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lunes, 14 de septiembre de 2026

Para nosotros la cruz así con Cristo crucificado es gloriosa, estandarte de la victoria del amor, antídoto de salvación que Dios nos ofrece con su amor

 


Para nosotros la cruz así con Cristo crucificado es gloriosa, estandarte de la victoria del amor, antídoto de salvación que Dios nos ofrece con su amor

Números 21, 4b-9; Salmo 77; Juan 3, 13-17

Si recibiéramos, por ejemplo, una mordedura maligna y con efectos mortales a causa del veneno que transmite dicha mordedura buscaríamos inmediatamente un antídoto que contrarreste el efecto de tal veneno evitándose así la muerte o las consecuencias de tal mordedura; lo podemos llamar vacuna o el nombre que la ciencia haya querido darle, pero normalmente se producen dichos antídotos a partir del mismo veneno que se quiere contrarrestar; es lo que son las vacunas contra la gripe u otras enfermedades víricas con la que se pretende crear esos anticuerpos que contrarresten el efecto de tal virus o veneno.

Al ver la imagen de las serpientes venenosas de las que nos habla la primera lectura y como elevando aquella serpiente de bronce en medio del campamento quienes mordidos con aquella mordedura venenosa elevasen la mirada hacia aquel signo se curarían pensé en estos antídotos que se utilizan para contrarrestar los efectos venenosos. Jesús en el evangelio hace uso de esa misma imagen y nos dice que cuando Él sea levantado en lo alto, hablándonos de su muerte en la cruz encontraríamos la salvación.

¿Es la cruz la que nos dará la salvación? Es Jesús que ha sido crucificado en la cruz quien es nuestro verdadero y único salvador. Aquella que significaba tormento, sufrimiento y muerte por el amor de Jesús, que es manifestación del amor que Dios nos tiene se convierte para nosotros en camino de salvación. No es en la cruz por sí misma sino en quien por amor fue crucificado y elevado en alto donde encontraremos la salvación. El camino del amor por el cual se hizo presente en el mundo es un camino de entrega y entrega hasta el final, es la senda que recorrió Jesús y nos enseñó que ese tenía que ser también nuestro camino, pero a Él le costó la vida por parte de quienes no entendían ni querían entender ese camino de amor que nos estaba señalando Jesús, por eso para nosotros su muerte, y con ella contemplamos el suplicio que le llevó a la muerte, se convierte en signo de vida porque es el signo más grandioso del amor.

Tanto amó Dios al mundo, le estaba diciendo Jesús a Nicodemo, que nos entregó a su Hijo y Jesús nos dirá que la prueba más grande del amor es la de dar la vida por aquellos a quienes se ama. Pero para Jesús no fueron solo palabras, para Jesús fue la realidad de su vida. ¿Puede haber algo más hermoso que la ternura de Dios que se manifiesta en un pesebre que hace de cuna para Dios que se hace hombre? Y de Jesús se nos dirá que pasó por el mundo haciendo bien y así lo contemplamos en su cercanía con los pobres y con los humildes, pero con la misericordia que acoge a los pecadores y despreciados de la sociedad de entonces, en el derroche de misericordia con que cura a los enfermos y todos los que se ven impedidos de cualquier forma, así lo contemplaremos en su camino hasta el calvario bajo el peso de la cruz o pendiente de ella en lo alto cuando es crucificado.

Pero en todo eso no hay sino una sola cosa, amor. Por ese amor lo que parecía un signo de sufrimiento y de muerte se convirtió por el amor, podríamos decir así, en antídoto para la vida y salvación. No será ya por ese amor que allí se manifiesta para nosotros los cristianos la cruz en un signo de horror sino de gloria, porque allí estábamos viendo a Cristo glorificado; con orgullo queremos llevar la cruz porque así queremos darnos por amor; como signo de esa presencia del amor de Dios la tendremos presente en nuestros caminos y en nuestras casas, porque queremos que sea el signo del amor que nosotros queremos vivir.

Pero sí hay una cosa que hemos de cuidar y tener bien en cuenta y es la incongruencia que podría darse en nuestra vida si llevamos la cruz pero no vivimos en el amor y con amor. Cuidado que llevemos una bonita cruz colgada de nuestro cuello y luego seamos insolidarios y encerrados en nosotros mismos; cuidado que hagamos hermosas fiestas en honor de la cruz y sigamos manteniendo nuestras divisiones entre nosotros; cuidado que nos llamemos cristianos y hasta hacemos con frecuencia la señal de la cruz pero sigamos odiando en nuestro corazón, manteniendo rencores y resentimientos, dejándonos envolver por celos y por envidias para hacernos daños los unos a los otros y seamos incapaces de perdonar.

Es cierto que son tentaciones que como mordeduras venenosas muchas veces nos acechan en la vida, pero levantemos los ojos a lo alto, miremos a la cruz y a quien en ella está clavado, escuchemos la palabra de Jesús que perdona y disculpa incluso a los que lo están crucificando y que finalmente pone su espíritu en las manos del Padre, porque sabe que allí está un signo de amor, como la señal de que la victoria sobre el mal es el amor. Para nosotros la cruz así con Cristo es gloriosa, es estandarte de la victoria del amor en nuestra lucha contra el mal, es el antídoto de salvación que Dios nos ofrece.


viernes, 21 de agosto de 2026

Empeñémonos en sembrar amor en los surcos de la vida para hacer florecer una nueva humanidad que renueve nuestro mundo al estilo del reino de Dios

 



Empeñémonos en sembrar amor en los surcos de la vida para hacer florecer una nueva humanidad que renueve nuestro mundo al estilo del reino de Dios

Ezequiel 37, 1-14; Salmo 106;  Mateo 22, 34-40

¿En verdad podremos hacer reverdecer de nuevo este nuestro mundo que contemplamos en tantos aspectos árido y reseco? Contemplamos tanto materialismo y tanto afán codicioso de posesión de cosas y de bienes, a tanta gente que no se mueve sino por sus intereses o sus placeres, a la insensibilidad de tantos que pasan a nuestro lado y que parece que han perdido los rasgos más elementales de humanidad, ese aire fétido de corruptelas de todo tipo donde todo parece que son tejemanejes ocultos buscando ganancias y riquezas, cada día nos aparece algo nuevo que nunca son resplandores de luz sino oscuridad que va ennegreciendo cada vez más nuestra sociedad, un desinterés por el bien común aunque se llenen la boca con palabras de justicia y de renovación.

No quiero pintar un cuadro negro, porque mi tendencia y mis deseos es encontrar siempre un rayo de luz por pequeño que sea porque la mecha humeante nunca tenemos que apagarla sino que tiene que ser inicio de un fuego nuevo de renovación y de nueva vida.

Hemos escuchado con el profeta la visión de ese campo lleno de huesos que podría parecer que nos habla de muerte. Y el profeta se pregunta si aquellos huesos un día podrán llenarse de nuevo del vigor de la carne y de la vida. Y de ahí parte el anuncio del profeta que también nosotros tenemos que escuchar para despertar en nosotros una nueva esperanza frente a ese mundo que contemplamos. Es el anuncio profético de esos tiempos nuevos que con la instauración del Reino de Dios habrían de surgir.

