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martes, 28 de abril de 2026

Podemos contar con el amor de Dios que El sí nos conoce y nos mantiene su amor y su confianza, lo que da alegría y seguridad a nuestro corazón

 


Podemos contar con el amor de Dios que El sí nos conoce y nos mantiene su amor y su confianza, lo que da alegría y seguridad a nuestro corazón

Hechos 11, 19-26; Salmo 86;  Juan 10, 22-30

Nos habrá sucedido en alguna ocasión que nos encontramos con alguien con quien incluso entablamos conversación, nos dice cosas que parece como si nos conocieran de tiempo, nos agrada quizás su conversación o las cosas que nos dice pero tenemos un interrogante por dentro porque nos parece que no sabemos bien a las claras con quien estamos hablando; y surge la cuestión o la pregunta para que nos diga claramente quien es, y cuando nos da algún detalle más quizás caemos en la cuenta o seguimos con nuestra incertidumbre dentro de nosotros.

He puesto esto a manera de ejemplo de lo que le estaba pasando a muchos judíos; sentían admiración por Jesús, estaban pendientes de sus signos y milagros y les gustaba escucharles, aunque hubiera otros quizás que vivían con un rechazo permanente de cuando dijera o hiciera Jesús haciéndose sus interpretaciones, pero entre las esperanzas que podían suscitarse en sus corazones seguían preguntándose sobre quien era realmente Jesús, si acaso era el Mesías que esperaban o simplemente un gran profeta como los profetas antiguos. Recordemos lo que respondieron los apóstoles a la pregunta de Jesús sobre lo que pensaba la gente del Hijo del hombre.

‘Los judíos, rodeándolo, nos dice el evangelista, le preguntaban: ¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente’. Pero Jesús parece que directamente no les va a dar la respuesta que ellos esperaban. Simplemente se remite a las obras que realiza, a esos signos y señales que se manifestaban en el hacer de Jesús y en sus milagros. Pero no todos son capaces de descifrar esos signos. ‘Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas’, les dice Jesús.

Pero en esa respuesta de Jesús tenemos que descubrir algo hermoso. Jesús sí nos conoce, Jesús sí quiere revelársenos, Jesús nos está mostrando todo su amor a pesar de que nosotros no siempre correspondamos. Es que el amor de Dios está primero, es Él quien toma la iniciativa y nos busca. A veces en nuestro orgullo y autosuficiencia pensamos que somos nosotros los que buscamos a Dios y los que por nosotros mismos lo encontramos. Pero la maravilla está en esa búsqueda de Dios, en ese amor que Dios nos tiene. ‘No es que nosotros hayamos amado a Dios, nos dirá san Juan en sus cartas, sino que Él nos amó primero’ y nos regaló su vida.

¿Quién nos conoce mejor de lo que nos conoce Dios? El ve los secretos de nuestro corazón, el amor que intentamos poner aunque muchas veces sea pobre, la respuesta que intentamos dar aunque muchas veces estemos llenos de dudas y de cobardías, las debilidades en que tropezamos tantas veces a pesar de nuestras porfías de amor; nos parecemos a Pedro que tanto porfiaba que estaba dispuesto a dar la vida por Jesús, pero que antes de que el gallo cantara ya le había negado tres veces.

Así es nuestra debilidad pero así se manifiesta también la grandeza del amor que Dios nos tiene, porque sigue confiando en nosotros, sigue haciéndose presente en nuestra vida, sigue regalándonos con su amor y por nosotros se hace vida y se hace alimento para que podamos sentir la fortaleza de su Espíritu. Creo que eso tiene que llenar de paz nuestro corazón cuando tantas veces nos vemos zarandeados en la vida, ya sea por nuestras propias debilidades, o ya sea por las incomprensiones que podamos sentir de los demás.

Aunque tengamos mil contratiempos y tropiezos, sabemos que podemos contar siente con la misericordia del Señor. Es el único que no  nos falla. Es la confianza con la que queremos seguir caminando e intentando avanzar en nuestro camino de superación porque nos sentimos en las manos de Dios, protegidos y amados. Nosotros podemos ser infieles pero El siempre es fiel porque, como  nos dice el apóstol, no puede negarse a sí mismo, porque Dios es amor y siempre lo será.


viernes, 6 de marzo de 2026

No temamos sentirnos interpelados por la Palabra de Dios, aunque de momento nos haga sufrir en nuestra realidad, en Jesús encontraremos siempre la verdadera sanación de nuestras vidas

 


No temamos sentirnos interpelados por la Palabra de Dios, aunque de momento nos haga sufrir en nuestra realidad, en Jesús encontraremos siempre la verdadera sanación de nuestras vidas

Génesis 37, 3-4. 12-13a. 17b-28; Salmo 104; Mateo 21, 33-43, 45-46

‘¿Eso lo están diciendo por mi? Es la pregunta o la reacción cuando nos vemos aludidos quizás por un comentario que hace alguien en un momento determinado, que escuchamos directamente o quizás nos ha llegado a través de las insinuaciones de otras personas, por las palabras de un maestro o profesor que en su enseñanza utilizará imágenes y comparaciones para transmitirnos su mensaje, por algo que se plantea quizás en una reunión para tratar de resolver algunos problemas y donde con claridad quizás haya que afrontar situaciones o maneras de actuar a las que hay que dar alguna solución. Nuestra reacción puede ser diversa, desde el hacernos los tontos como si aquello no fuera con nosotros, o los resabios que nos surgen interiormente porque nos parece que no somos bien tratados o tratan de hacernos quedar mal, el rechazo y quizás el maquinar cómo podremos  ir contra aquellas personas. ¿Reconocer lo que eso que dicen nos vemos reflejados? Sería una buena señal de madurez, pero que no siempre sabemos afrontar.

Hoy Jesús emplea una parábola para tratar de que los judíos y en especial sus dirigentes se vean reflejados y que sea como una llamada de atención, una llamada a la conversión y a cambiar sus actitudes.

El dueño de la viña que la prepara de la mejor manera posible, poniendo incluso aquellos posibles medios que van a necesitar para hacerla producir de la mejor manera, pero que la arrienda a unos labradores para que la trabajen, le saquen frutos de los que él también como dueño ha de verse beneficiado dado todo lo que ha aportado. Vemos el desarrollo de la parábola y cómo aquellos viñadores acabaran sus frutos y no quieren rendir cuentas a nadie, es más, responderán con violencia.

Ya nos dice el evangelista que los fariseos, los escribas y los maestros de la ley que escuchan a Jesús sienten que habla con ellos. Es un reflejo de lo que ha sido la historia de la salvación reflejada en lo que ha sido la historia de Israel a lo largo de los tiempos. Pero ya vemos también su reacción. Tratarán de quitar de en medio a Jesús.

Pero no nos quedamos en lo antiguo, porque esto es Palabra de Dios hoy para nosotros. ¿Seremos capaces de vernos ahí reflejados también? Es algo que siempre nos cuesta; cuántas veces cuando escuchamos la Palabra de Dios en nuestra celebración y la explicación que nuestros pastores nos ofrecen también tenemos reacciones negativas. Queremos escuchar palabras edulcoradas pero nos hacemos sordos a la crudeza que muchas veces tiene la Palabra de Dios para nuestras vidas. Queremos palabras que nos adormezcan, no queremos escuchar ese grito de la Palabra de Dios que despierta nuestros corazones. Vamos poniendo filtros en nuestros oídos para escuchar aquello que nos arrulla y adormece y lo otro, lo que podría inquietarnos o hacer que nos hagamos preguntas en nuestro interior siempre queremos aplicarlo a los demás.

