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viernes, 11 de septiembre de 2026

Un camino de luces y sombras, que hemos de aprender a recorrer, que ha de ser siempre de superación y crecimiento, de mano tendida para caminar juntos

 


Un camino de luces y sombras, que hemos de aprender a recorrer, que ha de ser siempre de superación y crecimiento, de mano tendida para caminar juntos

1Corintios 9, 16-19. 22b-27; Salmo 83; Lucas 6, 39-42

Todos en la vida tenemos luces y sombras, y el que diga lo contrario está equivocado, no se conoce de verdad a sí mismo, o tiene una falta grande de humildad que lo tiene endiosado. Tenemos nuestros límites, nos sentimos en ocasiones impotentes, nos damos cuenta de nuestra ignorancia en muchas ocasiones aunque nos demos de sabérnoslas todas, el camino de la vida parece que en ocasiones se nos llena de obstáculos, somos conscientes sin querer dárnoslas de perfectos o perfeccionistas que también los que caminan a nuestro lado se encuentran en situaciones como las nuestras, también con sus luces y con sus sombras, con ese temblor que se nos mete en las piernas cuando encontramos dificultades o nos parece que no vemos clara la meta que nos proponemos.

La vida es un aprendizaje que ha de tener también su proceso, donde hemos de tener por una parte la valentía de querer avanzar y aprender, pero también la humildad de quien se deja enseñar y conducir porque reconoce que no todo lo tiene ya conseguido; cuidado que nos creamos sabedores de todo antes de tiempo porque nuestros tropiezos serán más aparatosos y también el daño que podemos hacer a los demás cuando estamos aun con poca claridad y nos podemos convertir en ciegos que intentan guiar a otros ciegos.

Es lo que nos está planteando Jesús hoy en el evangelio. San Lucas recoge aquí diversas sentencias que pone en labios de Jesús, que eran esas enseñanzas que en su momento oportuno Jesús iba desgranando con sus discípulos. Ya nos dice que como discípulos. no nos creamos más que nuestro Maestro, y que solo cuando haya recorrido todo el proceso podremos hablar con autoridad, no la nuestra, sino la que proviene de la acción del Espíritu en nosotros.

Por eso antes nos ha dicho Jesús lo del ciego que guía a otro ciego cayendo los dos en el hoyo. La necesaria humildad que necesitamos, como decíamos hace un momento, para primero dejarnos enseñar. No podemos ir de autosuficientes por la vida aunque muchos de esa especie nos podemos ir encontrando por los caminos. Es un gran problema con que nos encontramos hoy los cristianos y en la Iglesia; quizás porque recibimos un catecismo cuando de niños nos prepararon para los sacramentos ya pensamos que tenemos todo el camino recorrido, que ya tenemos la suficiente formación.

En la vida no nos quedamos en las cuatro reglas que nos enseñaron en la escuela, por decirlo de alguna manera, sino que en la medida en que hemos ido creciendo y madurando hemos seguido formándonos y preparándonos para afrontar los problemas de la vida pero también nuestras tareas y responsabilidades. Queremos que nuestros hijos aprendan, solemos decir, y les ofrecemos un camino en colegios, institutos, universidades, todo lo que sea necesario para que se formen y se preparen bien para la vida.

¿Es lo que queremos y deseamos en nuestra formación cristiana? Como niños recibimos lo que podíamos captar como niños, pero en nuestro crecimiento como adolescentes y jóvenes, como personas adultas y maduras tenemos que seguir con nuestra formación., con ese ir madurando cuando hemos recibido y forma parte de nuestra fe y en consecuencia de lo que tendría que ser nuestra vida cristiana. Pero eso no lo tenemos en cuenta, eso nos parece una pesadez, eso nos lleva a la superficialidad e inmadurez con que vivimos en el ámbito de nuestra fe y nuestro compromiso cristiano.

Por eso terminará el texto del evangelio ofreciéndonos esas sentencias de Jesús que nos hablan de cómo primero hemos de purificar nuestra vida antes de querernos convertir en salvadores de los demás. Es la mota que podemos ir a quitar del ojo de nuestro hermano, mientras nosotros llevamos una vida atravesada en nuestros ojos. ¿Significa que porque somos débiles y pecadores no podemos ayudar a los demás? Nada de eso, siempre podemos y tener que estar abiertos a la corrección fraterna, aún sabiendo de nuestras debilidades; si las reconocemos en nosotros iremos con más humildad al encuentro con los otros; porque sabemos de lo débiles que somos y lo que muchas veces nos puede costar el superarnos, iremos con mayor delicadeza a ayudar al otro, porque nunca iremos desde nuestro pedestal sino abajándonos y poniéndonos a la misma altura del otro para mejor expresarle nuestro amor.

Todo un camino de luces y sombras, todo un camino que hemos de aprender a recorrer, todo un camino que ha de ser siempre de superación y crecimiento, un camino en que aunque débiles nos sentimos hermanos y sabemos tendernos las manos con la mayor delicadeza para caminar juntos.


lunes, 29 de diciembre de 2025

No unas luces tintineantes que parpadean con fecha de caducidad, la luz de la Navidad ha de dejar rastro permanente en nosotros y en nuestro mundo

 


No unas luces tintineantes que parpadean con fecha de caducidad, la luz de la Navidad ha de dejar rastro permanente en nosotros y en nuestro mundo

1Juan 2,3-11; Salmo 95; Lucas 2, 22-35

Todo lo vivido en estos días es mucho más que un juego de luces de colores que con el brillo de sus parpadeos nos llaman la atención aunque sabemos que pronto se difuminarán y se apagarán. Nuestras calles y nuestras casas, nuestros lugares de reunión y de convivencia social se han llenado de parpadeantes luces de colores con sus diversas intensidades – y todo nos parece tan bonito – pero que tienen fecha de caducidad y pronto dejarán de parpadear hasta otra ocasión. Algunos han puesto en ello toda su navidad que así pasará como un soplo por la vida sin dejar ningún rastro.

Pero, como decíamos desde el principio, la luz que encontramos en la navidad es mucho más que todo eso y mucho más hondo. El resplandor de la navidad verdadera no tiene por qué difuminarse hasta apagarse sino que si lo hemos vivido con toda la intensidad del mundo será una luz que nos va a iluminar para siempre. Por algo los profetas hablaban de un pueblo que caminaba en tinieblas pera al que una luz le brilló para renacer a algo nuevo y más vivo.

Hoy contemplamos en el evangelio a un anciano que canta y da gracias a Dios porque sus ojos han podido contemplar ya para siempre luz que nos ilumina. ‘Mis ojos han visto a tu Salvador a quien has presentado ante todos los pueblos, luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel’.

No tenía él que conocer cuanto había sucedido en torno a este niño desde su nacimiento. Ahora guiado por el Espíritu Santo lo ha reconocido entre tantos que probablemente en aquellos momentos eran presentados al Señor en el templo y siente que ya puede morir en paz, porque todas las promesas y las esperanzas se han cumplido. No sabía él de los pastores a los que se les iluminó la noche de Belén con el coro de ángeles que cantaba la gloria del Señor; no tenía que saber de unos magos venidos de Oriente que guiados por una estrella llegaron a adorar al Niño en Belén. Pero sí tiene certeza de la luz, no de una luz que parpadea y se difumina, sino de la luz que va a iluminar a la humanidad para siempre.

