras relaciones con los demás porque estamos queriendo entrar en la dimensión del amor que todo lo transforma

 


Una nueva y distinta dimensión de nuestras relaciones con los demás porque estamos queriendo entrar en la dimensión del amor que todo lo transforma

Miqueas 7, 14-15. 18-20; Salmo 102; Lucas 15, 1-3. 11-32

Hay dichos y refranes que nos trasmitimos unos a otros y que decimos que reflejan una sabiduría popular y que pueden ser pauta para decisiones o formas que tengamos de ver la vida. Es cierto, son formas de ver la vida, pero que no siempre tenemos que tragarnos como cosas absolutas sino que tenemos que analizar, descubrir su verdadero sentido desde unos criterios y unos valores que tengamos con los que muchas veces puedan chocar. Siempre hemos de tener ojo crítico que nos lleve a reflexionar y cribar todas esas cosas que de un lado o de otro nos llegan.

Habremos oído en más de una ocasión aquello de ‘dime con quien andas y te diré quien eres’. Seguramente fueron consejos de buena voluntad que pudimos recibir incluso de nuestros educadores, para prevenirnos de malas compañías que podrían arrastrarnos en la debilidad de nuestro carácter por caminos no siempre convenientes. Cuando hoy escucho el evangelio, sobre todo ese primer cuadro que se nos ofrece, ese podría ser el criterio de aquellos fariseos y escribas que se están fijando en que Jesús come con los publicanos y con aquellos que ellos llamaban pecadores. De alguna manera querían meter en el mismo saco, como se suelo decir, también a Jesús y sus discípulos.

Esto da pie a una parábola de Jesús con la que nos viene a decir si acaso nosotros nos atrevemos a corregir las actitudes, digámoslo así, que Dios tiene con nosotros. Era en cierto modo enmendarle la plana a Dios que a todos nos ama, y que también ama a aquellos que nosotros decimos pecadores, como nos ama a nosotros que pecadores también somos.

Un padre y dos hijos, nos dice la parábola. Dos hijos con caminos distintos, porque el menor le exige en vida a su padre la herencia y se marcha a disfrutar de la vida; el mayor se queda en casa, aparentemente más obediente, pero pronto veremos luego que su corazón no está tan limpio. Y si el menor un día se dio cuenta de que había perdido la paz de su corazón cuando se había alejado de su padre y ahora deseaba acercarse para estar a su lado aunque simplemente lo consideraran como un jornalero, el mayor seguía guardando en su corazón resentimientos y mal querencias, primero porque no quería reunirse de nuevo con su hermano, y también porque hacia su padre no era tanto el amor que sentía con sus resentimientos por no tener lo que él quería.

Pero allí está el amor del padre que no faltará nunca. Su hijo se ha marchado, pero no lo ha sacado de su corazón; habrá malgastado todo lo que su padre le había dado que era mucho más que lo material de una herencia, pero el padre estará siempre esperando su vuelta de manera que cuando tímidamente y con temor el hijo parece acercarse, será el padre el que corra a su encuentro porque es el hijo que ha vuelto, es el hijo que estaba muerto pero que ha vuelto a la vida, como saldrá también en búsqueda del hijo mayor que ahora quiere quedarse fuera porque no quiere mezclarse en la fiesta de la vuelta de su hermano.

El amor del padre los envuelve a los dos, como el amor de Dios nos envuelve a todos. ¿Le vamos a decir al padre que no ame a sus hijos? ¿Le vamos a decir que no los deje entrar en casa porque vienen envueltos en la miseria del abandono en que se han metido? ¿Le vamos a decir que no les ame porque no se lo merecen?

Nos retrata, es cierto, Jesús en la parábola, pero los protagonistas no somos nosotros; el retrato más hermoso que Jesús nos está haciendo es el de Dios que es nuestro Padre y nos ama siempre. Es el retrato del corazón de Dios que tenemos que saber reflejar en nuestro corazón.

Así nos sentimos amados de Dios, que nosotros también somos pecadores; pero así tenemos nosotros que comenzar a amar, y amar es acercarnos también a aquel que ha errado en los caminos de su vida, amar es tratar de llevar luz con nuestro amor donde nos parece que todo son sombras, amar es poner comprensión en la vida sabiendo mirar con el corazón, amar es estar cerca del otro para decirle una buena palabra que le ilumine, para que nuestros gestos y nuestra cercanía despierten en él nuevos sentimientos y nuevos deseos, es amar no es temer mancharnos en el fango que podamos encontrar alrededor si con nuestra mano podemos sacar a alguien de ese pozo para que encuentre de nuevo la vida, amar no es huir de la manzana podría porque podría contagiarnos sino con la salud de nuestro amor transformarla para hacerla una manzana buena.

