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sábado, 10 de agosto de 2024

Saber morir para saber dar vida, grano de trigo que si no se entierra sabemos que queda infecundo, entender lo que es ser creador de vida desde el morir a nosotros mismos

 


Saber morir para saber dar vida, grano de trigo que si no se entierra sabemos que queda infecundo, entender lo que es ser creador de vida desde el morir a nosotros mismos

2Corintios 9, 6-10; Salmo 111; Juan 12, 24-26

Es preciosa la flor de una planta y sabroso será el fruto que luego recojamos y comamos, pero ¿nos habremos parado a pensar en todo el proceso previo para poder llegar finalmente a saborear el fruto? Desde la semilla que se entierra para que pueda germinar y que de alguna manera es como morir a sí misma para poder hacer que surja una vida, como todo el proceso de crecimiento con sus cuidados correspondientes, la belleza de la flor que un día como que desaparece para que pueda hacer surgir lo que será el fruto que ha de llegar a su correspondiente maduración. Nos comemos el melocotón, por decir una sabrosa fruta, pero no pensamos en todo ese camino para llegar a ser ese sabroso fruto que así vamos a degustar.

Hoy Jesús nos habla de una semilla, como tantas veces lo hace en el evangelio, pero nos dice que la semilla tiene que morir para germinar. Pero no se queda Jesús en la materialidad de ese proceso de la naturaleza sino que nos está haciendo una comparación con nuestra vida. ¿Llegaremos un día a ese estado de la fruta madura como fruto de lo que hemos hecho o vivido? Lo podemos pensar meramente en el aspecto humano de la persona, del sentido de nuestra vida, de lo que hacemos y de lo que somos. No podemos simplemente vegetar, estar ahí porque nos ha tocado estar ahí, como un cañaveral que está en un barranco o un zarzal que se enracima por la pared o por la ladera.

Estamos llamados a dar un fruto en esas obras que realizamos con las que no solo estamos haciéndonos a nosotros mismos sino que estamos siendo fructíferos y fecundos para los demás y para el mundo en el que vivimos; en lo que hacemos nos vamos plasmando, vamos dejando nuestro ser, nos hacemos creadores y creativos porque vamos repartiendo vida, vamos haciendo que nuestro mundo tenga vida.

Desde nosotros mismos estamos alimentando la vida de ese mundo en el que vivimos; no somos unos zánganos que simplemente nos aprovechemos de lo que hay en ese mundo o de lo que hacen los demás. ¡Qué hermoso cuando encontramos ese sentido para nuestra vida! ¡Qué satisfacción más honda podemos sentir dentro de nosotros mismos!

Claro que eso significará también un proceso que hemos de ir realizando en nuestra vida para que haya ese crecimiento y lleguemos a esa madurez. Comenzamos por no centrarlo todo en nosotros mismos, encontraremos el sentido del amor como donación no solo como satisfacciones que recibimos de los demás o nos lleguen por los sentidos. Y ese sentir esa nueva vida, ese nuevo sentido de vida en nosotros algunas veces se nos vuelve doloroso porque habrá que arrancar muchas raíces de egoísmo o de orgullo que se nos van metiendo en los entresijos del alma. Y eso cuesta, como doloroso es el parto que hace hacer una nueva vida.

Por eso hoy Jesús nos hablará de ese morir a nosotros mismos para alcanzar la plenitud de la vida. Es lo que nos va describiendo de lo que significa seguirle, ser su discípulo, vivir ese camino nuevo que nos está señalando. Será costoso pero podemos sentir el gozo del amor del Señor que se derrama y derrocha sobre nuestra vida. Y eso nos hará generosos en nuestro amor, en nuestra entrega, en nuestra capacidad de servicio para los demás.

