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sábado, 26 de septiembre de 2026

Tenemos que convencernos que la Pascua va a estar siempre presente en nuestra vida para que no nos desinflemos ni perdamos la serenidad del corazón

 


Tenemos que convencernos que la Pascua va a estar siempre presente en nuestra vida para que no nos desinflemos ni perdamos la serenidad del corazón

Eclesiastés 11, 9 – 12, 8; Salmo 89; Lucas 9, 43b-45

Si todo estaba marchando tan bien, nos decimos, cuando vemos a veces que las cosas se tuercen, que comienzan a aparecer los problemas y los contratiempos, que quizás ya no somos tan bien aceptados como lo éramos antes, que hay alguien que parece que siempre está a la contra; sucede en los ámbitos por ejemplo de acción comunitaria o social, pero nos puede suceder incluso entre los más cercanos a nosotros que parece que comienzan a alejarse o que tomas otros rumbos en la vida; o nos sucede en el ámbito de nuestra vida personal, con nuestros compromisos personales, con el espíritu de superación y crecimiento en el que vivimos, en las tareas que emprendemos o los trabajos que realizamos, las cosas no salen tan bien como antes, ahora nos sentimos más cansados y hasta parece que hemos perdido la ilusión, nos sentimos que no somos comprendidos incluso por aquellos más cercanos a nosotros porque se trazan sus planes que no son lo que realmente nosotros buscamos o pretendemos y así en muchas situaciones más.

Nos preguntamos el por qué de estas nuevas situaciones, de estos cambios, de esos derroteros que nos parece que nos llevan al fracaso y así muchas cosas más. Los caminos no parecen tan llanos. Y eso son cosas que nos encontramos así todos los días por un lado o por otro. Muchos interrogantes quizás se acumulan en nuestro interior porque nos cuesta asumir cuanto nos está sucediendo o nos pudiera suceder.

Es lo que se nos está planteando en el evangelio con Jesús. Mucha gente lo sigue entusiasmada. Hemos escuchado estos días cómo la gente lo seguía y se deshacía en alabanzas. En las preguntas que Jesús les hace a los discípulos vemos como un resumen en las respuestas variadas que estos le dan. Pero Jesús sabe muy bien que pueden ser momentos de fervor y entusiasmo que ante cualquier contrariedad pronto se pueden desinflar. Como nos sucede a nosotros, como vemos que sucede en muchas ocasiones en el ámbito de la Iglesia, momentos fervorosos que pueden ser antesala de turbulencias y contratiempos.

Por eso Jesús quiere abrirles bien los ojos a los discípulos, por una parte preparándolos para todo lo que va a suceder y sus posibles reacciones como veremos cuando llegó el momento de la pasión y de la muerte, pero también preparándonos para que lo que puede ser el camino de la Iglesia. Ha sido así a lo largo de los siglos, pero todos conocemos situaciones así en nuestras parroquias y en nuestras comunidades. El globo se puede desinflar ante cualquier pinchazo, pinchazo ocasionado en muchas ocasiones por nuestra misma debilidad y por la falta de comprensión que manifestamos tantas veces ante la debilidad de los demás.

Jesús. les habla claramente de cuanto puede sucederle al Hijo del hombre, de cuánto va a ser su vida de pascua y de pasión cuando sea entregado en manos de los gentiles. Cuando las cosas nos parece que marchan esplendorosas cuánto nos cuesta aceptar estos anuncios, cuánto nos cuesta pensar en esos momentos oscuros que nos pueden sobrevenir, cuánto nos cuesta aceptar lo que se pascua en nuestra vida. Para los momentos en que planeamos sin ninguna dificultad parece que si estamos preparados, pero para las pruebas pensamos que eso no nos va a tocar nunca a nosotros y prescindimos de esos nubarrones oscuros que pueden descargar sobre nosotros.

Por eso dice el evangelista que a los discípulos les costaba entender estas palabras de Jesús. Y así estarían hasta que sucediera que entonces se dispersarían o se refugiarían en el vernáculo esperando que escampara la tormenta y vinieran nuevos momentos de calma que tampoco imaginaban cómo podrían ser. ‘No entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto…’

Los miedos siguen perdurando, las oscuridades siguen acompañándonos, los sentidos indescifrables siguen estando presentes, permanecen las dudas en nuestro corazón que no sabemos cómo resolver. ¿Cómo nos aplicaremos todo esto a nuestra vida? Es la realidad en la que tenemos que dar testimonio, son las seguridades que necesitaremos, ¿sabremos escoger el camino que nos ha trazado Jesús? ¿Qué nos sigue diciendo el evangelio? ¿Seremos también de los que nos desinflamos fácilmente? Tenemos que convencernos que la Pascua estará siempre presente en nuestra vida.


martes, 15 de septiembre de 2026

Pocos habían quedado al pie de la cruz del dolor, pero con María, a quien nos ha dejado como madre queremos estar también junto al lecho del sufrimiento de cuantos nos rodean

 


Pocos habían quedado al pie de la cruz del dolor, pero con María, a quien nos ha dejado como madre queremos estar también junto al lecho del sufrimiento de cuantos nos rodean

1Corintios 12, 12-14. 27-31a; Salmo 99; Juan 19, 25-27

¡Qué pocos habían quedado al pie de la cruz de Jesús! ¿Huían también del dolor y del sufrimiento? Solo estaba uno de los discípulos, aquel a quien amaba mucho Jesús, una mujer pecadora de la que Jesús había expulsado siete demonios y que desde entonces lo había seguido por todas partes, su madre y la hermana de su madre, una mujer casi anónima de la que solo sabemos que era María la de Cleofás; apenas unas mujeres en el camino habían mostrado su compasión con sus lágrimas, pero Jesús les había dicho que no llorasen por Él sino por ellas mismas y por sus hijos; los que lo habían hecho todo por llevarle a la cruz desde lejos observaban el espectáculo, aquellas muchedumbres que un día le habían seguido ahora andaban por otros caminos porque aquello parecía que acababa mal. Quienes quedaban allí en primera línea parecían el nuevo resto de Israel, pero de dónde iba a hacer un pueblo nuevo.

Es el cuadro que nos toca hoy seguir contemplando desde que ayer contemplábamos a Jesús levantado en lo alto de la cruz para atraer a todos hacia Él, aunque ahora parecían bien pocos los que quedaban. La cruz asusta, el dolor nos hace huir y el temor al sufrimiento nos lleva a escondernos para que quizás no nos toque a nosotros, pero ese ronco reseco y atormentado de nuestra vida tiene que rebrotar para hacer surgir una nueva flor.

Pero la vida nace en medio del dolor y si no que lo diga la madre que da a luz a un hijo; la semilla enterrada aparentemente para hacerla desaparecer engendra una nueva planta que un día florecerá; triturados quizás por el sufrimiento podremos purificarnos de la hojarasca que nos llenaba de maleza y podados esos sarmientos resecos e infructuosos podemos sacar el mejor vino que pone nueva alegría en nuestro corazón o el mejor aceite de nuestra vida para poder iluminar mejor a los que están a nuestro lado; es el amor el que da sentido a la entrega hasta la muerte y será lo que hará aparecer nuevos resplandores de luz.

Es la luz de la esperanza que podemos descubrir en los ojos de María tras el filtro de sus lágrimas de dolor al pie de la cruz de Jesús. Tras la cortina de dolor de la cruz de Cristo en el Calvario nos está naciendo una madre, podríamos decirlo así, cuando Jesús confía su madre al cuidado del discípulo amado y confía a María la misión de madre para aquellos que estamos naciendo desde ese alumbramiento en la propia Cruz de Jesús.

