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sábado, 25 de abril de 2026

Llamados nos sentimos a dar testimonio ante los que nos rodean de la Buena Noticia de Jesús, alegría y paz para nuestra vida y salvación para todo el mundo

 




Llamados nos sentimos a dar testimonio ante los que nos rodean de la Buena Noticia de Jesús, alegría y paz para nuestra vida y salvación para todo el mundo

1Pedro 5, 5b-14; Salmo 88; Marcos 16, 15-20

Celebramos hoy a san Marcos, evangelista, decimos, o podemos decir también, el hombre del Evangelio. Es lo que nos ha dejado, su gran mensaje, el Evangelio de Jesús. Así comienza su relato, ‘comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios’, pero en el mismo sentido lo termina recordándonos el mandato de Jesús, ‘ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación’.

¿Qué es el evangelio? ¿Qué significa decir evangelio? Buena noticia. Cuando decimos evangelio de Jesús estamos diciendo ‘buena noticia de Jesús’, y Marcos nos está diciendo que es el Mesías, el Cristo (por eso se emplea la palabra Jesucristo), verdadero hombre – nos contará lo que hizo y lo que dijo, nos expresa todo lo que fue su existencia – pero al mismo tiempo nos está diciendo que es el Hijo de Dios. Buena noticia como nos dirá al final que hemos de proclamar a toda la creación; y concluirá diciéndonos que ‘ellos se fueron a predicar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban’. Quien ha recibido esa buena noticia no puede menos que comunicar, transmitir a los demás.

Es la consideración que nos está ofreciendo san Pedro en su carta, pidiéndonos humildad porque así nos hacemos gratos a Dios y Dios se nos manifestará. Es la acogida humilde que hemos de hacer a esa buena noticia de Jesús.  ‘Sed humildes bajo la poderosa mano de Dios, para que él, os ensalce en su momento…’ En El nos confiamos porque en El nos sentimos amados, es la gran noticia, el amor de Dios que nos tiene como hijos y cuenta con nosotros aunque no siempre seamos buenos hijos. Es el mejor y más hermoso regalo que podamos recibir. Lo necesitamos, porque nos sentimos débiles, lo necesitamos porque además nos vemos zarandeados por el maligno que nos tienta de mil maneras y quiere apartarnos del camino que hemos emprendida, que nos agobia con mil pensamientos y mil cosas que nos distraen o que nos pueden hacer perder la paz. Pero en el amor de Dios nos sentimos seguros. ‘Descargad en él todo vuestro agobio, porque él cuida de vosotros’.

Cuando experimentamos todo esto en nuestra vida ¿no nos vamos a sentir en paz? ¿No es esta una gran noticia para nosotros? Es la buena noticia de Jesús que llega a nuestra vida y nos llena de paz, como nos pone en camino de algo nuevo que hemos de vivir. ‘Y el Dios de toda gracia que os ha llamado a su eterna gloria en Cristo Jesús, después de sufrir un poco, él mismo os restablecerá, os afianzará, os robustecerá y os consolidará’, continúa diciéndonos el apóstol. Nos hemos de sentir fuertes en el Señor. Y con esa alegría tenemos que seguir anunciando esa buena noticia a los demás. No nos podemos callar.

Es el mensaje que yo estoy recibiendo en lo hondo de mi corazón en esta fiesta del Evangelista san Marcos que hoy celebramos. Como Él nosotros hemos de hacernos también mensajeros del evangelio, pero no como algo aprendido porque así nos lo hayan enseñado sino como algo vivido y experimentado en nuestro corazón. Miremos las diversas situaciones por las que habremos pasado a lo largo de nuestra vida, no siempre fáciles, también con nuestros agobios o momentos de decaimiento, como en otros momentos en que se ha hecho experiencia viva en nosotros ese amor de Dios. Como nos sigue diciendo el apóstol Pedro tenemos que ‘dar testimonio de que esta es la verdadera gracia de Dios’. Recordemos y reavivemos esas experiencias vivas de fe que hemos vivido en nuestra vida. De ello tenemos que ser testigos en medio del mundo.


jueves, 25 de abril de 2024

Urgencia de la Buena Noticia que tenemos que comunicar al mundo cuando les hablamos de Jesús en quien todos encontramos la Salvación

 


Urgencia de la Buena Noticia que tenemos que comunicar al mundo cuando les hablamos de Jesús en quien todos encontramos la Salvación

1Pedro 5, 5b-14; Salmo 88; Marcos 16, 15-20

Qué reconfortante es el llevar una buena noticia a quien la está esperando con ansiedad; parece como si en la vida fuéramos más portadores de malas noticias que de buenas; sucede cualquier accidente y la noticia corre como reguero de pólvora, pronto todos tienen noticia de ello; hay algo que le hace daño a alguien que quizás, por los motivos que sea, no nos cae bien, y qué pronto estamos para comentarlo, para hacer que todos se enteren, para hacer leña del árbol caído. Y parece que las buenas noticias, o las noticias de cosas buenas no tienen tanto eco, porque además parece como que nos gustara meter las narices en la basura y si podemos expandir su desagradable olor.

Pero nosotros estamos llamados a dar buenas noticias; estamos obligados y sería lo más reconfortante que podríamos hacer. Y es que este mundo en el que vivimos necesita de buenas noticias; todo es hablar de guerras y de muertes, de violencias y de corrupciones, de noticias de cosas desagradables y de calamidades de la naturaleza. Pero es que detrás de todo eso contemplamos un mundo de angustias y desesperanzas, un mundo de tristezas, sufrimientos y agobios, un mundo que se vuelve insolidario e injusto porque quizás desde la situación en que vive lo que hace es encerrarse en sí mismo algunas veces parece que como autodefensa, un mundo que parece que ha perdido la ilusión y lo ve todo turbio y oscuro.

Es un mundo que necesitaría una buena noticia, que todo eso puede cambiar, que en verdad podemos hacer un mundo nuevo, que puede renacer de nuevo la esperanza en los corazones, que podemos recuperar la alegría de la vida, que podemos hacer que las cosas sean distintas, que alguien ha venido a romper esa inercia de la vida donde nos vamos dejando arrastrar, pero que ahora podemos hacer las cosas de otra manera, que ese mal ha sido vencido y que la muerte no tiene el dominio de la victoria.

Es lo que nosotros los cristianos tenemos que transmitir, es la buena noticia que nosotros tenemos que dar cuando hablamos de Jesús, cuando hablamos del evangelio, o sea esa Buena nueva de Jesús que instaura un mundo nuevo, un reino nuevo que es el Reino de Dios. En verdad, nos decimos creyentes, pero ¿realmente creemos en esa Buena Noticia que tendríamos que dar? Porque si lo ponemos en duda, tengamos en cuenta que estamos poniendo en duda nuestra fe, porque estamos poniendo en duda el Evangelio de Jesús. Es muy serio esto que estoy diciendo y es algo que tendríamos que planteárnoslo de verdad desde lo más hondo de nosotros mismos. ¿Nos llamamos o no cristianos?