Es una nueva y distinta dimensión de nuestras relaciones con los demás porque estamos queriendo entrar en la dimensión del amor que todo lo transforma. Sintámonos fuertes en ese amor.

sábado, 8 de marzo de 2025

La experiencia de la misericordia de Dios en nuestra vida porque nos sentimos realmente necesitados de esa misericordia nos hará sentir una paz y alegría bien distinta

 


La experiencia de la misericordia de Dios en nuestra vida porque nos sentimos realmente necesitados de esa misericordia nos hará sentir una paz y alegría bien distinta

Isaías 58, 9b-14; Salmo 85; Lucas 5, 27-32

El que se cree satisfecho de todo no se sentirá en la necesidad de pedir ayuda, quien cree tenerlo todo nunca se sentirá pobre para pedir remedio para una necesidad que cree no tener, quien va con el estómago lleno no sentirá hambre y no pedirá comida, quien se cree sabio – y mira que digo que se cree sabio, no que sea sabio – no dejará que nadie le enseñe y le abra a otras dimensiones. ¿Nos creeremos nosotros satisfechos de todo porque todo tenemos y tan saciados que no aspiremos a mejores alimentos?

Creo que esta es una dimensión en la que nos está haciendo pensar el evangelio hoy. Parte el evangelista del hecho de la llamada de Jesús a Leví, que estaba en su mostrador de impuestos y Jesús le invita a seguirle. La decisión de Jesús y la respuesta de Leví fue un motivo de gozo y de que este hombre hiciera un banquete con Jesús y sus discípulos pero también con sus antiguos amigos y compañeros de profesión.

Leví era publicano, recaudador de impuestos con todo lo que esa profesión llevaba parejo en el mundo económico, y lo mismo eran considerados los compañeros de profesión. Pero por una parte desde ser considerado un colaboracionista con los romanos que detentaban el poder y el peligro de la usura con todas sus variantes que acompañaba a esta profesión, por parte de los judíos de forma despreciativa los llamaban publicanos y pecadores. Los que se consideraban puritanos con ellos no querían tener ninguna relación.

De ahí surge el comentario que hacen los fariseos porque Jesús comía con publicanos y pecadores; son las suspicacias que pretenden sembrar en los discípulos con sus comentarios. Pero ¿necesitan de médico los que están o se consideran sanos? Es lo que Jesús en su respuesta quiere hacerles ver. El no ha venido para santificar a los que ya se consideran justos, Jesús ha venido como salvador para los pecadores. ‘No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan’.

Es lo que necesitamos reconocer. Hambrientos que tenemos hambre y pedimos qué comer. Pecadores que necesitamos de la misericordia y del perdón. Es algo primordial aunque sabemos que nos cuesta reconocer. Siempre decimos que no tenemos pecado, que no tenemos culpa; siempre buscamos una disculpa para nosotros y alguien a quien culpabilizar. Por ahí tenemos que comenzar. De lo contrario, ¿de qué es lo que nos vendría a salvar Jesús si lo proclamamos nuestro Salvador?

No pueden ser palabras que repetimos sin más como aprendidas de memoria. Lo decimos y repetimos una y mil veces pero en el fondo de nuestro corazón no nos sentimos necesitados de su gracia, de su misericordia y de su perdón. Es la rutina en la que vamos cayendo, es el formalismo con que hacemos las cosas, pero es la falta de sinceridad de nuestro corazón, pero porque no nos miramos nuestro corazón, no queremos reconocer nuestras debilidades.

Qué fácil es decir que vivimos en un mundo pecador, o con qué ligereza hablamos de los demás como pecadores que tienen que convertirse, pero no somos capaces de reconocer que somos nosotros los primeros que necesitamos esa conversión. Son pecadores los de fuera, los que no vienen, pensamos tantas veces, y nos parecemos a los fariseos que juzgaban a los demás porque eran pecadores y juzgaban a Jesús y sus discípulos porque comían con los pecadores.

En nuestras celebraciones litúrgicas muchas veces de una forma y de otra estamos diciendo ‘Señor, ten piedad… ten misericordia de nosotros… atiende nuestras súplicas…’ pero, ¿realmente nos estamos sintiendo pecadores necesitados de esa misericordia del Señor? Tenemos que ser más congruentes con las palabras que pronunciamos, ser más auténticos en las palabras que decimos.

