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sábado, 26 de septiembre de 2026

Tenemos que convencernos que la Pascua va a estar siempre presente en nuestra vida para que no nos desinflemos ni perdamos la serenidad del corazón

 


Tenemos que convencernos que la Pascua va a estar siempre presente en nuestra vida para que no nos desinflemos ni perdamos la serenidad del corazón

Eclesiastés 11, 9 – 12, 8; Salmo 89; Lucas 9, 43b-45

Si todo estaba marchando tan bien, nos decimos, cuando vemos a veces que las cosas se tuercen, que comienzan a aparecer los problemas y los contratiempos, que quizás ya no somos tan bien aceptados como lo éramos antes, que hay alguien que parece que siempre está a la contra; sucede en los ámbitos por ejemplo de acción comunitaria o social, pero nos puede suceder incluso entre los más cercanos a nosotros que parece que comienzan a alejarse o que tomas otros rumbos en la vida; o nos sucede en el ámbito de nuestra vida personal, con nuestros compromisos personales, con el espíritu de superación y crecimiento en el que vivimos, en las tareas que emprendemos o los trabajos que realizamos, las cosas no salen tan bien como antes, ahora nos sentimos más cansados y hasta parece que hemos perdido la ilusión, nos sentimos que no somos comprendidos incluso por aquellos más cercanos a nosotros porque se trazan sus planes que no son lo que realmente nosotros buscamos o pretendemos y así en muchas situaciones más.

Nos preguntamos el por qué de estas nuevas situaciones, de estos cambios, de esos derroteros que nos parece que nos llevan al fracaso y así muchas cosas más. Los caminos no parecen tan llanos. Y eso son cosas que nos encontramos así todos los días por un lado o por otro. Muchos interrogantes quizás se acumulan en nuestro interior porque nos cuesta asumir cuanto nos está sucediendo o nos pudiera suceder.

Es lo que se nos está planteando en el evangelio con Jesús. Mucha gente lo sigue entusiasmada. Hemos escuchado estos días cómo la gente lo seguía y se deshacía en alabanzas. En las preguntas que Jesús les hace a los discípulos vemos como un resumen en las respuestas variadas que estos le dan. Pero Jesús sabe muy bien que pueden ser momentos de fervor y entusiasmo que ante cualquier contrariedad pronto se pueden desinflar. Como nos sucede a nosotros, como vemos que sucede en muchas ocasiones en el ámbito de la Iglesia, momentos fervorosos que pueden ser antesala de turbulencias y contratiempos.

Por eso Jesús quiere abrirles bien los ojos a los discípulos, por una parte preparándolos para todo lo que va a suceder y sus posibles reacciones como veremos cuando llegó el momento de la pasión y de la muerte, pero también preparándonos para que lo que puede ser el camino de la Iglesia. Ha sido así a lo largo de los siglos, pero todos conocemos situaciones así en nuestras parroquias y en nuestras comunidades. El globo se puede desinflar ante cualquier pinchazo, pinchazo ocasionado en muchas ocasiones por nuestra misma debilidad y por la falta de comprensión que manifestamos tantas veces ante la debilidad de los demás.

Jesús. les habla claramente de cuanto puede sucederle al Hijo del hombre, de cuánto va a ser su vida de pascua y de pasión cuando sea entregado en manos de los gentiles. Cuando las cosas nos parece que marchan esplendorosas cuánto nos cuesta aceptar estos anuncios, cuánto nos cuesta pensar en esos momentos oscuros que nos pueden sobrevenir, cuánto nos cuesta aceptar lo que se pascua en nuestra vida. Para los momentos en que planeamos sin ninguna dificultad parece que si estamos preparados, pero para las pruebas pensamos que eso no nos va a tocar nunca a nosotros y prescindimos de esos nubarrones oscuros que pueden descargar sobre nosotros.

Por eso dice el evangelista que a los discípulos les costaba entender estas palabras de Jesús. Y así estarían hasta que sucediera que entonces se dispersarían o se refugiarían en el vernáculo esperando que escampara la tormenta y vinieran nuevos momentos de calma que tampoco imaginaban cómo podrían ser. ‘No entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido. Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto…’

Los miedos siguen perdurando, las oscuridades siguen acompañándonos, los sentidos indescifrables siguen estando presentes, permanecen las dudas en nuestro corazón que no sabemos cómo resolver. ¿Cómo nos aplicaremos todo esto a nuestra vida? Es la realidad en la que tenemos que dar testimonio, son las seguridades que necesitaremos, ¿sabremos escoger el camino que nos ha trazado Jesús? ¿Qué nos sigue diciendo el evangelio? ¿Seremos también de los que nos desinflamos fácilmente? Tenemos que convencernos que la Pascua estará siempre presente en nuestra vida.


viernes, 25 de septiembre de 2026

Tenemos que saber caminar con Jesús por la Cesarea de nuestro mundo de hoy reconociéndolo, es cierto, como Mesías pero escuchando también que el Hijo del hombre tiene que padecer y morir

 


Tenemos que saber caminar con Jesús por la Cesarea de nuestro mundo de hoy reconociéndolo, es cierto, como Mesías pero escuchando también que el Hijo del hombre tiene que padecer y morir

Eclesiastés 3, 1-11; Salmo 143;  Lucas 9, 18-22

Hay ocasiones en que el entusiasmo de muchos provoca arrebatos en nuestras posturas, en las decisiones que tomamos, en nuestros comportamientos de los que al final ni terminamos de ser conscientes de verdad qué es lo que buscábamos, qué es lo que nos entusiasma, o incluso las medias locuras que llegamos a hacer como consecuencia de ese entusiasmo colectivo que en cierto modo nos arrastra.

Siempre necesitamos algo o alguien que nos haga detenernos, que nos haga ser conscientes de lo que estamos haciendo para que nuestros actos sean verdaderamente racionales, que no nos ofusquemos en esos entusiasmos colectivos sino que en verdad sean maduras, verdaderamente razonables y humanas las decisiones que tomemos, aunque esto signifique en ocasiones que parece que andamos a contracorriente porque estamos tomando posturas que no siempre son comprendidas.

Creo que a estas alturas de evangelio Jesús quiere hacernos hacer una pausa, un detenernos para rumiar muy bien las decisiones que vamos tomando, para que no nos llamemos a engaño, para que clarifiquemos muy bien lo que queremos y lo que decidimos.

Hoy parece que ha llegado ese momento. Ahora están incluso fuera de los territorios propiamente de Palestina y por aquí no son tantos los entusiasmos por Jesús. Es el momento de hablar, de reflexionar, de aclarar posturas, de saber bien a qué nos atenemos. Están cerca de Cesarea de Filipo en los nacientes del Jordán donde uno de los Herodes para congraciarse con los césares ha mandado edificar esta ciudad. Pero lo de menos es la importancia del lugar, sino la importancia del momento. Jesús comienza a hacer preguntas comprometedoras. ¿Qué piensa la gente del Hijo del Hombre? Conocidos son los entusiasmo que se provocan tras los milagros y los signos que va realizando. Todo parece algo nuevo y el sufrimiento se va transformando en aquellos corazones que comienzan a llenarse de esperanza. Las reacciones de las gentes son diversas y la percepción que van teniendo de quien puede ser Jesús es distinta; cada uno lo puede ver según el color de su cristal, de sus sueños, de sus expectativas, de lo que haya podido haber recibido. Lo miran como profeta, como alguien muy grande como aquellos profetas antiguos, ven casi una reencarnación de Juan Bautista a quien recientemente Herodes ha mandado decapitar. Son muy variadas las reacciones y así se lo van haciendo saber a Jesús recogiendo algunas de aquellas aclamaciones que la gente hacía cuando veían cosas extraordinarias y sobrenaturales en el quehacer y en la presencia de Jesús.

