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viernes, 18 de septiembre de 2026

Necesitamos desacomodarnos y desinstalarnos de una vez por todas porque es necesario hoy ponernos en camino de lugar en lugar para llevar la buena noticia de Jesús

 


Necesitamos desacomodarnos y desinstalarnos de una vez por todas porque es necesario hoy ponernos en camino de lugar en lugar para llevar la buena noticia de Jesús

1Corintios 15, 12-20; Salmo 16; Lucas 8, 1-3

Caminando de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad; una vida itinerante y es que las buenas noticias no se pueden quedar estancadas. Era la invitación que Jesús continuamente hacía, había que prepararse para poder recibir una buena noticia, pero una buena noticia que no se podía quedar estancada en quienes la recibían, las noticias son para comunicarlas, y para poder comunicarlas hay que ponerse en camino, salir, no quedarse en el sitio, había que desacomodarse porque si nos quedamos cómodos en donde estamos la noticia no podrá correr de boca en boca; por eso pedía Jesús conversión, que era ese desinstalarse de quedarnos plácidamente donde estamos para disponernos a algo nuevo que nos va a traer esa buena noticia. Jesús dirá cuando quieran que El se quede allí más tiempo, que es necesario ir a otros lugares, que otros sitios y otros pueblos están esperando también que les llegue esa buena noticia.

Creo que si pensamos un poquito en todo esto que vamos diciendo muchos nuevos planteamientos tendrían que salir para nuestras vidas, porque nos cuesta desinstalarnos, salir de esa comodidad de quedarnos donde estamos o en lo que hacemos; con qué facilidad nos entra una modorra espiritual, nos quedamos adormilados, nos contentamos con cuidar lo que ya tenemos, y al final terminamos envejeciéndonos. Y digo envejeciéndonos no solo porque cada vez nos vamos poniendo más mayores, sino porque la falta de vitalidad, de compromiso nos envejece en nuestra fe, nos hace perder esa energía espiritual tan necesaria en tantos momentos de la vida.

¿Qué nos está sucediendo en la mayoría de nuestras comunidades cristianas, en la mayoría de nuestras parroquias, y tenemos que reconocerlo en el conjunto de la Iglesia? Nos hemos envejecido. Miremos quienes quedamos en nuestras parroquias, quienes son los que habitualmente participan en la misa dominical que tendría que ser hermosa expresión de la vitalidad de la vida de una parroquia; ¿quienes nos quedan o quedamos? personas mayores, la juventud ausente, la mayoría con un conformismo de cumplir y ya está, poca vitalidad que nos lleve a hacer nuevas cosas, a buscar nuevos caminos, a emprender nuevas iniciativas para hacer llegar el mensaje del evangelio a más gente. ¿No tenemos tiempo y siempre estamos ocupados o nos cuesta salir de la modorra de nuestra rutina para dedicar parte de nuestro tiempo para reunirnos, para tener iniciativas que nos lleven a hacer un anuncio más explícito del evangelio?

Nos dice hoy el evangelio que acompañaban a Jesús en aquel caminar de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad, aquellos discípulos más cercanos que habían estado desde el principio con Jesús, un día a doce de ellos los va a constituir en grupo especial, en apóstoles, pero también algunas personas entre ellas algunas mujeres que alguna gracia habían recibido de Jesús; allí estaba ‘María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios’ como nos comenta el evangelista y que en varios momentos más veremos muy cerca de Jesús, pero también algunas otras mujeres, ‘Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes’. Eran el apoyo de Jesús y el grupo que en torno a Él se había formado, porque incluso nos habla de algunas que ayudaban con sus bienes.

Es bonito este resaltar el evangelista a este grupo que camina con Jesús. Un momento en nuestra reflexión para aprender a valorar esos pequeños grupos, demasiado reducidos en la mayoría de las ocasiones, pero en muchos casos mujeres sencillas pero con una disponibilidad grande para el servicio que realizan muchas tareas en nuestras comunidades y parroquias. Algunas veces, hemos de reconocer, que pareciera que descansa en ellas toda la vida y la actividad de nuestras parroquias.

Tenemos, es cierto, que tenerlas en cuenta y valorarlas, pero no nos podemos quedar ahí, solo en esas personas. La comunidad ha de tener más vida, muchos más tendríamos que despertar de una vez por todas para salir de nuestra modorra y de nuestra comodidad, para saber ponernos en camino, porque muchos son los lugares y son las situaciones donde es necesario hacer ese anuncio del Evangelio, llevar esa buena noticia.


sábado, 4 de julio de 2026

Dejemos que el evangelio impacte de lleno en nuestra vida, no nos importe que muchas cosas salten por los aires, es una buena noticia que hace nueva nuestra vida

 

Dejemos que el evangelio impacte de lleno en nuestra vida, no nos importe que muchas cosas salten por los aires, es una buena noticia que hace nueva nuestra vida

Amós 9, 11-15; Salmo 84;  Mateo 9, 14-17

Nos gusta recibir buenas noticias. Estamos atentos a los diversos medios de comunicación para saber de qué va el mundo de la misma manera que nos comunicamos con aquellos más cercanos a nosotros que siempre tienen algo que contarnos de cuanto sucede a nuestro alrededor; desgraciadamente la mayoría de las noticias que recibimos tienen los tintes negativos de tantas calamidades que afectan a nuestro mundo y a nuestra sociedad que es algo que por nuestra sensibilidad nos inquieta; pero aun si queremos seguir escuchando noticias esperando siempre algo bueno y algo positivo que de alguna manera nos aliente y sea como luz para nuestro camino. 

Hay noticias que recibimos y que nos impactan y nos inquietan, que nos hacen reaccionar de alguna manera y que también van marcando el ritmo y el rumbo de nuestras vidas; cosas que nos afectan en lo más íntimo de nosotros, cosas que nos hacen pensar y nos hacen ver las cosas de otra manera, cosas, palabras o acontecimientos que nos producen un impacto profundo y o nos pueden desestabilizar en lo que es nuestra rutina de cada día, o nos hacen dar un giro a nuestras vidas.

