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lunes, 25 de agosto de 2025

Cuidado que vayamos cerrando puertas y creando abismos con actitudes bien alejadas del evangelio que ha de hacernos entrar en órbita de amor y comunión

 


Cuidado que vayamos cerrando puertas y creando abismos con actitudes bien alejadas del evangelio que ha de hacernos entrar en órbita de amor y comunión

Hay gente a la que le gusta ir cerrando puertas. Y no es un juego. No es cuestión de estética o buenas costumbres. Como si le fueran dando con la puerta en las narices a los que quieren entrar, como si de lejos contemplamos a alguien que viene por nuestro camino para llegar a donde estamos, ya pronto ponemos la señal de que no se puede entrar. Bueno entendemos que quiero decir mucho más que eso.

Son los que siempre van poniendo dificultades, están en eterna oposición, manifiestan enseguida que no les gusta aquello que decimos, comienzan a encontrar cosas que según ellos falta en aquello que presentamos, le dan un cariz negativo a todo lo que ven que realizan los demás, buscando el desprestigio para que no se acepte lo que los otros presentan. Porque esas dificultades o el señalar lo que falta no lo hacen por aportar algo de su parte que pueda mejorar, sino para echar abajo lo que presenta el consideran un contrincante.

No son criticas constructivas que eso siempre tendríamos que con humildad saberlo aceptar, sino siempre para echar abajo, para destruir. Gente ceniza y destructiva en su negatividad.

Es lo que se ha encontrado Jesús en aquellos grupos que no le aceptan, no quieren escuchar el anuncio que Jesús hace del Reino de Dios, pero es que previamente con el pueblo, del que se consideran dirigentes, han pretendido imponer unas cargas con sus interpretaciones y con las normas que imponen que de alguna manera le hacen imposible a aquella gente humilde y sencilla que tantas ansias tiene de la llegada del Reino de Dios de poder ser fieles de verdad a Dios.

Es la dureza con que Jesús se expresa contra los fariseos y los maestros de la ley. Les falta autenticidad, porque además son los que imponen cargas pesadas sobre los hombros de los demás, pero no son capaces de mover un dedo para ayudar. Son sus interpretaciones rigoristas de la ley de Moisés que distorsionan totalmente lo que es la ley del Señor.

‘¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren’. Van cerrando puertas, como antes decíamos, que ni para ellos. ‘Ni entráis… ni dejáis entrar’, que les dice Jesús. Barreras con sus imposiciones, abismos insalvables con la multitud de normas que al final a ellos mismos les hacia preguntarse cuál era el mandamiento principal. Escuchábamos estos días cómo, aunque fuera por tentar a Jesús, es lo que le vienen a preguntar. Aunque luego se den de sabios y le digan a Jesús, cuando lo que hace Jesús es repetirles la literalidad de lo que estaba escrito en la ley de Moisés, que había hablado muy bien. Pero ya sabemos la podredumbre que tenían por dentro, las intenciones torcidas que tenían sus palabras. Por eso Jesús les habla muy duramente.

Pero no nos quedemos solo considerando lo que Jesús decía entonces a aquellos fariseos y maestros de la ley, sino que tenemos que pensar que nos estará diciendo, de forma muy concreta, a nosotros Jesús con esas mismas palabras. Son Palabra de Dios, y la Palabra de Dios siempre es palabra viva y actual, para nuestra vida concreta, para nuestro tiempo concreto.

Escuchando esas palabras de Jesús tenemos que mirarnos a nosotros mismos y nuestras situaciones concretas, tenemos que mirar lo que es la vida de la Iglesia también en las circunstancias concretas que vivimos en el hoy de nuestra vida. No son palabras que retumben como un eco venido de otras partes, son palabras directas a nuestra vida de hoy.

Si antes hablábamos de ese cerrar puertas para no dejar pasar y lo contemplábamos en la actitud de aquellos dirigentes ¿no tenemos nada que pensar en nuestra vida concreta y en la vida de nuestras comunidades? ¿No vendremos nosotros también en muchas ocasiones con esa autosuficiencia de quien cree saberlo todo y se va poniendo cascos en sus oídos para no oír ni escuchar? ¿No diremos algunas veces aquello de yo soy cristiano de toda la vida y así lo ha sido mi familia siempre pero quizás no nos queremos mezclar con aquellos que vienen ahora de nuestra cercanía o de otras partes porque nosotros nos consideramos en un estadio superior y no queremos que nos quiten los privilegios que nosotros pretendemos tener? ¿No estaremos también cerrando puertas que ni entramos ni dejamos entrar?

Quienes nos consideramos como más cerca de la Iglesia o más en sintonía con ella, porque hemos quizás trabajado pastoralmente en algunas cosas, porque colaboramos en las cosas del templo, porque somos voluntarios para la catequesis o para cáritas, tenemos que escuchar con nitidez estas palabras de Jesús porque algunas veces nos consideramos en un estadio superior, nos consideramos mejores o que sabemos más, y podemos también estar cerrando puertas.

Mucho nos da que pensar este evangelio que parece que era para los demás, pero nos viene directamente al dedo de nuestra vida.


lunes, 26 de mayo de 2025

Es la valentía de nuestra fe, el arrojo con que hemos que proclamarla, la alegría al mismo tiempo de poder trasmitir esa buena nueva del Evangelio, salvación del mundo

 


Es la valentía de nuestra fe, el arrojo con que hemos que proclamarla, la alegría al mismo tiempo de poder trasmitir esa buena nueva del Evangelio, salvación del mundo

Hechos 16, 11-15; Salmo 149;  Juan 15, 26 — 16, 4a

Alguna vez he escuchado algo así como que quien se mete de redentor al final sale redimido, en referencia a alguien que con buena voluntad quiso implicarse en la solución de algunos problemas, sobre todo tratándose de algún tipo de acción social en condenado por aquellos mismos por los que él quería trabajar. Suelen pasar cosas así, personas que con buena voluntad se implican en algo que signifique mejorar algo en el ambiente en que vive, por ejemplo, y luego al final en lugar de reconocimientos lo que va a encontrar son críticas y que si solo se quedan en críticas, no sale tan mal parado.

