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domingo, 28 de junio de 2026

Decisiones que parecen locuras pero que nacen del amor y nos hacer caminar de una forma radical con un nuevo sentido de vida

 

Decisiones que parecen locuras pero que nacen del amor y nos hacer caminar de una forma radical con un nuevo sentido de vida

2Reyes, 4, 8-16; Salmo 88; Romanos, 6, 3-4.8-11

Hay momentos en la vida en que llega la hora de tomar decisiones; la radicalidad con que hemos de tomar esas decisiones algunas veces parece que no hay nadie que lo entienda; es una nueva manera de concebir las cosas, de entender la vida que parece que va a contracorriente de lo que parece que tiene que ser lo habitual; nos sentimos nosotros mismos abrumados quizás por tener que tomar esa decisión, los que están a nuestro lado no lo entienden, pero quizás nosotros en el fondo tenemos claras cuales son nuestras metas, los objetivos que pretendemos en la vida, en lo que hacemos, en nuestros negocios, en la relación con los demás, porque son cosas que pueden afectar a diferentes situaciones de nuestra vida, en diferentes estadios nos podemos encontrar con momentos radicales así. Mantener el pulso nos puede ser costoso pero lo tenemos claro.

Creo que es lo que nos está planteando hoy Jesús en el evangelio. Nos parecen muy radicales y exigentes sus palabras, porque nos está diciendo que quien no lo hace así como nos está diciendo, no es digno de Él. ¿No nos recordará lo que en otro momento nos ha dicho que tenemos que estar con El o contra Él, porque el que no recoge con El desparrama?

Y nos toca momentos o situaciones de las más normales de nuestra vida como son nuestras relaciones familiares con padres, hermanos, esposos, hijos. Y pareciera que hiciera una comparación entre el amor que hemos de mantener en esos lazos familiares con el amor que a Él le hemos de tener. 

Fijémonos bien en las palabras de Jesus y no es que pretendamos hacer rebajas, sino fijarnos en su hondo sentido y también en consecuencia en la radicalidad que nos pide. ‘El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí’.

¿No tenemos que amar a nuestros padres o a nuestros hijos? No es eso lo que nos está pidiendo Jesús, sino que sepamos encontrar lo que es verdaderamente la prioridad de nuestra vida y lo que va a dar sentido y valor a todo lo que luego tengamos que vivir. Sí, el amor de Dios tiene que estar por encima de todo, ‘amarás a Dios sobre todas las cosas’, decimos en los mandamientos, ‘con todo el corazón, con toda el alma, con todo tu ser’, como nos dice el texto bíblico. Pero es que ahí está la raíz de todo nuestro amor, ahí es donde haremos que todo nuestro amor sea sublime, es desde ese amor que le tenemos a Dios que no es sino respuesta el amor infinito que Él nos tiene y al que queremos imitar desde donde aprenderemos a amar también con todo nuestro ser a aquellos a los que tenemos que amar. ¿No nos pedirá que amemos a los demás como Él nos ha amado?

No es contraponer, es fortalecer y darle hondura, para que esos amores humanos que hemos de vivir no sean un obstáculo al amor de Dios. Es una exigencia que no nos hace pesado el amor sino todo lo contrario. Como decía san Agustin el amor suaviza todos los preceptos. Y podemos recordar aquella anécdota de la Madre de Calcuta cuando alguien llegó y a ver como ella trataba a los pobres y los enfermos y decía que ni por todo el oro del mundo esa persona decía que no sería capaz de hacer aquello; a lo que Santa Teresa de Calcuta le respondía que ella tampoco lo hacía por eso, porque lo hacía por amor.

Nos habla Jesús de tomar la cruz para seguirle, porque de lo contrario no seríamos dignos de Él. Es la carga del amor lo que hará que nada ni nadie nos pueda separar de ese amor de Dios. Porque hemos de tener claro, como decíamos, cuales han de ser nuestras prioridades. ¿Qué será entonces para nosotros ganar la vida? ¿Serán solamente esas ganancias materiales que podamos ir obteniendo por lo que hacemos? Jesus nos habla de perderla, de gastarla, de entregarla como Él lo hizo. Ahí está nuestra verdadera ganancia, solamente así es como le daremos sentido de plenitud a nuestra vida.

Y claro eso son decisiones muy serias y hasta radicales que hemos de ir tomando, porque desde ese amor las cosas se miran con otro sentido y con otro valor. Y claro, el mundo que no camino sino por intereses y ganancias no nos comprenderá. Pero nosotros somos locos de amor por Cristo porque en Él y en su amor encontraremos la verdadera plenitud de nuestras vidas.

martes, 14 de abril de 2026

¿Estaremos siendo en verdad los cristianos de hoy los que han nacido de nuevo por el agua y el Espíritu viendo lo que en verdad somos y compartimos?

 


¿Estaremos siendo en verdad los cristianos de hoy los que han nacido de nuevo por el agua y el Espíritu viendo lo que en verdad somos y compartimos?

Hechos 4, 32-37; Salmo 92; Juan 3, 7b-15

Cuando a media mañana cada día salgo a hacer mi paseo, llamémoslo terapéutico, suelo pasar junto a un terreno, una pequeña finca, por la que siento en cierto modo lástima por el estado en que está a lo largo del año; ahora por las recientes lluvias han surgido las hierbas por doquier y todo se ve lleno de colorido, pronto comenzarán a brotar las vides y a florecer los árboles frutales, pero pronto todo se llenará de maleza, las viñas no darán los correspondientes frutos y los árboles parecen enfermos porque de ellos no se puede coger una fruta comestible. Hablaba un día con el que cuida el terreno y me decía que había que hacer una renovación total, nuevas cepas de vid, nuevas y buenas semillas que echar a la tierra, nuevos frutales libres de toda plaga para que al final se puedan recoger unos frutos; en una palabra había que hacer una renovación total de aquella huerta. No es simplemente el arreglo de una pared rota o de una mata de hierba que tengamos que arrancar. Es algo mucho más profundo.

Me van a permitir que recoja esta imagen de renovación para pensar en lo que hoy nos quiere decir el evangelio. Continúa la conversación de Nicodemo con Jesús, como veíamos ayer al que había ido a visitar de noche, y Jesús le está hablando de algo que a Nicodemo le cuesta comprender. Jesús le ha hablado de un nacer de nuevo, y Nicodemo se hace la consideración de cómo un hombre viejo puede volver al seno de su madre para volver a nacer. Pero esa interpretación así tan literal no es lo que Jesús nos quiere decir. Nos está hablando de un hombre viejo que tiene que transformarse en un hombre nuevo y ya hemos considerado las restantes palabras de Jesús de que esto es posible solo por el agua y el Espíritu, y siempre con ello hacemos referencia al Bautismo.

Un renacer, como decíamos antes la renovación total de la antigua finca para que sea una finca nueva y pueda dar buenos frutos, porque todo está renovado.

