Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta Leví. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Leví. Mostrar todas las entradas

lunes, 21 de septiembre de 2026

Cuando hoy celebramos a san Mateo cuyo nombre alguien ha traducido como ‘el regalo de Dios’, nos sentimos bendecidos con el regalo de la misericordia de Dios hecho perdón

 


Cuando hoy celebramos a san Mateo cuyo nombre alguien ha traducido como ‘el regalo de Dios’, nos sentimos bendecidos con el regalo de la misericordia de Dios hecho perdón

Efesios 4, 1-7. 11-13; Salmo 18; Mateo 9, 9-13

Hay momentos sorpresa en la vida que nos pueden causar gran impacto y de alguna manera dan un revolcón a nuestra vida que nos lo hace cambiar todo. Situaciones inesperadas pero que se convierten en momentos inigualables que siempre mantendremos en el recuerdo. Algo que nos hace sentir una nueva percepción de nosotros mismos porque comenzamos a vernos de manera nueva y a encontrar sentido para muchas cosas. Quizás aunque nos sentíamos bien en lo que hacíamos sin embargo teníamos la percepción de que no éramos aceptados y se veían incluso con malos ojos aquello que realizábamos que en fin de cuentas era una profesión a la que dedicábamos la vida, pero quizás en un momento determinado vimos que éramos tenidos en cuenta, se quería contar con nosotros para algo distinto y aunque inexplicable sin embargo considerábamos algo sublime, porque era de alguna manera una invitación a que fuéramos percibidos como algo distinto y que nos haría cambiar nuestra vida.

Podíamos decir que algo así le estaba sucediendo a Leví, o Mateo, según queramos llamarle. Pertenecía a un grupo y a una profesión que era rechazada por una gran mayoría y en la que incluso se habían ganado la fama de avaros considerándolos así como unos pecadores públicos para aquella sociedad. Era recaudador de impuestos, alguien que trabajaba con el dinero de los impuestos que se llevarían los romanos como pueblo invasor, pero que les daba ocasión a unas manipulaciones no siempre del todo justas. Sin embargo Jesús a su paso por delante de su garita de impuestos se había fijado en él y le había invitado a formar parte del grupo de los que le seguían más de cerca.

¿Se lo podía esperar? ¿Acaso podía ser una posibilidad para su vida? Sin embargo su respuesta tenía que llevar cambios muy importantes en su vida y en su manera de actuar. Quizás él también había escuchado a Jesús acaso en aquel sermón de la montaña allá en las cercanía del lago, le habría visto actuar en Cafarnaún con las multitudes que lo escuchaban o en los enfermos que eran llevados a su presencia para ser curados. Sin embargo seguir a aquel maestro significaría también un estilo de vida distinto que ya no se podría mover entre las comodidades de quien poseía muchos bienes, sino en un desprendimiento y una austeridad que incluso le haría estar pendiente de las ayudas que pudiera recibir.

Sin embargo, como él mismo nos lo relatará su respuesta fue pronta y generosa. Levantándose de su mostrador de impuestos lo dejó todo y se dispuso a seguir a Jesús. Pero antes como una señal de lo que significaría aquel cambio de vida quiso celebrar un banquete para Jesús con los principales de la ciudad, con los discípulos de Jesús que iban a ser sus compañeros, pero también con los que habían sido hasta entonces compañeros suyos.

Había sido aquella llamada, aquel querer Jesús contar con él un revulsivo, pero un revulsivo iba a ser también aquel banquete con tan variados comensales. Algunos comenzarán a protestar y a criticar, porque Jesús se estaba mezclando también con pecadores y con gente de mala fama. Tendrá que intervenir Jesús. ‘El médico no es para los sanos sino para los que están enfermos’, o para aquellos que creyéndose sanos tendrían que ser los primeros en reconocer la malicia de su corazón para poder ser sanados.

Una clara referencia a lo que allí estaba sucediendo. Por eso Jesús sentenciará con palabras del profeta ‘misericordia quiero y no sacrificios’. ¿De qué nos servirán esos sacrificios de autocomplacencia y de vanidad si no hay misericordia en el corazón? Es lo que Jesús nos está mostrando. Tenemos que parecernos a Dios que es rico en misericordia; caminando por los caminos de la misericordia es cómo mejor haremos presente a Dios en nuestra vida y en nuestro mundo. Su presencia en la tierra es una búsqueda de los pecadores para manifestarles que Dios los ama y que siempre está dispuesto a la misericordia y al perdón porque Dios sigue contando con nosotros a pesar de nuestra indignidad y de nuestro pecado. Aunque quizás sigamos siendo rechazados por el mundo que nos rodea que no llega a entender nunca lo que es la misericordia, que siempre va a tener memoria de nuestro pecado que no querrá olvidar, sin embargo Dios cuenta con nosotros, olvida y disculpa nuestro pecado porque incluso será capaz de disculparnos a causa de nuestra debilidad, nos regala su amor y nos tenderá la mano para ofrecernos un camino nuevo.

Cuando hoy estamos celebrando a san Mateo, cuyo nombre alguien traducirá como el regalo de Dios, vamos a sentir gozo en nuestro corazón porque a pesar de los pesares siempre nos sentiremos regalados con el amor de Dios siempre compasivo y misericordioso.


sábado, 21 de febrero de 2026

Una buena noticia que no hemos de olvidar y que hemos de hacer vida en nosotros para ser luz en medio de las tinieblas

 


Una buena noticia que no hemos de olvidar y que hemos de hacer vida en nosotros para ser luz en medio de las tinieblas

Isaías 58, 9b-14; Salmo 85; Lucas 5, 27-32

Parece como si algunas veces olvidáramos las palabras que nos dice Jesús en el evangelio, o quizás olvidamos el verdadero sentido de esa palabra, evangelio; es una nueva noticia y una noticia buena, pero una noticia transformadora, que nos inquieta, que nos lleva a descubrir algo siempre nuevo; nos hemos acostumbrado a decir evangelio y ya no gustamos de su sentido, de lo que nos ofrece, de aquello a que nos llama.

Por algo Jesús desde el principio nos pide un cambio profundo dentro de nosotros para poder creer en esa buena noticia que nos ofrece y que nos está hablando del Reino de Dios; la palabra que se emplea y que medio hemos endulzado es conversión; y conversión es una vuelta total del corazón. De lo contrario no podríamos llegar a entender páginas como las que se nos ofrecen hoy, y me refiero tanto al evangelio como también al profeta.

Parece que se sale de todos los limites el que Jesús llame precisamente para que le siga como discípulo a un publicano; eran personas muy minusvaloradas en la sociedad judía de entonces, en consecuencia no tendría el prestigio – cuanto hablamos hoy también de los prestigios incluso dentro de la Iglesia – para formar parte de aquellos más cercanos a Jesús que El un día constituiría como el grupo de los apóstoles, el fundamento, podríamos decir, de aquella nueva comunidad.

Pero otra cosa que podría parecer discordante para aquella sociedad es que precisamente Jesús se siente a la mesa con todas esas personas que son despreciadas por su entorno, publicanos y pecadores. ¿Podría quitar eso el brillo de la santidad y rectitud de quien se presentaba como profeta en medio de ellos? Pero esa es la voz del profeta que solo quiere transmitir lo que es el mensaje de Dios, es la garantía precisamente de que Jesús es aquel que había anunciado el profeta como lleno del Espíritu de Dios que venía a traer una buena noticia a los pobres, a los oprimidos, como se había proclamado un día allá en la sinagoga de Nazaret. Es el estilo de Dios que así se nos manifiesta en Jesús. En ese sentido iban las palabras del profeta.

