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sábado, 26 de septiembre de 2026

Tenemos que convencernos que la Pascua va a estar siempre presente en nuestra vida para que no nos desinflemos ni perdamos la serenidad del corazón

 


Tenemos que convencernos que la Pascua va a estar siempre presente en nuestra vida para que no nos desinflemos ni perdamos la serenidad del corazón

Eclesiastés 11, 9 – 12, 8; Salmo 89; Lucas 9, 43b-45

Si todo estaba marchando tan bien, nos decimos, cuando vemos a veces que las cosas se tuercen, que comienzan a aparecer los problemas y los contratiempos, que quizás ya no somos tan bien aceptados como lo éramos antes, que hay alguien que parece que siempre está a la contra; sucede en los ámbitos por ejemplo de acción comunitaria o social, pero nos puede suceder incluso entre los más cercanos a nosotros que parece que comienzan a alejarse o que tomas otros rumbos en la vida; o nos sucede en el ámbito de nuestra vida personal, con nuestros compromisos personales, con el espíritu de superación y crecimiento en el que vivimos, en las tareas que emprendemos o los trabajos que realizamos, las cosas no salen tan bien como antes, ahora nos sentimos más cansados y hasta parece que hemos perdido la ilusión, nos sentimos que no somos comprendidos incluso por aquellos más cercanos a nosotros porque se trazan sus planes que no son lo que realmente nosotros buscamos o pretendemos y así en muchas situaciones más.

Nos preguntamos el por qué de estas nuevas situaciones, de estos cambios, de esos derroteros que nos parece que nos llevan al fracaso y así muchas cosas más. Los caminos no parecen tan llanos. Y eso son cosas que nos encontramos así todos los días por un lado o por otro. Muchos interrogantes quizás se acumulan en nuestro interior porque nos cuesta asumir cuanto nos está sucediendo o nos pudiera suceder.

Es lo que se nos está planteando en el evangelio con Jesús. Mucha gente lo sigue entusiasmada. Hemos escuchado estos días cómo la gente lo seguía y se deshacía en alabanzas. En las preguntas que Jesús les hace a los discípulos vemos como un resumen en las respuestas variadas que estos le dan. Pero Jesús sabe muy bien que pueden ser momentos de fervor y entusiasmo que ante cualquier contrariedad pronto se pueden desinflar. Como nos sucede a nosotros, como vemos que sucede en muchas ocasiones en el ámbito de la Iglesia, momentos fervorosos que pueden ser antesala de turbulencias y contratiempos.

Por eso Jesús quiere abrirles bien los ojos a los discípulos, por una parte preparándolos para todo lo que va a suceder y sus posibles reacciones como veremos cuando llegó el momento de la pasión y de la muerte, pero también preparándonos para que lo que puede ser el camino de la Iglesia. Ha sido así a lo largo de los siglos, pero todos conocemos situaciones así en nuestras parroquias y en nuestras comunidades. El globo se puede desinflar ante cualquier pinchazo, pinchazo ocasionado en muchas ocasiones por nuestra misma debilidad y por la falta de comprensión que manifestamos tantas veces ante la debilidad de los demás.

Jesús. les habla claramente de cuanto puede sucederle al Hijo del hombre, de cuánto va a ser su vida de pascua y de pasión cuando sea entregado en manos de los gentiles. Cuando las cosas nos parece que marchan esplendorosas cuánto nos cuesta aceptar estos anuncios, cuánto nos cuesta pensar en esos momentos oscuros que nos pueden sobrevenir, cuánto nos cuesta aceptar lo que se pascua en nuestra vida. Para los momentos en que planeamos sin ninguna dificultad parece que si estamos preparados, pero para las pruebas pensamos que eso no nos va a tocar nunca a nosotros y prescindimos de esos nubarrones oscuros que pueden descargar sobre nosotros.

Por eso dice el evangelista que a los discípulos les costaba entender estas palabras de Jesús. Y así estarían hasta que sucediera que entonces se dispersarían o se refugiarían en el vernáculo esperando que escampara la tormenta y vinieran nuevos momentos de calma que tampoco imaginaban cómo podrían ser. ‘No entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto…’

Los miedos siguen perdurando, las oscuridades siguen acompañándonos, los sentidos indescifrables siguen estando presentes, permanecen las dudas en nuestro corazón que no sabemos cómo resolver. ¿Cómo nos aplicaremos todo esto a nuestra vida? Es la realidad en la que tenemos que dar testimonio, son las seguridades que necesitaremos, ¿sabremos escoger el camino que nos ha trazado Jesús? ¿Qué nos sigue diciendo el evangelio? ¿Seremos también de los que nos desinflamos fácilmente? Tenemos que convencernos que la Pascua estará siempre presente en nuestra vida.


lunes, 16 de marzo de 2026

El camino de la vida, el camino de la fe, ante el que no nos quedamos en la pasividad que nos llevaría a la decadencia, un camino con riesgos pero lleno de mucha confianza

 


El camino de la vida, el camino de la fe, ante el que no nos quedamos en la pasividad que nos llevaría a la decadencia, un camino con riesgos pero lleno de mucha confianza

Isaías 65, 17-21; Salmo 29; Juan 4, 43-54

La vida para vivirla en intensidad necesita que nos pongamos en camino; no puede ser algo estático ni pasivo porque una actitud así merma nuestra vida. No puede ser nunca quedarnos pasivamente que todo nos lo den hecho o que de una forma mágica lleguen las cosas a nuestras manos; muchos juegan a la suerte, y no es solo es esa locura en la que vivimos en medio de sorteos esperando siempre que nos sonría la suerte, y esas nuevas servidumbres y dependencias pueden ser signo de esa pasividad con que vivimos la vida; que nos toque la suerte, que por suerte nos salgan las cosas bien, pero rehuimos el esfuerzo, el ponernos en camino, el querer buscar algo mejor o cómo desarrollarnos mejor.

Las pasividades nos hacen caer en decadencia, lo vemos en la historia cuando los pueblos se han dormido en sus laureles que detrás vendrá enseguida la dependencia, pero lo habremos experimentado más de una vez en la vida, en esa pasividad no nos esforzamos, no buscamos, no luchamos, terminamos en nuestras rutinas, la tibieza, la frialdad que nos dejará helados al fin.

Hoy el evangelio nos habla de caminos y de caminantes; será Jesús que viene desde Jerusalén atravesando Samaría hasta llegar a Galilea y nos mencionará incluso aquel lugar, Caná, donde Jesús hizo su primer milagro. Pero nos encontramos con alguien más que está en camino, aquel hombre principal con un hijo enfermo que viene a buscar a Jesús. Querrá que Jesús baje con él a Cafarnaún para curar a su hijo, pero Jesús le dice que su hijo vive.

¿Se fiará aquel hombre de la palabra de Jesús? Podría haber pensado que eran bonitas palabras de Jesús, poco  menos que para quitárselo de en medio. ¿Qué hará? ¿Confiará en la palabra de Jesús y se arriesgará a bajar solo con la incertidumbre de si en verdad su hijo se ha curado? Son tantas palabras bonitas que a veces nos decimos para quitarnos de encima a quienes nos pueden resultar pesados. Pero aquel hombre que con fe había acudido a Jesús ahora se fía de la palabra de Jesús y se pone en camino. Le saldrán al encuentro sus sirvientes para anunciarle que su hijo está curado.

