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domingo, 10 de agosto de 2025

Confiados porque esperamos, confiados porque tenemos esperanza, es el signo de esperanza que tenemos que ser para los demás en la vida

 


Confiados porque esperamos, confiados porque tenemos esperanza, es el signo de esperanza que tenemos que ser para los demás en la vida

Sabiduría 18, 6-9; Salmo 32; Hebreos 11, 1-2. 8-19; Lucas 12, 32-48

Mira que eres confiado, nos habrá dicho alguien cuando nos ha visto esperando y esperando aunque no haya señales de llegada de quien estábamos esperando o no hay señales de que se realice aquello que quizás nos prometieron; nos pidieron quizás que guardáramos algo que teníamos que entregar a quien había de venir, y nosotros seguimos guardando y aguardando, porque cuidamos aquello que nos han confiado y mantenemos la tensión y la atención ante la llegada de quien nos prometieron.

Confiados porque esperamos, confiados porque tenemos esperanza. Podría parecer que eso no son cosas que se lleven hoy, porque hemos perdido toda la confianza, porque ya no creemos en las promesas, porque pasamos de todo y ya no nos creemos nada de lo que nos anuncian o nos prometen; hay desencanto, porque hemos perdido la esperanza, porque hemos perdido la confianza, porque ya nos cuesta creer. Lo palpamos alrededor y podemos sentirnos también contagiados de esos cansancios y esas desesperanzas. Nos puede hacer perder el sentido y el valor de la vida, nos podemos por otra parte como que nos metemos en una coraza y ya no tenemos sensibilidad, ya no nos importa nada y vivimos la vida sin trascendencia.

Pero si decimos que es algo que palpamos en el mundo que nos rodea, en la manera de vivir de tantos en nuestro entorno - ¿Dónde han puesto muchos sus esperanzas? ¿Qué es lo que ahora andan buscando? Con cuantas cosas, cuantos sustitutivos queremos camuflar nuestras desesperanzas y perdida de sentido – pero sin embargo es una virtud y un valor fundamental para nosotros los cristianos. No es la frase socorrida que decimos muchas veces de que la esperanza es lo último que se pierde.  Esa esperanza que hemos de manifestar en nuestra vida es un signo de esa búsqueda y esa vivencia que queremos hacer del Reino de Dios. Es alimento de nuestra vida. Es sentido de nuestra vida.

De eso nos está hablando Jesús en el evangelio cuando por otra parte nos está invitando a la vigilancia. Como el dueño de casa que no sabe a qué hora viene el ladrón, como las doncellas que esperan la llegada del novio para participar en el cortejo nupcial con sus lámparas encendidas, como el sirviente que espera la llegada de su amo para abrirle la puerta apenas llegue. Es la vigilancia de nuestra vida para vivirla en plenitud, también en el aquí y en el ahora. No solo pensamos en esa vigilancia porque nos puede llegar la hora de la muerte cuando menos pensemos y estemos dispuestos para presentarnos al juicio de Dios.

Es que eso lo prepararemos en ese día a día vigilante en nuestras tareas y responsabilidades, en ese trato humano que tengamos con los demás, en ese compromiso que todos tenemos de hacer que nuestro mundo sea mejor, en ese esfuerzo que hacemos cada día por superarnos y mejorar en nuestra vida, por crecer interiormente, por compartir lo que somos con los demás. ¿No nos ha hablado del administrador que tiene que repartir su ración a cada uno en su hora oportuna? Y si se descuida y no lo hace, si se aprovecha de su situación sintiéndose superior a los demás, si obra de una manera injusta, tendrá que dar cuentas. ¿No es lo que tenemos que hacer en nuestra vida de cada día? Somos administradores de esa vida que Dios ha puesto en nuestras manos con todos sus dones y cualidades; tenemos que ser esos buenos administradores.

Y eso es una manifestación de nuestra confianza y nuestra esperanza. Porque sabemos que en esa tarea no estamos solos, que Dios es nuestra fortaleza, que El nos regala la luz de Espíritu para que podamos discernir lo bueno en cada momento. Aunque haya momentos oscuros, noches oscuras, sabemos siempre que el Señor está ahí. Su promesa no nos falla, su presencia y la fuerza de su Espíritu es permanente en nuestra vida. Confiamos, esperamos. Y seguimos realizando nuestra tarea, seguiremos afrontando las dificultades de la vida, no podemos dejar llenar nuestro corazón de angustia como si estuviéramos solos, porque con nosotros está el Señor, aunque a veces no lo veamos, pero si abrimos nuestro espíritu lo sentiremos en nuestro corazón.

Es el signo de esperanza que tenemos que ser en medio de los que nos rodean, para que de nuevo comencemos a confiar, de nuevo todos comencemos a poner nuestra mano en el arado para transformar de verdad nuestro mundo. La esperanza es nuestra fuerza y nos dará sentido a nuestra vida.

jueves, 27 de marzo de 2025

Liberémonos de las malicias que nos dañan, tendamos más puentes que nos acerquen, aprendamos a caminar juntos y colaborar para hacer entre todos nuestro mundo mejor

 


Liberémonos de las malicias que nos dañan, tendamos más puentes que nos acerquen, aprendamos a caminar juntos y colaborar para hacer entre todos nuestro mundo mejor

Jeremías 7,23-28; Salmo 94; Lucas 11,14-23

No sé por qué seremos así como nos manifestamos tantas veces, desconfiados, con suspicacias, siempre sospechando, viendo intenciones ocultas cuando no las hay; nuestros orgullos nos hacen desconfiados, nos molesta el bien que puedan hacer o que puedan tener los otros, estamos viendo canales ocultos donde no los hay, nos corroe la envidia y terminamos deseando mal.

Con lo bonito que es caminar en la vida sin malas intenciones, con el corazón en la mano, con ojos limpios y llenos de luminosidad para ver lo bueno, para resaltar el bien que puedan hacer los demás sin que por eso nosotros tengamos que sentirnos mal, sin tener malicia en nuestro corazón que tanto daño nos hace a nosotros mismos porque nos sentimos enfermos por dentro sin querer buscar una sanción, y tanto daño hacemos a los demás sembrando odios y resentimientos.

Es una cruda realidad en la que nos vemos envueltos y por la que nosotros resbalamos tantas veces cayendo en un abismo que no nos permitirá ser felices.

Jesús se encontró también con un mundo así al que quería liberar de su mal, pero que no todos quisieron aceptar esa sanción y esa liberación de Jesús. Hoy nos habla el evangelio cómo Jesús había curado a un hombre liberándolo de un espíritu inmundo, en la forma de hablar del evangelio y de aquellos tiempos. Curó a un endemoniado, como se solía decir.

Hay gente sencilla que se admira, se siente feliz con las obras que Jesús realiza, son capaces de ver la mano de Dios que les visita y les cura y les sana. Pero por allí siempre andan los desconfiados, los que tienen lleno de su corazón de maldad, los que no saben reconocer el bien aunque lo tengan delante de los ojos. Si tenemos los ojos turbios es normal que no veamos claridad, que todo lo veamos turbio. Es lo que le sucedía a algunos en torno a Jesús. En su maldad son capaces de decir que Jesús no actúa con el poder de Dios sino con el poder de Satanás. A tanto llegaba su malicia.