Quien ha pasado por malas situaciones en la vida, quizás como consecuencia de sus errores y fallos, cuando ha encontrado comprensión y misericordia en los demás para perdonarnos y para aceptarnos, realmente se tiene que sentir transformado por esa experiencia de misericordia que ha sentido en su vida y todo a partir de entonces va a ser nuevo y distinto.

Vivamos con intensidad esa experiencia de la misericordia de Dios en nuestra vida, porque realmente nos sentimos necesitados de esa misericordia, y seguro que a partir de ese momento nuestra vida va a ser bien distinta, disfrutaremos de una paz nueva en el corazón, pero al mismos tiempo seremos capaces de regalar ternura y comprensión a los que caminan a nuestro lado en sus debilidades, porque débiles un día nos sentimos. Es lo que vivió Leví tras su encuentro con Jesús y por lo que hizo fiesta en aquel banquete en que invitaba a sus amigos.

sábado, 18 de enero de 2025

Seamos capaces de levantarnos de donde estamos apoltronados para arriesgarnos a ponernos en camino, como nos invita Jesús

 


Seamos capaces de levantarnos de donde estamos apoltronados para arriesgarnos a ponernos en camino, como nos invita Jesús

Hebreos 4,12-16; Salmo 18; Marcos 2,13-17

Vamos conmigo, nos dijo un amigo y nos invitó a dar un paseo o nos lleva a una fiesta; vamos conmigo le dice el padre a su hijo porque quiere enseñarle su lugar de trabajo; vamos conmigo nos dice el intrépido viajera y nos lleva a conocer mundos, países, culturas… estamos recibiendo invitaciones por todos los medios a no quedarnos anclados en el sitio o el momento de la vida donde estamos, en el lugar de la vida que ocupamos, en el trabajo que tenemos, en lo que estamos haciendo de siempre, en lo que ya conocemos, porque hemos de tener otros horizontes, porque tenemos que comprender el sentido de la vida que nos impide quedarnos anquilosados, porque tenemos que descubrir nuevas posibilidades, porque hemos de ser capaces de desarrollar todas las capacidades que tenemos, porque queremos darle otra profundidad a la vida…

Ofertas, llamadas, invitaciones, impulsos que sentimos dentro, horizontes que se abren, vida que queremos vivir en mayor plenitud, que no queremos ramplona, superficial, carente de metas. Son como un reto, son también un riesgo porque no sabemos si siempre acertaremos, porque nos podemos equivocar, porque quizás nos ponemos en peligro situaciones que ya vivimos o privilegios de los que gozamos y podemos perder. Es necesario decisión y dejar los miedos atrás, coraje para enfrentarnos a lo desconocido quizás, valentía para acallar cobardías. Solo así podremos alcanzar nuevas metas, haremos un camino en verdadera ascensión. Y ya sabemos que ascender por una cuesta, por una pendiente nos exige esfuerzo y decisión.

Aquel hombre estaba tranquilamente allí ocupado en sus asuntos; era su responsabilidad y era también su negocio, su medio de vida en la búsqueda de unas ganancias. Y pasó Jesús y le dijo ‘Vamos conmigo, sígueme…’ No hicieron falta ni más palabras ni más explicaciones. Y aquel hombre se levantó de donde estaba sentado y dejándolo todo se fue con Jesús.

¿Dónde quedaban sus negocios y sus ganancias? ¿A qué se iba a dedicar ahora? ¿Qué futuro de vida le esperaba? ¿Qué es lo que iba a ganar? Habrían pasado quizás por su cabeza estas o parecidas preguntas llenas de inquietud. Pero en lo escueto que es el relato del evangelio no hay tiempo de buscar todas esas necesarias garantías de que aquel camino que comenzaba en verdad le era conveniente. Solo hay una fe y una confianza en la palabra de quien le estaba invitando a irse con El. Además su decisión, aunque fuera inesperada, porque inesperada fue también la llamada y la invitación  fue algo que tomó con alegría, porque inmediatamente organizó una fiesta, un banquete y allí estarían Jesús y sus discípulos que siempre le acompañaban, como iba de ahora en adelante acompañarle él, pero también estaban invitados los que habían sido sus amigos de siempre.

Pero hay cosas que levantan ampollas, quizás no tanto en quien tiene que hacer el camino, sino en los que le rodean y no comprenden decisiones ni nuevos estilos. Eso estaba pasando al lado de aquel banquete que Leví había preparado. ‘Vuestro maestro come con publicanos y pecadores’. Y es que Leví era de ese grupo de los publicanos, por el oficio que desempeñaba.

