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viernes, 18 de septiembre de 2026

Necesitamos desacomodarnos y desinstalarnos de una vez por todas porque es necesario hoy ponernos en camino de lugar en lugar para llevar la buena noticia de Jesús

 


Necesitamos desacomodarnos y desinstalarnos de una vez por todas porque es necesario hoy ponernos en camino de lugar en lugar para llevar la buena noticia de Jesús

1Corintios 15, 12-20; Salmo 16; Lucas 8, 1-3

Caminando de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad; una vida itinerante y es que las buenas noticias no se pueden quedar estancadas. Era la invitación que Jesús continuamente hacía, había que prepararse para poder recibir una buena noticia, pero una buena noticia que no se podía quedar estancada en quienes la recibían, las noticias son para comunicarlas, y para poder comunicarlas hay que ponerse en camino, salir, no quedarse en el sitio, había que desacomodarse porque si nos quedamos cómodos en donde estamos la noticia no podrá correr de boca en boca; por eso pedía Jesús conversión, que era ese desinstalarse de quedarnos plácidamente donde estamos para disponernos a algo nuevo que nos va a traer esa buena noticia. Jesús dirá cuando quieran que El se quede allí más tiempo, que es necesario ir a otros lugares, que otros sitios y otros pueblos están esperando también que les llegue esa buena noticia.

Creo que si pensamos un poquito en todo esto que vamos diciendo muchos nuevos planteamientos tendrían que salir para nuestras vidas, porque nos cuesta desinstalarnos, salir de esa comodidad de quedarnos donde estamos o en lo que hacemos; con qué facilidad nos entra una modorra espiritual, nos quedamos adormilados, nos contentamos con cuidar lo que ya tenemos, y al final terminamos envejeciéndonos. Y digo envejeciéndonos no solo porque cada vez nos vamos poniendo más mayores, sino porque la falta de vitalidad, de compromiso nos envejece en nuestra fe, nos hace perder esa energía espiritual tan necesaria en tantos momentos de la vida.

¿Qué nos está sucediendo en la mayoría de nuestras comunidades cristianas, en la mayoría de nuestras parroquias, y tenemos que reconocerlo en el conjunto de la Iglesia? Nos hemos envejecido. Miremos quienes quedamos en nuestras parroquias, quienes son los que habitualmente participan en la misa dominical que tendría que ser hermosa expresión de la vitalidad de la vida de una parroquia; ¿quienes nos quedan o quedamos? personas mayores, la juventud ausente, la mayoría con un conformismo de cumplir y ya está, poca vitalidad que nos lleve a hacer nuevas cosas, a buscar nuevos caminos, a emprender nuevas iniciativas para hacer llegar el mensaje del evangelio a más gente. ¿No tenemos tiempo y siempre estamos ocupados o nos cuesta salir de la modorra de nuestra rutina para dedicar parte de nuestro tiempo para reunirnos, para tener iniciativas que nos lleven a hacer un anuncio más explícito del evangelio?

Nos dice hoy el evangelio que acompañaban a Jesús en aquel caminar de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad, aquellos discípulos más cercanos que habían estado desde el principio con Jesús, un día a doce de ellos los va a constituir en grupo especial, en apóstoles, pero también algunas personas entre ellas algunas mujeres que alguna gracia habían recibido de Jesús; allí estaba ‘María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios’ como nos comenta el evangelista y que en varios momentos más veremos muy cerca de Jesús, pero también algunas otras mujeres, ‘Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes’. Eran el apoyo de Jesús y el grupo que en torno a Él se había formado, porque incluso nos habla de algunas que ayudaban con sus bienes.

Es bonito este resaltar el evangelista a este grupo que camina con Jesús. Un momento en nuestra reflexión para aprender a valorar esos pequeños grupos, demasiado reducidos en la mayoría de las ocasiones, pero en muchos casos mujeres sencillas pero con una disponibilidad grande para el servicio que realizan muchas tareas en nuestras comunidades y parroquias. Algunas veces, hemos de reconocer, que pareciera que descansa en ellas toda la vida y la actividad de nuestras parroquias.

Tenemos, es cierto, que tenerlas en cuenta y valorarlas, pero no nos podemos quedar ahí, solo en esas personas. La comunidad ha de tener más vida, muchos más tendríamos que despertar de una vez por todas para salir de nuestra modorra y de nuestra comodidad, para saber ponernos en camino, porque muchos son los lugares y son las situaciones donde es necesario hacer ese anuncio del Evangelio, llevar esa buena noticia.


lunes, 6 de abril de 2026

Cuidemos nuestro espíritu, cuidemos nuestra fe, démosle a nuestra vida hondura espiritual, nos sentiremos seguros en nuestra fe, alegría verdadera para nuestra vida

 


Cuidemos nuestro espíritu, cuidemos nuestra fe, démosle a nuestra vida hondura espiritual, nos sentiremos seguros en nuestra fe, alegría verdadera para nuestra vida

Hechos 2, 14. 22-33; Salmo 15; Mateo 28, 8-15

No todos reaccionamos de la misma manera, porque no todos tenemos la misma visión de la vida, nos hemos ido construyendo dentro de nosotros unos andamios sobre los que queremos sostener lo que construimos, nuestra existencia, según las bases que hayamos puesto en esos andamios de pensamiento, por decirlo de alguna manera. Son esos principios de vida que podamos tener, pero viene sostenido por las distintas experiencias que hayamos vivido que van a marcar el color de nuestro pensamiento.

Pongamos el ejemplo de un accidente, por decir algo, aunque todos lo hayamos presenciado igual o se nos refieran las mismas circunstancias en que acaeció sin embargo nuestra reacción será distinta, desde el que inmediatamente porque piensa en unas personas que pueden estar sufriendo las consecuencias se dispone a ayudar, a prestar auxilio, pero bien podemos ver el que se queda como mero espectador observando a ver en qué acaba aquello que ya habrá otros que socorran, pero también el que desde una postura negativa dirá que bien se lo merecían porque hay muchos locos que no saben ni por donde andan, o quizá cuando me pasó algo semejante a mí nadie me ayudó; reacciones positivas, reacciones negativas, gentes que se preocupan por la personas, gentes que entran en el juicio y la condena fácil.

Algo así estamos viendo en esta página del evangelio en torno a la resurrección de Jesús, según lo que había en el corazón de aquellas distintas personas. Unas mujeres – eran las que andaban siempre con Jesús – en medio del dolor que había significado la muerte de Jesús y no poder embalsamar debidamente a la hora de su sepultura, cuando ya pueden moverse porque ha pasado el sábado acuden con el deseo de dar cumplimiento a aquellos ritos funerarios; eran personas que habían puesto su fe en Jesús y en sus palabras y algo de esperanza a pesar del dolor podía quedar en su corazón; su sorpresa fue grande al encontrarse el sepulcro vacío y con cierto temor en el alma corren porque han de llevar la noticia a los demás discípulos.

Y Jesús les sale al encuentro, se sorprenden y se llenan de alegría de manera que querrán abrazar los pies de Jesús. Pero Jesús les deja un mensaje, un mandato, han de ir, sí, a anunciarlo a los discípulos pero a decirles que vayan a Galilea que allí le verán. Aquellas mujeres no se esconden como no se han asustado en exceso por la tumba vacía que han encontrado. Ellas venían haciendo un camino de amor y un camino de fe que ahora se va a ver enriquecido con la presencia de Jesús que les sale al encuentro. ¿Cuáles serán los caminos que nosotros hemos venido haciendo para llegar a esta Pascua? ¿Habremos sentido en verdad que Jesús nos está saliendo al encuentro?

