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lunes, 2 de febrero de 2026

El Salvador ha sido presentado a todos los pueblos como luz para alumbrar a las naciones y para gloria de su nuevo pueblo de Israel, el nuevo pueblo de Dios

 


El Salvador ha sido presentado a todos los pueblos como luz para alumbrar a las naciones y para gloria de su nuevo pueblo de Israel, el nuevo pueblo de Dios

 Malaquías 3,1-41; Salmo 23; Hebreos 2,14-18; Lucas 2,22-40

‘De repente llegará a su santuario el Señor a quien vosotros andáis buscando… el mensajero de la alianza… mirad que está llegado, dice el Señor del universo’. Así nos hablaba el profeta. ‘¿Quien resistirá el día de su llegada? ¿Quién se mantendrá en pie ante su mirada?’. Pero el salmo íbamos encontrando respuesta. ‘¡Portones! Alzad los dinteles, que se alcen las puertas eternales: va a entrar el rey de la gloria’.

Nos llenamos de solemnidad porque el momento es importante. Es importante lo que  hoy estamos celebrando que es algo más que el cumplimiento ritual de una ofrenda, en la que todo primogénito varón había de ser presentado al Señor a los cuarenta días de su nacimiento. Efectivamente para aquel cumplimiento ritual de la ley de Moisés aquel matrimonio joven cruzó los umbrales del templo con un niño en brazos. Podría parecer uno de tantos entre otras familias que venían también para ese ofrecimiento ritual.

Y así nos lo va narrando el evangelista, la presentación de Jesús en el templo a los cuarenta días de su nacimiento. Pero allí había un anciano lleno del Espíritu del Señor que aguardaba ese momento. Había recibido un oráculo del Señor de que no vería la muerte sin haber contemplado sus ojos al Salvador esperado. Por eso, sin ser sacerdote encargado de recibir aquellas ofrendas se adelanta tomando al niño en sus brazos para sorpresa de todos y prorrumpe en un cántico de alabanza al Señor. Allí se estaba cumpliendo lo anunciado por el profeta aunque pareciera que el momento no tenía la solemnidad de los anunciado por el profeta y cantado por los salmos.

Allí está aquel anciano que guiado por el Espíritu del Señor viene todos los días al templo para prorrumpir en ese cántico de alabanza al Señor. Es la entrada del mensajero de la nueva alianza; tienen que abrirse y agrandarse los umbrales y los dinteles de las puertas porque allí, en aquel niño, está ‘el Señor de la gloria, es el Señor, Dios del Universo, es el Rey de la gloria’. Los hombres tendemos a poner toda la solemnidad y hasta pomposidad de nuestros gestos y de nuestros ritos, pero la manera de actuar de Dios es de otra manera. Había querido nacer pobre, tan pobre que ni en la posada había sitio para su nacimiento, teniendo que refugiarse María y José en un establo y ser recostado entre las pajas de un pesebre todo un Dios que nacía haciéndose hombre. Ahora esa entrada que tendría que ser triunfal en el templo pasa casi desapercibida en la presencia de un niño en brazos de sus padres que por pobres harán la ofrenda de los pobres, un par de tórtolas.

Pero el Anciano Simeón está cantando la gloria del Señor y siendo profeta que recibía a Dios en su templo pero que anunciaba el signo de contradicción que significaba para ser nuestro Salvador. ‘Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel’.

El Salvador que ha sido presentado a todos los pueblos como luz para alumbrar a las naciones y para gloria de su nuevo pueblo de Israel. Es el momento solemne que hoy nosotros celebramos en la entrada de Jesús en el templo. Pero algo nuevo y distinto va a suceder porque desde ahora el verdadero templo de Dios es Jesús, en quien Dios se nos manifiesta, y por quien nos viene la salvación. Pero va a comenzar a haber un nuevo templo en la medida en que aceptamos por la fe en Jesús y nos unimos a El, para con El ser también sacerdotes, profetas y reyes.

Vamos nosotros a ser ungidos también por el Espíritu del Señor para convertirnos en templos de Dios. Así tenemos que ser esa señal de Dios en medio de los que nos rodean, en signos de la presencia de Dios en medio de nuestro mundo. Si un día veremos a Jesús purificando aquel templo de Jerusalén que en lugar de casa de oración parecía más una cueva de ladrones, es la purificación con que hemos de vivir nuestra vida, la santidad que ha de brillar en nuestra vida para que demos esas señales de Dios en medio del mundo.

El anciano Simeón nos está enseñando a descubrir esas señales de Dios en lo pequeño y en lo sencillo, como supo encontrar al Mesías de Dios en aquel niño hijo de aquellos humildes padres. ¿Sabremos serlo nosotros para los demás?

Detrás de toda esta escena que contemplamos en el evangelio vemos la figura de María que parece pasar desaperciba aunque el anciano profetiza también el lugar de María, a quien una espada atravesará su alma porque así la veremos siempre a la sombra de Jesús y finalmente a la sombra de la cruz en el Calvario. Es la madre del Sacerdote  a quien se une para ella también hacer su ofrenda, pero va a ser también la misionera que vendrá a caminar a nuestro lado para ayudarnos a ir al encuentro de Jesús.

Nosotros los canarios en este día tenemos un lugar especial para María, porque la contemplamos y la celebramos como quien nos señala el camino de la luz. En un brazo su imagen porta a Jesús pero en su otra mano porta una luz para ser señal en el camino que nos conduzca hasta Jesús, para enseñarnos como no solo hemos de dejarnos iluminar por esa luz de Jesús sino que tenemos que ser señales de luz en nuestra vida para que todos vayan al encuentro de Jesús. Por eso la llamamos Candelaria, la portadora de la candela, de la luz, y de alguna manera todos tenemos que ser ‘Candelaria’, como María, portadores de la luz de Jesús para nuestro mundo.

 

viernes, 29 de diciembre de 2023

Los misterios grandes manifestados en lo pequeño e insignificante solo serán capaces de contemplarlos quienes tienen una sintonía especial de Dios en los ojos y el corazón

 


Los misterios grandes manifestados en lo pequeño e insignificante solo serán capaces de contemplarlos quienes tienen una sintonía especial de Dios en los ojos y el corazón

1Juan 2,3-11; Sal 95; Lucas 2,22-35

Quienes estuvieran contemplando aquella mañana, quizás desde una distancia emocional o quizá por simple curiosidad, lo que estaba sucediendo en aquellos pórticos del templo, no habría notado nada especial, sino unos matrimonios, en general jóvenes, que se acercaban a hacer las ofrendas rituales por el primogénito que les había nacido y a las correspondientes purificaciones de las madres. Era una escena normal como otras que cada día se sucedían en el templo aparentemente sin ninguna connotación especial.

