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domingo, 30 de agosto de 2026

Seguir a Jesús significa emprender el camino del amor que nos hace entregar la vida cargando con nuestra cruz para poder ganarla en plenitud

 


Seguir a Jesús significa emprender el camino del amor que nos hace entregar la vida cargando con nuestra cruz para poder ganarla en plenitud

Jeremías 20, 7-9; Salmo 62; Romanos 12, 1-2; Mateo 16, 21-27

No se me ocurre mejor ejemplo, aunque tras las consideraciones que nos vamos a hacer seguramente brotarán en nuestra mente hechos similares a lo que ahora nos vamos a referir; digo que no se me ocurre mejor ejemplo que pensar en el amor de una madre; ¿qué es lo que está dispuesta a hacer una madre por el hijo a quien ama? Lo reducimos siempre a una palabra, todo, porque podríamos decir que una madre lleva el amor en su corazón como valor y sentido de su vida y mientras no anule ese amor porque se deje vencer por el egoísmo será capaz de dar todo, hasta su vida si fuera necesario, por el hijo a quien ama; todos pensamos así como surgido espontáneamente esas noches de insomnio de una madre junto al lecho de su hijo enfermo, a lo que por supuesto podemos y tenemos que unir muchas más cosas que es capaz de hacer en nombre de su amor. Algunas veces a eso lo llamamos sacrificio, porque en cierto modo es una ofrenda que está haciendo de su vida en nombre del amor, pero la madre no ha elegido el camino del sacrificio sino el del amor, y como el amor es darse y entregarse será capaz de aceptar el sacrificarlo todo precisamente en nombre de ese amor. Y aquí muchas más cosas podríamos seguir diciendo.

He dicho de entrada que lo he escogido como ejemplo y es para que comprendamos el sentido y el valor de las palabras de Jesús hoy en el evangelio, o más aún, de su propia vida. El camino de Jesús no es otro que el del amor, es el camino que está recorriendo Él y nos manifiesta en el evangelio. Es El la gran manifestación del amor de Dios y es lo que nos quiere enseñar, pero porque es lo que está viviendo El. Es la propuesta que nos está haciendo para nuestra vida, es la propuesta del evangelio, porque lo que Él quiere es que vivamos en ese amor; es el sentido del Reino de Dios que nos está proponiendo, es el camino que El va haciendo delante de nosotros.

Pero no es fácil, no lo fue para Él, como igualmente no lo será para nosotros. Ya vemos en el evangelio el rechazo que por parte de ciertos sectores va teniendo El y su mensaje que no terminan de entender. En el fondo a nosotros nos sucede lo mismo, porque no siempre entendemos, muchas veces nos cuesta hacer el mismo camino de Jesús. El quiere ser, va a ser el gran signo de ese amor ante el mundo, aunque se sienta rechazado. Y es lo que ahora Jesús les está anunciando.

En pasajes anteriores, como escuchamos el mismo pasado domingo, se hace una proclamación de quién es Jesús., y le reconocen como el Ungido de Dios, el Mesías de Dios. Y como vemos que les costaría entender a los propios discípulos tan cercanos a Jesús., también les va a costar entender y aceptar a aquellos dirigentes de Israel. Es por lo que ahora anuncia Jesús que su subida a Jerusalén va a significar dolor y sufrimiento y aunque va a ser rechazado y llevado a la cruz, El tiene que seguir haciendo su subida a Jerusalén. ¿Es que Jesús buscar ese sacrificio y muerte en la cruz? Jesús. ha escogido el camino del amor, aunque luego ese amor venga acompañado por ese sufrimiento e incluso la muerte, porque es la prueba más grande, como nos dirá en otra ocasión, de lo que es el amor verdadero.

Pedro no lo entiende y quiere quitárselo de la cabeza, aunque me imagino al resto también pensándose mucho estas palabras de Jesús que no acaban de digerir. Y Jesús les dice que es una tentación muy fuerte, que pensando así no están pensando a la manera de Dios, porque no han llegado a entender lo que es el amor. Pero les dice algo más, si quieren ser sus discípulos, si quieren seguir sus pasos, no han de temer el camino de la cruz. Que cada uno tome su cruz, les dice, y que me siga.

Nos dice tomar nuestra cruz, a la manera como Él también carga con su cruz; la cruz de Jesús. pasa ahora por ese rechazo que va a encontrar, que incluso está encontrando en sus propios discípulos, y se va a encontrar con la violencia de este mundo que solo sabe resolver las cosas eliminando al que nos parece contrario o enemigo. Pero El aun en el momento de la cruz seguirá haciendo su ofrenda de amor, como aquel perdón que pide al Padre para aquellos que le están crucificando, o que le están negando el agua que alivie sus labios resecos por su pasión; en ese momento de la cruz seguirá haciendo su ofrenda de amor porque es así como se pone en las manos del Padre. No se está guardando la vida para sí porque no se puede encerrar el amor, porque el que entregue su vida así la ganará. Es dejarnos seducir por el amor, como nos decía el profeta, de manera que ya no podamos sofocar ese fuego que arde en nosotros.

Pero decíamos que nos dice que tenemos que tomar nuestra cruz, sí, la nuestra, la que cada uno personalmente tenemos que asumir si emprendemos ese camino del amor. No simplemente por sacrificio, sino porque hacemos entrega de nuestra vida por amor. Y la cruz la tendremos en nosotros mismos porque nos vemos tentados a abandonar, a no seguir adelante porque cuesta olvidarnos de nosotros mismos para darnos por los demás; la tendremos en nosotros mismos en tantas influencias que recibimos de todas partes para vivir la vida de otra manera; la tenemos en nosotros mismos porque nos cuesta bajar la cabeza por amor para perdonar; la tenemos en nosotros mismos en tantos fantasmas que asaltan nuestra mente proponiéndonos otras formas de ganar la vida o de disfrutar de la vida dejándonos arrastrar por nuestras ambiciones o nuestras pasiones; la tenemos cerca de nosotros en quienes quizás nos hacen la burla por nuestro sentido de vivir y nos dicen que eso de ser cristiano no es para tanto, que nos contentemos con cumplir con algunas cositas… cada uno tenemos que ver donde nos cuesta amar para darnos cuenta de donde está nuestra cruz.

¿Seremos capaces de seguir haciendo ese camino del amor que hemos querido emprender con Jesús.? Ya hemos escuchado lo que nos dice que ‘quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará’. Eso significa no amoldarnos a los criterios de este mundo, sino renovar nuestra mente para discernir lo que es la voluntad de Dios.


miércoles, 8 de noviembre de 2023

El seguimiento de Jesús no lo podemos realizar desde la superficialidad, necesitamos de lleno meternos en el evangelio para descubrir su camino

 


El seguimiento de Jesús no lo podemos realizar desde la superficialidad, necesitamos de lleno meternos en el evangelio para descubrir su camino

Romanos 13, 8-10; Sal 111;  Lucas 14, 25-33

Si no nos queremos tomar la vida a broma, las cosas tiene uno que pensárselas muy bien. No nos valen superficialidades, aunque desgraciadamente veamos mucho de eso en nuestro entorno en el mundo en que vivimos; todo lo queremos fácil, con el menor esfuerzo, que lo logremos de inmediato, y así nos va. La vida es un proyecto muy hermoso y que necesita mucha dedicación.

