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sábado, 11 de junio de 2022

Aprendamos a discernir para descubrir y valorar a tantos a nuestro lado capaces de manifestar también con sus obras las maravillas de Dios

 


Aprendamos a discernir para descubrir y valorar a tantos a nuestro lado capaces de manifestar también con sus obras las maravillas de Dios

Hechos de los apóstoles 11, 21b-26; 13, 1-3; Sal 97; Mateo 5, 33-37

Algunas veces tenemos la tendencia de hacer las cosas solos y no sabemos confiar en nadie; nos parece quizás que nosotros sabemos hacer bien las cosas y que las hacemos mejor y lo tremendo es que no sabemos descubrir los valores de los demás y darles la oportunidad de que ellos desarrollen cuanto valen. Es una buena sabiduría y un signo también de nuestra madurez humana el ser capaces de fijarnos en los otros para saber descubrir cuánto bueno tienen en sí mismos y cuánto podrían desarrollar desde una responsabilidad que le confiemos y no pensar que solo por nosotros mismos seremos capaces de hacerlo todo.

Es la tarea educadora de unos padres que saben descubrir los distintos valores que tienen los hijos y que no son solo lo que nosotros queremos que sean, sino lo que ellos por sí mismo tienen y pueden desarrollar; es la tarea de todo educador y de todo aquel que se considere de alguna manera dirigente de la sociedad; saber discernir, saber descubrir, saber valorar, saber dejar hacer confiando en el otro, saber dejar que cada uno aporte su granito de arena en esa sociedad en la que vivimos.

Alguien al hilo de esta reflexión se podría estar preguntando a qué viene todo esto. Me vais a permitir que lo diga ya así claramente de entrada, es lo que vemos que supo hacer san Bernabé a quien estamos celebrando en este día. Pudiera parecer que hacemos un aparte en la continuidad del texto evangélico que se nos va proclamando en estos días, pero no nos alejamos del espíritu del evangelio cuando contemplamos la obra de san  Bernabé.

El texto escogido en la liturgia de este día nos lo presenta enviado por la comunidad de Jerusalén cuando tienen conocimiento de cómo va creciendo la nueva comunidad de Antioquia. Los Apóstoles atentos a la proclamación del evangelio que les ha confiado Jesús, quieren tener un conocimiento directo de las noticias tan esperanzadoras que llegan de Antioquía y envían a alguien de confianza, Bernabé. El ‘consolado’, lo ha venido a definir previamente el texto de los Hechos, y ya se nos habló de su generosidad para desprenderse de sus bienes a la hora de la conversión y poner todo a los pies de los apóstoles para que se cubrieran las necesidades de aquella Iglesia naciente. Ya vamos viendo una cualidad valiosa de este que sin ser del grupo de los doce, sin embargo es considerado también como un apóstol.

Es en Antioquía desde donde va a resplandecer aun más su figura. Es ‘un hombre lleno del espíritu Santo y de fe’ y sabrá discernir cuánto sucede en aquella comunidad animándolos a todos en su fe. Allí es necesario alguien más y marcha a Tarso a buscar a Saulo para incorporarlo a la predicación y enseñanza en aquella comunidad, dando incluso la cara por Pablo, cuando aún algunos tenían cierta desconfianza en él.

Pero sabrán dejarse conducir por el Espíritu Santo que estando la comunidad en oración sienten como son escogidos para ser enviados a una misión evangelizadora que sería principio de grandes viajes apostólicos. Bernabé se lleva consigo a Saulo - a partir de Chipre ya comenzará a llamársele Pablo -, y también a Juan Tomás, aunque posteriormente él les abandone en su camino para volverse a la comunidad de origen. Será un primer viaje recorriendo gran parte del Asia Menor, donde irá dejando la iniciativa a Pablo, sabiendo hacer ese discernimiento para encontrar al gran apóstol de los gentiles como se le llamará.

A su regreso serán otros los viajes y las tareas que se le encomendarán y subirán a Jerusalén para en aquel primer concilio de los Apóstoles tener también su palabra  desde la experiencia vivida para que el evangelio se abra también a los gentiles sin necesidad de imponerles la ley y las costumbres judías. Será la apertura a nuevos rumbos y a nuevos horizontes de la predicación del evangelio y en lo que tuvo buena parte este apóstol lleno también del Espíritu para discernir lo que era la obra de Dios.

Un estímulo hermoso para nuestra vida, y para la vida de nuestras comunidades cristianas. Ojalá sepamos tener ese espíritu de discernimiento para descubrir la obra de Dios en lo que hacemos, pero también en lo que hacen tantos a nuestro lado que quizá no siempre tenemos en consideración. Desgraciadamente muchas veces andamos con nuestros celos llenos de desconfianzas y desaprovechamos la obra de Dios que se está manifestando en el buen hacer de quien está a nuestro lado y que quizá no le prestamos atención.

Nos quejamos en ocasiones de que nuestras comunidades cristianas están muertas, que no surgen nuevas personas inquietas y con deseos de trabajar, pero quizás los que ya estamos en esas tareas no hemos sabido discernir, estamos llenos de desconfianzas hacia los otros, y no descubrimos cuántos apóstoles pueden estar escondidos a nuestro lado, como verdaderos diamantes en bruto, en personas a las que solamente tendríamos que hacerles una invitación, tener un gesto de cercanía y confianza y ya serían capaces de hacer también las maravillas de Dios en nuestro mundo que tanto lo necesita.

martes, 11 de junio de 2019

Bernabé, hombre bueno, lleno del Espíritu Santo que se dejó conducir por el Espíritu para encontrar caminos nuevos de anuncio del evangelio



Bernabé, hombre bueno, lleno del Espíritu Santo que se dejó conducir por el Espíritu para encontrar caminos nuevos de anuncio del evangelio

