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viernes, 14 de agosto de 2026

Dejemos que la luz del Espíritu divino nos ilumine y nos llene de esa sabiduría del amor verdadero que es llenarnos de la sabiduría de Dios

 


Dejemos que la luz del Espíritu divino nos ilumine y nos llene de esa sabiduría del amor verdadero que es llenarnos de la sabiduría de Dios

Ezequiel 16, 1-15. 60. 63; Is 12, 2-3. 4bcd. 5-6; Mateo 19, 3-12

Hay ocasiones en que nos cuesta entender las cosas y no es que seamos más o menos inteligentes. En la vida nos sentimos condicionados por muchas cosas que no son solo las influencias externas que podamos recibir, y hemos de reconocer que son muchas, sino muchas veces es desde nuestro propio interior, desde nuestro propio yo que en ocasiones se puede encerrar en su mismo, que también nos vemos motivados o impulsados por nuestras propias pasiones, que premian unas costumbres o unas rutinas por encima de todo razonamiento, o que son también nuestros intereses particulares, las metas que nos proponemos, el camino que vamos realizando y pronto podemos encontrarnos con algo que va a la contra de todo ese revoltijo de cosas que llevamos en nuestro interior, y nos cuesta entender, y nos falta encontrar esa luz que necesitamos para descubrir eso nuevo que da sentido distinto a nuestra vida, que nos plantea las cosas de otra manera.

Es la resistencia que ponemos en tantas cosas de la vida que no queremos que nos cambien esa manera que hemos tenido siempre de entenderlo; incluso en lo que es el avance y progreso de nuestra sociedad muchas veces también nos cuesta entender; decimos quizás que son nuestros principios y a ellos tenemos que ser fieles pero muchas veces son concepciones muy particulares que nos hemos creado y donde necesitamos una luz nueva para ver lo distinto. Claro que luego todo esto se unirá a lo que encontramos a nuestro alrededor y las influencias y presiones que podamos recibir y se nos complica más.

Más, por así decirlo, se nos complican las cosas cuando entramos en el ámbito de nuestra fe y en esa fidelidad al evangelio que como cristianos tendríamos que mantener. Muchas veces la resistencia la encontramos cuando hemos de buscar la autenticidad del evangelio y la congruencia con que hemos de vivirlo, porque, es cierto que nos decimos cristianos de toda la vida, pero hemos llenado nuestra vida religiosa y cristiana de unas prácticas y unas tradiciones que muchas veces no parecen muy acordes con la autenticidad del evangelio y es cuando nos resistimos y escuchamos decir que si nos están cambiando la fe y la religiosidad y cosas por el estilo; pero una vida congruente con lo que es el evangelio más auténtico nos tendría que hacer revisar muchas cosas en nuestra vida y en lo que hacemos; hemos entrado en un camino de costumbres y rutinas con las que nos falta encontrar ese verdadero sentido de lo que tiene que ser nuestro seguimiento de Cristo y su evangelio.

Más nos cuesta entender todo ese misterio de nuestra fe, todo ese misterio de Dios y parece que todo no nos cabe en nuestro corazón, en nuestra vida por su inmensidad. Necesitamos abrirnos humildemente a ese misterio de Dios que se nos revela y que se nos manifiesta en Jesús porque hemos de sentirlo en lo más hondo de nosotros mismos; ese misterio de Dios no es algo ajeno a nuestra vida sino que tiene que hacer que nuestra vida sea vivir en Dios.

Y todo eso tiene que traducirse en nuestra forma de vivir y de entender las cosas. Y aquí por una parte no nos podemos dejar influenciar ni por nuestras pasiones ni por nuestros intereses, ni tampoco por el sentido que pueda tener la sociedad de nuestro entorno de eso que nosotros queremos vivir según el sentido del evangelio. Será difícil en muchas ocasiones ir a contracorriente de esa sociedad que nos rodea, pero la autenticidad de lo que nosotros queremos vivir ha de ser una luz que ilumine ese mundo en medio del cual vivimos, aunque a ellos les cueste entender.

Muchos son los aspectos a los que podríamos referirnos, partiendo del mismo sentido de humanidad que nosotros tenemos en una visión cristiana de la vida y de la persona. Pero está también lo que hoy le plantean a Jesús en el evangelio y que es un planteamiento que sigue teniendo actualidad. Los fariseos le preguntan a Jesús sobre lo que Moisés había permitido acerca del divorcio y que seguía siendo motivo de diatriba y falta de entendimiento entre los distintos grupos de los judíos.

‘¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?’, le preguntan a Jesús. Algo que también palpamos y es cuestionamiento en el mundo de hoy en que eso se ve con la mayor naturalidad y con la facilidad con que se llega a esas rupturas del matrimonio. Jesús no quiere entrar en casuísticas sino que quiere ir a lo más hondo y a lo que tiene que dar verdadero sentido al matrimonio, y que quizás sea una parte importante por lo que hoy tanto nos cuesta entender y aceptar.

Parte Jesús de lo que es plan de Dios para la vida y para la relación entre el hombre y la mujer y si llega a decir que ya no son dos sino una sola carne y en consecuencia lo que Dios ha unido no lo puede separar el hombre, es porque el fundamento verdadero de todo es el amor, pero no un amor entendido de cualquier manera que se puede quedar en lo pasional o se puede volver egocéntrico, sino el amor en su sentido más profundo como descubrimos que es el amor que Dios nos tiene.

¿Cómo construimos el amor? Somos capaces de decir palabras bellas y románticas, pero no terminamos quizás de abrir nuestro corazón al amor verdadero. Es aquí donde tenemos una tarea inmensa que realizar porque esa construcción no se puede realizar de cualquier manera y a la carrera. Es donde tenemos que aprender de la escuela de Jesús, aprender del evangelio. No siempre es fácil, porque además nos entra la confusión por todas partes. Pero dejemos que la luz del Espíritu divino nos ilumine y nos llene de esa sabiduría del amor verdadero que es llenarnos de la sabiduría de Dios.


lunes, 1 de junio de 2026

Hay una viña en nuestras manos de la somos sus labradores, es la vida y es el mensaje del evangelio de los que tenemos que rendir unos frutos

 


Hay una viña en nuestras manos de la somos sus labradores, es la vida y es el mensaje del evangelio de los que tenemos que rendir unos frutos

2Pedro 1,1-7; Salmo 90;  Marcos 12,1-12

¿Nos sentiremos tan dueños de lo que tenemos entre manos que llegamos a pensar que podemos hacer con ello lo que nos apetezca? Dicen que cada uno hace de su capa un sayo, pero no es tan simple cuando consideramos el valor de lo que tenemos entre manos, la responsabilidad que tengamos ante ello o el sentido de lo que hacemos y de nuestra propia vida; queremos ser tan autónomos y autosuficientes que de nada ni de nadie queremos depender y quizás hasta podemos olvidar el sentido de la vida misma o del engranaje del que formamos parte en el conjunto de la vida y de la sociedad que nos tiene que hacer ver las consecuencias de nuestros actos para ese conjunto de la vida o de la sociedad de la que formamos parte. No podemos ir de egoístas, autosuficientes e insolidarios por la vida, porque así hemos perdido el sentido de la vida misma.