Y es precisamente lo que hoy escuchamos en el evangelio. Unos fariseos cuando han visto que Jesús ha hecho callar a los saduceos vienen ahora con una pregunta que aunque parece muy elemental porque era lo que tenía que estar grabado en el alma de todo buen judío viene cargada de aviesas intenciones queriendo desacreditar a Jesús diciendo que venía a anular lo que era la ley judía fundamental. ‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?’

Como les parecía que Jesús venía cambiándolo todo porque le estaba dando un sentido nuevo de autenticidad a cuanto el hombre realizara pensaban que Jesús iba a enseñarles algo distinto. Pero Jesús los veía venir; en otro momento llegarán a reconocer que en Jesús no hay doblez ni engaño aunque lo digan también siempre desde sus torcidas intenciones queriendo hacerle decir cosas a Jesús que les vendría bien para acusarle. En ese mundo de sombras del que antes hablábamos ¿no andamos también nosotros muchas veces con esas interpretaciones interesadas o con esa falsedad y engaño para aparentar lo que realmente no somos? ¿No nos andamos también poniendo trampas a nuestro pies para manipular y para engañar?

Pero Jesús responde con las palabras textuales que están escritas en las Escrituras santas. ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente... Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo’.

Esto es lo que verdaderamente salvará al mundo, esto es lo que en verdad puede darle un valor nuevo y un sentido nuevo a la vida, el amor. Pero no es un amor cualquiera, no es un amor de bonitas y románticas palabras; es el amor que va a ser verdadero motor de nuestra vida, el amor que nos despierta y que nos renueva, el amor que pone unos ojos nuevos y una mirada más luminosa a los que están a nuestro lado; un amor que es un fuego que nos inquieta, un amor que va a poner humanidad verdadera a nuestra vida; un amor que nos hace abrir las puertas del corazón, un amor que se hace acogida para hacer que todos quepan en nuestro corazón; un amor que valora la vida y cuánto hacen los demás; un amor que será comprensivo y llena de misericordia el corazón; un amor que sabe perdonar y levantar al que ve caído, un amor que será siempre mano tendida para apoyar y para compartir, para darse y para olvidarse de sí mismo pensando en quien ama; un amor que nos llena de Dios porque nos hace partícipes del amor que Dios nos tiene, un amor que envuelve nuestra vida pero que se convierte en entrañas de nuestro ser. Como nos dice Jesús ahí están condensados la ley y los profetas.

Con un amor así ¿podremos permitir que las sombras se sigan adueñando de nuestro mundo? Con un amor así sentiremos que el mundo se renueva y resucita a nueva vida y todo se irá transformando; con un amor así nos sentiremos traspasados por la Pascua y con Cristo nos sentimos resucitados a nueva vida. Empeñémonos en sembrar ese amor en los surcos de la vida.


domingo, 26 de abril de 2026

Jesús, buen Pastor que nos conoce y nos llama por nuestro nombre, nos conduce por caminos de vida siendo la única puerta de nuestra salvación

 


Jesús, buen Pastor que nos conoce y nos llama por nuestro nombre, nos conduce por caminos de vida siendo la única puerta de nuestra salvación

Hechos 2, 14a. 36-41; Salmo 22; 1Pedro 2, 20-25; Juan 10, 1-10

Hoy escuchamos en el evangelio una de las imágenes más hermosas que nos ofrece Jesús de sí mismo, nos habla del pastor y de las ovejas, nos habla del aprisco y de la puerta para poder entrar, nos habla del pastor que conoce a sus ovejas y las conoce por su nombre, pero nos habla de las ovejas que conocen y escuchan la voz de su pastor.

Ya sé que es una imagen que en nuestros ambientes urbanos se habrá podido quedar en lo bucólico pero también por ese ambiente urbano tan alejada de la vida de nuestros campos muchos no llegarán a terminar de entender en todo su sentido. Pero la imagen está ahí con toda su riqueza y con su belleza y sigue hablándonos hoy de nuestra relación con Jesús pero sobre todo de cuanto significa Jesús para nosotros por la fe que hemos puesto en El.

No serán necesarias muchas explicaciones, sin embargo, porque simplemente contemplando el evangelio y todo lo que fue el camino de Jesús lo podremos comprender. Nos busca, nos llama, nos ofrece el mejor alimento para nuestra vida, Él mismo se hace alimento para nosotros. creo que bien puede ser una experiencia que hayamos experimentado en nuestra vida, a la manera de cómo Jesús se acercaba a todos en el evangelio, a todos escuchaba y alimentaba, por todos se daba como el pastor que tanto cuida a sus ovejas y no teme perder su vida por dar libertad y paz a sus ovejas. Son los caminos del evangelio, son los caminos de Jesús.

Podríamos detenernos en nuestra contemplación del evangelio de este día en la afirmación que hace Jesús diciéndonos que es la puerta para entrar y para salir; no nos valen otras puertas, no nos vale buscar otros atajos, no nos vale querer saltar por encima de las dificultades o los obstáculos para querer llegar más pronto, no nos vale hacernos nuestras puertas a nuestras medidas. Jesús en alguna ocasión nos hablará de la puerta estrecha por la que hemos de entrar.

Normalmente la puerta del redil no es una puerta ancha porque es la forma cómo el pastor controla que de verdad entran todas las ovejas; como nos dirá Jesús las conoce por su nombre, nos conoce por nuestro nombre. No somos un número más, un número indefinido, porque cada uno tenemos nuestras características, nuestros valores y nuestras riquezas humanas, como nuestras propias debilidades o tenemos nuestros personales tropiezos en el camino de la vida. Y así nos conoce Dios y así nos ama Dios.

Recuerdo significativamente que tanto para entrar en Belén a la Basílica de la Natividad, como para acercarnos al santo sepulcro en Jerusalén al lugar de la resurrección del Señor, hay que pasar por una puerta pequeña donde necesariamente tenemos que agacharnos para poder pasar. Y podemos recordar también aquello que en otro momento nos dice Jesús del camello que tiene que pasar por una aguja, que eran las puertas laterales de la gran puerta de las murallas que era una puerta estrecha, para señalarnos que cuando vamos recargados de muchas cosas tendremos dificultades para entrar. Humildad para poder pasar por la puerta que es Cristo, pero desprendimiento porque no son esos apegos buenas señales de lo que significa seguir a Jesús, porque su puerta será siempre un camino para el amor.

Jesús es, pues, el Buen Pastor, una imagen siempre muy presente en la vida de la Iglesia y de los cristianos, de manera que en la arqueología cristiana la primera imagen en figura que encontramos como referencia a Jesús es la del Buen Pastor, ya allá en las catacumbas de Roma. Es el pastor que nos alimenta y nos da vida, es el pastor que camina delante de nosotros y no nos deja nunca solos, es el pastor que siente lástima cuando contempla a aquellas muchedumbres que andaban como ovejas sin pastor, es el Pastor que se hace pan para alimentarnos dándonos a comer su carne porque al mismo tiempo es el Cordero sacrificado que arrancar la muerte de nuestro mundo, porque nos dirá hoy en el evangelio que Él ha venido para darnos vida y la tengamos en abundancia.