Normalmente si estamos proyectando algo, en lo que quizás nos jugamos nuestro futuro, algo que quizás como profesional quiere ser algo importante y en lo que de alguna manera queremos vernos reflejados nosotros y lo que somos, nuestros conocimientos y nuestras posibilidades, tendremos que dedicarle mucho tiempo para prepararlo, para estudiarlo, para poder diseñarlo bien, para tener en cuenta todas las posibilidades pero también las dificultades con las que nos vamos a encontrar, y cuando tengamos todos los estudios necesarios hechos podremos proyectarlo, podemos presentar sus planos, sus objetivos, el como lo vamos a realizar, los medios con los que vamos a contar, las previsiones de futuro.

Muy complicado me dirán algunos, pero sean unas cosas o sean otras, cuando nos lo tomamos en serio, en serio tenemos que planificarlo, programarlo para poderlo realizar. ¿Quieres hacer una casa? No son cuatro rayas más o menos bien o mal trazadas con lo que vamos a contar. Será necesario contar con muchas cosas, será necesario contar también con los técnicos que pueda proyectar esos planos y luego realizar la edificación.

No estoy complicando las cosas, no lo pienses así. Es lo que nos está diciendo hoy Jesús en el evangelio de lo que significa ser su discípulo, seguirle. Le seguía mucha gente, nos dice el evangelista. Allí cerca estaban los que ya eran sus discípulos, aquellos que le seguían más cerca, aquellos a los que había escogido y llamado de manera especial, pero también estaba la muchedumbre que se entusiasmaba con Jesús, con sus milagros, con las palabras que escuchaba, con lo que iba despertando en su corazón. Muchos le seguían de una forma muy permanente, caminando tras Jesús por todos aquellos lugares, otros le seguían ocasionalmente porque pronto tendrían que volver a sus casas y familias y a sus ocupaciones más habituales.

Y es a esos, a todos aquellos que de una forma u otra querían ir tras El, a los que ahora les plantea la seriedad de lo que ha de ser su seguimiento. No es cuestión de ratos, no es cuestión de entusiasmo un día que vemos algo extraordinario, no es cuestión de ahora sí pero ahora que se ponen las cosas más difíciles me echo a un lado. Si nos planteamos una opción por Jesús tiene que ser algo muy decisivo, muy en serio, tenemos que tener claro que es lo que significa seguirle y ser su discípulo. Como terminará explicando, es como el que va a levantar una torre y tiene que ver en qué va a consistir esa torre y los medios que va a necesitar para terminarla y no se quede a medias. ¿Nos estaremos quedando a medias muchas veces nosotros en el seguimiento de Jesús?

Por eso habla Jesús de que será necesario renunciar a cosas, será muy importante el lugar en que nos pongamos a nosotros mismos porque la opción por Jesús significa que Jesús va a ser el primero en mi vida. No voy a construir mi vida solo en torno a mi mismo, sino que voy a construir mi vida en torno a Jesús. Y Jesús tendrá que ser el centro de todo. Y han de ser los valores de Jesús por los que voy a optar, los que voy a ir copiando en mi vida para hacerme uno con ellos. Tendré que estar dispuesto a copiar la vida de Jesús en mi vida, de manera que ya no sea yo sino Cristo el que vive en mí.

Es un camino nuevo de entrega y de amor hasta el final; es un camino donde tenemos que aprender a hacernos los últimos porque el amor que se hace servicio me hará primero que nada ver a los demás, en lugar de estarme mirando a mi mismo; por eso nos habla de negación de nosotros mismos y nos habla de cargar la cruz. Es lo que hizo Jesús; es lo que nos enseñó que nos hará verdaderamente grandes. Es la disponibilidad de vaciarme de mi mismo, para llenarme solo del amor de Dios.

Y esto no son cosas que nos podemos tomar a la ligera; esto no son cosas en que solamente nos dejemos llevar por las emociones momentáneas o los entusiasmos pasajeros que pronto se va a llevar el viento; esto no es cuestión de decisiones que tomamos según sea el viento que nos toque a la manera de una veleta; esto son opciones serias que tenemos que tomar en la vida.

¿Queremos en verdad ser sus discípulos? Lejos de nosotros la superficialidad y ahondemos en el camino del evangelio.

sábado, 30 de septiembre de 2023

Nos sigue costando a nosotros también ese camino de ascesis y de superación, de crecimiento y renovación que hemos de ir realizando todos los días en el seguimiento de Jesús

 


Nos sigue costando a nosotros también ese camino de ascesis y de superación, de crecimiento y renovación que hemos de ir realizando todos los días en el seguimiento de Jesús

Zacarías 2, 5-9. 14-15c; Jr 31,10.11-12ab.13;Lucas 9,43b-45

Hay ocasiones en que no entendemos o no queremos entender. Se suele decir que no hay peor sordo que aquel que no quiere oór. Cuando nos dicen cosas que parece que nos cortan las alas, para que no volemos tanto, para que no soñemos tanto, para que pongamos los pies en la realidad, para que aceptemos que no todo en la vida son risas y fiestas, que también vendrán momentos duros, que cuando vamos con momentos muy entusiastas no siempre las cosas terminan como nosotros queremos, porque vendrán contratiempos, vendrán cosas que se nos ponen en contra, porque somos débiles y en cualquier paso podemos tener un resbalón. No es que vayamos de pesimistas por la vida pensando que siempre nos van a venir cosas malas, pero tenemos que aceptar la realidad, y si hay alguien que nos advierte, al menos tenemos que ponernos a pensar para que las aguas no se nos salgan de nuestras madres.

Hoy parece contradictorio el evangelio, porque comienza diciéndonos que la gente entusiasmada por Jesús venían de todas partes para escucharle, y a continuación Jesús comienza a anunciarles todo lo que le puede pasar cuando suban a Jerusalén. 'Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres', les dice Jesús.

Y claro, los discípulos no entendían; si la gente andaba entusiasmada por Jesús y venían de todas partes. Ellos escuchaban las alabanzas de la gente que decía que Dios había visitado a su pueblo, que un gran profeta había surgido en medio de ellos. ¿Cómo es que habla Jesús de que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres? No puede ser. Mejor no escuchar, mejor no entender para no complicarse. No se atrevían a preguntarle a Jesús que les explicara aquellas palabras.

Tenían que pararse a pensar. 'Meteos esto en la cabeza', que les decía Jesús. Tenían que recapitular todas aquellas cosas que les había enseñado, aquello que tantas veces a ellos de manera especial se los había explicado. Y Jesus les hablaba del servicio, de hacer el último para poder ser grande. Y Jesús les hablaba de que para seguirle había que darle una vuelta grande a la vida, y eso significaba cambiar muchas formas de pensar, eso significaba nuevas actitudes y posturas. Y Jesús les hablaba del grano de trigo que se entierra y muere para que pueda germinar para dar fruto. Y Jesus les hablaba de que había que hacer podas como todo buen viñador, porque muchas cosas habían de transformarse en su vida, para poder ser en verdad sus discípulos.

Pero ya sabemos que ellos seguían erre con erre con sus ambiciones y sus sueños; ellos seguían discutiendo entre ellos quien había de ser el primero y el principal; ellos ahora no podían entender aquello que les decía Jesús que el Hijo del Hombre iba a ser entregado en manos de los hombres. Es que entenderlo era darle sentido a todo aquello que Jesús les había enseñado, pero eran muchos los apegos que seguían en su corazón.

