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miércoles, 8 de noviembre de 2023

El seguimiento de Jesús no lo podemos realizar desde la superficialidad, necesitamos de lleno meternos en el evangelio para descubrir su camino

 


El seguimiento de Jesús no lo podemos realizar desde la superficialidad, necesitamos de lleno meternos en el evangelio para descubrir su camino

Romanos 13, 8-10; Sal 111;  Lucas 14, 25-33

Si no nos queremos tomar la vida a broma, las cosas tiene uno que pensárselas muy bien. No nos valen superficialidades, aunque desgraciadamente veamos mucho de eso en nuestro entorno en el mundo en que vivimos; todo lo queremos fácil, con el menor esfuerzo, que lo logremos de inmediato, y así nos va. La vida es un proyecto muy hermoso y que necesita mucha dedicación.

Normalmente si estamos proyectando algo, en lo que quizás nos jugamos nuestro futuro, algo que quizás como profesional quiere ser algo importante y en lo que de alguna manera queremos vernos reflejados nosotros y lo que somos, nuestros conocimientos y nuestras posibilidades, tendremos que dedicarle mucho tiempo para prepararlo, para estudiarlo, para poder diseñarlo bien, para tener en cuenta todas las posibilidades pero también las dificultades con las que nos vamos a encontrar, y cuando tengamos todos los estudios necesarios hechos podremos proyectarlo, podemos presentar sus planos, sus objetivos, el como lo vamos a realizar, los medios con los que vamos a contar, las previsiones de futuro.

Muy complicado me dirán algunos, pero sean unas cosas o sean otras, cuando nos lo tomamos en serio, en serio tenemos que planificarlo, programarlo para poderlo realizar. ¿Quieres hacer una casa? No son cuatro rayas más o menos bien o mal trazadas con lo que vamos a contar. Será necesario contar con muchas cosas, será necesario contar también con los técnicos que pueda proyectar esos planos y luego realizar la edificación.

No estoy complicando las cosas, no lo pienses así. Es lo que nos está diciendo hoy Jesús en el evangelio de lo que significa ser su discípulo, seguirle. Le seguía mucha gente, nos dice el evangelista. Allí cerca estaban los que ya eran sus discípulos, aquellos que le seguían más cerca, aquellos a los que había escogido y llamado de manera especial, pero también estaba la muchedumbre que se entusiasmaba con Jesús, con sus milagros, con las palabras que escuchaba, con lo que iba despertando en su corazón. Muchos le seguían de una forma muy permanente, caminando tras Jesús por todos aquellos lugares, otros le seguían ocasionalmente porque pronto tendrían que volver a sus casas y familias y a sus ocupaciones más habituales.

Y es a esos, a todos aquellos que de una forma u otra querían ir tras El, a los que ahora les plantea la seriedad de lo que ha de ser su seguimiento. No es cuestión de ratos, no es cuestión de entusiasmo un día que vemos algo extraordinario, no es cuestión de ahora sí pero ahora que se ponen las cosas más difíciles me echo a un lado. Si nos planteamos una opción por Jesús tiene que ser algo muy decisivo, muy en serio, tenemos que tener claro que es lo que significa seguirle y ser su discípulo. Como terminará explicando, es como el que va a levantar una torre y tiene que ver en qué va a consistir esa torre y los medios que va a necesitar para terminarla y no se quede a medias. ¿Nos estaremos quedando a medias muchas veces nosotros en el seguimiento de Jesús?

Por eso habla Jesús de que será necesario renunciar a cosas, será muy importante el lugar en que nos pongamos a nosotros mismos porque la opción por Jesús significa que Jesús va a ser el primero en mi vida. No voy a construir mi vida solo en torno a mi mismo, sino que voy a construir mi vida en torno a Jesús. Y Jesús tendrá que ser el centro de todo. Y han de ser los valores de Jesús por los que voy a optar, los que voy a ir copiando en mi vida para hacerme uno con ellos. Tendré que estar dispuesto a copiar la vida de Jesús en mi vida, de manera que ya no sea yo sino Cristo el que vive en mí.

