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martes, 31 de marzo de 2026

Fáciles para la promesa entusiasmada pero pronto también para con nuestros miedos y cobardías querer salvar nuestros intereses aunque tengamos que negar lo más sagrado

 


Fáciles para la promesa entusiasmada pero pronto también para con nuestros miedos y cobardías querer salvar nuestros intereses aunque tengamos que negar lo más sagrado

Isaías 49, 1-6; Salmo 70; Juan 13, 21-33. 36-38

Qué fáciles somos para las promesas en los momentos de entusiasmo. A veces las cosas nos parece que marchan bien y en nuestra mente nos creamos castillos en el aire, que pronto veremos quizás que se nos caen como un castillo de naipes que al menor movimiento de alguna de las fichas se viene abajo. Así nos entusiasmamos en muchos momentos de la vida, momentos de euforia y de felicidad y ya pensamos que todo siempre va a marchar sobre ruedas, momentos de fervor espiritual y nos hacemos mil propósitos, y nos decimos que las cosas ya no van a ser como antes pero pronto nos damos cuenta que la vida es más difícil y más dura, y nos faltan las fuerzas, o nos volvemos a encantar con las cosas de antes y todo se vuelve como una pendiente en que todo va resbalando y termina en una perdición.

Así Vivian momentos de entusiasmo los discípulos con Jesús sobre todo cuando veían que la gente le seguía y acudían a El de todas partes y parecía que aquello se convertía en un camino de triunfo; de ahí sus sueños, porque ya estaban aspirando a ver qué puesto les iba a tocar en ese reino que con el Mesías se iba a instaurar. ¿No recordamos el entusiasmo de Pedro en el Tabor que ya estaba allí montando tres tiendas para Jesús, Moisés y Elías, olvidándose incluso de que ellos también estaban allí en el descampado y quizás las pudieran necesitar?

Son las emociones de la cena pascual lo que nos trasmite hoy el evangelio. Hoy se nos sitúa un pequeño marco de aquella cena donde se van a pronunciar palabras muy solemnes y de mucha trascendencia. Porque Jesús comienza anunciando una traición; y todos se revuelven porque les parece algo incomprensible, Juan en la cercanía de Jesús alrededor de la mesa se atreve a preguntar como en secreto a Jesús. Y Jesús untando un trozo de pan lo entrega a Judas indicándole que lo que ha de hacer que lo haga pronto. El resto no entiende, porque pensaban que era algún preparativo que Jesús le había encargado para la fiesta. Y Judas sale del Cenáculo, diciéndonos el evangelista que era de noche. De la luz se fue a la oscuridad, un tremendo y trágico signo por cuanto había de suceder. Un tremendo y trágico signo en el que tantas veces quizás nosotros también nos vemos envueltos.

Y Jesús presintiendo ya la pasión que iba a vivir a partir de ese momento sin embargo habla de glorificación. En un sentido muy a ras de tierra parecen palabras incomprensibles como les está resultado a los que quedan alrededor de la mesa. Jesús habla en cierto modo de su soledad, porque ellos no podrán seguirle, ¿o no serán capaces de seguirle?, tendríamos que preguntarnos porque quizás es también la misma debilidad que nosotros tenemos en la que no terminamos de mantener nuestra fidelidad. Cuántos tropiezos y caídas, cuántas marchas atrás y traiciones, cuántas veces nos quedamos por camino con nuestros cansancios o con nuestras desilusiones.

Pero allí está Pedro como siempre dispuesto a todo, aunque un día cuando Jesús anunciaba su pasión decía que eso no podía pasarle y trataba de disuadir a Jesús; pero ahora parece que está firme en su voluntad, ‘aunque todos te abandonen, yo no’, es la porfía con la que Pedro quiere presentar su disponibilidad. Bueno, llegaría a buscarse una espada que llevar consigo, como aparecerá en el huerto de Getsemaní.

Pero para él también tiene Jesús un anuncio. ‘¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces’. Ya sabemos lo que sucedió más tarde. Pedro como todos cuando llegó la hora del prendimiento lo habían abandonado y se habían dispersado. Más tarde se atrevió a acercarse por el patio del Pontífice y había caído en la trampa porque hasta su hablar lo delataba como galilea y entonces amigo del Galileo que estaban juzgando y condenando; alguno incluso lo reconocería por haberlo visto en el huerto. Y vienen las negaciones, el recular y el querer esconderse, el no reconocer que conocía a Jesús quien tantas veces le había manifestado su cariño y su amor, quien había dicho las más bellas palabras sobre Jesús, aunque inspirado por el Padre del cielo.

¿No es también el camino que nosotros tantas veces hacemos? Pedro también se metió en las sombras de la noche, como tantas veces nos sucede a nosotros. Las tinieblas prefirieron la oscuridad a la luz, como nos decía el evangelio de san Juan. ‘Vino a los suyos y los suyos no lo reconocieron’, y seguimos tantas veces sin reconocerle, o sin dar la cara por El. ¿Esta Pascua que vamos a vivir significará ya ese cambio definitivo porque vamos siempre a preferir la luz?

martes, 15 de abril de 2025

A pesar de nuestras oscuridades, negaciones y traiciones, tenemos que recordar que somos hijos amados de Dios y que la gloria del Señor está también en nosotros

 


A pesar de nuestras oscuridades, negaciones y traiciones, tenemos que recordar que somos hijos amados de Dios y que la gloria del Señor está también en nosotros

 Isaías 49, 1-6; Salmo 70; Juan 13, 21-33. 36-38

El camino de la vida no es siempre fácil; aparecen los cansancios y los desánimos, momentos de dificultad y de sufrimiento ante los problemas que no nos faltan, ante la situaciones de enfermedad que van surgiendo, en los encontronazos que vamos teniendo en la vida porque la convivencia no es fácil, porque no siempre nos entendemos, porque afloran resentimientos y orgullos mal curados; nos sentimos débiles, nos sentimos solos en ocasiones, no nos parece que seamos escuchados en nuestras suplicas, y nuestro corazón se llena de tormento y de desesperanza. Nos preguntamos muchas cosas, muchos por qué que no entendemos, y tenemos el peligro de verlo todo sin sentido y la tentación incluso de tirar la toalla.

El cántico del siervo de Yahvé que se nos ofrece en la primera lectura es ese cántico atormentado por el que nosotros a veces pasamos en la vida. Sin embargo aquel siervo de Yahvé se siente llamado desde las entrañas de su madre a una misión que Dios le va a confiar, se sabe elegido y amado de Dios, aunque ahora no entienda por lo que está pasando y por eso se hace muchas preguntas.

Como nosotros tantas veces en la vida, porque lo sabemos, que Dios nos ama y que también nuestro lugar en la vida tiene un sentido y una misión, aunque muchas veces nos sintamos envueltos en esas tinieblas de duda y de tentación. Es de donde tenemos que levantarnos sin perder la fe y la esperanza, porque Dios ha puesto una luz en nuestro corazón con la que también tenemos que alumbrar a los demás. Es momento de reavivar nuestra fe, de sacar a flote nuestra esperanza, de continuar firmes nuestros pasos en el camino para cumplir nuestra misión en la tierra.

¿Pasaría Jesús por esos momentos de oscuridad antes de comenzar su pasión? Lo que hoy nos relata el evangelio son partes de lo acaecido aquella noche en la cena pascual. Podíamos decir que hay un momento de desahogo de Jesús. Lleva tiempo con aquellos discípulos a quienes ha querido constituir apóstoles porque van a ser sus enviados, a ellos les va a confiar una misión. ¿Cómo andan los ánimos de los discípulos ahora que barruntan que algo especial va a suceder, porque no entienden a pesar de lo claro que Jesús les ha hablado tantas veces?

