Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta liberación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta liberación. Mostrar todas las entradas

lunes, 31 de agosto de 2026

El evangelio escuchado nos está pidiendo o planteando un cambio de chip, ese cambio de ritmo, una mirada distinta exigencia de nuestra fe y de nuestro amor cristiano

 

El evangelio escuchado nos está pidiendo o planteando un cambio de chip, ese cambio de ritmo, una mirada distinta exigencia de nuestra fe y de nuestro amor cristiano

1Corintios 2, 1-5; Salmo 118; Lucas 4, 16-30

Cuando nos cambian el ritmo de aquello a lo que estábamos acostumbrados y que hacíamos casi como una rutina se nos vienen abajo nuestros ritmos, nos sentimos desconcertados y nos cuesta entrar en la nueva dinámica. Son las pruebas psicotécnicas que se emplean en muchas ocasiones para, precisamente eso, ponernos a prueba en nuestra capacidad de respuesta, nuestra posible reacción y si somos capaces de asumir el nuevo ritmo, por ejemplo, que se nos presenta. Pero sin entrar en esas pruebas técnicas son muchas veces las pruebas que la misma vida nos presenta y ante lo que tenemos que saber reaccionar con madurez por una parte, pero también estando abiertos a lo nuevo que se nos puede ofrecer y que mejoraría nuestra vida. Algunas veces nos cuesta aceptar esos cambios, nos ponemos incómodos y tenemos la tentación de ponernos en una actitud interna de rechazo ya sin saber bien por qué.

¿Será algo así lo que estamos viendo en este comienzo de la vida pública de Jesús en su presentación en Nazaret en el evangelio de san Lucas que ahora comenzamos a leer de forma continuada? Ya fue una sorpresa que al acudir Jesús aquel sábado a la sinagoga después de los primeros recorridos que ya había hecho por otros pueblos y aldeas de Galilea se haya ofrecido a hacer la lectura del profeta y su comentario. Era tarea del encargado de la sinagoga pero que él podía ofrecer a quien por allí se acercase y tuviera esa disponibilidad. Se ha escogido un texto del profeta Isaías; habla de la manifestación del Espíritu del Señor en aquel que había de venir en una clara referencia al Mesías esperado.

Ya conocemos el texto que hemos escuchado muchas veces. Habla de quien con la fuerza del Espíritu del Señor viene a iniciar un tiempo nuevo de liberación; habla de los enfermos e impedidos que recobraran vida y salud, pero habla también de otra liberación más profunda de todos aquellos que se sienten oprimidos y sin libertad; habla del tiempo nuevo del año de gracia del Señor. Claras referencias a los tiempos mesiánicos que todos estaban anhelando. Y es tajante el comentario de Jesús. ‘Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír’.

¿Sorpresa? ¿Alegría y esperanza renovada? ¿Admiración por quien había pronunciado tales palabras? Ellos lo conocían bien, allí se había criado, era el hijo de José el carpintero, por allá andaban aun sus parientes… ¿Dónde había adquirido aquella sabiduría? ‘Todos expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca’.

Jesús no se queda en esas palabras porque El está hablando de un tiempo nuevo, de algo nuevo que no era lo de siempre. Ellos habían oído de las cosas maravillosas que Jesús había hecho en otros lugares, bien sabemos cómo vuelan las noticias y eso que entonces no había las redes sociales que hoy tenemos, pero ya estaban pensando en sentirse los primeros beneficiarios de aquel poder que parece que se manifestaba en uno que era de su pueblo. Pero Jesús viene a decir otra cosa, busca a aquellos que tienen que ser liberados de sus esclavitudes y de sus males, pero no tiene que ser en lo de siempre, en los de siempre, en los lugares de siempre. Les recuerda que el profeta Elías atendió a una viuda que precisamente no era judía, y que el profeta Eliseo curó de la lepra precisamente a quien se podía considerar un enemigo porque era sirio.

Aquí se cambian los ritmos y los esquemas. Un día alabará Jesús la fe de un centurión romano que era gentil y del que dice que no ha encontrado en nadie en Israel con tanta fe como él; curará a la hija de la mujer de Fenicia, a quienes los judíos consideraban como los perritos y lo hará precisamente por su fe; se dejará tocar por los leprosos o por quienes eran considerados impuros como la mujer de las hemorragias que toca la orla de su manto. Algo nuevo va a suceder, algo nuevo quiere realizar Jesús. La gente de Nazaret no lo soporta porque lo considera como un desplante y terminarán porque quieren arrojar a Jesús por un barranco.

Pero esto que estamos viendo en el evangelio ahora me hace pensar en situaciones que podemos estar pasando en estos días. Cuando hablamos de necesidades, de problemas o de carencias ¿en quienes estamos pensando habitualmente? ¿En los pobres de siempre, esos que aparecen todas las semanas por Cáritas, en esa gente de nuestro entorno que sabemos también que tienen problemas para llegar a final de mes, solo en esas personas cercanas a nosotros?

Creo que nuestra mirada tiene que ir más allá. ¿No habremos escuchado alguna vez que ahora los emigrantes que de una forma o de otra están llegando junto a nosotros nos van a quitar el trabajo o los beneficios sociales que necesitan los que son de aquí? Nos quejamos de que esos recursos tengamos que gastarlos en esos que nos han aparecido de la noche a la mañana y que no son precisamente de los nuestros porque además nos parece una invasión y aquí ponemos no sé cuantas características.

El evangelio que hoy hemos escuchado ¿no nos estará pidiendo o planteando ese cambio de chip, ese cambio de ritmo, esa mirada distinta porque es también una exigencia de nuestra fe y de nuestro amor cristiano? Son cosas que tenemos que pensar, que analizar, ante las que tenemos que abrirnos viendo nuevas perspectivas.

‘Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír’.


domingo, 17 de mayo de 2026

Testigos llenos de esperanza seguimos mirando al cielo, mirar al interior de nosotros mismos y al mundo al que hemos sido enviados como testigos

 


Testigos llenos de esperanza seguimos mirando al cielo, mirar al interior de nosotros mismos y al mundo al que hemos sido enviados como testigos

Hechos 1, 1-11; Salmo 46; Efesios 1, 17-23; Mateo 28, 16-20

¿A dónde nos quedamos mirando cuando nos sucede algo sorpresivo que de alguna manera estábamos esperando pero cuya sorpresa no esperamos en este momento? ¿Al cielo? ¿Al suelo? ¿A cuanto nos rodea, ya sea el espacio mismo donde estamos, ya sea lo que hay en nuestro entorno que hasta nos puede resultar novedoso porque así andamos por la vida que ni nos fijamos en donde estamos, o a los que están a nuestro alrededor para que nos den algunas explicaciones? ¿Cuál sería nuestra reacción?

Así nos encontramos a los apóstoles y los discípulos más cercanos en las experiencias de pascua que han ido viviendo, ya fueran las apariciones en el cenáculo, a las mujeres a las puertas de la sepultura, a los que caminaban Emaús, allá junto al algo de Tiberíades en aquel amanecer, o ahora en este monte que según el evangelista que nos lo relata lo sitúa en Galilea o en el propio Jerusalén en el monte de los Olivos.  La misma reacción siempre de sorpresa con las palabras de Jesús, con los gestos de Jesús, con la misión que les confía Jesús.