Allí estaban los puros y los santos, como los sigue habiendo en todas partes, dispuestos al juicio y al prejuicio, dispuestos a la condena y llevar al desprestigio a quien está ofreciendo algo nuevo y distinto. ‘Vuestro maestro come con publicanos y pecadores’. Allí estaban todos participando de la misma mesa, como signo del banquete del Reino. Lo que Jesús estaba anunciando allí se estaba realizando. Era un reino nuevo en el que no tenían que privar ni los intereses ni los privilegios, un banquete a cuya mesa podían sentarse todos porque todos estaban invitados. ¿No se llenó la sala del banquete de todos aquellos que fueron a buscar por los cruces de los caminos, porque los primeros que estaban invitados rechazaron el banquete? Ya nos dirá Jesús que cuando hagamos un banquete no invitemos a los nos pueden pagar invitándonos luego a sus banquetes; nos dice que invitemos a los que nada tienen, porque de los pobres es el Reino de los cielos.

Muchos interrogantes suscitan en nuestro interior este pasaje del evangelio. ¿Seremos capaces de levantarnos de donde nos sentimos anclados para ponernos en camino a algo nuevo como lo que nos ofrece Jesús? ¿Nos sentaremos en la misma mesa donde se sientan los pobres y los que no saben comer porque nada tienen, los pecadores que necesitaran un baño de gracia y un vestido de fiesta y aunque no lo tengan allí también están sentados? ¿A quienes vamos a invitar a nuestra mesa para dar señales del Reino nuevo de Dios que Jesús nos anuncia?

jueves, 7 de noviembre de 2024

Con la fuerza del Espíritu del Señor el hombre puede siempre transformar su corazón, siempre tiene que resplandecer la misericordia y el amor

 


Con la fuerza del Espíritu del Señor el hombre puede siempre transformar su corazón, siempre tiene que resplandecer la misericordia y el amor

Filipenses 3, 3-8ª; Salmo 104; Lucas 15, 1-10

Siempre hemos oído decir, y además dicho con mucha seriedad y muchos razonamientos, que una manzana podrida en el cesto dañará a todas las manzanas, y lo mejor que podemos hacer es quitarla. Esta bien ese razonamiento, pero lo que ya no me parece tan claro, sobre todo después de escuchar el evangelio de hoy, es que eso lo apliquemos con la misma rigidez a las personas. Son los consejos que tantas veces hemos escuchado y dado nosotros también queriendo precaver la inocencia o el corazón limpio de los demás.

Y digo que no me parece tan claro después de escuchar el evangelio de hoy. También los fariseos consideraban como manzana podrida a los publicanos, que en fin de cuentas era una profesión, y a todos los que asimilaban a ellos como pecadores. Precisamente vemos las reservas, los comentarios que se tienen entre ellos porque Jesús como con publicanos y pecadores; quien se mezcla con esa clase de gente es que son como ellos, estarían pensando. Y ofrecen ese comentario en el descrédito que quieren sembrar sobre Jesús, su enseñanza y su vida.

Pero ¿qué nos está enseñando Jesús? Las personas no somos simplemente una manzana que cuando se pudre ya no hay nada que hacer con ella. Las personas tienen la posibilidad del cambio y de la conversión. Es precisamente lo que Jesús anuncia y pide para todos desde el comienzo de su predicación. Si en las personas no hubiera esa posibilidad del cambio, inútil sería la predicación de Jesús que está invitando siempre a la conversión y nos está manifestando continuamente lo que es la misericordia del Padre. Esto ya tendría que hacernos pensar y ver si de alguna manera nosotros no seguimos manteniendo la misma actitud que tenían los fariseos.

Por eso Jesús acoge a los pecadores y come con ellos. Porque como nos dirá en otro momento El es el médico que ha venido para sanar a los que están enfermos, y los signos y milagros que realiza cuando cura a los paralíticos o a los leprosos, devuelve la vista a los ciegos o hace hablar a los mudos es el signo de esa sanción más profunda que Jesús quiere para el hombre, quiere para nosotros.

Por eso hoy nos habla de la oveja perdida que va a buscar por montes y barrancos hasta que la encuentra. O nos habla de la mujer que barre y revuelve toda la casa hasta que encuentre la moneda que se le había perdido. Son imágenes que nos están hablando de esa misericordia de Dios, que nos busca porque nos ama, que quiere el bien para nosotros y que seamos sanados en el amor.