Y la Palabra de Dios es espada de doble filo que penetra hondo en nuestros corazones. Nos podemos sentir dañados cuando estás tocando las cicatrices de nuestras viejas heridas que no hemos sabido curar bien. Sintamos que si en ese primer momento de escucha nos sentimos impactados y nos puede producir heridas en nosotros, es porque hay algo que está enfermo en nosotros y tenemos que curar.

Agradezcamos que la Palabra de Dios nos interpele porque es señal de que en verdad estamos buscando un auténtico seguimiento de Jesús. Pero Jesús no viene para hacernos sufrir sino para liberarnos de todo sufrimiento, El quiere sanar nuestros corazones, poner vida nueva en nosotros aunque nos cueste arrancarnos de las viejas raíces del pecado que aún se mantienen en nuestro corazón; pero con Jesús nos sentiremos liberados, sanados, llenos de vida; su palabra siempre será una palabra de amor que nos llama y nos invita a ir hasta Él a pesar de nuestros agobios o de nuestras esclavitudes, en su amor siempre encontraremos la verdadera liberación.


viernes, 2 de enero de 2026

¿En qué nos quedaremos en todo esto de la Navidad, solamente en un niño pobre nacido en Belén y recostado entre las pajas de un establo o hemos de dar una razón más?

 


¿En qué nos quedaremos en todo esto de la Navidad, solamente en un niño pobre nacido en Belén y recostado entre las pajas de un establo o hemos de dar una razón más?

1 Juan 2, 22-28; Salmo 97;  Juan 1, 19-28

Tú, ¿quién eres? Una pregunta que surge casi espontáneamente cuando nos encontramos a alguien a quien no conocemos, pero que por diversas circunstancias tenemos que entrar en relación con él; saber con quien estamos hablando, con quien tratamos, qué clase de relación podemos entablar con esa persona según sea su identidad. Pero la pregunta se puede volver más dura y más inquirente, cuando hay algo de lo que sospechamos, algo que quizás no termina de agradarnos, o por la forma cómo se presenta esa persona con lo que está haciendo. Tú, ¿quién te crees que eres?, como cuestionando su identidad o su autoridad para lo que está haciendo.

Con una pregunta parecida vinieron en embajada desde Jerusalén a Juan que estaba en el desierto en la orilla del Jordán para algo así como pedirle cuentas por lo que estaba haciendo.  ‘Tú, ¿Quién eres?, ¿un profeta?, ¿Elías?, ¿el Mesías? ¿Quién eres?, para que podamos responder a quienes nos han enviado’. La presencia de Juan en la orilla del Jordán había sembrado inquietudes e interrogantes en los de siempre, aunque no eran ellos los que venían a escucharle.

La gente sencilla venida de todos los rincones se arremolinaba en torno a Juan y compungidos por su predicación querían hacer penitencia, como Juan les invitaba. Se sumergían en el agua del Jordán como un signo de aquella penitencia y conversión que necesitaban. Pero se creaban desconfianzas en los que estaban acostumbrados a lo de siempre y donde ellos tenían especial parte.

Ya escuchamos la humildad de Juan que no se considera profeta, que no quiere compararse al profeta Elías, aunque más tarde Jesús diría de él que era más que profeta y que Elías ya había venido aunque no habían querido reconocerlo, y por supuesto no era el Mesías sino la voz que gritaba en el desierto para preparar los caminos del Señor. Sin embargo había algo que sí señalaba claramente el Bautista. En medio de ellos estaba y lo conocían; en medio de ellos estaba Aquel a quien no se consideraba digno de desatarle la correa de sus sandalias; más tarde lo señalará como el que viene a bautizar no con agua sino con Espíritu Santo y fuego.

Este evangelio que a primera vista nos podría parecer fuera de lugar, porque más bien lo veríamos como más propio del tiempo del Adviento, nos viene bien escucharlo en este tiempo de Navidad. En medio de nosotros está, pero ¿lo conoceremos? Y no nos vale hacer ahora afirmaciones teóricas porque nos sabemos el credo de memoria.

Tenemos que preguntarnos si en verdad lo conocemos, si de la manera que hemos venido celebrando la Navidad estamos dando señales que en verdad lo conocemos. ¿En qué nos quedaremos en todo esto de la Navidad? ¿Solamente en un niño que vemos nacer pobre en Belén y recostado entre las pajas de un establo? ¿No adornaremos demasiado ese establo para a pesar de lo que es hacerlo muy confortable? O también tendríamos que preguntarnos qué tal es esa cuna que hayamos preparado en nuestro corazón y en nuestra vida para recibir a Jesús.

¿Quién eres tú?, es la pregunta que nos ha servido de base para comenzar nuestra reflexión, pero ¿habrá alguien que nos la  haga a nosotros desde lo que nosotros estamos haciendo para celebrar auténticamente la navidad o para manifestar la autenticidad y sinceridad de nuestra fe y nuestro compromiso cristiano? No le tengamos miedo a la pregunta, sino dejémonos interpelar por ella porque somos nosotros mismos los que tenemos que preguntarnos si estamos dando razón autentica de nuestra fe y de nuestra condición de cristianos con lo que hacemos o con nuestra manera de vivir.

No tenemos que preocuparnos en responder con palabras sino presentar las obras de nuestro amor, nuestro autentico compromiso de nuestro ser cristiano, aunque no tenemos que avergonzarnos de confesar nuestra fe en Jesús ante quien nos lo requiera.

jueves, 9 de octubre de 2025

Abramos puertas y ventanas para llamar y poder salir a buscar, pero también para escuchar a quienes nos llaman y buscan algo en nosotros

 


Abramos puertas y ventanas para llamar y poder salir a buscar, pero también para escuchar a quienes nos llaman y buscan algo en nosotros

Malaquías 3, 13 – 4,2ª; Salmo 1; Lucas 11,5-13

¿A dónde voy a llamar si parece que nadie me va a responder? Quizás en alguna ocasión habrá tenido la experiencia de llamar y al final desistir porque nadie le respondía tan pronto como hacía su llamada. ¿Le faltaría insistencia, quizás?

Alguna vez nos habremos encontrado a alguien que venía buscando una determinada persona, le habían dicho que por aquel lugar vivía, pero ahora no sabía donde ir a llamar porque todas las puertas estaban cerradas y podría parecer que allí no había nadie. Demasiadas puertas y ventanas cerradas nos vamos encontrando hoy a nuestro paso por calles y caminos; quizás los mayores añoramos aquellos tiempos en que las cancelas y las puertas siempre estaban abiertas o podíamos abrirlas sin necesidad de llamar mucho. ¿Nos habrán invadido los miedos y las desconfianzas? Pero quizá aquella persona que buscaba se encontró con alguien que la animó a llamar sin miedo e insistir en la llamada, asegurándole que alguien le iba a responder.