Hermosas las palabras del profeta. ‘Cuando alejes de ti la opresión, el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo y sacies el alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía’. Así Jesús se convierte en luz de nuestra vida en medio de tantas tinieblas y oscuridad. Claro que como nos dice el evangelio de Juan al principio la luz vino a iluminar las tinieblas pero las tinieblas rechazaron la luz.

Pero la palabra del profeta es aliento para nuestra vida, un impulso para que seamos siempre luz con la luz de Jesús. ‘Tu gente reconstruirá las ruinas antiguas, volverás a levantar los cimientos de otros tiempos; te llamarán “reparador de brechas”, “restaurador de senderos”, para hacer habitable el país’. ¿No será eso lo que nosotros también tenemos que ser? Como dice el  profeta ‘reparador de brechas… restaurador de senderos…’ Cuántos corazones rotos hemos de sanar, cuántas soledades que acompañar, cuántas manos que tender, cuántos caminos de hacer junto a los demás. ‘Brillará tu luz en las tinieblas…’ No olvidemos lo que dice Jesús que ‘no necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan’.

Es el camino que se abre ante nosotros en esta cuaresma que estamos comenzando a vivir. Es el ayuno y la penitencia que el Señor nos pide. Son esas actitudes nuevas que han de brillar en nuestra vida. Son los signos de vida nueva que han de ser evangelio también para los demás. Es la misión que Jesús a nosotros también nos ha confiado.

 

sábado, 17 de enero de 2026

El evangelio de Jesús viene a romper barreras, a tender puentes, a abrirnos los ojos para ver con mirada distinta desde la humildad y la compasión

 


El evangelio de Jesús viene a romper barreras, a tender puentes, a abrirnos los ojos para ver con mirada distinta desde la humildad y la compasión

1Samuel 9, 1-4. 17-19; 10, 1ª; Salmo 20; Marcos 2, 13-17

Todos entendemos que una comida es algo más que ingerir unos alimentos para nutrir nuestro cuerpo; una comida es un compartir, una comida significa cercanía, una comida es una puerta abierta a la amistad y el comer juntos viene a intensificar el crecimiento de ese mutuo conocimiento y de esa amistad. Por eso invitamos a comer con nosotros a aquellos con los que nos sentimos en mayor sintonía; la invitación a una comida es una invitación a la amistad, es una muestra del aprecio que sentimos por aquellos a los que sentamos a su mesa o el aprecio que nos muestran quienes nos invitan a nuestra mesa.

Esto voy reflexionando pudiera parecer a algunos muy idílico o como un sueño, porque no siempre le damos a nuestras comidas ese sentido abierto y universal y pudiera suceder que en nuestra malicia con esas comidas estemos haciendo juego sucio por nuestras manipulaciones, por nuestros intereses y en el fondo por falta de sinceridad y de auténtica solidaridad con aquellos con quienes estamos. Sabemos también cómo hacemos nuestras exclusiones, hay una cierta discriminación porque no con todos queremos que nos vieran sentados en una misma mesa, con lo que ya estaríamos desvirtuando el sentido que tendría que tener una comida, como hemos venido reflexionando.

Jesús no es de los que excluyen a nadie, más bien quiere mostrar claramente que todos son importantes para El y a todos busca y por todos quiere darse. Será precisamente en lo que es muy criticado por ciertos sectores por sentarse a la mesa con lo que ellos llaman los publicanos o los pecadores. Aquello que en el refrán castellano se dice ‘dime con quien andas y te diré quien eres’ con todo el sentido peyorativo que tiene esa frase que sin embargo los padres que quieren educar a sus hijos quizás tanto les repiten y tendríamos que decir que con esa visión qué es lo que realmente están formando o deformando en la conciencia humana. Es lo que piensan los dirigentes judíos de Jesús cuando lo ven comer con publicanos y pecadores, sean quienes sean.

El episodio que nos ofrece hoy el evangelio parte también de un gesto sorprendente de Jesús cuando al paso por delante de la garita de los impuestos invita a seguirle al publicano que está allí al frente de la recaudación de los impuestos, y que eran tan mal mirados por los judíos, a los que despreciaban precisamente con ese epíteto de publicano. Es cierto que quien anda en medio de esas materialidades de la vida fácilmente puede mancharse con esas ambiciones de usuras y de riquezas a lo que en cierto modo todos nos sentimos tentados. Fijémonos cómo priva en tantos momentos de nuestra vida esa ambición por lo económico o las riquezas: fijémonos en nuestros sueños de premios y loterías ganadas con las que pensamos que ya tendríamos todos los problemas de la vida resueltos. Hasta la navidad la tenemos así marcada con la suerte de la lotería.

Jesús invitó a Leví a seguirle y lo dejó todo para irse con Jesús, en él hemos interpretado siempre al Mateo que nos dejó el evangelio. Pero en su entusiasmo por seguir a Jesús lo invitó a comer con los discípulos que ya le seguían, pero como era normal se sentarían a la mesa con ellos también los que habían sido sus amigos y compañeros de siempre. Es lo que motivará las críticas de los fariseos y maestros de la ley.

Al médico lo llamamos o acudimos a él cuando estamos enfermos. Es lo que les viene a decir Jesús, ha venido a sanar a los enfermos, por eso se acerca a los pecadores con su corazón lleno de misericordia para ofrecer caminos de perdón y de paz. ¿Será ese el espíritu de misericordia que mueve nuestras vidas? Con nuestras posturas y actitudes tenemos que ser ese médico que sana los corazones, tenemos que ser capaces de sentar en la mesa de nuestra vida a esos que son despreciados por nuestra sociedad tan puritana para algunas cosas, pero tan necesitada de esa sanción porque nuestra sociedad sigue con sus discriminaciones y sus racismos, todavía pesa el color de la piel o el lenguaje diferente y no es porque no nos entendamos sino porque no queremos comunicarnos, porque seguimos mintiendo barreras y abismos en nuestras mutuas relaciones, en la acogida no siempre tan generosa que hacemos a los emigrantes que llegan a nosotros, provengan de donde provengan.

Muchas cosas se van desgranando en mi pensamiento cuando contemplamos este texto del evangelio, que tiene que ser auténtica buena noticia para nosotros.

sábado, 8 de marzo de 2025

La experiencia de la misericordia de Dios en nuestra vida porque nos sentimos realmente necesitados de esa misericordia nos hará sentir una paz y alegría bien distinta

 


La experiencia de la misericordia de Dios en nuestra vida porque nos sentimos realmente necesitados de esa misericordia nos hará sentir una paz y alegría bien distinta

Isaías 58, 9b-14; Salmo 85; Lucas 5, 27-32

El que se cree satisfecho de todo no se sentirá en la necesidad de pedir ayuda, quien cree tenerlo todo nunca se sentirá pobre para pedir remedio para una necesidad que cree no tener, quien va con el estómago lleno no sentirá hambre y no pedirá comida, quien se cree sabio – y mira que digo que se cree sabio, no que sea sabio – no dejará que nadie le enseñe y le abra a otras dimensiones. ¿Nos creeremos nosotros satisfechos de todo porque todo tenemos y tan saciados que no aspiremos a mejores alimentos?