    Como nos decía el apóstol Pedro en su carta que hoy escuchamos ‘andábais errantes como ovejas (sin pastor), pero ahora os habéis convertido al Pastor y guardián de vuestras almas… porque con sus heridas fuisteis curados’. Así queremos seguir a Jesús, así queremos escucharle porque Él es nuestra única puerta de salvación, así queremos alimentarnos de Él porque solo comiéndole podremos tener vida eterna.

sábado, 25 de abril de 2026

Llamados nos sentimos a dar testimonio ante los que nos rodean de la Buena Noticia de Jesús, alegría y paz para nuestra vida y salvación para todo el mundo

 




Llamados nos sentimos a dar testimonio ante los que nos rodean de la Buena Noticia de Jesús, alegría y paz para nuestra vida y salvación para todo el mundo

1Pedro 5, 5b-14; Salmo 88; Marcos 16, 15-20

Celebramos hoy a san Marcos, evangelista, decimos, o podemos decir también, el hombre del Evangelio. Es lo que nos ha dejado, su gran mensaje, el Evangelio de Jesús. Así comienza su relato, ‘comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios’, pero en el mismo sentido lo termina recordándonos el mandato de Jesús, ‘ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación’.

¿Qué es el evangelio? ¿Qué significa decir evangelio? Buena noticia. Cuando decimos evangelio de Jesús estamos diciendo ‘buena noticia de Jesús’, y Marcos nos está diciendo que es el Mesías, el Cristo (por eso se emplea la palabra Jesucristo), verdadero hombre – nos contará lo que hizo y lo que dijo, nos expresa todo lo que fue su existencia – pero al mismo tiempo nos está diciendo que es el Hijo de Dios. Buena noticia como nos dirá al final que hemos de proclamar a toda la creación; y concluirá diciéndonos que ‘ellos se fueron a predicar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban’. Quien ha recibido esa buena noticia no puede menos que comunicar, transmitir a los demás.

Es la consideración que nos está ofreciendo san Pedro en su carta, pidiéndonos humildad porque así nos hacemos gratos a Dios y Dios se nos manifestará. Es la acogida humilde que hemos de hacer a esa buena noticia de Jesús.  ‘Sed humildes bajo la poderosa mano de Dios, para que él, os ensalce en su momento…’ En El nos confiamos porque en El nos sentimos amados, es la gran noticia, el amor de Dios que nos tiene como hijos y cuenta con nosotros aunque no siempre seamos buenos hijos. Es el mejor y más hermoso regalo que podamos recibir. Lo necesitamos, porque nos sentimos débiles, lo necesitamos porque además nos vemos zarandeados por el maligno que nos tienta de mil maneras y quiere apartarnos del camino que hemos emprendida, que nos agobia con mil pensamientos y mil cosas que nos distraen o que nos pueden hacer perder la paz. Pero en el amor de Dios nos sentimos seguros. ‘Descargad en él todo vuestro agobio, porque él cuida de vosotros’.

Cuando experimentamos todo esto en nuestra vida ¿no nos vamos a sentir en paz? ¿No es esta una gran noticia para nosotros? Es la buena noticia de Jesús que llega a nuestra vida y nos llena de paz, como nos pone en camino de algo nuevo que hemos de vivir. ‘Y el Dios de toda gracia que os ha llamado a su eterna gloria en Cristo Jesús, después de sufrir un poco, él mismo os restablecerá, os afianzará, os robustecerá y os consolidará’, continúa diciéndonos el apóstol. Nos hemos de sentir fuertes en el Señor. Y con esa alegría tenemos que seguir anunciando esa buena noticia a los demás. No nos podemos callar.

Es el mensaje que yo estoy recibiendo en lo hondo de mi corazón en esta fiesta del Evangelista san Marcos que hoy celebramos. Como Él nosotros hemos de hacernos también mensajeros del evangelio, pero no como algo aprendido porque así nos lo hayan enseñado sino como algo vivido y experimentado en nuestro corazón. Miremos las diversas situaciones por las que habremos pasado a lo largo de nuestra vida, no siempre fáciles, también con nuestros agobios o momentos de decaimiento, como en otros momentos en que se ha hecho experiencia viva en nosotros ese amor de Dios. Como nos sigue diciendo el apóstol Pedro tenemos que ‘dar testimonio de que esta es la verdadera gracia de Dios’. Recordemos y reavivemos esas experiencias vivas de fe que hemos vivido en nuestra vida. De ello tenemos que ser testigos en medio del mundo.


miércoles, 15 de abril de 2026

Con qué seguridad caminamos dando nuestro testimonio de Jesús cuando nos sentimos tan amados de Dios que nos entregó a su Hijo Unigénito

 


Con qué seguridad caminamos dando nuestro testimonio de Jesús cuando nos sentimos tan amados de Dios que nos entregó a su Hijo Unigénito

Hechos 5, 17-26; Salmo 33; Juan 3, 16-21

A nadie le gusta que se conozcan nuestros errores; sean los que sean, nos equivocamos en nuestras apreciaciones ya buscaremos la forma de disimularlo, de justificarnos, de buscar causas culpables por otro lado que nos hayan podido llevar a ese error, pero nunca será por culpa nuestra; tenemos un tropiezo o cometemos un error en decisiones que habíamos de tomar y quizás hasta alguien pudo haber resultado perjudicado, ya buscaremos la forma de que eso se no se sepa, que no trascienda para no perder nosotros nuestro prestigio; y así en multitud de situaciones de nuestra vida donde huimos de la luz que pueda poner al descubierto nuestras cosas y nuestros fallos, dejando que se oscurezca la luz y sigan imponiéndose las tinieblas. ¿Qué es lo que realmente nosotros deseamos o buscamos? Tendríamos que analizar muchas cosas.

Pero hoy el evangelio nos está diciendo algo verdaderamente hermoso, que no tendríamos que olvidar nunca, y que desde esa confianza que se despierta en nuestro corazón tendríamos que reconocer mejor nuestros errores o nuestras tinieblas porque bien sabemos quien es el que nos puede sanar. No olvidemos que las páginas del evangelio no se cansan de repetirnos esos momentos en que Jesús va sanando a la gente. No es el milagrerismo lo que tenemos que buscar (vaya palabra me he inventado, pero que creo que nos entendemos) sino el amor de Dios que nos sana y que nos salva, que son los signos que Jesús va realizando.