Pero alguien tenía una visión distinta. Era un hombre de Dios que aguardaba impaciente la llegada del Mesías de Dios y que allá en su interior había sentido el Espíritu divino que le aseguraba que no cerraría sus ojos sin contemplar a ese enviado de Dios. Los misterios grandes que se manifiestan en cosas pequeñas e insignificantes solo serán capaces de contemplarlas quienes tienen una sintonía especial de Dios en sus ojos y en su corazón. Es lo que sucedía en aquel anciano, y posteriormente también en la que llamaríamos la profetisa Ana.

Se adelantó aquel anciano hasta aquellos jóvenes esposos que con su niño en brazos se dirigían a realizar la ofrenda prescrita. Y ahora todo serán gritos de alabanza y de bendición al Señor porque le ha permitido que antes de cerrar sus ojos a la luz de este mundo pudiera contemplar la luz de Dios que nos visitaba. ‘Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador… luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo Israel’.

Todo son bendiciones y alabanzas pero también serán anuncios proféticos. Será grande aquel niño, pero será ‘un signo de contradicción’; y la contradicción comenzará para aquella madre que se une gozosa también a ese cántico de alabanza, como ella había venido haciéndolo desde que el ángel del Señor le anunciara las maravillas que Dios iba a realizar en ella, pero se le anuncia ahora una espada de dolor que atravesará su alma. Podíamos decir que María lo sabía. Conocedora era de las Escrituras santas que tantas veces había rumiado en su corazón, y conocería pues los cánticos del siervo de Yahvé que había proclamado el profeta Isaías y que son toda una descripción de lo que iba a ser la pasión de su Hijo.

Pero era aquel Niño el que estaba puesto también como signo de contradicción para todas las gentes. Más tarde mientras uno lo alaban y bendicen, como bendecirán también los pechos que lo alimentaron y el vientre que lo llevó, porque nadie ha hablado como este hombre y Dios ha visitado a su pueblo, habrá quienes estén sin embargo acechando y buscando como quitarlo de en medio. Y es que ante Jesús hay que decantarse siempre, o se está con El o se estará contra El, y el que no esté con él no siembra sino que desparrama. Será un signo de contradicción ‘para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones’. Bien que lo veremos a lo largo de todo el evangelio. ¿Qué significará para nosotros? ¿No tendremos que decantarnos también ante El?

De una cosa si que tenemos que estar seguros ya desde este primer momento, tenemos que saber sintonizar la sintonía de Dios; hemos de aprender a tener unos ojos límpidos como los de aquel anciano que aparece en aquellos momentos por el templo, para saber reconocer el actuar de Dios, la presencia de Dios. Y será en lo pequeño y en lo que es nada aparatoso, será en los gestos sencillos, será desde un corazón humilde y abierto a Dios, será quien se deje conducir por el espíritu divino el que se encontrará en los caminos de Dios y podrá encontrarse con Dios. ¿Serán esas las actitudes de nuestro corazón?

jueves, 2 de febrero de 2023

Peregrinamos haciendo camino de esperanza iluminados por la luz de Jesús que también nos trae María a quien invocamos como la Virgen de Candelaria

 


Peregrinamos haciendo camino de esperanza iluminados por la luz de Jesús que también nos trae María a quien invocamos como la Virgen de Candelaria

Malaquías 3,1-4; Sal 23; Hebreos 2,14-18; Lucas 2,22-40

En la vida nos encontramos en ocasiones gente que va derrotada por la vida, cansados de sus luchas han perdido las esperanzas de algo nuevo y distinto; algunas veces los catalogamos como viejos que ya vienen de vuelta de todo sin ilusión por nada que simplemente se van dejando arrastrar. No tendríamos que decirles viejos, sino más bien muertos, porque por el contrario nos encontramos con personas mayores, viejos en edad si queréis decir, pero que no han perdido la vitalidad de su espíritu, siempre buscan y esperan algo nuevo, siempre quieren hacer algo con lo que ir transformando nuestro mundo a mejor. Es el amor a la vida y la esperanza que los mantiene vivos.

Son realidades que nos encontramos. Unos pueden convertirse en un peligro para nosotros si también logran quitarnos la ilusión, pero los otros son un estímulo para nuestro camino, que algunas veces se nos puede hacer duro.

¿Por qué me hago esta previa o introductoria reflexión? Es que hoy se nos habla en el evangelio de un anciano que a pesar de sus muchos años no ha perdido la esperanza. Cada día viene al templo de Jerusalén esperando que se cumplan las promesas del Señor y que él siente muy vivas en si mismo. Es el anciano Simeón – aunque también vemos a otra anciana, Ana, con la misma fe y esperanza – que recibe a aquella familia de la lejana Nazaret que viene a hacer la presentación de su primogénito al Señor. Con gozo da gloria al Señor porque sus ojos han podido contemplar al Salvador anunciado y esperado. El espíritu del Señor le ha revelado en su interior que aquel niño es el prometido Mesías de Israel.

La celebración de este día tiene tintes y resplandores de luz y de esperanza. Litúrgicamente estamos celebrando la presentación del niño Jesús en el templo, como primogénito de aquel matrimonio y familia de José y de María, para cumplir con la ley de Moisés, en que todo primogénito varón había de ser presentado al Señor a los cuarenta días de su nacimiento. Cuarenta días cumplimos hoy de la celebración de la Navidad del Señor y es la celebración propia de este día.

Como decíamos tiene la celebración resplandores de luz y esperanza, que lo expresamos en esa procesión de las candelas con que se inicia la celebración de este día. Es el peregrinar de los creyentes que hacemos camino iluminados por la luz de Jesús que llega a nuestras vidas. Es el peregrinar lleno de esperanza en búsqueda de esa salvación, que transforme nuestros corazones, pero de esa salvación que ponga luz en este mundo tan envuelto en tinieblas en el que vivimos.

Pero caminamos con esperanza, no nos dejamos derrotar por esas tinieblas y oscuridades que nos cercan. Como el anciano Simeón, que también vivía momentos difíciles como era la situación del mismo pueblo de Dios en aquellos momentos. Pero el anciano mantuvo su esperanza porque había puesto toda su confianza en la palabra del Señor que había recibido.

Es lo que nosotros también queremos hacer, mantener la esperanza, poner nuestra confianza en la Palabra del Señor, porque en verdad queremos irla plantando en nuestra vida. Es así como haremos un mundo mejor. Tenemos que iluminar la vida, tenemos que iluminar nuestro mundo.