Es el riesgo que tenemos que asumir en la vida si no queremos quedarnos cruzados de brazos viendo como las cosas van de mal en peor; implicarnos muchas veces nos complica, ya desde el hecho de perder tiempo en nuestras cosas personales para hacer algo por los demás; pero es ahí donde aflora la generosidad del corazón, es ahí donde se manifiesta la madurez de nuestra vida, unas fuertes convicciones que le llevan a hacer el bien aunque luego no tenga reconocimientos; el mejor reconocimiento es el bien que vemos que le estamos haciendo a la otra persona, ver que la otra persona sale adelante, mejora su vida, encuentra luz para sus problemas.

Es en lo que muchas veces los cristianos tenemos miedo, nos parece que no somos capaces, nos sentimos débiles en esos vaivenes de la vida que quizás nos puedan como consecuencia producir alguna inestabilidad en nuestras cosas, pero es el camino que hemos de seguir con fe y con confianza. No estamos solos, no lo hacemos solo con nuestras fuerzas, no lo hacemos por nosotros mismos; siempre podremos tener la certeza de la fuerza del Espíritu que está con nosotros, nos acompaña en nuestro camino y es nuestra inspiración y fortaleza. Pero aun así andamos tambaleantes.

Y es a lo que nos está invitando Jesús, la tarea que pone en nuestras manos. A los discípulos más tarde les dirá que tienen que ir por todo el mundo haciendo el anuncio de la Buena Nueva del Reino de Dios. No dice que sea fácil, porque Jesús no nos oculta nada. Hoy nos está hablando y diciendo cosas para que cuando llegue el momento no olvidemos que El nos lo dijo, nos lo anunció, pero también nos prometió la asistencia de la fuerza de su Espíritu.

‘Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo’. Es la promesa de Jesús, es la garantía de que podemos dar nuestro testimonio, es la fortaleza del Espíritu del Señor en esos momentos que muchas veces se nos vuelven difíciles, oscuros, en que nos sentimos débiles, en que vemos el muro que en ocasiones tenemos enfrente, tenemos en contra. Pero podemos hacerlo, podemos dar ese testimonio.

‘Os he hablado de esto, para que no os escandalicéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios… para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho…’

No nos importa salir redimidos, como decíamos en aquella imagen que proponíamos al principio; no tengamos miedo a las incomprensiones, actuemos con rectitud y nos sentimos fuertes con la verdad. Es cierto que no somos perfectos, lo reconocemos como reconocemos nuestra debilidad, pero no nos quedamos con los brazos cruzados.

Muchos no lo entenderán, o no les interesa entenderlo, porque además estaremos dando un testimonio que les resulta contradictorio para su manera de ver las cosas, denuncia de alguna manera actitudes que no son tan justas. No será una expulsión de las sinagogas como dicen las palabras de Jesús, pero bien sabemos como en nuestra sociedad quiere ocultarse la verdad del evangelio y cuantas cosas vamos a encontrar en nuestra sociedad con lo quieren desprestigiar la Palabra de la Iglesia o el testimonio de los cristianos. De maneras muy sofisticadas nos encontraremos esa oposición y de alguna manera esa persecución. Ya nos lo ha dicho Jesús.

Es la valentía, pues, de nuestra fe, el arrojo con que tenemos que proclamarla, la alegría al mismo tiempo de poder trasmitir esa buena nueva del Evangelio y saber que ahí podemos encontrar la salvación del mundo.

viernes, 15 de noviembre de 2024

Allí donde estamos o con la responsabilidad que tenemos muchas cosas tendríamos que cambiar en nosotros mismos para gestionar nuestra vida y lo que hacemos

 


Allí donde estamos o con la responsabilidad que tenemos muchas cosas tendríamos que cambiar en nosotros mismos para gestionar nuestra vida y lo que hacemos

2Juan 4-9; Salmo 118; Lucas 17, 26-37

La vida no siempre es fácil, todos lo sabemos. Exige esfuerzo y deseos de superación, nos pide muchas veces estar en pie de lucha ante las dificultades que van apareciendo, muchas veces nos suceden cosas que nos lo pueden trastocar todo y quedarnos como con las manos vacías sin saber que hacer, pero siempre podemos encontrar el ánimo, la fuerza de voluntad, el apoyo que necesitamos en ese camino. Son las luchas y los trabajos de cada día, familia, responsabilidades, crecimiento personal, que muchas veces desde nosotros mismos nos encontramos con tropiezos, por nuestros cansancios y nuestra falta de constancia, por nuestras propias pasiones que en ocasiones nos hacen perder el sentido más profundo, por cuanto nos sucede a nuestro alrededor. Pero yo diría que no podemos sentirnos derrotados.

Tiene que aparecer toda la madurez de nuestra propia persona, para reflexionar y para discernir, para saber encontrar el camino y no perder la esperanza, para mantenernos fieles a nuestros valores y a nuestros principios, para sentir también que la mano de Dios está detrás de todo eso y quizás a través de esas mismas cosas que nos suceden El quiere hablarnos al corazón, como al mismo tiempo abrirnos a nuevos horizontes. Aquí tiene que aparecer el discernimiento de nuestra fe, para no confundirnos, para saber que siempre hay una luz, que no nos faltará el amor de Dios, aunque el camino nos parezca oscuro. En cañadas oscuras El nos conduce como rezamos en alguno de los salmos.

El evangelio de hoy nos puede parecer un tanto enigmático y difícil de comprender. Jesús está en el camino de su subida a Jerusalén para la pascua y sabe bien cuál es la pascua que allí ha de vivir. En su entorno aunque los discípulos más fieles están siempre con El, alguno fallará sin embargo, comienza también a notarse el rechazo de algunos principales y que más tarde en Jerusalén se hará bien patente. Las palabras de Jesús de alguna manera tienen este trasfondo.

En los próximos días también vamos a escuchar mucho que Jesús hablará de los tiempos finales, de los últimos tiempos, como también anunciará proféticamente lo que va a suceder en medio de su pueblo, aunque a la gente le cueste entender las palabras de Jesús. Pero ahí han quedado en el evangelio y son palabras iluminadoras en todos los tiempos en que siempre los cristianos o nos vamos a encontrar con momentos difíciles, o vivimos también en la expectación de los últimos días. Por eso las palabras de Jesús siguen siempre palabras que iluminan, palabras de esperanza para los hombres de todos los tiempos.