Es un camino nuevo de entrega y de amor hasta el final; es un camino donde tenemos que aprender a hacernos los últimos porque el amor que se hace servicio me hará primero que nada ver a los demás, en lugar de estarme mirando a mi mismo; por eso nos habla de negación de nosotros mismos y nos habla de cargar la cruz. Es lo que hizo Jesús; es lo que nos enseñó que nos hará verdaderamente grandes. Es la disponibilidad de vaciarme de mi mismo, para llenarme solo del amor de Dios.

Y esto no son cosas que nos podemos tomar a la ligera; esto no son cosas en que solamente nos dejemos llevar por las emociones momentáneas o los entusiasmos pasajeros que pronto se va a llevar el viento; esto no es cuestión de decisiones que tomamos según sea el viento que nos toque a la manera de una veleta; esto son opciones serias que tenemos que tomar en la vida.

¿Queremos en verdad ser sus discípulos? Lejos de nosotros la superficialidad y ahondemos en el camino del evangelio.

viernes, 27 de octubre de 2023

Miramos la vida y contemplamos cuanto sucede, encontremos la sabiduría que nos da unos ojos distintos, una mirada nueva sobre cuanto acontece y nos comprometemos

 


Miramos la vida y contemplamos cuanto sucede, encontremos la sabiduría que nos da unos ojos distintos, una mirada nueva sobre cuanto acontece y nos comprometemos

Romanos 7, 18-24; Sal 118; Lucas 12,54-59

Saber leer la vida es una sabiduría. Es importante. Es necesario. Como nos echa en cara hoy Jesús en el evangelio sabemos interpretar las señales de las nubes para decir que tiempo es o podemos esperar, pero no sabemos leer las señales de los tiempos. Sobre todo en las gentes de nuestros campos, no sé si por estar más en contacto con la naturaleza, o depender en cierto modo de lo que la naturaleza nos ofrece para que nuestros trabajos sean más productivos están ‘barruntando’ como decimos en nuestra tierra si el tiempo está del norte o del sur, si las nubes nos traen agua, o más bien nos anuncian vientos y temporales. Recuerdo a mi abuelo en la tarde pendiente de las nubes, de las señales de la luna o si había no había nubes cubriendo nuestro Teide. Hoy quizás hasta eso las nuevas generaciones lo hemos olvidado.

Pero no nos quedemos en las nubes, sepamos leer la vida, la historia, lo que acontece a nuestro alrededor. Como decíamos al principio, es una sabiduría que no todos sabemos alcanzar. Pero es que en nuestras carreras vamos a lo que salga; no nos detenemos, nos cuesta analizar lo que sucede, es necesario ser más reflexivos y para eso necesitamos estar con los ojos más abiertos. Quizás estamos más pendiente de si el vecino hizo esto o aquello para entrar en nuestros juicios, pero no somos capaces de reflexionar sobre la marcha de la vida.

Nos vemos aturdidos por los acontecimientos, pero parece como si un destino ciego nos estuviera conduciendo de manera que no reaccionamos. En nuestras tertulias o charlas de café, por llamarlas de alguna manera, somos capaces de ponernos con nuestras lamentaciones o con las culpabilizaciones de rigor porque parece que siempre tenemos a quien echarle la culpa, pero no llegamos a la conclusión de mirarnos a nosotros mismos para reaccionar, para poner nuestro grano de arena constructiva, para darnos cuenta de qué parte tenemos nosotros que poner o que no hemos puesto para que la sociedad marche como está marchando.

Los cristianos tenemos que tener criterios claros sobre cuál ha de ser nuestra participación. Razones y motivos tenemos para ir poniendo en nuestro mundo unos valores nuevos. Si nos llamamos cristianos es porque hemos hecho una opción por nuestra vida cuando decimos que creemos en Jesús y que El es nuestro Salvador; tenemos unas claves en ese Reino de Dios en el que creemos y que sabemos que tenemos que construir; tenemos claro unos valores que tenemos que desarrollar porque sabemos el mundo que queremos. Y es por ahí por donde tenemos que apostar. Sabemos bien qué es lo que va a humanizar nuestro mundo y por eso tenemos que luchar.