Nos sigue costando a nosotros también. Nos sigue costando ese camino de ascesis y de superación, ese camino de crecimiento que hemos de ir realizando todos los días de nuestra vida. Lo que nos cuesta esfuerzo parece que lo rehusamos, queremos que todo sea fácil, que todos quizás estuvieran de acuerdo con nosotros para no tener que enfrentarnos a momentos difíciles. El camino de la cruz no es fácil, y es el camino que hemos de estar dispuestos a asumir, porque es el camino del amor y de la entrega. Y no hay otro camino porque es como seguimos al Maestro, y tenemos que recordar que el discípulo nunca será más que el maestro.

Hay momentos de calvario que se nos presentan en la vida y puede ser que se nos vuelven amargos en nuestro corazón. Pero sabemos una cosa, en ese camino no andamos solos, en ese camino Jesús está con nosotros, porque Él es nuestro cirineo, en ese camino no nos faltará la fuerza del Espíritu, que ya nos dijo que no temieramos que nos llevaran a los tribunales y a la cárcel porque el Espíritu hablará por nosotros. Tenemos que poner más fe en las palabras de Jesús. Tenemos que fortalecer nuestro Espíritu y no perderemos la paz del corazón.


jueves, 14 de septiembre de 2023

Envueltos en el sudario de la ternura del amor con la cruz de Cristo como estandarte hemos de ser signos de vida y esperanza para un mundo que se arrastra entre sombras de muerte

 


Envueltos en el sudario de la ternura del amor con la cruz de Cristo como estandarte hemos de ser signos de vida y esperanza para un mundo que se arrastra entre sombras de muerte

Números 21, 4b-9; Sal 77; Juan 3, 13-17

Hay ocasiones en que el camino se nos hace cansino, ya sea lo largo del camino que provoca nuestros cansancios, ya sean las dificultades que nos ofrece el mismo camino que nos hace vivir una tensión continua para superar los obstáculos que nos encontramos, que nos exige un esfuerzo continuado con perseverancia para mantener los ritmos, no perder el rumbo y poder llegar un día a la meta añorada. Vienen frustraciones porque no conseguimos lo que anhelamos tan pronto como hubiéramos deseado, nos aparecen las trampas que quieren desviarnos del camino que nos obliga a estar con mucha atención en los pasos que vamos dando. Cuando parece que todo se nos vuelve en contra nos parece que somos incapaces de seguir adelante, tenemos la sensación de sentirnos derrotados y casi sentimos la tentación de abandonar. Necesitamos un estímulo, tener unas metas, saber a dónde queremos llegar, estudiar bien todas sus circunstancias.

Son cosas que nos pasan en esos caminos físicos o geográficos que tenemos que recorrer, pero somos conscientes también que esta imagen del camino y de nuestros cansancios y derrotismos nos están hablando de algo más que un camino que tenemos que recorrer y que nos pueda llevar a algún lugar; es el camino de la vida con sus luchas, son las metas que nos trazamos en la vida y que ansiamos alcanzar; nos hablan de nuestro yo interior, de los valores por los que luchamos, de los planteamientos que nos hacemos sobre lo que da sentido a nuestra vida; nos pueden hablar de nuestra fe, de nuestra religiosidad, de todo lo que es el camino del seguimiento de Jesús. 

No siempre es fácil, reconocemos, en cualquiera de los aspectos a los que nos queramos referir recorrer esos caminos que nos hemos trazado o que se han abierto delante de nosotros. Necesitamos un estímulo, una fuerza interior que arranque de los más hondo de nosotros mismos, o una fuerza sobrenatural que nos eleve y sea un auténtico viático para nuestro camino; nos anima también quienes hacen el camino junto a nosotros o quienes sabemos que lo han hecho antes que nosotros.

Hoy Jesús en el evangelio nos hace recordar aquel camino que el pueblo antiguo iba realizando por el desierto rumbo a la tierra prometida, en el que también se sentían exhaustos y además amenazados por muchos peligros, y Moisés levantó una señal en medio del campamento que les recordaba que Dios estaba con ellos y les liberaba de todos aquellos peligros que sufrían mientras hacían el camino. Va a ser una imagen que se presenta como un signo de lo que iba a suceder a quienes quisieran seguir también su camino, pero que también iban a sentir la debilidad de sus corazones para mantener su fidelidad hasta el final.

Lo mismo que elevó Moisés la serpiente en el desierto, así va a ser levantado en alto el Hijo del Hombre para que todo el que cree en Él no perezca. Es un anuncio que nos hace Jesús de lo que en verdad iba a ser la salvación que Él venía a traernos. En ese signo de la cruz levantada en alto no era una muerte más lo que íbamos a contemplar. Era la señal del amor y de la vida, porque nadie iba a tener más amor que aquel que dió su vida por aquellos a los que amaba. La cruz no será una señal cruenta de muerte, sino será un estandarte de victoria y de vida. Ese es el verdadero significado de la cruz. Es la señal del amor. Es la victoria del amor. Es el triunfador de la vida.

Nosotros miramos al que está en lo alto del madero de la cruz, no para regocijarnos de forma masoquista en una señal de sufrimiento y de muerte, sino porque a quien está en ese madero nosotros lo contemplamos vivo, vencedor sobre  el sufrimiento y de la muerte, porque lo contemplamos vivo y glorioso, triunfante en su resurrección.


domingo, 2 de abril de 2023

Desde los contrastes propios de este Domingo de Ramos entremos con intensidad en el camino de la pasión que nos conduce a la Pascua y que es el paso salvador de Dios

 


Desde los contrastes propios de este Domingo de Ramos entremos con intensidad en el camino de la pasión que nos conduce a la Pascua  y que es el paso salvador de Dios

Isaías 50, 4-7; Sal 21; Filipenses 2, 6-11; Mateo 26, 14 – 27, 66

El pórtico de la semana de pasión que se nos abre en este domingo de ramos no puede estar más lleno de contrastes. Todo parece ser una celebración de gloria tal como la iniciamos con nuestros cánticos, con nuestros Hosannas conmemorando aquella entrada gloriosa y triunfal de Jesús en la ciudad de Jerusalén.

Todo parecía como si fuera un guión previamente establecido, porque aquel Jesús que era alabado y bendecido en Galilea, recordemos las multitudes que se congregan en torno a El, recordemos el entusiasmo de las gentes cuando realizaba los signos de curación de los enfermos que admirados decían que nunca habían visto cosa igual, que Dios había visitado a su pueblo, cuántas esperanzas se despertaban en aquellos corazones rotos y llenos de sombras, y ahora su subida a Jerusalén podía parecer la culminación de todo lo vivido hasta entonces.

Jubilosa era la entrada de los peregrinos a la ciudad santa que tras el duro recorrido por el valle del Jordán subían la larga ascensión desde Jericó hasta Jerusalén. La llegada al monte de los olivos con la visión de la ciudad santa enfrente con todo el esplendor del templo en primer término era motivo de júbilo y la bajada del monte era normal que fuera entre cánticos de alegría y alabanza. En aquel cortejo se unía la presencia de Jesús con todos los seguidores que le acompañaban, con las noticias de la reciente resurrección de Lázaro hacía pocos días en Betania y todo se convirtió en una explosión de júbilo y de cánticos de alabanza. ‘Bendito el que viene en el nombre del Señor’. Algo así como una proclamación mesiánica que venía a culminar todas las expectativas y alabanzas que habían comenzado en Galilea.