Hemos hablado de nuestras luchas y de lo difícil que se nos pone la vida de muchas maneras, pero también hemos insinuado la necesidad de que reflexionemos sobre la vida y cuanto nos sucede, y seamos capaces de hacer un discernimiento para encontrar lo que tiene que ser nuestro camino, nuestro camino precisamente iluminado por esa fe que ponemos en Jesús.

En todo momento de la vida tenemos que descubrir esa luz que no nos falta, porque Dios estará siempre con nosotros aunque tengamos que pasar por momentos negros en la vida. Cuanto sucede a nuestro alrededor nos ha de servir de lección, de toque de atención, de plantearnos que es lo que de verdad estamos haciendo que la vida, qué estamos haciendo nuestro mundo, qué respuesta tenemos que ir dando.

En nuestra tierra hemos pasado – sobre todo en aquellas regiones más afectadas aunque todos queremos sentirlo como algo que nos ha sucedido a nosotros, como algo nuestro – unos momentos difíciles donde ha aparecido la destrucción y la muerte. ¿Todo esto no nos tendría que hacer pensar? ¿Cuáles han de ser los verdaderos afanes que hemos de tener en la vida? ¿Qué estamos haciendo allí donde estamos, allí donde vivimos, allí donde ejercemos nuestras responsabilidades por hacer que nuestro mundo sea mejor?

En medio de tanto dolor y oscuridad siempre podemos encontrar una luz, como siempre tenemos que sentir una llamada del Señor. Se ha despertado la solidaridad de muchos, hemos roto esa cadena de insensibilidad en que a veces parece que caminamos en la vida, ha habido una respuesta hermosa en tantos y tantos que han sentido como propios los sufrimientos de esas personas y de tantos que de una forma o de otra se han movilizado para ayudar.

¿No tendría que hacernos pensar en que sería de otra manera como gestionáramos nuestro mundo? Incluso desde nuestra vida personal, allí donde estemos o con la responsabilidad que tengamos, ¿no nos daremos cuenta que quizás haya muchas cosas que tendríamos que cambiar en nosotros mismos, en nuestra manera de hacer las cosas o donde empleamos lo que somos y lo que tenemos? Pueden ser llamadas que Dios está haciendo a nuestro corazón.

jueves, 2 de mayo de 2024

Si sabemos permanecer en el amor sentiremos al final la más hermosa satisfacción que nos llenará el corazón de la más hermosa alegría

 


Si sabemos permanecer en el amor sentiremos al final la más hermosa satisfacción que nos llenará el corazón de la más hermosa alegría

Hechos de los apóstoles 15, 7-21; Salmo 95; Juan 15, 9-1

La vida tiene muchas curvas, no le faltan dificultades, lugares de sombra y oscuridad, momentos de frialdad, situaciones de tormenta, igual que tiene días plácidos, calmas bonancibles, momentos en que brilla el sol, la suave brisa nos refresca o el viento sopla a nuestro favor; dichoso no solo el que sabe disfrutar de estos momentos de luz, de calor, donde todo puede llenarse de entusiasmo, sino muy feliz será el que sabe sortear las tormentas, superar las dificultades de las curvas, mantener el corazón templado a pesar de las heladas ventiscas que parece que todo se lo llevan por delante. Quien sabe hacerlo, aunque le cueste, sentirá al final una hermosa satisfacción que le llenará el corazón de alegría, porque nunca perdió la esperanza ni se dejó vencer por la derrota, y su alegría será más plena y de más honda satisfacción.

Es así cómo tenemos que vivir los cristianos. Será por eso por lo que podemos decir que los cristianos somos las personas más alegres del mundo. No perdemos la serenidad y la alegría de nuestros rostros ni la serenidad del alma, sabremos mantenernos en el amor aunque no seamos correspondidos, podemos responder con palabras y gestos de paz a pesar de las violencias que parece que nos quieren envolver. Sabemos quién es el que va al timón de nuestra barca, nos sentimos seguros porque sabemos que quien nos acompaña es quien nos ama con el mayor amor de los amores. Por eso queremos seguir caminando porque sabemos de quien nos confiamos; mantenemos el rumbo de la vida porque es el amor el que nos envuelve y nos llena de felicidad.

No hay mayor alegría ni felicidad. La hemos construido poniendo buenos cimientos y dándole fortaleza a los muros del alma para detener todos los embates. Nos hemos mantenido en el amor, que no se queda en gestos momentáneos, que pueden salir con buena voluntad de forma espontánea, no se queda en palabras brillantes que pueden encandilar a cualquiera – aunque en un mundo de tantas palabras ya muchos no se dejan encandilar de cualquier manera aunque siempre es una tentación – sino que ha sabido darle permanencia al amor.

Es lo que hoy Jesús nos enseña. ‘Permaneced en el amor’, nos dice. Nos ha amado del amor del Padre y de su amor, ahora nos toma a nosotros entrar en esa órbita. Pero permanecer en el amor, aunque cueste, aunque el camino se haga cuesta arriba, aunque no seamos correspondidos, aunque suframos violencias y nos podamos sentir heridos, aunque sean muchos los que luchen contra nosotros, aunque nos sintamos atraídos por cantos de sirena ofreciéndonos delicias que nos puedan encandilar, aunque a veces dentro de nosotros mismos sintamos una rebeldía y un cansancio interior, aunque no seamos comprendidos.

Son aquellas noches oscuras de las que hablábamos o esas curvas del camino que nos pueden distraer, son aquellas frialdades en los que el camino se nos hacía difícil, pero donde seguimos caminando porque sabíamos de la meta y de quien guiaba nuestro camino. Por eso permanecemos en el amor. Como Jesús ha permanecido siempre en el amor del Padre y en el amor que nos tiene a nosotros.