No cuesta reconocer que somos esa oveja perdida, porque siempre nos consideramos buenos, nos cuesta reconocer que hay extravíos en nuestra vida, porque todos nos equivocamos, cometemos errores, nos llenamos de confusión y no sabemos siempre discernir lo que es lo bueno que tenemos que hacer, porque también hay malicia y maldad en el corazón para dejarnos llevar por ambiciones o fantasías, por vanidades o por resentimientos, porque somos débiles y perdemos la intensidad que tendría que tener nuestro amor y caemos en el egoísmo y en la insolidaridad.

Grande puede ser nuestro pecado, porque no somos santos, pero más grande siempre será la misericordia y la compasión infinita de Dios. Acaso tendríamos que reconocer esa ceguera que tantas veces se nos mete en la vida que nos hace creernos superiores y que no aceptamos la posibilidad de cambio también de los que a nuestro lado, igual que nosotros, también cometen errores. Con la fuerza del Espíritu del Señor el hombre puede siempre transformar su corazón. No somos nadie para apartar a un lado a nadie porque lo consideremos un pecador. Siempre tiene que resplandecer la misericordia y el amor.

viernes, 5 de julio de 2024

¿Estaríamos dispuestos a sentarnos a la mesa con Jesús sabiendo quienes son sus preferidos o tendríamos que pensárnoslo?

 


¿Estaríamos dispuestos a sentarnos a la mesa con Jesús sabiendo quienes son sus preferidos o tendríamos que pensárnoslo?

Amós 8,4-6.9-12; Sal. 118; Mateo 9,9-13

Me lo tengo que pensar, es una socorrida salida que tenemos en muchas ocasiones cuando se nos plantea o se nos propone algo que quizás no estaba en nuestros planes. ¿Una forma de mirar mis límites y posibilidades? ¿Un ver hasta donde soy capaz de comprometerme? Quizás me pregunte ¿qué beneficios – o qué ganancias mirándolo incluso desde un punto de vista más material - voy a obtener de eso que me proponen? ¿Esto me va a complicar la vida? Muchas y diversas preguntas para dar largas quizás, para no tomar decisiones que me puedan comprometer, y lo dejamos para otro momento.

Es el planteamiento de algo nuevo en lo que podría implicarme, son situaciones inesperadas que surgen ante las que hay que hacer algo, es una necesidad que detectamos en gente a nuestro alrededor con sus carencias y necesidades, o situaciones que surgen en la propia familia, o cosas que afectan también al ámbito social. ¿Habrá prontitud, disponibilidad, generosidad, desprendimiento para dar mi tiempo, mi trabajo, mis atenciones a esas cosas que de pronto se nos presentan?

Hoy se nos presenta en el evangelio un hermoso testimonio y precisamente del que menos se podía esperar; bueno o al menos ese pensamiento estaba en ciertos sectores de la sociedad de entonces, aunque también esas actitudes se dan entre nosotros donde también hacemos nuestras distinciones entre quien puede responder o quien no va a responder.

Se trata de un publicano. Ya quizás alguno comience a preguntarse cuales eran los criterios de Jesús para escoger a los que quería que estuvieran con él, la elección de sus discípulos. Pues es a un publicano a quien ahora Jesús llama y quien nos da un hermoso testimonio. En la brevedad pero al mismo tiempo mucha elocuencia del relato evangélico, Mateo está allí en su ‘despacho’ de cobrador de impuestos cuando Jesús pasa y le dice que le siga. Espera que tengo que arreglar las cuentas, parecería que fuera la postura más responsable de Mateo, puesto que estaba además desempeñando una actividad que de alguna manera era como un cargo público. Pero Mateo no se lo piensa dos veces, ‘se levantó y siguió a Jesús’.

¿Estaremos viendo ahí esa prontitud, disponibilidad, generosidad, desprendimiento del que hablábamos antes? Cuando hay generosidad y disponibilidad en el corazón no tenemos miedo a los riesgos, pero ya sabemos que seguimos atados con muchas parálisis del corazón como en otra ocasión hemos reflexionado. Y es que todo es cuestión de generosidad y de amor, y surgirá esa disponibilidad de todo lo nuestro, de nuestra propia vida, y ese desprendimiento que es también arrancarnos de esas ataduras.