No nos podemos dar por derrotados, por muchas que sean las oscuridades que encontremos en nuestro entorno. Nunca podemos decir que no podemos hacer nada, que como vemos las cosas no hay nada que hacer. No podemos combinar sentimientos así con lo que es nuestra fe. Nuestros valores, esos valores que aprendemos del evangelio de Jesús y que nos llenan de esperanza, tenemos que hacerlos resplandecer para que esa luz se vaya contagiando en nuestro entorno. Es de eso bueno, de esa esperanza de la que tenemos que contagiar cuanto nos rodea, es el testimonio que tenemos que dar. Es a lo que nos está invitando esta fiesta de hoy.

Una fiesta en la que sentimos de manera especial la presencia de María. Ahí nos la presenta el evangelio cuando se le anuncia que una espada traspasará su alma. Pero Maria es la mujer que se mantiene firme siempre en su fe y en su esperanza. ¿No la veremos caminar hasta la montaña a la casa de Isabel y de Zacarías para llevar aquella luz que ya ella llevaba por dentro?

Pero para nosotros los canarios en este día hay una presencia especial de María cuando la invocamos como la Candelaria, la que lleva la candela, esa luz en su mano para iluminar al mundo. Su imagen bendita fue adelantada en nuestras islas para hablar del Señor del cielo y de la luz que vendría a iluminar nuestras islas con el anuncio del evangelio de Jesús. Se me ocurre que a ella la podemos llamar protoevangelio de nuestras islas porque su presencia fue un adelanto del anuncio del Evangelio.

Así hoy la celebramos y nos gozamos con ella. Así sentimos su protección y la invocamos como madre. Así queremos que en nuestras islas siga caminando junto a nosotros para que nunca nos falte esa luz del evangelio que mantenga viva nuestra esperanza.

jueves, 29 de diciembre de 2022

En un niño el anciano Simeón vio a Dios y el cumplimiento de sus promesas, dejémonos sorprender por la ternura de un niño y nos sentiremos mirados por Dios

 


En un niño el anciano Simeón vio a Dios y el cumplimiento de sus promesas, dejémonos sorprender por la ternura de un niño y nos sentiremos mirados por Dios

1Juan 2,3-11; Sal 95; Lucas 2,22-35

Cuántos pensamientos y cuantos sentimientos se suscitan en nuestro interior cuando tomamos en nuestros brazos un niño pequeño, cuántas emociones se despiertan pero también cuántos interrogantes se plantean; la ternura de un niño pequeño no nos deja insensibles y aparece casi sin querer toda la ternura de nuestro corazón, no nos podemos resistir, se nos derrite el corazón.

Aquella mañana desfilarían muchos niños recién nacidos en brazos de sus padres por el templo de Jerusalén para hacer sus ofrendas al Señor. Por allá había unos ancianos de ojos cansados por el paso de los años, pero muy vivos y atentos por otra parte por lo que sentían que el Señor les decía en su corazón, que sentirían, sí, por todos aquellos niños ese despertar de su ternura tan sensible a sus años, pero sería un niño especial el que llamaría su atención y al que inmediatamente se dirigieron.

El anciano había sentido el impulso del Espíritu del Señor que le señalaba que allí estaba el elegido y el esperado. Un día había sentido en su corazón la divina inspiración de que sus ojos no se cerrarían a la luz de este mundo sin haberse encontrado con el que era la luz verdadera. Ahora ya sus ojos pueden cerrarse en paz porque ha podido contemplar al deseado de las naciones y aquel por quien tanto suspiraba su llegada porque era el Ungido del Señor. No era para él un niño cualquiera el que ahora tenía en sus brazos porque contemplaba al Salvador aquel que era presentado ante todos los pueblos como la luz que ilumina las naciones.

Aquella flor que comenzaba a florecer para perfumar al mundo con su presencia sin embargo tenía una espina de sufrimiento. Era el Ungido del Señor que viviría su amor hasta el extremo, hasta dar su vida y de una forma cruenta para que nosotros tuviéramos vida. Por eso para aquella madre que se gozaba en cuanto escuchaba en relación al hijo de sus entrañas había una espada que le atravesaría el alma. A María no le importaba, porque su sí había sido total, en ella estaba la total disponibilidad de su corazón y podría entender lo que sería enseñanza de su propio hijo de que no hay amor más grande que el de quien es capaz de dar su vida por los que ama. Es lo que haría Jesús y para ella sería una espada que le atravesara el alma, pero era lo que abarcaba también su sí al ángel de la anunciación.

Dejemos despertar en nosotros esas emociones del alma. No endurezcamos el corazón queriéndonos hacernos los fuertes y los valientes. Dejemos que la ternura de un niño nos envuelva el alma y se derrita también nuestro corazón en esa misma ternura. Sigamos emocionándonos cuando contemplamos la mirada y la sonrisa de un niño, dejémonos sorprender por la mirada de los que vamos encontrando por el camino.

Dejemos de agachar la cabeza, desviar nuestra mirada, acallar una lágrima y una emoción que puedan aparecer en nuestros ojos, no nos importe que el corazón comience a latir con fuerza, dejémonos sorprender por esas cosas sencillas que nos puedan suceder todos los días, pero descubramos detrás de todo eso mucho más, podemos descubrir la sonrisa y la ternura de Dios que nos está diciendo que nos ama y que esas cosas que nos están sucediendo en el alma son también signos de su presencia y de su amor.

No rehuyas esa mirada de Dios que nos llega tras la mirada de un niño, o las palabras torpes de un anciano que nos recuerda muchas cosas sencillas de la vida que tantas veces damos por sabidas, pero que tantas veces olvidamos. Dios tiene muchas formas de hablarnos.

miércoles, 2 de febrero de 2022

Los pobres y los humildes de corazón como Simeón y Ana serán los que podrán conocer las maravillas del Señor y como lo hizo María que así es una candela de luz para nosotros

 


Los pobres y los humildes de corazón como Simeón y Ana serán los que podrán conocer las maravillas del Señor y como lo hizo María que así es una candela de luz para nosotros

Malaquías 3,1-4; Sal 23; Hebreos 2,14-18; Lucas 2,22-40

Hace cuarenta días celebramos el Nacimiento de Jesús, la Natividad del Hijo de Dios hecho hombre y nacido del seno de María. Hoy la liturgia de la Iglesia, siguiendo el ritmo de los acontecimientos de la infancia de Jesús y en observancia de lo que estaba prescrito en la ley de Moisés, tanto para el nacimiento del primogénito varón como los ritos de purificación de toda madre después del parto, nos ofrece esta celebración de la Presentación de Jesús en el templo, según lo prescrito por la ley, y la purificación de María. Es a lo que hace referencia el texto del Evangelio, aunque en aquel momento vemos que se siguieron realizando las obras maravillosas del Señor.