Pero la reflexión que Jesús quiere que hagan tiene que ir mucho más allá que expresar las opiniones de otros. Son ellos, los que están más cerca de Jesús los que tienen que definirse. ‘Vosotros, ¿quién decís que el Hijo del Hombre?’ Las respuestas se hacen más difíciles de dar y parece que nadie quiere tomar la delantera. Pero hay alguien siempre decidido que no quiere sin embargo quedarse atrás. ‘Tú eres el Mesías’, aclarará Pedro. ¿Podrán todos hacer semejante afirmación? Claro que todos comenzaban a verlo así; es sus corazones reinaban ya nuevos sentimientos aunque aún estuvieran llenos de miedos y afloraban con demasiada frecuencia sus ambiciones para ese Reino que Jesús anunciaba que aun así no terminaban de verlo claro.

Pero también podrían surgir por medio las confusiones con las ansias y sueños que ellos tenían para su pueblo cuando llegase la hora del Mesías. Por eso Jesús en este momento de confidencias y de profundizaciones quiere poner claramente los puntos sobre las íes. El Hijo del Hombre tiene que padecer. Un jarro de agua fría que parecía que les echaba por tierra todas sus esperanzas. Ese mundo nuevo que Jesús quiere construir no va a ser fácil, porque además encontrará mucha oposición. Y es lo que Jesús les está anunciando, aunque ellos no lo terminan de asimilar. A nadie le gustan los contratiempos, que nos lleve la contraria o quieran hacernos ver caminos distintos a los del triunfo que todos deseamos.

¿No será algo que nos sigue sucediendo hoy cuando nos ponemos lejos de algo que nos pueda hacer sufrir? ¿No buscaremos nosotros también triunfos fáciles y un camino de laureles? ¿No estaremos acomodando muchas veces nuestro ser la Iglesia de Jesús a esos reinos de nuestro mundo tan llenos de vanidades y fantasías? Es incluso el lenguaje que muchas veces hemos empleado, algunos signos de poder y de gloria que queremos seguir manifestando y usando, tantas coronas de mucho brillo con que queremos seguir representando muchas cosas de nuestra fe y de nuestra Iglesia.

¿No tendríamos que detenernos a pensar muy bien estas cosas que hoy Jesús nos está plateando en el evangelio?


miércoles, 16 de septiembre de 2026

Que sea el Espíritu del Señor el que nos guíe porque es quien nos da con su divina sabiduría el agua o el sol que necesitamos en cada momento para vivir el Reino de Dios

 


Que sea el Espíritu del Señor el que nos guíe porque es quien nos da con su divina sabiduría el agua o el sol que necesitamos en cada momento para vivir el Reino de Dios

1Corintios 12, 31 – 13,13; Salmo 32; Lucas 7, 31-35

Nunca llueve a gusto de todos, solemos decir muchas veces; y no es solo que no estemos nunca contentos con el tiempo meteorológico que tengamos, que si hace calor, que si hace frío, que si tenemos mal tiempo, que si los tiempos están cambiando que son temas de conversación bastante frecuentes; pero cuando empleamos esa expresión queremos decir algo más, nunca estamos contentos en cómo estamos o lo que tenemos aunque seamos nosotros mismos los que nos lo hemos labrado.

¿Descontento? ¿poca confianza en lo que hacemos? ¿inconformismo? ¿incongruencia en las actitudes o en las posturas que tomamos con las que al final ni nosotros mismos estamos de acuerdo? ¿falta de metas o de principios que den una orientación firme a nuestra vida? Yo suelo decir, sin embargo, que un cierto inconformismo sí que necesitamos en la vida, porque será también lo que nos vuelva críticos con nosotros mismos y nos haga crecer, porque nos lleve a corregirnos y a buscar siempre algo mejor para nuestra vida. Pero quizás nuestros inconformismos no siempre vayan por ese camino, sino porque no nos hacen lo que a nosotros nos agrada o nos resulta más fácil.

Jesús se pregunta a quién puede comparar aquella generación que entonces le tocó sortear. Y dirá que son como niños que no saben lo que quieren, que salen a jugar a la plaza y no terminan de ponerse de acuerdo en los juegos que les harían participar a todos. ¿Seguiremos siendo también hoy nosotros como niños que no sabemos lo que queremos?

Jesús, de alguna manera, hace una comparación en las reacciones que tuvieron cuando Juan Bautista apareció allá en el desierto a la orilla del Jordán y la reacción que ahora están teniendo con su presencia y su manera de anunciarles el Reino de Dios. Mientras había gente que iba a escuchar con gusto a Juan queriendo entrar en aquel camino de preparación para la inminente venida del Mesías, otros lo rechazaban por su austeridad, su manera de presentarse y las palabras duras que en ocasiones pronunciaba invitando a la penitencia y a la conversión; por contra otros querían restarle autoridad, allí estaban aquellas embajadas enviadas desde Jerusalén pidiéndole que se identificará claramente si era un profeta o si era el Mesías.

Pero es lo que está sucediendo con Jesús; hay multitudes que le aclaman y reconocen los signos que realiza a pesar de que muchas veces se puede quedar en un entusiasmo pasajero, mientras otros ponen en duda su autoridad y su poder atribuyéndole incongruentemente poderes satánicos a la hora de realizar milagros o expulsiones de demonios, como tampoco le aceptarán considerándolo un desprestigio el que coma y se reúna con publicanos y pecadores.

¿Quien tendrá la razón? ¿donde encontrar la verdadera sabiduría que nos haga discernir bien las opciones que hemos de tomar?

Pero claro que cuando escuchamos este mensaje del evangelio no nos quedamos en un ojo crítico con lo que sucedía en aquellos tiempos y nos narra el evangelista, sino que ahí tenemos que saber descubrir una plantilla de lo que ahora a nosotros mismos nos pueda suceder. ¿Cómo escuchamos y qué valor le damos a lo que la Iglesia hoy nos enseña y nos propone en nombre del evangelio en este momento concreto de nuestra historia? ¿Cuál es la atención que le prestamos a la voz del Papa o de nuestros pastores más directos? ¿Qué interpretaciones hacemos?

Como decíamos al principio no siempre llueve al gusto de todos y cada uno quiere acercar el ascua a su sardina; según los presupuestos que tengamos en nuestra mente queremos aplicar o queremos dejar de lado lo que la Iglesia nos propone a través de sus pastores. Y entramos en catalogaciones, y hablamos de tendencias, y hacemos comparaciones con las maneras de actuar de los dirigentes o de las ideologías del momento.

¿No seríamos capaces de pensar que es el Espíritu del Señor el que en verdad guía a la Iglesia y esa diversidad que algunas veces nos parece encontrar sea lo que en cada momento, y a través del pastor que Dios nos ha dado en ese momento, es lo que necesitábamos para el anuncio del Reino en el mundo concreto en que vivimos? Mucho tenemos que discernir y muchos tenemos que dejarnos guiar por el Espíritu que nos llena de la verdadera sabiduría.


lunes, 14 de septiembre de 2026

Para nosotros la cruz así con Cristo crucificado es gloriosa, estandarte de la victoria del amor, antídoto de salvación que Dios nos ofrece con su amor

 


Para nosotros la cruz así con Cristo crucificado es gloriosa, estandarte de la victoria del amor, antídoto de salvación que Dios nos ofrece con su amor

Números 21, 4b-9; Salmo 77; Juan 3, 13-17

Si recibiéramos, por ejemplo, una mordedura maligna y con efectos mortales a causa del veneno que transmite dicha mordedura buscaríamos inmediatamente un antídoto que contrarreste el efecto de tal veneno evitándose así la muerte o las consecuencias de tal mordedura; lo podemos llamar vacuna o el nombre que la ciencia haya querido darle, pero normalmente se producen dichos antídotos a partir del mismo veneno que se quiere contrarrestar; es lo que son las vacunas contra la gripe u otras enfermedades víricas con la que se pretende crear esos anticuerpos que contrarresten el efecto de tal virus o veneno.