Pero hay otro lado del evangelio más oscuro. Los guardias que habían puesto los sumos sacerdotes para custodiar el lugar también se encontraron con la sorpresa de la tumba  vacía porque Cristo había resucitado, pero ¿cuál fue su reacción? Empecemos por tener en cuenta que su presencia allí no estaba por la fe sino por la desconfianza, y cuando ponemos esos cimientos en lo que hacemos o en nuestros razonamientos poco podremos abrirnos al misterio de la fe, al misterio del Dios que se nos revela. Era el temor con que ellos acudieron a los sumos sacerdotes para transmitirles la noticia pero en la que de ninguna manera aceptaban el hecho de la resurrección; entraron luego en el juego de los sobornos y de la manipulación para decir solo lo que los sumos sacerdotes querían que se dijese, que los discípulos habían robado el cuerpo de Jesús. En cuántas redes de manipulaciones caemos en la vida cuando no hay una verdadera rectitud interior.

Nos vienen bien estos contraluces porque nos ayudarán a calibrar bien nuestra fe y nuestra vida queriendo darle esa profundidad que necesitamos. Esa rectitud interior por una parte, pero también esa apertura de nuestro corazón al misterio de Dios que se nos manifiesta. Será también lo que va a motivar mejor o peor nuestras propias celebraciones que cuando no tenemos esa necesaria profunda espiritualidad nos quedaremos en superficialidades, caeremos por la pendiente de las rutinas y la tibieza espiritual que no sabemos bien a donde vamos a llegar, que no será a nada bueno.

Cuidemos nuestro espíritu, cuidemos nuestra fe, démosle a nuestra vida esa hondura espiritual que podrán venir las borrascas que sean que nos sentiremos siempre seguros en nuestra fe, alegría verdadera para nuestra vida.


viernes, 19 de septiembre de 2025

Anónimos y desconocidos tenemos que aprender a valorar a tantos que en silencio a nuestro lado por su fidelidad y su amor están haciendo anuncio del evangelio

 


Anónimos y desconocidos tenemos que aprender a valorar a tantos que en silencio a nuestro lado por su fidelidad y su amor están haciendo anuncio del evangelio

1Timoteo 6,3-12; Salmo 48; Lucas 8,1-3

Darle plenitud y valor a la vida no significa que siempre tengamos que estar haciendo cosas extraordinarias; tenemos que aprender a valorar las cosas pequeñas y sencillas de cada día, que nos pueden parecer una rutina repetida porque nos parece que siempre estamos haciendo lo mismo. No tenemos que afanarnos por hacer cosas extraordinarias, sino que nuestra preocupación ha de estar más bien en hacer extraordinariamente bien esas pequeñas cosas de cada día. Ahí está la vida, lo que en cada momento vivimos, que es donde tenemos que dejar nuestra mejor huella. Será la que en verdad cautivará los corazones, será esa semilla plantada en silencio en lo que nos parece un campo cualquiera, pero que si la cuidamos bien nos dará una hermosa planta y generosos frutos.

Esto creo que tenemos que pensarlo en lo que es nuestra vida ordinaria, que serán nuestros trabajos o nuestra vida familiar, ese salir cada mañana al encuentro de los demás y esos gestos sencillos con que nos saludamos o nos preocupamos mutuamente los unos por los otros. Pero ha de ser también la pauta para lo que significa nuestro compromiso dentro de la comunidad o en el seno de la Iglesia. No son milagros que tengamos que ir haciendo a cada paso, sino en esa sencillez de nuestra vida y en esas cosas que hacemos cada día vamos dejando la impronta de nuestra fe, el perfume del evangelio.

Quizás algunas veces, sobre todo cuando ya vamos teniendo nuestros años, nos ponemos a mirar hacia atrás en el camino que hemos hecho en la vida y puede que podamos sentir el desaliento de que no hemos hecho grandes cosas. Seguro que una mirada atenta a esas cosas ordinarias que íbamos haciendo cada día nos hará descubrir muchas buenas huellas que hayamos dejado, aunque no hayamos hecho nada extraordinario, pero esa fidelidad de cada día, esas cosas que quizás repetimos una y otra vez con las que queríamos mostrar nuestro compromiso, nuestra fidelidad, o simplemente hacer sentir nuestra presencia pueden ser señales de esas obras maravillosas, que no nosotros, pero que Dios ha obrado a través de nosotros. Porque esto es importante, saber descubrir y sentir ese actuar de Dios que solo podremos apreciar desde la fe. No tiene que haber desaliento en nosotros ni por otra parte hacer resaltar nuestros orgullos y vanidades, sino humildad para saber dar gracias a Dios.

Hoy nos encontramos con una página del evangelio que parece que no nos dice nada, pero es una página de un día ordinario de la vida de Jesús. En este caminar de una lado para otro en aquellos caminos de Galilea visitando los diferentes lugares hoy no nos muestra nada extraordinario; solo habla de que iba de un lugar para otro haciendo el anuncio del Evangelio, menciona quienes le acompañaban, aparte de aquel pequeño grupo de discípulos a los que constituiría un día apóstoles con una llamada especial, simplemente nos dice que le acompañaba un grupo de mujeres, se mencionan algunas, pero quiere expresar ese grupo más grande de las que quieren ser fieles y estar siempre con Jesús, fidelidad que les llevará a compartir incluso sus bienes en ese actuar de Jesús.

¿Nos sentiremos nosotros quizás anónimos en ese grupo de los que siguen a Jesús? Pasaremos incluso por desconocidos y nuestro nombre no saldrá en ningún noticiario, pero ahí estamos con nuestra fidelidad, con nuestros deseos de estar con Jesús y seguirle, ofreciendo lo que somos y también compartiendo nuestra vida. No será nada extraordinario pero será sobre todo anuncio ante el mundo que nos rodea de la buena nueva de Jesús que vamos plasmando en la sencillez y humildad de nuestra vida.

¿Seremos capaces de valorar también a tantos que de forma anónima quizás o sin aparentar, desde su sencillez y su humildad están siendo también anuncio de esa buena nueva de Jesús a nuestro mundo? Tenemos que aprender a valorar a tantos que quizás nos pasan desapercibidos pero que están haciendo una gran labor en la Iglesia desde su silencio, pero desde su amor y su entrega.

 

lunes, 21 de abril de 2025

Después de lo intensamente vivido estos días salimos con una misión, como misiones de una buena noticia reflejada en la alegría de nuestro rostro y nuestro corazón

 


Después de lo intensamente vivido estos días salimos con una misión, como misiones de una buena noticia reflejada en la alegría de nuestro rostro y nuestro corazón

Hechos de los apóstoles 2, 14. 22-33; Salmo 15; Mateo 28, 8-15

Tenemos nuestros esquemas, nos hacemos nuestros planes, disponemos cómo han de ser o hacerse las cosas, seguimos un ritual o una costumbre, como siempre se hecho decimos, pero pronto quizás nos viene la sorpresa de que las cosas no son como nosotros pensábamos o nos lo habíamos programado, el mundo se nos viene abajo porque no sabemos qué hacer o como reaccionar, vienen los miedos y las angustias, como tantas veces nos sucede ante la incertidumbre de lo que se nos presenta, pero ¿todo se puede transformar en alegría cuando nos damos cuenta del sentido de la novedad?

