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jueves, 30 de julio de 2026

Ya estamos haciendo demasiado a la manera de la gente de Nazaret, rompamos esa espiral y entremos en la nueva órbita a la que nos lleva el evangelio de Jesús

 

Ya estamos haciendo demasiado a la manera de la gente de Nazaret, rompamos esa espiral y entremos en la nueva órbita a la que nos lleva el evangelio de Jesús

Jeremías 26, 1-9; Salmo 68; Mateo 13, 54-58

¿Qué me va a enseñar ese a mí?, habremos oído en alguna ocasión a alguien que con su prepotencia trataba de descalificar a alguien que quizás le estaba dando la solución a un problema, estaba planteando algo nuevo que bien podría valer para su vida, o simplemente le estaba dando un consejo en alguna situación compleja en que se encontrase. Quizás nosotros también en más de una ocasión habremos actuado así, porque aquel que nos está queriendo decir algo decimos que lo conocemos de siempre y que sabemos de dónde viene o por donde anda. Es la rebaja que siempre queremos hacerle a lo que nos puedan ofrecer otros porque nosotros sí sabemos y no necesitamos que nadie nos enseñe o nos diga nada. Es la respuesta que damos cuando nos dicen algo para hacernos caer en la cuenta en algo que no pensábamos, pero que enseguida decimos, ‘yo lo sé, ¿qué me vas a decir?’.

Estamos hablando de ámbitos meramente humanos, de nuestras relaciones de los unos con los otros, pero que cosas así adquieren unas tonalidades especiales cuando entrabamos en ámbito de lo espiritual o de la práctica y vivencia de nuestro ser cristiano. ¿Nos dejamos enseñar? ¿Nos dejamos acompañar? ¿Escuchamos lo que el otro pueda ofrecernos desde su propia experiencia espiritual y de vida cristiana? Es que yo soy cristiano de siempre, es que mi familia, mi madre… estaban mucho en la Iglesia; es que yo hice la primera comunión y recibí todos los sacramentos… y así seguimos argumentando que parece más bien que estamos cerrando puertas a lo que de los demás podamos recibir.

Es lo que estamos viendo hoy en el relato del evangelio de la visita de Jesús a su pueblo, Nazaret, donde se había criado. Como enseguida comenzarán a decir cuando le escuchan en la sinagoga, es que es el hijo del carpintero, ahí están sus hermanas y su familia, ¿dónde ha aprendido todo eso?, porque siempre le habían visto allí en Nazaret como un niño o como un joven cualquiera. Y como comenta el evangelista Jesús se extrañó de su falta de fe y allí no hizo ningún milagro; en otro momento se nos dirá que estaban esperando que allí realizara los signos y milagros que ellos sabían que hacía en otros lugares; claro, era su pueblo, su familia, sus amigos, allí tenía que manifestar que con ellos tenía alguna preferencia.

¿Por qué hacemos las cosas o qué es lo que buscamos? Nos mueven muchas veces los intereses, y unos intereses egoístas y muy llenos de orgullo. Cuando no hay disponibilidad no puede aparecer la fe; cuando no hay humildad que nos lleve a una apertura del corazón no seremos capaces de ver lo bueno que se nos ofrece; cuando no hay deseo de abrir el corazón a una nueva sintonía seguirán prevaleciendo los ecos de nuestro egoísmo y orgullo que ahogarán lo que de verdad podría llenar de paz nuestro corazón.

Malos acompañantes de camino son el orgullo y la vanidad porque nos desfigurarán haciéndonos perder lo mejor de nosotros mismos y lo que tendría que ser nuestra verdadera identidad. Entraremos en un camino de ramplonería, donde simplemente o nos dejamos arrastrar por luces que nos encandilan y confunden o nos deslizamos por las pendientes de las rutinas que nos impedirán darle nuevos rumbos a nuestra vida.

Mucho tendríamos que analizar para comenzar a corregir rumbos y dejarnos enseñar y conducir. El Señor va poniendo señales a nuestro lado, muchos signos de lo que es la voluntad de Dios podríamos descubrir en nuestro entorno si fuéramos capaces de salirnos de esa ceguera que nos encierra en nosotros mismos. Hagamos un alto en el camino, comencemos a quitar esos filtros en que nos hemos envuelto para iluminarnos con la verdadera luz, para aprender la verdadera sabiduría del Evangelio que de muchas maneras se nos puede manifestar. Ya estamos haciendo demasiado a la manera de la gente de Nazaret, rompamos esa espiral y entremos en la nueva órbita a la que nos lleva el evangelio de Jesús.


miércoles, 1 de julio de 2026

No rechacemos la luz de Jesús no solo para nosotros sino también para ese mundo que nos rodea en medio de sus luces opacas

No rechacemos la luz de Jesús no solo para nosotros sino también para ese mundo que nos rodea en medio de sus luces opacas

Amós 5, 14-15. 21-24; Salmo 49; Mateo 8, 28-34

No enciendas muchas luces, así pasaremos desapercibidos, nadie sabrá lo que estamos haciendo, evitaremos que alguien se de cuenta y nos veamos metidos en líos… No queremos que haya luz, hacemos las cosas en la oscuridad, pero eso ¿qué puede significar? ¿Por qué queremos permanecer en la oscuridad? ¿Será acaso que lo que estamos haciendo son cosas oscuras? Creo que todos entendemos lo que puede haber detrás de esas oscuridades que buscamos, o lo estaremos viendo claramente a nuestro alrededor en ‘malos negocios’, en violencias que se ocultan, en corrupción de todo tipo que va corroyendo nuestra sociedad.

Hoy contemplamos a Jesús que tras la travesía del lago llega a la otra orilla; pero es un lugar ajeno al pueblo de Israel, es la región de los gerasenos; pero allí se encuentra con dos endemoniados, en expresión del evangelio, que les salen al encuentro; ya nos comenta el evangelista que por la violencia de esos individuos nadie se atrevía a transitar por estos lugares; pero aquello hombres poseídos por el espíritu del mal sí conocen quien ha llegado hasta ellos; lo rechazan, solo por la acción de jesús se verán libres de esos espíritus inmundos que se adueñarán de una piara de cerdos que se despeña en el lago.

La fuerza y la gracia de la luz y de la vida que llega con Jesús a aquellos lugares; pero nos encontraremos algo que nos parece inconcebible, que los habitantes del lugar que al conocer los hechos se acercan hasta Jesus le pedirá que abandone aquellos lugares. siempre hemos comentado que los negocios de su vida con el pastoreo de aquellos cerdos se les han ido por tierra, ven sus intereses afectados y por eso rechazan la presencia de Jesús.

El juicio que vamos a hacer no es sobre aquellas personas, sino que será mirándonos a nosotros mismos. ¿Cuál es nuestra reacción a la gracia de Dios? ¿Cuál es nuestra reacción a la luz que con Jesús quiere iluminar nuestra vida?

Podemos pensar en los rechazos cuando queremos seguir en los caminos del mal y nada nos hace movernos hacia el arrepentimiento; podemos pensar en esa componendas que nos hacemos tantas veces para parecer cumplidores mientras seguimos con nuestros apegos en el corazón; podemos pensar en la poca perseverancia en nuestros propósitos cuando pronto nos aflojamos espiritualmente y seguimos dejándonos caer por las pendientes de nuestras viejas rutinas y costumbres; podemos pensar en la poca voluntad que ponemos para superarnos y arrancarnos de nuestras viejas rutinas o de la tibieza espiritual con la que nos gusta andar.