Hoy estamos, en medio de este camino pascual, celebrando la fiesta de san Marcos, evangelista. Efectivamente esa fue su misión, el anuncio del Evangelio. No solo porque nos haya trasmitido ese texto que llamamos precisamente el evangelio de san Marcos y por eso lo llamamos evangelista. Fijémonos en el comienzo y en el final de este evangelio de san Marcos. Comienza diciéndonos que nos va a trasmitir una buena noticia. Esas son sus primeras palabras, ‘comienzo del evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios’. Con ello nos lo está diciendo todo. Luego en esos diez y seis capítulos nos lo irá describiendo. Pero, ¿cómo termina? Con el mandato de Jesús. ‘Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación… y ellos fueron a predicar por todas partes y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban’.

¿No es, pues, una buena noticia la que nosotros tenemos que llevar a todo el mundo, ese mundo que hemos descrito anteriormente con sus angustias, sus sufrimientos, sus desesperanzas? La buena noticia de algo bueno tenemos que comunicar, tenemos que trasmitir. Es la urgencia que tenemos que sentir en el corazón. ‘¡Ay de mí si no evangelizara!’ que decía el apóstol san Pablo.


martes, 25 de abril de 2023

Marcos supo transmitir la buena noticia de Jesús, el Hijo de Dios, sepamos transmitirla nosotros con nuestras palabras y sobre todo con el testimonio de nuestra vida

 


Marcos supo transmitir la buena noticia de Jesús, el Hijo de Dios, sepamos transmitirla nosotros con nuestras palabras y sobre todo con el testimonio de nuestra vida

1Pedro 5, 5b-14; Sal 88; Marcos 16, 15-20

Quien guarda en su interior la experiencia de algo maravilloso que le ha sucedido en la vida, no podrá aguantarse hasta que se lo comunique a los demás. Todos en alguna ocasión hemos visto a alguien que ha llegado a nuestro lado y anda como inquieto y al mismo tiempo se nota en su rostro como un aura con su sonrisa de que algo le ha pasado y seguramente le habremos dicho, anda, suéltalo ya, cuéntame eso que me quieres decir. Notábamos que llevaba algo dentro que como que le quemaba si no lo decía y andaba buscando palabras u ocasión para soltar como una explosión desbordante lo que le quemaba en su interior.

Me pregunto si en verdad nosotros los cristianos llevamos ese fuego interior que se quiere desbordar porque sentimos que tenemos que comunicar lo que nosotros estamos viviendo por dentro. Triste es que muchas veces parece que ese fuego se ha apagado o no ha terminado de arder con fundamento dentro de nosotros. 

¿Le daremos en verdad importancia al evangelio en que creemos, a la fe que decimos que tenemos, a lo que significa la presencia de Jesús en nuestra vida? Triste que se nos apague ese fuego y cuando vamos al encuentro con los demás no tengamos de qué hablar, no seamos capaces de hablar, de trasmitir esa fe que tendría que animar nuestra vida.

Hoy hemos escuchado lo que es el final del evangelio de san Marcos, precisamente cuando estamos celebrando la fiesta de este evangelista. Nos transmite el evangelista la buena nueva de la resurrección del Señor, e inmediatamente vienen las palabras de Jesús enviándonos por todo el mundo para anunciar ese evangelio, para anunciar esa buena nueva. ‘Se apareció Jesús a los once y les dijo: ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará…’ No podía ser menos, se ha encontrado con Jesús resucitado y tendrán que salir a comunicarlo.

‘Ellos se fueron a predicar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban’. ¿No tendrán que ser también esas las señales que tienen que acompañar la vida de los cristianos en el cumplimiento del mandato de Jesús de anunciar el evangelio?

Es la palabra de la salvación que a todos ha de abarcar. Pero ha sido una palabra que nos transforma. Por eso ya nuestra presencia en medio del mundo va a ser distinta. Transformados nosotros nos convertimos en signos de renovación en medio de nuestro mundo. Inundados por ese amor del Señor que nos salva, toda nuestra vida será amor, en obras de amor nos vamos a ir manifestando, el mal se va venciendo, la vida va comenzando a brillar de una forma nueva. 

Nos habla de que los enfermos se curan y los muertos resucitan, porque ya nuestra presencia para siempre tiene que ser signo de vida. La muerte y el mal han sido derrotados y las penas y las angustias se transformarán en paz y en alegría porque va a comenzar a tener un brillo especial el amor.

Son los milagros que tenemos que ir realizando día a día. No serán cosas portentosas y extraordinarias, sino que extraordinaria será la intensidad que le vamos dando a la vida desde las cosas más pequeñas. Comenzarán a brillar con un brillo nuevo los pequeños detalles de ternura y de solidaridad, de cercanía a los demás sea cual sea la situación que vivan, de ilusión y de esperanza que vamos despertando desde ese amor que vamos compartiendo, desde esa responsabilidad con que nos vamos tomando la vida, desde esa nueva sintonía que queremos mantener con todos los que nos rodean.

Esa presencia nuestra transformada por la fe y el amor hará que contagiemos nuestro mundo de un perfume nuevo donde todos sintamos más agradable la vida y donde aprenderemos a hacernos felices los unos a los otros. 

Es el anuncio de evangelio que vamos haciendo con nuestra vida, es como vamos haciendo más presente a Dios en ese mundo que vivimos y en las personas que nos rodean, es como desde ese evangelizar vamos haciendo despertar los corazones para que busquen a quien descubren que es la causa de nuestra alegría y lleguen a encontrarse con Jesús y con el evangelio.

Creo que es el compromiso que tiene que nacer en nuestros corazones cuando hoy estamos celebrando la fiesta de san Marcos evangelista. Supo transmitir la buena noticia de Jesús, el Hijo de Dios, sepamos transmitirla nosotros con nuestras palabras y sobre todo con el testimonio de nuestra vida.


lunes, 25 de abril de 2022

Tenemos la fuerza del Espíritu de Cristo resucitado está con nosotros con la seguridad de que transmitimos vida llevando salud y salvación a nuestro mundo

 


Tenemos la fuerza del Espíritu de Cristo resucitado está con nosotros con la seguridad de que transmitimos vida llevando salud y salvación a nuestro mundo

1Pedro 5, 5b-14; Sal 88; Marcos 16, 15-20

‘Ellos se fueron a predicar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban’. Son las palabras finales del evangelio de san Marcos, a quien hoy estamos celebrando. Es por lo que rompemos de alguna manera el ritmo de los textos de la Escritura que vamos escuchando en el tiempo pascual en el que estamos, para ofrecernos este texto del evangelio de san Marcos; en la coincidencia, por otra parte, que es parte este texto del que escuchamos en el pasado sábado.

Se ha escogido litúrgicamente este texto en la fiesta de san Marcos, por ser del evangelio que él nos transmitió, y por el envío que Jesús hace de sus discípulos a ir por todo el mundo anunciando el evangelio. ‘ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos’.

