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martes, 31 de marzo de 2026

Fáciles para la promesa entusiasmada pero pronto también para con nuestros miedos y cobardías querer salvar nuestros intereses aunque tengamos que negar lo más sagrado

 


Fáciles para la promesa entusiasmada pero pronto también para con nuestros miedos y cobardías querer salvar nuestros intereses aunque tengamos que negar lo más sagrado

Isaías 49, 1-6; Salmo 70; Juan 13, 21-33. 36-38

Qué fáciles somos para las promesas en los momentos de entusiasmo. A veces las cosas nos parece que marchan bien y en nuestra mente nos creamos castillos en el aire, que pronto veremos quizás que se nos caen como un castillo de naipes que al menor movimiento de alguna de las fichas se viene abajo. Así nos entusiasmamos en muchos momentos de la vida, momentos de euforia y de felicidad y ya pensamos que todo siempre va a marchar sobre ruedas, momentos de fervor espiritual y nos hacemos mil propósitos, y nos decimos que las cosas ya no van a ser como antes pero pronto nos damos cuenta que la vida es más difícil y más dura, y nos faltan las fuerzas, o nos volvemos a encantar con las cosas de antes y todo se vuelve como una pendiente en que todo va resbalando y termina en una perdición.

Así Vivian momentos de entusiasmo los discípulos con Jesús sobre todo cuando veían que la gente le seguía y acudían a El de todas partes y parecía que aquello se convertía en un camino de triunfo; de ahí sus sueños, porque ya estaban aspirando a ver qué puesto les iba a tocar en ese reino que con el Mesías se iba a instaurar. ¿No recordamos el entusiasmo de Pedro en el Tabor que ya estaba allí montando tres tiendas para Jesús, Moisés y Elías, olvidándose incluso de que ellos también estaban allí en el descampado y quizás las pudieran necesitar?

Son las emociones de la cena pascual lo que nos trasmite hoy el evangelio. Hoy se nos sitúa un pequeño marco de aquella cena donde se van a pronunciar palabras muy solemnes y de mucha trascendencia. Porque Jesús comienza anunciando una traición; y todos se revuelven porque les parece algo incomprensible, Juan en la cercanía de Jesús alrededor de la mesa se atreve a preguntar como en secreto a Jesús. Y Jesús untando un trozo de pan lo entrega a Judas indicándole que lo que ha de hacer que lo haga pronto. El resto no entiende, porque pensaban que era algún preparativo que Jesús le había encargado para la fiesta. Y Judas sale del Cenáculo, diciéndonos el evangelista que era de noche. De la luz se fue a la oscuridad, un tremendo y trágico signo por cuanto había de suceder. Un tremendo y trágico signo en el que tantas veces quizás nosotros también nos vemos envueltos.

Y Jesús presintiendo ya la pasión que iba a vivir a partir de ese momento sin embargo habla de glorificación. En un sentido muy a ras de tierra parecen palabras incomprensibles como les está resultado a los que quedan alrededor de la mesa. Jesús habla en cierto modo de su soledad, porque ellos no podrán seguirle, ¿o no serán capaces de seguirle?, tendríamos que preguntarnos porque quizás es también la misma debilidad que nosotros tenemos en la que no terminamos de mantener nuestra fidelidad. Cuántos tropiezos y caídas, cuántas marchas atrás y traiciones, cuántas veces nos quedamos por camino con nuestros cansancios o con nuestras desilusiones.

Pero allí está Pedro como siempre dispuesto a todo, aunque un día cuando Jesús anunciaba su pasión decía que eso no podía pasarle y trataba de disuadir a Jesús; pero ahora parece que está firme en su voluntad, ‘aunque todos te abandonen, yo no’, es la porfía con la que Pedro quiere presentar su disponibilidad. Bueno, llegaría a buscarse una espada que llevar consigo, como aparecerá en el huerto de Getsemaní.

Pero para él también tiene Jesús un anuncio. ‘¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces’. Ya sabemos lo que sucedió más tarde. Pedro como todos cuando llegó la hora del prendimiento lo habían abandonado y se habían dispersado. Más tarde se atrevió a acercarse por el patio del Pontífice y había caído en la trampa porque hasta su hablar lo delataba como galilea y entonces amigo del Galileo que estaban juzgando y condenando; alguno incluso lo reconocería por haberlo visto en el huerto. Y vienen las negaciones, el recular y el querer esconderse, el no reconocer que conocía a Jesús quien tantas veces le había manifestado su cariño y su amor, quien había dicho las más bellas palabras sobre Jesús, aunque inspirado por el Padre del cielo.

¿No es también el camino que nosotros tantas veces hacemos? Pedro también se metió en las sombras de la noche, como tantas veces nos sucede a nosotros. Las tinieblas prefirieron la oscuridad a la luz, como nos decía el evangelio de san Juan. ‘Vino a los suyos y los suyos no lo reconocieron’, y seguimos tantas veces sin reconocerle, o sin dar la cara por El. ¿Esta Pascua que vamos a vivir significará ya ese cambio definitivo porque vamos siempre a preferir la luz?

martes, 15 de abril de 2025

A pesar de nuestras oscuridades, negaciones y traiciones, tenemos que recordar que somos hijos amados de Dios y que la gloria del Señor está también en nosotros

 


A pesar de nuestras oscuridades, negaciones y traiciones, tenemos que recordar que somos hijos amados de Dios y que la gloria del Señor está también en nosotros

 Isaías 49, 1-6; Salmo 70; Juan 13, 21-33. 36-38

El camino de la vida no es siempre fácil; aparecen los cansancios y los desánimos, momentos de dificultad y de sufrimiento ante los problemas que no nos faltan, ante la situaciones de enfermedad que van surgiendo, en los encontronazos que vamos teniendo en la vida porque la convivencia no es fácil, porque no siempre nos entendemos, porque afloran resentimientos y orgullos mal curados; nos sentimos débiles, nos sentimos solos en ocasiones, no nos parece que seamos escuchados en nuestras suplicas, y nuestro corazón se llena de tormento y de desesperanza. Nos preguntamos muchas cosas, muchos por qué que no entendemos, y tenemos el peligro de verlo todo sin sentido y la tentación incluso de tirar la toalla.

El cántico del siervo de Yahvé que se nos ofrece en la primera lectura es ese cántico atormentado por el que nosotros a veces pasamos en la vida. Sin embargo aquel siervo de Yahvé se siente llamado desde las entrañas de su madre a una misión que Dios le va a confiar, se sabe elegido y amado de Dios, aunque ahora no entienda por lo que está pasando y por eso se hace muchas preguntas.

Como nosotros tantas veces en la vida, porque lo sabemos, que Dios nos ama y que también nuestro lugar en la vida tiene un sentido y una misión, aunque muchas veces nos sintamos envueltos en esas tinieblas de duda y de tentación. Es de donde tenemos que levantarnos sin perder la fe y la esperanza, porque Dios ha puesto una luz en nuestro corazón con la que también tenemos que alumbrar a los demás. Es momento de reavivar nuestra fe, de sacar a flote nuestra esperanza, de continuar firmes nuestros pasos en el camino para cumplir nuestra misión en la tierra.

¿Pasaría Jesús por esos momentos de oscuridad antes de comenzar su pasión? Lo que hoy nos relata el evangelio son partes de lo acaecido aquella noche en la cena pascual. Podíamos decir que hay un momento de desahogo de Jesús. Lleva tiempo con aquellos discípulos a quienes ha querido constituir apóstoles porque van a ser sus enviados, a ellos les va a confiar una misión. ¿Cómo andan los ánimos de los discípulos ahora que barruntan que algo especial va a suceder, porque no entienden a pesar de lo claro que Jesús les ha hablado tantas veces?