        Y hoy Jesús ha terminado diciéndonos que nos ha hablado de todo esto para que nuestra alegría sea completa. Qué gozo sentimos cuando nos sentimos abrazados por esa ternura de Dios, que sabiendo de nuestras debilidades aun así nos pone metas altas y nos dice que no podemos perder nunca la alegría porque El estará siempre con nosotros. ‘Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud’. Claro que si sabemos permanecer en el amor sentiremos al final la más hermosa satisfacción que nos llenará el corazón de la más hermosa alegría.

martes, 30 de enero de 2024

Aunque los caminos se nos vuelvan oscuros y todo parezcan montañas que superar, mantengamos la fe porque Jesús camina siempre a nuestro lado y encontraremos la luz

 


Aunque los caminos se nos vuelvan oscuros y todo parezcan montañas que superar, mantengamos la fe porque Jesús camina siempre a nuestro lado y encontraremos la luz

2 Samuel 18, 9-10. 14b. 24-25a. 31 – 19, 3; Sal 85; Marcos 5, 21-43

Nos sucede muchas veces, nos encontramos pasando por un mal momento del que queremos salir, pero parece que todo son dificultades, murallas que parecen interponerse para encontrar la solución. Y muchas veces parte de nosotros mismos, de nuestra indecisión o de nuestros miedos, como también en el camino podemos encontrarnos obstáculos, desde quienes parece que se gozan en hacernos creer que es grande la dificultad, o también de prejuicios o respetos sociales, por llamarlos de alguna manera que nos hacen temer que aquello no tiene solución o ya no hay remedio.

Pero si tenemos claro a dónde podemos acudir, no nos dejamos llevar por esos posibles prejuicios sociales, y no hacemos caso a tantos agoreros que nos ponen las cosas cada vez más negras, podremos tomar la valiente decisión de encontrar la solución o el camino para esa recuperación que necesitamos.

Muchas de estas cosas que hemos ido mencionando de lo que nos sucede en la vida podemos ver reflejadas en el pasaje del evangelio que hoy se nos presenta. En primer lugar está Jairo, era un hombre importante e influyente, que podía pertenecer de alguna manera a la clase dirigente de aquella sociedad, puesto que era el Jefe de la Sinagoga. Su situación social le podía estar cerca de aquellos escribas y fariseos que tanta oposición comenzaban a hacer a Jesús. Pero Jairo se encuentra con su hija enferma y, como dice él, está en las últimas. ¿A quién acudir? ¿Se atreverá con la prestancia de su figura a acudir como uno más hasta Jesús para que sane a su hija? Saltándose todos los prejuicios que le podían imponer de alguna manera los principales opositores a Jesús, se atreve a ir al encuentro con Jesús, cuando está llegando ahora en barca después de atravesar el lago, para pedirle que vaya a curar a su hija.


Parece que todo son prisas dada la urgencia de la situación de aquella niña. Pero Jesús ha tenido que detenerse en camino. Una mujer con hemorragias en la que se había gastado una fortuna buscando remedio para su enfermedad se ha atrevido a ir por detrás de Jesús a tocar el manto, con la confianza de que solo es necesario eso para curarse. No podría estar aquella mujer en medio de la aglomeración de personas que rodean a Jesús porque ella por su enfermedad es una mujer impura. Pero ha saltado todas esas conveniencias sociales y se ha acercado a Jesús.

Jesús ha sentido que alguien le ha tocado y se detiene en su camino, para impaciencia de Jairo. ‘¿Quién me ha tocado el manto? Los discípulos le contestaban: Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: ¿Quién me ha tocado?’ La mujer temblorosa no ha tenido más remedio que dar un paso adelante ‘y se echó a sus pies’. ‘Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad’, le dice Jesús.

Jairo le apremia y llegan malas noticias. No hay que molestar al maestro, la niña ha muerto. Otra barrera que se impone. Parece que la oscuridad de la muerte quiere hacer presencia. Tantos nubarrones negros que podrán descorrerse si mantenemos la fe. Es lo que le dice Jesús a Jairo. ‘No temas; basta que tengas fe’. Y continúan el camino, encontrándose la casa llena ya de las plañideras que lloran la muerte de la niña. ‘¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta; está dormida’. Pero comenta el evangelista que se reían de El.  ¡Cuántos se ríen de nuestra fe! ¡Cuántas veces nos acobardamos temiendo esas burlas que podamos recibir por nuestra fe!


Y ya sabemos el final del relato. La tomó de la mano y la levantó y se la entregó a los padres. A pesar de que el camino se había llenado de sombras al final apareció la luz. También seguramente lo habremos experimentado cuando hemos mantenido con valentía nuestra fe. ¡Qué satisfacción más honda sentimos en el alma! No nos falta la luz porque nunca faltará la presencia de Dios que camina a nuestro lado y que se nos manifiesta de tantas maneras. Como lo hizo Jesús con Jairo, y como también le dio oportunidad a aquella mujer. Yo lo he sentido en mi vida.

Basta que mantengamos nuestra fe.


sábado, 27 de enero de 2024

Con Jesús tienen que acabarse nuestros miedos, El está ahí y no nos deja solos, con nosotros va en esa barca de la vida y en medio de esas tormentas

 


Con Jesús tienen que acabarse nuestros miedos, El está ahí y no nos deja solos, con nosotros va en esa barca de la vida y en medio de esas tormentas

2 Samuel 12, 1-7a. 10-17; Sal 50; Marcos 4, 35-41

Seguramente que nos habrá sucedido alguna vez, que nos hemos visto con el agua al cuello, sin saber como salir de esa situación y donde lo vemos todo perdido. Problemas no nos faltan en la vida; quizás situaciones que ahora nos aparecen como consecuencia de algo que no hicimos bien; los mismos avatares de la vida que van y vienen y hay momentos de calma en que parece que todo va bien, pero de pronto se nos viene el mundo abajo; contratiempos y tropiezos con la gente con la que convivimos, situaciones inexplicables en que todo cambia a nuestro alrededor; mal entendidos que nos llenan de desconfianzas y se producen distanciamientos… muchas cosas podemos pensar.

Pero ¿cómo reaccionamos? ¿Nos dejamos morir porque no vemos solución y todo nos parece un fracaso? ¿Luchamos buscando medios, buscando ayudas, amarrándonos de lo que sea – un clavo ardiendo, decimos tantas veces – para ver como salimos, como nos levantamos, como las cosas vuelven a la calma de siempre? ¿Nos entra la desesperación, aparece la soledad que nos turba, nos llenamos de angustia? ¿Seremos capaces de mirar hacia lo alto buscando esa fortaleza que nos viene de arriba y tanto necesitamos?

La imagen que nos ofrece hoy el evangelio puede ser muy iluminadora para esas situaciones por las que pasamos. Jesús había estado predicando allí en la orilla del lago; cuando termina su predicación les dice a los discípulos más cercanos que ya comienzan a estar de una forma más estable con El de ir a la otra orilla.

