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sábado, 21 de marzo de 2026

Tomemos posiciones valientes y dejémonos inquietar sin miedo por la Palabra de Dios que nos hace buscar algo nuevo y distinto que se haga vida en nosotros

 


Tomemos posiciones valientes y dejémonos inquietar sin miedo por la Palabra de Dios que nos hace buscar algo nuevo y distinto que se haga vida en nosotros

Jeremías 11, 18-20; Salmo 7; Juan 7, 40-53

Es necesario tomar posición en la vida, definirnos, decir claramente lo que pensamos o lo que queremos, aunque sepamos que nuestras posturas van a resultar incómodas para muchos. Creo que es algo que los cristianos de hoy también tendríamos que tener muy claro y en consecuencia ser valientes. Nos encontraremos con gente que se posesiona de distinta manera, respetar a esas personas no significa que tengamos que comulgar con sus ideas abandonando nuestros principios, ni podemos tener miedo de la situación de preponderancia que puedan tener quienes opinan distinto en la sociedad en la que vivimos, pero nuestra verdad no la podemos callar.

Hoy el evangelio nos presenta un momento un tanto complejo en la relación o en la reacción que muchos puedan tener ante Jesús. Nos irá apareciendo ahora en estos últimos días de la cuaresma, en nuestra preparación para la celebración de la pascua esos momentos en que aquellos que no aceptan a Jesús comenzarán a maquinar contra El. Pero nos vamos encontrando también quienes van descubriendo en Jesús algo distinto. Unos decían que en verdad eran un profeta, sintiéndose interrogados interiormente por su palabra pero también por los signos que Jesús va realizando. Otros dirán que eso es imposible, porque de Galilea nunca había surgido un profeta, y además sabían que Jesús no se había instruido en aquellas rabínicas de Jerusalén. Sin embargo sentían que su palabra los interrogaba por dentro.

Cuando los dirigentes de Jerusalén quieren apresar incluso a Jesús y mandan a unos guardias que ejecuten esa orden se encontrarán que vuelven con las manos vacías, no se habían atrevido a realizar aquel prendimiento por temor al pueblo que escuchaba y reverenciaba a Jesús. La respuesta de aquellos guardias a la pregunta de por qué no lo habían apresado era que nadie había hablado nunca como lo hacía Jesús. Y ya escuchamos la respuesta dura de los fariseos. ‘¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la ley son unos malditos’.

Pero aquellos guardias habían sido valientes y se habían arriesgado a no hacer lo que les pedían. Escuchaban algo nuevo en las palabras de Jesús. Habían tomado también posición, como la estaba tomando también Nicodemo, aquel magistrado que una noche había ido a hablar con Jesús, que les dice que no se puede condenar a nadie sin escucharlo. Pero recibirá los improperios de sus compañeros por esta palabra de defensa de Jesús que había pronunciado.

Cuando ahora en nuestro camino cuaresmal estamos nosotros reflexionando sobre el evangelio en esta preparación que hemos de hacer de nuestro espíritu para poder vivir la pascua quizá tendríamos que preguntarnos en qué medida en el mundo en el que vivimos hoy nosotros como cristianos nos estamos posicionando. Podríamos estar queriendo nadar y guardar la ropa al mismo tiempo, como dice el refrán, o podíamos estar queriendo nadar entre dos aguas. Necesitamos posicionarnos, necesitamos ese coraje que nos da el espíritu del Señor para dar ese testimonio.

No nos podemos quedar en unos actos que pudieran ser o muy solemnes, o muy llenos de artificio, o simplemente en un sentimentalismo provocado por unas imágenes que vemos pasar pero que no dejamos que penetren profundamente dentro de nosotros. Tenemos el peligro de la superficialidad religiosa en quedarnos en ostentaciones en cierto modo vanidosas, pero sin dejar que la Pascua cale hondamente en nuestra vida para dejarnos transformar por el evangelio de Jesús. Tendríamos que hacer una revisión profunda de la manera como entendemos y vivimos nuestra religiosidad porque aunque plasmemos plásticamente unas escenas del evangelio, sin embargo el evangelio pudiera estar muy lejos de todo eso, y entonces no calar en nuestra vida.

La Palabra de Dios tiene que inquietarnos y no hemos de tener miedo a esa inquietud que nos hace buscar algo más, que nos hace profundizar en el mensaje del evangelio para darle ese sentido profundo que necesita nuestra vida.

viernes, 20 de marzo de 2026

Demos claro y valiente testimonio de nuestra fe aunque seamos signos de contradicción en medio del mundo, si lo somos es porque estamos haciendo caminos de fidelidad

 


Demos claro y valiente testimonio de nuestra fe aunque seamos signos de contradicción en medio del mundo, si lo somos es porque estamos haciendo caminos de fidelidad

Sabiduría 2, 1a. 12-22; Salmo 33; Juan 7, 1-2. 10. 25-30

¿Habrás tenido alguna vez la experiencia de que alguien te resulta incómodo? Quizás al hacer esta pregunta en un primer momento te hace pensar en alguien con quien no te llevas bien, alguien que quizás en un momento determinado te hizo daño, pero quizás la incomodidad no es tanto por la otra persona sino porque en ti mismo hay una herida que no has sabido curar; es tu resentimiento, los celos quizás, la envidia que sientes dentro de ti lo que en verdad en esta situación te está haciendo que te sientas incómodo, pero quizás es incomodo por ti mismo porque no has sabido curar la herida.

He mencionado los celos y los envidias porque quizás estás viendo en la otra persona lo que tú no has sido capaz de conseguir y eso es más bien sentirte incómodo contigo mismo porque quizás te veas inútil o fracasado en sueños que has tenido pero que no has sabido cuidar y trabajar para dar esos pasos para alcanzar lo que aspirabas.

Y no es a estas situaciones a las que quiero referirme cuando hablo de sentirse incomodo ante alguien. El vernos en el espejo de los demás, pero viendo la rectitud con que andan esas personas por la vida, contemplando la capacidad de darse y desgastarse por los demás, el asumir unos compromisos en el trabajo por el bien y la justicia, es lo que verdaderamente nos resulta incómodo viendo quizás nuestra dejadez, lo insolidarios que somos que pasamos del sufrimiento de los otros o los ignoramos mirando para otro lado, nuestras cobardías, el poco compromiso que somos capaces de asumir. Nos damos cuenta de nuestra pobreza pero no queremos salir de ella porque nos puede parecer que perdemos privilegios o la capacidad de influencia que podamos tener sobre los otros.

Y en esa incomodidad que sentimos vienen las reacciones donde tratamos de tapar nuestros vacíos y queremos quitar de en medio a quien con la rectitud de su vida se está convirtiendo en una denuncia de nuestra desidia. Qué fáciles somos para socavar debajo de los pies del que hace el bien y vive con rectitud, con qué facilidad queremos echar sombras sobre ellos para que los demás desconfíen y no traten de imitar ese buen camino que están haciendo.

Es de lo que nos habla hoy el libro de la Sabiduría y que luego veremos reflejado en el evangelio en el rechazo que hacen de Jesús. Como decía el libro de la sabiduría los malvados quieren poner a prueba la lealtad y la rectitud del justo. ¿No nos suenan estas proféticas palabras a lo escuchado alrededor de la cruz de Jesús en el Calvario? Si es el Hijo de Dios que baje de la cruz y creeremos en El, decían los que crucificaban a Jesús.