Es un regalo más que Jesús nos está haciendo en este momento supremo. Nos ha regalado su vida y su amor porque eso significa su entrega y su muerte; ese camino nuevo que abría ante nosotros en la medida que anunciaba el Reino de Dios ahora tiene ya su consolidación con su entrega de amor y su muerte en la cruz. Pero nos ha querido dejar también a su madre, nos la ha regalado como madre, nos ha puesto bajo su cuidado; y como madre estará siempre caminando a nuestro lado, haciendo camino con la Iglesia, haciéndonos sentir lo que también vale el sufrimiento y el dolor cuando en verdad tenemos cimentada nuestra vida en el amor.

Hoy la llamamos y la celebramos como Virgen de los Dolores; hoy sentimos más fuerte que nunca que ella es la Madre de amor que siempre está a nuestro lado; Madre del amor tendríamos que llamarla porque es el que va a ser alivio y consuelo en el camino de nuestra vida tan lleno muchas veces de dolores y de sufrimientos.

Con María aprendemos su sentido; sintiendo la presencia de la madre junto a nosotros nos sentimos aliviados y fortalecidos en nuestros dolores y en nuestras angustias y no es que las busquemos pero sí aprendemos que el amor será nuestra mejor medicina que tonifica nuestra vida, pero que con amor tenemos que saber llegar a cuantos se debaten en sus dolores y sufrimientos para con los gestos y compromisos de nuestra vida ser consuelo y remedio y les podamos ayudar a encontrar ese camino que les lleve a Dios y sentirse en El renovados de verdad.

¿Seremos poquitos o serán numerosos los que aun permanecemos al pie de la cruz? Ahí queremos estar con ese amor que sentimos porque somos también los amados del Señor, con la rémora de nuestra antigua vida de pecado porque en esa cruz de Jesús nos sentiremos purificados para llegar a ser ese hombre nuevo de la gracia, en el anonimato quizás de nuestra vida anodina y fría que muchas veces se nos puede quedar vacía y sin sentido, pero sintiendo, sin embargo, la presencia de una madre, a la que invocamos como Virgen de los dolores, que vela siempre junto a nuestro lecho de sufrimiento y dolor en tantas circunstancias de nuestra vida y nos hace encontrar la mejor gracia del Señor que transforme nuestras vidas.

¿Tendríamos que ser nosotros imágenes de esa madre con nuestro amor al lado del sufrimiento de los demás?


viernes, 3 de abril de 2026

Contemplemos en silencio, rumiemos en el corazón cuanto contemplamos, envolvámonos en atmósfera de amor para confesar nuestra fe, un nuevo camino de vida

 


Contemplemos en silencio, rumiemos en el corazón cuanto contemplamos, envolvámonos en atmósfera de amor para confesar nuestra fe, un nuevo camino de vida

Isaías 52, 13 — 53, 12; Salmo 30; Hebreos 4, 14-16; 5, 7-9; Juan 18, 1 — 19, 42

Hoy no es un relato más el que escuchamos; no solamente se contenta el evangelista con narrarnos con la mayor fidelidad unos hechos. Más que una historia es una revelación, la gran revelación de lo que es el amor, de donde se es capaz de llegar cuando hay amor, de cómo cuando hay amor no es un apresamiento y te conduzcan a la condena y a la muerte sino que es el testimonio de una entrega, es decirnos quien es ese Jesús que vemos en esta pascua subir hasta el Calvario.

Ya desde el principio de la propia narración se nos hace esa gran revelación aunque turbados por los momentos trágicos que contemplamos al principio no lleguemos a captar todo el sentido de lo que sucede. Jesús está en el huerto de Getsemaní, contemplamos su agonía y su oración, como contemplamos la dejadez de los discípulos que se caen de sueño; allí llegará Judas con aquellos guardias que le acompañan para culminar su traición. Pero hay algo que nos dice el evangelista y no puede pasar desapercibido, al oír el tumulto que llegaba es Jesús el que se adelante y les sale al encuentro. ‘¿A quién buscáis?’ La pregunta es inesperada y se detienen paralizados respondiendo, ‘A Jesús, el de Nazaret, el Nazareno’, le responden. Y allí se escucha la voz firme y serena de Jesús, ‘Yo soy’, y todos reculan ante estas palabras.

‘Yo soy’ era lo mismo que decir en hebreo ‘Yahvé’, el nombre de Dios. Y es Jesús el que se entrega y ya se dejará hacer hasta que es conducido hasta el Gólgota para ser crucificado. Es Jesús el que se entrega, porque allí está por amor y ese es el sentido del amor, porque el amor siempre se adelanta, el amor se hace entrega, el amor asume con total libertad hasta las cosas más costosas que no se hacen solamente ni principalmente por obligación o sumisión. Así lo había ido expresando Jesús desde sus primeros anuncios de lo que iba a suceder en Jerusalén y los evangelistas nos dicen que andaba como con prisas cuando subía a Jerusalén, porque el amor no espera a que otros hagan o empiecen, el amor siempre toma la iniciativa.

Es lo que hoy estamos contemplando en la pasión y la muerte de Jesús. Como hombre también había sentido miedo y no quería pasar por esas cosas tan dolorosas, pero Él era el mayor y mejor signo de lo que es el amor de Dios por eso da ese paso adelante en su amor para decir ‘no se haga mi voluntad sino la tuya’, como lo expresa en la oración de Getsemaní.

Y amando, aunque sea en medio del sufrimiento, tiene aun tiempo y motivación  para mirar a Pedro con una mirada de comprensión y misericordia después de su negación, tendrá serenidad suficiente para detenerse en la calle de la amargura para consolar a aquellas mujeres que lloran a su paso pero dejándoles un mensaje de consuelo y esperanza, declarará ante el sumo pontífice su condición de Hijo de Dios aun sabiendo que pueda ser una razón más para su condena, claramente se presentará ante Pilatos para proclamar que es rey de la verdad y de la vida y que por eso ha venido al mundo, aceptará humildemente la ayuda del Cireneo porque la mecha humeante no hay que apagarla y aquel gesto de amor  que recibe es una respuesta al amor de Dios que allí se está manifestando, tendrá palabras de esperanza para los que están condenados con Él y a quien muestra arrepentimiento le ofrecerá está aquel mismo día en el paraíso. Al final   el evangelista no nos dirá simplemente que Jesús murió sino que nos dirá que Jesús entregó su Espíritu, o como nos dirá otro evangelista poniendo en labios de Jesús ‘Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu’.

¿Qué nos está revelando Jesús? La entereza y la fortaleza del amor que hará que a última hora hasta el centurión romano reconoce que es un justo inocente que ha realizado la mayor de las pruebas del amor. Más que una historia es una revelación, ya decíamos desde el principio. Es la muestra del paso de Dios que siempre es regalo de amor, que siempre es camino que se nos abre para la vida y para la salvación. Es lo que hemos de sentir en este día. No nos quedamos en los detalles, pero en los detalles tenemos que ir contemplando toda esa ofrenda de amor.

Pero como decíamos es una revelación que nos pone en camino, porque no leemos simplemente el evangelio como quien lee un libro porque quiere conocer unos datos históricos; nosotros contemplamos y contemplar es ir a lo más hondo de lo que se nos puede decir en la fachada del relato de unos hechos que nosotros queramos conocer para ir a lo que está en el fondo de cuanto contemplamos; y es lo que podemos descubrir que va a implicar toda nuestra vida porque ya no podemos ir por la vida como si nada hubiéramos contemplado, porque ahora nosotros nos vamos a sentir inundados y empapados por tanto amor, porque quizás nos haga despertar de esas somnolencias con que hemos vivido muchas veces nuestra fe.