Con esos sones comenzamos hoy nuestra celebración y todas las celebraciones de la pasión que van a culminar en la celebración de la Pascua en la resurrección del Señor en el amanecer del domingo. Y con esa alegría de fiesta nos queremos introducir en esta semana grande. No son días para la tristeza, aunque mucho hemos llenado de crespones negros o morados nuestros templos y hasta las mismas celebraciones. Nosotros sabemos que vamos hacia la Pascua, pero no simplemente como una fecha con la que tenemos que cumplir sino como ese paso de Dios por nuestra vida para llenarnos de vida.

Va a resplandecer en el amor, porque es lo que esta en el fondo de todo el misterio de Cristo y lo que tiene que hacerse presente en toda su intensidad en nuestra vida. Un amor que nos llenará de luz, un amor que hará brotar la esperanza, un amor que nos pone en camino de vida porque nos pone en camino de entrega hasta la muerte. Tanto amó Dios al mundo que nos entregó a su Hijo único. Es lo que vamos a contemplar. Cuando sea elevado en lo alto todos me reconocerán y comenzarán a creer. Por eso ya desde esta primera celebración miramos a lo alto, miramos a la cruz, miramos al crucificado, miramos al que se entregó para ser nuestra vida y nuestra salvación.

Pero no lo miramos como algo ajeno a nosotros, que podamos contemplar enfrente de nosotros. Es otra mirada, es otra vivencia, es otro el camino que nosotros tenemos que recorrer. Porque estamos en esa cruz, o porque miramos esa cruz que es nuestra y en la que estamos ya crucificados. Y miramos nuestros dolores y nuestras luchas, y miramos las veces que nos sentimos defraudados por dentro con nuestros fracasos pero miramos también los pasos que vamos dando a pesar del peso de la cruz porque tenemos junto a nosotros como Cireneo al mismo Jesús. Y miramos la cruz en la que tenemos que crucificarnos, porque es la que nos enseña a arrancarnos de nuestros egoísmos e insolidaridades, nos enseña a arrancarnos de las pasiones que nos dominan y nos enturbian el espíritu, porque nos enseña a comenzar nosotros también un camino de amor.

Es el recorrido que vamos a ir haciendo con toda la intensidad de nuestro amor en esta semana de pasión. Cuando vayamos mirado nuestra vida desde el prisma de la cruz de Jesús nos daremos cuenta de muchas cosas que nos pueden atormentar en nuestro interior, de muchas angustias que podemos sentir en esos que hemos vivido y nos damos cuenta que no ha sido saludable para nosotros, pero también del sentido nuevo, del sentido pascual, del sentido de esperanza con que hemos de vivir todas esas situaciones de nuestra vida. No es para hundirnos ni para desesperarnos.

Es para aprender a abrirnos a la vida. Nos arrancaremos entonces de las sombras, nos llenaremos de nueva luz. Así tendrá que brillar con luz nueva nuestra vida en la noche pascual de la resurrección del Señor. ¿Cómo será posible? Porque en ese camino, aunque a veces sea duro y doloroso, estamos viendo el paso de Dios por nuestra vida. Y los pasos de Dios son siempre salvadores.

Hagamos en verdad camino viviendo con intensidad la pasión para que haya verdadera pascua en nuestra vida.

jueves, 3 de marzo de 2022

Interrogantes que se nos plantean, caminos que se abren en la vida ante nosotros, buscamos esa luz que nos de verdadera sabiduría y plenitud a nuestro existir

 


Interrogantes que se nos plantean, caminos que se abren en la vida ante nosotros, buscamos esa luz que nos de verdadera sabiduría y plenitud a nuestro existir

Deuteronomio 30, 15-20; Sal 1; Lucas 9, 22-25

¿Qué metas tenemos en la vida? ¿Hacia donde vamos? ¿Qué buscamos? ¿Por qué y para qué vivimos? Preguntas a las que tenemos que dar una respuesta personal. Porque es mi vida, es mi vivir. Pero preguntas que pueden encontrar muchas respuestas distintas.

Pero ¿qué responderíamos de una forma personal nosotros? Algunas veces nos quedamos callados, porque son respuestas que comprometen. Es el compromiso de la vida, es el sentido de la vida, es lo que traza mi camino. Cuidado que si no damos respuestas es porque andemos desorientados, vayamos tanteando a ver lo que sale, o vayamos dando palos de ciego. ¿No crees que sería triste vivir así? Ahí tenemos que encontrar nuestra verdadera sabiduría. No es cuestión de copiar, cortar y pegar lo que otros dicen o lo que otros hacen. Mirando a los otros puede ser que se nos produzcan interrogantes en nuestro interior, mirando a los otros quizás podemos encontrar ayuda, pero es un camino que personalmente tenemos que hacer, unas repuestas que personalmente tenemos que dar.

Queremos vivir, decimos, y parece que con eso está todo dicho, pero cuando solamente decimos eso, algo quizás nos está fallando por dentro. Quizás aún no hemos encontrado esa verdadera sabiduría de nuestra vida. Será momento para detenerse, para reflexionar hondo, para buscar con ahínco, para encontrar esa luz.

Cuando estamos aun iniciando este camino cuaresmal nos hacemos estas preguntas. Queremos saber a donde queremos ir. Queremos saber, es cierto, cual es ese camino de cuaresma que estamos iniciando, pero tenemos que saber ir a lo más hondo. No es decir, bueno, como el año pasado, vamos haciendo la cuaresma y luego viene la Semana Santa  y terminamos en la Pascua. No es solo como el año pasado, es hora de seriedad y del momento presente, porque ahora las circunstancias pueden ser distintas, otros son los problemas de la vida y del mundo con los que nos vamos a encontrar, y la vida no es una simple repetición, sino que hemos de darle intensidad a cada momento. Bien distintos son los problemas que nos toca vivir este año.

‘Mira: hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal’ le decía Moisés al pueblo de parte de Dios. Habían de hacer la elección. Ante nosotros están también esos caminos. Pero tenemos que entender lo que es la vida, porque no es pensar solo en nosotros mismos, no es solo disfrutar de la manera que sea, no es simplemente dejarnos llevar por nuestro capricho o nuestra visión miope; hay que vislumbrar bien todo lo que se pone delante de nosotros para saber escoger.

Más o menos teóricamente quizá lo podemos entender, pero a la hora de vivir, a la hora de la práctica aparecen nuestras querencias, nuestros deseos, nuestras rutinas de la vida, nuestros caprichos que nos encierran, nuestras pasiones que nos desestabilizan y podemos perder la perspectiva. ¿Qué es lo que nos dará plenitud a nuestro ser, un momento de placer y felicidad o algo más hondo que podemos hacer que nos llena de verdad, y que llena de felicidad también a los que están a nuestro lado? Muchas opciones tenemos que plantearnos.

Vamos a dejarnos conducir porque quien de verdad puede iluminar nuestra vida, vamos a ponernos a la sombra de la Palabra de Dios y vayamos dando pasos de plenitud, pasos llenos de amor y de generosidad, pasos que nos abran horizontes, pasos en los que iremos encontrando ese sentido hondo de nuestro ser.

Como perspectiva tenemos la pascua. Ya en el evangelio de este primer día Jesús nos hace el anuncio de por qué sube a Jerusalén y que sentido tiene el que caminemos con El, el que queramos seguir sus mismos pasos. Por eso nos habla de tomar la cruz, pero no es porque escojamos un camino de sufrimiento, sino porque queremos escoger un camino de entrega y de amor. Cuando con seriedad queremos coger ese camino parece que todo da vueltas, que todo se nos trastoca porque nos encontramos con nuevos valores, porque nos encontraremos que aquello que parece perder la vida sin embargo es encontrarla, es recobrarla, es alcanzar verdadera plenitud. ‘Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará’.

