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jueves, 19 de marzo de 2026

Necesitamos ser ese hombre bueno de la fe, como san José, para sentir que Dios está en nuestra vida, sea cual sea nuestra situación, y tiene para nosotros una misión

 




Necesitamos ser ese hombre bueno de la fe, como san José, para sentir que Dios está en nuestra vida, sea cual sea nuestra situación, y tiene para nosotros una misión

2Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16: Salmo 88; Romanos 4, 13. 16-18. 22; Mateo 1, 16. 18-21. 24a

Llegar a descubrir y sentir que, sea como sea nuestra vida, en las mas diversas y hasta contradictorias situaciones que vivamos, Dios está en nuestra vida y quiere contar con nosotros es una maravilla y un gozo que solo podemos alcanzar por la fe. la vida en ocasiones se nos vuelve ininteligible incluso para nosotros mismos, nos podemos ver confundidos por las situaciones que se nos presentan que en principio no sabemos a donde nos van a llevar, tendremos incluso conflictos en nuestro interior sin saber qué hacer, lo que pueda ser mejor, lo que nos puede dañar o no o a aquellos que pueden estar cerca de nosotros, pero si no perdemos el norte de la fe una luz nos va a iluminar para sentir que Dios anda detrás de todo eso y de alguna manera nos está hablando a nuestro corazón.

¿Era la situación en que se encontraba José con lo que estaba sucediendo en su vida, que de alguna manera le complicaba y ante lo que no sabía qué hacer o cómo actuar? Pero mostró una madurez humana muy grande porque él se sentía envuelto por el amor y cuando hay amor de verdad en nuestra vida no queremos hacer daño a nadie y tenemos la paciencia para esperar y un día poder llegar a comprender. Esperas y paciencia que algunas veces se nos pueden volver callejones oscuros pero tenemos por la fe la confianza de que una luz nos iluminará.

Es lo que contemplamos en este pasaje evangélico en la vida de san José a quien hoy estamos celebrando. ‘Era bueno’, nos dice el evangelista y con ello nos quiere significar mucho; era alguien que había ido madurando su vida en la fe y en el amor; ahora en nombre de ese amor no quería hacer daño a la mujer a quien amaba y con quien estaba desposado, aunque hubiera cosas que no comprendiera y fueran para él callejones oscuros.

Pero  san José sabía captar la sintonía de Dios, aunque en las turbaciones por las que estaba pasando se le podía hacer difícil. El evangelista en la forma de hablar propia de aquellas épocas habla de unos sueños en los que les habla el ángel de Dios. Será también en otros momentos donde volverán a aparecer esos sueños y esa voz de Dios a través de ellos. Pero solo quien tiene la sintonía de la fe, como decíamos antes, es capaz de ver a Dios presente en su vida aunque las situaciones y circunstancias sean difíciles de entender.

Y José desde su fe se deja guiar por esa voz de Dios que de esa manera llega a su vida. Y siente no solo que Dios está con El y Dios está en esas situaciones sino que Dios quiere contar con él. En el plan de Dios hay un lugar para José, el esposo de María, que le va a dar un hijo al que él como padre ha de imponer el nombre de Jesús. Es su función de padre, es el lugar que Dios le está reservando en el misterio de nuestra salvación, es la misión que ha de realizar aunque sea grande el misterio y no siempre las cosas aparezcan con la claridad necesaria. Hoy para nosotros cuando contemplamos estos hechos, lo que nos relata el evangelio, podría parecernos muy claro todo cuanto le está sucediendo a José.

Esto nos tiene además que hacer reflexionar para lo que es también nuestra vida. Jóvenes o mayores quienes nos estamos haciendo esta reflexión habremos tenido o habremos pasado también por situaciones muy diversas en nuestra vida; muchas veces también nos habremos visto perdidos, habrá habido cosas que nos han hecho sufrir, momentos en que también quizás nos hemos visto atormentados por la duda, cosas que no comprendemos y comenzamos a echarle la culpa a quien sea o nos culpabilizamos a nosotros mismos sintiéndonos a la vez confundidos, momentos también en los que habremos podido vivir la vida a la ligera sin preocuparnos ni preguntarnos por nada sino que simplemente nos hemos dejado llevar, cada uno conoce sus situaciones y sus circunstancias, pero quizás  tendríamos que preguntarnos si en esas cosas por las que hemos pasado habremos sabido descubrir la presencia de Dios en nuestra vida.

