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sábado, 26 de septiembre de 2026

Tenemos que convencernos que la Pascua va a estar siempre presente en nuestra vida para que no nos desinflemos ni perdamos la serenidad del corazón

 


Tenemos que convencernos que la Pascua va a estar siempre presente en nuestra vida para que no nos desinflemos ni perdamos la serenidad del corazón

Eclesiastés 11, 9 – 12, 8; Salmo 89; Lucas 9, 43b-45

Si todo estaba marchando tan bien, nos decimos, cuando vemos a veces que las cosas se tuercen, que comienzan a aparecer los problemas y los contratiempos, que quizás ya no somos tan bien aceptados como lo éramos antes, que hay alguien que parece que siempre está a la contra; sucede en los ámbitos por ejemplo de acción comunitaria o social, pero nos puede suceder incluso entre los más cercanos a nosotros que parece que comienzan a alejarse o que tomas otros rumbos en la vida; o nos sucede en el ámbito de nuestra vida personal, con nuestros compromisos personales, con el espíritu de superación y crecimiento en el que vivimos, en las tareas que emprendemos o los trabajos que realizamos, las cosas no salen tan bien como antes, ahora nos sentimos más cansados y hasta parece que hemos perdido la ilusión, nos sentimos que no somos comprendidos incluso por aquellos más cercanos a nosotros porque se trazan sus planes que no son lo que realmente nosotros buscamos o pretendemos y así en muchas situaciones más.

Nos preguntamos el por qué de estas nuevas situaciones, de estos cambios, de esos derroteros que nos parece que nos llevan al fracaso y así muchas cosas más. Los caminos no parecen tan llanos. Y eso son cosas que nos encontramos así todos los días por un lado o por otro. Muchos interrogantes quizás se acumulan en nuestro interior porque nos cuesta asumir cuanto nos está sucediendo o nos pudiera suceder.

Es lo que se nos está planteando en el evangelio con Jesús. Mucha gente lo sigue entusiasmada. Hemos escuchado estos días cómo la gente lo seguía y se deshacía en alabanzas. En las preguntas que Jesús les hace a los discípulos vemos como un resumen en las respuestas variadas que estos le dan. Pero Jesús sabe muy bien que pueden ser momentos de fervor y entusiasmo que ante cualquier contrariedad pronto se pueden desinflar. Como nos sucede a nosotros, como vemos que sucede en muchas ocasiones en el ámbito de la Iglesia, momentos fervorosos que pueden ser antesala de turbulencias y contratiempos.

Por eso Jesús quiere abrirles bien los ojos a los discípulos, por una parte preparándolos para todo lo que va a suceder y sus posibles reacciones como veremos cuando llegó el momento de la pasión y de la muerte, pero también preparándonos para que lo que puede ser el camino de la Iglesia. Ha sido así a lo largo de los siglos, pero todos conocemos situaciones así en nuestras parroquias y en nuestras comunidades. El globo se puede desinflar ante cualquier pinchazo, pinchazo ocasionado en muchas ocasiones por nuestra misma debilidad y por la falta de comprensión que manifestamos tantas veces ante la debilidad de los demás.

Jesús. les habla claramente de cuanto puede sucederle al Hijo del hombre, de cuánto va a ser su vida de pascua y de pasión cuando sea entregado en manos de los gentiles. Cuando las cosas nos parece que marchan esplendorosas cuánto nos cuesta aceptar estos anuncios, cuánto nos cuesta pensar en esos momentos oscuros que nos pueden sobrevenir, cuánto nos cuesta aceptar lo que se pascua en nuestra vida. Para los momentos en que planeamos sin ninguna dificultad parece que si estamos preparados, pero para las pruebas pensamos que eso no nos va a tocar nunca a nosotros y prescindimos de esos nubarrones oscuros que pueden descargar sobre nosotros.

Por eso dice el evangelista que a los discípulos les costaba entender estas palabras de Jesús. Y así estarían hasta que sucediera que entonces se dispersarían o se refugiarían en el vernáculo esperando que escampara la tormenta y vinieran nuevos momentos de calma que tampoco imaginaban cómo podrían ser. ‘No entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto…’

Los miedos siguen perdurando, las oscuridades siguen acompañándonos, los sentidos indescifrables siguen estando presentes, permanecen las dudas en nuestro corazón que no sabemos cómo resolver. ¿Cómo nos aplicaremos todo esto a nuestra vida? Es la realidad en la que tenemos que dar testimonio, son las seguridades que necesitaremos, ¿sabremos escoger el camino que nos ha trazado Jesús? ¿Qué nos sigue diciendo el evangelio? ¿Seremos también de los que nos desinflamos fácilmente? Tenemos que convencernos que la Pascua estará siempre presente en nuestra vida.


jueves, 31 de julio de 2025

Valores que nos enseña el evangelio fundamentales y esenciales para nuestra vida que nos hacen mantener la serenidad y la paz y nos llenan de sabiduría

 


Valores que nos enseña el evangelio fundamentales y esenciales para nuestra vida que nos hacen mantener la serenidad y la paz y nos llenan de sabiduría

Éxodo 40,16-21.34-38; Salmo 83; Mateo 13,47-53

Seguramente todos nos hemos llenado de impaciencia más de una vez, con ganas de entrar a fuego con todo, por decirlo de alguna manera, ante la revoltura de cosas, de actitudes, de manera de entender las cosas, de maldad de tantos quizás en nuestro entorno; quisiéramos algo así como un mundo perfecto, donde todos siempre fuéramos buenos, donde no existiera la maldad, donde hubiera desaparecido la injusticia y la violencia; es cierto que es a eso a lo que aspiramos, esa sería también nuestra tarea el conseguirlo, pero nuestro mundo es un mundo revuelto donde se entremezcla el agua cristalina con el barro y las basuras que nosotros mismos vamos arrojando en ese mar.

Quisiéramos quizás limpiarlo de un golpe, aunque fuera con la violencia, nos queremos convertir en inquisidores de los demás y vamos repartiendo condenas por doquier, queremos hacer desaparecer a los que nosotros consideramos malos; pero quizás tendríamos que pensar ¿por qué consideramos que son más malos que nosotros si también nos llenamos de violencia para quererlos arrasar?. Pero, recordando otro momento del evangelio, también tendríamos que preguntarnos, ¿quién puede tirar la primera piedra?

Hoy Jesús nos habla de una red repleta de peces. No todos son válidos, no todos son comestibles, pero ahí está esa red sacada del mar. Quizás observamos esa red y nos pudieran parecer todos iguales o todos comestibles. Será el sabio pescador el que al final podrá escoger los que son válidos, mientras los otros son arrojados de nuevo al mar. ¿No nos estará hablando de la paciencia de Dios con nosotros y con nuestro mundo?

¿No tendría eso que hacernos pensar en por qué nosotros vamos haciendo tantos juicios de los demás en la vida cuando quizás no nos miramos a nosotros mismos? ¿Quiénes somos nosotros para juzgar y para condenar? Aquí quizás tendríamos que recordar otras páginas del evangelio que nos invitan a reconsiderar nuestros pensamientos y a evitar esos juicios y condenas. ‘No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados’, algo así que nos dice Jesús en otro momento.

Esto tendría que ayudarnos a reflexionar en esa tensión que vivimos en lo social y en lo político, donde en lugar de aportar cada uno desde su manera de ver las cosas para colaborar con los otros en la construcción pacífica de nuestra sociedad, sin embargo todo es acritud, todo son enfrentamientos, todos parece que nos convertimos en enemigos que pareciera que nos queremos destruir los unos a los otros. ¿Qué estamos haciendo de nuestro mundo, de nuestra sociedad? ¿Por qué no somos en verdad constructores que colaboramos los unos con los otros? ¿Cómo estamos educando las futuras generaciones con los ejemplos que les estamos dando? Confieso que son cosas que en verdad me preocupan mucho.