Nos dice el evangelista que ‘estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo: En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar…’ De alguna manera también los discípulos se quedan desconcertados. ‘Se miraron unos a otro perplejos porque no sabían lo que decía’. Se cruzan las miradas llenas de perplejidad e interrogantes, como las señas que le hará Pedro a Juan que estaba más cerca de Jesús, casi recostado sobre su pecho. ‘Señor, ¿quién es?’ Dolor, sentimiento de traición, desilusión, fracaso, frustración, abandono… ¿será un adelanto de lo que va a ser su oración en Getsemaní?

Jesús solamente tomará un trozo de pan untado que se lo da Judas diciéndole ‘lo que tienes que hacer hazlo pronto’. Judas se marchará a la noche, significativa imagen de la noche de la traición en la que se había sumergido, pero los discípulos siguen sin entender. Pedro, como siempre en su fervor por Jesús, porfiará que está dispuesto a dar la vida por Jesús, que sin embargo le anunciará que antes que el gallo cante – el canto de la madrugada antes de que amanezca de nuevo la luz del día, cosa bien significativa – le habrá negado tres veces.

Pero Jesús habla de que ha llegado la hora de la glorificación. ‘Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará’. Lo que parece que pudieran ser momentos de sombras y de tinieblas es sin embargo donde va a manifestarse la gloria de Dios. En el Tabor, en aquel momento sublime en que se manifestaba en su transfiguración la gloria del Señor, sin embargo Jesús con Moisés y Elías hablaban de la pasión que Jesús iba a sufrir. Y en aquel momento se escucharía la voz desde el cielo señalándolo como el Hijo amado y predilecto del Padre a quien habíamos de escuchar. Y ahora se va a manifestar lo que es ese amor de Dios, que tanto nos ama que nos entrega a su Hijo para nuestra salvación. Es su misión, la misión del enviado del Padre, manifestarnos el rostro amoroso de Dios.

A pesar de nuestras oscuridades, a pesar de los sinsabores a los que tenemos que enfrentarnos en la vida ¿no tendríamos que recordar también que somos hijos amados de Dios y que la gloria del Señor está también en nosotros? ¿No será esa la fuerza que nos hará levantarnos de nuestros cansancios y nuestros desánimos?

lunes, 14 de abril de 2025

Detente en tu camino y mira a quienes están al borde y con quienes nadie habla o a quienes nadie escucha, cuánto perfume podemos derramar

 


Detente en tu camino y mira a quienes están al borde y con quienes nadie habla o a quienes nadie escucha, cuánto perfume podemos derramar

Isaías 42, 1-7; Salmo 26;  Juan 12, 1-11

Cuando a nuestro lado alguien hace algo que no cae dentro de nuestros esquemas tenemos la tentación de minimizar aquello que haya hecho o incluso a la persona que lo ha hecho, porque nos puede parecer que son cosas de gente simple, gente que no consideramos a nuestra altura o pensamos que haciéndolo a nuestra manera o si lo hacemos nosotros sí tendría valor o podría ser significativo; es como si solo nosotros sabemos hacer las cosas bien y que tienen su valor. Descartamos lo que pudieran hacer los que no piensan como nosotros y si estuviera en nuestras manos lo destruiríamos; así vamos por la vida destruyendo en lugar de construir, arrimando a un lado lo que es obra de nuestros oponentes en lugar de aprovechar lo bueno que siempre podemos encontrar; siempre vemos torcidas intenciones en lo que hacen los otros cuando quizás seamos nosotros los que tenemos el corazón retorcido.

El hecho que nos narra hoy el evangelio sucedió después de lo del episodio de la resurrección de Lázaro; la familia le ofrece una comida a Jesús y a sus discípulos; ¿una forma de mostrar su gratitud por las maravillas que Dios obró en ellos a través de la acción de Jesús? La hermana de Lázaro que en otras ocasiones que había quedado postrada a los pies de Jesús para no dejar de escucharle, es ahora la que de nuevo se postra a sus pies pero para ungírselos con un caro perfume.

Podríamos pensar en una forma de realizar el gesto de la hospitalidad de ofrecer agua y perfumes a los huéspedes recibidos en casa, como eran tan propio de las gentes de aquel tiempo. Pero aquel perfume era tan intenso, lo que significaría lo costoso que podría haber resultado, que los envolvió a todos en la sala y de ahí surgirían los comentarios como suele suceder.

Pero el comentario que podría hacer más daño fue el de Judas Iscariote. Aquello parecía un derroche de dinero innecesario; cuántas cosas buenas se podían hacer con el precio de aquel perfume, a cuántos pobres se podría alimentar. Pero ya el evangelista hace un apunte a estas palabras del Iscariote ‘Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando’. Es también lo que en principio habíamos comentado, cuando las cosas de los demás no van en consonancia con nosotros qué prontos estamos para desprestigiar, para quitar valor, para restarle importancia a los gestos que entonces para nosotros nos pueden parecer innecesarios.

Pero importantes son las palabras de Jesús. ‘Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis’. Jesus sí valora el gesto de aquella mujer como un día también había valorado el gesto de la mujer pecadora que también le había no solo lavado los pies con sus lágrimas sino que también se los había ungido. Valoraba el valor de aquella mujer que se sentía pecadora pero que ahora envolvía su vida con el manto del amor. Había amado mucho, como ahora también María de Betania.

Algunas veces se interpretan estas palabras de Jesús para gastarnos dineros y esfuerzos en vanas ostentaciones, en la riqueza de unos ornamentos o en los gastos en flores que hagamos por ostentaciones y vanidad en nuestras iglesias en muchas ocasiones. Lo mejor para el Señor, decimos. Y está bien, pero ¿qué es lo mejor y lo más valioso?

¿No nos estará señalando la Palabra de Dios escuchada a los pobres a los que tendríamos que ungir? Es cierto que recordamos aquello otro del evangelio de que vendamos lo que tengamos para repartirlo entre los pobres para tener un tesoro en el cielo, pero algo más que dinero podemos y tenemos que ofrecer que muchas veces nos pueda resultar más costoso. Quizás damos una limosna pero no miramos a los ojos del aquel con quien compartimos. ¿Será esa la forma de hacerlo? Detente más en el camino de la vida y ponte a hablar con el caminante o con aquel que está al borde de ese camino. Si fuéramos más atentos por la vida nos daríamos cuenta de la cantidad de personas que están al borde del camino con quienes nadie se detiene, con quienes nadie habla, por quienes nadie muestra interés. Cuántas soledades podemos encontrar, cuantos desahogos que escuchar, cuántas palabras buenas que podemos decir, cuántos silencios podemos compartir, cuánto perfume tenemos que derramar.

martes, 26 de marzo de 2024

Recostémonos en el pecho de Jesús para sentir el latido de su corazón y, aunque mucho sea nuestro pecado, escucharemos el latir de la misericordia y del perdón

 


Recostémonos en el pecho de Jesús para sentir el latido de su corazón y, aunque mucho sea nuestro pecado, escucharemos el latir de la misericordia y del perdón

Isaías 49, 1-6; Salmo 70; Juan 13, 21-33. 36-38

Hay momentos en que afloran las emociones y nos sentimos incapaces de controlarlas. Hasta la persona más fría del mundo, la que nos parece que nunca se inmuta, aquel que parece que se ha cubierto con una coraza para no dejar entrever cuales son sus sentimientos también tiene un momento en el que el control desaparece y afloran todas sus emociones.