‘Dios amó al mundo’, nos viene a decir el evangelio. Y tanto fue su amor que no paró hasta darnos, hasta entregarnos a su Hijo único. Aquí, podríamos decir, está la clave de nuestra fe como está la clave de todo el evangelio. Si es una buena noticia para nosotros es porque nos está diciendo cuánto es el amor que Dios nos tiene. Pero pareciera que no estamos muy convencidos, porque seguimos con nuestras dudas y con nuestra fe renqueante, porque seguimos sin terminar de entrar nosotros en esa onda de amor, y aunque decimos que amamos muchas veces nuestro amor es pobre y mezquino porque le ponemos tantas limitaciones, tantas condiciones que terminará de dejar de ser un amor como el que Dios nos tiene.

Por eso seguimos prefiriendo las tinieblas donde podemos hacerle esas trampas al amor; y no somos sinceros con nosotros mismos, ni somos leales con los demás. Esa sinceridad de nuestra vida que nos tendría que llevar a ser humildes, porque así reconocemos nuestra debilidad y nuestra torpeza, así tendremos que ver con claridad esos errores que tratamos de ocultar, pero así nos manifestaremos tal como somos delante de los demás, pero siempre reconociendo lo que ha hecho el amor de Dios en nosotros.

Es el amor que nos ha transformado, es el amor que nos hace entrar en ese mundo de verdad y de autenticidad, es el amor el que nos da fuerzas para levantarnos y a pesar de nuestras debilidades y hasta de la pobreza de nuestro espíritu comenzaremos a darnos por los demás, estaremos poniendo de verdad el amor en nuestras vidas. Entonces habrá luz, entonces no dejaremos reinar a las tinieblas, entonces nos sentiremos ese hombre nuevo que ha sabido renacer.

Y lo hermoso y lo grandioso es que Dios cuando nos ama así no ha venido al mundo para condenar al mundo; si nos ha entregado a su Hijo único es para que el mundo se salve por El, para que nosotros vivamos por El. Nos acercamos entonces sin temor a la luz para que se vea que nuestras obras están hechas según Dios, según los planes de Dios porque entramos en la órbita de Jesús, en la orbita del Evangelio que será siempre para nosotros una buena nueva de amor.

Con temblor y con cierto temor vamos nosotros tantas veces por la vida, pero cuando así nos sentimos amados de Dios se acabaron los temores, desaparecen para siempre esos temblores de nuestros miedos, porque con la fuerza del Espíritu de Jesús nos sentiremos siempre fuertes. Es lo que hemos visto en la primera lectura en la actitud y en las obras que realizaban aquellos primeros discípulos y los apóstoles que no podían callar ni obedecer ningún mandato humano porque tenían que proclamar la Buena Nueva de Jesús.

domingo, 12 de abril de 2026

Jesús resucitado llega a nosotros con su mensaje de paz y reconciliación, porque tocando nuestras heridas El nos sana y nuestro corazón se inunda de una alegría contagiosa

 


Jesús resucitado llega a nosotros con su mensaje de paz y reconciliación, porque tocando nuestras heridas El nos sana y nuestro corazón se inunda de una alegría contagiosa

Hechos 2, 42-47; Salmo 117; 1Pedro 1, 3-9; Juan 20, 19-31

Cómo nos cuesta confiar y creer, cómo nos cuesta mantenernos en la esperanza cuando todo parece negro y oscuro, como nos cuesta salirnos de la encerrona en la que a veces nosotros mismos nos hemos metido. Y es que esas negruras de la vida y esos pesimismos parecen una espiral que nos envuelve y por eso nos parece no tener salida. Algunas veces se nos oscurece la fe verdadera y parece que quisiéramos volver a nuestras rutinas de siempre que poco nos comprometen porque se pueden quedar en fachadas y en vanidades. Por eso qué difícil se nos hace encontrarnos con la pascua verdadera y dejar que de verdad impacte en nuestra vida, porque nos compromete y preferimos formalismos tradicionales que son como un hábito que hoy nos ponemos pero mañana nos podemos quitar para seguir como siempre.

¿Nos puede haber sucedido así una vez más en la celebración de la Pascua y en lo que fueron las celebraciones de la semana santa? Creo que tendría que ser como un análisis que tendríamos que hacer de nuestra vida para ver qué nos queda hoy a los ocho días de haber celebrado el día de Pascua, aunque litúrgicamente se haya prolongado en estos ocho días como si fuera una solo.

Hoy nos comienza diciendo el evangelio que los discípulos estaban reunidos en el cenáculo pero con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Es cierto que el comienzo del relato parte de lo que fue aquel primer día, pero al completar el relato que hoy se nos ofrece a los ocho días aún están en el mismo sitio. ¿Dónde estamos nosotros? Y el dónde no es hablar de un lugar sino de una situación, de cómo nos sentimos, de lo que hemos avanzado o no, de en qué se han quedado todas las celebraciones que la pasada semana vivimos. ¿Cómo era en el principio, o sea, antes de la pascua, y así vamos a seguir por los siglos de los siglos?

Creo que tenemos que detenernos a ver nuestra realidad para sentir cómo el Señor resucitado viene una y otra vez a nuestra vida. Como lo vemos hoy en este pasaje que nos narra dos manifestaciones de Cristo resucitado una y otra semana a los discípulos que aún seguían encerrados en el cenáculo. Son los miedos y cobardías, será nuestra incapacidad de dar un paso adelante, será que solo miramos y vemos muros a nuestro alrededor que nos cercan con su indiferencia o con su increencia, será que preferimos como Pedro quedarnos en lo alto del Tabor pero le tenemos miedo de bajar a la calle para al encontrarnos con los demás hacerles el anuncio que ha llenado nuestra vida, será que aún seguimos con una fe titubeante porque seguimos buscando pruebas, será que aun desde dentro seguimos ausentes o queriendo ir por nuestro lado, será porque seguimos sintiendo tantas heridas que siguen haciéndonos daño… pero Jesús nos sale al encuentro y nos ofrece su saludo de paz.

Pero con ese encuentro con Jesús sentiremos que ya no nos podemos callar, que tenemos que ofrecer esa paz, que tenemos que comenzar a ir regalando amor y perdón allá por donde vayamos. ‘Hemos visto al Señor’, como le dicen los discípulos al discípulo ausente. Y es que aquel discípulo ausente sigue pensando en heridas de manos y costado. ¿Qué heridas seguirán pesando sobre nosotros? Cuando Jesús de nuevo se les manifiesta están ya Tomás entre ellos a él se dirigirá Jesús ofreciendo las llagas de sus manos y de su costado para que venga a palparlas, a meter su dedo o su mano. ¿Será lo que nos está pidiendo también Jesús a nosotros hoy?

Jesús resucitado con su presencia les ha dejado el saludo de paz y la misión de la reconciliación al hacer el anuncio de la Buena Nueva por el mundo porque así es cómo se sentirán verdaderamente sanados. Tomás terminará confesando su fe porque en el encuentro con Jesús las heridas de su alma de la desconfianza y de dispersión se han comenzado a sanar. Cogidos de la mano de Jesús toquemos también directamente esas heridas que nosotros seguimos llevando en el alma para que encuentren curación. Aprenderemos a perdonarnos a nosotros mismos porque sentimos que el Señor nos perdona, pero aprenderemos también a perdonar a los demás y a todos llevar ese mensaje de reconciliación. ‘Dichosos los que sin haber visto han creído’, viene a decirle Jesús a Tomás. No habremos visto con los ojos de la cara, pero sí habremos sentido la presencia sanadora, salvadora de Jesús en nuestra vida y nos hemos tenido que sentir transformados.