Nos dice el evangelista que ‘estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo: En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar…’ De alguna manera también los discípulos se quedan desconcertados. ‘Se miraron unos a otro perplejos porque no sabían lo que decía’. Se cruzan las miradas llenas de perplejidad e interrogantes, como las señas que le hará Pedro a Juan que estaba más cerca de Jesús, casi recostado sobre su pecho. ‘Señor, ¿quién es?’ Dolor, sentimiento de traición, desilusión, fracaso, frustración, abandono… ¿será un adelanto de lo que va a ser su oración en Getsemaní?

Jesús solamente tomará un trozo de pan untado que se lo da Judas diciéndole ‘lo que tienes que hacer hazlo pronto’. Judas se marchará a la noche, significativa imagen de la noche de la traición en la que se había sumergido, pero los discípulos siguen sin entender. Pedro, como siempre en su fervor por Jesús, porfiará que está dispuesto a dar la vida por Jesús, que sin embargo le anunciará que antes que el gallo cante – el canto de la madrugada antes de que amanezca de nuevo la luz del día, cosa bien significativa – le habrá negado tres veces.

Pero Jesús habla de que ha llegado la hora de la glorificación. ‘Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará’. Lo que parece que pudieran ser momentos de sombras y de tinieblas es sin embargo donde va a manifestarse la gloria de Dios. En el Tabor, en aquel momento sublime en que se manifestaba en su transfiguración la gloria del Señor, sin embargo Jesús con Moisés y Elías hablaban de la pasión que Jesús iba a sufrir. Y en aquel momento se escucharía la voz desde el cielo señalándolo como el Hijo amado y predilecto del Padre a quien habíamos de escuchar. Y ahora se va a manifestar lo que es ese amor de Dios, que tanto nos ama que nos entrega a su Hijo para nuestra salvación. Es su misión, la misión del enviado del Padre, manifestarnos el rostro amoroso de Dios.

A pesar de nuestras oscuridades, a pesar de los sinsabores a los que tenemos que enfrentarnos en la vida ¿no tendríamos que recordar también que somos hijos amados de Dios y que la gloria del Señor está también en nosotros? ¿No será esa la fuerza que nos hará levantarnos de nuestros cansancios y nuestros desánimos?

martes, 26 de marzo de 2024

Recostémonos en el pecho de Jesús para sentir el latido de su corazón y, aunque mucho sea nuestro pecado, escucharemos el latir de la misericordia y del perdón

 


Recostémonos en el pecho de Jesús para sentir el latido de su corazón y, aunque mucho sea nuestro pecado, escucharemos el latir de la misericordia y del perdón

Isaías 49, 1-6; Salmo 70; Juan 13, 21-33. 36-38

Hay momentos en que afloran las emociones y nos sentimos incapaces de controlarlas. Hasta la persona más fría del mundo, la que nos parece que nunca se inmuta, aquel que parece que se ha cubierto con una coraza para no dejar entrever cuales son sus sentimientos también tiene un momento en el que el control desaparece y afloran todas sus emociones.

Algunas veces parece que tenemos que mostrarnos duros e insensibles, no queremos dejar trasparentar lo que llevamos por dentro, porque nos parece quizás una falta de dominio de nosotros mismos, o porque queremos aparentar una fortaleza que quizás en el fondo no tenemos tanto como queremos insinuar; pero nos hace falta dejar trasparentar nuestras emociones para ser más humanos, eso forma parte de nuestra vida, de lo que somos, porque todo no es un fría cabeza sino que están los sentimientos que se desprender del corazón, y eso es también vida nuestra. Cuidado que esas insensibilidades aparentes sean orgullos ocultos, pero que son muy reales en nuestra vida y que por otra parte tanto daño nos puede hacer.

El evangelio que se nos ofrece en este martes santo es un evangelio donde afloran las emociones. Sí, podemos decir, Jesús está emocionado por el momento. Démonos cuenta que este episodio que ahora se nos narra está enmarcado en aquella última cena, la cena pascual que Jesús quiso hacer con sus discípulos como un anticipo o como un principio de lo que iba a ser su Pascua. En dos momentos de esta noche expresará Jesús la tristeza de su espíritu y cuanto ha deseado comer aquella pascua con sus discípulos. Al comienzo de la cena, y luego lo repetirá en su entrada en Getsemaní.

Parece como si en su emoción por el momento se le escapara lo que iba a suceder precisamente a partir de las actitudes de ellos. ‘Uno de vosotros me va a entregar’. Pero al mismo tiempo es su entrega, como así lo había manifestado, nadie le arrebata la vida, sino que El la entrega libremente. Pero por medio anda quien lo va a traicionar, o quienes lo van a traicionar. Pensamos siempre en Judas, a quien le da un poco de pan untado en aquella salsa que preparaban para comer el cordero pascual, pero a él le dice que lo que tiene que hacer que lo haga pronto. No entenderá el resto, que piensa en algún encargo de Jesús a quien era encargado de llevar la bolsa común. Pero cuando salió Judas ‘era de noche’, la oscuridad de la noche lo envolvía.

Allá queda el resto con sus buenos deseos, porque no terminaban comprender lo de la traición y la entrega, estarán dispuestos a todo por Jesús como se adelantará a decir Pedro. Siempre adelantándose sin darse cuenta que el espíritu puede estar pronto pero la carne es débil. Luego se dejará dormir en el huerto cuando Jesús les pide que oren en aquella hora tan importante. Pero Pedro siempre porfiando va a recibir el anuncio más terrible que pudiera escuchar, aunque siga sin comprender. ‘¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces’. Así a suceder antes que el gallo cante en esa noche. Sigue estando presente la noche.

Pero hay uno de quien tenemos que aprender que se ha recostado sobre el pecho de Jesús. Por algo será el discípulo amado, como tantas veces va a ser reconocido así y no por su nombre en el evangelio. Podía sentir el palpitar del corazón de Cristo. Podía él palpitar también al mismo ritmo y con el mismo amor. Suyas pueden hacer sus emociones y su sensibilidad, con Jesús podrá subir a una altura espiritual que quizás otros no podrán alcanzar.

¿Quién será el mejor que nos habla de la luz que quiere ser anulada por las tinieblas pero que será quien nos ilumine el camino, de la vida que tiene la última palabra sobre la muerte porque habrá resurrección, de la verdad porque en el espíritu de Jesús vamos a encontrar la verdadera sabiduría, del amor y de la intensidad con que hemos de vivirlo, del camino para seguir a Jesús que es Jesús mismo? Todo su evangelio estará lleno de estas imágenes que por si mismas nos están hablando de lo más profundo de Jesús.


Recostémonos en el pecho de Jesús para sentir el latido de su corazón, y aunque muchas hayan sido nuestras traiciones y negaciones, mucho sea nuestro pecado, escucharemos el latir de la misericordia y del perdón.

miércoles, 5 de abril de 2023

Estamos en los momentos de los preparativos últimos y es necesario que terminemos de decidirnos a dar el paso que necesitamos para que haya pascua en nosotros

 


Estamos en los momentos de los preparativos últimos y es necesario que terminemos de decidirnos a dar el paso que necesitamos para que haya pascua en nosotros

Isaías 50, 4-9ª; Sal 68; Mateo 26, 14-25

Cuando llegan los momentos previos a un acontecimiento importante vienen las carreras y las prisas por tenerlo todo preparado; normalmente con antelación suficiente se tiene previsto todo lo que ha de suceder y todo lo que ha de hacerse, pero quizá no siempre somos lo suficientemente previsores y las cosas se nos agolpan en el ultimo momento.

