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viernes, 11 de septiembre de 2026

Un camino de luces y sombras, que hemos de aprender a recorrer, que ha de ser siempre de superación y crecimiento, de mano tendida para caminar juntos

 


Un camino de luces y sombras, que hemos de aprender a recorrer, que ha de ser siempre de superación y crecimiento, de mano tendida para caminar juntos

1Corintios 9, 16-19. 22b-27; Salmo 83; Lucas 6, 39-42

Todos en la vida tenemos luces y sombras, y el que diga lo contrario está equivocado, no se conoce de verdad a sí mismo, o tiene una falta grande de humildad que lo tiene endiosado. Tenemos nuestros límites, nos sentimos en ocasiones impotentes, nos damos cuenta de nuestra ignorancia en muchas ocasiones aunque nos demos de sabérnoslas todas, el camino de la vida parece que en ocasiones se nos llena de obstáculos, somos conscientes sin querer dárnoslas de perfectos o perfeccionistas que también los que caminan a nuestro lado se encuentran en situaciones como las nuestras, también con sus luces y con sus sombras, con ese temblor que se nos mete en las piernas cuando encontramos dificultades o nos parece que no vemos clara la meta que nos proponemos.

La vida es un aprendizaje que ha de tener también su proceso, donde hemos de tener por una parte la valentía de querer avanzar y aprender, pero también la humildad de quien se deja enseñar y conducir porque reconoce que no todo lo tiene ya conseguido; cuidado que nos creamos sabedores de todo antes de tiempo porque nuestros tropiezos serán más aparatosos y también el daño que podemos hacer a los demás cuando estamos aun con poca claridad y nos podemos convertir en ciegos que intentan guiar a otros ciegos.

Es lo que nos está planteando Jesús hoy en el evangelio. San Lucas recoge aquí diversas sentencias que pone en labios de Jesús, que eran esas enseñanzas que en su momento oportuno Jesús iba desgranando con sus discípulos. Ya nos dice que como discípulos. no nos creamos más que nuestro Maestro, y que solo cuando haya recorrido todo el proceso podremos hablar con autoridad, no la nuestra, sino la que proviene de la acción del Espíritu en nosotros.

Por eso antes nos ha dicho Jesús lo del ciego que guía a otro ciego cayendo los dos en el hoyo. La necesaria humildad que necesitamos, como decíamos hace un momento, para primero dejarnos enseñar. No podemos ir de autosuficientes por la vida aunque muchos de esa especie nos podemos ir encontrando por los caminos. Es un gran problema con que nos encontramos hoy los cristianos y en la Iglesia; quizás porque recibimos un catecismo cuando de niños nos prepararon para los sacramentos ya pensamos que tenemos todo el camino recorrido, que ya tenemos la suficiente formación.

En la vida no nos quedamos en las cuatro reglas que nos enseñaron en la escuela, por decirlo de alguna manera, sino que en la medida en que hemos ido creciendo y madurando hemos seguido formándonos y preparándonos para afrontar los problemas de la vida pero también nuestras tareas y responsabilidades. Queremos que nuestros hijos aprendan, solemos decir, y les ofrecemos un camino en colegios, institutos, universidades, todo lo que sea necesario para que se formen y se preparen bien para la vida.

¿Es lo que queremos y deseamos en nuestra formación cristiana? Como niños recibimos lo que podíamos captar como niños, pero en nuestro crecimiento como adolescentes y jóvenes, como personas adultas y maduras tenemos que seguir con nuestra formación., con ese ir madurando cuando hemos recibido y forma parte de nuestra fe y en consecuencia de lo que tendría que ser nuestra vida cristiana. Pero eso no lo tenemos en cuenta, eso nos parece una pesadez, eso nos lleva a la superficialidad e inmadurez con que vivimos en el ámbito de nuestra fe y nuestro compromiso cristiano.