Es lo que nosotros seguimos viviendo y seguimos celebrando. Pero vivirlo y celebrarlo nos compromete. No son luces que pasan y luego dejan de nuevo todo en tiniebla. Es una luz que va a prender en nosotros para convertirnos en luz, una luz que hará brillar nuestros ojos con un resplandor especial, como le estaba sucediendo al anciano Simeón. Dentro de nosotros hay una alegría especial desde que nos encontramos con la luz, desde que nos encontramos con Jesús y en El hemos puesto toda nuestra vida y eso se va a manifestar en el resplandor de nuestro rostro, como a Moisés cuando bajaba de la montaña de contemplar a Dios, y se tiene que reflejar en el brillo de nuestros ojos. ¿No nos hemos fijado en el brillo de unos ojos cuando hay pureza en el corazón y cuando hay alegría en el alma?

Somos ahora nosotros los que tenemos que ir dejando a nuestro paso destellos de luz con esa alegría que nace de lo más hondo de nosotros mismos, pero con esos gestos de cercanía, de amistad que vamos dejando como rastro de nuestro paso al que ya le daremos una alegría y un entusiasmo especial. El testimonio de nuestras vidas, el testimonio de nuestra entrega y amor van a ser faros que iluminen y que hagan orientar el rumbo de los que están a nuestro lado. Cuánto necesita nuestro mundo envuelto en tan tormentosas nubes de esos faros de luz para que nuestra vida no encalle en cualquier bajío, o no se despeñe por cualquier barranco.

Es el testigo de luz que recibimos en nuestra navidad, un testigo de luz que tenemos que ir pasando para que todos se sientan iluminados. Cuánto coraje tenemos que poner para enfrentarnos a esas sombras, pero es el testimonio valiente que los cristianos tenemos que dar.

Es hora de despertarnos, de hacernos verdaderos misioneros y evangelizadores, no nos podemos dejar comer por el ambiente de cansancio de aburrimiento que nos rodea; cuánta desgana, cuánta acomodación, cuánta comodidad, cuánta falta de inquietud encontramos en muchos cristianos a nuestro alrededor que tendrían que ser guías que impulsen nuevas iniciativas; tenemos que ser comunidades más vivas que hagan brotar mil iniciativas para ser verdaderos misioneros en medio del mundo.

 

sábado, 2 de agosto de 2025

Nos asomamos a la ventana de la vida para reconocer nuestra cruda realidad pero buscamos en medio de las sombras la luz que brilla y nos conduce a caminos de rectitud

 


Nos asomamos a la ventana de la vida para reconocer nuestra cruda realidad pero buscamos en medio de las sombras la luz que brilla y nos conduce a caminos de rectitud

Levítico 25,1.8-17; Salmo 66; Mateo 14,1-12

En más de una ocasión nos habremos puesto desde nuestra ventana a observar cuando sucede a nuestro alrededor; quizás inocentemente nos asomamos para contemplar el tiempo o la naturaleza que nos rodea, pero ya sea desde la ventana de nuestra casa allí donde vivimos o desde la altura de la ventana de un gran edificio en la gran ciudad es muy variado el panorama que observamos; la loca carrera de la vida, podríamos decir, con sus ambiciones y con sus sueños, con sus luchas muchas veces encarnizadas aunque solo fuera de forma sutil o con el desencanto de tantos que se arrastran por la vida, de los que reflejan sus miedos y huidas en sus formas de caminar o actuar, o de los que van avasallando todo y a todos porque poco menos que se creen los reyes del mundo, pasiones desenfrenadas o complejos que son también peligrosos por las reacciones que pueden provocar.

¿Encontraremos en medio de todo eso un rayo de luz que pueda centrarnos en la verdad y en la vida? Quizás nos pasen desapercibidos porque son los que menos ruido hacen, pero también tenemos que aprender a descubrirlos.

Me he puesto a pensar en todo esto al escuchar el relato del Evangelio que hoy se nos ofrece, un mundo de pasiones o un mundo también muy lleno de sombras desde donde se trama la maldad bajo apariencias muchas veces de fiesta y alegría. De pronto al iniciarnos o motivarnos el relato aparece alguien prepotente pero al mismo tiempo temeroso, porque quizás ya siente que le pesa la conciencia. Herodes tan poderoso y amigo de hacer lo que le apetece, ahí le vemos con sus fiestas y fastuosas alegrías pero que le dejan vacío el corazón, pero que con lo que está oyendo de Jesús comienza a temer porque recuerda que fue él quien mandó matar al Bautista. ¿Se le están apareciendo fantasmas o es la tortura de la conciencia que no ha sido recta? ¿Nos pasará también en algunas ocasiones cuando allá en lo hondo reconocemos que nuestra vida no ha sido recta?

Podríamos seguir fijándonos en la vanidad que rodea todo aquel cuadro, desde los que participan en la fiesta por agradar al poderoso, o el vacío de una bailarina que lo que pretende es despertar pasiones y no teme en convertirse en un juguete de los que parecen más poderosos; detrás el rencor y el resentimiento de quien se siente señalada en su vida turbia y que moverá los hilos que llevan a la desaparición de quien con su rectitud le atormenta en su conciencia; están también los respetos humanos y el querer quedar bien aunque tiene conciencia de que ha ido más allá de lo que sería verdaderamente justo.

Es el cuadro que se nos presenta en esa escena, pero quizás tendríamos que preguntarnos en que lugar estamos nosotros también en ese cuadro. Pero no escuchamos este relato del evangelio simplemente para que caigan sombras sobre nosotros, sino que en él tenemos que saber encontrar un rayo de luz.

Y el protagonista de esa luz es a quien ahora no le escuchamos palabra, pero que su vida ha sido y es voz que nos llama y nos invita a que encontremos el camino de la verdad, aunque sea costoso, aunque tengamos que ir contra la corriente, aunque nos cueste entregar la vida. Es lo que hizo el bautista a quien hoy contemplamos en el silencio, pero que sin embargo nos está gritando muy fuerte para que vayamos al encuentro de la luz buscando los caminos de la rectitud que nos trasmite el evangelio.

¿Nos moverá a algo la contemplación de este cuadro? ¿Iremos en búsqueda de la luz porque comencemos a ponernos en verdad en el camino del evangelio de Jesús?

miércoles, 18 de diciembre de 2024

El Señor llega a nosotros de mil maneras, pero nosotros hemos de preparar nuestro espíritu, cultivar nuestro espíritu, alimentar nuestra fe en la humildad y rectitud de vida

 


El Señor llega a nosotros de mil maneras, pero nosotros hemos de preparar nuestro espíritu, cultivar nuestro espíritu, alimentar nuestra fe en la humildad y rectitud de vida

Jeremías 23, 5-8; Salmo 71; Mateo 1, 18-24

En la vida tenemos a veces hermosos sueños, pero que en ocasiones parece que se truncan luego en lo que es la realidad de nuestro caminar y pueden producirnos desilusiones o incluso sensación de fracaso. Cuando digo sueños estoy pensando en deseos, en proyectos que nos hacemos donde en la descripción que nos hacemos de los mismos lo vemos todo maravilloso y en cierto modo idílico. Pero como decíamos cuando bajamos al caminar de la vida ordinaria las cosas nos salen de distinta manera y pueden surgir muchas dudas e interrogantes en nuestro interior.

El evangelio comienzo a hablarnos de una pareja, que solo en ese momento están prometidas, que también tienen sus sueños y sus ilusiones. Pero las cosas parece que comienzan a hacer otro camino. Resultó que María esperaba un hijo y a José le sentó fatal como todos podemos comprender; quería repudiarla, pero era de tal bondad en su corazón que no quería hacer daño a nadie, y menos a María a quien seguía amando; por eso, nos dice el evangelista, decide repudiarla en secreto. ¿Los fracasos de la vida? ¿Un anuncio en cierto modo profético de lo que más tarde diría Simeón de que aquel niño era todo un signo de contradicción?