¿Nos encontraremos nosotros en un momento así? Antes de respondernos vamos a fijarnos en lo que nos ofrece el evangelio de la liturgia de este día. Son los preparativos de la pascua, de aquella pascua tan especial que en aquel momento se había de vivir. Eran los preparativos de donde había de celebrarse aquella cena pascual; Jesús y los discípulos realmente no tenían un lugar propio en Jerusalén, puesto que ellos realmente venían de Galilea; pero eran también la situación de tantos peregrinos que aquellos días habían subido a Jerusalén para la fiesta de la pascua, quizá tendríamos que valorar la generosidad de las gentes de Jerusalén que ofrecían sus hogares a los peregrinos facilitando así la cena pascual para todos. Es por donde van los discípulos cuando le preguntan a Jesús dónde quiere que le preparen la celebración de la cena pascual. Ya escuchamos en el evangelio los detalles.

Pero hay más preparativos para aquella pascua, pues uno de los doce ha actuado por su cuenta - ¿insatisfecho quizá por los caminos que tomaban los anuncios del Reino que Jesús venía haciendo? -, y por su cuenta se ha presentado a las autoridades del pueblo para ofrecerse para que pudieran conseguir lo que tanto anhelaban, quitarse de en medio a Jesús. ‘¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?’ Ya sabemos cómo se desarrollaron los acontecimientos. Pero aquello hemos de reconocer que fue también preparativo para la pascua.

Sentados ya a la mesa para la Pascua Jesús desvela lo que está sucediendo, aunque, aún con el asombro, los discípulos no terminan de entender. ‘En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar’. Todos se preguntan, ‘¿soy yo acaso, Señor?’ Momentos duros y difíciles. Uno de los que está sentado a la mesa, mojando en el mismo plato que Jesús lo va a entregar. ‘El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!’ Y ya sabemos cómo se siguieron desarrollando los acontecimientos.

Volvamos a la pregunta que nos hacíamos donde realmente nosotros también nos vemos implicados en la preparación de esta Pascua. En esas andamos y ya sabemos de las carreras y de los trabajos extraordinarios que estos días se realizan en nuestras Iglesias y parroquias. Cuántas cosas hay que preparar. Pero ¿cuáles son las realmente importantes? Porque también tendríamos que preguntarnos no tanto dónde sino cómo quiere Jesús que nos preparemos para esta Pascua.

Todos nosotros de alguna manera hemos venido repitiendo en nuestra vida esto mismo que hoy se nos narra en el evangelio. Nos quedamos quizás muchas veces en esos preparativos materiales – recuerdo cómo nuestras madres nos preparaban ropas nuevas para la semana santa – pero también todos hemos puesto nuestra mano en todo lo que ha llevado a la muerte de Jesús. ¿Como Judas que lo traicionó y lo vendió por unas monedas?, ¿como Pedro que negó conocer a Jesús cuando se vio comprometido con las afirmaciones y preguntas de los que estaban allí en el patio alrededor del fuego?

Aquí tenemos que mirar nuestra vida, con nuestros entusiasmos y con nuestras flaquezas, con nuestros momentos de fervor y nuestros decaimientos y desilusiones, con nuestras promesas de buenas palabras pero con la inconstancia del que pronto se cansa y quiere buscar otras soluciones… en muchas cosas tendríamos que pensar porque es por nosotros por quienes Jesús se va a entregar, va a derramar su sangre, va a llegar a lo alto de la cruz. Sí, tendremos que mirar a lo alto de la cruz, porque allí lo hemos puesto, allí lo hemos llevado, pero sabiendo que ha sido levantado en lo alto para que alcancemos la salvación.

Miramos lo que ha sido nuestro pasado que nos ha conducido hasta aquí, como ha conducido a Jesús hasta la cruz, pero miramos lo que ahora hacemos, lo que ahora tenemos que hacer, cómo vamos a celebrar la cena pascual, cómo vamos a vivir la Pascua. Estamos en los momentos de los preparativos últimos y es necesario que terminemos de decidirnos a dar el paso que necesitamos. Para que haya Pascua y pueda haber vida nueva en nosotros. ¿Qué estamos dispuestos a hacer?

martes, 4 de abril de 2023

Errores, tropiezos, incongruencias, traiciones, negaciones… siempre se van repitiendo a pesar de nuestros buenos deseos, no dejemos que las sombras de la noche nos envuelvan

 


Errores, tropiezos, incongruencias, traiciones, negaciones… siempre se van repitiendo a pesar de nuestros buenos deseos, no dejemos que las sombras de la noche nos envuelvan

Isaías 49, 1-6; Sal 70; Juan 13, 21-33. 36-38

Nuestra vida se nos llena en muchas ocasiones de contradicciones e incongruencias como si no supiéramos lo que queremos o lo que buscamos; tenemos momentos de entusiasmo, tras los que viene pronto el sentirnos como derrotados, y comenzamos a actuar de manera distinta en contradicción quizá con lo que antes queríamos vivir o veíamos tan fácil. Contratiempos que  nos aparecen, insatisfacciones porque las cosas no son como nosotros pensábamos o soñábamos, un desaire que nos afectó o una situación difícil que vimos en alguien en quien habíamos puesto nuestra confianza, momentos de flaqueza y de debilidad en que vamos tropezando con todo, nos llevan a esas incongruencias y contradicciones. Una cadena que a veces parece que no tiene fin.

¿Cómo se encontraban los discípulos de Jesús en aquellos momentos que estaban viviendo ya en Jerusalén después de lo que Jesús había anunciado repetidamente en su subida a la ciudad santa? Las cosas parecía que se iban precipitando. Las mismas palabras de Jesús y sus gestos hay momentos en que les resultan enigmáticas, difíciles de entender. Ahora que están en la cena pascual – ya ha habido algunos signos a los que haremos mención en otro momento – y viene Jesús y en medio del entusiasmo de la cena les dice que uno de ellos lo va a entregar.

Fue un mazazo, podríamos decir. Se preguntan con la mirada sobre el significado de las palabras de Jesús. A insinuaciones de Simón Pedro, Juan que está más cerca de Jesús le preguntará un poco como queriendo sonsacar un secreto, quien es el traidor. ‘Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado’, y se lo dio a Judas Iscariote.

Y Jesús le dirá que lo que tiene que hacer, que lo haga pronto, sin que el resto de comensales entienda. Y tras tomar el pan Judas salió para dar cumplimiento a la traición. ‘Era de noche’, dirá el evangelista. ¿Comenzaba la hora de las tinieblas como diría Jesús en otro momento? ¿Era de noche para Judas que había emprendido un camino de alejamiento de Jesús? En cuantas noches nos vamos introduciendo nosotros también tantas veces. Una pendiente resbaladiza, de la que no siempre sabemos cómo salir.

Y Jesús sigue hablándonos de lo que son aquellos últimos momentos. ‘Me queda poco de estar con vosotros…’ pero ellos no quieren apartarse de Jesús. Como siempre Pedro habla en nombre de todos afirmando sus deseos y voluntad de estar siempre al lado de Jesús pase lo que pase. No sabe de lo que es su propia debilidad. Nos sentimos tan fuertes y valientes en ocasiones, pero pronto pueden aflorar nuestras debilidades y tropiezos. Es lo que Jesús le dice a Pedro, el que estaba dispuesto a dar su vida por Jesús. ‘¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces’ .Una nueva incongruencia que iba a aparecer. Como tantas de nuestra vida.