Hechos 11, 21-26; 13 1-3; Sal 97; Mateo 10,7-13
Hoy celebramos la fiesta de san Bernabé, que es considerado como un Apóstol, aunque él no formara parte del grupo de los Doce que fueron los que estuvieron con Jesús y fueron testigos de la resurrección del Señor. El es fruto de aquellos primeros grupos que se convirtieron con la predicación de Pedro y los Apóstoles después de Pentecostés.
‘Bernabé era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe’ lo define el libro de los Hechos de los Apóstoles. Natural de Chipre de él se decía que era un hombre justo y se desprendió de sus posesiones para poner a los pies de los apóstoles el dinero obtenido para compartirlo con la comunidad como tan ejemplarmente aparece en aquella primera comunidad de Jerusalén donde tenían una sola alma y un solo corazón y nadie poseía nada propio sino que todo lo ponían en común.
Veremos cómo la misión que le encomienda la comunidad de Jerusalén es bajar a Antioquia para constatar el progreso del camino de la fe, porque muchos eran los que se adherían a la comunidad creyendo en el nombre del Señor Jesús. ‘Y así mucha gente se adhirió al Señor’, que dice el autor sagrado. Será quien vaya a Tarso a buscar a Saulo, convirtiéndose en un valedor suyo ante las desconfianzas que tenían por haber sido un perseguidor de los cristianos.
Más tarde les veremos elegidos los dos, Bernabé y Saulo, por el Espíritu en medio de aquella comunidad de Antioquia para comenzar lo que seria el primer viaje apostólico de Pablo primero por Chipre y luego por toda aquella región del Asia Menor. Lo veremos en otras actuaciones con la Iglesia de Jerusalén participando en aquel primer concilio y más tarde ya emprendería viaje apostólico por su cuenta separándose de Pablo.
Es por ello por lo que es considerado Apóstol, aunque no formara parte del grupo de los Doce, como ya decíamos. Pero de él destacaríamos esa generosidad de su vida, desprendiéndose de todo para que nadie en la comunidad pasase necesidad, pero también la iniciativa y el coraje apostólico para emprender la maravillosa tarea de la evangelización.
Fue un hombre que se dejó conducir por el Espíritu en esa generosidad mencionada de desprenderse de todo pero también en la tarea de la evangelización. Elegido por la comunidad y guiado por el Espíritu baja a Antioquia, como elegido por el Espíritu en medio de la comunidad orante va con la misión del anuncio del evangelio por el mundo. Pablo en sus cartas hace mención a las dificultades y hasta persecuciones con que se encontraron y tuvieron que sufrir, y en esas andaba también Bernabé en aquel primer recorrido que hacen por Antioquia de Pisidia, Iconio, Listra y otros lugares de donde en ocasiones tuvieron que salir a la carrera y donde sufrieron acoso y persecución por anunciar el nombre de Jesús.
No era tarea fácil la evangelización como no lo sigue siendo hoy. No todos eran momentos idílicos y de paz y armonía, porque igual que Jesús fue rechazado el que lleva el encargo de anunciar el Evangelio también se ve rechazado en multitud de ocasiones. Cuando con toda radicalidad queremos anunciar y vivir el mensaje de Jesús nos vamos a encontrar que las tinieblas rechazan la luz, y fuerte es la hora de las tinieblas como lo dice Jesús mismo en el evangelio.
Creer en el evangelio exige conversión como Jesús mismo pedía desde el principio de su predicación. Y conversión significa aceptar algo nuevo dejando atrás nuestra vida condición. Y no es fácil porque muchos con los apegos de la vida de los que nos cuesta arrancarnos. Es necesario una fe profunda que nos siempre se encuentra con toda claridad y desde lo más hondo de nosotros mismos sentimos turbación, dudas, incertidumbres, apegos que nos confunden y nos llenan de desasosiego.
Todos lo sentimos en nuestro interior y aquel al que se le anuncia por primera vez la novedad del evangelio no estará siempre dispuesto a aceptar o puede ver un peligro para sus conveniencias y comodidades. Para muchos eso se convertirá en un rechazo que será enfrentamiento con aquel que hace el anuncio del Evangelio.
Hoy contemplamos a este Apóstol, Bernabé, que se convierte para nosotros en ejemplo y estímulo para nuestra tarea de evangelización. Que tengamos esa generosidad de corazón para dejarnos conducir por el Espíritu, para descubrir de verdad esa fuerza e ímpetu del Espíritu para saber encontrar esos caminos nuevos para responder también a los retos de nuestros tiempos, para ir a donde el Espíritu quiera conducirnos, para sentir la fortaleza del Espíritu en medio de las dificultades que podamos encontrar. No es que tengamos que hacer cosas extraordinarias, sino solamente abrirnos a la acción del Espíritu para que en esos momentos sencillos quizás de nuestra vida de cada día ser testigos de nuestra fe.

lunes, 11 de junio de 2018

Bernabé era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe al que tenemos que imitar en la pequeñez de nuestra vida pero con lo que hemos de ser signos para los demás


Bernabé era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe al que tenemos que imitar en la pequeñez de nuestra vida pero con lo que hemos de ser signos para los demás

Hechos de los apóstoles 11, 21-26; 13 1-3; Sal 97; Mateo 10,7-13

En la vida nos encontramos a veces a esas personas de una gran bondad, de una mansedumbre exquisita, dispuestos siempre a escuchar con atención, que no suelen ser personas de muchas palabras, pero que cuando abren a boca para decir algo nos encontramos una gran sabiduría en sus palabras que nos ayudan a reflexionar, a encontrar luz en nuestros conflictos interiores o con los demás y que quizá desaparecen de nuestra vida pero nos han dejado una hermosa huella en nosotros. Cuando encontramos personas así decimos que hemos encontrado un tesoro, y estaríamos dispuestos a lo que fuera para estar cerca de ellos, escucharles, atender a sus consejos y de alguna manera tenerlos como una referencia positiva en la vida.
Es un mirlo blanco, quizá decimos, porque en medio de un mundo de muchas palabras y violencias en todos los sentidos encontrar esa mansedumbre y esa sabiduría expresada quizá en breves sentencias, realmente nos puede sonar algo extraño y que de alguna manera en el fondo desearíamos encontrar y tener a nuestro lado y hasta desearíamos tener esa sabiduría. Algunas veces quizá los tenemos ante los ojos, pero en nuestras carreras y agobios no somos capaces de darnos cuenta, sino quizás cuando ya no los tenemos.
Hoy estamos celebrando la fiesta de alguien, a quien incluso damos el nombre de apóstol, pero al que apenas oímos hablar en todo el relato bíblico. Sin embargo fue una pieza importante en el desarrollo de aquellas primeras comunidades cristianas e incluso en la tarea evangelizadora de la Iglesia. Se trata de Bernabé, convertido en los primeros momentos de la evangelización pero con una radicalidad absoluta. Vendió las posesiones que tenia y puso el dinero a disposición de la Iglesia para atender a las necesidades de los huérfanos y las viudas en aquella primera comunidad de Jerusalén.
Le veremos luego que es enviado por los Apóstoles a Antioquia de Siria cuando llegan noticias a Jerusalén cómo allí crece el numero de los cristianos – es en Antioquia donde primero se comienza a llamar cristianos a los discípulos de Jesús – ‘y vio cómo Dios los había bendecido, y se alegró mucho. Animó a todos a que con corazón firme siguieran fieles al Señor. Porque Bernabé era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe. Y así mucha gente se unió al Señor’. 
Será la iniciativa de Bernabé la que le impulsa a ir a Tarso a Buscar a Saulo para incorporarlo a las tareas de la Iglesia. Y es allí en Antioquia donde recibirán la inspiración y consagración del Espíritu para ir como enviados de la Iglesia a predicar el evangelio en nuevos lugares, primero Chipre y luego a través de casi todo el Asia Menor, hoy gran parte de Turquía. Será el inicio del primer viaje misionero de Pablo, pero que va acompañado por Bernabé. Más tarde se separarán, volviendo Bernabé a su tierra de origen y siguiendo Pablo otros derroteros, como ya todos conocemos.
Mientras en los primeros conflictos que van surgiendo en las primeras comunidades, Bernabé con Pablo subirán a Jerusalén donde se celebra lo que llamamos el primer concilio de Jerusalén e igualmente será enviado Bernabé para comunicar a las Iglesias, sobre todo en Antioquia, las decisiones que se habían tomado.
Es una reseña muy breve de quien hoy estamos celebrando, el Apóstol Bernabé. Resaltamos su generosidad y desprendimiento, pero también su presencia aparentemente silenciosa junto a aquellas primeras comunidades cristianas que van surgiendo; su presencia y su mediación, su dejarse conducir por el Espíritu, su saber encontrar a aquellos heraldos del Evangelio que luego harán su anuncio por todas partes, su dejarse conducir por el Espíritu de Señor para aquellas misiones que se le quieren confiar donde es capaz de descubrir siempre lo que es la voluntad del Señor.
Que seamos capaces nosotros de dejarnos inundar por esa sabiduría de Dios para que nuestra vida, aunque parezca silenciosa, por el testimonio de lo que hacemos y vivimos sea también un signo para los demás. No tendremos quizá que realizar grandes misiones en la vida y nuestra vida por la razón que sea puede ser una vida aparentemente callada  y escondida.
No tenemos por qué estar buscando reconocimientos ni brillos especiales por grandes cosas. Algunas veces podríamos estar soñando con esas cosas. Pero sí hay siempre un testimonio que dar, un signo que nosotros podemos ser para los demás, en nuestro silencio o en nuestra palabra prudente que queremos que esté llena de la sabiduría de Dios.
Seamos ese hombre bueno y llenos del Espíritu y de fe, como se definía a Bernabé. Seremos quizá piedras pequeñas que podemos parecer insignificantes, pero somos también piedras necesarias en la construcción del Reino de Dios allí donde estemos y con lo que podamos hacer. Lo que no tenemos que hacer nunca es cruzarnos de brazos.