Hoy el Señor quiere llegar también a esas regiones inhóspitas de nuestras vida que quiere transformar en un bello jardín de vida. pero quizás con este evangelio jesús nos quiere pedir algo más; a muchas regiones inhóspitas llenas de violencias o de insolidaridad que nos son difíciles de atravesar, desiertos de frialdad y desinterés donde florecen fácilmente los cardos del orgullo o de los rencores, y podemos pensar en tantas situaciones que se viven en nuestro sociedad tan materialista y sensual, Jesus quiere llegar también y quiere hacerlo a través de nosotros. 

Ha puesto un toque de vida en nuestros corazones pero nos está diciendo que vayamos a nuestros hermanos y le contemos lo que el Señor ha hecho con nosotros. ¿Cuál es la respuesta que le damos? ¿Nos seguiremos quejando de que esos caminos son difíciles e intransitables pero no ponemos nada de nuestra parte para hacer que nuestro mundo florezca como un vergel de amor y de justicia? ¿Preferimos un mundo de oscuridades y de medias luces? ¿Estaremos rechazando la luz no solo para nosotros sino también para el mundo que nos rodea?

sábado, 9 de mayo de 2026

No importa que resultemos incómodos, porque llevamos la verdad en nuestra mano y en nuestros labios, limpiemos bien la pantalla de nuestra vida para reflejar la verdadera luz

 


No importa que resultemos incómodos, porque llevamos la verdad en nuestra mano y en nuestros labios, limpiemos bien la pantalla de nuestra vida para reflejar la verdadera luz

Hechos 16, 1-10; Salmo 99; Juan 15, 18-21

Ya lo decía el principio del evangelio de san Juan, la luz quiso brillar para disipar las tinieblas, pero las tinieblas no la quisieron recibir, querían prolongar el reino de la oscuridad y de la muerte. ¿Por qué los que aman y hacen el bien no son comprendidos, es más, muchas veces son rechazados y hasta perseguidos? El que hace el bien pone al descubierto lo que es obra del maligno y a nadie le gusta verse denunciado por las obras del mal que realiza, no solo trata de ocultarlas o disimularlas sino que muchas veces incluso nos las querrá presentar como buenas. Es la gran confusión en que vivimos en nuestra sociedad, es el rechazo de las obras de la luz, es el embrollo en que queremos meter todas las cosas porque siempre buscamos fallos y debilidades para quitar el brillo y el resplandor de lo bueno.

¿Nos tiene que desanimar todo esto? ¿Hará que temamos aparecer con nuestros resplandores de luz cuando queremos anunciar la buena nueva de Jesús? Podremos decir que somos débiles y también pecadores, pero no podemos ocultar el brillo de la bueno, no podemos dejar de anunciar la buena nueva de Jesús, no tienen por qué hacernos callar.

Jesús en aquella conversación de sobremesa después de la cena pascual, que sonaba a despedida, a ultimas recomendaciones, a hacerles sentir que su presencia nunca nos fallará, que nos prometerá la fuerza del Espíritu que nos lo enseñará y recordará todo pero que también va a ser nuestra fuerza interior para mantenernos en nuestra fidelidad y también para hacer anuncio del evangelio, les hace ver a los discípulos también las dificultades en que se van a encontrar. Si lo rechazaron a El, el discípulo no es mayor que su maestro y lo mismo también nos vamos a encontrar ese rechazo. Son las palabras que hoy le escuchamos a Jesús.

Palabras que sostuvieron el ánimo de los discípulos y de aquellos primeros momentos de la Iglesia que realmente no fueron fáciles, pero son las palabras que siguen sosteniéndonos a nosotros hoy que tampoco tenemos fácil hacer el anuncio del evangelio de Jesús. Palabras de Jesús que tienen que dar claridad a nuestra mente al tiempo que fortaleza al corazón para discernir en cada momento la situación en la que nos encontramos, lo que necesita ese mundo que nos rodea, y la fuerte voluntad por nuestra parte para seguir en nuestro compromiso como discípulos de Jesús que han sido enviados al mundo con una buena nueva que traería la verdadera alegría y paz a nuestro mundo.

Nos tenemos que sentir seguros en el Señor. No vamos desde nuestra valentía personal, no son solo las cualidades que nosotros podamos tener para hacer de la mejor manera posible nuestra acción pastoral, es la confianza que sentimos en el Señor porque El es nuestra fortaleza y nuestra sabiduría, es la presencia del Espíritu del Señor que guía e inspira nuestras iniciativas y toda nuestra actividad.

Una tarea que comenzamos haciendo allí donde estamos, con nuestra familia y con la gente que nos rodea, que como nos anuncia hoy Jesús no siempre nos comprenderán ni nos aceptarán. No importa que en ocasiones resultemos incómodos, porque eso significa que llevamos la verdad en nuestra mano y en nuestros labios; no importa que nos digan que también nosotros somos pecadores, eso ya lo reconocemos, pero sentimos el amor de Dios en nuestra vida que ha sido misericordioso con nosotros y eso nos hace que con mayor coraje queramos dar nuestro testimonio. Pero la luz no se oculta debajo de la mesa sino que se pone en alto para que ilumine a todos.

Limpiemos, es cierto, la pantalla de nuestra vida, para que se refleje la luz verdadera. Es lo que tenemos que hacer. Es el compromiso de la fe que hemos puesto en Jesús.

viernes, 20 de marzo de 2026

Demos claro y valiente testimonio de nuestra fe aunque seamos signos de contradicción en medio del mundo, si lo somos es porque estamos haciendo caminos de fidelidad

 


Demos claro y valiente testimonio de nuestra fe aunque seamos signos de contradicción en medio del mundo, si lo somos es porque estamos haciendo caminos de fidelidad

Sabiduría 2, 1a. 12-22; Salmo 33; Juan 7, 1-2. 10. 25-30

¿Habrás tenido alguna vez la experiencia de que alguien te resulta incómodo? Quizás al hacer esta pregunta en un primer momento te hace pensar en alguien con quien no te llevas bien, alguien que quizás en un momento determinado te hizo daño, pero quizás la incomodidad no es tanto por la otra persona sino porque en ti mismo hay una herida que no has sabido curar; es tu resentimiento, los celos quizás, la envidia que sientes dentro de ti lo que en verdad en esta situación te está haciendo que te sientas incómodo, pero quizás es incomodo por ti mismo porque no has sabido curar la herida.

He mencionado los celos y los envidias porque quizás estás viendo en la otra persona lo que tú no has sido capaz de conseguir y eso es más bien sentirte incómodo contigo mismo porque quizás te veas inútil o fracasado en sueños que has tenido pero que no has sabido cuidar y trabajar para dar esos pasos para alcanzar lo que aspirabas.

Y no es a estas situaciones a las que quiero referirme cuando hablo de sentirse incomodo ante alguien. El vernos en el espejo de los demás, pero viendo la rectitud con que andan esas personas por la vida, contemplando la capacidad de darse y desgastarse por los demás, el asumir unos compromisos en el trabajo por el bien y la justicia, es lo que verdaderamente nos resulta incómodo viendo quizás nuestra dejadez, lo insolidarios que somos que pasamos del sufrimiento de los otros o los ignoramos mirando para otro lado, nuestras cobardías, el poco compromiso que somos capaces de asumir. Nos damos cuenta de nuestra pobreza pero no queremos salir de ella porque nos puede parecer que perdemos privilegios o la capacidad de influencia que podamos tener sobre los otros.