Errores, tropiezos, incongruencias, traiciones, negaciones… cosas que siempre se van repitiendo a pesar de nuestros buenos deseos. Pero no dejemos que la noche nos envuelva. Pedro también tropezó en esas valentías y atrevimientos como tantas veces nos metemos en la vida, pero no se dejó que las sombras de la noche le envolvieran, aunque le costara recuperarse y salir de nuevo a flote. Pedro supo llorar su pecado; Judas Iscariote se dejó vencer por la negrura de su traición y sabemos cómo terminó.

Dejémonos encontrar por Jesús aunque estemos hundidos en la peor de nuestras negruras. Cuando aquella noche cantó el gallo y Pedro se dio cuenta de su negación, aún estaba en patio cuando pasó Jesús y se dejó mirar por Jesús. No hubo palabras, no hubo reproches, solo una mirada en silencio, porque aún en su dolor por su negación el amor permanecía en el corazón de Pedro. No podía quedarse Pedro en la noche oscura. Un día Jesús solamente se lo recordará preguntándole si lo amaba y lo amaba más que el resto. Jesús podía seguir contando con Pedro.

Es para nosotros un rayo de luz y de esperanza. Es un comenzar a ver cómo se puede desenmarañar ese ovillo de nuestras incongruencias y debilidades. Jesús estará tirando del hilo de nuestro amor para que se mantenga siempre bien unido a su amor a pesar de los nudos. Y es que siempre Jesús nos está llamando a la vida, siempre nos regalará su perdón. ¿Aprenderemos nosotros a mantener también vivo y sin romperse ese hilo del amor hacia los demás aunque a veces nos sintamos defraudados, a veces nos veamos también enrollados en esas mutuas incongruencias que nos pueden hacer daño?

martes, 6 de septiembre de 2022

Llenos de Dios tenemos que ir al encuentro de los que nos rodean con paz, sin tensión ni agobio, con mucho amor para hacer presentes las maravillas del Señor

 


Llenos de Dios tenemos que ir al encuentro de los que nos rodean con paz, sin tensión ni agobio, con mucho amor para hacer presentes las maravillas del Señor

1Corintios 6, 1-11; Sal 149; Lucas 6, 12-19

En tres momentos podemos fijarnos en el texto del evangelio que hoy se nos propone, que de alguna manera nos están marcando nuestro camino y, que hemos de reconocer, no siempre tenemos en cuenta en nuestra tarea como cristianos.

Muchas veces nos encontramos con gente que quiere vivir con responsabilidad su tarea y quieren ser cumplidores hasta el final en aquello que se proponen, pero al mismo tiempo observamos, nos lo dicen ellos en ocasiones, que se sienten tensos y esa tensión les hace vivir como agobiados y se encuentran que muchas veces, al menos a ellos les parece, no rinden todo cuanto quisieran; se sienten cansados y agotados, porque muchos, es cierto, es el trabajo, pero muchas veces es consecuencia de esa tensión en la que viven. Nos damos cuenta, y a ellos a veces les cuesta entenderlo, que necesitan una parada en ese ritmo trepidante en que viven, necesitan un descanso que es algo más que detener los trabajos, porque necesitan quizás encontrarse consigo mismo, para poner no solo orden en la tarea que realizan sino una serenidad interior que es donde van a encontrar esa fuerza que necesitan.

Cuando tenemos una cierta sensibilidad y una inquietud en el corazón a veces nos sentimos como agobiados ante la tarea que hemos de realizar; grande es el campo que se abre ante nosotros, inmensa la tarea, vemos necesidades y problemas, o vemos a la gente desorientada y quisiéramos tener una palabra de orientación y de animo, una palabra que ilumine. Pero a veces nos sentimos sin fuerzas, somos nosotros mismos los que nos encontramos desorientados también sin saber qué camino tomar, qué cosa es la más urgente que tenemos que realizar.

Como decíamos, estos tres momentos que contemplamos hoy en el evangelio quieren ser para nosotros una pauta. Hagamos como Jesús. En ocasiones vemos también que se ve desbordado, la gente se agolpa a su puerta, le sigue por todos los caminos, y hasta en los lugares más insospechados se va a encontrar multitudes que vienen a su encuentro. Ya en otro momento del evangelio, cuando nos dice el evangelista que no tenían tiempo ni para comer, Jesús se llevó al grupo de los discípulos más cercanos a un lugar apartado para descansar.

Hoy lo contemplamos en el mismo actuar de Jesús. Se fue a solas al monte y pasó la noche en oración. ‘Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios’. Recordamos también cuando en Cafarnaún se agolpaban a la puerta de la casa de Simón Pedro, Jesús de madrugada se fue a un lugar solitario para orar antes de emprender el camino por las diferentes aldeas y pueblos de Galilea haciendo el anuncio del Reino de Dios. Detenernos para encontrarnos con nosotros mismos, detenernos para dejarnos encontrar por Dios. Un primer paso que necesitamos.

Pero Jesús no quiere realizar su tarea y su misión solo, quiere contar con aquellos que le siguen. Por eso a la mañana siguiente fue llamando de uno en uno a aquellos doce a los que va a constituir apóstoles, porque a ellos les va a confiar una misión. Y el evangelista nos detalla los nombres de los doce elegidos. Ni mejores ni peores que el resto de la multitud que le sigue, algunos han ido expresando ya su disponibilidad para seguirle cuando dejaron sus barcas, cuando dejaron sus negocios, cuando dejaron sus casas por seguir y estar con Jesús. Es el segundo momento que contemplamos.

Unos hombres llenos también de debilidades, de ambiciones y sueños, de tropiezos y caídas en su vida, de abandonos, alguno incluso llegará a traicionarle, pero con ellos quiere contar Jesús. Jesús así quiere contar con nosotros, tal como somos, con nuestra vida también de pecadores, pero que queremos poner mucho amor en nuestro corazón, aunque fácilmente nos aparezca nuestra debilidad. Quiere contar con nosotros ¿así sabremos nosotros contar con los demás?

Y a continuación nos dice el evangelista que bajaron al llano, allí donde estaba la vida de cada día, allí donde estaban aquellos hombres y mujeres que buscaban a Jesús y que estaban con sus problemas, con sus necesidades, con sus enfermedades, con su hambre no solo de pan sino también de esperanza y de vida. ‘Un grupo grande de discípulos y una gran muchedumbre del pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón…’ Y nos continúa diciendo el evangelista, ‘venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y toda la gente trataba de tocarlo, porque salía de él una fuerza que los curaba a todos’.

Es el tercer momento, importante para nuestra vida, el encuentro con los demás, el encuentro con el sufrimiento, el encuentro con aquellos que nos están tendiendo las manos esperando de nosotros esa palabra de vida y de esperanza, ese gesto que les haga sentir cercano a Dios, ese momento en que se sientan tocados por la gracia de Dios. Cuántas oportunidades tenemos de ser signos del amor y de la misericordia de Dios con nuestra escucha, con nuestra cercanía, con nuestros gestos pequeños y humildes pero que pueden ser para ellos signos del amor de Dios.

Para que lleguemos a este momento y sepamos dar respuesta hemos de pasar por los otros dos momentos, donde nosotros nos llenemos de Dios y nos sintamos llamados; así podremos ir con paz, sin tensión ni agobio, con mucho amor para hacer presentes las maravillas del Señor.

viernes, 13 de mayo de 2022

Aprendamos a confiar, a poner de verdad toda nuestra fe en Jesús, no nos falte la paz en nuestro espíritu, es como podremos descubrir caminos nuevos

 


Aprendamos a confiar, a poner de verdad toda nuestra fe en Jesús, no nos falte la paz en nuestro espíritu, es como podremos descubrir caminos nuevos

Hechos de los apóstoles 13, 26-33; Sal 2; Juan 14, 1-6

A veces parece que nos caen en tromba las noticias, los acontecimientos, los sucesos que nos pueden afectar de alguna manera a nuestra vida y terminamos quedándonos como descolocados porque nos cuesta asumir las diversas cosas que nos han contando, nos cuesta comprender porque están pasando las cosas que tanto daño nos hacen o nos podemos referir a los mismos acontecimientos de la sociedad en que parece que hay momentos que son especialmente negros.