Y miramos la vida, y contemplamos cuanto sucede, y hemos de tener unos ojos distintos, una mirada nueva sobre todo eso que acontece. Y tenemos que aprender; y tenemos que analizar cuales son los errores que estamos cometiendo para enmendarlos, para hacerlo de una manera nueva y distinta. Y tenemos que saber escuchar esa llamada que Dios nos está haciendo desde esas mismas cosas que suceden. No para crear alarmas, no para ser catastrofistas, que de esos hay muchos en el mundo, pero esa no es la manera. Los miedos no son los mejores consejeros ni serán nunca la fuente de la sabiduría para construir lo nuevo. Sabemos que la semilla sembrada en silencio es la que puede germinar para que surja una nueva planta, una nueva vida. Es por donde tenemos que caminar.

Podemos alcanzar esa sabiduría que nos hará no solo saber leer la vida, sino comenzar a poner manos a la obra para transformarla.  Podemos saber el sentido de las nubes de la vida y aprovechar la fuerza que nos viene de lo alto para generar nueva vida. Y es una tarea que no hacemos solos, porque el Espíritu del Señor está con nosotros para ser nuestra sabiduría y nuestra fuerza.

viernes, 11 de agosto de 2023

Seguir a Jesús con todas las consecuencias, una opción que tenemos que hacer en la vida, vemos lo que Jesús nos ofrece y nosotros nos decidimos a irnos con El

 




Seguir a Jesús con todas las consecuencias, una opción que tenemos que hacer en la vida, vemos lo que Jesús nos ofrece y nosotros nos decidimos a irnos con El

 Deuteronomio 4, 32-40; Sal 76; Mateo 16,24-28

En la vida tenemos que ir siempre haciendo opciones; tenemos que decidir lo que queremos, el camino que queremos tomar; escogemos y decidimos lo que nos gusta y lo que no nos gusta, lo que deseamos tener y lo desechamos porque no nos guste, porque no nos valga para lo que nosotros queremos, lo que pueda ser un obstáculo a nuestros más profundos deseos.

Decidimos y escogemos las personas, los amigos, las cosas, lo que hacemos. Claro y lo hacemos desde unos criterios, desde unos principios, porque tampoco queremos dejarnos llevar por lo primero que se nos presente, tampoco queremos hacerlo desde unos caprichos egoístas; lo que nos obliga a pensar, a reflexionar, a encontrar los más hondos motivos. No lo queremos hacer de cualquier manera.

Algunas veces escogemos un camino que sabemos que va a ser costoso; pero es por la meta a la que queremos llegar, que queremos alcanzar; somos conscientes de ello y sabemos que merece la pena el esfuerzo, lo que nos exige un camino de superación, así como de aceptación de lo que es la realidad de nuestra vida. No es simplemente aquello de que sarna con gusto no pica, sino es la búsqueda de metas, los deseos de alcanzar algo grande aunque la pendiente sea costosa; y ahí siempre queremos poner nuestra ilusión, nuestro entusiasmo y también nuestra alegría.

Entendemos así las palabras que nos dice hoy Jesús en el evangelio. Desde que comenzó a hacernos el anuncio de la Buena Noticia de que el Reino de Dios nos llegaba, nos estaba invitando a que teníamos que hacer un cambio y una transformación grande en nuestra vida, empleaba la palabra conversión. Hoy nos invita a seguirle con todas las consecuencias; es una opción que tenemos que hacer en la vida, vemos lo que Jesús nos ofrece y nosotros nos decidimos a irnos con El.

Eso significará que aquella primera petición que nos hacía de conversión para creer en la Buena Noticia que nos anunciaba tiene que hacer realidad en nosotros de forma clara y palpable. Su camino no es mirarnos a nosotros mismos para endiosarnos, su camino es una apertura a algo nuevo, a algo más grande y más alto, es una apertura nueva a los demás para mirarlos de manera distinta como tener una mirada distinta también sobre ese mundo que nos rodea y en el que tenemos que hacer realidad el Reino de Dios.

Significará más olvidarnos de nosotros mismos, para abrirnos mejor a ese Reino de Dios que hemos de vivir y en donde encontraremos la verdadera plenitud y felicidad. Significará afrontar la realidad de cada día de nuestra vida que seguirá estando llena de sombras, de momentos duros, de momentos difíciles, de momentos de lucha y esfuerzo por la superación.

Por eso nos habla de negarnos a nosotros mismos, que no es ni mucho menos anularnos, porque Dios siempre querrá la grandeza del hombre, pero es para encontrar esa verdadera grandeza. Por nos hablará de tomar la cruz, que no significa que tengamos que buscar lo duro y lo difícil, que tengamos que estar buscando el dolor y el sufrimiento, no es un martirizarnos de forma masoquista.