Y en esa incomodidad que sentimos vienen las reacciones donde tratamos de tapar nuestros vacíos y queremos quitar de en medio a quien con la rectitud de su vida se está convirtiendo en una denuncia de nuestra desidia. Qué fáciles somos para socavar debajo de los pies del que hace el bien y vive con rectitud, con qué facilidad queremos echar sombras sobre ellos para que los demás desconfíen y no traten de imitar ese buen camino que están haciendo.

Es de lo que nos habla hoy el libro de la Sabiduría y que luego veremos reflejado en el evangelio en el rechazo que hacen de Jesús. Como decía el libro de la sabiduría los malvados quieren poner a prueba la lealtad y la rectitud del justo. ¿No nos suenan estas proféticas palabras a lo escuchado alrededor de la cruz de Jesús en el Calvario? Si es el Hijo de Dios que baje de la cruz y creeremos en El, decían los que crucificaban a Jesús.

En el evangelio de hoy vemos que hay momentos en los que Jesús no anda abiertamente porque sabe muy bien que ya andan rondando en torno a El buscando quitarle de en medio. Por eso nos habla el evangelio de aquella subida de Jesús a la fiesta de Jerusalén pero no abiertamente, aunque luego en Jerusalén y en el templo se dejará ver. Llevará a los comentarios de algunos que al ver cómo dejan actuar a Jesús piensan si acaso ya las autoridades religiosas han terminado por aceptar a Jesús. Pero no pudieron hacer nada; como dice el evangelista no había llegado su Hora. Ya Jesús en su momento señalará que ha llegado su hora.

Pero Jesús habla claramente, manifiesta lo que podíamos decir su identidad  y su misión. No todos lo comprenderán pero es fiel a su misión. Ya se nos había dicho que sería signo de contradicción, recordamos al anciano Simeón cuando la presentación en el templo. ‘A mí me conocéis, y conocéis de dónde vengo. Sin embargo, yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía; a ese vosotros no lo conocéis; yo lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado’.

Llega el momento de que nos preguntemos qué señal estamos dando nosotros de nuestra fe en Jesús tal como es nuestra vida. Tenemos que ser signos de Jesús en medio del mundo aunque el mundo no lo comprenda, aunque quizás para algunos podamos resultar incómodos. Lo importante es que nosotros no nos sintamos incómodos con nosotros mismos por la incongruencia de nuestra vida. Sanemos las heridas que puedan haber en nuestro corazón y demos claro y valiente testimonio de nuestra fe aunque seamos signos de contradicción en medio de nuestro mundo; si lo somos es porque estamos haciendo caminos de fidelidad.

lunes, 9 de marzo de 2026

Cuidado que este camino cuaresmal todavía esté muy lleno de oscuridades porque aun seguimos queriendo alumbrarnos con las luces opacas de rutinas y superficialidades 2 Reyes 5, 1-15ª; Salmo 41; Lucas 4, 24-30 Somos dados a los sueños que algunas veces nos parecen tan vívidos que nos confunden con la realidad; nos creamos expectativas que no son lo que realmente luego va a suceder, nos trazamos sendas que habitualmente los llenamos de los arcos de triunfo de los éxitos que van a ser luego la realidad de nuestra vida. No digo que no sea bueno soñar y yo diría que necesitamos de los sueños porque al menos imaginamos que hay otras posibilidades y no nos encerramos siempre en lo mismo, pero tenemos que ser capaces de diferenciar lo que son nuestros deseos con lo que luego realmente nos vamos a encontrar en el camino, nos hace falta aterrizar. En lo de crearnos expectativas para la vida tenemos que saber aceptar que la realidad puede cambiar y cuando andamos en estos camino de la vida espiritual y de la fe, de lo que pedimos a Dios para nuestra vida o cómo desearíamos que fueran las cosas tener que aprender a dejar pendiente, por así decirlo, lo que es el margen de Dios. Sí, porque la manera de actuar de Dios no tiene que ser semejante a lo que son nuestros parámetros y bien sabemos cómo Dios nos sorprende y los caminos por los que quiere hacerse presente en nuestra vida no son precisamente los éxitos con que nosotros soñamos. Recordamos los sueños que tenían los judios en sus ideas preconcebidas de lo que iba a hacer el Mesías, por eso no le cabían en la cabeza a Pedro aquellos anuncios que hacía Jesús donde hablaba de pasión y sufrimiento, donde hablaba de muerte y de cruz, y por eso trata de disuadirlo para que sea Jesús el que se quite esas ideas de la cabeza; pero bien sabemos cómo lo rechaza Jesús que llega a decirle que se está convirtiendo en una tentación para El. Hoy en el evangelio nos encontramos también con un choque entre las expectativas que tenían sus ciudadanos, por algo Jesús había salido precisamente de su pueblo y sería normal entonces que todo aquello que decían que Jesús hacía lo realizase de manera especial con ellos. Pero esos no son los planes de Dios, por eso dirá Jesús que un profeta no bien mirado en su tierra, claro, si no hace el gusto de las gentes de su tierra. Ahora terminarán expulsandolo del pueblo y queriendolo arrojar por un barranco. Pero Jesús les recuerda que en tiempos de Elias y Eliseo muchos leprosos había en Israel pero Jesús a quien cura es a un gentil, alguien que ha venido de fuera y precisamente de unos pueblos rivales de Israel. Pero a aquel hombre también le había costado encontrar los caminos de Dios; acostumbrado a una vida esplendorosa y donde era agasajado por donde quiera que iba con honores, se siente ofendido porque el profeta no salga a recibirlo, como cree él que se merece, e incluso le mande bañarse en aquel para el pequeño río sin importancia. Mientras no descorramos los velos de la vanidad y del orgullo, mientras no sepamos ponernos a pie descalzo en lo que es la realidad no sabremos entender los caminos de Dios. Cuando fue capaz de transformar su arrogancia en humildad Dios se hizo presente en su vida. ¿No nos querrá decir algo todo esto para nuestra vida? Brillan demasiado nuestras expectativas y nuestras vanidades, llevamos por delante la arrogancia de nuestra autosuficiencia y endiosamiento, y no nos damos cuenta que vamos caminando por un camino oscuro e incierto, porque nuestros ojos aún no están preparados para recibir la luz. Cuidado que este camino cuaresmal que vamos haciendo todavía esté muy lleno de oscuridades porque aun seguimos queriendo alumbrarnos con las luces opacas de nuestras rutinas y superficialidades. Bajemonos de nuestro caballo de orgullo y prepotencia donde parece que queremos decirle a Dios como tiene que actuar. Nos encontramos en un mundo muy revuelto con muchas cosas y parece que la vida se nos hace difícil en todos los aspectos. ¿Tendremos que cambiar el chip que está marcando ahora nuestra manera de actuar? Por algo Jesús nos pide conversión para poder creer en la Buena Noticia del Reino de Dios. Es otra la mirada, otras las actitudes, otras las formas de actuar, es un sentido nuevo que nos hará encontrar los verdaderos valores, es dejarnos conducir por el Espíritu de Jesús.