En el evangelio de hoy vemos que hay momentos en los que Jesús no anda abiertamente porque sabe muy bien que ya andan rondando en torno a El buscando quitarle de en medio. Por eso nos habla el evangelio de aquella subida de Jesús a la fiesta de Jerusalén pero no abiertamente, aunque luego en Jerusalén y en el templo se dejará ver. Llevará a los comentarios de algunos que al ver cómo dejan actuar a Jesús piensan si acaso ya las autoridades religiosas han terminado por aceptar a Jesús. Pero no pudieron hacer nada; como dice el evangelista no había llegado su Hora. Ya Jesús en su momento señalará que ha llegado su hora.

Pero Jesús habla claramente, manifiesta lo que podíamos decir su identidad  y su misión. No todos lo comprenderán pero es fiel a su misión. Ya se nos había dicho que sería signo de contradicción, recordamos al anciano Simeón cuando la presentación en el templo. ‘A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado’.

Llega el momento de que nos preguntemos qué señal estamos dando nosotros de nuestra fe en Jesús tal como es nuestra vida. Tenemos que ser signos de Jesús en medio del mundo aunque el mundo no lo comprenda, aunque quizás para algunos podamos resultar incómodos. Lo importante es que nosotros no nos sintamos incómodos con nosotros mismos por la incongruencia de nuestra vida. Sanemos las heridas que puedan haber en nuestro corazón y demos claro y valiente testimonio de nuestra fe aunque seamos signos de contradicción en medio de nuestro mundo; si lo somos es porque estamos haciendo caminos de fidelidad.

lunes, 2 de febrero de 2026

El Salvador ha sido presentado a todos los pueblos como luz para alumbrar a las naciones y para gloria de su nuevo pueblo de Israel, el nuevo pueblo de Dios

 


El Salvador ha sido presentado a todos los pueblos como luz para alumbrar a las naciones y para gloria de su nuevo pueblo de Israel, el nuevo pueblo de Dios

 Malaquías 3,1-41; Salmo 23; Hebreos 2,14-18; Lucas 2,22-40

‘De repente llegará a su santuario el Señor a quien vosotros andáis buscando… el mensajero de la alianza… mirad que está llegado, dice el Señor del universo’. Así nos hablaba el profeta. ‘¿Quien resistirá el día de su llegada? ¿Quién se mantendrá en pie ante su mirada?’. Pero el salmo íbamos encontrando respuesta. ‘¡Portones! Alzad los dinteles, que se alcen las puertas eternales: va a entrar el rey de la gloria’.

Nos llenamos de solemnidad porque el momento es importante. Es importante lo que  hoy estamos celebrando que es algo más que el cumplimiento ritual de una ofrenda, en la que todo primogénito varón había de ser presentado al Señor a los cuarenta días de su nacimiento. Efectivamente para aquel cumplimiento ritual de la ley de Moisés aquel matrimonio joven cruzó los umbrales del templo con un niño en brazos. Podría parecer uno de tantos entre otras familias que venían también para ese ofrecimiento ritual.

Y así nos lo va narrando el evangelista, la presentación de Jesús en el templo a los cuarenta días de su nacimiento. Pero allí había un anciano lleno del Espíritu del Señor que aguardaba ese momento. Había recibido un oráculo del Señor de que no vería la muerte sin haber contemplado sus ojos al Salvador esperado. Por eso, sin ser sacerdote encargado de recibir aquellas ofrendas se adelanta tomando al niño en sus brazos para sorpresa de todos y prorrumpe en un cántico de alabanza al Señor. Allí se estaba cumpliendo lo anunciado por el profeta aunque pareciera que el momento no tenía la solemnidad de los anunciado por el profeta y cantado por los salmos.

Allí está aquel anciano que guiado por el Espíritu del Señor viene todos los días al templo para prorrumpir en ese cántico de alabanza al Señor. Es la entrada del mensajero de la nueva alianza; tienen que abrirse y agrandarse los umbrales y los dinteles de las puertas porque allí, en aquel niño, está ‘el Señor de la gloria, es el Señor, Dios del Universo, es el Rey de la gloria’. Los hombres tendemos a poner toda la solemnidad y hasta pomposidad de nuestros gestos y de nuestros ritos, pero la manera de actuar de Dios es de otra manera. Había querido nacer pobre, tan pobre que ni en la posada había sitio para su nacimiento, teniendo que refugiarse María y José en un establo y ser recostado entre las pajas de un pesebre todo un Dios que nacía haciéndose hombre. Ahora esa entrada que tendría que ser triunfal en el templo pasa casi desapercibida en la presencia de un niño en brazos de sus padres que por pobres harán la ofrenda de los pobres, un par de tórtolas.

Pero el Anciano Simeón está cantando la gloria del Señor y siendo profeta que recibía a Dios en su templo pero que anunciaba el signo de contradicción que significaba para ser nuestro Salvador. ‘Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel’.

El Salvador que ha sido presentado a todos los pueblos como luz para alumbrar a las naciones y para gloria de su nuevo pueblo de Israel. Es el momento solemne que hoy nosotros celebramos en la entrada de Jesús en el templo. Pero algo nuevo y distinto va a suceder porque desde ahora el verdadero templo de Dios es Jesús, en quien Dios se nos manifiesta, y por quien nos viene la salvación. Pero va a comenzar a haber un nuevo templo en la medida en que aceptamos por la fe en Jesús y nos unimos a El, para con El ser también sacerdotes, profetas y reyes.

Vamos nosotros a ser ungidos también por el Espíritu del Señor para convertirnos en templos de Dios. Así tenemos que ser esa señal de Dios en medio de los que nos rodean, en signos de la presencia de Dios en medio de nuestro mundo. Si un día veremos a Jesús purificando aquel templo de Jerusalén que en lugar de casa de oración parecía más una cueva de ladrones, es la purificación con que hemos de vivir nuestra vida, la santidad que ha de brillar en nuestra vida para que demos esas señales de Dios en medio del mundo.

El anciano Simeón nos está enseñando a descubrir esas señales de Dios en lo pequeño y en lo sencillo, como supo encontrar al Mesías de Dios en aquel niño hijo de aquellos humildes padres. ¿Sabremos serlo nosotros para los demás?

Detrás de toda esta escena que contemplamos en el evangelio vemos la figura de María que parece pasar desaperciba aunque el anciano profetiza también el lugar de María, a quien una espada atravesará su alma porque así la veremos siempre a la sombra de Jesús y finalmente a la sombra de la cruz en el Calvario. Es la madre del Sacerdote  a quien se une para ella también hacer su ofrenda, pero va a ser también la misionera que vendrá a caminar a nuestro lado para ayudarnos a ir al encuentro de Jesús.

Nosotros los canarios en este día tenemos un lugar especial para María, porque la contemplamos y la celebramos como quien nos señala el camino de la luz. En un brazo su imagen porta a Jesús pero en su otra mano porta una luz para ser señal en el camino que nos conduzca hasta Jesús, para enseñarnos como no solo hemos de dejarnos iluminar por esa luz de Jesús sino que tenemos que ser señales de luz en nuestra vida para que todos vayan al encuentro de Jesús. Por eso la llamamos Candelaria, la portadora de la candela, de la luz, y de alguna manera todos tenemos que ser ‘Candelaria’, como María, portadores de la luz de Jesús para nuestro mundo.