sábado, 11 de junio de 2016

Llevemos con orgullo el nombre de cristianos porque ser cristiano, ser ‘cristo’, es ser signo con nuestra vida de la vida de Cristo

Llevemos con orgullo el nombre de cristianos porque ser cristiano, ser ‘cristo’, es ser signo con nuestra vida de la vida de Cristo

Hechos  11, 21-26; 13 1-3; Sal 97; Mateo 10,7-13

Hoy estamos celebrando la fiesta de san Bernabé asociado en el nombre en la tradición de la Iglesia a los llamados apóstoles. Natural de Chipre lo vemos en Jerusalén desde el inicio de las primeras comunidades cristianas, además con gestos bastante hermosos de lo que significaba para él el seguimiento de Jesús pues se desprendió de todos sus bienes para entregarlo a la comunidad.
Lo vemos enviado a la comunidad de Antioquia desde la comunidad madre de Jerusalén, y allí se convierte en un gran animador de aquella comunidad. Pronto veremos su relación con Pablo – aún es llamado Saulo - al que va a buscar a su retiro de Tarso para incorporarlo a las tareas de la evangelización. En el texto que hoy se nos ofrece vemos como el Espíritu que anima la comunidad cristiana los escoge para enviarlos a una nueva misión evangelizadora; es lo que llamamos el primer viaje de san Pablo que con tanto detalle nos relata el libro de los Hechos de los Apóstoles.
Hemos escuchado en el texto de los Hechos de hoy algo que casi nos podría pasar desapercibido. Fue en aquella comunidad donde a los seguidores de Jesús, a los discípulos se les comenzó a llamar cristianos. ‘Allí, en Antioquía, fue donde por primera vez se dio a los discípulos el nombre de cristianos’. Es bien significativo. Son los discípulos, los que creen en Jesús, pero los que viven la vida de Jesús de manera que son otros cristos, por eso son llamados cristianos.
Hemos de tomarnos muy en serio el nombre de cristiano. Simplemente decimos que somos cristianos porque estamos bautizados. Es verdad que esa tiene que ser la raíz, porque bautizarnos significa incorporarnos a Cristo para vivir su vida. La fuerza del Espíritu nos regala la vida de Dios, es cierto, para hacernos hijos de Dios. Pero siendo sinceros tendríamos que preguntarnos si esa es en verdad nuestra vida. Vivir la vida de Cristo para ser otro con Cristo, para configurarnos con El de manera que nosotros seamos también ‘cristo’ no es cualquier cosa ni se hace o vive de cualquier manera.
Tendríamos que sentirnos en verdad transformados para ya no vivir nuestra vida, a nuestra manera, según nuestros criterios, sino para vivir en otro sentido, en otro vivir que es vivir a Cristo y como Cristo. Por eso decíamos que hemos de tomarnos en serio el nombre de cristiano. No es un adorno que pongamos a nuestra vida, es un nuevo sentido, un nuevo vivir. De aquellos primeros cristianos se decía por parte de los paganos ‘mirad cómo se aman’, ¿se podrá decir eso mismo de nosotros?
Hoy estamos celebrando a quien vivió un desprendimiento total, como ya recordábamos; en ese desprendimiento y generosidad vivió su vida para dejarse conducir por el Espíritu allá donde quería llevarle o en la misión que se le confiaba. Una disponibilidad total es lo que vemos en el apóstol san Bernabé en las misiones que la Iglesia le confiaba.
Llevemos con orgullo el nombre de cristianos, porque en verdad reflejemos en nuestra vida y en nuestras obras la vida y las obras de Cristo. Ser cristiano, ser ‘cristo’, es ser signo con nuestra vida de la vida de Cristo.

jueves, 11 de junio de 2015

Profetas y misioneros en comunidades proféticas y misioneras

Profetas y misioneros en comunidades proféticas y misioneras

Hechos,  11, 21-26; 13 1-3; Sal 97; Mateo 10,7-13
La comunidad de Antioquia era una comunidad abierta al evangelio pero con un espíritu misionero para llevar el anuncio de la Buena Nueva a los demás. Aquel primer pequeño grupo de creyentes en Jesús, que precisamente en esa comunidad comenzaron a llamarse cristianos, abrió sus puertas para que se incorporaran al camino del evangelio no solo los judíos sino también los que provenían del mundo pagano.
Allá envían desde la comunidad de Jerusalén a Bernabé - cuya fiesta hoy celebramos - que al ver ‘cómo Dios los había bendecido, se alegró mucho, animó a todos a que con corazón firme siguieran fieles al Señor… Y así mucha gente se unió al Señor’. Pero no se quedó ahí la misión de Bernabé sino que va en busca de Saulo hasta Tarso para traerlo e incorporarlo a la tarea de la evangelización.
Los primeros momentos de la predicación de Saulo después de su conversión estuvieron llenos de peligros dado su ardor, y los discípulos le recomendaron que se fuera a su ciudad de Tarso; es por lo que lo encontramos allí. Pero ahí está la visión profética de Bernabé para saber contar también con Saulo en la tarea del anuncio del Evangelio.
Pero hoy escuchamos al final del texto cómo, inspirados y con la fuerza del Espíritu, aquella comunidad se desprenderá de la presencia de Bernabé y Saulo para enviarlos a la misión del anuncio del Evangelio por otros lugares. Será el inicio del primer viaje apostólico de Saulo, que pronto comenzará a llamarse Pablo, y luego de otros muchos, siempre partiendo de aquella comunidad llevando el evangelio por toda el Asia Menor y saltando al continente europeo en Macedonia, Tesalónica y Grecia.
Es ese ardor profético y misionero de aquella comunidad y de aquellos apóstoles lo tenemos que resaltar y que tendría que ser buen ejemplo y estimulo para nuestras comunidades hoy. ¿Serán así nuestras comunidades cristianas? ¿Hay en nosotros ese empuje misionero para llevar el anuncio de Jesús y su evangelio a los demás? Hoy hemos escuchado en el evangelio el mandato de Jesús de ir por el mundo anunciando su evangelio.
Los cristianos muchas veces vivimos como adormecidos en nuestra fe y se nos enfría ese empuje apostólico. Tenemos el peligro de llenarnos de rutina haciendo siempre las mismas cosas y viviendo encerrados en nuestro círculo. Pero quien ha recibido el anuncio del Evangelio esa alegría de la fe no se la puede guardar solo para sí; tiene que contagiarla, trasmitirla, comunicarla. El mundo en que vivimos necesita de ese anuncio del evangelio que lo llene de esperanza.
De la misma manera que aquella comunidad de Antioquia supo sintonizar con el Espíritu y se dejó conducir, así necesitamos hacerlo hoy en el momento que vivimos. Escuchemos al Espíritu que mueve nuestros corazones. No nos hagamos sordos ni insensibles a sus mociones y a su llamada.


lunes, 4 de mayo de 2015

Llenos del amor de Dios que habita en nosotros seamos capaces de ver sus maravillas para que todos den gloria al Señor

Llenos del amor de Dios que habita en nosotros seamos capaces de ver sus maravillas para que todos den gloria al Señor