‘¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?’ son las voces de los ángeles que los sacan de su ensueño. No les dice que no tienen que seguir mirando también al cielo, pero han de tener los pies bien plantados en la tierra. ‘El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo’. Pero mientras nos ha confiado una misión. Como nos dice muy claramente el evangelista Mateo hoy: ‘Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos’.

En sus confusiones cuando una sorpresa llegaba tras de otra todavía preguntaban ‘Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino a Israel?’ Todavía no se aclaraban sobre lo que significaba que Jesús era el Mesías; seguían con pensamientos humanos porque no habían terminado de entender lo que era la liberación que Jesús nos traía.  Por eso les dice Jesús que permanezcan aun en Jerusalén hasta que  reciban ‘la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra’. Ya les había hablado del Espíritu de la Verdad que se lo enseñaría todo. Necesitaban esa fuerza del Espíritu y todo cambiaría en sus corazones y en sus mentes. Luego habían de ser testigos hasta el confín de la tierra.

Pero nos ha asegurado una cosa que estaría con nosotros todos los días hasta el final de los tiempos. Hemos de salir, entonces, con el testigo en nuestra mano, hemos de ir como testigos anunciando esa buena noticia de salvación a todos los hombres, porque no hay bajo el cielo ni sobre la tierra otro  nombre que pueda salvarnos. Lo experimentamos en nosotros cuando nos sentimos amados y perdonados, cuando nos sentimos llenos de una nueva paz y de una alegría que nadie nos podrá arrebatar, cuando nos sentimos transformados y ponemos en nuestras vidas otros valores y otra manera de actuar, cuando nos sentimos impulsados a ponernos en camino sin temor a los peligros o a los rechazos que podamos encontrar, cuando nuestro corazón ha cambiado y comenzamos a desprendernos de nosotros mismos y nos damos generosamente por los demás. Estamos siendo unos testigos.

Unos testigos llenos de esperanza, que seguimos, sí, mirando al cielo porque sabemos que de allí nos viene la gracia, seguimos mirando al cielo porque continuamente nos mantenemos en esa esperanza de la gloriosa venida de nuestro Señor Jesucristo, seguimos mirando al cielo que es también mirarnos dentro de nosotros mismos para sentir como Dios reina en nuestros corazones, seguimos mirando al cielo porque de allí nos llega esa luz para comprender el camino, para no tropezar en las piedras que en él se nos van a atravesar, para encontrar medios para abrir nuevos caminos de paz y de convivencia para los que están a nuestro lado, porque nosotros también queremos hacer ascensión cuando tratamos de superarnos y levantarnos por encima de esos materialismos que nos quieren envolver, porque sabemos que el Señor está con nosotros, reina en nuestros corazones y la fuerza de su Espíritu es quien nos guía y nos sostiene.

Toda una sorpresa este misterio de amor que nos envuelve en esta fiesta de la Ascensión. ‘Que se nos dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder en favor de nosotros, los creyentes, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, poder, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no solo en este mundo, sino en el futuro’. Recordemos y rumiemos en nuestro interior estas sabias palabras del Apóstol.

viernes, 6 de marzo de 2026

No temamos sentirnos interpelados por la Palabra de Dios, aunque de momento nos haga sufrir en nuestra realidad, en Jesús encontraremos siempre la verdadera sanación de nuestras vidas

 


No temamos sentirnos interpelados por la Palabra de Dios, aunque de momento nos haga sufrir en nuestra realidad, en Jesús encontraremos siempre la verdadera sanación de nuestras vidas

Génesis 37, 3-4. 12-13a. 17b-28; Salmo 104; Mateo 21, 33-43, 45-46

‘¿Eso lo están diciendo por mi? Es la pregunta o la reacción cuando nos vemos aludidos quizás por un comentario que hace alguien en un momento determinado, que escuchamos directamente o quizás nos ha llegado a través de las insinuaciones de otras personas, por las palabras de un maestro o profesor que en su enseñanza utilizará imágenes y comparaciones para transmitirnos su mensaje, por algo que se plantea quizás en una reunión para tratar de resolver algunos problemas y donde con claridad quizás haya que afrontar situaciones o maneras de actuar a las que hay que dar alguna solución. Nuestra reacción puede ser diversa, desde el hacernos los tontos como si aquello no fuera con nosotros, o los resabios que nos surgen interiormente porque nos parece que no somos bien tratados o tratan de hacernos quedar mal, el rechazo y quizás el maquinar cómo podremos  ir contra aquellas personas. ¿Reconocer lo que eso que dicen nos vemos reflejados? Sería una buena señal de madurez, pero que no siempre sabemos afrontar.

Hoy Jesús emplea una parábola para tratar de que los judíos y en especial sus dirigentes se vean reflejados y que sea como una llamada de atención, una llamada a la conversión y a cambiar sus actitudes.

El dueño de la viña que la prepara de la mejor manera posible, poniendo incluso aquellos posibles medios que van a necesitar para hacerla producir de la mejor manera, pero que la arrienda a unos labradores para que la trabajen, le saquen frutos de los que él también como dueño ha de verse beneficiado dado todo lo que ha aportado. Vemos el desarrollo de la parábola y cómo aquellos viñadores acabaran sus frutos y no quieren rendir cuentas a nadie, es más, responderán con violencia.

Ya nos dice el evangelista que los fariseos, los escribas y los maestros de la ley que escuchan a Jesús sienten que habla con ellos. Es un reflejo de lo que ha sido la historia de la salvación reflejada en lo que ha sido la historia de Israel a lo largo de los tiempos. Pero ya vemos también su reacción. Tratarán de quitar de en medio a Jesús.

Pero no nos quedamos en lo antiguo, porque esto es Palabra de Dios hoy para nosotros. ¿Seremos capaces de vernos ahí reflejados también? Es algo que siempre nos cuesta; cuántas veces cuando escuchamos la Palabra de Dios en nuestra celebración y la explicación que nuestros pastores nos ofrecen también tenemos reacciones negativas. Queremos escuchar palabras edulcoradas pero nos hacemos sordos a la crudeza que muchas veces tiene la Palabra de Dios para nuestras vidas. Queremos palabras que nos adormezcan, no queremos escuchar ese grito de la Palabra de Dios que despierta nuestros corazones. Vamos poniendo filtros en nuestros oídos para escuchar aquello que nos arrulla y adormece y lo otro, lo que podría inquietarnos o hacer que nos hagamos preguntas en nuestro interior siempre queremos aplicarlo a los demás.

Y la Palabra de Dios es espada de doble filo que penetra hondo en nuestros corazones. Nos podemos sentir dañados cuando estás tocando las cicatrices de nuestras viejas heridas que no hemos sabido curar bien. Sintamos que si en ese primer momento de escucha nos sentimos impactados y nos puede producir heridas en nosotros, es porque hay algo que está enfermo en nosotros y tenemos que curar.