Aunque hayamos estado cegados Dios ha estado ahí, Dios nos ha ido conduciendo, de alguna manera nos ha estado diciendo que cuenta con nosotros porque tenemos nuestro lugar en el corazón de Dios, nos ha estado abriendo caminos, ampliando horizontes, señalándonos también una misión que tenemos que realizar.

Necesitamos ser ese hombre bueno de la fe como José, para que se manifieste nuestra madurez humana y cristiana para afrontar nuestra vida con un nuevo sentido que es el que le va a dar verdadera profundidad a nuestra vida. ¿Qué querrá Dios de mí? ¿Cuál será la misión que Dios aun sigue confiándonos en la altura que estemos de nuestra vida? Abramos nuestro corazón a Dios como lo hizo san José y dejémonos conducir por la acción de su Espíritu, que no nos hablará en sueños, pero si nos habla en lo más profundo del corazón.

domingo, 21 de diciembre de 2025

Pongamos silencio y disponibilidad en nuestro corazón para leer los signos de Dios y no olvidemos que podremos ser signo de Dios para muchos que te rodean

 


Pongamos silencio y disponibilidad en nuestro corazón para leer los signos de Dios y no olvidemos que podremos ser signo de Dios para muchos que te rodean

Isaías 7, 10-14; Salmo 23; Romanos 1, 1-7; Mateo 1, 18-24

‘Pide un signo, una señal, al Señor, tu Dios, en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo’, le dice el profeta al rey Ajaz. Pero el rey no se atreve a pedir señales aunque el profeta se las dará. En cambio José si está esperando señales; hay cosas que están sucediendo que no entiende, prefiere esperar aunque su corazón está pidiendo algo.

No se trata aquí de señales de tráfico, que las carreteras están llenas de ellas. Son otros caminos más profundos los que necesitan señales, ‘en lo  hondo del abismo o en lo alto del cielo’, como decía el profeta. En ocasiones nos sentimos en lo más hondo del abismo, aunque luego tengamos otros momentos de exaltación; pero en una y otra ocasión no sé si sabremos siempre leer lo que nos sucede. Las palabras en la escritura se conforman con signos que ya estudiamos desde pequeños para saber leer; en esos signos escritos algo se nos quiere decir y para eso hemos hecho un aprendizaje; en los signos que nos van apareciendo en la vida también tendríamos que saber leer, haber hecho un aprendizaje, pero siempre estamos a tiempo.

José se interroga por dentro ante lo que está sucediendo y estaba queriendo encontrar esos signos, esas señales; es la tarea, por así decirlo, de todo creyente; en los mismos textos que estos días se nos están ofreciendo lo encontramos, Zacarías se pregunta incrédulo en el templo cuando el ángel del Señor le anuncia que su mujer va a concebir a pesar de la vejez, y le costará entender. María también se ha quedado dando vueltas en la cabeza al mensaje del ángel; no conoce varón ¿cómo va a ser madre? Está pidiendo señales, quiere saber leer esos signos de Dios aunque ella siempre estás disponible para Dios.

¿Tendremos nosotros que leer algunos signos también ahora cuando escuchando esta Palabra de Dios estamos dando los últimos pasos en la preparación de la Navidad? Aprender a leer esas señales de Dios nos hará que podamos vivir una verdadera Navidad;  no nos podemos quedar en superficialidades, desde lo hondo de nosotros mismos nos queremos elevar también hasta Dios para escucharle, para recibirle. Ahí en lo que somos y vivimos, ahí en lo que son los problemas de cada día, ahí en ese mundo concreto que vivimos con todas sus circunstancias, ahí en la manera incluso en que el mundo que nos rodea tiene la forma de celebrar la navidad, ahí en los grandes problemas de nuestra sociedad y de nuestro mundo, ahí quiere llegar la Navidad, ahí quiere llegar Dios y tenemos que descubrir cómo y qué parte tenemos nosotros en ello.

Porque nosotros hemos de leer esos signos de Dios, pero también hemos de reconocer que nosotros tenemos que ser esos signos de Dios para el mundo que nos rodea; será la forma en que celebremos la navidad, en que vivamos la navidad, será la profundidad que le demos a lo que hacemos estos días, será el nuevo sentido en el que tenemos que envolver cuando hacemos. Y es lo que este último domingo tenemos que descubrir.