Qué difícil es convencer a personas que tienen esa malicia en el corazón. Lo estamos viendo a nuestro alrededor cada día en el mal entendimiento que reina en todos los sectores de la vida y de la sociedad; nunca los que consideramos adversarios de nuestras ideas podrán hacer algo bueno, porque siempre los contrarios vendrán a destruir; nunca se es capaz de continuar edificando sobre lo que otro haya construido, sino que todo lo destruiremos para comenzar de nuevo y no dejar rastro de lo bueno que hayan hecho los otros. Así nos vamos destruyendo en nuestra sociedad, así no lograremos nunca un avance a mejor porque sepamos aprovechar lo bueno que los otros hayan realizado como base de lo que seguiremos construyendo.

Jesús les decía a las gentes de su tiempo que un reino dividido no puede subsistir porque terminará haciéndose la guerra a si mismo y destruyéndose. Jesús quería hacerles comprender que el dedo de Dios estaba en aquello que estaba realizando; Jesús quería que tuviéramos ojos limpios, como decíamos antes, ojos llenos de luz para poder ver con claridad.

Hoy nosotros al escuchar este evangelio nos sentimos admirados como aquellas gentes de la obra de Dios y damos gracias, pero también recibimos la lección para nuestra mirada, para la limpieza de nuestro corazón, para las malicias de las que tenemos que liberarnos, para aprender a valorarnos más los unos a los otros respetando y exaltando lo bueno que realizan, para que logremos ese mundo del que desterremos la malicia, donde tendamos más puentes que nos acerquen, donde aprendamos a caminar juntos y colaborar entre todos para hacer nuestro mundo mejor.

viernes, 14 de marzo de 2025

Dejémonos cautivar por el mensaje de amor del evangelio y llenemos de delicadeza la vida para hacer un mundo mejor

 


Dejémonos cautivar por el mensaje de amor del evangelio y llenemos de delicadeza la vida para hacer un mundo mejor

Ezequiel 18, 21-28; Salmo 129;  Mateo 5, 20-26

Seguramente lo hemos escuchado muchas veces o acaso lo hemos pensado o lo hemos dicho también, ‘yo no mato ni robo, yo no tengo pecados’; y nos quedamos tan tranquilos quizás. Pero seguramente que en un buen razonamiento nos hemos dicho también que no nos podemos quedar reducidos a la literalidad de las palabras, no para quitarnos culpa ni ponernos, sino para encontrarles todo su sentido y valor. No es el crimen de derramar una sangre quitando una vida, sino que de muchas maneras nos damos cuenta cómo podemos dañar la vida de quienes están a nuestro lado. Y entramos, no mirándolo solo desde lo negativo sino en un sentido positivo en la amplitud de la delicadeza del amor.

Es en lo que quiere hacernos reflexionar hoy la Palabra de Dios, las palabras de Jesús en el evangelio. Entra Jesús en algunos detalles, que en una buena reflexión repito, tiene una gran amplitud en todo lo que hacemos en la vida y en nuestras relaciones con los demás. Hoy nos dice Jesús: ‘Habéis oído que se dijo a los antiguos: “No matarás”, y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano “imbécil” tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama “necio”, merece la condena de la “gehena” del fuego’.

Es la delicadeza del amor que se hace respeto y valoración de los demás. Es por ese respeto por donde tenemos que comenzar a expresar nuestro amor. Por eso nos habla Jesús del control que tenemos que ejercer sobre nosotros mismos, para que nunca sea la pasión las que nos domine, nunca nos dejemos arrastrar por la cólera ante las situaciones en que nos encontremos con los demás. Nos cuesta, y lo digo por mi mismo, estamos pronto para hacer saltar la chispa, y la chispa produce en consecuencia un incendio que muchas veces es difícil de apagar.

Y eso significa el saber ordenar nuestra vida para tener ese control de nuestras pasiones, sea cual sea. La pasión es esa fuerza interior que todos tenemos pero que hemos de saber encauzar para que no se desborde, para que no sea la que nos domine, porque por encima tiene que estar nuestra humanidad, nuestra razón, y la motivación del amor. En nuestro camino de superación y crecimiento es un aspecto muy importante a tener en cuenta para no perder la serenidad de nuestra vida, sea cual sea la situación en la que nos encontremos. Es un signo de nuestra madurez que no siempre damos.

Esa delicadeza de nuestra vida que nos hace cuidar nuestros gestos y nuestras palabras. Es la atención que prestamos al otro, es el buen trato que le damos desde ese respeto y tenemos que decir también desde ese amor que hemos de tener, es el evitar palabras que no hieran, que no menosprecien ni discriminen, que no estén llenas de violencia, que eviten la tensión y el enfrentamiento. Es la humildad y cercanía, son los gestos de la ternura y del amor, es el cuidado y el mimo que nos hemos de tener como hermanos que nos queremos y amamos.

Creo que es algo de tremenda actualidad en este mundo de acritud y descalificación en que vivimos; no son simplemente los desacuerdos que puedan haber cuando desde nuestros diferentes criterios o manera de ver las cosas expresamos nuestra opinión o nuestros deseos, es que realmente no nos escuchamos, no valoramos lo bueno que puedan ofrecernos los demás, y llega la descalificación aunque para ello tengamos que llegar al desprestigio e incluso a la mentira.

Todo está profundamente interrelacionado y desde que perdemos el equilibrio en el trato en algún aspecto como en una pendiente vamos rodando y llenándonos de maldad, de distanciamiento y hasta de odio. Podemos ser adversarios de ideas pero no tenemos que ser enemigos como personas; podemos no estar de acuerdo en algo, pero no tenemos por qué destruir lo que otros hayan realizado; y eso vemos que desgraciadamente sucede en nuestra sociedad y daña las relaciones entre unos y otros. De tantas maneras nos estamos matando los unos a los otros y robándonos la felicidad porque nos hacen perder la paz del corazón.

¿Cuándo seremos capaces de caminar tendiéndonos la mano, valorando lo bueno que hacen los demás, y cada uno poniendo su grano de arena bueno para la construcción de una sociedad mejor? Dejémonos cautivar por el mensaje de amor del evangelio y llenemos de delicadeza la vida para hacer un mundo mejor.

 

sábado, 27 de julio de 2024

Vayamos llenando nuestro mundo de las buenas semillas del amor traducido en muchos gestos y en cosas concretas, y poco a poco iremos haciendo que nuestro mundo sea mejor

 


Vayamos llenando nuestro mundo de las buenas semillas del amor traducido en muchos gestos y en cosas concretas, y poco a poco iremos haciendo que nuestro mundo sea mejor

Jeremías 7,1-11; Salmo 83;  Mateo 13,24-30

Cada mañana cuando despierto me gusta quedarme soñando, sí, sueño con lo que quisiera que fuera mi día, es de alguna manera la oración que elevo a Dios pidiendo por la bondad de ese día y cómo podría yo vivirlo con intensidad; es también el deseo que expresaré luego en mi saludo a mis amigos a través de las redes sociales; mis sueños quieren ver un mundo maravilloso, donde todos podamos ser felices, donde nos entendamos y nos mantengamos unidos, donde todos trabajemos por la paz y por el desarrollo de ese mundo; un mundo de utopía pueden decirme algunos, pero necesitamos soñar, necesitamos creemos que en verdad podamos vivir en un mundo mejor y todos podemos poner nuestro granito de arena para que eso sea posible.

Pero bien sabemos que luego la realidad es distinta, porque aparecerán las sombras, porque aparecen nuestras maldades y nuestros egoísmos, porque aparecen las ambiciones que nos llenan de violencias para conseguirlas. Y no es que eso nos venga de fuera, nos venga de otros – que también vendrá – sino que todo eso está naciendo también en nuestro corazón cuando lo dejamos llenar de sombras y de muerte.

