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lunes, 21 de septiembre de 2026

Cuando hoy celebramos a san Mateo cuyo nombre alguien ha traducido como ‘el regalo de Dios’, nos sentimos bendecidos con el regalo de la misericordia de Dios hecho perdón

 


Cuando hoy celebramos a san Mateo cuyo nombre alguien ha traducido como ‘el regalo de Dios’, nos sentimos bendecidos con el regalo de la misericordia de Dios hecho perdón

Efesios 4, 1-7. 11-13; Salmo 18; Mateo 9, 9-13

Hay momentos sorpresa en la vida que nos pueden causar gran impacto y de alguna manera dan un revolcón a nuestra vida que nos lo hace cambiar todo. Situaciones inesperadas pero que se convierten en momentos inigualables que siempre mantendremos en el recuerdo. Algo que nos hace sentir una nueva percepción de nosotros mismos porque comenzamos a vernos de manera nueva y a encontrar sentido para muchas cosas. Quizás aunque nos sentíamos bien en lo que hacíamos sin embargo teníamos la percepción de que no éramos aceptados y se veían incluso con malos ojos aquello que realizábamos que en fin de cuentas era una profesión a la que dedicábamos la vida, pero quizás en un momento determinado vimos que éramos tenidos en cuenta, se quería contar con nosotros para algo distinto y aunque inexplicable sin embargo considerábamos algo sublime, porque era de alguna manera una invitación a que fuéramos percibidos como algo distinto y que nos haría cambiar nuestra vida.

Podíamos decir que algo así le estaba sucediendo a Leví, o Mateo, según queramos llamarle. Pertenecía a un grupo y a una profesión que era rechazada por una gran mayoría y en la que incluso se habían ganado la fama de avaros considerándolos así como unos pecadores públicos para aquella sociedad. Era recaudador de impuestos, alguien que trabajaba con el dinero de los impuestos que se llevarían los romanos como pueblo invasor, pero que les daba ocasión a unas manipulaciones no siempre del todo justas. Sin embargo Jesús a su paso por delante de su garita de impuestos se había fijado en él y le había invitado a formar parte del grupo de los que le seguían más de cerca.

¿Se lo podía esperar? ¿Acaso podía ser una posibilidad para su vida? Sin embargo su respuesta tenía que llevar cambios muy importantes en su vida y en su manera de actuar. Quizás él también había escuchado a Jesús acaso en aquel sermón de la montaña allá en las cercanía del lago, le habría visto actuar en Cafarnaún con las multitudes que lo escuchaban o en los enfermos que eran llevados a su presencia para ser curados. Sin embargo seguir a aquel maestro significaría también un estilo de vida distinto que ya no se podría mover entre las comodidades de quien poseía muchos bienes, sino en un desprendimiento y una austeridad que incluso le haría estar pendiente de las ayudas que pudiera recibir.

Sin embargo, como él mismo nos lo relatará su respuesta fue pronta y generosa. Levantándose de su mostrador de impuestos lo dejó todo y se dispuso a seguir a Jesús. Pero antes como una señal de lo que significaría aquel cambio de vida quiso celebrar un banquete para Jesús con los principales de la ciudad, con los discípulos de Jesús que iban a ser sus compañeros, pero también con los que habían sido hasta entonces compañeros suyos.

Había sido aquella llamada, aquel querer Jesús contar con él un revulsivo, pero un revulsivo iba a ser también aquel banquete con tan variados comensales. Algunos comenzarán a protestar y a criticar, porque Jesús se estaba mezclando también con pecadores y con gente de mala fama. Tendrá que intervenir Jesús. ‘El médico no es para los sanos sino para los que están enfermos’, o para aquellos que creyéndose sanos tendrían que ser los primeros en reconocer la malicia de su corazón para poder ser sanados.

Una clara referencia a lo que allí estaba sucediendo. Por eso Jesús sentenciará con palabras del profeta ‘misericordia quiero y no sacrificios’. ¿De qué nos servirán esos sacrificios de autocomplacencia y de vanidad si no hay misericordia en el corazón? Es lo que Jesús nos está mostrando. Tenemos que parecernos a Dios que es rico en misericordia; caminando por los caminos de la misericordia es cómo mejor haremos presente a Dios en nuestra vida y en nuestro mundo. Su presencia en la tierra es una búsqueda de los pecadores para manifestarles que Dios los ama y que siempre está dispuesto a la misericordia y al perdón porque Dios sigue contando con nosotros a pesar de nuestra indignidad y de nuestro pecado. Aunque quizás sigamos siendo rechazados por el mundo que nos rodea que no llega a entender nunca lo que es la misericordia, que siempre va a tener memoria de nuestro pecado que no querrá olvidar, sin embargo Dios cuenta con nosotros, olvida y disculpa nuestro pecado porque incluso será capaz de disculparnos a causa de nuestra debilidad, nos regala su amor y nos tenderá la mano para ofrecernos un camino nuevo.

Cuando hoy estamos celebrando a san Mateo, cuyo nombre alguien traducirá como el regalo de Dios, vamos a sentir gozo en nuestro corazón porque a pesar de los pesares siempre nos sentiremos regalados con el amor de Dios siempre compasivo y misericordioso.


viernes, 4 de julio de 2025

Dios se revela a los humildes y a los sencillos porque los que se creen entendidos y sabios en su orgullo ponen una coraza que se cierra a la semilla de la Palabra de Dios

 


Dios se revela a los humildes y a los sencillos porque los que se creen entendidos y sabios en su orgullo ponen una coraza que se cierra a la semilla de la Palabra de Dios

Génesis 23,1-4.19; 24, 1-8.62-67; Salmo 105; Mateo 9,9-13

Cuando queremos emprender una obra que consideramos importante además de pensarnos bien lo que queremos proyectar y saber si podemos llevarla a cabo, buscaremos los mejores asesores que nos ayuden a elaborar el plan y llevarlo adelante, pero también aquellos mejores colaboradores a los que entregaremos la realización del proyecto. Eso lo hacemos normalmente procurando también los mejores medios, pero también las mejores y más capaces personas que nos lo ayuden a realizar. Muchos ejemplos podríamos poner, en el proyecto de un negocio, por ejemplo, en la construcción de una casa, o en cualquier obra de envergadura.

Tendríamos que decir también que es lo que tenemos que hacer en nuestro propio proyecto de vida como persona, para el desarrollo de nuestros valores y nuestra personalidad, para encontrar ese lugar en nuestro mundo, para seguir esa podemos llamar también vocación de la persona que de alguna manera ha de desarrollarse en la vida. ¿Estaremos buscando los mejores asesores, los mejores medios, la mejor preparación nuestra personal para realizar ese nuestro personal proyecto de vida? Esto ya tendría que darnos mucho que pensar, que revisar, que plantearnos con seriedad, porque quizás muchas veces no es precisamente a lo que damos más valor; y la persona tiene mucho más valor que cualquier obra por importante que sea que vayamos a realizar en la vida. Está bien que nos planteemos todo eso y actuemos, es cierto, con esa responsabilidad en la vida.

Me estoy planteando todo esto que en si mismo tiene mucha importancia y siempre que nos enfrentamos a páginas del evangelio todo eso personal de nuestra vida hemos de mirarlo y de tenerlo en cuenta; pero lo estoy haciendo también en el contexto de lo que hoy en esta página se nos presenta.