Agradezcamos que la Palabra de Dios nos interpele porque es señal de que en verdad estamos buscando un auténtico seguimiento de Jesús. Pero Jesús no viene para hacernos sufrir sino para liberarnos de todo sufrimiento, El quiere sanar nuestros corazones, poner vida nueva en nosotros aunque nos cueste arrancarnos de las viejas raíces del pecado que aún se mantienen en nuestro corazón; pero con Jesús nos sentiremos liberados, sanados, llenos de vida; su palabra siempre será una palabra de amor que nos llama y nos invita a ir hasta Él a pesar de nuestros agobios o de nuestras esclavitudes, en su amor siempre encontraremos la verdadera liberación.


jueves, 19 de febrero de 2026

Hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal, el camino que tenemos que ir liberando tomando nuestra cruz para hacer que el Señor llegue de verdad a nuestra vida

 


Hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal, el camino que tenemos que ir liberando tomando nuestra cruz para hacer que el Señor llegue de verdad a nuestra vida

Deuteronomio 30, 15-20; Salmo 1; Lucas 9, 22-25

Aunque a veces parezca muy fácil, qué duro es encontrarnos ante una encrucijada donde hemos de decidirnos qué camino tomar. ¿Y si nos equivocamos? ¿Cómo podemos tener la certeza de acertar? Porque una vez que hayamos tomado la decisión el camino no es lo que aparenta, vienen las dificultades y contratiempos, surge la tentación en nuestro interior ¿y si nos hemos equivocado y el camino no lleva a ninguna parte? Como se suele decir cada uno arrima el ascua a su sardina, y el que nos ofrece su camino tratará quizás de adornarlo y embellecerlo para cautivarnos, pero no es oro todo lo que reluce y eso mismo nos tendría que hacer entrar en la duda antes de la toma de decisión.

Es la respuesta que el cristiano tiene que dar a la Palabra de Dios en todo momento, pero pueden venir las confusiones de los caminos anchos y de los caminos estrechos, y lo que nos produce incomodidad parece que no sería por lo que optaríamos. Claro que querríamos ganarnos todo el mundo, porque a nadie le amarga un dulce y a la larga siempre estamos soñando con grandezas y con influencias, con sentirnos poderosos y poder hacer lo que queramos. Pero siempre dentro de nosotros está sonando una música no para adormecernos sino más bien para interrogarnos y hacer que tomemos buenas decisiones.

Es lo que se nos está planteando hoy en este segundo día de la cuaresma recién comenzada. ‘Hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal’, nos plantea el profeta. Tendría que ser la opción de la vida el camino que escogiéramos. Y es lo que tenemos que asegurarnos, porque como nos dirá luego Jesús en el evangelio, ‘¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero si se pierde o se arruina a sí mismo?’ Es lo que hemos de tener claro ya desde el principio en este camino cuaresmal que estamos comenzando. ¿Habrá pascua o no habrá pascua al final en nuestra vida? Y ya no se trata de unas celebraciones muy bonitas o muy solemnes que podamos tener cuando llegue la Semana Santa. La Pascua va a depender de la intensidad que pongamos en nuestra vida para escuchar y para sentir el paso del Señor.

No podemos perder de vista hacia donde vamos, qué es lo que vamos a celebrar y vivir. Es en lo que tenemos que poner toda la intensidad de nuestra vida, de nuestra fe, de la respuesta que vamos a ir dando. De ahí la riqueza tan grande de la Palabra de Dios que día a día se nos va a ir ofreciendo. De ahí la importancia de la apertura de nuestro corazón.

Hoy ya desde el principio nos lo está diciendo Jesús. ¿A qué sube El a Jerusalén? Es lo que también nosotros tendríamos que preguntarnos, ¿a qué o a donde queremos subir a lo largo de este camino cuaresmal? ‘El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día’. Nos lo dice claramente para que no tengamos confusión. Aunque seguramente dentro de nosotros nos estaremos diciendo como los apóstoles, que eso no puede ser, que no tiene por qué haber ese sufrimiento y esa muerte…

Pero es que Jesús nos dice también cual es el camino; y el camino pasa por la cruz, esa cruz que tenemos que saber aceptar. ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga’. ¿Cuál es esa cruz? ¿Dónde está esa cruz? Ver cruces adornadas no es muy fácil, pero ver y reconocer la cruz en toda su crudeza ya nos cuesta más. Seguro que no está lejos de tu vida, porque no faltarán dolores y sufrimientos; no estará lejos de nuestra vida porque hay sacrificios que tenemos que hacer y nos cuestan, aparecen contratiempos que nos malogran nuestras ilusiones, no siempre es fácil el entendimiento con los que nos rodean empezando por los nuestros, igualmente no lo tenemos fácil para vivir nuestra fe y dar testimonio, afloran las pasiones dentro de nosotros que nos hacen perder el control y surgen las ambiciones y deseos de poder, aparece el orgullo y se siente herido nuestro amor propio, surge el descontrol en nuestra vida que nos lleva a hacernos esclavos de la pasión, rebrotan las violencias y los recelos, el egoísmo y la insolidaridad.

Eso que somos nosotros, eso que nos pasa continuamente con lo que tenemos que cargar o lo que tenemos que afrontar. Tomar la cruz, negarnos a nosotros mismos, liberarnos de ataduras, limpiar el corazón de toda maldad. Esa es nuestra pascua, ese es el camino que tenemos que ir liberando para hacer que el Señor llegue de verdad a nuestra vida.

viernes, 16 de enero de 2026

¿Seremos capaces de arrancar de nosotros muchas cosas que nos envuelven y esclavizan para poder llegar hasta Jesús?

 


¿Seremos capaces de arrancar de nosotros muchas cosas que nos envuelven y esclavizan para poder llegar hasta Jesús?

1Samuel 8, 4-7. 10-22ª; Salmo  88; Marcos 2, 1-12

¿Cómo reaccionamos cuando encontramos un tropiezo o una dificultad en el camino? Algunas veces somos impacientes porque queremos el camino llano y limpio de obstáculos; ya sabemos cómo nos ponemos tantas veces de críticos hacia aquellos que pensamos que tienen la obligación de mantener el camino limpio  y libre de obstáculos, pero quizás no somos capaces de detenernos para hacer algo por nuestra parte para quitar aquel impedimento, para poner una señalización para evitar el peligro para otros que transitan por esa misma vía, o para buscar la ayuda necesaria para poder entre todos eliminar ese impedimento. Hablo en este caso en mi ejemplo de vías y caminos porque en tiempos atmosféricos adversos son problemas habituales que nos encontramos.