Hay un detalle final y es que van a aparecer dos personajes que eran discípulos ocultos de Jesús y ahora van a dar la cara; Nicodemo el que había ido de noche a ver a Jesús y José de Aritmatea del que hasta ahora no sabíamos nada; se atreven a presentarse ante Pilatos, y alguna razón tenían que esgrimir, para pedir el cuerpo de Jesús y darle digna sepultura; tanto es así que José de Aritmatea ofrecerá su propia sepultura excavada en la roca de su huerto para que allí depositan el cuerpo de Jesús. Siempre habrá alguien que tras la primera impresión de un momento duro y de dolor hará aflorar lo mejor de su corazón para dar un paso adelante.

Contemplemos en silencio, rumiemos en nuestro corazón cuanto vamos contemplando, envolvámonos en este viernes santo en esta atmósfera de amor y terminemos confesando nuestra fe que nos abre a un nuevo camino en nuestra vida.


miércoles, 4 de marzo de 2026

Una subida a Jerusalén, un camino de pascua que nosotros hemos de hacer desde nuestra vida concreta

 


Una subida a Jerusalén, un camino de pascua que nosotros hemos de hacer desde nuestra vida concreta

Jeremías 18, 18-20; Salmo 30; Mateo 20, 17-28

‘Mirad, estamos subiendo a Jerusalén…’ les dice Jesús a sus discípulos. tiene importancia esta subida, no es un viaje más, en otros momentos veremos a Jesús subir también a Jerusalén; de todas maneras la vida de Jesús con sus discípulos era itinerante, ya nos dicen los evangelista cómo iba recorriendo las distintas aldeas y pueblos de Galilea, lo veremos incluso en los confines de la tierra de los judíos cuando lo de la mujer cananea o cuando nos dicen que está en Cesarea de Filipo que era una ciudad muy al norte prácticamente en los nacientes del Jordán, o le veremos cruzar el lago para ir a la otra orilla, tierra de los gerasenos que ya no eran realmente israelitas.

Ahora van subiendo de nuevo a Jerusalén, no es una subida más a la pascua, sino que es la subida a la Pascua definitiva; de alguna manera entienden que algo va a suceder dado la premura con que Jesús hace el camino. Es lo que ahora les anuncia, su Pascua, ‘el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas, y lo condenarán a muerte y lo entregarán a los gentiles, para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen; y al tercer día resucitará’.

¿Entenderían los discípulos lo que Jesús les está diciendo? En varias ocasiones les ha hecho este anuncio y siempre se quedaban dándole vueltas al asunto; en una ocasión Pedro se enfrentará a Jesús diciéndole que eso no le puede pasar; está hablando el amor que siente por Jesús, aunque cuando llegue la hora de la verdad ya sabemos cómo reaccionará. Por sus mentes pasan todos sus deseos y ambiciones, la idean que se habían hecho de lo que sería el Mesías, los sueños que tenían para sus vidas; tantas veces habían discutido sobre quien iba a ser el primero.

Ahora se adelantan los hermanos Zebedeos con su madre, quizás por aquello de que eran parientes; siempre andamos buscando afinidades para medrar, para conseguir algún beneficio, para adelantarnos a los demás porque nos creemos quizás con derechos; las influencias que todo quieren manipularlo, como nos sigue sucediendo, porque esas son las leyes por las que quiere regirse nuestra sociedad que aunque no sean leyes escritas sin embargo las llevamos muy impresas en nuestros sueños y en nuestros corazones. Queremos ser del grupo de aquellos que están cercanos al poder, a ver si cae algo, que tantas veces pensamos.

Cuando meditamos este evangelio nos choca esta reacción de los Zebedeos apoyados en su madre precisamente después de haber escuchado las palabras de Jesús. No siempre damos la verdadera importancia a las palabras que escuchamos sobre todo cuando tenemos muchos sueños en nuestra mente, nos pueden parecer palabras solemnes y bonitas dichas para la ocasión pero no sabemos o no queremos aterrizar con ellas.

Nos sigue pasando hoy cuando ahora mismo estamos escuchando este anuncio de Jesús de la subida a Jerusalén, y la estamos escuchando precisamente en este camino cuaresmal que estamos haciendo, porque nosotros seguimos pensando en la semana santa de la misma manera que la hemos celebrado siempre y la hemos edulcorado tanto que le hemos hecho perder el sentido y el sabor de la pascua. Es muerte y resurrección pero no como unas bonitas imágenes muy envueltas en ricos y lujosos ropajes a pesar de que queramos representar la pasión de Jesús, que nos olvidamos de la pasión que nosotros hemos de vivir, de la muerte en la que nos hemos de sumergir para que en verdad haya resurrección a nueva vida y entonces haya verdadera pascua.

¿No tendríamos que despojarnos de muchas cosas, de muchos ropajes, de muchas ideas preconcebidas para sumergirnos de verdad en la muerte de Jesús? ¿No tendríamos que comenzar a contemplar esa pasión que hay en nuestra vida en tanto que nos hace sufrir, en desgarros que se producen en nuestro espíritu en los problemas con los que cada día nos vamos encontrando, en esas situaciones tan complejas en las que nos vemos envueltos quizás por nuestros errores, quizás por las incomprensiones que encontramos a nuestro alrededor, o en los desaires que sufrimos tantas veces?

Es el camino de la pascua que hemos de recorrer en lo concreto de nuestra vida. Es la invitación que hoy nos hace la palabra del Señor en esta nuestra subida a Jerusalén de nuestra pascua.

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Encontremos el verdadero sentido del vivir que es dar vida, multiplicar la vida siendo agradecidos con la vida que se nos ha regalado haciendo ese regalo también a los demás

 


Encontremos el verdadero sentido del vivir que es dar vida, multiplicar la vida siendo agradecidos con la vida que se nos ha regalado haciendo ese regalo también a los demás

2Macabeos 7,1.20-31; Salmo 16; Lucas 19,11-28

La vida es un don, como un regalo que se nos da. Por eso la vida necesariamente se hace don. No es algo que se pueda encerrar, no es algo que se pueda acaparar; donde hay vida tiene que multiplicarse; si no la dejamos expandirse es que se muere, se difumina, desaparece. Es que la vida es expansiva. En quien vive no caben los egoísmos, el encerrarse en sí mismo o en pensar solo en ganar para sí mismo, porque el verdadero sentido de vivir es darse. Y nos damos porque somos agradecidos y la mejor forma de manifestar esa gratitud es dándonos creando vida, dándonos compartiendo todo lo que es nuestra vida, todo lo que hemos recibido.

Quien no es capaz de compartir la vida se muere; las personas encerradas en sí mismos, pensando solo en si mismos, son las más desgraciadas porque han perdido la verdadera ilusión de vivir, de lo que es la vida. Cuántos contemplamos en la vida que andan aburridos y sin encontrarle sentido a lo que hacen, porque solo piensan en sí mismos y no han descubierto la ganancia que es vivir y crear vida. Muchos viejos que se mueren contemplamos, y no son viejos porque tengan muchos años, sino porque no han encontrado sentido a su vivir. Aparecen los miedos y las desconfianzas, aparece el deseo de guardarlo tanto para no perderlo que al final se pudre esa vida y se llena de muerte.

Los que seguimos a Jesús somos los más amantes de la vida. Sentimos el regalo que Dios nos hace cuando nos ha dado a Jesús que viene a ayudarnos a comprender ese sentido de la vida. Solo es necesario contemplarlo a Él, no vive para sí sino para amar. Su vida es amar, su vida es entrega, su vida es don, su vida es toda generosidad. Será lo que nos enseña también con sus palabras. Es la promesa de vida que nos hace si llegamos a comprender el sentido de la vida que Él nos ofrece y tratamos de vivirlo.