En primer lugar está la invitación a Mateo por parte de Jesús para seguirle. Dios siempre tiene grandes proyectos para nosotros. Pero vamos a fijarnos en unos detalles; Jesús está en el momento en que va formando en torno a si a ese grupo, al que un día llamará de manera especial para hacerlos apóstoles, y le vemos que va llamando a distintas personas unas que se acercan a El y otras que Jesús mismo va a buscar. Es grande el proyecto del Reino de Dios que Jesús tiene entre manos, pero los que ha ido llamando no se destacan por especiales cosas, muchos de ellos unos simples pescadores del lago de Tiberíades. Pero hoy vemos que se fija en alguien distinto, un cobrador de impuestos, un hombre dedicado a los negocios, aunque los publicanos tuvieran tan mala fama entre los judíos, que podíamos pensar que Jesús lo escoge porque acostumbrado a ese tipo de vida quizás podría ser un buen estratega para toda esa tarea que Jesús tiene por delante.

Pero no son esos los planes de Dios, simplemente es el Dios que quiere que todo nombre se salve, porque para todos sin distinción es la salvación. Pero hemos visto que Jesús se ha ido rodeando de gente sencilla, pero entre ellos a los que son menos considerados en aquella sociedad, como son los pecadores. Ahora vemos el juicio que están haciendo sobre ese actuar de Jesús los que se consideraban los más justos y cumplidores. Se quejan y critican que Jesús se rodee de publicanos y pecadores; eso era ya también un juicio sobre aquella elección de Mateo por parte de Jesús.

Qué difícil es entender los caminos de Dios, cuando ponemos nuestros caminos o nuestros criterios por delante. Es lo que le estaba sucediendo a aquellos escribas y fariseos, no podían entender los caminos de Dios y que los caminos de Dios se manifestarán precisamente en ese actuar de Jesús.

Pero ¿qué es lo que Dios quiere? ¿Cuáles van a ser los parámetros de ese Reino de Dios anunciado por Jesús? No va a ser al estilo de los poderosos de este mundo, no va a realizarse el Reino de Dios desde la prepotencia y el orgullo, desde las vanidades y las apariencias. Solo quienes tienen un corazón humilde serán los que podrán entender lo que Jesús quiere para nosotros. Los que se sienten pecadores, los que tienen la humildad de reconocer que son pecadores serán los que como los que se sienten enfermos van a acudir al médico para que los cure. Dios se revela a los humildes y a los sencillos y se oculta a los que se creen entendidos y sabios porque su orgullo es como una coraza que se han puesto  por la que no puede penetrar la semilla de la Palabra de Dios.

El médico ha venido para curar a los enfermos; por eso llama hoy también a Mateo, como un día quiso hospedarse en la casa de Zaqueo, como ahora aceptar comer en casa de Mateo rodeado de publicanos y pecadores. Porque, ¿qué es lo que quiere Dios? ‘Misericordia quiero y no sacrificios’.

¿Cuáles son los criterios que nosotros tenemos para tener en consideración a los que están a nuestro lado? Porque aquí también tendríamos mucho que revisar.

 

sábado, 21 de septiembre de 2024

Necesitamos unas nuevas actitudes con los demás sabiendo contar con ellos sean como sean, como Jesús contó con Mateo que era un publicano

 


Necesitamos unas nuevas actitudes con los demás sabiendo contar con ellos sean como sean, como Jesús contó con Mateo que era un publicano

Efesios 4, 1-7. 11-13; Salmo 18; Mateo 9, 9-13

Invitamos a un amigo a una fiesta y seguramente no se hará de rogar mucho para aceptarnos esa invitación, lo mismo que si es a una comida o a una salida; claro que se trata entre amigos y se da por sentada la confianza y los deseos de estar con el amigo. Que venga una persona que nosotros desconocemos o que no sea de los habituales con quienes solemos estar y ya nos lo tendríamos que pensar un poco, porque siempre andamos con las desconfianzas y muchas veces nos falta sinceridad.

Pero si vienen para pedirnos una colaboración o una ayuda para algo que tenemos que hacer, ya estaremos pensando si tenemos tiempo, si podemos o no podemos comprometernos, si eso nos va a traer algunas consecuencias o algunos gastos extra, y así no vamos poniendo pegas y retrasando la respuesta. Menos aun sería seguramente si no vemos claro aquello a que nos invitan, porque de alguna manera sea una aventura, entonces nos costará mucho más el decidirnos.

Cuando hoy escuchamos en el evangelio que Jesús pasando por delante de la garita o el mostrador de los impuestos, le dice a Mateo que lo siga y éste se levante dejándolo todo nos sorprende; no sería lo habitual que nosotros hiciéramos. ¿Habría oído Mateo hablar de Jesús o él mismo lo habría escuchado? Por muy enfrascado que estuviera en sus negocios alguna noticia tendría, o quizás alguna vez también se había acercado a escucharle en el anonimato en medio de la gente. Conocemos al otro publicano que quería conocer a Jesús y se le ocurrió la idea de subirse a la higuera para ver pasar a Jesús sin mayores consecuencias.

Un hecho, pues, que nos sorprende es la decisión inmediata de Mateo de ponerse a seguir a Jesús. Era un publicano, despreciado habitualmente entre los judíos por su colaboración con Roma en el cobro de los impuestos; de alguna manera pertenecía a la organización del pueblo que los dominaba.

¿Habría en si mismo, en su interior, un conflicto entre aquello que hasta ahora estaba ejerciendo y lo que Jesús le proponía? también podía retraerse por esa misma condición de publicano, de no considerar que fuese la persona apropiada para aquello que Jesús le pedía. Ya veremos luego la reacción contra Jesús por comer rodeado de publicanos y pecadores. Esto también podría ser algo que ronroneara en su interior antes de tomar una decisión. Pero el evangelio dice que se levantó y lo siguió.

¡Cuántas vueltas le damos nosotros a las cosas en nuestra cabeza cuando tenemos que tomar una decisión, de dar un paso adelante en la vida! Estamos ocupados, ya tenemos nuestras cosas, que se comprometan otros que hay por ahí tanta gente que no hace nada, no valemos, cómo vamos a comprometernos si no sabemos a qué nos va a llevar todo esto, y así una letanía interminable de disculpas, de pasos atrás, de miedos y cobardías. ¿Despertará en nosotros este evangelio unos nuevos sentimientos y actitudes?

Y ya lo hemos mencionado. La reacción que los escribas y fariseos tuvieron ante el hecho de que Jesús participara con su grupo con aquellos nuevos amigos que en cierto modo acompañaban a Mateo en un banquete que se le había preparado. ‘¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores?’ es lo que murmuran comentándoselo a los discípulos porque no se atreven a la cara a decírselo a Jesús. 

Ay esos ronroneos y comidillas a los que somos tan fáciles en la vida. Siempre tenemos un juicio que hacer sobre lo que hacen los demás, siempre estamos preparados para una condena y una descalificación con tal de quitarnos de en medio a quien por la rectitud de su vida es alguien que nos resulta incómodo.

‘No tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos’, es la respuesta de Jesús. El ha venido a sanar y a salvar, El ha venido a buscar la oveja perdida, y a esperar con los brazos abiertos al hijo pródigo, El es quien nos busca cuando en nuestra cabezonería no queremos entrar, no queremos acoger, no queremos nosotros tampoco comprender a los demás y perdonar. ¿Aprenderemos a tener nuevas actitudes para con los demás ofreciendo siempre la generosidad de nuestro perdón para ser capaces de contar también con ellos sean como sean? Jesús contaba con Mateo a pesar de que era un publicano.