Pero entendemos que con este ejemplo podemos poner muchas otras experiencias que de una forma o de otra vamos teniendo en la vida; son los problemas que nos encontramos en nuestras relaciones con los demás, en la familia, en nuestros trabajos, con la gente con la que convivimos; problemas derivados de muchos factores partiendo de nuestra manera de ser o de nuestras ambiciones, de momentos malos por los que pasamos en la vida y con los que nos vemos atorados sin saber muchas veces cómo salir adelante. ¿Echamos la culpa a los demás? Es una cosa que nos sale fácilmente muchas veces. ¿Nos rendimos y damos por imposible esa superación que necesitamos en la vida? Nos acomodamos, nos aguantamos, nos resignamos y seguimos arrastrándonos atados quizás a nuestros propios miedos. Con buena voluntad queremos avanzar por la vida, pero pronto nos desanimamos y vamos arrastrándonos como podamos con nuestros miedos y cobardías. ¿Dónde está nuestra madurez humana? ¿Dónde se quedan esos buenos valores que tendrían que ser fuerza y fundamento para nuestro caminar y para nuestra superación?

Me ha surgido todo este pensamiento y reflexión contemplando un detalle que nos puede pasar desapercibido en el texto del evangelio de hoy. Son muchos los aspectos sobre los que tendríamos que reflexionar, pero quiero fijarme en el detalle de valentía y de creatividad e iniciativa de aquellos hombres que con buena voluntad traían a un enfermo, en este caso un paralítico, para que Jesús lo curase. Se había extendido la fama por toda Galilea y de todas partes les traían a sus enfermos para que los curase.

Pero al llegar a la puerta con el paralítico en su camilla no pueden entrar. Tanto es el gentío que se agolpa a la puerta para escuchar a Jesús que se les hace imposible el llevar hasta el lugar donde esta Jesús. ¿Se sienten frustrados en su esfuerzo y en su buena voluntad y se resignan ante lo que parece imposible? Ya el evangelista nos detalla la iniciativa de estos hombres de abrir un boquete en el tejado sobre donde está Jesús para por allí descolgar la camilla y hacer que aquel hombre llegue a los pies de Jesús.

Jesús nos dice el evangelista se admiró de la fe de aquellos hombres. No se rindieron, no se dieron por vencidos, buscaron la forma y lograron lo que deseaban. Qué relación más bonita con lo que veníamos reflexionando como introducción. Pero Jesús ofrece mucho más de lo que aquellos hombres en principio pedían; solo deseaban que aquel paralítico se viera libre de su dependencia para poder caminar. Y claro que Jesús quiere que nos veamos libres de nuestras dependencias, no quiere que nos sintamos ligados por ningún tipo de ataduras, nos quiere libres, lejos de cualquier esclavitud.

Pero sus palabras van a extrañar a muchos, llegarán incluso a pensar que Jesús está blasfemando porque se está atribuyendo un poder que solo es de Dios. Pero, ¿para qué ha venido Jesús? Como anunciaba en la sinagoga de Nazaret para liberar a los oprimidos, para establecer un tiempo de gracia. Es el regalo que nos ofrece Jesús. Hacer que nos sintamos libres desde lo más hondo de nosotros mismos de toda atadura y esclavitud. Las curaciones de los enfermos que realiza no son sino un signo de esa otra libertad que quiere darnos. Por eso sus palabras son de perdón.  O como dirá en algunas ocasiones a aquellos que ha curado, ‘vete y no peques más’, no vuelvas a caer en esa esclavitud. ‘Tus pecados quedan perdonados’, le dice al paralítico.

Y porque produce esa transformación dentro de nosotros con su gracia y su perdón nos sentiremos fortalecidos para no dejarnos vencer, para estar siempre en camino de superación, para llegar a lo más alto y más sublime de nuestra vida, aunque muchas cosas quizás tengamos que romper dentro de nosotros; somos nosotros mismos con nuestro egoísmo y con nuestras ambiciones los vamos poniendo trabas en los caminos de la vida. Pero con Jesús todo tiene que ser distinto. Dejemos que estas palabras del evangelio calen hondamente dentro de nosotros.

sábado, 10 de enero de 2026

La Buena Nueva del Evangelio sigue siendo buena noticia de salvación hoy, no una utopía que nos confunde y adormece sino una nueva realidad para nuestra vida

 


La Buena Nueva del Evangelio sigue siendo buena noticia de salvación hoy, no una utopía que nos confunde y adormece sino una nueva realidad para nuestra vida

1Juan 4, 19–5, 4; Salmo 71; Lucas 4, 14-22a

Quien va por la vida arrastrando una pesada carga si encuentra en el camino un alma caritativa y generosa que quita de sobre sus hombros tal tormento se sentirá liberado es cierto pero sobre todo va a comenzar a creer en la bondad de los hombres cuando alguien sin pedirle cuentas le ha ayudado a liberarse de su peso.

Este pensamiento de entrada nos puede parecer muy utópico, sobre todo desde esas negruras sin esperanza en las que vivimos muchas veces, pero lo podemos ver palpable en gestos materiales que siempre nos encontramos en aquellos que siempre están dispuestos a ayudar; serán los trabajos que algunas veces se nos convierten en esclavizantes por la manera de plantearlos, la dureza de la vida del campo, el trabajo duro de quien trabaja en una mina, por ejemplo, trabajos que nos roban todo el tiempo o angustias de los que aun con todo el esfuerzo que hacen sienten que no pueden salir de sus amargas situaciones. Encuentran a alguien que les echa una mano y seguro que se lo agradecerán, como solemos decir, eternamente.

Pero son también otros agobios que sufrimos en la vida, problemas que se acumulan, enfermedades que nos destruyen no solo nuestro cuerpo sino también nuestra estabilidad emocional y la de los que conviven con nosotros, esperanzas que se pierden, situaciones de la sociedad que no sabemos qué rumbo toman, materialismo de la vida que contemplamos a nuestro alrededor donde parece que el dinero y la riqueza la solucionan todo, gente que camina sin rumbo ni sentido y solo buscan un placer efímero que quizás les haga olvidar sus otros sufrimientos. ¿Encontraremos una salida válida a todas estas situaciones que vivimos o que nos encontramos a nuestro alrededor?

Nos hace falta una palabra de aliento, un gesto que despierte la esperanza, algo que ponga una ilusión nueva en nuestro espíritu para poder seguir manteniendo la lucha y la búsqueda de caminos. Algo tiene que despertarnos, alguien tendrá que ser quien ponga una nueva luz en nuestra vida. ¿Dónde encontrar esa salvación?

En estos días en que estamos culminando la Navidad la liturgia nos va ofreciendo diversos textos de la Palabra que nos ayudan a descubrir quién es en verdad Jesús para nosotros y la esperanza que pone en nuestra vida. Hoy ya en este penúltimo día del tiempo de la navidad que concluirá mañana con la celebración del Bautismo de Jesús, el evangelio un poco se nos adelante y nos presenta a Jesús predicando por los distintos lugares de Galilea y en esta ocasión visita su pueblo de Nazaret.

Acude el sábado a la sinagoga según costumbre y es Jesús quien hace la proclamación de la lectura de la ley y los profetas. En este caso será un texto de Isaías que habla de quien viene lleno del espíritu de Dios para proclamar el año de gracia del Señor. ‘Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír’, es todo el comentario que hace Jesús. Allí está la buena noticia que va a ser anunciada a pobres y oprimidos, el anuncio de liberación y de salvación. Ese mundo lleno de sombras va a encontrar una luz y esa luz la encontraremos en Jesús. En Él se cumplen esos anuncios de la Escritura, de los profetas.