Pero eran las cosas de Dios. Y José siente esa presencia de Dios en su vida; era un hombre de fe que sabía hablar y escuchar a Dios en su corazón. Nos hablará el texto evangelizo de un ángel y que se aparece en sueños, que era una forma de hablar y expresar cosas que eran difíciles de expresar en palabras humanas. José llegará a comprender el misterio de Dios que se realiza en María. Al menos en su fe, que no se resiente, acepta desde lo hondo de su corazón lo que son los planes de Dios. ‘la recibió en su casa’, nos dice el evangelista.

Los planes de Dios que tantas veces nos cuesta descubrir y aceptar. El verdadero creyente confiesa que su vida está en las manos de Dios. Planes de Dios que en ocasiones nos cuesta, como decíamos, descubrir, se nos hacen inescrutables. Es necesaria una sensibilidad especial que desde la fe hemos de saber despertar en el alma. La sintonía de Dios que nos suena de formas diversas, que nos suena donde menos lo esperamos, que nos suena en esos acontecimientos de la vida que no tienen que ser extraordinarios sino quizás en eso pequeño que vivimos o que nos sucede. Hay peligro, es cierto, de confusiones, que nos veamos perdidos, que comencemos a tomar decisiones que más bien provocan en nosotros peores interrogantes porque nos llenan de dudas. 

¿Llegaremos a sentir la presencia del ángel del Señor en nuestra vida que se nos revela, que nos descubre ese misterio de Dios? El Señor puede llegar a nosotros de mil maneras, pero también nosotros hemos de preparar nuestro espíritu, cultivar nuestro espíritu, cuidar y alimentar nuestra fe, tener una apertura en la vida, que haya también una bondad y una rectitud en nuestro corazón para no querer nunca lo malo ni el hacer daño a nadie,  y para eso es necesario también mucha humildad para dejarnos conducir.

Lo estamos hoy viendo hoy en la figura de José. Era un hombre bueno, nos dice el evangelista. Algo que nos habla de la bondad de su corazón, pero también de su espíritu de fe y de su humildad. Será el hombre que pasará en silencio por las páginas del evangelio pero en quien vemos resplandor su fe y su bondad. ¿Seremos capaces de imitarle?

Es lo que hoy nos está planteando el evangelio para nuestra vida. Solo así podremos descubrir el misterio de Dios en nosotros, los planes que Dios tiene para nosotros y llegar a aceptarlos. Sepamos leer los acontecimientos de nuestra vida aunque nos puedan parecer en ocasiones llenos de sombras, como le pasaba a José. Pero él se encontró con la luz, llego a sentir la presencia del Emmanuel en su vida, al que llamaría Jesús porque era en verdad la salvación. Intensifiquemos todo esto en estos pasos que nos quedan del adviento.

domingo, 15 de diciembre de 2024

Unas nuevas expectativas en búsqueda de una auténtica navidad para sentir que Dios está en medio nuestro en este mundo convulso en que vivimos

 


Unas nuevas expectativas en búsqueda de una auténtica navidad para sentir que Dios está en medio nuestro en este mundo convulso en que vivimos

Sofonías 3, 14-18ª; Sal.: Is 12, 2-3; Filipenses 4, 4-7; Lucas 3, 10-18

En la vida siempre estamos a la expectativa de algo; salvo que vivamos de una forma pasiva, simplemente dejándonos arrastrar por lo que salga, siempre hay una inquietud de algo distinto, de algo mejor en el corazón. Malo es no tener expectativas, no tener esperanzas, que se nos hayan apagado las ilusiones. Una expectativa nos hace estar despiertos, porque la esperanza sería pobre si solo fuera algo pasivo.

Claro que no todos tienen las mismas expectativas. También es posible que nos confundamos y nos equivoquemos. Habrá cosas que nos ilusionan por su brillo, pero pronto quizás nos damos cuenta de que es hojarasca, que son oropeles, falsos oros. Nos podemos crear confusión, sobre todo desde las influencias externas que recibimos de acá para allá. Difícil mantener el equilibrio, pero es algo que tenemos que intentar, que necesita quizás un esfuerzo por nuestra parte, y algunas veces parece que no estamos por ese esfuerzo o por esa superación, sino de forma pasiva dejarnos arrastrar.

Miramos nuestra vida, miramos nuestro mundo, miramos la sociedad que nos ha tocado vivir o que entre todos hemos construido o estamos haciendo quizá cada uno queriendo tirar del ascua para su sardina, son muchos los intereses, son muchos los tira y afloja que vamos recibiendo de acá y de allá. Repito que nos cuesta mantener el equilibrio. Será en la forma como queremos la vida, las apetencias de felicidad que todos llevamos dentro, el desarrollo como personas que todos de alguna manera queremos, serán los sueños de algo superior o de cómo mejorar la vida, será el cansancio de la rutina que nos arrastra, será la insatisfacción de lo que contemplamos que otros hacen. Esperamos, quisiéramos, deseamos, buscamos… ¿cuáles son nuestras esperanzas?

Estamos envueltos por la vida con toda su problemática; como creyentes también vamos queriendo hacer un camino; tenemos unas costumbres o unas tradiciones religiosas también que van marcando el ritmo de la vida. En estos momentos estamos en la cercanía de la Navidad. Todo el mundo prepara la navidad, forma parte también de nuestras expectativas. Claro que tenemos que preguntar qué es lo que en verdad estamos preparando cuando decimos que preparamos la navidad.

Ahí están las carreras de compras en las que nos vemos envueltos, vemos los adornos con que vamos llenando nuestras calles, nuestras plazas, nuestras casas, vemos la cantinela de la lotería que ya comienza a escucharse aunque sea en anuncios, pasamos por el mercado y ya estamos pensando en lo que nos va a costar la comida de estas fiestas, suenan las músicas y los villancicos de navidad pero también tendríamos que fijarnos en lo que expresamos en esas músicas y en las letras que cantamos. ¿Qué es lo que predomina en todo eso? ¿Qué es lo que predomina en la preparación de la navidad?

Y es una pregunta seria que tendríamos que hacernos, ¿preparamos navidad o preparamos el nacimiento de Jesús? Lo malo sería que el protagonista principal lo dejemos fuera, no lo invitemos a esta fiesta, porque casi ni nos acordamos de lo que significó aquel momento. Como creyentes que queremos celebrar en verdad la navidad tenemos que hacer un parón, detenernos un poco a pensar. Es lo que para nosotros los creyentes ha de significar este tiempo de Adviento que estamos recorriendo, que es mucho más o algo bien distinto a hacer unas compras o poner unos adornos.

Para el creyente claro que es una gran fiesta para la que nos estamos preparando y todo tienen que ser alegría y es cierto que tienen que brotar los cantos y la música pero quizás –o sin quizás - también algo más. Lo vamos a mostrar en muchos signos de cercanía y de amistad con la familia y con los cercanos a nosotros. Pero ¿de donde tiene que arrancar?