Habla Jesús en esta parábola, y ya nos comenta el evangelista que en esta ocasión hablaba a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos, haciendo referencia a los que eran los dirigentes de la sociedad de entonces, y habla del hombre que plantó una viña, la dotó de todo lo necesario, una cerca, un lagar, una torre de vigilancia, y la arrendó a unos labradores para que la trabajaran y le rindieran sus frutos.

Vemos por una parte la intencionalidad de Jesús al señalarnos el evangelista a los dirigentes de entonces que tenían una responsabilidad en aquella sociedad; habla de la generosidad al preparar la viña con todo lo necesario, pero por supuesto para percibir sus frutos. Aquí tenemos, pues, los puntos de referencia para comprender su sentido. ¿Hasta dónde llegaría la responsabilidad de aquellos labradores? Aquellos dirigentes por los que Jesús hablaba se estaban viendo señalados, como luego veremos que hasta querrán quitarse de en medio a Jesús. Siempre hemos interpretado esta parábola como un resumen de lo que ha sido la historia de Israel pero sobre todo con ese aspecto de quienes se sentían dueños y manipuladores de la religiosidad y de la fe del pueblo judío no aceptando o rechazando los enviados de Dios para mantener su poder de influencia en la vida del pueblo judío.

Pero mucho podemos sacar en consecuencia para nuestra vida hoy y la respuesta que hoy damos. A muchos aspectos nos podría llevar a la reflexión. Cuanto somos y cuanto hemos recibido en la vida, ¿a qué nos obliga? Primero que nada, tendríamos que decir, un reconocimiento del don de Dios. Sí, es mi vida, son mis dones, son mis cualidades y valores, pero, ¿los tenemos por nosotros mismos? Esa viña de nuestra vida está llamada a dar unos frutos, ¿nos sentiremos dueños por nosotros mismos para hacer de mi capa un sayo, como antes decíamos? ¿Qué hemos hecho del evangelio de Jesús y cómo está siendo en verdad el criterio de los valores que hemos de buscar y con los que hemos de enriquecer nuestra vida?

También hacemos nuestras interpretaciones cuando llega la hora de la verdad y tenemos que aplicarlo a las diversas situaciones de nuestra vida. Queremos suavizar, queremos hacer rebajas, queremos quedarnos en los mínimos, queremos hacer nuestras combinaciones para quizás no tener que arrancar tantos apegos que seguimos llevando en el corazón, queremos justificarnos para no ser tan radicales como nos lo plantea Jesús y queremos ir haciendo arreglitos por acá o por allá.

Al final seremos la higuera con mucho ramaje y con pocos frutos. ¿Nos creeremos tan dueños de la higuera o de la viña que nos creemos que cuantos somos o hacemos es solo una riqueza personal? Como nos decía el apóstol Pedro ‘crezca en nosotros la gracia y la paz por el conocimiento de Dios y Salvador Jesucristo…’ por eso continuaba diciéndonos que ‘es necesario saber de Jesucristo, familiarizarnos con su Evangelio’. ¿Será eso algo primordial en nuestra vida?


martes, 28 de abril de 2026

Podemos contar con el amor de Dios que El sí nos conoce y nos mantiene su amor y su confianza, lo que da alegría y seguridad a nuestro corazón

 


Podemos contar con el amor de Dios que El sí nos conoce y nos mantiene su amor y su confianza, lo que da alegría y seguridad a nuestro corazón

Hechos 11, 19-26; Salmo 86;  Juan 10, 22-30

Nos habrá sucedido en alguna ocasión que nos encontramos con alguien con quien incluso entablamos conversación, nos dice cosas que parece como si nos conocieran de tiempo, nos agrada quizás su conversación o las cosas que nos dice pero tenemos un interrogante por dentro porque nos parece que no sabemos bien a las claras con quien estamos hablando; y surge la cuestión o la pregunta para que nos diga claramente quien es, y cuando nos da algún detalle más quizás caemos en la cuenta o seguimos con nuestra incertidumbre dentro de nosotros.

He puesto esto a manera de ejemplo de lo que le estaba pasando a muchos judíos; sentían admiración por Jesús, estaban pendientes de sus signos y milagros y les gustaba escucharles, aunque hubiera otros quizás que vivían con un rechazo permanente de cuando dijera o hiciera Jesús haciéndose sus interpretaciones, pero entre las esperanzas que podían suscitarse en sus corazones seguían preguntándose sobre quien era realmente Jesús, si acaso era el Mesías que esperaban o simplemente un gran profeta como los profetas antiguos. Recordemos lo que respondieron los apóstoles a la pregunta de Jesús sobre lo que pensaba la gente del Hijo del hombre.

‘Los judíos, rodeándolo, nos dice el evangelista, le preguntaban: ¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente’. Pero Jesús parece que directamente no les va a dar la respuesta que ellos esperaban. Simplemente se remite a las obras que realiza, a esos signos y señales que se manifestaban en el hacer de Jesús y en sus milagros. Pero no todos son capaces de descifrar esos signos. ‘Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas’, les dice Jesús.

Pero en esa respuesta de Jesús tenemos que descubrir algo hermoso. Jesús sí nos conoce, Jesús sí quiere revelársenos, Jesús nos está mostrando todo su amor a pesar de que nosotros no siempre correspondamos. Es que el amor de Dios está primero, es Él quien toma la iniciativa y nos busca. A veces en nuestro orgullo y autosuficiencia pensamos que somos nosotros los que buscamos a Dios y los que por nosotros mismos lo encontramos. Pero la maravilla está en esa búsqueda de Dios, en ese amor que Dios nos tiene. ‘No es que nosotros hayamos amado a Dios, nos dirá san Juan en sus cartas, sino que Él nos amó primero’ y nos regaló su vida.

¿Quién nos conoce mejor de lo que nos conoce Dios? El ve los secretos de nuestro corazón, el amor que intentamos poner aunque muchas veces sea pobre, la respuesta que intentamos dar aunque muchas veces estemos llenos de dudas y de cobardías, las debilidades en que tropezamos tantas veces a pesar de nuestras porfías de amor; nos parecemos a Pedro que tanto porfiaba que estaba dispuesto a dar la vida por Jesús, pero que antes de que el gallo cantara ya le había negado tres veces.

Así es nuestra debilidad pero así se manifiesta también la grandeza del amor que Dios nos tiene, porque sigue confiando en nosotros, sigue haciéndose presente en nuestra vida, sigue regalándonos con su amor y por nosotros se hace vida y se hace alimento para que podamos sentir la fortaleza de su Espíritu. Creo que eso tiene que llenar de paz nuestro corazón cuando tantas veces nos vemos zarandeados en la vida, ya sea por nuestras propias debilidades, o ya sea por las incomprensiones que podamos sentir de los demás.