Y es que sentimos la dicha, la felicidad, la alegría de la presencia de Jesús y es de lo que tenemos que dar testimonio a los demás. Y es que sentimos la alegría del amor, la satisfacción de darnos con generosidad y compartir; es que sentimos la dicha y la alegría de estar entre aquellos que se sienten amados de Dios y por eso mismo se aman y entran en la más hermosa de las comuniones. Entonces nuestra vida será distinta, la proclamación de nuestra fe la haremos con renovada alegría, el entusiasmo que sentimos será grande y contagiará a los que están a nuestro lado. Despertemos a esa alegría nueva, contagiemos la alegría de nuestra fe que está alimentada en el amor.


martes, 24 de marzo de 2026

Levantamos nuestra mirada a lo alto de la cruz para reconocer a Jesús, para reconocer y agradecer también el don de ser hijos de Dios que nos regala su salvación

 


Levantamos nuestra mirada a lo alto de la cruz para reconocer a Jesús, para reconocer y agradecer también el don de ser hijos de Dios que nos regala su salvación

Números 21, 4-9; Salmo 101; Juan 8, 21-30

Una pregunta que alguna vez en  la vida o quizás con más frecuencia nos hacemos es preguntarnos por nuestra identidad, ‘¿Quiénes somos?’, porque de alguna manera es preguntarnos por el sentido y por el valor de nuestra vida, pero de nuestra vida concreta, con sus propias circunstancias, con su propia historia, y acompañada ¿por qué?, por nuestros sueños que es en cierto modo lo que queremos que sea nuestra vida.

La pregunta puede parecer fácil, pero quizás no siempre sabemos responderla, porque nos podemos quedar en superficialidades, o nos costará tanto la respuesta que lo veamos todo oscuro y entonces sería como un andar en un sin sentido, o nos queremos engrandecer tanto que al final nos damos cuenta que tenemos los pies de barro y no podemos abarcar más de lo que realmente somos.  ¿Qué respuesta nos podemos dar?

Detrás de esa pregunta fundamental anda el pasaje del evangelio que hoy se nos ofrece. A los judíos a fin de cuentas les costaba entender quien era Jesús. Los propios discípulos hay muchos momentos en que dudan, no lo tienen tan claro, a pesar de aquel momento allá en Cesarea de Filipo cuando Jesús les pregunta por una parte lo que la gente dice de Él, pero luego más directamente lo que ellos piensan de Jesús. Se quedaron en tanto paralizados sin saber qué responder y como siempre sería Pedro el que tomaba la voz cantante para responder. Dará una respuesta que merece el elogio de Jesús, pero que también le dirá que si ha sido capaz de dar aquella respuesta no ha sido por sí mismo sino porque el Padre del cielo se lo ha revelado en el corazón.

En la confusión que se crea en la mente de los judíos entre decir que era un profeta o que era el Mesías, que era un simple galileo que en ninguna escuela rabínica había estudiado y todo cuanto decían en contra de Jesús los fariseos y principales dirigentes, la gente no sabe a qué quedarse. Es más, las palabras de Jesús algunas veces les crean confusión para las ideas que ellos tenían de lo que había de ser el Mesías. Ahora habla de una marcha en que le buscarán y no lo encontrarán pero habla también de una exaltación donde llegarían a conocer y reconocer quién es en verdad Jesús.

Y les habla Jesús que había de ser elevado a lo alto y allí lo reconocerían. Y hace comparación con aquello sucedido en el desierto cuando se rebelan contra Dios y contra Moisés pero una invasión de serpientes  pone en peligro sus vidas. Una serpiente de bronce había de ser levantada en algo para que aquellos que se arrepentían encuentren de nuevo la salud liberándose del veneno de aquellas serpientes.

Ahora dice Jesús que lo mismo que Moisés puso en alto aquella serpiente de bronce como un signo, así el Hijo del Hombre había también de ser levantado en algo y quienes ponen su fe en Él encontrarán la salvación. Precisamente porque estaban llenos de dudas y no terminaban de creer en la palabra de Jesús se sentían así de confusos. ‘Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues, si no creéis que Yo soy, moriréis en vuestros pecados’. Les costaba creer que les hablaba del Padre y que ahí estaba precisamente el sentido del Reino de Dios que Jesús les estaba anunciando.

Era necesario creer en Jesús, poner toda nuestra fe en Jesús, y al ser elevado a lo alto de la cruz llegaremos a comprender de verdad lo que es el amor, lo que significa la salvación que Jesús nos viene a traer. De quienes menos pensaban que podían hacer una hermosa confesión de fe, es de quien escuchamos ese reconocimiento de Jesús. Será el ladrón que está a su lado en el mismo suplicio el que le pedirá que se acuerde de él cuando llegue a su Reino; y será un centurión romano, en consecuencia un gentil, el que confesará la inocencia de Jesús o lo que es lo mismo la grandeza de Dios que allí aquella tarde del viernes se podía estar contemplando. Ya Jesús había dicho que los últimos serían los primeros.

Si comenzábamos nuestra reflexión pensando en quienes somos, que era algo más que una pregunta retórica, hemos terminado reconociendo en verdad quien es Jesús y el sentido de la salvación que nos ofrece; venimos a concluir también nuestra grandeza por la fe que tenemos en Jesús porque en Él hemos recibido el don de ser hijos de Dios, como nos decía ya Juan al principio de su evangelio.


martes, 17 de marzo de 2026

¿Sentiremos hoy nosotros que Jesús también se nos acerca y nos dice que si queremos curarnos o nos quedamos en nuestras angustias y soledades?

 


¿Sentiremos hoy nosotros que Jesús también se nos acerca y nos dice que si queremos curarnos o nos quedamos en nuestras angustias y soledades?

Ezequiel 47, 1-9. 12; Salmo 45; Juan 5, 1-16

Es una reacción que habremos escuchado muchas veces, o acaso nosotros cuando nos hemos visto en situaciones difíciles y problemáticas y no sabíamos cómo salir adelante también habremos pensado o dicho como una queja. ‘Nadie me echa una mano, nadie me ayuda, parece que las soluciones son para los más listos o los que tienen mejores padrinos…’ y así muchas lamentaciones más. ¿Qué estamos haciendo realmente para salir de ese mal paso? ¿Qué tipo de soluciones buscamos? ¿Cómo nos sentimos interiormente en nuestra soledad que nos hace sentirnos abandonados?