Al ver la imagen de las serpientes venenosas de las que nos habla la primera lectura y como elevando aquella serpiente de bronce en medio del campamento quienes mordidos con aquella mordedura venenosa elevasen la mirada hacia aquel signo se curarían pensé en estos antídotos que se utilizan para contrarrestar los efectos venenosos. Jesús en el evangelio hace uso de esa misma imagen y nos dice que cuando Él sea levantado en lo alto, hablándonos de su muerte en la cruz encontraríamos la salvación.

¿Es la cruz la que nos dará la salvación? Es Jesús que ha sido crucificado en la cruz quien es nuestro verdadero y único salvador. Aquella que significaba tormento, sufrimiento y muerte por el amor de Jesús, que es manifestación del amor que Dios nos tiene se convierte para nosotros en camino de salvación. No es en la cruz por sí misma sino en quien por amor fue crucificado y elevado en alto donde encontraremos la salvación. El camino del amor por el cual se hizo presente en el mundo es un camino de entrega y entrega hasta el final, es la senda que recorrió Jesús y nos enseñó que ese tenía que ser también nuestro camino, pero a Él le costó la vida por parte de quienes no entendían ni querían entender ese camino de amor que nos estaba señalando Jesús, por eso para nosotros su muerte, y con ella contemplamos el suplicio que le llevó a la muerte, se convierte en signo de vida porque es el signo más grandioso del amor.

Tanto amó Dios al mundo, le estaba diciendo Jesús a Nicodemo, que nos entregó a su Hijo y Jesús nos dirá que la prueba más grande del amor es la de dar la vida por aquellos a quienes se ama. Pero para Jesús no fueron solo palabras, para Jesús fue la realidad de su vida. ¿Puede haber algo más hermoso que la ternura de Dios que se manifiesta en un pesebre que hace de cuna para Dios que se hace hombre? Y de Jesús se nos dirá que pasó por el mundo haciendo bien y así lo contemplamos en su cercanía con los pobres y con los humildes, pero con la misericordia que acoge a los pecadores y despreciados de la sociedad de entonces, en el derroche de misericordia con que cura a los enfermos y todos los que se ven impedidos de cualquier forma, así lo contemplaremos en su camino hasta el calvario bajo el peso de la cruz o pendiente de ella en lo alto cuando es crucificado.

Pero en todo eso no hay sino una sola cosa, amor. Por ese amor lo que parecía un signo de sufrimiento y de muerte se convirtió por el amor, podríamos decir así, en antídoto para la vida y salvación. No será ya por ese amor que allí se manifiesta para nosotros los cristianos la cruz en un signo de horror sino de gloria, porque allí estábamos viendo a Cristo glorificado; con orgullo queremos llevar la cruz porque así queremos darnos por amor; como signo de esa presencia del amor de Dios la tendremos presente en nuestros caminos y en nuestras casas, porque queremos que sea el signo del amor que nosotros queremos vivir.

Pero sí hay una cosa que hemos de cuidar y tener bien en cuenta y es la incongruencia que podría darse en nuestra vida si llevamos la cruz pero no vivimos en el amor y con amor. Cuidado que llevemos una bonita cruz colgada de nuestro cuello y luego seamos insolidarios y encerrados en nosotros mismos; cuidado que hagamos hermosas fiestas en honor de la cruz y sigamos manteniendo nuestras divisiones entre nosotros; cuidado que nos llamemos cristianos y hasta hacemos con frecuencia la señal de la cruz pero sigamos odiando en nuestro corazón, manteniendo rencores y resentimientos, dejándonos envolver por celos y por envidias para hacernos daños los unos a los otros y seamos incapaces de perdonar.

Es cierto que son tentaciones que como mordeduras venenosas muchas veces nos acechan en la vida, pero levantemos los ojos a lo alto, miremos a la cruz y a quien en ella está clavado, escuchemos la palabra de Jesús que perdona y disculpa incluso a los que lo están crucificando y que finalmente pone su espíritu en las manos del Padre, porque sabe que allí está un signo de amor, como la señal de que la victoria sobre el mal es el amor. Para nosotros la cruz así con Cristo es gloriosa, es estandarte de la victoria del amor en nuestra lucha contra el mal, es el antídoto de salvación que Dios nos ofrece.


martes, 24 de marzo de 2026

Levantamos nuestra mirada a lo alto de la cruz para reconocer a Jesús, para reconocer y agradecer también el don de ser hijos de Dios que nos regala su salvación

 


Levantamos nuestra mirada a lo alto de la cruz para reconocer a Jesús, para reconocer y agradecer también el don de ser hijos de Dios que nos regala su salvación

Números 21, 4-9; Salmo 101; Juan 8, 21-30

Una pregunta que alguna vez en  la vida o quizás con más frecuencia nos hacemos es preguntarnos por nuestra identidad, ‘¿Quiénes somos?’, porque de alguna manera es preguntarnos por el sentido y por el valor de nuestra vida, pero de nuestra vida concreta, con sus propias circunstancias, con su propia historia, y acompañada ¿por qué?, por nuestros sueños que es en cierto modo lo que queremos que sea nuestra vida.

La pregunta puede parecer fácil, pero quizás no siempre sabemos responderla, porque nos podemos quedar en superficialidades, o nos costará tanto la respuesta que lo veamos todo oscuro y entonces sería como un andar en un sin sentido, o nos queremos engrandecer tanto que al final nos damos cuenta que tenemos los pies de barro y no podemos abarcar más de lo que realmente somos.  ¿Qué respuesta nos podemos dar?

Detrás de esa pregunta fundamental anda el pasaje del evangelio que hoy se nos ofrece. A los judíos a fin de cuentas les costaba entender quien era Jesús. Los propios discípulos hay muchos momentos en que dudan, no lo tienen tan claro, a pesar de aquel momento allá en Cesarea de Filipo cuando Jesús les pregunta por una parte lo que la gente dice de Él, pero luego más directamente lo que ellos piensan de Jesús. Se quedaron en tanto paralizados sin saber qué responder y como siempre sería Pedro el que tomaba la voz cantante para responder. Dará una respuesta que merece el elogio de Jesús, pero que también le dirá que si ha sido capaz de dar aquella respuesta no ha sido por sí mismo sino porque el Padre del cielo se lo ha revelado en el corazón.

En la confusión que se crea en la mente de los judíos entre decir que era un profeta o que era el Mesías, que era un simple galileo que en ninguna escuela rabínica había estudiado y todo cuanto decían en contra de Jesús los fariseos y principales dirigentes, la gente no sabe a qué quedarse. Es más, las palabras de Jesús algunas veces les crean confusión para las ideas que ellos tenían de lo que había de ser el Mesías. Ahora habla de una marcha en que le buscarán y no lo encontrarán pero habla también de una exaltación donde llegarían a conocer y reconocer quién es en verdad Jesús.

Y les habla Jesús que había de ser elevado a lo alto y allí lo reconocerían. Y hace comparación con aquello sucedido en el desierto cuando se rebelan contra Dios y contra Moisés pero una invasión de serpientes  pone en peligro sus vidas. Una serpiente de bronce había de ser levantada en algo para que aquellos que se arrepentían encuentren de nuevo la salud liberándose del veneno de aquellas serpientes.

Ahora dice Jesús que lo mismo que Moisés puso en alto aquella serpiente de bronce como un signo, así el Hijo del Hombre había también de ser levantado en algo y quienes ponen su fe en Él encontrarán la salvación. Precisamente porque estaban llenos de dudas y no terminaban de creer en la palabra de Jesús se sentían así de confusos. ‘Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues, si no creéis que Yo soy, moriréis en vuestros pecados’. Les costaba creer que les hablaba del Padre y que ahí estaba precisamente el sentido del Reino de Dios que Jesús les estaba anunciando.