Creo que esta es una dimensión en la que nos está haciendo pensar el evangelio hoy. Parte el evangelista del hecho de la llamada de Jesús a Leví, que estaba en su mostrador de impuestos y Jesús le invita a seguirle. La decisión de Jesús y la respuesta de Leví fue un motivo de gozo y de que este hombre hiciera un banquete con Jesús y sus discípulos pero también con sus antiguos amigos y compañeros de profesión.

Leví era publicano, recaudador de impuestos con todo lo que esa profesión llevaba parejo en el mundo económico, y lo mismo eran considerados los compañeros de profesión. Pero por una parte desde ser considerado un colaboracionista con los romanos que detentaban el poder y el peligro de la usura con todas sus variantes que acompañaba a esta profesión, por parte de los judíos de forma despreciativa los llamaban publicanos y pecadores. Los que se consideraban puritanos con ellos no querían tener ninguna relación.

De ahí surge el comentario que hacen los fariseos porque Jesús comía con publicanos y pecadores; son las suspicacias que pretenden sembrar en los discípulos con sus comentarios. Pero ¿necesitan de médico los que están o se consideran sanos? Es lo que Jesús en su respuesta quiere hacerles ver. El no ha venido para santificar a los que ya se consideran justos, Jesús ha venido como salvador para los pecadores. ‘No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan’.

Es lo que necesitamos reconocer. Hambrientos que tenemos hambre y pedimos qué comer. Pecadores que necesitamos de la misericordia y del perdón. Es algo primordial aunque sabemos que nos cuesta reconocer. Siempre decimos que no tenemos pecado, que no tenemos culpa; siempre buscamos una disculpa para nosotros y alguien a quien culpabilizar. Por ahí tenemos que comenzar. De lo contrario, ¿de qué es lo que nos vendría a salvar Jesús si lo proclamamos nuestro Salvador?

No pueden ser palabras que repetimos sin más como aprendidas de memoria. Lo decimos y repetimos una y mil veces pero en el fondo de nuestro corazón no nos sentimos necesitados de su gracia, de su misericordia y de su perdón. Es la rutina en la que vamos cayendo, es el formalismo con que hacemos las cosas, pero es la falta de sinceridad de nuestro corazón, pero porque no nos miramos nuestro corazón, no queremos reconocer nuestras debilidades.

Qué fácil es decir que vivimos en un mundo pecador, o con qué ligereza hablamos de los demás como pecadores que tienen que convertirse, pero no somos capaces de reconocer que somos nosotros los primeros que necesitamos esa conversión. Son pecadores los de fuera, los que no vienen, pensamos tantas veces, y nos parecemos a los fariseos que juzgaban a los demás porque eran pecadores y juzgaban a Jesús y sus discípulos porque comían con los pecadores.

En nuestras celebraciones litúrgicas muchas veces de una forma y de otra estamos diciendo ‘Señor, ten piedad… ten misericordia de nosotros… atiende nuestras súplicas…’ pero, ¿realmente nos estamos sintiendo pecadores necesitados de esa misericordia del Señor? Tenemos que ser más congruentes con las palabras que pronunciamos, ser más auténticos en las palabras que decimos.

Quien ha pasado por malas situaciones en la vida, quizás como consecuencia de sus errores y fallos, cuando ha encontrado comprensión y misericordia en los demás para perdonarnos y para aceptarnos, realmente se tiene que sentir transformado por esa experiencia de misericordia que ha sentido en su vida y todo a partir de entonces va a ser nuevo y distinto.

Vivamos con intensidad esa experiencia de la misericordia de Dios en nuestra vida, porque realmente nos sentimos necesitados de esa misericordia, y seguro que a partir de ese momento nuestra vida va a ser bien distinta, disfrutaremos de una paz nueva en el corazón, pero al mismos tiempo seremos capaces de regalar ternura y comprensión a los que caminan a nuestro lado en sus debilidades, porque débiles un día nos sentimos. Es lo que vivió Leví tras su encuentro con Jesús y por lo que hizo fiesta en aquel banquete en que invitaba a sus amigos.

sábado, 18 de enero de 2025

Seamos capaces de levantarnos de donde estamos apoltronados para arriesgarnos a ponernos en camino, como nos invita Jesús

 


Seamos capaces de levantarnos de donde estamos apoltronados para arriesgarnos a ponernos en camino, como nos invita Jesús

Hebreos 4,12-16; Salmo 18; Marcos 2,13-17

Vamos conmigo, nos dijo un amigo y nos invitó a dar un paseo o nos lleva a una fiesta; vamos conmigo le dice el padre a su hijo porque quiere enseñarle su lugar de trabajo; vamos conmigo nos dice el intrépido viajera y nos lleva a conocer mundos, países, culturas… estamos recibiendo invitaciones por todos los medios a no quedarnos anclados en el sitio o el momento de la vida donde estamos, en el lugar de la vida que ocupamos, en el trabajo que tenemos, en lo que estamos haciendo de siempre, en lo que ya conocemos, porque hemos de tener otros horizontes, porque tenemos que comprender el sentido de la vida que nos impide quedarnos anquilosados, porque tenemos que descubrir nuevas posibilidades, porque hemos de ser capaces de desarrollar todas las capacidades que tenemos, porque queremos darle otra profundidad a la vida…

Ofertas, llamadas, invitaciones, impulsos que sentimos dentro, horizontes que se abren, vida que queremos vivir en mayor plenitud, que no queremos ramplona, superficial, carente de metas. Son como un reto, son también un riesgo porque no sabemos si siempre acertaremos, porque nos podemos equivocar, porque quizás nos ponemos en peligro situaciones que ya vivimos o privilegios de los que gozamos y podemos perder. Es necesario decisión y dejar los miedos atrás, coraje para enfrentarnos a lo desconocido quizás, valentía para acallar cobardías. Solo así podremos alcanzar nuevas metas, haremos un camino en verdadera ascensión. Y ya sabemos que ascender por una cuesta, por una pendiente nos exige esfuerzo y decisión.

Aquel hombre estaba tranquilamente allí ocupado en sus asuntos; era su responsabilidad y era también su negocio, su medio de vida en la búsqueda de unas ganancias. Y pasó Jesús y le dijo ‘Vamos conmigo, sígueme…’ No hicieron falta ni más palabras ni más explicaciones. Y aquel hombre se levantó de donde estaba sentado y dejándolo todo se fue con Jesús.

¿Dónde quedaban sus negocios y sus ganancias? ¿A qué se iba a dedicar ahora? ¿Qué futuro de vida le esperaba? ¿Qué es lo que iba a ganar? Habrían pasado quizás por su cabeza estas o parecidas preguntas llenas de inquietud. Pero en lo escueto que es el relato del evangelio no hay tiempo de buscar todas esas necesarias garantías de que aquel camino que comenzaba en verdad le era conveniente. Solo hay una fe y una confianza en la palabra de quien le estaba invitando a irse con El. Además su decisión, aunque fuera inesperada, porque inesperada fue también la llamada y la invitación  fue algo que tomó con alegría, porque inmediatamente organizó una fiesta, un banquete y allí estarían Jesús y sus discípulos que siempre le acompañaban, como iba de ahora en adelante acompañarle él, pero también estaban invitados los que habían sido sus amigos de siempre.

Pero hay cosas que levantan ampollas, quizás no tanto en quien tiene que hacer el camino, sino en los que le rodean y no comprenden decisiones ni nuevos estilos. Eso estaba pasando al lado de aquel banquete que Leví había preparado. ‘Vuestro maestro come con publicanos y pecadores’. Y es que Leví era de ese grupo de los publicanos, por el oficio que desempeñaba.

