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sábado, 4 de julio de 2026

Dejemos que el evangelio impacte de lleno en nuestra vida, no nos importe que muchas cosas salten por los aires, es una buena noticia que hace nueva nuestra vida

 

Dejemos que el evangelio impacte de lleno en nuestra vida, no nos importe que muchas cosas salten por los aires, es una buena noticia que hace nueva nuestra vida

Amós 9, 11-15; Salmo 84;  Mateo 9, 14-17

Nos gusta recibir buenas noticias. Estamos atentos a los diversos medios de comunicación para saber de qué va el mundo de la misma manera que nos comunicamos con aquellos más cercanos a nosotros que siempre tienen algo que contarnos de cuanto sucede a nuestro alrededor; desgraciadamente la mayoría de las noticias que recibimos tienen los tintes negativos de tantas calamidades que afectan a nuestro mundo y a nuestra sociedad que es algo que por nuestra sensibilidad nos inquieta; pero aun si queremos seguir escuchando noticias esperando siempre algo bueno y algo positivo que de alguna manera nos aliente y sea como luz para nuestro camino. 

Hay noticias que recibimos y que nos impactan y nos inquietan, que nos hacen reaccionar de alguna manera y que también van marcando el ritmo y el rumbo de nuestras vidas; cosas que nos afectan en lo más íntimo de nosotros, cosas que nos hacen pensar y nos hacen ver las cosas de otra manera, cosas, palabras o acontecimientos que nos producen un impacto profundo y o nos pueden desestabilizar en lo que es nuestra rutina de cada día, o nos hacen dar un giro a nuestras vidas.

Cuando Jesús comenzó a predicar en Galilea le decía a la gente que se preparara porque les llegaba una gran y buena noticia; en el ritmo de la predicación que había sido del Bautista la invitación que Jesús hacía era la conversión para poder creer en esa buena noticia del Reino de Dios que llegaba. Era una buena noticia que haría cambiar muchas vidas en quienes la aceptaron, una buena noticia que impacta y nos tendría que llegar de inquietud para buscar esos nuevos valores que nos iba a proponer.

No todos lo van a comprender porque están muy anclados en las costumbres de siempre, en la interpretación que ellos se habían hecho de la ley y los profetas, de las Escrituras santas, y no estaban dispuestos a hacer ese cambio, por eso su reacción será ir a la contra, rechazar, no dejar que llegara esa buena noticia a sus corazones. Es lo que iremos encontrando a lo largo del evangelio.

Hoy vienen algunos a plantearle a Jesús por qué sus discípulos no siguen con los viejos ritos de los ayunos y las penitencias, como los discípulos de Juan o como los discípulos de los fariseos. Jesús tratará una vez más de hacerles comprender la novedad de esa Buena Noticia, de ese Evangelio, que Él está proclamando. Y lo hace siempre, podríamos decir, con su pedagogía de ponernos imágenes como señales que hemos de entender. Por eso habla de rotos y de remiendos, por eso habla de odres viejos y nuevos que habrá que renovar para recibir ese vino nuevo que Él nos ofrece. 

‘Nadie echa un remiendo de paño sin remojar a un manto pasado; porque la pieza tira del manto y deja un roto peor’. Es una vestidura nueva la que tenemos que vestir, no nos vale lo viejo remendado, sino que es necesario esa transformación profunda que nos hace un hombre nuevo. 

‘Tampoco se echa vino nuevo en odres viejos; porque revientan los odres: se derrama el vino y los odres se estropean; el vino nuevo se echa en odres nuevos y así las dos cosas se conservan’. Es la conversión profunda de nuestro corazón y de nuestra vida. No podemos ser los mismos ante la Buena Noticia del Evangelio de Jesús. 

¿Significa en verdad eso para nosotros? Cuando queremos en verdad confrontar nuestra vida con el evangelio que escuchamos muchas veces nos quedamos pensando en qué cosas tengo que cambiar. ¿Significa eso los remiendos que le he de poner a mi vida para que no desentone mucho con el evangelio que escuchamos? Dejemos que el evangelio impacte de lleno en nuestra vida, no nos importe que muchas cosas salten por los aires, porque seguramente serán las que no están verdaderamente ancladas en Jesús y su evangelio.

martes, 17 de febrero de 2026

Seamos capaces de dejarnos sorprender por la buena noticia que es siempre el evangelio, porque si es noticia es algo nuevo para mi vida hoy

 


Seamos capaces de dejarnos sorprender por la buena noticia que es siempre el evangelio, porque si es noticia es algo nuevo para mi vida hoy