Cuando Jesús comenzó a predicar en Galilea le decía a la gente que se preparara porque les llegaba una gran y buena noticia; en el ritmo de la predicación que había sido del Bautista la invitación que Jesús hacía era la conversión para poder creer en esa buena noticia del Reino de Dios que llegaba. Era una buena noticia que haría cambiar muchas vidas en quienes la aceptaron, una buena noticia que impacta y nos tendría que llegar de inquietud para buscar esos nuevos valores que nos iba a proponer.

No todos lo van a comprender porque están muy anclados en las costumbres de siempre, en la interpretación que ellos se habían hecho de la ley y los profetas, de las Escrituras santas, y no estaban dispuestos a hacer ese cambio, por eso su reacción será ir a la contra, rechazar, no dejar que llegara esa buena noticia a sus corazones. Es lo que iremos encontrando a lo largo del evangelio.

Hoy vienen algunos a plantearle a Jesús por qué sus discípulos no siguen con los viejos ritos de los ayunos y las penitencias, como los discípulos de Juan o como los discípulos de los fariseos. Jesús tratará una vez más de hacerles comprender la novedad de esa Buena Noticia, de ese Evangelio, que Él está proclamando. Y lo hace siempre, podríamos decir, con su pedagogía de ponernos imágenes como señales que hemos de entender. Por eso habla de rotos y de remiendos, por eso habla de odres viejos y nuevos que habrá que renovar para recibir ese vino nuevo que Él nos ofrece. 

‘Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor’. Es una vestidura nueva la que tenemos que vestir, no nos vale lo viejo remendado, sino que es necesario esa transformación profunda que nos hace un hombre nuevo. 

‘Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres: se derrama el vino y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan’. Es la conversión profunda de nuestro corazón y de nuestra vida. No podemos ser los mismos ante la Buena Noticia del Evangelio de Jesús. 

¿Significa en verdad eso para nosotros? Cuando queremos en verdad confrontar nuestra vida con el evangelio que escuchamos muchas veces nos quedamos pensando en qué cosas tengo que cambiar. ¿Significa eso los remiendos que le he de poner a mi vida para que no desentone mucho con el evangelio que escuchamos? Dejemos que el evangelio impacte de lleno en nuestra vida, no nos importe que muchas cosas salten por los aires, porque seguramente serán las que no están verdaderamente ancladas en Jesús y su evangelio.

sábado, 25 de abril de 2026

Llamados nos sentimos a dar testimonio ante los que nos rodean de la Buena Noticia de Jesús, alegría y paz para nuestra vida y salvación para todo el mundo

 




Llamados nos sentimos a dar testimonio ante los que nos rodean de la Buena Noticia de Jesús, alegría y paz para nuestra vida y salvación para todo el mundo

1Pedro 5, 5b-14; Salmo 88; Marcos 16, 15-20

Celebramos hoy a san Marcos, evangelista, decimos, o podemos decir también, el hombre del Evangelio. Es lo que nos ha dejado, su gran mensaje, el Evangelio de Jesús. Así comienza su relato, ‘comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios’, pero en el mismo sentido lo termina recordándonos el mandato de Jesús, ‘ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación’.

¿Qué es el evangelio? ¿Qué significa decir evangelio? Buena noticia. Cuando decimos evangelio de Jesús estamos diciendo ‘buena noticia de Jesús’, y Marcos nos está diciendo que es el Mesías, el Cristo (por eso se emplea la palabra Jesucristo), verdadero hombre – nos contará lo que hizo y lo que dijo, nos expresa todo lo que fue su existencia – pero al mismo tiempo nos está diciendo que es el Hijo de Dios. Buena noticia como nos dirá al final que hemos de proclamar a toda la creación; y concluirá diciéndonos que ‘ellos se fueron a predicar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban’. Quien ha recibido esa buena noticia no puede menos que comunicar, transmitir a los demás.

Es la consideración que nos está ofreciendo san Pedro en su carta, pidiéndonos humildad porque así nos hacemos gratos a Dios y Dios se nos manifestará. Es la acogida humilde que hemos de hacer a esa buena noticia de Jesús.  ‘Sed humildes bajo la poderosa mano de Dios, para que él, os ensalce en su momento…’ En El nos confiamos porque en El nos sentimos amados, es la gran noticia, el amor de Dios que nos tiene como hijos y cuenta con nosotros aunque no siempre seamos buenos hijos. Es el mejor y más hermoso regalo que podamos recibir. Lo necesitamos, porque nos sentimos débiles, lo necesitamos porque además nos vemos zarandeados por el maligno que nos tienta de mil maneras y quiere apartarnos del camino que hemos emprendida, que nos agobia con mil pensamientos y mil cosas que nos distraen o que nos pueden hacer perder la paz. Pero en el amor de Dios nos sentimos seguros. ‘Descargad en él todo vuestro agobio, porque él cuida de vosotros’.

Cuando experimentamos todo esto en nuestra vida ¿no nos vamos a sentir en paz? ¿No es esta una gran noticia para nosotros? Es la buena noticia de Jesús que llega a nuestra vida y nos llena de paz, como nos pone en camino de algo nuevo que hemos de vivir. ‘Y el Dios de toda gracia que os ha llamado a su eterna gloria en Cristo Jesús, después de sufrir un poco, él mismo os restablecerá, os afianzará, os robustecerá y os consolidará’, continúa diciéndonos el apóstol. Nos hemos de sentir fuertes en el Señor. Y con esa alegría tenemos que seguir anunciando esa buena noticia a los demás. No nos podemos callar.