Jesús después de hablarles con todas estas parábolas a los discípulos les pregunta, ¿entendéis todo esto? ¿Llegaremos ciertamente a entender el mensaje del evangelio que tanta actualidad tiene, sigue teniendo en el mundo de hoy y que si lo escucháramos más en verdad estaríamos haciendo un mundo mejor? Esos valores que nos enseña el evangelio son fundamentales, son esenciales para nuestra vida.

Es la sabiduría del evangelio, como se nos termina diciendo hoy. ‘Pues bien, nos dice, un escriba que se ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo’. Saquemos a flote ese tesoro, esa sabiduría, esa prudencia de la vida, esa paciencia para no perder la paz ni la serenidad por mucho que veamos alrededor que nos inquiete, esa humildad para aceptar y para comprender, esa palabra buena que va a poner siempre paz en medio de nuestras guerras y violencias. Es la maravilla del evangelio de Jesús.

viernes, 14 de marzo de 2025

Dejémonos cautivar por el mensaje de amor del evangelio y llenemos de delicadeza la vida para hacer un mundo mejor

 


Dejémonos cautivar por el mensaje de amor del evangelio y llenemos de delicadeza la vida para hacer un mundo mejor

Ezequiel 18, 21-28; Salmo 129;  Mateo 5, 20-26

Seguramente lo hemos escuchado muchas veces o acaso lo hemos pensado o lo hemos dicho también, ‘yo no mato ni robo, yo no tengo pecados’; y nos quedamos tan tranquilos quizás. Pero seguramente que en un buen razonamiento nos hemos dicho también que no nos podemos quedar reducidos a la literalidad de las palabras, no para quitarnos culpa ni ponernos, sino para encontrarles todo su sentido y valor. No es el crimen de derramar una sangre quitando una vida, sino que de muchas maneras nos damos cuenta cómo podemos dañar la vida de quienes están a nuestro lado. Y entramos, no mirándolo solo desde lo negativo sino en un sentido positivo en la amplitud de la delicadeza del amor.

Es en lo que quiere hacernos reflexionar hoy la Palabra de Dios, las palabras de Jesús en el evangelio. Entra Jesús en algunos detalles, que en una buena reflexión repito, tiene una gran amplitud en todo lo que hacemos en la vida y en nuestras relaciones con los demás. Hoy nos dice Jesús: ‘Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil” tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehena” del fuego’.

Es la delicadeza del amor que se hace respeto y valoración de los demás. Es por ese respeto por donde tenemos que comenzar a expresar nuestro amor. Por eso nos habla Jesús del control que tenemos que ejercer sobre nosotros mismos, para que nunca sea la pasión las que nos domine, nunca nos dejemos arrastrar por la cólera ante las situaciones en que nos encontremos con los demás. Nos cuesta, y lo digo por mi mismo, estamos pronto para hacer saltar la chispa, y la chispa produce en consecuencia un incendio que muchas veces es difícil de apagar.

Y eso significa el saber ordenar nuestra vida para tener ese control de nuestras pasiones, sea cual sea. La pasión es esa fuerza interior que todos tenemos pero que hemos de saber encauzar para que no se desborde, para que no sea la que nos domine, porque por encima tiene que estar nuestra humanidad, nuestra razón, y la motivación del amor. En nuestro camino de superación y crecimiento es un aspecto muy importante a tener en cuenta para no perder la serenidad de nuestra vida, sea cual sea la situación en la que nos encontremos. Es un signo de nuestra madurez que no siempre damos.

Esa delicadeza de nuestra vida que nos hace cuidar nuestros gestos y nuestras palabras. Es la atención que prestamos al otro, es el buen trato que le damos desde ese respeto y tenemos que decir también desde ese amor que hemos de tener, es el evitar palabras que no hieran, que no menosprecien ni discriminen, que no estén llenas de violencia, que eviten la tensión y el enfrentamiento. Es la humildad y cercanía, son los gestos de la ternura y del amor, es el cuidado y el mimo que nos hemos de tener como hermanos que nos queremos y amamos.

Creo que es algo de tremenda actualidad en este mundo de acritud y descalificación en que vivimos; no son simplemente los desacuerdos que puedan haber cuando desde nuestros diferentes criterios o manera de ver las cosas expresamos nuestra opinión o nuestros deseos, es que realmente no nos escuchamos, no valoramos lo bueno que puedan ofrecernos los demás, y llega la descalificación aunque para ello tengamos que llegar al desprestigio e incluso a la mentira.

Todo está profundamente interrelacionado y desde que perdemos el equilibrio en el trato en algún aspecto como en una pendiente vamos rodando y llenándonos de maldad, de distanciamiento y hasta de odio. Podemos ser adversarios de ideas pero no tenemos que ser enemigos como personas; podemos no estar de acuerdo en algo, pero no tenemos por qué destruir lo que otros hayan realizado; y eso vemos que desgraciadamente sucede en nuestra sociedad y daña las relaciones entre unos y otros. De tantas maneras nos estamos matando los unos a los otros y robándonos la felicidad porque nos hacen perder la paz del corazón.

¿Cuándo seremos capaces de caminar tendiéndonos la mano, valorando lo bueno que hacen los demás, y cada uno poniendo su grano de arena bueno para la construcción de una sociedad mejor? Dejémonos cautivar por el mensaje de amor del evangelio y llenemos de delicadeza la vida para hacer un mundo mejor.

 

miércoles, 4 de septiembre de 2024

La gente buscaba a Jesús pero El se pone en camino y nos envía también a nosotros para un anuncio nuevo, el Reino de Dios del que tenemos que dar señales

 


La gente buscaba a Jesús pero El se pone en camino y nos envía también a nosotros para un anuncio nuevo, el Reino de Dios del que tenemos que dar señales

1Corintios 3, 1-9; Salmo 32; Lucas 4, 38-44

La gente andaba buscando a Jesús, nos dice el evangelista. ¿También nosotros andamos buscando? Pero ¿qué buscamos?

¿Quién nos resuelva nuestros problemas? ¿Tener una vida mejor? Seguramente mirando a nuestro mundo con los problemas que cada día nos vamos encontrando – ¿los vamos encontrando quizás porque también andamos buscando algo? – queremos que se acaben las guerras, que no haya tanta pobreza, que seamos capaces un día de entendernos  y no andemos en todos los ámbitos y escalas de la sociedad echándonos la zancadilla o haciéndonos la guerra los unos a los otros. Hay muchas cosas de las que nos sentimos insatisfechos y queremos y buscamos que las cosas sean de otra manera; pensemos, por ejemplo, en la crispación en que se vive en nuestra sociedad en que no sabemos llegar a un acuerdo que de pie a solucionar tantos problemas.

Buscamos, es cierto, de alguna manera una salvación, aunque no siempre estemos de acuerdo en quien es de verdad nuestro salvador. Algunas veces en nuestras búsquedas nos quedamos en algo primordial como pueda ser la salud o que tengamos suerte en la vida, pero en el fondo sabemos que es algo más lo que necesitamos aunque no siempre lo tengamos del todo claro.

Sí, nos dice el evangelio hoy, que la gente buscaba a Jesús. Después de salir de la sinagoga donde vieron aquel signo que Jesús allí realizaba con la liberación de aquel endemoniado, como ellos lo llamaban aunque nosotros pudiéramos pensar en algún tipo de enfermedad epiléptica, al caer la tarde – cuando se acabó el descanso del sábado – vinieron a la puerta de la casa de Pedro con todo tipo de dolencias y enfermedades para que Jesús los curara, enterados quizás de cómo había curado a la suegra de Pedro.