Algunas veces parece que tenemos que mostrarnos duros e insensibles, no queremos dejar trasparentar lo que llevamos por dentro, porque nos parece quizás una falta de dominio de nosotros mismos, o porque queremos aparentar una fortaleza que quizás en el fondo no tenemos tanto como queremos insinuar; pero nos hace falta dejar trasparentar nuestras emociones para ser más humanos, eso forma parte de nuestra vida, de lo que somos, porque todo no es un fría cabeza sino que están los sentimientos que se desprender del corazón, y eso es también vida nuestra. Cuidado que esas insensibilidades aparentes sean orgullos ocultos, pero que son muy reales en nuestra vida y que por otra parte tanto daño nos puede hacer.

El evangelio que se nos ofrece en este martes santo es un evangelio donde afloran las emociones. Sí, podemos decir, Jesús está emocionado por el momento. Démonos cuenta que este episodio que ahora se nos narra está enmarcado en aquella última cena, la cena pascual que Jesús quiso hacer con sus discípulos como un anticipo o como un principio de lo que iba a ser su Pascua. En dos momentos de esta noche expresará Jesús la tristeza de su espíritu y cuanto ha deseado comer aquella pascua con sus discípulos. Al comienzo de la cena, y luego lo repetirá en su entrada en Getsemaní.

Parece como si en su emoción por el momento se le escapara lo que iba a suceder precisamente a partir de las actitudes de ellos. ‘Uno de vosotros me va a entregar’. Pero al mismo tiempo es su entrega, como así lo había manifestado, nadie le arrebata la vida, sino que El la entrega libremente. Pero por medio anda quien lo va a traicionar, o quienes lo van a traicionar. Pensamos siempre en Judas, a quien le da un poco de pan untado en aquella salsa que preparaban para comer el cordero pascual, pero a él le dice que lo que tiene que hacer que lo haga pronto. No entenderá el resto, que piensa en algún encargo de Jesús a quien era encargado de llevar la bolsa común. Pero cuando salió Judas ‘era de noche’, la oscuridad de la noche lo envolvía.

Allá queda el resto con sus buenos deseos, porque no terminaban comprender lo de la traición y la entrega, estarán dispuestos a todo por Jesús como se adelantará a decir Pedro. Siempre adelantándose sin darse cuenta que el espíritu puede estar pronto pero la carne es débil. Luego se dejará dormir en el huerto cuando Jesús les pide que oren en aquella hora tan importante. Pero Pedro siempre porfiando va a recibir el anuncio más terrible que pudiera escuchar, aunque siga sin comprender. ‘¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces’. Así a suceder antes que el gallo cante en esa noche. Sigue estando presente la noche.

Pero hay uno de quien tenemos que aprender que se ha recostado sobre el pecho de Jesús. Por algo será el discípulo amado, como tantas veces va a ser reconocido así y no por su nombre en el evangelio. Podía sentir el palpitar del corazón de Cristo. Podía él palpitar también al mismo ritmo y con el mismo amor. Suyas pueden hacer sus emociones y su sensibilidad, con Jesús podrá subir a una altura espiritual que quizás otros no podrán alcanzar.

¿Quién será el mejor que nos habla de la luz que quiere ser anulada por las tinieblas pero que será quien nos ilumine el camino, de la vida que tiene la última palabra sobre la muerte porque habrá resurrección, de la verdad porque en el espíritu de Jesús vamos a encontrar la verdadera sabiduría, del amor y de la intensidad con que hemos de vivirlo, del camino para seguir a Jesús que es Jesús mismo? Todo su evangelio estará lleno de estas imágenes que por si mismas nos están hablando de lo más profundo de Jesús.


Recostémonos en el pecho de Jesús para sentir el latido de su corazón, y aunque muchas hayan sido nuestras traiciones y negaciones, mucho sea nuestro pecado, escucharemos el latir de la misericordia y del perdón.

miércoles, 5 de abril de 2023

Estamos en los momentos de los preparativos últimos y es necesario que terminemos de decidirnos a dar el paso que necesitamos para que haya pascua en nosotros

 


Estamos en los momentos de los preparativos últimos y es necesario que terminemos de decidirnos a dar el paso que necesitamos para que haya pascua en nosotros

Isaías 50, 4-9ª; Sal 68; Mateo 26, 14-25

Cuando llegan los momentos previos a un acontecimiento importante vienen las carreras y las prisas por tenerlo todo preparado; normalmente con antelación suficiente se tiene previsto todo lo que ha de suceder y todo lo que ha de hacerse, pero quizá no siempre somos lo suficientemente previsores y las cosas se nos agolpan en el ultimo momento.

¿Nos encontraremos nosotros en un momento así? Antes de respondernos vamos a fijarnos en lo que nos ofrece el evangelio de la liturgia de este día. Son los preparativos de la pascua, de aquella pascua tan especial que en aquel momento se había de vivir. Eran los preparativos de donde había de celebrarse aquella cena pascual; Jesús y los discípulos realmente no tenían un lugar propio en Jerusalén, puesto que ellos realmente venían de Galilea; pero eran también la situación de tantos peregrinos que aquellos días habían subido a Jerusalén para la fiesta de la pascua, quizá tendríamos que valorar la generosidad de las gentes de Jerusalén que ofrecían sus hogares a los peregrinos facilitando así la cena pascual para todos. Es por donde van los discípulos cuando le preguntan a Jesús dónde quiere que le preparen la celebración de la cena pascual. Ya escuchamos en el evangelio los detalles.

Pero hay más preparativos para aquella pascua, pues uno de los doce ha actuado por su cuenta - ¿insatisfecho quizá por los caminos que tomaban los anuncios del Reino que Jesús venía haciendo? -, y por su cuenta se ha presentado a las autoridades del pueblo para ofrecerse para que pudieran conseguir lo que tanto anhelaban, quitarse de en medio a Jesús. ‘¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?’ Ya sabemos cómo se desarrollaron los acontecimientos. Pero aquello hemos de reconocer que fue también preparativo para la pascua.

Sentados ya a la mesa para la Pascua Jesús desvela lo que está sucediendo, aunque, aún con el asombro, los discípulos no terminan de entender. ‘En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar’. Todos se preguntan, ‘¿soy yo acaso, Señor?’ Momentos duros y difíciles. Uno de los que está sentado a la mesa, mojando en el mismo plato que Jesús lo va a entregar. ‘El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!’ Y ya sabemos cómo se siguieron desarrollando los acontecimientos.

Volvamos a la pregunta que nos hacíamos donde realmente nosotros también nos vemos implicados en la preparación de esta Pascua. En esas andamos y ya sabemos de las carreras y de los trabajos extraordinarios que estos días se realizan en nuestras Iglesias y parroquias. Cuántas cosas hay que preparar. Pero ¿cuáles son las realmente importantes? Porque también tendríamos que preguntarnos no tanto dónde sino cómo quiere Jesús que nos preparemos para esta Pascua.

Todos nosotros de alguna manera hemos venido repitiendo en nuestra vida esto mismo que hoy se nos narra en el evangelio. Nos quedamos quizás muchas veces en esos preparativos materiales – recuerdo cómo nuestras madres nos preparaban ropas nuevas para la semana santa – pero también todos hemos puesto nuestra mano en todo lo que ha llevado a la muerte de Jesús. ¿Como Judas que lo traicionó y lo vendió por unas monedas?, ¿como Pedro que negó conocer a Jesús cuando se vio comprometido con las afirmaciones y preguntas de los que estaban allí en el patio alrededor del fuego?

Aquí tenemos que mirar nuestra vida, con nuestros entusiasmos y con nuestras flaquezas, con nuestros momentos de fervor y nuestros decaimientos y desilusiones, con nuestras promesas de buenas palabras pero con la inconstancia del que pronto se cansa y quiere buscar otras soluciones… en muchas cosas tendríamos que pensar porque es por nosotros por quienes Jesús se va a entregar, va a derramar su sangre, va a llegar a lo alto de la cruz. Sí, tendremos que mirar a lo alto de la cruz, porque allí lo hemos puesto, allí lo hemos llevado, pero sabiendo que ha sido levantado en lo alto para que alcancemos la salvación.