Es el mensaje que yo estoy recibiendo en lo hondo de mi corazón en esta fiesta del Evangelista san Marcos que hoy celebramos. Como Él nosotros hemos de hacernos también mensajeros del evangelio, pero no como algo aprendido porque así nos lo hayan enseñado sino como algo vivido y experimentado en nuestro corazón. Miremos las diversas situaciones por las que habremos pasado a lo largo de nuestra vida, no siempre fáciles, también con nuestros agobios o momentos de decaimiento, como en otros momentos en que se ha hecho experiencia viva en nosotros ese amor de Dios. Como nos sigue diciendo el apóstol Pedro tenemos que ‘dar testimonio de que esta es la verdadera gracia de Dios’. Recordemos y reavivemos esas experiencias vivas de fe que hemos vivido en nuestra vida. De ello tenemos que ser testigos en medio del mundo.


sábado, 11 de abril de 2026

Despertemos, vivamos la alegría de nuestra fe en nuestras celebraciones, ha de notarse en nuestra vida para contagiar, para trasmitir, para comunicar, es nuestra tarea de cristianos

 


Despertemos, vivamos la alegría de nuestra fe en nuestras celebraciones, ha de notarse en nuestra vida para contagiar, para trasmitir, para comunicar, es nuestra tarea de cristianos

Hechos de los apóstoles 4, 13-21; Salmo 117; Marcos 16, 9-15

Hay noticias que no podemos callar. Cuando son buenas noticias mucho más, enseguida nos apresuramos a compartirlas con quienes tenemos cerca o con quienes mantenemos un aprecio especial. Dicen que las malas noticias corren como un reguero de pólvora, y será así probablemente porque hacen mucho ruido, pero pronto se esfuman como el humo. Pero una buena noticia deja huella; tengo un recuerdo en mi mente desde que era niño cuando mi madre recibía carta ya de mi padre o de mis hermanos que estaban en el extranjero, pronto llamaba a las vecinas para compartir la alegría de haber recibido cartas tomándose un buen café.

¿No será eso lo que nos está diciendo hoy la Palabra de Dios en este tiempo y en esta octava de Pascua que estamos celebrando? Hemos ido escuchando distintos momentos de aquellas manifestaciones de Cristo resucitado a los discípulos; siempre queda como una coletilla el encargo de ir a comunicarlo a los demás, o la impaciencia en algunos casos por correr al encuentro con los otros para comunicarles lo que habían vivido.

El evangelista Marcos es mi escueto en la narración de la resurrección de Jesús y los acontecimientos que siguieron; hoy hemos escuchado como un resumen que hace de aquellos distintos momentos, ya fuera a las mujeres que fueron al sepulcro, a María Magdalena, a los discípulos que estaban encerrados en el cenáculo a los que echa en cara su falta de fe, o a los que habían marchado a Emaús. Pero hoy también termina el relato con el envío de Jesús a sus discípulos por todo el mundo con el encargo de hacer el anuncio de esa buena nueva, el evangelio. ‘Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación’.

Es nuestro compromiso de Pascua, es más, es lo que tiene que surgir espontáneo en nuestra vida cuando de verdad hemos vivido la Pascua. No se puede quedar todo en unas bonitas y solemnes celebraciones; cargamos demasiado el aspecto de la solemnidad con el peligro de que perdamos la intensidad de la vida, lo que tiene que brotar de manera espontánea de nuestro corazón cuando estamos viviendo de verdad lo que celebramos, lo que es nuestra fe. La celebración podíamos decir que es como el ramillete de flores de todo aquello que es el centro de nuestra fe y de nuestra vida y que vamos a ofrecer como una acción de gracias al Señor; una fiesta que hacemos con la que queremos alabar a Dios por tanto que nos ha regalado y que lo centramos en el misterio de Cristo.

Pero la celebración es también Palabra que recibimos que alimenta nuestra vida y que nos pone en camino; la celebración vivida así no se puede quedar en el momento en que nos reunimos – y es importante este aspecto de que nos reunimos porque no es una cosa que hacemos nosotros solos – sino que luego ha de prolongarse en el día a día, en cada momento de nuestra vida; y cuando todo eso lo estamos viviendo con toda intensidad se nota, se contagia, se trasmite, se comunica a los demás.

No nos podemos quedar inertes e impasibles tras ese momento intenso de encuentro vivo con Cristo, a partir de ahí somos otros, a partir de ahí tiene que haber otro movimiento en nuestra vida; tenemos que salir presurosos a compartir el café con los demás llevándoles la buena noticia que hemos recibido.

Hoy el evangelio nos recuerda que ese es el encargo de Jesús por si acaso lo olvidamos, aunque son cosas que no se pueden olvidar cuando tan intensamente lo hemos vivido. ¿Seremos capaces de hacerlo así? Tristemente hemos de reconocer que no siempre los cristianos actuamos de esa manera, que nuestras vida cristiana es demasiado amorfa, poco intensidad le damos a nuestras celebraciones, parece que nos falta esa alegría de la fe. Desde unas celebraciones rutinarias no podemos esperar otra cosa que una vida cristiana rutinaria. ¿No tendremos que despertar ya de una vez?

domingo, 8 de marzo de 2026

Dejemos que Jesús se siente con nosotros al borde de ese pozo al que estamos rutinariamente acudiendo, dejándonos sorprender por la presencia y la palabra de Jesús

 


Dejemos que Jesús se siente con nosotros al borde de ese pozo al que estamos rutinariamente acudiendo, dejándonos sorprender por la presencia y la palabra de Jesús

Éxodo 17, 3-7; Salmo 94; Romanos 5, 1-2. 5-8; Juan 4, 5-42

Siempre el evangelio, si lo escuchamos con la curiosidad de la fe dejando a un lado las viejas rutinas de lo que ya damos por sabido, será para nosotros una sorpresa apabullante, que de ninguna manera nos dejará indiferentes. Por eso es evangelio, noticia nueva siempre, noticia buena aunque en ocasiones nos desconcierte, noticia que nos abre horizontes de vida, noticia que nos hace sentir siempre la cercanía y el amor de Dios.

Si nos fijamos bien en este texto que llamamos de la samaritana que hoy se nos ofrece Jesús se nos presenta rompiendo todos nuestros moldes, nuestras rutinas, nuestras viejas costumbres, nuestra manera de actuar de siempre. Repito, por eso es evangelio.

Fijémonos, Jesús al ir de Judea, que parece ser el punto de partida, hasta Galilea hace un camino que no era el habitual, aunque fuera el más cercano, dada la malevolencia que había entre judíos y samaritanos, como se expresa en el mismo texto. Se detiene junto al pozo y estando en un lugar solitario porque los discípulos se  han ido al pueblo a buscar comida, se pone a hablar con una mujer; algo fuera de toda lógica y costumbre entre aquellos pueblos que no podían ponerse a hablar con una mujer en un lugar descampado como aquel; será ya anticipo de lo que vamos a ver continuamente en el evangelio en el que algunas mujeres le siguen de cerca. Pide agua a aquella mujer aunque luego sea El quien se ofrece a dar una mejor agua - y no importa que no tenga con que sacarla del pozo - que la de aquel pozo de Jacob que tanta importancia tenía para judíos y samaritanos. En las disputas entre judíos y samaritano sobre cual era el verdadero templo, Jesús propondrá una nueva forma de adoración a Dios, ‘en espíritu y verdad’. Aunque los discípulos le ofrecen la comida que han ido a buscar la rechaza porque Él hablará de otro alimento que será el que verdaderamente le mantendrá en aquella misión de ser el Mesías.