Ha hecho un camino de fe, que también tiene sus riesgos pero también ha sabido obrar con confianza; un camino que muchas veces nos cuesta hacer, porque más que la confianza parece que utilicemos más la exigencia, o el palpar con nuestras propias manos el resultado de aquello que buscamos; pero también tenemos que dejarnos envolver por el misterio, no buscando lo mágico, sino sabiendo abrir los ojos a la fe, abrir los ojos con fe para ver lo nuevo que se nos puede ofrecer, lo que es lo verdaderamente importante, pero para decidirnos a emprender ese camino aunque nos cueste, con subidas y con bajadas, pero un camino en que tenemos la certeza de la presencia de Jesús, nos confiamos con toda seguridad en su Palabra, seguimos en nuestro camino de búsqueda donde se nos pueden abrir nuevos caminos.

Un camino que tendrá sus subidas y bajadas, como tendrá sus lugares oscuros, en los que nos aparecerá la incertidumbre y el miedo, donde a veces parece que se nos viene el mundo encima con los problemas, con los sufrimientos, con tantas angustias que nos pueden ir apareciendo en la vida. Pero no nos quedaremos en la pasividad, podremos alcanzar aquello que ansiamos y buscamos, aquello por lo que luchamos, no será en el momento que nosotros desearíamos, pero Dios nunca nos falla.


sábado, 27 de septiembre de 2025

Escuchemos sin temor ni complejos las palabras de Jesús y asumamos cómo tenemos que vivir la Pascua y proclamar los valores del evangelio hoy en nuestro mundo

 


Escuchemos sin temor ni complejos las palabras de Jesús y asumamos cómo tenemos que vivir la Pascua y proclamar los valores del evangelio hoy en nuestro mundo

Zacarías 2, 5-9. 14-15c; Jr. 31,10.11-12ab.13; Lucas 9,43b-45

Cuántas veces nos sucede que presentimos que algo nos va a suceder y que quizás no sea agradable, pero no queremos pensar en ello; es como cuando una grave enfermedad nos afecta o afecta a alguien de nuestra familia y que quizás pueda ser presagio de una muerte que se acerca, o tenemos un familiar enfermo muy grave donde parece que se ha perdido toda esperanza, pero ni queremos pensar, ni queremos reconocer, ni queremos hablar de ello, nos lo queremos ocultar a nosotros mismos, pero también queremos como ocultarlo a los familiares que nos rodean sobre todo a los que nos parecen más sensibles, como lo ocultamos de todas formas a quien precisamente esta sufriendo o pasando por ese proceso; no queremos hablar, no queremos pensar, no queremos preguntar, queremos poner como un tupido velo, no queremos aceptar la realidad.

¿Es parte de nuestra debilidad humana? ¿Nos faltará la entereza necesaria para afrontar esos momentos? ¿Serán miedos que persisten en nuestra vida? Ahí queda ese pensamiento con esos interrogantes, que quizás algunas veces no nos queremos plantear. Daría mucho que pensar y reflexionar. ¿Qué tendríamos que hacer?

Nos vale esta experiencia bien frecuente en nuestra vida para entender lo que hoy nos dice el evangelio. Este episodio es como continuación de lo que ayer escuchábamos con la confesión de fe de Pedro ante las preguntas de Jesús. Pero no quiere Jesús que, de alguna manera, se les caliente la cabeza y se sientan inclinados a los triunfalismos. La respuesta de Pedro diciendo que Jesús era el Mesías entraba dentro de las esperanzas del pueblo de la pronta venida del Mesías prometido. Cercanas estaban los anuncios del Bautista en el Jordán diciéndonos lo cerca que estaba, pues en medio de ellos estaba y no lo habían sabido reconocer. Ya sabemos el sentido que le daban al Mesianismo en aquellos tiempos y hablar del Mesías les hacía pensar en cercanos triunfos y entrar en esa órbita de triunfalismo.

Ese no era el verdadero sentido del Mesías y Jesús quería dejarlo bien claro a sus discípulos. Por eso les habla de entrega y de muerte, porque esa además la realidad que tenían que afrontar y para lo cual Jesús quería prepararles. Ya escuchamos en el evangelio esos diversos momentos en que Jesús va haciendo ese anuncio. Pero siempre sucede lo mismo, los discípulos no entienden, y no se atreven a preguntar como sucede ahora también. ¿No es lo que nos pasa a nosotros en muchas situaciones duras de la vida?

Hoy mismo nosotros querríamos mejor una vivencia de cristiandad abocada también a muchos triunfalismos, que todo nos marchara bien, que nuestras Iglesias se llenen de nuevo de mucha gente, que podamos tener celebraciones esplendorosas, que podamos sacar de nuevo nuestras galas a la hora de hacer nuestras manifestaciones religiosas.

Pero ¿cuál es la verdadera realidad que estamos viviendo? No quiero andar con pesimismos porque mi fe me induce a ser positivo en la vida y a no perder nunca la esperanza, pero constatamos que en mucho a nuestro alrededor ya los valores cristianos no cuentan, aunque incluso tengamos magníficas y esplendorosas procesiones o la gente siga acudiendo a muchos santuarios religiosos. Pero hemos ido perdiendo ese sentido cristiano de la vida que ya no termina de impregnar la vida de nuestra sociedad, hay como un nuevo ateísmo a nuestro alrededor, mucha indiferencia y poco entusiasmo por nuestra fe.

Pero algunas veces cerramos los ojos y no queremos reconocerlo, y no somos capaces de volver a sacar toda esa energía interior para seguir proclamando el evangelio entre quienes nos rodean; nos falta compromiso, nos falta valentía, nos dejamos engullir por el materialismo y el sensualismo reinante en nuestra sociedad y no terminamos de hacer aflorar nuestros valores cristianos. Seguimos demasiado pasivos y sin esa valentía que nos tiene que dar nuestra fe para anunciarla con energía a nuestro mundo.

Pero lo malo es que no nos gusta ni pensar en ello, seguimos con nuestros miedos y nuestros complejos, no damos el paso adelante que tendríamos que dar, aunque tengamos que nadar a contracorriente en el mundo en que nos ha tocado vivir.

Escuchemos sin temor las palabras de Jesús y planteémonos seriamente como tenemos que asumirlas y hacerlas realidad en nuestra vida.


miércoles, 2 de abril de 2025

Camino cuaresmal que es camino pascual, camino en que renovamos nuestra fe en Jesús por quien pasamos de la muerte a la vida

 


Camino cuaresmal que es camino pascual, camino en que renovamos nuestra fe en Jesús por quien pasamos de la muerte a la vida

Isaías 49,8-15; Salmo 144;  Juan 5, 17-30

En el complejo mundo de nuestras relaciones humanas y sociales hay una serie de connivencias, de protocolos sociales podríamos decir, que respetamos y valoramos como algo fundamental para mantener esas mutuas relaciones. El que ha recibido un poder (notarial) de alguien va a actuar ante nosotros como un representante válido y como voz de aquel que le dio tal poder; a quien aceptamos como intermediario en cualquier tipo de intercambio le respetamos y valoramos su palabra y su intervención para lograr aquello que pretendemos por ejemplo intercambiar; quien viene como embajador representante de un gobierno o un país extranjero lo respetamos, lo escuchamos porque sus palabras son las de aquel gobierno o país que representa, es el enviado de aquel país. Y así podríamos poner muchos ejemplos.