Miramos lo que ha sido nuestro pasado que nos ha conducido hasta aquí, como ha conducido a Jesús hasta la cruz, pero miramos lo que ahora hacemos, lo que ahora tenemos que hacer, cómo vamos a celebrar la cena pascual, cómo vamos a vivir la Pascua. Estamos en los momentos de los preparativos últimos y es necesario que terminemos de decidirnos a dar el paso que necesitamos. Para que haya Pascua y pueda haber vida nueva en nosotros. ¿Qué estamos dispuestos a hacer?

martes, 4 de abril de 2023

Errores, tropiezos, incongruencias, traiciones, negaciones… siempre se van repitiendo a pesar de nuestros buenos deseos, no dejemos que las sombras de la noche nos envuelvan

 


Errores, tropiezos, incongruencias, traiciones, negaciones… siempre se van repitiendo a pesar de nuestros buenos deseos, no dejemos que las sombras de la noche nos envuelvan

Isaías 49, 1-6; Sal 70; Juan 13, 21-33. 36-38

Nuestra vida se nos llena en muchas ocasiones de contradicciones e incongruencias como si no supiéramos lo que queremos o lo que buscamos; tenemos momentos de entusiasmo, tras los que viene pronto el sentirnos como derrotados, y comenzamos a actuar de manera distinta en contradicción quizá con lo que antes queríamos vivir o veíamos tan fácil. Contratiempos que  nos aparecen, insatisfacciones porque las cosas no son como nosotros pensábamos o soñábamos, un desaire que nos afectó o una situación difícil que vimos en alguien en quien habíamos puesto nuestra confianza, momentos de flaqueza y de debilidad en que vamos tropezando con todo, nos llevan a esas incongruencias y contradicciones. Una cadena que a veces parece que no tiene fin.

¿Cómo se encontraban los discípulos de Jesús en aquellos momentos que estaban viviendo ya en Jerusalén después de lo que Jesús había anunciado repetidamente en su subida a la ciudad santa? Las cosas parecía que se iban precipitando. Las mismas palabras de Jesús y sus gestos hay momentos en que les resultan enigmáticas, difíciles de entender. Ahora que están en la cena pascual – ya ha habido algunos signos a los que haremos mención en otro momento – y viene Jesús y en medio del entusiasmo de la cena les dice que uno de ellos lo va a entregar.

Fue un mazazo, podríamos decir. Se preguntan con la mirada sobre el significado de las palabras de Jesús. A insinuaciones de Simón Pedro, Juan que está más cerca de Jesús le preguntará un poco como queriendo sonsacar un secreto, quien es el traidor. ‘Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado’, y se lo dio a Judas Iscariote.

Y Jesús le dirá que lo que tiene que hacer, que lo haga pronto, sin que el resto de comensales entienda. Y tras tomar el pan Judas salió para dar cumplimiento a la traición. ‘Era de noche’, dirá el evangelista. ¿Comenzaba la hora de las tinieblas como diría Jesús en otro momento? ¿Era de noche para Judas que había emprendido un camino de alejamiento de Jesús? En cuantas noches nos vamos introduciendo nosotros también tantas veces. Una pendiente resbaladiza, de la que no siempre sabemos cómo salir.

Y Jesús sigue hablándonos de lo que son aquellos últimos momentos. ‘Me queda poco de estar con vosotros…’ pero ellos no quieren apartarse de Jesús. Como siempre Pedro habla en nombre de todos afirmando sus deseos y voluntad de estar siempre al lado de Jesús pase lo que pase. No sabe de lo que es su propia debilidad. Nos sentimos tan fuertes y valientes en ocasiones, pero pronto pueden aflorar nuestras debilidades y tropiezos. Es lo que Jesús le dice a Pedro, el que estaba dispuesto a dar su vida por Jesús. ‘¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces’ .Una nueva incongruencia que iba a aparecer. Como tantas de nuestra vida.

Errores, tropiezos, incongruencias, traiciones, negaciones… cosas que siempre se van repitiendo a pesar de nuestros buenos deseos. Pero no dejemos que la noche nos envuelva. Pedro también tropezó en esas valentías y atrevimientos como tantas veces nos metemos en la vida, pero no se dejó que las sombras de la noche le envolvieran, aunque le costara recuperarse y salir de nuevo a flote. Pedro supo llorar su pecado; Judas Iscariote se dejó vencer por la negrura de su traición y sabemos cómo terminó.

Dejémonos encontrar por Jesús aunque estemos hundidos en la peor de nuestras negruras. Cuando aquella noche cantó el gallo y Pedro se dio cuenta de su negación, aún estaba en patio cuando pasó Jesús y se dejó mirar por Jesús. No hubo palabras, no hubo reproches, solo una mirada en silencio, porque aún en su dolor por su negación el amor permanecía en el corazón de Pedro. No podía quedarse Pedro en la noche oscura. Un día Jesús solamente se lo recordará preguntándole si lo amaba y lo amaba más que el resto. Jesús podía seguir contando con Pedro.

Es para nosotros un rayo de luz y de esperanza. Es un comenzar a ver cómo se puede desenmarañar ese ovillo de nuestras incongruencias y debilidades. Jesús estará tirando del hilo de nuestro amor para que se mantenga siempre bien unido a su amor a pesar de los nudos. Y es que siempre Jesús nos está llamando a la vida, siempre nos regalará su perdón. ¿Aprenderemos nosotros a mantener también vivo y sin romperse ese hilo del amor hacia los demás aunque a veces nos sintamos defraudados, a veces nos veamos también enrollados en esas mutuas incongruencias que nos pueden hacer daño?

miércoles, 31 de marzo de 2021

Preparemos el traje de fiesta para entrar al banquete del reino, a la cena de la pascua del Señor y piensa en qué va a consistir ese traje, qué es lo que te está pidiendo el Señor

 


Preparemos el traje de fiesta para entrar al banquete del reino, a la cena de la pascua del Señor y piensa en qué va a consistir ese traje, qué es lo que te está pidiendo el Señor

 Isaías 50, 4-9ª; Sal 68; Mateo 26, 14-25

‘¿Dónde quieres que te preparemos la cena de pascua?’ La cena pascual tenía sus rituales. Los preparativos habían de hacerse con todo detalle. Dificultaba estar en Jerusalén y no cada uno en su lugar de origen, aunque la cercanía del templo facilitaba las cosas y creaba también un ambiente especial.

Ahora los discípulos preguntan por el lugar, luego vendrán los restantes preparativos. Por lo que nos dice este evangelista la casa era bien conocida del Maestro y de los discípulos; en el relato de este mismo hecho por otro evangelista nos dará los detalles de las señales por las que habían de encontrar la casa. Un hombre con un cántaro de agua al que siguen por la ciudad y con el que entrarán en la casa preguntando por el dueño y dando el recado de parte del Maestro. Encontrarán una sala grande en el piso de arriba donde han de hacer todos los preparativos.

El Cordero pascual, los panes ácimos y las lechugas amargas, los divanes para recostarse a la mesa y el agua suficiente para las purificaciones, las jarras con vino suficiente para la fiesta que se ha de celebrar. Porque todo ha de tener un sentido de fiesta; la cena del cordero pascual era el recuerdo del paso de Dios en Egipto cuando fueron liberados y que ritualmente todos los años habían de celebrar en la luna llena de primavera. Era en lo que ahora se habían de afanar los discípulos, los preparativos para la cena de pascua.

Aunque aquel día la cena habría de tener un significado especial. Lo iremos viendo en el relato de hoy y en el que escucharemos la noche del jueves santo. Ahora sí iba a ser el verdadero paso del Señor, la verdadera pascua. Como dice Jesús ‘mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos’. Es lo que le han trasmitido al dueño de la casa y allí harán todos los preparativos.