Era necesario creer en Jesús, poner toda nuestra fe en Jesús, y al ser elevado a lo alto de la cruz llegaremos a comprender de verdad lo que es el amor, lo que significa la salvación que Jesús nos viene a traer. De quienes menos pensaban que podían hacer una hermosa confesión de fe, es de quien escuchamos ese reconocimiento de Jesús. Será el ladrón que está a su lado en el mismo suplicio el que le pedirá que se acuerde de él cuando llegue a su Reino; y será un centurión romano, en consecuencia un gentil, el que confesará la inocencia de Jesús o lo que es lo mismo la grandeza de Dios que allí aquella tarde del viernes se podía estar contemplando. Ya Jesús había dicho que los últimos serían los primeros.

Si comenzábamos nuestra reflexión pensando en quienes somos, que era algo más que una pregunta retórica, hemos terminado reconociendo en verdad quien es Jesús y el sentido de la salvación que nos ofrece; venimos a concluir también nuestra grandeza por la fe que tenemos en Jesús porque en Él hemos recibido el don de ser hijos de Dios, como nos decía ya Juan al principio de su evangelio.


martes, 8 de abril de 2025

Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado

 


Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado

Números 21, 4-9; Salmo 101; Juan 8, 21-30

Y tú, ¿quién te crees que eres?, quizás hemos reaccionado alguna vez ante alguien de quien pensábamos que se arrogaba unas atribuciones que no le correspondían. Nos cuesta aceptar a los demás, y nos cuesta aceptarlos cuando se manifiestan con autoridad o queriendo manifestarnos que saben lo que hacen. Son las desconfianzas podríamos decir normales que algunas veces surgen, en ocasiones porque estamos escarmentados de engaños y de vanidades, o porque queremos estar seguros de en quien confiamos.

¿Les costaba aceptar a Jesús como Mesías a sus contemporáneos? ¿Realmente entenderían lo que Jesús quería decirles dadas las prevenciones y los prejuicios que tenían sobre lo que tenía que significar el Mesías? La gente sencilla le seguía porque sentían que renacían sus esperanzas; los que se creían más entendidos y que quizás se habían rodeando de ciertos privilegios pasaban por una criba las palabras y los gestos de Jesús no queriendo entender ni aceptar lo que Jesús les decía que en cierta manera trastocaba muchas costumbres y rutinas sobre las que habían edificado su vida. Por eso le preguntaban ‘¿y quién eres tú?’ algo así como aquello que nos decíamos al principio ¿y quien te crees que eres tú?

Como nos cuenta entender a nosotros cuando nos sacan de nuestras rutinas de siempre, cuando se nos hacen planteamientos nuevos, cuando vemos con toda su crudeza la radicalidad del evangelio que nos exige cambios profundos en nuestra vida que nos den más autenticidad a lo que hacemos y vivimos, a nuestra manera de vivir nuestro sentido religioso. No queremos cambios, son revolucionarios para nosotros y siempre le tenemos miedo a las revoluciones porque parece que vienen cargadas de violencia. Pero lo que Jesús nos trae no es violencia que destruye, es fuego que nos transforma, es agua nueva que nos revitaliza cuando tan muertos estamos, cuando nos ilumina haciéndonos encontrar la verdadera luz porque muchas veces solo nos dejamos iluminar por luces ilusorias que se convierten en opacas. La violencia tenemos que hacérnosla a nosotros mismos para salir de esa vida anquilosada en que vivimos.

Les era difícil en ocasiones entender las palabras de Jesús. Ahora les habla de que se irá a donde ellos no pueden ir, de que lo buscarán y no lo encontrarán, palabras para las que hay que tener una sensibilidad especial para entenderlas, una sensibilidad nacida de la confianza y de la fe en El que les faltaba. Finalmente les dirá que cuando sea elevado en alto entonces comprenderán quien es.

Una referencia en cierto modo a lo que hemos escuchado en la primera lectura de aquel episodio acaecido en el desierto; en la reticencia con que muchas veces caminaban en aquellas largas jornadas de desierto se ven atacado por unas serpientes venenosas; acuden a Moisés, acuden a Yahvé, y Moisés levanta en algo aquella serpiente de bronce en medio del campamento como un signo o como señal; sienten sobre ellos la misericordia del Señor, no mueren como consecuencia de la mordedura de aquellas serpientes; todo ello va a ser un signo profético al que ahora hace referencia Jesús; será El quien va a ser levantado en algo, referencia a su muerte en Cruz, y entonces en verdad podrán comprender el sentido de su vida, podrán comenzar a creer en quien da su vida por nosotros aunque seamos pecadores.

‘Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada’.

Por eso nosotros levantamos nuestros ojos hacia lo alto del madero, porque sabemos bien quien es el que allí está crucificado. Ahí comprendemos todo el misterio de Dios que se manifiesta en Jesús, ahí comprendemos toda la autoridad de Jesús que dio su vida por nosotros, ahí comprendemos quien es Jesús que es nuestro Salvador. A los judíos les costaba entender estas palabras de Jesús pero el evangelista nos dice sin embargo que a partir de ese momento muchos creyeron en El. Una sintonía especial para creer en Jesús; como la tuvo aquel centurión romano que tras la muerte de Jesús en la Cruz proclama que quien ha muerto allí es el Justo, que viene a decir que es nuestro Salvador.

Tratemos de conocer más a Jesús, entremos en su sintonía, para dejarnos transformar por esa fe que en El ponemos.

miércoles, 12 de marzo de 2025

Señales y llamadas tenemos junto a nuestro camino de fe que pone Dios ante nosotros de las que no nos podemos desentender, ni andar tan distraídos que no las veamos

 

Señales y llamadas tenemos junto a nuestro camino de fe que pone Dios ante nosotros de las que no nos podemos desentender, ni andar tan distraídos que no las veamos

Jonás, 3, 1-10; Sal.50; Lucas, 11, 39-42

Nuestros caminos y carreteras están llenas de señales que nos indican las direcciones que hemos de tomar, las diferentes opciones que tenemos, pero también nos advierten de los peligros que podemos encontrar, los cuidados y precauciones que hemos de tener y lo que podemos hacer o no hacer en aquel camino. Pero hay ocasiones en que vamos tan absortos en nosotros mismos, en nuestras preocupaciones o nuestros sueños que nos pasamos de la señal; allí estaba, nos lo decía claramente, nos advertía del peligro o de la dirección que habíamos de tomar para llegar a nuestra meta, pero no fuimos capaces de verla; luego quizás nos quejamos, como sucede tantas veces, que si no estaba bien situada, si podía crearnos confusión y no se cuantas disculpas más que nos buscamos, pero la señal estaba allí y no la vimos.

Y no vamos a hablar de esos problemas de esas señales de carreteras o caminos, pero sí de la señal que hemos de saber descubrir en el camino de la vida; hay llamadas en nuestro interior que no queremos escuchar, suceden cosas a nuestro lado que pueden ser una buena lección para nosotros, palabras que escuchamos y a las que no atendemos o que decimos que no entendemos pero realmente no les prestamos atención, testimonios hermosos en personas de buena voluntad y de gran entrega que tendrían que ser un toque de atención y un estimulo para que nosotros comencemos también a hacer algo distinto. No vemos las señales o no escuchamos las llamadas pero estamos quizás un milagro, algo extraordinario por lo que sí saldríamos corriendo a buscarlo, aunque luego se nos quede en un fuego fatuo.

En el evangelio que hoy se nos ofrece contemplamos cómo Jesús se queja de aquella generación que no hacen sino pedir signos y señales para creer. Lo tienen delante y no quieren creer, no saben leer la señal. Se pasan de largo, podíamos decir con la imagen que antes empleábamos, y no saben descubrir quien está allí delante de ellos. Y le habla del signo de Jonás, o la reina del Sur que vino a conocer la sabiduría de Salomón, o la actitud de las gentes de Nínive que creyeron la palabra del profeta y se convirtieron. Aquí está en medio de ellos el Hijo del Hombre y no lo saben ver, la Sabiduría eterna de Dios que se manifiesta en la Palabra encarnada y no la escuchan aunque se admiran de que la Reina del Sur viniera a escuchar la sabiduría de Salomón.