Es la transformación total que tiene que realizarse en nuestra vida, que no es hacer un arreglito por aquí o un remiendo por allá. Un paño nuevo para un vestido nuevo, un corazón nuevo para una vida nueva. Porque no es seguir con las mismas cosas de antes pero con algún remiendo por aquí o por allá; vida nueva es nueva, no es la antigua remendada. Son valores nuevos aunque signifiquen una revolución, es una nueva forma de vivir con unas actitudes nuevas, con una nueva forma de actuar, porque ahora tenemos una nueva manera de ver las cosas.

Y esto no es fácil. Tomemos, por ejemplo, como referencia lo que nos ha contado hoy el libro de los Hechos de los Apóstoles. Con qué radicalidad se habían tomado el mandamiento del Señor. Si hay amor verdadero, a la manera como nos enseñó Jesús, nadie tendría que pasar necesidad porque nuestro amor no nos lo permitiría. Es lo que estaba haciendo aquella primera comunidad de Jerusalén. No se preocupaban de los buenos y ricos manteles que había que poner en las mesas, sino de lo que en la mesas había de ponerse para que pudieran comer todos. ¿Será algo así lo que nosotros estaríamos dispuestos a hacer?

Si decimos que ya somos un hombre nuevo porque hemos nacido de nuevo esas tendrían que ser las pautas de nuestra vida. Allí lo ponían todo en común, y nos habla del levita Bernabé que vendió su finca y puso el precio a los pies de los apóstoles para que nadie pasara necesidad. Y todavía nosotros cuando nos pasan la bandeja en la misa estábamos buscando la moneda pequeña en nuestro bolso para ponerla en el compartir. ¿Estaremos así imitando de alguna forma lo que hacía aquella primera comunidad de los discípulos de Jesús en Jerusalén?

Por ese camino tendríamos que seguir haciéndonos nuevos planteamientos, muchos interrogantes para nuestra vida y la radicalidad o no con que nos hemos tomado el evangelio de Jesús. ¿Estaremos siendo en verdad los que hemos nacido de nuevo por el agua y el Espíritu?


domingo, 24 de agosto de 2025

Cantidades o calidades, autenticidad o vanidad, remiendos o vestidura nueva, exigencia de radicalidad o quedarnos adormilados, con El o contra El

 


Cantidades o calidades, autenticidad o vanidad, remiendos o vestidura nueva, exigencia de radicalidad o quedarnos adormilados, con El o contra El

Isaías 66, 18-21; Salmo 116; Hebreos 12, 5-7. 11-13; Lucas 13, 22-30

Seguramente que lo hemos escuchado, quizás también empleado, no sé si como una disculpa por no lograr lo que pretendíamos, el escaso eco que pueden tener nuestras palabras, pero fácilmente decimos aquello de que más vale la calidad que la cantidad. ¿Nos escudamos en eso para justificarnos de nuestro poco celo o nuestro deficiente esfuerzo para conseguir unos frutos? Pero es cierto que nos agrada mucho cuando vemos cantidades, nos entusiasmamos ante una multitud que responde a una convocatoria, sea de lo que sea, y nos sentimos frustrados cuando son pocos los que responden. ¿A qué tendríamos que darle verdadera importancia?

No podemos dejar de reconocer que nos gustaría ver las iglesias llenas como en otros tiempos, la multitudinaria asistencia de toda la gente a la convocatoria de nuestros actos religiosos o de piedad popular, nos lamentamos de tantos vacíos y tantas ausencias y nos hacemos preguntas de a donde vamos a llegar. ¿Es malo que tengamos esa preocupación y esa inquietud? ¿Debemos de dejar de hacernos preguntas de a donde vamos a parar por el camino que llevamos? Ahí están también la carencia de vocaciones, los seminarios vacíos, las casas de religiosos o religiosas que se cierran por falta de consagrados. A mi se me plantean tengo que reconocerlo continuamente estos interrogantes.

Pero no estoy tirando piedras sobre mi propio tejado al hacer comparación de todo esto que vengo diciendo con lo que hoy nos plantea el evangelio. Jesús, en su subida a Jerusalén, va pasando por distintos pueblos y como siempre va anunciando la buena nueva; hay gentes que se entusiasman por seguirle, como habrá otros que desde la orilla, por decirlo de alguna manera, lo ven o lo dejan pasar. Pero entre las inquietudes que van apareciendo en muchos corazones está la pregunta eje de este evangelio de hoy, Ante todo lo que va planteando Jesús, ante el anuncio que está haciendo, habrá gente a la que le inquieta la respuesta que han de dar. ¿Serán muchos los que creen y siguen a Jesús?

Pero la pregunta que realmente le plantean va más allá. Al final, ‘¿serán muchos o serán pocos los que se salven?’ En alguna ocasión, en la sinagoga de Cafarnaún algunos dirán que es dura la doctrina que plantea Jesús, y dice el evangelista, que ya no quisieron seguir con Jesús. De ahí la pregunta que Jesús le hacia a los mismos discípulos más cercanos, ‘¿tambien vosotros queréis marcharos?’

Pero Jesús no responde con números. Recordemos como los mismos evangelistas y los autores sagrados se regodean cuando pueden hablar de multitudes que siguen a Jesús, de los cinco mil hombres allá en el descampado cuando la multiplicación de los panes, de las multitudes que se convertían ante la predicación de Pedro y los apóstoles en aquellos primeros momentos del comienzo de la Iglesia. Siempre nos interesan los números, queremos multitudes. Pero Jesús a eso no responde.

Jesús lo que nos pide es autenticidad, que Jesús no quiere que andemos nadando entre dos aguas, que nos contentemos con los remiendos, lo que nos pide es un paño nuevo, unos odres nuevos y auténticos para que no haya rotos, para que no se desperdicie el vino nuevo que se nos ofrece.

Hoy nos hablará de puerta estrecha, pero que no significa que todo sea dificultades para entender o para vivir los valores del Reino de Dios. Lo que Jesús nos está señalando que el camino pasa por El, porque El es la Vida y la Verdad; ya en otro momento nos dirá que es la puerta, porque la única que se puede entrar al redil, por la única que podrán entrar los que son dueños del rebaño, que no es la que buscarán los salteadores, la única por la que las ovejas entrarán en el redil.

No hay otra. Estamos con El o estamos contra El, por lo que será también para nosotros un signo de contradicción, un interrogante para nuestra vida que no nos deja dormidos y apelmazados. Tenemos que estar despiertos, tenemos que mantener nuestra luz encendida y para eso tenemos que cuidar que no nos falte el necesario aceite que alimente esas lámparas. Es el planteamiento serio de autenticidad que nos está haciendo Jesús.

Y bien tendríamos que escucharlo frente a todas las fantochadas en que nos envolvemos en la vida, disfraces o caretas para nuestros disimulos, o vanidades de las que nos revestimos para aparentar lo que no somos. Es serio y radical el planteamiento que nos está haciendo Jesús.