Pero nos sigue diciendo el evangelio que a la mañana siguiente cuando quisieron buscar de nuevo a Jesús – en aquel primer día de la semana, que tantas veces aparecerá significativamente en el evangelio – se había ido al descampado, donde se había pasado la noche orando. ‘Todo el mundo te busca’, le dicen a Jesús, y no quieren que los abandone, pero Jesús les dice que ese mismo anuncio tiene que seguirlo haciendo en otras ciudades y lugares.

¿Una manera de decirnos que tenemos que ponernos en camino? Ahora será Jesús, siguiéndole ya algunos primeros discípulos, el que se pondrá a recorrer aquellas aldeas y pueblos de Galilea para seguir haciendo el anuncio del Reino de Dios. No tardaremos en escuchar en el evangelio cómo Jesús hará poner en camino y enviará a aquellos primeros discípulos para que vayan también a hacer ese anuncio. También hay otros pueblos que buscan, y si acaso no buscan es porque no conocen, luego hay que ir a hacerles el anuncio.

Todo esto nos tiene que hacer pensar. Pensar en nuestras búsquedas y si detrás de todo ello está nuestra búsqueda de Jesús. Pero ¿qué buscamos o por qué buscamos? Eso tiene que ser también otra cosa que hemos de tener muy clara. Sí, miramos nuestras enfermedades y nuestras necesidades, ¿cuál será el signo que nosotros necesitemos en nuestra vida para reconocer lo que en verdad Jesús en su evangelio viene a ofrecernos y que nosotros hemos de vivir? ¿Qué va a significar la fe que tenemos en Jesús en relación a todos esos problemas que tenemos en la vida y para los que queremos una solución?

Si escucháramos de verdad el evangelio, sin prejuicios ni ideas preconcebidas, nos daríamos cuenta que siguiendo las pautas que Jesús nos va trazando en verdad haríamos un mundo mejor, de mayor paz y de mejor entendimiento, de más solidaridad y de mejores valores para las relaciones entre los unos y los otros, de mayor autenticidad y de menos vanidades y orgullos que a nada nos llevan, de más unidad y de mayor compromiso por hacer las cosas mejor.

Son los valores del Reino de Dios que Jesús nos anuncia y que quiere que nosotros seamos capaces de construir. Por eso nos pone en camino también, no solo para que digamos bonitas palabras sino para que manifestemos los verdaderos signos del Reino de Dios a través de estilo nuevo de vivir que de El hemos aprendido.

domingo, 19 de mayo de 2024

Es Pentecostés hagamos palpable en nuestro mundo de hoy todas las señales de la presencia del Espíritu en medio de nosotros y haremos así un mundo nuevo

 


Es Pentecostés hagamos palpable en nuestro mundo de hoy todas las señales de la presencia del Espíritu en medio de nosotros y haremos así un mundo nuevo

Hechos  2, 1-11; Salmo 103; 1Corintios 12, 3b-7. 12-13; Juan 20, 19-23

Es Pentecostés. Es mucho más que aquella fiesta judía que se celebraba a los cincuenta días de la pascua, como una celebración de la ley que el Señor dio a través de Moisés a su pueblo allá en el Sinaí; mucho más como aquella fiesta casi al principio del verano y que se convertía en ofrenda de las primicias de aquellos frutos que se comenzaban a recoger. Es mucho más porque para nosotros es la fiesta del Espíritu, aquella donación de sí mismo que Jesús había prometido para estar siempre con nosotros porque contaríamos para siempre con la fuerza venida de lo alto.

Los Hechos de los Apóstoles nos relatan lo acontecido aquel día. Aún seguían los Apóstoles encerrados en el Cenáculo, a pesar de las experiencias que ya habían tenido de la presencia de Cristo resucitado. En la Ascensión Jesús les había pedido que se quedaran en Jerusalén hasta que recibieran la fuerza del Espíritu. Ahora en medio de aquellas señales que les estremecían como de un ruido ensordecedor, de aquellas llamaradas que aparecían sobre ellos como si sintieran un incendio divino en sus espíritus ellos se sienten transformados e impulsados a salir al encuentro de cuantos les rodeaban.

Algo extraordinario sucede, porque habiendo gente venida de distintos lugares como era normal en aquella fiesta judía de Pentecostés todos les entienden cada uno en su propio idioma. La torre de la confusión de Babel se derrumbaba para comenzar un lenguaje nuevo que todos iban a entender. Son los signos y señales de la presencia del Espíritu.

Se acabaron los miedos y la confusión, comienza el mundo nuevo de la unidad y del entendimiento; queda ya atrás lo de encerrarse en si mismos y sus inseguridades para hacer el anuncio de la Buena Nueva que iba a transformar el mundo; con la presencia del Espíritu de Cristo resucitado la paz renace en los corazones, porque se olvidan las culpabilidades porque el perdón es el que nos va a conducir a la verdadera paz y no solo nosotros nos vamos a sentir renovados desde lo más hondo de nosotros mismos a pesar de las sombras de nuestros errores y pecados, sino que además tenemos que convertirnos en esos mensajeros y testigos de la paz y el perdón que será el que de verdad renueve nuestro mundo.

No podemos olvidar esas señales de la presencia del Espíritu que nosotros tenemos que seguir mostrando a nuestro mundo. No es solo el recuerdo de las señales vividas en otro momento sino que ha de ser en verdad algo vivo que en nosotros ahora se tiene que manifestar también para bien de nuestro mundo.

Hoy, ahora, aquí tiene que seguir siendo Pentecostés. La celebraciones cristianos no son solo un recuerdo sino un memorial, porque es haciendo memoria de esas maravillas de Dios hacer presente ahora en nuestra vida y en nuestro mundo esas mismas maravillas de Dios. Hoy, aquí y ahora tenemos que ser testigos de Pentecostés, porque nuestros miedos y cobardías se acaben de una vez para siempre, porque tenemos que comenzar a mostrar que es posible esa unidad y esa comunión porque en verdad comenzamos a sentirnos verdaderamente hermanos, porque sentimos en nuestros corazones el gozo y la alegría del perdón recibido que nos llena de paz y nos hace hombres nuevos sino porque vamos siendo esos ministros de reconciliación y de perdón para los demás.

Nos lo dijo Jesús en el día de Pascua, que nos daba su Espíritu para el perdón de los pecados, de manera que por todas partes teníamos que ir haciendo presentes esas señales del perdón. Sin verdadero y profundo perdón no podremos alcanzar una autentica paz. Esa paz que tanto necesita hoy nuestro mundo; esa paz que nos regenere y nos haga encontrarnos de verdad los unos con los otros dejando atrás viejos resentimientos y sanando de verdad las heridas que aun llevemos en el corazón. Las heridas que no se curan siempre nos irán marcando con cicatrices molestas; tenemos la medicina verdadera en la fuerza del Espíritu del Señor.

Una tarea muchas veces costosa y difícil, tenemos que reconocer, pero una tarea que sabemos que es posible. Vivamos con intensidad la experiencia de ser perdonados y aprenderemos a tener la experiencia gozosa de ofrecer el perdón. La fuerza del Espíritu que hoy en Pentecostés a eso nos está conduciendo.