 


Cuidado que este camino cuaresmal todavía esté muy lleno de oscuridades porque aun seguimos queriendo alumbrarnos con las luces opacas de rutinas y superficialidades

2 Reyes 5, 1-15ª; Salmo 41; Lucas 4, 24-30

Somos dados a los sueños que algunas veces nos parecen tan vívidos que nos confunden con la realidad; nos creamos expectativas que no son lo que realmente luego va a suceder, nos trazamos sendas que habitualmente los llenamos de los arcos de triunfo de los éxitos que van a ser luego la realidad de nuestra vida. No digo que no sea bueno soñar y yo diría que necesitamos de los sueños porque al menos imaginamos que hay otras posibilidades y no nos encerramos siempre en lo mismo, pero tenemos que ser capaces de diferenciar lo que son nuestros deseos con lo que luego realmente nos vamos a encontrar en el camino, nos hace falta aterrizar.

En lo de crearnos expectativas para la vida tenemos que saber aceptar que la realidad puede cambiar y cuando andamos en estos camino de la vida espiritual y de la fe, de lo que pedimos a Dios para nuestra vida o cómo desearíamos que fueran las cosas tener que aprender a dejar pendiente, por así decirlo, lo que es el margen de Dios. Sí, porque la manera de actuar de Dios no tiene que ser semejante a lo que son nuestros parámetros y bien sabemos cómo Dios nos sorprende y los caminos por los que quiere hacerse presente en nuestra vida no son precisamente los éxitos con que nosotros soñamos.

Recordamos los sueños que tenían los judios en sus ideas preconcebidas de lo que iba a hacer el Mesías, por eso no le cabían en la cabeza a Pedro aquellos anuncios que hacía Jesús donde hablaba de pasión y sufrimiento, donde hablaba de muerte y de cruz, y por eso trata de disuadirlo para que sea Jesús el que se quite esas ideas de la cabeza; pero bien sabemos cómo lo rechaza Jesús que llega a decirle que se está convirtiendo en una tentación para El.

Hoy en el evangelio nos encontramos también con un choque entre las expectativas que tenían sus ciudadanos, por algo Jesús había salido precisamente de su pueblo y sería normal entonces que todo aquello que decían que Jesús hacía lo realizase de manera especial con ellos. Pero esos no son los planes de Dios, por eso dirá Jesús que un profeta no bien mirado en su tierra, claro, si no hace el gusto de las gentes de su tierra. Ahora terminarán expulsandolo del pueblo y queriendolo arrojar por un barranco.

Pero Jesús les recuerda que en tiempos de Elias y Eliseo muchos leprosos había en Israel pero Jesús a quien cura es a un gentil, alguien que ha venido de fuera y precisamente de unos pueblos rivales de Israel. Pero a aquel hombre también le había costado encontrar los caminos de Dios; acostumbrado a una vida esplendorosa y donde era agasajado por donde quiera que iba con honores, se siente ofendido porque el profeta no salga a recibirlo, como cree él que se merece, e incluso le mande bañarse en aquel para el pequeño río sin importancia. Mientras no descorramos los velos de la vanidad y del orgullo, mientras no sepamos ponernos a pie descalzo en lo que es la realidad no sabremos entender los caminos de Dios. Cuando fue capaz de transformar su arrogancia en humildad Dios se hizo presente en su vida.

¿No nos querrá decir algo todo esto para nuestra vida? Brillan demasiado nuestras expectativas y nuestras vanidades, llevamos por delante la arrogancia de nuestra autosuficiencia y endiosamiento, y no nos damos cuenta que vamos caminando por un camino oscuro e incierto, porque nuestros ojos aún no están preparados para recibir la luz.

Cuidado que este camino cuaresmal que vamos haciendo todavía esté muy lleno de oscuridades porque aun seguimos queriendo alumbrarnos con las luces opacas de nuestras rutinas y superficialidades. Bajemonos de nuestro caballo de orgullo y prepotencia donde parece que queremos decirle a Dios como tiene que actuar. Nos encontramos en un mundo muy revuelto con muchas cosas y parece que la vida se nos hace difícil en todos los aspectos. ¿Tendremos que cambiar el chip que está marcando ahora nuestra manera de actuar? Por algo Jesús nos pide conversión para poder creer en la Buena Noticia del Reino de Dios. Es otra la mirada, otras las actitudes, otras las formas de actuar, es un sentido nuevo que nos hará encontrar los verdaderos valores, es dejarnos conducir por el Espíritu de Jesús.


2 Reyes 5, 1-15ª; Salmo 41; Lucas 4, 24-30

Somos dados a los sueños que algunas veces nos parecen tan vívidos que nos confunden con la realidad; nos creamos expectativas que no son lo que realmente luego va a suceder, nos trazamos sendas que habitualmente los llenamos de los arcos de triunfo de los éxitos que van a ser luego la realidad de nuestra vida. No digo que no sea bueno soñar y yo diría que necesitamos de los sueños porque al menos imaginamos que hay otras posibilidades y no nos encerramos siempre en lo mismo, pero tenemos que ser capaces de diferenciar lo que son nuestros deseos con lo que luego realmente nos vamos a encontrar en el camino, nos hace falta aterrizar.

En lo de crearnos expectativas para la vida tenemos que saber aceptar que la realidad puede cambiar y cuando andamos en estos camino de la vida espiritual y de la fe, de lo que pedimos a Dios para nuestra vida o cómo desearíamos que fueran las cosas tener que aprender a dejar pendiente, por así decirlo, lo que es el margen de Dios. Sí, porque la manera de actuar de Dios no tiene que ser semejante a lo que son nuestros parámetros y bien sabemos cómo Dios nos sorprende y los caminos por los que quiere hacerse presente en nuestra vida no son precisamente los éxitos con que nosotros soñamos.

Recordamos los sueños que tenían los judios en sus ideas preconcebidas de lo que iba a hacer el Mesías, por eso no le cabían en la cabeza a Pedro aquellos anuncios que hacía Jesús donde hablaba de pasión y sufrimiento, donde hablaba de muerte y de cruz, y por eso trata de disuadirlo para que sea Jesús el que se quite esas ideas de la cabeza; pero bien sabemos cómo lo rechaza Jesús que llega a decirle que se está convirtiendo en una tentación para El.

Hoy en el evangelio nos encontramos también con un choque entre las expectativas que tenían sus ciudadanos, por algo Jesús había salido precisamente de su pueblo y sería normal entonces que todo aquello que decían que Jesús hacía lo realizase de manera especial con ellos. Pero esos no son los planes de Dios, por eso dirá Jesús que un profeta no bien mirado en su tierra, claro, si no hace el gusto de las gentes de su tierra. Ahora terminarán expulsandolo del pueblo y queriendolo arrojar por un barranco.

Pero Jesús les recuerda que en tiempos de Elias y Eliseo muchos leprosos había en Israel pero Jesús a quien cura es a un gentil, alguien que ha venido de fuera y precisamente de unos pueblos rivales de Israel. Pero a aquel hombre también le había costado encontrar los caminos de Dios; acostumbrado a una vida esplendorosa y donde era agasajado por donde quiera que iba con honores, se siente ofendido porque el profeta no salga a recibirlo, como cree él que se merece, e incluso le mande bañarse en aquel para el pequeño río sin importancia. Mientras no descorramos los velos de la vanidad y del orgullo, mientras no sepamos ponernos a pie descalzo en lo que es la realidad no sabremos entender los caminos de Dios. Cuando fue capaz de transformar su arrogancia en humildad Dios se hizo presente en su vida.