El ángel del Señor se le manifestó en sueños a José y José comprendió todo el misterio de Dios que allí se estaba manifestando. ¿Se preguntaría por qué tenían que sucederle a él todas esas cosas? Se lo preguntaría como nosotros también tantas veces nos preguntamos, pero en José había disponibilidad, había generosidad en su corazón, y recibió a María, su mujer, en su casa como le había pedido el ángel. Fue un ponerse en camino, porque todo no terminaba ahí, vendría el edicto del emperador y el viaje inesperado a Belén, pero todos los acontecimientos que luego se sucedieron casi como una cascada, porque el regreso a Nazaret no fue tan pronto como hubiera deseado, con la huída a Egipto por medio. Pero José era un hombre de fe y seguía escuchando a Dios, seguía leyendo los signos de Dios.

Cada uno de nosotros ha de hacer su lectura en su propia vida y en cuanto le acontece. Sepamos encontrar momentos de silencio y de recogimiento porque entre el ruido y los afanes de las cosas nos va a ser más difícil escuchar ese susurro de Dios en nuestro corazón. Dios llega a nosotros de la forma que menos lo esperamos porque Dios siempre se hace sorprender en nuestra vida. Pero su sorpresa siempre es una sorpresa de amor, es el regalo más hermoso que podemos recibir que no es ni papá Noel ni lo Reyes Magos quienes nos lo van a traer.

Pongamos silencio y disponibilidad en nuestro corazón para leer los signos de Dios. No tengamos miedo a lo que nos diga o nos pida el Señor. Que no nos falte la paz en nuestro interior que será la base de la paz que vayamos logrando en el mundo que nos rodea. Y recuerda que tú podrás ser, o tendrás que ser signo de Dios para muchos que te rodean, con tu presencia, con tu palabra, con tu compañía en el camino de la vida, con tu generosidad, con tu amor.

jueves, 18 de diciembre de 2025

En medio de las turbulencias por las que pasamos por la vida hoy se nos anuncia el nacimiento de quien viene como Salvador y nos trae la paz

 


En medio de las turbulencias por las que pasamos por la vida hoy se nos anuncia el nacimiento de quien viene como Salvador y nos trae la paz

Jeremías 23, 5-8; Salmo 71; Mateo 1, 18-24

Algunas veces hay que pasar por momentos oscuros para llegar a saber bien lo que significa la luz; después de la tormenta disfrutaremos mejor de lo que es la tranquilidad y la paz. Podrían parecer afirmaciones contradictorias o difíciles de entender. Pero creo que tenemos la experiencia de que desde los momentos más dificultosos o tormentosos, y ya no me refiero a la meteorología, han podido surgir cosas maravillosas y extraordinarias para la vida.

Me hago de entrada esta reflexión ante los textos de la Palabra de Dios que hoy nos ofrece la liturgia. Por una parte eran difíciles los momentos que vivía el pueblo judío en los tiempos de la cautividad de Babilonia tras los momentos tumultuosos que habían tenido en su historia que le habían llevado a la destrucción de Jerusalén y a la cautividad, y es cuando el profeta anuncia unos tiempos nuevos de liberación con la aparición de un vástago de David que será el monarca que dará la salvación a Judá e Israel; palabras escuchadas con el sentido profético que mantienen la esperanza en un Mesías liberador que Dios les concederá. Lo escuchamos nosotros hoy como referencia a Jesús nuestro Salvador en la próxima celebración de su nacimiento en la Navidad.

Pero si nos fijamos en el evangelio veremos una situación semejante; son grandes las turbulencias que pasan por el espíritu de san José ante el conocimiento del embarazo de María; cosas que le llenan de dudas, cosas que le cuesta comprender, pero José es un creyente de una fe profunda y se deja conducir por Dios; aunque no lo entiende algo le está pidiendo Dios; sabrá discernir en aquellos sueños la voz de Dios que le pide aceptar aquel misterio que se está obrando ante sus ojos; ha de poner el nombre de Jesús a aquel niño que va a nacer, lo que significa aceptar una paternidad aunque él no lo haya engendrado, pero son los caminos de Dios, porque aquel niño llamado Jesús va a ser la salvación para todos los hombres.