Jesús hoy en el evangelio nos está diciendo que es el enviado del Padre y nos repetirá en muchas ocasiones que El hace y dice lo que recibió del Padre. Palabras, como vemos hoy, que son difíciles de aceptar para los judíos y que le van a conducir al rechazo que de ellos, de sus autoridades y dirigentes va a recibir. El pueblo sencillo que tiene otra sintonía para conocer las cosas de Dios sí proclamará en muchas ocasiones ante el actuar de Jesús que Dios ha visitado a su pueblo. Lo reconocen como profeta, y profeta es el enviado de Dios que habla palabras de Dios, y dirán de Jesús que es mucho más. Por supuesto que Jesús es mucho más que un embajador o un apoderado, porque es el Hijo de Dios, el Hijo del Padre que nos hace partícipes de la vida de Dios.

Jesús nos lo reflejará en aquella parábola en la que nos habla de la viña preparada por su dueño y que confía a unos agricultores, pero que a la hora de rendir cuentas se negarán a recibir a los criados enviados por el amo maltratándolos e incluso cuando les envía a su hijo lo matarán arrojándolo incluso fuera de la viña. Un resumen, podríamos decir, de lo que fue la historia de la salvación en aquel pueblo, que al final rechazará al enviado de Dios.

Jesús es el Hijo que habla las palabras del Padre, Jesús eses el Hijo que no hace sino lo que el Padre quiere, Jesús es el Hijo que nos va a enseñar una nueva forma de relacionarnos con Dios porque en El a nosotros también nos hace hijos y también nosotros podemos llamarle Padre. ‘Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió’, termina diciéndonos hoy en el texto del evangelio que hemos escuchado.

Por eso anteriormente nos había dicho: ‘En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro’.

Así se nos manifiesta Jesús. Así hemos de poner toda nuestra fe El. Es el camino de vida, es el camino de la salvación, es la buena nueva que nos ofrece el Evangelio. ‘En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida’. Es el camino que hemos de recorrer, por lo que tenemos que esforzarnos, la manera de abrir nuestro corazón a Dios y nos podremos llenar de vida.

Creer en Jesús es pasar de la muerte a la vida. Creer en Jesús es vivir la Pascua, sentir como desde lo más hondo de nosotros mismos nos transformamos y nos sentimos con nueva vida. Es el camino que ahora en esta cuaresma estamos haciendo para que la Pascua se haga realidad en nuestra vida. Camino cuaresmal que es camino pascual.

domingo, 16 de marzo de 2025

Vayamos con Jesús a la montaña de la oración y no nos quedemos adormilados en nuestras rutinas, seamos capaces de vivir esa experiencia de transfiguración en el Señor

 


Vayamos con Jesús a la montaña de la oración y no nos quedemos adormilados en nuestras rutinas, seamos capaces de vivir esa experiencia de transfiguración en el Señor

Génesis 15, 5-12. 17-18; Salmo 26; Filipenses 3, 17 – 4, 1; Lucas 9, 28b-36

Hay momentos en la vida que son para nosotros como encrucijadas, donde tenemos que tomar decisiones que pueden ser importantes, afrontar retos que algunas veces pueden suponer un peligro, contratiempos que parece que todo nos lo echan abajo y nos podemos sentir frustrados en la imposibilidad de conseguir nuestros sueños; son momentos que se nos hacen difíciles y por nuestra mente e imaginación pasan multitud de supuestos de lo que nos puede ocurrir y nos algunas veces encerrarnos en nosotros mismos, en nuestros pensamientos y reflexiones, tratando de encontrar una salida o ver claras las cosas en orden a las decisiones que hayamos de tomar; en ocasiones no querer ver a nadie ni que nadie nos moleste, nos gustaría alejarnos de todo hasta que logremos salir de ese túnel.

El creyente no solo piensa y reflexiona sino también y sobre todo ora para encontrar esa luz, para pedir esa ayuda del cielo, para sentir esa voz en nuestro corazón que nos hable y nos abra caminos; el creyente confía en Dios, aunque a veces todo se le vuelva oscuro, busca en su interior, quiere escuchar a Dios; y en esa reflexión que no solo es pensar por si mismo llegará un momento en que aparezca esa luz, tome una determinación, se confíe y se ponga en camino al encuentro de lo que tiene que realizar.

El creyente se siente fortalecido interiormente, porque siente que Dios está con El, aunque algunas veces dudemos, aunque algunas veces parezcas que perdemos la confianza, aunque, tenemos que reconocer, que no siempre sabemos hacerlo y nos decidimos a ir por ese camino de oración.

En este camino de cuaresma que estamos haciendo es tradicional escuchar en este segundo domingo este pasaje que llamamos de la Transfiguración en el Tabor. El relato del evangelio nos dice que Jesús tomando consigo a Pedro, Santiago y Juan subió a una montaña alta para orar. Lo vemos en otros momentos del evangelio que Jesús no solo va al templo o los sábados a la sinagoga sino que en ocasiones se retira a lugares apartados para orar.

Fue el monte de la cuarentena del que escuchamos el pasado domingo, será cuando en Cafarnaún desde la casa de Pedro en la madrugada se va a las afueras del pueblo a orar mientras la gente lo buscaba, o lo contemplaremos en Getsemaní, porque allí lo encontrará Judas también porque era un lugar en las laderas de las afueras de Jerusalén donde muchas veces tenia la costumbre de ir a orar.

Jesús va a emprender el camino de subida a Jerusalén. A los discípulos ya les viene anunciando lo que allí va a suceder, aunque ellos parece que no quieren entender. Jesús es consciente de la Pascua que va a vivir en Jerusalén, que para El y después ya para siempre para nosotros no va a ser solo la pascua de comer el cordero pascual. Será El mismo ese Cordero inmolado y sacrificado. Son momentos decisivos. Y Jesús sube a la montaña para orar.

Los discípulos, como siempre y como nos sucede a nosotros también tantas veces, se quedaron adormilados pero allí van a suceder cosas asombrosas. El evangelista nos habla de resplandores y transfiguración, nos hablará de nubes que los envuelven y de la aparición de Moisés y Elías conversando con Jesús, toda una serie de imágenes y signos que nos están hablando de lo que en Jesús está sucediendo.

¿Las dudas de Jesús simbolizadas en esa nube que los envuelve? En Getsemaní Jesús llegará a pedir que pase de El aquel cáliz y dirá que su alma está llena de angustia hasta la muerte. Aparecen como signos de la Ley y los profetas, signos de ese bucear en las honduras de la Palabra de Dios, en ese diálogo con Jesús. Pero resonará fuerte en la montaña la voz del cielo señalándonos, como fue en el Jordán cuando el Bautismo, que es el Hijo amado de Dios con su misión redentora de salvación, al que tenemos que escuchar, al que tenemos que seguir.

Habrá que bajar de nuevo a la llanura y proseguir el camino. Será otra la ascensión que Jesús ha de emprender en su camino hacia Jerusalén, hacia la Pascua. Hay una certeza porque en medio de todo hemos escuchado la voz del cielo. A los discípulos les sigue costando entender cuando Jesús les diga que de ello no hablen hasta después de la resurrección; ellos quizás se habían perdido algo importante porque estaban medio adormilados, pero aun así siguieron caminando detrás de Jesús.

¿Seguiremos nosotros adormilados en medio de nuestras dudas o de nuestras angustias? Es la llanura de la vida en la que tantos tropiezos nos encontramos, o es el camino de ascensión, de superación, de crecimiento interior que tantas veces se nos hace costoso. Contemplemos esta experiencia del Tabor y hagámosla nuestra. Hagámosla nuestra porque bien sabemos a donde tenemos que ir cuando nos encontremos en esas encrucijadas de la vida, cuando tengamos que sacar valentía de nuestra fuerza interior para afrontar nuestros caminos, nuestras oscuridades.