Por eso terminará el texto del evangelio ofreciéndonos esas sentencias de Jesús que nos hablan de cómo primero hemos de purificar nuestra vida antes de querernos convertir en salvadores de los demás. Es la mota que podemos ir a quitar del ojo de nuestro hermano, mientras nosotros llevamos una vida atravesada en nuestros ojos. ¿Significa que porque somos débiles y pecadores no podemos ayudar a los demás? Nada de eso, siempre podemos y tener que estar abiertos a la corrección fraterna, aún sabiendo de nuestras debilidades; si las reconocemos en nosotros iremos con más humildad al encuentro con los otros; porque sabemos de lo débiles que somos y lo que muchas veces nos puede costar el superarnos, iremos con mayor delicadeza a ayudar al otro, porque nunca iremos desde nuestro pedestal sino abajándonos y poniéndonos a la misma altura del otro para mejor expresarle nuestro amor.

Todo un camino de luces y sombras, todo un camino que hemos de aprender a recorrer, todo un camino que ha de ser siempre de superación y crecimiento, un camino en que aunque débiles nos sentimos hermanos y sabemos tendernos las manos con la mayor delicadeza para caminar juntos.


lunes, 9 de diciembre de 2024

Dejemos que Jesús nos libere desde lo más hondo y nos levante de nuestras camillas para mantener viva nuestra esperanza siendo camilleros de la esperanza para los demás

 


Dejemos que Jesús nos libere desde lo más hondo y nos levante de nuestras camillas para mantener viva nuestra esperanza siendo camilleros de la esperanza para los demás

Isaías 35, 1-10; Salmo 84; Lucas 5, 17-26

Qué terrible es perder la esperanza; cuando parece que todos los problemas se acumulan sobre tu cabeza nos sentimos como paralizados y no hay manera de que seamos capaces de ver un rayo de luz, una salida. Puede parecer exagerado pero nos sucede muchas veces en la vida; no sabemos qué hacer; o nos resignamos o nos llenamos de amargura y arremetemos contra todo y contra todos. Una enfermedad que nos sobreviene y que parece grave nos paraliza y nos hace temer lo peor; no son ya las imposibilidades físicas que nos vayan apareciendo, es que humanamente nos sentimos hundidos y fracasados, espiritualmente perdemos todo norte en la vida. Son los problemas personales o son los problemas que nos van surgiendo en la familia, son tantas cosas… Decimos, son las depresiones que nos sobrevienen, pero es algo muy hondo el no tener esperanza.

Y muchas veces no es porque nos sucedan personalmente cosas graves, sino que nos sucede contemplando los derroteros de la vida, de la sociedad, la pobreza o la miseria que hay a nuestro alrededor mientras al tiempo contemplamos otras cosas escandalosas en quienes tendrían que solucionar problemas en la sociedad. Creo que todos entendemos que muchas veces la gente ande sin esperanzas, sin ilusiones, sin poner ya sus esfuerzos por hacer que las cosas sean de otra manera. ¿No andará un poco así nuestra sociedad, nuestro mundo? ¿Y qué respuesta podemos dar a todo eso? ¿Este camino de adviento que estamos recorriendo podrá ayudarnos?

Os confieso que yo también estoy buscando. Estas reflexiones que me hago y comparto van surgiendo también de lo que llevo en mi interior y de mis búsquedas. Por eso me hago estas reflexiones previas que quieren partir de lo que es el camino de la vida. Quiero encontrar en la Buena Noticia que tiene que ser el evangelio para mí y para todos hoy esa luz que me ilumine y ayude en ese camino de búsqueda de esperanza, de deseos de despertar esperanzas.

El evangelio nos presenta a Jesús rodeado de gente que le escucha; allí están también fariseos y maestros de la ley venidos de todos los rincones; unos hombres portan en una camilla a un hombre paralítico para que Jesús lo cure. Sentirse paralítico sin poder valerse por sí mismo es algo muy duro; difícilmente hay recuperación, y menos en aquellos tiempos, con lo que las esperanzas tenían que estar por el suelo. Parecía que un rayo de luz se encendía con la buena voluntad de aquellos que lo portaban hasta Jesús porque por sí mismo nunca hubiera podido, pero de nuevo se encuentran con un muro en toda aquella gente que se agolpa a la puerta e impiden el paso pareciendo que de nuevo las sombras se cernían sobre su discapacidad.

El evangelista nos dirá luego que Jesús se fijó en la fe de aquellos hombres. Y no era para menos. Se las habían ingeniado para desde el techo, corriendo las tejas, poder descolgarlo hasta los pies de Jesús.