Es lo que tenemos que buscar para nosotros mismos como para nuestra iglesia, es lo que en verdad tiene que resplandecer en la vida de los cristianos porque por ahí anda la verdadera calidad de nuestra vida.

domingo, 17 de agosto de 2025

Ojalá se despierte en nuevo ardor en el corazón para que no se pudra y apague en una cisterna el mensaje del Evangelio que tiene que incendiar nuestro mundo

 


Ojalá se despierte en nuevo ardor en el corazón para que no se pudra y apague en una cisterna el mensaje del Evangelio que tiene que incendiar nuestro mundo

Jeremías 38,4-6.8-10; Salmo 39; Hebreos 12,1-4; Lucas 12,49-53

Esto parece la guerra, habremos escuchado o habremos dicho en alguna ocasión.  Y no es solamente por esas terribles guerras que asolan en estos momentos nuestro mundo – que también nos hacen pensar, ante las cuales también hemos de buscar la manera de reaccionar porque además estamos viendo el juego de los poderosos como estos mismos días hemos contemplado -, ni pensamos en los desordenes que vemos en nuestra sociedad con tantas ambiciones e incluso hasta con luchas callejeras, pensamos más bien en esas confrontaciones que vemos a diario en nuestra sociedad sobre la distinta manera de ver o de resolver las cosas, pero es también lo que podemos sufrir cuando queremos ser fieles a nuestros principios, a nuestros ideales, a nuestros propios planteamientos y encontramos oposición, surgen enfrentamientos y acosos, se trata de destruir desprestigiando a quien piensa o actúa distinto y se arma, sí, una guerra sorda pero que nos llena de sufrimientos.

Es la reacción que está teniendo Jesús o que encuentra en su entorno mientras va anunciando el Reino de Dios. No todos lo comprendían, en muchos encontraba oposición, también trataban de desprestigiarlo atribuyendo incluso a Satanás los signos y milagros que realizaba. Humanamente, ¿cómo se sentiría Jesús? El Evangelio nos habla de aquellas tentaciones en el monte de la cuarentena antes de comenzar su predicación, muchas veces hasta los mas cercanos a El le querían hacer cambiar de rumbo, se vio envuelto en quienes querían manipularlo y hacerle decir cosas que a ellos les agradara, siendo consciente de lo que iba a ser el final sufre la tentación de la angustia y la soledad – porque hasta los más cercanos se han dormido – en el huerto de Sinaí previo a su prendimiento.

Pero Jesús se mantiene fiel, sube decidido a Jerusalén cuando sabe lo que va a significar aquella Pascua; mantendrá el pulso cuando tiene que convencer una y otras vez a sus discípulos más cercanos que la verdadera grandeza no es a la manera de los poderes de este mundo, sino haciéndose los últimos y los servidores de todos. ‘No se haga mi voluntad, sino la tuya’, será finalmente su oración.

Y nos dirá que por ahí también hemos de pasar nosotros. Porque el discípulo no es mayor que su Maestro. En otros momentos anunciará persecuciones y tribunales, incluso hasta llegar a la muerte. A Pedro le dice que cuando se recupere después del mal momento que pasará con sus negaciones – todos tenemos momentos oscuros – pero ha de mantenerse firme para confirmar en a fe a sus hermanos.

Son las palabras que escuchamos hoy en el evangelio y que nos pueden resultar demasiado fuertes, porque si no las entendemos bien hasta nos pueden resultar contradictorias con lo que era la misión de Jesús y lo que realmente era su vida. Habla de fuego con que se incendiará nuestro mundo. ¿No decíamos antes esto es la guerra?

Ese es el fuego que va a producir revoltura en nuestro interior, es el ardor y la inquietud cuando estamos convencidos de verdad de algo, es la radicalidad con que hemos de vivir y manifestar nuestra fe porque no nos andamos por las ramas sino que vamos a la más profunda raíz de las cosas, aunque parezca que en esos momentos no convenga – con cuantas diplomacias de falsedad andamos tantas veces -, aunque resulte aparentemente contraproducente porque esa palabra que anunciamos, este testimonio que damos levante sarpullidos en algunos, aunque produzca tensiones incluso entre los más cercanos, aunque resultemos incómodos pero tenemos que ser fieles, porque no podemos andar poniendo algodones que intenten suavizar el impacto que pueda producir la Palabra de Jesús, la Palabra de Dios que proclamamos.

¿Seremos cristianos que auténticamente estemos prendiendo de ese fuego del evangelio a nuestro mundo? ¿Qué nos ha sucedido para que nuestra palabra, nuestro anuncio del evangelio, nuestra vida no sea una llamarada de fuego que prenda en nuestro mundo? El mundo quiere meternos en una cisterna sin agua, como querían hacer con Jeremías como escuchamos en la primera lectura, para que allí nuestra verdad se pudra, la verdad del evangelio quede oculta, no llegue a ser ese puñado de levadura que haga fermentar a nuestro mundo.

¿Nos seguiremos dejando meter en esa cisterna porque seguimos con nuestros complejos y cobardías, con nuestras indecisiones y nuestros miedos? ¿Se despertará ese nuevo ardor en el corazón?

lunes, 14 de julio de 2025

Que el amor sea el eje y la fuerza para transformar nuestro mundo, aunque no todos lo comprendan, pero es el fuego que ha de incendiarlo

 


Que el amor sea el eje y la fuerza para transformar nuestro mundo, aunque no todos lo comprendan, pero es el fuego que ha de incendiarlo

Éxodo 1,8-14.22; Salmo 123; Mateo 10, 34-11,1

Hay momentos en los que tenemos que tomar decisiones que consideramos importantes y seguramente nos vamos a encontrar con el desconcierto o el rechazo de los que nos rodean; no siempre quizás actuamos al gusto de todos pero cuando estamos seguros del camino que hemos de tomar con firmeza quizás tenemos que actuar. Siempre nos podemos encontrar con intereses encontrados entre los que nos rodean y el camino no resulta siempre fácil. ¿Estamos nosotros creando la guerra? De ninguna manera tenemos que decir, pero quizás se va a producir división en nuestro entorno; buscaremos la paz, pondremos todo lo necesario para un acercamiento de posturas, pero tenemos que ser fieles con nosotros mismos y con el rumbo que le hemos querido dar a nuestra vida.

Hoy nos desconciertan las palabras que Jesús nos está diciendo en el evangelio, pero quizás este pensamiento con el que he comenzado mi reflexión podría ayudarnos a entender las palabras de Jesús. El nos pide, es cierto, radicalidad en su seguimiento. En otros momentos nos hablará de estar  con El o contra El, le planteará a quien quiere seguirle una disponibilidad total, nos hablará de unas exigencias que tienen que estar en la vida misma de quien le sigue, nos dirá que no podemos andar con intereses o buscando recompensas o prestigios a la manera del mundo.