Hechos,  14,15-18; Sal 113; Juan 14, 21-26
‘No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria’, decimos con el salmo como aclamación y respuesta a lo que nos narraba el libro de los Hechos de los Apóstoles. No es nuestra gloria lo que hemos de buscar sino siempre la gloria del Señor. No es atribuirnos las cosas buenas que podamos hacer, sino ver y hacer descubrir a los demás las obras del Señor que quizá a través nuestro también quiera realizar maravillas.
Es de lo que nos habla el libro de los Hechos hoy. Bernabé y Pablo están en su primer viaje misionero y en Listra por su fe en Jesús realizan el milagro de curar a un hombre lisiado y cojo de nacimiento. La reacción de las gentes es creer que ellos son dioses en apariencia humana por lo que quieren incluso ofrecerles sacrificios. Con gran dificultad logran convencerles de que no son sino hombres y si han realizado aquellas maravillas es por la fe en Jesús, por la acción de Dios.
Es en lo que tenemos que pensar porque es una tentación fácil que nos aparece allá en lo secreto del corazón y se puede manifestar también en actitudes y posturas. Es el orgullo que se nos puede meter por dentro por las cosas buenas que podamos hacer y que lo echa todo a perder. Es la búsqueda de la alabanza y el reconocimiento que siempre puede estar rondando en nuestro corazón. O puede ser incluso luego las actitudes de prepotencia con que nos podamos presentar ante los demás.
Nos sucede a todos. Sucede también en nuestra Iglesia; actitudes avasalladoras, posturas prepotentes, orgullo de sabérnoslo todo y de tener el poder, manipulación de los demás muchas cosas así pueden aparecer; creernos dioses y hasta en la apariencia de nuestros gestos, de nuestra manera de comportarnos es algo que nos puede suceder; y digo también en nuestro ámbito eclesial. Qué necesaria es la humildad y con humildad presentarnos a los demás no como quien se las sabe todas sino como el hermano que va a servir.
Es una pobreza espiritual en la que podemos caer; una tentación y una pendiente fácil por la que rodar y que puede ir creciendo y creciendo en velocidad. Tenemos que despojarnos de esos ropajes para mostrarnos con humildad ante los demás aunque tengamos un servicio o un ministerio que realizar. El Papa Francisco nos está dando mucho ejemplo de ello.
En el evangelio que hemos escuchado hoy se nos señalan caminos para ese crecimiento de nuestra espiritualidad que no es otra cosa que llenarnos más y más de Dios. Es llenarnos de amor de Dios y amar con ese mismo amor. Cuando entramos en esa órbita del amor vemos cómo crece más y más si nos dejamos conducir por el Espíritu del Señor.
Hoy nos decía Jesús que si le amamos, cumplimos sus mandamientos; pero cuando le amamos así Dios nos amará aún más, tanto que se nos da de tal manera que quiere habitar en nosotros, en nuestro corazón. ‘El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él’.
Vivamos en su amor y caminaremos por caminos de humildad para reconocer siempre la obra de Dios y cantar la gloria del Señor.

martes, 28 de abril de 2015

La madurez de una comunidad cristiana tiene que manifestarse en su espíritu misionero para anunciar la Buena Nueva de Jesús

La madurez de una comunidad cristiana tiene que manifestarse en su espíritu misionero para anunciar la Buena Nueva de Jesús

Hechos,  11,19-26; Sal 86; Juan 10, 22-30
Un signo de madurez es la forma cómo afrontamos las dificultades y los problemas que nos van apareciendo en la vida; la entereza con que los afrontamos nos denotan esa fortaleza interior que tiene una persona madura y que ha sabido fundamentar bien su vida. En lugar de encerrarse en si mismo ese fuego interior le hace abrirse a los demás, luchando y compartiendo, amando la vida y queriendo compartirla en lo bueno con los demás y recibiendo al mismo tiempo el aliciente de los que están a su lado apoyándolo en su duro caminar. No es fácil, pero ahí, como decíamos, se manifiesta la madurez de su vida, capaz de dar fruto aun en las más fuertes adversidades. ¿Seremos capaces de hacerlo así?
Así se manifestaba la Iglesia ya desde el principio guiada siempre por el Espíritu del Señor. Es lo que hoy contemplamos en los Hechos de los Apóstoles. A raíz del martirio de Esteban se desató una violenta persecución contra todos los que creían en Jesús lo que hizo que los discípulos se dispersasen por distintos lugares. Llegan así muchos seguidores de Jesús incluso a Antioquía de Siria y allí comienzan a anunciar el nombre Jesús no solo a los judíos sino también a los griegos. Cuando se emplea esta expresión en el nuevo Testamento se refieren por un lado a los prosélitos, o sea los judíos provenientes de la gentilidad, o también a los propios gentiles o paganos. Es lo que sucede en Antioquía y la comunidad crece y se expande.
Bajará a Antioquia Bernabé enviado por la Iglesia de Jerusalén que ‘al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho, y exhortó a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño; como era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe, una multitud considerable se adhirió al Señor’. Mas tarde le veremos ir a Tarso a buscar a Saulo que se unirá a su predicación en aquella comunidad, de la que, como veremos más adelante, partirán con la misión del anuncio de Jesús a distintos lugares.
Creo que la lección de aquellas primeras comunidades cristianas sigue teniendo gran actualidad en nuestro momento presente. Algunas veces nos parece vernos acobardados cuando oímos noticias de dificultades o incluso persecuciones contra los cristianos en el mundo de hoy, o cuando contemplamos la dificultad para hacer el anuncio de la buena nueva de Jesús a nuestro mundo que en nuestro pesimismo vemos tan lleno de tantos males. No era fácil hacer el anuncio de Jesús en aquellos tiempos, como reconocemos que ahora tampoco nos es fácil.
Pero, ¿quién guía y conduce a la Iglesia? ¿es solo una obra de hombres de buena voluntad? Tenemos que aprender a confiar en el Espíritu del Señor que nos da fortaleza y precisamente ahí, en este momento si queremos llamarlo así de dificultades, tenemos que manifestar nuestra madurez cristiana. Como decíamos antes en lo humano, así tiene que manifestarse la madurez de los cristianos, la madurez de nuestras comunidades cristianas que tienen que ser en verdad misioneras en el mundo en el que vivimos.
Que el Espíritu del Señor nos dé esa fortaleza y esa sabiduría.

martes, 14 de abril de 2015

El testimonio del amor es el más auténtico anuncio que hagamos de Jesús resucitado

El testimonio del amor es el más auténtico anuncio que hagamos de Jesús resucitado