Un mundo de barreras que no son solo las barreras físicas, un mundo de imposibles que no siempre encuentra colaboración en los demás, un mundo de impotencias cuando no sabemos qué hacer o cómo hacer, un mundo de egoísmos e injusticias, un mundo de desigualdades donde no todos tienen la misma oportunidad, un mundo de manipulaciones donde solo nos guiamos por nuestros intereses particulares, un mundo de incomprensiones en que no sabemos ponernos en el lugar del otro… aquel paralítico y su situación puede estar haciéndonos mirar todas esas cosas que en la vida de cada día nos merman o quitan las esperanzas.

Pero creo que ya es buena noticia para nosotros, evangelio la actitud de aquellos hombres que se las ingeniaron para encontrar soluciones. ¿Estarían ellos ya comprendiendo y también viviendo aquellos valores que nos enseña Jesús en el evangelio? ‘Viendo la fe de aquellos hombres’, nos dice el evangelio. Ellos estaban dando ya la señal de que hay que levantarse de esas camillas en que nos postramos y encerramos tantas veces.

Y Jesús viene a decirnos que nos es necesario que nos liberemos desde lo más hondo de nosotros mismos de esas cosas que nos paralizan, que nos acobardan, que nos encierran dentro de nosotros mismos; Jesús viene a decirnos que El quiere liberarnos de lo peor que tengamos dentro de nosotros. ‘Tus pecados son perdonados’, le dice Jesús a aquel paralítico antes incluso de levantarlo de la camilla, porque lo que quiere Jesús es que nos levantemos espiritualmente.

¿Será eso lo que nosotros estamos necesitando? Y vaya que El sí puede hacerlo, para eso ha venido, para eso se entregará por nosotros, para eso nos ofrecerá su sangre redentora. ¿Dejaremos que Jesús nos libere desde lo más hondo o pondremos reticencias como aquellos que estaban allí al acecho de lo que hiciera Jesús? ¿Tendremos motivos para hacer despertar la esperanza en nuestra vida? ¿Seremos capaces de ser esos camilleros de la esperanza en un mundo de tantas parálisis?

domingo, 17 de noviembre de 2024

Si abrimos los ojos y nos dejamos iluminar por la fe y la esperanza descubrimos muchas cosas bellas, no solo negruras de sufrimiento sino muchas luces de esperanza

 


Si abrimos los ojos y nos dejamos iluminar por la fe y la esperanza descubrimos muchas cosas bellas, no solo negruras de sufrimiento sino muchas luces de esperanza

Daniel 12, 1-3; Sal. 15; Hebreos 10, 11-14. 18; Marcos 13, 24-32

En la lectura de la historia y de la vida que todos de alguna manera nos hacemos surge la cuestión de si otros tiempos fueron mejores o peores, si acaso nosotros estamos viviendo los peores momentos de la historia o acaso nuestros tiempos son los mejores gracias al desarrollo que hemos alcanzado y el estilo de bienestar que hoy podemos vivir, aunque cuando contemplamos la cruda realidad de nuestro mundo pareciera que si todo eso del bienestar se nos queda en agua de borrajas.

No soy un experto para dictaminar si fueron o son peores o mejores los antiguos o los de nuestra época, pero siempre nos vamos a encontrar cosas que hacen sufrir a la humanidad, la naturaleza no sé si de manera cíclica o no pero se nos muestra violenta y destructora, como ahora hemos vivido en la cercanía de nuestra tierra, pero todos recordamos avalanchas y destrucción, volcanes y terremotos, devastación y muerte a lo largo de la historia que, vamos a decirlo así, nos ponen la carne de gallina, porque nos llenan de sufrimiento y de dolor.

Pero ¿nos resignamos ante lo irremediable? ¿O acaso nos llenamos de insensibilidad cuando no nos sucede a nosotros directamente? ¿Nos hará plantearnos quizás un sentido de la vida o una nueva manera de hacer las cosas o enfrentarnos a esas realidades? Claro que no nos quedamos en esos daños materiales, en esos sufrimientos y dolor diríamos solamente desde lo material. Descubrimos o nos damos cuenta que en la vida hay otros muchos sufrimientos que nos provocamos los unos a los otros cuando quizás vivimos un sentido egoísta de la vida, nos dejamos arrastrar por nuestros orgullos y pasiones, o algunas veces queremos convertirnos en dioses del mundo para que todos nos adoren.