Pero siguiendo con el texto del evangelio me viene otro pensamiento. Jesús invitó a Mateo a seguirle, inmediatamente lo veremos sentado a la mesa con Jesús, pero también tenemos que contemplar quienes son los que están sentados a la mesa con Jesus. Sí, Jesús cuando nos está invitando a seguirle nos está invitando a que nos sentemos a la mesa con El. Visto así de pronto lo consideraríamos un gran honor, pero mirando los detalles ¿tendríamos que pensárnoslo, como decíamos al principio?

Pero en la mesa con Jesús están también sentados los indeseables, los que eran menospreciados de todo el mundo, aquellos de los que los que se consideraban con mayor dignidad no admitirían nunca a su mesa. Allí están los publicanos y los pecadores, allí están las prostitutas y los que nadie quiere, los que se consideraban como un desecho de una sociedad puritana. Y es que Jesús no hace distinciones. Y es que Jesús es el médico que ha venido a sanar a los enfermos, los que se consideran sanos no creen necesario sentarse con Jesús.

Y nosotros, ¿estaríamos dispuestos a sentarnos así a la mesa con Jesús? Nosotros que nos lo pensamos tanto a la hora de escoger nuestros amigos y poner en ellos nuestra confianza. Porque nosotros seguimos haciendo discriminaciones, nuestro corazón se encuentra muchas veces roto y dividido.

sábado, 17 de febrero de 2024

Necesitamos tener unas nuevas aptitudes que nos hagan disponibles siempre para el servicio, pero también con las que valoremos a los demás sin descartes que anulan

 


Necesitamos tener unas nuevas aptitudes que nos hagan disponibles siempre para el servicio, pero también con las que valoremos a los demás sin descartes que anulan

Isaías 58, 9b-14; Salmo 85; Lucas 5, 27-32

Cuando queremos conseguir a alguien que nos haga un buen trabajo trataremos de informarnos bien sobre quien queremos contar, buscaremos a alguien que nos lo recomienden como muy capaz de realizarlo, pero al tiempo queremos buscar una buena persona de la que tengamos alguna certeza de su integridad y honradez para confiarle aquello en lo que además nos vamos a gastar nuestros dineros. No buscamos a cualquiera, escogeremos muy bien y en los lugares que consideremos más apropiados. Parece que eso sería lo normal que tendríamos que hacer.

Pero he aquí que hoy nos encontramos con un texto del evangelio que parece que nos viene a echar abajo todas esas buenas predisposiciones por nuestra parte, todo ese afán de buscar lo más integro y lo más capaz. Jesús está buscando, por decirlo de alguna manera, seguidores, y además en estas elecciones que va haciendo Jesús está, podríamos decir, mirando en la lejanía porque aquellos que ahora invita a seguirle, serán los que un día nombrará apóstoles y en cuyas manos a poner toda la tarea de anunciar y realizar el Reino de Dios.

Sin embargo, ¿a quien vemos hoy que busca Jesús y le invita a seguirle? Un publicano, una persona que en razón de su profesión y de la mala fama que se habían ganado eran despreciados por los judíos, porque eran considerados como unos colaboracionistas con los que ahora les dominaban y de manera especial por sus dirigentes. Mala fama tenían de ladrones y de usureros, porque eran además los que se dedicaban al negocio de los préstamos, cosa que siempre ha habido a través de todos los tiempos. Y Jesús llama a seguirle a uno de ellos; y mira por donde encontraré en él una prontitud para seguirle realmente admirable, porque se levantó de su garita de cobrador y se fue con Jesús, además con alegría porque en su honor querrá celebrar un banquete.

En medio de todo esto tendríamos que preguntarnos que es lo que realmente mira Jesús a la hora de su llamada. No le importa su condición de pecador, fama de publicano que se había ganado, porque como vemos ante la reacción que pronto se producirá por parte de los escribas y fariseos que se quejan de que Jesús se siente a la mesa con los pecadores y como con ellos, nos dirá que El ha venido como salvación y que son los enfermos, que son los pecadores los que necesitan del médico, los que necesitan de la salvación y es a ellos a donde Jesús primero se dirigirá.

Aquí con sinceridad tendríamos que comenzar por pensar en nosotros mismos. El Señor sigue contando con nosotros que somos pecadores. Porque cuantas veces hemos sentido los regalos del amor de Dios en nuestra vida y aunque en principio parecía que queríamos responder, sin embargo luego la respuesta de nuestra vida se ha vuelto tantas veces negativa. Jesús está pasando también por la garita de nuestra vida y también nos está invitando a seguirle a pesar de lo encerrados en nosotros mismos que vivimos tantas veces con nuestras debilidades, con nuestras infidelidades, con nuestro pecado.