Hechos,  4, 32-37; Sal 92; Juan 3, 5a. 7b-15
‘Los apóstoles daban con mucho valor testimonio de la resurrección del Señor’, nos dice el texto sagrado. ¿Cómo daban testimonio? ¿En qué consistía ese testimonio? Pero al mismo tiempo tenemos que preguntarnos, y nosotros, ¿damos también testimonio de nuestra fe en Cristo resucitado? ¿Cómo se ha de manifestar?
Ya hemos venido escuchando cómo hablaban pública y valientemente de Cristo resucitado. Fue en Pentecostés ante toda la multitud allí reunida; fue en el templo ante las gentes que se arremolinaban en torno al paralítico que había sido curado; fue luego ante el Sanedrín cuando los prenden y lo llevan ante el consejo; y terminarán pasando la noche en la cárcel por esa causa; cuando luego les prohíban hablar del nombre de Jesús responderán diciendo que tienen que obedecer a Dios antes que a los hombres.
Pero el testimonio que están dando de Jesús lleva a algo más; aquella comunidad que va surgiendo entre todos los que aceptando la palabra de los apóstoles comienzan a creer en Jesús va a dar el testimonio del amor. Algo nuevo está surgiendo; el evangelio anunciado está despertando una nueva forma de vivir; es la comunión que desde el amor se va creando entre todos los creyentes, de manera que ahora desde esa fe en Jesús se sienten uno. ‘En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía’. Es la unidad que en el Espíritu va naciendo entre todos los que creen en Jesús. Y ese va a ser el gran testimonio, el amor. Se nos presenta el testimonio concreto de Bernabé que vende lo que tiene y pone el dinero al pie de los apóstoles.
Es el anuncio y el testimonio que nosotros hemos de dar. Anunciamos a Jesús resucitado con nuestras palabras y con nuestra vida de amor. Es el testimonio de la Iglesia y es el testimonio de Iglesia, de comunión que cada uno hemos de dar. No nos valen solo las palabras. Tenemos que convertir nuestro corazón al amor, a la comunión, al compartir generoso. Será así como manifestemos que en verdad hemos nacido de nuevo, desde nuestra solidaridad en el amor. Ese será el verdadero anuncio que hagamos de Jesús frente al mundo que nos rodea. El testimonio del amor es el más autentico anuncio que hagamos de Jesús resucitado.
Tenemos el peligro y la tentación de la insolidaridad, de encerrarnos en nosotros mismos pensando solo en lo nuestro; los problemas, las carencias que incluso algunas veces nosotros podamos padecer nos pueden llevar a esa tentación; pensamos primero en resolver nuestros problemas antes que mirar a nuestro alrededor, pero ese no puede ser el estilo de un cristiano, de un seguidor de Jesús.
Que en verdad nos llenemos del Espíritu de Cristo resucitado que siempre nos impulsará al amor, a la generosidad, a la comunión de los hermanos. Dejémonos conducir por el Espíritu. Tenemos tantas oportunidades de dar un buen testimonio. 

miércoles, 11 de junio de 2014

Bernabé, un hombre que se deja conducir por el Espíritu Santo con un corazón generoso, lleno de fe y rebosante de amor



Bernabé, un hombre que se deja conducir por el Espíritu Santo con un corazón generoso, lleno de fe y rebosante de amor

Hechos, 11, 21-26; 13, 1-3; Sal. 97; Mt. 10, 7-13
Celebramos a san Bernabé ‘hombre lleno de fe y de Espíritu santo, designado para llevar a las naciones el mensaje de salvación’, como expresamos en la oración litúrgica y cuyo nombre significa ‘consolador, el que trae el consuelo’, como lo expresa el mismo libro de los Hechos cuando nos lo presenta. No forma parte del grupo de los Doce, sin embargo es considerado como un Apóstol, y así la liturgia lo designa en esta fiesta, de manera que incluso en la liturgia eucarística se puede utilizar el prefacio de los Apóstoles.
De origen chipriota, donde incluso terminaría sus días, era levita del templo, y se convirtió a la fe podríamos decir desde la primera hora, porque ya aparece su figura en los primeros capítulos de los Hechos de los Apóstoles. En el primer momento en que aparece es para destacar su generosidad y desprendimiento porque ‘tenía un campo, lo vendió, trajo el dinero y lo puso a disposición de los apóstoles’. Eran los momentos de aquella primera comunidad de Jerusalén donde todo lo tenían en común, nadie pasaba necesidad entre ellos porque todo lo compartían como expresión de su amor y comunión.
De gran prestigio en la comunidad de Jerusalén, cuando la Iglesia se expande y llegan noticias de cómo se ha formado una comunidad en Antioquía de Siria, allí es enviado para que sirva de apoyo a aquella comunidad que allí se va formando. ‘Cuando llegó y vio lo que había realizado la gracia de Dios, se alegró y se puso a exhortar a todos para que se mantuvieran fieles al Señor, pues era un hombre bueno y lleno del Espíritu Santo y de fe, de manera que una multitud considerable se adhirió al Señor’. Servirá Bernabé de enlace y de carta de presentación de Saulo, recién convertido, a quien va a buscar a Tarso para traérselo a Antioquia, donde durante un año instruyeron a muchos. Ahora los veremos juntos durante un tiempo, en su subida a Jerusalén y en el viaje apostólico que luego iniciarán.
Es aquí donde hemos de destacar algo importante. Es la elección por parte del Espíritu Santo de Pablo - aun se llamará Saulo - y Bernabé para una misión que se les va a confiar. ‘Un día mientras oraban y ayunaban, el Espíritu Santo se manifestó en aquella comunidad de Antioquía: Separadme a Bernabé y a Saulo para la misión que les he encomendado. Entonces, después de ayunar y orar, les impusieron las manos y los despidieron’. Fue el inicio del primer viaje apostólico de Pablo y Bernabé, primero por Chipre, la tierra de Bernabé, y luego por muchos lugares del Asia Menor.
Más tarde, después de la vuelta y subida a Jerusalén, cuando van a emprender de nuevo viaje por aquellas comunidades que habían constituido, por desencuentros entre ambos, se separaron y Bernabé se va a Chipre, mientras Pablo continua con su viajes.
Hasta aquí de forma muy resumida lo que se nos dice de Bernabé en el libro de los Hechos de los Apóstoles, y de lo que podemos sacar un mensaje hermoso para nuestra vida y nuestro camino de fe y nuestro camino apostólico.
¿Qué podemos destacar? Un hombre bueno, lleno de fe y lleno del Espíritu Santo que se desprende de todo generosamente por la causa del Reino de los cielos. Y no solo es el hecho de que vendiera sus bienes para ponerlos a disposición de la comunidad que nos habla mucho de su generosidad, sino que es la disponibilidad de su vida para ir allí donde el Espíritu del Señor le va conduciendo. Así baja primera a Antioquía enviado por la comunidad de Jerusalén, pero así está dispuesto a ponerse en camino para anunciar el Evangelio allí donde el Espíritu Santo le va llevando, no sin dificultades, problemas, sacrificios y hasta persecuciones. Un hombre que se deja conducir por el Espíritu Santo con un corazón generoso, lleno de fe y rebosante de amor.
‘Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca… lo que habéis recibido gratis, darlo gratis’, escuchábamos a Jesús en el Evangelio. ¿Aprenderemos del testimonio tan hermoso que nos ofrece san Bernabé?