Podemos pensar en lo que nos ha tocando enfrentar en estos últimos tiempos en nuestra sociedad, pandemias, crisis económicas, desorganización de la vida que os obligan a nuevos protocolos de forma de vivir, y para colmo nos encontramos en tiempos de guerra en las puertas de Europa que no está tan lejana de nosotros y que no terminamos de ver el rumbo que van a tomar las cosas. Nos cuesta tomar decisiones que nos puedan afectar en un futuro, algunas veces nos cuesta entender las cosas más elementales, porque no hacemos sino pensar en esas oscuridades y turbulencias de la vida, y nos cuesta hasta lanzarnos con arrojo a emprender cosas en la vida. Decimos que no queremos perder la paz, pero dentro de nosotros nos corroen el pensamiento muchas cosas.

Aquella noche de la cena de Pascua de los discípulos con Jesús fue de esos momentos en los que se van sucediendo tantas cosas, se tienen presentimientos de lo que va a suceder aunque no saben por donde va a salir todo, en que tenían que estar produciéndose en su corazón una fuerte revoltura de la que no sabían como salir. Eran las palabras de Jesús con sus anuncios, fueron aquellos gestos con los que Jesús quiso comenzar la cena, estaban aquellas palabras que para ellos resultaban enigmáticas que le había dirigido a Judas de que lo que tenia que hacer que lo hiciera pronto, estaba la desenvoltura de Pedro que decía que estaba dispuesto a todo por Jesús, pero que éste le había hecho anuncio de negaciones y traiciones, ahora hablaba Jesús de vuelta al Padre, de preparar unas estancias, de una nueva venida para buscarles, pero todo se les hacía incomprensible.

Por allá sale uno diciendo que no entiende de caminos, que no saben cual es el camino y que definitivamente Jesús se los enseñe. No terminan de entender las Palabras de Jesús. ‘Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí’, les señala tajantemente Jesús a ver si por fin comprenden. Viendo el estado de ánimo, en cierto modo revuelto, en que se encuentran Jesús ha comenzado invitándoles a no perder la paz, a sentirse seguros, a confiar en El y en su Palabra. Pero les resulta difícil. Son muchas las cosas que se están sucediendo y tenemos el peligro de perder la paz en el c corazón.


Es lo que necesitamos escuchar nosotros. En el mundo revuelto en que vivimos, en medio de tantas cosas que se van sucediendo, con la misma situación que vemos en la Iglesia, o el desánimo de tantos cristianos a nuestro alrededor que abandonan el barco, como se suele decir, que van dejando de lado valores religiosos, principios cristianos, dejándose influir por tantas cosas que vemos en nuestro entorno en la sociedad. Y podemos perder los ánimos, podemos perder la paz. Tenemos que aprender a confiar, a poner de verdad toda nuestra fe en Jesús.

Se nos abren caminos delante de nosotros y podemos tener la esperanza de una renovación de tantas cosas; tenemos delante a Jesús que nos está señalando el camino porque no nos está pidiendo otra cosa sino que hagamos como El, porque se puede despertar una esperanza, porque el final podemos ver luz si nos llenamos de la vida de Jesús, que para eso es el camino y la verdad y la vida.

‘No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí’, nos dice Jesús. No nos falte la paz en nuestro espíritu, es como podremos descubrir caminos nuevos.

martes, 12 de abril de 2022

Jesús quiere tener palabras de luz y de glorificación para nosotros, porque cuenta con nosotros, sabe de nuestra porfía de amor aunque nos recuerda nuestra debilidad y flaqueza

 


Jesús quiere tener palabras de luz y de glorificación para nosotros, porque cuenta con nosotros, sabe de nuestra porfía de amor aunque nos recuerda nuestra debilidad y flaqueza

Isaías 49, 1-6; Sal 70; Juan 13, 21-33. 36-38

Luces y sombras se entremezclan continuamente; así es la vida. Quisiéramos todo en armonía y paz, desearíamos que la convivencia con los que nos rodean, ya sean familiares, amigos, o compañeros de trabajo fuera siempre armoniosa; pero sabemos que surgen contratiempos, que hay momentos en que parecía que todo iba en paz y pronto surge una desavenencia, un mal entendido, algo que sucede que nos descoloca de nuestras rutinas de cada día y no entendemos por qué, no llegamos a comprender las reacciones de las personas, no sabemos a donde nos van a llevar esos imprevistos que nos van surgiendo.

Aparecen en medio de las luces, sombras que nos pueden quitar la paz, que nos oscurecen el panorama, que nos hacen surgir dudas y hasta desconfianzas en nuestro interior, no sabemos a donde nos llevarán esas sombras, como podrían repercutir en nuestra vida. Y tenemos que aprender a reaccionar ante esas situaciones para que no se nos sobrepongan.

En el evangelio de estos días de la semana de pasión van apareciendo retazos de lo que fue la cena pascual, como es el caso de hoy. La cena pascual tenía que ser una fiesta, era un recuerdo agradecido a Dios por la Pascua, por aquella primera pascua de Egipto, pero también por el paso de Dios por la historia de cada día de su pueblo. Pero aparte de algunos gestos extraordinarios de Jesús, como ya veremos en la tarde del jueves santo, hoy parece que se rompen esos aires de paz y de fiesta en aquella cena. Jesús anuncia lo que va a suceder – ellos ya presentían algo especial por todo lo que Jesús había ido anunciando – pero ahora habla de traición. El desconcierto se apodera de todos porque no lo entienden, y no pueden llegar a comprender que la traición estuviera allí en medio de ellos.

Pero Jesús como en un contraluz habla de la hora de la glorificación que ha llegado. ¿Recordarían los que habían subido con El al Tabor lo que allí entonces había sucedido en que había aparecido la gloria del Señor? ‘Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros:
Donde yo voy no podéis venir vosotros’

Esa claridad que quiere imbuirles Jesús no la terminan de entender porque se andarán preguntando también a donde va a ir que ellos no puedan ir. Pedro porfiará que él está dispuesto a todo, incluso a dar su vida por Jesús. Pero llegará otra ráfaga de sombra que siguen sin entender. ‘¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces’.

Nos hemos prometido en esta semana estar en todo momento al lado de Jesús para no perder ni un ápice de cuanto suceda. De rondón nos hemos metido nosotros en esta escena y estamos contemplando y estamos viviendo estos momentos. Estaremos quizá sintiendo como una espada nos está atravesando el alma con estos anuncios de Jesús, pero que no nos podemos contentar con contemplar como a la distancia. Porque es a nosotros a quienes Jesús está dirigiendo sus palabras, sus gestos, su cercanía, su presencia.

Para nosotros quiere tener palabras de luz y de glorificación, porque cuenta con nosotros, sabe de nuestra porfía de amor, como la de Pedro, aunque nos recuerda nuestra debilidad, nuestra flaqueza; en esa traición, en esa negación andamos también metidos nosotros. Sabemos que en nuestra vida no todo es agua limpia, porque también tenemos nuestras sombras en el corazón y hemos de recordar nuestras debilidades, nuestras flaquezas que tantas veces nos afloran. Nos prometemos tanto que luego no llegamos a cumplir, no llegamos a realizar.