¿No nos querrá decir algo todo esto para nuestra vida? Brillan demasiado nuestras expectativas y nuestras vanidades, llevamos por delante la arrogancia de nuestra autosuficiencia y endiosamiento, y no nos damos cuenta que vamos caminando por un camino oscuro e incierto, porque nuestros ojos aún no están preparados para recibir la luz.

Cuidado que este camino cuaresmal que vamos haciendo todavía esté muy lleno de oscuridades porque aun seguimos queriendo alumbrarnos con las luces opacas de nuestras rutinas y superficialidades. Bajemonos de nuestro caballo de orgullo y prepotencia donde parece que queremos decirle a Dios como tiene que actuar. Nos encontramos en un mundo muy revuelto con muchas cosas y parece que la vida se nos hace difícil en todos los aspectos. ¿Tendremos que cambiar el chip que está marcando ahora nuestra manera de actuar? Por algo Jesús nos pide conversión para poder creer en la Buena Noticia del Reino de Dios. Es otra la mirada, otras las actitudes, otras las formas de actuar, es un sentido nuevo que nos hará encontrar los verdaderos valores, es dejarnos conducir por el Espíritu de Jesús.


miércoles, 4 de febrero de 2026

El profeta va lleno del Espíritu del Señor y nada le detiene, será costosa su misión que tiene mucho de pascua, pero de la muerte hará resurgir la vida

 


El profeta va lleno del Espíritu del Señor y nada le detiene, será costosa su misión que tiene mucho de pascua, pero de la muerte hará resurgir la vida

2 Samuel 24, 2. 9-17; Salmo 31; Marcos 6, 1-6

¿Qué se cree él? ¿Quién se cree que es? Reacciones así hemos visto más de una vez, o quizás nosotros mismos hemos tenido, ante alguien que nos dice cosas que no nos gustan porque nos están poniendo el dedo en la llaga, diciéndonos la verdad que no nos gusta escuchar. Una persona que trata de comportarse con gran nobleza y rectitud, que quizás la vemos comprometida en acciones a favor de los demás o que se convierte en denuncia de situaciones que no son tan buenas, pero que quizás nos molestan, nos sentimos heridos porque nos están diciendo las cosas claras; y nos surgen esas preguntas que cuestionan a la persona, a la que quitamos autoridad en lo que dice porque buscamos sombras que la desprestigien. ‘Si ese individuo lo conozco yo de toda la vida… y sé quien es su familia…’ y así nos montamos buenas historias con tal de no aceptarlo.

Le estaba pasando a Jesús. Había ido a su ciudad y se había puesto a enseñar en la sinagoga como hacía por todos los lugares por donde iba anunciando el Reino de Dios. El evangelista Marcos a quien corresponde este relato no nos detalla cual era el mensaje de Jesús, pero sin lugar a dudas era el anuncio de la llegada del Reino de Dios pidiendo la conversión para creer esa Buena Noticia; como en otros los signos que realizaba daban autoridad a sus palabras.

Pero la gente se cuestiona. ‘¿De donde la viene esta sabiduría?’ Lo conocían de toda la vida porque allí en Nazaret se había criado, y allí estaban sus familiares, y allí había trabajo con su padre José. ‘¿No es este el carpintero?’ se decían. Y mencionaban a todos sus parientes conocidos de todos como era además normal en un pueblo pequeño. Y comenzó a aparecer la desconfianza, no le creían, no le aceptaban; ¿qué podían recibir ellos de alguien que era como ellos? ¿Si viniera revestido de autoridad de otros lugares o de alguna escuela rabínica? ¡Qué difícil se nos hace comprender los misterios de Dios!

‘No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa’, les dice Jesús con palabras que se han convertido en sentencia y en refrán. Y como continúa diciendo el evangelista ‘no pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe’, pero como se continúa diciéndonos Jesús continuó con su misión profética por todos los lugares y aldeas de Galilea.

El profeta va lleno del Espíritu del Señor y nada le detiene, hablará las palabras que tiene que decir aunque no sean escuchadas, manifestará las maravillas del Señor aunque no sean reconocidas, seguirá sembrando la semilla de la Palabra de Dios aunque no siempre encuentre la tierra apropiada; en algún lugar brotará esa semilla, algunos terminarán reconociendo las maravillas del Señor, Dios sigue actuando y acercándose a nosotros aunque seamos las tinieblas que rechazamos la luz. Y es que Dios se manifiesta en lo humilde y lo sencillo, se manifiesta en los pequeños y en los parece que no son nada, se acerca a la humanidad para hacer su mismo camino pero para abrir nuevos caminos ante él. Será costosa la misión y tiene mucho de pascua, de pasión y de muerte, pero de la muerte hará resurgir la vida porque ahí está siempre el paso del Señor.

Contemplamos el actuar de Jesús pero en El tenemos que vernos reflejados, no en vano con Cristo nos hemos hecho sacerdotes, profetas y reyes, y esa misión no la podemos abandonar. No siempre nos será fácil, muchas veces también nos encontraremos que no somos aceptados, no a todos va a gustar el anuncio de verdad que tenemos que hacer, pero hay una fidelidad y una lealtad en nuestro corazón que no podemos abandonar; con nosotros está la fuerza del Espíritu del Señor que nos alienta, que pone palabras en nuestros labios, pero que nos transforma para que seamos en verdad testimonio ante el mundo que no nos quiere creer y que en ocasiones tratará de quitarle valor a nuestras palabras. Somos pecadores, es cierto, pero por eso mismo somos testigos de lo que es el amor del Señor, es el hermoso testimonio que tenemos que dar.

martes, 4 de noviembre de 2025

Quiénes nos ven entrar en nuestros templos para nuestras celebraciones noten en nosotros la alegría del encuentro con los demás porque nos sentimos comunidad

 


Quiénes nos ven entrar en nuestros templos para nuestras celebraciones noten en nosotros la alegría del encuentro con los demás porque nos sentimos comunidad

Romanos 12, 5-16ª; Salmo 130;  Lucas 14, 15-24

Tenemos que vernos un día para comer juntos, nos dijo un amigo en alguna ocasión. Te vienes a casa que yo te invito y comemos juntos, y charlamos y pasamos la tarde juntos. Más de una vez quizás nos ha sucedido, pero no habrá sucedido también en más de una ocasión que ese día no ha llegado; no hemos terminado de poner de acuerdo, de que llegue esa ocasión. Quizás nuestras desganas, quizás porque decimos que tenemos tantas cosas que hacer que ni tenemos tiempo, quizás damos largas porque no me apetece, me parece un rollo, no siento que son tan amigos los que me invitan, quizás ando con suspicacias, y aparecen las disculpas, aparecen los despistes – porque cuando no tenemos ganas tenemos el arte de hacernos unos despistados – y no aprovechamos la ocasión para estar con esa persona, para compartir su mesa, para acercarnos un poco más a los demás.

Parece un rollo, pero es así cómo actuamos tantas veces. Y se convierte en una imagen de los intereses de nuestra vida, de la importancia que le damos nuestra relación con los demás, o podemos entrar en un estadio superior y podemos pensar en las invitaciones que recibimos de Dios a las que no hacemos caso tantas veces. Cuántas disculpas nos vamos dando, porque primero que nada tratamos de convencernos a nosotros mismos con esas disculpas, que son pasividades, que son cobardías, que son otros intereses que tenemos en la vida.