Quien opte por seguir a Jesús se va a encontrar la incomprensión de quien está a su lado; no todos comprenderán el sentido del mensaje del evangelio, esa nueva forma de vivir, esos nuevos planteamientos y valores. ¿Qué estaba sucediendo con Jesús mismo? Mientras la gente sencilla se entusiasmaba con Jesús, mientras los que se sentían más oprimidos y hasta sin esperanzas veían como renacía en sus corazones la ilusión y la esperanza de algo nuevo, de un mundo nuevo, aquellas que se sentían muy seguros en sus prestigios, en sus grandezas o en sus vanidades le rechazaban porque no querían dar el paso del desprendimiento y de la humildad para vivir en un nuevo estilo de amor.

Podemos entender así las palabras de Jesús que hablan de fuego que incendia el mundo, pero también de la división que se va a generar en su derredor. Aunque lo diga con palabras que muchas veces nos cuesta asimilar e interpretar no quiere Jesús la división porque siempre querrá la unidad y la comunión, pero va a surgir esa división en su entorno.

Es lo que nosotros vamos a encontrar. Y como nos dice los enemigos los vamos a encontrar en nuestra propia casa, en los que son más cercanos a nosotros. Experiencia creo que todos tenemos de eso, si sabemos interpretar bien lo que nos va sucediendo tantas veces en la vida. Y es que Jesús nos pide su amor sea de verdad central en nuestra vida; no se trata de amar más o menos a unos o a otros, sino que todo el amor que nosotros tenemos que ir repartiendo por el mundo, y ahí está también el amor que tenemos a nuestros padres o a nuestros hijos, a nuestros hermanos o a los seres más cercanos a nosotros, siempre lo vamos a vivir desde el amor de Jesús, desde el estilo de amor que Jesús nos ofrece.

Y porque vivimos la vida en ese amor, hasta lo más pequeño que podamos realizar tendrá un valor grande. Hoy nos habla de un vaso de agua dado en su nombre, algo tan sencillo y tan elemental que no negamos a nadie, pero si en ese vaso de agua estamos poniendo toda nuestra capacidad de amor en el estilo de Jesús, será algo grande, como nos dice, que no quedará sin recompensa.

Así la acogida que nos hacemos los unos a los otros. Siempre brillando el amor, siempre llenándonos de luz, siempre sintiendo la presencia de Jesús en medio de nosotros. Ya nos dirá que cuando hagamos al otro es como si a El se lo hiciéramos, y por eso un día nos invitará a vivir en el Reino de Dios por toda la eternidad.

¿Será en verdad el amor el eje y la fuerza de nuestra vida? Algunos no lo entenderán, pero del fuego de ese amor tenemos que contagiar, prender nuestro mundo

lunes, 30 de junio de 2025

Seguir a Jesús algo más que buena voluntad, una búsqueda de compensaciones, o unos compromisos con condiciones

 


Seguir a Jesús algo más que buena voluntad, una búsqueda de compensaciones, o unos compromisos con condiciones

Génesis, 18, 16-33; Salmo 102; Mateo, 8, 18-22

Hemos oído muchas veces aquello de nadar y guardar la ropa; es una imagen que solemos emplear para manifestarnos algo que si no imposible sí que resulta bien difícil, porque mientras nadamos nos despojamos de la ropa, que se queda abandonada en la orilla a merced de quien quiere adueñarse de ella; pero sin embargo queremos expresar actitudes de cierta doblez con las que actuamos muchas veces en la vida, aparentamos una lealtad que luego interiormente no tenemos, queremos contentar algunas cosas como para prevenir y salvarnos luego cuando las cosas se vuelvan en contra, porque siempre tenemos algo de lo que agarrarnos.

Ya decimos que el juego de la política es ese en cierto modo, porque para sacar nuestros proyectos adelante tenemos que negociar con quien sea para cediendo en algunas cosas poder conseguir aquello que aspiramos; lo que nos sucede con frecuencia es que ese juego se vuelve sucio, muchas veces injusto, y donde se oculta mucho la identidad de lo que realmente nosotros queremos. Así andamos en muchas cosas de la vida con politiqueos.

Pero hay cosas que son mucho más serias y que realmente nos piden una autenticidad verdadera y una congruencia entre palabras y acciones. Nuestro camino de seguimiento de Jesús no puede andar con esos politiqueos. Ya veremos que muchas veces Jesús nos pide radicalidad hasta el punto de que nos arranquemos un ojo o una mano si nos hacen pecar.

En el caso del evangelio de hoy se trata del seguimiento de Jesús, de lo que podíamos llamar vocación a la vida cristiana en todas sus consecuencias. La Palabra que va anunciando Jesús llama la atención y entusiasma a las gentes; ‘nadie ha hablado como El’, se dicen las gentes, ‘habla con autoridad’, lo que da una garantía de veracidad; pero además sus palabras van acompañadas de numerosos signos, como cumplimiento de lo anunciado por los profetas y que Jesús recordó en la sinagoga de Nazaret. ‘los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son curados…’ Eso hará que muchos quieran seguirlo, o aquellos a los que Jesús va llamando desde esos signos que va realizando quieran en verdad seguirle, aunque muchas veces se sientan inseguros y pongan por así decirlo sus condiciones.

Uno se ofrece a seguirle a donde quiera que vaya con todo el impulso y vehemencia de su buena voluntad. Pero Jesús lo hace pensar, le hace ver que hay unas exigencias, que va a haber un nuevo estilo de vida, que seguirle a El no es para conseguir unos beneficios o privilegios. ‘Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza’, le dice Jesús.

¿Estaremos dispuestos a esa disponibilidad total? ¿Estaremos a hacernos pobres así, a vivir con esa pobreza de no tener ni siquiera un techo donde cobijarnos cuando llegue la noche? ¿Seguiremos aun hoy en el siglo XXI buscando esos privilegios, esos puestos de honor, esa placa de reconocimiento  porque un día hicimos una cosa buena y trabajos quizás en la Iglesia?

A otro es al que Jesús directamente le invita a seguirle. Parece que al hombre le agrada, le parece bien y estaría dispuesto, pero está pidiendo que le den un tiempo, que tiene que hacer unas cosas en la familia, que tiene que atender porque se le ha muerto un familiar. ‘Tú sígueme y deja que los muertos entierren a los muertos’, le dice Jesús.

Queremos la luz, pero aún queremos permanecer en las sombras un ratito más por si acaso luego fuera demasiado el calor. Y nuestros arreglos siguen retrasando nuestros pasos, porque tenemos que dejarlo todo atado y bien atado. Y los apegos de los que tenemos que arrancarnos nos duelen, el cambiar nuestras costumbres nos parece imposible y decimos que tenemos que darle tiempo al tiempo, las rutinas van ralentizando nuestros pasos que no nos dejan actuar con la autentica libertad que en Jesús vamos a encontrar. Y tenemos que dejar las cosas bien arregladas en casa, por si acaso no resulte y tener donde volver a refugiarnos. ¿Nos seguirán sucediendo cosas así también hoy?