Atravesar el lago, puede ser algo apacible y agradable, y bueno es hasta echarse una siesta por algún rincón de la barca. Pero también es frecuente, como consecuencia de las variaciones de los vientos que bajan de las montañas vecinas, estando el lago además en una depresión – está a un nivel más bajo que el nivel del mar Mediterráneo – que surjan sorpresivamente tormentas que puedan poner en peligro las barcas que se encuentren atravesando el lago.

Y es lo que sucedió. Y mientras los pescadores luchaban contra las inclemencias del tiempo, Jesús dormía plácidamente en un rincón de la barca. No saben qué hacer. Al final despertarán a Jesús, ‘¿no te importa que nos hundamos?’ Ellos habían hecho lo posible por salir de aquella situación. Ahora acuden a Jesús y con Jesús vuelve la calma. ‘Increpó al viento y al mar… y vino la calma’, nos narra el evangelista.

Pero es entonces cuando surge la pregunta. ‘¿Quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?’ Habían ido conociendo a Jesús, escuchando sus enseñanzas, también comenzaban a ser testigos de los signos que realizaba cuando curaba a los enfermos e iban descubriendo también cómo los milagros no se quedaban reducidos a la curación de unas enfermedades, unas cegueras o unas parálisis, porque además se sentían transformados por dentro cuando de nuevo renacían en ellos las esperanzas. Pero ahora estaban contemplando algo nuevo. ‘¿Quién es este?’ se preguntaban.

¿Qué necesitamos descubrir en Jesús? ¿Qué es lo nuevo que nos está ofreciendo para la vida? Decimos que Jesús es evangelio, es buena noticia para nuestra vida. ¿Cuál es esa buena noticia que nosotros necesitamos escuchar, descubrir en Jesús?

Pensemos en esas situaciones que describíamos antes en las que nos encontramos tantas veces en la vida. ¿Jesús tendrá algo que decirnos para todo eso por lo que pasamos? ¿La liberación que Jesús nos está ofreciendo responderá a esos momentos duros que pasamos tantas veces en la vida en que nos parece que andamos en un callejón oscuro y sin salida?

Jesús les recriminó a los que iban en la barca, ‘¿por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?’ Pensemos que es lo que Jesús nos está diciendo también a nosotros ahora, mientras quizás escuchamos este trozo de evangelio y no sabemos cómo interpretarlo o qué lección sacar para nuestra vida. Nos lo está diciendo cuando en la vida tantas veces nos sentimos angustiados, amargados, agobiados por los problemas sin saber cómo salir adelante. ‘¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?’

 Con Jesús tienen que acabarse nuestros miedos. Sabemos que El está ahí y no nos deja solos porque con nosotros va en esa barca de la vida y en medio de esas tormentas de la vida. Sintamos la seguridad de su presencia, dejémonos envolver por la paz con la que quiere llenar nuestro espíritu.


miércoles, 15 de febrero de 2023

Es un camino y un proceso como el que iban realizando los discípulos de Jesús y todos los que a El se acercaban, como tenemos que hacer nosotros para llenarnos de su luz

 


Es un camino y un proceso como el que iban realizando los discípulos de Jesús y todos los que a El se acercaban, como tenemos que hacer nosotros para llenarnos de su luz

Génesis 8,6-13.20-22; Sal 115; Marcos 8,22-26

Cuántas maravillas podemos contemplar hoy gracias al avance de la ciencia y de la técnica y estoy pensando en el campo de la medicina y de la sanidad. Qué maravilla la recuperación de la visión, por ejemplo, tras una operación de cataratas. Hace pocos días un amigo me hablaba admirado cómo ha recuperado la visión, con que fuerza ve de nuevo los colores, pero también tantos detalles que en el proceso de pérdida de visión por las cataratas había ido perdiendo. Puedo hablar por mi mismo también en este caso.

Estoy haciendo referencia a esto por el evangelio que hoy nos presenta la liturgia. Un hombre de Betsaida que está ciego lo llevan a Jesús para que lo cure. Hay unas circunstancias que algunas veces nos cuesta entender porque pareciera que el milagro se ha realizado en dos partes. Primero el hombre solo veía un poco o algunas cosas, para luego recuperar totalmente la visión. Olvidamos que cuando estamos escuchando estos relatos de la Palabra de Dios son también como signos de los procesos que se realizan en nuestra vida en nuestro camino de conversión.

Si hablamos de esas maravillas de la recuperación de la luz y la vista como podemos experimentar hoy en nuestro mundo y nos admiramos por ello, no menos tendríamos que admirarnos de cómo el encuentro con Jesús realiza en nuestra vida también muchas maravillas, cuando lo acogemos y cuando lo aceptamos.

Es un camino, es un proceso. Como el que iban realizando los discípulos de Jesús y todos los que a El se acercaban. Comenzaban a creer en Jesús, comenzaba a llegar la luz a sus vidas, que no solo era la recuperación de la luz que nos entra por los ojos. Pedro y los demás apóstoles creían en Jesús, por eso un día habían dado el paso de seguirle, dejando las redes, dejando sus casas y su familia para estar con Jesús. Pero también los costaba ver claro. No siempre entendían las palabras y las enseñanzas de Jesús, no siempre comprendían lo que Jesús hacía. Se llenaban de dudas. Pedro quiso convencer a Jesús de no subir a Jerusalén porque todo lo que anunciaba Jesús no le podía pasar. Muchas veces vemos a los discípulos discutiendo por primeros puestos en el Reino cuando tanto les había enseñado Jesús del espíritu de servicio del que tenían que envolver sus vidas. Les costaba dar pasos. La pasión y la muerte de Jesús fue también para ellos una gran prueba, que se vio superada cuando le contemplaron resucitado, cuando se llenaron del Espíritu de Jesús.

Son nuestros pasos, que son también nuestras dudas, que son las debilidades que nos aparecen, que son las ambiciones que no terminamos de arrancar del corazón, que son nuestras vueltas atrás de tantas veces cuando parecía que tan entusiasmados estábamos, que con las cosas que nos escandalizan y no terminamos de comprender. Pero hemos de ir dando pasos, hemos de querer caminar siguiendo a Jesús, hemos de dejar que llegue Jesús a nuestra vida y toque nuestros ojos, como hizo con aquel ciego de Betsaida, que toque nuestro corazón para que la luz llegue totalmente a nuestra vida.