 

domingo, 2 de febrero de 2025

Mensajeros de una Buena Noticia, misioneros y testigos de una nueva luz que nos llena de esperanza queremos ser de manos de María de Candelaria

 


Mensajeros de una Buena Noticia, misioneros y testigos de una nueva luz que nos llena de esperanza queremos ser de manos de María de Candelaria

Malaquías 3, 1-4; Salmo 23; Hebreos 2, 14-18; Lucas 2, 22-40

Necesitamos quien nos traiga buenas noticias. Encendemos cualquier noticiero – permítanme la palabra – sea radio o televisión, sea prensa escrita o sea Internet en sus numerosas redes, ¿y qué es lo que escuchamos, lo que vemos, lo que se nos comunica?, sin querer ser pesimista ni negativo muchas veces dan ganas de cerrarlo todo; violencia, guerra, corrupción, acritud, manipulaciones, muertes, accidentes… son cosas que se repiten. Necesitamos escuchar cosas agradables y que entusiasmen por la vida. Nos daría otro sentido de vivir.

¿Será hoy para nosotros y para nuestro mundo un mensaje de esperanza el que se nos ofrece desde la Palabra de Dios? De entrada, desde nuestra fe, tenemos que decir que eso no lo podemos poner nunca en duda. Sin embargo muchas veces nos cuesta escucharlo. Tenemos el peligro y la tentación de irnos por las ramas. Es necesaria una buena escucha como también un buen anuncio que tenemos que hacer al mundo que nos rodea. El evangelio – buena noticia – tiene que seguir siendo luz en nuestra vida y en nuestro mundo.

El profeta nos ha anunciado un mensajero, un mensajero que nos trae noticias de paz, de restauración, de algo nuevo que va a comenzar. Hablaba el profeta en sus tiempos que no eran fáciles, fueron tiempos de restauración para el pueblo de Israel después del cautiverio de Babilonia y había mucho nuevo que realizar. Era necesaria una restauración de la alianza. De eso nos habla el profeta.

Pero en nuestra lectura creyente tenemos que ir más allá; por una parte esos anuncios proféticos tienen una resonancia siempre mesiánica, y nosotros los aplicamos a Jesús. Pero la resonancia de las palabras del profeta tiene que seguir traspasando los tiempos y a través de Jesús tiene que llegarnos a nosotros, en el hoy que estamos viviendo. Por eso siempre es Palabra de Dios para nosotros hoy. No es Palabra de otro tiempo sino para el hoy de nuestra vida. ¿No decíamos que necesitamos mensajeros que nos trajeran buenas noticias, anuncios de algo bueno para el hoy de nuestra vida?

La celebración de hoy, a los cuarenta días del nacimiento de Jesús, la situamos en ese momento del misterio de Jesús en que como todo primogénito varón fue presentado al templo para cumplimiento de la ley. Pero en ese marco sucede algo inédito; no es un sacerdote el que recibe a Jesús en el templo sino unos ancianos que vivían con la esperanza de encontrarse un día con el Mesías de su Señor.

Allí está el anciano Simeón con su esperanza y con su fe bien madurada con el paso de los años. Solo unos ojos de fe podían descubrir en aquel niño, que no se diferenciaba de otros tantos niños que eran presentados al Señor en el templo, al que era el esperando y el deseado de las naciones y que venía para ser luz de todos los pueblos. Por eso sus cánticos de alegría y de acción de gracias, sus ojos habían podido contemplar al que venía como Salvador. Un anciano, un hombre sencillo, un hombre que podía pasar desapercibido entre tantos, pero el hombre de fe que veía cumplidas sus esperanzas.

Es consciente el anciano de lo que significaba el ser el Mesías del Señor; signo de contradicción dirá que va a convertirse en medio de las gentes aquel niño, como luego lo veremos cumplido a lo largo del evangelio; hablará de espadas de dolor que atraviesan el alma, como le va a suceder a María, pero no decae la alegría y la esperanza, algo nuevo en verdad estaba comenzando. Y a su alegría y alabanza se une también otra anciana que lleva muchos años sirviendo a Dios en el templo y que no paraba de hablar de aquel niño a todos los que aguardaban la futura liberación de Israel.

Sí, es el anuncio que hoy nosotros escuchamos también. Despertemos y maduremos nuestra fe a ejemplo de aquellos sencillos y humildes ancianos para saber descubrir también las maravillas de Dios, las maravillas que Dios quiere seguir haciendo en el hoy de nuestra vida y nuestro mundo. No podemos perder la esperanza, atentos hemos de estar como aquellos ancianos para ver las señales de Dios. Son señales que se van a realizar en nuestra vida, son señales que nosotros por nuestra forma nueva de actuar tenemos que ser en medio del mundo.

A ese mundo que hoy vivimos y del que tantas veces nos quejamos porque no hace sino traernos malas noticias nos ha enviado Jesús para que seamos mensajeros, para que seamos testigos, para que realicemos esas señales del Reino de Dios. Cuando nos confió la misión, como tantas veces hemos escuchado, no tiene también poder y autoridad para realizar esas señales. No desconfiemos de lo que podemos ser capaces, de lo que tenemos que hacer, porque es la misión que se nos ha confiado.

Hoy necesariamente tenemos que mirar también a María. En sus brazos fue llevado el Niño Jesús al templo y en sus brazos se nos presenta hoy a nosotros recordándonos donde está la luz. Por eso esta celebración está también rodeada de signos con las candelas que encendemos y portamos saliendo incluso de nuestros templos para iluminar los caminos del mundo. Pero no es solo algo ritual que realizamos, sino que tiene que ser signo que demos en nuestra vida de ese Reino de Dios.


¿Qué significará hoy llevar esa luz encendida en nuestras manos en la celebración y ritos de este día? Tenemos que pensarlo y dar respuesta aunque nos cueste, pero no podemos dejar apagar esa luz. Mal signo estaríamos siendo. Como decíamos miramos a María, y nosotros los canarios de manera especial la miramos en nuestra querida advocación de la Candelaria, como la celebramos en nuestra tierra. Ella fue la primera misionera que llegó a nuestra tierra en su imagen aparecida en las playas de la isla.

Que ella pues nos impulse a esa tarea misionera de ser mensajeros, de ser portadores de luz, de ser testigos en medio de nuestro mundo. Seguro que si nos dejamos inspirar por quien estaba llena del Espíritu Santo podremos descubrir esas nuevas formas de ser mensajeros hoy.

lunes, 15 de julio de 2024

¿Seremos capaces de seguir en camino siguiendo los pasos de Jesús después de instruirnos en los planes del Reino de Dios?

 


¿Seremos capaces de seguir en camino siguiendo los pasos de Jesús después de instruirnos en los planes del Reino de Dios?

 Isaías 1, 10-17; Salmo 49;  Mateo 10, 34 – 11, 1

Algunas veces no terminamos de entender lo que nos pasa, nos sentimos desconcertados por muchas cosas; nos decimos lo fácil que sería que nos entendiéramos bien, que nos lleváramos bien, que supiéramos encontrar la manera de evitar o de solucionar conflictos, pero no entendemos la reacción de las personas, o no entendemos nuestras propias reacciones; ¿por qué actué así en aquel momento?, nos preguntamos y seguimos sin entendernos incluso a nosotros mismos.