Este domingo es llamado el de la alegría, porque así lo expresa la liturgia también, por la cercana navidad. ¿Cuál es el anuncio que nos llena de alegría? ‘Aquel día se dirá a Jerusalén: «¡No temas!, ¡Sión, no desfallezcas!» El Señor, tu Dios, está en medio de ti, valiente y salvador; se alegra y goza contigo, te renueva con su amor; exulta y se alegra contigo como en día de fiesta’. Así nos decía el profeta. ‘El Señor, tu Dios, está en medio de ti…’

Eso es la verdadera navidad. ¿No decimos Emmanuel? ¿Qué significa? ‘Dios con nosotros… Dios está en medio de ti’. No lo podemos olvidar. Es la razón de todo. Y si no llegamos a sentir que Dios está en medio de nosotros, es que no hemos entendido la navidad porque muchas fiestas, cantos, comidas y regalos que nos hagamos.

Y es que tenemos que escuchar con mucha atención el evangelio que hoy se nos ofrece. Nos dice que Juan el Bautista ‘con muchas exhortaciones anunciaba al pueblo el Evangelio’. Por eso también como aquellos que iban a escucharle allá en la orilla del Jordán también nosotros hemos de preguntar, ‘¿qué debemos hacer?’ Y Juan iba señalando de forma muy concreta a cada uno de ellos esas nuevas actitudes que debían tener en su vida.

Y habla de solidaridad y de compartir, habla de rectitud de vida y de responsabilidad, habla de pureza de corazón arrancando maldades y de buen espíritu para la convivencia con los demás; podríamos traducirlo en muchas cosas concretas para nuestra vida; miremos donde están nuestras flaquezas, los tropiezos que vamos teniendo en la convivencia con los demás, las posturas que tomamos en relación a los otros, la forma de vivir nuestras responsabilidades, las carencias que podemos tener en nuestra vida familiar, miremos con sinceridad nuestra vida e iremos encontrando la respuesta a esa pregunta que nos hacíamos.

Y cuando vayamos haciendo que todo eso sea distinto vamos a sentir una nueva paz en nuestro corazón que hará surgir una alegría verdadera; y cuando vayamos abriéndonos a los demás de una forma nueva teniendo nuevas actitudes estaremos abriendo las puertas del corazón para que Dios llegue a morar en él.

Entonces sentiremos al Emmanuel, entonces nos daremos cuenta que Dios está en medio nuestro, en este mundo tan complicado en el que vivimos y con tantos problemas, entonces habrá verdadera alegría de navidad a pesar de tantas sombras de tristeza y de sufrimiento que vemos alrededor, entonces todas esas cosas que hacemos no se quedaran en superficialidades de un día sino que serán comienzo de un nuevo día para nuestra vida. Se cumplirán unas nuevas expectativas para nuestro corazón. Necesitamos, el mundo necesita una nueva Navidad.

sábado, 28 de septiembre de 2024

En los momentos oscuros, siempre nos aparecen crisis, tenemos que aprender a no desinflarnos sino sacar toda nuestra fortaleza interior, Dios siempre va con nosotros

 


En los momentos oscuros, siempre nos aparecen crisis, tenemos que aprender a no desinflarnos sino sacar toda nuestra fortaleza interior, Dios siempre va con nosotros

Eclesiastés 11, 9 – 12, 8; Salmo 89; Lucas 9, 43b-45

Pájaro de mal agüero, dicen algunos; otros dicen, hay que ser realistas. Pero parece que se nos atraviesa una nube cuando estando en buenos momentos que parece que todo marcha bien, que las cosas van saliendo adelante, que nos encontramos muy felices con lo que hacemos o con la aceptación que los otros tengan de nosotros, si viene alguien y nos dice que esto no va a ser siempre así, que pueden venir malos momentos, que lo que parece que tenemos a favor un día se nos puede volver en contra, nos sentimos mal, no lo queremos aceptar, nos duele que pueda parecer que fracasamos en lo que hacemos. Y algunos nos dicen es la vida. Pero en el fondo no sabemos como reaccionar.

Y muchas veces nos suceden cosas así. No todo es un camino de rosas, como se suele decir, pero también se nos recuerda que en ese camino de rosas hay espinas y algo nos puede doler. Problemas en nuestros trabajos, cosas que se nos vienen abajo en nuestros proyectos, temblores (y vamos a decirlo así más suavemente) en nuestras relaciones familiares o en el trato con los amigos. En la vida nos van apareciendo sombras y hemos de estar preparados, fortalecidos interiormente para afrontarlas sabiendo que no nos va a faltar siempre una luz en ese camino. Tendremos que saber a quien acudimos, quien nos acompaña en ese camino, y que la presencia del Señor, aunque a veces nos parezca turbia, no nos faltará.

Para los discípulos las palabras de Jesús eran como un jarro de agua fría. Ya nos dice el propio evangelista que en medio de la admiración general por lo que hacía Jesús que iba caminando con los discípulos en lugares un tanto apartados para poder tener con ellos algo más de intimidad les va anunciando lo que va a suceder en Jerusalén. Habían tenido un buen momento cuando Jesús les había preguntado que significaba El en sus vidas y allí se habían manifestado libremente, desahogando su corazón y con aquella tan hermosa confesión de Pedro. Pero ahora Jesús les dice que vendrán sombras, pero que serán anticipo del encuentro con la luz verdadera. Sería su Pascua, donde en verdad iban a ver todo el sentido de su vida.

Pero aquello no lo entienden. Si toda la gente le aclama, sienten admiración por El, cómo es que van a suceder esas cosas que Jesús está anunciando. Pero el choque que ha supuesto en sus vidas aquellas palabras de Jesús les hace que ellos se queden sin palabras, no pueden entender. Era para ellos un lenguaje oscuro y difícil de entender. Provocará incluso que ellos se encierren en sí mismos. Les daba miedo preguntar.

Son también las crisis que se provocan tantas veces en nuestra vida cuando de repente todo comienza a irnos mal. Nos desinflamos, también nos encerramos en nosotros mismos, tenemos la tentación de abandonar, también nos hacemos muchas preguntas y dirigimos nuestra mirada a lo alto no siempre con confianza y muchas veces con resquemor. Nosotros no merecíamos esto, pensamos, como si todo estuviera girando en torno a merecimientos.

Como decimos tantas veces tenemos que aprender a sacar nuestra fortaleza interior. Y la vida nos va enseñando, y de esos momentos tenemos que sacar nuestras lecciones para cuando nos pueda volver a suceder otra vez lo mismo. Nos cuesta aprender la lección. Pero no podemos perder la paz en nuestro interior, tenemos que aprender a actuar con serenidad, las huidas no son buen camino, no podemos convertir esos momentos en una derrota.

domingo, 30 de junio de 2024

Como Jesús tenemos que ser rayos de luz y esperanza, ir despertando a tantos dormidos en la vida, tender la mano a quienes están postrados para levantarlos de la muerte

 


Como Jesús tenemos que ser rayos de luz y esperanza, ir despertando a tantos dormidos en la vida, tender la mano a quienes están postrados para levantarlos de la muerte

 Sabiduría 1, 13-15; 2, 23-24; Sal. 29; 2 Corintios 8, 7. 9. 13-15; Marcos 5, 21-43

‘Despiértate, que parece que estás dormido’, le decimos a alguien y no porque se esté durmiendo donde no debe hacerlo, por ejemplo en su lugar de trabajo, sino porque parece que le falta vida, le falta entusiasmo en aquello que está realizando, como si le faltara vida. Pero, ¿cómo reaccionamos nosotros habitualmente cuando falta la vida?