Hoy Jesús en el evangelio nos está proponiendo la parábola de los invitados a la boda, pero que rehusaron responder a la invitación. Quiere hablar Jesús del Reino de Dios y emplea la hermosa imagen de un banquete, como un banquete de bodas son sus fiestas y con sus alegrías, al que todos estamos invitados a participar y en el que todos podemos compartir la misma mesa; al final en aquel banquete no se sentaron los podía parecer que eran los invitados principales, sino que al final por el rechazo de algunos, fueron invitados todos los que encontraron en los caminos y la sala se llenó de comensales.

Es cierto que la parábola en una primera lectura está hablando de la situación de los judíos a los que se estaba anunciando el Reino de Dios, que lo rechazan, pero que al mismo tiempo aparece clara la voluntad de Dios de su universalidad.

También andamos tantas veces con nuestras malas voluntades; no siempre estamos dispuestos a escuchar esa invitación que nos está haciendo Jesús para que vivamos el sentido del Reino de Dios; ¿no queremos mezclarnos con todo el mundo? ¿Empezamos a resistirnos a participar de ese banquete del Reino porque Dios nos está pidiendo un corazón con mayor sentido de universalidad pero nosotros seguimos haciéndonos nuestras distinciones? Nos falta tantas veces ese sentido de fiesta y de comunidad; seguimos siendo cumplidores en muchas cosas pero no terminamos de ir al fondo de lo que es el mensaje de Jesús para vivir ese sentido de banquete y banquete festivo todo lo que sea encuentro entre cristianos.

Seguimos con nuestros individualismos en que cada uno va haciendo por si mismo lo que puede pero nos abrimos poco vivir esa comunión con los demás, para celebrar juntos nuestra fe, para juntos cantar con alegría y entusiasmo las alabanzas del Señor, para comenzar a colaborar los unos con los otros en esa tarea común del testimonio que hemos de dar de nuestra fe y de nuestro amor ante el mundo que nos rodea.

¿Quiénes nos ven, por ejemplo, entrar en nuestros templos para nuestras celebraciones litúrgicas notarán en nosotros esa alegría del encuentro con los demás que formamos la misma comunidad? Malamente nos damos los buenos días y cada uno entra por su carril buscando su banco de siempre sin importarle ni mucho ni poco los demás que están allí para una misma celebración. No damos la sensación de una comunidad que se ama y se alegra por encontrarse los unos con los otros sino que cada uno parece que vamos a cumplir con nuestro cupo.

¿Es así cómo damos testimonio del banquete del Reino de los cielos y de la alegría de ser invitados a él? ¿Daremos la impresión que vamos de mala gana porque solo vamos a cumplir? ¿No será una manera de no querer comer en ese banquete al que nos han invitado?

martes, 30 de septiembre de 2025

Evangelizar es hacer una oferta de amor como sentido de vida con el testimonio de nuestra vida que siempre espera respuesta libre

 


Evangelizar es hacer una oferta de amor como sentido de vida con el testimonio de nuestra vida que siempre espera respuesta libre

Zacarías 8,20-23; Salmo 86; Lucas 9,51-56

Quizás porque decimos que somos más civilizados ya no se suele dar con tanta frecuencia aquellas peleas o discusiones entre pueblos cercanos donde siempre lo de mi pueblo es mejor que lo del tuyo. Algo en ocasiones se sigue dando muchas veces quizás desde polémicas entre las fiestas de pueblos vecinos, o incluso en ocasiones dentro del mismo pueblo pues se crean unos bandos según se sea de una parte del pueblo o de otra. Pero siempre ha habido esas rencillas y esas envidias entre pueblos cercanos, en  ocasiones son situaciones verdaderamente pintorescas pero también en cierto modo grave por resentimientos que se crean.  Una guerra de bandos, podríamos decir, unos resentimientos entre pueblos vecinos, unos distanciamientos que pueden dar pie a situaciones que se pueden convertir en algo difícil.

Menciono esto en referencia a lo que nos dice el evangelio. Los discípulos de Jesús que realizaban su subida a Jerusalén atravesando Samaría se encuentran que no son bien recibidos en algún pueblo por el hecho de que iban a la Pascua a Jerusalén. Conocido es, y nos aparecen distintos episodios a lo largo del evangelio, cómo desde la división del Reino judío los samaritanos y los judíos no se llevaban y estaban enfrentados en relación a la situación del Templo, entre el de Jerusalén de todos los judíos y el que se habían levantado en el Reino del Norte, en Samaría como una oposición a Jerusalén.

¿Cómo tú siendo judío me pides de beber a mi que soy samaritana?, le había replicado aquella mujer junto al pozo de Jacob en Samaría. Jesús resaltará, por el contra, en la parábola que fue el samaritano el que se bajó de su cabalgadura para atender al hombre caído mientras el sacerdote y el levita habían pasado de largo. Hoy contemplamos este rechazo por el hecho de ir subiendo a Jerusalén.

Los discípulos que se habían visto rechazo en su fervor por Jesús habían querido hacer bajar fuego del cielo como castigo a quienes no les habían recibido. Pero no es esa la actitud de Jesús. La verdad y el amor no se pueden imponer por la fuerza, tampoco con la violencia es manera de proclamar el Reino de Dios que nos anuncia Jesús. Dios no se impone, solamente ofrece su amor y su salvación a la que nosotros libremente hemos de dar respuesta. La fe no se puede imponer, la fe se ha de contagiar, la fe es una invitación a dar una respuesta con libertad.

¿Habremos llegado a entender de verdad este mensaje de Jesús que nos ofrece hoy el evangelio? Podemos estar muy seguros y muy ciertos de la verdad del evangelio y de la fe que nosotros profesamos, para nosotros es la única salvación, lo único que da vida al hombre, pero la seguridad de los pasos que nosotros damos no se puede imponer a nadie, siempre ha de ser una oferta de amor a la que libremente se da respuesta.

Quizás en la historia, y podemos pensar de forma concreta en nuestra historia personal, la que nosotros hemos vivido, la que se ha desarrollado a nuestro lado, por un fervor mal entendido hemos convertido la transmisión de nuestra fe en una guerra invasiva de la conciencias de los demás. Precisamente porque estamos plenamente convencidos nos hacemos misioneros, llevamos el anuncio a los demás, expresamos nuestro testimonio, pero siempre será una invitación, una invitación hecha desde el amor. Queremos contagiar nuestra fe pero desde el descubrimiento que los otros hacen del testimonio que nosotros le ofrecemos con nuestra vida.

No es un evangelio de palabras y doctrinas que tengamos que aprender, sino que es un anuncio de salvación cuando ayudamos a descubrir un sentido de vida que nos conduce por caminos de plenitud. ¿Será eso en verdad lo que nosotros ofrecemos? Lo malo sería que ya hubiéramos perdido ese sentido de vida y no tengamos nada que ofrecer. Es la frialdad que se ha apoderado de los cristianos que solo lo son de nombre, es la pasividad con que vivimos en nuestras comunidades cristiana donde ya nos falta ese arrojo para hacer el anuncio del evangelio. ¿Dónde están los evangelizadores de nuestro tiempo?

domingo, 14 de septiembre de 2025

Un regalo de amor que Dios nos hace, una luz para nuestras oscuridades, un sentido para nuestra cruz de dolor y sufrimiento, una puerta de salvación

 


Un regalo de amor que Dios nos hace, una luz para nuestras oscuridades, un sentido para nuestra cruz de dolor y sufrimiento, una puerta de salvación

Números 21, 4b-9; Salmo 77; Filipenses 2, 6-11; Juan 3, 13-17

Dos pensamientos como interrogantes me vienen a la mente ante la celebración de este día. Por una parte ¿a quién le gusta la cruz? Sé que muchos fácilmente me responden hablando de su significado religioso conforme a una tradición que hemos seguido desde siglos, podríamos decir; pero hagámonos la pregunta de una forma cruda, ¿a quien le gusta el sufrimiento, la muerte, el dolor, y todas las consecuencias de ignominia incluso que trae consigo una cruz?