Es Pentecostés y tenemos que ponernos en camino; es Pentecostés y de una vez por todas tenemos que abrir las puertas; es Pentecostés y tenemos que ir al encuentro de ese mundo que nos rodea con sus divergencias y con sus diferencias, con esos lenguajes que se nos vuelven ininteligibles y esas soledades que nos aíslan a pesar de tanto que decimos que nos comunicamos para crear un lenguaje nuevo de comunión y unos lazos de comunicación que nos acerquen los corazones. Es Pentecostés hagamos palpable en nuestro mundo de hoy todas las señales de la presencia del Espíritu en medio de nosotros y haremos así un mundo nuevo.

jueves, 26 de octubre de 2023

Entendamos las palabras de Jesús que ha venido a traer fuego y lo que quiere es que se encienda y arda, solo así se transformará nuestro mundo y surgirá un mundo nuevo

 


Entendamos las palabras de Jesús que ha venido a traer fuego y lo que quiere es que se encienda y arda, solo así se transformará nuestro mundo y surgirá un mundo nuevo

Romanos 6, 19-23; Sal 1; Lucas 12, 49-53

Nos chocan las palabras de Jesús. Es lo primero que se me ocurre decir. Diera la impresión que está diciendo todo lo contrario de lo que ha venido proclamando continuamente en el evangelio.

Su nacimiento fue anunciado como la paz para todos los hombres de buena voluntad, y ahora se nos habla de guerra. Continuamente nos está hablando de amor y de unidad, de comunión y entendimiento, y ahora nos habla de división y de una forma concreta nos habla de la división y del enfrentamiento incluso entre los miembros de las mismas familias. Nos habla de armonía y de construcción de algo nuevo, y nos habla del fuego destructor que todo lo arruina. ¿Qué nos está queriendo decir Jesús?

No podemos olvidar por una parte que el evangelio se proclama en un pueblo semita, un pueblo oriental en el que están habituados a hablar con muchas imágenes que nos quieren como describir el mensaje que se nos quiere ofrecer; y recordemos también cómo Jesús a lo largo del evangelio emplea parábolas y alegorías para trasmitirnos la buena noticia del Reino de Dios. Es un lenguaje, es una forma de expresarse. Y además contemplaremos a lo largo del evangelio que Jesús nos va sorprendiendo algo nuevo y distinto, por eso es buena nueva, buena noticia, porque es algo nuevo lo que se nos quiere transmitir.

Las posturas de Jesús, la respuesta a las cuestiones que le plantean, la manera de ser y de actuar de Jesús sorprende. Será por lo que algunos no querrán aceptarle; su manera de acercarse y estar con los pecadores, pues hasta se sienta a la mesa con ellos, es sorprendente; sorprendente es la manera como trata a las mujeres y a los niños, que de alguna manera eran los marginados de la sociedad; sorpresa y admiración producen sus milagros y los signos que realiza porque están queriendo trasmitirnos algo nuevo, algo que hasta entonces no se había visto ni se había vivido.

Entendamos, pues, las palabras de Jesús, su mensaje, lo nuevo que quiere trasmitirnos, la revolución que va a significar en la vida de muchos la aceptación del Reino de Dios que nos anuncia. Por eso será exigente con los que quieren seguirle, pues seguirle a El no es buscar prebendas ni beneficios; seguirle a El tiene sus exigencias, porque no podemos volver la vista atrás cuando cogemos el arado para trabajar en su campo; seguirle a El tiene su renuncia y su negación de nosotros mismos, porque ya no será nuestro yo el que va a dictar los caminos, sino que es El quien nos señala la senda; seguirle a El implica que tenemos también que cargar con la cruz, porque solo ese el camino que nos lleva a la vida en plenitud.

Pero quien se siente cogido por el evangelio, siente que su vida se transforma, ya no puede ser el de antes, es como una explosión que surge en su interior y que le lanza de manera irresistible a nuevos caminos y a nuevas tareas. Es, sí, como un fuego que sentimos en el corazón y que no podemos apagar; es ese celo radical que sentimos en nuestro interior y que ya nada nos detendrá en ese camino del seguimiento de Jesús y de anuncio del evangelio.

No todos lo comprenderán. Muchos quizá seguirán queriendo hacer sus componendas, cuando El nos dice que no nos valen los remiendos, sino que a vino nuevo serán odres nuevos; muchos querrán quedarse como observadores, como quien ve los toros detrás de la barrera, pero El nos implica y nos compromete o estamos con El o estamos contra El, porque quien no recoge con El, desparrama. No podemos querer quedarnos enterrando muertos, porque hemos optado por la vida y es eso lo que siempre tenemos que construir.

Muchos no lo entenderán, y pueden aparecer las persecuciones, pero no olvidemos que el discípulo no es más que su maestro; y aparecerán los desencuentros entre aquellos donde menos pensamos que los íbamos a tener como pueden ser nuestros seres más cercanos, los mismos amigos o la misma familia. Es de lo que hoy nos está hablando también.

Entendemos, sí, las palabras de Jesús que ha venido a traer fuego y lo que quiere es que se encienda y arda, porque solo así se transformará nuestro mundo para hacer surgir un mundo nuevo. No temió El subir hasta el Calvario y la Cruz; alguien al final, aunque no fuera de los antes habían escuchado el evangelio, reconocerá que ‘este hombre era inocente’. Lo que podría parecer una incongruente derrota de una muerte en cruz se convertiría el signo más glorioso de victoria con la resurrección y la vida. Es nuestro camino.

sábado, 6 de mayo de 2023

Tenemos que detenernos de nuestras carreras porque a la carrera no escuchamos, podrán sonar las palabras en nuestros oídos, pero no las dejamos llegar al corazón

 


Tenemos que detenernos de nuestras carreras porque a la carrera no escuchamos, podrán sonar las palabras en nuestros oídos, pero no las dejamos llegar al corazón

Hechos 13, 44-52; Sal 97; Juan 14, 7-14

¿Conoceremos de verdad a una persona después de mucho tiempo que estemos conviviendo, por ejemplo, con ella? Normalmente nos decimos que conocemos a las personas después de que llevemos un tiempo tratando con ellas, y normalmente muy ufanos solemos presumir del conocimiento que tenemos de los demás. Pero no es tarea fácil, solamente desde lo que vemos externamente no podemos llegar a ese conocimiento hondo, pues dentro de cada cual hay como un misterio de la propia personalidad que intentamos no dejar entrever, que mantenemos en nuestro yo, y solo a quien con confianza tratemos iremos desvelando es yo secreto que todos mantenemos. Claro que nos daremos a conocer en la medida en que vaya creciendo la amistad y la confianza, y en consecuencia vayamos abriendo totalmente el corazón.

Los discípulos que con más cercanía estaban con Jesús, aquel grupo que El había escogido de manera especial, ¿llegarían en verdad a conocer a Jesús? A ellos se les revelaba de manera especial, testigos fueron de muchas cosas de la vida de Jesús que los demás no llegaban a conocer, vemos que en ocasiones se los llevaba a lugares apartados donde estar a solas con ellos, y en los caminos muchas veces a ellos les hablaba con una mayor cercanía. Pero vemos hoy en el evangelio que todavía hacen preguntas que manifiestan que no conocen a Jesús. Por eso les dirá. ‘Tanto tiempo con vosotros, ¿y aún no me conocéis?

Será después de la resurrección cuando nos dirá el evangelista que les dio el don del Espíritu y les abrió la inteligencia para que entendieran las escrituras. Los pasajes que estos días estamos escuchando forman parte de aquella larga e intima conversación de despedida después de la cena pascual, donde Jesús va desnudando más y más su corazón para que realmente le conozcan.

Algunas veces nos atrevemos a pensar qué lentos y cortos de inteligencia eran para no comprender lo que Jesús les iba revelando. Dejemos que la Escritura en algún momento hable así de lo que les costaba entender las palabras de Jesús, no entremos en juicio, porque el primero tendríamos que hacérnoslo a nosotros mismos. ¿En verdad conocemos a Jesús? ¿No tendrá que decirnos Jesús que tanto tiempo con nosotros y aun no le conocemos?