¿Qué viene a ofrecernos Jesús? Que encontremos esa verdadera liberación de nuestras vidas porque encontremos ese sentido nuevo de vivir; quiere para nosotros la mayor dignidad y grandeza, no podemos seguir dejándonos oprimir, pero no hemos de pensar en la opresión que otros podrán hacer sobre nosotros, sino en esas cosas que llevamos dentro de nosotros con nuestra maldad o con nuestra desorientación que nos hacen sufrir, que nos hacen sentirnos agobiados, que nos hacen caminar sin esperanzas, que nos atan demasiado a estos placeres de aquí abajo que al final nos dejarán vacíos o hastiados.

Jesús quiere ponernos en pie, que dejemos de arrastrarnos de la manera que hacemos detrás de nuestras pasiones, nuestras ambiciones o nuestros materialismos. Nos habla de que los cojos podrán caminar, que los ciegos tendrán luz en sus ojos, que los sordomudos podrán hablar y escuchar. Jesús quiere sanarnos desde lo más hondo de nosotros mismos, porque muchas veces seguimos acumulando resentimientos y heridas mal curadas que a la larga nos hacen sufrir a nosotros mismos. Jesús quiere otra vida para nosotros, otro sentido para nuestro mundo y para nuestra sociedad, otra grandeza y dignidad porque seamos nosotros mismos y nos sintamos engrandecidos desde lo más hondo de nuestro interior.

Es lo que hoy nosotros también necesitamos escuchar. Es lo que nos tiene que hacer despertar de este sonambulismo en que vivimos. La Buena Nueva del Evangelio sigue siendo una buena noticia de salvación para nosotros hoy y para nuestro mundo. Escuchémosla y anunciémosla dando testimonio de que en verdad podemos vivir una vida nueva. El evangelio no es una utopía que nos confunde y nos deja adormecidos, sino una realidad nueva para nuestro vivir.


jueves, 27 de noviembre de 2025

Miremos con ojos luminosos nuestro entorno para apreciar esas pequeñas semillas de bondad que muchos van sembrando para hacer florecer un mundo nuevo

 


Miremos con ojos luminosos nuestro entorno para apreciar esas pequeñas semillas de bondad que muchos van sembrando para hacer florecer un mundo nuevo

Daniel 6, 12-28; Dn 3,68-74; Lucas 21, 20-28

Nos conviene recordar experiencias por las que hemos pasado, quizás muchas veces difíciles o dolorosas, porque seguramente desde una lectura serena de lo que hemos vivido siempre podemos sacar una lección, siempre podemos recordar un rayo de luz que en aquellos momentos mantuvo viva nuestra esperanza y nos ayudó a atravesar aquel mar de confusiones. La historia, no solo en los grandes acontecimientos, sino quizás en esas pequeñas historias de cada día que nos ha tocado vivir es una gran maestra para nuestra vida.

Hace unos años, y podemos decir que en el mundo entero, pasamos por una situación difícil como fue la pandemia del COVID con todas sus consecuencias de confinamientos y restricciones; aunque teníamos que estar confinados y los movimientos que podíamos realizar eran pocos sin embargo aparecieron muchos signos de solidaridad y aun con la lejanía física sin embargo de cercanía entre unos y otros que nos ayudó a atravesar aquel vendaval. Aquellos aplausos de todas las tardes desde nuestros balcones y ventanas, aquellas canciones espontáneas que escuchábamos cada uno desde su estancia, eran señales de que no nos dábamos por vencidos y había una esperanza de salir con bien de aquella situación.

En muchas ocasiones difíciles de la vida ante catástrofes naturales o provocadas quizás por nuestras violencias, siempre surgen almas solidarias que se dan y se sacrifican, que despiertan la conciencia de los demás y de la sociedad en tantos movimientos solidarios que de una forma o de otra van surgiendo y reclamando algo nuevo y mejor, que hacen que no perdamos la esperanza; siempre sacaremos a flote lo mejor de nosotros mismos que muchas veces llevamos demasiado oculto para mitigar dolores y sufrimientos, para compartir allí donde nada tienen. Son semillas bonitas de humanidad que no dejamos de sembrar, y aunque nos parezcan gestos demasiado pequeños o sencillos, tendríamos que aprender a valorarlos más.

Ahí nosotros los cristianos, los que nos decimos seguidores del evangelio de Jesús, quienes queremos construir en nuestro mundo el Reino de Dios porque eso es lo que pretendemos con el anuncio del evangelio, tendríamos que ser ejemplares y ser los primeros que demos esas muestras de esperanza. No nos podemos sentir derrotados cuando contemplamos la realidad de nuestro mundo en el que aparecen demasiadas sombras, algo podemos hacer, una semilla podemos sembrar, un compromiso tendría que haber en nuestra vida.

No podemos permitir ese camino de decadencia que algunas veces observamos a nuestro alrededor, no nos podemos quedar en lamentaciones por lo mal que están las cosas. Tenemos que poner mano a la obra. Tenemos que ser sembradores de esperanza en medio del mundo que nos rodea. Por mucha que sea la tarea que tenemos entre manos y las responsabilidades de las que tenemos que dar cuenta, siempre tiene que haber ese momento en que sembremos de verdad esperanza por nuestros gestos.

El evangelio nos inspira y nos impulsa. Nos pone en camino. Hemos de saber escuchar la voz de Jesús que así nos habla y quiere sembrar esa buena semilla en nuestro corazón. El evangelio de hoy nos pudiera parecer excesivamente apocalíptico por las destrucciones que nos anuncia y por los malos momentos que se nos dice que podemos pasar; pero el verdadero sentido apocalíptico no es al anuncio de lo malo, sino la esperanza que quiere suscitar en nuestros corazones.

Por una parte nos dice que se acercan días terribles, pero al mismo tiempo casi nos dice que levantemos nuestra cabeza que se acerca la liberación.  ¿Dónde están esas señales de liberación? Tratemos de mirar con ojos luminosos nuestro entorno y veremos a mucha gente que hace muchas cosas buenas, a mucha gente que ora al Señor ante esas situaciones, pero orar al Señor es dejarnos iluminar por El, orar al Señor es ser conscientes de esa realidad dura que está a nuestro alrededor, pero orar al Señor nos lleva al compromiso, a que nosotros comencemos a sembrar esas pequeñas semillas que nos van a hacer florecer en un mundo nuevo y mejor.

lunes, 27 de octubre de 2025

Una verdadera compasión en nuestra vida nos lleva siempre a actuar de inmediato, signo de la verdadera liberación que Jesús nos viene a ofrecer

 


Una verdadera compasión en nuestra vida nos lleva siempre a actuar de inmediato, signo de la verdadera liberación que Jesús nos viene a ofrecer

 Romanos 8,12-17; Salmo 67; Lucas 13,10-17

Está bien, le decimos a alguien que nos viene a contar un problema, una necesidad, pero yo ahora no puedo hacer nada, lo siento mucho, le decimos quizás mostrando compasión, pero vamos a dejarlo para mañana y veremos de encontrar alguna solución. Lo habremos hecho alguna vez, pero es lo que vemos muchas veces cuando alguien desde su pobreza o necesidad, desde los problemas que está padeciendo acude a una oficina, acude a una institución, acude a unos servicios llamados sociales, pero le dan largas, les dicen que es difícil, que tiene que traer no sé cuantas justificaciones y la persona se va con su pobreza, mientras aquel que tenía que atenderla sigue con sus rutinas, pero a él no le faltará un sueldo a final de jornada o a final de mes.