La invitación hoy del evangelio es a que perseveremos en nuestras búsquedas y llamadas, que no temamos pedir aquello que necesitamos porque vamos a tener respuesta, vamos a encontrar lo que buscamos, van a responder a nuestra llamada. Aunque este pasaje del evangelio muchas en nuestros comentarios hagamos alusión a la oración, a nuestra relación con Dios, creo que está queriéndonos decir mucho de esas búsquedas profundas que tenemos que hacernos en la vida, de ese deseos de conocer y de saber, de ese deseo de crecer, de ese deseo de buscar hondamente sentido a la vida o de búsqueda de respuestas a muchos interrogantes que tenemos en nuestro interior.

El que quiere crecer tiene que buscar, tiene que llamar. Muchas veces somos nosotros mismos los que nos estamos cerrando puertas en nuestro conformismo o con nuestros miedos; nos contentamos con lo que somos o con el estado en que estamos y no buscamos algo nuevo, algo mejor, algo que de verdad nos haga crecer. Esas búsquedas muchas veces son costosas y son arriesgadas; si las vamos haciendo con sinceridad abiertos a lo que nos vamos a encontrar, podría ser que se volvieran exigentes con nosotros mismos porque nos obligan a salir de nuestras rutinas, o arrancar las hierbas que nos parezcan externamente bonitas de nuestras malas costumbres que nos encierran en nosotros mismos.

Hay que ser valiente para ponerse en camino de búsqueda, porque el que se pone en camino no se refugia en lo que ya tiene ni se contenta con ello, y para poder ponerse en camino a buscar seguramente tendrá que desprenderse de muchas cosas que podrían ralentizar su avance por el camino nuevo. Se volverá una exigencia para nosotros. Necesitaremos abrir puertas en nosotros mismos.

Apertura de puertas para salir nosotros, pero también para dejar entrar. Alguien a nuestro lado podría estar queriendo llamar, pero, como decíamos antes, le parece que porque las puertas y ventanas están cerradas no hay nadie que les pueda responder. Nos toca, pues, a nosotros abrir puertas para que sepan que pueden contar con nosotros porque estamos dispuestos a responder.

Nos toca quitar miedos y desconfianzas, porque seguimos con muchos miedos y desconfianzas ante quienes nos parecen desconocidos, nos parecen extraños porque no son los que hemos visto siempre, porque somos muy prontos a poner etiquetas y hacer discriminaciones solo dejándonos llevar por apariencias que puedan ser distintas. Pensemos cuál es la acogida que hacemos a quienes emigrantes llegan a nuestras costas o a nuestras tierras. Creo que hay que pensar y decir en este sentido.

Estamos aplicando estas palabras de Jesús a este lado humano de la vida para el cual son también buena noticia de salvación, porque es un invitación a unas actitudes nuevas y a unos valores nuevos en los que tenemos que profundizar, pero no olvidemos cuanto nos quiere decir en lo que es nuestra relación con Dios, esa oración en la que necesitamos ser tan perseverantes, porque aquí no puede haber desconfianzas porque sabemos que estamos queriendo relacionarnos con un Dios que es nuestro padre y nos ama. No olvidemos sin embargo que Jesús nos habla de esa acogida de Dios, en la medida en que nosotros sepamos ser acogedores con nuestros hermanos, sean quienes sean.

sábado, 27 de septiembre de 2025

Escuchemos sin temor ni complejos las palabras de Jesús y asumamos cómo tenemos que vivir la Pascua y proclamar los valores del evangelio hoy en nuestro mundo

 


Escuchemos sin temor ni complejos las palabras de Jesús y asumamos cómo tenemos que vivir la Pascua y proclamar los valores del evangelio hoy en nuestro mundo

Zacarías 2, 5-9. 14-15c; Jr. 31,10.11-12ab.13; Lucas 9,43b-45

Cuántas veces nos sucede que presentimos que algo nos va a suceder y que quizás no sea agradable, pero no queremos pensar en ello; es como cuando una grave enfermedad nos afecta o afecta a alguien de nuestra familia y que quizás pueda ser presagio de una muerte que se acerca, o tenemos un familiar enfermo muy grave donde parece que se ha perdido toda esperanza, pero ni queremos pensar, ni queremos reconocer, ni queremos hablar de ello, nos lo queremos ocultar a nosotros mismos, pero también queremos como ocultarlo a los familiares que nos rodean sobre todo a los que nos parecen más sensibles, como lo ocultamos de todas formas a quien precisamente esta sufriendo o pasando por ese proceso; no queremos hablar, no queremos pensar, no queremos preguntar, queremos poner como un tupido velo, no queremos aceptar la realidad.

¿Es parte de nuestra debilidad humana? ¿Nos faltará la entereza necesaria para afrontar esos momentos? ¿Serán miedos que persisten en nuestra vida? Ahí queda ese pensamiento con esos interrogantes, que quizás algunas veces no nos queremos plantear. Daría mucho que pensar y reflexionar. ¿Qué tendríamos que hacer?

Nos vale esta experiencia bien frecuente en nuestra vida para entender lo que hoy nos dice el evangelio. Este episodio es como continuación de lo que ayer escuchábamos con la confesión de fe de Pedro ante las preguntas de Jesús. Pero no quiere Jesús que, de alguna manera, se les caliente la cabeza y se sientan inclinados a los triunfalismos. La respuesta de Pedro diciendo que Jesús era el Mesías entraba dentro de las esperanzas del pueblo de la pronta venida del Mesías prometido. Cercanas estaban los anuncios del Bautista en el Jordán diciéndonos lo cerca que estaba, pues en medio de ellos estaba y no lo habían sabido reconocer. Ya sabemos el sentido que le daban al Mesianismo en aquellos tiempos y hablar del Mesías les hacía pensar en cercanos triunfos y entrar en esa órbita de triunfalismo.

Ese no era el verdadero sentido del Mesías y Jesús quería dejarlo bien claro a sus discípulos. Por eso les habla de entrega y de muerte, porque esa además la realidad que tenían que afrontar y para lo cual Jesús quería prepararles. Ya escuchamos en el evangelio esos diversos momentos en que Jesús va haciendo ese anuncio. Pero siempre sucede lo mismo, los discípulos no entienden, y no se atreven a preguntar como sucede ahora también. ¿No es lo que nos pasa a nosotros en muchas situaciones duras de la vida?

Hoy mismo nosotros querríamos mejor una vivencia de cristiandad abocada también a muchos triunfalismos, que todo nos marchara bien, que nuestras Iglesias se llenen de nuevo de mucha gente, que podamos tener celebraciones esplendorosas, que podamos sacar de nuevo nuestras galas a la hora de hacer nuestras manifestaciones religiosas.

Pero ¿cuál es la verdadera realidad que estamos viviendo? No quiero andar con pesimismos porque mi fe me induce a ser positivo en la vida y a no perder nunca la esperanza, pero constatamos que en mucho a nuestro alrededor ya los valores cristianos no cuentan, aunque incluso tengamos magníficas y esplendorosas procesiones o la gente siga acudiendo a muchos santuarios religiosos. Pero hemos ido perdiendo ese sentido cristiano de la vida que ya no termina de impregnar la vida de nuestra sociedad, hay como un nuevo ateísmo a nuestro alrededor, mucha indiferencia y poco entusiasmo por nuestra fe.