Un anuncio de la Buena Noticia de Jesús para despertar la fe en aquellos a los que se hace este anuncio. Cómo nos dirá el apóstol san Pablo en alguna de sus cartas ¿Cómo van a creer si no se les anuncia la Buena Noticia? La Buena Noticia de Jesús nos llegará desde el testimonio de quienes han puesto su fe en El, pero también de esa palabra pronunciada para anunciar el nombre de Jesús. Una palabra, es cierto, que tiene que ir acompañada por el testimonio de una vida.

Y es aquí donde nos surge la pregunta que nos interpela. ¿Es nuestra vida en verdad un testimonio que se hace anuncio? La Palabra que pronunciamos y queremos anunciar ¿va seriamente acompañada por el testimonio de nuestra vida? Necesariamente tiene que haber una interrelación porque de lo contrario se puede convertir en una palabra hueca y vacía. Es nuestra vida la primera que se ha de convertir en un grito y en un anuncio para quienes nos vean. ‘Que vean vuestras buenas obras para que glorifiquen a vuestro Padre del cielo’, nos dirá Jesús en el evangelio.

Y es que la fe que tenemos en Jesús cuando aceptamos su evangelio tiene que envolvernos y empaparnos. No es un adorno que podamos poner y quitar de nuestra solapa cuando nos convenga. La fe va a ser un sentido de vida, un motor para la vida, una luz que ilumina y da un valor y un sentido nuevo a nuestra vida.

Me he encontrado un texto de un autor contemporáneo que no me resisto a trasmitiros y que muy sabiamente nos dice: ‘Por la fe será distinta la vida. Por la fe, resistirá la esperanza. Por la fe, plantaremos cara a lo ingrato, lo vacío, lo absurdo. Por la fe derribaremos gigantes, devolveremos la vida a los muertos. Por la fe espantaremos a la soledad y al miedo. Por la fe abriremos la puerta al extraño. Por la fe quemaremos las naves para adentrarnos en la tierra nueva donde Tú nos esperas. El justo vivirá por la fe. (José María Rodríguez Olaizola, S.I. “Cuando llegas”)

No nos quita nuestras debilidades pero no da fortaleza; no nos quita la dureza del anuncio en un mundo quizás adverso pero nos da valentía para proseguir nuestro empeño; no nos hace la vida fácil porque la lucha siempre hemos de mantenerla para que se conserve encendida nuestra luz, pero tenemos la seguridad de que podemos llegar hasta el final. Nos abre caminos y nos da el arrojo de emprenderlos confiados en llegar a la meta; no nos sentiremos nunca solos porque tenemos la certeza de que la fuerza del Espíritu de Cristo resucitado está con nosotros. Tenemos la seguridad que transmitimos vida, que estamos llevando la salud y la salvación a nuestro mundo.

sábado, 25 de abril de 2020

Al mundo entero hemos de hacer el anuncio de la Buena Nueva con nuestras palabras y las señales de nuestro amor para despertar esperanza en un mundo que sufre sin la luz de la fe


Al mundo entero hemos de hacer el anuncio de la Buena Nueva con nuestras palabras y las señales de nuestro amor para despertar esperanza en un mundo que sufre sin la luz de la fe

1Pedro 5, 5b-14; Sal 88; Marcos 16, 15-20
Celebramos hoy la fiesta del Evangelista san Marcos. Autor del evangelio que lleva su nombre y el primero posiblemente de los evangelios escritos, aunque bien sabemos que tiene como fuente otro evangelio perdido que se suele señalar como la fuente ‘Q’, del que también como de una fuente bebieron Mateo y Lucas en la composición de sus evangelios.
Marcos probablemente fue aquel joven envuelto en una sábana y testigo del prendimiento de Jesús en el huerto que cuando tratan de apresarlo abandona la sábana y huye desnudo. Entra quizá entre aquellos parientes del Señor propietarios de la sala donde se habían reunido para la cena pascual y con alguna relación también con la propiedad de Getsemaní, el huerto y el molino de aceite, donde Jesús se retiraba a orar y donde fue el prendimiento. Le veremos acompañando a Saulo y Bernabé en el primer viaje apostólico hasta que se decidió no seguir y volver a Jerusalén como más tarde Pablo hablará de él en sus cartas y también el apóstol Pedro que le llama su hijo.
Pero centrémonos en el mensaje que se nos ofrece en su fiesta desde la Palabra de Dios proclamada. Precisamente el evangelio es el final del evangelio de Marcos en esa brevedad que nos habla este evangelio de los acontecimientos de la resurrección de Jesús y hoy en concreto es el envío que Jesús hace a sus discípulos para que vayan al mundo entero a proclamar esta Buena Nueva, este evangelio de salvación. Y fijémonos en el detalle que nos habla de que a los crean les acompañan distintos signos como para corroborar el mensaje del evangelio.
‘ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos’.
Un mensaje que sigue resonando hoy en nuestras conciencias recibiendo de Jesús el mandato de proclamar el Evangelio en el mundo entero, a toda la creación. Hoy resuenan fuertes estas palabras de Jesús porque nuestro mundo de hoy necesita también escuchar esa Buena Nueva. Aunque vivamos en lugares que llamamos de vieja cristiandad no podemos dar por sentado que el evangelio es conocido por todos. Es más hemos de reconocer que incluso los bautizados necesitamos de una nueva re-evangelización, porque esa luz del evangelio no está en verdad iluminando a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, aunque muchos hayamos sido bautizados y llevemos el nombre de cristianos.
Y no es tarea fácil sobre todo cuando nos encontramos a la gente que viene de vuelta en esta era post-cristiana que vivimos. No hace falta ir muy lejos sino ahí en el ambiente de nuestros pueblos, con la gente que nos rodea allí donde vivimos vemos como nos les dice nada a una gran mayoría el mensaje del evangelio y es más se hacen sus propias interpretaciones porque se creen conocerlo todo mientras las actitudes, las posturas, los comportamientos, los compromisos de vida están muy lejos de los valores del evangelio.
Nos encontramos ya incluso que en una cultura que tendríamos que decir cristiana por todos los elementos que dicha cultura tendrían como base un cristianismo teóricamente anclado en el pueblo desde siglos, grandes desconocimientos no solo de los textos del evangelio sino incluso de elementos de la Iglesia que tendrían que ser conocidos por todos. Mucha gente que ha pasado por nuestras catequesis, por la recepción de los sacramentos, por una pertenencia o cercanía de la Iglesia, ahora viven alejados de todo lo que suene a religión o a cristiano o a Iglesia cuando no en clara guerra y oposición. ¿Qué habremos hecho? ¿Dónde ha estado de verdad ese anuncio del evangelio? ¿Ha impregnado el evangelio la vida de nuestra sociedad? Es triste y duro reconocerlo.
Y como nos decía el evangelio tendríamos que acompañar nuestra vida y nuestra predicación con señales y señales que pueda ver y reconocer ese mundo donde tenemos que hacer su anuncio. Señales que son algo más que unos ritos que realicemos; señales que tienen que expresarse desde el compromiso de nuestras vidas en el amor y en la solidaridad, en el trabajo por la justicia y por la paz de ese mundo en el que vivimos.
Señales claras que despierten la esperanza en un mundo lleno de dolor y de sufrimientos de toda clase. Y pensemos en las circunstancias concretas que ahora mismo estamos viviendo que para muchos es una nube muy negra de la que no se sabe como salir. Nuestro mundo hoy necesita renovar la esperanza y todos tenemos un evangelio que anunciar que siembra la verdadera esperanza en los corazones. Con nuestro amor y con nuestro compromiso tenemos que ser en verdad sembradores de esperanza, porque nuestra esperanza de salvación la tenemos puesta en Jesús, nuestro único salvador. Es el anuncio claro y valiente que tenemos que hacer.