Es la nueva agua que calmará profundamente nuestra sed, porque eso es lo que Jesús quiere despertar en nosotros. Estamos bebiendo en la vida tantos sucedáneos de agua que al final terminarán dejándonos igual de sedientos porque en nada calman nuestra sed. Pensemos en qué es lo que buscamos en la vida, cuáles son nuestras auténticas prioridades, que cosas buscamos que nos den satisfacción, esa rutina de la vida en que nos cansamos aburridos de hacer lo mismo pero no somos capaces de romper esa espiral para buscar algo nuevo, esa superficialidad de nuestras vanidades que nos endiosan y nos hacen sentirnos por encima de todo y de todos, esa cerrazón de nuestros orgullos que crean abismos impenetrables, esas espinitas de las que nos vamos envolviendo en la vida que tan difícil nos hacen la convivencia con los demás.

¿Y eso es lo que nos hace feliz? ¿Ahí en verdad encontramos el sentido y el valor de la vida? Así caminos desorientados por la vida sin saber ni por donde vamos ni a dónde vamos, dando tumbos de un lado a otro, de una opinión a otra, de lo que nos dicen aquí o nos dicen allí sin saber a qué quedarnos; terminamos sin saber cual es el agua que va a calmar verdaderamente nuestra sed.

Y es que muchas veces no sabemos escuchar porque nos lo damos todo por sabido; nos falta encontrar esa verdadera sintonía  para escuchar aquello que eleve nuestra vida de verdad; por eso andamos ramplones, arrastrándonos en los mismos barros, dejándonos seducir por palabras engañosas, que parece que ya no estamos interesados en encontrar la auténtica verdad de nuestra vida, lo que nos dé auténtico sentido a nuestro vivir y a nuestro caminar, lo que verdaderamente nos eleve para encontrar lo que sería la auténtica grandeza de nuestra vida. No endurezcamos el corazón como si estuviéramos en Meribá o Masá en el desierto. Sintamos que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu que se nos ha dado.

Dejemos que Jesús se siente con nosotros al borde de ese pozo al que estamos rutinariamente acudiendo, pero dejémonos sorprender por la presencia y por la palabra de Jesús. Seamos capaces de abrir nuestro corazón para reconocer nuestra realidad pero sobre todo para abrirnos a Dios, para escuchar a Jesús, para dejarnos sorprender por esa buena noticia que tiene para nosotros. Algo nuevo va suceder en nuestra vida, no lo dejemos pasar, no lo ignoremos, sintonicemos con la gracia de Dios, aprovechemos este camino cuaresmal que estamos haciendo, dejemos que la Palabra de Dios llegue de una forma viva a nosotros. Al final podremos ser con la Pascua ese hombre nuevo que Cristo quiere crear en nosotros.


sábado, 7 de marzo de 2026

Una buena noticia de salvación porque la misericordia del Señor es grande restituyendo en nosotros la dignidad de los hijos de Dios

 


Una buena noticia de salvación porque la misericordia del Señor es grande restituyendo en nosotros la dignidad de los hijos de Dios

Miqueas 7, 14-15. 18-20; Salmo 102; 15, 1-3. 11-32

¿A quien no le ha sucedido que cuando comete un error, cuando hace algo que tiene conciencia de que está mal lo que en cierto modo siente es la cara que se le cae de vergüenza cuando tiene que presentarse ante los demás por lo que ha hecho y las represalias o castigos que pueda recibir? Somos humanos y no siempre sabemos valorar la exquisitez del perdón; somos humanos y de la misma manera que nos queda la cicatriz en el alma por aquello que alguien nos ha hecho y parece que siempre lo vamos a estar recordando manteniendo nuestras reticencias y de alguna manera buscando la revancha o el castigo que le podamos infligir a quien nos ha herido, así pensamos del sentido del perdón que podamos recibir.

El evangelio y toda la palabra de Dios que hoy se nos proclama vienen a desmontar esas ideas preconcebidas que nosotros podamos tener. Así nos lo decía el profeta Miqueas. ‘¿Qué Dios hay como tú, capaz de perdonar el pecado, de pasar por alto la falta del resto de tu heredad? No conserva para siempre su cólera, pues le gusta la misericordia. Volverá a compadecerse de nosotros, destrozará nuestras culpas…’ Es un texto, es cierto, del Antiguo Testamento, pero que resonancias nos trae de lo que Jesús nos viene a enseñar en el evangelio.

Hoy se nos presenta la parábola que llamamos habitualmente del ‘hijo pródigo’, aunque por una parte tendríamos que decir de los ‘dos hijos pródigos’ pues no solo hace referencia al que se fue de casa, sino que el otro aunque seguía viviendo bajo el mismo techo también era un ‘hijo pródigo’ bien alejado de su padre; sin embargo siempre al comentar esta parábola  decimos que más bien tendría que llamarse del ‘Padre misericordioso’ que es el verdadero protagonista de amor de la parábola.

Un reflejo por una parte de lo que es nuestra vida o de cómo termina cuando buscamos libertades que al final terminan esclavizándonos. Quería ser libre, liberarse de estar bajo el dominio, digamos así, de su padre, quería vivir la vida a su manera y al final sintió el peor vacío en sí mismo que jamás pudiera imaginar. Pero no solo el que marchó de casa, sino también en aquel que pareciendo sumiso sin embargo también tenía el corazón muy lejos de aquella misma casa y que sin embargo bien le costó reconocer.