Pero algunas veces cerramos los ojos y no queremos reconocerlo, y no somos capaces de volver a sacar toda esa energía interior para seguir proclamando el evangelio entre quienes nos rodean; nos falta compromiso, nos falta valentía, nos dejamos engullir por el materialismo y el sensualismo reinante en nuestra sociedad y no terminamos de hacer aflorar nuestros valores cristianos. Seguimos demasiado pasivos y sin esa valentía que nos tiene que dar nuestra fe para anunciarla con energía a nuestro mundo.

Pero lo malo es que no nos gusta ni pensar en ello, seguimos con nuestros miedos y nuestros complejos, no damos el paso adelante que tendríamos que dar, aunque tengamos que nadar a contracorriente en el mundo en que nos ha tocado vivir.

Escuchemos sin temor las palabras de Jesús y planteémonos seriamente como tenemos que asumirlas y hacerlas realidad en nuestra vida.


jueves, 25 de septiembre de 2025

No nos basta decir que sabemos muchas cosas del evangelio e intentamos hacer lo que podemos; hace falta algo más que ‘buena voluntad’ para tener un encuentro vivo con Jesús

 


No nos basta decir que sabemos muchas cosas del evangelio e intentamos hacer lo que podemos; hace falta algo más que ‘buena voluntad’ para tener un encuentro vivo con Jesús

Ageo 1, 1-8; Salmo 149; Lucas 9, 7-9

A todos nos ha pasado de una forma o de otra; cosas que nos han pasado, palabras que hemos escuchado, accidentes que contemplamos en la vida, sueños perturbadores que en algún momento hemos tenido, personas con las que nos hemos encontrado o de las que hemos escuchado cosas que nos llaman la atención, se ha sembrado una inquietud en nuestro interior, nos hacemos preguntas a las que se nos hace difícil responder, la conciencia quizás comienza a ronronear en nuestro interior quizás por culpabilidades de cosas pasadas… pero ¿a final que ha significado eso en nuestra vida?

Podemos darle muchas respuestas, o acallarlo y dejarlo en lo más olvidado de nuestra conciencia para no tenerlo en cuenta, puede suceder que durante un tiempo no estemos tranquilos porque son cosas que no podemos quitar de nuestra cabeza, nos damos explicaciones que ni a nosotros nos convencen pero con las que queremos acallar esos gritos de nuestro interior, podemos echarlo todo al olvido y con el paso del tiempo aquello ha quedado como enterrado, pero quizás no hemos sabido dar un paso adelante para el que necesitábamos una valentía de la que nos parecía carecer, nos contentamos con ver las cosas de lejos pero no nos enfrentamos a ellas y la vida sigue rodando y rodando y seguimos igual, cuando quizás esas preguntas podían haber hecho si nos atrevíamos a dar respuesta a hacer algo que mejorara en lo más hondo de nosotros mismos.

Algo así se nos está planteando en el evangelio y quizás tendríamos que plantearnos cual es de verdad la actitud que tenemos ante el mismo evangelio, ante Jesús, y en el fondo todo lo que significaría nuestra religiosidad, nuestra relación con Dios, y en consecuencia nuestra vida que queremos llamarla vida cristiana. ¿Cuáles serían nuestras respuestas o las actitudes mantenemos sobre todo ello?

Partimos de las preguntas que se hacía Herodes ante lo que oía de Jesús. Eran cosas que le inquietaban. Se interrogaba y no sabía tampoco que respuesta dar. Le hablaban de Jesús, de su manera de actuar y de lo que enseñaba a la gente, de la respuesta que el pueblo estaba dando a aquella predicación de Jesús y los milagros que realizaba. En su mente se confundían muchas cosas. Un día había querido también escuchar a Juan a quien se decía que respetaba, pero influenciado por muchas cosas había terminado por degollarle. ¿Veía en peligro su poder? ¿Era incompatible lo que Juan enseñaba con la forma de vida de Herodes? La austeridad de Juan en el desierto hacía que estuviera muy distante con aquella vida de superficialidad, de lujos y de fiestas, de desenfreno e inmoralidades que se vivían en su palacio. Había también en su entorno quien quería quitarlo de en medio porque le molestaba lo que Juan denunciaba y enseñaba. Al final había pasado lo que tenía que pasar.

Ahora oye hablar de Jesús, de quien dicen que es un profeta, como los grandes profetas que ha habido en la historia de Israel; a él en su conciencia que le remuerde por lo que ha dicho le parece que Jesús es Juan que ha vuelto a la vida. Pero se seguían interponiendo los mismos obstáculos y aunque decía que tenía ganas de conocer a Jesús, nunca llegaría a un encuentro con El como para reconocerle como el Mesías y el Hijo de Dios.

Pero no nos quedamos en la consideración de lo sucedido con Herodes y sus inquietudes y sus relaciones frustradas tanto con el Bautista como con Jesús. Es que todo eso tenemos que verlo en nosotros mismos. Ante esos hechos que nos suceden en la vida y nos llenan de inquietud, ante esas palabras que escuchamos que tocan lo más hondo de nuestra conciencia, ante lo que vemos o escuchamos de la Iglesia, del evangelio que predica o del testimonio de tantos, ¿cuales son nuestras actitudes, nuestros deseos de búsqueda, las respuestas que vamos dando en la vida?

Porque muchas veces nos podemos poner a la distancia, para ver las cosas de lejos para no implicarnos, muchas veces nos hacemos oídos sordos o damos nuestras explicaciones que no son sino excusas, muchas queremos hacer nuestros arreglitos y como se suele decir ponemos una vela a Dios y otra al diablo, porque seguimos con nuestras rutinas o nuestras malas costumbres, seguimos dejándonos arrastrar ya sea por las pasiones o lo que salga en cada momento, pero no terminamos de dar el paso, no terminamos de abrir de verdad nuestros oídos para escuchar el evangelio, no terminamos de tener ese encuentro vivo con Jesús desde lo más hondo de nuestra vida.

Busquemos respuestas pero seamos valientes; dejémonos encontrar por la gracia, dejémonos encontrar por Jesús, dejemos que el Evangelio haga mella en nosotros, dejémonos iluminar por la luz.

No nos basta decir que sabemos muchas cosas de Jesús o del evangelio, que conocemos bien la Iglesia y que intentamos hacer lo que podemos; hace falta más que eso que llamamos ‘buena voluntad’, hacen falta decisiones firmes y valientes, hace falta abrir el corazón.

lunes, 18 de agosto de 2025

Jesús nos mira a los ojos, a lo más profundo de nosotros mismos y nos invita a que demos el paso que nos llena por dentro, que nos lleva a la plenitud de la vida

 


Jesús nos mira a los ojos, a lo más profundo de nosotros mismos y nos invita a que demos el paso que nos llena por dentro, que nos lleva a la plenitud de la vida

Jueces 2,11-19; Salmo 105; Mateo 19,16-22

Andamos por la vida en una carrera loca queriendo ser más, queriendo tener unos medios en nuestras manos que nos ayuden a vivir bien, en nuestra locura nos afanamos por tener más y ansiamos tener los medios que sean para vivir mejor, tener de todo, lo que llamamos disfrutar de la vida, buscamos mejores puestos, que nos consideren alguien importante en la vida, buscar las mejores satisfacciones, pero quizás en un momento nos detenemos, paramos esa carrera, porque aunque tengamos de todo, poder e influencia incluso, sin embargo quizás nos sentimos insatisfechos, como si estuviéramos vacíos y nos preguntamos quizás qué más podemos hacer, que tendríamos que hacer para sentirnos llenos de verdad.