Vayamos con Jesús a la montaña de la oración y no  nos quedemos adormilados en nuestras rutinas sino hagamos que siempre seamos capaces de vivir esa experiencia del encuentro con el Señor. Escuchemos la voz que nos habla en el corazón, sintamos el calor del Espíritu del Señor en lo hondo del corazón. Vivamos la experiencia de la transfiguración.

miércoles, 5 de marzo de 2025

Con el miércoles de ceniza emprendemos un camino de silencio y de interiorización que nos conducirá a un verdadero camino pascual en nuestra vida

 

Con el miércoles de ceniza emprendemos un camino de silencio y de interiorización que nos conducirá a un verdadero camino pascual en nuestra vida

 Joel 2, 12-18; Salmo 50; 2 Corintios 5, 20 – 6, 2; Mateo 6, 1-6. 16-18

En un mundo de ruidos y superficialidades necesitamos hacer silencio para poder llegar a una profundización de la vida. Todo parece una loca carrera, son los agobios en los deseos de conseguir todo y lo más pronto posible, como es la banalidad con que vivimos la vida que disfrazamos con tantas vanidades. Ensordecidos al final nos encontramos vacíos, aquello por lo que tanto luchábamos porque nos parecía que era lo que nos iba a hacer más feliz, pronto se desvaneció y ni encontramos esa pronta y fácil felicidad ni encontramos un sentido profundo a la vida que parece que se nos diluye y desaparece como agua que se nos escapa de nuestras manos.

Es necesario detenernos, apartarnos de esos ruidos para encontrar un silencio que nos dé paz, un silencio para la reflexión, para encontrar una mirada nueva, para descubrir una luz en el camino, para saber que al final hay una meta por la que merece la pena luchar, superarnos, dejar cosas atrás, despojarnos de vanidades, buscar lo mejor y lo que es primordial. No sabemos como hacerlo, porque esos mismos ruidos que nos envuelven, nos ensordecen para escuchar las llamadas que recibimos seguramente allá en lo más hondo del corazón, pero que nos llegan también por la mediación de la Iglesia y desde la Palabra de Dios.

En ese ruido de la vida, en medio de tanto bullicio de nuestro mundo, con tantos guiños que recibimos de todas partes y que nos distraen pudiera sucedernos que nos pasara desapercibido este miércoles de ceniza que hoy celebramos. Para algunos ha perdido incluso su sentido, a lo más les es un anuncio de que pronto en cuarenta días llegará la semana santa, pero si no captamos todo su sentido se nos puede quedar, como me decía una persona estos días, es que nos ponen una cruz de ceniza en la frente y ya está.

Lo llamamos de ceniza, es cierto, por ese signo que la liturgia emplea en este día, la imposición de la ceniza. Pero eso tiene un sentido. Es la puerta que se nos abre y nos invita a entrar en nuestro interior para hacer ese silencio que tanto necesitamos. Es cierto que tiene ese sentido penitencial que nos recuerda que somos pecadores, que nos recuerda la nada de nuestra vida que se nos puede quedar en polvo de ceniza que pronto el viento se puede llevar, pero esos signos nos están hablando de un camino que hemos de iniciar, un camino de interiorización, un camino de búsqueda y de escucha para lo que necesitamos hacer ese silencio interior.

Acostumbrados como estamos a tanto ruido - ¿no encendemos desde que llegamos a casa la televisión para que haya unos sonidos que nos alejen de nuestra soledad aunque ni prestemos atención a lo que aparece en la pantalla? – algunas veces nos molesta ese silencio; nos cuesta hacer ese silencio porque nos vamos a escuchar a nosotros mismos, va a aflorar nuestra conciencia que quizás nos traerá muchos recuerdos que preferimos olvidar, nos va a hacer pensar en algo distinto, nos va a hacer sentir una voz que nos invita a algo nuevo.

Pero tenemos que aprender a dejarnos envolver por ese silencio porque será la manera que al final escuchemos la voz de Dios que nos susurra en nuestro corazón. La liturgia nos irá ofreciendo cada día en este tiempo que comenzamos que llamamos la cuaresma la riqueza de la Palabra de Dios como un camino a recorrer; un camino que será de encuentro con nosotros mismos y con nuestra cruda realidad, de renovación porque nos irá dando pautas de por donde tiene que ir el recorrido de nuestra vida, de vaciamiento de vanidades y superficialidades para poder encontrar lo que dará verdadera riqueza a nuestra vida; un camino que será de pascua porque aprenderemos a ir muriendo a nosotros mismos y a despojarnos de todas esas banalidades con que disfrazamos con vanidad nuestra vida, para encontrar ese vestido nuevo de nuevos valores que nos hará sentirnos hombres y mujeres nuevos.

Es el camino que vamos a emprender. Dejemos, sí, que el signo de la ceniza caiga sobre nuestra frente que nos recuerde lo que somos o en lo que nos hemos convertido. Al final habrá un agua que nos lave, la fuente bautismal ante la que renovaremos en la noche de pascua todo lo que es el sentido de la vida de quien sigue a Jesús y su evangelio.

Habrá sido un camino de pascua porque habremos aprendido a morir a todo ese viejo que hay en nosotros para resucitar a una vida nueva con Cristo resucitado. Ojalá cuando llegue la noche de Pascua lo podamos celebrar con todo sentido. Emprendamos ese camino de silencio e interiorización.

domingo, 22 de septiembre de 2024

No pretendamos quedarnos callados, mirando para otro lado, son querer enterarnos, para hacer ‘nuestro’ camino que estaría muy lejos del camino de Jesús

 


No pretendamos quedarnos callados, mirando para otro lado, son querer enterarnos, para hacer ‘nuestro’ camino que estaría muy lejos del camino de Jesús

Sabiduría 2, 12. 17-20; Sal. 53; Santiago 3, 16–4, 3; Marcos 9, 30-37

Mejor no hacer preguntas. Alguna vez lo hemos pensado así. No nos queremos enterar; en ocasiones nos ponemos tan obtusos que se nos cierra la mente y por muy claro que nos expliquen las cosas, parece que no nos entran, no nos enteramos. En ocasiones no queremos preguntar, porque quizás luego nos vemos comprometidos; por eso mejor no saber nada, como tantas veces respondemos también escurriendo el bulto aunque nosotros sabemos como son las cosas, pero no quiero complicarme la vida.

¿No querían complicarse la vida los discípulos después de los anuncios que Jesús les iba haciendo? Es que se les venía abajo el castillo que se habían montado en su imaginación, con aquello de que Jesús podía ser el Mesías; era un estado posible de poder del que no querían desprenderse, ya sabemos la idea que tenían de lo que podía ser el Mesías y cuales eran los sueños de la mayoría; los discípulos no eran ajenos a aquellas pretensiones, algunos provenían quizás de grupúsculos procedentes de Galilea con sus afanes reivindicativos.

Jesús en esta ocasión se había tomado un aparte con los discípulos más cercanos - ¿aquellos doce que había elegido como apóstoles? – y los iba instruyendo al mismo tiempo que servía como un desahogo para Jesús, porque El era bien consciente de lo que iba a suceder en Jerusalén. Y es lo que les anuncia, preparando terreno, pero parece que el terreno de aquel camino estaba bien endurecido, siguiendo la parábola que un día les propusiera. ‘El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará’, les decía claramente pero ellos ‘no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle’.

Por eso mientras iban de camino, en los apartes de sus conversaciones, no paraban de discutir. Y aunque a ellos les pareciera que no, Jesús los iba escuchando, conocía bien cuales eran sus humanas ambiciones y la confusión que en sus mentes y en sus corazones existía. Por eso a la llegada a casa los coge aparte y les pregunta ‘¿De qué discutíais por el camino? Pero ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante’.