¿Qué hacer? ¿Destruirlo todo porque se ha llenado de maldad? O como pensamos tantas veces cuando nos quejamos de las injusticias que vemos en el mundo y que hacen sufrir a tantas personas, ¿por qué no los quitamos de en medio y todo ese mal desaparecerá?  Pero es que no podemos pensar solo en el mal que podamos ver hacer a los demás, sino que tenemos que pensar en nosotros mismos que también nos dejamos muchas veces arrastrar por ese mal. Paciencia tiene Dios con nosotros que siempre está esperando que demos ese paso bueno que nos haga mejores.

De esto nos está hablando Jesús hoy en la parábola. El buen hombre soñaba también en poder recoger una buena cosecha y con esos buenos deseos sembró su tierra con buena semilla. Pero pronto apareció la cizaña que todo lo llenaba de maleza y maleaba aquella posible buena cosecha. Por allá andan aquellos buenos criados de buena voluntad, que quieren ir a arrancar la cizaña planta a planta para liberar a la buena semilla allí plantada. Pero el amo les decía que dejara que crecieran juntas, que a la hora de la cosecha ya se encargaría de que separaran una de otra para quemar las malas hierbas, pero la buena cosecha guardarla en el granero. Es la paciencia de Dios.

Así andamos en la vida, queremos ser buenos, queremos hacer las cosas bien, también soñamos en cuantas cosas buenas podríamos hacer, soñamos cómo podemos hacer que nuestras comunidades sean más vivas, que nuestro mundo sea mejor, que desaparezcan tantas violencias y enemistades, pero nos encontramos envueltos en un mundo de violencias, de egoísmos, de rencores y gente que no se perdona, de tantas insolidaridades que nos encierran en nosotros mismos y enturbian nuestra mirada.

Y es ahí donde tenemos que estar; es ahí donde tenemos que manifestar que nosotros tenemos otras metas y otros ideales, que otros son nuestros principios, que creemos de verdad que si ponemos un poco más de amor y de comprensión las cosas marcharían mejor, que no nos podemos cegar pensando solo en nosotros mismos, en nuestros beneficios, sino que tenemos que abrir nuestra mirada y nuestro corazón a ese mundo que necesita de nuestra mano de amor.

No siempre los cristianos estamos llevando a término nuestro compromiso, y también nos echamos para detrás, también nos dejamos envolver por esas maneras de pensar, y ya es hora que despertemos, que demos ese testimonio que el mundo necesita. Vayamos llenando nuestro mundo de las buenas semillas del amor que se tienen que traducir en muchos gestos y en muchas cosas concretas, y poco a poco iremos haciendo que nuestro mundo sea mejor.

viernes, 21 de junio de 2024

Cuidemos de cuáles son los tesoros a los que tenemos que sacar brillo para hacer que florezca un mundo mejor y más humano porque lo llenemos de armonía y de paz

 


Cuidemos de cuáles son los tesoros a los que tenemos que sacar brillo para hacer que florezca un mundo mejor y más humano porque lo llenemos de armonía y de paz

2Reyes 11, 1-4.9-18. 20; Salmo 131; Mateo 6, 19-23

Cuando andamos muy preocupados por sacar el brillo a los metales preciosos que podamos poseer, no tendremos tiempo para encontrar lo que verdaderamente nos puede hacer felices, porque ni tenemos tiempo para mirarnos interiormente a nosotros mismos, ni sabremos disfrutar de la sonrisa de un niño ni el calor de una mirada agradecida de aquel a cuyo lado nos ponemos, ni el gozo que podamos sentir en el corazón por la satisfacción de lo que nos desprendemos para compartir con los demás.

Cuántas cosas efímeras nos entretienen en la vida que son como barreras que nos impiden acercarnos allí donde está la verdadera riqueza de la persona que es su corazón. Le damos más valor a una joya que solo es un adorno que ponemos por encima de nosotros y que fácilmente se nos puede caer y la perdemos, y no somos capaces de descubrir las joyas de un corazón lleno de valores de generosidad y de ternura que son los que verdaderamente hacen florecer la vida y el mundo. 

Hoy Jesús quiere ayudarnos a descubrir cuales son los verdaderos tesoros de nuestra vida. Vivimos obsesionados por lo que tenemos o podemos poseer, desde esa posesión de cosas materiales queremos garantizarnos la seguridad de un futuro que deseamos que sea mejor, y nos parece muchas veces que la petición más importante del padrenuestro es que se nos garantice ese pan de cada día.

Es cierto que tenemos unas necesidades materiales, porque queremos tener el alimento de cada día o el techo que nos cobije cada noche; es cierto que tenemos que realizar unos trabajos que nos den unos rendimientos para tener lo necesario para una vida digna y si es posible también cada día mejor. No podemos sin embargo dar la espalda a lo que son nuestras responsabilidades como persona y como miembros de una familia, y tampoco podemos olvidar que Dios ha puesto el mundo en nuestras manos y tenemos una responsabilidad en su desarrollo y en hacerlo cada día mejor. No actuaríamos con responsabilidad si no desarrollamos al máximo nuestras capacidades, nuestras cualidades y valores con nuestro trabajo de cada día, porque estamos contribuyendo también a la grandeza de ese mundo, repito, que Dios ha puesto en nuestras manos.

Pero como personas somos algo más. Todo no lo podemos reducir a un trabajo para obtener unas ganancias si al mismo tiempo no le damos, vamos a decirlo así, humanidad a la vida, a nuestras relaciones, a nuestro estar en el mundo, al mismo trabajo que hacemos. No somos unas máquinas para producir. Somos unas personas para vivir. Y vivir es el encuentro, y vivir es una conversación amable para compartir con los demás, y vivir es saborear el momento y también el descanso, y vivir es darle alegría a la vida, y vivir es mantener la paz en el corazón porque va a ser verdaderamente generadora de la buena convivencia y armonía que mantengamos con los demás.

Y es ahí donde vamos poniendo lo mejor de nosotros mismos para sentir las más hondas satisfacciones; y es ahí donde vamos haciendo florecer el mundo con el colorido y calor de la amistad y del amor; y es ahí donde iremos trabajando para lograr una autentica felicidad desde esa armonía que vamos poniendo, desde ese compartir donde mutuamente nos vamos enriqueciendo; y es ahí donde iremos construyendo un mundo mejor donde florecerán los mejores valores que nos harán felices a todos. Qué hermoso cuando contemplamos a tantas personas que se gastan por los demás sin preocuparse de sacar brillo a sus tesoros, porque han comprendido que el verdadero tesoro lo van a encontrar en el corazón cuando hacen más felices a los que están a su lado.

Pero para lograr eso no podemos estar muy entretenidos en sacar brillo a nuestros oropeles que llamamos equivocadamente tesoros; son otros los tesoros que tenemos que buscar y hacer brillar, saquemos lo mejor que llevamos dentro del corazón.

sábado, 3 de febrero de 2024

No podemos mirar alrededor y viendo cuanto hay que hacer en la vida sin embargo desentendernos porque ahora es mi tiempo para mí

 


No podemos mirar alrededor y viendo cuanto hay que hacer en la vida sin embargo desentendernos porque ahora es mi tiempo para mí

1 Reyes 3, 4-13; Sal 118; Marcos 6, 30-34

Un día la preguntaba a un amigo a qué dedicaba su tiempo. Me habló enseguida de su trabajo, que tenía la suerte de estar empleado, que tenía sus horas y en consecuencia recibía su remuneración. Hasta aquí, bien. Pero seguí insistiendo en la pregunta, pero ¿a qué más cosas te dedicas? Y me respondía que cuando terminaba su trabajo venía para su casa, también pasaba ratos con los amigos, pero que tenía su tiempo para el relax y el descanso. Yo seguía insistiendo, quizás de pesado, si acaso en su tiempo libre no había pensado que podía hacer algo más, implicarse en alguna cosa, prepararse para algo más en la vida; pero él se daba por satisfecho con lo que tenía y con lo que hacía, que tampoco tenía grandes o nuevas aspiraciones, y que ya estaba bien con sus horas de trabajo, que su tiempo lo quería para él.