Hay vacíos que cuando no sabemos llenar en la superficialidad de lo material o de los placeres al final nos hacen recapacitar y desear el camino donde podamos encontrar lo que de verdad llene nuestro espíritu. Era el recuerdo del hogar, de aquella vida que tanto le había costado aceptar y que le había llevado a tantas rupturas, era el deseo de volver a encontrarse bajo el paraguas del amor del padre, aunque sintiera que no lo mereciera, que las cosas no podían ser como antes, y que al menos deseaba un puesto, aunque fuera en el último lugar, de aquel hogar. ‘Trátame al menos como a uno de tus jornaleros’ era lo que quería pedir a su padre, pues no se consideraba digno de su perdón.

Aquí se nos está mostrando la maravilla del rostro de misericordia de nuestro Dios. ¿No nos había dicho Jesús en más de una ocasión que fuéramos compasivos y misericordiosos como lo es Dios siempre compasivo y misericordioso? Si el hijo que había marchado ahora daba pasos de vuelta a la casa del padre, era aquel padre el que salía corriendo a su encuentro para devolverle toda su condición de hijo amado. Revestido de nuevo con el traje de fiesta de los hijos, con anillo de la dignidad recuperada en sus manos y con nuevas sandalias en sus pies para no tener los mismos tropiezos era recibido con fiesta por su padre porque el hijo perdido se había encontrado y para él estaba preparado el gran banquete con el mejor ternero cebado.

Así es el corazón de Dios que sale a nuestro encuentro y nos busca como aquel padre con sus dos hijos pródigos. Y Dios nos dice que todo lo suyo es nuestro porque hemos recuperado la dignidad de hijos y si somos hijos somos herederos y coherederos de su gloria. Es el camino de dejarnos encontrar por la misericordia de Dios que hemos de saber emprender; pero es el camino del que también tenemos que saber ir dejando huellas porque con esa misma compasión y comprensión nosotros hemos de saber tratar a los demás. Es la confianza de sabernos perdonados pero es también la alegría que con que sabemos nosotros ofrecer el rico regalo de perdón a los demás.

¿Será esto una buena noticia de salvación para nosotros que hará nacer en nosotros una vida nueva?


sábado, 21 de febrero de 2026

Una buena noticia que no hemos de olvidar y que hemos de hacer vida en nosotros para ser luz en medio de las tinieblas

 


Una buena noticia que no hemos de olvidar y que hemos de hacer vida en nosotros para ser luz en medio de las tinieblas

Isaías 58, 9b-14; Salmo 85; Lucas 5, 27-32

Parece como si algunas veces olvidáramos las palabras que nos dice Jesús en el evangelio, o quizás olvidamos el verdadero sentido de esa palabra, evangelio; es una nueva noticia y una noticia buena, pero una noticia transformadora, que nos inquieta, que nos lleva a descubrir algo siempre nuevo; nos hemos acostumbrado a decir evangelio y ya no gustamos de su sentido, de lo que nos ofrece, de aquello a que nos llama.

Por algo Jesús desde el principio nos pide un cambio profundo dentro de nosotros para poder creer en esa buena noticia que nos ofrece y que nos está hablando del Reino de Dios; la palabra que se emplea y que medio hemos endulzado es conversión; y conversión es una vuelta total del corazón. De lo contrario no podríamos llegar a entender páginas como las que se nos ofrecen hoy, y me refiero tanto al evangelio como también al profeta.

Parece que se sale de todos los limites el que Jesús llame precisamente para que le siga como discípulo a un publicano; eran personas muy minusvaloradas en la sociedad judía de entonces, en consecuencia no tendría el prestigio – cuanto hablamos hoy también de los prestigios incluso dentro de la Iglesia – para formar parte de aquellos más cercanos a Jesús que El un día constituiría como el grupo de los apóstoles, el fundamento, podríamos decir, de aquella nueva comunidad.

Pero otra cosa que podría parecer discordante para aquella sociedad es que precisamente Jesús se siente a la mesa con todas esas personas que son despreciadas por su entorno, publicanos y pecadores. ¿Podría quitar eso el brillo de la santidad y rectitud de quien se presentaba como profeta en medio de ellos? Pero esa es la voz del profeta que solo quiere transmitir lo que es el mensaje de Dios, es la garantía precisamente de que Jesús es aquel que había anunciado el profeta como lleno del Espíritu de Dios que venía a traer una buena noticia a los pobres, a los oprimidos, como se había proclamado un día allá en la sinagoga de Nazaret. Es el estilo de Dios que así se nos manifiesta en Jesús. En ese sentido iban las palabras del profeta.

Hermosas las palabras del profeta. ‘Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies el alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía’. Así Jesús se convierte en luz de nuestra vida en medio de tantas tinieblas y oscuridad. Claro que como nos dice el evangelio de Juan al principio la luz vino a iluminar las tinieblas pero las tinieblas rechazaron la luz.

Pero la palabra del profeta es aliento para nuestra vida, un impulso para que seamos siempre luz con la luz de Jesús. ‘Tu gente reconstruirá las ruinas antiguas, volverás a levantar los cimientos de otros tiempos; te llamarán “reparador de brechas”, “restaurador de senderos”, para hacer habitable el país’. ¿No será eso lo que nosotros también tenemos que ser? Como dice el  profeta ‘reparador de brechas… restaurador de senderos…’ Cuántos corazones rotos hemos de sanar, cuántas soledades que acompañar, cuántas manos que tender, cuántos caminos de hacer junto a los demás. ‘Brillará tu luz en las tinieblas…’ No olvidemos lo que dice Jesús que ‘no necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan’.

Es el camino que se abre ante nosotros en esta cuaresma que estamos comenzando a vivir. Es el ayuno y la penitencia que el Señor nos pide. Son esas actitudes nuevas que han de brillar en nuestra vida. Son los signos de vida nueva que han de ser evangelio también para los demás. Es la misión que Jesús a nosotros también nos ha confiado.