Ha venido para que tengamos vida y vida en abundancia, nos enseña la Palabra de Dios. Por eso nos habla de vida eterna, que no es solo pensar en un más allá, que tenemos que pensarlo para aprender a trascendernos, sino que ese vivir la vida eterna es vivirlo ahora porque con Él aprendemos a vivir para siempre. Quien sigue a Jesús quita todos los signos de muerte, quien sigue a Jesús es agradecido y ama, no se reserva nada para sí, no camina con desconfianzas y cerrazones, su camino es repartir vida.

De eso nos está hablando Jesús con sus parábolas, como la que hoy se nos ofrece. La parábola de los talentos, solemos llamarla, por esos talentos, o minas de oro como se nos dice en la versión del evangelio de este día, pero que no son para guardarlos y esconderlos porque miedo a perderles, sino que hay que trabajarlos, hay que negociarlos, hay que hacerlos producir. Es lo que hemos de hacer con la vida, como hemos venido reflexionando.

Y entonces seremos felices, sentiremos la verdadera alegría de la vida; los que solo piensan en sí mismos no llegan a comprender lo que es la verdadera alegría de la vida, necesitarán sucedáneos para poder estar alegres, buscarán estimulantes que lo hacen es quemarnos porque cuando nos fallen esos estimulantes externos nos quedaremos vacíos y sin vida, sin haber podido disfrutar de verdad de la vida.

Leamos y releamos esta parábola que hoy Jesús nos propone y plasmémosla en nuestra propia vida. Encontraremos el verdadero sentido del vivir.


miércoles, 5 de noviembre de 2025

Ama y serás feliz, pero seamos conscientes de lo que en verdad nos exige el amor para que sea auténtico y con todas sus consecuencias

 


Ama y serás feliz, pero seamos conscientes de lo que en verdad nos exige el amor para que sea auténtico y con todas sus consecuencias

Romanos 13, 8-10; Salmo 111; Lucas 14, 25-33

Ya está todo hecho, ama y serás feliz. ¿Será verdad? ¿Será algo tan fácil? Bueno, son unas conclusiones que muchos sacamos de las palabras que escuchamos hoy en el evangelio, pero mira por donde no todos entendemos lo mismo ni todos hacemos lo mismo. Es el lema de muchos que viven a su aire, aunque tendríamos que preguntarnos qué es lo que realmente entienden por amor. ¿Se quedará solamente en una sensualidad o en la búsqueda de unas satisfacciones que a la larga se pudieran convertir en egoísta porque solo lo pienso para mí, para mis satisfacciones particulares?

Seguimos sin negar esa primera cosa que hemos dicho casi como una sentencia, pero no siempre vemos pronto esa felicidad por amar, porque hemos de entender todo su sentido desde lo más hondo que es amar. Porque tenemos que pensar en amor como una donación de nosotros mismos, podemos pensar en lo que eso significa de entrega de mi mismo, porque ya no solo puedo pensar en mi mismo sino en aquel que amo para quien quiero lo mejor, quiero siempre el bien; y no siempre será fácil, porque podemos encontrarnos de frente algo que no nos agrade demasiado, porque tenemos que pensar en un vaciarnos de nosotros mismos porque queremos dar desde nosotros mismos al otro. Y eso no siempre es fácil, cuesta realmente ese olvidarme de mi mismo para solo pensar en el bien de aquel a quien amo.

¿Seré en verdad feliz por amar? Creo que va a entenderse desde el sentido que le estoy dando a mi vida, y entonces aun en el sacrificio que tengo que hacer de mi mismo para amar me voy a sentir hondamente satisfecho. Estaremos entrando en esa órbita de felicidad que no son solo placeres sensuales, sino algo que llega, nace y se desarrolla en lo más profundo de mí ser.

Se suele decir que el amor no es exigente y es cierto porque a quien amamos no le exigimos, a quien amamos trataremos con la mayor delicadeza y atención, a quien amamos le estamos regalando de nuestra vida y nuestro ser. Pero el amor será exigente conmigo mismo. Nos pueden salir como retoños brotes de insolidaridad o de cansancio, desánimo porque no encontramos respuesta para aquello que estamos dando, lo cual estaría señalándonos una falta de generosidad por parte de nosotros mismos, nos puede rebrotar el orgullo o el amor propio que pueden hacerle perder el brillo y la belleza a ese amor. Y es ahí cuando tenemos que ser exigentes con nosotros mismos, para podar esos malos brotes, para arrancar esas viejas raíces que pueden quedar dentro de nosotros. Y eso cuesta y es doloroso. Pero no dejaremos de ser felices con aquella felicidad honda que estábamos buscando.

Es lo que nos está diciendo hoy Jesús en el evangelio. Que no nos valen unos entusiasmos pasajeros. Cuántas veces en unos buenos momentos prometemos muchas cosas y que nos vamos a querer siempre y que no nos vamos a olvidar los unos de los otros y no sé cuantas cosas más. Pero pronto nos puede entrar la rutina de la vida y aquellos amores y entusiasmos se enfrían, decaen y terminan por morir. Cuántas amistades han comenzado con un entusiasmo rayano en la locura, pero con el tiempo se han difuminado y si acaso no se nos han vuelto en contra.

Seguía mucha gente a Jesús nos dice hoy el evangelista. Pero Jesús quiere dejar las cosas claras. Y habla de que seguirle no es cualquier cosa, nos habla de negación de nosotros mismos y de cruz, nos habla de hacer opciones serias y fundamentales en la vida de las que no nos podemos volver atrás; y nos dice Jesús que las cosas hay que pensarlas bien, como el que va a construir una torre que tiene que ver si será capaz de terminarla, o el rey que va a emprender una batalla y tiene que examinar con cuantas fuerzas cuenta para culminarla bien.

¿Seremos en verdad discípulos de Jesús? ¿Estamos al tanto de todo lo que nos exige el amor? ¿Llegaremos en verdad a ser felices? Yo creo que sí, que encontraremos la felicidad más honda.

jueves, 23 de octubre de 2025

Fuego que es purificación y generador de vida, fuerza del Espíritu que nos hace testigos y constructores de un nuevo mundo por la fuerza del amor

 


Fuego que es purificación y generador de vida, fuerza del Espíritu que nos hace testigos y constructores de un nuevo mundo por la fuerza del amor

Romanos 6, 19-23; Salmo 1; Lucas 12, 49-53

Estas palabras de Jesús hoy en el evangelio que hablan de fuego, de muerte o de división de alguna manera siempre nos han resultado controvertidas y nos ha costado entenderlas, porque habla de un fuego que ha de arrasar, de un bautismo de pasión y muerte y nos habla finalmente de división contraponiéndola a la concordia y la paz.

Confieso que de alguna manera algunas veces me quedo como bloqueado cuando trato de entender estas palabras de Jesús, porque podría que parecer que van a la contra de todo lo que anuncia en el evangelio cuando nos habla del reino de Dios. Pero creo que quiere hacer con ellas una afirmación rotunda de lo que es el Reino de Dios que quiere para nosotros y para nuestro mundo.