No es cuestión de tirarnos piedras los unos a los otros con nuestras acusaciones si nosotros somos o no más torpes que los discípulos que allí estaban al lado de Jesús y tanto les costaba entenderle, escucharle profundamente, empañarse de lo que era Jesús, porque es cosa que a nosotros nos sigue sucediendo. Necesitamos escuchar de verdad a Jesús, abrir nuestro corazón, dejarnos conducir por su Espíritu.

Y es que muchas veces podemos oír muchas cosas, pero escuchar lo hacemos menos. Tenemos que abrir las sintonías del alma, tenemos que aislarnos de muchos estridencias que nos aturden y nos distraen. Tenemos que saber hacer ese silencio interior cuando vamos a escuchar la Palabra de Dios. Llevamos tantas cosas en la cabeza, tenemos el corazón llenos de tantos ruidos y turbulencias que no dejamos sitio a la Palabra de Dios.

Tenemos que detenernos de nuestras carreras. A la carrera no escuchamos, podrán sonar las palabras en nuestros oídos, pero no las dejamos llegar al corazón. No tengamos prisa cuando estamos escuchando la Palabra, no pasemos inmediatamente a otra cosa, detente, haz silencio, escucha, quédate rumiando aquella Palabra que escuchaste, repásala una y otra vez no solo por tu mente sino por tu corazón, paladéala con amor, no le temas, déjate sorprender, siémbrala en lo más hondo de tu corazón. Conocerás a Jesús, conocerás a Dios y aprenderás también a conocerte a ti mismo.

 

lunes, 5 de septiembre de 2022

Quitemos los filtros de malicia y desconfianza de nuestra mirada para descubrir y valorar siempre todo lo bueno que encontramos en los demás

 


Quitemos los filtros de malicia y desconfianza de nuestra mirada para descubrir y valorar siempre todo lo bueno que encontramos en los demás

1Corintios 5, 1-8; Sal 5; Lucas 6, 6-11

En la vida siempre hay quien lleva filtros en los ojos. Como esos que siempre llevan entintados los cristales de sus gafas; entonces todo lo que miran es con el color del cristal a través del cual están mirando. Lo pueden ver todo turbio o lo pueden ver con negruras, depende de la suciedad a través de la cual miran o de la oscuridad que llevan en la vida.

Cuando nos entra desconfianza en el corazón hacia alguien siempre veremos de manera turbia todo lo que haga esa persona; diremos que esa persona obra por mala intención sin darnos cuenta que quienes llevamos la mala intención en el corazón somos nosotros con nuestra desconfianza, o con nuestra malicia. Personas que siempre están al acecho, están detrás de las mirillas de sus ventanas observando, interpretando, juzgando… condenando, porque las cosas no son como a ellos les gustaría, porque con nuestra malicia interpretamos lo que hacen poniendo malicia o doble intención.

Nacen las criticas sin razón y siempre destructivas. Aparecen las discriminaciones y los rechazos. No somos capaces de ver lo bueno porque siempre tendremos ‘un pero’ que poner. Está detrás nuestra autosuficiencia y el desprecio. Son nuestras miradas puritanas pero que encierran una falsedad en nuestro corazón. Nos volveremos destructivos porque siempre queremos echar abajo lo que los otros realicen y a la menor oportunidad trataremos de rehacer a nuestra manera lo que los otros hayan realizado. No se soporta lo bueno que puedan hacer los demás sobre todo si consideramos que no son de los nuestros.

Lo estamos viendo en el día a día de nuestra sociedad; somos tan partidistas que solo lo que hagan los nuestros será bueno; en nosotros no veremos nunca ningún defecto, ningún error, trataremos de ocultar los fallos que puedan tener los que son de nuestro bando, intentaremos salpicar de maldad todo lo que hacen los demás. No somos capaces de caminar en nuestra sociedad aunando esfuerzos; no queremos escuchar lo que nos puedan ofrecer los demás, aunque luego cuando ya no nos quede más remedios intentaremos hacerlo como si fueran ideas nuestras cuando antes siempre estábamos en contra. Problemas del día a día de nuestra vida social donde tampoco sabemos perder y reconocer el éxito que puedan lograr los demás.

¿Cuándo aprenderemos a buscar lo bueno y lo mejor entre todos en un armonioso diálogo? ¿Cuándo dejaremos a un lado esa acritud que tan fácilmente aparece en los diálogos o discusiones que podamos mantener para ofrecer cada cual las mejores ideas para el bien de todos? Lo malo es que estas actitudes de nuestros dirigentes van contagiando a todos, y las nuevas generaciones serán igualmente partidistas, poco dialogantes y violentas. Nos quejamos de esa violencia que cada vez más agravada en multitud de actos públicos, pero ¿a quien están imitando? ¿Qué se ve en los que se llaman dirigentes de nuestra sociedad?

Son aspectos humanos que tenemos que saber mejorar, son actitudes nuevas que tenemos que saber poner en juego en nuestra sociedad quienes nos decimos seguidores de Jesús. El padeció también esas violencias y rechazos. Hoy hemos escuchado en el evangelio que en la sinagoga aquel sábado estaban al acecho de lo que pudiera hacer Jesús. Y el que pasó haciendo el bien no podía dejar que un ser humano siguiera sufriendo simplemente por la intransigencia de algunos.

Había allí un hombre con una mano paralizada, pero no querían permitir que Jesús lo curara, estaban al acecho; ya estaban apareciendo las desconfianzas contra Jesús y todo lo que hacia Jesús tenía que pasar por el filtro de aquellos ojos llenos de desconfianza y de maldad.

Y Jesús nos dice que siempre tenemos que hacer el bien, que no podemos permitir el sufrimiento de nadie si está en nuestras manos remediarlo; Jesús nos está pidiendo que vayamos por la vida con  mirada limpia sabiendo recoger todo lo bueno, venga de donde venga. Jesús nos pide que no andemos encorsetados con normas y preceptos que no ayudan al bien del hombre, al bien de la persona. Jesús nos está pidiendo que comencemos a hacer un mundo de mayor armonía y paz, que busquemos siempre el encuentro y el diálogo, que sepamos respetar y valor lo bueno del otro, que arranquemos de una vez para siempre las malicias y desconfianzas del corazón. Son los estilos del Reino de Dios.

miércoles, 13 de julio de 2022

Hagamos camino con el camino de Jesús que no es otro que nuestro propio camino que quiere hacer con nosotros para revelarnos todo el misterio del amor de Dios

 


Hagamos camino con el camino de Jesús que no es otro que nuestro propio camino que quiere hacer con nosotros para revelarnos todo el misterio del amor de Dios

Isaías 10, 5-7. 13-16; Sal 93; Mateo 11, 25-27

Es justo y humano que queramos crecer en conocimientos; podríamos decir que es exigencia de nuestra condición humana, pues en nuestra dignidad como personas estamos dotados de una inteligencia y de una voluntad, que nos engrandece. Exigencia, porque tenemos que desarrollar nuestras capacidades; exigencia porque desde esa inteligencia vamos creciendo en el conocimiento y crecer en el conocimiento es una manera de crecer como personas, pero es lo que intelectualmente nos hace ir investigando, creando esa cultura científica en todos los aspectos. Decimos que una faceta de esa sabiduría es ese crecimiento de conocimientos y todo ese desarrollo que podemos ir haciendo de nosotros mismos y de nuestro mundo.