martes, 11 de junio de 2013

Bernabé, hombre de bien lleno de Espíritu Santo y de fe

Hechos, 11, 21-26; 13, 1-3; Sal. 97; Mt. 10, 7-13
‘Dichoso este santo que mereció ser contado entre los apóstoles, pues era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe’. Con esta bendicion y alabanza ha comenzado la liturgia de hoy para honrar y celebrar a san Bernabé.
Cuando en el tiempo de pascua escuchábamos en la lectura de cada día el libro de los Hechos de los Apostoles nos apareció repetidamente la figura de Bernabé. Su nombre era José pero los apóstoles lo llamaron Bernabé que significa algo así como el que sabe consolar, el consolador. Hombre de bien lo llama la liturgia recogiendo también esas palabras del libro de los Hechos de los Apóstoles cuando fue enviado a la comunidad de Antioquía de Siria.
Esta expresión puede hacer referencia por una parte a la generosidad de su corazón pues, como habíamos escuchado en los Hechos, había vendido sus campos para poner a los pies de los apóstoles el dinero recibido en beneficio de los pobres de la comunidad de Jerusalén. Hombre de bien en su generosidad en compartir, como destacaba aquella comunidad donde nadie pasaba necesidad porque todo lo ponían en común.
Pero decir hombre de bien es reconocer su rectitud y su prudencia, su saber hacer y estar en cada momento de la manera oportuna para buscar la paz y la armonía o para saber sacar a flote también los valores de los demás en beneficio de la comunidad. Es lo que le vemos hacer en aquella comunidad de Antioquía a donde fue enviado animando a aquella comunidad que iba creciendo más y más en el número de los creyentes, que como sabemos fue allí donde comenzaron a llamarse cristianos los que seguían el camino de Jesús.
Pero habría que destacar cómo supo ir a buscar a Saulo, recién convertido, que se había refugiado en su pueblo natal de Tarso, pero que ahora Bernabé trae y presenta a la comunidad para el buen servicio y todo el bien que va a hacer a la Iglesia.
En el texto que hemos escuchado hay otro aspecto que tendríamos que destacar. Saulo y Bernabé son señalados por el Espíritu Santo para una misión importante que se les va a confiar. ‘Apartadme a Bernabé y a Saulo para la misión a la que los he llamado’. En medio de oraciones y ayunos les imponen las manos, como signo de esa presencia del Espíritu en sus corazones, y comienza lo que va a ser el primer viaje apostólico de Saulo, que pronto se llamará Pablo, acompañado de Bernabé. Ya hemos escuchado y comentado ese hecho y ese viaje apóstolico en el tiempo de Pascua.
Con lo que vamos comentando de alguna manera ya vamos explicando lo que recordábamos al principio de la antífona del comienzo de la celebración. Allí se decía de Bernabé ‘hombre de bien, lleno del Espíritu Santo y de fe’. Casi no es necesario explicar más porque lo estamos viendo claramente cómo es el hombre que se deja conducir por el Espíritu Santo. Impulsado por el Espíritu fue enviado a aquella comunidad; impulsado por el Espíritu va a Tarso a buscar a Pablo para presentarlo a la comunidad; y ahora impulsado por el Espíritu, junto con Pablo, saldrá por el mundo siguiendo el mandato de Jesús para anunciar el Evangelio. ¿Quién puede vivir esa disponibilidad tan exquisita si no es un hombre de una fe profunda y llena de vida? ‘Lleno del Espíritu Santo y de fe’. En Chipre, su tierra, alcanzará el final de sus días y sufriría el martirio cerca de Salamina.
Y todo esto que venimos comentando y reflexionando, ¿para nuestra vida qué? ¿Qué mensaje podríamos aprender de san Bernabé? Hemos hablado de su generosidad y de su disponibilidad, de la rectitud de su vida y de su inquietud apóstolica, que le merecerá ser contado entre los apóstoles, aunque no formara parte del grupo de los Doce. Es lo que tendríamos que pedir al Señor con la intercesión de san Bernabé. Esa disponibilidad del corazón para el compartir, pero esa generosidad para ser capaces de darnos por los demás en el nombre del Evangelio.

‘Id y proclamad que el Reino de los cielos está cerca’, les dice Jesús a los discípulos que envía para anunciar el evangelio. Y si nos fijamos bien en lo que nos dice hoy el evangelio es necesario esa disponibilidad y esa generosidad del corazón de manera amplia para hacer ese anuncio. No vamos a ir apoyados en elementos humanos y por eso Jesús nos manda ir desprendidos de todo. La confianza la ponemos en el Señor; la fuerza la tenemos en el Señor; será el Espíritu divino el que nos inspirará lo que hemos de hacer y lo que hemos de anunciar. A nosotros nos toca dejarnos conducir por el Espíriu del Señor, como lo estamos viendo hoy en Bernabé. Que el Señor nos dé esa generosidad y esa disponibilidad.

jueves, 2 de mayo de 2013


Fe, amor y alegría para contar a todos la gloria del Señor

Hechos, 15, 7-21; Sal. 95; Jn. 15, 9-11
‘Contad a los pueblos la gloria del Señor’, fuimos repitiendo en el salmo. ‘Contad a los pueblos su gloria, sus maravillas a todas las naciones… cantad al Señor, bendecid su nombre…’
Cantamos la alabanza del Señor, bendecimos a Dios y proclamamos su gloria contando a los pueblos las maravillas que hizo el Señor. Escuchábamos en la primera lectura de los Hechos de los Apóstoles cómo ‘toda la Asamblea hizo silencio para escuchar a Bernabé y Pablo que les contaron los signos y prodigios que habían hecho entre los gentiles con la ayuda de Dios’; como escuchábamos anteriormente ‘cómo Dios había abierto a los gentiles la puerta de la fe’.
Pedro corrobora también con la experiencia que él había tenido cuando el Espiritu del Señor bajó también sobre el centurión Cornelio, un pagano que también había abrazado la fe. Como les dice ahora Pedro ‘Dios que penetra los corazones mostró su aprobación dándoles el Espíritu Santo como a nosotros. No hizo distinción entre ellos y nosotros, pues ha purificado sus corazones con le fe… creemos que lo mismo ello que nosotros nos salvamos por la gracia del Señor Jesús’.
Contamos y cantamos las maravillas que hace el Señor que nos llama a todos a la fe. Contamos y cantamos las maravillas que hace el Señor que nos otorga la salvación por la gracia del Señor Jesús. Como  nos dirá san Pablo luego en la carta a los Efesios, ‘por pura gracia estáis salvados’. La salvación es una gracia del Señor, un regalo que nos hace el Señor no porque nosotros lo merezcamos sino por el amor que nos tiene.
¿Cómo hemos de responder nosotros? Con nuestra fe y con nuestro amor. La fe con la que le decimos sí a Dios, reconociendo su grandeza y su amor, reconociendo la gracia que nos regala con su salvación. La fe que es el sí que le damos a Dios viviendo esa vida nueva que nos ofrece. La fe es el Sí que le damos al Señor reconociendo que El es nuestro único Señor y Salvador.
Pero si con la fe le decimos sí a su amor, en su amor hemos de vivir; nos sentimos amados y no podemos menos que amar. Nos sentimos amados y porque creemos en El queremos permanecer unidos a El en su amor. La fe nos conduce al amor, como el amor de Dios ha despertado en nosotros la fe. Reconocemos su amor y le damos la respuesta de nuestra fe; renoconocemos que El es el Señor de nuestra vida porque creemos en El y le damos la respuesta de nuestro amor.
‘Como el Padre me ha amado, así os he amado yo: permaneced en mi amor’, nos decía Jesús en el Evangelio. Como hemos reflexionado estas palabras de Jesús se corresponden con las palabras de despedida de Jesús en la última cena. Nos muestra el amor que Dios nos tiene y nos dice que así amemos nosotros a Dios, así permanescamos unidos en su amor. Cuando le amamos y le damos respuesta con nuestra fe y con nuestro amor cumpliendo sus mandamientos vamos a permanecer unidos a El para siempre. Es despedida pero es decirnos que El estará siempre con nosotros en su amor y lo que nosotros hemos de hacer es permanecer en su amor.
Finalmente nos habla Jesús de la alegría. Cuánto lo necesitamos porque cuando creemos en El y le amamos no caben en nosotros las tristezas. Cuánto necesitamos que Jesús nos hable de alegría, porque El quiere que haya esperanza en nuestros corazones. Algunas veces caminamos por la vida y pareciera que se nos han acabado todas las esperanzas. Eso no tiene sentido en un cristiano que ha puesto toda su fe en Jesús. Los problemas nos agobian, la situación dificil por la que podamos estar pasando parece que desastabilizan el corazón, pareciera que nos envolviera la negrura del pesimismo y la desilución. Todo eso está lejos del sentir cristiano, todo eso tiene que estar lejos del que se dice creyente en Jesús.
La fe que tenemos en Jesús nos dice que de esas negruras podemos salir, que esos problemas pueden tener solución, que esas situaciones las podemos superar, que a esas dificultades por las que pasamos le podemos poner unos nuevos tintes de color y de luz, porque el Señor está con nosotros, porque su amor no  nos faltará nunca, y porque si vivimos intensamente en esa fe y en ese amor que ha de ser nuestra respuesta estaremos ya realizando una transformación en nosotros, en nuestros corazones, pero estaremos también ayudando a esa transformación de nuestro mundo.
‘Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud’. Vivamos con entusiasmo la alegría de nuestra fe y que eso se manifieste en nuestras actitudes, en las sonrisas de nuestros rostros y en la ilusión y esperanza de la que contagiemos a nuestro mundo. 