¿Nos habrá pasado a nosotros? ¿Alguna vez habremos sentido un revulsivo por dentro que nos hacía hacernos preguntas sobre nuestra vida, lo que hacemos y lo que somos, o las metas que tendríamos que tener? ¿Vivimos quizá en la inconsciencia de solamente dejarnos arrastrar por la vida, lo que palpamos en nuestro ambiente, lo que son las aspiraciones de la mayoría? ¿Nos habremos encontrado en alguna ocasión con personas que se hacen esos planteamientos porque se sienten vacías? Alguna confidencia de un amigo o de alguien que encontró confianza en nosotros hayamos podido quizás encontrar. ¿Habremos sabido darle respuesta? No es fácil.

En el evangelio hoy nos encontramos con un caso así. Un joven que se acerca a Jesús para hacerle una pregunta que para él considera importante y no sabe cómo darle respuesta. Ya nos dirá luego el evangelista al continuar el relato que era rico. Habrá escuchado en alguna ocasión hablar a Jesús o visto su forma de actuar que le hizo sentir interrogantes en su corazón. No se siente satisfecho con su vida a pesar que tiene de todo e incluso por lo que luego vamos viendo también una buena educación. Pero sabe que le falta algo. ¿Qué tiene que hacer? ¿Será algo que de alguna manera pueda comprar con los medios y riquezas que posee?

También nosotros muchas veces pretendemos solucionarlo todo comprando cosas que hacer. Algunos regalos que hacemos ¿en cierto modo no tienen en el fondo esa finalidad? Pasa en nuestras mutuas relaciones, pero pasa en algo más hondo en nuestra relación con la Iglesia y con las cosas de Dios; con dinero parece que lo solucionamos todo, hasta la vida eterna de nuestros difuntos, cuántas más misas paguemos parece que nuestros dineros sirven de llave para que se abran las puertas del cielo.

Pero las medidas de Jesús son otras. Hay cosas que no se pueden comprar con dinero. Lo que viene planteando este joven rico tiene otros caminos de solución. Es una vida que hay que vivir, por eso le dice Jesús que cumpla los mandamientos. Los mandamientos no son simplemente unas reglas o unos protocolos que hay que seguir, los mandamientos nos dan un sentido de la vida que va a ser la base de ese crecimiento como personas y de ese crecimiento humano y espiritual. No son cosas para rellenar una casilla.

Claro que este joven era bueno, en eso había sido educado y como dice él los ha cumplido desde su niñez. Entonces Jesús mirándole a los ojos con cariño le dice que ha de dar un paso más en su vida, ha de saber despojarse de las cosas para llenar su vida de lo que verdad vale. Por eso le pide que se desprenda de lo que tiene, que comparta todo con los que nada tienen, aunque él se quede desnudo externamente de esas riquezas y de esas vanidades externas que parece que eran lo que le hacía poderoso, se verá en verdad lleno por dentro, como le dice Jesús, tendrá un tesoro en el cielo.

Podía parecerle fácil la solución que él pedía, que era algo así como comprar la vida eterna haciendo algunas cosas, pero Jesús le está diciendo que encontrar el camino de la vida eterna es vivir ahora en ese sentido de vida. No podrá dar ese paso, porque aun su corazón no está preparado para desprenderse de todo y se marchó triste.

¿Hasta dónde seremos capaces de llegar nosotros? Son preguntas que tenemos que hacernos, son procesos de nuestra vida  para encontrar lo que de verdad nos llene, lo que dé sentido de plenitud a nuestra vida. El evangelio nos va señalando los pasos que cada día hemos de ir dando. Jesús nos está mirando a los ojos y esperando nuestra respuesta.


martes, 25 de febrero de 2025

¿Llegaremos a entender lo que Jesús quiere trasmitirnos o también nos da miedo preguntarle porque eso nos puede comprometer más?

 


¿Llegaremos a entender lo que Jesús quiere trasmitirnos o también nos da miedo preguntarle porque eso nos puede comprometer más?

Eclesiástico 2, 1-11; Salmo 36; Marcos 9, 30-37

‘No seas pájaro de mal agüero’, le decimos al amigo que un día se nos pone muy serio y trascendente y comienza a hablarnos de cosas que nos pueden pasar, de que es necesario quizás cambiar algunas posturas y actitudes porque el camino que llevamos no está bien y nosotros queremos quitárnoslo de encima; no nos gusta que nos hable así, que quizás nos haga pensar, pero no queremos quizás mirarnos por dentro con sinceridad y preferimos pensar en otras cosas; si podemos sacamos lo que sea con tal de cambiar de conversación, son otros nuestros intereses o nuestras preocupaciones o ya tenemos bastante con lo de cada día para ponernos a pensar con nubarrones negros sobre el fututo.

Nos dice el evangelio hoy que mientras iban de camino Jesús quiso ponerse a hablar con sosiego con sus discípulos más cercanos, aquellos que un día había elegido como sus acompañantes, sus apóstoles, porque sería a los que confiaría la misión de seguir anunciando el Reino de Dios; trataba de no encontrarse con la gente, porque quería hablar con ellos a solas, querías instruirlos, prepararlos para los acontecimientos que un día habían de desarrollarse; pero los discípulos no estaban por la labor, no querían entender de lo que Jesús les hablaba pero además les daba miedo preguntarle, y se pusieron a hablar de otras cosas por el camino.

Jesús les había estado anunciando lo que había de suceder en Jerusalén donde el Hijo del hombre iba a ser entregado en manos de los gentiles e incluso le darían muerte, pero les anunciaba la resurrección. Pero ellos no entendían; si Jesús era en verdad el Mesías no podía sucederle nada de lo que les estaba ahora diciendo; si Jesús era el Mesías había que pensar en qué lugar quedaban ellos, qué lugar ocuparían en ese Reino nuevo que Jesús tanto anunciaba.

Jesús los dejó mientras los observaba; ya habría ocasión, y el momento llego cuando llegaron a casa. No podía dejar la cosa así, porque no terminaban de entender. Pero lo que hace Jesús es preguntarles de que era la conversación que se traían mientras venían de camino que se les veía muy animados; se sintieron cogidos, nadie quería responder porque habían estado discutiendo por los primeros puestos; y Jesús lo sabía. Jesús sí que tiene interés por lo que son las preocupaciones y los sueños que puedan tener los discípulos, pero quiere ayudarles a encontrar lo mejor.