Hoy en la liturgia se nos están ofreciendo estos textos de la Palabra en razón de la fiesta que celebramos, San Lorenzo Mártir. Cuando lo recordamos a todos nos viene a la memoria la imagen de la parrilla en que fue martirizado, pero quizá no tenemos en cuenta todo lo que hay detrás en su vida; aunque era procedente de España sin embargo él era un diácono de la Iglesia de Roma, con el Papa Sixto V que precisamente hemos celebrado hace unos días. La función del diácono era la del servicio, sobre todo en la atención de los pobres y necesitados con lo que aportaban los cristianos de la Iglesia de Roma.

Después del martirio del Papa la voracidad del emperador de Roma quería apoderarse de los bienes y de las ‘riquezas’ de la Iglesia. ¿A quién reclamar? Al diácono Lorenzo como administrador de los bienes de la Iglesia. Y Lorenzo reunió a todos los pobres de Roma y se los presentó al emperador diciendo que esos eran la riqueza de la Iglesia. La reacción fue el martirio de Esteban, precisamente en ese tormento del fuego, por lo que es presentado con esa imagen de la parrilla.

Esteban bien conocía el pasaje del evangelio que nos ha dado pie hoy a nuestra reflexión, del grano de trigo que si no se entierra y muere no da fruto. No temió por su vida, sino que la entregó libremente, como había hecho Jesús en su subida al Calvario, porque así sabía que obtendría una vida que dura para siempre, la vida eterna.

Ahí tenemos el fruto de la vida de Lorenzo. ¿Seremos capaces nosotros también de llegar a dar esos frutos porque vivamos el sentido de este evangelio?


jueves, 24 de agosto de 2023

Hay dudas y hay preguntas, hay silencios y hay oscuridades, pero en esos procesos debajo de la higuera siempre podemos encontrar a Dios

 


Hay dudas y hay preguntas, hay silencios y hay oscuridades, pero en esos procesos debajo de la higuera siempre podemos encontrar a Dios

Apocalipsis 21, 9b-14;Sal 144;Juan 1, 45-51

Algunas veces somos crédulos para aceptar lo que nos dicen en torno a las cosas que suceden, noticias que nos dan, comentarios que nos hacen sobre situaciones o problemas de la vida, pero hay ocasiones en que nos resistimos, no nos lo creemos así porque sí y de alguna manera queremos comprobar la veracidad de lo que se nos dice, la confianza que podemos poner en quien nos está comunicando algo, y de alguna manera lo ponemos todo en duda. no es malo el comprobar, el cerciorarnos de la verdad que nos comunican antes de ofrecer nuestro asentimiento. Muchas veces corren noticias que se divulgan con demasiada facilidad, noticias en ocasiones nacidas también de ciertos fanatismos con los que queremos ver las cosas según sean nuestras apetencias o nuestros gustos; hay, por otra parte, personas a las que gusta el sensacionalismo y de cualquier cosa se crean un mundo grandioso y fantasioso que muchas veces pueda estar bien lejos de la realidad. Por eso, digo, es bueno sopesar con equilibrio lo que no dicen para poder encontrar lo que es la auténtica verdad.

¿Era una situación así la que vivían en aquellos momentos en Israel? Estaba, es cierto, la esperanza del pueblo judío en la pronta venida del Mesias, pues de alguna manera los tiempos se cumplían segun lo anunciado por los antiguos profetas. Era especial la situación que vivían bajo la dominación romana, que tanta inquietud podría producir en sus cosas aumentando sus deseos de la pronta venida del Mesías. Habían, o mejor, aún estaban viviendo la experiencia de aquel profeta surgido allá en el desierto en las orillas del Jordán con el anuncio de la inminente venida del Mesías; él en cierto modo se presentaba como el precursor con la misión de preparar los caminos para la llegada del Mesías, acudían por esto gentes no solo de Jerusalén sino de toda Palestina para escucharle, y ya algunos hablaban de que había señalado a quien iba a ser el Mesías. 