Santiago 1, 12-18; Salmo 93; Marcos 8, 14- 21

Algunos dicen que es cosa de poetas; es cierto que el poeta es el que es capaz de decirnos cosas hermosas empleando palabras bellas; utiliza imágenes muchas veces tomadas de la misma naturaleza o de la vida misma en lo que sucede cada día, pero para que no nos quedemos en la literalidad de las imágenes sino que seamos capaces de ir más allá con lo que se nos quiere significar o con lo que se nos quiere decir. No todos sin embargo tienen la sensibilidad para discernir y para interpretar, para hacer una lectura de la vida misma a través de esas imágenes bellas, y se quedan en la literalidad de las palabras; pero hay personas que saben captar, que se embelesan con esas palabras pero para ir a lo hondo, a su auténtico significado, a lo que se nos quiere decir. Es necesario un buen discernimiento, que quizás nos exija reflexión para no quedarnos en lo superficial. No siempre es fácil, reconocemos.

En esas andaban los discípulos cuando atravesando el lago en la barca llega el momento de confidencias o de advertencias; siempre hay un momento en que podemos decir o podemos escuchar una palabra que nos haga pensar, que nos haga reflexionar. Sin embargo vamos en ocasiones tan entretenidos en nuestras preocupaciones, en lo que son los deseos materiales que nos van apareciendo dentro de nosotros, ciertamente en una búsqueda de algo nuevo o mejor, pero hay ocasiones en que nos quedamos trabados en una palabra que no sabemos interpretar, en una insinuación que se nos quiere dar pero que no entendemos, tan absortos que vamos en nuestras cosas.

Jesús les deja caer como una advertencia algo que tendrían que tener muy en cuenta para no dejarse influir por tantas cosas externas que nos hacen perder el verdadero sentido. Son también muchas las influencias que podemos recibir de los que están a nuestro lado con insinuaciones que tampoco sabemos interpretar y que realmente están queriendo arrimar el ascua a su sardina, están trancando de conquistarnos para sus ideas y apartarnos del camino que hemos querido emprender.

Jesús quiere prevenirlos de esas influencias extrañas y les dice que tengan cuidado con la levadura de los fariseos que no siempre es buena o también de las influencias de los dirigentes políticos de aquella sociedad. Oyen hablar de levadura y se acuerdan de que no han cogido provisiones de pan suficientes para el camino que van a realizar. El rábano por las hojas, como dice el refrán. Jesús les habla de algo importante para la escucha del mensaje que les está trasmitiendo del Reino de Dios y ellos piensan en la lista de la compra. No entienden o no quieren entender.

Les recordará Jesús que por qué andan tan preocupados por la falta de pan. Aquí podía venir a colación aquello del momento de las tentaciones de Jesús en el desierto, ‘no solo de pan vive el hombre’. Pero Jesús les recuerda aquellos momentos en que estando sin pan y encontrándose con una multitud que alimentar, tuvieron pan suficiente como para recoger muchos cestos de sobras. Y ellos siguen sin entender. Las paradojas de nuestras escuchas y nuestras respuestas.

¿Estará sucediéndonos de una forma semejante porque tantas veces nos estamos quedando sin entender o haciendo nuestras interpretaciones tan interesadas que no llegamos a captar lo que en verdad nos quiere decir la Palabra de Dios? Nos sucede tantas veces cuando nosotros le ponemos nuestra propia plantilla a la Palabra de Dios que se nos trasmite. Cuantas veces nos hemos dicho, eso ya me lo sé, lo he escuchado muchas veces, sé bien lo que hay que interpretar, pero vamos poniendo tantas plantillas que al final nos quedamos muy lejos de la novedad que tiene que significar siempre para nosotros el evangelio.

Es noticia y si es noticia es algo nuevo, es buena noticia por tanto es noticia de salvación para hoy en mi vida, es evangelio que tiene que ser un revulsivo en nuestra vida y nos exige un cambio en actitudes, en posturas, en comportamientos. ¿Seremos capaces de dejarnos sorprender por esa buena noticia? Si la tomamos como noticia pasada ya no nos sorprenderá y dejará de tener ese necesario impacto para nuestra vida.

domingo, 5 de octubre de 2025

Siervos tuyos somos, aunque nos sintamos pequeños e insignificantes, pero hemos hecho lo que teníamos que hacer… Auméntanos la fe

 