Y podemos concretar algo más, ¿cómo reaccionamos ante la enfermedad que nos limita, antes las deficiencias físicas o síquicas con que algunas veces tengamos que enfrentarnos en nosotros o en los que nos rodean, como nos enfrentamos al hecho de la muerte? No solo soportamos, se convierte como en una amargura porque queremos vivir y no queremos ninguna limitación; es el amor a la vida que todos llevamos de manera implícita en nuestro propio ser.

Queremos vivir, aunque algunas veces no sepamos cómo; y digo que no sepamos cómo porque muchas veces tenemos conceptos muy distintos en lo que es vivir; y nos podemos confundir, y aunque digamos que estamos buscando la vida, más bien nos encerramos en la muerte; hay muchas formas de estar muerto.

Pudiera parecer que me estoy enrollando de mala manera, pero es algo que en el fondo todos pensamos, aunque saquemos conclusiones diversas y no siempre convergentes. Pero es un ansia que todos llevamos. Y hoy el evangelio nos quiere hacer pensar en todo eso.

Nos habla el evangelio de una niña que está en lecho de muerte, de un padre que desesperado, podemos decir, no sabe a quién acudir y viene a Jesus; y nos habla de que Jesús se pone en camino, aunque parece como si fueran diversos los obstáculos que van apareciendo. Prescindimos de lo que nos cuenta otro evangelista de la mujer que se introduce por medio con sus hemorragias – también carencia de vida al desparramarse la sangre – en el camino de Jesús hasta casa de quien le ha pedido por su hija; pero vendrán decir que la niña ha muerto y ya no hay esperanza; allá están ya las plañideras con sus llantos y lamentaciones.

Jesús sigue el camino que ha emprendido, que es un camino que quiere que nosotros también realicemos; de hecho lo estamos realizando con nuestros miedos y con nuestras dudas, con nuestro dejarnos dormir en tantas cosas que tendrían que ser importantes y dejamos a un lado, con la muerte que vamos dejando entrar en nuestra vida con nuestras desganas, nuestros abandonos y nuestras desconfianzas, nuestros cansancios y aburrimientos, con tantas rupturas de todo tipo que nos van destrozando por dentro; de tantas maneras nos vemos envueltos en un circulo de sombras que parecen fúnebres en nuestra vida.

‘La niña no está muerta, sino dormida’, les dirá jesus a los que ya están haciendo duelo, aunque no lo comprendan e incluso se rían de El. ¿Dirá eso Jesús de nosotros?  Si solo está dormida se podrá despertar. Es un rayo de esperanza el que quiere entrar en aquella casa tan envuelta en sombras lúgrubes, que estaban allí ya desde el primer momento las plañideras.

¿No seremos de alguna manera plañideras de nuestra propia vida en muchas ocasiones? Claro que vienen las dificultades en la vida y los contratiempos, y nosotros lo que hacemos es quejarnos de todo y de todos; pronto queremos echar balones fuera y empezamos a ver culpabilidades; o nos sentimos impotentes e incapaces de levantarnos para comenzar de nuevo y allí donde hay sombras tratar de poner luz; o abandonamos ante la primera dificultad sin intentar buscar solución, encontrar una salida, descubrir otras posibilidades de hacer las cosas. Como se suele decir, muchas veces somos unos quejicas. Y aún más a quien viene a intentar darnos una solución le decimos ya de antemano que las cosas no tienen solución porque está todo perdido.

Jesus siguió adelante, se abrió paso entre aquellos que lo veían todo perdido. Y a Jairo le decía, ‘basta que tengas fe’. ¿Será posible la esperanza cuando parece que todo está perdido? ¿De qué nos puede valer esa fe? Es lo que muchos se siguen preguntando y quizás quieran planteárnoslo si nosotros queremos seguir adelante como Jesus. Jesus cogió de la mano a la niña y la levantó. ‘A ti, te lo digo, levántate’. Y le dijo a los padres que le dieran de comer.

¿Nos dejaremos que nos tomen de la mano para levantarnos de nuestra oscuridad de muerte en la que tantas veces nos vemos envueltos? Quizá no nos hemos dado cuenta ni lo hemos valorado, pero cuántas veces hemos salido de nuestras postraciones, de nuestros malos momentos; cuántas veces hemos comenzado a creer de nuevo que es posible, que se puede cambiar o se puede recomenzar, que las cosas comienzan a tener solución. ¿Habremos pensado en esa mano de Dios que ha llegado a nosotros a través quizás de quien menos pensamos que con una palabra de ánimo nos puso de nuevo en camino? Sepamos tener ojos de fe y vemos a Dios actuando sobre nuestra vida, aunque no lo hayamos sabido siempre agradecer.

Pero decíamos que con Jesús nos hemos puesto en camino porque El siempre nos invita a ir más allá, a ir a la otra orilla, a llegar allí hasta esa cama de postración y de muerte en que se pueden encontrar tantos; como Jesús tenemos que saber ser rayos de luz y de esperanza, como Jesús tenemos que ir despertando a tantos por la vida; como Jesús tenemos que tender la mano a quien está postrado en ese lecho – y no nos dé miedo ni asco dar la mano por mucha que sea la miseria con que nos encontremos – porque tenemos que levantarlos de la muerte y hacerlos ir también al encuentro con la vida.

Pensemos en lo que hoy mismo podemos hacer en este sentido, no lo dejemos para mañana, porque la vida tiene que hacerse más presente en nuestro mundo.


viernes, 8 de diciembre de 2023

La fiesta de la Inmaculada, una invitación a que lancemos un grito de esperanza en la búsqueda de la paz que hoy necesita nuestro mundo

 


La fiesta de la Inmaculada, una invitación a que lancemos un grito de esperanza en la búsqueda de la paz que hoy necesita nuestro mundo

Génesis 3, 9-15. 20; Sal 97; Efesios 1, 3-6. 11-12; Lucas 1, 26-38

Apenas iniciado el camino del Adviento nos aparece la figura de María en esta hermosa fiesta tan entrañable para todos de la Inmaculada Concepción de María. Viene como a condensar todo el camino que vamos haciendo acompañados de los profetas y de Juan Bautista, donde María nos aparecerá también en el momento oportuno en la cercanía de la Navidad. Pero hoy nos aparece esta fiesta que es una fuerte invitación a que lancemos el grito de la esperanza porque tenemos la certeza de la victoria de la vida del amor sobre la muerte.

Bien necesitamos ese aliento para el camino que en Maria encontramos. A veces nos encontramos desalentados cuando nos sentimos envueltos en tantas negruras de muerte y de violencia, de enfrentamientos sin sentido ni razón, de insensibilidad y de inferencia que nos hace insolidarios y egoístas porque solo nos miramos a nosotros mismos y no sabemos abrir el corazón a lo que en verdad nos pueda elevar y trascender. Pero es posible un mundo nuevo y distinto; no van a ser los orgullos y las ambiciones los que nos dominen y sigan esclavizando, porque con Maria aprendemos a abrir nuestra vida para que se llene de Dios cuando sabemos abrir el corazón con mirada nueva a los que nos rodean.

Es el aliento que de Maria recibimos haciendo renacer las esperanzas en nuestro corazón. El orgullo de querer ser como Dios destruyó el plan de Dios que quería una humanidad para la dicha y la felicidad; por algo en la imagen de la Biblia aparece el hombre colocado en un jardín que tenía que ser las delicias para la humanidad, pero cuando nos endiosamos nos destruimos a nosotros mismos y causamos destrucción a nuestro alrededor. Qué pronto comenzó la desconfianza en el corazón del hombre cuando se dejó seducir por el pecado; se escondieron porque se dieron cuenta de que estaban desnudos, nos dice el autor sagrado. Y pronto comenzarán las culpabilizaciones, como siempre hacemos en la vida, cuando no queremos reconocer nuestros errores y siempre se los queremos aplicar a los demás. Fue el querer pasarse la pelota entre Adán y Eva, finalmente terminando en la serpiente del maligno.