Jesús se acercó por aquella piscina en los aledaños del templo – era precisamente por donde eran entradas las ovejas y los animales que iban a ser sacrificados y aquella piscina estaba casi como un rito para aquellas purificaciones sagradas – pero en aquella piscina sucedía también algo extraño, pues sus soportales estaban plagados de enfermos, de paralíticos esperando poder entrar en el agua en un momento determinado para encontrar la sanación de sus miembros inválidos. Sentían como un movimiento milagroso de las aguas y todos corrían a meterse en la piscina esperando poder curarse. Allí estaba un hombre treinta y ocho años esperando.

Desapercibido Jesús y desapercibido aquel hombre en un rincón a causa de su minusvalía habrá un encuentro de vida y salvación. Muchas eran las negruras del corazón de aquel hombre tantos años abocado al fracaso. ‘¿Quieres curarte?’, es la pregunta de Jesús. Y vienen las quejas y la amargura, otros se me adelantan inmisericordes porque yo no tengo a nadie que me ayude. Es también la tragedia de su soledad, no tiene a nadie. Es su imposibilidad, por algo está allí, pero es también su soledad, que todo lo vuelve negro para él. Ni reconoce a Jesús ni tiene tampoco noticias de Él.

¿Por qué alguien ahora viene a interesarse por mí? Quizás sea la pregunta que en su interior también puede hacerse. Porque esas amarguras del alma también nos vuelven desconfiados. Nos han aislado, pero también nosotros nos aislamos; tenemos unas barreras pero nosotros con nuestros resabios y desconfianzas ponemos otras. ¿No es de alguna manera normal sentirse mal con todo el mundo cuando así nos vemos abandonados y nadie cuenta con nosotros o nadie se interesa por nosotros? puede ser parte de la raíz de tantas acritudes que nos encontramos en la vida; fijémonos en los rostros de aquellos con los que nos cruzamos por el camino, miremos su sorpresa llena de interrogantes si acaso nosotros los saludamos cuando a su paso a nuestro lado no esperaban ese saludo; miremos como la gente va encerrada en su mismo y en sus cosas y ni presta atención con el que se cruza en la acera de la calle. ¿No tendremos acaso que romper esa espiral en la que nos vemos envueltos porque al final nosotros estamos haciendo lo mismo?

Aquel día Jesús rompió esa espiral con aquel hombre que tanto tiempo había estado junto al agua, pero no había podido encontrar el agua viva que lo salvara. Y allí estaba Jesús que venía a ofrecer esa agua. ‘Si conocieras el don de Dios le pedirías tú esa agua al que ahora parece que tiene sed’, le decía Jesús a la samaritana junto al pozo de Jacob. Y para eso está allí ahora Jesús. ‘Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’, le dirá Jesús.

¿Sentiremos hoy nosotros que Jesús también se nos acerca y nos dice que si queremos curarnos? Viene a ofrecernos el agua viva, viene a ser la luz que disipe tantas tinieblas de nuestro corazón, viene a traernos la paz frente a tantas amarguras o tantas distancias que nos hemos fabricado en la vida; El es la resurrección y la vida para liberarnos de tantas muertes que hay en nosotros; es la pascua, el paso salvador del Señor por nuestra vida.

Pero no olvidemos también que es lo que nosotros hemos de ofrecer a ese mundo que nos rodea y que ya no sabe que agua buscar, cuál es la luz que necesita, o que prefiere seguir viviendo en su muerte – si es que eso se llama vivir – porque cuesta mucho arrancarse de tantas esclavitudes y dependencias en las que hemos envuelto nuestra vida.

sábado, 10 de enero de 2026

La Buena Nueva del Evangelio sigue siendo buena noticia de salvación hoy, no una utopía que nos confunde y adormece sino una nueva realidad para nuestra vida

 


La Buena Nueva del Evangelio sigue siendo buena noticia de salvación hoy, no una utopía que nos confunde y adormece sino una nueva realidad para nuestra vida

1Juan 4, 19–5, 4; Salmo 71; Lucas 4, 14-22a

Quien va por la vida arrastrando una pesada carga si encuentra en el camino un alma caritativa y generosa que quita de sobre sus hombros tal tormento se sentirá liberado es cierto pero sobre todo va a comenzar a creer en la bondad de los hombres cuando alguien sin pedirle cuentas le ha ayudado a liberarse de su peso.

Este pensamiento de entrada nos puede parecer muy utópico, sobre todo desde esas negruras sin esperanza en las que vivimos muchas veces, pero lo podemos ver palpable en gestos materiales que siempre nos encontramos en aquellos que siempre están dispuestos a ayudar; serán los trabajos que algunas veces se nos convierten en esclavizantes por la manera de plantearlos, la dureza de la vida del campo, el trabajo duro de quien trabaja en una mina, por ejemplo, trabajos que nos roban todo el tiempo o angustias de los que aun con todo el esfuerzo que hacen sienten que no pueden salir de sus amargas situaciones. Encuentran a alguien que les echa una mano y seguro que se lo agradecerán, como solemos decir, eternamente.

Pero son también otros agobios que sufrimos en la vida, problemas que se acumulan, enfermedades que nos destruyen no solo nuestro cuerpo sino también nuestra estabilidad emocional y la de los que conviven con nosotros, esperanzas que se pierden, situaciones de la sociedad que no sabemos qué rumbo toman, materialismo de la vida que contemplamos a nuestro alrededor donde parece que el dinero y la riqueza la solucionan todo, gente que camina sin rumbo ni sentido y solo buscan un placer efímero que quizás les haga olvidar sus otros sufrimientos. ¿Encontraremos una salida válida a todas estas situaciones que vivimos o que nos encontramos a nuestro alrededor?

Nos hace falta una palabra de aliento, un gesto que despierte la esperanza, algo que ponga una ilusión nueva en nuestro espíritu para poder seguir manteniendo la lucha y la búsqueda de caminos. Algo tiene que despertarnos, alguien tendrá que ser quien ponga una nueva luz en nuestra vida. ¿Dónde encontrar esa salvación?

En estos días en que estamos culminando la Navidad la liturgia nos va ofreciendo diversos textos de la Palabra que nos ayudan a descubrir quién es en verdad Jesús para nosotros y la esperanza que pone en nuestra vida. Hoy ya en este penúltimo día del tiempo de la navidad que concluirá mañana con la celebración del Bautismo de Jesús, el evangelio un poco se nos adelante y nos presenta a Jesús predicando por los distintos lugares de Galilea y en esta ocasión visita su pueblo de Nazaret.

Acude el sábado a la sinagoga según costumbre y es Jesús quien hace la proclamación de la lectura de la ley y los profetas. En este caso será un texto de Isaías que habla de quien viene lleno del espíritu de Dios para proclamar el año de gracia del Señor. ‘Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír’, es todo el comentario que hace Jesús. Allí está la buena noticia que va a ser anunciada a pobres y oprimidos, el anuncio de liberación y de salvación. Ese mundo lleno de sombras va a encontrar una luz y esa luz la encontraremos en Jesús. En Él se cumplen esos anuncios de la Escritura, de los profetas.