Todos rehuimos el sufrimiento, le tememos a la muerte, no nos gusta vernos condenados porque seamos ignorados por los demás o porque tengamos que cargar con el sambenito de algo que echan sobre nosotros. Sabemos que para algunos incluso pudiera sonar a una incongruencia el hablar tanto de la muerte y de la cruz, y sé que en ciertos ambientes incluso se rehuye el hablar del tema, se evita a los niños, los jóvenes lo ignoran, etc., etc.…

La otra cuestión que me viene a la mente está en preguntar sobre quien es capaz después de haber recibido el rechazo de alguien además quizás hasta de una forma violenta, luego es capaz de hacer los mejores regalos a esa persona que tanta ignominia, por ejemplo, ha cargado sobre ella. ¿Qué pensaríamos de una persona que tuviera esa forma de actuar? Algunos dirían, incluso, que eso es una locura, a quien me hizo daño o me rechazó hacerle los mejores regalos. Con lo fáciles que somos para tener reacciones de rencor y resentimiento, para dejar de hablar de forma fulminante con quien creemos que nos ha hecho daño, de cómo ignoramos inmediatamente a esas personas y las alejamos de nuestra vida. Estamos viendo continuamente esa acritud y resentimientos que se manifiestan de tantas maneras en nuestra sociedad.

¿Podríamos, entonces, llegar a entender en toda profundidad lo que hoy se nos dice en la Palabra de Dios? Rechazamos a Dios y Dios viene en nuestra búsqueda con los mejores regalos de amor. Rechazamos a Dios, sí, en esa negación de Dios que hacemos en la práctica de nuestra vida; está ese rechazo de Dios, de todo lo que tenga un sentido religioso que contemplamos hoy en nuestra sociedad; rechazo de Dios es esa inhumanidad con la que vivimos que no solo es el olvido, la forma con que nos ignoramos los unos a los otros, que de alguna forma es un alejarnos del principios del evangelio que de alguna manera a través de los siglos habíamos querido que fuera el fundamento de nuestra sociedad, que por eso mismo la llamábamos cristiana; claro que pensamos también en todos los que luchan directamente contra todo lo que tenga un sabor cristiano o religioso queriendo imponer una sociedad pagana en el hoy de nuestro mundo. Estamos haciendo desaparecer de nuestras calles incluso todo lo que sea un signo religioso o tenga un sabor cristiano. Es una realidad que tenemos ahí ante nosotros.

Pero aquí es donde tenemos que escuchar el mensaje de la cruz y el mensaje que hoy quiere transmitirnos la Palabra de Dios. El amor de Dios no nos falla, Dios sigue amando al hombre y al mundo a pesar de nuestro rechazo; Dios sigue ofreciéndonos el mejor regalo que es su amor y que se nos manifiesta precisamente en Jesús y en su muerte en la cruz.

Esa cruz que por una parte nos puede representar todo lo que es el dolor del hombre, de una humanidad rota y destrozada; una cruz que nos manifiesta y nos recuerda sufrimientos y muerte, nos recuerda la inhumanidad con que vivimos y nos seguimos matando los unos a los otros con nuestras guerras y nuestra destrucción, que muchas veces concretamos demasiado fácilmente en estos focos calientes de muerte y destrucción de los que con tanta intensidad nos hablan los medios de comunicación, pero que es también esa violencia con que nos tratamos los unos a los otros, con esa violencia con la que algunas veces nos queremos manifestar en contra de la violencia de la guerras - ¿en qué nos diferenciamos? -, esa violencia de gestos y palabras con las que nos queremos desprestigiarnos los unos a los otros y hasta destruirnos.

Pero la cruz quiere decirnos algo más, porque a nosotros nos habla de amor y de grano de trigo enterrado para hacer germinar la planta de una vida nueva. Por eso cuando hoy nosotros contemplamos la cruz al mismo tiempo recordamos ese regalo de amor que Dios quiere hacernos, a pesar de nuestros rechazos, o a pesar de tanta búsqueda de muerte en la que estamos andando en nuestra vida.

Hoy nos lo ha dicho el evangelio cuando nos narra ese episodio de aquel hombre que desde su noche acudió a Jesús y en Él descubrió lo que era el germen de verdad de una vida nueva. Había que nacer de nuevo le decía Jesús a Nicodemo, aunque a este en principio le costará entenderlo. Pero ahí está la Palabra que nos habla de ese amor de Dios, que tanto ama a ese mundo oscuro que ha preferido las tinieblas a la luz que le envía el mejor regalo de amor, porque nos entregó a su Hijo.

Y esto es lo que tenemos que contemplar en la cruz, esto es lo que hace que hoy la celebramos en esta fiesta de la Exaltación de la santa Cruz. Por en esa cruz está un nombre sobre todo nombre, como decía el Apóstol San Pablo. Y como continuaba diciéndonos ‘al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: ¡Jesucristo es Señor!, para gloria de Dios Padre’. Así nos diría el evangelio, ‘porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo sino para que el mundo se salve por Él’.

Encontramos así respuesta a aquellos interrogantes que nos hacíamos al principio. No es muerte, sino que es vida; no es condenación sino salvación. Es el regalo que Dios sigue haciéndonos y que así se nos manifiesta. Es el recuerdo permanente que ante nuestros ojos tenemos, no de una forma mágica, sino como un camino exigente que nos hace entrar en una senda nueva y que nos lleva a una vida nueva.

Es una luz para nuestras cruces y sufrimientos, que levanta las oscuridades que nos aparecen de una forma o de otra en nuestra vida y nos hacen encontrar un sentido incluso al sufrimiento y a la muerte. Nos detenemos quizás con temblor ante esa cruz que se nos presenta en la vida y que no siempre entendemos, pero en Jesús encontramos respuesta, en Jesús nos llenaremos de nuevo de paz.


miércoles, 2 de julio de 2025

El evangelio ha de ser siempre un impacto de vida que nos haga salirnos de nosotros mismos y nuestros apegos y rutinas para vivir intensamente la novedad de vida que nos ofrece

 


El evangelio ha de ser siempre un impacto de vida que nos haga salirnos de nosotros mismos y nuestros apegos y rutinas para vivir intensamente la novedad de vida que nos ofrece

Génesis 21,5.8-20; Salmo 33; Mateo 8,28-34

¿Cómo nos enfrentamos a las situaciones difíciles, o al mal con que nos topamos diariamente en la vida? ¿Nos damos por derrotados viendo la inmensidad a la que tenemos que enfrentarnos, o nos vamos ingeniando, o buscando ayuda, o dejando que otros también puedan iluminar nuestra mente para afrontarlo y para buscar cómo salir cómo vencer en aquella situación en que nos encontramos? Algunos sintiéndose derrotados se resignan y hasta ese sentimiento queremos darle un valor cristiano, o se dan a la huida, o rechazan todo lo bueno que se les pueda ofrecer.