Jesús una vez más les hablará de hacerse los últimos y del servicio, aunque sus palabras pareciera que caían una vez más en saco roto. Por eso tomó un niño y los puso en medio para decirles que ‘el que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado’.

Acoger al pequeño, la imagen quería decir algo más que pensar solamente en un niño aunque también en aquella época eran poco considerados; es acoger al que parece que no vale, al que no es tenido en cuenta o que es rechazado por los demás, al que todo el mundo mira por sobre el hombre y el que es despreciado de todo el mundo, aquellos que no son bien recibidos porque parece que nos van a quitar un puesto en la mesa del banquete, aquellos que todos discriminan porque traen una historia detrás o porque vienen de donde vienen y ahí podemos poner todos los racismos que de nuevo están aflorando en nuestra sociedad, aquellos que nos parecen violentos y que creemos que no caben en nuestra sociedad, aquellos con los que no nos tratamos porque un día hicieron, porque piensan distinto a nosotros, porque tienen otro concepto de la vida…

Son tantos a los que vamos orillando en el camino de la vida. Y Jesús nos está diciendo cómo tenemos que acogerlos, porque cuando los acogemos a ellos es a Jesús a quien acogemos. ¿También nos dará miedo a nosotros preguntar quienes son esos pequeños? ¿También tememos preguntar hasta donde tenemos que ser servidores de los demás? ¿Seguiremos pretendiendo quedarnos callados, mirar hacia otro lado para no enterarnos y no comprometernos, y seguir haciendo ‘nuestro’ camino como si con nosotros nada tuviera que ver todo eso que nos está diciendo hoy Jesús? Quizás nos parezca más cómodo.  Si hacemos así, ¿creeremos que en verdad estamos haciendo el camino de Jesús?

 

sábado, 18 de mayo de 2024

También nos dice hoy a nosotros Jesús ‘tú, sígueme’, para que mantengamos nuestro camino de fe, de fidelidad y de amor que tenemos que llevar hasta el final

 


También nos dice hoy a nosotros Jesús ‘tú, sígueme’, para que mantengamos nuestro camino de fe, de fidelidad y de amor que tenemos que llevar hasta el final

Hechos de los apóstoles 28, 16-20. 30-31; Salmo 10; Juan 21, 20-25

Un día también como Pedro o como los otros discípulos nosotros también escuchamos la voz del Maestro que nos decía ‘ven y sígueme’. Cada uno tenemos nuestra propia historia, distinta y diversa fue la llamada del Señor a seguirle, bien porque en la fe cristiana fuimos educados por nuestros padres, por la influencia que recibimos de la comunidad cristiana que nos rodeaba donde se nos impartió una catequesis, recibimos quizás desde niños los sacramentos, o cualquier otra circunstancia que a lo largo de la vida hizo que nos fuéramos encontrando con el Señor y sintiéramos el amor de Dios en nuestro corazón.

Hoy estamos haciendo este camino de fe, participamos en la vida de la comunidad y de ella recibimos una inmensa riqueza espiritual que nos va haciendo crecer en nuestra fe, en nuestro amor y en nuestro compromiso. No siempre ha sido fácil ni siempre todo fue claridad; muchos momentos oscuros pueden haber ido apareciendo en nuestra vida que no nos terminan de abandonar del todo. Nuestro camino y nuestra historia hay tenido sus luces y sus sombras, sus altos y sus bajadas, sus momentos de entusiasmo y hasta de euforia espiritual, como también ha aparecido el decaimiento, la tibieza y hasta el cansancio. Pero aquí seguimos, aquí estamos hoy llegando al final del camino de la Pascua de este año, cuando mañana celebremos la Pascua de Pentecostés.

¿Habrá sido nuestro camino como el de Pedro al que tantas veces hemos contemplado a lo largo del evangelio? Cada uno hemos tenido nuestro propio camino, pero también Pedro, como el resto de los apóstoles, como el de tantos santos en la Iglesia a lo largo de la historia, han sido un estímulo para nosotros.

Un camino que hemos ido haciendo de forma personal, pero siempre acompañados de la comunidad cristiana que se manifiesta a nuestro lado de diferentes maneras. Un camino que nos exige, en nombre del amor que tiene que envolver nuestra vida, a vivir en comunión con los que están a nuestro lado. ¿Nos facilita nuestros pasos, nos facilita el camino?

Tendría que ser así, pero realmente sabes que no siempre ha sido así. Y no vamos a pesar en los malos ejemplos que hayamos podido recibir de los demás y de quienes tenían la obligación de estar especialmente a nuestro lado, sino que tenemos que pensar en las malas hierbas que muchas veces reverdecen en nuestro corazón y nos hace desconfiados y envidiosos, nos llenan de orgullos o nos envuelven en vanidades, tropiezos en nuestras pasiones que se nos desbordan y nos hacen daño, que nos pueden llevar a decaimientos y a desánimos.

Miramos demasiadas veces para detrás, para nuestro lado, nos podemos sentir incómodos con ciertas cosas que puedan haber sucedido en la vida o que aparecen en quienes nos acompañan en el camino, pero no podemos perder el animo, no podemos perder el rumbo que tenemos que seguir, no nos podemos hacer comparaciones ni para creernos mejores que los demás ni para llenarnos de envidia por lo que a ellos les esté sucediendo. Otras tienen que ser nuestras actitudes y nuestras posturas.

Estos días hemos contemplado ese momento de porfía de amor de Pedro por Jesús y esa confianza que Jesús sigue depositando en él. Pero Pedro hoy miró para detrás, y por allí andaba aquel discípulo que se decía que era el amado de manera especial por Jesús. Sabemos lo que nos puede suceder en el corazón en momentos así. Por eso Jesús parece ser cortante con Pedro como diciéndole que no se meta donde no tiene que meterse.

Es lo que nos sucede tantas veces, parece como que queremos manejar también la vida de los demás y nos olvidamos de la exigencia que tiene que haber en nuestra propia vida. Es lo que Jesús viene a decirle a Pedro, ¿Por qué tienes que andar pendiente en lo que le pueda suceder o no a Juan? Lo importante ahora es que tú me sigues. ‘Tú, sígueme’. También nos lo dice a nosotros Jesús. No olvidemos nuestra fidelidad y no olvidemos el amor que tenemos que llevar hasta el final.

martes, 27 de septiembre de 2022

Afrontemos el camino de la vida con decisión, fieles a la meta que queremos conseguir y no dejándonos vencer por las dificultades que encontremos

 


Afrontemos el camino de la vida con decisión, fieles a la meta que queremos conseguir y no dejándonos vencer por las dificultades que encontremos

Job 3,1-3.11-17.20-23; Salmo 87; Lucas 9,51-56

La vida está llena de decisiones que vamos dando continuamente que muchas veces tomamos sobre la marcha, según nos van surgiendo las cosas, pero hay ocasiones en que nos vemos obligados a detenernos un poco a pensar y ver las consecuencias de aquellas decisiones que vamos tomando. No son simplemente los cruces de calles o caminos que se van abriendo en la materialidad del recorrido que vamos haciendo, sino que en cierto modo son verdadera encrucijadas de la vida que nos obligan a pensarnos bien la decisión que hemos de tomar.