Son nuestros trabajos, son nuestros proyectos de vida, es la organización de la vida que nos hemos planteado, son las rutinas de siempre, de lo que siempre ha sido así, pero la vida está llena de sorpresas; algunas veces nos inquietan, nos hacen tomar otros caminos a los que estábamos acostumbrados, quizás se abren otros horizontes en esos caminos nuevos, merecerá la pena ese cambio, aunque en nuestra tozudez seguimos encerrados en nosotros mismos y en nuestras cosas.

Nos cuenta el evangelio hoy que las mujeres fueron muy de mañana al sepulcro, porque en la tarde del viernes no habían podido realizar con las prisas de la llegada del sábado con la caída del sol todos los ritos funerarios; habían observado bien donde y cómo habían colocado el cuerpo de Jesús; una cosa no habían pensado quizás lo suficiente era quien les iba a ayudar a correr la piedra de la entrada del sepulcro, pues mujeres como eran no tendrían fuerza para realizarlo ellas solas; pero la piedra estaba corrida y el cuerpo difunto de Jesús allí no estaba.

¿Sorpresas? No era para menos, no era lo que esperaban encontrar. ¿Temores y angustias? No sabían donde estaba el cuerpo de Jesús y qué habían hecho con él, o quienes. ¿Quién se lo habría llevado? ¿Dónde lo habían puesto? Había algo que hacer, lo primero contarlo a los discípulos.

Pero ahora sí estaba la sorpresa delante de ellas. El mismo Jesús les sale al encuentro invitándolas a que se llenen de alegría, aunque todavía con sus temores interiores porque todo les resultaba extraño. Y Jesús las envía – los envíos tan repetidos de Jesús – a que vayan a anunciar todo esto a los discípulos y que vayan a Galilea. Aunque todavía el evangelista nos seguirá contando de la presencia de Jesús con ellos allí en Jerusalén, es importante que vayan allí donde empezó todo, donde fueron los primeros anuncios y de donde surgieron los primeros discípulos.

¿Será recordar lo que era en verdad el primer anuncio de Jesús del Reino de Dios que ahora ya se estaba constituyendo? ¿Será un comenzar a abrir caminos que no se quedarán ni en Jerusalén ni en Galilea sino que Jesús luego les enviará por todo el mundo? Estas mujeres serán las primeras portadoras de buenas noticias, que ya no son solo los discípulos más cercanos, y que nos recordará la misión que todos los que tenemos la experiencia de Jesús tenemos que cumplir, tenemos que realizar.

Del sepulcro vacío parten dos comitivas, estas mujeres convertidas en las primeras misioneras de la Buena Noticia de la resurrección de Jesús, pero también aquella otra comitiva que no supieron ver el sentido del sepulcro vacío y también marchaban con unas inquietudes y unos miedos por una misión que no habían podido cumplir pero se convertiría en un contra testimonio contra ellos mismos cuando se dejaron sobornar por la mentira.

Arrancamos nosotros también nuestro camino cuando comenzamos la celebración de esta Pascua también del sepulcro vacío, pero marchamos con otras certezas, marchamos con otras vivencias, marchamos con la experiencia de que nosotros sí sentimos a Cristo vivo en nuestra vida; nuestro camino lo hacemos como testigos, nuestro camino lo hacemos con Cristo vivo y presente en nuestra vida y ese es el anuncio que tenemos que hacer.

Marchamos  a la Galilea de nuestra vida de cada día después de la intensidad de lo vivido en esta semana santa, quizás también con nuestros miedos e inquietudes de cómo nos van a recibir, pero ya nosotros vamos con una misión, ser misioneros, portadores de una buena noticia que llevamos reflejada en la cara y en nuestra vida, porque vamos desbordando alegría, porque en nuestro corazón hay un nuevo entusiasmo, porque sintiendo el gozo de la presencia de Jesús resucitado con nosotros queremos también sentir el gozo del anuncio.

¿Seremos semilla que haga brotar una nueva planta y unos nuevos frutos para y en nuestro mundo? ¿Nos damos cuenta de los nuevos horizontes que se abren ante nosotros?

lunes, 1 de abril de 2024

Unas primeras evangelizadoras, primero llenas de miedo por la sorpresa, pero luego inundadas de alegría anuncian valientemente que Jesús ha resucitado

 


Unas primeras evangelizadoras, primero llenas de miedo por la sorpresa, pero luego inundadas de alegría anuncian valientemente que Jesús ha resucitado

Hechos de los apóstoles 2, 14. 22-33; Salmo 15;  Mateo 28, 8-15

Las sorpresas en muchas ocasiones nos dejan descolocados y no sabemos cómo reaccionar; si además hemos estado pasando por momentos de gran tensión, aunque nos esforcemos por mantener la serenidad y el equilibrio en aquellas cosas que tenemos que hacer, sin embargo siempre nos fallan las cosas, no solemos prevenirnos lo suficiente para los inconvenientes que nos pueden sobrevenir y si a esto se añade la sorpresa de lo inesperado, aunque nos hubieran barruntado que eran cosas que podían suceder, nos hace reaccionar de forma incontrolada mezclándose multitud de sentimientos en nuestro interior y teniendo reacciones bastante dispares.

¿Con qué estado de ánimo iban aquellas mujeres en la mañana del primer día en dirección al sepulcro? Mucho habían pasado la mañana y la tarde del viernes, grande había sido la soledad que habían sufrido durante el sábado sin poder hacer nada, y ahora se apresuraban para a tiempo aun poder embalsamar debidamente el cuerpo de Jesús con sus ungüentos y perfumes; hasta se habían olvidado de llevar a alguien que les ayudara a correr la piedra de la entrada del sepulcro.

Comienzan las sorpresas, porque la piedra está rodada; dentro no se encuentran el cuerpo de Jesús; tienen unas visiones que a ellas les parecen que son Ángeles los que les hablan preguntando por qué buscan allí el cuerpo de Jesús; cómo buscar entre los muertos al que vive, buscan a un crucificado y se les anuncia que está vivo, que ha resucitado. Vienen quizás a su mente las palabras de Jesús cuando anunciaba lo que le iba a pasar y siempre terminaba hablando de resurrección; pero ellas como el resto de los discípulos aquello nunca lo habían entendido. Y ahora parece que es realidad.

Corren sorprendidas, llenas de miedo y al tiempo de gozo y alegría, se mezclan los sentimientos, para ir a contarlo a los discípulos que allá andan encerrados en aquella sala que les habían prestado para la cena pascual y se había convertido en su refugio. Pero se detienen en seco porque es Jesús mismo el que les sale al encuentro. Era verdad, lo que les había dicho el ángel, lo que El había anunciado; lo creen y no lo creen como sucede en estos casos de sorpresa y cuando todo se provoca a la alegría. Quieren abrazarle los pies. Pero las palabras de Jesús que les invita a la alegría, son también un envío, han de ir a anunciar todo esto a los discípulos, las primeras portadoras de la Buena Noticia, las primeras evangelizadoras y precisamente unas mujeres, porque además han de ir a Galilea.

Sorpresa y alegría, temores producidos por la sorpresa porque como suele suceder no se lo terminan de creer, pero también la confianza de un anuncio, la misión de un primer envío que un día será por toda la tierra, unas sencillas mujeres que son las primeras que reciben el mensaje, pero que han de ser las primeras también en transmitirlo, en comunicarlo a los demás.

Es la alegría que seguimos viviendo nosotros también la pascua. Que se disipen nuestras dudas, que se apaguen los nubarrones de los miedos, que sintamos la fortaleza de quien va con nosotros, porque nos ha salido al encuentro pero para estar con nosotros, para también nosotros seguir haciendo ese anuncio hoy.