miércoles, 25 de abril de 2018

Marcos, un testigo del Evangelio que nos invita a proclamarlo también con nuestra vida en medio del mundo que busca y desea una salvación


Marcos, un testigo del Evangelio que nos invita a proclamarlo también con nuestra vida en medio del mundo que busca y desea una salvación

1 Pedro 5,5b-14; Sal 88; Marcos 16,15-20

‘Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación…’ El cumplimiento de este mandato de Jesús es lo que viene a expresarse en las primeras palabras del relato que Marcos nos hace de la vida de Jesús. ‘Comienzo de la Buena Noticia, Evangelio, de Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios’. Es lo que pretende Marcos cuando nos relata la vida de Jesús.
Hoy estamos celebrando la fiesta de San Marcos, evangelista, el que nos trasmitió el evangelio de Jesús, la Buena Noticia de Jesús. Acaso aquel joven envuelto en una sabana que oculto observaba el prendimiento de Jesús en el huerto de Getsemaní y cuanto allí sucedía; probablemente por ser de la familia de quien había facilitado aquel lugar para la cena de la Pascua testigo de los primeros pasos de la comunidad de Jerusalén que en aquel mismo lugar seguía reuniéndose.
Sería él quien acompañó a Saulo y Bernabé en la primera parte del primer viaje apostólico de san Pablo. Más tarde acompañaría a Bernabé de nuevo a Chipre, pero le veremos más tarde junto a Pedro en Roma, que le llama su hijo amado; sabemos que finalmente estaría acompañando a Pablo, superados los desentendimientos de los primeros momentos, que lo mencionará varias veces en sus cartas apostólicas.
Hoy lo recordamos sobre todo por evangelista, el testigo que nos trasmitió la Buena Noticia de Jesús. Es el evangelio que nos trasmitió y que sigue siendo fuente de la Palabra viva de Dios en la Iglesia para todos los hombres. Es lo que necesitamos hoy destacar de manera especial cuando tan importante es que sigamos siendo esos testigos del evangelio en medio de nuestro mundo. Es la gran tarea en la que estamos embarcados y que no podemos abandonar.
El mundo, aunque tantas veces se haga sordo al anuncio que le hagamos, sigue necesitando del Evangelio, porque en el fondo sigue buscando unos caminos de salvación. ¿A quien no le preocupan los problemas de nuestro mundo? No podemos ser insensibles a la pobreza y a la violencia, a la corrupción y un mundo lleno de desigualdades e injusticias, a un mundo confuso en medio de tantas propuestas que de un lado o de otro se hacen para resolver los problemas que tiene nuestra sociedad.
Todos buscamos soluciones; cada uno ofrece sus ideas y proyectos desde las distintas ideologías, desde las distintas maneras de ver nuestra sociedad, desde los diversos planteamientos que se hacen a nivel económico o a cualquiera de los niveles. Es una búsqueda que todos hacemos porque queremos un mundo mejor. Se intentan imponer las diversas visiones de las cosas, a veces olvidamos a las personas y pensamos más en reglamentaciones.
¿Quién es nuestro verdadero salvador? ¿Quién nos puede ayudar a profundizar en el verdadero valor de la persona? ¿Quién nos puede ayudar a encontrar las verdaderas palancas del amor y de la justicia que nos hagan mejores personas y con ello hagamos verdaderamente un mundo mejor?
Creemos en el Evangelio de Jesús. Seguimos creyendo que es la gran buena noticia que el mundo necesita y que nos llevará de verdad a hacer nuestro mundo mejor. El evangelio de Jesús nos ayuda a transformar nuestro corazón, arrancando de nosotros negruras, las negruras del orgullo, de la intransigencia, de la insolidaridad, de las violencias soterradas pero que un día aparecen, de las ambiciones que nos destrozan a nosotros y destrozan cuanto encontremos a nuestro paso, de esos materialismos que nos hacen insensibles a lo espiritual y a lo más noble que podamos tener en nuestro espíritu.
Es lo primero que nos pide Jesús desde el primer anuncio de la Buena Noticia. Conversión para creer en el evangelio; dejarnos transformar el corazón para ser mejores nosotros y así podamos hacer ese mundo mejor. Es el testimonio que nosotros tenemos que dar no solo con nuestra palabra que grita y anuncia, sino con nuestra vida que tiene que ser el verdadero testigo de ese evangelio en el que creemos y queremos anunciar.
Creo que puede ser el mejor compromiso de nuestra vida cuando estamos celebrando a san Marcos Evangelista, testigo del Evangelio de Jesús.


martes, 25 de abril de 2017

La Buena Noticia es Jesús, el Mesías y Salvador, el Hijo de Dios, rostro compasivo y misericordioso de Dios

La Buena Noticia es Jesús, el Mesías y Salvador, el Hijo de Dios, rostro compasivo y misericordioso de Dios