Aunque tengamos mil contratiempos y tropiezos, sabemos que podemos contar siente con la misericordia del Señor. Es el único que no  nos falla. Es la confianza con la que queremos seguir caminando e intentando avanzar en nuestro camino de superación porque nos sentimos en las manos de Dios, protegidos y amados. Nosotros podemos ser infieles pero El siempre es fiel porque, como  nos dice el apóstol, no puede negarse a sí mismo, porque Dios es amor y siempre lo será.


martes, 3 de junio de 2025

No nos olvidemos que somos testigos de la vida eterna, y los testigos no se pueden ocultar, proclamando con nuestra vida nuestra fe en Jesús para la vida eterna

 


No nos olvidemos que somos testigos de la vida eterna, y los testigos no se pueden ocultar, proclamando con nuestra vida nuestra fe en Jesús para la vida eterna

Hechos 20, 17-27; Salmo 67; Juan 17, 1-11a

Siempre las despedidas parece que tienen que estar llenas de tristeza. Las tomamos como un desgarro del corazón,  alguien a quien apreciamos que parece que cuando se despide porque va a haber una distancia física tiene que haber como un desgarro; por eso nos duelen las despedidas. Pero bien sabemos que quienes se aman de verdad en las despedidas se suelen tener palabras que reflejan una hermosa promesa; te llevaré siempre en mi corazón, solemos decir.

¿No será esto lo que nos está diciendo Jesús desde el amor que El nos tiene y desde la actitud que quiere despertar en nosotros? ‘Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo’, nos dirá en otra ocasión en la víspera de la Ascensión. Pero además nos ha dejado múltiples signos de su presencia, porque siempre le hemos de tener en nuestro recuerdo, es más, siempre le hemos de sentir junto a nosotros, para eso nos deja la presencia de su Espíritu.

¿Qué son los sacramentos sino esos signos de su presencia en cada situación de nuestra vida? ‘Haced esto en conmemoración mía’, nos dice cuando tenemos que repetir la cena pascual para que aquel pan y aquel vino sea en verdad para nosotros nuestro alimento, nuestro Pan de vida, realmente su Cuerpo y su Sangre para que tengamos vida eterna.  Y en el momento del dolor y de la enfermedad estará junto a nosotros siendo nuestra fortaleza y nuestra salud; cuando nos sentimos abrumados por nuestros errores o porque aquello donde no hemos vivido con toda la intensidad necesaria su amor, se hace para nosotros perdón y salvación; en la vida de nuestro amor y de nuestra entrega nos estará diciendo que nuestro amor y la amistad que vivamos entre nosotros han de ser siempre signo del amor que El siente por su Iglesia, porque es a su manera como nosotros hemos de amar.

Pero hoy además nos dice algo muy hermoso. Nos habla de su glorificación, la hora de su gloria, la hora de la gloria de Dios. ¿En qué ha de consistir? Su gloria ha sido darnos a conocer a Dios. ‘Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a todos los que le has dado. Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo’.

La hora de la gloria de Dios que se nos manifiesta en Jesús que ha venido a traernos la vida eterna. Y ‘Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo’. Es lo que nos ha comunicado Jesús. ‘Yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado’.

Es el camino por donde hemos de andar nosotros ahora. Pero no estamos solos, Cristo no nos deja, El siempre está presente en nosotros, nos da la fuerza de su Espíritu. Es lo que tenemos que vivir. Es lo que tenemos que saber trasmitir a los demás. No vamos llevando anuncios de nosotros mismos, con el testimonio de nuestra vida, de nuestra nueva forma de vivir la vida estamos queriendo llevar a los demás también a esa gloria de Dios. Que todos puedan conocer esa vida eterna, que todos puedan llegar a conocer a Dios. Y no valen solo palabras, son los hechos de nuestra vida los que han de manifestar ese conocimiento que Dios tenemos, ese camino que nos enseña Jesús, esa vida nueva, esta vida eterna, que hay en nosotros.

¿Estaremos en verdad dando testimonio de nuestra fe? Con lo que hacemos y con lo que vivimos ¿los demás podrán llegar a entender esa vida eterna que en Jesús nosotros hemos encontrado? ¿Nuestra vida se hace creíble? No olvidemos que somos testigos y los testigos no se pueden ocultar.

viernes, 23 de mayo de 2025

Somos los elegidos del Señor, somos aquellos a los que Jesús nos llama amigos, somos los que ahora siguiéndole llegaremos en vedad a dar frutos

 


Somos los elegidos del Señor, somos aquellos a los que Jesús nos llama amigos, somos los que ahora siguiéndole llegaremos en vedad a dar frutos

 Hechos 15, 22-31; Salmo 56; Juan 15, 12-17

Gracias por considerarme tu amigo, me decía hace días una persona con la que se había ido estableciendo una bonita relación, una buena comunicación aun en las distancias que muchas veces podamos tener en la vida - hoy tenemos de fácil la posibilidad de comunicación a través de las redes con personas que físicamente pueden estar lejos de nosotros – y a la que en un momento le había llamado amigo. Es bonito ese paso, desde una comunicación ocasional a algo más cercano que pueda convertirse en amistad. Que no es solo, repito, un conocimiento ocasional, sino que es una comunicación más hondo donde ya vamos trasmitiendo parte de nosotros mismos al tiempo que comienza esa nueva interrelación.

Es una palabra, amigo, que muchas veces utilizamos con demasiada ligereza; parece que a todo persona que por la razón que sea hayamos conocido e intercambiado algunas palabras, ya tenemos que llamarlo amigo. Y no podemos confundir la amistad con otro tipo de relaciones; todos nos llamamos amigos, pero no siempre tenemos bien claro quienes son nuestros amigos de verdad; de alguna manera es un proceso de la persona que lleva a una nueva y distinta comunión y cuando vivimos la belleza de una amistad verdadera nos sentimos más felices y realizados como personas, nos conocemos mejor a nosotros mismos como entrar en un conocimiento y comunicación con esas personas a las que consideramos amigos, nos sentimos impulsados a un desarrollo mejor de lo que somos y nos sentimos verdaderamente apoyados en los proyectos que tengamos en la vida.

¿Cómo se sentirían los apóstoles en aquella noche de confidencias en que se había convertido la cena pascual que estaban celebrando? Muchas son las cosas que se van como destilando del corazón de Cristo que les abren nuevas expectativas, al mismo tiempo que sentían como una preangustia porque les parecía que todo aquello lo podían perder, aunque aun no terminaran de comprender lo que se iría sucediendo en aquellos días. De alguna manera era para ellos momentos de crisis en la incertidumbre que llegaría como a explosionar con el prendimiento de Jesús en el Huerto y todo lo que a continuación sucedería.

Pero en medio de esas recomendaciones de Jesús, donde les está hablando del amor con que han de vivir, en un momento dado los llama amigos. ‘Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer’. Qué dulce tendría que haber sonado esa palabra en sus oídos, ‘a vosotros os llamo amigos’. A ellos se les había revelado, a ellos les había transmitido todo el misterio de Dios. Aunque ahora no terminaban de comprender como más tarde recordarían irían pasando por su mente todo aquello que había hecho y había dicho Jesús. Como El mismo les prometería ‘cuando venga el Espíritu de la Verdad es os lo recordará todo’. Será cuando terminen de comprender estas palabras de Jesús.

Y Jesús los puede llamar amigos porque todo ha sido algo que ha salido de su corazón, de su amor. Algunas veces nos queremos echar flores, queremos decir cuántas cosas nosotros hemos hecho, o como un día Pedro le recordaría a Jesús, es que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte. Pero no son méritos nuestros, aunque muy meritorio sea el haber llegado a ser capaces de despojarnos de cosas o de personas para seguir a Jesús, sino que todo parte de la elección de Dios. ‘No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca’.