Pero todo esto tenemos que irlo madurando en nuestro interior. Seguiremos dando los pasos de la Cuaresma, pidamos al Señor que sepamos tener un espíritu abierto a su Palabra, que nos dejemos guiar por su Espíritu y encontraremos lo que da verdadera plenitud a nuestro ser. Iremos encontrando las grandes respuestas a nuestra vida.

 

sábado, 25 de septiembre de 2021

Queremos caminar con Jesús escuchando sus palabras; no tememos subir con El a Jerusalén aunque eso signifique meternos en el misterio de la pascua

 


Queremos caminar con Jesús escuchando sus palabras; no tememos subir con El a Jerusalén aunque eso signifique meternos en el misterio de la pascua

 Zacarías 2, 5-9. 14-15c; Sal.: Jr. 31,10-13; Lucas 9,43b-45

Hay cosas que no nos gusta escuchar. Como solemos decir no nos gusta que nos digan la verdad; que nos señalen claramente lo que estamos haciendo si es correcto o no, por ejemplo. Pero aparte de esas correcciones en las que nos puede faltar humildad para escucharlas, hay también muchas otras cosas que nos gusta escuchar.

Nos gusta en ocasiones la rutina de cada día, porque así hacemos menos esfuerzo, o bien nos acomodamos a unas situaciones en que las cosas nos parecen que marchan bien, pero cuando nos dicen que las cosas pueden cambiar, que lo que ahora nos parece tan claro se nos puede volver oscuro, o en ese camino que queremos hacer donde todo queremos que nos salga bien y parece que vamos triunfando cada día más, el que nos recuerden que somos frágiles y que nos pueden aparecer cosas en la vida que nos cambien esos triunfalismos por momentos más oscuros, no queremos escucharlo.

Nos cuesta afrontar la realidad de la vida en la que siempre no todo es tan brillante, o en la que como consecuencia de lo que hacemos, incluso del compromiso bueno que queremos ir realizando podemos encontrar oposición, desencuentros, o situaciones en las que parece que todo se nos va de las manos.

Cuando emprendemos un camino de compromiso aunque en principio nos puede parecer todo bonito y que vamos encontrando buenas respuestas, tenemos que ser conscientes de que el bien va a encontrar siempre oposición, porque aquello bueno y justo que nosotros emprendemos puede desestabilizar a otros que viven en sus rutinas o sus viejas costumbres y lo nuevo que nosotros ofrecemos quizá ya no les agradará tanto porque hará que muchas cosas cambien. Ese camino bueno que nosotros emprendemos tiene también sus cuestas bien empinadas que se llenan de dificultades y nos puede exigir quizá también grandes sacrificios para poderlo lograr. Y no podemos perder la paz en el corazón, y tenemos que afrontarlo todo con todas sus consecuencias, porque tenemos que sentirnos seguros de nuestras metas, de aquello que queremos alcanzar.

Hoy Jesús quiere dejárselo muy claro a los discípulos. Ya el evangelista comienza presentándonos un panorama bonito porque habla de la admiración general por lo que Jesús hacía. Eran muchos, es cierto, los que le aclamaban, los que iban en su búsqueda, los que se quedaban alabando a Dios al contemplar las cosas que Jesús hacía, sentían admiración por sus palabras y enseñanzas porque aparecía un mundo nuevo que les llenaba de esperanza.

Pero en medio de todo eso Jesús quiere aclarar bien las cosas con sus discípulos más cercanos, porque todo aquello puede cambiar. ‘Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres’. Aquellas palabras los descolocaban; si todo iba tan bien, cómo es que Jesús va a ser entregado en manos de los gentiles. No entendían aquellas palabras ni querían entenderlas. Les daba miedo incluso preguntarle, porque si Jesús estaba diciendo esto era por algo y no querían confirmaciones de algo que no les agradaba. Como nos pasa a nosotros tantas veces.

‘Les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido, y les daba miedo preguntarle sobre el asunto’. Hay también temores que se nos meten en el alma. No siempre terminamos de comprender toda la profundidad del evangelio, de las bienaventuranzas que Jesús nos propone, del camino de superación que cada día hemos de vivir y que por eso nos habla de tomar la cruz, de negarnos a nosotros mismos, de ser capaz de venderlo todo para tener un tesoro en el cielo. Nos resultan palabras muy bonitas, pero que no somos capaces de llevarlas a la realidad de la vida de cada día, de ponerlas en práctica, y seguimos edificando sobre arena en lugar de hacer sobre roca firme; queremos confiar más en nosotros mismos y en lo que por nosotros somos capaces de hacer que tener la disponibilidad del que va solo con un manto y con el bastón pero sin ningún tesoro en el bolsillo.

No tengamos miedo al evangelio y a las exigencias que va a comportar para nuestra vida, aunque en algún momento el camino se nos vuelva oscuro o nos exija sacrificios. Queremos caminar con Jesús y queremos escuchar sus palabras; queremos caminar con Jesús y no tememos subir con El a Jerusalén aunque eso signifique meternos en el misterio de la pascua.

domingo, 12 de septiembre de 2021

No podemos vivir nuestra fe desde unos entusiasmos pasajeros sino decantándonos de verdad por el camino de Jesús que es camino de cruz y de amor

 


No podemos vivir nuestra fe desde unos entusiasmos pasajeros sino decantándonos de verdad por el camino de Jesús que es camino de cruz y de amor

Isaías 50, 5-9ª; Sal. 114; Santiago 2, 14-18; Marcos 8, 27-35

Hay momentos en que hay que hacer paradas en la vida porque son tantos los acontecimientos que nos envuelven, tantas las cosas que nos llaman la atención, que van surgiendo tantos estados de ánimo en nuestro corazón ante todo aquello que vemos, nos llama la atención y nos entusiasma, que crea como ciertas confusiones en nosotros y realmente no sabemos con qué quedarnos. Es necesario detenerse, ver que es lo principal y lo que merece la pena y decantarnos claramente por el camino que queremos seguir.

En torno a Jesús se habían ido creando sentimientos encontrados; estaba la multitud de la gente sencilla que era capaz de irse detrás de Jesús hasta los lugares más apartados, porque le entusiasmaban y daban esperanzas sus palabras al tiempo que eran curadas sus enfermedades y males y todo eran alabanzas y aclamaciones porque veían en Jesús un gran profeta y si acaso no era el Mesías, pero estaban también los que iban a la contra, los que estaban al acecho, los que iban poniendo trabas al camino de Jesús y que finalmente querían quitarlo de en medio.

Pero estaban también aquellos discípulos más cercanos que estaban siempre con Jesús, a los que El los había llamado de manera especial y a los que se revelaba especialmente en aquellas conversaciones que tenía con ellos donde les explicaba más detalladamente las cosas. Pero estos andaban también algunas veces confusos entre lo que decía la gente, lo que Jesús les explicaba y la oposición que descubrían que también había contra Jesús.

Y es Jesús, el que caminando con ellos casi en las fronteras de Palestina, allá por donde nacía el Jordán, les hace hacer ese parón. Y vienen las preguntas y las respuestas, vienen la profesiones de fe entusiastas, pero también los miedos que se les van metiendo en el alma porque lo que Jesús les va a decir ellos creen que no puede suceder.  Primero quiere Jesús que ellos le hagan como un resumen de lo que dice la gente. Que sin un gran profeta, que si alguien como Elías o los antiguos profetas, que si se parece a Juan el Bautista el que todos habían conocido allá en el Jordán, las respuestas son variadas.