Siervos tuyos somos, aunque nos sintamos pequeños e insignificantes, pero hemos hecho lo que teníamos que hacer… Auméntanos la fe

Habacuc 1, 2-3; 2, 2-4; Salmo 94; 2 Timoteo 1, 6-8. 13-14; Lucas 17, 5-10

¿A dónde vamos a parar?, nos preguntamos muchas veces. ¿Los problemas de la vida? ¿La situación en tantos ámbitos distintos por donde vemos que discurre la vida? Pensamos quizás en la indiferencia de tantos que los vuelve insolidarios, pensamos en las diferentes inquietudes sociales que vemos que se van manifestando, la violencia que marca nuestras relaciones tanto entre los más cercanos como en el ámbito más amplio de la sociedad, ya sean las guerras que no paran en nuestro mundo, ya sea la acritud que se va manifestando en las relaciones de los unos y los otros tanto de individuos cercanos como vemos también en el ámbito de lo social o de la vida política, tantas cosas que cuando nos ponemos a pensar en ellas termina doliéndonos la cabeza, pero más aun, el corazón. Y no digamos la pendiente por la que se va deslizando todo lo referente a lo religioso, humano y cristiano que parece que no levantamos cabeza.

¿A dónde vamos a parar?, nos preguntábamos al principio, pero quizás en los que aun nos queda la sensibilidad de la fe nos queda el pedir, ‘Señor, auméntanos la fe’. porque nos llenamos de dudas, porque se enfría nuestro espíritu, porque suceden tantas cosas que nos interrogan por dentro sobre el sentido de lo que estamos haciendo, porque contemplamos ese enfriamiento espiritual que también a nosotros nos envuelve, y que hace que tantos vayan abandonando el espíritu religioso más elemental, aunque luego andemos buscando soluciones en no sé cuantas cosas que nos aparecen de acá o de allá, esoterismos, espiritualidades orientales, y no se cuantas cosas más a las que ahora se les da más importancia que a una verdadera religiosidad desde el sentido cristiano que ha sido el alimento de nuestra vida.

‘Señor, auméntanos la fe’, tenemos que decir. Como decía también aquel hombre que rogaba por la curación de su hijo y Jesús lo invitaba a la fe y a la confianza, ‘Señor, yo creo pero aumenta mi fe’. Y Jesús seguirá insistiéndonos como lo hacía con Jairo cuando le traían las malas noticias de la muerte ya de su niña, ‘basta con que tengas fe’. Con humildad también nosotros acudimos como aquel centurión del evangelio, ‘no soy digno de que entres en mi casa, pero una sola palabra tuya bastará para salvarse’.

Hoy nos habla Jesús de la fe aunque fuera solamente del tamaño de un granito de mostaza, pero que es capaz de realizar grandes maravillas. Jesús para hablarnos utiliza imágenes un tanto espectaculares, propias también de una época como la vivida en los tiempos en que se nos trasmitieron los evangelios. No es cuestión de que vayamos haciendo el trasplante de árboles de un lado para otros, desde la montaña al mar o lo que sea. Son imágenes que nos hablan de una transformación interior que tiene que ser muy significativa en nuestra vida.

Es el hacer eso que tenemos que hacer, eso que es nuestra vida diaria pero con un espíritu de fe, poniendo nuestra confianza total en Dios. Nuestra fe no son unas doctrinas que tenemos que aprender, aunque en la base tiene que estar todo un sentido de Dios. Es la confianza con la que nos sentimos cuando confiamos en aquel que amamos y de quien nos sentimos amados.

Podremos vernos envueltos en las peores tormentas, pero sabemos de quien nos fiamos, en quien ponemos toda nuestra confianza. La fe no es darnos las soluciones fáciles establecidas ya como en un protocolo que nos dice lo que tenemos que hacer y lo que no, sino un confiarnos en el amor. Y eso nos hará caminar en paz, porque nos sentimos seguros a pesar de todos los vaivenes que en la vida nos iremos encontrando. Y la barca de nuestra vida camina segura a puerto, no nos faltará ese faro que nos oriente para encontrar camino a pesar de la tormenta, no nos faltará esa estabilidad que nos haga navegar con celeridad para sortear esas dificultades que vamos a encontrar. Como nos decía el profeta Baruc, ‘el justo por su fe vivirá’.