Luego irán surgiendo elementos nuevos, sorprendentes en el deseo de Jesús celebrar aquella pascua con los discípulos pues yo no volvería a beber el vino de la pascua hasta la llegada del Reino de los cielos. Por eso incluso Jesús sentirá angustia en su alma ante todo lo que ha de suceder. Los discípulos parecen corderos inocentes que son llevados de la mano por el maestro y su sorpresa irá en aumento con los gestos y los signos que aquella noche se van a realizar. Mañana entraremos en mayor detalle. Pero ahora están los anuncios que Jesús hace. ‘Uno entre vosotros me va a entregar’.

No sabían ellos que ya Judas, el de Iscariote, había ido a preguntar a los sumos sacerdotes cuánto le iban a dar si se los entregaba. Judas conocía bien los pasos de Jesús y sabía cómo Getsemaní, aquel viejo molino de aceite, era uno de los lugares preferidos de Jesús para pasar la noche cuando andan por Jerusalén. Por eso se adelanta a todo buscando sus intereses, haciendo aflorar quizás sus desencantos.

Se habría hecho una imagen de Jesús como Mesías, pero no respondía Jesús a sus expectativas. ¿De ahí sus desencantos? La ambición, la avaricia, su materialismo en que todo quizás lo cifraba en poder, poder económico o poder político van torciendo el corazón, como tantas veces sucede. Unas monedas, en treinta monedas de plata habían quedado, hacen quebrar su corazón y su voluntad para caer en lo horrible de la traición. Se olvidaba la lealtad del discípulo que se deja enseñar para hacer sobresalir esas ansias de poder que luego en nada quedarán. Pero el corazón ya está herido. Aún así él está participando de aquella cena pascual. ¿Dónde tendría puesto su corazón y su mente mientras Jesús iba realizando todos aquellos gestos y signos que se destacan en aquella cena pascual que va siendo bien distinta?

‘Mientras comían dijo: En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar. Ellos, muy entristecidos, se pusieron a preguntarle uno tras otro: ¿Soy yo acaso, Señor?’ todos se veían sorprendidos, pero acaso Judas se vería aun más sorprendido al darse cuenta de que Jesús estaba al tanto de todo. ¿Aún tenía la sangre fría de estar allí? Mucho odio quizá se había encendido en su corazón. La lealtad se había transformado en traición. Y todo seguía su camino. ‘El que ha metido conmigo la mano en la fuente, ese me va a entregar. El Hijo del hombre se va como está escrito de él; pero, ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!’ Y aún Judas todavía se atreve a preguntar ‘¿soy yo acaso, Maestro?’ Como nos dice otro evangelista Jesús le dice: ‘Lo que has de hacer, hazlo pronto’.

Dejamos la cena en este momento para hacernos nuestra reflexión, para preguntarnos también como vamos a preparar y a celebrar la cena de pascua. Estamos repitiendo hasta la saciedad que este año para nosotros va a ser distinta, y tenemos el peligro de que al final sea como siempre. No han aparecido esas señales externas con las que otros años celebramos estos días santos, pero quizá nosotros no hemos profundizado aun lo suficiente para hacer que sea lo que tiene que ser.

Eso, lo que tiene que ser. Y cuando hacemos las cosas con intensidad y profundidad haremos que en verdad cada año sea distinta, como momento sea distinto, cada instante vivamos con intensidad ese encuentro con el Señor que se entrega por nosotros. Porque si no hay ese encuentro de nada nos han servido todos los preparativos. Es lo que tenemos que buscar, es cómo tenemos que abrir el corazón, es cómo hemos de ponernos en la sintonía de Dios.

¿Hemos preparado el traje de fiesta para entrar al banquete del reino, a la cena de la pascua del Señor? Piensa en qué va a consistir ese traje, qué es lo que te está pidiendo el Señor, qué paso adelante vas a dar en el camino de la entrega y del amor, cómo va a disponerse tu espíritu también para saber acoger a los que están a tu lado que tanto te cuesta entender.

martes, 30 de marzo de 2021

Nos hacen falta no las valentías de los bravucones que se quedan en fantasías sino la valentía de la fuerza del Espíritu para llegar a vivir la Pascua

 


Nos hacen falta no las valentías de los bravucones que se quedan en fantasías sino la valentía de la fuerza del Espíritu para llegar a vivir la Pascua

 Isaías 49, 1-6; Sal 70; Juan 13, 21-33. 36-38

Qué bravucones nos ponemos en algunas ocasiones, bravucones de salón. Sí, según donde estemos, las circunstancias que nos rodean, las personas que tenemos delante a los que queremos deslumbrar, la reacción que pueden haber tomado otros ante determinadas situaciones y donde no me voy a quedar detrás, y ¿por qué no decirlo también?, las cositas que hemos tomado que nos dan una especial alegría. Son los momentos de las promesas, los momentos en que somos capaces de hacer milagros, los momentos de derrochar fantasía, los momentos también de vanidad y de orgullo. Luego ¿en qué se queda todo? Si te vi, no me acuerdo.

¿Le pasaría a Pedro algo así en la cena pascual con el maestro? Ahora anda porfiando con Jesús que por qué  no puede seguirle a donde vaya si él está dispuesto a dar la vida por El. Ya sabemos lo que le responde Jesús, pero vayamos antes a todo lo que ha rodeado aquella cena.

Aunque los anuncios de Jesús en su subida a Jerusalén no les habían gustado ni los habían querido entender, las cosas hasta ahora parecía que no marchaban tan mal. Había sido éxito aquella entrada de Jesús en la ciudad santa en medio de las aclamaciones del pueblo; al menos eso les parecía a ellos. Ahora no les había sido tan difícil conseguir aquella sala para la cena pascual, porque a una simple indicación del Maestro se les había facilitado aquella sala y la comida hasta estos momentos había transcurrido dentro de la normalidad, si ponemos a un lado el detalle de Jesús de lavarles los pies, a lo que Pedro, como siempre que había algo nuevo se había resistido. Hoy diríamos quizá que parecía muy conservador y de fidelidades hasta más allá de la muerte. Cuántas cosas nos recuerdan.

Pero ahora Jesús había salido con aquello de que uno de ellos lo iba a traicionar. Le insiste Pedro – siempre tomando la iniciativa – a Juan que está recostado junto a la mesa muy cerca del pecho de Jesús que le pregunte por lo bajo a quien se refiere. Todos están extrañados ante este anuncio del Maestro y se preguntan quien puede ser. El gesto de Jesús y unas cortas palabras a Juan bastan para señalar a Judas que también irónicamente se pregunta si acaso será él.


‘Lo que has de hacer hazlo pronto’
, le dice a Jesús; los demás no entienden, quizá algún preparativo más para la fiesta de la pascua, alguna limosna a los pobres, el hecho está en que Judas sale a su destino sin que los demás entiendan. Pero el evangelista nos dice algo que pasa desapercibido pero que puede significar mucho. Cuando Judas salió fuera era de noche. ¿Querrá decirnos algo más de que ha transcurrido el tiempo casi sin darnos cuenta como tantas veces sucede? ¿Querrá expresar la negrura de la noche, de las tinieblas que están abarcando y llenando toda la tierra? ¿Querrá expresar las negruras del corazón de Judas envuelto en mantillas de traiciones o que simplemente está cumpliendo lo que el destino le ha señalado? ¿Qué lugar ocupa en todo esto la libertad de Judas?