Es el momento de que tengan claras las cosas de las que tantas veces les ha hablado. Cómo nos cuesta a nosotros también entender cuando tantas cosas se nos dicen y se nos repiten; cuántas veces hemos escuchado el evangelio, la buena noticia que Jesús quiere transmitirnos, pero seguimos con nuestros apegos, seguimos con nuestras interpretaciones, seguimos con nuestros tropiezos una y otra vez en lo mismo, seguimos sin dar el paso de búsqueda sincera, de compromiso serio, de ponernos a participar de verdad en lo que tiene que ser la vida de la Iglesia, seguimos con nuestros juicios y condenas, seguimos con nuestras apetencias y lo que le pedimos a Dios es que nos dé suerte en la vida, pero ponernos nosotros con la mano en el arado, lo dejamos para otro. Ahora mismo estamos juzgando a los apóstoles porque no entendían lo que Jesús les quería decir de su pasión y su muerte, pero no nos miramos a nosotros mismos que no queremos entender lo que tiene que ser la pascua para nosotros.

Y Jesús les habla de cómo en verdad han de ser importantes, cual es la actitud que hemos de tener, cuales son las posturas que tenemos que tomar; y les pone en medio un niño, signo del desinterés y quien no tiene malicia, la actitud del niño siempre acogedora que reparte cariño y que se deja querer, que está dispuesto a hacer lo que le pidamos y corre con alegría a nuestro lado porque se siente lleno de gozo cuando puede hacer algún servicio y se siente útil para los demás. Pero nos habla Jesús de cómo nosotros hemos de saber acoger a un niño, al que consideran pequeño y sin valor, a aquel que nos pueda parecer revulsivo por su presencia, por su origen, por las cosas que nosotros imaginamos que pudiera hacer; nuestra vida tiene que estar envuelta por el amor y eso nos lleva al servicio y nos lleva a la acogida, nos lleva a buscar lo bueno y a ponernos en servicio de quien lo pudiera menester.

¿Llegaremos a entender lo que Jesús quiere trasmitirnos o también nos da miedo preguntarle porque eso nos puede comprometer más? 

viernes, 6 de diciembre de 2024

¿Dónde está nuestra esperanza de que en verdad podemos hacer algo nuevo para nuestra vida, para nuestro mundo, para nuestra sociedad?

 


¿Dónde está nuestra esperanza de que en verdad podemos hacer algo nuevo para nuestra vida, para nuestro mundo, para nuestra sociedad?

Isaías 29, 17-24; Salmo 26; Mateo 9, 27-31

¿Será posible? Una pregunta que nos hacemos, muchas veces echando una mirada atrás, o viendo la realidad que vivimos, o una pregunta que podríamos llamar de futuro, una pregunta que encierra de alguna manera una esperanza de que sea posible algo mejor.

¿Por qué me suceden a mí estas cosas? ¿Qué he hecho? ¿Será posible que yo sea el único castigado? Preguntas así que nos hacemos cuando nos vemos envueltos en problemas, cuando las cosas no obtienen el resultado que esperábamos, cuando nos llega la enfermedad, un accidente, alguna cosa desagradable en la vida que de alguna manera nos desestabiliza. ¿Nos hundimos a veces parece que estamos en el borde y no sabemos qué hacer o a quien acudir? Unas preguntas del pasado y del presente, que podríamos llamar.

Pero también nos preguntamos sobre la posibilidad de algo mejor, de un futuro mejor. ¿Será posible que un día salgamos de esta situación? ¿Podremos encontrar un día una vida mejor? Y pensamos en nuestra vida personal con nuestros sueños, con nuestros deseos, con nuestros planes y proyectos, como al mismo tiempo miramos en derredor nuestro, nuestro mundo y nuestra sociedad con sus problemas, ¿será posible que un día podamos tener, podamos hacer un mundo mejor? Son las esperanzas que nunca nos deberían faltar y que nos dar fuerza, que nos hacen caminar con empuje y buen ánimo.

En este camino de adviento que estamos haciendo que tiene que ser siempre un camino de esperanza hoy se nos ofrece un texto del evangelio con mucho significado. Nos habla de un signo realizado por Jesús. ‘Dos ciegos seguían a Jesús gritando: ‘Ten compasión de nosotros, hijo de David’.

Muchas preguntas también se habrían hecho muchas veces dada su situación y el sentido que para ellos tenía el sufrimiento, el dolor, en este caso la ceguera, como un castigo, como una consecuencia de un pecado. Lo vemos reflejado muchas veces en los relatos del evangelio. ¿Qué hacer? ¿Resignación? ¿Vivir su pobreza y todas sus carencias dependiendo de las limosnas que en el camino pudieran ofrecerles? Una vida muchas veces de mucha pasividad y dependencia, porque su ceguera les impedía hacer una vida normal. ¿No entraremos nosotros en esa área de conformismo y pasividad cuando no vemos soluciones, nos cegamos con los mismos problemas?

Aquellos hombres vieron una tabla de salvación con el paso de Jesús. Tendrían ya conocimiento de los signos que Jesús realizaba. Podían recordar lo anunciado por los profetas, como es el texto que hoy también se nos propone, y como decían que si aquel profeta de Galilea podía ser el Mesías, ¿por qué no acudir a El pidiendo su compasión? Creían en verdad que era posible algo nuevo y distinto, que podrían recobrar la vista; por eso acuden a Jesús.

‘¿Creéis que puedo hacerlo?’ les pregunta Jesús cuando finalmente al llegar a casa pueden acercarse a El. Están convencidos que sí. ‘Y entonces Jesús les tocó los ojos, diciendo: Que os suceda conforme a vuestra fe. Y se les abrieron los ojos’.

¿Estaremos convencidos también nosotros que sí? Nos lo preguntamos ante esta navidad que se acerca, nos lo preguntamos desde esa situación personal que cada uno vivimos con nuestras historias y con nuestros problemas, con las rémoras que aun llevamos en el camino pasado de la vida y con nuestros sueños y expectativas; nos lo preguntamos desde esa situación que vive nuestro mundo, con todo lo que está sucediendo en nuestro mundo; nos lo preguntamos desde la situación concreta de esa sociedad en la que vivimos donde seguimos contemplando tantas cosas que no entendemos, donde contemplamos tantas rupturas en la propia sociedad, donde contemplamos la acritud con que vivimos la vida social y política… son tantas cosas.

¿Dónde está nuestra esperanza de que en verdad podemos hacer algo nuevo para nuestra vida, para nuestro mundo, para nuestra sociedad? Lo que vamos a vivir en la navidad, ¿cómo nos va a afectar personalmente en nuestro mundo interior? ¿Afrontaremos de una manera nueva toda esa problemática que vivimos personalmente o que vivimos en nuestra familia? ¿Cómo va a ser una nueva luz para nuestra Iglesia? ¿Cómo nos sentiremos impulsados a hacer algo por mejorar nuestra sociedad?