Y yo pensaba, con todo lo que hay que hacer en la vida; cuántas cosas a nuestro alrededor, aunque nadie nos lo pida, podríamos hacer y que podríamos hacer que nuestra sociedad sea mejor; en cuántas cosas podríamos participar, en cuántas cosas pondríamos la ilusión de algo mejor, de algo nuevo no solo para nosotros sino también para los que nos rodean. Pero ya nos sentimos cansados y agobiados con nuestro trabajo ordinario y pensamos que nada más necesitamos hacer. ¿Es que no sentimos inquietud porque nuestra sociedad sea mejor? ¡Qué miedo tenemos a implicamos! Porque implicarse seguramente significaría complicarse.

Comienzo con este pensamiento mi reflexión de hoy sobre el evangelio. ¿Qué es lo que vemos hacer a Jesús?

Hoy nos habla el evangelio de la vuelta de los discípulos que Jesús había enviado a predicar con su misma misión. Le cuentan cómo les ha ido, y entonces Jesús toma la iniciativa de querer llevarlos a un lugar apartado para descansar; para descansar que significaría seguramente compartir todas aquellas experiencias que habían vivido y en ese compartir se reflexiona y se aprende desde lo mismo que hemos hecho. Y es que si seguían donde estaban no podrían tener esos tiempos de relax, vamos a llamarlos así. ‘Eran muchos los que iban y venían, nos comenta el evangelista, que no tenían tiempo ni para comer’. Como diría alguno, ojo al dato.

Pero cuando llegan a aquel lugar que Jesús se había escogido se encuentran con una multitud esperándolos. Habían adivinado, podríamos decir, a donde se iba Jesús con aquellos discípulos más cercanos, y por sus medios, buscándose sus propios caminos lograron adelantarse a la llegada de Jesús.

Habían hecho su trabajo, podríamos pensar, y si allí se habían dirigido era para descansar. ¿Qué hacer? ¿Despedir a aquella gente porque ahora no era el momento? Es que hoy no toca, nos decimos muchas veces; es que están fuera de horario, nos dicen en alguna ocasión; es que ahora tenemos que dedicarnos a otras cosas, vuelva usted mañana, es algo que con frecuencia escuchamos, o acaso nosotros decimos también.

Y nos dice el evangelista que ‘al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas’.

No había tiempo ni para comer, ahora venían buscando el descanso, pero ‘Jesus se puso a enseñarles’. ¿Cómo podría Jesús desentenderse  de aquellos a los que contemplaba ‘como ovejas que no tienen pastor’? ¿Podemos mirar alrededor y viendo cuanto hay que hacer en la vida y sin embargo desentendernos porque ahora es nuestro tiempo? ¿Cuál es el verdadero trabajo al que estamos llamados?

No podemos seguir con las manos vacías; no las llenamos solo porque cumplamos con unas obligaciones, cosa que tenemos que hacer también. Pero hay unos valores que tenemos que desarrollar, hay algo bueno que podemos compartir, hay algo enfermo que podemos sanar, hay una alegría más que podemos poner en nuestro mundo, hay una ternura que repartir. No nos crucemos de brazos contemplando la hermosa tarea que podemos desarrollar.

viernes, 4 de noviembre de 2022

Es necesario dar un testimonio luminoso y valiente de lo bueno que realizamos para todos entendamos que podemos hacer un mundo mejor

 


Es necesario dar un testimonio luminoso y valiente de lo bueno que realizamos para todos entendamos que podemos hacer un mundo mejor

 Filipenses 3, 17 – 4,1; Sal 121; Lucas 16, 1-8

Los intereses que tengamos en la vida es lo que habitualmente nos mueve, nos impulsa a muchas cosas y nos ayuda en verdad a descubrir cuál es el sentido que le damos a las cosas, el sentido que le damos a la vida. Intereses que se nos pueden convertir en una obsesión que nos ciega y donde parece que la vida no tiene otro sentido sino esos intereses que nos mueven. En ese terreno se mueven nuestras pasiones como en ese terreno es donde aparecerá la espiritualidad con que vivimos o el materialismo que nos ciega.

Es necesario tener claro a dónde vamos, por qué nos movemos, en qué cosas ponemos en verdad nuestra felicidad, aunque algunas veces podamos engañarnos. Y ya sabemos que cuando queremos conseguir aquello que nos interesa, ya aparecerá nuestro ingenio para buscar caminos y salidas, dando los rodeos que sean necesarios para finalmente alcanzarlo; es la astucia con que actuamos tantas veces en la vida.

Sigue en el fondo la pregunta, ¿y qué es lo que realmente nos mueve en la vida? y nos estamos haciendo esta reflexión entre unas personas que nos consideramos cristianos, que nos consideramos creyentes, que nos podemos considerar incluso muy religiosos. ¿Se notará en este actuar de nuestra vida, en esos intereses por los que nos movemos, la postura de un creyente, la postura de un cristiano? ¿Es lo que en verdad está dando sentido y valor a la vida, a lo que hacemos? ¿Ponemos tanto empeño en darle ese cariz y ese sentido a la vida, iluminada por la fe, como el que ponemos en nuestros negocios, en nuestras tareas y responsabilidades de cada día?

En este mundo complejo en el que vivimos, en el que no nos es tan fácil manifestarnos como creyentes y defender nuestros valores cristianos, algunas veces parece que nos falta arrojo y valentía, vivimos como acobardados y con miedo, queremos ser prudentes, decimos, para no provocar, pero quizá estamos callándonos en cosas que son fundamentales, que nos dan un sentido, y con lo que tendríamos que contribuir al bien de la sociedad en la que vivimos. Pero no aparecen esos testigos, no terminamos de dar la cara los cristianos, seguimos andando como a ocultas y casi preferimos meternos en las catacumbas, que salir a la luz pública con nuestros principios y valores.

Hoy nos habla el evangelio de la astucia con que tenemos que andar en la vida. Nos propone Jesús una parábola que muchas veces nos cuesta entender; nos habla de aquel administrador que había actuado injustamente y al que se le iba a pedir cuentas; se está viendo en la calle sin tener donde caerse muerto, como se suele decir, porque sabe que va a ser condenado por su injusto actuar, donde quizás había arrimado el ascua a su sardina para poder obtener ganancias injustas. En sus manos está el bajar los intereses que le había impuesto a aquellos deudores de su amo – intereses que en la forma de administración de entonces eran sus ganancias – porque así se ganaba la voluntad de aquellos deudores que luego podrían echarle una mano cuando se viera despedido.

Actuó con astucia, siendo capaz de perder en aquellos intereses con tal de obtener un buen fin en quien le acogiera en los momentos difíciles. Y termina la parábola alabando el amo a aquel administrador, no porque había administrado mal, sino por la astucia con que ahora había actuado. Y termina diciéndonos Jesús como conclusión de la parábola: ‘Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz’.

Es lo que hemos venido planteándonos de cuales son en verdad los intereses de nuestra vida y por los que estaríamos dispuestos a hacer lo que sea. ¿No tenemos que ser en verdad luz en medio del mundo con el testimonio de nuestras obras de luz? No andemos ocultándolas, busquemos la manera también utilizando los medios que hoy podemos tener en nuestras manos para dar ese testimonio, para manifestar valientemente ante el mundo esas obras de luz que realizamos.