Vamos escuchando el evangelio, vamos viendo lo que Jesus nos va diciendo lo que tiene que ser nuestra vida cuando creemos en el Reino de Dios, nos parece que no es tan difícil eso que nos queramos, y nos ayudemos, y seamos buenos los unos con los otros, pero luego nos damos cuenta que tropezamos, que aparecen en nosotros sombras de egoísmo y de insolidaridad y comenzamos a hacernos nuestras reservas, nos aparece el orgullo y ya nos cuesta aceptar el que no nos acepten o la forma de reaccionar que algunos pueden tener en relación a lo que hacemos o lo que decimos. Nos sentimos desconcertados y algunas veces desorientados.

Jesús que se ha presentado como el Príncipe de la paz, los Ángeles cantaron la gloria de Dios en su nacimiento anunciando la paz para todos los hombres, y hoy nos dice en el evangelio algo que puede parecer una contradicción. ¿Qué significan estas palabras de Jesús? Nos está hablando de constatar una realidad que se va a dar entre nosotros precisamente por su causa. Ya el anciano Simeón lo anunció como signo de contradicción. ‘Este está puesto como signo de contradicción…’

Y es que por su causa vamos a encontrarnos divididos, porque mientras unos quieren seguirle con toda radicalidad aceptando su palabra y su plan de vida para nosotros, nos vamos a encontrar – y será incluso entre los que están más cercanos a nosotros, como la familia – quien piensa de manera distinta, no va a aceptar ese plan que nos ofrece Jesús sobre lo que ha de ser el sentido de nuestra vida y vamos a encontrarnos enfrentados los unos con los otros. Ya alguien aconseja que en familia no discutamos nunca de religión, porque vamos a terminar peleados, enfrentados los unos con los otros.

Pero el que sigue a Jesús no puede dejar de proclamar aquello en lo que cree, no puede dejar de proclamar su fe en Jesús. Aunque no nos entiendan, aunque nos rechacen. La luz no se puede ocultar en el cajón, sino es para ponerla bien en alto para que ilumine a todos; algunos se podrán sentir heridos en sus ojos por esa luz y querrán ocultarla, quitarla de en medio; es que con la luz se van a descubrir las obras de tinieblas que pudiera haber en nuestra vida, y parece que nos sentimos felices en medio de esas oscuridades y queremos rechazar la luz.

Es costoso muchas veces el camino que tenemos que recorrer, pero porque sea costoso no vamos a tratar de quitárnoslo de encima. El camino hay que hacerlo, aunque por medio tengamos que cargar con una cruz pero solo es la forma de llegar a la resurrección, a la vida sin fin. Por eso Jesús nos habla de no rehusar la cruz, que tenemos que aprender a negarnos a nosotros mismos, porque ese es el camino de la vida, el camino que nos conduce a la vida. Tenemos que hacernos dignos de él. ‘Y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí’, nos dice. Aunque tengamos que perder la vida, aunque tengamos que renunciar en un momento determinado a aquello o aquellos que nos resultan los más queridos.

Pero Jesús nos dice que eso es algo tan fácil como dar de beber un vaso de agua. Lo que es necesario es tener esa buena disposición. Porque eso tan pequeño que hacemos no va a quedar sin recompensa. ‘El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa’.

Y nos dice el evangelio que Jesús después de dar estas instrucciones a sus discípulos se puso en camino. ¿Seguirnos nosotros en camino también siguiendo los pasos de Jesús?


sábado, 4 de mayo de 2024

Nos convertimos como Jesús, en signos de contradicción en medio del mundo, normal es que no todos nos entiendan, nosotros sabemos cuales son nuestras metas y caminos

 


Nos convertimos como Jesús, en signos de contradicción en medio del mundo, normal es que no todos nos entiendan, nosotros sabemos cuales son nuestras metas y caminos

Hechos de los apóstoles 16, 1-10; Salmo 99; Juan 15, 18-21

Si lo que yo quiero es bueno, no quiero hacer daño a nadie sino que más gasto mi tiempo en los demás, ¿por qué me quieren tan mal? ¿Por qué esas envidias y zancadillas que me voy encontrando por todas partes?

Son cosas que algunas veces piensan las personas que trabajan por los demás, que viven, por ejemplo, un compromiso social intenso y lo que tratan siempre es de arreglar las cosas, que todo vaya mejor; pero siempre hay quien quiere meter la zancadilla, siempre habrá personas que desconfían de todo y ya están pensando de esa persona que hace por los demás que algunos intereses ocultos tendrá, que alguna tajada se sacará de todo eso.

Es el frente de la malicia que siempre va a la contra de la bondad; es el rechazo que tenemos ante todo lo que nos venga del otro, y nos cuesta aceptar su buena voluntad, sus trabajos desinteresados. Claro que quien está sufriendo ese acoso después de lo que intenta hacer por los demás sienten que se le socavan los cimientos y parece que se siente solo y sin fuerzas. Cuántas veces que después de unos años dedicándose así a los demás terminan quemados, y al final arrojan también la toalla y no quieren seguir metidos en conflictos.

Es necesario tener una gran fortaleza interior, estar preparado para cuando nos puede sobrevenir, sentir los apoyos necesarios, quizás empezando por la familia – que algunas veces se vuelve también detractora de lo que hacemos -, apoyo de quienes le rodean, o de quien le ha confiado la misión que se ha puesto en sus manos. Sentimos a veces esa debilidad interior.

Jesús nos está hoy preparando, como iba preparando al grupo de los discípulos que tenía más cerca de sí, con ese tenerles a su lado, con esas enseñanzas que de manera especial tenía para ellos, con esos momentos en que los llevaba solos a algún lugar. ¿Unas vacaciones espirituales? ¿Unos retiros espirituales? Jesús vemos que los practicaba con ellos, aunque entonces no les dieran esos nombres, que con el paso del tiempo nosotros nos hemos dado a esas situaciones. Jesús también habla para todos los que quieran seguirle, para que comprendan que el camino no es de rosas, porque en medio nos podemos encontrar muchas espinas.

Y Jesús les dice que miren lo que han hecho con El, y que ‘el discípulo no es mayor que su maestro’. No hay mejor preparación que tener claro el camino que vamos a emprender, las dificultades y obstáculos que podemos encontrar, las persecuciones incluso que se desatarán contra nosotros. ¿Qué estoy haciendo de malo? Nos preguntábamos al principio cuando nos plateábamos el tema, y veíamos que queríamos hacer lo bueno y lo que íbamos a encontrar era oposición.

‘Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia’, les dice Jesús.  Y es que el seguidor de Jesús, que vive en medio del mundo, en medio de diversas situaciones, en medio de gente muy variada, sin embargo ha de reflejar algo distinto. No somos iguales. Ni nos consideramos mejores ni superiores.

Pero tenemos nuestras metas, tenemos nuestros ideales, tenemos un camino que nos señala el evangelio y eso nos hace tener unas actitudes distintas hacia los demás, unos comportamientos en los que tiene que reflejarse siempre la rectitud y el buen hacer, y hay algo especial que tiene que resplandecer en nosotros que es el amor; y eso tiene sus consecuencias en la vida y en nuestra manera de actuar; en nuestro corazón siempre tendrá que brillar la misericordia y la compasión, siempre tenemos que ir con la mano tendida por delante porque buscamos paz, buscamos la reconciliación, buscamos algo nuevo para nuestro mundo, siempre tienen que estar presentes las actitudes del perdón.