1Pedro 5,5b-14; Sal 88; Marcos 16,15-20
‘ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación… Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban’. Es el mandato de Jesús que nos recoge Marcos al final de su evangelio. ¿Cuál es ese evangelio que han de anunciar, que hemos de anunciar a toda la creación? Al principio de su relato había comenzado escribiendo Marcos: ‘Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios’.
La Buena Noticia es Jesús; la Buena Noticia es que Jesús es el Ungido de Dios, el Mesías; la Buena Noticia es que Jesús es el Hijo de Dios. La Buena Noticia no son ni parábolas ni milagros, hechos asombrosos o extraordinarios o que las gentes siguieran a Jesús, lo buscaran o quisieran escucharle. Se nos narran todas esas cosas para anunciarnos a Jesús, para anunciarnos que Jesús es el Hijo de Dios; no es decirnos que sea un hombre extraordinario o que las gentes estuvieran asombradas con El. A quien tenemos que anunciar es a Jesús.
Creo que este podría ser el primer mensaje que nos ha de llegar en esta fiesta de san Marcos evangelista que hoy celebramos. Ya el apelativo que le damos a san Marcos nos lo esta diciendo, evangelista, el que anuncia el evangelio, el que nos ha trasmitido el segundo evangelio. Este fue su deseo cuando nos lo relata, cuando nos lo presenta como ya hemos expresado.
Es el mensaje que recibimos y el mensaje que hemos de trasmitir. Con claridad y contundencia. Aunque no nos lo quieran oír. Tenemos que saber presentarlo. Ya sabemos de cuantas maneras la gente ve a Jesús o quiere verlo. Para muchos se queda en un personaje maravillo como hay quien lo ve como un revolucionario; un personaje de la historia pero que lo ven como algo del pasado, de otro tiempo; como también muchas veces quizás nosotros los cristianos lo hemos presentado, olvidándonos de lo esencial. Y no podemos andar con confusiones. Igual que entonces algunos se habían hecho una imagen muy particular de lo que había de ser el Mesías, nos puede seguir sucediendo ahora. Vayamos a lo que es el centro y el meollo del evangelio.
Claro que ese anuncio de nuestra fe lo hemos de hacer con las actitudes nuevas de nuestra vida que muestren ese reconocimiento de que Jesús es el Hijo de Dios. Y es que desde esa fe nuestra vida tiene que ser distinta, nuestro reconocimiento lo hemos de hacer por las obras, por el amor, por esa nueva forma de vivir que hemos de tener quienes sentimos esa salvación en nuestra vida. Las obras de la oscuridad y de las tinieblas no tienen que aparecer ya de ninguna manera en nosotros. Jesús nos ha liberado de nuestros pecados y ahora con una nueva vida resplandeciente de santidad tenemos que presentarnos ante nuestro mundo. Todo lo que sea pecado, y pecado es todo lo que nos aleja de Dios, tenemos que alejarlo de nosotros, de nuestra vida.
Se confirmaba con señales la Buena Noticia que anunciaban, nos dice hoy Marcos. Con señales de compromiso por el bien, de lucha por la justicia, de búsqueda de la verdad, de vivir en el amor tenemos que manifestarnos ante el mundo para confirmar ese anuncio que estamos haciendo. Envueltos en la misericordia divina que nos ha salvado con su amor vamos nosotros también llevando misericordia al mundo que nos rodea.
Cuanto falta hace que envolvamos de misericordia nuestro mundo. Esa misericordia que manifestamos con los pecadores, esa misericordia con que nos acercamos a los que sufren, esa misericordia que nos hace compasivos con los que yerran en la vida, esa misericordia que nos hace acoger a todos en lo mas profundo del corazón, esa misericordia que siempre se hace perdón para los que hacen el mal o los que nos han ofendido, esa misericordia que llena de ternura nuestra vida y vamos a sanar a los que sufren las amarguras del dolor.
Proclamemos de verdad que creemos en Jesús, el Mesías y Salvador, el Hijo de Dios, que nos manifiesta en todo momento el rostro compasivo y misericordioso de Dios.

lunes, 25 de abril de 2016

Nuestra vida, si en verdad nos decimos seguidores de Jesús, tiene que ser evangelio de esperanza para los que nos rodean

Nuestra vida, si en verdad nos decimos seguidores de Jesús, tiene que ser evangelio de esperanza para los que nos rodean

1Pedro 5,5b-14; Sal 88; Marcos 16,15-20

En este día 25 de abril celebramos la fiesta del evangelista san Marcos dentro de este camino pascual que venimos recorriendo desde que celebramos la Resurrección del Señor. La liturgia nos ofrece los párrafos finales de su evangelio con el envío por parte de Jesús de sus discípulos al mundo entero a proclamar la buena nueva del Evangelio.
Evangelio, buena nueva, buena noticia, buena noticia de salvación que hemos de anunciar. Es para detenerse a considerar eso mismo que estamos diciendo. Las buenas noticias nos llenan de alegría; las buenas noticias nos anuncian esperanza, y en este caso, esperanza de vida y salvación. Y Jesús quiere que esa buena noticia llegue a todos. Tenemos que trasmitirla, tenemos que testimoniarla. ¿Será eso en verdad lo que hacemos los cristianos? ¿No nos habremos acostumbrado a eso de ser cristianos, de que en nuestro ambiente, todos se dicen cristianos, y habremos perdido esa alegría de nuestra fe?
Si en verdad sintiéramos en nuestro corazón ese ardor de esa buena noticia que al llega a nuestra vida nos ha transformado porque ha puesto una nueva esperanza en nuestra vida, tendríamos que estar gritando por todas partes que el Señor nos ama y nos regala su salvación para que todos acudamos a ella. Pero mira como somos los cristianos, tan fríos, tan insulsos, tan desganados, con tan poco entusiasmo. Creo que tendría que hacernos pensar.
Pero además hoy se nos dice que a aquellos que creen, aquellos que anuncian y repiten una y otra vez esa buena noticia a todos, les acompañarán unas señales. Y habla de curar enfermos, de echar demonios, de no permitir que pase nada malo que pueda dañar a los demás, de un hablar un lenguaje nuevo que todos puedan entender. Y es que esas señales vienen a confirmar esa buena noticia que anunciamos; con esas señales daremos motivo a quienes nos escuchen a creer en esa palabra que anunciamos y que sí es posible ese mundo nuevo de salvación.
¿Cuáles serían esas señales que hoy tendrían que acompañar nuestra palabra, nuestro anuncio de salvación?  San Pedro en la primera lectura que hoy hemos escuchado nos hacía mirar a nuestro alrededor para ver cuantos son los sufrimientos de los hombres que nos rodean. ‘Resistidle firmes en la fe, nos decía, sabiendo que vuestros hermanos en el mundo entero pasan por los mismos sufrimientos’.
¿Cuáles son los sufrimientos de nuestros hermanos, los hombres de nuestro tiempo hoy? Podemos pensar en esas catástrofes naturales que ahí cercanas tenemos en el tiempo o podemos pensar en cuantos están sufriendo hoy las consecuencias del odio y de las guerras; podemos pensar en esos refugiados que huyen de esos horrores de la guerra y del hambre en tantos lugares del mundo, que se desplazan de un lado a otro de nuestro planeta y van encontrando tanto rechazo y tanta discriminación, o podemos pensar en personas quizá más cercanas a nosotros que sufren las consecuencias de las crisis que vive nuestro mundo; podemos pensar en ese mundo de sufrimiento de los enfermos, de los ancianos solos, o de tantas personas discriminadas por mil cosas y que viven su dolor en la soledad; podemos pensar en tantos atormentados en su espíritu por crisis interiores, por problemas familiares, por desencuentros con aquellos que están a su lado y así podríamos seguir haciendo una lista muy grande de sufrimiento y de dolor.
¿Y el evangelio que anunciamos tiene para ellos una palabra de esperanza? Nosotros, con nuestros gestos, con nuestras actitudes y comportamientos, con nuestra solidaridad y nuestra generosidad, con la apertura de nuestro corazón y con nuestra cercanía, ¿seremos en verdad una palabra de evangelio, de buena nueva de salvación para esas personas que les infunda una nueva esperanza?
No olvidemos nunca que nuestra vida, si en verdad nos decimos seguidores de Jesús, tiene que ser evangelio para los que nos rodean. Mucho tendríamos que hacer y que quizá adormilados como estamos no somos capaces de hacer.

sábado, 25 de abril de 2015

Nos impregnamos del evangelio de Jesús para llevar esa buena noticia como testigos ante todos los hombres

Nos impregnamos del evangelio de Jesús para llevar esa buena noticia como testigos ante todos los hombres