Pero viene la pregunta directa. ‘Y vosotros, ¿quién decir que soy yo?’ ¿Qué piensan ustedes de mí? Y como suele suceder con las preguntas muy directas parece que nadie quiere responder; será Pedro el que se adelante a todos. ‘Tú eres el Mesías’. Otro evangelista cuando nos narra este acontecimiento pondrá palabras en labios de Jesús diciendo a Pedro que lo que ha acabado de decir no es algo solo de su propia cosecha, sino que el Padre del cielo se lo ha revelado en su corazón. Este evangelista simplemente dice que eso de esa manera no se lo comenten a nadie.

Hasta aquí estamos contemplando los entusiasmos por Jesús, aunque los discípulos también siguen aun medio confusos. Pero Jesús quiere poner los puntos sobre las ‘íes’ como se suele decir. Les ha dicho que no lo comenten con nadie, porque había un concepto de Mesías entre las gentes de aquel tiempo con una carga muy política. Era un libertador para el pueblo oprimido por los pueblos extranjeros e invasores. Pero el camino de Jesús no va por esas sendas, porque no es por esa senda por donde se ha de constituir el Reino de Dios. Es algo con otro sentido, lejano de los poderes humanos, porque es algo que tiene que sembrarse en el corazón de la persona y transformarla. Y eso sí que va a encontrar gran oposición.

‘Y empezó a instruirlos: El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días. Se lo explicaba con toda claridad…’ Pero esto era algo que les costaba entender a los discípulos y apóstoles que están cercanos a Jesús. Eso no le puede pasar. 

Y será Pedro también, el que había hecho la hermosa confesión de fe, el que se lleva aparte a Jesús para quitarle esa idea de la cabeza. ‘Tú piensas como los hombres, no como Dios’, le dirá Jesús quitándolo de su lado. Eres para mí también una tentación, como la del diablo allá en el monte de la cuarentena cuando le ofrece reinos y aclamaciones. Parece que eso es lo que quiere Pedro también. ¿No nos sucederá a nosotros de igual forma cuando nos queremos crear una cristiandad triunfalista y con las señales también de los signos del poder? ¿No serán de alguna manera también nuestros sueños?

Nos cuesta entender también lo de tomar la cruz para seguir a Jesús. Nadie nos obliga, Jesús simplemente nos invita, nosotros somos los que tenemos que dar la respuesta. Pero la respuesta se nos hace amarga en la garganta y en el corazón cuando Jesús nos habla de tomar la cruz, de negarnos a nosotros mismos, de ser capaces de perder la vida, porque es la unida forma de ganarla. Y es que Jesús nos ofrece un camino de amor y de entrega, porque será el único que salvará al mundo.

Y es que Jesús nos habla de un mundo de ternura y de cercanía, de aceptación de los demás y de comprensión incluso con sus debilidades, nos habla de un mundo de misericordia y de perdón que tenemos que saber ofrecer siempre generosamente porque es la base para lograr la paz, nos habla de un mundo del que tenemos que desterrar todo lo que suene a vanidad y a fantochada, un mundo del que desbanquemos los pedestales del orgullo y del poder avasallando a los demás, de un mundo donde vamos a aprender a valorar a los pobres, a los pequeños, a los que parece que nada cuentan porque lo importante siempre será la dignidad de la persona. Eso el mundo no lo entiende ni lo entenderemos nosotros si seguimos pensando como los hombres y no como Dios.

Muchas cosas tienen que cambiar en nuestra mente y en nuestro corazón y eso algunas veces se nos hará duro, por eso nos habla de cruz. Porque lo que hacemos es como Jesús abrazarnos a la cruz, porque nos estamos abrazando al amor y aunque parezca que muramos vamos a alcanzar lo que es la verdadera plenitud de la vida.

 

miércoles, 14 de octubre de 2020

La vida del seguimiento de Jesús no son unas recetas o unas normas de mínimos que cumplir sino un camino de amor siempre creativo con la libertad del Espíritu

 


La vida del seguimiento de Jesús no son unas recetas o unas normas de mínimos que cumplir sino un camino de amor siempre creativo con la libertad del Espíritu

Gálatas 5, 18-25; Sal 1; Lucas 11, 42-46

‘Me tienes que dar la receta’, habremos escuchado o dicho más de una vez cuando la anfitriona de la casa nos ha ofrecido una comida exquisita que ella misma ha elaborado. Que nos digan como se hace, que nos digan sus ingredientes, que nos digan los pasos que tenemos que dar y nos dirán que si lo hacemos con toda fidelidad nos saldrá a nosotros igualmente bien.

Pero no andamos por caminos culinarios sino con ello quiero expresar un poco o un mucho de lo que hacemos en la vida. ¿Qué tenemos que hacer? y queremos, sí, los detalles de lo que hemos de hacer, o mejor dicho esas cosas mínimas o indispensables para quedarnos contentos. Son actitudes y posturas que fácilmente tenemos en la vida, en que queremos lograr cosas, pero tampoco queremos complicarnos la vida demasiado y es algo así como los mínimos ‘papeles’ que necesitamos para conseguir que nos arreglen determinadas cosas o con las que queremos salir airosos en la vida sin muchas complicaciones.

Pero eso afecta a lo que puedan ser nuestros principios o postulados éticos, y como andamos en los negocios sobre el filo de una navaja para no saltarnos la ley, pero para evitar lo que nos pueda exigir demasiado. Y esto afecta a lo que es nuestra vida cristiana. Cuántas veces en nuestras prácticas religiosas estamos a ver con cuántas avemarías o padrenuestros resolvemos toda nuestra religiosidad.

Y de ahí van surgiendo tradiciones, y normas, y preceptos y reglamentos con los que llenamos la vida, pero que al mismo tiempo la vamos encorsetando y no dejamos que la fuerza del Espíritu actúe en nosotros y caminemos con el espíritu de libertad de los hijos de Dios que se guían por los caminos del amor. Y esto nos sucede hoy y ha sucedido siempre; y esto ha provocada muchas veces la frialdad con que vivimos nuestra vida cristiana y el poco compromiso al que queremos llegar; así aparecen las superficialidades y las apariencias cuando queremos dar la impresión de algo, pero en el fondo quizá no tenemos nada.

Hoy Jesús se lo echa en cara a los fariseos de los que dice que andan muy preocupados por pagar ‘el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de hortalizas, mientras, les dice, pasáis por alto el derecho y el amor de Dios’. Les echa en cara que solo busquen apariencias y honores externos buscando puestos de honor y recibir los saludos de todos en las plazas. Pero al final, ¿qué queda? Como un sepulcro sin lápida que nadie sabe quien está allí enterrado serán olvidados de todos y hasta pisoteados.

Jesús quiere prevenir a los que quieran seguirle. Bien sabemos que muchos cuando se decidían a seguirle también andaban buscando de alguna manera esa ley de mínimos. ‘¿Qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?’ era una pregunta que se repetía, era una actitud que podía estar en lo profundo de los que querían seguirle, por eso Jesús les habla de las exigencias de su seguimiento y que seguirle a El no es ir en búsqueda de esos honores y esos aplausos.