De lo que hemos celebrado a lo largo de toda la semana santa, de lo que vivimos y celebramos en la vigilia pascual y en el día de Pascua, ¿qué nos queda? ¿Será una cosa que archivamos en los recuerdos y si acaso algún día hacemos memoria de aquello que entonces vivimos y volvemos a abrir ese archivo de nuestros recuerdos? Pesan mucho las actitudes pasivas y negativas que seguimos manifestando en la rutina de los días a la que hemos vuelto como si nada hubiera pasado.

¿Seremos acaso como aquellos guardias que querían mantener que en el sepulcro no había pasado nada y a lo más es que algunos habrían venido de noche para robar el cuerpo de Jesús? ¿Seguiremos todavía con sepulcros sellados y cerrados porque no nos queremos convencer que Cristo está vivo porque quizás nos da miedo hacer ese anuncio a nuestro mundo? Ellos se dejaron sobornar por el dinero, ¿por qué miedos nos dejamos sobornar nosotros?

domingo, 31 de marzo de 2024

Tenemos que ponernos en camino a la Galilea de nuestra vida para seguirle viendo y seguir proclamando la Buena Noticia de la Pascua, que Cristo ha resucitado

 


Tenemos que ponernos en camino a la Galilea de nuestra vida para seguirle viendo y seguir proclamando la Buena Noticia de la Pascua, que Cristo ha resucitado

Romanos 6, 3-11; Marcos 16, 1-7

No podemos menos que repetir el mismo anuncio. Es la Buena Nueva de hoy y de siempre. Es el evangelio que nos manda proclamar Jesús. Es la Buena Noticia que estábamos esperando y para lo cual Jesús nos había pedido desde el principio que teníamos que creer, que teníamos que convertirnos para hacerla vida nuestra. Es la gran noticia del Reino de Dios que se realiza hoy y aquí entre nosotros cuando podemos proclamar, como hoy lo hacemos, a todo pulmón que Cristo ha resucitado.

Lo escuchamos en la noche de la Pascua y lo volvemos a repetir hoy. ‘¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? ¿Estáis buscando a Jesús, el Nazareno, el crucificado? No está aquí. ¡Ha resucitado! Mirad el sitio donde lo pusieron’. Efectivamente la tumba está vacía y eso hará correr a aquellas buenas mujeres que con la mejor buena voluntad del mundo aquel primer día de la semana habían ido para completar los ritos funerarios y embalsamar el cuerpo de Jesús que no habían podido hacer en la tarde del viernes, porque a la caída del sol comenzaba la pascua. Corrían a comunicarlo al resto de los discípulos que estaban aun encerrados en el cenáculo por miedo a los judíos, a que a ellos les pasara igual. ‘Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo’.


Lo de menos ahora era que la tumba estaba vacía. Magdalena lloraría a la puerta de la tumba buscando al responsable de quien había quitado de allí el cuerpo de Jesús; vendrían a corroborarlo algunos de los discípulos, Pedro y Juan en loca carrera también por las calles de Jerusalén. Estaba la palabra del ángel. Un ángel le había anunciado a María su nacimiento, ¿habría también un ángel que a ella le anunciara también que había resucitado?

Lo importante es que Jesús les va saliendo al encuentro. A las mujeres en el camino de vuelta, a María Magdalena a la entrada del sepulcro, a los discípulos encerrados en el Cenáculo. Todos van a ir teniendo la experiencia del encuentro con Cristo vivo, con Cristo resucitado. Y nacería la fe en sus corazones. Y correría el anuncio a lo largo y ancho del mundo. Y lo sentimos vivo también nosotros que también nos sale al encuentro y lo podemos vivir. Lo hemos vivido en nuestra celebración pascual y lo sentimos palpitar en nuestros corazones. Y tiene que crecer nuestra fe y convertirse también en anuncio.

Es la Pascua. Es la Pascua hoy y ahora. No es la celebración de un recuerdo. Es la celebración de algo que vivimos. Es el hoy del encuentro con Jesús resucitado. Hemos venido haciendo un camino durante la cuaresma, hemos querido subir con El hasta esta Pascua pasando por el desierto o el monte de la cuarentena, con nuestras dudas y con nuestras reticencias que se habían hecho tentaciones en nuestra vida; quisimos subir con El al Tabor, porque allí también nos había invitado para que aprendiéramos a descubrir la luz; bajamos a la llanura de la vida y fuimos escuchando sus anuncios que algunas veces parecía que se nos hacían duros a los oídos y más aun al corazón, por aquello de lo que teníamos que desprendernos, aquello de lo que teníamos que purificarnos; nos dimos cuenta que la semilla hay que enterrarla para que dé fruto y eso nos costaba; pero quisimos atravesar el pórtico del monte de los olivos para con El entrar en la ciudad santa y con cierto temor nos acercamos un poquito al Calvario.

Ha sido el camino que nos ha conducido a la Pascua, porque nos hemos dado cuenta del paso del Señor por nuestra vida que nos ha ido renovando, purificando, fortaleciendo, transformando. Hoy sentimos la alegría de la Pascua, de contemplarlo resucitado, pero de sentir cómo nos ha llevado a nosotros también a la resurrección, porque ha sido Pascua en nosotros. No es un recuerdo, es la realidad que ahora estamos viviendo, es el gozo grande que ahora se desborda de nuestro corazón, porque nos sentimos con vida nueva, con la vida del resucitado.

A nosotros también nos manda a ir al encuentro con los hermanos, a nosotros nos manda también que vayamos a la Galilea de nuestra vida, para seguirle viendo, para seguir encontrándonos con El. Galilea fue aquel lugar donde principalmente hizo su vida y el anuncio del Reino de Dios. Galilea es el día a día de nuestra vida, de nuestras familias, de nuestros vecinos y nuestros amigos, de nuestros trabajos y lo que son las responsabilidades diarias de nuestra vida. Ahí tenemos que ir con el gozo de la Pascua, ahí tenemos que ir con el anuncio de la Pascua, ahí tenemos que seguir proclamando la Buena Nueva del Evangelio, ahí en esas personas con las que convivimos o con las que nos cruzamos cada día tenemos que seguir encontrándonos con El, ahí a esas personas nosotros vamos a contagiar con la alegría de nuestra pascua.

‘Que vayan a Galilea y allí me verán’, les anunciaban los ángeles en nombre de Jesús a las mujeres que fueron al sepulcro y lo encontraron vacío. Es lo que se nos está diciendo a nosotros. No es al pie del sepulcro, ni en lo alto del calvario donde tenemos que quedarnos. Es ponernos en camino a la Galilea de nuestra vida para seguirle viendo y para seguir proclamando al mundo esa Buena Noticia.

viernes, 16 de septiembre de 2022

Es una dicha poder hacer camino con Jesús, abramos nuestros ojos y sensibilidad para captar cuantos a nuestro lado están haciendo también ese mismo camino

 


Es una dicha poder hacer camino con Jesús, abramos nuestros ojos y sensibilidad para captar cuantos a nuestro lado están haciendo también ese mismo camino

1Corintios 15, 12-20; Sal 16; Lucas 8, 1-3

Ponernos a hacer camino con alguien puede tener hermosos significados; una comunión de metas a las que queremos llegar y donde nos queremos sentir acompañados por quienes van a hacer el mismo recorrido; una confianza y una comunicación, pues el caminar juntos da oportunidad para intimidad y comunicación de aquello de nosotros que quizá con otros no seríamos capaces de compartir, pero que en ese camino juntos hace que abramos los corazones, manifestemos nuestros sueños e ideales, no temamos dejarnos conocer en nuestras debilidades y cansancios, porque nos damos cuenta que a todos por igual se nos aflojan las piernas y los entusiasmos; un dejar relucir lo que somos y lo que es nuestra vida, pues nos estimula y levanta el ánimo lo que los demás también dejan entrever de sí mismos.