1Pedro 5,5b-14; Sal 88; Marcos 16,15-20
‘Comienzo de la Buena Noticia - Evangelio - de Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios’, así comienza Marcos su escrito del Evangelio. Y hoy hemos escuchado su final: ‘ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará…’
Estamos celebrando en este día a san Marcos, el evangelista, autor del segundo evangelio según el canon de la Iglesia, pero probablemente el primero de los evangelios escritos sobre Jesús. Cuando hoy celebramos su fiesta creo que por ahí ha de ir el mensaje para nuestra vida. Creer en el Evangelio de Jesús porque el que crea y se bautice se salvará, pero al mismo tiempo tomar el testigo de manos de san Marcos para nosotros hacer lo mismo, hacer el anuncio del Evangelio de Jesús, de su Buena Nueva de salvación. Es el mandato que recibimos de Jesús; lo que hemos oído y recibido no nos lo podemos quedar para nosotros sino que al mismo tiempo nosotros tenemos que convertirnos en testigos, en misioneros de ese evangelio. El anuncio de la salvación ha de llegar a todos los hombres, ‘id al mundo entero…’ que nos dice Jesús.
¿Sería Marcos, aquel joven del que nos habla el evangelio, que quizá despertado por el alboroto del huerto de los olivos, salió medio desnudo envuelto en una sábana a ver qué pasaba, pues aquel huerto sería de su familia y allí junto a los molinos del aceite - eso significa Getsemaní - tendría su lugar de descanso? ¿Una curiosidad ante lo que pasaba o quizá en el fondo un deseo de conocer más a Jesús? Podemos pensar en una cosa y en otra pero eso podría darnos pie a una reflexión para nuestra vida.
Deseos de conocer más a Jesús. Es la inquietud que hemos de tener continuamente en nuestro corazón. Hambre de Dios que nos hace buscar, querer saber, conocer, querer vivir cada día más la vida de Jesús. Cuando amamos de verdad a alguien no nos cansamos de querer conocerle cada día más y con mayor profundidad; se despierta una curiosidad en el alma con el deseo de conocerlo todo, de saberlo todo, de empaparnos totalmente de la vida de aquel a quien amamos. Así tendría que ser ese deseo nuestro de conocer cada vez más a Jesús para impregnarnos totalmente de su vida, de su Espíritu.
Cuando nos llenemos así de Jesús surgirá el ser testigos, el cumplir con esa misión que Jesús nos confía. Tenemos que llevar el evangelio de Jesús al mundo que nos rodea, pero mal lo podremos llevar si nosotros no estamos bien empapados de Jesús. El mundo necesita ese anuncio del evangelio, aunque nos pueda parecer que viva de espaldas a él. Ahí está nuestra tarea. Es nuestra misión. Es la llamada que en este día recibimos del Señor. Así podremos cantar eternamente las misericordias del Señor.


jueves, 25 de abril de 2013


Una profesión de fe con firmeza, un anuncio hecho con fidelidad, unas huellas que hemos de seguir

San Marcos Evangelista

1Pedro 5, 5-14; Sal.88; Mc. 16, 15-20
‘Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado’. Es el final del Evangelio, el último mandato de Jesús. ‘Y ellos fueron y proclamaron el evangelio por todas partes…’
Pero si así concluye el evangelio de Marcos, en ese mismo sentido tenía su comienzo. ‘Comienzo del Evangelio (de la Buena Noticia) de Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios’. Fueron las primeras palabras y el inicio que nos está manifestando lo que el evangelista nos quiere trasmitir: la Buena Noticia de Jesús, que es el Mesías, el Cristo, el Hijo de Dios; Buena Noticia que se ha de trasmitir a toda la creación para que todo el que crea en esa Buena Noticia alcanza la salvación.
Marcos o Juan Marcos, el autor del Evangelio que más tarde sería el fundador de la Iglesia de Alejandría - así se ha considerado siempre y así lo tiene la Iglesia Copta de Egipto - aparece en distintos momentos de la Escritura, ya sea el propio evangelio algo así como insinuado, ya sea en los Hechos de los Apóstoles o en las cartas de San Pablo y San Pedro que lo llama ‘mi hijo querido’, como hoy mismo hemos escuchado.
Digo que en el evangelio es insinuado porque los intérpretes suponen que aquel joven que tras el prendimiento de Jesús en el Huerto le sigue envuelto en una sábana es el propio Marcos; ¿sería aquel huerto de la familia de Juan Marcos? Son suposiciones porque el hecho de que lo siguiera envuelto en una sábana da a entender que dormía cerca y al oír los ruidos saliera a ver lo que pasaba.
En los Hechos aparecerá con Pablo y Bernabé - del que se dice en la carta a los colosenses que eran primos o familia - en el primer viaje apostólico aunque al llegar a Panfilia decide volverse a Antioquía. Eso motivará que en el segundo viaje Pablo y Bernabé discutan a causa de Juan Marcos a quien Bernabé quería llevar con ellos pero Pablo no, y es por lo que ese viaje lo hará ya Pablo solo. Marcos acompañó a Bernabé a Chipre.
En distintas cartas Pablo hará alusión a un Juan llamado Marcos, lo mismo que en la carta de San Pedro que hoy hemos escuchado. Evangelizaría Egipto por lo que se le considera fundador de la Iglesia de Alejandría que tanta importancia tuvo en la Iglesia de los primeros siglos y donde murió mártir. Sus restos están en la Catedral de Venecia dedicada precisamente a su nombre. 
A Marcos se le ha considerado siempre como autor del segundo evangelio, en el que se considera que recoge las catequesis de san Pedro en Roma, puesto que él no fue discípulo directo de Jesús. Es el evangelio más breve y tiene muchas concordancias con los otros evangelios sinópticos de Marcos y de Lucas, porque los exegetas hablan de una fuente común para dichos evangelios.
Tras esta breve reseña de la vida de Marcos y su evangelio desde lo que nos refleja la propia Escritura sagrada, convendría detenernos a reflexionar un poco en cual sería el mensaje que lleváramos a nuestra vida en esta fiesta de san Marcos a la que nos invita hoy la liturgia de la Iglesia. Muchas consideraciones podríamos hacernos fijándonos en aspectos que se resaltarían de manera especial en este evangelio.
Ya desde un primer momento el evangelista nos hace una afirmación contundente para definirnos quien es el Jesús del que nos va a hablar en el Evangelio. Como resaltábamos al principio de esta reflexión el evangelio se inicia diciéndonos ‘Evangelio - Buena Noticia - de Jesús, el Cristo - Mesías -, el Hijo de Dios’. Quiere presentarnos a Jesús en quien hemos de creer para alcanzar la salvación. El que crea en esa Buena Noticia que se nos trasmite, y se bautice, se salvará.
Para centrar este mensaje quiero fijarme en las tres intenciones o motivaciones principales de las oraciones de la liturgia en la Eucaristía de la fiesta de san Marcos. Pedimos ‘seguir siempre fielmente las huellas de Cristo… mantenernos fieles a la misión de anunciar el Evangelio… y creer con firmeza en ese evangelio’. Una fe que hemos de confesar, de vivir y de proclamar con toda fidelidad siguiendo siempre las huellas de Jesús.
Queremos manifestar con toda firmeza nuestra fe en Jesús y en la Buena Noticia de Salvación que nos llega con Jesús a nuestra vida; la firmeza de la proclamación de nuestra fe. Pero esa proclamación no la hacemos solo con palabras, sino en el camino de nuestra vida. ¿Cuál ha de ser ese camino? Seguir las huellas de Cristo. No queremos otra cosa sino vivir a Cristo, imitarle, ser como El, tener sus mismos sentimientos, vivir su misma vida, empaparnos de sus mismas actitudes de amor, de humildad y de servicio. Pero esa riqueza no nos la guardamos para nosotros sino que hemos de trasmitirla a los demás: fidelidad en el anuncio del evangelio.
Es lo que hizo san Marcos con su vida, con su anuncio del evangelio por todo el mundo, escribiéndonos también el evangelio inspirado por el Espíritu Santo para que lo tengamos como Palabra de vida y de salvación para nosotros, como Palabra de Dios, Palabra que Dios nos dirige para que creyendo en Jesús alcancemos la salvación.
Que el Espíritu del Señor nos ilumine y fortalezca para esa confesión de fe, para ese anuncio de nuestra fe para que llegue al mundo la salvación.