‘Misericordia quiero y no sacrificios’, que ya había dicho el profeta. Así nos busca y nos llama, así se sienta a la mesa con nosotros, pero para ofrecernos otra comida mejor, porque se nos dará El mismo haciéndose comida y vida para nosotros. Quien le come vivirá para siempre, El nos resucitará el último día.

viernes, 5 de julio de 2024

¿Estaríamos dispuestos a sentarnos a la mesa con Jesús sabiendo quienes son sus preferidos o tendríamos que pensárnoslo?

 


¿Estaríamos dispuestos a sentarnos a la mesa con Jesús sabiendo quienes son sus preferidos o tendríamos que pensárnoslo?

Amós 8,4-6.9-12; Sal. 118; Mateo 9,9-13

Me lo tengo que pensar, es una socorrida salida que tenemos en muchas ocasiones cuando se nos plantea o se nos propone algo que quizás no estaba en nuestros planes. ¿Una forma de mirar mis límites y posibilidades? ¿Un ver hasta donde soy capaz de comprometerme? Quizás me pregunte ¿qué beneficios – o qué ganancias mirándolo incluso desde un punto de vista más material - voy a obtener de eso que me proponen? ¿Esto me va a complicar la vida? Muchas y diversas preguntas para dar largas quizás, para no tomar decisiones que me puedan comprometer, y lo dejamos para otro momento.

Es el planteamiento de algo nuevo en lo que podría implicarme, son situaciones inesperadas que surgen ante las que hay que hacer algo, es una necesidad que detectamos en gente a nuestro alrededor con sus carencias y necesidades, o situaciones que surgen en la propia familia, o cosas que afectan también al ámbito social. ¿Habrá prontitud, disponibilidad, generosidad, desprendimiento para dar mi tiempo, mi trabajo, mis atenciones a esas cosas que de pronto se nos presentan?

Hoy se nos presenta en el evangelio un hermoso testimonio y precisamente del que menos se podía esperar; bueno o al menos ese pensamiento estaba en ciertos sectores de la sociedad de entonces, aunque también esas actitudes se dan entre nosotros donde también hacemos nuestras distinciones entre quien puede responder o quien no va a responder.

Se trata de un publicano. Ya quizás alguno comience a preguntarse cuales eran los criterios de Jesús para escoger a los que quería que estuvieran con él, la elección de sus discípulos. Pues es a un publicano a quien ahora Jesús llama y quien nos da un hermoso testimonio. En la brevedad pero al mismo tiempo mucha elocuencia del relato evangélico, Mateo está allí en su ‘despacho’ de cobrador de impuestos cuando Jesús pasa y le dice que le siga. Espera que tengo que arreglar las cuentas, parecería que fuera la postura más responsable de Mateo, puesto que estaba además desempeñando una actividad que de alguna manera era como un cargo público. Pero Mateo no se lo piensa dos veces, ‘se levantó y siguió a Jesús’.

¿Estaremos viendo ahí esa prontitud, disponibilidad, generosidad, desprendimiento del que hablábamos antes? Cuando hay generosidad y disponibilidad en el corazón no tenemos miedo a los riesgos, pero ya sabemos que seguimos atados con muchas parálisis del corazón como en otra ocasión hemos reflexionado. Y es que todo es cuestión de generosidad y de amor, y surgirá esa disponibilidad de todo lo nuestro, de nuestra propia vida, y ese desprendimiento que es también arrancarnos de esas ataduras.

Pero siguiendo con el texto del evangelio me viene otro pensamiento. Jesús invitó a Mateo a seguirle, inmediatamente lo veremos sentado a la mesa con Jesús, pero también tenemos que contemplar quienes son los que están sentados a la mesa con Jesus. Sí, Jesús cuando nos está invitando a seguirle nos está invitando a que nos sentemos a la mesa con El. Visto así de pronto lo consideraríamos un gran honor, pero mirando los detalles ¿tendríamos que pensárnoslo, como decíamos al principio?

Pero en la mesa con Jesús están también sentados los indeseables, los que eran menospreciados de todo el mundo, aquellos de los que los que se consideraban con mayor dignidad no admitirían nunca a su mesa. Allí están los publicanos y los pecadores, allí están las prostitutas y los que nadie quiere, los que se consideraban como un desecho de una sociedad puritana. Y es que Jesús no hace distinciones. Y es que Jesús es el médico que ha venido a sanar a los enfermos, los que se consideran sanos no creen necesario sentarse con Jesús.

Y nosotros, ¿estaríamos dispuestos a sentarnos así a la mesa con Jesús? Nosotros que nos lo pensamos tanto a la hora de escoger nuestros amigos y poner en ellos nuestra confianza. Porque nosotros seguimos haciendo discriminaciones, nuestro corazón se encuentra muchas veces roto y dividido.

sábado, 17 de febrero de 2024

Necesitamos tener unas nuevas aptitudes que nos hagan disponibles siempre para el servicio, pero también con las que valoremos a los demás sin descartes que anulan

 


Necesitamos tener unas nuevas aptitudes que nos hagan disponibles siempre para el servicio, pero también con las que valoremos a los demás sin descartes que anulan

Isaías 58, 9b-14; Salmo 85; Lucas 5, 27-32

Cuando queremos conseguir a alguien que nos haga un buen trabajo trataremos de informarnos bien sobre quien queremos contar, buscaremos a alguien que nos lo recomienden como muy capaz de realizarlo, pero al tiempo queremos buscar una buena persona de la que tengamos alguna certeza de su integridad y honradez para confiarle aquello en lo que además nos vamos a gastar nuestros dineros. No buscamos a cualquiera, escogeremos muy bien y en los lugares que consideremos más apropiados. Parece que eso sería lo normal que tendríamos que hacer.

Pero he aquí que hoy nos encontramos con un texto del evangelio que parece que nos viene a echar abajo todas esas buenas predisposiciones por nuestra parte, todo ese afán de buscar lo más integro y lo más capaz. Jesús está buscando, por decirlo de alguna manera, seguidores, y además en estas elecciones que va haciendo Jesús está, podríamos decir, mirando en la lejanía porque aquellos que ahora invita a seguirle, serán los que un día nombrará apóstoles y en cuyas manos a poner toda la tarea de anunciar y realizar el Reino de Dios.

Sin embargo, ¿a quien vemos hoy que busca Jesús y le invita a seguirle? Un publicano, una persona que en razón de su profesión y de la mala fama que se habían ganado eran despreciados por los judíos, porque eran considerados como unos colaboracionistas con los que ahora les dominaban y de manera especial por sus dirigentes. Mala fama tenían de ladrones y de usureros, porque eran además los que se dedicaban al negocio de los préstamos, cosa que siempre ha habido a través de todos los tiempos. Y Jesús llama a seguirle a uno de ellos; y mira por donde encontraré en él una prontitud para seguirle realmente admirable, porque se levantó de su garita de cobrador y se fue con Jesús, además con alegría porque en su honor querrá celebrar un banquete.

En medio de todo esto tendríamos que preguntarnos que es lo que realmente mira Jesús a la hora de su llamada. No le importa su condición de pecador, fama de publicano que se había ganado, porque como vemos ante la reacción que pronto se producirá por parte de los escribas y fariseos que se quejan de que Jesús se siente a la mesa con los pecadores y como con ellos, nos dirá que El ha venido como salvación y que son los enfermos, que son los pecadores los que necesitan del médico, los que necesitan de la salvación y es a ellos a donde Jesús primero se dirigirá.

Aquí con sinceridad tendríamos que comenzar por pensar en nosotros mismos. El Señor sigue contando con nosotros que somos pecadores. Porque cuantas veces hemos sentido los regalos del amor de Dios en nuestra vida y aunque en principio parecía que queríamos responder, sin embargo luego la respuesta de nuestra vida se ha vuelto tantas veces negativa. Jesús está pasando también por la garita de nuestra vida y también nos está invitando a seguirle a pesar de lo encerrados en nosotros mismos que vivimos tantas veces con nuestras debilidades, con nuestras infidelidades, con nuestro pecado.