Allí estaban los puros y los santos, como los sigue habiendo en todas partes, dispuestos al juicio y al prejuicio, dispuestos a la condena y llevar al desprestigio a quien está ofreciendo algo nuevo y distinto. ‘Vuestro maestro come con publicanos y pecadores’. Allí estaban todos participando de la misma mesa, como signo del banquete del Reino. Lo que Jesús estaba anunciando allí se estaba realizando. Era un reino nuevo en el que no tenían que privar ni los intereses ni los privilegios, un banquete a cuya mesa podían sentarse todos porque todos estaban invitados. ¿No se llenó la sala del banquete de todos aquellos que fueron a buscar por los cruces de los caminos, porque los primeros que estaban invitados rechazaron el banquete? Ya nos dirá Jesús que cuando hagamos un banquete no invitemos a los nos pueden pagar invitándonos luego a sus banquetes; nos dice que invitemos a los que nada tienen, porque de los pobres es el Reino de los cielos.

Muchos interrogantes suscitan en nuestro interior este pasaje del evangelio. ¿Seremos capaces de levantarnos de donde nos sentimos anclados para ponernos en camino a algo nuevo como lo que nos ofrece Jesús? ¿Nos sentaremos en la misma mesa donde se sientan los pobres y los que no saben comer porque nada tienen, los pecadores que necesitaran un baño de gracia y un vestido de fiesta y aunque no lo tengan allí también están sentados? ¿A quienes vamos a invitar a nuestra mesa para dar señales del Reino nuevo de Dios que Jesús nos anuncia?

sábado, 17 de febrero de 2024

Necesitamos tener unas nuevas aptitudes que nos hagan disponibles siempre para el servicio, pero también con las que valoremos a los demás sin descartes que anulan

 


Necesitamos tener unas nuevas aptitudes que nos hagan disponibles siempre para el servicio, pero también con las que valoremos a los demás sin descartes que anulan

Isaías 58, 9b-14; Salmo 85; Lucas 5, 27-32

Cuando queremos conseguir a alguien que nos haga un buen trabajo trataremos de informarnos bien sobre quien queremos contar, buscaremos a alguien que nos lo recomienden como muy capaz de realizarlo, pero al tiempo queremos buscar una buena persona de la que tengamos alguna certeza de su integridad y honradez para confiarle aquello en lo que además nos vamos a gastar nuestros dineros. No buscamos a cualquiera, escogeremos muy bien y en los lugares que consideremos más apropiados. Parece que eso sería lo normal que tendríamos que hacer.

Pero he aquí que hoy nos encontramos con un texto del evangelio que parece que nos viene a echar abajo todas esas buenas predisposiciones por nuestra parte, todo ese afán de buscar lo más integro y lo más capaz. Jesús está buscando, por decirlo de alguna manera, seguidores, y además en estas elecciones que va haciendo Jesús está, podríamos decir, mirando en la lejanía porque aquellos que ahora invita a seguirle, serán los que un día nombrará apóstoles y en cuyas manos a poner toda la tarea de anunciar y realizar el Reino de Dios.

Sin embargo, ¿a quien vemos hoy que busca Jesús y le invita a seguirle? Un publicano, una persona que en razón de su profesión y de la mala fama que se habían ganado eran despreciados por los judíos, porque eran considerados como unos colaboracionistas con los que ahora les dominaban y de manera especial por sus dirigentes. Mala fama tenían de ladrones y de usureros, porque eran además los que se dedicaban al negocio de los préstamos, cosa que siempre ha habido a través de todos los tiempos. Y Jesús llama a seguirle a uno de ellos; y mira por donde encontraré en él una prontitud para seguirle realmente admirable, porque se levantó de su garita de cobrador y se fue con Jesús, además con alegría porque en su honor querrá celebrar un banquete.

En medio de todo esto tendríamos que preguntarnos que es lo que realmente mira Jesús a la hora de su llamada. No le importa su condición de pecador, fama de publicano que se había ganado, porque como vemos ante la reacción que pronto se producirá por parte de los escribas y fariseos que se quejan de que Jesús se siente a la mesa con los pecadores y como con ellos, nos dirá que El ha venido como salvación y que son los enfermos, que son los pecadores los que necesitan del médico, los que necesitan de la salvación y es a ellos a donde Jesús primero se dirigirá.

Aquí con sinceridad tendríamos que comenzar por pensar en nosotros mismos. El Señor sigue contando con nosotros que somos pecadores. Porque cuantas veces hemos sentido los regalos del amor de Dios en nuestra vida y aunque en principio parecía que queríamos responder, sin embargo luego la respuesta de nuestra vida se ha vuelto tantas veces negativa. Jesús está pasando también por la garita de nuestra vida y también nos está invitando a seguirle a pesar de lo encerrados en nosotros mismos que vivimos tantas veces con nuestras debilidades, con nuestras infidelidades, con nuestro pecado.

Jesús le dio una nueva oportunidad a Leví y éste la aprovechó; dio pronta respuesta que sería en un seguimiento en fidelidad de los caminos de Jesús, caminos que luego nos trasmitiría con el evangelio de Jesús que nos escribió. Pero esto me lleva a pensar, aunque fuera brevemente, en algo más. ¿No tendríamos que aprender a dar nuevas oportunidades a los demás?

Con mucha facilidad vamos por la vida descartando; con aquel no contamos porque es así, aquel ya en una ocasión nos dejó plantados así que no volveré a contar con él, aquel no creo que sea capaz de hacer nada de provecho, en otros nos fijamos en lo que nos parece la pobreza de su vida y no somos capaces de descubrir los valores que pueden haber en su corazón… y así vamos descantando a tantos, la lista se haría interminable.

¿Aprenderemos a tener unas actitudes nuevas como Jesús nos está enseñando?

sábado, 13 de enero de 2024

Muchos chips tendremos que cambiar en nuestro interior si en verdad queremos ser los discípulos de Jesús

 


Muchos chips tendremos que cambiar en nuestro interior si en verdad queremos ser los discípulos de Jesús

1Samuel 9, 1-4. 17-19; 10, 1ª; Sal 20;  Marcos 2, 13-17

Mira que miramos – valga la redundancia – con quien nos juntamos, quienes consideramos del círculo de nuestros amigos. Nos solían decir ‘mira con quien andas y te diré quien eres’, para evitar mezclarnos con gente de mala sombra; no con cualquiera queremos juntarnos, y como en la vida nos vamos encontrando y relacionarnos con toda clase de personas, ya andamos con cuidado de que no nos vean con cualquiera. Por aquello que dice el refrán de quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija. Y es lo que queremos buscar buena sombra.

Yo no sé ustedes que me están leyendo esta reflexión, con qué tipo de personas nos juntamos, pero es cierto que es algo que en algunos sectores se tiene muy en cuenta, y es lo que nos decían nuestros padres que no anduviéramos con malas compañías. ¿Y qué hacemos si no sabemos con quien juntarnos?

Pero esto no es nuevo, porque hoy en el evangelio algunos andan criticando a Jesús porque se rodea de malas compañías. Y comenzamos por ver a aquellos que va escogiendo y llamando para que anden con El y sean ese primer grupo fundamente de la Iglesia que ha de fundar. No se ha destacado Jesús por buscar lumbreras, gentes de alta inteligencia y mucha preparación.