El cumplimiento del rito según lo prescrito se desarrollaría con toda normalidad; para los sacerdotes del templo eran un niño primogénito más que era presentado al Señor con la ofrenda, en este caso de los pobres, de un par de tórtolas o dos pichones. Pero la cosa no podía quedarse ahí. Allí estaban quienes inspirados por el Espíritu del Señor reconocerían quién era aquel niño y lo que iba a significar para la historia no solo de Israel sino para toda la humanidad.

Son dos ancianos piadosos que merodean todos los días por el templo confundiéndose entre los creyentes que allí todos los días acudían para la oración y para la escucha de la ley y los profetas. Pero no son dos ancianos cualesquiera. En ellos se había hecho presente el Señor y ahora serían portavoces de las maravillas del Señor para todos los creyentes y para todos los que los quisieran escuchar.

Por eso aquel anciano se acerca a aquella pareja humilde que como una más ha hecho su ofrenda y ha cumplido con todos los ritos. Y es cuando se desborda el corazón de aquel anciano para proclamar cuanto allí está sucediendo. El había sentido en su corazón, por la fuerza del Espíritu del Señor, que sus ojos no se cerrarían sin haber contemplado al que iba a ser luz de las naciones y gloria del pueblo de Israel. Y allí lo tenemos proclamándolo y cantando las glorias del Señor.

De la misma manera aquella pobre anciana viuda – ya aparecerán otras ancianas y viudas en el evangelio ¿por qué será? – comenzará también a todo aquellos que esperaban la futura liberación de Israel con la llegada del Mesías, que la hora de Dios había llegado y hablaba a todos de aquel niño.

¿Por qué será que Jesús nos proponga como modelo de oración perseverante la de aquella pobre viuda que insistía permanentemente ante el juez pidiendo justicia? ¿Será un eco esta pobre anciana y viuda que se había pasado todos los años de su vida sirviendo a Dios en el templo?

¿Por qué será que Jesús se fijará – y nos lo ofrece como ejemplo - allí a las puerta del templo donde está el arca de las ofrendas en los dos cuartos humildes que una anciana pobre entrega al Señor ofreciendo cuanto tenía? Había ofrecido lo que necesitaba incluso para su sustento, y Dios se había fijado en ella. ¿Nos estará hablando de que son los pobres y los humildes de corazón, los que se entregan con corazón desinteresado los que mejor podrán conocer a Dios y la revelación de todos sus misterios?

¿No dará gracias un día al Padre porque ha revelado todos sus misterios a los pequeños y a los humildes mientras lo ha ocultado a los que son soberbios de corazón? El evangelio no es una página o un solo momento determinado que se nos narre, sino que el evangelio, la buena nueva la tenemos que ver en todo el conjunto y como unos y otros hechos se explican y se complementan mutuamente. Son evangelio para nosotros, nos está enseñando como tenemos que ser esos hombres y mujeres sencillos y humildes de corazón para que podamos conocer a Dios, para que podamos en verdad sentir a Dios en nuestros corazones.

Allí a un lado y pareciendo que pasa desapercibida está la madre, la que un día dijera que era la humilde esclava del Señor y ofrecía la disponibilidad de su corazón para que en ella se cumpliera la Palabra del Señor anunciada por el ángel de Nazaret. Una disponibilidad que le iba a hacer seguir el mismo camino de su Hijo.

No es extraño que el anciano profeta le anuncie que una espada la traspasará el alma, porque aquel niño iba a ser signo de contradicción para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones. Es la Madre, la que le dio a luz en la pobreza de Belén, la que le contemplará creciendo en sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres en el hogar de Nazaret como unas madres saben contemplar y comprender el crecimiento de los hijos; pero será la madre que dará a luz unos nuevos hijos que le van a ser confiados desde lo alto de la cruz del calvario. Lleva en su alma el dolor de su hijo, porque a El se asociará en la obra de nuestra redención, pero lleva en el alma el dolor y el sufrimiento de todos esos hijos que Jesús le confiará desde lo alto de la cruz.

La llamaremos madre dolorosa y madre de las angustias porque vemos cómo ella carga con los dolores y las angustias y de todos los hombres, como una madre llevará siempre en su corazón el sufrimiento de sus hijos, pero la llamaremos madre de esperanza y madre de la luz porque en ella vemos cómo se levanta nuestra esperanza pero ella nos está ofreciendo también la luz de su hijo.


Por eso hoy los canarios la llamamos María de Candelaria, la que lleva la luz, la portadora de la luz, la que nos trajo la luz porque fue la primera misionera de estas tierras en su imagen bendita aparecida en la playa de Chimisay. Por eso para nosotros los canarios hoy es fiesta especial, es la fiesta de la Virgen de Candelaria y con devoción acudimos a sus pies en su santuario hoy o en cualquier día del año, porque sabemos que allí está la Madre, allí está nuestra madre, las que nos hablará de corazón sencillo y humilde, la que siempre está en disponibilidad total para Dios y para sus hermanos los hombres, la que nos está enseñando a plantar la Palabra de Dios en nuestro corazón.

miércoles, 29 de diciembre de 2021

En medio de todas las alegrías de la Navidad y tenemos que entender que la Pascua siempre ha de estar presente en nuestra vida y saber tener la entereza y fortaleza de María

 


En medio de todas las alegrías de la Navidad y tenemos que entender que la Pascua siempre ha de estar presente en nuestra vida y saber tener la entereza y fortaleza de María

1Juan 2,3-11; Sal 95; Lucas 2,22-35

¡Vaya pasada!, decimos. Cuando estábamos disfrutando de un momento muy agradable, vienen y nos dan la noticia. Algo desagradable que ha sucedido o que está por suceder, pero que nos afecta directamente a aquellos que ahora estábamos pasando un buen momento. Las espinas de las rosas de la vida; cuando mejor estamos embriagados por su perfume viene algo que nos hace daño, que es una punzada en el alma, algo que nos va a perturbar para siempre. Son cosas que suceden y más de una vez en la vida, por lo que tenemos que hacernos de tripas corazón y salir a flote sin dejar hundirnos por aquello que nos dicen. No es fácil, hace falta mucha fortaleza de espíritu, hace falta madurez en el alma para poder afrontarlo.

Habían subido a Jerusalén para cumplir con los requisitos de la ley mosaica. Era un primogénito que había que ofrecer al Señor; había una purificación que realizar, porque con las hemorragias propias del parte, todo lo que fuera sangre y tuviera contacto con la sangre era una impureza para la ley de Moisés; por eso toda madre después del parte había de someterse a aquellas purificaciones.