Muchas veces los que están a nuestro lado no entienden, pero nosotros podemos tener razones hondas que nos motivan a la decisión que hemos de tomar, aunque en ocasiones sea difícil y comprometida; ahí en lo hondo de nosotros mismos tenemos esas razones o esos ‘porqué’ que nos hacen tomar esa decisión. Pero si lo tenemos claro, si hemos considerado bien los ‘pro’ y los ‘contra’, luego tendríamos que se consecuentes con la decisión tomada afrontando lo duro que se nos puede hacer el camino, asumiendo que no siempre es fácil, pero que con nosotros con madurez y firmeza nos decidimos por ese camino.

Hoy nos dice el evangelista que Jesús tomó la decisión de subir a Jerusalén. Es cierto que se acercaba la fiesta de la pascua y para entonces muchos judíos de todas las regiones de Palestina o incluso de la diáspora se acercaban a Jerusalén. Pero Jesús sabe que esta subida va a tener un carácter especial, va a haber para El una verdadera Pascua, que será ya desde entonces para nosotros nuestra pascua. En un momento el evangelista nos dirá que parece que Jesús lleva prisa, porque va por delante, poco menos que tirando del grupo. Sabe cuál es su pascua, donde está su pascua.

A los discípulos más cercanos les irá anunciando qué es lo que le va a suceder en Jerusalén, y aunque los discípulos no entienda, o en alguna ocasión alguno, en este caso Pedro, trate de disuadirlo porque a El eso no le puede pasar, el continúa el camino. No serán solo los discípulos lo que no entiendan el por qué de aquella subida, sino que incluso en el camino va a encontrar dificultades, porque algunos – los samaritanos – no le reciben bien e incluso rechazan que Jesús y sus discípulos se pudieran hospedar en su pueblo. Pero la respuesta de Jesús no es quitarse de en medio de la forma que sea a quien pueda parecer un obstáculo, por eso cuando algunos de los apóstoles muy orgullosos de si mismos quieran que Jesús haga bajar fuego del cielo para castigarlos, Jesús se desentenderá de esos deseos violentos de los discípulos y seguirá con decisión adelante.

Una imagen, estas reacciones de los discípulos, que nos reflejan también lo que nosotros llevamos por dentro. No nos gusta que nos hablen de cruz y de sufrimiento, no terminamos de entender su sentido y su valor, cuántas veces queremos quitarnos de encima del hombro esa cruz; pero tampoco nos gusta que nos rechacen o no nos acepten, de la misma manera que en muchas ocasiones cuando encontramos oposición a nuestro alrededor por algo que queremos o tenemos que hacer, bien que se nos levanta el gallito de nuestro orgullo y de nuestro amor propio y nos ponemos a cacarear, que si pudiéramos los quitaríamos de en medio.

¿Cómo afrontamos nosotros las cruces que se nos presentan en la vida? ¿Cuál es nuestra reacción después de una decisión de vida tomada cuando nos encontramos con dificultades para llevarla a cabo? ¿Seremos los que a la menor dificultad tiramos la toalla y nos vamos a otra cosa? ¿Iremos dejando los caminos a medio recorrer por las dificultades que entrañan o seguiremos con decisión hasta alcanzar la meta final?

miércoles, 30 de marzo de 2022

Miramos a Cristo y cómo sube a Jerusalén para la fiesta de la Pascua y queremos seguir sus mismos pasos con valentía frente a mundo que quizás no nos entiende

 


Miramos a Cristo y cómo sube a Jerusalén para la fiesta de la Pascua y queremos seguir sus mismos pasos con valentía frente a mundo que quizás no nos entiende

 Isaías 49,8-15; Salmo 144; Juan 5, 17-30

Hay momentos en los que tenemos que tomar partido y hay que decantarse en un sentido o en otro; no siempre es fácil, porque tenemos miedos e inseguridades en nuestro interior, porque nos cuesta entender que tomar una decisión nos lleva a arrostrar las consecuencias, porque algunas veces parece que preferimos nadar entre dos aguas, como suele decirse, porque sabemos que según la decisión que tomemos habrá quienes quizás nos alaben pero habrá muchos que estarán en contra; hoy hablamos de decisiones, posturas, actitudes que no son siempre políticamente correctas, porque quizás nos llevaría a enfrentarnos a unas mayorías, o al menos más bulliciosas, que son de opinión distinta a lo que nosotros podamos opinar.

Nos pasan cosas así cuando tenemos que dar opinión sobre una situación social, por ejemplo, cuando tenemos que decantarnos por una posición llamémosla ideológica, cuando queremos actuar según unos principios, cuando tenemos que ponernos al lado de seres indefensos, por ejemplo, a los que tendríamos que defender frente a jaurías que ladran en contra. Y esto nos cuesta cuando tenemos que presentar la fe que tenemos y que es el aliento de nuestra vida; en un mundo de increencia, que se manifiesta laico y contrario a todo sentimiento religioso, cuando nos dicen que eso de la fe y de la religión es algo privado y no tiene que tener ninguna manifestación pública… muchos momentos que vivimos y nos cuesta dar la cara.

Nos hace falta una fe valiente; nos hace falta tener arrojo en nuestro interior para manifestar públicamente nuestra fe y dar testimonio de ella con una vida que obra en consecuencia. Tenemos que saber arrostrar todas las consecuencias, aunque quizás nos hagan pasar por momentos malos. ¿Dónde encontrar esa fuerza interior? ¿Dónde apoyarnos para sentirnos verdaderamente valientes y demos la cara por aquella fe que tenemos?

Diría, por así decirlo, una sola palabra, una actitud: miremos a Jesús. En el evangelio hemos venido escuchando cómo Jesús según sube a Jerusalén para aquella pascua le va anunciando a los discípulos todo lo que va a suceder aunque ellos no terminen de entender. Hay un momento en el evangelio que parece que Jesús va deprisa en su subida, va delante de sus discípulos y sin hacer parada, por así decirlo. Jesús sabe a lo que sube a Jerusalén, el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los gentiles, como les repite tantas veces.

Ahora en estos días que nos restan para la celebración de la pasión y muerte del Señor, para celebrar su Pascua y resurrección iremos escuchando el relato de lo que fueron aquellos días en Jerusalén. Jesús se está manifestando claramente como el Hijo de Dios, que ha venido con una misión y que El no realiza ninguna otra cosa sino la obra que el Padre le encomendó. En el Evangelio de san Juan, que es el que principalmente iremos escuchando, se emplea la expresión los judíos, en esa referencia sobre todo a aquellos que se oponían a su misión y se enfrentaban a Jesús y que son los que le llevarían a la muerte.

Hoy ya le hemos escuchado cómo si creemos en El tendremos vida para siempre porque estamos llamados a la resurrección. ‘En verdad, en verdad os digo: llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán… No os sorprenda esto, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio…’

Pero nos dice también: ‘En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida’.

Sí, estamos llamados a pasar de la muerte a la vida, estamos llamados a la Pascua. Lo vamos a vivir y celebrar intensamente en las celebraciones pascuales de los próximos días, pero es algo que tiene que ser siempre el centro de nuestra vida.  No importa que no seamos comprendidos, no importa que el mundo vaya por otros derroteros y hasta muchas veces muchos cercanos a nosotros que se dicen cristianos y tener fe, pero que no acaban de comprender de verdad el sentido de la Pascua que vamos a celebrar, y o se quedan en cosas superficiales o se olvidan de lo que significan para los creyentes estos días y se van por otros derroteros.