 

martes, 17 de febrero de 2026

Seamos capaces de dejarnos sorprender por la buena noticia que es siempre el evangelio, porque si es noticia es algo nuevo para mi vida hoy

 


Seamos capaces de dejarnos sorprender por la buena noticia que es siempre el evangelio, porque si es noticia es algo nuevo para mi vida hoy

Santiago 1, 12-18; Salmo 93; Marcos 8, 14- 21

Algunos dicen que es cosa de poetas; es cierto que el poeta es el que es capaz de decirnos cosas hermosas empleando palabras bellas; utiliza imágenes muchas veces tomadas de la misma naturaleza o de la vida misma en lo que sucede cada día, pero para que no nos quedemos en la literalidad de las imágenes sino que seamos capaces de ir más allá con lo que se nos quiere significar o con lo que se nos quiere decir. No todos sin embargo tienen la sensibilidad para discernir y para interpretar, para hacer una lectura de la vida misma a través de esas imágenes bellas, y se quedan en la literalidad de las palabras; pero hay personas que saben captar, que se embelesan con esas palabras pero para ir a lo hondo, a su auténtico significado, a lo que se nos quiere decir. Es necesario un buen discernimiento, que quizás nos exija reflexión para no quedarnos en lo superficial. No siempre es fácil, reconocemos.

En esas andaban los discípulos cuando atravesando el lago en la barca llega el momento de confidencias o de advertencias; siempre hay un momento en que podemos decir o podemos escuchar una palabra que nos haga pensar, que nos haga reflexionar. Sin embargo vamos en ocasiones tan entretenidos en nuestras preocupaciones, en lo que son los deseos materiales que nos van apareciendo dentro de nosotros, ciertamente en una búsqueda de algo nuevo o mejor, pero hay ocasiones en que nos quedamos trabados en una palabra que no sabemos interpretar, en una insinuación que se nos quiere dar pero que no entendemos, tan absortos que vamos en nuestras cosas.

Jesús les deja caer como una advertencia algo que tendrían que tener muy en cuenta para no dejarse influir por tantas cosas externas que nos hacen perder el verdadero sentido. Son también muchas las influencias que podemos recibir de los que están a nuestro lado con insinuaciones que tampoco sabemos interpretar y que realmente están queriendo arrimar el ascua a su sardina, están trancando de conquistarnos para sus ideas y apartarnos del camino que hemos querido emprender.

Jesús quiere prevenirlos de esas influencias extrañas y les dice que tengan cuidado con la levadura de los fariseos que no siempre es buena o también de las influencias de los dirigentes políticos de aquella sociedad. Oyen hablar de levadura y se acuerdan de que no han cogido provisiones de pan suficientes para el camino que van a realizar. El rábano por las hojas, como dice el refrán. Jesús les habla de algo importante para la escucha del mensaje que les está trasmitiendo del Reino de Dios y ellos piensan en la lista de la compra. No entienden o no quieren entender.

Les recordará Jesús que por qué andan tan preocupados por la falta de pan. Aquí podía venir a colación aquello del momento de las tentaciones de Jesús en el desierto, ‘no solo de pan vive el hombre’. Pero Jesús les recuerda aquellos momentos en que estando sin pan y encontrándose con una multitud que alimentar, tuvieron pan suficiente como para recoger muchos cestos de sobras. Y ellos siguen sin entender. Las paradojas de nuestras escuchas y nuestras respuestas.

¿Estará sucediéndonos de una forma semejante porque tantas veces nos estamos quedando sin entender o haciendo nuestras interpretaciones tan interesadas que no llegamos a captar lo que en verdad nos quiere decir la Palabra de Dios? Nos sucede tantas veces cuando nosotros le ponemos nuestra propia plantilla a la Palabra de Dios que se nos trasmite. Cuantas veces nos hemos dicho, eso ya me lo sé, lo he escuchado muchas veces, sé bien lo que hay que interpretar, pero vamos poniendo tantas plantillas que al final nos quedamos muy lejos de la novedad que tiene que significar siempre para nosotros el evangelio.

Es noticia y si es noticia es algo nuevo, es buena noticia por tanto es noticia de salvación para hoy en mi vida, es evangelio que tiene que ser un revulsivo en nuestra vida y nos exige un cambio en actitudes, en posturas, en comportamientos. ¿Seremos capaces de dejarnos sorprender por esa buena noticia? Si la tomamos como noticia pasada ya no nos sorprenderá y dejará de tener ese necesario impacto para nuestra vida.

miércoles, 21 de enero de 2026

Hay miradas que nos traspasan el alma, que despiertan nuevos sentimientos, que nos ponen en una dinámica distinta, que eso sea el evangelio hoy para nuestra vida

 



Hay miradas que nos traspasan el alma, que despiertan nuevos sentimientos, que nos ponen en una dinámica distinta, que eso sea el evangelio hoy para nuestra vida

1Samuel 17, 32-51; Salmo 143; Marcos 3, 1-6

No siempre miramos de la misma manera ni nos fijamos en las mismas cosas; hay ocasiones en que sentimos curiosidad por lo que pasa o sucede en nuestro entorno y queremos saber, queremos conocer, queremos recibir noticias de cuanto sucede; pero también sabemos que la curiosidad puede ser malsana, y no solo por la búsqueda del chascarrillo, de los comentarios que se suscitan, sino porque quizás no somos sinceros en nuestro corazón, porque vamos con prejuicios, vamos prevenidos para resaltar lo que no nos gusta o lo que pueda destruir la buena voluntad de otros.

Pero hay miradas suplicantes, porque quisiéramos otra cosa, porque nos sentimos en necesidad, porque estamos lacerados por el dolor, porque los problemas nos agobian y estamos buscando cómo salir de esas situaciones, como cambiar, cómo encontrar una paz que nos falta en el corazón.

Pero está también la mirada de la comprensión, de la misericordia, la mirada de la mano tendida no para pedir sino para ofrecer, la mirada que se hace compañía, la mirada que ofrece paz y quien la recibe se siente sanado por dentro. Son miradas que reparten vida, son miradas reconfortadoras, son miradas confortables que quien las recibe se siente transformado, pero quien las ofrece siente una satisfacción honda en su corazón.

Miradas también que nos traspasan el alma, que se convierten en denuncia, que quieren despertar nuevos y mejores sentimientos pero que algunas ven que no lo logra y de alguna manera se siente defraudado. Podríamos seguir describiendo muchas más miradas, pero ante este evangelio de hoy detengámonos aquí.