lunes, 14 de enero de 2013


El alimento de la Palabra que cada día nos pone en disponibilidad para seguir a Jesús

Hebreos, 1, 1-6; Sal. 96; Mc. 1, 14-20
Iniciamos hoy el tiempo ordinario y comenzamos un nuevo ritmo de lecturas de la Palabra de Dios en las Eucaristías de los días feriales. En este año impar en la primera lectura comenzaremos por la carta a los Hebreos, mientras en el evangelio iniciamos el evangelio de san Marcos de una forma continuada.
Es el alimento de la Palabra de Dios que cada día vamos recibiendo para iluminar nuestra vida, para ir haciéndonos crecer en nuestra fe mientras vamos avanzando en el conocimiento del Misterio de Dios. Cuando estos días pasados de la Epifanía escuchábamos esa manifestación que se iba haciendo de Jesús uno de los aspectos en los que nos fijábamos era como Cristo que sentía lástima de las multitudes que le seguían porque andaban como ovejas sin pastor, se ponía a enseñarles alimentándolos con la Palabra del Señor. Es lo que queremos nosotros ir haciendo ahora, alimentarnos de Dios que no solo se nos da en la Eucaristía sino que también la Palabra es un banquete de vida al que El nos invita para que vayamos a El.
‘En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios a nuestros padres por los profetas. Ahora en esta etapa final nos ha hablado por el Hijo, al que ha nombrado heredero de todo y por medio del cual ha ido realizando las edades del mundo’. Así comienza la carta a los Hebreos que iniciamos hoy. El Dios que nos ha creado nunca se ha desentendido del hombre. Nos creó y puso su obra creadora en neustras manos pero no es sólo que el hombre haya buscado a Dios y haya querido comunicarse con El, sino que es Dios mismo el que se adelante para venir hasta el hombre y hablarle manifestándonos su amor.
En un versículo casi nos hace un resumen de la historia de la salvación cuando nos dice que  nos ha hablado de muchas maneras y en distintas ocasiones y nos ha manifestado su voluntad por los profetas. Recordamos así toda la historia del Antiguo Testamento, pero podemos recordar a tantos hombres de Dios que a lo largo de la historia nos han ayudado a acercarnos a Dios en cualquier tiempo o en cualquier momento de nuestra vida. Pero la plenitud de la revelación la tenemos en Jesús. ‘En esta etapa final nos ha hablado por el Hijo’. Va a ser el centro de todo el mensaje de la carta a los Hebreos, que más que carta es como una hermosa homilía o reflexión que nos ha quedado en la Palabra de Dios.
Es Jesús esa Palabra de Dios, esa revelación en plenitud de Dios, esa manifestación gloriosa de lo que es todo el amor de Dios. Hemos estado celebrando en estos días todo el misterio de su encarnación y nacimiento. Ahora iremos dando pasos a lo largo de todo el año litúrgico en esa profundización en el conocimiento del misterio de Jesús y de su salvación.
Es el Jesús que nos anuncia el Reino de Dios, como hoy escuchamos en el evangelio, y que fue su primer mensaje, su primera predicación. Reino de Dios que hemos de aceptar convirtiendo nuestro corazón a Jesús. ‘Se ha cumplido el plazo’, nos dice Jesús en el Evangelio. Es la etapa final de la que nos ha hablado la carta a los Hebreos.
‘Está cerca el Reino de Dios: convertios y creed la Buena Noticia’. Esa Buena Noticia, ese Evangelio es Jesús que llega, es el Reino de Dios que ha de instaurarse en nuestra vida. Hemos de creer en esa Buena Noticia, darle importancia, acogerla en nuestro corazón aunque eso signifique que muchas cosas tenemos que renovar en nuestra vida. Por eso Jesús nos habla de conversión. Si es Buena Noticia es porque es algo bueno y algo nuevo. Ahí está la novedad del Evangelio de Jesús que siempre es vida y salvación para nosotros. En cada momento de nuestra vida necesitamos de esa salvación, de esa renovación de nuestra existencia.
Es la primera disponibilidad que nos pide Jesús para seguirle, creer en El. Luego vendrá el momento, como el de aquellos pescadores de Galilea, que cuando Jesús invita a seguirle habrá disponibilidad también para dejarlo todo por seguirle. ¿Tendremos nosotros la fe y la disponibilidad de aquellos primeros discípulos?