‘Tú, sígueme’, nos está diciendo Jesús. ¿Qué haremos? ¿También queremos nadar y guardar la ropa?

miércoles, 6 de noviembre de 2024

Palabras del evangelio que nos comprometen, que no son el entusiasmo de un día, palabras de vida que nos hacen encontrar el camino de la salvación

 


Palabras del evangelio que nos comprometen, que no son el entusiasmo de un día, palabras de vida que nos hacen encontrar el camino de la salvación

Filipenses 2, 12-18; Salmo 26; Lucas 14, 25-33

Habremos escuchado o lo hemos utilizado nosotros mismos un día que viene a manifestar la superficialidad y novelería con que muchas veces nos tomamos las cosas, y las cosas serias. ‘¿A dónde vas Vicente? A dónde va la gente’. Somos noveleros, allí donde se aglomera la gente enseguida nos apuntamos; decimos que para saber si ocurrió algo malo donde podamos poner algún remedio, sino que en el fondo buscamos el chascarrillo, lo que luego vamos a comentar, la curiosidad de la novedad sin fijarnos quizá en el valor que la cosa pueda tener en sí misma y allá vamos corriendo de un lado para otro, con los correspondientes comentarios, con las noticias que queremos llevar a todos, no tanto por el valor que tenga en sí mismo lo que haya sucedido sino desde esa novelería en que siempre vamos buscando algo nuevo.

Y sucede en muchos aspectos de la vida, y nos sucede en las expresiones religiosas que podamos tener de nuestra fe. Allí donde fue el último milagro estamos enseguida para apuntarnos; allí en esos lugares mágicos y a los que hemos dado fama de milagrosos enseguida nos apuntamos para ir, y organizamos peregrinaciones y marchas, y nos encontraremos aglomeración de gentes llegadas de todas partes, que muchas veces lo que andan buscando es el recurso fácil para solucionar los problemas de cada día.

Hoy nos dice el evangelio que ‘mucha gente acompañaba a Jesús’ en su caminar de aldea en aldea cuando iba anunciando el evangelio del nuevo Reino de Dios. Pero Jesús se detiene y se vuelve hacia ellos para hacerlos pensar. ¿Qué buscan o por qué van detrás de El? Y les dice que las cosas hay que pensárselas bien. No es solo aquello que a donde va Vicente va toda la gente, sino que tenemos que ir a algo mucho más hondo, porque el Reino de Dios que El está anunciando tiene que ser algo muy comprometedor en sus vidas.

Y les pone unas comparaciones o ejemplos. Y habla del que quiere realizar una construcción, una torre dice, un granero, un depósito para almacén sus cosechas quizás, una casa donde vivir, sea lo que sea, hay que pensárselo antes a ver si en verdad hay posibilidades de poder alcanzar eso que son sus deseos, su torre, su almacén o lo que sea. Hay que pensar si lo puede realizar y cuenta con medios, para que no se quede a medias y sea el hazmerreír de las gentes.

O les habla del rey que va a emprender una guerra, una batalla. Tiene que pensar antes si tiene medios y fuerza para emprender esa batalla y ganarla; si no va a poder conseguirlo, mejor es antes ir a buscar condiciones de paz, a razonar las cosas.

Muchos están siguiendo a Jesús, ¿de verdad tienen claro lo que significará ese seguimiento de Jesús? Y les habla de entrega como les habla de amor hasta la muerte, les habla de que hay que saber escoger y seleccionar bien lo que se está buscando haciendo una verdadera escala de valores para encontrar y para buscar lo que es lo principal. Y eso significará sacrificios, eso puede significar también renuncias, eso significará tener que dejar quizás el camino que están haciendo porque seguir a Jesús es encontrar otro camino.

Y esas elecciones son fáciles, porque siempre tenemos la tentación de ir a buscar lo que es más fácil y más cómodo. Por eso de alguna manera el seguir a Jesús es seguir un camino de cruz. Jesús tuvo que tomarlo porque quería lo mejor para nosotros, y cargó la cruz y subió hasta el calvario en un camino de fidelidad total al Padre del cielo. ¿Seremos capaces nosotros de seguir un camino de fidelidad así?

No es buscar la cruz por la cruz, es buscar un camino de entrega y de amor, y siempre los caminos de entrega y de amor no son fáciles. Aunque el amor sea lo más sublime del mundo, el que ama sufre también porque siempre estará buscando lo mejor. Y tendrá que arrancarse de cosas que incluso le parecían buenas pero que ahora ha encontrado algo mejor, y se pueden encontrar con desgarros del corazón. Seguir a Jesús no es el mero entusiasmo de un rato o de un día porque quizás contemplamos la realización de un milagro, es algo que tiene que comprometer toda nuestra vida. El milagro tiene que producirse en nosotros cuando nos comprometemos totalmente por el camino de Jesús.

Ahí están las palabras del evangelio, que tenemos que saber escuchar en lo hondo del corazón, aunque parezca a veces que nos hieran, pero son palabras de vida; en ellas encontramos el verdadero camino de salvación.


jueves, 31 de octubre de 2024

Nos hace falta dejarnos inundar por el Espíritu de Jesús para hacer de nosotros con valentía y arrojo un hombre nuevo capaz de realizar un mundo nuevo, el Reino de Dios

 


Nos hace falta dejarnos inundar por el Espíritu de Jesús para hacer de nosotros con valentía y arrojo un hombre nuevo capaz de realizar un mundo nuevo, el Reino de Dios

Efesios 6, 10-20; Salmo 143; Lucas 13, 31-35

Si sigues por ese camino vas a acabar mal, quizás habremos oído decir en alguna ocasión, no porque aquello que estuviéramos haciendo fuera algo malo – que también en ocasiones así pueden decírnoslo – sino porque con obstinación hemos querido seguir un camino emprendido, hemos querido llevar adelante algo que habíamos proyectado cuando sabíamos que a alguno no le hacía mucha gracia, o cuando hemos tomado determinaciones en asuntos importantes para nuestra vida, donde lo teníamos claro, pero otros quizás querían para nosotros caminos más fáciles. Pero nosotros teníamos claro lo que pretendíamos, lo que eran nuestras propuestas y no nos arredramos ante la dificultad o los presagios que nos pudieran hacer.

Eso le estaban queriendo hacer ver a Jesús. Y es curioso que los que venían con ese recado eran precisamente aquellos que más se enfrentaban a Jesús, los fariseos. Le dicen que a Herodes no le gusta lo que está haciendo Jesús con su predicación y que de alguna manera le busca como queriendo atentar contra su vida. Estaba en el recuerdo la reciente muerte a manos de Herodes de Juan el Bautista en las prisiones de Maqueronte. ¿Podría pasarle de la misma manera a Jesús?