Pero no fue solamente un rito lo que en aquel momento en el templo realizaron con Jesús sus padres en la presentación del Niño en el templo; por allá andaban unos ancianos llenos del espíritu Santo que comenzaron a profetizar. El anciano Simeón había recibido una revelación del Señor de que no moriría hasta ver con sus ojos a quien iba a ser el Salvador del mundo. Allá estaba en el templo siempre dando gloria a Dios y esperando ese momento de la promesa cuando entraron María y José con el Niño para cumplir con los requisitos de la ley. Y allí se puso a profetizar Simeón. Ya podía morir en paz y daba gracias a Dios porque sus ojos habían podido contemplar al Salvador.

Por allá otra anciana también llena del espíritu de Dios servía en el templo día y noche y también se puso a alabar a Dios y hablar del Niño a cuantos esperaban la liberación de Israel. Momentos de emoción y alegría, que María iría guardando en su corazón y donde ella veía que se iban cumpliendo las Escrituras y cuánto le había dicho el ángel.

Pero es el momento en que el anciano se dirige directamente a María y ahora sus palabras suenan a una seriedad distinta, porque le dice que aquel Niño iba a ser un signo de contradicción. No todos los aceptarían; ante El habían de decantarse las conciencias y unos se pondrían de su parte, mientras a otros los iban a tener enfrente. ‘Y a ti una espada te traspasará el alma’. Estaba anunciando momentos de dolor, de sufrimiento, estaba anunciando momentos de pascua, porque siempre sería el paso del Señor, pero en ese paso iba a haber pasión y sufrimiento, habría muerte aunque al final estaba anunciada la resurrección y la vida.

Pero el corazón de María se vio ya traspasado por aquella espada que le traspasaría el alma cuando estuviera a los pies de la cruz de su Hijo. Pero allí estaba la fortaleza de María, allí estaba su entereza y la madurez de su fe, allí estaba la que sabría mantenerse en pie incluso a los pies de la cruz de su Hijo, porque allí estaba una mujer de extremada esperanza.

Estamos nosotros también en medio de todas las alegrías de la Navidad y tenemos que entender estos anuncios, porque sabemos bien que Belén no está lejos del Calvario, porque la vida de Jesús es paso de Dios en medio de nosotros los hombres, porque la Pascua siempre ha de estar presente en nuestra vida, porque a nosotros tampoco tiene que faltarnos esa fortaleza y esa entereza de María, porque nosotros hemos de tener siempre el corazón lleno de esperanza, porque sabemos que no nos faltará la fuerza del espíritu sea lo que sea que tengamos que afrontar en la vida aunque algunas veces nos resulte duro y costoso. Que se fortalezca de verdad nuestra fe. Sintamos siempre la presencia de María a nuestro lado.

martes, 2 de febrero de 2021

Entrada de Jesús en el templo con ecos de pascua en ofrenda de amor que nos evoca cómo de manos de María de Candelaria fue la primera entrada de Jesús en nuestra tierra canaria

 


Entrada de Jesús en el templo con ecos de pascua en ofrenda de amor que nos evoca cómo de manos de María de Candelaria fue la primera entrada de Jesús en nuestra tierra canaria

Malaquías 3,1-4; Sal 23; Hebreos 2,14-18; Lucas 2,22-40

‘¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las puertas eternales: va a entrar el Rey de la gloria. ¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria’.

Pueden ser perfectamente ecos de la entrada del Arca de la Alianza en el Santuario, en el templo de Jerusalén que tenemos en los salmos y que hoy recoge la liturgia en esta fiesta de la Presentación de Jesús en el templo. Todo hoy nos está hablando de entrada; una primera referencia el salmo, como decíamos, a la entrada del Arca de la Alianza en el templo de Jerusalén, pero especialmente hoy, a los cuarenta días del nacimiento de Jesús, es su primera entrada en el templo de Jerusalén con amplios sones pascuales.

Hubiera sido una entrada desapercibida, como realmente en parte fue a pesar de la importancia del momento, si no hubiera sido por aquellos ancianos que en el templo habían envejecido esperando el cumplimiento de las promesas del Señor. son ellos los que movidos por la acción del Espíritu Santo en sus corazones los que descubrieron en aquel niño llevado en brazos por aquel matrimonio joven de Galilea al que era la salvación del mundo y la luz para todos los hombres.

Ya hemos escuchado el relato en el evangelio; cómo el anciano Simeón coge en brazos a aquel niño para cantar las alabanzas del Señor. Su corazón se ha llenado de gozo porque sus ojos han visto al Salvador como así había sentido inspirado por el Espíritu Santo y ahora ya puede poner totalmente su vida en las manos del Señor. ‘Ya puedes dejar morir a tu siervo en paz, Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel’.

Aunque los oídos humanos en aquel momento no lo pudieran escuchar seguro que el coro de los ángeles en el cielo estaría cantando aquel cántico de alabanza al Señor que hoy la liturgia nos ha ofrecido en el salmo responsorial, como ya hicimos mención al principio. Creo que nosotros en nuestra celebración tendríamos que hacernos de verdad eco con todo sentido de dicho cántico de alabanza. ‘¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las puertas eternales: va a entrar el Rey de la gloria. ¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria’. Nosotros podemos confesar, repito con todo sentido, esa confesión de fe, allí está, sí, ‘el Señor, Dios de los Ejércitos, el Rey de la gloria’, y más si lo vivimos en todo su sentido pascual.

Decíamos todo nos habla de subida y tiene sentido de pascua y es que en aquellas palabras que luego Simeón dedicara a María llevaban incluido ese sentido pascual. Jesús, es cierto, iba a ser ese signo de contradicción, ante El habrían de decantarse los hombres y los pueblos de todos los tiempos, como lo fue en aquella otra subida a Jerusalén de Jesús para su pascua. Su templo y altar iba a ser la cruz, porque el sacrificio que se iba a ofrecer no era un sacrificio cualquiera. Ahora sus padres, en su pobreza, habían ofrecido un par de tórtolas, pero Jesús sería el que se ofrecería a sí mismo en el altar de la cruz siendo sacerdote, victima y altar. Su sangre derramada, signo grande del que nos ama hasta entregar su vida por nosotros, iba a ser la señal de aquel gran sacrificio e iba a ser la sangre de la nueva Alianza, de la eterna Alianza que sería ya para siempre una Alianza de Amor y de salvación.

Y allí en aquella primera subida de Jesús al templo estaba la madre, cuya alma iba a ser atravesada por una espada de dolor, que ella también al pie de la cruz convertirá en una espada de amor cuando con el Hijo ella también se entrega para ser como madre corredentora de aquellos hijos que de Jesús recibía en aquel momento supremo de la entrega y de la muerte.