Con estas noticias llega un amigo de Natanael a contarle que han encontrado al Mesías. ‘Felipe encuentra a Natanael y le dijo: Aquel de quien escribieron Moisés en la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, hijo de José, de Nazaret’. Pero Natanael lo pone en duda, no se lo cree. Por mucho que le insista su amigo, no se traga así tan fácilmente sus palabras; claro que surge también la rivalidad pueblerina entre pueblos vecinos, al decirle que es de Nazaret, y él era de Caná de Galilea, un pueblo cercano. ‘De Nazaret no puede salir nada bueno’. 

Aunque algunas veces pareciera que nos escudamos en esas rivalidades es normal y podríamos decir que tambien bueno que surjan esas dudas que nos hacen pensar, que nos hacen reflexionar, que nos hacen buscar; aunque nuestra mente parezca un torbellino de cosas y de ideas de las que nos parece imposible salir es la manera de cribar, es la manera de ir a lo más profundo para no quedarnos en frivolidades, para no quedarnos en lo superficial, para encontrar lo que llegue a ser nuestra verdadera sabiduría.

No es solo que queramos experimentar y probar todo para poder llegar a conocerlo, pero si son necesarios en la vida encuentros profundos que incluso nos haga encontrarnos a nosotros mismos que también muchas podemos andar como perdidos. ¿Será ese en cierto modo el proceso que se estaba desarrollando en el corazón de Natanael mientras planteaba sus dudas a su amigo Felipe? 

Finalmente se dejó conducir. Felipe logró llevarlo ante jesús. Y aquí surgen las sorpresas por las alabanzas de Jesús y es el propio Natanael el que se siente sorprendido por las palabras de Jesus. ‘¿De qué me conoces?’, le pregunta. Jesús, sí, nos conoce; Jesus si sabe cual es nuestro corazón; Jesus si ha estado cerca de nuestra vida aunque nosotros no lo hubiéramos visto. ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera yo te ví’. Y surgió la respuesta de fe de Natanael. ‘Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’.

No sabemos qué había pasado debajo de la higuera. Pero podemos intuir ahí todo el proceso que se estaba desarrollando en su corazón que ahora venía a terminar con una experiencia de encuentro. Allí, debajo de la higuera, en ese proceso de la vida de Natanael aunque él entonces no se diera cuenta había estado Dios, había estado Jesús. Había sido como una llamada que había ido sintiendo en su corazón a la que se resistía, como luego se estaba resistiendo a la invitación de su amigo Felipe; pero su corazón había terminado abriéndose a Dios, había dado el paso adelante, ahora estaba ante jesús confesando su fe pero recibiendo también la promesa de cosas mayores.

¿Seremos capaces nosotros también de dejarnos conducir para llegar también a tener esa experiencia de Dios, como la que tuvo Natanael? También muchas veces ponemos resistencias, nos llenamos de dudas, buscamos muchas veces sin saber dónde o cómo buscar. Habrá un Felipe o habrá un Natanael que nos ayudará a encontrar la luz. No nos hagamos sordos a las invitaciones que podamos recibir.  Dejémonos conducir para llegar a ese encuentro con Dios.


domingo, 23 de abril de 2023

Es el Señor que camina a nuestro lado en nuestras oscuridades y nos alumbra el corazón de nueva vida, despierta nuevos sentimientos de amor y de nuevo nos pone en camino

 


Es el Señor que camina a nuestro lado en nuestras oscuridades y nos alumbra el corazón de nueva vida, despierta nuevos sentimientos de amor y de nuevo nos pone en camino

Hechos 2, 14. 22-33; Sal 15; 1Pedro 1, 17-21; Lucas 24, 13-35

Son duros y difíciles los caminos que hacemos en huida cuando se nos derrumban lo que creíamos que eran fundamentos de la vida. en nuestra carrera con todo tropezamos, nada vemos ni tenemos claro y parece que las oscuridades se aumentan sobre nosotros; si en ese camino nos desgajamos también de los que antes con nosotros intentaban hacer camino, parece que el dolor se aumenta en el corazón porque se sienten soledades que aun nos cierran más los horizontes.