Seguimos haciendo nuestro camino con confianza, con fe. Conscientes de la misión que tenemos que desarrollar, del anuncio de vida que tenemos que hacer, del sentido de amor con que tenemos que envolver toda  nuestra vida, de las responsabilidades que tenemos que asumir. Misioneros de evangelio tenemos que ser en medio de nuestro mundo, porque nuestro mundo sigue necesitando esa buena nueva de salvación que lo transforme y que nos haga a nosotros unos hombres nuevos. ‘Siervos tuyos somos, aunque nos sintamos pequeños e insignificantes, pero hemos hecho lo que teníamos que hacer’, como nos dice el evangelio.

viernes, 26 de julio de 2024

Que la semilla haga surgir un brote nuevo que nos llene de esperanza, sea comienzo de un jardín florido y de un huerto de la vida lleno de hermosos frutos

 


Que la semilla haga surgir un brote nuevo que nos llene de esperanza, sea comienzo de un jardín florido y de un huerto de la vida lleno de hermosos frutos

Jeremías 3, 14-17; Jer 31, 10. 11-12ab. 13; Mateo 13, 18-23

Hace una semanas en la terraza de mi casa, porque no tengo huerto donde hacerlo, en una maceta en la que ya había otra planta sembré unas cuantas semillas; pasó un tiempo que podríamos llamar de silencio en que parecía que nada brotaba y podía ser infructuoso aquel sembrado, pero pasados unos días comenzaron a romper la tierra unos brotes de algunas de aquellas semillas que habían germinado, otras parece que no lo lograron, y ahora poco a poco aquellas plantitas, aun minúsculas, van creciendo y tomando forma hasta que en su momento trasplante aquellas plantas que ya tengan fortaleza en sus raíces para que puedan desarrollarse y darme los frutos que deseo.

Una minúscula semilla de la que brotará una planta que con su desarrollo posterior va alegrarme con sus flores y en su día con sus frutos el patio de mi casa. Cuanta virtualidad de vida posee en sí misma una semilla si le damos la oportunidad de germinar y con los cuidados correspondientes luego desarrollarse y crecer. De eso nos está hablando Jesús cuando nos propuso, como escuchamos hace unos días, la parábola de la semilla que el sembrador sembró en los diferentes campos. Hoy los discípulos cercanos a Jesús le han preguntado por el sentido de la parábola pidiéndole que se las explique para poder aplicar su mensaje a la vida.

No es simplemente una historia bonita y ejemplar, pero sí es una imagen que nos lleva a interrogarnos por dentro sobre lo que nosotros hacemos con la semilla. Algunas veces no germina, otras ni siquiera le damos la oportunidad de quedar enterrada en el suelo porque el viento se la lleva o los pajarillos se la comen, otras veces aunque germine no podrá prosperar porque no encuentra ni el terreno adecuado y los necesarios cuidados. Cada día humedecía yo la tierra de la maceta porque que la semilla tuviera la necesaria humedad para germinar, pero he dejado de seguir humedeciendo la tierra para que los calores del estío no seque sus raíces y sus hojas y pueda seguir manteniéndose con vida, a su tiempo cuidaré de escardar los yerbajos que puedan nacer a su alrededor para que no la ahoguen y la abonaré para que pueda crecer con fortaleza para que un día me de sus flores y sus frutos.

Nos dice Jesús hoy que la semilla es la Palabra, esa Palabra que Dios nos regala, esa Palabra que sale del corazón de Dios pero que tiene que encontrar un corazón en el que germine y eche raíces para que pueda en verdad transformar nuestra vida. ¿Habremos puesto una coraza alrededor del corazón para que no pueda penetrar en él esa semilla, o acaso lo habremos endurecido tanto que no encontrará esa tierra buena en la que ahondar con sus raíces?

La semilla en sí tiene su virtualidad de vida; la Palabra que sale del corazón de Dios también está llena de vida y lo que Dios quiere es que produzca fruto en nosotros. De nosotros, entonces, depende ahora el fruto que produzca en nuestra vida. Dios respeta siempre nuestra libertad y somos nosotros los que hemos de dar respuesta, somos nosotros lo que hemos de preparar esa tierra buena de nuestro corazón quitando esos abrojos de nuestras rutinas, de nuestras viejas costumbres, de nuestra frialdad que termina por endurecer nuestro corazón, de tantos apegos que ocupan todo nuestro corazón sin dejar lugar para que esa semilla se enraicé en nosotros para que pueda brotar una nueva vida. Es lo que nos está explicando Jesús de la parábola cuando los discípulos le preguntan.