La cruz está ahí en el día a día de nuestra vida, porque seguirle a El no significa que ya están acalladas para siempre nuestras pasiones, no significa que no nos vayamos a enfermar o a tener accidentes en nuestra vida, no significa que no tengamos problemas  porque eso forma parte de la normalidad de la vida, pero nosotros tenemos un sentido nuevo que darle a todo eso, una fuerza distinta para afrontarlo y para superarnos.

‘Si alguno quiere venir en pos de mí, nos dice Jesús, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará’. Claro que nosotros tantas veces queremos ganar la vida con nuestros prestigios, con nuestros títulos, con el poder sea como sea, pero como termina diciendo Jesús, ‘¿pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla?’

Busquemos lo que de verdad importa, como nos dirá Jesús en otro momento, el Reino de Dios y su justicia que lo demás se nos dará por añadidura.

 

lunes, 12 de julio de 2021

Seguir a Jesús aunque nos haga entrar en caminos que parecen de contradicción no es una carga pesada sino el mayor gozo que podamos sentir en nuestra vida

 


Seguir a Jesús aunque nos haga entrar en caminos que parecen de contradicción no es una carga pesada sino el mayor gozo que podamos sentir en nuestra vida

Éxodo 1,8-14.22; Sal 123; Mateo 10, 34-11,1

Seguir a Jesús significa en muchos casos entrar en un camino de contradicción frente al mundo que nos rodea. Me gusta recordar muchas veces, sobre todo cuando nos encontramos con pasajes como éste de hoy en el evangelio, la profecía del anciano Simeón cuando fue presentado Jesús en el templo. Se alegraba el anciano porque sus ojos habían podido ver finalmente al que era la luz y la gloria de su pueblo, pero recordamos también las palabras que le dirigiría a María, la madre, hablándole de una espada que le atravesaría el alma y de que Jesús estaba puesto como signo de contradicción y frente a Jesús muchos caerán y otros se levantarán.

 Cuando nos sentimos cogidos desde nuestro corazón por la persona de Jesús todo en nuestra vida cambia, será otra la mirada con que miremos las cosas, la vida, el mundo así como la relacion con los demás y unos nuevos valores tendrán que comenzar a brillar en nuestra vida. Ya nuestra vida no es igual, nos sentimos cogidos de su amor y en ese amor lo vamos a dar todo. Por eso el seguimiento de Jesús, vivir su vida lo será todo para nosotros.

Cuando hacemos esa opción nos vamos a encontrar que hay quien no nos entienda. ¿Por qué tenemos que cambiar? Nos sentimos tan bien con lo que tenemos a pesar de que quizá haya cosas que no nos gusten, pero, como solemos decir, qué vamos a hacer, es la vida y hay que seguir la corriente. Pues bien, quien opta por Jesús no se deja arrastrar por la corriente, será fiel a un nuevo vivir aunque no nos entiendan; y ese no entendernos puede venirnos desde los más cercanos a nosotros como puede ser la misma familia.

Por eso nos dirá Jesús que su presencia puede convertirse en división, que su presencia es como un fuego renovador, pero no todos querrán dejarse quemar por ese fuego que les purifica, y entonces nos vamos a encontrar enfrente incluso a aquellos que más queremos. Y nuestra opción es por Jesús.  Y quien no está dispuesto a poner de verdad a Jesús en el centro de su corazón, como nos dice El mismo hoy, no es digno de El. Es que quien no es capaz de esa opción es que no ha terminado de descubrir la alegría y plenitud que encuentra para su vida en el seguimiento de Jesús.

Jesús está dando instrucciones a sus discípulos cuando los ha enviado a anunciar el Reino de Dios, como hemos venido escuchando estos días, y nos habla entonces de esa radicalidad con que hemos de seguirle. Pero no es una carga pesada, es un gozo, porque en todo aquello que vamos realizando estaremos encontrándonos con El; en aquellas personas con que nos encontremos que nos acojan o a los que nosotros por nuestra parte también acojamos, se está haciendo presente El. Y si así es de grande nuestro amor por El, grande tiene que ser la alegría que vivamos toda esa experiencia de encuentro con El.