Y eso choca al mundo que nos rodea. Nos convertimos como Jesús, como había anunciado el anciano Simeón, en signos de contradicción en medio del mundo. Normal es que no todos nos entiendan. Pero nosotros sí tenemos que entendernos a nosotros mismos y cuales son nuestras metas y nuestros caminos.

sábado, 16 de marzo de 2024

A las puertas casi de la Pascua estemos dispuestos a que haya verdadera pascua en nuestra vida porque haya una auténtica renovación de nuestra fe más allá de las palabras

 


A las puertas casi de la Pascua estemos dispuestos a que haya verdadera pascua en nuestra vida porque haya una auténtica renovación de nuestra fe más allá de las palabras

Jeremías 11, 18-20; Salmo 7; Juan 7, 40-53

‘Signo de contradicción’ había pronunciado proféticamente el anciano Simeón cuando sus padres lo llevaron a presentar al templo. ‘Está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten’, había seguido diciendo el anciano ante la sorpresa de sus palabras que muchos no terminarían de entender.

Así aparecía ya Jesús en aquel niño cuyos padres habían ido a presentar al templo. ¿Necesitaba aquel niño algún tipo de rescate, cuando El era el que venía para salvar al mundo? Pero sus padres habían hecho entonces la ofrenda de los pobres, ‘un par de tórtolas’ señalaba el ritual del Levítico. ‘Aquí estoy’, había proclamado Jesús mismo, como había anunciado el profeta, ‘vengo, para hacer tu voluntad’.

Como no entienden los discípulos cuando Jesús se olvida de hasta comer por atender a cuantos a El acudían, sin embargo recordarán sus palabras para siempre porque así lo había anunciado el profeta. ‘Mi alimento es hacer la voluntad del Padre del cielo’. Podrá convertir las piedras en panes, como le propone el diablo tentador, pero Jesús hablará de otro alimento más importante, hacer la voluntad del Padre. ‘No solo de pan vive el hombre, sino también de la Palabra de Dios’, proclamará Jesús allá en la montaña o el desierto de las tentaciones.

Por eso Jesús no dejará de predicar, pero la gente seguirá preguntándose por la identidad de Jesús. ¿Será un profeta? ¿Será el Mesías? Recordamos que cuando pregunta a sus discípulos por lo que dice la gente del Hijo del Hombre, los discípulos le responderán con distintas versiones. Un profeta como los antiguos, un profeta como Juan el Bautista, Herodes temerá si acaso no es una reencarnación del Bautista a quien él había mandado ejecutar, se preguntan ahora aún más, ¿será el Mesías? Hablan del Reino de David, que procede de Belén y el Mesías es como su heredero, pues ha de ser del linaje de David, pero ahora lo conocen como el profeta de Galilea, el profeta de Nazaret, más tarde incluso le llamarán el Nazareno. ¿Quién es aquel Jesús que ahora se atreve ya incluso a predicar en Jerusalén y en el templo?

Un signo de contradicción porque muchos verán en El señales de que viene de Dios, incluso aquellos que han ido a prenderle enviados por los sumos sacerdotes, dirán de El que ‘nadie ha hablado igual, nadie ha hablado como aquel hombre’. Otros querrán prenderle, querrán quitarle de en medio, a ese destino de alguna manera lo conducirán, pero Jesús mismo dirá que nadie le arrebata la vida sino que El es quien la entrega. Su muerte no es un quitarle de en medio ni puede tener sabor de derrota. Al tercer día resucitará como lo había anunciado. El la entrega libremente porque obediente a la voluntad del Padre El subirá al ara del Sacrificio. Incluso el centurión romano encargado de ejecutar la sentencia de Pilato terminará confesando que ‘era inocente’, como ya lo había hecho el mismo Pilatos que ‘no encontraba culpa en aquel hombre’, aunque firmara la sentencia lavándose las manos como auto justificación delante de todo el pueblo.

Y nosotros, cuando estamos concluyendo ya esta cuarta semana de Cuaresma, ¿qué nos decimos y qué nos preguntamos? ¿Será para nosotros también un signo de contradicción, más que nada porque nos damos cuenta de las contradicciones que hay en nuestra vida? ¿Cómo confesamos a Jesús? ¿Cuál es la auténtica proclamación de fe que vamos a hacer en la vigilia Pascual? ¿Qué va a significar esta Pascua que tenemos ya tan cercana para nosotros? ¿Dejaremos que haya pascua en nuestra vida?


viernes, 29 de diciembre de 2023

Los misterios grandes manifestados en lo pequeño e insignificante solo serán capaces de contemplarlos quienes tienen una sintonía especial de Dios en los ojos y el corazón

 


Los misterios grandes manifestados en lo pequeño e insignificante solo serán capaces de contemplarlos quienes tienen una sintonía especial de Dios en los ojos y el corazón

1Juan 2,3-11; Sal 95; Lucas 2,22-35

Quienes estuvieran contemplando aquella mañana, quizás desde una distancia emocional o quizá por simple curiosidad, lo que estaba sucediendo en aquellos pórticos del templo, no habría notado nada especial, sino unos matrimonios, en general jóvenes, que se acercaban a hacer las ofrendas rituales por el primogénito que les había nacido y a las correspondientes purificaciones de las madres. Era una escena normal como otras que cada día se sucedían en el templo aparentemente sin ninguna connotación especial.

Pero alguien tenía una visión distinta. Era un hombre de Dios que aguardaba impaciente la llegada del Mesías de Dios y que allá en su interior había sentido el Espíritu divino que le aseguraba que no cerraría sus ojos sin contemplar a ese enviado de Dios. Los misterios grandes que se manifiestan en cosas pequeñas e insignificantes solo serán capaces de contemplarlas quienes tienen una sintonía especial de Dios en sus ojos y en su corazón. Es lo que sucedía en aquel anciano, y posteriormente también en la que llamaríamos la profetisa Ana.

Se adelantó aquel anciano hasta aquellos jóvenes esposos que con su niño en brazos se dirigían a realizar la ofrenda prescrita. Y ahora todo serán gritos de alabanza y de bendición al Señor porque le ha permitido que antes de cerrar sus ojos a la luz de este mundo pudiera contemplar la luz de Dios que nos visitaba. ‘Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador… luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo Israel’.

Todo son bendiciones y alabanzas pero también serán anuncios proféticos. Será grande aquel niño, pero será ‘un signo de contradicción’; y la contradicción comenzará para aquella madre que se une gozosa también a ese cántico de alabanza, como ella había venido haciéndolo desde que el ángel del Señor le anunciara las maravillas que Dios iba a realizar en ella, pero se le anuncia ahora una espada de dolor que atravesará su alma. Podíamos decir que María lo sabía. Conocedora era de las Escrituras santas que tantas veces había rumiado en su corazón, y conocería pues los cánticos del siervo de Yahvé que había proclamado el profeta Isaías y que son toda una descripción de lo que iba a ser la pasión de su Hijo.

Pero era aquel Niño el que estaba puesto también como signo de contradicción para todas las gentes. Más tarde mientras uno lo alaban y bendicen, como bendecirán también los pechos que lo alimentaron y el vientre que lo llevó, porque nadie ha hablado como este hombre y Dios ha visitado a su pueblo, habrá quienes estén sin embargo acechando y buscando como quitarlo de en medio. Y es que ante Jesús hay que decantarse siempre, o se está con El o se estará contra El, y el que no esté con él no siembra sino que desparrama. Será un signo de contradicción ‘para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones’. Bien que lo veremos a lo largo de todo el evangelio. ¿Qué significará para nosotros? ¿No tendremos que decantarnos también ante El?