Y eso lo vivimos hoy, en nuestro mundo con sus problemas, en ese mundo donde tenemos que ser testigos y dar testimonio, ese mundo que muchas veces no nos quiere y está a la contra de lo que nosotros podamos o queremos hacer, pero donde tenemos que estar, donde tenemos que ser luz, donde tenemos que seguir haciendo el anuncio del Reino de Dios.

sábado, 28 de enero de 2023

Dios está ahí, siempre, en ese barco de la vida en el que vamos haciendo la travesía, no dudemos porque nunca nos faltará la luz de ese faro que está a nuestro lado

 


Dios está ahí, siempre, en ese barco de la vida en el que vamos haciendo la travesía, no dudemos porque nunca nos faltará la luz de ese faro que está a nuestro lado

Hebreos 11,1-2.8-19; Sal.: Lc 1,69-75; Marcos 4,35-41

Todos en la vida pasamos por distintos momentos de zozobras, donde nos vemos mal, los problemas aparecen y reaparecen cuando pensábamos que ya estaban resueltos, o nuevas dificultades aparecen cuando pensábamos que todo era un mar en calma. Son momentos difíciles, nos sentimos agobiados, no sabemos a quien acudir o tenemos quizás miedo porque desconfiamos y aquellos que nos habían prometido mucho, ahora se hacen los desentendidos; aunque sintamos a la familia cerca y que los amigos ahí están, nos parece que se desentienden, o están tan adormecidos que nos parece que no se enteran. Y así caminamos muchas veces de zozobra en zozobra.

¿Llegaremos a hacer la queja con aquellos que pensábamos que nos iban a ayudar y ahora están a lo suyo? Quizás nos la guardamos, pero en su momento la sacamos a relucir. Poco te importo yo en la vida, quizás llegamos a decirles, pero ellos nos responden que ahí estaban pero que quizás fuimos nosotros por nuestra desconfianza los que no nos decidimos a pedir ayuda.

¿Estaban así pasándolo mal aquel grupo que iba con Jesús en la barca aquel día mientras se había desatado una fuerte tormenta sobre el lago? La mayoría eran pescadores y de aquellas tierras cercanas al lago; conocerían de sobra aquellas tormentas porque ya las habrían pasado en más de una ocasión. Ahora iban con Jesús y querían tener la confianza de que le habían visto hacer cosas maravillosas; pero parecía que no se enteraba, pues dormido estaba allí en un rincón de la barca. ‘¿No te importa que nos hundamos?’ llegan ya a atreverse a decirle.

Allí estaba Jesús y no se habían atrevido a pedirle ayuda, sino ya cuando todo parecía perdido y la barca casi se hundía. Así andamos por la vida en medio de nuestras tormentas. Nos ponemos tan agobiados que no somos capaces de ver quien está ahí cerca y nos puede echar una mano. No vemos tan revueltos que habían pasado por otras tormentas, ahora con esta ya no recordamos las anteriores ni los medios que entonces tuvimos a nuestro alcance para superar aquellas duras situaciones. Así vamos de alelados en muchas ocasiones por la vida.

Y hasta nos sentimos abandonados de Dios. Parece que Dios se desentiende de nosotros, o estará allá arriba rodeado de sus ángeles y meciéndose entre las nubes; son las imaginaciones idílicas que algunas veces nos hacemos, para no reconocer que a nosotros nos ha faltado algo, a nosotros nos está faltando la fe y la confianza; a nosotros nos está faltando el empaparnos de la Palabra de Dios donde tenemos la fuente de la más hermosa sabiduría de la vida.

¿Tendrá que decirnos a nosotros también Jesús, ‘hombre de poca fe,’ porque estamos llenos de dudas también? Hombres de poca fe, es cierto, somos tantas veces en la vida; no la hacemos presente en la vida, en cada una de las situaciones que vivimos. Que no es solo acordarse de santa Bárbara cuando truena, que no es solo acudir a Dios para que nos ayude cuando nos encontramos con dificultades.

Si decimos que vivimos o queremos vivir el Reino de Dios, es porque queremos que Dios sea siempre el Rey y Señor de mi vida. En los momentos de los aplausos para agradecerle a Dios su gracia y su presencia que nos ha ayudado a salir airoso en cualquiera de los momentos de la vida; en los momentos buenos para saber dar gracias y nuestra vida se convierta en un cántico de alabanza al Señor; pero en los momentos turbios y de dificultades para sentir que no nos falta su luz, su fuerza, su gracia, su sabiduría para mantenernos en la lucha con la esperanza de la victoria; pero en esos momentos que parece que pasan indiferentes sin mayores cosas para saber descubrir esa acción de Dios, para saber descubrir esos caminos de Dios y no llegar a caer en la rutina y hasta en la desgana porque hayamos perdido la ilusión.

Dios está ahí siempre, en ese barco de la vida en el que vamos haciendo la travesía. No duerme, porque en su providencia está atento a cuando nos sucede en la vida. Aunque nos parezca que está en silencio, aprendamos a escuchar ese susurro de su voz allá en nuestro interior. Siempre será el faro que nos guía; no seamos torpes navegantes que no sepamos leer la brújula que a través de muchos signos nos va señalando siempre la ruta de nuestra travesía. No dudemos porque nunca nos faltará la luz y la señal de ese faro que pone a nuestro lado en la vida.

viernes, 2 de diciembre de 2022

Aunque ciegos vamos por los caminos abramos nuestros sentidos del espíritu para descubrir las señales que nos ayuden a encontrar el camino y la luz

 


Aunque ciegos vamos por los caminos abramos nuestros sentidos del espíritu para descubrir las señales que nos ayuden a encontrar el camino y la luz

Isaías 29, 17-24; Sal 26; Mateo 9, 27-31

Seguir a alguien por un camino siendo ciego parece una cosa bastante difícil, porque quien no va iría tropezando con todo, no sabría los límites del camino y tendría el peligro de despeñarse, y podría desistir ante la imposibilidad de seguir el paso de quien está bien, ve con claridad y nada le detiene.