Recuerda el evangelista lo anunciado por los profetas, porque siempre de todo hemos de saber hacer una lectura de fe. ‘Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que habla dicho el Señor por medio del profeta: Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Emmanuel, que significa Dios-con-nosotros’.

Es el anuncio que a nosotros también nos llena de esperanza y que dará un sentido luminoso a las próximas celebraciones de la Navidad. No luminoso porque adornemos nuestras casas y nuestras calles con muchas luces de colores. Lo de luminoso es como nosotros hemos de sentirlo en nuestra vida; nuestra vida con sus problemas y sus luchas, son sus turbulencias y sus preocupaciones porque son muchas las cosas que nos quitan la paz o nos pueden llenar de dudas en nuestro interior, muchas penitas quizás llevamos en el alma aunque a veces nos cueste reconocerlas, nuestra vida en la situación en que vive hoy nuestra sociedad donde ponemos esperanzas en cosas pero nos olvidamos de una esperanza llena de trascendencia.

Por eso tenemos que darle un verdadero sentido a nuestra navidad, no quedarnos en lo superficial o las luces de colores con todas esas connotaciones sociales en que hemos envuelto estas celebraciones. Para esas preocupaciones, para esas turbulencias de nuestra vida en Jesús encontramos una esperanza de algo nuevo y distinto, de una paz profunda que podamos vivir en nuestro interior a pesar de todos los pesares; para esas dudas e inquietudes que tenemos en nuestro interior encontraremos una respuesta en quien viene a nosotros como Palabra de Salvación.

Como José tenemos que saber discernir para entre todas esas voces que nos chillan a nuestro alrededor escuchemos serenamente esa Palabra de Dios que nos llena de paz, que nos hace sentir nuevos, que pone una esperanza en nuestra vida y nos abre nuevos caminos. Algunas veces no sabemos ni como son ni lo que vamos a encontrar, pero Dios nos tiene reservado algo; tenemos que aprender a entrar en su sintonía.

miércoles, 19 de marzo de 2025

Aprendamos del silencio de san José que es aprender de su fe para abrir nuestro corazón a Dios y aun en medio de la oscuridad sentirlo siempre a nuestro lado

 


Aprendamos del silencio de san José que es aprender de su fe para abrir nuestro corazón a Dios y aún en medio de la oscuridad sentirlo siempre a nuestro lado

2Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16; Salmo 88; Romanos 4, 13. 16-18. 22; Mateo 1, 16. 18-21

La fe ni es refugio conformista ni es pasividad, la fe no siempre nos aclara las dudas e interrogantes a la primera ni nos libera de tensiones en el espíritu para adormecernos en ante los problemas; la fe es camino que se abre ante nosotros dando firmeza a nuestros pasos, la fe nos da seguridad incluso cuando parece que hayamos perdido toda esperanza y dando trascendencia a lo que hacemos o vivimos llena de sentido nuestra vida; la fe es búsqueda pero también apertura del corazón para encontrar respuestas. No siempre es fácil mantenernos en la fe que profesamos, pero nos hace sentir que más allá de las soledades en que nos encontremos en la vida hay un Dios que siempre está a nuestro lado caminando con nosotros.

Hoy miramos a un hombre íntegro y maduro en su fe que a pesar de su silencio mucho tiene que enseñarnos y que es para nosotros modelo de ese camino de silencio que tantas veces tendremos que hacer en nuestra vida, sin aspavientos y sin llamar la atención pero con la conciencia de una gran misión. Estamos celebrando a san José, el esposo de María, el padre de Jesús porque esa fue la misión que se le confió sobre la tierra.

Comencemos por observar su silencio. No hay palabras de José en el evangelio. Sin embargo es mucho lo que nos está hablando con su silencio. En silencio, y algunas veces pareciera que en soledad, va afrontando los diferentes problemas que le van apareciendo en la vida. No hace aspavientos con los problemas sino que en silencio va rumiándolos en su corazón. Son oscuridades llenas de sueños, porque sueños tenemos todos en la vida en nuestras aspiraciones y deseos. Pero en san José pareciera que todo se va truncando porque ni entiende lo que pasa con María y de entrada encuentra pocas respuestas; prefiere que todo se quede en silencio porque a nadie quiere hacer daño. Pero no son los sueños de lo que El desee sino un nuevo sueño venido del cielo el que hable a su corazón.