Algunas veces somos recelosos a la hora de escoger con quien vamos a hacer el camino, y muchas veces cuando salta la debilidad de nuestro carácter nos puede hacer un tanto costoso y difícil el camino; ya no sería tanto saber a quién vamos a escoger, sino sobre todo aceptar quién va a ser nuestro compañero de camino. Ese camino que hacemos juntos puede ser también una manera de crecer y de madurar, porque nos hace vencernos y dominarnos, pero también sacar a flote lo mejor de nosotros mismos. Al final seguramente nos sentiremos agradecidos por esos compañeros de camino y florezcan amistades que surgen en ese camino realizado juntos.

Hoy en el evangelio contemplamos una imagen muy hermosa, aunque algunas veces nos pueda pasar desapercibida en su sencillez porque nos podría parecer la cosa más normal del mundo. Jesús va de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, recorriendo aquellos caminos de Galilea y luego de casi toda Palestina.


Le acompaña, en primer lugar, aquel grupo de los doce que El se había escogido entre todos los que le seguían, pero allí estaban también algunas mujeres que habían recibido gracias especiales de Jesús y con El se habían querido quedar para hacer esos caminos. No es solo ya la respuesta a una invitación, como lo eran la de los apóstoles, sino una respuesta de agradecimiento por la gracia que de El habían recibido. Veremos que algunas llegarán en ese camino hasta el monte de la calavera, hasta el momento de la Pascua de Jesús. Hacían camino con Jesús sintiendo y reconociendo el paso de Dios por sus vidas y llegarían a vivir la misma Pascua de Jesús.

¿Queremos también nosotros hacer camino con Jesús? Seguro que hay una invitación y tendría que haber también una respuesta de gratitud de nuestras vidas. Jesús nos pone en camino, Jesús quiere que marchemos a su paso anunciando también el Reino, testimoniando con nuestros gestos y con nuestra vida la vivencia que ya nosotros vamos teniendo del Reino. Habremos sentido de una manera u otra ese paso de Dios por nuestras vida, porque también nosotros en más de una ocasión hemos sentido su salvación hecha vida en nuestra vida, ese paso de Dios que nos llama, nos invita, nos compromete, nos lanza también a hacer ese anuncio del Reino de Dios. Como aquellos discípulos, como aquellas mujeres, como tantos que también nosotros vemos a nuestro lado haciendo el camino.

Es una dicha poder hacer camino con Jesús. Abramos nuestros ojos, abramos la sensibilidad del alma para captar y darnos cuenta de tantos que a nuestro lado están haciendo también ese camino; sintamos que es camino que hacemos juntos; disfrutemos de ese camino y de la presencia de los que a nuestro lado están. Hablábamos al principio de toda la riqueza que significa hacer el camino juntos; tenemos que darnos cuenta que esa riqueza está a nuestra mano; sepamos tener verdadero sentido de Iglesia, sepamos descubrir la presencia de tantos hermanos que caminan a nuestro lado y son un hermoso estímulo en nuestro caminar.

lunes, 18 de abril de 2022

Las mujeres se pusieron en camino y vino Jesús resucitado a su encuentro que ahora les pedía que el grupo de los discípulos vaya a Galilea para encontrarse con el Señor

 


Las mujeres se pusieron en camino y vino Jesús resucitado a su encuentro que ahora les pedía que el grupo de los discípulos vaya a Galilea para encontrarse con el Señor

Hechos de los apóstoles 2, 14. 22-33; Sal 15; Mateo 28, 8-15

Ellas sólo habían visto que el sepulcro estaba vacío; allí no estaba el cuerpo muerto de Jesús que iban buscando para embalsamarlo debidamente porque en la tarde del viernes no habían podido realizar. Unos ángeles les habían dicho que por qué buscaban entre los muertos al que vivía, que no estaba allí porque había resucitado como lo había dicho, pero ellas corrieron llenas de miedo y al mismo tiempo con alegría en el alma a anunciar a los que estaban reunidos en el cenáculo lo que había sucedido.

Hasta entonces no lo habían visto, no tenían otra certeza sino que el sepulcro estaba vacío, pero Jesús les sale al encuentro en el camino. Llenas de alegría por el asombro y la sorpresa se tiran a sus pies para abrazarlo pero allí están sus palabras. ‘No temáis: Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán’. Se acaban los temores y los miedos. Era El. No lo habían encontrado en el lugar de la muerte, en la sepultura, pero ahora les sale al encuentro en el camino. ¿Será acaso que necesitamos ponernos en camino, salir al camino porque será así cómo Jesús viene a nuestro encuentro?

Ponerse en camino es salir de sí mismo; no nos podemos quedar encerrados en nosotros mismos, en lo de siempre, en nuestras ideas o planteamientos; salimos de nosotros mismos y abrimos nuestro espíritu, descubrimos algo nuevo, se amplían horizontes, vemos con más claridad lo que quizá teníamos antes delante de nosotros pero no nos habíamos fijado; salimos de nosotros mismos y nos encontramos con los demás, salimos de nosotros mismos y nos damos cuenta del paso de Dios.

Iban con sus ideas preconcebidas al sepulcro; incluso lo que habían escuchado a Jesús no terminaban de entenderlo; no terminaban de entender aquella muerte, no terminaban de entender que todo acabara así; seguían con sus lagrimas en los ojos, no podían ver con claridad.

Llegaron al sepulcro y lo encontrado las desconcertó, no estaba allí el cuerpo de Jesús, porque solo pensaban en un cuerpo muerto al que había que embalsamar; se sintieron descolocadas y lo que los Ángeles les decían comenzaron a abrirles camino, se pusieron en camino, al menos habría que anunciar al grupo de los apóstoles lo que habían encontrado. Pero al ponerse en camino se encontraron con Jesús. No era un muerto al que tenían que buscar. El estaba vivo, había resucitado.

Pero ese encuentro les hacía seguir en camino; claro que tenían que ir al encuentro con los demás, era el encuentro con la comunidad, pero ahora tenían algo más que anunciar. Jesús había estado con ellas, aunque luego ellos tampoco las creyeran, y allí estaba el mensaje, también tenían que ponerse en camino para ir a Galilea, para encontrarse con el Señor.

¿Seremos en verdad una comunidad en camino? ¿Cuál será esa Galilea a la que tenemos que ir para seguir encontrándonos con el Señor? Y nosotros ¿qué buscamos? ¿Qué ideas preconcebidas tenemos? ¿Seguiremos encerrados en nuestros círculos sin salirnos de ellos? ¿Tendremos miedo de ponernos en camino también?