No nos es fácil la vida porque muchas veces no son fáciles nuestras relaciones con los demás porque nos puede faltar madurez y entereza para afrontar la vida y sus problemas, para suavizar esas aristas que muchas veces todos llevamos con los que al rozar los unos con los otros en nuestros mutuos y necesarios encuentros nos podemos hacer daño. No siempre quizás estamos dispuestos a limar esas asperezas y nos vamos haciendo daño los unos a los otros. Algo nuevo y distinto tendríamos que hacer, tendríamos que plantearnos.

¿Se estarán refiriendo a esas turbulencias los anuncios que nos hace hoy Jesús en el evangelio? Es cierto que escuchamos un lenguaje apocalíptico, y parece como si nos hablara del fin del mundo, del fin de los tiempos. Muchos se han quedado en la interpretación de estos evangelios que escuchamos sobre todo en estos días del final del año litúrgico en este sentido. Es cierto también que es algo que está podríamos decir en el sentir de muchos de nuestra sociedad hoy como también ha sido en otros tiempos.

Los que tenemos unos años podemos recordar cuantas veces en los últimos tiempos se ha hablado de la proximidad del fin del mundo. Estos días pasados leía el anuncio que se hacía de que se podía datar ya la fecha o algo así del fin del mundo que hoy conocemos, aunque la verdad no me entretuve mucho en leer con detalle lo que se decía. De algunas maneras todos pensamos, aunque lo tratemos de disimular, en un final de la vida o de la historia. Pero ¿esto ha de ser motivo de angustias y de agobios?

Jesús con sus palabras en el evangelio, que no valen para todos los tiempos, son buena noticia de Dios en todos los tiempos, trata de hacer que vivamos en paz y en serenidad. ¿Por qué no seguir viviendo con responsabilidad el tiempo presente que de alguna manera estar construyendo un futuro mejor?

Jesús nos propone unas imágenes muy bonitas y que pueden ser bien significativas. Habla de los brotes de las yemas de la higuera, que nos anuncian primavera y nos anuncian un verano de frutos que se acerca. ¿Por qué, pues, en todo eso que sucede, en todo eso que es nuestra vida, con sus luces y con sus sombras, no vemos surgir esas yemas o esos brotes que nos anuncian un tiempo mejor? ¿No podríamos descubrir en medio de todas esas oscuridades pequeñas luces que van brotando porque van surgiendo corazones generosos y solidarios, porque nos hacen preguntarnos y plantearnos qué es lo que podemos hacer mejor para que nuestro mundo sea mejor?

Tenemos que saber descubrir y ver el esfuerzo de tantos que siguen luchando con responsabilidad y constancia a pesar de las dificultades, vemos el trabajo que se intenta realizar por una mejor educación de nuestra sociedad, constatamos el sacrificio de tantos que trabajan desinteresadamente por hacer que los que están a su lado tengan una vida más digna, el espíritu fuerte de tantos que se levantan de en medio del barro en que los ha envuelto la vida para recomenzar de nuevo con ilusión y con esperanza.

Si abrimos los ojos, dejándonos iluminar por la fe y la esperanza podemos ver muchas cosas bellas, no solo las negruras del sufrimiento o de los horrores que puedan ir surgiendo. Hay muchas luces en nuestro mundo que nos dan esperanza.

martes, 12 de abril de 2022

Jesús quiere tener palabras de luz y de glorificación para nosotros, porque cuenta con nosotros, sabe de nuestra porfía de amor aunque nos recuerda nuestra debilidad y flaqueza

 


Jesús quiere tener palabras de luz y de glorificación para nosotros, porque cuenta con nosotros, sabe de nuestra porfía de amor aunque nos recuerda nuestra debilidad y flaqueza

Isaías 49, 1-6; Sal 70; Juan 13, 21-33. 36-38

Luces y sombras se entremezclan continuamente; así es la vida. Quisiéramos todo en armonía y paz, desearíamos que la convivencia con los que nos rodean, ya sean familiares, amigos, o compañeros de trabajo fuera siempre armoniosa; pero sabemos que surgen contratiempos, que hay momentos en que parecía que todo iba en paz y pronto surge una desavenencia, un mal entendido, algo que sucede que nos descoloca de nuestras rutinas de cada día y no entendemos por qué, no llegamos a comprender las reacciones de las personas, no sabemos a donde nos van a llevar esos imprevistos que nos van surgiendo.