jueves, 25 de abril de 2013


Una profesión de fe con firmeza, un anuncio hecho con fidelidad, unas huellas que hemos de seguir

San Marcos Evangelista

1Pedro 5, 5-14; Sal.88; Mc. 16, 15-20
‘Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer, será condenado’. Es el final del Evangelio, el último mandato de Jesús. ‘Y ellos fueron y proclamaron el evangelio por todas partes…’
Pero si así concluye el evangelio de Marcos, en ese mismo sentido tenía su comienzo. ‘Comienzo del Evangelio (de la Buena Noticia) de Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios’. Fueron las primeras palabras y el inicio que nos está manifestando lo que el evangelista nos quiere trasmitir: la Buena Noticia de Jesús, que es el Mesías, el Cristo, el Hijo de Dios; Buena Noticia que se ha de trasmitir a toda la creación para que todo el que crea en esa Buena Noticia alcanza la salvación.
Marcos o Juan Marcos, el autor del Evangelio que más tarde sería el fundador de la Iglesia de Alejandría - así se ha considerado siempre y así lo tiene la Iglesia Copta de Egipto - aparece en distintos momentos de la Escritura, ya sea el propio evangelio algo así como insinuado, ya sea en los Hechos de los Apóstoles o en las cartas de San Pablo y San Pedro que lo llama ‘mi hijo querido’, como hoy mismo hemos escuchado.
Digo que en el evangelio es insinuado porque los intérpretes suponen que aquel joven que tras el prendimiento de Jesús en el Huerto le sigue envuelto en una sábana es el propio Marcos; ¿sería aquel huerto de la familia de Juan Marcos? Son suposiciones porque el hecho de que lo siguiera envuelto en una sábana da a entender que dormía cerca y al oír los ruidos saliera a ver lo que pasaba.
En los Hechos aparecerá con Pablo y Bernabé - del que se dice en la carta a los colosenses que eran primos o familia - en el primer viaje apostólico aunque al llegar a Panfilia decide volverse a Antioquía. Eso motivará que en el segundo viaje Pablo y Bernabé discutan a causa de Juan Marcos a quien Bernabé quería llevar con ellos pero Pablo no, y es por lo que ese viaje lo hará ya Pablo solo. Marcos acompañó a Bernabé a Chipre.
En distintas cartas Pablo hará alusión a un Juan llamado Marcos, lo mismo que en la carta de San Pedro que hoy hemos escuchado. Evangelizaría Egipto por lo que se le considera fundador de la Iglesia de Alejandría que tanta importancia tuvo en la Iglesia de los primeros siglos y donde murió mártir. Sus restos están en la Catedral de Venecia dedicada precisamente a su nombre. 
A Marcos se le ha considerado siempre como autor del segundo evangelio, en el que se considera que recoge las catequesis de san Pedro en Roma, puesto que él no fue discípulo directo de Jesús. Es el evangelio más breve y tiene muchas concordancias con los otros evangelios sinópticos de Marcos y de Lucas, porque los exegetas hablan de una fuente común para dichos evangelios.
Tras esta breve reseña de la vida de Marcos y su evangelio desde lo que nos refleja la propia Escritura sagrada, convendría detenernos a reflexionar un poco en cual sería el mensaje que lleváramos a nuestra vida en esta fiesta de san Marcos a la que nos invita hoy la liturgia de la Iglesia. Muchas consideraciones podríamos hacernos fijándonos en aspectos que se resaltarían de manera especial en este evangelio.
Ya desde un primer momento el evangelista nos hace una afirmación contundente para definirnos quien es el Jesús del que nos va a hablar en el Evangelio. Como resaltábamos al principio de esta reflexión el evangelio se inicia diciéndonos ‘Evangelio - Buena Noticia - de Jesús, el Cristo - Mesías -, el Hijo de Dios’. Quiere presentarnos a Jesús en quien hemos de creer para alcanzar la salvación. El que crea en esa Buena Noticia que se nos trasmite, y se bautice, se salvará.
Para centrar este mensaje quiero fijarme en las tres intenciones o motivaciones principales de las oraciones de la liturgia en la Eucaristía de la fiesta de san Marcos. Pedimos ‘seguir siempre fielmente las huellas de Cristo… mantenernos fieles a la misión de anunciar el Evangelio… y creer con firmeza en ese evangelio’. Una fe que hemos de confesar, de vivir y de proclamar con toda fidelidad siguiendo siempre las huellas de Jesús.
Queremos manifestar con toda firmeza nuestra fe en Jesús y en la Buena Noticia de Salvación que nos llega con Jesús a nuestra vida; la firmeza de la proclamación de nuestra fe. Pero esa proclamación no la hacemos solo con palabras, sino en el camino de nuestra vida. ¿Cuál ha de ser ese camino? Seguir las huellas de Cristo. No queremos otra cosa sino vivir a Cristo, imitarle, ser como El, tener sus mismos sentimientos, vivir su misma vida, empaparnos de sus mismas actitudes de amor, de humildad y de servicio. Pero esa riqueza no nos la guardamos para nosotros sino que hemos de trasmitirla a los demás: fidelidad en el anuncio del evangelio.
Es lo que hizo san Marcos con su vida, con su anuncio del evangelio por todo el mundo, escribiéndonos también el evangelio inspirado por el Espíritu Santo para que lo tengamos como Palabra de vida y de salvación para nosotros, como Palabra de Dios, Palabra que Dios nos dirige para que creyendo en Jesús alcancemos la salvación.
Que el Espíritu del Señor nos ilumine y fortalezca para esa confesión de fe, para ese anuncio de nuestra fe para que llegue al mundo la salvación.