¿Andaremos así en la vida? ¿Podremos con nuestras cegueras tener certeza del camino que hacemos y podremos alcanzar la meta? ¿No tenemos el peligro de errar el camino, de no encontrarle sentido a lo que hacemos, de que la oscuridad nos agobie o se convierta en una barrera difícil de superar? ¿Podremos tener claro hacia donde vamos? Y comprenderemos que no estamos ha hablando de las cegueras de los ojos, sino de esas otras cegueras de nuestro espíritu, de esas oscuridades en que nos vemos envueltos cuando hay cosas que no entendemos, cuando las dificultades de la vida nos hacen tropezar, nos desorientan y nos hacen perder el sentido de la vida.

El evangelio de hoy nos habla de dos ciegos que seguían a Jesús por el camino. En medio de sus tumbos al final llegaron también a la casa de Jesús. ¿Les guiaban sus oídos porque escuchaban el murmullo de los que acompañaban a Jesús y ya eso les servía de alguna manera de guía? ¿Alguien entre los que estaban caminando con Jesús les pudo quizás servir de lazarillo para ayudarles de alguna manera a seguir tras Jesús? Sabían ellos a quien estaban intentando seguir, porque pedían compasión y misericordia; no era solo la limosna que estaban acostumbrados a pedir en la orilla de los caminos a quienes por allí transitaban, sino que ellos lo que estaban pidiendo era recobrar la vista. ‘Ten compasión de nosotros, ¡Hijo de David!’ era su súplica.

Logran al final llegar a los pies de Jesús, ya en casa, y se establece aquel diálogo en aquella súplica que es oración, pero que es también proclamación de una fe, porque ante la pregunta de Jesús de si creían ellos que El pudiera hacerlo, su respuesta es una afirmación de su fe. Y desde esa fe recobran la vista. ‘Suceda conforme a vuestra fe’, les dice Jesús y ellos recobran la vista. Pero aquí no acaba todo porque no son sólo sus ojos los que se han abierto, sino que ante ellos se abre un horizonte nuevo donde tienen que anunciar lo que Jesús ha hecho con ellos. ‘Ellos al salir hablaron de él por toda la comarca’.

Estamos contemplando aquí todo un itinerario de nuestra búsqueda de la luz pero también de cuanto podemos hacer para ayudar a otros a encontrar la luz. Entre tropiezos caminamos, pero siempre con los sentidos abiertos para descubrir las señales que Dios va poniendo junto a nosotros como muestra de su amor.

Quizás nos llama la atención el camino que otros también están haciendo y seguimos el rumor de sus pasos porque también nosotros queremos encontrar algo; quizás sentimos una mano amiga que nos ayuda a caminar y nosotros nos dejamos ayudar, que puede ser una palabra o un gesto, que pueda ser descubrir que hay alguien a nuestro lado cuya presencia nos estimula para superar dificultades, para encontrar el camino de salida de esa oscuridad.

Pero estamos descubriendo también lo que podemos hacer, el testimonio que podemos ofrecer, la palabra buena que podemos decir, el brazo que tendemos generosos para que pueda servir de apoyo a otros, o el ser capaces de ponernos en camino para anunciar todo lo que el Señor ha hecho con nosotros. Es anuncio de evangelio.

¿Queremos seguir en la oscuridad? ¿Ayudaremos a otros a que también encuentren la luz? ¿Nuestra vida es testimonio de quien se ha dejado iluminar para reflejar esa luz y ayudar también a los demás? ¿Seremos unos testigos que pongamos más luz en nuestro mundo?

miércoles, 23 de noviembre de 2022

Momentos difíciles pasamos muchas veces en la hora de dar testimonio de nuestra fe, pero no estamos solos porque Jesús nos ha prometido la fuerza de su Espíritu

 


Momentos difíciles pasamos muchas veces en la hora de dar testimonio de nuestra fe, pero no estamos solos porque Jesús nos ha prometido la fuerza de su Espíritu

Apocalipsis 15,1-4; Sal 97; Lucas 21,12-19

Cuando nos vemos en situaciones complicadas, donde se nos puede pedir razón de lo que hacemos, donde quizás por los problemas que tengamos hemos de acudir a alguien pidiendo ayuda, o ante errores que hayamos cometido tenemos que dar explicaciones, pedir excusas, o hacernos un nuevo planteamiento, nos llenamos de dudas y de miedos en nuestro interior, porque no sabemos cómo vamos a reaccionar, no sabemos qué podemos decir o cómo podemos explicarnos mejor, y en cierto modo sentimos como una desazón o una angustia en nuestro interior.

Acudimos quizá a un amigo de confianza a quien podemos hablar con toda libertad pidiendo un consejo, una visión distinta de los problemas que tenemos, o como quizás desde su experiencia podemos afrontar esas situaciones; cuando se trata de problemas más fuertes pedimos la orientación o el acompañamiento de un abogado, que tiene su preparación, sabe mejor como responder a esos cuestionamientos que se nos hacen, qué es lo que podemos decir en nuestro favor, o nos puede ofrecer incluso un asesoramiento jurídico o incluso una defensa llegado el caso. La cuestión es no sentirnos solos e indefensos.

Digo esto a manera de ejemplo en referencia a lo que hoy nos está hablando Jesús en el evangelio. Nos está previniendo para los tiempos difíciles con que nos vamos a encontrar. Habla de persecuciones e incluso de muerte con lo que tenemos ocasión, como nos dice, de dar testimonio. Es en esos momentos difíciles donde se ha de manifestar claramente la firmeza de nuestra fe y como si ponemos toda nuestra confianza en el Señor no nos vamos a ver defraudados.

Bien sabemos que a la iglesia y a los cristianos no nos han faltado persecuciones en todos los tiempos. Desearíamos, es cierto, que todo fuera en paz y armonía, y que el mundo que nos rodea aceptara el testimonio que nosotros podemos ofrecer del evangelio, luz y sendero de nuestra vida. Pero el discípulo no es mayor que su maestro, nos dirá Jesús en otra ocasión, y si a Jesús le hicieron lo que le hicieron llevándolo a la cruz, es el camino de pascua que nosotros también hemos de vivir.

Es normal que nos entren los miedos y las angustias; somos humanos y somos débiles, no bastarán nuestras palabras y nuestra sabiduría para encontrar esa fuerza que necesitamos. Y es de lo que nos está hablando hoy Jesús. No hemos de temer. Hemos de mantenernos perseverantes, es el camino que de verdad nos llevará a la salvación.