Pero Jesús no tiene miedo. Sabe bien cuál es su misión. Sus momentos de duda y tentación quizás vinieron en aquellas tentaciones del desierto pero ahora ha emprendido el camino y sube decidido a Jerusalén. Hemos escuchado sus palabras que además tienen todo un sentido profético de lo que va a ser su pascua, su entrega, su muerte y su resurrección. Es la seguridad de la verdad y del amor. Es la sabiduría de Jesús.

Él lo había anunciado y también sus discípulos más cercanos poco menos que le habían dicho, como decíamos al principio, si sigues por ese camino vas a acabar mal; por eso Pedro le decía que lo que estaba anunciando no le podía pasar. Luego vendrá el momento en que Pedro le dirá a Jesús que está dispuesto a dar la vida por Él, pero aunque lleva consigo la espada que Jesús no quería que utilizara, sin embargo se dejó dormir en Getsemaní cuando en la oración tenía que fortalecer el espíritu y más tarde le negaría en el patio del pontífice.

¿Nos sentimos seguros nosotros en el camino del seguimiento de Jesús? ¿Tenemos en verdad con nosotros la certeza de la fe? ¿Estamos en verdad decididos a afrontar lo que sea a causa de nuestro seguimiento de Jesús, de la vivencia de los valores del evangelio? ¿Estamos convencidos y desde ese convencimiento damos testimonio del evangelio?

Reconocemos que algunas veces nos cuesta; son muchas las voces que nos tientan a nuestro alrededor. Cuántas veces habremos escuchado a algunos que nos dicen que para ser cristiano no hace falta tanto, que con que cumplamos con algunas cosas y seamos más o menos buenos ya es suficiente.

A cuántas vocaciones, por ejemplo, el mundo que nos rodea trata de ponerle esas zancadillas para que la gente no se comprometa. La dejadez y la superficialidad con que se viven tantas cosas se nos presentan como un atractivo y una manera de actuar a lo cómodo y cuando alguien con radicalidad quiere vivir una vida de compromiso con cuántos vacíos se encuentra a su alrededor.

Nos hace falta a los cristianos mayor compromiso, mayor radicalidad en su vida, ser capaces de vivir nuestra fe con todas sus consecuencias reflejándose en toda nuestra vida, en nuestros trabajos, en nuestra familia, en la tarea que realizamos en medio de la sociedad que queremos mejor. Muchas veces, a causa de esa tibieza con que vivimos la vida, parece como si eso de la fe fuera como un paréntesis para determinados momentos y no algo que tiene que envolver e impregnar totalmente nuestra vida, nuestras decisiones, nuestras posturas, todo lo que hacemos.

        Nos hace falta llenarnos, dejarnos inundar por el Espíritu de Jesús para hacer de nosotros un hombre nuevo capaz de realizar un mundo nuevo, el Reino de Dios en nuestra vida y en nuestro mundo. Como nos decía hoy san Pablo en la carta a los Efesios, ‘manteneos  firmes; ceñid la cintura con la verdad, y revestid la coraza de la justicia; calzad los pies con la prontitud para el evangelio de la paz. Embrazad el escudo de la fe... Poneos el casco de la salvación y empuñad la espada del Espíritu que es la palabra de Dios’.

lunes, 1 de julio de 2024

El seguimiento de Jesús no es solo cuestión de un gusto personal sino respuesta a una invitación dada con radicalidad

 


El seguimiento de Jesús no es solo cuestión de un gusto personal sino respuesta a una invitación dada con radicalidad

Amós 2,6-10.13-16; Sal. 49;  Mateo 8, 18-22

Nos gustaría ser como él, hacer las cosas que él hace, parecernos a él. Es, me atrevo a decirlo así, la atracción que podemos sentir cuando nos encontramos una persona buena, una persona entregada, una persona que nos manifiesta con sus palabras pero sobre todo con actitudes y con compromisos de su vida, verdades que nos hacen pensar, que nos hacen plantearnos ideales nobles por los que llegamos a pensar que merece dar la vida.

Es bueno, podemos decir que de alguna manera es normal, que al sentirnos atraídos por algo queramos hacerlo, que si encontramos una persona así nos sintamos estimulados a elevar el listón de nuestra vida queriendo ser mejor, queriendo vivir también una entrega en la que encontramos un sentido para la vida; pero no tenemos que copiar, cada uno tenemos unas características y una personalidad, y lo que tenemos que sentirnos llamados a hacer es a desarrollar lo más posible lo mejor de nosotros mismos, que no significa que tengamos que hacer exactamente lo mismo, o querer como hacer un duplicado en nosotros de esa otra persona. Será algo a lo que nos ayudará la madurez que vayamos alcanzando en la vida, porque lo otro podría quedarse en una reacción un tanto infantil, y somos nosotros los que tenemos que madurar.

La gente también se sentía atraída por Jesús, le seguían a todas partes, se daban de codazos por estar a su lado – ‘ves como te apretuja la gente’, le escuchamos un día decir a Pedro -, se sienten entusiasmados y en tienen en ocasiones momentos incluso de delirio como cuando quieren hacerle rey allá en el descampado después de la multiplicación de los panes, y ya vemos cuantas alabanzas para él, e incluso para la madre que lo amamantó, como aquella mujer anónima.

En torno a El se ha ido formando aquel grupo de discípulos  que están con él siempre porque incluso han dejado sus barcas y redes o sus puestos de trabajo para responder a su llamada; a ellos de una manera especial irá formando porque para ellos tiene una misión especial. Son muchos los que le quieren seguir, bien cuando se han visto liberados de sus enfermedades y males como el ciego Bartimeo que le sigue por el camino después de haber recobrado la vista, o como aquel endemoniado geraseno que después de sentirse curado por Jesús quiere seguirle y Jesús le dirá que vaya a decirle a los suyos cuanto ha hecho Jesús con él.

Hoy vemos que incluso un escriba viene y esta dispuesto a seguir a Jesús a donde quiera que vaya. Pero no quiere Jesús entusiasmos fáciles que se pueden quedar en pasajeros; cuantas veces nos sucede que nos entusiasmamos con una amistad, pero con el paso del tiempo y no hace falta que sea mucho ya nos olvidamos de aquellos fervores del principio. Jesús quiere dejarnos bien claro cuales son las exigencias para seguirle, que no se puede quedar solo en cantos de alabanza; ¿nos quedaremos muchas veces en cánticos bonitos y entusiastas en nuestras celebraciones, pero cuando salimos de allí parece que lo hemos olvidado todo?

Hoy Jesús recuerda que las fieras del campo tienen sus madrigueras y los pájaros sus nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza. ¿Podemos llegar a vivir un desprendimiento y una austeridad así? Y nos dirá también que cuando nos decidamos a seguirle no podemos estar volviendo la vista atrás a cada rato para estar soñando con lo que dejamos, ni podemos quedarnos en seguir haciendo las cosas de muerte de siempre porque el camino que se abre ante nosotros es un camino de vida.