Jonás es todo un signo que nos hace dirigir nuestra mirada a Jesús. Largo fue el recorrido, el camino de vida de Jonás para aceptar la misión que Dios le había confiado. Muchas cosas tuvieron que sucederle para que él cambiara de actitud y fuera fiel a su misión, que tendría los hermosos frutos de aquel pueblo que creyó en su palabra y se convirtió al Señor. Como una señal que viene a ser tipo del misterio de Jesús en su muerte y resurrección fue aquella zozobra del barco en medio de la tormenta y el ser devorado por el cetáceo que a los tres días lo devolvería vino a la tierra donde había de realizar su misión. Supo ver Jonás las señales que Dios puso en su camino.

Llegaremos a entender el recorrido que nosotros hemos de hacer también que es recorrido pascual, que es de muerte para la vida, de morir a nosotros mismos, nuestros miedos y cobardías como Jonás, nuestros pecados e infidelidades, nuestro tantas veces querer desengancharnos de nuestras responsabilidades o de las misiones que tenemos que desarrollar hasta llegar a comprender el verdadero sentido de nuestra vida que pasa por la entrega y por el amor. Atravesamos nosotros tormentosos mares de la vida, llenos de dudas y de flaquezas, zarandeados por mil cosas que nos atraen de aquí y de allá y que pretenden desviarnos del camino que hemos de recorrer, de la misión que tenemos que cumplir. Pero todo eso tenemos que hacerlo pascua, todo tenemos que transformarlo en vida, todo nos ha de llevar a un nuevo renacer, a resurrección.

Un camino maravilloso, así tiene que ser, que hemos de ir realizando en esta cuaresma guiados por la Palabra del Señor, Sabiduría de Dios, que transformará nuestra vida, que nos llevará a la Pascua, que dará sentido a la celebración de la Pascua de la muerte y resurrección del Señor. Señales y llamadas tenemos junto a nuestro camino de las que no nos podemos desentender, no podemos andar tan distraídos que no las veamos.

jueves, 6 de marzo de 2025

Nos presenta hoy la liturgia cuaresmal una encrucijada, pero la Palabra de Dios nos deja las suficientes señales para no errar el camino de vida que hemos de tomar

 


Nos presenta hoy la liturgia cuaresmal una encrucijada, pero la Palabra de Dios nos deja las suficientes señales para no errar el camino de vida que hemos de tomar

Deuteronomio 30, 15-20; Salmo 1; Lucas 9, 22-25

Todos tenemos momentos en la vida que son como encrucijadas en las que tenemos que tomar decisiones que se convierten en importantes; cuando llegamos a una encrucijada significa que hay varios caminos delante de nosotros y tenemos que escoger, escoger el mejor camino y no equivocarnos. ¿Sabemos lo que encontraremos a lo largo de ese camino? En ocasiones no vemos sino el primer trecho, los primeros pasos. ¿Tenemos que adivinar lo que hay más allá? No se trata tanto de adivinar, sino de saber leer bien las señales porque son las que nos darán la dirección apropiada. Muchas son las decisiones que tenemos que tomar en la vida, sobre nuestro futuro, sobre el sentido que le queremos dar a lo que hacemos, con quienes vamos a hacer ese camino, donde podemos mejor desarrollar lo que somos y nuestras capacidades, y así muchas cosas.

Apenas iniciamos ayer el camino de la cuaresma con la imposición de la ceniza y la invitación que escuchábamos desde la Palabra de Dios a adentrarnos dentro de nosotros mismos para poder adentrarnos en Dios. Hoy se nos hace un planteamiento serio, se nos pone en una encrucijada ante la que tenemos que comenzar a tomar decisiones.

Es lo que le planteaba Moisés al pueblo que había venido conduciendo por el desierto en aquel camino hacia la libertad, hacia la tierra prometida desde la liberación de Egipto y en el momento en que van a entrar en esa tierra que Dios les da. Es momento también de tomar decisiones, ¿qué va a hacer de sus vidas? ¿Cuál camino van a escoger? ¿Serán como los otros pueblos u optarán por el camino de vida escuchando y siguiendo lo que es la voluntad del Señor? ‘Hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal’. ¿Escogerán el camino que les lleva a la vida y a la bendición?

Pero es también lo que Jesús viene a plantearnos en el evangelio del día. Primero les anuncia claramente cual va a ser el final de su camino. Habiendo vivido la experiencia jubilosa de las multitudes que seguían y aclamaban a Jesús – podemos recordar diversos momentos de su predicación por Galilea – resulta en si mismo chocante que Jesús les anuncia que ‘El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día’. En otros momentos en que Jesús hace este mismo anuncio el evangelista nos dice que les costaba comprender e incluso insistían en que eso no podía pasarle.

Pero sigamos con el texto de hoy, tras ese anuncio que hace Jesús nos viene a decir ¿queréis ser discípulos míos? Ese es el camino de entrega que también tienen que vivir. Y nos habla Jesús de negarnos a nosotros mismos, de ser capaces de perder la vida para poder ganarla; nos está diciendo que nuestro camino tiene que pasar por el amor y cuando amamos de verdad seremos capaces de olvidarnos de nosotros mismos por ese amor que les estamos ofreciendo a los demás. Y Jesús nos está diciendo ¿seréis capaces de vivir un amor así? Claro que primero nos ha dicho que porque el vive un amor así será capaz de morir para que nosotros tengamos vida.

Es la encrucijada en la que nos encontramos. Porque es cierto que es importante el amor para nosotros, pero algunas veces centramos el amor solo en amarnos a nosotros mismos. No nos dice Jesús que no nos amemos, todo lo contrario, porque en alguna ocasión nos dirá que amemos a los demás como nos amamos a nosotros mismos y lo que no queremos para nosotros no podemos quererlo ni desearlo para los demás. Pero ese amor tiene que tener una progresión en nosotros en que ya lo importante será el amor que seamos capaces de ofrecer a los demás.

Vayamos poniendo los cimientos de este camino cuaresmal que estamos iniciando, estemos atentos a las señales que nos irán apareciendo para no desviarnos de ese camino  podamos llegar a vivir de verdad la pascua.

domingo, 1 de diciembre de 2024

Levantáos, alzad vuestra cabeza… que no se emboten vuestros corazones… estad despiertos en todo tiempo… manteneos en pie ante el Hijo del Hombre

 


Levantáos, alzad vuestra cabeza… que no se emboten vuestros corazones… estad despiertos en todo tiempo… manteneos en pie ante el Hijo del Hombre

Jeremías 33, 14-16; Sal. 24; 1Tesalonicenses 3, 12 — 4, 2; Lucas 21, 25-28. 34-36

Tenemos que cuidar la memoria. Qué desencanto cuando en un momento teníamos que recordar algo importante, que no solo lo era para nosotros sino también para alguien a quien apreciábamos muchos y tenemos que reconocer, lo olvidé. Un aniversario, un cumpleaños, un acontecimiento, algo importante que nos ha sucedido… vamos guardando muchas cosas en la memoria; es nuestra historia, es lo que hemos vivido, son momentos que han sido transcendentales para nosotros, ha formado parte de nuestra vida, y aunque quizás en momentos han sido cosas duras, fue cimiento quizás de lo que ahora somos, de ello mucho aprendimos y seguiremos aprendiendo. En muchos aspectos de la vida, aunque algunos no quieran recordar. Pero pienso que tenemos que cuidar la memoria. Es alimento de la fe de nuestra vida.