¿Dónde está la humanidad? ¿Dónde está la verdadera compasión? La compasión no puede ser como una emoción del momento, si no comenzamos a actuar en el mismo instante que conocemos la necesidad. Pero vamos por la vida demasiado insensibilizados, nos falta verdadera humanidad. Y cuesta encontrarla. Seguimos pensando demasiado en nosotros mismos, mientras nosotros tenemos la cama calentita, por decirlo de alguna manera. Nos cuesta romper esas corazas.

Jesús al llegar un sábado a la sinagoga – era el momento de la proclamación de la ley y los profetas y de la oración de la comunidad, y aprovechaba Jesús para hacer la lectura y hacer el anuncio del Reino de Dios – pero se encuentra con una mujer enferma. Sus dolores quizás la habían imposibilitado de tal manera que andaba siempre encorvada y no podía enderezarse de forma normal. Imaginemos dolores y sufrimientos, imaginemos sus consecuencias por las limitaciones que ello significaba para su vida y para su trabajo. Andamos cojos porque nos duele una rodilla o la cadera y qué pronto hoy buscamos la baja y que socialmente se nos ayude. En aquellos momentos significaba pobreza que podía llevar a situaciones extremas.

Allí donde hay dolor y sufrimiento está pronta la compasión de Jesús. La liberación del mal era la señal del Reino de Dios que Jesús anunciaba. Liberación significaba redimir a las personas de sus limitaciones y sufrimientos, como señal de la libertad verdadera que en el Reino de Dios vamos a encontrar. Jesús no podía cruzarse de brazos y decir que esperaba, porque además era sábado; y no es que el sábado estuvieran cerradas el despacho del médico o quien pudiera curarla, sino que había una limitaciones a las que se les había dando un tinte religioso por lo que no se podía hacer una curación el sábado, era un trabajo porque era sanar a alguien de su dolor o enfermedad.

Pero Jesús siempre compasivo y misericordioso como era el corazón de Dios venía también a ofrecernos la más profunda liberación. Y la compasión de Jesús le lleva a actuar al instante; llamando a aquella mujer la puso en medio de todos y la curó. Pero también otras muchas dependencias que nos imponemos los hombres que se convierten en esclavitudes. Como había anunciado en la sinagoga de Nazaret venía lleno del Espíritu divino para liberar al hombre de toda opresión; era la buena nueva que había que anunciar a los pobres, ‘los pobres son evangelizados’.

Aquel signo de Jesús en la curación de aquella mujer quería significar mucho, aunque no todos lo comprendieran. La gente se admiraba y daba gloria a Dios por las maravillas que se hacían, pero allá estaba el encargado de la sinagoga diciendo que vinieran otros día para curarse, porque había que guardar el descanso sabático.

¿Dejamos al animal que se ahogue en el pozo si cae en él un sábado o procuraremos sacarlo de inmediato? ¿Y qué hacemos con las personas? Sí, tenemos que seguir preguntándonos cómo de alguna forma Jesús les estaba dando a entender, ¿qué hacemos con las personas? ¿Serán más importantes las normas y los protocolos que la ayuda que le podamos prestar a alguien que está sufriendo? Si seguimos reflexionándolo nos daremos cuenta de muchas situaciones en que le damos más importancia a las cosas, a las reglas, a no sé cuántos ordenamientos que a las personas y la humanidad que tenemos que poner en nuestro trato. Que haya una verdadera compasión en nuestra vida que nos lleve siempre a actuar de inmediato.


jueves, 14 de agosto de 2025

Sintámonos en verdad liberados de los rescoldos interiores que reavivan el fuego cuando ofrecemos nuestro generoso perdón a la manera de la misericordia de Dios

 


Sintámonos en verdad liberados de los rescoldos interiores que reavivan el fuego cuando ofrecemos nuestro generoso perdón a la manera de la misericordia de Dios

Josué, 3,7-10a. 11. 13-17; Salmo 113; Mateo 18, 21-19, 1

Cuando hay un incendio, ya sea en nuestros bosques o montes o incluso en cualquier edificación no solo tenemos que apagar esas llamas que vemos que todo lo arrasan, sino que tenemos que tratar de apagar lo que ha sido el origen de ese fuego, pero también vemos luego a los bomberos por detrás, donde parece que no hay ya fuego, que van enfriando el terreno, pero teniendo mucho cuidado en apagar esos rescoldos, muchas veces enterrados, que durante mucho tiempo pueden mantener vivo ese incendio.

¿Has pensado alguna vez que cuando desde el resentimiento que llevas en ti no quieres perdonar al otro es principalmente a ti mismo al que te estás castigando? Quien no ha sabido perdonar de verdad sigue manteniendo el desamor en si mismo, que no solo puede ser destructivo para los demás sino que es destructivo para ti mismo porque seguirás manteniendo esa cadena sobre tu espíritu. Perdonamos buscando la paz, buscando el origen de la ofensa o del conflicto, pero tenemos que apagar también esos rescoldos que nos quedan encerrados quizás en lo secreto del corazón y que no dejarán que quede apagado por completo el conflicto, que vuelva la paz a todos los corazones.

Perdonar no es solo liberar al otro de su culpa, sino es liberarte a ti mismo de esa cadena, de ese rescoldo que sigues manteniendo dentro y que sigue quitándote la serenidad y la paz de tu vida. Si no te liberas de ese resentimiento que te lleva al desamor o al odio nunca vas a tener paz en ti mismo, y entonces estarás haciendo que se reaviven esas heridas que un día recibiste y no habrá manera de encontrar la curación de tu espíritu.

Quien no ha perdonado de verdad no llegará a saborear lo que es el autentico amor, porque siempre mantendrá ese rescoldo, siempre le faltará la paz verdadera en su corazón. Cuando perdonas la primera liberación es para ti mismo; como solemos decir muchas veces tenemos que perdonarnos a nosotros mismos para que vuelvan a florecer las bellas flores de la amistad, del amor verdadero. Apaguemos esos rescoldos y al sentirnos en verdad liberados, encontraremos la verdadera paz para nuestro corazón.

Esto es algo que tenemos que rumiar bien dentro de nosotros, porque no es fácil muchas veces apagar esos rescoldos enterrados. Es necesario que aprendamos a saborear el perdón para que nosotros podamos luego ofrecerlo con generosidad. Es nuestra piedra de tropezar, algo en lo que siempre nos cuesta dar el paso hacia delante. Queremos seguir manteniendo aquellas medidas, que se ofrecían como generosas, que Pedro está expresando en su petición a Jesús.