Será ahora cuando Jesús hable de la hora que ha llegado, la hora de la glorificación porque es la hora de la entrega y del amor hasta ser capaz de dar la vida. Ya nos dirá que no hay amor más grande. Y son los pasos que Jesús se dispone a dar a partir de aquella cena. Son unos pasos que ha de dar El, aunque sienta la soledad del cielo y de la tierra, pero así es el camino del amor que algunas veces hace derramar la sangre. Es el camino que subirá al calvario y que lo hará solo, porque incluso no solo será la traición de quien lo entrega sino la huida y el abandono de todos los demás que se encerrarán en ese mismo cenáculo. Si alguno quiere hacerse el valiente y acercarse al fuego se quemará.

Es donde surgen las porfías de Pedro y sus valentías, sus bravuconadas, como decíamos al principio. Estoy dispuesto a todo por seguirte y por estar contigo, le dice Pedro sin saber lo que eso le puede comprometer o a donde lo va a llevar. Por eso Jesús le anuncia que no cantará el gallo esa noche sin que él le haya negado tres veces. Por el relato completo de la pasión ya sabemos como sucedería todo.

Es cierto que quería estar cerca de Jesús, que no entraba en sus cálculos el negarle ni el echarse atrás por eso se había atrevido a llegar al patio donde se calentaban al lado de una hoguera los que habían salido a prender a Jesús a Getsemaní. Y allí lo reconocieron, allí se dieron cuenta de que era uno de los que estaban con Jesús, y allí se vio solo y tuvo miedo, ya no tenía a donde recular porque se estaba quemando y fue cuando lo negó hasta en tres ocasiones entre las conversaciones de aquellos criados y criadas que jocosamente querían entrar en calor alrededor de la hoguera.


Pedro, tan valiente, se había quemado, había negado a Jesús. Ya nos hablará luego el evangelista de los gruesos goterones de lágrimas que salieron de sus ojos. No había medido sus fuerzas y se había querido sentir el valiente. El espíritu está pronto, pero la carne es débil, le había dicho esa misma noche Jesús en Getsemaní cuando los había invitado a orar, pero ellos se caían de sueño.

Y a todo esto ¿a nosotros, qué? ¿Hasta dónde llegan nuestras valentonadas? ¿Cómo estamos fortaleciendo nuestro espíritu para esta Pascua que hemos de vivir? ¿Cómo nos sentimos en medio de tantos embates que nos encontramos en la vida y de manera especial en estas circunstancias en que nos encontramos un año más? ¿Hasta donde estamos dispuestos a llegar? ¿Qué testimonio se nos estará pidiendo en las circunstancias concretas que vivimos? ¿Nos estaremos cayendo también de sueño,  cansados de nuestras luchas, o acobardados ante el mundo que tenemos enfrente?  Cosas muy concretas tenemos que afrontar y nos hacen falta no las valentías de los bravucones que se quedan en fantasías sino la valentía de la fuerza del Espíritu.

miércoles, 8 de abril de 2020

Es importante que nos planteemos cómo vamos a celebrar la pascua este año y que conexión le vamos a dar con la realidad de sufrimiento que vive hoy nuestra sociedad



Es importante que nos planteemos cómo vamos a celebrar la pascua este año y que conexión le vamos a dar con la realidad de sufrimiento que vive hoy nuestra sociedad

Isaías 50, 4-9ª; Sal 68; Mateo 26, 14-25
Con hondo dramatismo tres preguntas se suceden a lo largo del pasaje del evangelio que se nos ofrece hoy. Alguna pregunta en cierto modo inocente pero que sin embargo nos ha de cuestionar dentro de nosotros que es donde quiere Jesús que se prepare la cena de pascua. Pero las otras dos son desgarradoras porque manifiestan y expresan una traición, o la sorpresa llena de dudas que puede inquietar a cualquiera.
¿Qué había sucedido en el interior de Judas para llegar a lo que llegó? ‘¿Qué estáis dispuesto a darme si os lo entrego?’ Era uno de los doce que más de cerca habían seguido al maestro; no sabemos de su vocación primera, pero si fue uno de los doce que Jesús llamó después de aquella noche en oracion para que formara parte del grupo de los más cercanos a Jesús y a los que les iba a confiar en especial el anuncio del evangelio.
¿Desencantos porque aquello que estaba viendo no era lo que él esperaba y por lo que había seguido a Jesús? ¿Le superaba acaso la misión que Jesús les confiaba y el estilo de vida que Jesús quería que tuvieran sus discípulos y en lo que los más cercanos a Jesús tendrían que dar especial ejemplo? ¿Quizá frustración porque no se atreviera a pedir como hicieron los hermanos Zebedeos los primeros puestos en el Reino? ¿El mesianismo que presentaba Jesús no era realmente lo que ellos habían esperado y se caían por tierra quizá ambiciones que siempre surgen en el corazón?
En esa frustración y desencanto, en esa retirada pero para irse al lado contrario, podemos ver también los cambios de postura, las frustraciones y desencantos, las ilusiones y sueños rotos, el abandono de tantos a lo largo de la historia, pero que podemos seguir viendo y hasta viviendo hoy en tantos a nuestro alrededor que un día botaron la puerta y se marcharon porque no encontraban lo que querían, porque sus ambiciones se veían coartadas, porque los sueños llenos de fantasías y de vanidades vieron quizás que no los podían realizar.
Muchos quizá atormentados en su interior no supieron encontrar respuesta o no supieron buscarla; muchos porque su espíritu se enfrió porque querían seguir nadando a dos aguas y pudo más el espíritu del mundo donde encontraban quizás más facilidades para sus sueños; muchos, y tenemos también que reconocerlo, porque quizá en los otros cristianos no encontraron el estimulo, el animo y el testimonio ejemplar que necesitaban o quizá por algunos contra testimonios desagradables sintieron que debían tirar la toalla y abandonar.
Por eso se vuelve inquietante la pregunta que se hacen algunos de los discípulos o incluso el mismo Judas al final cuando Jesús manifiesta claramente que uno de los presentes le iba a entregar. Cayó como un jarro de agua fría la afirmación de Jesús que llenó de inquietud el corazón de todos los presentes. Cada uno de ellos podía decir que no había sido él, pero sin embargo van balbuceando la pregunta, quizá lleno de un cierto temor de culpabilidad. ‘¿Soy yo acaso, Señor?’ Será al final Judas el que le haga también la pregunta a Jesús y sabemos la respuesta y todo lo que se desencadenó a continuación.
Pero el interrogante tendría que estar en nuestro corazón también porque quizá con alguna de nuestras posturas, de nuestros planteamientos, de la manera de hacer las cosas pudiéramos estar contribuyendo a la traición o al abandono de tantos que dan el portazo y se marchan de la Iglesia. No nos haces esta pregunta para llenarnos de amarguras, pero si de mirar y examinar con sinceridad nuestra vida para hacer que nuestro testimonio sea siempre luminoso, y nada haya de oscuridad en nosotros que dañe o perjudique a los demás en el seguimiento de Jesús.
Y nos queda una última pregunta para nuestra reflexión. Antes de hacer los preparativos los discípulos le preguntan a Jesús. ‘¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?’ puede parecernos una pregunta en cierto modo retórica porque solamente se trataba de que Jesús les diera las indicaciones precisas. Así fue y así prepararon ellos la cena de pascua, que luego ya veremos su celebración.
Pero es una pregunta que no se tiene que convertir en retórica para nosotros sino que es preguntarnos en cierto sentido ¿Cómo vamos nosotros a preparar y a celebrar la cena de pascua? Siempre es importante, porque ahí está toda esa preparación espiritual que hemos venido haciendo a través de toda la Cuaresma y lo que en estos días ya cercanos a la pascua nosotros seguimos haciendo.
Pero hay algo más. Este año se nos dan unas circunstancias especiales en que no podremos participar presencialmente en ninguna celebración. ¿Significa eso que no vamos a celebrar la pascua nosotros este año? Creo que nos damos cuenta que va a ser una pascua muy especial, pero que espiritualmente hemos de vivirla con toda intensidad. No tienen que pasar estos días al no poder participar en las celebraciones como si fueran un día más sino que hemos de saber buscar esa interioridad en nuestra casa, con nuestras familias si tenemos la oportunidad, para meternos de lleno en el misterio pascual de Cristo.
Es lo que tenemos que plantearnos, ¿cómo lo vamos a hacer? ¿Qué silencio e interioridad voy a poner en mi vida? ¿Cuáles son las cosas concretas que voy a hacer para poder vivirlo en toda intensidad aunque solo sea en mi hogar o siguiendo la trasmisión de las celebraciones que podamos tener por los medios de comunicación o las redes sociales? ¿Qué conexión le voy a dar a esta celebración con la realidad de sufrimiento que vive nuestra sociedad hoy? Es muy importante este punto y esta pregunta de cómo y dónde voy yo a celebrar la pascua este año.