Todo lo que se desboca y se sale de control se convierte en destructivo aun en aquellas cosas que consideremos más buenas; lo que perdido control nos domina y termina destruyéndonos porque nos esclaviza; lo podemos pensar de las propias pasiones humanas que en sí mismas son fuerza que nos impulsan en la vida, pero cuando se descontrolan solo nos dejamos guiar por el instinto y no por la razón que tiene que estar por encima y que es la que de la un valor y sentido humano a esa nuestra fuerza interior. ¿Será un instinto incontrolado el que guía hoy nuestras vidas? ¿Qué hay de humano en lo que hacemos?

El fuego, pues, descontrolado siempre nos resulta aterrador por lo destructivo y nos quedamos solo en esa imagen del fuego; un incendio de nuestros bosques que deja tras de sí desolación y destrucción, el incendio de una casa o una propiedad que nos hace perderla totalmente y no vamos más allá de lo que en sí mismo significa el fuego que es uno de los principio fundamentales de la vida y la existencia; porque no todo es destrucción sino que el fuego también es creador y transformador, o tras el fuego veremos renacer de nuevo la vida y la vegetación con nueva fuerza y nuevo brío, pero el descubrimiento del fuego y el control de esa llama fue uno de los pasos fundamentales en la vida del hombre pues también tras ese descubrimiento pudo haber luz en medio de la oscuridad, elaboramos nuestros alimentos, se convierte en motor de nuestros movimientos o de los medios que utilizamos para desplazarnos, como también podemos construir nuevas formas y nuevos elementos fundamentales para la vida del hombre; una llama parpadeante se convierte también en símbolo de vida. Cuántas imágenes de la luz y del fuego nos encontramos en la Biblia. Sería interesante hacer un repaso.

Jesús viene a prender ese fuego de vida en nuestros corazones y en nuestro mundo, como purificación por una parte si lo queremos ver también así, pero como principio de vida que ha de transformar nuestro mundo. La señal de la venida del Espíritu Santo, comienzo de la vida de la Iglesia en el envío de los discípulos por el mundo para anunciar el evangelio, fueron aquellas llamas de fuego que como imagen y signo se posaron sobre la cabeza de los apóstoles. Será ese fuego del corazón que nos hace intrépidos para el anuncio del evangelio que transforme en verdad nuestro mundo. ¿Nos extraña que Jesús nos diga que ha venido a prender fuego en el mundo y lo que quiere es que arda? Cuidado nosotros no apaguemos ese fuego del Espíritu con la frialdad de nuestra vida cristiana.

Entendemos así que Jesús nos hable de un bautismo por el que ha de pasar que significa muerte pero que significa vida también. Es la entrega del amor que nos hace morir a nosotros mismos pero para poder tener vida de la de verdad. Fue la pregunta que le hacía a aquellos dos que querían ocupar los dos primeros lugares en su reino, uno a la derecha y otro a la izquierda, ‘¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber, bautizaros en el baal timo donde yo me he de bautizar?’

Una pregunta importante a la que no hemos de dar respuesta a la ligera, porque tenemos que calibrar bien las consecuencias a ver si somos capaces de llegar hasta el final. El evangelio no es para los enclenques y los que necesitan continuamente paños calientes; es un camino de exigencia porque es un camino de amor, y cuando queremos amar no lo podemos hacer a medias o con paños calientes, el que ama de verdad se da hasta el final. Se deja incendiar por ese fuego del amor divino, con todas sus consecuencias.

Y unas consecuencias que nos van a surgir es la incomprensión de los demás por esas actitudes radicales que nosotros tomamos en congruencia con nuestra fe. Es la división que nos vamos a encontrar, que es lo que nos está señalando Jesús. Y esa incomprensión nos viene muchas veces de los que están más cerca de nosotros. No quiere hablarnos Jesús de que las familias han de estar divididas, porque eso sería todo lo contrario a lo que pretende el evangelio, pero sí nos hace comprender que no siempre el camino será fácil, y no por los de fuera que pretenderán echarnos sus zancadillas, sino por la incomprensión de los más cercanos a nosotros.

Pero será ese vigor que sentimos dentro de nosotros por el fuego del Espíritu el que nos seguirá impulsando para continuar con nuestra tarea y misión, para ser esos testigos verdaderamente congruentes del evangelio en medio del mundo.


lunes, 30 de junio de 2025

Seguir a Jesús algo más que buena voluntad, una búsqueda de compensaciones, o unos compromisos con condiciones

 


Seguir a Jesús algo más que buena voluntad, una búsqueda de compensaciones, o unos compromisos con condiciones

Génesis, 18, 16-33; Salmo 102; Mateo, 8, 18-22

Hemos oído muchas veces aquello de nadar y guardar la ropa; es una imagen que solemos emplear para manifestarnos algo que si no imposible sí que resulta bien difícil, porque mientras nadamos nos despojamos de la ropa, que se queda abandonada en la orilla a merced de quien quiere adueñarse de ella; pero sin embargo queremos expresar actitudes de cierta doblez con las que actuamos muchas veces en la vida, aparentamos una lealtad que luego interiormente no tenemos, queremos contentar algunas cosas como para prevenir y salvarnos luego cuando las cosas se vuelvan en contra, porque siempre tenemos algo de lo que agarrarnos.

Ya decimos que el juego de la política es ese en cierto modo, porque para sacar nuestros proyectos adelante tenemos que negociar con quien sea para cediendo en algunas cosas poder conseguir aquello que aspiramos; lo que nos sucede con frecuencia es que ese juego se vuelve sucio, muchas veces injusto, y donde se oculta mucho la identidad de lo que realmente nosotros queremos. Así andamos en muchas cosas de la vida con politiqueos.

Pero hay cosas que son mucho más serias y que realmente nos piden una autenticidad verdadera y una congruencia entre palabras y acciones. Nuestro camino de seguimiento de Jesús no puede andar con esos politiqueos. Ya veremos que muchas veces Jesús nos pide radicalidad hasta el punto de que nos arranquemos un ojo o una mano si nos hacen pecar.

En el caso del evangelio de hoy se trata del seguimiento de Jesús, de lo que podíamos llamar vocación a la vida cristiana en todas sus consecuencias. La Palabra que va anunciando Jesús llama la atención y entusiasma a las gentes; ‘nadie ha hablado como El’, se dicen las gentes, ‘habla con autoridad’, lo que da una garantía de veracidad; pero además sus palabras van acompañadas de numerosos signos, como cumplimiento de lo anunciado por los profetas y que Jesús recordó en la sinagoga de Nazaret. ‘los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son curados…’ Eso hará que muchos quieran seguirlo, o aquellos a los que Jesús va llamando desde esos signos que va realizando quieran en verdad seguirle, aunque muchas veces se sientan inseguros y pongan por así decirlo sus condiciones.

Uno se ofrece a seguirle a donde quiera que vaya con todo el impulso y vehemencia de su buena voluntad. Pero Jesús lo hace pensar, le hace ver que hay unas exigencias, que va a haber un nuevo estilo de vida, que seguirle a El no es para conseguir unos beneficios o privilegios. ‘Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza’, le dice Jesús.

¿Estaremos dispuestos a esa disponibilidad total? ¿Estaremos a hacernos pobres así, a vivir con esa pobreza de no tener ni siquiera un techo donde cobijarnos cuando llegue la noche? ¿Seguiremos aun hoy en el siglo XXI buscando esos privilegios, esos puestos de honor, esa placa de reconocimiento  porque un día hicimos una cosa buena y trabajos quizás en la Iglesia?

A otro es al que Jesús directamente le invita a seguirle. Parece que al hombre le agrada, le parece bien y estaría dispuesto, pero está pidiendo que le den un tiempo, que tiene que hacer unas cosas en la familia, que tiene que atender porque se le ha muerto un familiar. ‘Tú sígueme y deja que los muertos entierren a los muertos’, le dice Jesús.