No se ha cerrado a la presencia ni a la voz de Dios que ahora maravillosamente se le manifiesta. El misterio se le revela pero es para él ponerse en camino; un camino en el que luego le irán apareciendo nuevos tramos pero que El está dispuesto a asumir. Primero recoge a María, su mujer, en su casa, aunque le cuesta entender el misterio, pero se fía de la revelación de Dios. Era el designio de Dios que él obedece y que le compromete.

El camino seguirá en dirección a Belén, como posteriormente será el destierro en Egipto. Poco a poco parece que se va diluyendo la figura de José, y aunque a El no se le ha anunciado una espada que le atraviese el alma, como a María, tendrá el sufrimiento de los caminos en silencio, como lo será el silencio de su vida en Nazaret. Alguien un día mencionará que aquel nuevo profeta de Galilea es el hijo del carpintero, así sin nombre y sin ningún otro reconocimiento. Grande fe el camino recorrido como compromiso de su fe.

El también en silencio buscaba a Dios, aunque pareciera que había perdido a Dios con la pérdida de Jesús; pudiera parece que se pierden las esperanzas pero será constante en su búsqueda contra toda esperanza,  como un día buscaría al niño perdido hasta encontrarlo en el templo en medio de los doctores. ‘¿No sabías que tu padre y yo te andábamos buscando?’, no serán sus palabras sino las de María pero que reflejan bien lo que la fe fue búsqueda también para José.

¿Estaremos viendo nuestros recorridos por la vida con sus oscuridades y con sus sueños, con nuestras esperanzas perdidas en ocasiones y con nuestras dudas, con nuestros problemas y con nuestros tormentos, con esos momentos de soledad y silencio cuando nos parece que ni de la tierra ni del cielo nos llega ninguna señal, o cuando se abren ante nosotros caminos inciertos en los que no sabemos qué calvario vamos a encontrar?

Aprendamos del camino de José, aprendamos de su fe que también va creciendo y madurando para encontrar esa fortaleza del espíritu, no le hace cruzarse de brazos desde la pasividad ni ser conformista esperando que otros le den soluciones, sino que tenemos que aprender a ir poniéndonos en camino de búsqueda abriendo nuestro corazón para sentir a Dios que siempre estará a nuestro lado.

 

miércoles, 18 de diciembre de 2024

El Señor llega a nosotros de mil maneras, pero nosotros hemos de preparar nuestro espíritu, cultivar nuestro espíritu, alimentar nuestra fe en la humildad y rectitud de vida

 


El Señor llega a nosotros de mil maneras, pero nosotros hemos de preparar nuestro espíritu, cultivar nuestro espíritu, alimentar nuestra fe en la humildad y rectitud de vida

Jeremías 23, 5-8; Salmo 71; Mateo 1, 18-24

En la vida tenemos a veces hermosos sueños, pero que en ocasiones parece que se truncan luego en lo que es la realidad de nuestro caminar y pueden producirnos desilusiones o incluso sensación de fracaso. Cuando digo sueños estoy pensando en deseos, en proyectos que nos hacemos donde en la descripción que nos hacemos de los mismos lo vemos todo maravilloso y en cierto modo idílico. Pero como decíamos cuando bajamos al caminar de la vida ordinaria las cosas nos salen de distinta manera y pueden surgir muchas dudas e interrogantes en nuestro interior.

El evangelio comienzo a hablarnos de una pareja, que solo en ese momento están prometidas, que también tienen sus sueños y sus ilusiones. Pero las cosas parece que comienzan a hacer otro camino. Resultó que María esperaba un hijo y a José le sentó fatal como todos podemos comprender; quería repudiarla, pero era de tal bondad en su corazón que no quería hacer daño a nadie, y menos a María a quien seguía amando; por eso, nos dice el evangelista, decide repudiarla en secreto. ¿Los fracasos de la vida? ¿Un anuncio en cierto modo profético de lo que más tarde diría Simeón de que aquel niño era todo un signo de contradicción?