Aparecen en medio de las luces, sombras que nos pueden quitar la paz, que nos oscurecen el panorama, que nos hacen surgir dudas y hasta desconfianzas en nuestro interior, no sabemos a donde nos llevarán esas sombras, como podrían repercutir en nuestra vida. Y tenemos que aprender a reaccionar ante esas situaciones para que no se nos sobrepongan.

En el evangelio de estos días de la semana de pasión van apareciendo retazos de lo que fue la cena pascual, como es el caso de hoy. La cena pascual tenía que ser una fiesta, era un recuerdo agradecido a Dios por la Pascua, por aquella primera pascua de Egipto, pero también por el paso de Dios por la historia de cada día de su pueblo. Pero aparte de algunos gestos extraordinarios de Jesús, como ya veremos en la tarde del jueves santo, hoy parece que se rompen esos aires de paz y de fiesta en aquella cena. Jesús anuncia lo que va a suceder – ellos ya presentían algo especial por todo lo que Jesús había ido anunciando – pero ahora habla de traición. El desconcierto se apodera de todos porque no lo entienden, y no pueden llegar a comprender que la traición estuviera allí en medio de ellos.

Pero Jesús como en un contraluz habla de la hora de la glorificación que ha llegado. ¿Recordarían los que habían subido con El al Tabor lo que allí entonces había sucedido en que había aparecido la gloria del Señor? ‘Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros:
Donde yo voy no podéis venir vosotros’

Esa claridad que quiere imbuirles Jesús no la terminan de entender porque se andarán preguntando también a donde va a ir que ellos no puedan ir. Pedro porfiará que él está dispuesto a todo, incluso a dar su vida por Jesús. Pero llegará otra ráfaga de sombra que siguen sin entender. ‘¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces’.

Nos hemos prometido en esta semana estar en todo momento al lado de Jesús para no perder ni un ápice de cuanto suceda. De rondón nos hemos metido nosotros en esta escena y estamos contemplando y estamos viviendo estos momentos. Estaremos quizá sintiendo como una espada nos está atravesando el alma con estos anuncios de Jesús, pero que no nos podemos contentar con contemplar como a la distancia. Porque es a nosotros a quienes Jesús está dirigiendo sus palabras, sus gestos, su cercanía, su presencia.

Para nosotros quiere tener palabras de luz y de glorificación, porque cuenta con nosotros, sabe de nuestra porfía de amor, como la de Pedro, aunque nos recuerda nuestra debilidad, nuestra flaqueza; en esa traición, en esa negación andamos también metidos nosotros. Sabemos que en nuestra vida no todo es agua limpia, porque también tenemos nuestras sombras en el corazón y hemos de recordar nuestras debilidades, nuestras flaquezas que tantas veces nos afloran. Nos prometemos tanto que luego no llegamos a cumplir, no llegamos a realizar.

¿Nos dirá a nosotros Jesús, como le dijo a Judas, ‘lo que has de hacer, hazlo pronto’? Claro que Judas sintió en aquel momento el impulso de salir a la noche oscura. Oscura iba a ser la noche para Judas y en esas tinieblas quería envolver a Jesús y a los demás discípulos, que así se vieron luego en Getsemaní sin saber que hacer, hasta que todos le abandonaron y huyeron. Pero a nosotros esas palabras tendrán que hacernos recapacitar, pero no para encerrarnos en la noche oscura, sino para salir al encuentro con la luz.