Y miremos ahora nosotros todo el conjunto de personas que se mueven en este episodio por decirlo de alguna manera. Desde aquellos que están al acecho a ver lo que hace Jesús, porque saben bien lo que allí se van a encontrar todos, pero ellos quieren acabar con Jesús, al final se hablará incluso de confabulaciones para quitar de en medio a Jesús.

Pero allí en medio está aquel hombre enfermo, algunos casi no lo ven, pasa desapercibido para la mayoría por su misma situación de la que muchas quizás querrían alejarse. ¿Cuál era sin embargo la mirada de aquel  hombre en medio de todos los que le rodean sabiendo además que allí está el nuevo profeta de Galilea, como lo ven algunos?

Y está la mirada de Jesús, de su corazón brota la compasión y la misericordia, para Él no puede pasar desapercibido aquel hombre enfermo ni tampoco pasar por el lugar sin que nada suceda, porque donde hay amor brota espontánea la compasión y la misericordia. Pero el actuar de Jesús provocará también controvertidas reacciones. Porque además es sábado y hay que guardar la ley del descanso sabático.

¿Habrá de verdad evangelio en esos momentos y a través de ese episodio? Una buena nueva de salvación va a quedar anunciada, aunque no todos la sepan comprender. Por eso incluso en medio de la misericordia que se desborda del corazón de Cristo aparecen sentimientos de desencanto porque no todos saben leer esa buena noticia que Jesús quiere dejarles.

Pero no nos quedamos en el episodio y en el hecho de aquel tiempo, sino que tenemos que mirarnos a nosotros, o mejor dejarnos mirar por Jesús. ¿Qué es lo que va a encontrar en nuestro corazón? ¿Habrá en verdad sintonía en ese cruce de miradas entre Jesús y nosotros?

Porque quizás también nosotros en muchas ocasiones nos ponemos a mirar para otro lado, no queremos mirar la cruda realidad de sufrimiento que puede haber en nuestro derredor, pero también nos desentendemos y vamos a lo nuestro pareciendo que nuestras preocupaciones son las más importantes. La mirada de Jesús fue dura para aquellos fariseos que estaban allí al acecho y no fueron capaces de sintonizar con una buena noticia que les traía Jesús también para sus vidas. Aunque en Jesús siempre será permanente la mirada del amor, la misericordia y la compasión.

¿Estará tocando la fibra de nuestro corazón de alguna manera este evangelio de hoy? ¿Hasta dónde seremos capaces de llegar con nuestra mirada y con la oferta de nuestro corazón?


lunes, 12 de enero de 2026

¿Estaríamos dispuestos a dejar nuestras redes y nuestras barcas, lo que ha sido nuestra vida hasta ahora para embarcarnos para otra pesca diferente?

 


¿Estaríamos dispuestos a dejar nuestras redes y nuestras barcas, lo que ha sido nuestra vida hasta ahora para embarcarnos para otra pesca diferente?

1Samuel 1, 1-8; Salmo 115; Marcos 1, 14-20

Si alguien llegara de pronto a tu lado y sin más ni más, sin más preámbulos queremos decir, te dijera ‘vente conmigo’, ¿cuál sería nuestra reacción? Hoy que andamos con tantas desconfianzas en la vida seguramente nos quedaríamos a distancia preguntándonos quizás qué es lo que quiere, qué es lo que insinúa esta persona con esta inesperada propuesta; quizás podríamos responder también preguntando para que quiere que vayamos con él o dando largas, como solemos hacer en tantas cosas, diciéndonos que tendríamos que pensárnoslo porque decisiones así no se toman de un momento a otro. Pero, ¿cambiar de la noche a la mañana para dejar atrás lo que somos y lo que tenemos?, no lo haríamos así a bote pronto.

Pero es lo que nos plantea el evangelio de Marcos prácticamente en sus casi primeros versículos con lo que hoy se nos relata. Simplemente nos dice que pasaba Jesús por la orilla del lago, allí donde están los pescadores después de su faena recogiéndolo todo, remendando y guardado sus redes y sus aperos de pesca, y les dice primero a Simón y  Andrés y luego a los hermanos Zebedeos, Santiago y Juan, que se vayan con El. Les hace promesas de otras pescas que ellos seguramente no entienden; anteriormente han escuchado que Jesús al anunciar la llegada del Reino de Dios invita a la conversión y a creer en ese anuncio que les está haciendo. Pero lo maravilloso es la respuesta de aquellos pescadores, lo dejaron todo, sus redes y sus barcas, dejaron plantado al padre de los Zebedeos con sus ayudantes, y se fueron con Jesús.

Creo que mirado así con cierta frialdad y como poniéndonos a distancia este episodio tiene que causar gran sorpresa, como la sorpresa tanto de los llamados como de las personas de su entorno ante la invitación de Jesús y la rápida respuesta de los que serían sus primeros discípulos.

Pues, sí, de verdad, dejémonos sorprender por el evangelio. Es algo nuevo y no parece lo usual, ni entonces ni ahora. Cuidado que nos hayamos acostumbrado, nos hayamos aprendido las cosas demasiado de memoria y no pongamos toda nuestra vida, toda nuestra atención en lo que hoy Jesús sigue diciéndonos con estos pasajes del evangelio. No olvidemos el significado de la palabra, evangelio, buena noticia. Noticia tiene que ser para nuestra vida, noticia que espera una reacción de nosotros, sea cual sea, porque nos dejemos sorprender.

Que nos pongan una condición tan exigente cuando se nos hace una invitación podría parecer fuera de lugar. Pero así de claro es Jesús y así con esa claridad y con esa sinceridad tenemos que escuchar su Palabra y su invitación. Porque las palabras de Jesús, lo que Jesús nos anuncia no nos puede dejar indiferentes, tenemos que sentirnos aludidos allá en lo más profundo de nosotros. Y creer lo que nos anuncia Jesús no es simplemente saberlo como nos enteramos de una noticia por el periódico pero que son cosas de nuestros lugares, que no tienen que ver nada con nosotros; las aceptamos, sí, pero nuestra vida sigue con las mismas rutinas, porque son cosas que no nos afectan.