Es la historia de las negruras de nuestra vida, pero hoy contemplamos a quien no se esconde aunque sienta la humildad de su pequeñez sino que se siente sorprendida con el misterio de Dios que el ángel le está comunicando. Le cuesta entender el misterio – se puso a rumiar y considerar lo que significaban aquellas palabras – pero está pronta, aunque se siente pequeña, para ponerse a disposición del plan de Dios. ‘Aquí está la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra’.

Una nueva aurora se despliega para la humanidad. Será posible la victoria del amor y de la vida. María nos está abriendo el camino. El velo de sombras se va a descorrer porque algo nuevo va a comenzar. Dios está con nosotros, va a ser para siempre el Emmanuel y el sí de aquella doncella de Nazaret hizo posible el nacimiento de una nueva humanidad, porque Dios sigue creyendo en el  hombre, sigue contando con el  hombre y por eso El mismo se hace hombre. ‘Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros’.

Es cierto que es el Misterio de la Navidad para el que nos estamos preparando y que pronto vamos a celebrar. Hoy con María Inmaculada estamos ya pregustando los gozos de esa fiesta, porque ha renacido la esperanza en nuestros corazones. Es el grito de la esperanza que con María en esta fiesta en que la contemplamos toda pura, sin pecado concebida en virtud de los méritos del que iba a nacer de sus entrañas nosotros queremos proclamar. Es posible ese mundo nuevo en que ya nunca nos escondamos con nuestras malicias y nuestras desconfianzas, en que ya para siempre seamos capaces de tendernos la mano para caminar junto, en que nuestras palabras no serán ya más para el enfrentamiento acalorado culpando siempre a los demás de nuestros males y por eso queramos destruirlos, sino que va a nacer un reino nuevo de amor, de justicia y de paz.

Para nosotros es un compromiso y muy serio. Porque celebrar esta fiesta de María no es para quedarnos estáticos y cada uno en su rincón, sino que es y tiene que ser un ponernos en camino. Como lo hizo María, pronto la veremos en camino para buscar un lugar donde ir a servir, donde llegar la alegría de Dios que desbordará incluso de la casa de Zacarías e Isabel porque se trasportará por todas las montañas de Judea como un adelanto de los cánticos y de gloria y de paz que meses mas tarde harán resonar los ángeles por los campos de Belén anunciando el nacimiento del Salvador.

¿Será lo que nosotros también tenemos que hacer ya desde este día y desde esta fiesta de la Inmaculada? ¿Cuáles van a ser los verdaderos cánticos de paz que tienen que resonar en la noche de la navidad? ¿Veremos pronto la paz en aquellos lugares de conflicto y de guerra o seguirá sin poderse celebrar la noche de Navidad en Belén como algunos anuncian que sucederá en este año? ¿No podremos cambiar nosotros esos anuncios porque allí donde estemos construyamos más comprometidamente la paz?

Creo que María Inmaculada a eso nos está invitando. Ojalá podamos cantar ese cántico nuevo porque sentimos que el Señor sigue haciendo maravillas.

jueves, 29 de junio de 2023

Como Pedro dejémonos encontrar con Jesús y a pesar de nuestras sombras intentemos seguir haciendo el camino con fidelidad total

 


Como Pedro dejémonos encontrar con Jesús y a pesar de nuestras sombras intentemos seguir haciendo el camino con fidelidad total

Hechos 12, 1-11; Sal 33; 2Timoteo 4, 6-8. 17-18;  Mateo 16, 13-19

Un encuentro puede convertirse en algo decisivo en la vida. Será algo ocasional, aparentemente circunstancial, será algo buscado por alguna de las partes, alguien a quien nos presentan en un momento determinado… muchas son las formas, las circunstancias que pueden llevar a ese encuentro. Pero nos deja marcados;  es la impresión favorable que recibimos, son los interrogantes que se nos plantean por dentro, es algo que nos llama la atención, puede ser el comienzo de un camino nuevo que se abre ante nosotros. Nada va a ser igual a partir de entonces.

Todos habremos podido tener momentos así, que sin embargo nos podrían haber dejado diferente huella; siempre ha habido un momento en que nos hemos sentido impresionados por algo y nos dimos cuenta que aquello merecía una respuesta, un cambio de actitud o de rumbo, pero quizás por las marejadas de la vida habremos también haber podido olvidar.

Pero en lo que hoy escuchamos en el evangelio motivando esta celebración no cayó en saco roto. Aunque luego también hubieron sus sombras, sus momentos de duda, sus interrogantes y preguntas que no siempre encontraron respuesta.

Según nos narra el principio del evangelio de san Juan el primer encuentro fue con una mediación. Quien primero se había encontrado con Jesús era Andrés, pero como dice el evangelio a la mañana siguiente – y es también una manera de hablar – quiso presentarle a Jesús a su hermano Simón. Con sus reticencias y desconfianzas interiores quizás, como les sucedía a tantos, se dejó llevar por su hermano. ‘Aquel de quien nos hablan las escrituras lo hemos encontrado’. Y ya aquel momento fue decisivo, ‘tú te llamarás Pedro’. Jesús le cambia el nombre. Algo muy significativo.

Sería más tarde en la orilla del lago, mientras repasaban las redes después de una noche de faena – habrían ya escuchado a Jesús en algunos de aquellos encuentros que iba teniendo Jesús con la gente y en la sinagoga – es Jesús quien al pasar por ellos los invitará a una nueva pesca, ‘venid conmigo y os haré pescadores de hombres’. Algo había estado ya sucediendo en su corazón desde esos encuentros con Jesús que ahora lo dejan todo para seguirle.

En otro momento del evangelio se hablará de una pesca forzada por Jesús cuando habían pasado la noche bregando sin coger nada, pero porque a Pedro las palabras de Jesús ya comenzaban a llenarle el corazón, a hacerle cosquillas en el corazón, fiándose de la palabra de Jesús lanzará las redes al agua cogiendo una redada tan grande que tendrán que pedir ayuda a otros pescadores, pero se quedará anonadado ante lo que estaba sucediendo deseando estar incluso lejos de Jesús. ‘Apártate de mi que soy un hombre pecador’. ‘Seréis pescadores de hombres’. Volverá a repetirles Jesús.

Ya desde entonces nada sería igual. Ya con Jesús irían a todas partes en ese camino itinerante que Jesús hacía por todas las aldeas y ciudades de Galilea. La casa de Simón se convertirá en el centro de toda esa actividad y allí se reunirán continuamente los que de cerca seguían a Jesús.

Los llamará Jesús con una llamada especial para hacerlos sus compañeros y de Jesús irán bebiendo aquella vida que los va transformando. A ellos Jesús de manera especial se les revela, será el Tabor, será llevándolos especialmente consigo en algunas cosas especiales, será anunciándoles lo que habrá de suceder cuando suban a Jerusalén. A Pedro le costará entender algunas cosas y por el amor que ya comenzaba a tenerle a Jesús no quiere que nada le suceda. Eso no te puede suceder a ti.