Hemos ido viendo que los primeros que escoge y llama son unos rudos pescadores de aquel lago de Tiberíades o mar de Galilea.  Pedro, Andrés, Santiago y su hermano Juan son unos sencillos pescadores, veremos luego que entre los doce escogidos para ser los apóstoles hay algunos Celotes, que podríamos decir que son los independistas, los que de una forma o de otra luchaban contra la dominación romana.

Hoy va a llamar a uno versado en números y cuentas, pero que además forma parte de aquel grupo que todos desprecian por su oficio de recaudador de impuestos y por la fama de usureros que tenían en sus prestamos a los que se veían necesitados de dinero, un publicano como todos los llaman.

Es el eje del relato de hoy  porque cuando Jesús pasa junto a la garita donde está aquel publicano, Leví, Jesús lo invita a seguir y prontamente él se va con Jesús. Celebrará luego un banquete en su casa donde están todos sus amigos, pero al que invita también a Jesús y a los primeros discípulos que le siguen por todas partes.

Pero ahí aparece la reacción de los ‘hombres de bien’, los del grupo de los fariseos cumplidores en exceso y al que solían pertenecer también los maestros de la ley. Aquellos tan puritanos que se lavaban mil veces las manos para que ninguna impureza entrase en sus corazones, ahora se extrañan de ver comer al Maestro de Nazaret en la misma mesa que todo aquel variopinto grupo donde están también los publicanos y los pecadores. ‘¿Cómo es que come con publícanos y pecadores?’ será la pregunta que se hacen, pero que runruneando harán llegar a los discípulos que siguen a Jesús y hasta los mismos oídos de Jesús.

‘No necesitan médico los sanos, sino los enfermos’, será el comentario de Jesús. Ha venido por todos porque ninguno estamos sanos, todos lo necesitamos, incluso aquellos que por allí andan runruneando. ‘No he venido a llamar a los justos sino a los pecadores’. Podríamos decir en buena lógica que los justos no lo necesitarían, ¿pero quien es el justo de verdad? En otra ocasión solamente dirá que ‘el que esté sin pecado, que tire la primera piedra’. Y Jesús estará allí donde hay un pecador que lo necesita. ‘Misericordia quiero y no sacrificio’, dirá en otro momento y nos invitará a que seamos compasivos y misericordiosos como lo es nuestro Padre del cielo.

Muchos chips tendremos que cambiar en nuestro interior si en verdad queremos ser los discípulos de Jesús. Distintos tienen que ser los vientos que soplen en nuestra alma, porque otras tienen que ser las direcciones que hemos de tomar. Otra tiene que ser la apertura que tengamos en el corazón.

jueves, 21 de septiembre de 2023

La vocación de Mateo viene a ser una invitacion para que seamos capaces de crear esa mesa de fraternidad donde quepamos todos sin ningun tipo de discriminación

 


La vocación de Mateo viene a ser una invitación para que seamos capaces de crear esa mesa de fraternidad donde quepamos todos sin ningún tipo de discriminación

Efesios 4, 1-7. 11-13; Sal 18; Mateo 9, 9-13

Muchas veces escuchado el relato que nos ofrece hoy el evangelio nos habremos hecho eco en nuestros comentarios de la prontitud de Leví para responder la llamada de Jesús, de la generosidad y alegría de su corazón al ofrecer aquel banquete a Jesús y los discípulos pero al que estaban invitados los que hasta entonces había sido su compañeros de profesión; en consecuencia nos habremos detenido en nuestras consideraciones en los comentarios de los fariseos porque Jesús estaba sentado a la mesa con publicanos y pecadores y la respuesta de Jesús. 

Leví o Mateo como queramos decir según el relato evangélico que escuchemos por su profesión no era bien considerado por ciertos sectores de los judíos; se le consideraba un colaboracionista con los romanos que ahora ostentaban el poder sobre el pueblo judío contribuyendo con su oficio de recaudador de impuestos; pero en una generalización a todos los recaudadores de impuestos se les consideraba igual en el sentido de que eran unos usureros que cargaban no solo en los impuestos sino también en los prestamos a los que tuvieran necesidad de sus servicios. Eran considerados como unos pecadores, los publicanos se les llamaba.

Y es con este hombre con quiere contar Jesús, igual que un día había querido ir a hospedarse a la casa también de un publicano, Zaqueo. Pero es que Jesús lo va a contar entre sus amigos - a vosotros os llamo amigos, les diría un día Jesús - y posteriormente sería elegido para formar parte del grupo de los doce, los apóstoles sus enviados. 

¿Sabía Jesús quién era Mateo y como era considerado por los demás? ¿Qué es lo que mira Jesús? ¿Qué es lo que miramos nosotros cuando prestamos atención a una persona? ¿Simplemente lo que diga la gente, o la fama que pueda traer de su vida anterior? Reconozcamos que nos cuesta liberarnos de esos tabúes, que nos cuesta ser libres en la apreciación que tengamos a las personas pensando por nosotros mismos. ¿Qué sabemos nosotros de lo que hay en el corazón de cada persona? Un primer mensaje que nos está dejando Jesús en este episodio del evangelio.

Jesús le dice a Mateo, 'ven y sígueme', es inmediatamente levantándose de su garita de cobrador de impuestos se dispuso a seguir a Jesus.  Pero esa llamada no la está haciendo Jesús solo a Mateo. Cuando se sienta a la mesa del publicano ¿no nos estará diciendo a nosotros también 'ven y sígueme'? Mateo de forma inmediata se dispuso a seguir a Jesús, ¿estaremos de la misma manera dispuestos a seguir a Jesús y sentarnos a la mesa también con ese que tantas veces discriminamos. 

Sí, sentarnos a la mesa con ese del que pasamos de largo cuando lo encontramos en el camino y nisiquiera lo saludamos; con ese que nos ha tendido la mano tantas veces y nunca tenemos 'suelto en el bolsillo' para compartir y seguimos a lo nuestro sin ni siquiera mirarle a la cara; con ese con quien no nos hablamos por un no sé qué pasó ni sé cuando, pero que desde entonces he mirado mal y lo ignoro aunque sea un vecino que tenemos a la puerta; con tantos y tantos a los que miramos llenándonos de prejuicios y condenas, porque no son como nosotros, porque piensan distinto a lo que  nosotros pensamos, porque son de otros sentimientos religiosos, porque son de otro partido político, porque vinieron no se de donde y ahora decimos que se están aprovechando de nuestra hospitalidad... son tantos a los que queremos excluir de esa mesa de fraternidad en que tendríamos que convertir nuestro mundo.

Nos cuesta esa prontitud que hoy vemos en Mateo para seguir a Jesús y crear esa mesa de fraternidad en la que hemos de caber. Todavía hay entre nosotros, y puede ser que seamos nosotros mismos de alguna manera, como aquellos fariseos que con comentarios maliciosos juzgaban la actitud de Jesús de sentar a su mesa también a publicanos y pecadores. 

Nos queda mucho que transformar en nuestro corazón, mucho que transformar también en nuestras comunidades y en nuestra Iglesia incluso porque no siempre reflejamos esas actitudes nuevas que nos está enseñando Jesús. Transformemos nuestros corazones.


sábado, 25 de febrero de 2023

Jesús quiere llegar también a tu corazón y a mi corazón para que emprendamos el camino de la cuaresma que estamos iniciando y también nos está diciendo. ‘¡Sígueme!’