Algo que tendría que hacernos más humanos, crear humanidad en nuestras relaciones como en nuestra manera de ser, reconociendo incluso nuestras limitaciones aunque cada día vayamos avanzando más y más. Esa ciencia, ese conocimiento no nos puede hacer autosuficientes para creernos dioses o para ponernos por encima de los demás, aun cuando no hayan sido capaces de ese desarrollo al que nosotros hemos llegado. Esa autosuficiencia y ese orgullo a la larga nos destruyen como personas y nos impedirán alcanzar otra sabiduría de la vida que nos viene, por así decirlo, por otro camino.

Decíamos que es exigencia de nuestra propia humanidad, pero que también lo podemos descubrir como una exigencia de nuestra fe; y no tiene por qué haber enfrentamiento entre esa sabiduría que vamos alcanzando en nuestro desarrollo y nuestra fe. Es necesario un camino de humildad, de reconocimiento incluso de aquello a lo que no podemos llegar por nosotros mismos.

Nos sorprende Jesús hoy con sus palabras. Nunca nos podemos acostumbrar a las palabras de Jesús y darlas siempre por conocidas y entendidas. Da gracias al Padre porque ha querido rebelarse, no a los sabios y entendidos, sino a los que son pequeños, a los que han sabido ser pequeños.

¿Reñida esa revelación de Dios con el desarrollo de nuestra inteligencia y de nuestra ciencia? De ninguna manera. Es la actitud del que se cree entendido lo que le hace incapaz de recibir esa revelación de Dios; la autosuficiencia de creer que todo nos lo podemos saber por nosotros mismos nos cierra a lo más grande que podemos recibir, esa revelación que Dios hace de si mismo. No hay ninguna contradicción con lo que hemos venido diciendo, sino todo lo contrario. Es una sabiduría que solo podemos recibir de Dios pero si tenemos el corazón humilde y abierto como para dejarnos enseñar por Dios.

Es lo que recibimos por Jesús, Palabra y revelación de Dios. ‘Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar’. Jesús quiere revelársenos, Jesús viene del Padre y nos revela el misterio de Dios, Jesús es la luz que nos ilumina, pero como nos sucede tantas veces por nuestra autosuficiencia las tinieblas no quieren recibir la luz.

Recorramos las páginas del evangelio y veremos quienes son los que escuchan a Jesús; aquellos que han llenado su corazón de autosuficiencia, los veremos que siempre están a distancia de Jesús, al acecho; pero quienes son pequeños y saben hacerse pequeños, aquellos que caminan con corazón pobre y humilde serán los que escuchan y siguen a Jesús.

¿Cuál es nuestra posición ante Jesús? ¿Nos quedaremos quizás en mirar de lejos para filtrar las palabras y los gestos de Jesús? ¿Seremos capaces de ponernos a pie de calle para caminar al lado de Jesús, aunque muchas veces el camino se haga duro o se haga calle de amargura que nos lleve al Calvario para dejarnos inundar por el amor de Jesús?

El ha venido a caminar a nuestro lado, a hacer nuestros caminos, a llegar a la casa de la suegra de Pedro donde hay sufrimiento o a la casa de Jairo donde están las plañideras de la muerte, pero el viene para curarnos, para llenarnos de la vida y de la sabiduría de Dios. Hagamos camino con su camino que no es otro que nuestro camino que Jesús quiere hacer con nosotros.

jueves, 21 de abril de 2022

Dejémonos conducir por el Espíritu del Señor y comenzaremos a caminar los caminos de la fe convirtiéndonos en testigos

 


Dejémonos conducir por el Espíritu del Señor y comenzaremos a caminar los caminos de la fe convirtiéndonos en testigos

Hechos de los apóstoles 3, 11-26; Sal 8; Lucas 24, 35-48

No siempre nos creemos todo lo que nos cuentan; si es algo asombroso sin querer negar claramente la veracidad del que nos lo está contando, nos quedamos en nuestro interior con ciertas reservas, como si lo creyéramos pero al mismo tiempo no lo creyéramos, y de alguna manera indagamos para ver si desde otra fuente nos vienen a corroborar lo que los primeros informadores nos han contado, nos quedamos con la sospecha de la exageración de quien por algo se ha sentido impresionado y ahora cuando nos lo cuenta añade detalles, añade cosas que le pueden dar mayor espectacularidad pero que puede ser producto de sus ensoñaciones, de su fantasía a la hora de contar, o de lo que quizá quiera impresionarnos.

¿Qué pasaba con los anuncios que unos a otros se hacían en aquel momento del hecho de la resurrección de Jesús? Cuando las mujeres vinieron contando lo del sepulcro vacío y la aparición de Ángeles, lo echaron a fantasías de mujeres que no podían ser realidad. Con ese pensamiento incluso se habían marchado los discípulos de Emaús, pero cuando ahora ellos vienen contando que le han visto en el camino, que le reconocieron a la hora de partir el pan, seguían queriendo creer pero no estaban todavía tan convencidos.

Y el evangelio nos dice que mientras los de Emaús contaban Jesús mismo en persona, apareció entre ellos, sin que se abrieran las puertas. Sorpresa, susto, miedos y temores, posibilidades de fantasmas, incredulidad de nuevo. Y allí estaba Jesús mismo en medio de ellos. Y es Jesús el que quiere ofrecerles pruebas mostrando sus manos y la llaga del costado; más aún les pide que si tienen algo que comer que le traigan, que comerá ante ellos para que se convenzan que no es un fantasma. Y así lo hacen. Pero sus mentes seguían cerradas y el miedo seguía atenazándoles de manera que les impedía creer de verdad.

Y Jesús pacientemente, como había hecho con los discípulos en el camino, les explica las Escrituras y todo lo que estaba anunciado acerca de El que se ha cumplido. ‘Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí’. Y a continuación nos dice el evangelista que ‘les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras’.

Solo cuando nos dejamos conducir por el Espíritu del Señor, el Espíritu de Sabiduría, comenzaremos en verdad a caminar los caminos de la fe. No es cuestión solo de razonamientos, de pruebas que podamos palpar con nuestras manos. Cuántas veces nos buscamos esos razonamientos, cuántas veces queremos solo a base de explicaciones llegar a meternos de verdad en el misterio de Dios. Es cierto que tenemos que dar razón de nuestra fe y tenemos que buscar de la mejor manera formarnos para profundizar en todo ese misterio de Dios.

Pero lo importante es que nos dejemos inundar por ese misterio, dejemos que sea el Espíritu divino el que nos vaya conduciendo. Es lo que llamamos la obediencia de la fe. Algo que tiene que llegarnos al corazón, algo que tenemos que experimentar dentro de nosotros mismos, algo que solo puede ser una experiencia de vida. Y desde ahí nos sentiremos transformados, desde ahí comenzarán a aparecer una actitudes nuevas en nuestra vida, desde ahí comenzarán a aparecer unas vivencias distintas. Es algo que tenemos que vivir desde lo más hondo de nosotros mismos.

Allí ahora los discípulos con la presencia de Jesús comenzaron a vivir algo; por eso comenzaron a ser testigos. Todo aquello que habían vivido no era solo el fruto de las maquinaciones de los sumos sacerdotes y de los dirigentes del pueblo, ni el fruto de una sentencia del procurador romano. Allí había habido un actuar de Dios, un paso de Dios en aquella pasión y muerte de Jesús, por lo que ahora no se quedaban en un crucificado que había muerto y había sido enterrado, sino que era el Señor que vive, porque a Jesús lo contemplaban vivo y resucitado.

Estaba escrito: ‘el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén’. Era lo que habían vivido y ahora lo comprendían y sentían y era de lo que ahora eran testigos. ‘Vosotros sois testigos de esto’.