Así caminaban aquellos dos discípulos en aquel primer día de la semana; se marchaban de Jerusalén, querían volver a sus cosas y a sus casas, allá habían dejado a los compañeros que también habían seguido a Jesús como ellos y en quien habían puesto sus esperanzas; lo sucedido aquellos días les había hecho dar un vuelco a sus vidas y al no cumplirse, tal como ellos pensaban, las promesas de resurrección de Jesús, ahora más apesadumbrados marchaban hacia Emaús.

La conversación no podía ser otra sino dar vueltas y vueltas sobre lo mismo una y otra vez, con lo que aumentaba su dolor y su desesperanza y como autómatas hacían el camino de vuelta a casa. Habrían sentido los pasos de quien detrás se les acercaba y que hacía el mismo camino; pronto el caminante va a su paso y aprecia la tristeza de sus ánimos y surge la pregunta que para ellos no tiene comprensión. ‘¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino y que os tiene con esos pocos ánimo?’ ¿Era el único forastero de Jerusalén, de allí venía también, que no sabía lo que había sucedido en aquellos días?

Y comienzas sus corazones a desparramarse, a hacer salir a flote sus penas y sus angustias, sus esperanzas frustradas y todo el dolor que llevaban en el corazón. Todavía son ellos los que hablan pero están desahogando toda la tristeza que llevan dentro. Y es entonces cuando aquel ‘forastero’ comienza a hablarles y hacerles comprender, les recuerda lo anunciado en las Escrituras y el significado de todo lo que había de suceder como ya había acaecido. La conversación se alarga y ahora son solo las palabras de aquel desconocido caminante las que van poniendo luz que abra caminos.

La conversación se ha prolongado y se acercan a Emaús y cuando aquel desconocido hace ademán de seguir adelante, ellos ya no quieren que siga solo por aquellos caminos; entienden ellos de los peligros de las soledades, porque lo venían viviendo hasta que encontraron este nuevo compañero, al que le habían abierto sus corazón con sus penas, pero ahora le abren las puertas de su casa en generosa hospitalidad.

Será allí, sentados a la mesa, a la hora de bendecir y compartir el pan, cuando sus ojos se les abren y le reconocen. Ahora ya se dan cuenta cómo ardían sus corazones de una forma nueva y distinta cuando les hablaba por el camino. Los que a nadie habían creído sobre que la tumba estaba vacía, lo que contaban las mujeres que les habían dicho los ángeles, ahora se les han abierto sus ojos y han reconocido a Jesús que ha estado con ellos.

Y serán ellos los que ahora se pongan en camino porque hay que ir a anunciar lo que han visto, lo que han sentido, lo que han experimentado con la presencia de Cristo resucitado con ellos. Vuelven a Jerusalén y cuentan a los demás lo que les había sucedido en el camino y como lo habían reconocido al partir el pan.

Todo un recorrido, todo un proceso lo acaecido en el camino de Emaús. Un camino que habían comenzado lleno de sombras y abrumados por las desesperanzas; un camino que en principio parecía una ruptura porque daba la sensación de una derrota; un camino lleno de dolor y de vacíos interiores como nos quedamos cuando perdemos las esperanzas. Un camino que de una forma o de otra nos puede aparecer en la vida, que puede ser que hayamos recorrido o que sigamos recorriendo en la vida.  Hay muchas cosas que nos desalientan, vivimos muchas situaciones difíciles de entender y en el que por muchos motivos nos sentimos en ocasiones frustrados y derrotados.

Pero hay pasos que caminan tras nosotros y que nos andan buscando, aunque muchas veces en nuestras negruras ni sepamos escuchar ni sepamos ver a quien se acerca a nuestro lado y puede ser un rayo de luz.  Detengámonos un poquito y comencemos a prestar atención, a ese gesto, a esa palabra, a esa presencia, o también a ese oído abierto que quiere escucharnos aunque nosotros no queramos hablar nada ni con nadie. De alguna manera Dios se está acercando a nuestra vida, quiere caminar a nuestro lado, hace suyo nuestro pesar, nuestra inquietud, nuestra angustia, nuestro dolor.