 


Jesús quiere llegar también a tu corazón y a mi corazón para que emprendamos el camino de la cuaresma que estamos iniciando y también nos está diciendo. ‘¡Sígueme!’

Isaías 58, 9-14; Sal 85; Lucas 5, 27-32

Hay momentos y hay encuentros que no pasan desapercibidos, que dejan huella, y más aun que nos marcan un paso que tenemos que dar. De una forma o de otra son experiencias que podemos tener en la vida; y no porque sucedan cosas extraordinarias, sino que son el paso a paso del día a día con aquellas cosas más ordinarias que nos suceden o con aquellas personas con que nos encontramos de las que quizás no esperábamos nada especial. Pero ese momento fue diferente, como decíamos, marcó un paso que teníamos que dar, y en el que quizá nunca habíamos pensado, porque ya llevábamos la rutina de cada día sin salirnos de lo de siempre.

Así estaba aquel día Leví detrás de su mostrador o garita o como queramos llamarla donde cobraba los impuestos. Eran las rutinas de siempre, con los comentarios de la gente de siempre por el oficio que desempeñaba, por las quejas habituales en los que tienen que pagar, con todas esas particularidades que se sucedían cada día en quien tenía aquel oficio. Nada esperaba de especial aquel día.

Pero pasó Jesús, se detuvo también delante de aquel mostrador, ¿iba también a pagar sus impuestos? ¿Iba a pedir ayuda a quien se dedicaba también a aquel negocio de los prestamos y las deudas para resolver alguna situación del grupo?, algunos podían pensar en esas y muchas cosas, ¿o era por simple curiosidad? Pero Jesús se había acercado a Leví y solo había pronunciado una palabra, ‘sígueme’.

Y todo cambió. ¿Qué sucedió en aquel momento? ¿Qué color o qué música tenía aquella palabra? ¿Qué mirada se habría cruzado entre Jesús y el publicano? ¿Qué sintonía se había producido entre ambos? El evangelio no nos da detalles, pero algo había sucedido, porque todo había comenzado a caminar con otros rumbos.

El publicano se levantó de su mostrador y se fue con Jesús. Ahora le había invitado a su casa y había preparado una comida para Jesús y sus discípulos, pero allí estaban también los amigos del cobrador de impuestos. Había sonido de fiesta y de alegría porque algo en verdad había cambiado.

Como siempre, por allá andarán los que están al acecho. Jesús y sus discípulos sentado a la mesa de un publicano, pero además rodeado de muchos publicanos y pecadores. Era incomprensible, se dejan caer los comentarios como quien no quiere la cosa, pero aquello es algo que no pueden tolerar, no pueden aceptar. Y los rumores llegarán a los oídos de Jesús.

El médico no es para los sanos o los que se creen que están sanos, sino para los enfermos. Jesús ha venido para estar al lado del  hombre, allí donde el hombre le necesita. El viene a traernos la salud y allí donde puede faltar esa salud, allí quiere estar. Claro que está con los publicanos y con los pecadores, pero también quiere estar con aquellos que se creen justos, porque quizá son los más enfermos, pero estos no se dejarán, estarán siempre poniendo barreras.

Jesús viene a nuestro encuentro, se acerca allí donde nosotros estamos, en lo que es nuestra vida, nuestro dolor o nuestros anhelos; Jesús camina siempre con los brazos abiertos dejando que su sombra pueda llegar a todos, o todos puedan acercarse hasta su manto; Jesús se deja encontrar y dejará no solo la puerta abierta sino también el tejado dispuesto para que lo abran y puedan llegar hasta él, Jesús se acercará al que está solo y abandonado de todos y no tiene a nadie que le ayude; Jesús querrá sintonizar con aquel corazón solitario que parece que nadie quiere sintonizar con él y le dirá que lo necesita, que quiere que él también forme parte del grupo de los que van a estar siempre cerca de Jesús.

Por eso hoy llegó junto al mostrador de los impuestos, por eso llegó a la casa de Leví, por eso comerá con los publicanos y con los pecadores, por eso quiere llegar también a tu corazón y a mi corazón para que emprendamos sin ningún temor el camino de la cuaresma que estamos iniciando. También nos está diciendo. ‘¡Sígueme!’ ¿Qué respuesta le vamos a dar? ¿Dejaremos pasar ese momento único de encuentro con Jesús?

sábado, 14 de enero de 2023

Audacia y valentía necesarios valores para optar por la novedad del Evangelio que nos anuncia el Reino de Dios

 


Audacia y valentía necesarios valores para optar por la novedad del Evangelio que nos anuncia el Reino de Dios

Hebreos 4,12-16; Sal 18; Marcos 2,13-17

Me voy a enrollar en algo que puede parecer un trabalenguas o cosa parecida. Hace falta mucha valentía para ser audaz en la vida, como hace falta mucha audacia para ser valiente. Ser audaz implica hacer algo nuevo, algo que va contracorriente o algo que no esperan los demás que se haga; cualquiera no tiene la valentía de romper moldes, de hacer las cosas distintas, por muy convencido que se esté de lo que se quiere; hace falta una fuerza interior muy intensa para atreverse, una valentía, decíamos.

Lo mismo que el valiente; se atreve a meterse donde otros no lo hacen, salta por encima de todas las posibles prudencias, porque ve que aquello hay que hacerlo, que es un riesgo, pero que es necesario tener mucha decisión porque de alguna manera uno está dispuesto incluso a perder. Es una audacia ser valiente.

¿Y a qué viene toda esta consideración? Son dos actitudes, dos valores que hoy descubro en el evangelio. Y tenemos que decir primero por parte de Jesús, pero que también tenemos que descubrir en Leví.

Por parte de Jesús porque ha venido a anunciar el Reino y eso va a significar muchos cambios en la concepción de las cosas, en la manera de ver la vida, en hacer ese mundo nuevo que tendrá que romper con moldes antiguos, que implicará a la gente en nuevas actitudes, en nuevos valores, en una nueva concepción de la vida. No todos estarán dispuestos, va a haber oposición, muchos vientos en contra, no todos querrán cambiar con la radicalidad que pide Jesús. Pero Él anuncia el Reino y no solo con palabras, sino con sus actitudes, con su manera de ser y de actuar.

Está reuniendo en torno de sí a los que van a ser sus discípulos, sus seguidores, pero a los que un día enviará con su misma misión. No va escogiendo entre la gente religiosa de Jerusalén que están todo el día en el templo; no escogerá a los que humanamente se consideren más preparados, o aquellos con madera de líderes, porque eso tendrán que ser en medio del pueblo y del mundo; no escogerá entre los buenos de siempre, o mirando bien cuáles son sus raíces o sus costumbres.

Ha ido llamando a unos pescadores del lago de Galilea, que no destacarán ni por sus riquezas ni por lo mucho que hayan estudiado; ha ido llamando gente sencilla de aquellos pueblos por los que va pasando anunciando el Reino y que comienzan a seguirle con entusiasmo, pero que tienen sus ideas, su manera de concebir lo que es el mesianismo que están esperando, que pueden haber formado parte de aquellos grupos más radicales como los celotes; y ahora vemos que llama a alguien que es repudiado por el conjunto de los judíos, un recaudador de impuestos, a pesar de la fama que tenían. Rompe Jesús los moldes, hace falta audacia y tener la valentía y fuerza del Espíritu para esas decisiones.