¿Nos dirá a nosotros Jesús, como le dijo a Judas, ‘lo que has de hacer, hazlo pronto’? Claro que Judas sintió en aquel momento el impulso de salir a la noche oscura. Oscura iba a ser la noche para Judas y en esas tinieblas quería envolver a Jesús y a los demás discípulos, que así se vieron luego en Getsemaní sin saber que hacer, hasta que todos le abandonaron y huyeron. Pero a nosotros esas palabras tendrán que hacernos recapacitar, pero no para encerrarnos en la noche oscura, sino para salir al encuentro con la luz.

Es el camino de verdad que queremos hacer hacia la Pascua. Es por lo que queremos estar junto a Jesús en todo momento y no apartarnos por nada de El. Aunque hay un paso amargo de pasión y sacrificio, sabemos que todo va a terminar en la luz de la resurrección que es la verdadera luz pascual que nos va a iluminar para siempre.

miércoles, 7 de abril de 2021

Las palabras de Jesús les sabían a bálsamo que curaba sus heridas y más tarde dirán que el corazón les ardía por dentro mientras les explicaba las Escrituras

 


Las palabras de Jesús les sabían a bálsamo que curaba sus heridas y más tarde dirán que el corazón les ardía por dentro mientras les explicaba las Escrituras

Hechos de los apóstoles 3, 1-10; Sal 104;  Lucas 24, 13-35

Las decepciones producen fuertes heridas en el alma que son difíciles de curar; son heridas que se enconan, y que más y más van produciendo turbulencias en el alma con el peligro de que todo quede arrasado como tras un temporal. Por una parte hemos de tener cuidado de no herir a nadie de esa forma por el daño que le hacemos, pero también hemos de tener cuidado por nosotros mismos de donde ponemos nuestras esperanzas; todos soñamos y en nuestros sueño podemos imaginar cosas maravillosas pero que se quedan en sueños, por eso hemos de saber distinguir la realidad, aunque algunas veces se nos hace bien difícil por los deseos que podamos llevar en el corazón.

El anciano Simeón anunció que Jesús iba a ser un signo de contradicción y su presencia, su persona y su vida iba a servir para que muchos se decantaran, se aclararan y vieran cual partido tomar, qué dirección le dan a su vida y donde ponen sus esperanzas. En torno a los discípulos cercanos a Jesús también se produjeron esas crisis. Todos aquellos momentos de la pasión fueron amargos para quienes habían puesto en Jesús sus esperanzas y a pesar de los anuncios que El había hecho continuamente no terminaron de entender lo que estaba sucediendo.

El arranque de todo aquello con la traición de Judas fue un momento de decepción probablemente de aquel apóstol que en sus deseos y en su imaginación podía haber soñado con otro estilo y sentido de mesianismo, unido a su afán al dinero que hacía que se le pegaran los dedos en tremendas tentaciones concluyó con el abandono y la traición. Y así podríamos pensar en los demás discípulos. ‘Todos le abandonaron y huyeron’, quienes se atrevieron a acercarse a donde estaban sucediendo los hechos, la cobardía les pudo y vinieron las negaciones como las de Pedro, otros abandonaron lo que había sido su refugio en aquellos días, como Tomás que no estaba presente en la primera aparición en el Cenáculo.

Hoy nos habla el evangelio de otros dos decepcionados, los llamados discípulos de Emaús por aquello del pueblo al que se dirigían. Iban tristes en el camino y no hacían sino darle la vuelta a lo mismo una y otra vez, pero al final abandonaron Jerusalén para irse a lo que podría ser su lugar de origen, Emaús. Y así, en esa tristeza y decepción, los encuentra aquel caminante que parece que no sabe nada o no se quiere enterar.

‘¿Eres tú el único de Jerusalén que no sabe lo que allí ha pasado estos días?’ Y le cuentan dándole vueltas al tema una vez más las esperanzas que habían puesto en Jesús, porque pensaban que era el Mesías liberador, pero nada de lo que ellos esperaban se había cumplido, es más, había muerto en la cruz y aunque había prometido que al tercer día resucitaría hasta la fecha ellos no habían visto nada. Y El iba con ellos.

Pero Aquel que parecía que no sabía nada comenzó a explicar y, valiéndose de las Escrituras, la ley y los profetas, les hizo ver que cuanto había sucedido estaba así anunciado en las Escrituras. Y parecía que ellos comenzaban a comprender; al menos sus palabras les sabían a bálsamo que curara sus heridas y más tarde dirán que el corazón les ardía por dentro mientras les explicaba las Escrituras.

Tanta fue la esperanza que comenzó a despertarse en su corazón que le invitaron a quedarse con ellos, porque además los caminos eran peligrosos y se estaba haciendo tarde. No había confinamiento en aquellos momentos, pero por una parte los peligros acechaban, pero quizá lo que era más importante ellos no le querían dejar ir, se sentían a gusto con El. Por eso lo invitan a la mesa, en las bonitas leyes de la hospitalidad. Y es allí en la mesa donde se les abren los ojos para reconocerle. Era verdad, había resucitado el Señor. Estaba allí con ellos y les había acompañado por camino, aunque ahora ya no lo veían. ‘Le reconocieron al partir el pan’.

Por eso corrieron a Jerusalén de nuevo, ya decíamos que no había toque de queda,  porque había que anunciarle al resto de los discípulos lo que a ellos les había pasado y como lo habían reconocido al partir el pan, aunque ya les ardía el corazón mientras les hablaba. Momentos de dicha y de alegría donde todas las heridas se curaron porque reconocieron que las esperanzas que tenían no eran las verdaderas esperanzas.

Ahora sí se había despertado su corazón y se había abierto su espíritu para reconocer de verdad a Jesús y la salvación que El nos ofrece. El Señor también viene a nosotros y camina a nuestro lado, sentémonos con El a la mesa, pero también sepamos hacer un alto en el camino para escucharle, para bebernos sus palabras, para dejar que su Palabra vaya cayendo como rocío fecundo en nuestro corazón o para dejar que esa Palabra como espada de doble filo penetre hasta lo más hondo de nosotros. No nos hará daño sino todo lo contrario porque estará sembrando semillas de vida en nosotros que nos harán dar mucho fruto.

miércoles, 31 de marzo de 2021

Preparemos el traje de fiesta para entrar al banquete del reino, a la cena de la pascua del Señor y piensa en qué va a consistir ese traje, qué es lo que te está pidiendo el Señor

 


Preparemos el traje de fiesta para entrar al banquete del reino, a la cena de la pascua del Señor y piensa en qué va a consistir ese traje, qué es lo que te está pidiendo el Señor

 Isaías 50, 4-9ª; Sal 68; Mateo 26, 14-25

‘¿Dónde quieres que te preparemos la cena de pascua?’ La cena pascual tenía sus rituales. Los preparativos habían de hacerse con todo detalle. Dificultaba estar en Jerusalén y no cada uno en su lugar de origen, aunque la cercanía del templo facilitaba las cosas y creaba también un ambiente especial.

Ahora los discípulos preguntan por el lugar, luego vendrán los restantes preparativos. Por lo que nos dice este evangelista la casa era bien conocida del Maestro y de los discípulos; en el relato de este mismo hecho por otro evangelista nos dará los detalles de las señales por las que habían de encontrar la casa. Un hombre con un cántaro de agua al que siguen por la ciudad y con el que entrarán en la casa preguntando por el dueño y dando el recado de parte del Maestro. Encontrarán una sala grande en el piso de arriba donde han de hacer todos los preparativos.