Los cristianos hacemos crecer nuestra fe precisamente haciendo memoria; haciendo memoria de lo que ha sido el amor de Dios en nuestra vida y en nuestra historia, en toda la historia. ¿No la llamamos historia de la salvación? Aquellos grandes acontecimientos donde Dios se manifestó, se hizo presente, se encarnó y se dio por nosotros. Es por otra parte lo que hacemos cada vez que celebramos la Eucaristía, memorial de la Pascua del Señor en su muerte y resurrección. Así lo decimos y así lo confesamos. ¿Qué otra cosa es el Credo de nuestra fe que recitamos?

Estamos comenzando un tiempo litúrgico que nos lleva a hacer memoria y celebrar, pero que no se encierra en un hecho pasado, sino que nos lleva a vivir el presente con renovada intensidad pero nos abre a la esperanza de una plenitud que todos deseamos y esperamos. Este tiempo que estamos comenzando a vivir lo llamamos adviento, con la connotación de venida y de espera que tiene esa palabra. Llamamos al Adviento tiempo de esperanza, como habremos escuchado tantas veces.

Viene la Navidad, donde haremos memoria del nacimiento de Jesús, haremos memoria y como es algo muy gozoso para nosotros y para toda la humanidad es algo que celebraremos y queremos hacerlo de la mejor manera posible. Será vivir la presencia del Emmanuel, del Dios que quiere estar con nosotros, del Dios que sigue viniendo a nuestra vida en el ahora y en el hoy de nuestra existencia. También andamos en oscuridades como contemplamos que era la historia en la noche de la humanidad y para nosotros hoy también quiere brillar una luz.

Sí, en este hoy que vivimos con sus luces y con sus sombras, tan lleno de sufrimientos, de guerras y de enfrentamientos de todo tipo – no es necesario que hagamos un listado porque todos somos conscientes de lo que hoy, finales de 2024 y en las vísperas de un año que va a comenzar,  está sucediendo en nuestro mundo. Y aquí y ahora viene Dios a nosotros. ¿Estaremos tan adormilados que no vamos a ser conscientes de esa presencia de Dios con nosotros?

Como expresamos en los deseos y peticiones de nuestras oraciones queremos vernos liberados de ese mal, queremos reencontrarnos de nuevo con la paz en nuestras vidas, en nuestros pueblos, en nuestro mundo, en nuestros corazones - ¿de verdad no es un deseo de nuestro corazón? -, mientras queremos seguir haciendo nuestro camino, un camino de una vida mejor, un camino de justicia, un camino en que nos quitemos esas caretas de la vanidad y de tantas ambiciones que malean nuestro espíritu, un camino en que vayamos encontrando esa armonía de la fraternidad, un camino en que tengamos una vida plena, como decimos, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Señor Jesucristo.

Es el otro sentido profundo del Adviento y de lo que tiene que ser una navidad vivida en profundidad. Es para lo que en verdad tenemos que prepararnos, ahora en estos días que estamos preparando tantas cosas y parece que nos olvidamos de lo principal en lo que tiene que ser la celebración de la navidad. Hagamos memoria, sí, que nos ayude a despertar, a estar atentos para no dejar pasar el momento y las cosas que verdaderamente son principales.  

Es de lo que nos está hablando hoy Jesús en el evangelio. Nos da unas claves en las palabras del evangelio. ‘Levantáos, alzad vuestra cabeza… que no se emboten vuestros corazones… estad despiertos en todo tiempo…’ No podemos permanecer aturdidos ni somnolientos. Bueno es, pues, hacer memoria, no olvidar, tener presente, que no se nos pase, que no andemos distraídos en otras cosas. Que se reanime nuestra fe, que saquemos a flote nuestra esperanza porque tenemos la confianza y la certeza de que algo nuevo va a comenzar. No nos podemos dejar confundir por tantos cantos de sirena que suenan a nuestro alrededor llamándonos por acá y por allá, diciéndonos lo que tiene que ser la navidad o de lo que verdaderamente nos va hacer felices, pero que al final nos dejará un vacío y aburrimiento en el alma tan difícil de corregir. Rumiemos pacientemente estas claves que nos da Jesús.

Con esa atención vamos comenzar este camino de adviento y cada signo que vayamos poniendo, cada gesto que vayamos realizando tenga el más hondo sentido y se pueda convertir en un grito de esperanza para el mundo que nos rodea y que tanto lo necesita. ‘Se acerca vuestra liberación… manteneos en pie ante el Hijo del Hombre’.

domingo, 15 de septiembre de 2024

Preguntas que nos hace Jesús hoy y preguntas que nos hacemos sobre el sentido que le estamos dando a nuestra vida sin temor y con corazón abierto

 


Preguntas que nos hace Jesús hoy y preguntas que nos hacemos sobre el sentido que le estamos dando a nuestra vida sin temor y con corazón abierto

Isaías 50, 5-9ª; Sal. 114; Santiago 2, 14-18; Marcos 8, 27-35

Todos nos hacemos preguntas, algunas veces parece que nos vienen en cadena, otras surgen en un momento determinado casi por sorpresa, o no las hace la vida misma; preguntas sobre nosotros mismos, preguntas sobre aquellos que nos rodean, preguntas sobre esas personas que nos parecen importantes para nosotros; preguntas cuyas respuestas pueden tener sus consecuencias para nosotros, para lo que va a suceder y que quizás nos cuesta asumir; preguntas que nos dan miedo o que nos sorprenden, preguntas que pueden darle una vuelta a nuestra vida,  preguntas en fin sobre las que queremos encontrar una respuesta.

Hoy en el evangelio es Jesús el que hace unas preguntas, que en principio podrían parece inocentes, porque era recoger aparentemente las opiniones de los que les rodeaban; pero pregunta que poco a poco va comprometiendo, porque hay que dar una respuesta personal, pero respuestas que van a tener sus consecuencias, porque al final estará haciendo que los que se hagan las preguntas de donde están son los propios discípulos, o aquellos que quieren seguir a Jesús. Que todo puede ser al mismo tiempo un itinerario que nosotros también hemos de recorrer.

Primero pregunta Jesús sobre lo que piensa la gente del Hijo del Hombre; las respuestas son variadas según la percepción que la gente va teniendo de lo que hace Jesús, por eso le ven como un profeta, como un gran profeta como los grandes profetas antiguos, o como el recientemente martirizado Juan Bautista, con lo que también esas respuestas pueden tener algo de profecía.

Pero Jesús da un paso más, porque ahora pide una respuesta personal de aquellos que en este momento le rodean, sus discípulos más cercanos. Les impacta la pregunta ‘y vosotros, ‘¿quién decís que soy yo?’ La respuesta no pueden ser generalizaciones sino que tiene algo más personal y será Pedro el que se adelante a responder. ‘Tú eres el Mesías, el Cristo’, el Hijo del Dios vivo. Otros evangelistas nos dejarán el comentario que hizo Jesús a esta respuesta de Pedro, que no la da por si mismo sino porque se lo ha revelado el Padre del cielo.

Pero Marcos, en el evangelio de hoy, hace que en esa pregunta y en esa respuesta veamos todo lo que tienen que ser sus consecuencias. El sentido del Mesías en Jesús es distinto. Por eso Jesús irá sacando consecuencias que ahora irán haciendo que sean los discípulos los que se interroguen por dentro y en cierto modo hagan una opción. ‘El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días’. No era esa la imagen que ellos tenían del Mesías a pesar de todo lo que Jesús les había enseñado y anunciado.

Aquello les impacta y les deja descolocados y como siempre será Pedro el que comience a hablar y actuar. Son interrogantes en el interior que no nos pueden dejar paralizados. Eso no puede suceder, eso no le puede pasar a Jesús con todo lo que la gente piensa de El y le busca y quiere seguirle. Pedro trata de convencer a Jesús, que no sé si será tratar de convencerse a si mismo de lo que Jesús les está planteando. Pero Jesús le rechaza, le aparta de su lado ‘¡Quítate de en medio!’, poco menos que le dice porque ‘eres una tentación para mí’.