Pero audacia y valentía no le faltó a este último llamado, Leví, el recaudador de impuestos que cumplía sus funciones allí probablemente en el mismo Cafarnaún que está siendo el centro de las actividades de Jesús. Pero aquel hombre, sabiendo lo que piensan de él, teniendo su vida en cierto modo asegurada porque esa función llevaba consigo sus riquezas, a la primera palabra de Jesús se levanta de su garito de recaudador y se va tras Jesús. Un hombre audaz para creer que él puede servir de algo en lo que está planteando Jesús, y un hombre valiente para tomar esa decisión y marcharse con Jesús.

Luego el evangelio nos hablará de las primeras reacciones de los de siempre, aquellos que siempre estaban al acecho con lo hacía o decía Jesús, porque veían que la gente se iba con Jesús, que los planteamientos que Jesús hacía echaba por tierra todo lo que había sido su plan de vida hasta entonces, y porque podrían ver peligrar su situación de dominio y manipulación sobre las gentes.

Ahora critican a Jesús porque come con publicanos y pecadores, como diciendo mira con quién se mezcla, aquello de ‘dime con quién andas y te diré quién eres’, que tantas veces hemos empleado nosotros en la vida. Pero como Jesús les dice el médico no es para los que se consideran que están sanos, sino para los enfermos y los que reconocen su enfermedad.

Una pregunta quizás nos queda por hacernos a nosotros mismos. ¿Tendremos nosotros la misma audacia y valentía? Nosotros que tantas veces andamos con nuestras precauciones y nuestras ‘prudencias’. ¿Seremos capaces de dar el paso adelante por el Reino de Dios como hoy vemos en el evangelio?

miércoles, 21 de septiembre de 2022

Descubramos nuestro lugar dentro de la Iglesia donde el Señor quiere contar con nosotros, con lo que somos y con lo que es nuestra vida

 


Descubramos nuestro lugar dentro de la Iglesia donde el Señor quiere contar con nosotros, con lo que somos y con lo que es nuestra vida

Efesios 4, 1-7. 11-13; Sal 18; Mateo 9, 9-13

No todos en la vida somos lo mismo, hacemos lo mismo, y por así decirlo también no nos gustan las mismas cosas. Y es que en la tareas de la vida cada uno desempeñamos nuestra función; son muchas las cosas que marcan nuestras inclinaciones y nuestros gustos, de ahí que cada uno desempeñe un rol diferente en la vida; no todos podemos ser carpinteros, ni todos abogados; distintas circunstancias van marcando nuestros gustos y nuestros deseos, las diversas capacidades de las personas harán que unas nos desarrollemos por un camino, mientras otros realizarán cosas distintas.

Ese variopinto conjunto irá creando una unidad, porque todos cada uno desde su lugar contribuirá al bien común. Aunque obtengamos unos beneficios personales de aquellas tareas que realicemos que contribuirán a nuestra propio desarrollo pero también al mantenimiento de los suyos y sus cosas, la contribución maravillosa, tenemos que decirlo así, es lo que hacemos que beneficia a la comunidad, a la sociedad, al mundo en que vivimos.

Cada uno parte de su propio ser, de su propia realidad, con las luces o con las sombras que pudiera haber en su vida, con sus valores y sus capacidades, con su fortaleza y también contando con su propia debilidad. Nadie será ajeno a esa tarea, y lo que tenemos que saber descubrir es el respeto y valoración que tengamos por cada persona en lo que en sí mismo es. Por eso, por otra parte, cada uno ha de descubrir su propia vocación, que es algo mucho más hermoso que un destino que se nos marque, porque será aquello que construyamos en nosotros mismos y que está al servicio del bien común.

Es de lo que tiene que ser también nuestra tarea de Iglesia, que constituimos todos los que tenemos una misma fe en Jesús; esa fe nos une, como esa fe ha sido una llamada y una respuesta, esa fe que nos hará descubrir también nuestro lugar y esa contribución que vamos a aportar desde lo que uno es en si mismo, pero también desde los dones recibidos. Es lo que también llamamos vocación desde un sentido cristiano. Vocación porque hay una llamada a la que tenemos que responder, vocación porque hay unos dones que hemos recibido que no podemos guardarnos para nosotros mismos sino que hemos de aportarnos también al bien de la Iglesia.

Hoy que estamos celebrando la fiesta del apóstol san Mateo es lo que contemplamos tanto en el evangelio como en la lectura de la carta del apóstol. Jesús quiere contar con nosotros, aunque algunos no nos consideren dignos, porque lo que nos va a dignificar es esa llamada que recibimos y la gracia que Dios deposita en nosotros.

Podría pensarse que era Leví el último en quien podríamos tener en cuenta para que fuera llamado a ser uno de los apóstoles del Señor. Era un publicano, un recaudador de impuestos, y ya solo por esa tarea que desempañaba en la vida era mal considerado en aquella sociedad judía; se les consideraba unos ladrones, eran unos colaboracionistas, por la función que desempeñaban, de poder opresor, porque aquellos impuestos irían destinados a quien ejercía el poder dominante, por eso los llamaban publicanos.

Pero Jesús quiso contar con Leví, nuestro san Mateo que hoy celebramos, que luego nos trasmitiría el evangelio de Jesús. Destaca la prontitud de la respuesta, la disponibilidad de una vida, la generosidad de su corazón para desprenderse de todo para seguir a Jesús, ese corazón abierto en el que seguían cabiendo aquellos que con él habían convivido y ejercido conjuntamente la misma profesión. Es el banquete que le vemos celebrar, como nos cuenta el evangelio.

Es así cómo el Señor quiere contar con nosotros, con lo que somos y con lo que es nuestra vida, con lo que son nuestras capacidades y nuestros valores, con aquellas personas que están a nuestro lado y ese mundo nuevo también al que nos abrimos. Ahí y desde ahí también tenemos una tarea que realizar. Es lo que tenemos que aprender a descubrir, saber encontrar ese lugar que hemos de ocupar en medio del pueblo de Dios desde lo que es nuestra vida. ¿Has pensado cuál es tu lugar dentro de la Iglesia?

viernes, 1 de julio de 2022

El relato del evangelio nos interpela y nos interroga para analizar bien a quienes escogemos como compañeros de camino también en la vida de nuestras comunidades

 


El relato del evangelio nos interpela y nos interroga para analizar bien a quienes escogemos como compañeros de camino también en la vida de nuestras comunidades

Amós 8,4-6.9-12; Sal. 118; Mateo 9,9-13

Seguimos llevándonos por las apariencias. Aunque digamos que no, que no discriminamos a nadie. Pero pensemos a los amigos que vamos a llevar con nosotros si queremos emprender un camino; pensemos a quien escogemos si vamos a realizar una tarea ardua en la que se pueden poner en juego muchas cosas y que de alguna manera podría marcar un futuro; pensemos en los cuestionamientos que nos hacemos si hay una tarea social en nuestro entorno en la que podríamos participar, pero para ver qué clase de personas son las que van a participar.

Y pensemos en las ciertas reticencias o desconfianzas que no las decimos pero las tenemos por dentro ante un inmigrante, un latino que haya venido de América, alguien que haya llegado de más allá de las fronteras de Europa, o una persona de color que haya llegado a nuestras tierras, ya fuera en patera o por cualquier otro medio; y vemos a la hija que se ha hecho muy amigable de aquel muchachito de color y comenzamos a preguntarnos de donde viene, y quien es, y qué hace, y no se cuántas cosas más… De muchas maneras, sutiles muchas veces, seguimos llevándonos por las apariencias.