De una cosa si que tenemos que estar seguros ya desde este primer momento, tenemos que saber sintonizar la sintonía de Dios; hemos de aprender a tener unos ojos límpidos como los de aquel anciano que aparece en aquellos momentos por el templo, para saber reconocer el actuar de Dios, la presencia de Dios. Y será en lo pequeño y en lo que es nada aparatoso, será en los gestos sencillos, será desde un corazón humilde y abierto a Dios, será quien se deje conducir por el espíritu divino el que se encontrará en los caminos de Dios y podrá encontrarse con Dios. ¿Serán esas las actitudes de nuestro corazón?

martes, 14 de junio de 2022

Dame tu fuerza, Señor, para que pueda amar al prójimo con tu amor, dame tu luz para mirarlo con tu mirada, préstame tu corazón para ser capaz de ponerlo en el mío como un hermano

 


Dame tu fuerza, Señor, para que pueda amar al prójimo con tu amor, dame tu luz para mirarlo con tu mirada, préstame tu corazón para ser capaz de ponerlo en el mío como un hermano

1Reyes 21, 17-29; Sal 50; Mateo 5, 43-48

Aunque habitualmente cuando escuchaban hablar a Jesús la gente sentía como les ardía de nuevo el corazón porque se despertaban muchas esperanzas en el mundo nuevo que les anunciaba Jesús, también es cierto que en ocasiones salían perplejos y confundidos porque de alguna manera les parecía muy sublime lo que Jesús les anunciaba y les podía parecer una utopía irrealizable su mensaje. En más de una ocasión salían diciendo que era dura aquella doctrina, algunos incluso no querían escucharle más.

Siempre recuerdo las palabras proféticas del anciano Simeón que hablaba de un signo de contradicción y que aquel niño iba a significar que se decantasen clara y valientemente ante su figura y su mensaje. Esa perplejidad se les producía cuando Jesús les hablaba de aquel estilo nuevo de amar que habían de tener lo que le siguieran y quisieran llamarse sus discípulos. Porque bueno, eso de amar está bien, y ya amamos a los que están cercanos a nosotros, ya amamos a la familia, a los que son nuestros amigos o a aquellos que han hecho algo en algún momento por nosotros. Pero ¿amar también a los enemigos? Si ya nos cuesta amar a los amigos, porque siempre estamos tentados a mirar primero las sombras que lo que podría ser objeto de amor en ellos, ¿Cómo vamos a amar a los que nos hayan hecho mal, nos hayan hecho daño?

La perplejidad no fue solo de los que entonces le escuchaban en aquel sermón del monte, porque esa perplejidad la seguimos teniendo hoy los que vivimos en el siglo XXI. Pero ahí está precisamente la sublimidad de lo que es el amor verdadero, el amor en el sentido de Cristo. Porque no son puros sentimientos de afecto lo que se nos pide, que pueda surgir fácil de nosotros cuando de alguna manera queremos corresponder a algo bueno que nos han hecho. No son simples palabras que nos sirvan de base para una bonita poesía o para ponerle música en una hermosa canción. No son emociones momentáneas que pueden aparecer en un momento determinado pero que luego pronto se borran como se secan las lágrimas de nuestros ojos.

Y es que lo sublime que Jesús nos está proponiendo es un amor como el suyo, un amor como el que Dios nos tiene. Nos dirá que amemos al prójimo, que nos amemos los unos a los otros como El nos ha amado. Es que tenemos que comenzar por poner a ese que tiene que ser objeto de nuestro amor como prójimo nuestro. No lo miramos en la lejanía, a la distancia, lo ponemos a nuestro lado, lo hacemos nuestro prójimo, y al final nos terminará diciendo que lo miremos como un hermano.

No es cualquier cosa. Es una nueva mirada. Es un nuevo lugar que ha de ocupar en nuestra vida, porque tenemos que ponerlo cerca de nuestro corazón para que sea nuestro prójimo. Entonces ha de surgir una nueva comunión de amor; entonces sabremos hacer como lo hizo El desde la cruz amar disculpando, perdonar porque está amando a quien disculpa incluso de aquello que haya hecho mal.

Claro que esto no se puede hacer de cualquier manera, ni lo puede hacer cualquiera; lo podemos hacer quienes sabemos llenarnos de Dios, quienes sabemos dejarnos conducir por su Espíritu, quienes ponemos a Dios en el iris de nuestros ojos para tener una mirada nueva, una mirada luminosa, una mirada de amor. Hoy nos dirá que recemos por aquellos que nos han hecho mal. ¿Qué significa rezar así? No es recitar una fórmula, no es una buena voluntad de decir mira Señor a aquel que me hizo mal para que cambien sus actitudes o sus posturas, es decirle al Señor dame tu fuerza para que pueda amarlo con tu amor, dame tu luz para que pueda mirarlo con tu mirada, préstame tu corazón para que yo sea capaz de ponerlo en el mío.

Es un amor nuevo, es un amor más sublime, es un amor divino con el que comenzaremos a amar desde lo más hondo del corazón.


viernes, 10 de diciembre de 2021

Es hora de que bajemos a la arena de la vida para dar un testimonio valiente en el seno de la Iglesia de lo que es en verdad seguir a Jesús

 


Es hora de que bajemos a la arena de la vida para dar un testimonio valiente en el seno de la Iglesia de lo que es en verdad seguir a Jesús

 Isaías 48, 17-19; Sal 1; Mateo 11, 16-19

Ni juegan ni dejan jugar, actitud y postura del niño caprichoso. Ni hacemos ni dejamos hacer, y ya no son actitudes y posturas de niños, sino que muchas veces los mayores así andamos. Los que desconfían de todo, los que a todo le ponen pegas, los que van siempre a contracorriente, los que no ponen un dedo positivo en cualquier obra que se emprenda, pero siempre tendrán algo que decir, una falta que poner, una forma distinta de hacer las cosas, los que de todo opinan pero no tienen un criterio claro de nada. Y ya no son niños pequeños, pero si que viven con una actitud infantil. Nos encontramos muchos en la vida con características así, pero, cuidado, no seamos nosotros también como el perro del hortelano que ni come él ni deja comer al amo.

¿Qué voy a hacer con esta generación? Se pregunta Jesús y ya nos dice que son como los chiquillos de la plaza, nunca se ponen de acuerdo para nada, la cuestión es estar siempre en contra del otro. Ni creyeron a Juan a quien veían muy austero y les daba miedo pero ahora critican a Jesús y poco menos que lo llaman bebedor y borracho porque come con los publicanos y pecadores.

Todos tenían en mente la llegada del Mesías, pues era la esperanza de Israel desde todos los siglos, pero con los profetas se había ido incrementando esa esperanza. Se preguntaban si Juan sería el Mesías, aunque no le terminaban de creer; solo gente sencilla se había ido con Juan al desierto a escucharle porque sus palabras despertaban esperanza, pero desde la Jerusalén oficial no quieren reconocer la misión de Juan y no terminan por aceptarle.

Pero ahora hacen lo mismo con Jesús. También serán los sencillos los que vayan a escucharle, si acaso alguien más importante quiere escucharle irá de noche a ver a Jesús, y los principales tratan de ganárselo invitándolo a comidas como para contrarrestar el que Jesús comiera con publicanos y pecadores; pero se ven sorprendidos y descubiertos por Jesús en sus intenciones y terminarán también por poner todos en contra hasta llevarle a la muerte.