¿Cuántas veces tenemos que perdonar? Siguen apareciendo las contabilidades, pero si estamos haciendo esas contabilidades significa que algo aun no anda bien dentro de nosotros. Porque quien perdona de verdad lo olvida para siempre, no vuelve a recordar, no se pone a contabilizar. Es lo que nos está enseñando Jesús. ‘¿Siete veces?... hasta setenta veces siete’, responde Jesús para que entremos no en los cálculos de los números, sino en las actitudes de perdón que hemos de mantener siempre en el corazón.

La parábola que propone Jesús está clara. Aquel siervo que fue perdonado por su amo no supo saborear aquel perdón que le habían ofrecido generosamente; por eso no supo luego perdonar a su compañero que era muy ínfimo lo que le debía en comparación con sus antiguas deudas con su amor. Jesús con su parábola además está haciendo que elevemos nuestra mirada, para que seamos capaces de reconocer lo que significa el amor y la misericordia del Señor en nuestra vida y aprendamos esas mismas actitudes para tener nosotros con los demás.

La incapacidad de perdonar, le hacia mantener el odio en su corazón y hacía imposible la verdadera paz, la serenidad del espíritu para ver con mejor claridad el amor que tenemos siempre que repartir. ¿No nos había enseñado Jesús que nos acogiéramos  a la misericordia de Dios porque nosotros somos también misericordiosos y compasivos con nuestros hermanos?

miércoles, 2 de julio de 2025

El evangelio ha de ser siempre un impacto de vida que nos haga salirnos de nosotros mismos y nuestros apegos y rutinas para vivir intensamente la novedad de vida que nos ofrece

 


El evangelio ha de ser siempre un impacto de vida que nos haga salirnos de nosotros mismos y nuestros apegos y rutinas para vivir intensamente la novedad de vida que nos ofrece

Génesis 21,5.8-20; Salmo 33; Mateo 8,28-34

¿Cómo nos enfrentamos a las situaciones difíciles, o al mal con que nos topamos diariamente en la vida? ¿Nos damos por derrotados viendo la inmensidad a la que tenemos que enfrentarnos, o nos vamos ingeniando, o buscando ayuda, o dejando que otros también puedan iluminar nuestra mente para afrontarlo y para buscar cómo salir cómo vencer en aquella situación en que nos encontramos? Algunos sintiéndose derrotados se resignan y hasta ese sentimiento queremos darle un valor cristiano, o se dan a la huida, o rechazan todo lo bueno que se les pueda ofrecer.

Como cristianos amantes de la vida, como creyentes en Jesús que nos ha dicho que Él ha vencido al mundo, aunque nos pueda parecer derrotado en una muerte de cruz, ¿qué es lo que tenemos que hacer? El evangelio siempre es un camino o nos abre caminos, nos da pautas o se convierte en una luz que guía nuestra vida.

Hoy nos encontramos con una situación que desde una lectura un tanto superficial nos pueda parecer paradójica. Jesús se acerca a una región que no es totalmente judía, la región de los gerasenos y allí se va a encontrar con una situación, que en principio vamos a llamar difícil. Dos hombres poseídos por el espíritu del mal tienen aterrorizados a todos los habitantes. Pero a la llegada de Jesús, estos hombres poseídos por el mal se acercan a Jesús. Pareciera una actitud de rechazo, porque sienten que en Jesús llega la verdadera liberación.

Podríamos decir que hay un diálogo y un acuerdo final. Jesús libera a aquellos hombres de su mal, aunque sus espíritus vayan a poseer a una piara de cerdos que está osando por los derredores y que se arrojarán al lago pereciendo todos con escándalo para quienes los cuidaban que se ven desposeídos, por así decirlo, de sus ganancias. Pero aquellos hombres están liberados de su mal. Más tarde se dirá que quieren seguir a Jesús pero Jesús les conmina para que vayan a dar testimonio ante sus vecinos de lo que Dios ha hecho con ellos. Aunque habían estado poseídos por el mal, habían buscado a Jesús, es una primera conclusión.

Pero ahora las gentes del pueblo, a pesar de haber visto liberados del tormento de aquellos endemoniados, vienen a pedirle a Jesús que se marche a otros lugares. ¿Qué había pasado? Sus intereses se habían puesto en entredicho con la presencia de Jesús. En aquellos cerdos estaban sus ganancias que ahora perdían. ¿Y si fueran muchas más las cosas de sus intereses que se pusieran en entredicho por la presencia de Jesús entre ellos? Algunas cosas tendrían que cambiar en sus vidas, pero parece ser que ellos se encontraban bien como estaban, Jesús era para ellos una molestia.

¿También nos dejaremos arrastrar por unos intereses, que pueden ser de muchas clases ciertamente y eso nos motivará a rechazar una nueva forma de vivir? Nos olvidamos muchas veces de la verdadera liberación que con Jesús vamos a encontrar y preferimos seguir con nuestras ataduras, nuestras viejas costumbres que no queremos renovar, con nuestras rutinas que nos llevan a una vida cómoda y sin esfuerzo de las que no queremos arrancarnos; y ponemos nuestras excusas, es que siempre se ha hecho así, es que a estas alturas de mi vida cómo voy a cambiar, es que es lo que hace todo el mundo y le va bien, y seguimos con una letanía interminable de excusas, pero no queremos el cambio, no buscamos lo nuevo, no nos dejamos transformar por lo que nos dice el evangelio.

¿También queremos huir, irnos a otra parte, encerrarnos en nuestro castillo, hacernos los oídos sordos?


jueves, 6 de marzo de 2025

Nos presenta hoy la liturgia cuaresmal una encrucijada, pero la Palabra de Dios nos deja las suficientes señales para no errar el camino de vida que hemos de tomar

 


Nos presenta hoy la liturgia cuaresmal una encrucijada, pero la Palabra de Dios nos deja las suficientes señales para no errar el camino de vida que hemos de tomar

Deuteronomio 30, 15-20; Salmo 1; Lucas 9, 22-25

Todos tenemos momentos en la vida que son como encrucijadas en las que tenemos que tomar decisiones que se convierten en importantes; cuando llegamos a una encrucijada significa que hay varios caminos delante de nosotros y tenemos que escoger, escoger el mejor camino y no equivocarnos. ¿Sabemos lo que encontraremos a lo largo de ese camino? En ocasiones no vemos sino el primer trecho, los primeros pasos. ¿Tenemos que adivinar lo que hay más allá? No se trata tanto de adivinar, sino de saber leer bien las señales porque son las que nos darán la dirección apropiada. Muchas son las decisiones que tenemos que tomar en la vida, sobre nuestro futuro, sobre el sentido que le queremos dar a lo que hacemos, con quienes vamos a hacer ese camino, donde podemos mejor desarrollar lo que somos y nuestras capacidades, y así muchas cosas.

Apenas iniciamos ayer el camino de la cuaresma con la imposición de la ceniza y la invitación que escuchábamos desde la Palabra de Dios a adentrarnos dentro de nosotros mismos para poder adentrarnos en Dios. Hoy se nos hace un planteamiento serio, se nos pone en una encrucijada ante la que tenemos que comenzar a tomar decisiones.