¿Qué es lo que ha hecho cuando ha recorrido el camino del calvario? Caía con los caídos, se ensangrentaba su rostro con los dolores y los sufrimientos de los iban en el camino, se paraba ante las mujeres que lloraban allí en la calle, se sentía acompañado por unos malhechores que también eran llevados al mismo suplicio, pero se dejó ayudar por aquel cireneo que no sé si con mucha voluntad pero obligaron a ayudarle, comprendía también que algunos de los que participaban en la crucifixión por sí mismos no lo hubieran hecho pero tenían que cumplir órdenes, por eso pide perdón para los que no saben lo que hacen, en muchas mas cosas podríamos irnos fijando, iba envuelto en nuestros mismos sufrimientos hasta llegar a la muerte en la cruz.

Hizo el camino del Calvario y ahora ha caminado con los que iban con sus esperanzas frustradas y llenos de dolor como así quiere caminar a nuestro lado. A nosotros también nos escucha y para nosotros va a partir el pan por poco que le dejemos entrar en lo hondo de nosotros mismos. Seamos capaces de reconocerle. Es el Señor que está a nuestro lado y nos inunda de nueva vida, para nosotros también tiene el perdón, a nosotros también nos promete llevarnos al paraíso, en nosotros despierta nuevos sentimientos de amor, de hospitalidad y de solidaridad. Es el Señor que ahora nos pone también a nosotros en camino.

domingo, 12 de marzo de 2023

Jesús tiene sed y nos pide agua para que sintamos que estamos sedientos y solo El puede darnos el agua que calma para siempre nuestra sed

 


Jesús tiene sed y nos pide agua para que sintamos que estamos sedientos y solo El puede darnos el agua que calma para siempre nuestra sed

Éxodo 17, 3-7; Sal 94; Romanos 5, 1-2. 5-8; Juan 4, 5-42

Qué incómodos y molestos nos ponemos cuando estamos sedientos y cansados; se nos hace duro el camino y buscamos la sombra para el descanso y una posible fuente de agua fresca para calmar nuestra sed; mientras andamos desasosegados, ansiosos, nos parece imposible alcanzar el camino y aparecen los nubarrones en el espíritu que nos hacen preguntarnos por el sentido de aquel camino que estamos haciendo, las dudas de si seremos capaces de poder llegar hasta la meta, nos volvemos ásperos y hasta violentos con los que están a nuestro lado como si la secura física nos hubiera contagiado el espíritu.

Pero hay momentos de cansancio que nos hace sentir y preguntarnos de qué realmente estamos sedientos, porque qué es lo que nos falta o nos sobra en la vida; nos pueden sobrar pesos muertos que más aumentan el cansancio, nos pueden sobrar apegos que nos hicieron olvidar cuál es el agua que realmente teníamos que haber buscado, o nos puede sobrar un materialismo de la vida donde más nos preocupamos de cosas que de aliviar el espíritu. Eso nos hará entonces descubrir qué nos falta, qué es lo que realmente tenemos que descubrir que sea verdadera luz y fuerza para ese camino. Tan aturdidos andamos muchas veces que no sabemos qué es lo que queremos o lo que buscamos. Pero vamos de camino y a alguna meta tendremos que llegar.

Contemplamos una vez más en el evangelio que Jesús va de camino aunque esta ocasión le veremos hacer una parada que a nosotros también nos puede hacer descubrir muchas cosas. Va atravesando Samaría, aunque no es el camino habitual que hacen los galileos para venir o volver de Jerusalén. No va Jesús en las comodidades con que hacemos nosotros nuestros viajes y va cansado por el camino y se detiene junto a pozo en búsqueda de agua para calmar la sed. Así lo va a pedir a una mujer samaritana que viene a sacar agua al pozo. ‘Dame de beber’.