Somos los elegidos del Señor, somos aquellos a los que Jesús nos llama amigos, somos los que ahora siguiéndole llegaremos en verdad a dar frutos. ¿Es lo que estamos sintiendo?, ¿es lo que estamos haciendo?

sábado, 3 de mayo de 2025

Jesús no solo nos señala el camino sino que El mismo se hace camino para que por El vayamos al Padre, siendo también nuestro compromiso de ser camino para los demás

 


Jesús no solo nos señala el camino sino que El mismo se hace camino para que por El vayamos al Padre, siendo también nuestro compromiso de ser camino para los demás

1Cor. 15, 1-8; Sal. 18; Jn. 14. 6-14

Me vienen a la memoria dos hechos que podríamos llamar anécdotas de viaje en dos ocasiones distintas y también en distintas ciudades en que en un momento determinado me encontré perdido sin encontrar en un caso la salida de la ciudad y en el otro caso el lugar a donde me dirigía; en un caso un señor amablemente nos explicó detalladamente las vueltas que teníamos que dar, los cruces que nos íbamos a encontrar, las direcciones en cada cruce que debíamos tomar; tuvo que repetírnoslo varias veces porque era difícil recordar tantos datos como nos estaba suministrando. En la otra ocasión encontrándome perdido también, al pedir ayuda a alguien que me encontré, como según me decía iba a ser difícil que recordara todas las indicaciones se ofreció a subirse conmigo en el coche para hacer un trecho de ese camino dejándome a las puertas del lugar a donde me dirigía; el guía, podíamos decir, hizo camino conmigo, se hizo camino para que yo encontrará la meta.

¿No será eso lo que nos está diciendo hoy Jesús en el evangelio? Había venido como Palabra de Dios que plantaba su tienda entre nosotros; con su Palabra había ido desgranando en sus enseñanzas y en sus palabras todo lo que tenía que ser nuestra vida para que llegáramos a vivir el Reino de Dios; pero no se redujo solo a enseñarnos de palabra sino que hizo camino con nosotros; las señales del Reino de Dios que tan maravillosamente nos describe en las parábolas y en todas sus enseñanzas las vemos palpables en los signos que iba realizando, que no eran solo los milagros sino que era toda su vida, su cercanía y su ternura, su presencia y su caminar con nosotros.

Por eso  hoy nos dirá en el evangelio que es el Camino. ‘Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida. Nadie va al Padre sino por mi’. Se puso en camino con nosotros, se hizo camino para nosotros; nos ofrece la verdad de la salvación, El es la Verdad que nos salva; nos ofrece el alimento de su vida, ‘yo soy el Pan de vida’ nos dirá, se hace alimento y vida para nosotros, es nuestra vida porque seguirle es vivirle a El.

Por eso nos podrá decir que verle a El es ver a Dios; el rostro de Dios decimos tantas veces recordando que lo que es el amor y la misericordia de Dios se manifiesta en Jesús. El ha sido la revelación de Dios, porque ‘nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar’, por eso ante la pregunta de los discípulos diciéndole que les muestre al Padre, que les muestre a Dios, nos dirá simplemente que le miremos a El, ‘quien me ve a mí, ve al Padre’. El no hace otras cosa que las obras de Dios, las obras del Padre. Por eso es tan importante que en El pongamos toda nuestra fe.

Será todo lo que va a motivar nuestra vida; la fe que mueve montañas, como nos diría en alguna ocasión, es la fe que va a mover nuestra vida, que va a transformar nuestra vida, que va a hacer que nuestra vida sea distinta. ¿No decíamos que Jesús es la Vida? Pues nuestra vida ya no puede ser otra cosa desde que decimos que tenemos fe en Jesús, que vivir su vida.

Como Jesús nosotros también tenemos que hacernos camino. Es el evangelio que tenemos que trasmitir, que anunciar. Lo haremos con nuestras palabras, pero tenemos que hacerlo con el signo de nuestra vida. Quienes nos ven tendrían que verse motivados a creer, motivados a algo nuevo que estarán viendo en nosotros, motivados a vivir de forma distinta queriendo acercarse a Jesús. Pero ¿estaremos siendo en verdad esos signos para el mundo que nos rodea? Una pregunta importante para reflexionar, para revisarnos, para dejarnos transformar por esa fe, para que nos convenzamos de verdad que tenemos que realizar una conversión de nuestra vida.

No lo olvidemos porque seguimos a Jesús que es camino, nosotros también tenemos que hacernos caminos para los demás, para ese mundo que nos rodea. Tremendo compromiso.

viernes, 4 de abril de 2025

Necesitamos ahondar en el conocimiento de Jesús y en el misterio de Dios para que nuestra fe no sea ni un uniforme del que nos revestimos ni una fachada exterior

 


Necesitamos ahondar en el conocimiento de Jesús y en el misterio de Dios para que nuestra fe no sea ni un uniforme del que nos revestimos ni una fachada exterior

Sabiduría 2, 1a. 12-22; Salmo 33; Juan 7, 1-2. 10. 25-30

Yo te conozco, yo sé de donde eres, conozco tu familia… así habremos dicho más de una vez queriendo ratificar, a nuestra manera, nuestro conocimiento de una persona. O le recordamos a la persona que sabemos de donde procede, porque de pequeño quizás sus padres vinieron a vivir en nuestro pueblo y ahora ya lo consideramos de aquí; o decimos al paso de unas personas que son extranjeros, que vienen de tal o cual país, o son unos emigrantes que se han buscado la manera de venirse a nuestra tierra buscándose un futuro, una vida mejor.

Pero ¿conocemos, solo por eso, de verdad a esas personas? ¿Qué sabemos de su manera de pensar, por ejemplo? ¿Cuáles son sus ilusiones o sus metas en su vida? ¿Qué es lo que hay detrás de esa fachada externa que es lo que nosotros vemos y por lo que estamos queriendo identificarlas? ¿Nos quedaremos solo en la fachada externa o algunas cosas que le hemos visto hacer? Nos tendría que hacer pensar para ver cuales son los criterios por los que juzgamos a las personas, qué es lo que realmente valoramos en esas personas, o qué están aportándonos quizás para nuestra propia vida.

Un planteamiento que nos vale para muchas cosas en la vida y en nuestras relaciones con los demás; un planteamiento también para el ámbito de nuestra fe. No nos podemos quedar en fachadas, tenemos que ir a algo hondo en nuestra vida; no es un vestido o un uniforme que nos ponemos por fuera, tiene que llegar a lo más hondo de nuestra vida; por eso el conocimiento que tenemos de Jesús es importante que se convierta en vida para nosotros.

En estos momentos en que prácticamente estamos a finales de la Cuaresma, muy cercana ya la Pascua, el evangelio nos va presentando aquella situación, podríamos decir, de enfrentamiento de aquellos que no querían aceptar a Jesús y que terminarían en su prendimiento y su muerte. Hoy nos habla el evangelio – quizás el texto no tiene tanta relación con la pascua pues hace referencia otra fiesta judía, pero de alguna manera con las mismas consecuencias – que Jesús se había quedado en Galilea mientras otros habían subido a Jerusalén para la fiesta de la tiendas; ya se rumoreaban los planes de prendimiento de Jesús y por eso le vemos que Jesús sube finalmente pero como en privado.