Jesús le dio una nueva oportunidad a Leví y éste la aprovechó; dio pronta respuesta que sería en un seguimiento en fidelidad de los caminos de Jesús, caminos que luego nos trasmitiría con el evangelio de Jesús que nos escribió. Pero esto me lleva a pensar, aunque fuera brevemente, en algo más. ¿No tendríamos que aprender a dar nuevas oportunidades a los demás?

Con mucha facilidad vamos por la vida descartando; con aquel no contamos porque es así, aquel ya en una ocasión nos dejó plantados así que no volveré a contar con él, aquel no creo que sea capaz de hacer nada de provecho, en otros nos fijamos en lo que nos parece la pobreza de su vida y no somos capaces de descubrir los valores que pueden haber en su corazón… y así vamos descantando a tantos, la lista se haría interminable.

¿Aprenderemos a tener unas actitudes nuevas como Jesús nos está enseñando?

jueves, 21 de septiembre de 2023

La vocación de Mateo viene a ser una invitacion para que seamos capaces de crear esa mesa de fraternidad donde quepamos todos sin ningun tipo de discriminación

 


La vocación de Mateo viene a ser una invitación para que seamos capaces de crear esa mesa de fraternidad donde quepamos todos sin ningún tipo de discriminación

Efesios 4, 1-7. 11-13; Sal 18; Mateo 9, 9-13

Muchas veces escuchado el relato que nos ofrece hoy el evangelio nos habremos hecho eco en nuestros comentarios de la prontitud de Leví para responder la llamada de Jesús, de la generosidad y alegría de su corazón al ofrecer aquel banquete a Jesús y los discípulos pero al que estaban invitados los que hasta entonces había sido su compañeros de profesión; en consecuencia nos habremos detenido en nuestras consideraciones en los comentarios de los fariseos porque Jesús estaba sentado a la mesa con publicanos y pecadores y la respuesta de Jesús. 

Leví o Mateo como queramos decir según el relato evangélico que escuchemos por su profesión no era bien considerado por ciertos sectores de los judíos; se le consideraba un colaboracionista con los romanos que ahora ostentaban el poder sobre el pueblo judío contribuyendo con su oficio de recaudador de impuestos; pero en una generalización a todos los recaudadores de impuestos se les consideraba igual en el sentido de que eran unos usureros que cargaban no solo en los impuestos sino también en los prestamos a los que tuvieran necesidad de sus servicios. Eran considerados como unos pecadores, los publicanos se les llamaba.

Y es con este hombre con quiere contar Jesús, igual que un día había querido ir a hospedarse a la casa también de un publicano, Zaqueo. Pero es que Jesús lo va a contar entre sus amigos - a vosotros os llamo amigos, les diría un día Jesús - y posteriormente sería elegido para formar parte del grupo de los doce, los apóstoles sus enviados. 

¿Sabía Jesús quién era Mateo y como era considerado por los demás? ¿Qué es lo que mira Jesús? ¿Qué es lo que miramos nosotros cuando prestamos atención a una persona? ¿Simplemente lo que diga la gente, o la fama que pueda traer de su vida anterior? Reconozcamos que nos cuesta liberarnos de esos tabúes, que nos cuesta ser libres en la apreciación que tengamos a las personas pensando por nosotros mismos. ¿Qué sabemos nosotros de lo que hay en el corazón de cada persona? Un primer mensaje que nos está dejando Jesús en este episodio del evangelio.

Jesús le dice a Mateo, 'ven y sígueme', es inmediatamente levantándose de su garita de cobrador de impuestos se dispuso a seguir a Jesus.  Pero esa llamada no la está haciendo Jesús solo a Mateo. Cuando se sienta a la mesa del publicano ¿no nos estará diciendo a nosotros también 'ven y sígueme'? Mateo de forma inmediata se dispuso a seguir a Jesús, ¿estaremos de la misma manera dispuestos a seguir a Jesús y sentarnos a la mesa también con ese que tantas veces discriminamos. 

Sí, sentarnos a la mesa con ese del que pasamos de largo cuando lo encontramos en el camino y nisiquiera lo saludamos; con ese que nos ha tendido la mano tantas veces y nunca tenemos 'suelto en el bolsillo' para compartir y seguimos a lo nuestro sin ni siquiera mirarle a la cara; con ese con quien no nos hablamos por un no sé qué pasó ni sé cuando, pero que desde entonces he mirado mal y lo ignoro aunque sea un vecino que tenemos a la puerta; con tantos y tantos a los que miramos llenándonos de prejuicios y condenas, porque no son como nosotros, porque piensan distinto a lo que  nosotros pensamos, porque son de otros sentimientos religiosos, porque son de otro partido político, porque vinieron no se de donde y ahora decimos que se están aprovechando de nuestra hospitalidad... son tantos a los que queremos excluir de esa mesa de fraternidad en que tendríamos que convertir nuestro mundo.

Nos cuesta esa prontitud que hoy vemos en Mateo para seguir a Jesús y crear esa mesa de fraternidad en la que hemos de caber. Todavía hay entre nosotros, y puede ser que seamos nosotros mismos de alguna manera, como aquellos fariseos que con comentarios maliciosos juzgaban la actitud de Jesús de sentar a su mesa también a publicanos y pecadores. 

Nos queda mucho que transformar en nuestro corazón, mucho que transformar también en nuestras comunidades y en nuestra Iglesia incluso porque no siempre reflejamos esas actitudes nuevas que nos está enseñando Jesús. Transformemos nuestros corazones.


jueves, 6 de julio de 2023

Aprendamos a mirar a los ojos para entrar en la onda de la confianza desterrando recelos, sospechas y prejuicios a la manera de Jesús que quiso contar con Mateo

 


Aprendamos a mirar a los ojos para entrar en la onda de la confianza desterrando recelos, sospechas y prejuicios a la manera de Jesús que quiso contar con Mateo

Génesis 23,1-4.19; 24,1-8.62-67; Sal 105; Mateo (9,9-13

Me van a permitir que comience con una pregunta que me hago a mi mismo, y que me da vergüenza la respuesta que tendría que dar. Cuando vas por la calle y te encuentras tu mismo camino, por la misma acera, una persona, de esas que tantas veces rechazamos por su apariencia, por lo que sabemos, o algunas veces simplemente sospechamos, de lo que se dedica en su vida, que nos resulta sospechosa y desconfiamos evitando entrar en contacto o en algún tipo de relación, esta es la pregunta, ¿nos habremos detenido alguna vez a mirarle a los ojos?

Es una de las formas de nuestras evasivas, incluso si necesariamente tenemos que detenernos a hablar con esa persona, seguro que nuestra mirada andará perdida, pero probablemente no somos capaces de mirarle a los ojos, porque nos sentiríamos obligados a un tú a tú de conversación directa, de interés por la persona, de tender incluso nuestra mano en un saludo. ¿Cómo nos sentimos con nuestras reacciones? ¿Dónde buscamos argumentos para justificarnos?

Me ha hecho pensar en este hecho concreto lo que nos narra hoy el evangelio. Jesús se ha detenido junto a la garita de un publicano. Ya sabemos cómo era considerados entre los judíos, por decirlo pronto y fácil, llamarlo publicano era decir que era un pecador. En su entorno se olía todo lo que significar usura, por la forma de cobrar los impuestos, pero también todo lo que rodeaba ese mundo de prestamos y finanzas; además para un judío se le consideraba como un colaboracionista con el poder romano que venía avasallando e imponiendo sus impuestos, en detrimento de lo que pudiera ser beneficio para el pueblo de Israel. Era una fama realmente bien ganada.