¿Estaremos dispuestos a escuchar la invitación de Jesús a seguirle – porque no es solo cuestión de gustos personales sino de llamada y vocación – para seguir con todo a Jesús en su camino? Es algo serio.

sábado, 20 de enero de 2024

Los familiares de Jesús querían llevárselo, nos dice hoy el evangelio, porque no estaba en sus cabales, nos recuerda muchas cosas

 


Los familiares de Jesús querían llevárselo, nos dice hoy el evangelio, porque no estaba en sus cabales, nos recuerda muchas cosas

2Samuel 1, 1-27; Sal 79; Marcos 3, 20-21

‘Se le fue el baifo’, es una expresión canaria que los que no son de nuestra tierra no lo entenderán, pero que me ha venido de forma espontánea a la mente al escuchar el texto que nos ofrece hoy el evangelio. El baifo en nuestra tierra es la cría de la cabra, un cabrito, que como todo cachorro de animal es juguetón, le gusta saltar y correr y algunas veces hasta se pierde de la manada. Aquí en Canarias empleamos esa expresión para referirnos a alguien que no anda bien de su cabeza, no está en sus cabales, como se suele decir también.

Es lo que en esos pocos versículos del Evangelio de hoy se nos dice. Querían retener a Jesús sus familiares, por el jaleo tan tremendo que se había formado a su alrededor, que ni lo dejaban comer – en otro momento será Jesús el que se quiera ir con sus discípulos más cercanos a un lugar apartado para descansar porque eran tantos los que iban y venían que no les daban tiempo ni para comer. Ahora son los familiares de Jesús los que se lo quieren llevar.

¿Cuáles eran los comentarios que se iban formando en torno a Jesús? Ya los evangelistas nos van diciendo como hay gente entusiasmada por seguirle, por sus escuchar sus palabras, por beneficiarse de sus milagros y por eso le traen toda clase de enfermos con las más diversas dolencias, pero mientras va surgiendo una oposición, un descontento por parte de muchos a los que escandalizan las palabras y los gestos que Jesús va realizando. No se atreven a actuar, nos dirán en otros momentos los evangelistas, porque son muchos los que le siguen y se crearía una revuelta, pero andan buscando la ocasión.

Si nos ponemos con una cierta distancia ante las palabras y los gestos de Jesús es cierto que son provocadores, que desconciertan a muchos; algo nuevo está ofreciendo que obligaría a un cambio, a una toma de posturas distintas; para muchos anclados en sus costumbres y sus rutinas, que son los que nunca quieren cambiar, aquella manera de actuar de Jesús en cierto modo es revolucionaria. Ya veremos que más tarde incluso en el Sanedrín temen que el Procurador pueda tomar unas decisiones drásticas y será por eso por lo que acuerdan quitar de en medio a Jesús.

Ahora, repito, son los familiares los que no terminan de entender las palabras y la manera de actuar de Jesús. Pero eso sucedió entonces y sigue sucediendo hoy. Quien escucha por primera vez que hay que amar a los enemigos, que para ganar la vida hay que perderla, que no se puede servir a Dios y al dinero porque a uno u a otro se amará o se odiará, serán cosas que  no entienda, porque siempre han actuado de otra manera.

Quien escuche que hay que perdonar hasta siete veces siete para entender que eso significa que hay que perdonar siempre, cuando lo que buscamos en la revancha, la justicia por nuestra mano o el condenar de la forma que sea a quien me haya herido o molestado, le costará comprender las palabras de Jesús.

Quien escuche que tenemos que ser capaces de lavarles los pies a los otros, aunque sepamos que entre ellos esté alguien que me haya traicionado, dirá que eso es cosa de locos, que eso es imposible.

Quien contempla la radicalidad que plantea Jesús en lo que a su amor toca, de manera que nos diga que quien ame a su padre o a su madre, a su hijo o a su hija, más que a Él no es digno de ser discípulo suyo, terminará seguramente pensando igual que aquellos familiares que se lo querían llevar porque no estaba en sus cabales.

Seamos sinceros. ¿No será acaso lo que hemos pensado en alguna ocasión cuando escuchamos una predicación valiente de un sacerdote, o del mismo Papa, que nos plantea las cosas de forma radical siguiendo a fondo el espíritu del Evangelio? Muchos testimonios en este sentido podríamos aportar. Muchas cosas siguen sucediendo así en nuestro mundo de hoy.

¿No ha habido recientemente en alguna nación que han expulsado, desterrado a sacerdotes, a misioneros, incluso a Obispos, por su palabra valiente va en contra de los intereses de sus gobernantes? Son noticias de estos mismos días. Y en nuestro entorno bien sabemos las interferencias mediáticas que hay en contra de la Iglesia para tratar de manchar su imagen porque su presencia es denuncia de situaciones graves que padecemos en nuestra sociedad.

Los familiares de Jesús querían llevárselo, nos dice hoy el evangelio, porque no estaba en sus cabales. Nos recuerda muchas cosas.

 

jueves, 26 de octubre de 2023

Entendamos las palabras de Jesús que ha venido a traer fuego y lo que quiere es que se encienda y arda, solo así se transformará nuestro mundo y surgirá un mundo nuevo

 


Entendamos las palabras de Jesús que ha venido a traer fuego y lo que quiere es que se encienda y arda, solo así se transformará nuestro mundo y surgirá un mundo nuevo

Romanos 6, 19-23; Sal 1; Lucas 12, 49-53

Nos chocan las palabras de Jesús. Es lo primero que se me ocurre decir. Diera la impresión que está diciendo todo lo contrario de lo que ha venido proclamando continuamente en el evangelio.

Su nacimiento fue anunciado como la paz para todos los hombres de buena voluntad, y ahora se nos habla de guerra. Continuamente nos está hablando de amor y de unidad, de comunión y entendimiento, y ahora nos habla de división y de una forma concreta nos habla de la división y del enfrentamiento incluso entre los miembros de las mismas familias. Nos habla de armonía y de construcción de algo nuevo, y nos habla del fuego destructor que todo lo arruina. ¿Qué nos está queriendo decir Jesús?

No podemos olvidar por una parte que el evangelio se proclama en un pueblo semita, un pueblo oriental en el que están habituados a hablar con muchas imágenes que nos quieren como describir el mensaje que se nos quiere ofrecer; y recordemos también cómo Jesús a lo largo del evangelio emplea parábolas y alegorías para trasmitirnos la buena noticia del Reino de Dios. Es un lenguaje, es una forma de expresarse. Y además contemplaremos a lo largo del evangelio que Jesús nos va sorprendiendo algo nuevo y distinto, por eso es buena nueva, buena noticia, porque es algo nuevo lo que se nos quiere transmitir.