martes, 7 de abril de 2020

Cuidemos de no sentirnos envueltos en la noche de las dudas y de las angustias sin esperanza ante lo que vivimos como cuando salió Judas del cenáculo y era de noche



Cuidemos de no sentirnos envueltos en la noche de las dudas y de las angustias sin esperanza ante lo que vivimos como cuando salió Judas del cenáculo y era de noche

Isaías 49, 1-6; Sal 70; Juan 13, 21-33. 36-38
En ocasiones pasamos por situaciones que bien porque nos sorprenden por inesperadas, porque en la problemática que vivimos los momentos se nos vuelven dolorosos, incomprensibles, no les encontramos un sentido, porque captamos en nuestro entorno también las dudas e incertidumbres que llevan tantos a nuestro lado que aunque no nos lo digan sin embargo somos capaces de captar que algo pasa, en que se nos van acumulando emociones y sentimientos encontrados, en que estamos a punto de estallar y algunas veces no sabemos ni como reaccionar.
Son las problemáticas de la vida de cada día que para cada uno tiene su misterio, o es lo que sucede en nuestro mundo, como ahora mismo podemos estar pasando con la crisis que nos envuelve. ¿Qué hacemos? ¿Dónde encontrar luz y sentido? ¿Cómo hacernos fuertes para sobrellevar todo lo que se nos viene encima? Hace falta una fortaleza del espíritu grande, como necesitamos a nuestro lado también personas fuertes que nos den esperanzas y levanten nuestro ánimo, nuestro espíritu.
El pasaje del evangelio que se nos ofrece en este día de martes santo que nos sitúa en los prolegómenos de la cena pascual, con la tensión en los discípulos que intuían que algo grave y gordo podía suceder, y digo intuían porque no habían sabido interpretar las palabras de Jesús que tantas veces se lo había anunciado, nos va ofreciendo la diversidad de sentimientos y emociones que van aflorando en el grupo de los discípulos que están en torno a Jesús para aquella cena pascual.
Hay una gravedad y hasta solemnidad en el momento y podíamos decir que las conversaciones se hacen murmullos, o serán las señas con las que quieren comunicarse unos a otros con miradas interrogantes, con sorpresa en el corazón, con gesto de generosidad, pero también de alguna manera con culpabilidades que pueden aflorar y no saben como asumir.
Con la emoción más profunda y que casi se quiebra en la garganta Jesús comienza diciéndoles que uno de los presentes esa noche le va a entregar. Podemos imaginar la sorpresa, las preguntas que se agolpan aunque casi no se pueden pronunciar, las miradas que unos a otros se dirigen quizá con cierta desconfianza, los sentimientos y emociones están muy encontradas. Solo el discípulo más cercano a Jesús porque casi se recuesta sobre su pecho, según la forma de colocarse a la mesa para la comida, podrá escuchar la respuesta de Jesús a su pregunta, pero que tampoco sabrá entender y descifrar claramente.
Solo escucharán a Jesús que le dice al Iscariote que lo que tiene que hacer que lo haga pronto, pero no saben interpretar sus palabras. Y Judas que ha tomado el pan que Jesús le ha ofrecido sale inmediatamente. Pero como dice el evangelista y ahora sí que nos quiere expresar muchas cosas, salió a la noche. Había entrado la oscuridad de la noche en el alma de Judas Iscariote, y aunque luego vaya al huerto acompañado de mucha gente que iluminaba el camino con antorchas para Judas seguía siendo de noche.
Y Jesús en aquel ambiente de tristeza, de angustia, de oscuridad en cierto modo les habla de que va a ser glorificado. A donde va a ir El no podrán seguirle los discípulos en ese momento. Ya veremos más tarde en el huerto que tras el prendimiento de Jesús todos le abandonaron y huyeron. Pero está el fervor y el entusiasmo de Pedro dispuesto a seguirle a donde sea y aunque todos le abandonen él no le abandonará. Qué malo es sentirse tan seguro de uno mismo sin medir de verdad sus fuerzas, sin reconocer seriamente sus debilidades. Y es cuando Jesús se lo anuncia, antes que el gallo cante esa noche dos veces, Pedro ya le habrá negado tres.
Bueno, y nosotros ¿qué? Hay también oscuridades, y angustias, y dudas y miedos, y momentos de fervor que parece que nos queremos comer el mundo al que le siguen nuestras debilidades que no siempre queremos reconocer. Y tenemos ganas de encerrarnos o de huir, porque ya no sabemos a qué carta quedarnos. Y nos sentimos envueltos por muchas oscuridades que nos hacen mirar el futuro con cierto temor, el más inmediato porque no sabemos lo que nos va a pasar mañana, o el que puede venir después que pase todo lo del momento presente. ¿Perderemos la paz? ¿Perderemos la estabilidad de nuestro espíritu? ¿Buscaremos camuflajes, disculpas, entretenimientos, sueños insulsos para no ver la realidad? ¿Dónde ponemos nuestra fe y nuestra esperanza en todo esto?
Oremos al Señor llenos de confianza con el salmo: ‘A ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre; tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, inclina a mí tu oído, y sálvame…’ El Señor es nuestro alcázar y nuestra fortaleza, nuestra roca de refugio y nuestra esperanza, en quien ponemos toda nuestra confianza. Que sea así de verdad en nuestra vida y no nos faltará la luz. Cuando nos falta Dios en nuestra vida todo se vuelve noche oscura.

miércoles, 17 de abril de 2019

Se acerca la pascua y parece que cada uno va por su camino con preparativos externos pero sin llegar a tener ese verdadero encuentro de gracia, de pascua en el Señor


Se acerca la pascua y parece que cada uno va por su camino con preparativos externos pero sin llegar a tener ese verdadero encuentro de gracia, de pascua en el Señor