Les costaba aceptar la simplicidad del evangelio que anunciaba Jesús porque quizás estaban añorando un mundo de normas y de reglas donde de alguna manera vieran como consagrados sus privilegios; por eso cuando Jesús habla de amor y de misericordia, de una autenticidad en las vidas despojándose de tantas caretas con que trataban de ocultar corazones llenos de vicio y de maldad, no pueden aceptar a Jesús. No entienden un mundo de misericordia, de perdón, de armonía entre todos para todos sentirse hermanos. También rechazarán a Jesús.

¿Nos pasará a nosotros igual de alguna manera? seamos conscientes de las pegas que nosotros también ponemos, de las rebajas que nos queremos hacer en tantas ocasiones, en cómo también nos ponemos como a la distancia ante lo que se hace en la Iglesia para opinar, para criticar, de derruir muchas veces lo que otros hacen porque no lo hicimos nosotros o porque nos creemos que nosotros los haríamos mejor. Es la postura del que se pone como a la distancia para juzgarlo todo, pero no es capaz de acercarse para echar una mano. Lo hacemos en la Iglesia en tantas ocasiones, como también se convierte en costumbre de lo que hacemos en los caminos de nuestra sociedad; no nos comprometemos con nada, pero de todo queremos opinar creyéndonos que tenemos la llave de la sabiduría.

¿No será hora de que bajemos a la arena de la vida y pongamos mano por obra para poner nuestra parte en eso que queremos que sea mejor en nuestro mundo? ¿No será hora de que nos pongamos a caminar con nuestra Iglesia viviendo un compromiso serio y un testimonio valiente ante del mundo de lo que es en verdad seguir a Jesús? ¿No tendría que ir por ahí nuestro compromiso y nuestro camino de Adviento?

lunes, 12 de julio de 2021

Seguir a Jesús aunque nos haga entrar en caminos que parecen de contradicción no es una carga pesada sino el mayor gozo que podamos sentir en nuestra vida

 


Seguir a Jesús aunque nos haga entrar en caminos que parecen de contradicción no es una carga pesada sino el mayor gozo que podamos sentir en nuestra vida

Éxodo 1,8-14.22; Sal 123; Mateo 10, 34-11,1

Seguir a Jesús significa en muchos casos entrar en un camino de contradicción frente al mundo que nos rodea. Me gusta recordar muchas veces, sobre todo cuando nos encontramos con pasajes como éste de hoy en el evangelio, la profecía del anciano Simeón cuando fue presentado Jesús en el templo. Se alegraba el anciano porque sus ojos habían podido ver finalmente al que era la luz y la gloria de su pueblo, pero recordamos también las palabras que le dirigiría a María, la madre, hablándole de una espada que le atravesaría el alma y de que Jesús estaba puesto como signo de contradicción y frente a Jesús muchos caerán y otros se levantarán.

 Cuando nos sentimos cogidos desde nuestro corazón por la persona de Jesús todo en nuestra vida cambia, será otra la mirada con que miremos las cosas, la vida, el mundo así como la relacion con los demás y unos nuevos valores tendrán que comenzar a brillar en nuestra vida. Ya nuestra vida no es igual, nos sentimos cogidos de su amor y en ese amor lo vamos a dar todo. Por eso el seguimiento de Jesús, vivir su vida lo será todo para nosotros.

Cuando hacemos esa opción nos vamos a encontrar que hay quien no nos entienda. ¿Por qué tenemos que cambiar? Nos sentimos tan bien con lo que tenemos a pesar de que quizá haya cosas que no nos gusten, pero, como solemos decir, qué vamos a hacer, es la vida y hay que seguir la corriente. Pues bien, quien opta por Jesús no se deja arrastrar por la corriente, será fiel a un nuevo vivir aunque no nos entiendan; y ese no entendernos puede venirnos desde los más cercanos a nosotros como puede ser la misma familia.

Por eso nos dirá Jesús que su presencia puede convertirse en división, que su presencia es como un fuego renovador, pero no todos querrán dejarse quemar por ese fuego que les purifica, y entonces nos vamos a encontrar enfrente incluso a aquellos que más queremos. Y nuestra opción es por Jesús.  Y quien no está dispuesto a poner de verdad a Jesús en el centro de su corazón, como nos dice El mismo hoy, no es digno de El. Es que quien no es capaz de esa opción es que no ha terminado de descubrir la alegría y plenitud que encuentra para su vida en el seguimiento de Jesús.

Jesús está dando instrucciones a sus discípulos cuando los ha enviado a anunciar el Reino de Dios, como hemos venido escuchando estos días, y nos habla entonces de esa radicalidad con que hemos de seguirle. Pero no es una carga pesada, es un gozo, porque en todo aquello que vamos realizando estaremos encontrándonos con El; en aquellas personas con que nos encontremos que nos acojan o a los que nosotros por nuestra parte también acojamos, se está haciendo presente El. Y si así es de grande nuestro amor por El, grande tiene que ser la alegría que vivamos toda esa experiencia de encuentro con El.

Eso significará también que hasta el mínimo detalle que nosotros podamos tener con los demás o los demás tengan con nosotros tiene un valor de gracia, como nos dice hoy Jesús no quedará sin recompensa. ‘El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, sólo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa’.

miércoles, 7 de abril de 2021

Las palabras de Jesús les sabían a bálsamo que curaba sus heridas y más tarde dirán que el corazón les ardía por dentro mientras les explicaba las Escrituras

 


Las palabras de Jesús les sabían a bálsamo que curaba sus heridas y más tarde dirán que el corazón les ardía por dentro mientras les explicaba las Escrituras

Hechos de los apóstoles 3, 1-10; Sal 104;  Lucas 24, 13-35

Las decepciones producen fuertes heridas en el alma que son difíciles de curar; son heridas que se enconan, y que más y más van produciendo turbulencias en el alma con el peligro de que todo quede arrasado como tras un temporal. Por una parte hemos de tener cuidado de no herir a nadie de esa forma por el daño que le hacemos, pero también hemos de tener cuidado por nosotros mismos de donde ponemos nuestras esperanzas; todos soñamos y en nuestros sueño podemos imaginar cosas maravillosas pero que se quedan en sueños, por eso hemos de saber distinguir la realidad, aunque algunas veces se nos hace bien difícil por los deseos que podamos llevar en el corazón.

El anciano Simeón anunció que Jesús iba a ser un signo de contradicción y su presencia, su persona y su vida iba a servir para que muchos se decantaran, se aclararan y vieran cual partido tomar, qué dirección le dan a su vida y donde ponen sus esperanzas. En torno a los discípulos cercanos a Jesús también se produjeron esas crisis. Todos aquellos momentos de la pasión fueron amargos para quienes habían puesto en Jesús sus esperanzas y a pesar de los anuncios que El había hecho continuamente no terminaron de entender lo que estaba sucediendo.

El arranque de todo aquello con la traición de Judas fue un momento de decepción probablemente de aquel apóstol que en sus deseos y en su imaginación podía haber soñado con otro estilo y sentido de mesianismo, unido a su afán al dinero que hacía que se le pegaran los dedos en tremendas tentaciones concluyó con el abandono y la traición. Y así podríamos pensar en los demás discípulos. ‘Todos le abandonaron y huyeron’, quienes se atrevieron a acercarse a donde estaban sucediendo los hechos, la cobardía les pudo y vinieron las negaciones como las de Pedro, otros abandonaron lo que había sido su refugio en aquellos días, como Tomás que no estaba presente en la primera aparición en el Cenáculo.