Jesús le dio una nueva oportunidad a Leví y éste la aprovechó; dio pronta respuesta que sería en un seguimiento en fidelidad de los caminos de Jesús, caminos que luego nos trasmitiría con el evangelio de Jesús que nos escribió. Pero esto me lleva a pensar, aunque fuera brevemente, en algo más. ¿No tendríamos que aprender a dar nuevas oportunidades a los demás?

Con mucha facilidad vamos por la vida descartando; con aquel no contamos porque es así, aquel ya en una ocasión nos dejó plantados así que no volveré a contar con él, aquel no creo que sea capaz de hacer nada de provecho, en otros nos fijamos en lo que nos parece la pobreza de su vida y no somos capaces de descubrir los valores que pueden haber en su corazón… y así vamos descantando a tantos, la lista se haría interminable.

¿Aprenderemos a tener unas actitudes nuevas como Jesús nos está enseñando?

sábado, 13 de enero de 2024

Muchos chips tendremos que cambiar en nuestro interior si en verdad queremos ser los discípulos de Jesús

 


Muchos chips tendremos que cambiar en nuestro interior si en verdad queremos ser los discípulos de Jesús

1Samuel 9, 1-4. 17-19; 10, 1ª; Sal 20;  Marcos 2, 13-17

Mira que miramos – valga la redundancia – con quien nos juntamos, quienes consideramos del círculo de nuestros amigos. Nos solían decir ‘mira con quien andas y te diré quien eres’, para evitar mezclarnos con gente de mala sombra; no con cualquiera queremos juntarnos, y como en la vida nos vamos encontrando y relacionarnos con toda clase de personas, ya andamos con cuidado de que no nos vean con cualquiera. Por aquello que dice el refrán de quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija. Y es lo que queremos buscar buena sombra.

Yo no sé ustedes que me están leyendo esta reflexión, con qué tipo de personas nos juntamos, pero es cierto que es algo que en algunos sectores se tiene muy en cuenta, y es lo que nos decían nuestros padres que no anduviéramos con malas compañías. ¿Y qué hacemos si no sabemos con quien juntarnos?

Pero esto no es nuevo, porque hoy en el evangelio algunos andan criticando a Jesús porque se rodea de malas compañías. Y comenzamos por ver a aquellos que va escogiendo y llamando para que anden con El y sean ese primer grupo fundamente de la Iglesia que ha de fundar. No se ha destacado Jesús por buscar lumbreras, gentes de alta inteligencia y mucha preparación.

Hemos ido viendo que los primeros que escoge y llama son unos rudos pescadores de aquel lago de Tiberíades o mar de Galilea.  Pedro, Andrés, Santiago y su hermano Juan son unos sencillos pescadores, veremos luego que entre los doce escogidos para ser los apóstoles hay algunos Celotes, que podríamos decir que son los independistas, los que de una forma o de otra luchaban contra la dominación romana.

Hoy va a llamar a uno versado en números y cuentas, pero que además forma parte de aquel grupo que todos desprecian por su oficio de recaudador de impuestos y por la fama de usureros que tenían en sus prestamos a los que se veían necesitados de dinero, un publicano como todos los llaman.

Es el eje del relato de hoy  porque cuando Jesús pasa junto a la garita donde está aquel publicano, Leví, Jesús lo invita a seguir y prontamente él se va con Jesús. Celebrará luego un banquete en su casa donde están todos sus amigos, pero al que invita también a Jesús y a los primeros discípulos que le siguen por todas partes.

Pero ahí aparece la reacción de los ‘hombres de bien’, los del grupo de los fariseos cumplidores en exceso y al que solían pertenecer también los maestros de la ley. Aquellos tan puritanos que se lavaban mil veces las manos para que ninguna impureza entrase en sus corazones, ahora se extrañan de ver comer al Maestro de Nazaret en la misma mesa que todo aquel variopinto grupo donde están también los publicanos y los pecadores. ‘¿Cómo es que come con publícanos y pecadores?’ será la pregunta que se hacen, pero que runruneando harán llegar a los discípulos que siguen a Jesús y hasta los mismos oídos de Jesús.

‘No necesitan médico los sanos, sino los enfermos’, será el comentario de Jesús. Ha venido por todos porque ninguno estamos sanos, todos lo necesitamos, incluso aquellos que por allí andan runruneando. ‘No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores’. Podríamos decir en buena lógica que los justos no lo necesitarían, ¿pero quien es el justo de verdad? En otra ocasión solamente dirá que ‘el que esté sin pecado, que tire la primera piedra’. Y Jesús estará allí donde hay un pecador que lo necesita. ‘Misericordia quiero y no sacrificio’, dirá en otro momento y nos invitará a que seamos compasivos y misericordiosos como lo es nuestro Padre del cielo.