Sin embargo se lo van a encontrar por las calles de Jerusalén o en el templo y algunos se preguntarán si es que ya los dirigentes han aceptado a Jesús pues no han procedido a su prendimiento. Y es cuando Jesús hablando a los que estaban en su entorno nos habla del verdadero conocimiento que de El habría de tenerse y que era precisamente lo que no todos aceptaban.

‘Entonces Jesús, mientras enseñaba en el templo, gritó: A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado’.

No era solamente decir que era de Galilea y de allí procedía, o a lo más que había nacido en Belén, porque era de la familia de Judá, como nosotros celebramos en la Navidad, o que era el  hijo del carpintero y que sus familiares estaban allí en Nazaret y todos conocían. Eso eran circunstancias externas, podíamos decir, la pantalla exterior, como decía que era un profeta que había surgido en Galilea, donde principalmente había realizado su predicación y sus milagros.

Es mucho más lo que tenemos que reconocer en Jesús y que es lo que hoy nos está diciendo y ya lo hemos escuchado repetidamente nosotros estos días. ‘Yo no he venido por mi cuenta, sino que el verdadero es el que me envía’, nos dice Jesús hoy. Enviado del Padre que habla las palabras del Padre y que realiza las obras del Padre, como tantas veces nos ha dicho y nosotros habremos meditado en muchas ocasiones.

Es así cómo comprenderemos el misterio de Jesús. Es así como el Evangelio de Juan nos dirá que es la Palabra que estaba en Dios y que era Dios, palabra que puso su tienda entre nosotros, que por nosotros se encarnó para levantarnos a nosotros y hacernos a nosotros participes también de esa vida de Dios haciéndonos también hijos de Dios.

Es Emmanuel, Dios con nosotros, que por nosotros los hombres y por nuestra salvación se encarnó por obra del Espíritu Santo en María Virgen y que por nosotros murió y resucitó como confesamos en el Credo. No podemos perder esa dimensión de nuestra fe porque es el principio de nuestra vida.

Es ahí donde tenemos que ahondar en el conocimiento del Misterio de Dios que en Jesús se nos manifiesta. ¿Ahondaremos lo suficiente en nuestra fe?

sábado, 27 de abril de 2024

Dejémonos iluminar por la luz de Jesús para disipar las dudas y tinieblas, metiéndonos en el corazón de Cristo para introducirnos de verdad en el misterio de Dios

 


Dejémonos iluminar por la luz de Jesús para disipar las dudas y tinieblas, metiéndonos en el corazón de Cristo para introducirnos de verdad en el misterio de Dios

Hechos de los apóstoles 13, 44-52; Salmo 97; Juan 14, 7-14

No siempre nos es fácil conocer a las personas, no terminamos de conocerlas. Por muy amigos que seamos, por muy fuertes que sean las relaciones familiares o la convivencia que realicemos con esa persona, siempre hay algo en ella que no terminamos de captar, de conocer. Y estoy hay que reconocerlo con humildad aunque nos cueste, porque nos creemos muy autosuficientes y conocedores de todos, pero siempre hay algo en su interior, en el misterio de su vida que nos queda como velado. No significa que sea imposible o que eso nos impida entrar en relación con el otro, pero es una tarea, diríamos, que nunca se acaba, y que con respeto aceptamos y con respeto siempre nos acercamos al  otro.

Los discípulos llevaban mucho tiempo con Jesús desde que lo conocieron y un día sintieron la llamada de Jesús para estar con El. A ellos Jesús de manera especial se les manifestaba, los llevaba en muchas ocasiones a lugares lejos del barullo de la gente para que estuvieran con El y lo conocieran; a ellos de manera especial les explicaba lo que antes en parábolas les había dicho a las multitudes; Jesús les iba descubriendo su misterio, el misterio de Dios. Un día Jesús había de confiar en ellos para enviarlos por el mundo para hacer el anuncio de su buena nueva de salvación.

Pero también nos damos cuenta que en muchas ocasiones los discípulos no terminaban de entender lo que Jesús les decía; por mucho que les hablara del servicio como sentido de sus vida, ellos seguían pensando en grandezas y quien era el que iba a ocupar el lugar más importante en aquel Reino que Jesús estaba anunciando: significaba que ni acababan de conocer a Jesús ni de entender el sentido del Reino de Dios anunciado por Jesús.

Y Jesús con paciencia les explica una y otra vez. Así les había sucedido en los anuncios que hacía del sentido de su subida a Jerusalén que cuando hablaba de pasión y de muerte, porque sería entregado en manos de los gentiles, querían quitarle esas ideas de la cabeza. Ya vemos lo que luego sucedería cuando llegara ese momento, se dispersaron, huyeron y se escondieron.

No nos extrañe lo que hoy nos dice el evangelio. Estamos ya en los momentos cruciales y decisivos, donde va a comenzar la pasión. Es en aquel dialogo de Jesús con ellos después de la cena pascual antes de irse a Getsemaní. Jesús les está revelando el misterio más hondo de su ser, cuando les habla de su unión con el Padre, porque el Padre y El son una misma cosa. Pero no entienden. Les había hablado de Dios y les había enseñado a llamar Padre a Dios, pero ahora nos vienen a decir que aun no conocen a Dios, que aun no conocen al Padre del que Jesús les está hablando.

‘Muestranos al Padre y será suficiente’, le dice Felipe a Jesús. Y es cuando Jesús reacción. ‘Tanto tiempo con vosotros ¿y aún no me conocéis? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú, muéstranos al padre?’. Y seguían sin entender.

El era el Verbo, la Palabra de Dios por quien todo nos ha sido revelado, como nos diría san Juan desde el principio del Evangelio. Era la Palabra que se convertía en luz para nuestra vida. Era la Palabra que nos revelaba el misterio de Dios y por quien conoceríamos a Dios. Era el rostro de misericordia de Dios que se manifestaba en las obras de Jesús. ‘Creed en mis obras’, viene a decirles, contemplad mis obras y contemplaréis a Dios.

Pero la tiniebla seguía oscureciendo sus mentes. La tiniebla quería ocultar la luz, y ellos no terminaban de salir de esas tinieblas; nosotros, tenemos que reconocer, no terminamos de salir de esas tinieblas. Y por eso nos vienen las dudas y los miedos, por eso seguimos con nuestros apegos y nuestras rutinas, por eso no terminamos de abrirnos al misterio de Dios, de abrir nuestro corazón a los caminos del amor.

¿Dejaremos un día iluminarnos por su luz? ¿Llegaremos a meternos en el corazón de Cristo para introducirnos totalmente en el misterio de Dios?

miércoles, 19 de julio de 2023

Ojalá seamos nosotros, que por nuestro corazón humilde y sencillo, porque nos hemos hecho los pequeños siendo capaces de descalzarnos, recibamos esa revelación de Dios

 


Ojalá seamos nosotros, que por nuestro corazón humilde y sencillo, porque nos hemos hecho los pequeños siendo capaces de descalzarnos, recibamos esa revelación de Dios

Éxodo 3,1-6.9-12; Sal 102; Mateo 11,25-27

Oye, por favor, preséntame a esa persona, quizás habremos pedido alguna a algún amigo o persona conocida y de confianza cuando queríamos conocer a alguien al que hasta cierto punto considerábamos inalcanzable. Son recursos de los que nos valemos las personas  en nuestras relaciones, en nuestro deseo de alcanzar unos objetivos, en nuestro afán por llegar a donde quizá por nosotros mismos o por nuestros medios pensábamos que no podríamos llegar.