Algunas veces parece que nos falta marketing para que la Iglesia en verdad haga saber, no como un alarde sino como un testimonio luminoso, esas obras que en su seno se realizan. ¿Sabe realmente la sociedad lo que a través de Cáritas se realiza? ¿Se conoce claramente el sacrificio hasta heroico que muchos religiosos y religiosas realizan en tantos hogares en que se acoge a los que nos los más despreciados de nuestro mundo, ancianos, discapacitados de todo tipo, los más pobres y los más abandonados de nuestra sociedad? ¿Se tiene conciencia en la sociedad que nos rodea de la labor de tantos voluntarios que en tantas obras de la Iglesia dedican su tiempo y su vida para acompañar, para ayudar, para levantar a tantos caídos en los que nadie se fija? Y así podríamos pensar en muchísimas cosas más.

No queremos medallas ni reconocimientos, pero si es necesario dar ese testimonio que el mundo necesita para que nos demos cuenta que podemos hacer un mundo mejor.

miércoles, 26 de enero de 2022

Como sembradores no podemos desistir de seguir intentado lograr un día unos mejores frutos de nuestra sociedad aunque endurecido encontremos el terreno

 


Como sembradores no podemos desistir de seguir intentado lograr un día mejores frutos de nuestra sociedad aunque endurecido encontremos el terreno

2Timoteo 1, 1-8; Sal 95; Marcos 4, 1-20

Hay terrenos y terrenos, hay cultivos y cultivos, hay agricultores o sembradores en el campo, podríamos decir, para todos los gustos, hay semillas que nos dan más fruto y hay algunas que se vuelven inservibles. Puede parecer un trabalenguas, pero no lo es, porque todos, aunque no trabajemos en el campo, sabemos que no toda la tierra produce lo mismo, que no siempre cuando cultivamos obtenemos el fruto deseado, o que las semillas tenemos que escogerlas muy bien.

Soy hijo de agricultor y recuerdo a mi padre escogiendo muy bien las papas que iba a sembrar – no todas valen para semilla, recuerdo que nos decía – y también la preparación de las tierras previamente a echar la semilla en la tierra además de los trabajos posteriores de cultivo. Quizás hoy nos hemos vueltos en civilizaciones más urbanas y algunos de nuestros niños solo sabrán de semillas, de siembras y de cultivos por lo leído en los libros, por lo contemplado en Internet o por lo que hayan oído hablar de quienes sí viven inmersos en esa cultura agrícola.

Pero igual sabemos que en el conjunto de la vida sucede algo así como nos habla hoy la parábola. Gente a la que le rinde su preparación y sus estudios sabiendo salir luego adelante en la vida, como quienes se quedan en la cuneta de la vida o porque no saben sacar partido a lo que ha sido su preparación en la vida, o porque quizá prefieran una vida cómoda y sin esfuerzos con lo que no se encontraron preparados cuando en verdad tuvieron que enfrentarse a los problemas de la vida. Es amplio el abanico de referencias con el que podemos encontrarnos en esas diversas situaciones de la vida, pero también en esa distinta respuesta de maduración como personas para saber aprovechar las oportunidades de la vida.

Una parábola que nos ofrece hoy Jesús en el evangelio con la que podemos hacer referencia a muchas situaciones, a muchas respuestas, a muchos campos de la vida. No todos sabemos siempre dar la talla en la vida, no manifestamos la misma madurez, como no llegamos al mismo compromiso. Ante todos está ese campo de la vida, en manos de todos está esa sociedad en la que vivimos pero que no es solo lo que nos ha sido dado o nos han transmitido nuestros mayores, sino que es también lo que nosotros tenemos que seguir realizando, ese crecimiento personal pero también ese desarrollo para mejorar nuestra propia sociedad.

Y en cualquiera que sea los aspectos nos encontraremos corazones endurecidos, quizá por las experiencias que hayan vivido, quizás por lo negativo que se le haya transmitido de lo anterior de esa sociedad; cuantos viven con el corazón avinagrado porque alguien echó a perder esa buena tierra con los zarzales de las envidias, de los odios, de los orgullos mal curados, y ahora solo respiran violencias y resentimientos; cuantos viven en la superficialidad y la vanidad, en lo cómodo o pensando que solo tenemos que realizar lo fácil y rehuir lo que signifique esfuerzo, y difícilmente en esos corazones podrán enraizar buenos sentimientos o profundos valores para poder alcanzar altas metas.

Queremos sembrar las buenas semillas en esos campos y difícilmente podrán prosperar las plantas que hayan germinado en esos semilleros de la vida; buena será la semilla, buenos deseos podemos tener todos de querer hacer cada día nuestro mundo y nuestra sociedad mejor, pero duros y difíciles se nos convertirán esos campos de trabajo donde difícilmente podremos un día alcanzar una cosecha de buenos frutos.

Ya sabemos que solamente en la tierra buena y bien preparada podremos obtener los mejores frutos y en eso tendremos que afanarnos con ahínco y sin cansancio. Mucha tierra dura tendremos que roturar, muchos campos tendremos que limpiar de pedruscos o de malas hierbas, pero como sembradores no nos podemos desanimar y bajar la guardia en nuestra tarea. No podemos desistir de seguir intentando lograr un día mejores frutos de nuestra sociedad.

Como creyentes y cristianos que escuchamos también esta parábola que nos propone Jesús tenemos que encontrar esa buena semilla que tenemos que seguir sembrando; no temamos las dificultades o las cosas adversas con que nos podemos encontrar; pensemos que la semilla que vamos a sembrar tiene en sí misma una fuerza de vida, porque lo hacemos desde esa Palabra de Dios que escuchamos y queremos hacer llegar a los demás, porque sabemos que es el camino para hacer un mundo mejor.

No lo olvidemos en nuestra mano está la semilla, somos sembradores, y tenemos la esperanza de ver reverdecer un día un mundo mejor y brotar las flores que serán promesas de hermosos frutos.

domingo, 11 de julio de 2021

Un bastón y unas sandalias para salir al camino y hacer camino, para ir al encuentro y para dejar unas huellas señalando que con el camino de Jesús es posible ese mundo mejor

 


Un bastón y unas sandalias para salir al camino y hacer camino, para ir al encuentro y para dejar unas huellas señalando que con el camino de Jesús es posible ese mundo mejor

Amós 7, 12-15; Sal. 84; Efesios 1, 3-14; Marcos 6, 7-13

Un bastón y unas sandalias, signos del caminante, del que sale a los caminos, del que se pone en camino, del que va a la aventura porque una aventura es ir a lo desconocido, una aventura es llevar la alforja vacía confiando solo en lo que va a encontrar, en lo que le van a ofrecer en la acogida, si la hay. Un camino hecho desde la confianza en nosotros mismos que vamos haciendo el camino, o en aquellos con los que nos encontramos que nos van a recibir y a los que le vamos a ofrecer no cosas, porque nada llevamos en la alforja, sino lo que nosotros mismos somos.

Un bastón y unas sandalias, signo de la vida misma que es camino, camino nuevo que no hemos recorrido, camino nuevo que hemos de hacer, de trazar incluso con nuestros pasos. Así es la vida, no la habíamos vivido sino que cada día nos iremos encontrando algo nuevo que es la vida misma que vivimos. Un camino del que al irlo recorriendo iremos recogiendo cosas, iremos aprendiendo a vivir, iremos dándole un sentido y un destino, pero un camino donde vamos dejando unas huellas, las huellas de nuestros pasos, las huellas de lo que hemos hecho, las huellas de nuestra vida misma.