Por eso podemos decir que también es la subida y entrada de la madre, de María, que ya sería para siempre la madre de todos los hombres. Esta celebración lleva unida a la presentación de Jesús en el templo aquel rito de purificación de la madre a los cuarenta días del parto. Para María no fue solo una purificación ritual, sino que podríamos decir que el comienzo de su ofrenda de amor.

A María siempre la tenemos delante de nuestros ojos como el mejor modelo y ejemplo de lo que ha de ser también nuestro amor; muchas imágenes de María llevan en sí la impronta de su vivencia de la Pascua cuando la queremos llamar Madre de los Dolores o Madre de la Esperanza con el reflejo de su presencia al pie de la cruz, que fue para ella también la culminación de esa ofrenda de amor.

Y aquí es donde hoy yo quiero ver otra entrada, en este caso de manos de María. María fue la primera que nos trajo a Jesús, fue primer evangelio de Jesús. Hoy, nosotros, los canarios la celebramos con al Advocación de la Virgen de Candelaria y recordamos y celebramos como su bendita imagen estuvo en nuestra tierra antes incluso que llegara el conquistador o el misionero.


Aquella imagen aparecida en las playas de Chimisay antes de la conquista de nuestras Islas fue el primer evangelio que llegó a nuestra tierra. Nuestros antepasados los guanches en aquella imagen querían ver a la que ellos llamaban la madre del sol, Chaxiraxi, la madre de la luz podríamos traducir nosotros y en aquella imagen de María estaba también Jesús. Por eso la llamamos nosotros la Candelaria, la que trae para nosotros en sus manos la luz, una candela en una mano y a Jesús en su otro brazo. Fue como la presentación que María hace de Jesús a nuestros antepasados los guanches, por eso digo que podemos hablar de entrada de Jesús de manos de María en nuestra tierra.

Que de manos de María entre Jesús en nuestra vida, como de manos de María y con Jesús reinando en nuestro corazón entremos nosotros en la gloria del Señor. Que se alcen las antiguas compuertas que va a entrar el Rey de la gloria. Sí, muchas antiguas y viejas barreras tenemos que levantar en nuestro corazón para dar paso al Señor y Rey de la gloria a nuestra vida. Queremos hacer ofrenda y ofrenda de amor nosotros hoy en esta fiesta en que también de manera especial celebramos a María. Que ella prenda esa luz en nuestro corazón y nunca se apague, que vivamos siempre en la claridad de la luz para que así resplandezcan las obras de nuestro amor.

 

jueves, 2 de febrero de 2017

María de Candelaria nos está enseñando a llevar a Jesús en nuestros brazos iluminando con su luz las tinieblas del mundo en que vivimos

María de Candelaria nos está enseñando a llevar a Jesús en nuestros brazos iluminando con su luz las tinieblas del mundo en que vivimos

Malaquías 3,1-4; Sal 23; Hebreos 2,14-18; Lucas 2,22-40

Hoy hace cuarenta días que celebramos el nacimiento de Jesús, la Navidad. En un sentido tradicional y popular hoy vienen a terminar las fiestas de la Navidad, aunque litúrgicamente se culminaran en la Epifanía y el Bautismo de Jesús en el Jordán.
A los cuarenta días de su nacimiento todo primogénito varón había de ser presentado al Señor según la ley mosaica que era algo así como un reconocimiento en un pueblo creyente de que la vida viene del Señor y a El se la debemos y para El ha de ser lo mejor de nuestra vida. Por eso en la ley de Moisés todo primogénito era consagrado al Señor, de hombres y de animales. Era la acción de gracias al Señor. Es lo que hoy celebramos en la presentación de Jesús en el templo, como nos relata el evangelio de este día.
En este momento en que Jesús es llevado al templo de Jerusalén – ‘¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas: va a entrar el Rey de la gloria’, cantan los salmos en la liturgia de este día – se suceden muchas cosas. Cumplido el rito por allá aparecen unos ancianos, primero Simeón luego aparecerá Ana una anciana profetisa, que van a cantar su especial acción de gracias al Señor.
Aquel anciano, inspirado por el Espíritu Santo, reconoce en aquel niño al que viene a ser el Salvador del pueblo de Israel y la luz para todas las naciones. Era un hombre de Dios, lleno del Espíritu del Señor, y sabía que sus ojos no se cerrarían a la luz de este mundo sin contemplar al que era la verdadera luz. Por eso prorrumpe en cánticos de alabanza al Señor porque sabe que ya se han cumplido los días de su vida  porque se cumplen las Escrituras y se cumple la promesa que en su corazón había recibido del Espíritu Santo.
Luego vendrán los anuncios y las profecías señalándolo como signo de contradicción entre los pueblos y cómo a María, su madre, una espada le atravesará el alma. Bien reflejado lo veremos a lo largo del Evangelio porque la presencia de Jesús va a ser en verdad ese signo de contradicción, mientras unos le aclaman y reconocen, se gozan en su palabra y entienden sus signos de salvación, habrá quienes vayan a la contra, no querrán entender la Palabra de Jesús y porque quieren permanecer en las tinieblas de la muerte a la muerte querrán llevar a Jesús para quitarlo de en medio. Ya bien sabemos que aquel signo de la muerte no será de derrota sino de victoria, porque será el signo de la salvación.
Ya algo podemos ir deduciendo para nuestra vida de esta reflexión que nos vamos haciendo. Tomemos también nosotros en brazos a Jesús como aquel anciano Simeón para cantar nuestra particular acción de gracias al Señor. Reconocemos también que la vida viene del Señor y a El se la debemos y por ello con nuestra vida todo ha de ser siempre para la gloria del Señor.
Consagrados del Señor también nosotros somos, como un signo hemos recibido la unción con el Crisma en nuestro Bautismo y Confirmación, y eso ha de expresar en consecuencia en la santidad de nuestra vida. Aunque nuestra vida pueda y debe significar un signo de contradicción en medio de nuestro mundo. Sí, porque nosotros no nos podemos dejar cautivar por las seducciones del mundo que nos rodea, porque nosotros hemos de manifestarnos siempre como testigos de unos valores nuevos, de un nuevo sentido de vida que del Evangelio aprendemos.
Hoy de María aprendemos a llevar en brazos a Jesús. En nuestra tierra celebramos con especial solemnidad y devoción a la Virgen en su advocación de Candelaria. Es fiesta grande para nosotros. ¿Y cómo contemplamos a María en su bendita imagen? Con Jesús en sus brazos, pero con una luz en su mano. Está diciéndonos que Jesús es nuestra luz, de quien hemos de dejarnos iluminar, a quien hemos de escuchar. Pero ¿no nos estará diciendo también cómo hemos de llevar en brazos a Jesús, cómo hemos de llevar a Jesús en nuestra vida para mostrarlo a los demás? Esa luz, esa candela encendida en las manos de María, nos está diciendo que nosotros tenemos que ser esa luz, esa luz encendida de la luz de Cristo, pero esa luz que hemos de llevar a los demás, con la que hemos de iluminar nuestro mundo.
Somos los testigos de esa luz en medio de un mundo en tinieblas, y mientras tantos se dejan seducir por luces efímeras y engañosas nosotros queremos iluminar con la verdadera y autentica luz que nos trae la salvación. Seremos signos de contradicción porque frente a las cosas aparentemente fáciles y placenteras que nos pueda ofrecer nuestro mundo nosotros presentamos esta luz que tendrá sus exigencias, porque tendremos que cuidar esa luz y no permitir que se nos apague – ya se nos dijo en nuestro bautismo -, y hemos de apartarnos de tantas tinieblas que nos quieren confundir o quieren devorarse esa luz – las tinieblas no la recibieron que nos dice san Juan en su evangelio -.  
Nos gozamos en esta fiesta de la presentación de Jesús en el templo pero que para nosotros tiene tan hermoso sabor mariano. Nos gozamos en María de Candelaria, la madre del Señor y nuestra Madre. De ella escucharemos siempre que nos dice ‘haced lo que El os diga’.