Y allí se detiene Jesús y le habla directamente a quien allí está ejerciendo su oficio. No va a ser una conversación cualquiera, sino que era una invitación. Y una invitación no la podemos hacer si no miramos a la cara a quien vamos a invitar. Por eso en lo que hoy quiero fijarme es en esa mirada de Jesús a Mateo, de tal manera que se sintiera interpelado por la palabra de Jesús y cogido en su corazón para dar la respuesta de seguir a Jesús.

Jesús mira más allá de lo que puedan ser las apariencias externa, lo que sea la consideración que los demás puedan tener de esa persona, incluso de lo que haya sido esa persona en su vida, pero la mirada de Jesús es un querer contar con la persona, la mirada de Jesús no es una mirada de reproches sino de confianza, la mirada de Jesús es una invitación que llega al corazón. Y Mateo, que sostuvo aquella mirada, dio respuesta.

Por allá andarían los desconfiados de siempre pensando en sus cavilaciones de siempre donde se da por sentado la condena de la persona, y no terminarán de entender la decisión de Jesús. ¿Cómo iba a contar Jesús entre sus amigos a un recaudador de impuestos con toda la fama que traía consigo? Para más escándalo Jesús se sienta en la mesa de aquel hombre donde estarán también todos los considerados publicanos y pecadores.

¿No tendremos que ir aprendiendo nosotros a mirar a los ojos de los demás, también de esos que tantas veces descartamos y de una forma o de otra vamos marginando en la vida? ¿Seremos capaces de entrar en esa onda de la confianza desterrando de nuestro pensamiento sospechas y prejuicios, siendo capaces de creer siempre en la persona por encima de todo?

sábado, 25 de febrero de 2023

Jesús quiere llegar también a tu corazón y a mi corazón para que emprendamos el camino de la cuaresma que estamos iniciando y también nos está diciendo. ‘¡Sígueme!’

 


Jesús quiere llegar también a tu corazón y a mi corazón para que emprendamos el camino de la cuaresma que estamos iniciando y también nos está diciendo. ‘¡Sígueme!’

Isaías 58, 9-14; Sal 85; Lucas 5, 27-32

Hay momentos y hay encuentros que no pasan desapercibidos, que dejan huella, y más aun que nos marcan un paso que tenemos que dar. De una forma o de otra son experiencias que podemos tener en la vida; y no porque sucedan cosas extraordinarias, sino que son el paso a paso del día a día con aquellas cosas más ordinarias que nos suceden o con aquellas personas con que nos encontramos de las que quizás no esperábamos nada especial. Pero ese momento fue diferente, como decíamos, marcó un paso que teníamos que dar, y en el que quizá nunca habíamos pensado, porque ya llevábamos la rutina de cada día sin salirnos de lo de siempre.

Así estaba aquel día Leví detrás de su mostrador o garita o como queramos llamarla donde cobraba los impuestos. Eran las rutinas de siempre, con los comentarios de la gente de siempre por el oficio que desempeñaba, por las quejas habituales en los que tienen que pagar, con todas esas particularidades que se sucedían cada día en quien tenía aquel oficio. Nada esperaba de especial aquel día.

Pero pasó Jesús, se detuvo también delante de aquel mostrador, ¿iba también a pagar sus impuestos? ¿Iba a pedir ayuda a quien se dedicaba también a aquel negocio de los prestamos y las deudas para resolver alguna situación del grupo?, algunos podían pensar en esas y muchas cosas, ¿o era por simple curiosidad? Pero Jesús se había acercado a Leví y solo había pronunciado una palabra, ‘sígueme’.

Y todo cambió. ¿Qué sucedió en aquel momento? ¿Qué color o qué música tenía aquella palabra? ¿Qué mirada se habría cruzado entre Jesús y el publicano? ¿Qué sintonía se había producido entre ambos? El evangelio no nos da detalles, pero algo había sucedido, porque todo había comenzado a caminar con otros rumbos.

El publicano se levantó de su mostrador y se fue con Jesús. Ahora le había invitado a su casa y había preparado una comida para Jesús y sus discípulos, pero allí estaban también los amigos del cobrador de impuestos. Había sonido de fiesta y de alegría porque algo en verdad había cambiado.

Como siempre, por allá andarán los que están al acecho. Jesús y sus discípulos sentado a la mesa de un publicano, pero además rodeado de muchos publicanos y pecadores. Era incomprensible, se dejan caer los comentarios como quien no quiere la cosa, pero aquello es algo que no pueden tolerar, no pueden aceptar. Y los rumores llegarán a los oídos de Jesús.

El médico no es para los sanos o los que se creen que están sanos, sino para los enfermos. Jesús ha venido para estar al lado del  hombre, allí donde el hombre le necesita. El viene a traernos la salud y allí donde puede faltar esa salud, allí quiere estar. Claro que está con los publicanos y con los pecadores, pero también quiere estar con aquellos que se creen justos, porque quizá son los más enfermos, pero estos no se dejarán, estarán siempre poniendo barreras.

Jesús viene a nuestro encuentro, se acerca allí donde nosotros estamos, en lo que es nuestra vida, nuestro dolor o nuestros anhelos; Jesús camina siempre con los brazos abiertos dejando que su sombra pueda llegar a todos, o todos puedan acercarse hasta su manto; Jesús se deja encontrar y dejará no solo la puerta abierta sino también el tejado dispuesto para que lo abran y puedan llegar hasta él, Jesús se acercará al que está solo y abandonado de todos y no tiene a nadie que le ayude; Jesús querrá sintonizar con aquel corazón solitario que parece que nadie quiere sintonizar con él y le dirá que lo necesita, que quiere que él también forme parte del grupo de los que van a estar siempre cerca de Jesús.

Por eso hoy llegó junto al mostrador de los impuestos, por eso llegó a la casa de Leví, por eso comerá con los publicanos y con los pecadores, por eso quiere llegar también a tu corazón y a mi corazón para que emprendamos sin ningún temor el camino de la cuaresma que estamos iniciando. También nos está diciendo. ‘¡Sígueme!’ ¿Qué respuesta le vamos a dar? ¿Dejaremos pasar ese momento único de encuentro con Jesús?

miércoles, 21 de septiembre de 2022

Descubramos nuestro lugar dentro de la Iglesia donde el Señor quiere contar con nosotros, con lo que somos y con lo que es nuestra vida

 


Descubramos nuestro lugar dentro de la Iglesia donde el Señor quiere contar con nosotros, con lo que somos y con lo que es nuestra vida

Efesios 4, 1-7. 11-13; Sal 18; Mateo 9, 9-13

No todos en la vida somos lo mismo, hacemos lo mismo, y por así decirlo también no nos gustan las mismas cosas. Y es que en la tareas de la vida cada uno desempeñamos nuestra función; son muchas las cosas que marcan nuestras inclinaciones y nuestros gustos, de ahí que cada uno desempeñe un rol diferente en la vida; no todos podemos ser carpinteros, ni todos abogados; distintas circunstancias van marcando nuestros gustos y nuestros deseos, las diversas capacidades de las personas harán que unas nos desarrollemos por un camino, mientras otros realizarán cosas distintas.