Un día gritará Jesús en lo alto del calvario y desde lo alto de la cruz, ‘tengo sed’. Le ofrecerán entonces algo que pudiera calmar aquellas securas de los estertores de la muerte, pero parece que la samaritana se resiste a dar de beber a quien ahora le pide. Una mujer que viene también por agua, un agua que tendrá que buscar y sacar de un pozo que es hondo aunque ella se cree con todos los medios necesarios para ello. Pero al final se descubrirá la verdadera sed de aquella mujer. Porque la sed de Jesús que pide de beber a aquella mujer junto al pozo servirá para despertar o para descubrir otra sed más honda y más importante que llevamos en el alma.

Ya conocemos todo el desarrollo del evangelio y cómo va a ir apareciendo la sed de aquella mujer, la situación que vive aquella mujer como aquel pueblo de samaritanos y cómo será la mujer la que le pedirá a Jesús que le de del agua que ahora es El quien está ofreciendo. Allí se ha desarrollado todo un proceso en el espíritu de aquella mujer. No sabe realmente con quien está hablando aunque está intuyendo muchas cosas, pero siempre los encuentro con Jesús son transformadores.

Por eso hoy nosotros dejemos que Jesús se meta con nosotros y a nosotros nos pida agua también. ¿Qué le vamos a ofrecer? ¿Aparecerán todas nuestras capacidades técnicas o todas esas cosas que creemos que nos sabemos hasta de memoria para dar respuesta a la petición de Jesús?  Más bien vamos a tener que dejar que se despierte esa sed que llevamos dentro, esos ardores o esa aridez que algunas veces sentimos en nuestro espíritu, esos vacíos interiores o esos interrogantes que se nos puedan plantear desde la situación del mundo en el que vivimos.

Nos tenemos que sentir provocados por Jesús. No tengamos miedo de abrir nuestro corazón para que aparezcan esas sombras y esas heridas que todos llevamos dentro, esa sed que sentimos y que queremos aplacar por nosotros mismos con tantos sucedáneos, esas ataduras por las que nos sentimos cogidos y de las que no tenemos la valentía de liberarnos, esos sueños que nos hacen caminar como en una nube pero que no son los sueños que nos elevan o que nos hagan buscar metas más superiores para nuestra vida, esas rutinas que seguimos manteniendo en nuestra manera de relación con Dios que no nos hacen disfrutar del amor del verdadero Padre del cielo.

Los encuentros con Jesús cuando son de verdad serán siempre transformadores. Es lo que tiene que ser para nosotros este tercer domingo del camino cuaresmal que estamos haciendo. Tiene que haber pascua en nosotros. Es el paso de Dios por nuestra vida. Tenemos que sentirlo con la presencia de Jesús. Pidámosle sin ningún recelo ni desconfianza que nos dé siempre de esa agua que El nos ofrece y nos quiere dar. Es el agua viva que cuando la bebamos, ya no volveremos a tener de otras aguas, porque solo queremos la de Jesús que nos llena de vida eterna.

 

miércoles, 15 de febrero de 2023

Es un camino y un proceso como el que iban realizando los discípulos de Jesús y todos los que a El se acercaban, como tenemos que hacer nosotros para llenarnos de su luz

 


Es un camino y un proceso como el que iban realizando los discípulos de Jesús y todos los que a El se acercaban, como tenemos que hacer nosotros para llenarnos de su luz

Génesis 8,6-13.20-22; Sal 115; Marcos 8,22-26

Cuántas maravillas podemos contemplar hoy gracias al avance de la ciencia y de la técnica y estoy pensando en el campo de la medicina y de la sanidad. Qué maravilla la recuperación de la visión, por ejemplo, tras una operación de cataratas. Hace pocos días un amigo me hablaba admirado cómo ha recuperado la visión, con que fuerza ve de nuevo los colores, pero también tantos detalles que en el proceso de pérdida de visión por las cataratas había ido perdiendo. Puedo hablar por mi mismo también en este caso.