Pero Jesús, ya dirigiéndose a todos, ¿dirigiéndose a nosotros quizás también?, nos vendrá a aclarar lo que va significar la fe que tengamos en El. ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará. Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?’ No son solo palabras bonitas o aprendidas de memoria las que nos definen la fe que tenemos en Jesús sino que tienen que ser unas actitudes nuevas que hemos de tener en nuestro corazón.

¿Será así cómo nosotros queremos ser en verdad discípulos de Jesús? ¿Hasta dónde llega nuestra fe en El? Porque quizás estaremos muy entusiasmados cuando parece que son los buenos momentos, las grandes aclamaciones y los momentos de fervor, cuando quizás nos metemos en medio de una multitud entusiasta porque parece que todo es como una fiesta.

Cuando tenemos que ver la realidad que hay a nuestro lado, cuando descubrimos el sufrimiento de tantos, o cuando nos salen las cosas mal, cuando nos vemos envueltos en problemas que no parece que tengan solución, enfermedades que nos hacen sufrir en nuestros seres queridos o en nosotros mismos, cuando se nos hace difícil porque no todos nos entienden y parece que nadamos a contracorriente, cuando tenemos que comenzar a desprendernos de muchas cosas que llevamos demasiado apegadas en nuestra vida porque nos damos cuenta de que están muy lejos de los valores del evangelio, cuando tenemos que comenzar a compartir olvidándonos de nosotros porque vemos que hay otra gente con mayor necesidad, cuando tenemos que aceptar incluso a aquellos que no nos caen bien, ¿cómo reaccionamos? ¿Escuchamos y asumimos esas palabras que nos ha dicho Jesús de negarnos, de perder la vida, de tomar y cargar con nuestra cruz?

Preguntas, decíamos al principio, que algunas al final podrían sernos molestas. Preguntas que nos hace Jesús hoy y que nos hacen hacernos preguntas sobre el sentido que le estamos dando a nuestra vida. ¿Tememos las preguntas que nos hace el evangelio cuando lo escuchamos con corazón abierto?

lunes, 15 de abril de 2024

Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre

 


Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre

Hechos de los apóstoles 6, 8-15; Salmo 118; Juan 6, 22-29

Todos siempre andamos buscando; es desde una insatisfacción innata en que queremos más y mejor o queremos otras cosas. Queremos vivir y queremos siempre algo mejor para nuestra vida y buscamos eso que creemos que nos hará mejor la vida; buscamos la felicidad, buscamos ver satisfechas no solo nuestras necesidades básicas sino esas ansias que llevamos dentro; buscamos trabajo para conseguir lo que anhelamos, o buscamos el encuentro con los otros y por qué no decirlo, queremos ver lo que podemos conseguir con esa amistad que buscamos. Pero buscamos que nos lo den fácil, que sea quizás con el mínimo esfuerzo por nuestra parte, casi como si fuera un regalo del que siempre nos creemos merecedores; recordemos todas las reivindicaciones que en este sentido hacemos en todos los ámbitos. Nos seguimos preguntando qué buscamos y por qué buscamos.

Hoy nos habla el evangelio de cómo la gente buscaba a Jesús. Habían estado con él la tarde anterior y allí Jesús movido a compasión había repartido milagrosamente aquel pan que todos recibieron gratuitamente; querían hacerlo rey, pero Jesús se les escabulló. Aunque habían visto que no se había montado en el barco con los discípulos,  ahora en la mañana al no encontrarlo llegan como pueden hasta Cafarnaún. Allí está Jesús. Y le pregunta, ‘Maestro, ¿cuándo has venido aquí?’ Es como decirle ayer nos dejaste con tres palmos de narices y ahora apareces aquí.

¿Qué buscaban? ¿Por qué buscaban a Jesús? El sabe bien interpretar esas búsquedas de la gente y por eso les dice que trabajen por aquello que los alimenta para siempre, no por lo que es caduco de un día y pronto los va  a dejar insatisfechos. Es el comienzo de un gran interrogante que Jesús les va plantando en el corazón.  Ayer todo era muy fácil, y todo fui gratuito, pudieron comer pan hasta hartarse. Pero parece que siguen teniendo hambre, siguen corriendo tras Jesús que parece que les puede hacer la vida fácil. Mira cómo los cura; ahora los ha alimentado en el desierto. ¿Qué es lo que se suele pedir a los dirigentes para que le solucionen los problemas a la gente? Que no les falte la comida y que se pueda conseguir fácilmente; y si encima algo de entretenimiento, pues mejor. Por eso Jesús les está haciendo este planteamiento.

‘En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios’.

Les va a costar entenderlo, porque cuando tenemos algo muy metido en la cabeza no es difícil cambiarlo. Era la idea, por otra parte, que ellos tenían de lo que había de ser el Mesías. Y para ellos en cierto modo Jesús se les está presentando como el Mesías. Pero lo que les está planteando Jesús es distinto, son otras posturas y otras actitudes las que hemos de tener, es otra manera de buscar pero también es algo nuevo lo que se les está ofreciendo aunque les cueste entenderlo y aceptarlo.

Estos primeros momentos de diálogo de Jesús con aquellas gentes de Cafarnaún va a dar pie para cosas nuevas y distintas, que todo va a salir en ese diálogo. Porque otro es el alimento que Jesús quiere ofrecerle. ‘El alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre’, les dice. Pero para eso han de realizar el camino que Dios quiere, aunque les cueste.

‘¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras que Dios quiere?’, es la pregunta que surge entonces y que tiene que surgir también en nuestro corazón. ¿Qué estamos dispuestos a hacer? ¿Qué pasos estamos dispuestos a dar? Porque también nosotros buscamos que las cosas sean fáciles, nos creemos que eso de seguir a Jesús es cumplir con unas cuantas cositas y ya está todo hecho.

Pero Jesús nos dirá algo distinto. ‘La obra de Dios es esta: que creáis en el que Él ha enviado’. Pudiera parecer fácil, pero no es cualquier cosa eso de creer en Jesús. Ya en otros momentos nos había hablado de conversión, de cambio profundo, de que era necesario dar la vuelta totalmente a la vida.

miércoles, 21 de febrero de 2024

Sabemos interpretar los signos y señales de nuestras calles pero no sabemos interpretar los signos de Dios en nuestra vida que de tantas maneras se nos manifiestan

 


Sabemos interpretar los signos y señales de nuestras calles pero no sabemos interpretar los signos de Dios en nuestra vida que de tantas maneras se nos manifiestan

 Jonás 3, 1-10; Salmo 50;  Lucas 11, 29-32

En la vida casi sin darnos cuenta estamos rodeados de signos y señales que de alguna manera marcan lo que hacemos, a donde vamos, donde no podemos estar y muchas cosas así. ¿Queremos salir de un edificio? Buscamos la señal que nos indique donde está la puerta de salida; ¿queremos buscar una determinada cosa? Nos encontraremos señales que nos indiquen a donde debemos ir, donde debemos preguntar, y así muchísimas cosas más. Vamos por nuestras calles y caminos, y nos entraremos toda una serie de señales que nos dan direcciones, por donde podemos pasar o no, donde hay un peligro. Y vamos atendiendo a esas señales, y obedecemos esas señales que nos dan direcciones, prohibiciones o indicaciones de cómo debemos ir.

Pero ¿esas son las únicas señales o signos que nos vamos a encontrar en la vida? Decimos que tenemos que saber interpretar los signos de los tiempos, como aquellas cosas que podemos descubrir en la naturaleza que nos anuncian un tiempo meteorológico, o nos pueden prevenir incluso de posibles sucesos extraordinarios. Pero creo que pensando en signos de la vida, podemos o tenemos que saber descubrir mucho más. Hay cosas que nos pueden ayudar a descubrir la marcha de la humanidad, de la sociedad en la que vivimos, y por ahí andan los economistas haciéndonos anuncios de lo que nos puede devenir en el futuro, sociólogos que quieren interpretar la marcha de la sociedad, o personas visionarias que quizás unas veces de forma calamitosa, y otras con buen sentido nos hacen pensar en lo que estamos haciendo con la vida.