Las posturas de Jesús, la respuesta a las cuestiones que le plantean, la manera de ser y de actuar de Jesús sorprende. Será por lo que algunos no querrán aceptarle; su manera de acercarse y estar con los pecadores, pues hasta se sienta a la mesa con ellos, es sorprendente; sorprendente es la manera como trata a las mujeres y a los niños, que de alguna manera eran los marginados de la sociedad; sorpresa y admiración producen sus milagros y los signos que realiza porque están queriendo trasmitirnos algo nuevo, algo que hasta entonces no se había visto ni se había vivido.

Entendamos, pues, las palabras de Jesús, su mensaje, lo nuevo que quiere trasmitirnos, la revolución que va a significar en la vida de muchos la aceptación del Reino de Dios que nos anuncia. Por eso será exigente con los que quieren seguirle, pues seguirle a El no es buscar prebendas ni beneficios; seguirle a El tiene sus exigencias, porque no podemos volver la vista atrás cuando cogemos el arado para trabajar en su campo; seguirle a El tiene su renuncia y su negación de nosotros mismos, porque ya no será nuestro yo el que va a dictar los caminos, sino que es El quien nos señala la senda; seguirle a El implica que tenemos también que cargar con la cruz, porque solo ese el camino que nos lleva a la vida en plenitud.

Pero quien se siente cogido por el evangelio, siente que su vida se transforma, ya no puede ser el de antes, es como una explosión que surge en su interior y que le lanza de manera irresistible a nuevos caminos y a nuevas tareas. Es, sí, como un fuego que sentimos en el corazón y que no podemos apagar; es ese celo radical que sentimos en nuestro interior y que ya nada nos detendrá en ese camino del seguimiento de Jesús y de anuncio del evangelio.

No todos lo comprenderán. Muchos quizá seguirán queriendo hacer sus componendas, cuando El nos dice que no nos valen los remiendos, sino que a vino nuevo serán odres nuevos; muchos querrán quedarse como observadores, como quien ve los toros detrás de la barrera, pero El nos implica y nos compromete o estamos con El o estamos contra El, porque quien no recoge con El, desparrama. No podemos querer quedarnos enterrando muertos, porque hemos optado por la vida y es eso lo que siempre tenemos que construir.

Muchos no lo entenderán, y pueden aparecer las persecuciones, pero no olvidemos que el discípulo no es más que su maestro; y aparecerán los desencuentros entre aquellos donde menos pensamos que los íbamos a tener como pueden ser nuestros seres más cercanos, los mismos amigos o la misma familia. Es de lo que hoy nos está hablando también.

Entendemos, sí, las palabras de Jesús que ha venido a traer fuego y lo que quiere es que se encienda y arda, porque solo así se transformará nuestro mundo para hacer surgir un mundo nuevo. No temió El subir hasta el Calvario y la Cruz; alguien al final, aunque no fuera de los antes habían escuchado el evangelio, reconocerá que ‘este hombre era inocente’. Lo que podría parecer una incongruente derrota de una muerte en cruz se convertiría el signo más glorioso de victoria con la resurrección y la vida. Es nuestro camino.

viernes, 13 de octubre de 2023

Un camino de ascesis y superación que nos haga crecer, que mantengamos con constancia, que evite toda tibieza espiritual

 


Un camino de ascesis y superación que nos haga crecer, que mantengamos con constancia, que evite toda tibieza espiritual

Joel 1,13-15; 2,1-2; Sal 9; Lucas 11,15-26

Habremos oído hablar de esa táctica que con malicia algunos tratan de emplear para salirse con la suya y lograr derrotar – digámoslo así – al adversario, ‘divide y vencerás’. Unas fuerzas divididas son fuerzas debilitadas. Crea desconfianza y tienes a alguien en camino de ser derrotado. Y no solo hemos de pensarlo en tantas situaciones que vemos en la vida social en que se emplean esas maneras de actuar, sino que personalmente lo sentimos dentro de nosotros mismos cuando nos llenamos de dudas, cuando nos sentimos atados por nuestra propia debilidad, cuando no podemos confianza en aquellos medios que tenemos a nuestro alcance para crecer y para madurar, y así en tantas cosas.

De ahí la necesaria firmeza, fortaleza que tenemos que buscar, que tenemos que conseguir allá en lo más hondo de nosotros mismos, porque a la larga es un camino de lucha el que vamos realizando, un camino de superación y de crecimiento, de verdadera hondura y profundidad que tenemos que darle a la vida. Y no es fácil. Pero tenemos la seguridad de quien está con nosotros en ese camino; no nos faltará nunca la fuerza del Espíritu del Señor, pero tenemos que saber contar con El. Y no siempre lo hacemos.

Cuando vienen haciéndole aquellos planteamientos a Jesús que lo que buscaban era restar la credibilidad del propio Jesús ante los demás - ¿qué era decir que aquellos milagros que Jesús realizaba los hacía por arte y con el poder del mismo demonio? – Jesús nos dice y enseña que no podemos andar entre dos aguas, que cuando le seguimos a El nuestra decisión tiene que ser firme para estar siempre a su lado, aunque puedan venir momentos oscuros, que siempre los hay en la vida. ‘O conmigo o contra mí, el que no recoge conmigo, desparrama’, les dice.

Y nos señala cómo no podemos confiarnos, porque vayamos consiguiendo algunas victorias, porque vayamos consiguiendo algunos logros en ese camino que queremos realizar. Cuando no mantenemos la constancia, la permanencia en el esfuerzo, tan pronto nos aflojemos, comenzaremos a retroceder. Es como una pendiente resbaladiza por la que tenemos que ascender; no nos podemos detener porque ya hayamos logrado subir algunos trozos de ese camino, porque tan pronto nos detengamos, como por inercia, comenzaremos de nuevo a descender.

Nos habla Jesús del enemigo malo que hemos expulsado de nosotros, pero que pronto va a volver con nuevas fuerzas y al menor descuido pronto nos volveremos a ver envueltos por él. ¿No tenemos la experiencia en nuestra vida espiritual, en ese camino de superación que queremos ir haciendo, que cuando creíamos que ya habíamos superado ciertas cosas para siempre, volvimos a caer en la misma tentación? ‘El final de aquel hombre, nos dice Jesús, será peor que al principio’.

Es el camino de ascesis que tenemos que realizar continuamente en nuestra vida. Pero ya sabemos cómo volvemos con tanta facilidad a las rutinas de siempre; tenemos momentos de fervor y entusiasmo y parece que todo marcha sobre ruedas, nos cuidamos espiritualmente, frecuentamos los sacramentos, participamos en la celebración de la Eucaristía, queremos vivir una vida intensa de oración, pero poco a poco nos entra de nuevo la tibieza espiritual, un día dejamos una cosa, otro día nos buscamos disculpas, y poco a poco abandonamos toda aquella intensidad que nos habíamos propuesto y volvemos a las andadas.

Recordemos lo que se nos dice en el Apocalipsis, ‘porque no eres ni frío ni caliente, te vomitaré de mi boca’. Es a lo que nos lleva la tibieza espiritual.