martes, 23 de abril de 2013


Por primera vez comenzaron a llamarse cristianos

Hechos, 11, 19-26; Sal. 86; Jn. 19, 22-30
‘Fue en Antioquia donde por primera vez llamaron a los discípulos cristianos’. Hasta ahora eran simplemente los discípulos de Jesús, ‘los que seguían aquel camino’ como se referirá a ellos en otro momento el libro de los Hechos de los Apóstoles. Pero ahora con la expansión, llegando a Antioquia de Siria y donde nacería una comunidad de gran importancia en la Iglesia primitiva y donde se anunciaba también a los gentiles el nombre del Señor Jesús comienzan a llamarse cristianos.
Jesús había enviado a sus discípulos por todo el mundo a predicar el Evangelio de manera que todo el que creyese y se bautizase, alcanzase la salvación; ahora con la dispersión provocada por la persecución que se había desatado en Jerusalén y el martirio de Esteban vemos cómo llega el anuncio del evangelio a Antioquia como a otros muchos lugares.
Ayer escuchábamos cómo Pedro, impulsado por el Espíritu, había ido a casa de un gentil al que también había bautizado; tuvo que dar sus explicaciones a la comunidad de Jerusalén porque en principio solo hablaban de Jesús a los judíos; estaba claro que el evangelio había de extenderse por todas partes y a todos había de anunciarse. Ahora contemplamos en la comunidad de Antioquía que también comenzaron a hablar de Jesús a los gentiles que también abrazaban la fe.
Pero otro aspecto que podríamos destacar es la unidad entre todos los que creen en Jesús. Se irán creando y estableciendo distintas comunidades por todas partes en la medida en que se anuncia el Evangelio, pero siempre habrá una unidad en todos los creyentes. Cuando los cristianos de Jerusalén tienen noticia de esa nueva comunidad muy floreciente en Antioquía envían a Bernabé como un signo de comunión. ‘Al llegar y ver la acción de la gracia de Dios se alegró mucho y exhortó a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño…. y una multitud considerable se adhirió al Señor’.
Ya el libro de los Hechos hizo mención de Bernabé por el testimonio que dio al vender sus posesiones para generosamente entregarlo todo para ayudar a los pobres y nadie pasara necesidad, pero ahora veremos la importancia que Bernabé tuvo en la Iglesia primitiva, que sin ser del número de los Doce se le considera también como un Apóstol. A Antioquía vino enviado por la comunidad de Jerusalén y en diferentes asuntos que surgieron entre ambas comunidades lo veremos a El como un mediador.
Hoy lo vemos que toma la iniciativa de ir a Tarso a buscar a Saulo - hemos escuchado hace días su conversión y tras momentos de tensión que se habían creado con su predicación y anuncio del evangelio, había marchado a su pueblo de origen, Tarso de Cilicia - y Bernabé lo trae ahora porque ambos van a realizar una gran tarea en la Iglesia naciente.
Es hermoso ir contemplando este camino de la Iglesia naciente y como se va propagando; pero es algo que tendría que hacernos pensar y que tendría que servirnos a nosotros de estímulo para esa tarea del anuncio del evangelio, de llevar el nombre de Jesús a los demás. Un cristiano nunca se puede cruzar de brazos en esta maravillosa tarea de la evangelización. Nos gozamos viendo el crecimiento de la Iglesia, pero hemos de poner también el granito de arena de nuestro esfuerzo, de nuestro testimonio para que así podamos hacer que cada día más muchos puedan alabar el nombre del Señor.
Que el Señor nos dé ese espíritu apostólico y misionero para que sintamos la urgencia de la evangelización de nuestro mundo. Si para nosotros es un gozo el creer y en Cristo Jesús encontramos el sentido y el valor de nuestra vida, ¿por qué no hacer partícipes a los demás de esa alegría y todos puedan sentirse iluminados por la luz de la fe? ‘¡Ay de mí, si no evangelizare!’ decía en una ocasión san Pablo en sus cartas. Es el compromiso que hemos de sentir en nuestro corazón, es el ardor de nuestro espíritu para anunciar la Palabra de Dios a los demás.
Que todos puedan llevar el nombre de cristianos porque en verdad nos adhiramos con toda firmeza y valentía a Jesús y a su evangelio.

martes, 9 de abril de 2013


Un testimonio valiente de la fe en la resurrección: la comunión y el compartir de los hermanos

Hechos, 4, 32-37; Sal. 92; Jn. 3, 11-15
‘Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor’, nos resume el texto de los Hechos de los Apóstoles lo que venía a ser el centro y vida de aquella primera comunidad cristiana.
Como  hemos comentado en otro momento en el tiempo de pascua en la primera lectura iremos haciendo una lectura continuada del libro de los Hechos de los Apóstoles. Hemos ido escuchando en la primera semana ese anuncio claro y valiente que hacen de Cristo resucitado, y de manera especial hemos escuchado lo sucedido en torno a la curación del paralítico de la puerta Hermosa del templo. La predicación de Pedro ante el pueblo primero, luego ante el Sanedrín ante el cual son conducidos, la prohibición de que hablen del nombre de Jesús, son aspectos que hemos ido escuchando estos días.
En el texto de hoy se nos presenta lo que era la vida de la comunidad, en lo que se expresaba ese testimonio vivo y en la propia vida que iban haciendo de la resurrección de Jesús. ¿Cuál era el testimonio?, podríamos preguntarnos. La comunión profunda que había entre todos los que creían en Jesús. Ya en capítulos anteriores se nos hablaba de cómo eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en las oraciones y en la Fracción del Pan que celebraban por la casas, para hablarnos de la Eucaristía.
Hoy se nos dice que ‘en el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio, nada de lo que tenía’. Era una comunión profunda la que sentían y vivían entre ellos, confesando una misma fe: ‘pensaban y sentían lo mismo’. Pero de esa comunión en la misma fe nacía la comunión en el amor, pues todo lo compartían, ‘lo poseían todo en común’.
Y nos hablará de cómo hasta llegaban a vender sus posesiones poniendo el dinero a disposición de los apóstoles para que nadie pasara necesidad. Cuando hay amor verdadero vamos a sentir la necesidad del hermano que amamos como nuestra propia necesidad; cuando hay amor verdadero ¿cómo puedo yo sentirme satisfecho ampliamente en mis cosas y necesidades, pero olvidándome de la necesidad que pueda tener el que está a mi lado?
Os confieso el dolor y hasta la rabia que me asalta en mi interior cuando veo cómo somos capaces de desperdiciar lo que tenemos y hasta tiramos los alimentos y no somos capaces de pensar en aquella persona que quizá no tiene un pedazo de pan que llevarse a la boca. Somos muy descuidados en estos aspectos muchas veces, pero si fuéramos capaces de poner rostro y nombre a quienes pasan esa necesidad seguro que actuaríamos de manera distinta.
No sé si sería porque en los tiempos de mi niñez eran tiempos duros de escasez o también por los valores cristianos que se vivían en mi familia y en los que fui educado, pero eran cosas que aprendí de mi madre, de mi familia, a no tirar nada, a saber aprovechar todo pero no por egoísmo sino para saber pensar en los demás y compartir con ellos.
Estos pensamientos concretos han venido a mi mente y a mi recuerdo ante lo que nos está relatando el libro de los Hechos de los Apóstoles de lo que era la manera de vivir de aquellas primeras comunidades cristianas. Terminará el texto hablándonos de Bernabé, levita y chipriota que vendió su campo y puso el dinero a disposición de los apóstoles. Es la primera vez que se nos hablará de Bernabé a quien veremos más tarde que la comunidad le confía diversas misiones y a que escogido por el Espíritu veremos con Pablo en el primero de los viajes apostólicos que desarrollará con mucho detalle el libro de los Hechos.
En el evangelio estamos escuchando el diálogo de Jesús con Nicodemo, aquel magistrado judío que fue a verlo de noche. Aquel a quien Jesús le dijo que era necesario nacer de nuevo para ver el Reino de Dios, en clara referencia al  nuevo sentido de vida que se tiene cuando en verdad nos encontramos con Jesús; una clara referencia al Bautismo, en el agua y el Espíritu le dice que hay que nacer. Es lo que hubiéramos escuchado ayer si no hubiera sido la celebración de la Encarnación del Señor. Y es lo que hemos contemplado reflejado en aquellos primeros creyentes de la comunidad de Jerusalén; realmente habían nacido de nuevo porque el estilo y sentido de sus vidas eran bien distinto, todo era vivir en comunión de amor entre ellos y así lo compartían todo.
En el texto del evangelio de hoy escuchamos el anuncio de la cruz en la que había de ser levantado en alto Jesús que tantas veces hemos reflexionado. ‘Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del Hombre, para que todo el que cree en El tenga vida eterna’.