Ese variopinto conjunto irá creando una unidad, porque todos cada uno desde su lugar contribuirá al bien común. Aunque obtengamos unos beneficios personales de aquellas tareas que realicemos que contribuirán a nuestra propio desarrollo pero también al mantenimiento de los suyos y sus cosas, la contribución maravillosa, tenemos que decirlo así, es lo que hacemos que beneficia a la comunidad, a la sociedad, al mundo en que vivimos.

Cada uno parte de su propio ser, de su propia realidad, con las luces o con las sombras que pudiera haber en su vida, con sus valores y sus capacidades, con su fortaleza y también contando con su propia debilidad. Nadie será ajeno a esa tarea, y lo que tenemos que saber descubrir es el respeto y valoración que tengamos por cada persona en lo que en sí mismo es. Por eso, por otra parte, cada uno ha de descubrir su propia vocación, que es algo mucho más hermoso que un destino que se nos marque, porque será aquello que construyamos en nosotros mismos y que está al servicio del bien común.

Es de lo que tiene que ser también nuestra tarea de Iglesia, que constituimos todos los que tenemos una misma fe en Jesús; esa fe nos une, como esa fe ha sido una llamada y una respuesta, esa fe que nos hará descubrir también nuestro lugar y esa contribución que vamos a aportar desde lo que uno es en si mismo, pero también desde los dones recibidos. Es lo que también llamamos vocación desde un sentido cristiano. Vocación porque hay una llamada a la que tenemos que responder, vocación porque hay unos dones que hemos recibido que no podemos guardarnos para nosotros mismos sino que hemos de aportarnos también al bien de la Iglesia.

Hoy que estamos celebrando la fiesta del apóstol san Mateo es lo que contemplamos tanto en el evangelio como en la lectura de la carta del apóstol. Jesús quiere contar con nosotros, aunque algunos no nos consideren dignos, porque lo que nos va a dignificar es esa llamada que recibimos y la gracia que Dios deposita en nosotros.

Podría pensarse que era Leví el último en quien podríamos tener en cuenta para que fuera llamado a ser uno de los apóstoles del Señor. Era un publicano, un recaudador de impuestos, y ya solo por esa tarea que desempañaba en la vida era mal considerado en aquella sociedad judía; se les consideraba unos ladrones, eran unos colaboracionistas, por la función que desempeñaban, de poder opresor, porque aquellos impuestos irían destinados a quien ejercía el poder dominante, por eso los llamaban publicanos.

Pero Jesús quiso contar con Leví, nuestro san Mateo que hoy celebramos, que luego nos trasmitiría el evangelio de Jesús. Destaca la prontitud de la respuesta, la disponibilidad de una vida, la generosidad de su corazón para desprenderse de todo para seguir a Jesús, ese corazón abierto en el que seguían cabiendo aquellos que con él habían convivido y ejercido conjuntamente la misma profesión. Es el banquete que le vemos celebrar, como nos cuenta el evangelio.

Es así cómo el Señor quiere contar con nosotros, con lo que somos y con lo que es nuestra vida, con lo que son nuestras capacidades y nuestros valores, con aquellas personas que están a nuestro lado y ese mundo nuevo también al que nos abrimos. Ahí y desde ahí también tenemos una tarea que realizar. Es lo que tenemos que aprender a descubrir, saber encontrar ese lugar que hemos de ocupar en medio del pueblo de Dios desde lo que es nuestra vida. ¿Has pensado cuál es tu lugar dentro de la Iglesia?

martes, 21 de septiembre de 2021

Valoremos la función que realiza cada persona en igual dignidad que todos y tengamos siempre un corazón abierto y acogedor que abra las puertas a la misericordia

 


Valoremos la función que realiza cada persona en igual dignidad que todos y tengamos siempre un corazón abierto y acogedor que abra las puertas a la misericordia

Efesios 4, 1-7. 11-13; Sal 18; Mateo 9, 9-13

No todos en la vida son albañiles, ni todos son maestros, unos serán arquitectos y otros serán agricultores, cada uno tiene su función, cada uno tiene su lugar, no podemos desempeñar todos el mismo oficio o función, porque habrían cosas que no se podrían realizar, somos como un mosaico, cada piedra con su color y su lugar, cada pieza con su función y con su valor, pero todas son importantes para podernos ofrecer la belleza del mosaico con sus variados colores, con sus múltiples dibujos, con la riqueza de sus imágenes.

Podemos pensar en las cualidades y valores de cada uno, sus capacidades y su técnica; podemos pensar en la conjunción que entre todos se ha de realizar para el desarrollo de la propia humanidad, de la propia sociedad, y podemos pensar en la vocación de cada uno. Cada uno según sus capacidades, según también lo que ha ido recibiendo descubre su lugar, su función, su vocación, aquello a lo que está llamado, aquello que puede realizar mejor. Y como una hermosa orquesta compuesta de tan variados instrumentos podrán ofrecernos la belleza y armonía de su música. Tenemos que descubrir cual es el instrumento que nos corresponde tocar en esa orquesta de la vida.

Es lo que dentro de la familia de la Iglesia también tenemos que descubrir y realizar. De ello nos ha hablado el apóstol en estas lecturas que se nos ofrecen hoy en la fiesta del apóstol y evangelista san Mateo que hoy celebramos. ‘A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo. Y él ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelizadores, a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo…’ Y es aquí donde tenemos que descubrir cual es nuestra función dentro de la comunidad eclesial.

Mateo era recaudador de impuestos. Aunque menospreciado por los judíos que a todos los metían en el saco de los usureros y ladrones, allí desempeñaba su función en la vida. Tendríamos que pensar en la dignidad de cada trabajo y de cada función; nos podrán resultar más o menos agradables y somos muy propensos a poner nuestras marcas, marcar nuestras diferencias, pero hemos de saber tener respeto por el trabajo que realiza cualquier persona; todos tienen su dignidad, todos tienen su función, necesaria en el desarrollo de la propia vida de la comunidad. Creo que podría ser una consecuencia también que dedujéramos para nuestra vida.

Pero un día Jesús al pasar lo invitó a seguirle. Vemos la prontitud con que lo deja todo con alegría para seguir a Jesús. ¿Son golpes de gracia repentinos? No podemos negar que la presencia del Señor impacta y nos llama, aunque no podemos descartar por otra parte que ya Mateo aunque quizás desde lejos quisiera ser discípulo de Jesús y en alguna ocasión le habría escuchado planteándole muchos interrogantes en su corazón. Hoy le vemos dar la respuesta con generosidad y con prontitud.

Tal es la alegría que hará un banquete en el que participarán los que hasta entonces han sido sus colegas en su trabajo, pero donde estaba también invitado Jesús y el resto de los discípulos. Es aquí donde descubrimos también otro mensaje para nuestra vida. por allá andaban recelosos los puritanos de su tiempo – también ahora hay sus puritanos que están siempre al tanto de donde puedan hacer su juicio y su condena si las cosas no son como a ellos les apetece – los fariseos y los escribas que critican que Jesús coma con publicanos y pecadores.

Jesús que oye la crítica que están haciendo les replica: ‘No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa misericordia quiero y no sacrificio: que no he venido a llamar a justos, sino a los pecadores’. ¿A qué ha venido Jesús? ¿Qué nos pide de nuestro corazón? ¿Habremos aprendido de verdad lo de ‘misericordia quiero y no sacrificios’?

Hagamos una Iglesia que sea en verdad hogar de misericordia. Quitemos de una vez por todas esas lupas con que andamos mirando la vida de los demás para ver donde está el desliz, donde puedan aparecer esos motivos que justifiquen nuestros juicios y nuestras intransigencias. ¿Se nos habrá ocurrido pensar que por nuestras intransigencias podemos estar haciendo sufrir a muchos y muchos no darán el paso adelante en su camino de conversión porque no encuentran esa acogida llena de misericordia en nosotros?