Queremos la luz, pero aún queremos permanecer en las sombras un ratito más por si acaso luego fuera demasiado el calor. Y nuestros arreglos siguen retrasando nuestros pasos, porque tenemos que dejarlo todo atado y bien atado. Y los apegos de los que tenemos que arrancarnos nos duelen, el cambiar nuestras costumbres nos parece imposible y decimos que tenemos que darle tiempo al tiempo, las rutinas van ralentizando nuestros pasos que no nos dejan actuar con la autentica libertad que en Jesús vamos a encontrar. Y tenemos que dejar las cosas bien arregladas en casa, por si acaso no resulte y tener donde volver a refugiarnos. ¿Nos seguirán sucediendo cosas así también hoy?

‘Tú, sígueme’, nos está diciendo Jesús. ¿Qué haremos? ¿También queremos nadar y guardar la ropa?

domingo, 22 de junio de 2025

Mi Cuerpo entregado por vosotros… mi Sangre derramada por vosotros y por todos para que tengan vida… es lo que tenemos que celebrar y vivir en esta fiesta del Corpus

 


Mi Cuerpo entregado por vosotros… mi Sangre derramada por vosotros y por todos para que tengan vida… es lo que tenemos que celebrar y vivir en esta fiesta del Corpus

Génesis, 14, 18-20; Salmo 109; 1Corintios 11, 23-26; Lucas 9, 11b-17

No sé si en alguna ocasión se han visto desbordados por una situación en la que tenían que actuar pero que parecía que superaba todas vuestras posibilidades o capacidades de actuación, pero era algo que se esperaba de ustedes, porque formaba parte de las responsabilidades asumidas, de un cargo o responsabilidad que tenían en la vida, o era una situación familiar en la que se veían involucrados muchos de la familia, pero que podía estar en las manos de ustedes la salida de tal conflicto. ¿Cómo se sentían? ¿Qué tenían que hacer? No sabían por donde empezar y el camino parecía bastante escabroso. ¿Podríamos buscarnos alguna disculpa? Seguro que no podíamos escaquearnos porque todos estaban pendientes de nuestra actuación.

Me planteo esto, porque por un lado vemos lo que dice el evangelio y el compromiso en que Jesús pone a sus discípulos, cuando ante toda aquella multitud que había venido de lejos para ver y escuchar a Jesús, había que darles de comer; pero es que Jesús les dice: no es cuestión de que les digamos que se marchen sino ‘dadles vosotros de comer’.

Pero esto no es ajeno a lo que al mismo tiempo podemos contemplar en el mundo en que vivimos, problemas, necesidades, hambre, guerras, miseria, desplazados o emigrantes que nos llegan continuamente a nuestras tierras, o se desplazan por el mundo buscando algo mejor y sucede en todos los continentes. Nos sentimos impresionados por las noticias que nos llegan a través de los medios de comunicación, las decisiones que toman los poderosos de nuestro mundo, los problemas que se acumulan muchas veces no tan lejos de nosotros. ¿Y nos quedamos con los brazos cruzados? ¿Y echamos balones fuera porque decimos que esas decisiones están en manos de otros? ¿Nos desentendemos y cerramos los ojos? ¿Decimos que eso no está en nuestras manos y que nada podemos hacer? ¿Comenzamos a decir lo que tienen que hacer los otros? Pero Jesús nos está diciendo ‘dadles vosotros de comer’.

Y esta reflexión nos la hacemos en esta fiesta del Corpus. Quizás en muchos de nuestros pueblos se movilice mucha gente para preparar la fiesta del Corpus, con nuestras procesiones, nuestras alfombras, nuestros descansos, nuestra música, nuestros cantos… todo un fervor popular. Un fervor que nació de nuestra fe en la Eucaristía, del misterio de amor y de entrega que celebramos en la Eucaristía. Estamos recordando y celebrando algo muy grande, pero que algunas veces porque lo vemos tan grande y misterioso casi lo hemos ido alejando de lo que tiene que ser la realidad de nuestra vida cristiana. Es Cristo que se entrega para que tengamos vida.

‘Mi Cuerpo entregado por vosotros… mi Sangre derramada por vosotros y por todos para que tengan vida…’ ¿Será esto en verdad lo que estamos celebrando? Cuidado que la pantalla de nuestras fervorosas celebraciones oculte lo que en verdad celebramos y lo que tenemos que manifestar en nuestra vida. Cuando Cristo se entrega por nosotros para que tengamos vida nos dice ‘lo mismo que yo he hecho tenéis que hacerlo los unos con los otros’, y ha sido después de lavarles los pies a los discípulos. Pero es que no solo fue lavando los pies a los discípulos en el cenáculo al principio de aquella cena pascual, sino ha sido lo que ha ido haciendo continuamente en su vida.

Nunca se puso Jesús en una posición en que estuviera lejos de la gente; con ellos se mezclaba, en medio de ellos caminaba, se acercaba a la orilla del lago o se sentaba en la barca con los discípulos cuando iban a la pesca, se detenía ante el ciego en las calles de Jerusalén, o con su mano tocaba a los leprosos o ponía sus dedos en lo oídos de los sordomudos, dejaba que le tocaran el manto en medio de los apretujones de la gente, o camina a casa de Jairo o quería ir también a la casa del centurión, llegaba a la casa de Simón para tomar de la mano a la suegra y levantarla o permitía que le rompieran el techo de la casa para bajar por allí al paralítico… muchos más gestos podemos seguir recordando y contemplando. Y Jesús nos dice que hagamos lo mismo que ha hecho El.

Cuando nos habla de su cuerpo entregado y de su sangre derramada al darnos a comer de aquel pan y beber de aquella copa, nos dirá también que hagamos lo mismo en recuerdo y conmemoración suya para siempre. Pero hacerlo no es solo comer de aquel pan y beber de aquella copa, sino hacer la misma entrega hasta derramar la sangre si fuera necesario para poder dar vida a nuestro alrededor. ¿Estaríamos dispuestos a llevar nuestra actitud de servicio hasta ese extremo?

Esto es lo que hoy queremos celebrar, lo que tenemos que celebrar. Y lo celebramos en medio de ese mundo donde tenemos que poner nuestra mano, nuestro actuar, nuestro compromiso, nuestra entrega. No podemos cruzarnos de brazos, decir que eso les toca a otros. Nosotros tenemos que poner nuestro pan aunque sea de cebada, nosotros tenemos que poner nuestro actuar aunque muchas veces no sepamos como, en nosotros tienen que darse esos gestos de amor, de ternura, de cercanía, de amistad con los que vamos encontrando en los camino de la vida.

Y pondremos nuestra mano, y diremos nuestra palabra, y ofreceremos nuestra mirada, y regalaremos nuestra sonrisa, y ponemos nuestra pobreza, porque si todo hiciéramos un poquito de todo esto muchas esperanzas se despertarían, muchos serían los que se levantaran de su postración o de su desánimo, muchos se sentirían movidos a poner también su parte en lugar de esconderse y haríamos en verdad un mundo nuevo. Es el Reino de Dios por el que Jesús se ha entregado, es lo que hoy estaremos celebrando con todo sentido.

domingo, 18 de mayo de 2025

Es la hora de la glorificación, porque es la hora de la entrega, es la hora del amor y ese será el camino de nuestra gloria y nuestro triunfo con el que haremos un mundo mejor

 


Es la hora de la glorificación, porque es la hora de la entrega, es la hora del amor y ese será el camino de nuestra gloria  y nuestro triunfo con el que haremos un mundo mejor

Hechos 14, 21b-27; Salmo 144; Apocalipsis 21, 1-5ª; Juan 13, 31-33a. 34-35

Cuando hablamos de gloria, de glorificación y lo hacemos en términos muy a lo humano, a lo terreno y material, por decirlo de alguna manera, pensamos en triunfos, en victorias, en aclamaciones; la gloria de un deportista es la victoria personal o la victoria de su equipo, es el triunfo sobre el adversario, es la aclamación que va a tener de sus seguidores o de los que valoran esa victoria; salvo que nos hagamos unas interpretaciones ya muy particulares en las que se admire el esfuerzo realizado aunque no haya vencido se suele decir que su victoria es su superación, es su esfuerzo, o es el lograr llegar a aquella final aunque no haya habido triunfo sobre el adversario.