Jesús quiere prevenirnos hoy también a nosotros porque algunas veces podríamos pensar que porque somos cristianos y seguimos a Jesús a nosotros siempre tienen que salirnos las cosas fáciles, nosotros no vamos a tener problemas y dificultades. No es eso lo que nos garantiza Jesús aunque nos dirá que alcanzaremos la vida eterna. Pero nos habla de las exigencias que tiene que haber en nuestra vida en que tenemos que saber también tomar el camino de la cruz, pero nos habla de un sentido nuevo de vivir donde ni buscaremos puestos de honor ni grandezas humanas. Entre nosotros no cabe el estilo del mundo lleno de vanidades y de pedestales; nuestro estilo ha de ser siempre el del servicio y el del amor. Por eso nos dirá que tenemos que aprender a hacernos los últimos y los servidores de todos.

La vida cristiana no son unas recetas donde todo está bien especificado ni unas normas de mínimos que nos contentamos con cumplir. Es un camino de amor, es un camino abierto, es un camino lleno de creatividad como siempre lo es el amor y donde siempre surgirá la iniciativa nueva de cómo mejor servir al prójimo.

viernes, 19 de abril de 2019

Camino de viernes santo que es camino de pascua, de paso del Señor por nuestra vida y nuestra historia, que nos llevará a la definitiva pascua de la resurrección

Camino de viernes santo que es camino de pascua, de paso del Señor por nuestra vida y nuestra historia, que nos llevará a la definitiva pascua de la resurrección

Juan 18, 1 - 19, 42
‘¿A quién buscáis?... A Jesús, el Nazareno’. Es el diálogo repetido en la pregunta cuando los enviados de los Sumos Sacerdotes van a prender a Jesús en el huerto de Getsemaní.
‘¿A quién buscáis?’ puede ser la pregunta que hoy también se nos hace o tenemos que hacernos en lo más profundo de nosotros mismos. ¿A quién buscamos? Es algo así como la pregunta que un día Jesús les hiciera a los discípulos allá junto a Cesarea de Filipo en alta Galilea. ‘¿Quién dicen que soy yo?... y vosotros ¿quien decís que soy yo?’
La escena de la pregunta de ‘¿a quién buscáis?’ se desarrolla en el Huerto de Getsemaní. Fue el principio de un camino que nosotros en este día del Viernes Santo tenemos que tratar de seguir, porque también nosotros buscamos, porque también nosotros nos preguntamos, porque tenemos que llegar a descubrir de verdad quien es Jesús. Es un camino de contemplación el que tenemos que realizar en este día hasta que lleguemos a contemplarlo en la Cruz.
Lo contemplaremos en casa de Anás o de Caifás, o ante el Sanedrín. Allí se suceden las acusaciones y las preguntas mientras lo contemplamos maniatado como a un malhechor. ‘En medio de vosotros estaba, hablaba en vuestras plazas y en vuestras calles, en las sinagogas o en la explanada del templo, y no me prendisteis y ahora salís a mi encuentros con espadas y palos como si fuera un malhechor’, les responde Jesús. En medio de ellos había estado y no habían querido reconocerle y ahora le preguntan si El es el Hijo de Dios, para escandalizarse por su respuesta.
Nos habla a nosotros en todo momento y en toda ocasión, allá en lo más hondo de nuestro interior o a través de tantas mediaciones y sin embargo cuántas veces no hemos querido escucharle, tenemos que reflexionar para dentro de nosotros mismos.
Y ¿cómo y en dónde ahora le buscamos? Nos ha señalado tantas veces donde tenemos que buscarle porque en el caído al borde el camino tenemos que saber descubrirle, porque en el hambriento o el sediento que llega a nosotros tendiéndonos la mano, en el que está postrado en su sufrimiento o se encuentra en la más terrible soledad El ha querido que sepamos verle, y ahora quizá nos quedamos extasiados ante las imágenes de nuestras procesiones quedándonos quizá en emociones sensibleras que solo duran un instante.
Sigamos haciendo el camino que hizo Jesús desde aquella madrugada del primer viernes santo de la historia. Pero entremedio se entremezclan otras escenas. Allá está Pedro en el patio entre los criados y los que habían salido a prender a Jesús porque quiere estar cerca de lo que pueda suceder con Jesús. Ha sido como meterse en la boca del lobo  porque lo reconocen y surgen las preguntas comprometedoras. ‘¿No eres tú uno de los que seguían a este hombre? ¿No te vi con El en el huerto de los olivos?’ Y ya conocemos la reacción cobarde de Simón Pedro. ‘Yo no conozco a ese hombre… y cantó el gallo’.
Como si de un despertador se tratara necesitaríamos quizá nosotros quien nos recuerde nuestras negaciones y cobardías. Cuántas veces también escurrimos el bulto, hacemos como si no fuera con nosotros cuando se habla mal de la Iglesia o de la religión, cuando tenemos que tomar posturas valientes para defender unos valores, cuando vemos a quien sufre vejaciones a nuestro lado y nosotros no queremos enterarnos. Forma parte todo esto de la pasión de Cristo que se está también desarrollando en nosotros.
Y lo contemplaremos en el palacio de Pilatos donde le han llevado para juzgarle y condenarle. Con detalle podremos seguir los diálogos que allí se desarrollan leyendo las páginas del evangelio. ¿A quién preferís? ‘¿queréis que os suelte al rey de los judíos? les pregunta Pilatos. Prefirieron a Barrabás. ‘He aquí al hombre, he aquí a vuestro rey’, les presenta Pilatos a Jesús coronado de espinas después de la burla de los soldados. No reconocieron a quien habían querido aclamar como rey allá cuando lo de la multiplicación de los panes. No recordaban los sucedido pocos días atrás cuando le habían aclamado como el Hijo de David cantando hosannas en su honor en la bajada del Monte de los Olivos y en la entrada de la ciudad santa. Ahora gritaban las piedras, ‘¡crucificalo!’
Cuantas mezclas vamos haciendo en la vida en nuestra incongruencia. Igual que vamos a unas manifestaciones religiosas y nos exaltamos con nuestros cánticos, luego  nos manifestamos contra la vida, nos dejamos arrastrar por nuestras violencias en gestos y en palabras, o nos alegramos con los males que puedan hacer sufrir a la Iglesia en persecuciones sutilmente encubiertas, pero persecuciones en fin de cuentas. Las incongruencias de la vida, la falta de autenticidad de los cristianos que no sabemos defender los verdaderos valores frente a los anti-valores que nos ofrece el mundo muy sutilmente encubiertos como si fueran los verdaderos deseos de una humanidad más justa.
¿A quién buscamos, cómo lo buscamos o dónde lo buscamos?, sigue siendo la pregunta que nos hacemos hoy. Lleguemos hasta el calvario, lleguemos hasta la cruz. Aquella cruz a la que va como abrazado cuando la carga sobre sus hombros por las calles de Jerusalén, calle de la amargura que desde entonces así la llamamos.
Abrazado a la cruz, como luego clavado en ella en lo alto del calvario, lo contemplamos. Abrazado a nuestra cruz, abrazado a nuestras amarguras y sufrimientos, abrazado a la pasión que vamos viviendo en la vida nosotros y tantos que lloran lágrimas de sufrimiento, de desesperación en ocasiones ante los problemas, los contratiempos de la vida, la dificultades con que nos vamos encontrando, las persecuciones, burlas, discriminaciones que van sufriendo quizá desde nuestra parte cuando no los aceptamos por las mil razones que tantas veces nos buscamos, cuando despreciamos o queremos apartarnos de nuestro lado a los que no nos gustan… Ahí lo contemplamos abrazado, clavado a esa Cruz que es nuestra cruz, o la cruz de todos los que sufren injustamente en nuestro mundo.
No tengamos miedo de mirar a lo alto de la cruz. Levantemos nuestra mirada a quien de ella pende, porque ya nos dijo que cuando fuera levantado a lo alto, atraería a todos hacia El. Miremos a lo alto de la cruz y contemplemos, sí, a Jesús Nazareno, al que hemos querido ir siguiendo a lo largo del camino de la pasión, aunque aún muchas más imágenes tendríamos que contemplar. Porque tenemos que mirarlo a El para reconocerle, pero mirarlo tal como está abrazado a nuestra cruz, a nuestras angustias, a nuestros sufrimientos, para saber reconocerle en quienes viven sus vidas abrazados a una cruz, porque es ahí donde quiere que le miremos y le honremos.
Hermoso camino de viernes santo que hemos de hacer, no solo hoy sino cada día de nuestra vida. Será siempre un camino de pascua, porque es un camino donde podremos descubrir el paso del Señor por nuestra vida y por nuestro mundo. Será el camino que nos lleve a la verdadera pascua, en el que al final podremos cantar la alegría del triunfo de la resurrección.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Celebrar que Jesús es el Rey y Señor nos tiene que hacer pensar de cuantas cosas hemos de despojarnos para que seamos en verdad signos de ese Reino de Dios