¿Nos quedaremos conformistas y pasivos porque pensamos que nada podemos hacer, nada podemos cambiar? ¿Dónde está nuestra esperanza, una esperanza comprometida?

sábado, 28 de septiembre de 2024

En los momentos oscuros, siempre nos aparecen crisis, tenemos que aprender a no desinflarnos sino sacar toda nuestra fortaleza interior, Dios siempre va con nosotros

 


En los momentos oscuros, siempre nos aparecen crisis, tenemos que aprender a no desinflarnos sino sacar toda nuestra fortaleza interior, Dios siempre va con nosotros

Eclesiastés 11, 9 – 12, 8; Salmo 89; Lucas 9, 43b-45

Pájaro de mal agüero, dicen algunos; otros dicen, hay que ser realistas. Pero parece que se nos atraviesa una nube cuando estando en buenos momentos que parece que todo marcha bien, que las cosas van saliendo adelante, que nos encontramos muy felices con lo que hacemos o con la aceptación que los otros tengan de nosotros, si viene alguien y nos dice que esto no va a ser siempre así, que pueden venir malos momentos, que lo que parece que tenemos a favor un día se nos puede volver en contra, nos sentimos mal, no lo queremos aceptar, nos duele que pueda parecer que fracasamos en lo que hacemos. Y algunos nos dicen es la vida. Pero en el fondo no sabemos como reaccionar.

Y muchas veces nos suceden cosas así. No todo es un camino de rosas, como se suele decir, pero también se nos recuerda que en ese camino de rosas hay espinas y algo nos puede doler. Problemas en nuestros trabajos, cosas que se nos vienen abajo en nuestros proyectos, temblores (y vamos a decirlo así más suavemente) en nuestras relaciones familiares o en el trato con los amigos. En la vida nos van apareciendo sombras y hemos de estar preparados, fortalecidos interiormente para afrontarlas sabiendo que no nos va a faltar siempre una luz en ese camino. Tendremos que saber a quien acudimos, quien nos acompaña en ese camino, y que la presencia del Señor, aunque a veces nos parezca turbia, no nos faltará.

Para los discípulos las palabras de Jesús eran como un jarro de agua fría. Ya nos dice el propio evangelista que en medio de la admiración general por lo que hacía Jesús que iba caminando con los discípulos en lugares un tanto apartados para poder tener con ellos algo más de intimidad les va anunciando lo que va a suceder en Jerusalén. Habían tenido un buen momento cuando Jesús les había preguntado que significaba El en sus vidas y allí se habían manifestado libremente, desahogando su corazón y con aquella tan hermosa confesión de Pedro. Pero ahora Jesús les dice que vendrán sombras, pero que serán anticipo del encuentro con la luz verdadera. Sería su Pascua, donde en verdad iban a ver todo el sentido de su vida.

Pero aquello no lo entienden. Si toda la gente le aclama, sienten admiración por El, cómo es que van a suceder esas cosas que Jesús está anunciando. Pero el choque que ha supuesto en sus vidas aquellas palabras de Jesús les hace que ellos se queden sin palabras, no pueden entender. Era para ellos un lenguaje oscuro y difícil de entender. Provocará incluso que ellos se encierren en sí mismos. Les daba miedo preguntar.

Son también las crisis que se provocan tantas veces en nuestra vida cuando de repente todo comienza a irnos mal. Nos desinflamos, también nos encerramos en nosotros mismos, tenemos la tentación de abandonar, también nos hacemos muchas preguntas y dirigimos nuestra mirada a lo alto no siempre con confianza y muchas veces con resquemor. Nosotros no merecíamos esto, pensamos, como si todo estuviera girando en torno a merecimientos.

Como decimos tantas veces tenemos que aprender a sacar nuestra fortaleza interior. Y la vida nos va enseñando, y de esos momentos tenemos que sacar nuestras lecciones para cuando nos pueda volver a suceder otra vez lo mismo. Nos cuesta aprender la lección. Pero no podemos perder la paz en nuestro interior, tenemos que aprender a actuar con serenidad, las huidas no son buen camino, no podemos convertir esos momentos en una derrota.

jueves, 26 de septiembre de 2024

Definirnos por Jesús no es repetir un catecismo aprendido de memoria sino manifestar con lo que hacemos y vivimos todo lo que significa Jesús para nosotros

 


Definirnos por Jesús no es repetir un catecismo aprendido de memoria sino manifestar con lo que hacemos y vivimos todo lo que significa Jesús para nosotros

Eclesiastés 3, 1-11; Salmo 143; Lucas 9, 18-22

Hay preguntas que son difíciles de responder. Nos pueden preguntar una dirección y si sabemos responderemos dando los detalles por dónde podemos ir y cómo encontrar lo que buscamos; nos preguntan por algo que ha sucedido, y contaremos con pelos y señales el acontecimiento; nos preguntan por algo que hayamos estudiado y conocemos muy bien y seremos capaces dar la respuesta acertada; y así muchas cosas en la vida pero decíamos sin embargo que hay preguntas que son difíciles de responder.

Nos preguntan que nos definamos, que digamos quienes somos, y seguramente comenzaremos dando nuestro nombre, de donde somos o de donde venimos; pero sabemos que lo que nos preguntan es algo más y entonces daremos vueltas y vueltas definiéndonos a nosotros mismos, quizás hablando de la familia de la que procedemos, los estudios que hayamos hecho, la profesión que realizamos y así seguiremos dando vueltas pero definirnos en el yo de nuestra vida nos cuesta más, nos es más difícil dar esa definición de nuestra vida. ¿Y cuando nos preguntan que definamos a los demás?

Es la pregunta que Jesús les está haciendo hoy a los discípulos. Textualmente Jesús está preguntando por la opinión de la gente pero también por la opinión de ellos de forma muy concreta. Pero me atrevo a decir que Jesús lo que les está diciendo es que se definan a sí mismos en la relación que tienen con El, lo que Jesús significa en sus vidas que es algo más que algo aprendido de memoria. Porque eso es lo que nos está pidiendo a nosotros hoy.

Los discípulos comenzaron a resumir lo que ellos escuchaban de la gente. Ya sabemos como había mucha gente entusiasmada con lo que hacía y lo que decía Jesús y surgían voces de alabanza y de reconocimiento de la acción de Dios en Jesús. ‘Nadie ha hablado como El’, decían; ‘Dios ha visitado a su pueblo’, exclamaban otros. Sentían que era un profeta, como aquellos antiguos profetas que habían conformado la historia de Israel tal como transmitían las Escrituras – se fundamentaban en la ley y los profetas – o recordaban alguien tan cercano como Juan el que bautizaba hasta hace poco en las aguas del Jordán en el desierto de Judea. Así lo fueron expresando los apóstoles ante la pregunta de Jesús.

Pero la pregunta de Jesús iba más allá. No era solo la opinión de la gente, sino era cómo ellos, los que estaban siempre con El, lo percibían. ‘Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?’ Era una pregunta más comprometedora, porque eran ellos los que tenían que definirse; decir lo que otros piensan si eso no me compromete a mí, es fácil, pero lo que ahora pedía Jesús era más comprometedor porque era expresar lo que Jesús significaba en sus vidas. ¿Hasta dónde lo conocían? ¿Hasta dónde estarían dispuestos a darlo todo por El, aunque ya un día habían dejado sus barcas y su trabajo, sus familias y hasta su propio pueblo para seguirle? Pero ¿por qué le seguían? ¿Hasta dónde estaban dispuestos a llegar? ¿Qué es lo que realmente ellos pensaban de Jesús?