Un bastón y unas sandalias que lo único que Jesús les permite llevar a aquellos que El envía. Las alforjas irán vacías de provisiones materiales, para que puedan ir cargadas del amor que será lo que acompañará al mensaje. No eran profetas ni hijos de profetas, como humilde y sabiamente reconocía Amós en lo que hemos escuchado en la primera lectura; él solo era un cultivador de higos que el Señor había sacado de su tierra y de su trabajo para ir a anunciar lo que el Señor le pidiere. Con las alforjas vacías, solo con las sandalias y el bastón, con la pobreza en sus manos pero con la misión que el Señor les encomendaba ellos ahora tenían que salir y ponerse en camino.

Han de salir a anunciar el Reino y lo único que llevarán será la experiencia que ellos mismos han tenido, lo que han vivido en sus vidas en el encuentro con el Señor. Para estar con Jesús se han tenido que descargar de muchas cosas, los pescadores un día habían abandonado sus barcas y sus redes y todos habían dejado atrás las ataduras humanas de sus casas y sus pertenencias o de sus familias; se habían tenido que liberar de muchas ataduras para poder estar con Jesús.

Por eso ahora irán con el poder de ayudar a liberar a los demás de sus ataduras. Les dio ‘autoridad sobre los espíritus inmundos’, dice el evangelista y luego comentará que ‘salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban’.

Es la tarea ilusionante de la evangelización en la que todos también hemos de estar embarcados. Porque es lo que a nosotros Jesús también nos confía. Así, simplemente con un bastón en nuestras manos porque sabemos bien de quien nos confiamos y unas sandalias en nuestros pies porque largo es el camino que tenemos que realizar también tenemos que ir al encuentro del mundo para hacer ese anuncio del evangelio. Es un camino nuevo cada día, como cada día es nueva la vida que vivimos; es quizá con la incertidumbre de lo que nos vamos a encontrar donde no siempre puede ser que no seamos tan bien acogidos, pero con la alegría que llevamos en nuestro corazón desprendido de muchas cosas, pero apoyado totalmente en el Señor.

Y en ese camino que hacemos tenemos que ir dejando nuestras huellas, las huellas de nuestro amor y de nuestra generosidad. También nos vamos a encontrar enfermos, es más, un mundo enfermo al que tenemos que curar. Podemos hacerlo, el Señor nos ha dado autoridad para ello porque ha depositado todo su amor en nuestro corazón. No sabemos algunas veces como hacerlo pero vayamos siempre con el corazón abierto a lo que nos encontremos y el amor de nuestro corazón nos irá dictando lo que en cada momento tenemos que hacer. Son tantas las heridas que tenemos que curar, tantos los dolores que tenemos que mitigar, tantas las angustias y tristezas que tenemos que llenar de esperanza.

Sepamos hacer como Jesús estando al lado del que sufre o caminando juntos con los que van desesperanzados y desorientados por la vida, tendiendo la mano para levantar a los caídos o dejando que toquen también la orla de nuestro manto porque sientan sobre sus vidas la sonrisa de nuestro amor, dejando marcadas las huellas de nuestro amor para que haya alguien que sepa encontrarlas y llegue a entender el sentido y el valor del camino que hacemos.

Seamos todo oídos para sintonizar y escuchar las llamadas y los lamentos de muchas soledades que buscan una escucha o una compañía, y tengamos los ojos atentos para encontrarnos con aquellos en los que nadie se fija y se sienten abandonados por todos en el olvidado rincón donde parece que nadie los va a encontrar.

Un bastón y unas sandalias, para salir al camino y hacer camino, para ir al encuentro de los otros llevando un mensaje y dejando unas huellas que señalen a todos que es posible otro camino, que es posible ese mundo mejor con el que todos soñamos y a donde nos va a llevar este camino que hacemos con Jesús.

 

jueves, 1 de abril de 2021

Tres detalles como grandes signos de lo que es la entrega y el amor de Jesús por nosotros, se quita el manto… se ciñe una toalla… y seca los pies con la toalla que se había ceñido

 


Tres detalles como grandes signos de lo que es la entrega y el amor de Jesús por nosotros, se quita el manto… se ciñe una toalla… y seca los pies con la toalla que se había ceñido

Éxodo 12, 1-8. 11-14; Sal 115; 1Corintios 11, 23-26; Juan 13, 1-15

‘Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo’.

Así comienza el evangelista Juan el relato de cuanto sucedió aquella tarde y aquella noche durante la cena de Pascua. Ha llegado la hora del amor más supremo; no es la hora de la muerte sino de la vida, es la hora del amor. ‘Los amó hasta el extremo’.

Los discípulos habían preparado con todo esmero y amor todo lo necesario para la cena pascual según las indicaciones que Jesús les había dado. Y el evangelista ahora se pone trascendente, podíamos decir, nos deja relucir toda su altura teológica en lo que nos va a relatar. Pero Juan no nos relata lo que los otros evangelistas nos han relatado de la Institución de la Eucaristía, como tampoco los otros evangelistas nos relatan este episodio que nos trae Juan, el lavatorio de los pies.

Es todo un signo y un gesto profético el que Jesús realiza, que va más allá de lo que ritualmente tenía que estar previsto que era ofrecer agua para las abluciones y purificaciones previas, el gesto del dueño de la casa que ofrece agua a sus huéspedes como ya vemos en otras ocasiones del evangelio en donde se hace mención a ello. Este gesto de Jesús tiene un valor simbólico muy grande, a la manera de aquellos signos proféticos que vemos en el Antiguo Testamento que realizaban los profetas y que el mismo gesto se convertía en un mensaje.

En pocas palabras nos lo trasmite el evangelista. ‘Estaban cenando… y Jesús se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido’. Tres detalles que nos pueden pasar desapercibidos porque pareciera que todo se centra en el hecho de que Jesús realizara la labor de un sirviente, de un esclavo lavando los pies de los discípulos; pero en torno a ello están esos tres detalles como grandes signos de lo que es su entrega y su amor, se quita el manto… se ciñe una toalla… y seca los pies con la toalla que se había ceñido.

Un desprenderse primero de lo que ahora no necesita, va a emprender una tarea y nada puede constreñirlo para que no pueda realizarla debidamente; pero como va a emprender una tarea se ciñe, como el trabajador que va a realizar un trabajo, como el soldado que va a emprender una batalla. Me vais a permitir un recuerdo familiar, mi abuelo usaba un ceñidor muy lago que todas las mañanas antes de salir al campo a sus tareas se ceñía y lo hacía con todo cuidado y esmero; yo como niño no entendía lo de aquel ceñidor y el esmero con que mi abuelo se lo ceñía. Con el paso de los años lo he llegado a entender.

Es un gesto muy importante el que Jesús está realizando; comienza el momento de su entrega, llegó la hora del amor, decíamos antes; va a emprender una tarea y una batalla porque es la lucha de la vida sobre la muerte, del amor para vencer al odio y al pecado. Una imagen de su entrega, de su sangre derramada, de su cuerpo entregado que veremos por otra parte cuando los otros evangelistas nos hablan de la institución de la Eucaristía que hoy también estamos celebrando. Y con aquella toalla ceñida completa toda la obra de su servicio; ha lavado los pies de los discípulos y se los seca con la toalla que se había ceñido.