Pero el evangelio, la buena noticia que nos da Jesús, sí nos afecta, está poniendo en juego el sentido de nuestra vida, va quizás a trastocar muchas cosas pero nos hará descubrir cosas nuevas y de suma importancia para nosotros, está en juego nuestra salvación, el valor de nuestra vida, el sentido de lo que hacemos, la manera de construir nuestro mundo, nuestras relaciones con los demás. Y mucho tiene que cambiar allá desde lo más hondo de nuestro corazón, desde lo más hondo y fundamental de nuestra vida. 

Por eso nos dice Jesús que para empezar su camino tenemos que hacer un cambio en nuestra vida, no unos arreglos, un cambio total de mentalidad, de pensamiento, de sentido de la vida. Y lo hacemos porque creemos en la Palabra de Jesús, porque queremos creer en esa buena noticia que nos anuncia, ese Evangelio que será de salvación para nosotros.

¿Estaremos dispuestos a dejar nuestras redes y nuestras barcas para embarcarnos para otra pesca diferente?


sábado, 10 de enero de 2026

La Buena Nueva del Evangelio sigue siendo buena noticia de salvación hoy, no una utopía que nos confunde y adormece sino una nueva realidad para nuestra vida

 


La Buena Nueva del Evangelio sigue siendo buena noticia de salvación hoy, no una utopía que nos confunde y adormece sino una nueva realidad para nuestra vida

1Juan 4, 19–5, 4; Salmo 71; Lucas 4, 14-22a

Quien va por la vida arrastrando una pesada carga si encuentra en el camino un alma caritativa y generosa que quita de sobre sus hombros tal tormento se sentirá liberado es cierto pero sobre todo va a comenzar a creer en la bondad de los hombres cuando alguien sin pedirle cuentas le ha ayudado a liberarse de su peso.

Este pensamiento de entrada nos puede parecer muy utópico, sobre todo desde esas negruras sin esperanza en las que vivimos muchas veces, pero lo podemos ver palpable en gestos materiales que siempre nos encontramos en aquellos que siempre están dispuestos a ayudar; serán los trabajos que algunas veces se nos convierten en esclavizantes por la manera de plantearlos, la dureza de la vida del campo, el trabajo duro de quien trabaja en una mina, por ejemplo, trabajos que nos roban todo el tiempo o angustias de los que aun con todo el esfuerzo que hacen sienten que no pueden salir de sus amargas situaciones. Encuentran a alguien que les echa una mano y seguro que se lo agradecerán, como solemos decir, eternamente.

Pero son también otros agobios que sufrimos en la vida, problemas que se acumulan, enfermedades que nos destruyen no solo nuestro cuerpo sino también nuestra estabilidad emocional y la de los que conviven con nosotros, esperanzas que se pierden, situaciones de la sociedad que no sabemos qué rumbo toman, materialismo de la vida que contemplamos a nuestro alrededor donde parece que el dinero y la riqueza la solucionan todo, gente que camina sin rumbo ni sentido y solo buscan un placer efímero que quizás les haga olvidar sus otros sufrimientos. ¿Encontraremos una salida válida a todas estas situaciones que vivimos o que nos encontramos a nuestro alrededor?

Nos hace falta una palabra de aliento, un gesto que despierte la esperanza, algo que ponga una ilusión nueva en nuestro espíritu para poder seguir manteniendo la lucha y la búsqueda de caminos. Algo tiene que despertarnos, alguien tendrá que ser quien ponga una nueva luz en nuestra vida. ¿Dónde encontrar esa salvación?

En estos días en que estamos culminando la Navidad la liturgia nos va ofreciendo diversos textos de la Palabra que nos ayudan a descubrir quién es en verdad Jesús para nosotros y la esperanza que pone en nuestra vida. Hoy ya en este penúltimo día del tiempo de la navidad que concluirá mañana con la celebración del Bautismo de Jesús, el evangelio un poco se nos adelante y nos presenta a Jesús predicando por los distintos lugares de Galilea y en esta ocasión visita su pueblo de Nazaret.

Acude el sábado a la sinagoga según costumbre y es Jesús quien hace la proclamación de la lectura de la ley y los profetas. En este caso será un texto de Isaías que habla de quien viene lleno del espíritu de Dios para proclamar el año de gracia del Señor. ‘Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír’, es todo el comentario que hace Jesús. Allí está la buena noticia que va a ser anunciada a pobres y oprimidos, el anuncio de liberación y de salvación. Ese mundo lleno de sombras va a encontrar una luz y esa luz la encontraremos en Jesús. En Él se cumplen esos anuncios de la Escritura, de los profetas.

¿Qué viene a ofrecernos Jesús? Que encontremos esa verdadera liberación de nuestras vidas porque encontremos ese sentido nuevo de vivir; quiere para nosotros la mayor dignidad y grandeza, no podemos seguir dejándonos oprimir, pero no hemos de pensar en la opresión que otros podrán hacer sobre nosotros, sino en esas cosas que llevamos dentro de nosotros con nuestra maldad o con nuestra desorientación que nos hacen sufrir, que nos hacen sentirnos agobiados, que nos hacen caminar sin esperanzas, que nos atan demasiado a estos placeres de aquí abajo que al final nos dejarán vacíos o hastiados.

Jesús quiere ponernos en pie, que dejemos de arrastrarnos de la manera que hacemos detrás de nuestras pasiones, nuestras ambiciones o nuestros materialismos. Nos habla de que los cojos podrán caminar, que los ciegos tendrán luz en sus ojos, que los sordomudos podrán hablar y escuchar. Jesús quiere sanarnos desde lo más hondo de nosotros mismos, porque muchas veces seguimos acumulando resentimientos y heridas mal curadas que a la larga nos hacen sufrir a nosotros mismos. Jesús quiere otra vida para nosotros, otro sentido para nuestro mundo y para nuestra sociedad, otra grandeza y dignidad porque seamos nosotros mismos y nos sintamos engrandecidos desde lo más hondo de nuestro interior.

Es lo que hoy nosotros también necesitamos escuchar. Es lo que nos tiene que hacer despertar de este sonambulismo en que vivimos. La Buena Nueva del Evangelio sigue siendo una buena noticia de salvación para nosotros hoy y para nuestro mundo. Escuchémosla y anunciémosla dando testimonio de que en verdad podemos vivir una vida nueva. El evangelio no es una utopía que nos confunde y nos deja adormecidos, sino una realidad nueva para nuestro vivir.