Es también la influencia que buscamos en alguien que tiene abiertas muchas puertas, muchos accesos a lo que consideramos personas importantes, a lugares de relevancia a donde quisiéramos llegar y situarnos. Es el buen amigo que nos puede ayudar, es la persona de influencia que puede alcanzarnos lo que nosotros no alcanzamos. Son situaciones en que nos podemos encontrar en la vida o que vemos que es la experiencia quizás de muchos en nuestro entorno.

¿Nos sucede así en nuestra relación con Dios? ¿Nos sucede en la posibilidad o no de poder tener un conocimiento de Dios? Así andamos también algunas veces; podemos convertir ese conocimiento de Dios en algo muy intelectual, podemos andar con nuestros razonamientos y nuestra búsqueda de pruebas y muchas veces lo hemos hecho, y muchas veces es lo que buscamos o encontramos que es lo que quieren muchos para intentar recorrer ese camino de la fe.

Jesús, el que es la revelación de Dios, el que en verdad conoce a Dios porque viene de Dios, nos viene a decir que es algo mucho más sencillo. Que no se trata solamente de la búsqueda que nosotros hagamos de Dios y el obtener esas pruebas palpables que nos abran el camino de la fe, sino que es algo mucho más sencillo.

Primero fijémonos en lo que hoy termina diciéndonos: ‘Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar’. Y El en verdad quiere revelarnos a Dios, es la Buena Noticia, el Evangelio, que nos quiere trasmitir. Es la continua referencia que El está haciendo del Padre; es lo que finalmente vendrá a decirle cuando uno de los discípulos en la cena le dice ‘revélanos al Padre y eso nos basta’, respondiéndole que quien le conoce a El conoce al Padre, ‘porque nadie va al Padre sino por mí’.

Pero es que hoy nos dice algo maravilloso. Como decíamos antes, no es la búsqueda que nosotros queramos hacer de Dios, sino que es Dios el que quiere revelársenos, quiere dársenos a conocer. Y esto es lo maravilloso. ‘Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Si, Padre, así te ha parecido bien’. Y al Padre le ha parecido dársenos a conocer, solo que tenemos que formar parte de ese grupo de los pequeños y de los sencillos, porque es ahí donde se nos revela Dios.

Por eso serán los pequeños y los sencillos los que más cerca estarán siempre de Jesús. son los que le escuchan con gusto, son los que son capaces de admirarse por las cosas que realiza Jesús, son lo que en verdad entienden lo que dice Jesús porque llegarán a decir que ‘nadie habla como este hombre’, son los que nunca se pondrán a distancia como simples observadores sino que se arremolinaran junto a El de modo que necesita subirse a la barca para que no lo estrujen allí en la playa de Tiberíades, son los que caminarán a su lado apretujándolo por todas partes de modo que incluso alzarán la mano para atreverse a tocar su manto, son los que serán capaces de irse todo el tiempo que sea necesario detrás de Jesús aunque sea para encontrarle en los lugares más inhóspitos y más lejanos, son los que vendrán ansiosos porque querían estar con El y El ha llegado primero que ellos antes de Cafarnaún sin saber incluso cómo o por dónde ha venido, son los que tendrán un corazón y una mente abierta para escucharle aunque a veces haya cosas que no entiendan, pero ¿a donde van a acudir si solo Jesús tiene palabras de vida eterna?


¿Seremos en verdad nosotros los que recibamos esa revelación de Dios por nuestro corazón humilde y sencillo? Moisés fue capaz de descalzarse en el Horeb y recibió la revelación de Dios.

martes, 23 de mayo de 2023

Mantengamos firme nuestra fe y mantendremos la alegría y la esperanza dando gracias por ese camino de fidelidad que venimos recorriendo, aún la fe caldea nuestro corazón

 


Mantengamos firme nuestra fe y mantendremos la alegría y la esperanza dando gracias por ese camino de fidelidad que venimos recorriendo, aún la fe caldea nuestro corazón

Hechos 20, 17-27; Sal 67; Juan 17, 1-11a

Hay momentos en la vida en que presentimos que se va a dar un cambio de rumbo, que quizás una etapa de la vida la hemos culminado y pasaremos a otras responsabilidades, y no digamos si tenemos la lucidez suficiente y por la edad nos damos cuenta que podemos estar en una etapa final de la vida; hacemos entonces recapitulaciones, que por supuesto tenemos que saber hacer siempre con serenidad de espíritu, hacemos un repaso de responsabilidades que habíamos asumido y de alguna manera queremos tener como un visto bueno de la misión cumplida, o incluso podemos tener la oportunidad de unos consejos o recomendaciones a quienes toman el relevo señalando quizá cosas que consideramos fundamentales y que invitamos a tener en cuenta, salvando siempre la libertad de quienes vienen detrás de nosotros.

Me viene este pensamiento contemplando y escuchando este texto del evangelio que va a tener continuidad estos días hasta que termine el tiempo pascual, y que corresponden a los momentos finales de la última cena de Jesús antes de su pasión y de su pascua. Glorifica Jesús al Padre queriendo también El ser glorificado por el Padre; sabe Jesús que está en el momento culminante de la Pascua con la que concluirá, por decirlo de alguna manera, su misión. Ha cumplido su misión que tendrá su momento culminante en la Pascua, en su entrega hasta la muerte en cruz; había venido Jesús para llenarnos de vida eterna, trasmitirnos el conocimiento de lo que es la vida eterna, el Reino de Dios tan repetido a lo largo del evangelio, y ha trasmitido a los discípulos esos secretos del Reino de Dios.

‘Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado sobre la tierra, he llevado a cabo la obra que me encomendaste… He manifestado tu nombre a los que me diste de en medio del mundo. Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado’.

Su obra está realizada, ‘he manifestado tu nombre a los que me diste en medio del mundo…’ reconoce Jesús. Ha venido a despertar la fe en el Padre ‘y ellos han creído que tú me has enviado’. Con esa fe sembrada en sus corazones quedan los discípulos, aunque todavía han de pasar por momentos difíciles que van a poner a prueba su fe. Pero Jesús ruega por ellos, para que sean fieles, para que se mantengan firmes, para que den testimonio, para que no se sientan solos, para que un día puedan sentirse fortalecidos con el espíritu Santo prometido.

Es la oración de Jesús, al tiempo que pone toda su confianza en los discípulos que han de continuar su obra. Sabe, y eso se los dirá más tarde, que cuando reciban la fuerza de lo alto van a ser testigos no solo en Jerusalén y Judea, sino que han de llegar a los confines de la tierra. Ahora será distinto, pero Jesús les promete que siempre estará con ellos hasta el final de los tiempos.