jueves, 15 de septiembre de 2016

De María aprendemos a estar junto a la cruz de Jesús con una verdadera solidaridad en el dolor de cuantos sufren a nuestro lado

De María aprendemos a estar junto a la cruz de Jesús con una verdadera solidaridad en el dolor de cuantos sufren a nuestro lado

1Corintios 15,1-11; Sal 117; Juan 19,25-27:

‘Junto a la cruz estaba María, la madre de Jesús…’ Después de haber contemplado ayer la Cruz y a quien de ella pendía como nuestro Salvador en la entrega suprema de su vida por amor hoy la Iglesia nos invita a contemplar a María junto a la cruz de Jesús.
‘Y a ti una espada te traspasará el alma’, le había anunciado el anciano Simeón allá en el templo cuando la presentación de Jesús para cumplir la ley de Moisés. Traspasada de dolor en la pasión y muerte de Jesús hoy la contemplamos en cumplimiento de aquella profecía. La tradición nos habla del encuentro de Jesús y María en la calle de la amargura camino del Calvario.
Allí en medio de las gentes que vociferaban contra Jesús la contemplaremos siguiendo aquel cortejo de dolor y sangre arropada por las buenas mujeres que habían seguido a Jesús, alentada quizá por el llanto de aquellas mujeres anónimas a las que Jesús invitaba a llorar por sus pecados y por sus hijos, y apoyada seguro en el discípulo amado que al pie de la cruz iba a recibir como hijo en nombre de toda la humanidad.
María en medio de aquellos que vociferaban su maldad queriendo llevar a su Hijo hasta el patíbulo, pero María allí donde hay sufrimiento y muerte para unirse ella en una solidaridad tan especial como puede hacerlo una madre a la ofrenda de amor que hacia Jesús de su vida al Padre derramando su sangre por la salvación y el perdón de los pecados de toda la humanidad.
Queremos, sí, contemplar a María en medio de ese cuadro lleno de sombras pero también de luz, porque será la manera como seguiremos contemplando a María a través de todos los tiempos junto al dolor de todos sus hijos. María, junto a la cruz de Jesús en el Calvario, María junto a la cruz de Jesús en el sufrimiento de tantos a lo largo de los siglos. La presencia de María va a iluminar las sombras de ese cuadro de muerte del sufrimiento de los hombres a través de todos los tiempos. Es la madre que estará siempre al lado de sus hijos, pero de manera especial de sus hijos más débiles, como siempre hacen las madres, en todos los torturados por el dolor y el sufrimiento sea cual sea.
Qué paz cuando sentimos a María en medio de las sombras de nuestra vida. El amor de la madre nos llena de luz y nos abre a la esperanza. El amor de María nos enseñará también a nosotros a estar junto a la cruz; junto a la cruz, porque la llevamos en nosotros y con nosotros en el camino del seguimiento de Jesús, ya que El nos invita a seguirle tomando, cargando con nuestra cruz de cada día; pero junto a la cruz de Jesús porque aprenderemos a estar al lado del sufrimiento de los demás para con nuestro amor, nuestra presencia, nuestros gestos de solidaridad llevar también ese rayo de luz y de esperanza que necesita todo el que sufre.
Es nuestra tarea. Es la lección que aprendemos de María. María, Madre y Reina de los Dolores porque supo estar junto al dolor de su Hijo con su corazón traspasado; Madre y Reino de los Dolores, porque sigue estando junto a la cruz de sus hijos, todos los hombres que sufren para alentar su esperanza, para darnos motivos para caminar, para aprender también nosotros lo que es el amor verdadero y la solidaridad con que hemos de estar junto a nuestros hermanos los hombres que sufren. De María aprendemos a no cruzarnos de brazos; de María aprendemos a buscar formas para mitigar cualquier dolor, para servir de consuelo a los que lloran, para encender una luz en el corazón que nos haga tener esperanza.

lunes, 13 de julio de 2015

Dios es el único Señor de nuestra vida y nada tiene que apartarnos de ese amor de Dios viviendo en su Reino

Dios es el único Señor de nuestra vida y nada tiene que apartarnos de ese amor de Dios viviendo en su Reino