Pero eran las cosas de Dios. Y José siente esa presencia de Dios en su vida; era un hombre de fe que sabía hablar y escuchar a Dios en su corazón. Nos hablará el texto evangelizo de un ángel y que se aparece en sueños, que era una forma de hablar y expresar cosas que eran difíciles de expresar en palabras humanas. José llegará a comprender el misterio de Dios que se realiza en María. Al menos en su fe, que no se resiente, acepta desde lo hondo de su corazón lo que son los planes de Dios. ‘la recibió en su casa’, nos dice el evangelista.

Los planes de Dios que tantas veces nos cuesta descubrir y aceptar. El verdadero creyente confiesa que su vida está en las manos de Dios. Planes de Dios que en ocasiones nos cuesta, como decíamos, descubrir, se nos hacen inescrutables. Es necesaria una sensibilidad especial que desde la fe hemos de saber despertar en el alma. La sintonía de Dios que nos suena de formas diversas, que nos suena donde menos lo esperamos, que nos suena en esos acontecimientos de la vida que no tienen que ser extraordinarios sino quizás en eso pequeño que vivimos o que nos sucede. Hay peligro, es cierto, de confusiones, que nos veamos perdidos, que comencemos a tomar decisiones que más bien provocan en nosotros peores interrogantes porque nos llenan de dudas. 

¿Llegaremos a sentir la presencia del ángel del Señor en nuestra vida que se nos revela, que nos descubre ese misterio de Dios? El Señor puede llegar a nosotros de mil maneras, pero también nosotros hemos de preparar nuestro espíritu, cultivar nuestro espíritu, cuidar y alimentar nuestra fe, tener una apertura en la vida, que haya también una bondad y una rectitud en nuestro corazón para no querer nunca lo malo ni el hacer daño a nadie,  y para eso es necesario también mucha humildad para dejarnos conducir.

Lo estamos hoy viendo hoy en la figura de José. Era un hombre bueno, nos dice el evangelista. Algo que nos habla de la bondad de su corazón, pero también de su espíritu de fe y de su humildad. Será el hombre que pasará en silencio por las páginas del evangelio pero en quien vemos resplandor su fe y su bondad. ¿Seremos capaces de imitarle?

Es lo que hoy nos está planteando el evangelio para nuestra vida. Solo así podremos descubrir el misterio de Dios en nosotros, los planes que Dios tiene para nosotros y llegar a aceptarlos. Sepamos leer los acontecimientos de nuestra vida aunque nos puedan parecer en ocasiones llenos de sombras, como le pasaba a José. Pero él se encontró con la luz, llego a sentir la presencia del Emmanuel en su vida, al que llamaría Jesús porque era en verdad la salvación. Intensifiquemos todo esto en estos pasos que nos quedan del adviento.

martes, 19 de marzo de 2024

En ocasiones hay cosas que no entendemos, que incluso nos han hecho daño, sufrir, pero hemos de saber encontrar la luz al final de ese camino porque hay un plan de Dios

 


En ocasiones hay cosas que no entendemos, que incluso nos han hecho daño, sufrir, pero hemos de saber encontrar la luz al final de ese camino porque hay un plan de Dios

2 Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16; Salmo 88; Romanos 4, 13. 16-18. 22; Mateo 1, 16. 18-21. 24a

Hay cosas que nos suceden, acontecimientos en los que nos vemos envueltos, que quizás en ocasiones por lo imprevisto y sorpresivo nos cambian la vida. ¡Qué difícil cuando tenemos nuestros planes, cuando tenemos más o menos decidido lo que queremos de la vida, lo que queremos hacer, que de pronto nos suceda algo, nos llegue una noticia, nos planteen algo que nos va a cambiar totalmente nuestros planos! Y nos sucede en más de una ocasión, hay veces en que nos dejamos sorprender y entramos en esa nueva onda que aparece en nuestro horizonte, pero a veces nos hacemos de rogar, lo pesamos y sopesamos muchas veces antes de decidirnos, de entrar al trapo en aquello que nos sucede y que implica y hasta complica nuestra vida.

Nos hará falta mucha madurez y equilibrio; queremos ser fieles a nuestros planes, porque era lo que habíamos pensado que era mejor para nuestra vida, pero quizás tengamos que acomodarnos, darle otro rumbo a la vida, entrar en un juego, por decirlo así, en el que no habíamos pensado entrar, ni siquiera lo sospechábamos.

Pero ahí están los misterios de Dios que nos hace sorprendernos tantas veces en la vida; muchas veces incluso nuestra fe se puede tambalear, porque hasta injusto nos puede parecer el que tengamos que complicarnos la vida así.