Tenemos que comunicar lo que hemos vivido y experimentado en estos días, en estas celebraciones. Seguro que hay una riqueza grande dentro de nosotros. Algo nuevo habrá llegado a nuestro corazón. Pero pongamos en camino para comunicarlo, para anunciarlo, veremos cómo en ese camino vamos a ir teniendo un encuentro nuevo y vivo con el Señor.

lunes, 25 de octubre de 2021

Una mirada, un prestar atención a quien pasa desapercibido, un valorar con un detalle a quien no es tenido en cuenta, puede hacer recuperar la dignidad perdida de la persona

 


Una mirada, un prestar atención a quien pasa desapercibido, un valorar con un detalle a quien no es tenido en cuenta, puede hacer recuperar la dignidad perdida de la persona

Romanos 8,12-17; Sal 67; Lucas 13,10-17

¿Por qué se fijó en mí? Yo estaba queriendo pasar desapercibido en medio de la gente; además no soy tan importante para que se fijen en mí. Pero parecía que me buscaba porque en medio de todo lo que sucedía se dirigió a mí como si me hubiera conocido de toda la vida. Me sentí sorprendido, porque además parece que sabía más de mí de lo que yo podía imaginar…

Las impresiones quizás de alguien que se ve sorprendido cuando quiere pasar desapercibido; la sorpresa porque además fue como un levantarlo y de alguna manera se le dio la importancia que realmente tenía aunque pasara desapercibido para los demás. Cómo en cierto modo nos sentimos halagados cuando somos tomados en consideración y parece que todo lo que otros habían querido anular ignorando a la persona ahora se ve notablemente restablecido.

Fue necesario que alguien prestara atención y se fijara para comenzar a tener en cuenta a aquella persona. Y la persona se siente elevada en su interior, se siente como con mayor dignidad porque se le tiene en cuenta, porque alguien se ha fijado en ella. Vamos por la vida y no prestamos atención a aquellas personas con las que nos cruzamos; solamente una mirada o una sonrisa podría haber hecho que aquella persona se sintiera valorada en su dignidad, se restableciera en ella su orgullo de persona tenida en cuenta.

Jesús no pasaba al lado de las personas ignorándolas; Jesús se detenía junto a aquel que nadie valoraba y le daba la mano para levantarse. Recordemos el ciego de las calles de Jerusalén, el paralítico de la piscina, a Zaqueo escondido entre las ramas de la higuera; si nos vamos fijando en las páginas del evangelio encontraremos muchas más ocasiones.

Ahora al entrar en la sinagoga se ha fijado en aquella pobre mujer encorvada, quizás medio oculta en un rincón entre la gente y en la que nadie se habría fijado; o estaban acostumbrados a verla que parecía como si fuera natural lo que le sucedía a aquella mujer y ya nadie le prestaba atención. Pero Jesús se detiene, la mira, la llama, la hace ponerse en el centro de aquella asamblea. Lleva un montón de años en aquella situación – diez y ocho años comentará el evangelista - y nadie se había fijado en ella, nadie se había preocupado por ella.

Y aquella mujer se ve restablecida en su dignidad solamente con que Jesús se haya fijado en ella y la pusiera en medio. Para que todos se fijaran, era una mujer y una mujer enferma, nunca hubiera estado en el centro de la asamblea haciendo que la gente se fijara en ella. Incluso era menospreciada cuando el jefe de la sinagoga diga que no vengan en sábado para que Jesús los cure sino en otro día para no saltarse el descanso sabático. Era una forma quizás de querer poner a los que se encontraban en la situación de aquella mujer en un segundo plano. Pero solamente con eso, con que Jesús la pusiera en medio, ya se sentía curada, porque se sentía restablecida en su dignidad; Jesús se referirá a ella como una hija de Abraham. Pero además Jesús la curó de su enfermedad.

En otros aspectos podríamos fijarnos también en este pasaje en referencia al tema del descanso del sábado que se tomaban con tanto rigor y que Jesús les desmontará haciendo que nos fijemos más en la persona que en la letra de la ley que tomada así lo que hace es esclavizar. Pero ya es importante que aprendamos de Jesús a fijarnos en las personas, a restablecer la dignidad de las personas con nuestro aprecio y consideración, cómo una mirada puede levantar un ánimo caído y una sonrisa despertar una esperanza en el corazón.

lunes, 5 de abril de 2021

Jesús nos sale al paso también haciendo que nuestro corazón rebose de alegría alejando de nosotros todo temor

 


Jesús nos sale al paso también haciendo que nuestro corazón rebose de alegría alejando de nosotros todo temor

Hechos de los apóstoles 2, 14. 22-33; Sal 15;  Mateo 28, 8-15

‘Alegraos, no temáis…’ Es la invitación que nos hace Jesús, son los sentimientos que tienen que embargar nuestro corazón, es la alegría de la Pascua que nos envuelve, es la paz que sentimos en lo más hondo de nosotros mismos porque ya se acabaron todos los temores.

No son solamente palabras, palabras bonitas que nos dedicamos en estos días. Es cierto que de lo que rebosa nuestro corazón se sale por nuestras palabras, pero también por todo nuestro ser. Y cuando el corazón rebosa de gozo y alegría las emociones se hacen muy patentes y rebuscamos y rebuscamos sin saber donde o como encontrar expresiones que hagan aflorar de lo que rebosa nuestro corazón. Pero en verdad tiene que ser algo vivo, algo que está metido en lo más hondo de nosotros mismos haciéndose carne de nuestra carne, o que nos hace rebosar del Espíritu del cielo que llena nuestro corazón.

Jesús saluda a aquellas buenas mujeres que han ido al sepulcro con las buenas intenciones de embalsamar su cuerpo con una invitación profunda a la alegría, pero como con la sorpresa se han quedado medio paralizadas con la emoción, al mismo tiempo Jesús les dice que no teman. Cuando las cosas nos sobrepasan, van mucho más allá de lo que no hubiéramos podido esperar, y es mucho más grandioso de todo lo que hubiéramos imaginado, nos quedamos como sin saber que hacer y un cierto temor reverencial se apodera de nosotros. Es lo que estaba sucediendo a aquellas mujeres que ante el vacío del sepulcro, la aparición de los ángeles y ahora el encuentro con el mismo Jesús resucitado las desbordan y no saben ni cómo reaccionar.

‘No temáis…’ les dice Jesús. Ya no hay ninguna razón para el miedo ni para el temor. Allí está Jesús a su lado. Es verdad. Verdaderamente ha resucitado. No lo creen ya porque se los hayan dicho los ángeles, sino que ellas mismas lo han experimentado.

Contrasta esta parte del evangelio con las mujeres llenas de fe y de alegría con el episodio que a continuación nos narra el evangelista. Allí están los que no quieren creer, allí están los que han rechazado a Jesús. Allí están los que han cerrado su corazón a la posibilidad de algo nuevo y renovador. Allí están los que no quieren levantar los velos que ciegan sus ojos y encierran su corazón para aceptar la realidad de lo que incluso los mismos guardas del sepulcro son testigos. Por eso querrán poner más impedimentos para que la noticia se propague. De nada les sirvieron los sellos con que sellaron la entrada del sepulcro para que nadie pudiera entrar porque saltarían por los aires cuando la energía nueva y viva del resucitado salió vencedor del sepulcro. Ahora aunque con sobornos traten de sellar los labios de quienes fueron los primeros testigos, la mentira terminará por saberse y descubrirse cayendo en mayor descrédito para ellos mismos.

Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida, había proclamado Jesús un día y así ahora se estaba proclamando esa verdad que llenaba de nueva vida el mundo. Solo necesitamos ponernos en camino, en su camino, seguir sus huellas y sus pasos para empaparnos de su vida, para proclamar la verdad de la Salvación que solo en Cristo podemos alcanzar.