Éxodo 1,8-14.22; Sal 123; Mateo 10, 34-11,1
El evangelio no lo podemos leer ni considerar en sus partes por separado como si unos pasajes no estuvieran en relación con los otros o nos pudieran decir cosas contrarias a las que se nos dicen en otro lugar. Hemos de mirarlo siempre en su conjunto, porque en fin de cuentas es el anuncio de la Buena Noticia del Reino de Dios que Jesús nos anuncia e instaura en nuestro mundo.
Las palabras que hoy escuchamos pudieran en una primera lectura parecernos fuertes y exigentes, pero si consideramos que lo que Jesús nos anuncia es el Reino de Dios y cómo hemos de vivirlo lo podremos entender en toda su profundidad. Creer en la Buena Noticia del Reino de Dios que llega es la primera invitación de Jesús. Si aceptamos el Reino de Dios o lo que es lo mismo que Dios es el único Rey y Señor de nuestra vida, todo lo que quisiéramos poner en su lugar estaría alejándonos del Reino de Dios. Nada ni nadie puede ocupar en nuestra vida el lugar de Dios, sabiendo por otra parte que cuando reconocemos que Dios es el único Señor de nuestra existencia todas esas realidades de nuestra vida las vamos a vivir con una plenitud mejor.
Cuando hoy Jesús nos dice que quien prefiere a su padre o a su madre, a su hijo o a su hija antes que Dios no es digno de El, no significa que no tengamos que amar a nuestro padre o nuestra madre, nuestro hijo o nuestra hija, sino que Dios está por encima de todo y desde ese amor de Dios es como vamos a amar a nuestro padre o madre, o hijo o hija. Claro que si alguno de ellos se opone a ese amor que le tenemos a Dios por encima de todas las cosas, es cuando tenemos que hacer la opción.
No es fácil muchas veces ese camino del Reino de Dios. Tendrá sus exigencias para nuestra manera de vivir o de ver las cosas, por eso no hemos de temer la cruz del sacrificio y de la renuncia; por eso no hemos de temer dar la vida por la causa del Reino de Dios porque es como vamos realmente a alcanzarla en plenitud.
Eso hará que muchas veces podamos encontrarnos turbados en nuestro corazón; surge la duda, la incertidumbre, nos puede faltar esa paz y esa serenidad interior. Por eso nos dice Jesús que viene a traernos guerra; es esa lucha interior que hemos de mantener en ese camino de fidelidad que queremos vivir; será quizá esos encontronazos que podamos tener con los que están cercanos a nosotros cuando se oponen a que sigamos nuestro camino de fidelidad al Reino de Dios que queremos vivir. Es de lo que nos habla Jesús hoy.
Pero nos dirá también que lo mínimo que podamos hacer no se quedará sin recompensa. No es que busquemos recompensas terrenas o humanas, sino que alcanzaremos ese premio de la paz que el Señor nos dará en su plenitud. Y lo mismo a aquellos que nos acojan y acepten en ese camino de fidelidad que queremos vivir.
‘El que pierda su vida por mi y por el Reino de Dios, la encontrará’. Es la plenitud de vida a la que aspiramos y que solo vamos a encontrar en los caminos del Señor, en los caminos del evangelio.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Una espada de dolor transformada en espada de amor

Hebreos, 5, 7-9:

Sal. 30

Jn. 19, 25-27

Como el oro se purifica en el fuego del crisol el amor se aquilata y se hace mas bello y resplandeciente en la prueba del dolor. ¿Así fue con el amor de María a quien hoy contemplamos dolorosa al pie de la cruz de su Hijo?

El amor de María era el más hermoso y nada podía hacer que se resquebrajase porque ella se sentía inundada como nadie por el Espíritu de Dios, fortalecida en la ofrenda de amor que era capaz de hacer al lado de la cruz de su Hijo y por eso mismo resplandecía como nadie en los fulgores de la fe y del amor. Sin embargo, podemos decir, que la prueba del dolor, la prueba de la pasión y cruz de Jesús a la que la vemos asociada de forma maravillosa, hizo que María brillase para nosotros con brillos y resplandores especiales que nos enseñaban cómo podíamos pasar por esa prueba y salir también aquilatados e igualmente resplandecientes en nuestro amor.

Ayer levantábamos nuestros ojos a lo alto del madero de la cruz para contemplar a Cristo crucificado. Queríamos aprender a abrazarnos a esa cruz de cada día que nos une y nos acerca a la cruz de Jesús como mejor camino para su seguimiento. Hoy contemplamos a la madre, a María, que además allí como un testamento último de amor Jesús nos la deja también a nosotros como madre, pero queremos contemplarla a ella, firme al pie de la cruz, asociandose a la pasión de su Hijo en ofrenda de amor que nos enseña además como aquilatar y hacer resplandecer nuestro amor para vivir un auténtico seguimiento de Jesús.

Contemplamos a María con una espada que le atraviesa el alma como le anunciara el anciano Simeón, allá cuando la presentación del Niño Jesús en el templo. Es la espada del dolor, pero es sobre todo la espada del amor. Sí, porque esa espada que atraviesa el corazón de María – qué duro tiene que ser para una madre contemplar a su Hijo en tan crueles tormentos colgado del madero de la cruz – no es para María sólo una espada de dolor sino que ella ha sabido transformarla en una espada de amor. Y el dolor cuando está así transido por el amor- ofrenda de amor que hace María - estará siempre lleno de esperanza porque vislumbra lo que va a ser el fruto de vida que de ese dolor nacerá.

Por eso la liturgia en este día podrá cantar a María y decirle: ‘Dichosa es Santa María, la Virgen, porque sin morir mereció la palma del martirio junto a la cruz de su Señor’. Y también en las antífonas de la Liturgia de las Horas le canta la Iglesia: ‘Alégrate, Madre dolorosa, porque después de tantos sufrimientos, gozas ya de la gloria celestial, sentada junto a tu Hijo como Reino del universo’. Es lo hermoso que contemplamos hoy en María. Es el gran mensaje y la más hermosa lección que hoy recibimos de María, Madre y Virgen de los Dolores.

Y es que si cuando Jesús se la confió a Juan para fuera su hijo y ella su madre, en Juan nos estamos viendo todos nosotros y por eso la recibimos como regalo del Señor, como madre amorosa para nosotros, además María, allí al pie de la cruz, asociándose a la pasión de su Hijo, está siendo imagen de la Iglesia que así, a ejemplo de María y con María, también quiere asociarse a la pasión redentora de Jesús. Es lo que hemos pedido en la oración litúrgica de esta fiesta. ‘Tú has querido que la Madre compartiera los Dolores de tu Hijo al pie de la cruz, haz que la Iglesia asociándose con María a la pasión de Cristo, merezca participar de su resurrección’.

Queremos, pues, nosotros poner amor en nuestra vida y lo queremos hacer con toda intensidad, porque a Dios hemos de amarle sobre todas las cosas y al prójimo con un amor como el de Jesús. Queremos que ese amor sea puro y total. Mira, pues, donde podemos hacerlo grande y hacerlo resplandecer como el más hermoso, en el crisol de nuestro dolor, en el crisol de nuestros sufrimientos, como decíamos al principio.

En la dureza de nuestro corazón muchas veces tenemos la tentación de rebelarnos contra el dolor que nos puede llevar en ocasiones incluso hasta rebelarnos contra Dios. Mira, pues, donde podemos purificarlo, aquilatarlo, darle un sentido y un valor, transformar esa espada de dolor que tantas veces puede atravesar nuestra vida en una espada de amor. Aprendamos de María, amemos como María, hagamos ofrenda de nuestra vida con amor y la cruz de nuestro dolor será camino de gracia y de santificación para nosotros. María, nuestra madre, nos alcazará esa gracia del Señor. No olvidemos que la pasión es siempre camino de resurrección.