Pero creo que no nos podemos quedar ahí, ni perder solo en esas cosas. Como creyentes también hemos de tener como un sentido de Dios para descubrir señales que Dios pone en la vida, pone en nuestro mundo, pone en lo que sucede a nuestro alrededor y nos tendrían que hacer descubrir lo que Dios quiere de nosotros, a lo que Dios nos llama, el compromiso que como creyentes y cristianos también tendríamos que asumir en la vida.  Necesitamos tener una sintonía de Dios en nuestro corazón, necesitamos darle una visión profunda a nuestra vida desde una espiritualidad que vayamos construyendo en nuestro corazón.

No es cuestión de buscar milagros, o cosas extraordinarias. Es saber descubrir, quizás desde pequeñas cosas, ese sentido nuevo para nuestra vida. Tenemos que saber afinar, por decirlo así, las antenas del alma para poder entrar en esa sintonía de Dios que nos hablará quizás muchas veces a través de pequeñas cosas. Son esos signos, son esas señales que Dios va poniendo a nuestro lado, en cosas que nos suceden, en personas que nos acompañan, en buenas palabras que escuchamos y pueden hacernos pensar, en testimonios que contemplamos a nuestro lado en personas sencillas y de humilde corazón pero que están llenas de Dios.

Hoy escuchamos en el evangelio la queja de Jesús sobre aquella generación que no hacía sino pedir signos y milagros, pero no sabían sin embargo descubrir el milagro de Dios, el signo de Dios que en Jesús tenían delante de ellos. Jesús les recuerda que los ninivitas supieron comprender el signo de Jonás que apareció predicando en medio de ellos y le escucharon y se pusieron en camino de conversión. Les recuerda aquella reina del Sur que desde lejos vino para conocer a Salomón por su sabiduría, pero ahora les dice que hay alguien delante de ellos que es mucho más que Salomón. Y Jesús les viene a decir que no hay más signo que el Hijo del Hombre, no hay más signo para ellos que Jesús mismo.

¿Estaremos pidiendo también nosotros milagros y cosas extraordinarias en nuestro tiempo? Bien sabemos que somos muy crédulos y somos capaces de ir de aquí  para allá porque nos dicen que aquel lugar es muy milagroso, que allí están sucediendo cosas extraordinarias, milagros y curaciones, pero no sabemos descubrir el signo de Dios que tenemos delante de los ojos, no sabemos apreciar todo lo que en la Iglesia podemos recibir, no sabemos apreciar la riqueza de la Palabra de Dios que cada día se nos ofrece, no sabemos apreciar la riqueza de gracia que son los Sacramentos donde Dios mismo se hace presente en nuestra vida.

Pero como decíamos, descubramos con ojos de fe esos signos sencillos pero maravillosos que de mil maneras Dios va poniendo en nuestro camino. Sepamos entrar en esa sintonía de Dios y dejémonos conducir por su Espíritu que de tantas maneras llega a nuestra vida. Sabemos interpretar los signos y señales de nuestras calles pero no sabemos interpretar los signos de Dios en nuestra vida.

miércoles, 19 de octubre de 2022

Dejémonos envolver por el evangelio y nuestro corazón se llenará de paz y encontraremos muchos más motivos para vivir la responsabilidad de la vida

 


Dejémonos envolver por el evangelio y nuestro corazón se llenará de paz y encontraremos muchos más motivos para vivir la responsabilidad de la vida

Efesios 3, 2-12; Sal. Is. 12, 2-3. 4bcde. 5-6; Lucas 12, 39-48

No queremos que nos roben y es cierto que andamos con ciertos miedos por si acaso se nos meta un ladrón en la casa y nos haga destrozos, por eso andaremos preocupados y vigilantes, poniendo todos los medios de nuestra parte para que eso no suceda. No nos podemos dejar dormir. Es también aquel a quien le han confiado una tarea de gran responsabilidad que tratará de cumplir fielmente, no sea que venga aquel que nos ha confiado tal responsabilidad y nos exija cuentas; tenemos que estar preparados, o más bien tenemos que desarrollar nuestras tareas con gran responsabilidad para hacernos merecedores de tal confianza.

Por medio siempre anda el miedo a que nos roben, el miedo a que nos llamen la atención y nos dejen en evidencia, pero creo que la motivación para que seamos responsables en la vida no ha de ser solamente el miedo. Cuando actuamos desde esa motivación estaremos como a presión, no terminaremos de cogerle gusto a lo que hacemos, y se nos puede volver nuestra responsabilidad en una carga pesada.

¿Tendríamos que tener otra motivación? Para empezar diríamos que está en nosotros mismos, en la voluntad que ponemos en hacer las cosas, en el gusto con que las hacemos, y eso incluso nos hará disfrutar hasta de los momentos más difíciles y problemáticos que se nos puedan presentar.  Estamos poniendo lo mejor de nosotros mismos, estamos sacando a flote toda nuestra responsabilidad y todas nuestras capacidades que si nos han confiado tal tarea es porque tenemos esa capacidad para realizarla. Cuando  hacemos las cosas con gusto hasta nos volvemos creativos en aquello que hacemos y se notará la felicidad que sentimos al realizarlo. ¿Por qué no lo hacemos así siempre?

Claro que cuando hablamos de que alguien nos puede pedir el que rindamos cuenta podrían entrarnos los miedos. Pero hemos de saber tener seguridad en nosotros mismos, creer en nosotros como han creído en nosotros aquellos que nos han confiado aquella tarea; vieron en nosotros esas posibilidades y su presencia junto a nosotros no será para recriminarnos sino para elevarnos el espíritu, para darnos ánimos, para que en verdad creamos en nosotros mismos y en esas posibilidades. ¿Sucede algo de esto en esas tareas y responsabilidades que nos confían en la vida? Todos somos limitados y no somos perfectos y pudiera suceder que quien nos ha confiado una responsabilidad, algunas veces olvide algo que tendría que ser importante para estimular a quien está desarrollando una actividad, es confiar en él, seguir creyendo en él, y ofrecerle también toda la ayuda que fuera necesaria. No siempre quizás en la vida nos encontramos personas así, y por eso andamos con algunos miedos.

Pero cuando nos estamos haciendo esta reflexión a partir del evangelio que hoy se nos ofrece, sabemos bien a quien esperamos y que viene a nosotros y ante el que hemos de presentarnos con las obras de nuestras manos. ‘Estad preparados porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre´ nos ha dicho hoy el evangelio. Claro que aquí tendríamos que ver cual es la imagen que tenemos nosotros de ese Hijo del Hombre, de ese Dios que viene a nosotros.

Claro que si el Hijo del Hombre que viene a nosotros es aquel que nos dice que tuvo hambre y le dimos de comer, estaba sediento y le dimos de beber, estaba enfermo o en la cárcel y fuimos a verle, porque todo cuando hicimos al otro a El se lo hicimos, cambia nuestra perspectiva, cambia nuestra manera de actuar y también de prepararnos. 

Ya no serán los miedos los que nos dominen en la vida, sino que será el amor; será entonces la confianza porque sabemos bien quien nos está mirando a los ojos y tendiéndonos la mano. Nos sentiremos más motivados, nuestro corazón se llenará de buenos deseos, comenzaremos a sentir una paz dentro de nosotros que antes de ninguna manera habíamos sentido.

¿Por qué no nos dejamos envolver por el evangelio para que nuestro corazón se llene de paz? encontraremos muchos motivos para vivir las responsabilidades de la vida, que nunca será por miedo ni temor, sino siempre desde el amor.