Y será Pedro el que haga la mejor confesión cuando Jesús pregunte por lo que piensan de El, aunque como le dirá Jesús eso no lo sabe por si mismo sino porque en su corazón se lo ha revelado el Padre del cielo. Cuando lleguen momentos de crisis y la gente cansada y en cierto modo desalentada comience a abandonar, será Pedro el que saltará el primero para decir que no, que ellos no lo abandonarán, porque, ¿a dónde van a ir si solo Jesús tiene palabras de vida eterna?

Pasarán ellos también por la crisis cuando no entiendan lo que a Jesús les está sucediendo, y como suele suceder los miedos se meten en alma y nos traicionan. Son momentos oscuros y llegará a negar que conozca a Jesús. Pero todo será subsanado por el amor. Llorará Pedro su negación, pero pronto estará para buscarlo en el sepulcro, para dejarse sorprender en el Cenáculo, para correr a sus pies cuando de nuevo Jesús resucitado se les manifiesta de nuevo en las orillas del mar de Galilea. Y Jesús solo pide amor, que se mantenga en el amor, como un día le había pedido que se mantuviera firme en la fe porque tenía una misión para él, había de confirmar en la fe a sus hermanos, había de ser el pastor del nuevo rebaño. ‘Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas’, le diría Jesús.

Todo a partir de un encuentro, un encuentro decisivo que se remitiría con gran intensidad de nuevo en las orillas del Tiberíades. Es a quien hoy estamos contemplando, a quien estamos celebrando. Nos quedamos en estos retazos del evangelio porque en ellos vemos reflejado también nuestro camino. Pedro siguió haciendo ese camino, ahora ya al frente de la Iglesia, hasta el final, en el momento en que él también daría su vida. El discípulo no es mejor que su maestro, y si El, el Señor había lavado los pies a los discípulos como signo y señal de lo que era su entrega, era también lo que el discípulo tendría que hacer, lo que nosotros también hemos de hacer.

La fiesta de san Pedro nos recuerda nuestro camino y nuestra misión, nos hace que continuemos con fidelidad nuestro camino para que también vayamos frente al mundo dando testimonio de nuestra fe y de nuestro amor.

lunes, 26 de junio de 2023

Repasemos la vara que tenemos para medir, revisemos la suciedad de nuestros ojos, que reconozcamos que muchas veces la maldad la tenemos en nuestro corazón

 


Repasemos la vara que tenemos para medir, revisemos la suciedad de nuestros ojos, que reconozcamos que muchas veces la maldad la tenemos en nuestro corazón

Génesis 12,1-9; Sal 32; Mateo 7,1-5

Con qué facilidad acomodamos las varas de medir, acrecentándolas o disminuyéndolas según sea lo que presuntuosamente pensamos de nosotros o el juicio que queremos hacer de los demás. Siempre nos consideraremos que valemos más o somos más importantes que lo que los demás puedan ver en nosotros, y siempre usaremos una vara raquítica para valorar, y este caso siempre por las mínimas, la importancia o el valor que puedan tener las cosas que hacen los otros. Nos molesta que hablen de nosotros, que valoren o no lo que hacemos, pero no nos importa ser duros en el juicio en contra siempre de los que están a nuestro lado, porque no podemos permitir que nos hagan sombra.

Así es nuestra miseria humana, así es en muchas ocasiones la mezquindad de nuestro corazón, así es nuestro orgullo y amor propio con el que nos endiosamos y nos subimos por encima de todos los pedestales, así son esas malas raíces que parece que todo lo enredan y en todo queremos hacer sombra, así es la soberbia de la vida que terminará por arrasar cuanto de bueno pueda surgir en nuestro entorno, así andamos por la vida revestidos de vanidad para aparentar unos brillos que no tenemos.

Desde que la serpiente maligna inoculó en nosotros el veneno de la maldad, de la desconfianza, del orgullo no seremos capaces de ver nuestros errores, pero entramos a saco en el juicio que nos hacemos de los demás viendo por todos lados defectos e irregularidades.

¿Por qué no seremos capaces de reconocer lo bueno que tienen o que puedan hacer los demás? ¿Por qué andaremos por la vida siempre como contrincantes dándonos la batalla, queriendo destruir todo lo bueno que puedan hacer los demás, queriendo echar nubes de sombras y de cenizas sobre las obras de los otros para dar por inservible todo lo que puedan hacer los otros? Es normal que haya disparidad de criterios y de opiniones en todos los ámbitos y aspectos de la vida, ¿Por qué no podemos ver lo bueno que tiene todo proyecto aunque no sea el nuestro, para sumar y para aunar esfuerzos, ofreciendo cada uno lo bueno que tenemos en nuestras ideas o en nuestra manera de hacer para lograr entre todos algo mejor que a todos a la larga nos beneficie?

En nuestros egoísmos insolidarios, en nuestros orgullos y ambiciones de querer quedar siempre por encima del otro, nos destruimos, no somos capaces de ver las limitaciones y lagunas que puedan tener nuestros proyectos y nuestras ideas, y siempre estaremos echando la culpa a los demás del fracaso de la vida misma porque consideramos incapaces a los otros poder hacer algo bueno.

Y esto lo estamos viendo todos los días en nosotros mismos con nuestros juicios y nuestra falta de respeto a lo que hacen los demás, esto lo estamos viendo en el desarrollo de nuestra vida social en que todo lo convertimos en una lucha parece sin cuartel contra todo lo que no salga de nuestras ideas, esto lo estamos viendo en la construcción y desarrollo de nuestra sociedad donde nunca terminamos de colaborar porque nos parecería que nos quitarían nuestros méritos de ser los únicos y los mejores.

Hoy Jesús nos habla de que cuidemos nuestros juicios, porque esa medida que usamos contra los demás también la usarán contra nosotros. Qué bonito sería un mundo sin prejuicios y sin condenas a los que no piensan como nosotros. Nos dice Jesús que nos miremos a nosotros mismos, que seamos reconocer la realidad de nuestra vida también tan llena de limitaciones, tan llena de lagunas. Que no estemos mirando con terror la pequeña mota que puede haber en el ojo del otro, mientras nuestros ojos están atravesados por tantas vigas de maldad.

Que seamos capaces de tener limpio el cristal de nuestros ojos para tener una mirada luminosa para que podamos disfrutar de la belleza de la vida de los demás; pensemos si cuando estamos viendo tanta maldad en los otros, acaso sea la suciedad y maldad de nuestro corazón la que empaña nuestra vida para estar viendo siempre maldad a nuestro alrededor. ‘Sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano’. Qué distinta sería nuestra mirada.

 

sábado, 16 de julio de 2022

Abramos los ojos para ver la luz, abramos los ojos para sensibilizarnos con lo que hay a nuestro alrededor, abramos los ojos para que comencemos a derramar amor

 


Abramos los ojos para ver la luz, abramos los ojos para sensibilizarnos con lo que hay a nuestro alrededor, abramos los ojos para que comencemos a derramar amor

Miqueas 2, 1-5; Sal 9; Mateo 12, 14-21

La luz nos chirría en los ojos. Vamos a decirlo así, es como una metáfora; empleando esa palabra, chirriar, más bien nos parecería que nos referimos a los oídos, pero quien emplearla así, tal como me salió de entrada. Y es que la luz en ocasiones nos molesta; unos ojos acostumbrados a las sombras y andar entre oscuridades, cuando salen a la luz se ciegan, parece que no pueden ver.