Luego nos dirá que si El, ‘el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros’. Pero tenemos que copiar todo su gesto primero porque no podemos ir darnos por los demás si no somos desprendidos; como Jesús que se quitó el manto, de cuantas cosas tenemos que despojarnos. Pero como Jesús hemos de ceñirnos para la tarea y para la batalla. Es la lucha contra el mal, contra el odio, contra el desamor y la insolidaridad, contra todas esas actitudes que se meten en el corazón del hombre y que nos llenan de maldad, que nos vuelven discriminatorios y racistas, que envuelven nuestro mundo de sombras.

Pero en esa batalla la victoria está de nuestra parte, no podemos ir de antemano ya como derrotados sino que creemos en la fuerza del amor y sabemos que podremos lograr un mundo mejor, un mundo en paz, un mundo en que sepamos aceptarnos y respetarnos, un mundo en que nos amemos todos y porque nos amamos de verdad no hacemos distinciones de a quien le ofrecemos nuestro amor.

Nos ceñimos para la lucha y para la victoria e iremos lavando los pies y secándolos con la toalla que nos hemos ceñido, como Jesús, porque será nuestro corazón lleno de amor el que va a hacer aflorar una vida nueva en aquellos que se sienten amados. Fíjate en la sonrisa que aflora en el rostro de quien descubre en un momento determinando que es amado por alguien y tenido en cuenta. Es lo que tenemos que hacer surgir con nuestra toalla ceñida.

Porque creemos en Jesús y nos sentimos amados de Jesús nuestra tarea ha de ser siempre ir sembrando esperanzas, encendiendo luces, suscitando actitudes nuevas en el corazón de los demás. Aunque los que nos rodean no se lo crean, porque hay gente que cuando ve la situación de pobreza, de dolor, de desesperanza, de angustias y de odios que hay en nuestro mundo parece como que ya se sienten derrotados e incapaces de intentar algo nuevo y mejor en bien de los demás.

Se ha envenenado su corazón de tal manera que ya no creen posible construir un mundo nuevo y así se llenan de amarguras y de violencias interiores. Hoy una persona me rechazó ese mensaje de optimismo y esperanza que como semilla envío cada día a mis amigos en las redes sociales. Pero no importa, sigo creyendo que con Jesús tenemos asegurada la victoria de que podemos hacer cada día el mundo un poquito mejor.

En la Eucaristía tenemos nuestra fuerza. Para eso en un día como este quiso Jesús instituir el Sacramento de la Eucaristía. Hoy la celebramos con fuerza, con ganas, con mucha fe, esta Eucaristía que se va a prolongar a través de todo el triduo pascual, porque la celebración de mañana viernes en la pasión y la muerte de Jesús es como una prolongación de este día y que tendrá su culminación el día de la Pascua al celebrar la Resurrección del Señor.

Hoy nos queremos quedar – lo haremos al menos virtualmente ya que en las circunstancias en que estamos no todo lo podremos hacer presencialmente – junto a Jesús en la Eucaristía para caldear nuestro corazón en su amor, y así aprendamos a despojarnos, pero también sobre todo a ceñirnos en esa tarea tan hermosa que tenemos entre manos, llevar su amor a nuestro mundo para hacerlo mejor. ‘Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis’, termina diciéndonos Jesús.

martes, 24 de noviembre de 2020

Nos da mucha esperanza y nos anima saber que, a pesar de los momentos tormentosos, hay muchas personas en nuestro entorno que están haciendo mucho bueno por los demás

 


Nos da mucha esperanza y nos anima saber que, a pesar de los momentos tormentosos, hay muchas personas en nuestro entorno que están haciendo mucho bueno por los demás

Apocalipsis 14,14-19; Sal 95; Lucas 21,5-11

Por supuesto que necesitamos soñar; en nuestros sueños la imaginación se vuelve creativa y desde ahí pueden ir surgiendo las ideas y el pensamiento con el que deseamos un mundo mejor y más lleno de felicidad. Nuestros sueños pueden ir forjando ese mundo mejor cuando pasamos del sueño a la realidad y aunque la realidad muchas veces es más cruda que los sueños sin embargo nos pueden dar la pauta de por donde mejor podemos caminar. Pero bien sabemos que no nos podemos quedar en fuegos fatuos, en sueños en los que no veamos la posibilidad de hacer realidad todo eso que soñamos y que anhelamos. Y ahí está el peligro. Porque también habrá quien alimente esos sueños vanos y sin fundamento y nos hagan creer que todo lo podemos conseguir a la mayor perfección y prontitud.

Y hay en la vida quienes nos alimentan esos sueños vacíos y sin fundamento haciéndonos creer que simplemente desde el poder o el dinero podamos alcanzar ya ese paraíso en la tierra; cuántos nos hablan de una sociedad del bienestar, y no es que no la deseemos y luchemos por un mayor bienestar en la vida, pero si tenemos que discernir muy bien cual es el mejor bienestar para la persona y lo que tendríamos que construir para nuestra sociedad. Cuantas promesas fatuos escuchamos en este sentido que nos encandilan y nos encantan de tal manera que nos parece que ya lo tenemos todo conseguido. Pero quizás no nos hemos preocupado de darle una hondura a la vida, de buscar los verdaderos valores que nos pueden hacer más felices sabiendo también que para luchar por esos valores algunas veces tendremos que hacer caminos difíciles de compromiso y sacrificio.

De esto no nos quieren hablar cuando nos hacen tantas promesas. Luego vendrán los desencantos, las frustraciones, cuando las cosas cambian y parece que el mundo se nos viene abajo. Cuántas angustias y cuánta desesperación cuando vemos que todo aquello con lo que habíamos soñado como una cosa muy fácil ahora a la menor dificultad se nos ha venido abajo como un castillo de naipes. No habíamos puesto quizá aquellos valores que amasasen bien la vida para darle fortaleza y estabilidad. Lo que nos está sucediendo con los momentos que ahora nos ha tocado vivir.

Creo que las palabras que hoy escuchamos a Jesús en el evangelio y más dichas en los momentos y circunstancias que Jesús les anunciaba nos pueden venir bien también a nosotros hoy. Está en el templo rodeado de sus discípulos y de mucha gente. Era un gozo y placer para todo judío encontrarse en el templo de Jerusalén y fácilmente se quedaban también extasiados ante tanta belleza y esplendor con que el templo resplandecía. Estaba, por otra parte, lo que en el orden religioso significaba para ellos el templo de Jerusalén que venía a ser como el centro de toda su vida pues allí se sentían en la morada de Dios.


Y es entonces cuando les dice que todo aquel esplendor que ahora están contemplando un día va a ser destruido. Está anunciándoles proféticamente lo que sucedería años treinta o cuarenta años más tarde con la destrucción de Jerusalén y de su templo. Aquello para el alma de un judío era un mazazo muy fuerte y algo que no se podían creer que les sucediera. Pero Jesús les dice que no pierdan la calma. Y les habla de catástrofes y de guerras, de destrucción y de exterminio… un poco se mezclan en las palabras de Jesús la destrucción del templo pero también los últimos tiempos que era algo que también estaba muy metido en el alma del pueblo judío sobre todo después de los grandes últimos profetas.

Ellos preguntan cuando va a suceder todo esto, pero Jesús sobre ello no da señales, pero si les habla de la serenidad del espíritu que han de mantener en esos tiempos difíciles. ‘No os dejéis engañar’, les dice, porque esos tiempos difíciles son los propicios para anuncios de apariciones y de cosas milagrosas. Bien lo sabemos por la historia y como cada cierto tiempo aparecen esas manifestaciones que llamamos milagrosas. ‘No tengáis pánico’ cuando todas esas cosas vayan sucediendo.