También a nosotros se nos han revelado esos secretos del misterio de Dios, esos secretos del Reino de Dios que hemos de vivir. Dios también se nos ha revelado en lo hondo de nuestros corazones y también queremos vivir nuestra fe en Jesús, poner toda nuestra confianza en El. Sin embargo, es cierto, muchas veces nos sentimos débiles y frágiles, pero pensemos que Jesús ha rogado por nosotros al Padre.

Tampoco a nosotros nos faltará la fuerza del espíritu, Dios está con nosotros, podemos caminar con seguridad. Que no se nos adormezca nuestra fe, que no se nos diluya en medio de tantas cantinelas que escuchamos en medio del mundo, que como cantos de sirena quieren torcer nuestro camino. Mantengamos firme nuestra fe, y mantendremos nuestra alegría y nuestra esperanza. Demos gracias a Dios, glorifiquemos al Padre por ese camino de fidelidad que venimos recorriendo a pesar de errores y tropiezos. Aún la fe caldea nuestro corazón.

martes, 28 de marzo de 2023

Quién eres tú, una pregunta que nos seguimos haciendo, una pregunta a la que desde nuestros miedos y cobardías no terminamos de dar respuesta comprometida

 


Quién eres tú, una pregunta que nos seguimos haciendo, una pregunta a la que desde nuestros miedos y cobardías no terminamos de dar respuesta comprometida

 Números 21, 4-9; Sal 101; Juan 8, 21-30

¿Quién eres tú?, le preguntamos al intruso que se ha metido en nuestra conversación, al que de nada conocemos, pero que se ha puesto a opinar de todo en lo que estamos hablando o discutiendo entre amigos. ¿Quién eres tú?, le preguntamos quizás al que sí conocemos, pero que ahora se ha puesto a darnos opiniones dispares de lo que de siempre habíamos conocido de de él. ¿Quién eres tú?, le preguntamos a quien ahora pontifica sobre todo cuando nosotros sabemos que él nunca destacó por sus conocimientos o su sabiduría. ¿Quién eres tú? ¿De donde sacas todo eso? ¿Qué nos vienes a decir ahora si nosotros te conocemos?

¿Quién eres tú? Una pregunta que puede ser interesante que nos hace buscar mucho más hondo en el conocimiento que tengamos de los demás, de la vida misma, o incluso de nosotros mismos. ¿Nos conoceremos de verdad? ¿Conoceremos hondamente a aquellos con los que nos relacionamos?

Pero la pregunta surge hoy en el evangelio cuando los oyentes de Jesús no terminan de comprender, no terminan de enterarse de lo que realmente Jesús les está hablando. Podían conocerle, pues él actuaba libre y públicamente. De todos era conocido su actuar, la predicación que había realizado en Galilea, los signos y milagros que hacía, pero aun así andaban confusos. ¿Podía ser el Mesías? en algunas ocasiones así lo habían querido proclamar, muchos querían reconocerlo aunque quizá públicamente no se atrevían porque sabían de la inquina de los fariseos y de los principales dirigentes de Jerusalén que no querían reconocer las obras de Jesús y que incluso de todo era conocido como estaban tramando para quitarlo de en medio.

Se preguntan quién es Jesús porque realmente no lo conocen, o no quieren tampoco reconocerlo porque en la situación en que estaban no parecía lo políticamente correcto, ya que había quien quería quitarlo de en medio y precisamente desde los que se consideraban poderosos en medio de aquella sociedad. Se preguntan también quien es Jesús porque queriéndolo reconocer como Mesías, era algo como una necesidad que sentían porque el pueblo necesitaba una liberación, pero no terminaban de ver en Jesús lo que ellos creían que eran las señales anunciadas por los profetas.

Costaba definirse por Jesús. Se hacían preguntas. No olvidemos que de alguna manera esas preguntas estaban latentes en aquellos que eran los discípulos más cercanos, porque bien que los encontraba Jesús a cada rato discutiendo sobre primeros puestos o cuotas de poder en ese reino nuevo que anunciaba Jesús. Cuando incluso Jesús directamente les pregunta a ellos qué es lo que piensan de El, si se trata de repetir lo que la gente decían lo tenían muy fácil, pero cuando la respuesta tenía que ser más personal y comprometida, comenzaban los tartamudeos, los silencios, los mirarse los unos a los otros y si no hubiera sido por Pedro siempre dispuesto a ser el primero en responder, aquella tarde hubiera reinado el silencio entre el grupo de los discípulos porque tampoco ninguna terminaba por decantarse sobre la opinión sobre Jesús.

En la cena los veremos seguir haciendo preguntas de su ignorancia aun no terminada de corregir sobre la personalidad de Jesús, y en vísperas de la ascensión todavía preguntarán sobre si era ya el momento de la restauración de Israel. Necesitarán que venga el Espíritu Santo para poder dar un testimonio claro y valiente sobre Jesús, para atreverse a salir en la calle y proclamar a los cuatro vientos quien era en verdad Jesús.

¿Seguiremos aun nosotros en esas dudas? ¿Qué mezcolanzas nos hacemos en nuestro interior cuando tenemos que definirnos sobre nuestra fe? ¿No andaremos también con nuestros miedos y cobardías a hablar claramente de nuestra fe? ¿Estaremos en verdad dando razón de nuestra fe al mundo que nos rodea o aun en nuestra manera de actuar no se nota lo que tendría que ser el compromiso de nuestra fe? ¿Hasta donde llega nuestro testimonio?

viernes, 9 de diciembre de 2022

Busquemos la sabiduría que nos enseña a valorar lo bueno que los otros hacen y estaremos en camino de encontrar a Dios que ahí y así se hace presente en la vida

 


Busquemos la sabiduría que nos enseña a valorar lo bueno que los otros hacen y estaremos en camino de encontrar a Dios que ahí y así se hace presente en la vida

 Isaías 48, 17-19; Sal 1; Mateo 11, 16-19

Algunas veces no nos es fácil entendernos. Da la impresión que hablamos lenguajes o idiomas distintos. Nos hacemos nuestras particulares interpretaciones no solo de las palabras que escuchamos, sino que en nuestro juicio estamos queriendo mirar con lupa lo que los otros hacen, aunque da la impresión que la lupa está empañada. Si tenemos el cristal empañado, difícilmente podemos ver con claridad lo que hay al otro lado.

Los que utilizamos lentes o gafas, como comúnmente decimos, a veces nos damos cuenta que no vemos con claridad, pero es por la suciedad que se ha acumulado en nuestros cristales. Así nos pasa en el juicio o la interpretación que hacemos de los demás, vamos desde nuestras particulares ideas ya preconcebidas, vamos con nuestros prejuicios, o vamos también con nuestra malicia. Cuántos conflictos se generan.

Es cierto que cada uno tiene su manera de pensar, pero eso no nos debe encerrar nunca en nosotros mismos. Tiene que haber apertura en el corazón para ser capaces de ver lo bueno que hay en los demás. Cuando en la lucha de la vida nos volvemos opositores los unos de los otros, cuánto nos cuesta aceptar que el otro pueda tener razón, cuánto nos cuesta aceptar lo bueno que realiza el otro.