 

viernes, 2 de julio de 2021

Jesús nos propone en la opción de la misericordia, porque la necesitamos para nosotros mismos, y porque tenemos que saberla ofrecer generosamente a los demás

 


Jesús nos propone en la opción de la misericordia, porque la necesitamos para nosotros mismos, y porque tenemos que saberla ofrecer generosamente a los demás

Génesis 23,1-4.19; 24,1-8.62-67; Sal 105;  Mateo 9,9-13

¿Por qué iremos dándonos de orgullosos en la vida y creyéndonos los mejores? Al final tenemos que reconocerlo. No somos tan perfectos aunque nos creamos buenos; sin embargo ante los demás queremos aparentar, nos cuesta reconocer nuestras debilidades, es más, en ocasiones nos volvemos intransigentes porque les pedimos a los otros unos niveles de conducta que nosotros no nos preocupamos de alcanzar. Para nosotros siempre tendremos alguna disculpa, para los demás lo que más fácil nos sale es el juicio y la condena. Siempre estaremos mirando con lupa la vida de los demás, pero para nuestra vida ponemos unas pantallas.

Pero siempre hay en nosotros una miseria que necesita de la comprensión y de la misericordia. Montados en el caballo del orgullo y de la soberbia no podremos aguantar mucho tiempo, aunque nos cueste bajarnos de ese caballo. Y cuando con sinceridad llegamos a reconocer nuestras debilidades y encontramos en los demás comprensión y misericordia, qué distintos nos sentimos. Al final tenemos que estar agradecidos.

Por eso Jesús nos pone en la opción de la misericordia; porque la necesitamos para nosotros mismos, y porque tenemos que saberla ofrecer generosamente a los demás. El camino de Jesús es ir buscando allá donde hay un corazón roto porque con su amor quiere recomponerlo.

Por eso vemos cuáles son sus preferidos, los pobres y los que sufren; sufrimiento que vemos especialmente expresado en los enfermos de todo tipo de enfermedad que acuden a Jesús, pero que con esa cercanía Jesús quiere expresarnos otra hondura, para que seamos en verdad sensibles a todo tipo de sufrimiento; porque hay sufrimientos que llevamos en el corazón que son más duros de pasar que el tener algunas limitaciones físicas o tener nuestro cuerpo enfermo. Se expresa perfectamente en la búsqueda de Jesús de los pecadores. Aunque haya muchos que no lo entiendan, porque no llegan a vivir la experiencia de la misericordia.

Hoy lo contemplamos en el evangelio. La ocasión ha sido que Jesús ha llamado para que le siga y forme parte del grupo a un recaudador de impuestos. Es la vocación de Leví o de Mateo según sea el evangelista que nos traiga el relato. Ya es sorpresivo y verdaderamente significativo que Jesús llame para seguirle a alguien que no tiene buena prensa entre el pueblo. Los recaudadores de impuestos eran mal mirados, tan mal que los llamaban publicanos que era algo así como decirle que eran unos pecadores. Es cierto que los manejos de los dineros siempre tienen el peligro de manchar no solo las manos sino el corazón y muchos se convertían en verdaderos usureros; por otra parte eran considerados como unos colaboracionistas con el poder instituido, porque para ellos eran los impuestos que cobraban, lo que hacía que aún los consideraran peor.

Jesús ha llamado a Mateo que con una disponibilidad total deja atrás todas las cosas para irse con Jesús. Tan contento está que ofrece una comida a la que además de Jesús y los discípulos que ya le seguían estarán invitados los compañeros de profesión de Mateo. Los fariseos ponen el grito en el cielo, porque Jesús se ha mezclado con toda esa gente y come con ellos. Y es cuando nos deja el mensaje, el médico no es para los sanos sino para los enfermos, El ha venido para buscar a la oveja perdida por eso se acercará a los pecadores e incluso comerá con ellos porque es una manera de significar lo que es la misericordia del Señor que lo que mira es el corazón. ‘Misericordia quiero y no sacrificios’, recuerda Jesús con palabras de la Escritura.

Aquellos hombres y mujeres que eran despreciados por todos a los que consideraban unos pecadores y nadie querrá mezclarse con ellos se sienten acogidos y valorados por Jesús. Es el primer gesto que llama al corazón. Es decirnos que Dios nos ama y cuenta con nosotros a pesar de nuestras debilidades o nuestros pecados. Es un sentirnos levantados por la mano del Señor igual que levantaba a los paralíticos de sus camillas para ponerlos a andar, así levanta el corazón del hombre pecador para ponerlo también en camino de vida nueva.

Cómo nos sentimos reconfortados cuando a pesar de nuestras miserias nos sentimos comprendidos y aceptados, así tenemos que aprender a hacerlo con los demás. Tenemos que aprender a ser signos de esa misericordia sabiendo acercarnos con humildad y delicadeza, con mucha empatía y con mucho amor a esos corazones rotos que nos podemos encontrar a nuestro lado. Como Jesús sentarnos a la mesa con ellos, caminar a su lado, mostrar nuestra cercanía, nuestro respeto y nuestra comprensión, ser capaces de aceptar y valorar. ¿No será eso lo que también buscamos para nosotros? Sepamos ofrecerlo a los demás.

sábado, 20 de febrero de 2021

Nos sentimos desarmados cuando contemplamos el amor de Jesús hacia los pecadores y nos bajamos pronto de nuestras posturas discriminatorias hacia los demás

 


Nos sentimos desarmados cuando contemplamos el amor de Jesús hacia los pecadores y nos bajamos pronto de nuestras posturas discriminatorias hacia los demás

Isaías 58, 9-14; Sal 85; Lucas 5, 27-32

Hay una frase que solemos utilizar y que incluso empleamos como recurso educativo que sin embargo escuchando el evangelio de hoy me hace hacer un replanteamiento. Es aquello que decimos ‘dime con quién andas y te diré quien eres’. Según con la gente con la que te juntes, y lo decimos muchas veces a la gente joven que está a nuestro cuidado, vas a aparecer con tal o cual categoría; sobre todo la empleamos en un sentido negativo y peyorativo, pero pensemos si acaso no tiene mucho de discriminatorio en referencia a nuestra manera de ver a las personas, y en consecuencia no queremos que nuestros  hijos, por ejemplo, se mezclen con toda clase de personas.

Pero de alguna manera ¿no era así como estaban viendo los fariseos y los letrados a Jesús porque se juntaba con los pecadores, porque se sentaba a la mesa con los publicanos? Es lo que les están diciendo los fariseos y los escribas a los discípulos en aquella ocasión. ‘¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?’ Y ya vemos la respuesta de Jesús.

Había sucedido en esta ocasión – porque las ocasiones se repiten en el evangelio y Jesús también come con fariseos y gente que se considera como muy principal en sus arrogancias – después que invitara a Leví a seguirle. Leví, o Mateo según sea el evangelista que nos transmita este relato, era un publicano; bueno, Leví era un recaudador de impuestos, pero que por eso mismo los fariseos y los que se creían puros así los trataban, como publicanos, unos pecadores.

Para un judío un recaudador de impuestos era un colaboracionista con el poder extranjero que era el que dominaba entonces en Israel, los romanos; ellos eran los que controlaban la hacienda y ponían los impuestos; los judíos por sí mismos tenían sus impuestos que iban a engrosar las arcas del templo de Jerusalén, pero que en principio era como la Hacienda del pueblo de Israel; pero ahora eran los dominadores extranjeros los que se llevaban esta parte, y los recaudadores era unos colaboracionistas.