Isaías 50,4-9ª; Sal 68; Mateo 26, 14-25
Se acerca la celebración de la Pascua. ‘He deseado enormemente comer esta Pascua con vosotros’, les dirá Jesús a los apóstoles. Lo había anunciado repetidamente, su subida a Jerusalén para la Pascua, aunque por mucho que les explicara los discípulos no terminaran de entender. Aquella Pascua va a tener un significado especial.
Ahora los discípulos en las puertas de Jerusalén y a las puertas de la Pascua se preocupan de donde podrán celebrar la cena de la Pascua. Le preguntan a Jesús ‘¿dónde quieres que te preparemos la cena de la Pascua?’ y Jesús les dará señales precisas para que vayan a Jerusalén y siguiendo al hombre que lleva el cántaro de agua entren en la casa y pregunten al dueño de la casa  ‘El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos’. Y allí encontrarán el lugar donde harán todos los preparativos para la cena pascual. Para ellos era una pascua más, como todos los años, donde habrían de comer el cordero pascual en recuerdo de la salida de Egipto de sus padres.
Pero alguien más estará haciendo sus preparativos. Por una parte aquellos que estaban buscando la manera de prenderle para quitarle de en medio y ahora se les presentaría una ocasión especial. Pero estaba también el que iba a traicionar a Jesús. ‘¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?’, había planteado Judas Iscariote, uno de los doce, a los sumos sacerdotes y principales de la ciudad. ‘Después de ajustar con ellos en treinta monedas andaba buscando la ocasión propia para entregarle’. Y en aquella pascua, tras aquella cena pascual encontraría el momento.
‘Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar’, había dicho Jesús mientras estaban en la cena. Entre las dudas y preguntas de todos sobre quien seria, señalaría ‘el que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido… ¿Soy yo acaso, Maestro?...  Tú lo has dicho’. Era todo el diálogo que se había desarrollado entonces y que daría principio a la Pascua definitiva y eterna.
Unos preparativos para la pascua y distintos caminos para su celebración. Estamos nosotros también en las vísperas de la Pascua, en la víspera del comienzo del triduo pascual.  También nosotros nos preguntaremos, o hemos de preguntarnos cómo vamos a celebrar la pascua, como nos prepararemos para celebrar la pascua, y ya el tiempo es inminente. Y es importante que nos tomemos en serio esta preparación.
Caminos tortuosos recorremos nosotros en la vida pero ahora hemos de abocarnos al camino bueno, al camino recto que nos lleve a esa vivencia pascual. No se trata de unos preparativos externos, como los discípulos que preparaban la mesa con todo lo necesario, o como tantos en estos días muy preocupados de preparar nuestros templos, los utensilios litúrgicos o todos los adornos con que queremos adornar nuestros templos o nuestras imágenes para las procesiones.
Está muy bien todo eso, pero que esas cosas no nos distraigan de la verdadera preparación. Porque podemos preparar cosas externas, pero no prepararemos nuestro corazón, podemos estar en nuestros templos, celebraciones o procesiones, pero no habremos quizá dejado que Jesús entre en nuestro corazón con su vida, con su gracia.
Nos preocupamos de cosas a preparar pero no nos preocupamos de nuestro yo, de nosotros mismos para que lleguemos a tener una verdadera vivencia, un verdadero encuentro de gracia con el Señor.  ¿Qué nos faltará preparar? ¿Qué es lo que en verdad necesitamos para que haya una verdadera pascua en nosotros? ¿Habremos hecho un verdadero recorrido de gracia viviendo los sacramentos que nos llevan a la plenitud de vida en el Señor con su gracia y su perdón?
No olvidemos que el Señor quiere celebrar su pascua en nuestra casa, en nuestra vida.


martes, 16 de abril de 2019

Momentos de especial sensibilidad y de emoción, recuerdos de traiciones y desamores, pero deseos de estar junto a Jesús y de ser capaces de dar la vida por El


Momentos de especial sensibilidad y de emoción, recuerdos de traiciones y desamores, pero deseos de estar junto a Jesús y de ser capaces de dar la vida por El

 Isaías 49, 1-6; Sal 70; Juan 13, 21-33. 36-38
Hay momentos en la vida que parece que se viven con especial sensibilidad y afloran los sentimientos, las emociones y hasta pueden aparecer sentimientos, actitudes o hechos realizados por realizar como muy encontrados los unos con los otros. Bien sea por momentos dolorosos por los que se esté pasando, bien sea porque la duda y la incertidumbre se nos ha metido por dentro, bien sea porque tengamos la certeza que se avecinan momentos difíciles en los que quizá tengamos que tomar partido o por circunstancias que nos rodean que no sabemos como afrontar o como tener dominio sobre ellas, el hecho está que los sentimientos están a flor de piel y todo lo que llevamos dentro puede aparecer o nos vemos abocados  a tener que actuar en aquello en lo que quizá teníamos miedo.
La cena pascual que iban a comenzar a celebrar estaba rodeada de muchas de estas emociones; Jesús había anunciado una y otra vez su subida a Jerusalén donde les hablaba de hechos o acontecimientos que ellos creían que no iban a pasar; Jesús sabia muy bien que aquella era su cena pascual, su Pascua que comenzaba y el momento era importante; allí estaban los discípulos mas queridos y cercanos, aquellos a los que había llamado para formar parte del grupo de los Doce apóstoles y había es cierto mucho amor, pero también las sombras de la noche se había metido en el corazón de alguno.
Es Jesús el que comienza a hablar y destapa la tensión que se vivía en aquellos momentos.  ‘Profundamente conmovido, dijo: - «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar’. Los discípulos no se creen ni entienden lo que Jesús está diciendo. Se preguntan con la mirada los unos a los otros y solo Juan que está junto a Jesús, prácticamente recostado sobre su pecho – no olvidemos que no era un sentarse a la mesa sino recostarse quizá en divanes o lo que tuvieran en torno al mantel donde se servia la comida -, es el discípulo amado como se nos dice en el evangelio, el que se atreverá a preguntar quién es. La respuesta quizá la oyó solo Juan o los que estaban más cercanos. ‘Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado.» Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote’. El resto de los discípulos no entienden y siguen con sus cavilaciones.
‘Lo que tienes que hacer, hazlo pronto’, le dice Jesús a Judas que sale inmediatamente, que aunque el resto de los apóstoles piensan que Jesús le ha encomendado algo especial, sin embargo en el corazón de Judas entró la oscuridad de la noche en aquel momento. ‘Era de noche’, comentará el evangelista que nos contará todo esto.
Jesús sigue hablando abriendo su corazón a los discípulos y manifestándoles la importancia del momento que están viviendo. Todo suena a despedida. Con ardor los discípulos quieren seguir con Jesús, Pedro que quiere ir con El terminará diciendo que está dispuesto a todo, a dar la vida por Jesús. Es lo que lleva en su corazón, son los sentimientos de amor que impregnan íntimamente su corazón a pesar de su flaqueza y su debilidad. Por eso Jesús le anunciará que llegará a negarle tres veces antes de que el gallo cante en el amanecer del nuevo día.
En nosotros, en la medida en que nos vamos introduciendo en las celebraciones de la Semana Santa, participando en los diferentes actos piadosos que se realizan, o nos vamos empapando de la lectura de la pasión – muy recomendable que lo hagamos en estos días, también interiormente nos vamos sensibilizando espiritualmente y van apareciendo sentimientos y emociones que fundamentalmente tendrían que ayudarnos en la vivencia del misterio pascual. Nos ayuda el irnos poniendo en el lugar de esos diferentes personajes que nos van apareciendo en torno a Jesús, pero para que seamos capaces de darnos cuenta de cuánto de lo que a ellos les sucedía lo tenemos también en nuestro corazón o en nuestro vivir.
Simplemente hoy fijémonos en quienes aparecen en el entorno de Jesús en el inicio de esta cena pascual. Y aquello mismo que aparece en los distintos apóstoles de alguna manera lo llevamos nosotros por dentro. Que nos sirva de examen, de recuerdos de nuestras traiciones y nuestras debilidades, de las negaciones que también hacemos cuando no somos capaces de dar la cara por Jesús, o de los momentos en los que quizá ocultamos nuestra fe, nuestra condición de cristianos, de esos momentos de dudas y de incertidumbres que tantas veces se nos meten dentro y comenzamos a desconfiar de todo y hasta a desconfiar de nuestra fe.
Habrá también momentos de fervor, momentos intensos en que estamos dispuestos a todo aunque luego nuestra debilidad nos haga ocultarnos o echarnos para detrás. Saquemos a flote cuando llevamos dentro, negativo y positivo, y tratemos de ponernos al lado de Jesús para sentir su paz y llenarnos de esa vida nueva que El nos está ofreciendo. Que todo nos ayude en nuestra renovación pascual.