Hoy nos habla el evangelio de otros dos decepcionados, los llamados discípulos de Emaús por aquello del pueblo al que se dirigían. Iban tristes en el camino y no hacían sino darle la vuelta a lo mismo una y otra vez, pero al final abandonaron Jerusalén para irse a lo que podría ser su lugar de origen, Emaús. Y así, en esa tristeza y decepción, los encuentra aquel caminante que parece que no sabe nada o no se quiere enterar.

‘¿Eres tú el único de Jerusalén que no sabe lo que allí ha pasado estos días?’ Y le cuentan dándole vueltas al tema una vez más las esperanzas que habían puesto en Jesús, porque pensaban que era el Mesías liberador, pero nada de lo que ellos esperaban se había cumplido, es más, había muerto en la cruz y aunque había prometido que al tercer día resucitaría hasta la fecha ellos no habían visto nada. Y El iba con ellos.

Pero Aquel que parecía que no sabía nada comenzó a explicar y, valiéndose de las Escrituras, la ley y los profetas, les hizo ver que cuanto había sucedido estaba así anunciado en las Escrituras. Y parecía que ellos comenzaban a comprender; al menos sus palabras les sabían a bálsamo que curara sus heridas y más tarde dirán que el corazón les ardía por dentro mientras les explicaba las Escrituras.

Tanta fue la esperanza que comenzó a despertarse en su corazón que le invitaron a quedarse con ellos, porque además los caminos eran peligrosos y se estaba haciendo tarde. No había confinamiento en aquellos momentos, pero por una parte los peligros acechaban, pero quizá lo que era más importante ellos no le querían dejar ir, se sentían a gusto con El. Por eso lo invitan a la mesa, en las bonitas leyes de la hospitalidad. Y es allí en la mesa donde se les abren los ojos para reconocerle. Era verdad, había resucitado el Señor. Estaba allí con ellos y les había acompañado por camino, aunque ahora ya no lo veían. ‘Le reconocieron al partir el pan’.

Por eso corrieron a Jerusalén de nuevo, ya decíamos que no había toque de queda,  porque había que anunciarle al resto de los discípulos lo que a ellos les había pasado y como lo habían reconocido al partir el pan, aunque ya les ardía el corazón mientras les hablaba. Momentos de dicha y de alegría donde todas las heridas se curaron porque reconocieron que las esperanzas que tenían no eran las verdaderas esperanzas.

Ahora sí se había despertado su corazón y se había abierto su espíritu para reconocer de verdad a Jesús y la salvación que El nos ofrece. El Señor también viene a nosotros y camina a nuestro lado, sentémonos con El a la mesa, pero también sepamos hacer un alto en el camino para escucharle, para bebernos sus palabras, para dejar que su Palabra vaya cayendo como rocío fecundo en nuestro corazón o para dejar que esa Palabra como espada de doble filo penetre hasta lo más hondo de nosotros. No nos hará daño sino todo lo contrario porque estará sembrando semillas de vida en nosotros que nos harán dar mucho fruto.

sábado, 20 de marzo de 2021

Este evangelio de hoy ha de ayudarnos a que nos hagamos preguntas para ver dónde realmente estamos, cuál es el pensamiento o la idea que tenemos de Jesús

 


Este evangelio de hoy ha de ayudarnos a que nos hagamos preguntas para ver dónde realmente estamos, cuál es el pensamiento o la idea que tenemos de Jesús

Jeremías 11, 18-20; Sal 7; Juan 7, 40-53

‘Signo de contradicción’, lo había anunciado el anciano profeta Simeón. Ante Jesús hay que decantarse, decidirse claramente por un lado o por otro. Es alguien ante el que no nos podemos quedar indiferentes. Sus palabras y sus gestos nos inquietan, nos interrogan, nos hacen sentirnos incómodos.

Claro que en la vida cuando nos sentimos incómodos porque aquello nos interroga por dentro, porque nos hace descubrir que hay otros planteamientos, pero que esos planteamientos comprometen tenemos el recurso de la huida, no querer ver ni escuchar, no darnos por enterados. Lo hacemos tantas veces y ante tantas situaciones distintas. Porque llega un amigo o un vecino que nos cuestiona lo que estamos haciendo porque él cree que se podría hacer de otra manera y nos sentimos incordiados, decimos que cuanto sacrificio estamos haciendo con lo que ya hacemos y podemos terminar por darle la espalda. Otras veces llegamos al desprestigio y quitarle autoridad a quien nos cuestiona, ¿qué sabe él de esto? ¿Por qué no se mete en sus cosas y resuelve sus problemas en lugar de venir a incordiar? Ya sabemos cómo somos cuando nos dicen cosas que nos dejan intranquilos; al final quizá tomamos las de Villadiego, como se suele decir.

Pero serán los que no tienen malicia en el corazón los que aceptaran esos cuestionamientos, serán los que se planteen que las cosas pueden ser distintas, que tiene razón quien viene ahora haciéndose preguntas. Pero ya encontraremos la manera de hacernos oídos sordos a esas palabras sensatas que podemos escuchar. Así vamos en la vida dando bandazos, de un lado para otro, sin comprometernos en nada, dejando pasar la verdadera oportunidad que nos llevaría por caminos de mayor plenitud.

De todo eso y mucho más pasaba con Jesús. Era, sí, un signo de contradicción, porque era un interrogante para las gentes de su tiempo como sigue siéndolo hoy si con sinceridad lo escuchamos, si no ponemos filtros en nuestro pensamiento o en la manara de responder al llamamiento que nos va haciendo Jesús para que aceptemos el Reino de Dios, pero con ese sentido nuevo y vital que El quiere que le demos.

Es lo que nos relato  hoy el evangelista, que parece como que nos hace un resumen de la opinión diversa y hasta contradictoria de mucha gente. Han mandado prenderle, porque ya están pensando que hay que quitarlo de en medio no sea que las cosas vayan a más y vaya a haber un disgusto con las autoridades romanas. Pero hay gente que dice que nadie ha hablado como El, nadie lo ha hecho con tal autoridad, nadie se ha mostrado como el gran profeta que se está manifestando Jesús. Pero por otra parte están los que quieren desautorizar sus palabras porque es un galileo y, como dicen ellos, la salvación viene de los judíos, viene de Jerusalén.

No llegan a entender los caminos de Jesús, no quieren terminar descubrir todo el misterio de su vida. Por allá saldrá Nicodemo, el que había ido de noche a hablar con Jesús, intentando defenderlo, diciéndoles que no se puede condenar a nadie sin escucharle. Los que fueron a prenderle no pudieron hacer nada porque ellos se sintieron también cautivados por las palabras de Jesús y además temían a la gente que lo tenía como un profeta.

Pero no nos quedemos ahí. Preguntémonos a nosotros mismos qué significa Jesús para nosotros; preguntémonos si de verdad le escuchamos con corazón bien abierto y desde la sinceridad de nuestra vida o también vamos poniendo nuestros filtros, nuestros prejuicios y no terminar de aceptar plenamente a Jesús.

Este evangelio de hoy ha de ayudarnos a que nos hagamos preguntas para ver donde realmente estamos, cuál es el pensamiento o la idea que tenemos de Jesús. Busquemos a Jesús, queramos conocer a Jesús, queramos en verdad empaparnos de su vida para vivir su vida en plenitud. ¿Por dónde andamos con nuestra fe?