Estoy haciendo referencia a esto por el evangelio que hoy nos presenta la liturgia. Un hombre de Betsaida que está ciego lo llevan a Jesús para que lo cure. Hay unas circunstancias que algunas veces nos cuesta entender porque pareciera que el milagro se ha realizado en dos partes. Primero el hombre solo veía un poco o algunas cosas, para luego recuperar totalmente la visión. Olvidamos que cuando estamos escuchando estos relatos de la Palabra de Dios son también como signos de los procesos que se realizan en nuestra vida en nuestro camino de conversión.

Si hablamos de esas maravillas de la recuperación de la luz y la vista como podemos experimentar hoy en nuestro mundo y nos admiramos por ello, no menos tendríamos que admirarnos de cómo el encuentro con Jesús realiza en nuestra vida también muchas maravillas, cuando lo acogemos y cuando lo aceptamos.

Es un camino, es un proceso. Como el que iban realizando los discípulos de Jesús y todos los que a El se acercaban. Comenzaban a creer en Jesús, comenzaba a llegar la luz a sus vidas, que no solo era la recuperación de la luz que nos entra por los ojos. Pedro y los demás apóstoles creían en Jesús, por eso un día habían dado el paso de seguirle, dejando las redes, dejando sus casas y su familia para estar con Jesús. Pero también los costaba ver claro. No siempre entendían las palabras y las enseñanzas de Jesús, no siempre comprendían lo que Jesús hacía. Se llenaban de dudas. Pedro quiso convencer a Jesús de no subir a Jerusalén porque todo lo que anunciaba Jesús no le podía pasar. Muchas veces vemos a los discípulos discutiendo por primeros puestos en el Reino cuando tanto les había enseñado Jesús del espíritu de servicio del que tenían que envolver sus vidas. Les costaba dar pasos. La pasión y la muerte de Jesús fue también para ellos una gran prueba, que se vio superada cuando le contemplaron resucitado, cuando se llenaron del Espíritu de Jesús.

Son nuestros pasos, que son también nuestras dudas, que son las debilidades que nos aparecen, que son las ambiciones que no terminamos de arrancar del corazón, que son nuestras vueltas atrás de tantas veces cuando parecía que tan entusiasmados estábamos, que con las cosas que nos escandalizan y no terminamos de comprender. Pero hemos de ir dando pasos, hemos de querer caminar siguiendo a Jesús, hemos de dejar que llegue Jesús a nuestra vida y toque nuestros ojos, como hizo con aquel ciego de Betsaida, que toque nuestro corazón para que la luz llegue totalmente a nuestra vida.

Y eso lo vivimos hoy, en nuestro mundo con sus problemas, en ese mundo donde tenemos que ser testigos y dar testimonio, ese mundo que muchas veces no nos quiere y está a la contra de lo que nosotros podamos o queremos hacer, pero donde tenemos que estar, donde tenemos que ser luz, donde tenemos que seguir haciendo el anuncio del Reino de Dios.

viernes, 13 de agosto de 2021

Que sea un amor verdadero liberado de egoísmos y deseos de posesión el que esté en el cimiento y fundamento de esa nueva comunión que se crea entre dos personas que se aman

 


Que sea un amor verdadero liberado de egoísmos y deseos de posesión el que esté en el cimiento y fundamento de esa nueva comunión que se crea entre dos personas que se aman

Josué 24,1-13; Sal 135; Mateo 19,3-12

Por las redes sociales circulan muchos dichos y sentencias que quieren hacer reflexionar y que, aunque muchas veces no estemos de acuerdo en la totalidad de lo que nos dicen, sin embargo nos ayudan a pensar y en cierto modo a ser de alguna manera críticos incluso con esas sentencias que se nos ofrecen; ya sabemos que no todo tenemos que tragárnoslo porque lo veamos presentado de una forma bonita y llamativa, sino que tenemos que interiorizar y confrontar aquel pensamiento para sacarle la mejor lección. Son algunas de las cosas buenas que pueden tener para nosotros cuando nos ayudan a pensar y a reflexionar para tener nuestro propio criterio.