Es ahí, en ese mundo, donde tenemos que dar la cara y actuar con valentía en el testimonio de fe que tenemos que dar. Es ahí donde tenemos que decantarnos valientemente y sin ningún temor. Miramos a Cristo y cómo sube a Jerusalén para la fiesta de la Pascua y queremos seguir sus mismos pasos.

domingo, 13 de marzo de 2022

Tenemos que entrar en la nube, entrar en esa sintonía, aislarnos de lo que está alrededor, olvidarnos quizás de nuestros afanes y agobios, tenemos que abrirnos a Dios

 


Tenemos que entrar en la nube, entrar en esa sintonía, aislarnos de lo que está alrededor, olvidarnos quizás de nuestros afanes y agobios, tenemos que abrirnos a Dios

Génesis 15, 5-12. 17-18; Sal 26; Filipenses 3, 17 – 4, 1; Lucas 9, 28b-36

¡Qué bueno está esto!, habremos dicho en más de una ocasión. Un lugar agradable, una agradable compañía quizás, unos momentos de convivencia y de fiesta en que lo pasamos bien, alguna experiencia de algo sorprendente por lo inesperado  pero que dejó buena experiencia en nosotros. Lo expresamos en ese momento, o más tarde lo recordaremos y lo comentaremos con los amigos que tuvimos la misma experiencia, rememorando momentos, anécdotas, conversaciones, experiencias tenidas, recuerdos.

Experiencias humanas agradables que tenemos en la vida. Que desearíamos quizás que se repitieran, aunque nos parezca que ya no va a ser igual, porque lo inesperado siempre le añade un nuevo y distinto sabor. Pero quizás tendríamos que preguntarnos si así son nuestras experiencias religiosas. ¿Las recordamos a posteriori como algo irrepetible? Detrás de esta última pregunta pudieran surgir muchos interrogantes sobre nuestras celebraciones y experiencias religiosas.

Porque quizás muchas veces más que el recuerdo y el deseo de repetir dichas buenas experiencias se nos diluye o acaso sutilmente evitamos esas cosas. Nos habrá pasado a nosotros en la respuesta que hayamos dado a una invitación, o quizás ha sido lo que alguien nos ha respondido cuando le hemos invitado a alguna celebración, o a algún momento espiritual especial. ‘Cuánto me gustaría ir… a mi me gustan mucho esas cosas… pero es que ahora… tengo tantas cosas que hacer… no tengo tiempo… voy a ver si un día me libero de algunas de estas cosas y puedo asistir…’ Respuestas así - ¿disculpas o formas de escaquearnos? - habremos dado o nos han dado quizás.

Pero bueno, vayamos al evangelio. Ha motivado esta introducción la exclamación de Pedro y los discípulos ante lo que está sucediendo en la montaña. ‘Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’. Estaban disfrutando con la experiencia.

Habían sido especialmente escogidos por Jesús para llevarlos con El cuando se subió a aquella montaña alta para orar. A lo largo del evangelio san Lucas nos presentará a Jesús orando sobre todo en momentos importantes. Ahora van subiendo a Jerusalén y Jesús les está anunciando algo que a los discípulos les costará aceptar. Subían a Jerusalén para la Pascua y aquella Pascua iba a ser algo especial. El momento para Jesús humanamente también es difícil porque sabe a lo que se enfrenta. Pero por medio está la oración.

La oración, que hace sentir siempre de manera especial la presencia de Dios en la vida, en el camino, en las situaciones con las que vamos a enfrentarnos. Decimos muchas veces que pedimos ayuda, como diría Jesús también en oración de Getsemaní que pase de mí este cáliz, y Dios se hace presente. Es la experiencia del Tabor que hoy contemplamos en el evangelio. En ese momento de oración aparecen la Ley y los Profetas representados en las figuras de Moisés y Elías; es la búsqueda de lo que es la voluntad del Señor, es ese abrirnos a Dios para llenarnos de su presencia. Por eso allí en el Tabor se ven envueltos por la nube, envueltos por la presencia de Dios.


Entrar en la nube nos puede producir desazón, intranquilidad porque nos parece que no vamos a ver más allá, pero aquí es la nube de la presencia de Dios. Y Dios nos hará ver, Dios se hará escuchar allá en lo más hondo del corazón. Tenemos que entrar en la nube, tenemos que entrar en esa sintonía, tenemos que aislarnos de lo que está alrededor, tenemos que olvidarnos quizás de nuestros afanes y preocupaciones, tenemos que abrirnos a Dios. ‘Este es mi Hijo, el elegido, escuchadle’.

Es lo que queremos hacer. vamos a quitar nuestros miedos, nuestras dudas, nuestras incertidumbres, las elucubraciones que nos hacemos ante las situaciones que están por venir, nuestros sueños que algunas veces pueden volverse oscuros y por eso inquietantes. Vamos a dejarnos conducir. Escuchemos allá en lo hondo del corazón el susurro de la presencia de Dios. Presencia que se hace luz para nosotros, presencia que nos llena de fortaleza, presencia que nos quita nuestros miedos, presencia que nos impulsa a bajar de la montaña para ir de nuevo a la llanura de la vida donde tanto tenemos que hacer, presencia que nos impulsa a seguir caminando, a realizar nuestra subida a Jerusalén, nuestra subida a la Pascua, presencia que nos recuerda los resplandores de la resurrección. Y es que a ese Jesús le vemos transfigurado con resplandores de resurrección y eso para nosotros tiene que convertirse en esperanza.

Vivamos con intensidad estos momentos en este camino cuaresmal, y en esta cuaresma concreta que ahora estamos viviendo. Sigamos haciendo el camino llenos de esperanza. Sigamos poniendo toda nuestra confianza en el Señor. Subamos a la montaña con El que a eso nos está invitando. No busquemos disculpas. Que podamos decir al final ‘¡Qué bueno es estar aquí!’

 

miércoles, 2 de marzo de 2022

Escuchemos el pregón que hoy la Iglesia nos proclama, comienza el camino hacia la Pascua, es el tiempo favorable, llega el día de la salvación

 


Escuchemos el pregón que hoy la Iglesia nos proclama, comienza el camino hacia la Pascua, es el tiempo favorable, llega el día de la salvación

Joel 2, 12-18; Sal 50; 2Corintios 5, 20 – 6, 2; Mateo 6, 1-6. 16-18

Hoy es el día del pregón. Sí, pregón. No sé a qué os sonará esto que digo. La palabra hoy quizás pudiera decirnos poca cosa, o enseguida la desviamos a las fiestas de nuestros pueblos. Hay costumbre en algunos lugares que en días anteriores al comienzo de las fiestas se haga la lectura del pregón, una llamada festiva a participar en las fiestas del pueblo que van a comenzar. Quizás, por otra parte, en nuestros ámbitos religiosos se ha introducido la costumbre de en los días anteriores a la Semana Santa se encargue a alguien que haga un pregón, que nos anuncie las celebraciones que se van a tener y se le de relevancia especial a nuestras tradiciones y cosas así.

Pero insisto en que hoy es el día del pregón. Fijémonos en el sentido que tienen las lecturas de la Palabra de Dios de este día; es el comienzo de un camino que nos lleva a la Pascua, a la celebración de la Pasión, muerte y resurrección del Señor y hoy la Palabra de Dios que se nos proclama es una invitación a hacer ese camino que culmina en la Pascua.

Literalmente los textos, en especial del profeta Joel que escuchamos en la primera lectura tiene este sentido. Invita a que suenen las trompetas llamando a la gente, convocando a la asamblea, a niños y ancianos, a jóvenes y adultos, a hombres y mujeres, a sacerdotes y a todos los que sirven al altar, todos son llamados e invitados.

‘Tocad la trompeta en Sión, proclamad un ayuno santo, convocad a la asamblea, reunid a la gente, santificad a la comunidad… Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, servidores del Señor, y digan: Ten compasión de tu pueblo, Señor…’

Ese es el sentido también de la segunda lectura de la carta a los Corintios: ‘Os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice: En el tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te ayudé. Pues mirad: ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación… En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios’.