Eso significará también que hasta el mínimo detalle que nosotros podamos tener con los demás o los demás tengan con nosotros tiene un valor de gracia, como nos dice hoy Jesús no quedará sin recompensa. ‘El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, sólo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa’.

jueves, 22 de octubre de 2015

El seguimiento de Jesús nos ha de prender en el fuego de su amor que purifique nuestros corazones y transforme nuestro mundo

El seguimiento de Jesús nos ha de prender en el fuego de su amor que purifique nuestros corazones y transforme nuestro mundo

Romanos 6, 19-23; Sal 1; Lucas 12, 49-53
Cuando sentimos en nuestro interior una inquietud grande por lo que va a suceder y además estamos en el deseo de que suceda de una vez aunque fueran múltiples las repercusiones que se deriven estamos como en desasosiego que nos perturba y parece que nos pudiera incluso quitar la paz. Lo deseamos aunque en cierto modo lo tratemos de repeler, estamos inquietos y nos ponemos nerviosos por las consecuencias que pudieran tener para alguien o para nosotros mismos.
Me atrevo a pensar en sentimientos interiores como estos al escuchar las palabras de Jesús hoy en el evangelio. Habla de una angustia interior y habla también de un bautismo que en labios de Jesús por otros pasajes del evangelio sabemos bien a lo que se refiere; está adelantándonos lo que será su cercana pasión y lo que va a ser su muerte; pero al mismo tiempo está dejándonos entrever como va a ser un signo de contradicción como ya lo anunciara proféticamente Simeón allá en la presentación de Jesús niño en el templo.
Por eso nos hablará de la paz y de la guerra en un lenguaje ciertamente o aparentemente contradictorio, porque si El es el anunciado como Príncipe de la paz, cómo ahora nos dice que nos traerá guerra; si El ha venido a enseñarnos que en el amor todos hemos de sentirnos unidos y en comunión cómo ahora nos está hablando de división hasta en lo más sagrado como sería el ámbito familiar.
Y es que en verdad Jesús es ese signo de contradicción pero ante el que tenemos que decantarnos, hacer una opción que tiene que convertirse en opción fundamental de nuestra vida. Y tras esa opción hemos de atenernos a las consecuencias, porque no todos lo van a entender, porque en ese círculo tan cercano a nosotros como puede ser la familia vamos a encontrar oposición que podrá crear divisiones y enfrentamientos.
Cuando hemos hecho opción por Jesús y nos hemos decidido a seguirle de verdad no podemos andar a medias tintas, sino que nuestro seguimiento tiene que ser radical, total. El ejemplo lo tenemos en el evangelio en los discípulos a los que Jesús llamó y lo dejaron todo para seguirle. Le damos nuestro sí a Jesús y ya nuestra vida tiene que ser nueva y distinta porque serán otros los valores, otro el sentido de la vida, ha de haber en nosotros ya para siempre una capacidad grande de entrega y de amor total, vamos a comenzar a ver la vida y ver a los que están en nuestro entorno de una manera distinta.
Pero como sabemos el seguimiento de Jesús no son solo bonitas palabras; van a ser unas actitudes nuevas, va a ser una nueva manera de actuar, va a ver un nuevo sentido de la vida, vamos a vivir con una nueva responsabilidad. Tiene que arder dentro de nosotros ese fuego de Jesús, ese fuego de su amor y hemos de querer en verdad que arda nuestro mundo en ese nuevo amor. Tendremos que ser capaces también de pasar por ese bautismo de pasión, de entrega, de muerte, de amor para que pueda haber pascua en nosotros y lleguemos a nueva vida.
Seguir a Jesús no es cualquier cosa; cuando seguimos a Jesús no nos podemos andar con mezquindades y raquitismos; cuando le damos nuestro sí a Jesús tiene que ser total para vivir un amor nuevo y en una vida nueva. Hemos de dejar prendernos por el fuego de su amor que purifique nuestros corazones y transforme nuestro mundo.

jueves, 24 de octubre de 2013

Fuego, bautismo, paz, división interrogantes que se nos plantean ante el evangelio