¿Cómo podemos entender las palabras que emplea Jesús hoy en el evangelio en las que habla de que ha llegado la hora de la glorificación precisamente en el contexto en que las pronuncia? Ya al comenzar la cena pascual el evangelista nos dice que ha llegado su hora, y lo repetirá Jesús en distintos momentos. Ya anteriormente hablando en Jerusalén había hablado de que estaba deseando que llegara la hora de la glorificación, mientras se escucha como un grito una voz venida del cielo que habla de esa glorificación.

Ahora ha salido ya Judas del cenáculo, y bien sabemos por los derroteros por los que caminaba pues iba a preparar el prendimiento de Jesús en aquella noche, y Jesús vuelve a hablar de glorificación. ‘Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros’. Son palabras que tienen un tinte especial, de ahí la tristeza que embarga al grupo de los discípulos, que no entienden lo que suceda, pero que presienten que algo especial va a suceder, como Jesús les había anunciado y ellos no habían comprendido.

Es el comienzo de la pasión; pronto vendrá el prendimiento, y como les ha dicho Jesús ‘me queda poco de estar con vosotros’. Pero es la hora de la entrega y del amor. Aunque sea difícil de ver y comprender todo lo que va a suceder tiene un sentido. Es el sentido de quien se entrega por nosotros, es el sentido del amor. Es el amor de Dios al hombre y al mundo que no se detiene hasta entregar a su Hijo para que nosotros tengamos vida. Aunque sean pasos amargos, porque a nadie le gusta el sufrimiento, fueron los pasos decididos con que Jesús subía a Jerusalén sabiendo que el Hijo del Hombre iba a ser entregado en manos de los gentiles, pero nadie le arrebata la vida, como nos dirá en una ocasión, sino que El la entrega libremente.

Puede pedirle al Padre que le libere de ese cáliz, pero El está dispuesto a llegar hasta el final. Porque no hay amor más grande que el de quien entrega su vida por los que ama. Es lo que está haciendo Jesús y la gloria de Dios se manifiesta cuando se manifiesta el amor, cuando llegamos a descubrir lo que es el amor que Dios nos tiene. Es la hora de la glorificación, porque es la hora de la entrega, es la hora del amor. Era lo que los judíos no entendían de la manera en cómo Jesús e presentaba como Mesías. Para ellos el Mesías tenía que se un caudillo que hiciera la guerra a quienes los oprimían para en esa violencia dominarlos y conquistar su libertad. No era la guerra que Jesús iba a emprender ni la que nos confiara a nosotros sus seguidores.

Y ese será el camino de nuestra gloria, el camino de nuestro triunfo. Es nuestra lucha y nosotros queremos ver también derrotados nuestros enemigos, pero nuestra victoria no viene por la violencia, nuestra victoria viene por el amor. Por eso nos dirá que será nuestro distintivo, por lo que nos conocerán. Es su ley y su mandato, amar. ‘Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros’.

Es la tarea que nos confía, pone en nuestras manos para poder manifestar la gloria de Dios. Solo en el amor se va a manifestar la gloria de Dios. Muchas veces tenemos la tentación de la ostentación en las cosas externas. Nos rodeamos de muchos resplandores y brillos que no son sino hojarasca; tenemos demasiadas manifestaciones de poder desde la imposición y desde la vanidad. Todavía seguimos sin entender las palabras de Jesús y pretendemos imponernos, convertir nuestra manera de ver y vivir el amor en leyes humanas que terminan maleándose porque se nos meterán nuestros intereses y nuestras vanidades por medio. Incluso hasta cuando hablamos de paz en tantos conflictos como nos encontramos en el mundo, terminamos hablando de imposiciones y exigencias, pero llegamos a entender que solo por el camino del amor es como la vamos a encontrar.

Tenemos que ver el camino de Jesús para hacerlo nuestro camino. Tenemos que ver lo que fue la gloria de Dios que se manifiesta en Jesús para que lo hagamos también nuestra gloria porque emprendamos ese mismo camino de entrega y de amor. Despojémonos de esas ansias de poder que se sigue manifestando en nosotros y en nuestra Iglesia, esa fastuosidad y vanidad que lo que hace es crear abismos y distancias, que además nos están alejando del evangelio. Bajemos a ese terreno llano donde nos sentimos todos a la misma altura y se palpa la cercanía entre nosotros porque estamos todos caminando el mismo camino del amor.

miércoles, 20 de noviembre de 2024

Salgamos de la pasividad conservadora de no perder lo que tenemos con el riesgo que significar abrir nuevos horizontes desde nuestra fe en nuestro mundo

 


Salgamos de la pasividad conservadora de no perder lo que tenemos con el riesgo que significar abrir nuevos horizontes desde nuestra fe en nuestro mundo

Apocalipsis 4, 1-11; Salmo 150; Lucas 19, 11-28

¿En qué ocupamos la vida? Eso viene a decirnos el sentido que la vida tiene para nosotros. Hay quienes no piensan en  hacer nada, simplemente dejarse llevar por la pasividad, a lo que salga, pasarlo bien y vivir la vida; pero claro, tendríamos que preguntarnos y ¿qué es vivir la vida?  Creo que una vida así no se vive, se soporta o nos queremos aprovechar de ella, pero nada aportamos.

Pero hay quienes se arriesgan, quieren salir de esa pasividad, buscan algo nuevo y algo mejor, algo que en verdad les haga sentirse vivos, y siempre estarán buscando qué hacer, no simplemente por ocupar el tiempo sino por darle sentido a su tiempo haciéndolo productivo. Pero es un riesgo, conlleva esfuerzo, no siempre vamos a encontrar el resultado apetecido tan pronto como deseamos, nos exigirá sacrificios, buscar metas, darle hondura a la vida, aunque haya tropiezos, se puedan cometer errores, pero encontraremos satisfacciones más hondas que las de aquellos que no hacen nada y se quedan en la pasividad. Es un riesgo, porque nos exigirá poner todo lo nuestro, lo que somos más que lo que tenemos, porque no son cosas solo lo que buscamos.

Y surgen las personas emprendedoras, aparecen nuevas iniciativas, desarrollamos toda nuestra creatividad, porque de alguna manera estamos siendo creadores de esa vida que vivimos, y por eso mismo sentimos mayor satisfacción. Lo vemos en el orden también de lo material, quien quiere emprender un nuevo negocio, quiere avanzar en la vida para no quedarse en lo de siempre, quien busca también ¿por qué no?, un beneficio material, una riqueza para su vida, tiene que arriesgar y esforzarse, no se puede quedar con los brazos cruzados esperando que todo se lo den hecho.