El rito y el gesto que nos ofrece hoy la liturgia del miércoles de ceniza tienen este sentido y este valor. Una llamada a la que hoy damos una primera respuesta dejando que caiga la ceniza de la penitencia sobre nosotros, pero es un comienzo de respuesta en ese camino que vamos a hacer. Vamos a celebrar la Pascua. En unos días que cronológicamente nos recuerdan incluso también los momentos de la Pasión y Muerte del Señor nosotros vamos a celebrar también la Pascua. Son momentos importantes, son momentos que nos invitan a hacer Pascua en nosotros para lograr esa renovación de nuestra vida. Y ahora se nos anuncia y se nos convoca para que nos preparemos para darles la vivencia total.

Un camino que hemos de vivir con una intensidad especial dada la importancia de lo que vamos a celebrar. Por eso será la Palabra de Dios que cada día se nos proclame la que va a ser nuestro vademécum de camino. Una Palabra que nos ayude a interiorizar, a escuchar a Dios en nuestro corazón, a mirarnos y a confrontar nuestra vida con el Evangelio, a renovarnos desde lo más hondo, a poner en nosotros actitudes y posturas de la más profunda generosidad para el compartir, a abrir nuestro corazón a Dios para escucharle y para pedirle misericordia.

Hoy en el evangelio se nos invita a retirarnos a nuestro cuarto interior, para allí en el silencio poder escuchar a Dios; no es solamente que busquemos esa habitación apartada sino que sepamos alejarnos de todos esos ruidos que nos aturden y llegan a ensordecernos, porque solo así podremos escuchar a Dios; que sepamos encontrar esos momentos de silencio, de dejar a un lado por unos momentos, o quizás por unos días tantas rutinas de nuestra vida que nos distraen con tantas cosas.

Cuando se nos pide ayuno y abstinencia no es simplemente el que prescindamos de unos alimentos y los sustituyamos quizás por otros, sino que hay muchos apetitos en nuestra vida, muchas cosas que nos atraen, nos llaman la atención, nos entretienen, nos hacen perder el tiempo de las cosas importantes, que son de lo que tendríamos que hacer ayuno y abstinencia. ¿De qué nos vale que nos abstengamos de carne en unos días, si no somos capaces de abstenernos de esas cosas que quizás nos entretienen y nos hacen perder el tiempo?

También a través de este medio de ‘la semilla de cada día’ os iremos ofreciendo pensamientos y reflexiones que nos ayuden a interiorizar en esa Palabra de Dios y a realizar ese camino de renovación que nos lleve de verdad a la Pascua.

El pregón queda hecho. Despertemos, levantémonos, escuchemos la llamada del Señor. Es tiempo favorable, llega el día de la salvación. La noche de pascua escucharemos el pregón pascual, que en ese momento podamos sentir el gozo de que con Cristo nosotros también hayamos resucitado.

sábado, 25 de septiembre de 2021

Queremos caminar con Jesús escuchando sus palabras; no tememos subir con El a Jerusalén aunque eso signifique meternos en el misterio de la pascua

 


Queremos caminar con Jesús escuchando sus palabras; no tememos subir con El a Jerusalén aunque eso signifique meternos en el misterio de la pascua

 Zacarías 2, 5-9. 14-15c; Sal.: Jr. 31,10-13; Lucas 9,43b-45

Hay cosas que no nos gusta escuchar. Como solemos decir no nos gusta que nos digan la verdad; que nos señalen claramente lo que estamos haciendo si es correcto o no, por ejemplo. Pero aparte de esas correcciones en las que nos puede faltar humildad para escucharlas, hay también muchas otras cosas que nos gusta escuchar.

Nos gusta en ocasiones la rutina de cada día, porque así hacemos menos esfuerzo, o bien nos acomodamos a unas situaciones en que las cosas nos parecen que marchan bien, pero cuando nos dicen que las cosas pueden cambiar, que lo que ahora nos parece tan claro se nos puede volver oscuro, o en ese camino que queremos hacer donde todo queremos que nos salga bien y parece que vamos triunfando cada día más, el que nos recuerden que somos frágiles y que nos pueden aparecer cosas en la vida que nos cambien esos triunfalismos por momentos más oscuros, no queremos escucharlo.

Nos cuesta afrontar la realidad de la vida en la que siempre no todo es tan brillante, o en la que como consecuencia de lo que hacemos, incluso del compromiso bueno que queremos ir realizando podemos encontrar oposición, desencuentros, o situaciones en las que parece que todo se nos va de las manos.

Cuando emprendemos un camino de compromiso aunque en principio nos puede parecer todo bonito y que vamos encontrando buenas respuestas, tenemos que ser conscientes de que el bien va a encontrar siempre oposición, porque aquello bueno y justo que nosotros emprendemos puede desestabilizar a otros que viven en sus rutinas o sus viejas costumbres y lo nuevo que nosotros ofrecemos quizá ya no les agradará tanto porque hará que muchas cosas cambien. Ese camino bueno que nosotros emprendemos tiene también sus cuestas bien empinadas que se llenan de dificultades y nos puede exigir quizá también grandes sacrificios para poderlo lograr. Y no podemos perder la paz en el corazón, y tenemos que afrontarlo todo con todas sus consecuencias, porque tenemos que sentirnos seguros de nuestras metas, de aquello que queremos alcanzar.

Hoy Jesús quiere dejárselo muy claro a los discípulos. Ya el evangelista comienza presentándonos un panorama bonito porque habla de la admiración general por lo que Jesús hacía. Eran muchos, es cierto, los que le aclamaban, los que iban en su búsqueda, los que se quedaban alabando a Dios al contemplar las cosas que Jesús hacía, sentían admiración por sus palabras y enseñanzas porque aparecía un mundo nuevo que les llenaba de esperanza.

Pero en medio de todo eso Jesús quiere aclarar bien las cosas con sus discípulos más cercanos, porque todo aquello puede cambiar. ‘Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres’. Aquellas palabras los descolocaban; si todo iba tan bien, cómo es que Jesús va a ser entregado en manos de los gentiles. No entendían aquellas palabras ni querían entenderlas. Les daba miedo incluso preguntarle, porque si Jesús estaba diciendo esto era por algo y no querían confirmaciones de algo que no les agradaba. Como nos pasa a nosotros tantas veces.

‘Les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido, y les daba miedo preguntarle sobre el asunto’. Hay también temores que se nos meten en el alma. No siempre terminamos de comprender toda la profundidad del evangelio, de las bienaventuranzas que Jesús nos propone, del camino de superación que cada día hemos de vivir y que por eso nos habla de tomar la cruz, de negarnos a nosotros mismos, de ser capaz de venderlo todo para tener un tesoro en el cielo. Nos resultan palabras muy bonitas, pero que no somos capaces de llevarlas a la realidad de la vida de cada día, de ponerlas en práctica, y seguimos edificando sobre arena en lugar de hacer sobre roca firme; queremos confiar más en nosotros mismos y en lo que por nosotros somos capaces de hacer que tener la disponibilidad del que va solo con un manto y con el bastón pero sin ningún tesoro en el bolsillo.

No tengamos miedo al evangelio y a las exigencias que va a comportar para nuestra vida, aunque en algún momento el camino se nos vuelva oscuro o nos exija sacrificios. Queremos caminar con Jesús y queremos escuchar sus palabras; queremos caminar con Jesús y no tememos subir con El a Jerusalén aunque eso signifique meternos en el misterio de la pascua.