Allí estaba la verdad; no importa que Pilatos maliciosamente se preguntase que era la verdad, porque también su corazón se había cegado y no había sido capaz de discernirla estando como estuvo Jesús ante él. Jesús es la Verdad y Jesús es la Vida, pero Jesús es también el camino que nos lleva a descubrir esa verdad y a vivir esa vida.

lunes, 22 de abril de 2019

No le hagamos el juego al mundo que quiere la fe encerrada en el sepulcro sino que valientemente anunciemos la buena nueva de Jesús Resucitado


No le hagamos el juego al mundo que quiere la fe encerrada en el sepulcro sino que valientemente anunciemos la buena nueva de Jesús Resucitado

Hechos 2,14.22-33; Sal. 15; Mateo 28,8-15
‘Las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; impresionadas y llenas de alegría, corrieron a anunciarlo a los discípulos…’ Seguimos viviendo la alegría de la Pascua. Nos contagiamos en el evangelio de la alegría que, primero las mujeres que fueron las primeras testigos y luego el resto de los discípulos, nos van transmitiendo.
Había ido al sepulcro solo con la preocupación de embalsar el cuerpo muerto de Jesús. La sorpresa fue grande porque la piedra estaba corrida y el sepulcro vacío; pero unos Ángeles del Señor les manifiestan que no busquen allí al crucificado. Ha resucitado y han de ir a comunicarlo a los discípulos.
Es la alegría con que corrían saliendo del huerto pero de pronto se encuentran con Jesús que les sale al paso. ‘Ellas se acercaron, se postraron ante él y le abrazaron los pies’, nos relata el evangelista. Y reciben el mismo encargo, han de ser misioneras que comuniquen la buena noticia; nos enviadas también al encuentro con los demás discípulos para trasmitirle lo que han vivido, se han encontrado con Jesús resucitado.
Es importante esta alegría que vivimos al celebrar la Pascua de la resurrección del Señor. Pero hemos de fijarnos que siempre hay una misión. Los que tienen la experiencia de la resurrección no se pueden quedar con la noticia, con la experiencia para ellos; han de ir a comunicar, se convierten en mensajeros, misioneros de la Buena Noticia de la Resurrección. Es lo que nosotros tenemos que vivir. Ni nos podemos quedar encerrados en nuestras iglesias con nuestras celebraciones, ni nos podemos guardar esa alegría para nosotros.
No es fácil. Son muchos los que celebran de mil formas la semana santa. Son pocos los misioneros de la pascua. ¿Será para muchos como un paréntesis en la vida? Esta semana toca esto, y cerramos el paréntesis y seguimos con otra cosa, o seguimos con las cosas que nos ocupaban o preocupaban de antes como si nada hubiera pasado. Seguimos con la losa del sepulcro echada para mantenerlo bien cerrado. Inconscientemente los cristianos le hacemos el juego al mundo. Como aquellos sumos sacerdotes queremos poner guardias a la puerta del sepulcro  de Jesús para que no sea corrida la piedra, para dejarlo bien enterrado.
Es lo que gran parte de nuestra sociedad quiere realizar hoy con la fe, con la Iglesia, con los cristianos. Nos permiten acaso que tengamos unos días especiales y hagamos nuestras celebraciones de semana santa y hasta contribuyen a nuestras espectaculares procesiones y las convierten quizá hasta en fiestas de interés turístico. Pero cuando termina todo, a otra cosa. Quieren bien enterrada la fe, quieren bien enterrada la Iglesia, quieren bien calladitos a los cristianos.
La Iglesia no puede hablar porque enseguida la tacharán de no sé cuantas cosas, que si hacemos propaganda, que si eso son cosas de otro tiempo…. se montarán buenas campañas de desprestigio de la Iglesia y se aprovechará cualquier fallo o debilidad para hundir y para destruir, la voz de los cristianos más comprometidos se tratará de apagar o hacer que suene en segundo término para que no sean escuchados y ya sabemos cuantas cosas más en ese sentido nos vamos a encontrar.
No podemos hacerle el juego a nuestro mundo y creo que en eso estamos fallando con nuestra cobardía y con nuestras complacencias a tantas cosas siguiendo su rumbo o la hoja de ruta – como ahora se dice – que nos tienen trazada. Tenemos que levantar valientemente nuestra voz, pero la voz autentica del evangelio. No olvidemos lo que hoy escuchamos en el evangelio, aquellas mujeres, testigos de la resurrección de Jesús, fueron enviadas inmediatamente con la misión de anunciar al mundo que Jesús había resucitado. Es lo que tenemos que hacer.

lunes, 2 de abril de 2018

Cuidado no andemos demasiado entretenidos en nuestros cantos de pascua que no hayamos llegado a saborear el encuentro con el Señor Jesús resucitado


Cuidado no andemos demasiado entretenidos en nuestros cantos de pascua que no hayamos llegado a saborear el encuentro con el Señor Jesús resucitado

Hechos 2,14.22-33; Salmo 15; Mateo 28,8-15

Siempre tenemos prisa por comunicar las buenas noticias; pareciera que le pones alas al corazón para correr con la buena noticia y hacer partícipe a los demás de la sorpresa que hemos recibido, de la alegría que sentimos dentro de nosotros queriendo que todos se alegren con nuestra buena nueva. Es cierto que en ocasiones damos la impresión de que disfrutamos con negruras y somos excesivamente rápidos para comentar cosas que le pasan a los demás y estamos muy prontos para la murmuración, la crítica mordaz y hasta el juicio.
¿Qué noticia llevaban aquellas mujeres que se les veía correr desde aquel huerto de las afueras de la ciudad hasta el centro de la misma? ¿La sorpresa que podría llenarles de incertidumbres el corazón de que se habían encontrado la piedra del sepulcro corrida y allí no estaba el cuerpo difunto de Jesús? ¿Qué había habido alguien que les dijera que no tenían que buscar allí al crucificado porque había resucitado y que debían llevar la noticia al resto de sus amigos? ¿Y si era verdad que había resucitado como El les había dicho? Esperanzas renacían en su corazón y en cierto modo saboreaban la alegría de que estuviera resucitado y eso iban a comunicar al resto de los discípulos.
Pero ahí aquí que Jesús resucitado les sale al encuentro. Se llenan de temor, como siempre; piensan quizá en un sueño o en fantasma; cuando se está bajo presión cualquier cosa puede impresionar y nos hace ver cosas que no son realidad. Pero ahora no es así, no son sueños, no es el espíritu impresionable de unas mujeres como mas tarde dirían los discípulos que se marcharon a Emaús. Es Jesús mismo que está allí. ‘No temáis’.
Jesús que siempre nos sale al encuentro cuando más lo necesitamos. Algunas veces, es cierto, no queremos verlo y pensamos en ensoñaciones. Pero Jesús viene a nuestro encuentro y quiere siempre llenarnos de paz, y ser nuestra fuerza y nuestro aliento. Y ahí está Jesús en medio del camino que les lleva a Jerusalén.
Jesús quiere, sí, que vayan a Jerusalén porque tienen que hacer el anuncio y no puede tardar. Han de saber todos que Jesús ha resucitado. Y es necesario que se pongan en camino, que vuelvan a Galilea, allí donde fueron los primeros encuentros, donde trascurrieron aquellos hermosos años que tantas esperanzas sembraron en su corazón, allí donde había esta siempre su vida, y allí se volverían a encontrar con Jesús.
Estamos en el segundo día de la pascua y quienes ahora estamos reflexionando sobre todo esto quizá tendríamos que preguntarnos si ya hemos descubierto a Jesús que nos sale al encuentro, si ya también nos hemos puesto en camino para ir a la Galilea de nuestra vida a llevar ese anuncio de que Jesús ha resucitado.
Pudiera sucedernos que incluso muy entretenidos en cantar aleluya y hosannas sin embargo no hayamos sentido hondamente que Jesús, el Señor que vive, ha querido encontrarse con nosotros. Pero hemos estado tan entretenidos incluso quizá en la misma fiesta de la pascua que no le hemos visto ni sentido. Son cosas que nos pueden suceder. Nos podemos quedar en lo superficial y no vivamos lo que verdaderamente es importante, el encuentro vivo con el Señor resucitado.
Tengamos un poco de serenidad, tratemos de interiorizar hondamente todo esto que son nuestras celebraciones. Vivamos intensamente el encuentro con el Señor Jesús para que luego con verdadero convencimiento vayamos a comunicar esa buena noticia a los demás.