Pero Jesús nos da un abogado, un defensor, quien en verdad nos va a guiar en lo más hondo del corazón en ese camino que hemos de recorrer. Ya en otro momento nos hablará de que El marcha a estar junto al Padre pero que nos enviará el Paráclito, el Defensor, ‘El os guiará hasta la verdad plena’, nos dice.

Pero hoy nos está diciendo como no hemos de temer en esos momentos difíciles en que nos podemos encontrar.  Es el momento de dar nuestro testimonio y con nosotros va a estar la fuerza de su Espíritu. En la última cena cuando les hablaba Jesús de su marcha al Padre, aunque no terminaban de entender bien lo que Jesús les estaba diciendo, sus corazones se llenaban de tristeza; les parecía que se iban a sentir solos. Nos pasa a nosotros tantas veces cuando aquellos a los que amamos parece que por un motivo o por otro se alejan de nosotros; cómo sentimos la soledad y como nos sentimos indefensos. Fue el trance amargo que ellos pasaron también durante la pasión de Jesús hasta que lo contemplaron resucitado.

Hoy les dice Jesús en referencia a esos momentos difíciles e incluso de persecución. ‘Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro’. La fuerza del Espíritu del Señor estará siempre con nosotros.

domingo, 13 de noviembre de 2022

El anuncio del evangelio trata de sembrar siempre esperanza y paz en los corazones, aún en los momentos difíciles invitándonos a la responsabilidad y al compromiso

 


El anuncio del evangelio trata de sembrar siempre esperanza y paz en los corazones, aún en los momentos difíciles invitándonos a la responsabilidad y al compromiso

Malaquías 3, 19-20ª; Sal 97; 2Tesalonicenses 3, 7-12; Lucas 21, 5-19

La historia es un devenir de situaciones que en momentos nos parecen difíciles y complicadas, situaciones de crisis donde todo parece que se pone en duda, con otros momentos si no de prosperidad total sí de un cierto bienestar y prosperidad que muchas veces parece que nos hacen olvidar cual es el camino y cual es la meta que perseguimos en la vida.  unos y otros momentos según la manera en que los vivamos o nos enfrentemos a esas situaciones pueden devenir en cierta crisis, una veces por los miedos que nos paralizan y otras porque hay cosas que nos pueden llevar a una pérdida de los verdaderos valores que le podrían dar un mejor y mayor sentido a nuestras vidas.

Siempre en medio de todas esas situaciones nos aparecen profetas, muchas veces profetas de calamidades que nos anuncian hecatombes que nos pueden llenar de angustias. Son esos ‘profetas’ (y los tenemos que poner entre comillas) que no nos anuncian sino destrucción y muerte, que no encienden la esperanza, que nos llenan de angustia el alma con lo que nos sentimos más turbados y cegados para encontrar caminos que nos puedan llevar a la luz.

¿No los tuvimos también en medio de los momentos difíciles que hemos pasado últimamente con pandemias, con catástrofes naturales, con guerras como hemos estado viviendo? Cuantos mensajes de desaliento hemos recibido también de esos profetas de calamidades, como hemos querido llamarlos. Aprovechan cualquier situación difícil o los mismos acontecimientos de la naturaleza para llenarnos el alma de esos miedos hablando de tiempos apocalípticos, sin haber entendido siquiera lo que en si significa la palabra Apocalipsis.

Hoy nos encontramos con una de esas páginas duras del evangelio a las que se les da muchas veces ese apelativo de apocalípticas. Se entremezclan diversas consideraciones en el texto del evangelio, desde situaciones que ya había vivido quizá el propio evangelista que nos trasmite el mensaje del evangelio, como había sido la destrucción del templo y de la ciudad de Jerusalén, que es cierto Jesús proféticamente había anunciado, como hoy mismo escuchamos.

Quizás en los momentos en que se escribió el evangelio los judíos y en consecuencia también los cristianos habían comenzado a pasar por momentos difíciles desde los caprichos de las autoridades romanas que lo llenaban todo de destrucción y muerte con sus diversas persecuciones que vivieron también los propios judíos. Y cuando se están viviendo situaciones difíciles así fácilmente nos lleva a considerar que esto es el fin, que se nos viene encima el final de los tiempos. Es lo que nos aparece hoy en el evangelio.

Pero el evangelio es buena noticia, como su misma palabra indica. El anuncio que  nos hace el evangelio no puede ser un anuncio de muerte. El anuncio que se nos hace en el evangelio trata de sembrar esperanza y paz en los corazones, a pesar de los momentos difíciles por los que puedan estar pasando los destinatarios del evangelio. Es el sentido de la palabra Apocalipsis, esperanza, un rayo de luz que siembra esperanza en medio de las oscuridades por las que podamos estar pasando.

Es a lo que nos invita hoy el evangelio. ¿Cómo ha terminado el texto que hoy se nos ofrece? ‘Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas’.


Ha ido repasando diversas situaciones, como hemos recordado, la destrucción de Jerusalén, lo que pueden ser los tiempos finales que un día han de llegar, pero antes en el camino de en medio, podríamos decir así, no faltarán momentos de dificultad, momentos incluso de persecución. ¿Y qué nos dice Jesús? No tengáis miedo. No tenemos ni por qué preocuparnos con qué palabras hemos de defendernos; nos promete la asistencia del Espíritu Santo que como Defensor estará con nosotros. ‘Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro’.

Como hemos venido diciendo el evangelio de Jesús siempre es un anuncio de esperanza. Es una invitación a la perseverancia, a vigilar, a estar despiertos para no dejarnos envolver por esos nubarrones de pesimismo y de muerte; para no dejar que el miedo se nos meta dentro y nos llene de angustia, para no dejarnos confundir con falsos profetas. Tenemos una tarea que realizar y sabemos que no es fácil, pero no estamos solos. El nos prometió que estaría siempre con nosotros hasta el final de los tiempos. Siempre tendremos la luz al final del túnel, al final del camino.

Es la esperanza que siempre tiene que reinar en nuestro corazón. Es el compromiso con que hemos de vivir nuestra vida. Aquello que nos dice san Pablo que el que no trabaja que no coma, es esa invitación a la responsabilidad en nuestra tarea, en el lugar que ocupamos en la vida, en las tareas que tenemos que realizar, en ese compromiso por el evangelio que tenemos que anunciar.