Pedro, como siempre, será el que se adelante para dar respuesta. Muy certera, muy ajustada a lo que era Jesús y su misión. ¿Sería consciente de verdad del sentido de sus palabras? Jesús dirá que lo ha dicho porque el Padre se lo ha revelado en el corazón. Aunque un día diga que está dispuesto a dar la vida por Jesús, ¿hasta dónde llega en el compromiso de su vida aquella respuesta que está dando? Porque ahora dirá que es el Cristo, el Ungido de Dios, pero cuando a continuación diga que el Hijo del hombre tiene que padecer y ser entregado en manos de los gentiles, tratará de quitarle esa idea a Jesús de la cabeza.

Se llevaría hasta una espada a Getsemaní para defender a Jesús si fuera necesario, pero pronto se dejaría dormir en la vigilia, con el resto de los discípulos tras el prendimiento lo abandonaron y huyeron, y pronto en el patio del pontífice negará incluso que conoce a Jesús. Nuestros caminos, nuestros entusiasmos en un momento determinado, pero las tibiezas que pronto aparecen y terminamos también arrastrándonos y dejándonos llevar por lo que nos parece más fácil.


En nuestra respuesta también tenemos que definirnos, hasta donde estamos dispuestos a llegar, cómo vamos a dar la cara por esa fe que decimos que tenemos, cómo vamos a mantener caldeado nuestro espíritu para que no nos dominen esas tibiezas, y nos dejemos conducir no por el Espíritu de Jesús sino por el espíritu del mundo que nos parece también más fácil y más cómodo, con menos complicaciones.

¿Qué significa, pues, Jesús y su evangelio en nuestra vida?

domingo, 15 de septiembre de 2024

Preguntas que nos hace Jesús hoy y preguntas que nos hacemos sobre el sentido que le estamos dando a nuestra vida sin temor y con corazón abierto

 


Preguntas que nos hace Jesús hoy y preguntas que nos hacemos sobre el sentido que le estamos dando a nuestra vida sin temor y con corazón abierto

Isaías 50, 5-9ª; Sal. 114; Santiago 2, 14-18; Marcos 8, 27-35

Todos nos hacemos preguntas, algunas veces parece que nos vienen en cadena, otras surgen en un momento determinado casi por sorpresa, o no las hace la vida misma; preguntas sobre nosotros mismos, preguntas sobre aquellos que nos rodean, preguntas sobre esas personas que nos parecen importantes para nosotros; preguntas cuyas respuestas pueden tener sus consecuencias para nosotros, para lo que va a suceder y que quizás nos cuesta asumir; preguntas que nos dan miedo o que nos sorprenden, preguntas que pueden darle una vuelta a nuestra vida,  preguntas en fin sobre las que queremos encontrar una respuesta.

Hoy en el evangelio es Jesús el que hace unas preguntas, que en principio podrían parece inocentes, porque era recoger aparentemente las opiniones de los que les rodeaban; pero pregunta que poco a poco va comprometiendo, porque hay que dar una respuesta personal, pero respuestas que van a tener sus consecuencias, porque al final estará haciendo que los que se hagan las preguntas de donde están son los propios discípulos, o aquellos que quieren seguir a Jesús. Que todo puede ser al mismo tiempo un itinerario que nosotros también hemos de recorrer.

Primero pregunta Jesús sobre lo que piensa la gente del Hijo del Hombre; las respuestas son variadas según la percepción que la gente va teniendo de lo que hace Jesús, por eso le ven como un profeta, como un gran profeta como los grandes profetas antiguos, o como el recientemente martirizado Juan Bautista, con lo que también esas respuestas pueden tener algo de profecía.

Pero Jesús da un paso más, porque ahora pide una respuesta personal de aquellos que en este momento le rodean, sus discípulos más cercanos. Les impacta la pregunta ‘y vosotros, ‘¿quién decís que soy yo?’ La respuesta no pueden ser generalizaciones sino que tiene algo más personal y será Pedro el que se adelante a responder. ‘Tú eres el Mesías, el Cristo’, el Hijo del Dios vivo. Otros evangelistas nos dejarán el comentario que hizo Jesús a esta respuesta de Pedro, que no la da por si mismo sino porque se lo ha revelado el Padre del cielo.

Pero Marcos, en el evangelio de hoy, hace que en esa pregunta y en esa respuesta veamos todo lo que tienen que ser sus consecuencias. El sentido del Mesías en Jesús es distinto. Por eso Jesús irá sacando consecuencias que ahora irán haciendo que sean los discípulos los que se interroguen por dentro y en cierto modo hagan una opción. ‘El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días’. No era esa la imagen que ellos tenían del Mesías a pesar de todo lo que Jesús les había enseñado y anunciado.

Aquello les impacta y les deja descolocados y como siempre será Pedro el que comience a hablar y actuar. Son interrogantes en el interior que no nos pueden dejar paralizados. Eso no puede suceder, eso no le puede pasar a Jesús con todo lo que la gente piensa de El y le busca y quiere seguirle. Pedro trata de convencer a Jesús, que no sé si será tratar de convencerse a si mismo de lo que Jesús les está planteando. Pero Jesús le rechaza, le aparta de su lado ‘¡Quítate de en medio!’, poco menos que le dice porque ‘eres una tentación para mí’.

Pero Jesús, ya dirigiéndose a todos, ¿dirigiéndose a nosotros quizás también?, nos vendrá a aclarar lo que va significar la fe que tengamos en El. ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará. Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?’ No son solo palabras bonitas o aprendidas de memoria las que nos definen la fe que tenemos en Jesús sino que tienen que ser unas actitudes nuevas que hemos de tener en nuestro corazón.

¿Será así cómo nosotros queremos ser en verdad discípulos de Jesús? ¿Hasta dónde llega nuestra fe en El? Porque quizás estaremos muy entusiasmados cuando parece que son los buenos momentos, las grandes aclamaciones y los momentos de fervor, cuando quizás nos metemos en medio de una multitud entusiasta porque parece que todo es como una fiesta.

Cuando tenemos que ver la realidad que hay a nuestro lado, cuando descubrimos el sufrimiento de tantos, o cuando nos salen las cosas mal, cuando nos vemos envueltos en problemas que no parece que tengan solución, enfermedades que nos hacen sufrir en nuestros seres queridos o en nosotros mismos, cuando se nos hace difícil porque no todos nos entienden y parece que nadamos a contracorriente, cuando tenemos que comenzar a desprendernos de muchas cosas que llevamos demasiado apegadas en nuestra vida porque nos damos cuenta de que están muy lejos de los valores del evangelio, cuando tenemos que comenzar a compartir olvidándonos de nosotros porque vemos que hay otra gente con mayor necesidad, cuando tenemos que aceptar incluso a aquellos que no nos caen bien, ¿cómo reaccionamos? ¿Escuchamos y asumimos esas palabras que nos ha dicho Jesús de negarnos, de perder la vida, de tomar y cargar con nuestra cruz?

Preguntas, decíamos al principio, que algunas al final podrían sernos molestas. Preguntas que nos hace Jesús hoy y que nos hacen hacernos preguntas sobre el sentido que le estamos dando a nuestra vida. ¿Tememos las preguntas que nos hace el evangelio cuando lo escuchamos con corazón abierto?