¿Seremos nosotros también testigos de esto ante el mundo que nos rodea? ¿Cómo vamos a dar ese testimonio?

viernes, 8 de octubre de 2021

Jesús invita a que se mantengan firmes en su fe los que se van viendo liberados de las viejas ataduras porque puede aparecer la nueva cizaña de la confusión y el desaliento

 


Jesús invita a que se mantengan firmes en su fe los que se van viendo liberados de las viejas ataduras porque puede aparecer la nueva cizaña de la confusión y el desaliento

Joel 1,13-15; 2,1-2; Sal 9; Lucas 11,15-26

Parece que ya casi nos hemos acostumbrado. Lo vemos en cualquier trasmisión de noticias, en las discusiones por llamarlas de alguna manera que se montan en las redes sociales, en las luchas en la vida diaria entre unos y otros, cómo en cualquier discusión o intercambio de opiniones sobre las más diversas cosas cuando no tenemos razones o argumentos lo más fácil es entrar en el campo de las descalificaciones queriendo desprestigiar al adversario echando toda clase de porquería sobre ellos; si ante los ojos de la sociedad logramos desprestigiar a alguien aunque sea con falsedades la gente dejará de creer en esa persona y anularemos cualquier tipo de influencia que pudiera tener en la sociedad.

Algunas veces, tanto nos han insensibilizado, que nos parece hasta normal que esas cosas sucedan así y perdemos nuestra capacidad de juicio personal dejándonos llevar simplemente por ‘lo que dicen’ de la otra persona sin ningún tipo de comprobación de su certeza. Echa basura que algo queda, es un dicho que se suele repetir más o menos en ese sentido. ¿Hasta dónde llega la ética de las personas? ¿Qué mundo nos estamos creando cuando vemos tan normal que sucedan cosas así?

Nunca somos capaces de aceptar lo bueno que puedan hacer los demás; todo lo que hagan aquellos que ‘no son de los nuestros’ no puede ser bueno y cuando yo llegue a tener algún tipo de poder lo destruiré aunque no sea capaz de construir algo mejor. Lo estamos viendo en la sociedad todos los días y en todos los ámbitos. Así anda nuestra vida política donde nunca somos capaces de entendernos y tratar de acercar opiniones o planteamientos para hacer algo bueno y duradero, lo vemos en otros ámbitos de la vida social, del mundo de los deportes, o hasta en nuestras asociaciones de vecinos donde pronto aparece el partidismo y más que las ganas de hacer algo positivo, están los deseos de destruir lo que otros han hecho. Algunas veces viendo todo esto se siente uno desalentado.

Me surge toda esta reflexión sobre las andaduras de nuestra vida social actual desde lo que también contemplamos en el evangelio que sucedía en tiempo de Jesús. También el desprestigio era la regla de juego. Había quienes no podían aceptar a Jesús porque la transformación que Jesús quería realizar desde lo más hondo de los corazones de los hombres, quizá pudiera poner en peligro sus posicionamientos y grados en la escala de la vida social de su época. Allá estaban en contra los fariseos y los saduceos, que eran algo así como los dos principales partidos de la sociedad judía; igualmente los sumos sacerdotes y los escribas que pertenecerían a alguno de estos u otros grupos también hacían oposición a Jesús.

Había cosas que estaban muy claras y que eran los signos, los milagros que Jesús realizaba. La gente veía renacer sus esperanzas en las palabras de Jesús pero también con los signos que realizaba que eran señales de esa vida nueva que Jesús nos venía proponiendo al hablarnos del Reino de Dios. No podían negar las evidencias, pero sí podían sembrar dudas en los corazones de la gente sencilla. Por eso, como hoy contemplamos, al final quieren atribuir el poder de Jesús al poder del príncipe de los demonios. Sembraban dudas y sembraban desprestigio para que la gente no siguiera a Jesús.

Jesús invita a los que le siguen y se van viendo liberados de muchas ataduras en la vida nueva que El les ofrecía, para que se mantengan firmes en su fe; para que no se confíen en que ya se sienten liberados y nada les puede pasar. Puede venir de nuevo el enemigo y sembrar la cizaña en medio de la buena semilla para crear confusión, como es lo que están queriendo hacer con las críticas que se hacen a Jesús. La maldad y la malicia del que busca el mal pueden hacer surgir nuevas formas que nos tienten y nos envuelvan con su mal.

Es en lo que nosotros hemos de estar prevenidos y sentirnos fuertes para no volver a caeré en la tentación del maligno que nos acecha para llevarnos por caminos de maldad y de pecado. Es también ese mundo de confusión que nos envuelve, como hemos venido reflexionando, que nos hace perder la fe y la esperanza, que nos desalienta y que nos confunde. El mal está ahí, y puede estar metido también en nuestro mundo, pero no nos podemos dejar confundir, no nos podemos dejar vencer por el desaliento, no podemos sentirnos defraudados por aquello que intencionadamente nos pueden presentar de una forma determinada para desestabilizarnos y hacernos perder la fe.

Es cierto que podemos ver también mucho mal hasta dentro de la Iglesia o cosas que no nos gusten. Pero tenemos la seguridad de quien es el que guía los caminos de la Iglesia, quien la asiste y la hace superar esas fuerzas del mal que atentan y acechan contra ella.  El Espíritu del Señor está con la Iglesia siempre, aunque nos veamos envueltos en sombras. ‘El poder del abismo no la derrotará’, le dijo Jesús a Pedro. Tengamos esa confianza en las palabras de Jesús.

martes, 15 de junio de 2021

Seamos capaces de entrar en la órbita del amor que incluye también a los enemigos y rezar por los que hacen el mal, aunque no nos entienda el mundo que nos rodea

 


Seamos capaces de entrar en la órbita del amor que incluye también a los enemigos y rezar por los que hacen el mal, aunque no nos entienda el mundo que nos rodea

2Corintios 8,1-9; Sal 145; Mateo 5,43-48

‘Hacer lo políticamente correcto’, es una expresión que oímos con frecuencia hoy y que se convierte en algo así como norma de comportamiento para tenernos contentos a todos. Los políticos han de hacer lo que se considera políticamente correcto para no salirse del grupo dominante dentro de su formación y aunque quizá en conciencia se considere que las cosas se deben hacer de otra manera, hay que contentar al que está en el poder porque si no hago lo políticamente correcto según consideren esos dirigentes me puede ir mal en mi carrera política. Pero eso tiene sus influencias en los comportamientos en la vida social y por ese sentido hacemos lo que la mayoría quiere aunque consideremos que las cosas son de otra manera o hay que actuar de otra forma.

Y esto es algo que se va contagiando en nuestra sociedad y en nuestro mundo y pudiera llegar a afectar a nuestra forma de vivir nuestra fe y nuestro sentido cristiano de la vida. Quizás muchas veces no damos la cara desde los principios y los valores del evangelio, porque en el ambiente que vivimos en nuestro entorno son otras las formas de entender las cosas. Y claro la moralidad de unos actos no se marca por unos votos porque la mayoría piense que hay que hacer lo contrario.

Tenemos unos valores, tenemos unos principios que nos ha dejado el evangelio y que quienes creemos en Jesús hemos de tomar como norma, estilo y sentido de nuestro actuar y muchas veces vamos a chocar con lo que se piensa alrededor, con la manera de actuar de la mayoría de los que están a nuestro lado. Y ¿qué hacemos? ¿Lo que políticamente es correcto porque lo que pretendemos es contentar o agradar a la mayoría?

Las palabras que escuchamos hoy en el evangelio son de esas cosas que nos dice Jesús que chocan frontalmente con lo que se vive en torno nuestro. Hoy Jesús nos pide no solo perdonar a los enemigos sino además rezar por ellos, rezar por los que hacen el mal o por los que nos hayan dañado. ¿En qué cabeza cabe esto?, pensarán algunos. ¿Cómo voy a rezar incluso por el que es mi enemigo, o por el que ha cometido tan tremendo crimen, o por quien me haya podido hacer mal? Y nos ensañamos en la condena, y no veas todas las cosas que somos capaces de decir y hasta lo que estaríamos dispuestos a hacer.