¿Qué viene a ofrecernos Jesús? Que encontremos esa verdadera liberación de nuestras vidas porque encontremos ese sentido nuevo de vivir; quiere para nosotros la mayor dignidad y grandeza, no podemos seguir dejándonos oprimir, pero no hemos de pensar en la opresión que otros podrán hacer sobre nosotros, sino en esas cosas que llevamos dentro de nosotros con nuestra maldad o con nuestra desorientación que nos hacen sufrir, que nos hacen sentirnos agobiados, que nos hacen caminar sin esperanzas, que nos atan demasiado a estos placeres de aquí abajo que al final nos dejarán vacíos o hastiados.

Jesús quiere ponernos en pie, que dejemos de arrastrarnos de la manera que hacemos detrás de nuestras pasiones, nuestras ambiciones o nuestros materialismos. Nos habla de que los cojos podrán caminar, que los ciegos tendrán luz en sus ojos, que los sordomudos podrán hablar y escuchar. Jesús quiere sanarnos desde lo más hondo de nosotros mismos, porque muchas veces seguimos acumulando resentimientos y heridas mal curadas que a la larga nos hacen sufrir a nosotros mismos. Jesús quiere otra vida para nosotros, otro sentido para nuestro mundo y para nuestra sociedad, otra grandeza y dignidad porque seamos nosotros mismos y nos sintamos engrandecidos desde lo más hondo de nuestro interior.

Es lo que hoy nosotros también necesitamos escuchar. Es lo que nos tiene que hacer despertar de este sonambulismo en que vivimos. La Buena Nueva del Evangelio sigue siendo una buena noticia de salvación para nosotros hoy y para nuestro mundo. Escuchémosla y anunciémosla dando testimonio de que en verdad podemos vivir una vida nueva. El evangelio no es una utopía que nos confunde y nos deja adormecidos, sino una realidad nueva para nuestro vivir.


miércoles, 24 de diciembre de 2025

Preparémonos en estos últimos momentos para dar señales de que recibimos la visita de nuestro Dios con su misericordia y salvación para el hombre y el mundo de hoy

 


Preparémonos en estos últimos momentos para dar señales de que recibimos la visita de nuestro Dios con su misericordia y salvación para el hombre y el mundo de hoy

2Samuel.7, 1-5. 8-11.16; Sal. 88; Lucas 1, 67-79

Estamos en la mañana del último día del Adviento y aunque ya todo nos trae como en adelante la música que va a sonar en esta próxima noche, que llamamos nochebuena por el nacimiento de Jesús me quedo aun en el texto que nos ofrece la liturgia en esta mañana que viene a culminar todo lo que ha sido la inmediatez del nacimiento de Jesús con el cántico de Zacarías tras el nacimiento de Juan.

Todo son bendiciones y alabanzas de la misma manera que estos días nos adelantamos con felicitaciones navideñas por lo que vamos a celebrar. Proféticamente siente Zacarías todo lo que significa el nacimiento de su hijo al que ha querido llamar Juan. Recordamos cómo las gentes se preguntaban qué iba a ser de aquel niño por todo cuanto en su nacimiento estaban contemplando. ‘El Señor, Dios de Israel, ha visitado y redimido a su pueblo’ proclama el sacerdote Zacarías. Lo anunciado por los profetas tiene su cumplimiento, ‘según lo predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas… ha suscitado una fuerza de salvación, que nos libra de nuestros enemigos’, con la que se realiza la misericordia de Dios que siempre se había manifestado con su pueblo, recordando la santa Alianza.

Bendice Zacarías a Dios, en cuya presencia se siente, de cuya misericordia se siente envuelto; Dios también había puesto sus ojos en él y el que Dios escuchara su oración, como le había dicho el ángel cuando la ofrenda del incienso allá en el templo era una manifestación de la misericordia divina; no eran sus méritos sino el amor misericordioso de Dios el que le había dado aquel hijo que iba a ser ‘el profeta del Altísimo’ para ir delante del Señor preparando sus caminos, anunciando al pueblo la salvación y el perdón de los pecados.

‘Por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz’.

¿Será eso en verdad lo que bulle en nuestro corazón en esta inmediatez de la celebración de la Navidad? Así tenemos nosotros que estar cantando y bendiciendo a Dios. Ese era el sentido tan bonito que tenían aquellas misas de luz que en esta semana inmediata a la nochebuena celebrábamos con tanta alegría en nuestros pueblos en otros tiempos. Ese canto del primer villancico anunciando el nacimiento de Jesús en Belén que sonaba en nuestras noches o en nuestras madrugadas llamando a las misas de Luz era algo muy hermoso que por la imposición de las carreras de la vida moderna hemos pedido, al menos en mi tierra. Sé como en otros lugares se conservan las posadas para recordar esa peregrinación de María y José hasta Belén, o las novenas del niño Dios como ambientación y preparación de las familias y los vecinos que se celebran en algunos sitios son cosas bien hermosas.

Nos queda prepararnos y no solo estar preocupados por la cena familiar y la fiesta, con todo el sentido bonito que puede tener, o los regalos que ahora nos trae un viejito vestido de rojo, sino pensar en el gran regalo que vamos a recibir en esta próxima noche si en verdad dejamos que Jesús nazca en nuestro corazón y con ello nazca más y mejor en nuestro mundo.

¿Qué señal vamos a dar de que recibimos la visita de nuestro Dios que llega a nosotros con su misericordia y su salvación?

sábado, 20 de diciembre de 2025

Como María hemos de sentirnos agraciados de que Dios quiere contar con nosotros para seguir haciéndose presente en nuestro mundo

 


Como María hemos de sentirnos agraciados de que Dios quiere contar con nosotros para seguir haciéndose presente en nuestro mundo

Isaías 7, 10-14; Salmo 23; Lucas 1, 26-38;

Ya me las arreglo yo. Lo habremos dicho en más de una ocasión en que alguien se ha ofrecido a ayudarnos a realizar aquel trabajo, a sacar adelante aquel proyecto en el que hemos puesto mucha ilusión, pero queremos hacerlo por nosotros mismos, mostrar que somos capaces y podemos, ¿quizás no queremos estar agradecidos porque otros nos echaron una mano y pudimos sacarlo adelante? Tengo un amigo que siempre anda agobiado por todo el trabajo que tiene; es cierto que es un trabajo fruto de sus ideas y su ingenio, pero sería un trabajo en que echar mano de otras personas que realicen su parte y entre todos, en equipo, podrían incluso sacarlo mejor adelante. Pero quiere hacerlo él porque piensa que al fin todo luego tiene que pasar por su supervisión. Y no hay manera. Pero sucede en muchas cosas y aspectos de la vida y a muchas personas.

Por lo que hoy escuchamos en el evangelio parece que Dios no quiere trabajar de esa manera en solitario. Quiere contar con nosotros, quiere contar con esa humanidad que ha creado y por la que lo está haciendo todo cuando nos ofrece un camino de salvación.

¿No es eso lo que realmente estamos escuchando en el evangelio hoy? Dios, que desde siempre había prometido un salvador, promesa repetida a través de los profetas – colaboradores de Dios, también tendríamos que decir - a lo largo de todos los tiempos cuando llega el momento de la plenitud de los tiempos quiere contar con María. Lo hemos escuchado hoy en el evangelio, el ángel del Señor viene de parte de Dios, podíamos decir, que a pedir el consentimiento de María.