Es el camino de verdad que queremos hacer hacia la Pascua. Es por lo que queremos estar junto a Jesús en todo momento y no apartarnos por nada de El. Aunque hay un paso amargo de pasión y sacrificio, sabemos que todo va a terminar en la luz de la resurrección que es la verdadera luz pascual que nos va a iluminar para siempre.

lunes, 23 de marzo de 2020

Necesitamos aprender a confiar para ponernos en camino y comenzar a unir las pequeñas luces que brillan en nuestro entorno para hacer un mundo mejor


Necesitamos aprender a confiar para ponernos en camino y comenzar a unir las pequeñas luces que brillan en nuestro entorno para hacer un mundo mejor

Isaías 65, 17-21; Sal 29; Juan 4, 43-54
Hoy nos habla el evangelio de un hombre que acude a Jesús porque su hijo está muy enfermo y muriéndose. Quiere que Jesús vaya a imponerle las manos y a curarle. Nos da el detalle el evangelista de que Jesús anda por Caná de Galilea; viene desde Jerusalén, ha atravesado Samaria y ahora se encuentra en Galilea. Allí a Caná acude con su angustia aquel hombre insistiendo en que baje pronto porque si no su hijo morirá.
‘Si no veis signos y milagros, no creéis’, es la primera reacción de Jesús. Buscan a Jesús solo desde la angustia de sus problemas y no terminan de abrir sus corazones a la fe, a descubrir qué más nos puede ofrecer Jesús. ¿Nos pasará igual a nosotros?
Seguro que en momentos difíciles – ahora también los estamos pasando – esa es nuestra súplica a Jesús. Queremos el milagro, que todo se solucione milagrosamente. Es normal y justo que tengamos esos deseos porque no queremos el sufrimiento ni para nosotros ni para los demás; buscamos salidas, queremos soluciones, lo queremos pronto y ahora mismo, en cierto modo nos cegamos porque solo vemos una salida que nos parece la más fácil y la más urgente. Como decimos, que Dios ponga su mano.
Pero quizá no llegamos a ver otros signos de salvación que se pueden estar sucediendo al mismo tiempo. Si abriéramos un poco los ojos y prestáramos más atención quizás nos podríamos dar cuenta que en ese mar turbio y oscuro de la problemática que podamos vivir están comenzando a brillar luces de esperanza porque pueden estar comenzando a brillar cosas buenas que llevamos en el corazón y que están empezando a relucir. Pueden parecernos imperceptibles pero tienen su luz y si somos capaces de juntar todas esas pequeñas llamas podemos hacer una hoguera muy grande que dé un nuevo calor a nuestro mundo. No las dejemos pasar desapercibidas.
No son grandes cosas, no son soluciones extraordinarias que ya quisiéramos que resolviesen todos los problemas, pero ahora en esta situación que vivimos aparecen luces de solidaridad, de preocupación por los otros, de valoración de lo que los otros hacen, de responsabilidad para hacer eso pequeño que se nos pide y así se van concatenando muchas cosas que si sabemos aprovecharlas muy bien cuando pase todo esto con actitudes así, con valores así podemos hacer que nuestro mundo sea mejor.
Quizá sea eso lo que necesitamos. Quizá sea esa la prueba que necesitamos pasar para que abramos los ojos y comencemos a ver lo que verdaderamente es bello en la vida. Y hay muchas cosas bellas a las que habitualmente no les prestamos atención. No busquemos necesariamente cosas grandes, sino prestemos atención y valoremos esas pequeñas luces que comienzan a brillar.
Ante la insistencia de aquel hombre que le pedía la curación de su hijo Jesús le dice que ya está curado. El hombre se fía de la palabra de Jesús y se puso en camino. Al final nos dirá el evangelio que creyó él y toda su casa. Pero ahí está el detalle, se puso en camino porque se fió de la palabra de Jesús. ¿No necesitaremos nosotros también ese fiarnos?
Son tantas las desconfianzas que tenemos en la vida que todo lo metemos en el mismo saco, y desconfiamos también de la palabra de Jesús. Tenemos que escucharle y aprender a confiar. Cuando confiamos nos ponemos en camino porque hay esperanza en nuestro corazón. No nos puede faltar esa esperanza.
Como decíamos antes puede haber oscuridades pero siempre hay una luz que comienza a brillar. Unamos nuestras luces, pongámonos en camino dando pasos, aunque sean pequeños. Un mundo nuevo puede florecer. Que tras todo lo que estamos pasando aprendamos que es posible ese mundo nuevo si somos capaces de unir nuestras pequeñas luces.