Como cristianos amantes de la vida, como creyentes en Jesús que nos ha dicho que Él ha vencido al mundo, aunque nos pueda parecer derrotado en una muerte de cruz, ¿qué es lo que tenemos que hacer? El evangelio siempre es un camino o nos abre caminos, nos da pautas o se convierte en una luz que guía nuestra vida.

Hoy nos encontramos con una situación que desde una lectura un tanto superficial nos pueda parecer paradójica. Jesús se acerca a una región que no es totalmente judía, la región de los gerasenos y allí se va a encontrar con una situación, que en principio vamos a llamar difícil. Dos hombres poseídos por el espíritu del mal tienen aterrorizados a todos los habitantes. Pero a la llegada de Jesús, estos hombres poseídos por el mal se acercan a Jesús. Pareciera una actitud de rechazo, porque sienten que en Jesús llega la verdadera liberación.

Podríamos decir que hay un diálogo y un acuerdo final. Jesús libera a aquellos hombres de su mal, aunque sus espíritus vayan a poseer a una piara de cerdos que está osando por los derredores y que se arrojarán al lago pereciendo todos con escándalo para quienes los cuidaban que se ven desposeídos, por así decirlo, de sus ganancias. Pero aquellos hombres están liberados de su mal. Más tarde se dirá que quieren seguir a Jesús pero Jesús les conmina para que vayan a dar testimonio ante sus vecinos de lo que Dios ha hecho con ellos. Aunque habían estado poseídos por el mal, habían buscado a Jesús, es una primera conclusión.

Pero ahora las gentes del pueblo, a pesar de haber visto liberados del tormento de aquellos endemoniados, vienen a pedirle a Jesús que se marche a otros lugares. ¿Qué había pasado? Sus intereses se habían puesto en entredicho con la presencia de Jesús. En aquellos cerdos estaban sus ganancias que ahora perdían. ¿Y si fueran muchas más las cosas de sus intereses que se pusieran en entredicho por la presencia de Jesús entre ellos? Algunas cosas tendrían que cambiar en sus vidas, pero parece ser que ellos se encontraban bien como estaban, Jesús era para ellos una molestia.

¿También nos dejaremos arrastrar por unos intereses, que pueden ser de muchas clases ciertamente y eso nos motivará a rechazar una nueva forma de vivir? Nos olvidamos muchas veces de la verdadera liberación que con Jesús vamos a encontrar y preferimos seguir con nuestras ataduras, nuestras viejas costumbres que no queremos renovar, con nuestras rutinas que nos llevan a una vida cómoda y sin esfuerzo de las que no queremos arrancarnos; y ponemos nuestras excusas, es que siempre se ha hecho así, es que a estas alturas de mi vida cómo voy a cambiar, es que es lo que hace todo el mundo y le va bien, y seguimos con una letanía interminable de excusas, pero no queremos el cambio, no buscamos lo nuevo, no nos dejamos transformar por lo que nos dice el evangelio.

¿También queremos huir, irnos a otra parte, encerrarnos en nuestro castillo, hacernos los oídos sordos?


sábado, 24 de mayo de 2025

¿Seremos capaces de una vez por todas los cristianos de dar la cara valientemente por nuestra fe en medio del mundo?

 


¿Seremos capaces de una vez por todas los cristianos de dar la cara valientemente por nuestra fe en medio del mundo?

 Hechos 16, 1-10; Salmo 99; Juan 15, 18-21

En ocasiones nos sucede que no entendemos las cosas que nos suceden, las reacciones de personas que en principio se habían mostrado muy amigables y parecía que prometía una hermosa amistad, pero que en determinado momento cuando fueron conociendo nuestros criterios, nuestra manera de entender las cosas  muy diferente de lo que son sus planes de vida, aunque nosotros nos mostráramos dialogantes y amigables fueron como olvidándose de nosotros, haciendo un aparte y alejándose; nos rechazan porque no somos como ellos, nos rechazan porque nosotros otro sentido de la vida, les resultamos incómodos porque quizás nuestras posturas y actitudes son como una denuncia en su conciencia de que tendrían que ser de otra manera. Y todo queda bien cuando nos abandonan pero no se convierten en nuestros enemigos encarnizados.

He hablado de generalidades de la vida, pero tiene una aplicación muy concreta cuando andamos en los caminos de la fe, de la vida cristiana y de nuestra concepción del mundo y de la vida desde el evangelio, desde el seguimiento de Cristo. Es de lo que Jesús nos quiere hablar hoy en este evangelio que se nos ofrece. Claramente nos dice ‘Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros’.

Y ¿por qué nos va a odiar el mundo? Somos del mundo y en el mundo estamos pero no podemos vivir a la manera del mundo. Es el testimonio claro que tiene que dar todo cristiano. Aunque nos rechacen, aunque vayan contra nosotros, aunque esto pueda significar luego que nosotros nos podemos sentir incómodos en medio del mundo. Son las persecuciones de las que nos habla la historia del cristianismo. Fue la historia de Jesús, como El mismo nos dice.

Es la responsabilidad con que tenemos que vivir nuestra fe. No queremos simplemente realizar unos actos bonitos que entretenga a la gente, que encandile y nos haga vivir en sueños alejándonos de lo que es la realidad de la vida, que nos llene de fantasías que vengan como encubrir brillos de poder y de dominio. El seguimiento de Jesús nos exige despojarnos de mantos y atarnos bien la cintura con la toalla con la que vamos a lavar los pies de los demás, con la que vamos a enjugar las lagrimas del sufrimiento que se derraman de muchos corazones, el seguimiento de Jesús nos hace bajarnos de nuestros caballos para ceder nuestro lugar a los heridos que encontramos por el camino, embarrarnos en los lodos del camino porque queremos ir tendiendo manos que levanten, que lleven a la piscina de la purificación, que ayuden a hacer el camino de los que se van arrastrando por la vida.

Un estilo de vida así choca, llama la atención, despierta sensibilidades que no todos están dispuestos a despertar, provoca a los que se sienten cómodos en sus rutinas de las que no quieren salir, molesta a los que quieren seguir envueltos en sus algodones o en sus vanidades porque les duele tener que ponerse el delantal del servicio, resulta incomodo porque nos recuerda el sonido de las monedas de nuestros bolsillos de las que no queremos desprendernos para compartirlas con los que menos tienen.

Por eso un verdadero cristiano va a resultar incomodo en medio de este mundo de vanidades y de orgullos, de individualismo y de insolidaridad. Pero lo peor está en que seamos los cristianos los que nos acomodemos al estilo del mundo, porque a ellos queremos parecernos. Hacen falta testimonios valientes, cristianos decididos dispuestos a dar la cara por nuestra fe, aunque nos rechacen o aunque quieran quitarnos de en medio, como está resultando hoy en nuestra sociedad en la que se quiere ningunear a la Iglesia, a la que se quiere achacar todos los defectos, a la que se quiere encerrar en las sacristías y no quieren que se palabra resulte fuerte en medio de la sociedad, que necesita también escuchar esa voz.

¿Seremos capaces de una vez por todas los cristianos de dar la cara valientemente por nuestra fe en medio del mundo?