¿No será lo que también necesitamos escuchar hoy? Ante los problemas que se acumulan, la situación no solo sanitaria sino social que estamos viviendo es fácil que nos entren las angustias y los agobios, que perdamos la serenidad. Bien sabemos por otra parte que son momentos muy aprovechados desde diversos intereses que siempre los hay en la sociedad y hay gente que además siembra esa inquietud. Solo con serenidad y paz podemos afrontar la situación, por eso hemos de mantener la esperanza en el corazón, sentir la fuerza del Señor que nunca nos abandonará por muy oscura que nos parezca la noche, y hemos de saber rescatar todos esos valores que nos ayuden a crecer como personas y que dan verdadera fortaleza a nuestro espíritu.

Es el momento de la solidaridad, pero también de la cercanía que hemos de mantener con las personas aunque ahora por la situación parezca que lo que tenemos que hacer es alejarnos, pero hay muchas maneras de poder acercarnos hoy a los demás para que no se sienta tanto la soledad; es el momento del buen ánimo que también dé ilusión y alegría a los que están cerca de nosotros, porque siempre hay cosas hermosas de las que podemos disfrutar, siempre pueden haber buenos gestos que llenan de un perfume nuevo la vida. Miremos que hay muchas personas buenas en nuestro entorno que están queriendo hacer mucho por los demás, y esto nos tiene que dar esperanza y animarnos.

 

domingo, 15 de noviembre de 2020

Hay un talento que no podemos enterrar y que ahora nuestro mundo necesita más por la situación que vivimos, la esperanza y el optimismo de la fe

 


Hay un talento que no podemos enterrar y que ahora nuestro mundo necesita más por la situación que vivimos, la esperanza y el optimismo de la fe

Proverbios 31, 10-13. 19-20. 30-31; Sal 127; 1Tesalonicenses 5, 1-6; Mateo 25, 14-30

‘Nadie es capaz de saber quién es y de lo que es capaz hasta que no se mide con la realidad, entregándose al bien a través del ejercicio de sus cualidades y habilidades’. Un buen pensamiento que nos da inicio al comentario al evangelio de hoy y que me he permitido tomar de un comentarista de textos evangélicos.

Cuando nos aprietan sacamos a flote todos los recursos que tenemos e ingeniosamente somos capaces de ponerlos a juego; es el momento, sí, de descubrir nuestro valor en la dificultad y cuando tenemos todas las cosas en contra. Pero también sabemos que para algunos es el momento de achicarse, de acobardarse, de esconderse o de huir tirando la toalla, lo que decimos comúnmente es una cobardía, o decimos el poco valor que tenemos. Pero sucede, nos sucede, más de lo que imaginamos o queremos reconocer.

Yo no valgo, decimos acobardados, yo no soy capaz, algunas veces preferimos hundirnos antes que intentar nadar que a fuerza de hacerlo terminaríamos aprendiendo. Aquellas dos moscas que cayeron en un vaso de leche, ¡me ahogo!, pensaron quizás, y una se dejó hundir porque no veía en la orilla a donde agarrarse o por donde salir, pero la otra, sin embargo, comenzó a mover sus patitas intentando nadar, no cejó en el empeño, insistió dando vueltas y vueltas hasta que pronto sintió que bajo sus patitas había algo sólido que parecía crecer y en lo que podía apoyarse, batiendo sus patitas había hecho una bola de mantequilla con la grasa de la leche y al final se salvó.

Tenemos que aprender, tenemos que no cejar en nuestro empeño e insistir, tenemos que aprender a buscar salidas que podemos encontrar, no nos podemos quedar quietos y encerrados; detrás de cualquier obstáculo que nos encontremos puede haber un respiradero, una salida, un rayo de luz que despierte nuestra esperanza y haga aparecer nuestra creatividad. Es difícil, nos decimos muchas veces, esto supera mis fuerzas o mis capacidades, pero nada se ha hecho por si solo sino que ha habido alguien con empeño que ha buscado soluciones, ha abierto caminos, a despejado horizontes.

La pasividad no es buena, es algo negativo y siempre tenemos que intentar ser positivos y con optimismo pensar que podemos encontrar una salida. Ahí están nuestros valores humanos, nuestra constancia, nuestra firmeza, nuestro creer en nosotros mismos, la fortaleza de espíritu, la capacidad de iniciativa que todos tenemos escondida dentro de nosotros; hay que buscar el resorte que le haga saltar.

Y esto en todos los aspectos de la vida; vendrán momentos difíciles pero en nuestras manos siempre hay algún talento que podemos desarrollar; serán muchos o serán pocos, no importa, lo importante es que creamos que podemos negociarlos, que podemos sacar un provecho, un fruto de eso que tenemos.

Son los momentos difíciles que vivimos actualmente que si tenemos que estar encerrados en previsión de posibles contagios del virus, sin embargo nuestro espíritu no lo podemos encerrar, podemos soñar y podemos imaginar, podemos tener creatividad y tener inventiva, podemos aprender lecciones como revisar actitudes y posturas con las que hemos vivido de una forma conformista hasta ahora.

Pero tenemos que salir de nuestro conformismo, despertar de la pasividad, quitar los miedos, creer que en verdad un día encontraremos una luz. No podemos quedarnos pasivamente a que otros nos abran caminos, nos den soluciones o nos resuelvan las cosas; cada uno tiene su parte, y tú y yo tenemos también nuestra parte y nuestra responsabilidad.

Creo que es lo que nos quiere decir Jesús con la parábola que nos propone. Aquel hombre que repartió los talentos entre sus servidores esperando encontrar un fruto y un rendimiento a la vuelta. Unos supieron negociarlos, otros lo enterró y no se obtuvo ningún beneficio, es más, él mismo perdió aquel talento que se le había confiado. Había tenido miedo, como nosotros tantas veces que nos acobardamos. No nos quiere el Señor pasivos. Ha puesto el mundo en nuestras manos y en nuestras manos está el que podamos hacerlo mejor. No nos podemos sentir abrumados por los problemas, por la inmensidad del trabajo, o por el mundo contrario que nos podamos encontrar.

Es lo que nos sucede con nuestra fe, ese tesoro que ha sembrado Dios en nuestro corazón. Y hemos reconocer que estamos en una generación de cristianos pasivos, que nos encerramos, que huimos, que enterramos nuestros valores y nuestros principios. Pero ese Reino de Dios tenemos que construirlo, está en nuestra manos.

Nos cuesta dejarnos renovar para salir de nuestra pasividad y de nuestro miedo; vivimos en una actitud muy conformista simplemente de dejar hacer, pero sin comprometernos; nos contentamos con nuestros cumplimientos como si solo fuera suficiente el que enterremos el talento para que no se nos pierda. Tenemos que despertar y es en momentos como los que vivimos donde tiene que resplandecer esa fe que decimos anima nuestra vida para anime también a nuestro mundo.


Ahora incluso, que por la situación actual nos vemos muy mermados en nuestras actividades pastorales, tendríamos que saber encontrar caminos, medios, formas para seguir haciendo ese anuncio que ahora quizá con más razón nuestro mundo necesita cuando nos encontramos tantos desesperanzados de la vida. Y nosotros tenemos que ser luz de esperanza para nuestro mundo, sembrar un optimismo de la vida que nace de nuestra fe.

No sabemos, quizás, como hacerlo, pero es el momento de reflexionar, de abrirnos al espíritu del Señor que nos inspire nuevos caminos y nuevos campos. Pero tenemos que seguir siendo esa luz del mundo, esa sal de la tierra. No perdamos ese resplandor ni ese sabor que tenemos que transmitir a los demás.