Rom. 6, 19-23; Sal. 1; Lc. 12, 49-53
Fuego, bautismo, paz, división, tres o cuatro palabras en el mensaje del evangelio que de alguna manera nos dejan con cierto interrogante dentro de nosotros buscando qué quieren significar. De alguna forma nos desconciertan si no entendemos bien su significado o el sentido de lo que Jesús quería trasmitirnos.
Nos habla de fuego en el mundo y con el deseo de que esté y ardiendo. Hablar de fuego, después de la experiencia de que se nos queman y destruyen nuestros montes y bosques nos podría estar hablando de destrucción. Sin embargo también podemos pensar en un fuego purificador ya sea el que se emplea en ciertas industrias para purificar los metales o ya sea también porque arrojamos al fuego lo que no nos vale o nos sobra por inservible; pero podemos pensar en un fuego renovador y en cierto modo creador porque trabajados a fuego de ciertos metales podemos obtener herramientas u obras de arte.
Jesús nos dice que ha venido a prender fuego en el mundo ‘¡y ojalá estuviera ya ardiendo!’ Para comenzar a entender su sentido podemos pensar en la presencia del Espíritu en Pentecostés que se manifiesta en llamaradas como lenguas de fuego que se posan sobre los apóstoles que llenos del Espíritu se lanzarán por el mundo al anuncio del Evangelio, ya aquella misma manera en las propias calles de Jerusalén.
Podemos pensar, pues, en el ardor del Espíritu que nos transforma y nos purifica, como transformó y liberó de sus miedos a los apóstoles, para enviarnos con ese fuego del amor en nuestro corazón para hacer ese anuncio de Jesús. Y con el anuncio de Jesús vendrá, pues, la transformación de nuestros corazones y la transformación de nuestro mundo. Es el deseo de Jesús, que tiene que ser también nuestro deseo de que nuestro mundo se vaya transformando en el Reino de Dios. Es la inquietud que tiene que arder en nuestro corazón y con la que tenemos que prender, contagiar a los demás, como el fuego que se va prendiendo allá por donde va y lo va incendiando todo.
Nos habla de bautismo, también con la angustia o como la prisa para que se cumpla, y pensamos en pascua y pensamos en pasión y muerte. ‘¿Podéis bautizaros en el bautismo con que yo me voy a bautizar? ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber?’ le preguntaba Jesús a aquellos dos hermanos que venían pidiendo primeros puestos. El cáliz lo tenían asegurado, el bautismo en la sangre también habían de padecerlo, pero lo de los primeros puestos había de pasar por hacerse el último y el servidor de todos, como el Hijo del Hombre que no había venido a ser servido sino a servir. Es la Pascua presente en nuestra vida, en esa ofrenda de amor que vamos haciendo de nosotros mismos.
Finalmente nos habla de paz y de división como contraponiéndolas aunque nos cueste entender que nos diga que nos ha venido a traer paz. Es cierto que los ángeles hicieron el anuncio de paz en su nacimiento y será también el saludo pascual de Cristo resucitado cuando se manifiesta a sus discípulos. Es cierto también que nos dirá en las bienaventuranzas que los pacíficos y los constructores de la paz verán a Dios.
¿Cómo entender ahora estas palabras de Jesús que anuncian división en lugar de paz? Ya nos viene diciendo en el Evangelio que ante El hay que hacer una opción radical. O estamos con Cristo o estamos contra Cristo. También el anciano Simeón allá en el templo anunció proféticamente que aquel niño iba a ser signo de contradicción y unos caerán y otros se levantarán.
Efectivamente cuando hacemos opción radical por Jesús nos vamos a encontrar mucha incomprensión en nuestro entorno, muchas veces incluso de aquellas personas más cercanas a nosotros. No todos nos van a entender. Muchos se van a poner en contra nuestra de tal manera que incluso sufriremos persecución; recordemos a los mártires de todos los tiempos. Es lo que ahora nos anuncia Jesús. Y aunque encontremos esa división, esa oposición, sí tenemos que decir, que no nos podrá faltar nunca la paz en nuestro corazón, porque realmente nos sentimos seguros de seguir a Jesús, de estar con El y de darlo todo por El. No tengamos miedo que su Espíritu estará siempre con nosotros.

Ahora sí que entendemos aquellas cuatro palabras y deseando ardientemente tendríamos que estar de que esté ardiendo nuestro corazón de amor por Cristo y nuestro mundo transformado por el Evangelio. Aunque tengamos que pasar por la pascua, por el bautismo, pero se llenará de paz nuestro corazón.