Sucede hoy como ha sucedido siempre, pero no significa que ésas tengan que ser nuestras posturas. La elección que Jesús hace en aquella ocasión de alguien a quien invita a seguirle produce muchos comentarios, o en una palabra, no era bien vista por todos, como no lo eran las compañías de las que se rodeaba Jesús.

En lo que hoy nos relata el evangelio vemos que Jesús al pasar por delante de la garita de un recaudador de impuestos, se detiene e invita a aquel hombre al que todos consideraban un publicano para seguirle y para estar con El. Leví está allí en sus tareas de cobrador de impuestos, de cambista o prestamista que era algo que iba unido en aquella profesión y pasó Jesús le dijo ‘Sígueme’, y nos dice que ‘se levantó y lo siguió’.

Podría haber tenido otros criterios Jesús en la elección de sus seguidores, y sobre todo de aquellos que luego de una manera especial iba a llamar para ser los apóstoles. Como un día se había detenido al pie de aquella higuera para decirle al que estaba escondido entre sus ramas que quería hospedarse en su casa, y era también un publicano.

Los fariseos, los maestros de la ley eso no lo entienden ni lo entenderán nunca. ‘Vuestro maestro come con publicanos y pecadores’, les echarán en cara a los discípulos de Jesús. ¿Cómo es que os mezcláis con tan variada gente sin mirar a quien Jesús está escogiendo?, podría ser la consideración que de alguna manera en su crítica le estaban haciendo. ¿Es que también vosotros os mezcláis con todos, sea quien sea?

Quizá sea una consideración que aun nosotros llevamos en nuestro interior. Algunas veces seguimos sin entender, o no nos atrevemos a dar el paso a la manera de Jesús. Tenemos que ser sinceros con aquellas consideraciones que nos hacíamos para comenzar esta reflexión. Tendríamos que analizarlo en nuestras actitudes personales, en las cosas que realizamos y que no les damos importancia, pero que de alguna manera ocultan esas discriminaciones que tantas veces en la vida vamos haciendo.

Tendríamos que analizarlo en nuestro actuar como iglesia en nuestras comunidades, porque quizá seguimos reservando puestos de honor, porque quizás seguimos dejando a la puerta aquellas personas que no nos agradan, porque quizá aun no todos se sienten a gusto en nuestras comunidades porque notan ciertas miradas quizá compasivas, pero que no siempre son las miradas limpias y llenas de amor de quienes sabemos acogernos los unos a los otros.

El relato del evangelio nos interpela, nos interroga por dentro; no nos quedemos en juzgar las actitudes de las gentes en los tiempos de Jesús sino que ahí tenemos que ver cómo eso quizá se está reflejando de alguna manera en nuestras actitudes o en nuestra manera de actuar. El relato nos anima a abrir los ojos con una mirada nueva y distinta, a que evitemos esas miradas superficiales con las que vamos tantas veces en la vida, fijándonos solo en apariencias, buscando honores o reconocimientos, pero no teniendo la apertura de corazón que nos pide Jesús. Sepamos descubrir el misterio de Dios que se oculta en cada persona y aprendamos entonces a amarla de verdad.

sábado, 5 de marzo de 2022

Experimentemos en nosotros la misericordia de Dios porque nos sentimos enfermos y necesitados de sanación y llevemos el don de la paz a cuantos están necesitados de perdón

 


Experimentemos en nosotros la misericordia de Dios porque nos sentimos enfermos y necesitados de sanación y llevemos el don de la paz a cuantos están necesitados de perdón

 Isaías 58, 9-14; Sal 85; Lucas 5, 27-32

No se nos ocurre pensar en una persona que está enfermo y que no va al médico, o que le oculta algunos aspectos de su padecer. ¿Será que no quiere curarse? Podríamos decir que no nos cabe en la cabeza, todos amamos la salud, todos deseamos quitar ese mal de la enfermedad que algunas veces puede dañar nuestro cuerpo; de la misma manera que el médico lo que querrá es la salud de sus pacientes; cómo nos quejamos si vamos al médico y no nos atiende o lo hace con displicencia, como nos rebelamos si el médico no acierta con la enfermedad que padecemos y en lugar de mejorar, empeoramos. El médico es para sanar al enfermo, para hacerle recuperar la salud, y no se nos ocurre impedir que un enfermo llegue a encontrar la salud.

Hablamos de aspectos humanos en los que nos vemos envueltos todos los días, porque eso de la salud es algo que todos ansiamos. Pero esa imagen nos puede decir algo más con el evangelio que hoy hemos escuchado. Aunque nos parezca que en este caso el centro del evangelio está en la llamada de Jesús a Leví para que le siga, y tenemos que valorar por una parte esa invitación de Jesús a seguirle y la prontitud con que responde a la llamada del Señor, esto es motivo para otro mensaje que se nos quiere trasmitir en este camino cuaresmal que hemos iniciado.

Hemos escuchado las murmuraciones y comentarios que se hacen los fariseos por una parte porque Jesús haya llamada a un publicano, a un recaudador de impuestos – con lo mal mirados que eran entonces – a seguirle, pero la critica más feroz viene porque Leví hace un banquete y en él con Jesús y sus discípulos están también muchos otros publicanos amigos y compañeros que fueron de Leví.  ‘Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos de Jesús: ¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?’

Es cuando aparece la respuesta de Jesús. ‘No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan’.  Jesús es el médico que viene a sanarnos. ‘Dios quiere que todos los hombres se salven y tengan vida eterna’, se nos dirá en otro momento del evangelio. Es la razón, podríamos decir, del Emmanuel, Dios con nosotros. Por eso Jesús viene a nuestro encuentro sin hacer ninguna diferencia ni distinción. Va a buscar al hombre enfermo, va al encuentro del pecador, dejará que todos se acerquen a El, siempre ofrecerá la paz para los corazones y la salvación.

Busca al paralítico que anda allá perdido en medio de la multitud pero que nadie atiende, se acerca al pie de la higuera para hacer bajar a Zaqueo porque quiere hospedarse en su casa, permite que la mujer pecadora le lave los pies con sus lágrimas y derrame el caro perfume, al paralítico que hacen bajar desde el techo a su presencia para que lo cure lo primero que le ofrece es el perdón de los pecados, siempre despedirá a los que se acercan a El con la paz. ‘Vete en paz y no peques más’. Y nos enseñará como nosotros tenemos que llevar ese mensaje de paz para todos cuando anunciemos la buena nueva de su salvación, dándonos poder para curar enfermedades, expulsar demonios y sobre todo llevar el bálsamo del perdón y del amor de Dios.

Como contra portada vemos la actitud de los fariseos, que ni comen ni dejan comer. Les molesta que Jesús esté con los pecadores, no entenderán nunca el mensaje del perdón que Jesús va proclamando. En sus corazones retorcidos no son capaces de experimentar en si mismos esa sanción que Jesús ofrece a todos y siempre están queriendo contagiar con su mala levadura el resentimiento, el odio y el rencor.

Experimentemos nosotros esa misericordia de Dios en nuestra vida, porque nos sentimos enfermos y necesitados de su sanación, nos sentimos pecadores y ansiamos ese perdón y esa misericordia que Jesús nos ofrece, y con esa misma misericordia vayamos al encuentro con los demás regalando paz, repartiendo amor, ayudando a descubrir la alegría de sentir la misericordia del Señor.