viernes, 16 de septiembre de 2016

Como Jesús también nosotros hemos de proclamar la Buena Noticia del Reino de Dios aunque sea en un mundo de increencia y de indiferencia

Como Jesús también nosotros hemos de proclamar la Buena Noticia del Reino de Dios aunque sea en un mundo de increencia y de indiferencia

1Corintios 15,12-20; Sal 16; Lucas 8,1-3
‘Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios’.  Así sencillamente nos resume el evangelista la acción evangelizadora de Jesús de pueblo en pueblo por toda Galilea.
No iba solo, lo acompañaban muchos discípulos, muchos que querían seguir sus pasos, que se habían sentido deslumbrado por su anuncio, por sus palabra y querían estar con El, seguir su camino; entre ellos el evangelista nos destaca a los Doce, los había elegido y llamado para que de manera especial estuvieran con El, porque a ellos les iba a confiar su misión; pero el evangelista nos habla también de algunas mujeres, el grupo de las mujeres piadosas que estarían con Jesús hasta en el momento de la cruz; muchas habían recibido especiales dones de Jesús, como verse liberadas del mal, otras incluso lo ayudan con sus bienes.
Lo importante es el anuncio, la Buena Nueva que proclama, el Evangelio del Reino de Dios. había sido su anuncio desde el principio y desde el principio nos pedía creer en ese anuncio, creer en ese Reino de Dios que se construía, construir ese Reino de Dios en el corazón convirtiéndonos a El. ‘Convertíos y creed en la Buena Noticia’, recordamos que era su anuncio.
Allí estaban con Jesús y le seguían de cerca quienes creían en ese anuncio, quienes querían que se Reino de Dios se hiciera realidad. Queremos nosotros estar también cerca de Jesús; queremos también que ese Reino de Dios se vaya haciendo presente más y más en nuestro mundo. Parece que no es fácil porque las sombras de la increencia y la indiferencia parecen que lo invaden todo. A quienes queremos hablar del Reino de Dios la gente nos mira quizá de una forma escéptica, como si oyeran hablar de visiones o de sueños irrealizables.
Pero nosotros creemos en el Reino de Dios, porque primero que nada queremos que Dios sea en verdad el centro de nuestra vida. No siempre es fácil, repito, porque son tantas las cosas que nos distraen, que nos tientan, que nos hacen sus ofertas, para que pongamos el corazón en ellas, para que las convirtamos en absolutos de nuestra vida. Pensemos en tantos apegos del corazón; pensemos en esas cosas que poseemos o que más bien nos poseen y que parece que nada somos sin ellas; pensemos en tantas esclavitudes en las que podemos caer atándonos a cosas, atándonos a ideas, poniendo en duda cosas fundamentales, llenando de sombras nuestro corazón.
Queremos vivir el Reino de Dios y buscar los verdaderos valores que nos lleven por caminos de plenitud, caminos que nos hagan tener la mirada alta, caminos de verdadera libertad, caminos de amor y de solidaridad, caminos en lo que busquemos siempre lo bueno por encima de todo, caminos en que sepamos encontrarnos con Dios que viene a nuestra vida. Son los caminos por los que iremos construyendo el Reino de Dios.
No olvidemos que aquello que hacia Jesús que iba por todas partes haciendo el anuncio de la Buena Nueva del Reino es lo que nosotros tenemos que seguir haciendo. No podemos callar esa alegre buena noticia, no la podemos ocultar, porque así lograremos la salvación para nuestro mundo. Es el compromiso de nuestra fe, es nuestro compromiso de verdadero seguidor de Jesús, de un auténtico discípulo.

sábado, 16 de enero de 2016

Aprendamos del evangelio a ser imagen de la misericordia de Dios con la acogida de corazón que hagamos a todos sin distinción

Aprendamos del evangelio a ser imagen de la misericordia de Dios con la acogida de corazón que hagamos a todos sin distinción

1Samuel 9,1-4.17-19; 10,1ª; Sal 20; Marcos 2,13-17

‘Mira con qué gente se mezcla…’ es lo que piensan y lo que murmuran los fariseos y los escribas que siempre estaban al acecho de lo que hiciera Jesús.
Había llamado a un publicano - ‘Leví, el de Alfeo, que estaba sentado al mostrador de los impuestos’ - a seguirle; ahora estaba sentado a la mesa en su casa rodeado de otros recaudadores de impuestos, amigos y compañeros de Leví en su profesión, pero a los que llamaban publicanos porque los consideraban unos pecadores; entre la gente que habitualmente seguía a Jesús no estaban precisamente los que pudieran considerarse importantes y respetables en aquella sociedad; en un mundo como el entonces en el que también se discriminaba a la mujer, son precisamente ellas las que acompañan a Jesús junto al grupo de los discípulos que se va agrupando y entre ellas estaban aquellas a las que Jesús había perdonados sus muchos pecados a causa de su mala vida o hasta expulsado siete demonios como era María, la de Magdala.
‘¡De modo que come con publicanos y pecadores!’, es el comentario que los escribas y fariseos les hacen a los discípulos de Jesús. Pero es que Jesús quiere contar con todos sin ningún tipo de discriminación. No sé si nosotros habremos aprendido la lección a pesar de los veinte siglos transcurridos. Jesús les dice que el médico es para los enfermos y que El no ha venido a llamar a los que ya se creen justos, sino a los pecadores. Por eso serán los que se sienten débiles, indefensos, discriminados, pecadores los que más pronto se acercan a Jesús.
Y nosotros seguimos haciendo distinciones. ¿Por qué si está tan claro en el evangelio a nosotros nos cuesta tanto actuar a la manera de Jesús? Cuánto nos cuesta acercarnos a aquellos que nos parecen más desarrapados, que nos parece que andan metidos en chanchullos y en drogas. Quizá vamos a la Iglesia y en la plaza nos encontramos esos grupos que por su apariencia nos parecen más indeseables y como pasamos por ellos sin querer ni siquiera mirarlos porque nos parece que nos podemos contagiar de sus miserias.
También nosotros tantas veces nos convertirnos en un grupo de puritanos y gentes que nos creemos buenos y perfectos y en nuestro interior también hacemos nuestros juicios y nuestros desprecios. ¿Es así cómo vivimos el evangelio de Jesús? ¿Es así cómo queremos trasmitir la buena nueva de Jesús a los demás? Hablamos mucho hoy de la necesaria nueva evangelización de nuestro mundo que llamamos cristiano pero tantas veces lejano al evangelio. Comencemos nosotros por dejarnos evangelizar, por dejarnos transformar por la Buena Nueva de Jesús, convirtamos nuestro corazón viendo la enfermedad que llevamos en nuestro interior donde aun no vivimos en toda su plenitud su amor. Aprendamos del evangelio a ser imagen de la misericordia de Dios con la acogida de corazón que hagamos a todos sin distinción
El Señor misericordioso inunde nuestro corazón con su amor para empapados de él seamos en verdad signos de la misericordia del Señor para los demás.