Nos conocemos más que bien el diálogo pues es un pasaje del evangelio escuchado un millón de veces. Viene el Ángel del Señor a ofrecerle a María el plan de Dios. Dios se ha fijado en ella, quiere contar con ella para encarnarse en sus entrañas. Aun con las ansias de todo buen judío de la pronta venida del Mesías – esa era su súplica constante – pareciera que a María se le trastocan todos sus planes. María medita, considera, duda y pregunta, pero María se siente en las manos de Dios. Se siente superada en todos los sentidos por el Misterio que siente que la inunda. Luego cantará en su acción de gracias que el ‘poderoso se ha fijado en la pequeñez de su esclava y ha realizado obras grandes’, pero María dirá sí al plan de Dios. ‘Aquí está la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra’, responderá finalmente al ángel.

Estamos escuchando y meditando este evangelio ya en la cercanía de la Navidad. Poder celebrar la Navidad del Señor es una gracia de Dios, es un regalo del Señor. Tenemos que sentirnos agraciados, como María se sentía agraciada porque Dios había puesto sus ojos en ella. ‘Has hallado gracia ante Dios’, le dice el ángel. Igualmente nosotros tenemos que decir, porque Navidad significa que Dios sigue pensando en nosotros que en nosotros quiere hacerse presente. Ya nos dirá el evangelio en otro lugar que ‘tanto amó Dios al mundo que nos entregó a su Hijo Unigénito’. Es el amor que Dios nos sigue teniendo y al que hemos de corresponder, es la gracia que Dios quiere tener con nosotros por la que en verdad tendríamos que sentirnos más agradecidos.

Pensar en todo esto nos tiene que hacer reflexionar sobre nuestra manera de celebrar la Navidad. Porque cuidado que celebremos navidad pero sin Navidad; celebremos navidad porque nos metamos en ese ambiente de fiesta, de luces, de adornos, de fiestas pero realmente no estemos dejando a Dios hacerse presente en nuestra vida. ¿Cuántas veces celebramos una fiesta de navidad muy familiar y de mucha alegría pero en ningún momento hemos tenido un tiempo para considerar el misterio que estamos celebrando? Nos hace mucha más gracias la llegada del papá Noel con sus regalos, que el Dios que viene a morar en nosotros y con nosotros dándonos el mejor regalo de su amor.

¿En verdad nos sentiremos agraciados de Dios al celebrar Navidad, más llenos de la gracia de Dios para hacerlo más presente en nuestra vida y nuestro mundo? Habría que ponerse a pensar. De muchas maneras querrá hacerse presente en nuestra vida, dejémonos sorprender porque nos podrá llegar de la forma que menos pensemos. Y no olvidemos que Dios quiere contar con nosotros y en nosotros realizará cosas grandes.

viernes, 19 de diciembre de 2025

Abramos los ojos de nuestra fe para saber descubrir la acción de Dios en nosotros y para bien de nuestro mundo porque a través nuestro, hará llegar también esa luz a todos

 


Abramos los ojos de nuestra fe para saber descubrir la acción de Dios en nosotros y para bien de nuestro mundo porque a través nuestro, hará llegar también esa luz a todos

Jueces 13, 2-7. 24-25ª; Salmo 70; Lucas 1, 5-25

Dios va poniendo hitos, acontecimientos en nuestra vida que nos sorprenden pero ante los cuales hemos de saber tener la humildad para dejarnos sorprender en primer lugar, pero también saber confiar y esperar para descubrir lo que Dios nos quiere descubrir, la misión que quizás nos confía y la paciencia de la esperanza, aunque quizás signifique larga espera, porque los planes de Dios se realizarán.

En medio de la situación difícil que está viviendo entonces el pueblo de Dios acosado por los filisteos, pueblo entre el que vivían, Dios se manifiesta a una mujer sencilla y humilde del pueblo a la que le está pidiendo su colaboración porque el hijo que engendrará en sus entrañas se va a convertir en un juez de salvación para su pueblo. La mujer se siente sorprendida pero la mujer quiere creer en la Palabra escuchada y deja actuar a Dios en su vida.

Sorpresa la del anciano sacerdote Zacarías que recibe la visita del ángel del Señor para anunciarle que su oración será escuchada y tendrá un hijo. Pareciera que las esperanza de aquellos ancianos ya se había consumida como sus cuerpos a causa de su edad y porque no pareciera que Dios escuchara sus súplicas. Aunque se siente probado y en principio le cuesta aceptar se deja conducir por el plan de Dios. Será el nacimiento de aquel que ‘irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto’.

Cuando nos faltan pocos días ya para la celebración del nacimiento de Jesús los textos de la Palabra de Dios que se nos van ofreciendo en esta semana nos irán ayudando para que cultivemos en nosotros unas virtudes y unas actitudes para que le lleguemos a dar el mejor sentido a nuestra navidad. Es la navidad hoy que no es solo un recuerdo y una conmemoración, porque ha de ser sentir que Dios viene hoy a nuestro encuentro en nuestra vida concreta. Si no lo hacemos así tendremos bonitas fiestas con muchas luces, mucha alegría bulliciosa, buenas comidas y muchos regalos, pero no habremos llegado a sentir el mejor regalo que será Dios presente en nuestra vida.

Esa vida nuestra con sus luces y con sus sombras, con sus angustias y preocupaciones, con nuestras dudas aunque también con nuestros buenos deseos que quizás se quedan en el mundo de los sueños, con los problemas que nos van surgiendo en el día a día de nuestra vida y con sus contratiempos, con cosas que nos suceden que nos pueden resultar incluso desagradables, con esas tristezas que muchas veces por distintas razones nos envuelven quizás todas muy lógicas pero sin embargo parece que nos quitan ilusión y esperanza a la vida. Pero Dios quiere venir a nosotros, que lo sintamos ahí donde estamos y cómo estamos, para que se renueve nuestra confianza, renazca de verdad nuestra fe, se nos vuelvan a iluminar los ojos, no dejemos de sentir paz en nuestro espíritu y nuestro corazón.

Como hemos escuchado hoy en los textos de la Palabra de Dios dejémonos sorprender. Tengamos confianza, mantengamos la esperanza aunque la espera algunas sea larga y hasta dolorosa, sigamos con nuestra súplica confiada porque el Señor escucha nuestra oración, nuestras súplicas, nos da su fortaleza, ilumina nuestra vida aunque muchas veces no sepamos por donde nos llega esa luz, porque Dios actúa a través de los acontecimientos, a través de las personas que están a nuestro lado, a través del testimonio bueno de tantos.

Abramos los ojos de nuestra fe para saber descubrir esa acción de Dios en nosotros y para bien de nuestro mundo. No es para nosotros solos para quienes quiere Dios actuar a través nuestro, sino que así hará llegar también esa luz al mundo que nos rodea.