Es lo que le planteaba Moisés al pueblo que había venido conduciendo por el desierto en aquel camino hacia la libertad, hacia la tierra prometida desde la liberación de Egipto y en el momento en que van a entrar en esa tierra que Dios les da. Es momento también de tomar decisiones, ¿qué va a hacer de sus vidas? ¿Cuál camino van a escoger? ¿Serán como los otros pueblos u optarán por el camino de vida escuchando y siguiendo lo que es la voluntad del Señor? ‘Hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal’. ¿Escogerán el camino que les lleva a la vida y a la bendición?

Pero es también lo que Jesús viene a plantearnos en el evangelio del día. Primero les anuncia claramente cual va a ser el final de su camino. Habiendo vivido la experiencia jubilosa de las multitudes que seguían y aclamaban a Jesús – podemos recordar diversos momentos de su predicación por Galilea – resulta en si mismo chocante que Jesús les anuncia que ‘El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día’. En otros momentos en que Jesús hace este mismo anuncio el evangelista nos dice que les costaba comprender e incluso insistían en que eso no podía pasarle.

Pero sigamos con el texto de hoy, tras ese anuncio que hace Jesús nos viene a decir ¿queréis ser discípulos míos? Ese es el camino de entrega que también tienen que vivir. Y nos habla Jesús de negarnos a nosotros mismos, de ser capaces de perder la vida para poder ganarla; nos está diciendo que nuestro camino tiene que pasar por el amor y cuando amamos de verdad seremos capaces de olvidarnos de nosotros mismos por ese amor que les estamos ofreciendo a los demás. Y Jesús nos está diciendo ¿seréis capaces de vivir un amor así? Claro que primero nos ha dicho que porque el vive un amor así será capaz de morir para que nosotros tengamos vida.

Es la encrucijada en la que nos encontramos. Porque es cierto que es importante el amor para nosotros, pero algunas veces centramos el amor solo en amarnos a nosotros mismos. No nos dice Jesús que no nos amemos, todo lo contrario, porque en alguna ocasión nos dirá que amemos a los demás como nos amamos a nosotros mismos y lo que no queremos para nosotros no podemos quererlo ni desearlo para los demás. Pero ese amor tiene que tener una progresión en nosotros en que ya lo importante será el amor que seamos capaces de ofrecer a los demás.

Vayamos poniendo los cimientos de este camino cuaresmal que estamos iniciando, estemos atentos a las señales que nos irán apareciendo para no desviarnos de ese camino  podamos llegar a vivir de verdad la pascua.

lunes, 3 de marzo de 2025

Buscamos la felicidad o buscamos la vida eterna, una senda que hemos de emprender por el camino de las bienaventuranzas para saber lo que buscamos

 


Buscamos la felicidad o buscamos la vida eterna, una senda que hemos de emprender por el camino de las bienaventuranzas para saber lo que buscamos

Eclesiástico 17, 24-29; Salmo 31; Marcos 10, 17-27

¿Qué tendría que hacer para ser feliz? Me pueden decir que estoy cambiando la pregunta que le hace aquel joven a Jesús, según nos cuenta el evangelio. Me atrevo a decir que en  cierto modo no, porque tendríamos que preguntarnos ¿qué significaría realmente para aquel joven lo de la vida eterna? ¿Qué podemos entender con una pregunta así en este mundo en que vivimos, que podrá entender la gente que nos rodea?

Realmente tendríamos que decir que esa es una prioridad muy importante en nosotros y en los que nos rodean; queremos ser felices y daríamos lo que fuera por ser felices. ¿En qué ponemos esa felicidad? Normalmente soñamos con tener, con tener de todo, sentirnos así fuertes y poderosos para hacer lo que nos apetezca, rodearnos de comodidades, sentirnos quizás por encima de los demás desde esa posición de poder que nos pueda dar la riqueza o el dinero; poder divertirme y que nada nuble esa diversión, aunque no siempre sea alegría en el fondo; porque todo parece que lo hacemos desde el exterior y la vanidad de lo que luce externamente pareciera que nos diera mucha satisfacciones.

¿Es esa nuestra manera de pensar? Cuidado que aunque digamos que no todo ni siempre lo ponemos en esas cosas, sin embargo nos sentimos tentados por esos sueños y ambiciones. Por eso nos cuesta entender el evangelio de Jesús. Reconozcámoslo. Hay cosas que a veces no entendemos, aunque no digamos nada; y todavía el mensaje de las bienaventuranzas no termina de calar en nosotros, en nuestra forma de entender la vida, en lo que hacemos o en lo que son nuestras prioridades.

Comentando este pasaje del evangelio que hoy se nos ofrece, con esa petición de aquel joven la respuesta y el diálogo con Jesús y lo que Jesús le propone con el abandono de quien primero había venido tan entusiasmado, lo que tendríamos que comenzar a hacer es escuchar aquella primera bienaventuranza del monte en la que Jesús dice que son dichosos los pobres y de ellos es el Reino de los cielos. Claro que siempre le damos muchas vueltas a esas palabras de Jesús para hacer nuestra interpretación y nuestras rebajas.

Aquel joven que se acercó a Jesús con tan buenos deseos y voluntad era una persona buena y cumplidora. Cuando Jesús le habla de cumplir los mandamientos, él responde que eso lo ha cumplido desde siempre. Pero Jesús propone algo más, algo que está en consonancia con aquella primera bienaventuranza. ‘Una cosa te falta, le dice Jesús: anda, vende lo que tienes, dáselo a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego ven y sígueme’.

Solo quien es capaz de desprenderse de todo podrá entender lo que es el Reino de Dios. Quien es pobre quitando todo apego de su vida podrá tener un corazón libre y liviano para emprender ese camino del Reino de Dios. Es tener abiertas las puertas a otras riquezas que sí van a dar plenitud a nuestra vida; es tener la libertad de emprender el camino de otros valores que van a llenar la vida de sentido; es arrancar esos velos que oscurecen los ojos del corazón para ver lo que verdaderamente es importante en nuestra vida; es saber distinguir lo que es caduco y efímero para centrarnos en lo que nos llene de plenitud y nos dé la verdadera felicidad; es no quedarnos en esas cosas que nos entretienen y nos divierten, pero que no nos están dando verdadera felicidad, porque como un fuego fatuo cuando se apagan se quedan en nada.

Aquel joven se marchó muy triste porque aun no había entendido verdaderamente lo que era la autentica felicidad, era muy rico y su corazón tenía muchos apegos en cosas que se gastan y se quedan en nada. Ya vemos las palabras que siguen de Jesús y la extrañeza de los discípulos cercanos a Jesús. ‘Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios’.

Podrá parecer imposible, como comentarán los discípulos, pero son cosas que no hemos de hacer a lo humano, solo con nuestros parámetros y medidas humanas, sino que tenemos que hacerlo desde Dios, desde el sentido de Dios. ‘Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo’. Con Dios todo es posible, por eso nuestra mirada tiene que ser distinta, lo que por ese camino buscamos nos llevará a la más plena felicidad.