Y así andamos en nuestra sociedad, lo vemos en la vida social y política, pero lo vemos en las relaciones más cercanas, ya sea con los vecinos, con los compañeros de trabajo o incluso en la propia familia. Nosotros queremos tener siempre la razón y no aceptaremos que el otro pueda ofrecernos algo positivo.

Qué difícil es construir así. Más bien muchas veces nos destruimos. Siempre andamos enmendando pero desde nuestra particular vara de medir y nos cuesta ser objetivos. Nos falta serenidad de espíritu, nos falta madurez. Y no es cuestión de hacer sincretismos en cosas que puedan ser irreconciliables, pero tenemos que aprender a ser tolerantes y respetuosos, para poder ser en verdad constructores.

Les costaba entender a Jesús las gentes de su época. Vemos la diversidad de reacciones. La gente sencilla que se entusiasmaba porque se despertaban las esperanzas en su corazón, pero al mismo tiempo les costaba quitarse de la cabeza la idea preconcebida de lo que tenia que ser el Mesías, y eso no era lo que encontraban en Jesús, por eso se dejarán manipular fácilmente. Por otra parte los que veían que el mundo que se habían construido se les venía abajo, porque su postura era estar siempre en un escalón por encima de los demás, para sentirse con poder, para manipular para que todo fuera a su conveniencia, por sus interpretaciones erradas que hacían de la ley de los profetas.

Unos decían que nadie hablaba como este hombre, en referencia a Jesús, y otros venían con preguntas capciosas para intentar cogerle y para tener de donde desprestigiarle ante el áurea que se había creado en torno a Jesús. No podían aceptar la sabiduría de Jesús, aunque la tuvieran palpable ante sus ojos.

Era la queja de Jesús contra aquella generación. Son como los niños de la plaza, dice, que ni juegan ni dejan jugar. Juan les parecía demasiado austero y exigente en su petición de conversión, a Jesús lo veían como un comilón que se comía con gente de mala calaña, con publicanos y pecadores.

Pero no nos quedemos en hacer juicio de aquella generación, sino que esta Escritura lo que quiere es que nosotros nos enfrentemos con nosotros mismos. ¿Cuál es nuestra verdadera actitud ante Jesús y ante su Buena Nueva? ¿No andaremos también con nuestras componendas o con nuestros prejuicios? Con sinceridad tenemos que ponernos ante Jesús quitando todo lo que empañe nuestra mirada. Escucharle con sinceridad. Abrir nuestro corazón y dejarnos conducir por su espíritu. Tendremos que limpiar el corazón. Por algo siempre nos pide conversión. Es una mirada nueva y limpia con la que tenemos que mirar el evangelio para poder dejarnos conducir por el Espíritu.

Cuando vayamos limpiando nuestra mirada nos daremos cuenta que en los demás, en lo que hacen los otros, hay más belleza de la que nosotros imaginábamos. Es que no tenemos que andar con imaginaciones y prejuicios, sino que tenemos que aprender a valorar a los otros, valorar sus ideas y pensamientos, valorar su manera de actuar sin entrar en juicios sobre lo que hacen.

Así nos enriqueceremos todos, así podremos en verdad construir ese mundo mejor, así caminaremos con verdadera esperanza llena de optimismo por la vida, así estaremos haciendo verdadero adviento en nosotros. Encontraremos la verdadera sabiduría.

jueves, 31 de marzo de 2022

Que el Espíritu del Señor nos ilumine y mueva nuestros corazones para que seamos capaces de descubrir las señales de Dios en Jesús, nuestra única salvación

 


Que el Espíritu del Señor nos ilumine y mueva nuestros corazones para que seamos capaces de descubrir las señales de Dios en Jesús, nuestra única salvación

Éxodo 32, 7-14; Sal 105; Juan 5, 31-47

La vida del ser humano podíamos decir que en cierto modo es siempre una vida de búsqueda; desde que nacimos y comenzamos a palpar la realidad que nos rodea la criatura está en esa búsqueda, quiere conocer, quiere palpar todo cuanto le rodea diferenciando lo que es su propia vida de la vida del entorno que le rodea; sus ojos, y podíamos decir que su mente está siempre abierta y atenta a lo que sucede y en la medida que crecemos y va madurando nuestra mente comienzan también los porqués de cómo son las cosas, cómo es la vida, cómo es lo que le rodea, hasta que se hace las preguntas más profundas sobre su propio ser, su vida y lo que realiza o ha de realizar en ese mundo que va descubriendo.

Siente el ser humano que su vida se trasciende, no se queda solo en el momento, en lo presente, descubre que hay un más allá, pero hay algo también más arriba porque siente que está por encima de todo, que todo lo gobierna o todo le da sentido. Es la búsqueda y el encuentro con el sentido de Dios, donde surgirán las preguntas más trascendentales y en cuya respuesta va a ir encontrando el sentido de su vida. no siempre quizás sabemos hacernos las preguntas de la forma más correcta, y no siempre sabemos encontrar la respuesta; nos dejamos guiar por la experiencia de quienes viven junto a nosotros y en quienes ponemos también nuestra confianza para alcanzar esas respuestas, o para alcanzar ese sentido de la propia vida.

Sin embargo podemos obcecarnos, sucede que se nos cierra la mente, que nos quedamos quizás paralizados en un momento sin saber seguir adelante, o sin tener la valentía de buscar y de dejarnos guiar; hay cosas que desde lo material que vivimos también puede cerrarnos puertas y perder esa capacidad de trascendencia, ese sentido espiritual de la vida y del ser humano. Quizás podemos tener pruebas palpables de lo que nos da sentido, pero seguimos encerrados en nuestras ideas o en nosotros mismos y no somos capaces de ver.

Es la búsqueda del ser humano, es la búsqueda de la vida, es la búsqueda de Dios. Y Dios va dejando señales de su presencia, señales para que le podamos encontrar, Dios viene a nuestro encuentro y se nos da a conocer. Es la revelación de Dios. Es lo que está en ese fondo de nuestra religión cristiana, es la revelación que Jesús va haciendo de sí mismo, pero es la revelación que nos hace de Dios. Por eso le llamamos la Palabra, la revelación de Dios; es Dios mismo que nos habla, pero tenemos que saber escuchar, tenemos que abrirnos a ese misterio porque si seguimos encerrados en nuestras propias ideas no nos abriremos nunca a lo que Dios de si mismo quiere revelarnos.

En el pasaje del evangelio que hoy se nos ofrece estamos viendo como Jesús se nos revela, pero nos está diciendo las señales y las pruebas para que podamos encontrarle, para que podamos escucharle y conocerle. Nos dice que tenemos que ver sus obras, son la garantía del Padre que nos señala a Jesús, como en otro momento nos dice que tenemos que escucharle, porque es el Hijo amado; pero Jesús apela al testimonio de Juan, pero también a lo anunciado de El en la Escritura, nos dice que hay que escuchar a Moisés.

Los contemporáneos no Jesús no terminaron de comprenderlo; no supieron leer esos signos y señales para conocerle. Son las diatribas entre Jesús y los judíos, que escucharemos en estos días en el evangelio. Abramos nuestro corazón, dejémonos conducir, seamos capaces de ver las señales, para que seamos capaces de reconocer que solo en Jesús podremos encontrar la verdadera salvación.