Por otra parte tenían fama de usureros porque por un lado inflaban los impuestos a su capricho y beneficio, pero al mismo tiempo como hombres de dinero y de negocios eran unos prestamistas para aquellos que se veían en necesidad; un camino también para el lucro y las ganancias desmedidas por la gravedad de los intereses que imponían. Ejemplo tenemos en otro publicano que también tuvo su encuentro con Jesús, Zaqueo, del estilo de vida llena de injusticia en que vivían. De ahí su fama y la mala consideración que tenían ante el pueblo, eran unos publicanos, es decir, unos pecadores.

Y Jesús había escogido a Leví para seguirle, que prontamente dejó su mesa de cobrador de impuestos para irse con Jesús. Algo que le llenó de alegría y quiso celebrarlo con un banquete para Jesús y los discípulos que ya lo acompañaban, pero al que también invitó a sus amigos y compañeros de profesión; era algo así como una despedida. Y ahora vienen los fariseos criticando porque Jesús está en medio de ellos. ¿Dime con quién andas y te diré quien eres? Se lo estaban aplicando a Jesús.

Pero a Jesús no le importa, porque El es el médico que viene a curar no a los que se creen sanos sino a los enfermos. Y allí en medio de esos enfermos, en medio de los pecadores está Jesús  para sanar, para transformar los corazones. No soporta Jesús la discriminación; en su reino no caben esos estilos, algo nuevo tiene que surgir y algo a lo que están todos llamados, sean santos o sean pecadores, pero lo que Jesús nos trae es la gracia, lo que nos trae es el regalo del perdón, el regalo del amor de Dios.

Ya decíamos al empezar la cuaresma que es el tiempo del regalo, es el tiempo de la gracia que Jesús nos regala que es descubrirnos cuánto es el amor que Dios nos tiene. No importa lo pecadores que seamos, si somos capaces de reconocerlo, pero de reconocer sobre todo lo que es el amor que Dios nos tiene. Claro que eso nos tiene que poner en otra onda, en otra órbita, que es la manera con que nosotros miremos a los demás. Porque aquello de decir que según con quien andes así eres tú, entraña mucha discriminación hacia los que nosotros también como aquellos fariseos tratamos de mirar por encima del hombro.

Analicemos con sinceridad nuestra manera de mirar a los demás y en consecuencias nuestras discriminaciones. Sintámonos desarmados cuando contemplamos lo que es el amor de Jesús por todos. Pongámonos de parte de Jesús y aprenderemos entonces a ir como El siempre como médico para los demás, porque lo que queremos es sanar, porque lo que queremos es rescatar a los que se ven envueltos por el pecado, porque lo que queremos es llevar vida y hacer que vivamos con un nuevo estilo de vida, con el estilo del amor.

 

lunes, 21 de septiembre de 2020

Mateo aprendió del resplandor de los ojos de Jesús y qué mirada tan bonita de Cristo nos ha dejado reflejada en su evangelio para que podamos conocer de verdad a Jesús

 


Mateo aprendió del resplandor de los ojos de Jesús y qué mirada tan bonita de Cristo nos ha dejado reflejada en su evangelio para que podamos conocer de verdad a Jesús

Efesios 4, 1-7. 11-13; Sal 18; Mateo 9, 9-13

La vida está llena de contrastes, de luces y de sombras, de miradas limpias y de corazones turbios. No es difícil encontrarnos esos contrastes llenos de sombras ante un mismo acontecimiento y con diversidad de personas alrededor. Cada uno tiene su mirada que no siempre es mutuamente enriquecedora, sino que depende del filtro que tengamos ante nuestros ojos, del filtro que tengamos en nuestra mente ante lo que estamos contemplando o lo que sucede en nuestra presencia. Así será la opinión o el juicio que le hagamos a las personas que contemplamos, así son las interpretaciones que haces de cuanto sucede. Esa diversidad desde un aspecto positivo podría ser enriquecedora, pero en la negatividad que llevamos muchas veces en nuestro corazón resultará más bien destructiva.

Es la diversidad de matices y de opiniones que contemplamos en el pasaje del evangelio que hoy se nos propone. No era la misma la mirada de Jesús a Leví, el recaudador de impuestos a quien Jesús llama a seguirle, que la opinión que tenían de él, incluso podríamos decir que por prejuicio, los escribas y fariseos que vemos en el entorno.

Es cierto que era un recaudador de impuestos y éstos tenían mala fama y eran mal considerados por los judíos, que los tenia como unos colaboracionistas con el poder extranjero, y como todos los que manejaban dineros – como sigue sucediendo hoy – ya por eso se les consideraba siempre como unos ladrones. Ya se llevaban el sobrenombre de publicanos o pecadores.

Pero Jesús quiere contar con él. Y es que Jesús mira con una mirada distinta al hombre, a la persona, no pone por medio ese filtro de maldad al que tan dados somos nosotros. Y lo invita a seguirle y va a formar parte no solo de los discípulos en general, sino que formará parte del grupo de los Doce, especialmente escogidos por Jesús. Mientras, los fariseos porque Jesús come con Mateo y sus amigos los publicanos en aquel banquete que le ofrece a Jesús, ya estaban con sus prejuicios y condenas, criticando que Jesús comiera con lo que ellos consideraban pecadores.

Pero Jesús tiene una respuesta para resaltar lo que es la misericordia de Dios que El refleja en sus posturas y actitudes y en toda su vida. El médico no es para los sanos, sino para los enfermos y El ha venido a curar y a salvar. ‘Aprended lo que significa Misericordia quiero y no sacrificio: que no he venido a llamar a justos sino a pecadores’.

Claro que también tendríamos que resaltar otros momentos de luz que podemos contemplar en este pasaje. Es la prontitud con que Mateo responde, en contraste con esa actitud reticente de los que se creían justos, como sucedía con los fariseos. ‘Al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: Sígueme. Él se levantó y lo siguió’. Aparte de lo que hemos dicho de la mirada luminosa de Jesús hacia el corazón de aquel hombre al que llama, tenemos que destacar esta prontitud de respuesta; podría ser un pecador, era considerado como decíamos un publicano, pero allí estaba pronto para seguir a Jesús, - ‘se levantó’ inmediatamente - dejándolo todo.

Mucho nos dice para nuestra vida. Ya hacíamos referencia al principio de esos claroscuros que muchas veces encontramos también en nuestro corazón. No es solo el contraste que podemos contemplar en las opiniones, juicios y prejuicios de los que nos rodean, sino que es algo que muchas veces nos sucede en nuestro propio interior. Por la malicia que quizás tengamos dentro de nosotros mismos, por las influencias que podemos recibir del mundo que nos rodea, por la timidez o la cobardía con que algunas veces actuamos en que no somos capaces de enfrentarnos a lo negativo de los demás ofreciendo nuestra opinión, ese lado positivo de las cosas en el que tenemos que fijarnos.

Nos vemos envueltos en ese torbellino y demasiados cristales tamizados llevamos delante de nuestros ojos. Cuando el cristal está muy tamizado con colores predeterminados nos sucede como con esas gafas que cuanta más luz reciben más oscuras se nos vuelven y así vemos tantas veces la vida con tanta oscuridad y negatividad aunque hubiera mucha luz alrededor.

Mateo aprendió, podríamos decir, de esa mirada de Jesús y qué mirada tan bonita de Cristo nos ha dejado reflejada en su evangelio para que podamos conocer de verdad a Jesús. Hoy estamos, precisamente, celebrando la fiesta de san Mateo, apóstol y evangelista.