Ese brote nuevo que puede surgir a lo más mínimo en nuestro corazón nos llena de alegría y esperanza. Es señal de vida, es comienzo de una nueva belleza para nuestra vida, es anticipo de un jardín florido y de un huerto lleno de hermosos frutos.

lunes, 11 de diciembre de 2023

Levántate, tú puedes, no esperes que otro te lleve tu camilla, no te quedes postrado, ponte en camino

 


Levántate, tú puedes, no esperes que otro te lleve tu camilla, no te quedes postrado, ponte en camino

Isaías 35, 1-10; Sal 84; Lucas 5, 17-26

Cuántas veces en la vida nos vemos bajo el peso de los problemas sin saber cómo salir adelante, nos sentimos impotentes, incapaces de encontrar salida; en ocasiones nos sentimos como inútiles, también hay que decirlo, porque no nos valoramos a nosotros mismos, no somos capaces de reconocer las imposibilidades que podamos tener, pero de ahí no pasamos; yo no sé, yo no puedo, son frases que escuchamos o que incluso decimos en muchas ocasiones.

Por supuesto necesitamos una mano que nos ayude a dar los primeros pasos, nos dé el primer empujón, no para resolvernos ellos todos los problemas, sino para hacernos creer en nosotros mismos; es bueno que haya personas dispuestas así a nuestro lado, porque son un buen estimulo; pero reconociendo quizás que estamos limitados tenemos que ver otras posibilidades, otras salidas, algo que nosotros hagamos por nosotros mismos.

¿Queremos el milagro fácil que todo nos lo dé hecho? Quizá el milagro tiene que estar en reconocer nuestra limitación, pero querer salir de ella, no conformarnos, no cruzarnos de brazos para que otros sean los que nos resuelvan los problemas. Y esto que estoy diciendo no es auto alimentar nuestra autosuficiencia, porque también tenemos que saber a quién podemos acudir, pero hacerlo, es comenzar a creer que es posible en mi vida algo distinto. Y decimos de nuestra vida personal, como podemos decirlo de lo que es esa sociedad que quisiéramos que fuera mejor.

Me ha venido a la mente toda esta reflexión que os estoy ofreciendo precisamente leyendo y queriendo escuchar en mi corazón también el evangelio que hoy se nos propone. El evangelista nos presenta el cuadro, Jesús que está enseñando en un lugar a donde ha acudido mucha gente; por un lado también están escribas y fariseos, que siempre estarán atentos a lo que hace o a lo que dice Jesús, no para aprender, sino ya sabemos cuales son sus intenciones. En medio de todo esto aparecen unos hombres que en una camilla traen a un paralítico para que Jesús lo cure. Pero está la dificultad de la aglomeración de la gente; pero aquellos hombres no se arredran y buscan soluciones, bajar desde el tejado en la camilla a aquel paralítico para que llegue a los pies de Jesús.

Ya estamos viendo cómo se buscan soluciones sin cruzarse de brazos. Las barreras se pueden saltar. Cuántas veces vemos el muro que se nos interpone, pero nos falta la iniciativa para ver como pasar por encima de ese muro, y nos quedamos paralizados.

Pero ahora vienen otros pasos que son muy importantes. Las palabras de Jesús hacen reconocer que aquel hombre – todos lo somos – es pecador y cuando se reconoce el pecado estará siempre presente la misericordia de Dios, aunque los hombres no terminamos de aprender lo que es la misericordia y saborearla. Así está la reacción de aquellos que escuchan que Jesús ofrece el perdón a aquel hombre. ¿Nuestras reacciones van por los caminos de la misericordia y saber saborearla?

Pero ahora Jesús le va a decir a aquel hombre que no tiene que quedarse postrado en aquella situación. ‘A ti te lo digo… levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’. No te quedes postrado, levántate. No esperes siempre que haya alguien que te cargue la camilla – yo lo habían hecho otros antes para traerlo ante Jesús – a ti te toca ahora cargar con la camilla para que vuelvas a tu casa. Y aquel hombre se levantó con el estupor de todos.

Cuántas veces necesitamos oír esa palabra que nos dice: ‘levántate’. Tú puedes. Es posible. Sentir esa liberación interior, que nos viene de Dios. No quedarnos atados y paralizados. Ponernos en camino que podemos hacerlo. No podemos consentir que el mundo siga por los derroteros que va; podemos hacer algo nuevo, algo distinto, un mundo mejor y distinto. Pero tenemos que poner manos a la obra. Jesús está con nosotros. Y su palabra de salvación llega a nuestra vida. ‘Sed fuertes, no temáis. Aquí está nuestro Dios, viene en persona y nos salvará’.