Por eso, recordar estas cosas que nos enseña Jesús en el evangelio entraría dentro de lo que políticamente no es correcto; y quizás no tenemos la valentía de decirlo, de predicarlo, porque claro el ambiente que vivimos algunas veces está tan enrarecido que eso va a provocar la ira de tantos en contra nuestra. Un poco de todo eso está pasando en estos momentos, y cuando alguien levanta la voz para proclamar claramente el evangelio es rechazado y hasta condenado. No se entienden estas palabras del evangelio, no se entiende lo de la misericordia y el perdón, y todos tenemos la tendencia a dejarnos resbalar por esa pendiente de la condena, de la revancha, de la venganza. Y en esa tentación podemos caer los cristianos.

No olvidemos que los cristianos tenemos que remar en la vida muchas veces a contracorriente. No es fácil. No es fácil que nos entiendan y nos pueden hacer la vida imposible. Pero ya Jesús nos previno y nos prometió la fuerza de su Espíritu para poder vivir el evangelio y para proclamarlo delante del mundo.

Es un mandamiento radical el que Jesús nos deja cuando nos manda amar y amar también a nuestros enemigos. Está en juego lo que significa el seguimiento de Jesús. Está en juego lo que significa la construcción del Reino de Dios. ‘Amor al prójimo que incluye al que te fastidia, al que te odia o te amenaza. Un amor valiente, que reclama y lucha por la justicia como esqueleto de convivencia y relación. Pero un amor que supera esa normativa para promover la misericordia y la compasión. Orar por vuestros enemigos, devolved bien por mal, amad, reconoced al otro como hijo de Dios, sed compasivos con el que te perjudica, perdonad hasta setenta veces siete’.

¿Seremos capaces de entrar de verdad en esa órbita del amor aunque tengamos que ponernos enfrente del mundo que nos rodea que no llega a entenderlo?

domingo, 18 de abril de 2021

La presencia de los hermanos a nuestro lado confesando y cantando su fe sea la señal que nos sorprenda con la presencia de que Cristo resucitado en medio de nosotros

 


La presencia de los hermanos a nuestro lado confesando y cantando su fe sea la señal que nos sorprenda con la presencia de que Cristo resucitado en medio de nosotros

Hechos de los Apóstoles 3, 13-15. 17-19; Sal. 4; 1Juan 2, 1-5ª; Lucas 24, 35-48

Las apariciones de Cristo resucitado se habían ido acumulando, pero ellos no salían de su estupor por eso cada vez que se les manifestaba se llenaban de miedo y de temor y aunque en el fondo sentían la alegría de encontrarse de nuevo con El se quedaban como paralizados sin saber cómo reaccionar. Era algo nuevo, algo distinto, no era simplemente verle como antes de su pasión y muerte en la cruz, había algo que sentían y que vivían y que de alguna manera era indescriptible.

Allí estaban en el cenáculo con los discípulos que habían vuelto del camino de Emaús que contaban todo lo sucedido y como lo habían reconocido al partir el pan. Las señales, los signos por lo que habría que reconocerle, donde habrían de sentir su presencia. Por eso de nuevo está allí en medio de ellos e igualmente se ven sorprendidos y como llenos de temor ante el misterio grande que se les está revelando.

Y es que esta será otra señal, cuando estén reunidos, aunque en ocasiones se encuentren o desalentados o aturdidos por cuanto les sucede, Jesús se les manifiesta, como a los discípulos de Emaús, o como a ellos mismos que allí están ahora con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Tenemos que ir aprendiendo las señales de su presencia, las señales y los signos de que en verdad ha resucitado, está vivo, y está junto a nosotros. Será la pauta para siempre. Será ya para siempre la forma como la Iglesia va a sentir y a vivir su presencia a lo largo de los siglos.

Pero con Jesús viene siempre la paz, con Jesús siempre nos llenaremos de paz. Fue su saludo pascual repetido en las diferentes apariciones; será lo que Jesús querrá despertar en nuestros corazones aturdidos por tantas cosas. Como no tienen palabras para expresarlo de otra forma dirá el evangelista que ellos creían ver un fantasma pero Jesús trata de levantar su ánimo decaído, porque ha sido duro el trago por el que han pasado con la pascua y es necesario que ellos se sientan con una alegría nueva y distinta. ‘¿Por qué os alarmáis? ¿Por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo. Dicho esto, les mostró las manos y los pies’. Estaban palpando su presencia pero seguían sorprendidos y atónitos sin saber cómo reaccionar.

Nos paralizan las sorpresas cuando son duras y amargas y no sabemos como reaccionar, pero también lloramos de alegría y nos quedamos como paralizados cuando llegamos a encontrarnos con alguien a quien queríamos ver pero no lo esperábamos en ese momento. Muchas veces decimos cuando nos suceden cosas así que tendrían que prepararnos para la sorpresa.

Y es que ante muchas cosas hemos quizás perdido la capacidad de la admiración y de la sorpresa. En nuestros racionalismos queremos darle explicación a todo y buscamos mil razonamientos para explicarnos por qué nos suceden las cosas, pero parece como si no quisiéramos dejar actuar a Dios que tantas veces nos sorprende. Las cosas las queremos a nuestra manera pero ese actuar de Dios en nuestra vida no es a nuestra manera sino a su manera. Lo que tenemos que saber descubrir las señales de su presencia o de su actuar en nosotros, porque nos puede hablar de mil maneras y a través de muchas cosas o personas y de la misma manera nos hará sentir su presencia.

Quizás buscamos en ocasiones cosas grandiosas y El se nos manifiesta en las cosas pequeñas. Queremos buscarnos palabras rimbombantes para expresar los misterios de Dios y al final nos pueden sonar huecas en nuestros oídos, porque es quizá en la palabra sencilla del que aparece como más pequeño y humilde donde nos estará manifestando todo su misterio.

¿Sabemos una cosa que tendríamos que pedirle al Señor ante todo cuanto nos sucede o cuanto ahora estamos viviendo en este tiempo de pascua? Que nos abra el entendimiento para que comprendamos las Escrituras. Repetidas veces aparece esta expresión en los relatos del evangelio en este tiempo de pascua. Lo escuchamos que lo hacía con los discípulos que marchaban a Emaús, y vemos que hoy nos lo repite el evangelio en este encuentro de Jesús con los discípulos allí reunidos en el cenáculo. ‘Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y les dijo: Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto’.

Será ahora cuando comenzarán a comprender todo lo que había sucedido. Lo había anunciado y ahora se los recuerda y llenándose del Espíritu de Cristo resucitado y será entonces cuando entenderán todo el sentido de la pascua. Es ahora cuando claramente están viendo que Jesús es el Mesías, por su pasión y por su muerte, porque sobre todo por el triunfo de la resurrección. Es ahora cuando descubren el valor de aquella muerte, de aquella pascua y podrán comenzar a proclamar la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos.

Recordamos que en el relato paralelo del evangelista Juan, que fue el que escuchamos el pasado domingo, Jesús les da la fuerza de su Espíritu para el perdón de los pecados. Es ahora cuando comenzarán de verdad a ser los testigos de la resurrección. Como les dice ‘vosotros sois testigos de esto’, y los testigos no pueden callar, tienen que dar su testimonio.

Veamos nosotros las señales y dejémonos sorprender por su presencia. Con nosotros está aunque nos cueste reconocerle. Que la presencia de los hermanos a nuestro lado confesando y cantando también su fe sea para nosotros la señal de que Cristo resucitado está en medio de nosotros.