Muchos chips tendremos que cambiar en nuestro interior si en verdad queremos ser los discípulos de Jesús. Distintos tienen que ser los vientos que soplen en nuestra alma, porque otras tienen que ser las direcciones que hemos de tomar. Otra tiene que ser la apertura que tengamos en el corazón.

viernes, 6 de octubre de 2023

Abramos nuestros oídos para escuchar lo que el Señor ahora nos está pidiendo y demos respuesta, abramos nuestro corazón para que en verdad Dios reine en nosotros

 


Abramos nuestros oídos para escuchar lo que el Señor ahora nos está pidiendo y demos respuesta, abramos nuestro corazón para que en verdad Dios reine en nosotros

Baruc 1,15-22; Sal 78; Lucas 10,13-16

Qué fáciles somos para hacer juicio sobre la conducta de los demás y para nuestras condenas. No nos miramos a nosotros mismos. Como nos dice en otro lugar el evangelio somos fáciles para ver la paja en el ojo ajeno pero no nos damos cuenta de la viga que hay en el nuestro. Y esos juicios crean desconfianzas, distanciamientos, marcamos con un sambenito a personas o lugares con mucha facilidad y ya siempre los estaremos viendo desde ese prisma turbio que nos hemos creado; nos encerramos por otra parte en nosotros mismos, porque claro con cualquiera no nos vamos a mezclar.

Y nos sucede hasta en las interpretaciones que nos podamos hacer del texto sagrado de la Palabra de Dios. Además parece más fácil aplicárselo a los demás que aplicárnoslo a nosotros mismos. Es una tentación que podemos tener con el evangelio que hoy se nos ofrece. Son las imprecaciones de Jesús a Corozaín, Betsaida y el propio Cafarnaúm, por la poca respuesta que están dando a la acción de Jesús en aquellos lugares. ‘Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotros, ya hay tiempo que se hubieran convertido…’ les dice. Y lo mismo le dice a Cafarnaúm.

Pero es aquí donde tenemos que detenernos en nuestra reflexión. Parece que nos contentamos con estas imprecaciones que Jesús hace a aquellas ciudades, y de ahí no pasamos. Es donde tenemos que hacernos una lectura de nosotros, de nuestra vida, de nuestra respuesta. Cuando hoy el evangelio nos está narrando este hecho no es solo para que veamos lo malas que eran aquellas ciudades, sino para que nos miremos a nosotros mismos.

Cuántas maravillas ha realizado el Señor en nosotros, en nuestra vida. Si quisiéramos hacer un listado de las veces que hemos escuchado el Evangelio a lo largo de nuestra vida, y con la escucha del evangelio tantas reflexiones que se nos han ofrecido en homilías, en charlas, en encuentros, la lista sería interminable. Si nos detuviéramos a pensar en cuántas ocasiones hemos visto la acción de Dios en nuestra vida, por ejemplo, que nos ha ayudado cuando hemos acudido con nuestros problemas y necesidades, ¿hasta donde llegaría esa lista? Y así podríamos seguir haciéndonos muchas más consideraciones, de las veces que hemos recibido el perdón en el Sacramento de la Penitencia, de las veces que hemos comulgado al participar en la Eucaristía… tendríamos que preguntarnos ¿y hasta donde llega nuestra respuesta?

Bien sabemos, y lo reconocemos, que somos pecadores que hemos vuelto a caer una y otra vez en las mismas cosas de las que nos habíamos arrepentido, bien sabemos cómo nos enfriamos espiritualmente con tanta facilidad y caemos en tibiezas y rutinas una y otra vez, bien sabemos las veces que le hemos dado la espalda y no hemos querido escuchar, hemos querido silenciar nuestra conciencia y buscamos mil justificaciones que de nada nos sirven porque nos falta sinceridad. ¿Quiénes somos para juzgar y para condenar a los demás?

Tenemos que ser más congruentes en la vida, obrar en consecuencia a esa fe que decimos que tenemos, aprender a superarnos de una vez por todas para recomenzar de una vez por todas esos caminos de rectitud y buena conciencia que tendríamos que tener. Abramos nuestros oídos para escuchar lo que el Señor ahora nos está pidiendo y demos respuesta a esa llamada del Señor, abramos nuestro corazón para que en verdad Dios reine en nosotros.