Celebrar que Jesús es el Rey y Señor nos tiene que hacer pensar de cuantas cosas hemos de despojarnos para que seamos en verdad signos de ese Reino de Dios

Daniel 7, 13-14; Sal. 92; Apocalipsis 1, 5-8; Juan 18, 33-37

‘¿Eres tú el rey de los judíos?’ es la pregunta del gobernador a quien traían acusándolo de proclamarse el rey de los judíos. Pero quizá Pilatos estaría preguntándose en su interior qué fundamento tenía aquella acusación porque no había oído hablar él con todos los medios de información que tenia de revueltas ni revoluciones, de luchas ni de ejércitos derrotados porque sus legiones en nada de eso habían participado desde que de alguna manera habían sentado sus dominios sobre aquella tierra. Sabía, es cierto, que aquella tierra era levantisca, que grupúsculos de celotes hacían sus escaramuzas y soliviantaban a la gente, pero de éste que ahora presentaban nada sabía.
Las respuestas de Jesús nada le ayudaban. ‘¿Lo dices por ti mismo o porque otros te lo han dicho de mi?’, había sido la respuesta. ‘¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí: ¿Qué has hecho?’, sería la réplica de Pilatos. Seguía sin entender. Y ahora Jesús le habla de reinos de otros mundos, de reinos que no necesitan ni de guardias ni de ejércitos, y le habla de la verdad. Dados eran los romanos también a las filosofías por eso cuando Jesús le habla de que es Rey porque para eso ha venido al mundo, para ser testigo de la verdad, no quiere meterse en esos berenjenales, y aunque hace la pregunta no espera por la respuesta, ‘¿y qué es la verdad?’.
A quien medianamente fuera capaz de seguir lógicas humanas le resulta incomprensible que acusen a Jesús de querer hacerse rey, y rey a la manera de los poderes de este mundo. Mucho les había repetido Jesús a los discípulos que le seguían de cerca, que ni se preocuparan de primeros puestos ni de poderes, aunque en el corazón de ellos tuvieran esa ambición, y que entre ellos seria grande de verdad el que fuera capaz de hacerse el último y el servidor de todos. ‘No podéis hacer como hacen los poderosos de este mundo’, viene a decirles Jesús.
Por otra parte si en alguna ocasión las gentes se habían entusiasmado con Jesús y habían querido hacerlo rey, como allá en el descampado cuando lo de los panes, él se había ido solo a la montaña apartándose de aquella multitud enardecida y a los discípulos más cercanos los habían enviado de vuelta a Cafarnaún metiéndolos en una barca. Por otra parte si hace pocos días habían cantado hosannas y aleluyas en su honor en la bajada del monte de los Olivos y entrada en la ciudad, humilde se había presentado simplemente montado en un borrico, que no es animal que precisamente nos hable de poder, sino más bien de trabajo y de servicio.
Hemos de tener en cuenta todas estas cosas para entender lo incomprensible de este episodio ante Pilatos y podríamos recorrer más páginas del evangelio recordando el sentido que El le daba al Reino de Dios anunciado y que nos lo reflejaba en las diferentes imágenes de las parábolas, o recordando como nos deja como distintito el amor, un amor universal también a los que nos consideren enemigos y donde el perdón tenia que ser siempre un presupuesto principal.
El Reino de Dios, porque es a quien tenemos que proclamar en verdad como Señor y centro de nuestra vida, va por otros derroteros que no se apoyan en el poder, la superioridad, las grandezas humanas ni las vanidades que nos llenen de oropeles. Aunque tenemos que reconocer que sigue siendo una tentación para los que seguimos a Jesús en todos los tiempos y también podemos tenerla en nuestro tiempo de querer hacer del grupo de los queremos seguir a Jesús, un manifestación de poder y de grandezas humanas, que ya nos hemos rodeado de demasiados brillos de joyas y grandezas queriendo equipararnos incluso con los poderosos de este mundo. Y Jesús bien nos previno para que no cayéramos en esa tentación.
El reino de Dios ha de pasar por caminos de sencillez y de humildad como el de Belén, de generosidad y de servicio como el de la ultima cena donde veremos a Jesús postrado a los pies de los discípulos para lavárselos, caminos que no son ajenos a la entrega hasta el limite sin limites de dar la vida aunque vayan aparejado con el dolor y el sufrimiento como es el camino del calvario y de la cruz. Su reino es verdad no es a la manera de los reinos de este mundo.
Tiene la Iglesia que terminarlo de entender de una vez por todas. Cuando digo la Iglesia enseguida pensamos en la Iglesia institución, que también, sino en la Iglesia que somos todos los que seguimos a Jesús. Porque no lo entendemos seguimos nosotros como aquellos primeros discípulos dándonos codazos los unos a los otros, porque no nos aceptamos, porque no valoramos lo que los otros puedan hacer, porque siguen existiendo ambiciones y sueños en nuestro corazón que están bien lejos de los caminos del Evangelio.
Por ahí van nuestras divisiones, por ahí va nuestra incapacidad para perdonar, por ahí van las discriminaciones que seguimos haciéndonos los unos a los otros, por ahí va que sigamos nosotros mirando de reojo, no comprendiendo lo que los otros de bueno pueden hacer, con nuestras suspicacias y desconfianzas, con nuestras carreras para ver quien está más alto o viste mejores ropajes.
De cuantas cosas tenemos que despojarnos cuando queremos celebrar de verdad esta fiesta de Cristo Rey. Es que tienen que rechinar muchas cosas, cuando vemos a Jesús ante Pilatos despojado de todo y diciéndonos que El es Rey, mientras nosotros seguimos con nuestros orgullos y vanidades de todo tipo. Es incomprensible que celebremos así la festividad de Jesús Rey del Universo.
¿No tendríamos que pararnos a pensar un poquito en todas estas cosas? A alguno, o a muchos, le arderá y le dolerá la conciencia y queremos quitarnos esas ideas de encima, como Pedro que quería quitarle a Jesús de la cabeza la idea de que tenía que ir a Jerusalén donde sería entregado en manos de los gentiles que le darían muerte. Nosotros tenemos que escuchar bien las palabras de Jesús y aunque nos cueste este camino mirar que detrás de la cruz siempre estará la resurrección y la vida.