miércoles, 2 de mayo de 2012


Con este misión del Espíritu… zarparon para Chipre para el anuncio del Evangelio

Hechos, 12, 24-13,5; Sal. 66; Jn. 12, 44-50
‘Yo he venido al mundo como luz, y así el que cree en mí no quedará en tinieblas’, nos ha dicho Jesús. Queremos estar a su luz; queremos poner toda nuestra fe en El; no queremos apartarnos de sus caminos; nos sentimos impulsados a llevar su luz a los demás.
¡Cuántas tinieblas tendríamos que hacer desaparecer de nuestro mundo! Que el testimonio de nuestra vida y de nuestro amor despierte la fe en los que nos rodean. Tiene que ser nuestro deseo y por lo que luchemos viviendo una vida de rectitud y de amor. Nos lo exige la fe que tenemos en Jesús. ¡Cuánto tenemos que hacer y cuánto podemos hacer si nos dejamos iluminar por la luz de Jesús!
En los Hechos de los Apóstoles, primera lectura, contemplamos el inicio del primer viaje apostólico de san Pablo. Hay un detalle importante. Pablo desde que tuvo su encuentro con Jesús en el camino de Damasco todo su deseo era hablar de Jesús y así lo había hecho hasta que tuvo que retirarse en principio a Tarso, su ciudad de origen, a donde lo fue a buscar Bernabé que lo trajo a la Iglesia de Antioquía. Veremos ya también junto a ellos a Juan Marcos, el Marcos evangelista del que estos días pasados ya hablamos en su fiesta.
Se nos hace una breve descripción de aquella comunidad, donde como en días anteriores escuchamos se comenzó a llamar cristianos a los seguidores del camino de Jesús. Hoy nos habla el texto de los diferentes carismas que resplandecían en aquella comunidad al hablarnos de algunos de sus miembros más destacados. ‘En la Iglesia de Antioquía, se nos dice, había profetas y maestros’. Y se nos hace una relación.
Pero era una comunidad que se dejaba conducir por el Espíritu del Señor. Cosa importante porque quien dirige realmente a la Iglesia de Dios es el Espíritu Santo que la asiste con su fuerza y con su gracia. Ayunaban y daban culto al Señor cuando sienten que el Espíritu Santo se manifiesta entre ellos.
‘Apartadme a Bernabé y a Saulo para la tarea a la que los he llamado’. Vuelven a ayunar y a orar y les imponen las manos. Signo de gran significado la imposición de las manos como expresión de la asistencia y la gracia del Espíritu. Signo que se repite en la liturgia de la Iglesia en momentos bien significativos para expresar esa presencia del Espíritu. Se imponen las manos al que va a recibir el Sacramento de la Confirmación, al que es ordenado sacerdote, sobre el pan y el vino de la Eucaristía para que sean para nosotros por la fuerza del Espíritu el Cuerpo y la Sangre del Señor, en los diversos sacramentos como la Penitencia o la Unción de los enfermos, como signo de bendición…
Ahora reciben la fuerza del Espíritu Bernabé y Saulo para la misión y la tarea a la que han sido llamados. Van a comenzar su largo viaje apostólico, primero por Chipre y luego por casi toda el Asia Menor. Ya seguiremos en los próximos días escuchando el relato de estos viajes de san Pablo. ‘Con esta misión del Espíritu, bajaron a Seleucia y de allí zarparon para Chipre’, nos dice el texto sagrado. Seleucia era el puerto de mar cercano a Antioquía de Siria de donde habían partido.
Aparte del mensaje con que iniciábamos esta reflexión sobre la luz de Jesús que nos ilumina cuando creemos en El, quedémonos con este mensaje de la asistencia del Espíritu a la Iglesia de Dios en toda su tarea de anuncio del Evangelio y de vivencia de la salvación de Dios. Pongamos nuestra fe en el Espíritu Santo. Aprendamos a invocar al Espíritu Santo cuando vamos a emprender cualquier obra buena. Sintamos la fuerza del Espíritu Santo en nuestro corazón que nos moverá siempre a lo bueno y nos dará fuerza para apartarnos del camino del mal y del pecado. Escuchemos al Espíritu Santo que nos habla en nuestro interior y que será quien nos ayude a comprender y vivir todo el misterio de Dios.

miércoles, 25 de abril de 2012


Queremos seguir las huellas de Cristo para ayudar a los demás a encontrarlas también

1Pd. 5, 5-14; Sal. 88; Mc. 16, 15-20
Cuando queremos encontrar algo o a alguien y andamos un tanto desorientados sin saber bien donde encontrarlo, aunque tengamos indicios de que pueda estar cerca de nosotros o quizá haya pasado muy cerca tratamos de seguir su rastro o de encontrar las huellas que haya podido dejar a su paso que nos llevarán a que podamos encontrarle. Habremos visto quizá películas con imágenes en este sentido o nosotros mismos hayamos hecho un rastreo en alguna ocasión.
Queremos buscar a Jesús, queremos encontrarnos con El, sabemos que está cerca de nosotros o habrá tocado nuestra vida de alguna manera. Busquemos las huellas que nos haya dejado de su presencia. ¿Cómo hacerlo? Tenemos, sí, que abrir los ojos de nuestro corazón para poder descubrirle y escucharle allá dentro de nosotros mismos. Pero tenemos algo más.
Hoy precisamente estamos celebrando la fiesta de un evangelista, san Marcos. Y ¿qué es lo que ha hecho un evangelista? Dejarnos unas huellas bien certeras por las que podemos llegar a Cristo, conocerle y vivirle. Son los evangelios. Jesús mandó predicar, anunciar la Buena Noticia – evangelio – de su salvación a todos los  hombres. ‘Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación’. Hoy mismo lo hemos escuchado. Y los apóstoles, como enviados de Jesús, se derramaron por el mundo entero anunciando la Buena Noticia de Jesús.
Pronto surgen quienes quieren dejar por escrito las palabras y la obra de Jesús, trasmitirnos esa Buena Nueva de la salvación. Inspirados por el Espíritu quisieron recoger aquellas catequesis de los apóstoles que alimentaban la fe de los fieles y nos trasmitieron los evangelios. Hoy estamos ante el que es quizá el primer evangelista que nos trasmite por escrito el evangelio de Jesús, san Marcos. Como aparece junto a san Pedro en sus cartas, como hoy mismo hemos escuchado – ‘os saluda la comunidad de Babilonia y también Marcos, mi hijo’ – es por lo que se suele decir que su evangelio viene a recoger la predicación del apóstol Pedro.
Marcos aparece en determinados momentos en los textos sagrados. ¿Será aquel joven que seguía a Jesús después del prendimiento de Getsemaní envuelto en una sábana y que al intentar prenderlo huye soltando la sábana? En los Hechos de los Apóstoles aparece en diversos momentos Juan Marcos, que acompañaría a Bernabé y Saulo al principio del primer viaje apostólico de Pablo durante el recorrido de Chipre, pero que al llegar al continente no sigue con ellos y se vuelve a Antioquía. Más tarde acompañará a Bernabé cuando se va de nuevo a predicar a Chipre y lo vemos en Roma junto a San Pedro. Su nombre aparece también en algunas cartas de san Pablo. Finalmente la Iglesia Copta en Egipto considera que su origen está precisamente en la predicación de san Marcos.
Pero quedémonos con el mensaje con el que comenzábamos nuestra reflexión. En la oración litúrgica de esta fiesta pedíamos que sepamos ‘aprovechar de tal modo las enseñanzas de Marcos, enaltecido con el ministerio de la predicación evangélica, que sigamos siempre fielmente las huellas de Cristo’. Queremos seguir a Jesús, queremos conocer su mensaje de salvación para hacerlo vida nuestra. Acudamos, pues, al evangelio que así estamos siguiendo fielmente las huellas de Cristo. Seguir las huellas de Cristo es seguir sus mismos pasos, vivir su misma vida, amar con su mismo amor.
Pero también que de san Marcos aprendamos a tener la inquietud honda en nuestro corazón, el deseo grande de que el nombre de Jesús sea conocido para que su salvación llegue a todos los hombres. No olvidemos que en virtud de nuestra fe somos testigos, como hemos venido reflexionando repetidamente en estos días de pascua, y los testigos tenemos que hablar de lo que hemos visto y oído, tenemos que trasmitir aquello que es nuestra vida. Creer en Jesús y vivir la salvación es lo más grande que nos puede suceder. Luego no lo podemos callar, tenemos que anunciarlo, tenemos que convertirnos también en evangelistas, en trasmisores del evangelio para el mundo que nos rodea.