De esto nos está hablando Jesús en el evangelio. Lo hace como una lección amplia para nuestra vida, pero está también en aquellas circunstancias que ahora mismo están viviendo sus seguidores, pero de alguna manera lo que es la vida del pueblo de Israel. Estaban subiendo a Jerusalén, nos dice el evangelista. Y algunos de sus seguidores más entusiastas ya estaban pensando que llegaba la hora de aquel reino que Jesús tanto había anunciado; claro que seguían sin terminar de entender el sentido del Reino de Dios que Jesús les anunciaba. Algunos pensaban que era la hora de la restauración de Israel, con todas las connotaciones que aquello tenía en su mentalidad. Pero también pensaban que todo se les iba a dar por nada, surgía un Mesías, un liberador y todo estaba hecho. Pero Jesús les propone una parábola.

Alguien que va a buscar el titulo de rey, aunque hay muchos que no están de acuerdo, pero mientras él deja a sus más cercanos un encargo. Les reparte una minas de oro (era una expresión que tenían de esos valores o riquezas que poseían), pero a no todos reparte de la misma manera, unos más y otros menos. Han de negociarlo.

Ponerse a negociar es una habilidad y es también un riesgo, porque aquel con quien negociemos también tiene sus mañas y habilidades y él también quiere ganar. Lo que son los negocios de la vida, como bien sabemos. A su vuelta pide cuentas; unos han dado rendimiento, más o menos según sus capacidades y habilidades, pero hay quien no ha rendido nada, porque nada ha negociado, y así lo reconoce. Había guardado aquella mina de oro que le habían confiado para no perderla y ahora la entrega dando la razón del miedo que tenía de no ganar, de perderla. Y con él aquel que viene con el titulo de rey es muy severo.

Como decíamos, Jesús quiere hablarnos de una forma general para la vida y para nuestras responsabilidades, y ya tomamos nota. Pero Jesús quiere hablarnos de lo que hemos de hacer para realizar ese Reino de Dios. No nos podemos cruzar de brazos, no podemos decir que son tiempos difíciles, no nos podemos quedar en que la gente no responde por mucho que nosotros hagamos, no podemos quedarnos en la pasividad del que se resigna. Y cuidado que habemos cristianos resignados y pacíficos, cuidado que algunas veces también en nuestros ámbitos eclesiales nos falta ese entusiasmo, esa iniciativa y esa creatividad, cuidado que no contentamos, decimos, con conservar los que aun tenemos para que no se vayan, pero nada estamos haciendo para sean otros los que vengan, los que reciban el anuncio del Reino que tenemos que realizar.

¿Querremos entender de verdad lo que Jesús nos está diciendo con la parábola? ¿Llegará un momento en que terminemos por despertar y salir de nuestras rutinas? ¿Seguiremos los cristianos en nuestra dejadez y nuestro poco entusiasmo? ¿Seguiremos refugiándonos en nuestras reuniones de siempre y en nuestros rezos dentro de nuestros templos? ¿Nos daremos cuenta de que es algo más que organizar procesiones lo que los cristianos tenemos que hacer en medio del mundo?

miércoles, 6 de noviembre de 2024

Palabras del evangelio que nos comprometen, que no son el entusiasmo de un día, palabras de vida que nos hacen encontrar el camino de la salvación

 


Palabras del evangelio que nos comprometen, que no son el entusiasmo de un día, palabras de vida que nos hacen encontrar el camino de la salvación

Filipenses 2, 12-18; Salmo 26; Lucas 14, 25-33

Habremos escuchado o lo hemos utilizado nosotros mismos un día que viene a manifestar la superficialidad y novelería con que muchas veces nos tomamos las cosas, y las cosas serias. ‘¿A dónde vas Vicente? A dónde va la gente’. Somos noveleros, allí donde se aglomera la gente enseguida nos apuntamos; decimos que para saber si ocurrió algo malo donde podamos poner algún remedio, sino que en el fondo buscamos el chascarrillo, lo que luego vamos a comentar, la curiosidad de la novedad sin fijarnos quizá en el valor que la cosa pueda tener en sí misma y allá vamos corriendo de un lado para otro, con los correspondientes comentarios, con las noticias que queremos llevar a todos, no tanto por el valor que tenga en sí mismo lo que haya sucedido sino desde esa novelería en que siempre vamos buscando algo nuevo.

Y sucede en muchos aspectos de la vida, y nos sucede en las expresiones religiosas que podamos tener de nuestra fe. Allí donde fue el último milagro estamos enseguida para apuntarnos; allí en esos lugares mágicos y a los que hemos dado fama de milagrosos enseguida nos apuntamos para ir, y organizamos peregrinaciones y marchas, y nos encontraremos aglomeración de gentes llegadas de todas partes, que muchas veces lo que andan buscando es el recurso fácil para solucionar los problemas de cada día.

Hoy nos dice el evangelio que ‘mucha gente acompañaba a Jesús’ en su caminar de aldea en aldea cuando iba anunciando el evangelio del nuevo Reino de Dios. Pero Jesús se detiene y se vuelve hacia ellos para hacerlos pensar. ¿Qué buscan o por qué van detrás de El? Y les dice que las cosas hay que pensárselas bien. No es solo aquello que a donde va Vicente va toda la gente, sino que tenemos que ir a algo mucho más hondo, porque el Reino de Dios que El está anunciando tiene que ser algo muy comprometedor en sus vidas.

Y les pone unas comparaciones o ejemplos. Y habla del que quiere realizar una construcción, una torre dice, un granero, un depósito para almacén sus cosechas quizás, una casa donde vivir, sea lo que sea, hay que pensárselo antes a ver si en verdad hay posibilidades de poder alcanzar eso que son sus deseos, su torre, su almacén o lo que sea. Hay que pensar si lo puede realizar y cuenta con medios, para que no se quede a medias y sea el hazmerreír de las gentes.

O les habla del rey que va a emprender una guerra, una batalla. Tiene que pensar antes si tiene medios y fuerza para emprender esa batalla y ganarla; si no va a poder conseguirlo, mejor es antes ir a buscar condiciones de paz, a razonar las cosas.

Muchos están siguiendo a Jesús, ¿de verdad tienen claro lo que significará ese seguimiento de Jesús? Y les habla de entrega como les habla de amor hasta la muerte, les habla de que hay que saber escoger y seleccionar bien lo que se está buscando haciendo una verdadera escala de valores para encontrar y para buscar lo que es lo principal. Y eso significará sacrificios, eso puede significar también renuncias, eso significará tener que dejar quizás el camino que están haciendo porque seguir a Jesús es encontrar otro camino.

Y esas elecciones son fáciles, porque siempre tenemos la tentación de ir a buscar lo que es más fácil y más cómodo. Por eso de alguna manera el seguir a Jesús es seguir un camino de cruz. Jesús tuvo que tomarlo porque quería lo mejor para nosotros, y cargó la cruz y subió hasta el calvario en un camino de fidelidad total al Padre del cielo. ¿Seremos capaces nosotros de seguir un camino de fidelidad así?

No es buscar la cruz por la cruz, es buscar un camino de entrega y de amor, y siempre los caminos de entrega y de amor no son fáciles. Aunque el amor sea lo más sublime del mundo, el que ama sufre también porque siempre estará buscando lo mejor. Y tendrá que arrancarse de cosas que incluso le parecían buenas pero que ahora ha encontrado algo mejor, y se pueden encontrar con desgarros del corazón. Seguir a Jesús no es el mero entusiasmo de un rato o de un día porque quizás contemplamos la realización de un milagro, es algo que tiene que comprometer toda nuestra vida. El milagro tiene que producirse en nosotros cuando nos comprometemos totalmente por el camino de Jesús.

Ahí están las palabras del evangelio, que tenemos que saber escuchar en lo hondo del corazón, aunque parezca a veces que nos hieran, pero son palabras de vida; en ellas encontramos el verdadero camino de salvación.