Pero a lo que nos queremos referir no es que no podamos recibir la luz, es que en ocasiones no queremos recibir la luz, preferimos nuestras sombras, así no nos enteramos de la verdad; nos molestan las verdades en la vida, hoy ocasiones en que no queremos escucharlas. Preferimos seguir en nuestras sombras sin ver la realidad; el bien que hacen los que están a nuestro lado nos molesta, no queremos enterarnos, si pudiéramos lo ocultaríamos, porque se puede convertir en una denuncia para nuestra vida, que no siempre opta por esos caminos de bien.

Molestaba Jesús y quieren quitárselo de en medio. Andan tramando cómo quitarlo de en medio, nos dice hoy el evangelio. La presencia de Jesús era en sí misma denuncia para sus vidas. ¿Cómo podría pasar Jesús al lado de una persona que estuviera sufriendo y no la remediara? Hay una forma, cerrar los ojos, para no ver y para no enterarnos. Pero Jesús nos cierra los ojos, Jesús va allí donde está la vida y está el sufrimiento, Jesús abre las puertas y si es necesario deja que le rompan los tejados, para que todo el sufre pueda llegar hasta El. Lo vemos repetidamente en el evangelio.

Ahora han pretendido que Jesús no curara al hombre de la mano paralítica o a aquel que estaba poseído por el mal, porque era sábado, porque estaba en la sinagoga, porque ese día no se puede trabajar, porque la sinagoga no es un consultorio médico sino un lugar para rezar.

Pero Jesús cura a uno y otro, Jesús se acerca a todos los que están sufriendo, aunque tenga que buscarlo en el barullo de la piscina probática, aunque tenga que detenerse por las calles de Jerusalén para fijarse en el ciego que está pidiendo al borde de la calle, aunque pare su camino de subida a Jerusalén porque Bartimeo está gritando al borde del camino desde su ceguera. Jesús se acerca a todos y deja que todos se acerquen a El.

Ojalá aprendiéramos a ir con los ojos abiertos por la vida, con la antena de nuestra sintonía levantada, con los ojos y oídos atentos para escuchar el clamor de tantos a nuestro lado. Pensamos que todos son felices, porque muchas veces eso queremos aparentar, o porque eso nosotros queremos ver, porque no queremos enterarnos de lo que sucede alrededor.

Hay sufrimiento, hay corazones rotos, hay muchas soledades, hay muchos dramas, hay muchas tensiones entre unos y otros porque no se ha sabido encontrar esa paz interior, hay mucha gente que se siente desorientada y no sabe qué rumbo tomar en la vida. Muchas de las cosas que vemos en ocasiones son escapatorias de las que se valen muchos para calmar o disimular sus angustias o sus sufrimientos. Y nosotros vamos por la vida tan insensibles, pensando siempre que todo marcha bien. ¿Nos chirrían los ojos, como decíamos al principio?

A Jesús no le dejarán actuar en la sinagoga y andan al acecho detrás de él, pero vemos que se va a todas partes y son muchos los que le siguen y a todos cura, a todos sana allá en lo más hondo de sus corazones. Y el evangelista recuerda la profecía del que viene lleno del Espíritu del Señor y no quebrará la caña cascada ni apagará la mecha humeante. Todo los renueva, todo lo llena de vida, todo lo hace florecer de nuevo, todo lo hace brillar con nueva luz.

¿No nos dice algo todo eso a nosotros? ¿Qué hacemos? ¿Qué estamos haciendo? Abramos los ojos para ver la luz, abramos los ojos para sensibilizarnos con lo que hay a nuestro alrededor, abramos los ojos para que comencemos a derramar amor.

lunes, 4 de julio de 2022

Dejémonos tomar de la mano de Jesús para levantarnos de nuestras posturas de muerte y aprender a ofrecer nuestra mano generosa en abrazo de amistad para todos

 


Dejémonos tomar de la mano de Jesús para levantarnos de nuestras posturas de muerte y aprender a ofrecer nuestra mano generosa en abrazo de amistad para todos

Oseas 2, 16. 17b-18. 21-22; Sal 144; Mateo 9, 18-26

Una mano tendida puede tener diversos significados; puede ser la mano que con violencia viene en mi contra para hacerme daño, o puede ser la mano pacífica que viene en sones de paz con su saludo; puede ser la mano desconfiada y que está a la defensiva, ocultando negruras interiores, o puede ser la mano dadivosa en el compartir y en el dar generosamente.

A manera de anécdota puedo decir que mi perrito es muy sensible ante la mano que se le acerca; si viene de un desconocido desconfía y se pone en guardia para la defensa o para el ataque, pero si es una mano que se deja caer pacíficamente la lame como señal de amistad dándole permiso, por decirlo así, para que le acaricie. ¿Desconfiamos nosotros también y nos ponemos a la defensiva ante una mano que se nos acerca? ¿Ofrecemos generosamente nuestra mano como signo de amistad y de paz y como señal de la vida que queremos también compartir?

En el evangelio de hoy aparece repetidamente la señal de la mano. ‘Mi hija acaba de morir. Pero ven tú, impón tu mano sobre ella y vivirá’, le suplica aquel jefe de los judíos que acude a Jesús desde la desesperación y la angustia de su niña que está en las ultimas. Al final, cuando llegue Jesús a la casa de Jairo, mientras aparta a las plañideras y todos lo que hacían llanto diciendo que la niña no está muerta sino dormida, la tomará de la mano y se la dará a sus padres llena de vida.

Pero en medio aparece otro personaje mientras van de camino. Será una mujer la que tenderá su mano para tocar al menos la orla del manto de Jesús también desde la angustia de su enfermedad que la volvía impura y que con su gesto podía hacer incluso impuro a Jesús, por dejarse tocar por una mujer que sufre de fuertes hemorragias.

Es la mano de la súplica llena de esperanza que se salta todas las barreras porque quiere llegar hasta donde está la vida, donde pueda encontrar la salud y la salvación. ‘Tu fe te ha salvado’, le dice Jesús cuando rebuscando entre la multitud que lo apretujaba quien lo había tocado aquella mujer se atreverá a decir que ha sido ella quien ha tocado el borde de su manto para encontrar la salvación.

Ahí está la mano tendida de Jesús que nos trae vida y salvación, que nos libera de todas las impurezas y ataduras, que nos resucita y nos levanta de todos nuestros sueños oscuros para que podamos tener nueva vida, nos pone en camino de vida y de salvación.

Mucho tendríamos que aprender de este evangelio para el signo de nuestras manos, para el actuar de nuestras manos como señal de lo que hacemos y somos con nuestra vida. muchas veces nuestras manos han marchado ensombrecidas por sueños de muerte y de violencia; muchas veces nuestras manos han sido puños cerrados que no quieren dejar escapar nada de lo que pueden contener; muchas veces nuestras manos se han convertido en barreras que separan y apartan, que aíslan, que ponen a un lado, que discriminan porque no se quien juntar con las de otro color o las de otra raza; muchas veces nuestras manos se ocultan porque encierran negruras impuras de los malos deseos y son muestras de la ambición que todo lo quiere acaparar, llevan escondidas los cuchillos de la traición y de la violencia, no quieren ofrecerse limpias como signos de paz.

Que nuestras manos sean siempre de bendición y de vida, de consuelo para los que sufren y paño que limpie las lágrimas de los que lloran, muestren la cercanía de nuestro corazón y el valor que le damos a todo el que está a nuestro lado o se acerca a nosotros, están siempre abiertas y limpias de toda malicia, y sean cauces generosos de nuestro compartir, se cogerse de la manos de los demás para sentir y expresar la comunión que entre todos queremos construir, y se extiendan ampliamente para acoger a todos en un abrazo de paz.