El Cordero pascual, los panes ácimos y las lechugas amargas, los divanes para recostarse a la mesa y el agua suficiente para las purificaciones, las jarras con vino suficiente para la fiesta que se ha de celebrar. Porque todo ha de tener un sentido de fiesta; la cena del cordero pascual era el recuerdo del paso de Dios en Egipto cuando fueron liberados y que ritualmente todos los años habían de celebrar en la luna llena de primavera. Era en lo que ahora se habían de afanar los discípulos, los preparativos para la cena de pascua.

Aunque aquel día la cena habría de tener un significado especial. Lo iremos viendo en el relato de hoy y en el que escucharemos la noche del jueves santo. Ahora sí iba a ser el verdadero paso del Señor, la verdadera pascua. Como dice Jesús ‘mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos’. Es lo que le han trasmitido al dueño de la casa y allí harán todos los preparativos.

Luego irán surgiendo elementos nuevos, sorprendentes en el deseo de Jesús celebrar aquella pascua con los discípulos pues yo no volvería a beber el vino de la pascua hasta la llegada del Reino de los cielos. Por eso incluso Jesús sentirá angustia en su alma ante todo lo que ha de suceder. Los discípulos parecen corderos inocentes que son llevados de la mano por el maestro y su sorpresa irá en aumento con los gestos y los signos que aquella noche se van a realizar. Mañana entraremos en mayor detalle. Pero ahora están los anuncios que Jesús hace. ‘Uno entre vosotros me va a entregar’.

No sabían ellos que ya Judas, el de Iscariote, había ido a preguntar a los sumos sacerdotes cuánto le iban a dar si se los entregaba. Judas conocía bien los pasos de Jesús y sabía cómo Getsemaní, aquel viejo molino de aceite, era uno de los lugares preferidos de Jesús para pasar la noche cuando andan por Jerusalén. Por eso se adelanta a todo buscando sus intereses, haciendo aflorar quizás sus desencantos.

Se habría hecho una imagen de Jesús como Mesías, pero no respondía Jesús a sus expectativas. ¿De ahí sus desencantos? La ambición, la avaricia, su materialismo en que todo quizás lo cifraba en poder, poder económico o poder político van torciendo el corazón, como tantas veces sucede. Unas monedas, en treinta monedas de plata habían quedado, hacen quebrar su corazón y su voluntad para caer en lo horrible de la traición. Se olvidaba la lealtad del discípulo que se deja enseñar para hacer sobresalir esas ansias de poder que luego en nada quedarán. Pero el corazón ya está herido. Aún así él está participando de aquella cena pascual. ¿Dónde tendría puesto su corazón y su mente mientras Jesús iba realizando todos aquellos gestos y signos que se destacan en aquella cena pascual que va siendo bien distinta?

‘Mientras comían dijo: En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar. Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro: ¿Soy yo acaso, Señor?’ todos se veían sorprendidos, pero acaso Judas se vería aun más sorprendido al darse cuenta de que Jesús estaba al tanto de todo. ¿Aún tenía la sangre fría de estar allí? Mucho odio quizá se había encendido en su corazón. La lealtad se había transformado en traición. Y todo seguía su camino. ‘El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!’ Y aún Judas todavía se atreve a preguntar ‘¿soy yo acaso, Maestro?’ Como nos dice otro evangelista Jesús le dice: ‘Lo que has de hacer, hazlo pronto’.

Dejamos la cena en este momento para hacernos nuestra reflexión, para preguntarnos también como vamos a preparar y a celebrar la cena de pascua. Estamos repitiendo hasta la saciedad que este año para nosotros va a ser distinta, y tenemos el peligro de que al final sea como siempre. No han aparecido esas señales externas con las que otros años celebramos estos días santos, pero quizá nosotros no hemos profundizado aun lo suficiente para hacer que sea lo que tiene que ser.

Eso, lo que tiene que ser. Y cuando hacemos las cosas con intensidad y profundidad haremos que en verdad cada año sea distinta, como momento sea distinto, cada instante vivamos con intensidad ese encuentro con el Señor que se entrega por nosotros. Porque si no hay ese encuentro de nada nos han servido todos los preparativos. Es lo que tenemos que buscar, es cómo tenemos que abrir el corazón, es cómo hemos de ponernos en la sintonía de Dios.

¿Hemos preparado el traje de fiesta para entrar al banquete del reino, a la cena de la pascua del Señor? Piensa en qué va a consistir ese traje, qué es lo que te está pidiendo el Señor, qué paso adelante vas a dar en el camino de la entrega y del amor, cómo va a disponerse tu espíritu también para saber acoger a los que están a tu lado que tanto te cuesta entender.

martes, 30 de marzo de 2021

Nos hacen falta no las valentías de los bravucones que se quedan en fantasías sino la valentía de la fuerza del Espíritu para llegar a vivir la Pascua

 


Nos hacen falta no las valentías de los bravucones que se quedan en fantasías sino la valentía de la fuerza del Espíritu para llegar a vivir la Pascua

 Isaías 49, 1-6; Sal 70; Juan 13, 21-33. 36-38

Qué bravucones nos ponemos en algunas ocasiones, bravucones de salón. Sí, según donde estemos, las circunstancias que nos rodean, las personas que tenemos delante a los que queremos deslumbrar, la reacción que pueden haber tomado otros ante determinadas situaciones y donde no me voy a quedar detrás, y ¿por qué no decirlo también?, las cositas que hemos tomado que nos dan una especial alegría. Son los momentos de las promesas, los momentos en que somos capaces de hacer milagros, los momentos de derrochar fantasía, los momentos también de vanidad y de orgullo. Luego ¿en qué se queda todo? Si te vi, no me acuerdo.

¿Le pasaría a Pedro algo así en la cena pascual con el maestro? Ahora anda porfiando con Jesús que por qué  no puede seguirle a donde vaya si él está dispuesto a dar la vida por El. Ya sabemos lo que le responde Jesús, pero vayamos antes a todo lo que ha rodeado aquella cena.

Aunque los anuncios de Jesús en su subida a Jerusalén no les habían gustado ni los habían querido entender, las cosas hasta ahora parecía que no marchaban tan mal. Había sido éxito aquella entrada de Jesús en la ciudad santa en medio de las aclamaciones del pueblo; al menos eso les parecía a ellos. Ahora no les había sido tan difícil conseguir aquella sala para la cena pascual, porque a una simple indicación del Maestro se les había facilitado aquella sala y la comida hasta estos momentos había transcurrido dentro de la normalidad, si ponemos a un lado el detalle de Jesús de lavarles los pies, a lo que Pedro, como siempre que había algo nuevo se había resistido. Hoy diríamos quizá que parecía muy conservador y de fidelidades hasta más allá de la muerte. Cuántas cosas nos recuerdan.

Pero ahora Jesús había salido con aquello de que uno de ellos lo iba a traicionar. Le insiste Pedro – siempre tomando la iniciativa – a Juan que está recostado junto a la mesa muy cerca del pecho de Jesús que le pregunte por lo bajo a quien se refiere. Todos están extrañados ante este anuncio del Maestro y se preguntan quien puede ser. El gesto de Jesús y unas cortas palabras a Juan bastan para señalar a Judas que también irónicamente se pregunta si acaso será él.


‘Lo que has de hacer hazlo pronto’
, le dice a Jesús; los demás no entienden, quizá algún preparativo más para la fiesta de la pascua, alguna limosna a los pobres, el hecho está en que Judas sale a su destino sin que los demás entiendan. Pero el evangelista nos dice algo que pasa desapercibido pero que puede significar mucho. Cuando Judas salió fuera era de noche. ¿Querrá decirnos algo más de que ha transcurrido el tiempo casi sin darnos cuenta como tantas veces sucede? ¿Querrá expresar la negrura de la noche, de las tinieblas que están abarcando y llenando toda la tierra? ¿Querrá expresar las negruras del corazón de Judas envuelto en mantillas de traiciones o que simplemente está cumpliendo lo que el destino le ha señalado? ¿Qué lugar ocupa en todo esto la libertad de Judas?