En uno de esos mensajes se nos presenta a alguien que hace unas preguntas a un sabio de la antigüedad y entre otras cosas le pregunta por qué en un momento determinado los amigos se separan y parece que se rompe la amistad; aquel sabio le responde que si así sucede es porque allí antes no hubo verdadera amistad.

Hay palabras, conceptos, sentimientos que no nos podemos tomar a la ligera, sino que hemos de saber reflexionarlos para encontrarle su verdadero sentido y no nos suceda que nos confundamos y algunas veces hagamos unas mezcolanzas que al final no sabemos por donde andamos. La gente desde que se conoce en un primer contacto ya dice que somos amigos y cuando hablamos de amistad fácilmente derivamos en la confianza que decimos que nos da la amistad hacia intimidades y confianzas que no tienen que ver con lo que realmente es una verdadera amistad. Una simple atracción porque alguien me caiga bien no tenemos que decir ya de entrada que somos amigos íntimos y nos queremos permitir confianzas y cosas que van más allá del respeto que nos supone una verdadera amistad.

Decimos la amistad o decimos el amor, que muchas veces quiere convertirse en posesión y en dominio, con el peligro de que incluso terminemos intentando anular a la otra persona. La cercanía que nos da la amistad y la unidad a la que nos lleva el amor nos puede hablar de comunión, pero no tiene que hablarnos de dominio; el yo de la persona es algo bien sagrado que compartimos para hacer un nosotros, pero que no anulamos. Nunca la persona que amamos tiene que ser como una cosa para mi sobre la que yo tengo dominio absoluto. Eso es amor.

El amor y llegar a vivirlo de verdad es un camino largo que tenemos que hacer donde tenemos además siempre muchas cosas que aprender; por eso el amor tiene que madurar y es entonces cuando nos da seguridad, es cuando podemos llegar a esa entrega total. Son tantos los pasos que se han de dar, los escalones que se han de subir, las cosas que tenemos que aprender para llegar a esa maduración que nos dé plenitud de verdad al amor. No siempre hacemos ese camino, no siempre llegamos a esa madurez, muchas veces nos quedamos en un amor infantil de posesión, como el niño pequeño que quiere una cosa y que sea exclusivamente para él y nadie más pueda tenerla incluso en sus manos. Un proceso humano de maduración que no siempre hemos sabido hacer en la vida y que nos lleva tantas veces al fracaso.

Hoy en el evangelio los fariseos le plantean a Jesús el tema del divorcio, planteamientos que seguimos haciéndonos en todos los tiempos. ‘¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?... ¿Y por qué mandó Moisés darle acta de divorcio y repudiarla?’

Recuerda Jesús lo que fue la voluntad de Dios desde el principio, que además quería que la unión del hombre y la mujer fueran hacerse una misma carne. ¿Para qué nos ha creado Dios? Tendríamos que responder que para el amor. Es la capacidad más sublime que Dios ha puesto en el corazón del hombre, llegar a esa donación de sí mismo hacia el otro ser al que amamos. Es la base de todas las relaciones humanas, que ya sabemos que rompemos tan fácilmente cuando dejamos meter el egoísmo y el orgullo en nuestros corazones. Tiene que ser el motivo profundo por el que un hombre y una mujer llegan a compartir su vida de la forma más profunda, más absoluta y más sublime. Pero tiene que ser un amor verdadero el que esté en el cimiento de esa relación, en el fundamento de esa nueva comunión que se crea entre dos personas que se aman.

Es lo que tenemos que buscar para no dejarnos arrastrar por nuestras terquedades como decía Jesús para responder al por qué Moisés les permitió el repudio matrimonial. Es una tarea hermosa, es una hermosa y bella construcción de la persona, será el bello edificio del amor, del matrimonio y de la familia, pero que tenemos que saber cuidar. Que exista siempre ese cimiento del verdadero amor, despojado de orgullos y de egoísmos.