Será ahora cuando Jesús hable de la hora que ha llegado, la hora de la glorificación porque es la hora de la entrega y del amor hasta ser capaz de dar la vida. Ya nos dirá que no hay amor más grande. Y son los pasos que Jesús se dispone a dar a partir de aquella cena. Son unos pasos que ha de dar El, aunque sienta la soledad del cielo y de la tierra, pero así es el camino del amor que algunas veces hace derramar la sangre. Es el camino que subirá al calvario y que lo hará solo, porque incluso no solo será la traición de quien lo entrega sino la huida y el abandono de todos los demás que se encerrarán en ese mismo cenáculo. Si alguno quiere hacerse el valiente y acercarse al fuego se quemará.

Es donde surgen las porfías de Pedro y sus valentías, sus bravuconadas, como decíamos al principio. Estoy dispuesto a todo por seguirte y por estar contigo, le dice Pedro sin saber lo que eso le puede comprometer o a donde lo va a llevar. Por eso Jesús le anuncia que no cantará el gallo esa noche sin que él le haya negado tres veces. Por el relato completo de la pasión ya sabemos como sucedería todo.

Es cierto que quería estar cerca de Jesús, que no entraba en sus cálculos el negarle ni el echarse atrás por eso se había atrevido a llegar al patio donde se calentaban al lado de una hoguera los que habían salido a prender a Jesús a Getsemaní. Y allí lo reconocieron, allí se dieron cuenta de que era uno de los que estaban con Jesús, y allí se vio solo y tuvo miedo, ya no tenía a donde recular porque se estaba quemando y fue cuando lo negó hasta en tres ocasiones entre las conversaciones de aquellos criados y criadas que jocosamente querían entrar en calor alrededor de la hoguera.


Pedro, tan valiente, se había quemado, había negado a Jesús. Ya nos hablará luego el evangelista de los gruesos goterones de lágrimas que salieron de sus ojos. No había medido sus fuerzas y se había querido sentir el valiente. El espíritu está pronto, pero la carne es débil, le había dicho esa misma noche Jesús en Getsemaní cuando los había invitado a orar, pero ellos se caían de sueño.

Y a todo esto ¿a nosotros, qué? ¿Hasta dónde llegan nuestras valentonadas? ¿Cómo estamos fortaleciendo nuestro espíritu para esta Pascua que hemos de vivir? ¿Cómo nos sentimos en medio de tantos embates que nos encontramos en la vida y de manera especial en estas circunstancias en que nos encontramos un año más? ¿Hasta donde estamos dispuestos a llegar? ¿Qué testimonio se nos estará pidiendo en las circunstancias concretas que vivimos? ¿Nos estaremos cayendo también de sueño,  cansados de nuestras luchas, o acobardados ante el mundo que tenemos enfrente?  Cosas muy concretas tenemos que afrontar y nos hacen falta no las valentías de los bravucones que se quedan en fantasías sino la valentía de la fuerza del Espíritu.

sábado, 30 de mayo de 2020

Lo importante es estar dispuesto a seguirle, aunque muchas preguntas se agolpen en la cabeza y muchos temores haya en el corazón, no nos faltará la fuerza de su Espíritu


Lo importante es estar dispuesto a seguirle, aunque muchas preguntas se agolpen en la cabeza y muchos temores haya en el corazón, no nos faltará la fuerza de su Espíritu

Hechos de los apóstoles 28, 16-20. 30-31; Sal 10; Juan 21, 20-25
Al amigo lo apreciamos, queremos contar con El y al tiempo queremos hacernos presente en su vida como un buen compañero que comparte camino, sentimos como propias sus preocupaciones y al mismo tiempo queremos ser estímulo en su camino pero siempre dejándolo ser él. La confianza de la amistad no nos da derecho a entrar irrespetuosamente en su vida e influir de tal manera que queramos hacerlo tan semejante a nosotros que de alguna manera le robemos su propia identidad. Por eso es tan importante el respeto para dejar caminar libremente al amigo en sus propias decisiones  y realizando su propio camino en el que no tenemos por qué entrometernos.
No podemos ser influencia que coarte, no podemos ser causa de merma de su propia autoestima, sino con todo respeto ser aliciente y estímulo para que realice su propio camino. Ya sé que nuestro pecado es muchas veces querer meternos en todo restándole o mermándole hasta su propia intimidad, sus propias decisiones y su propio camino. Tenemos que dejar caminar mientras nosotros hacemos también nuestro propio camino en el que no queremos que nadie se nos entrometa. Aunque algunas veces lo hagamos con la mejor buena voluntad, con la mejor intención.
Me viene a la mente toda esta reflexión con que he introducido el tema de hoy contemplando el evangelio que hoy se nos propone. Nos damos cuenta que ya es el final del evangelio de Juan y que es una continuación de la pesca milagrosa en el mar de Galilea después de la resurrección y de la confesión de amor de Pedro a Jesús cuando llega a sus pies, como ya ayer comentábamos. Ha habido un diálogo de una intimidad grande de Pedro con Jesús y éste le ha seguido confiando la misión de pastorear a sus ovejas como un día le había prometido de hacerlo piedra sobre la que se fundamente su Iglesia. Las malas experiencias de Pedro a la hora de la pasión de Jesús con sus dudas y negaciones no han sido razón para que Jesús no siga confiando en él.
Cuando la conversación va tocando a su fin Pedro se da cuenta de que por allí cerca está el llamado discípulo amado. Se nos recuerda en el texto incluso el hecho de que estuviera recostado sobre el costado de Jesús en la cena pascual y por eso le hiciera la pregunta de quién era el que lo iba a traicionar. Pedro que se siente sobrecogido por lo que le ha dicho Jesús ve como un escape de su emoción el interesarse por su amigo y compañero, Juan, que tantas cosas han compartido juntos con el Maestro. Si para mí me tienes reservado todo esto, parece decirle Pedro a Jesús, y para éste, refiriéndose a Juan, ¿qué?
Y es la frase de Jesús que sería mal interpretada por los discípulos ‘Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué? Tú sígueme’. Elude Jesús la pregunta de Pedro pero le dice que para él ahora es importante seguirle. ¿Qué llegará un momento que ni podrás ceñirte por tí mismo o no podrás ir a donde quieras? Otro te ceñirá, otro guiará tus pasos, pero para tí lo importante es seguirme, parece decirle Jesús.
Seguirle, aunque el camino se haga oscuro en ocasiones; seguirle, aunque signifique también hay que beber de su mismo cáliz; seguirle, aunque no sea comprendido por los demás que lo verán como una locura; seguirle, dejando que se abran caminos nuevos, amplios horizontes que nos hagan salirnos de la rutina de siempre, nuevos campos de trabajo no siempre fáciles pero en los que hay que labrar bien el terreno para sembrar la semilla, un mundo diverso y que algunas veces nos pueda parecer sofisticado que nos cueste entender pero que es donde tenemos que sembrar y pastorear. Lo importante es estar dispuesto a seguirle, aunque muchas preguntas se agolpen en la cabeza y muchos temores haya en el corazón. Seguirle, porque por El hemos de estar dispuestos hasta a dar la vida, como el mismo Pedro prometiera un día. Seguirle porque El nos quiere hacer pescadores de otros mares y en El hemos puesto toda nuestra confianza. No nos faltará la fuerza de su Espíritu.