¿No será lo que estamos viendo hoy en el evangelio que le sucede a san José? ¿Pero no fue algo semejante lo que le sucedió a María con la embajada del ángel? Ya nos dice el evangelista, así como de paso, que José era un hombre justo, con todo lo que entraña esta palabra y lo que se nos quiere decir. María no había pensado tener conocimiento de hombre y por eso le cuesta comprender lo que significaban las palabras del ángel. Ahora José se ve sorprendido porque María, la joven con la que había celebrado los desposorios, sin haber convivido juntos ahora resultaba que esperaba un hijo.

Y aquí contemplamos la madurez humana de José. Le da motivo para muchas y hondas reflexiones, busca un equilibrio en su vida, pero tampoco quiere hacer daño a nadie, interiormente se ve atormentado, pero es el hombre que se abre al misterio, que se abre a Dios, porque allá en su interior quiere escucharlo. Será en forma de sueños, pero el ángel del Señor le ilumina, le hace comprender que detrás de todo eso hay un plan de Dios, que hay un lugar también para él en ese plan de Dios; ahora le toca acoger a aquella mujer, pero acoger también al hijo que va a nacer al que tendrá que mirar como hijo, pues a él se le encomienda la misión de ponerle nombre, función que estaba reservada al padre. Y José, como María, también dice sí, recibió a María, su mujer, en casa como le había dicho el ángel.

Un proceso muy hermoso el que contemplamos. Son mucho más que meras anécdotas para contar. Es descubrir actitudes que hemos de asumir. Es estar abiertos en la vida a la acción de Dios y a lo que son sus planes para nosotros, que muchas veces también nos romperán nuestros planes. Pero tenemos que dejarnos conducir.

Algunas veces nos cuesta, habíamos soñado con tantas cosas, pero ahora todo cambia y nos puede parecer que quizás tengamos una vida escondida, o podrá ser también que en esos nuevos planes hay unos compromisos mayores con nuestras tareas y nueva misión. Todos quizás habremos pasado por situaciones así en la vida, y después de todo nos damos cuenta que allí hubo una acción de Dios. Hay que descubrirlo, hay que sopesar bien las cosas, también tenemos que ser como José un hombre bueno, una persona buena, pero una persona reflexiva, pero una persona orante, pero una persona abierta al plan de Dios.

Creo que es un buen pensamiento que tenemos que rumiar también en este camino de cuaresma que estamos haciendo, en medio del cual hoy nos ha aparecido la figura de José. Como decíamos antes, en ocasiones hay cosas que no entendemos, hay cosas que incluso nos han hecho daño, nos han hecho sufrir, pero hemos de saber encontrar la luz al final de ese camino. Porque Dios nos está diciendo algo.

lunes, 20 de marzo de 2023

San José, un hombre bueno de una espiritualidad profunda que en silencio se dejó conducir por Dios y su vida fue una total disponibilidad

 


San José, un hombre bueno de una espiritualidad profunda que en silencio se dejó conducir por Dios y su vida fue una total disponibilidad

2Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16; Sal 88; Romanos 4, 13. 16-18. 22; Mateo 1, 16. 18-21. 24a

Aunque demasiadas veces vamos por la vida demasiado pesimistas y nos parece ver maldad por todas partes, hemos de reconocer - y también aprender a descubrir – que nos encontramos con muchas semillas de bondad, personas buenas, en las que sin que nos digan nada se palpa su bondad. 

Son personas que desprenden serenidad con solo su presencia, son capaces de llevar una sonrisa de paz siempre en su semblante aunque haya momentos que lo pasen duro; personas que inspiran confianza, con las que uno se siente siempre a gusto; personas de palabra amable y oportuna sin ser demasiado habladores quizás, pero lo que dicen están siempre lleno de sabiduría; son personas reflexivas, que no dicen una palabra innecesaria, pero lo que nos dicen siempre nos conducirá al lado sabio de la vida; personas que saben estar en silencio junto a ti, pero siempre sin embargo dispuestas a escuchar, a ayudarte a pensar, a ser como una luz que ya son su presencia te abre caminos y te hace elevar el espíritu. Son personas de rica espiritualidad. 

Cómo decíamos, tenemos que aprender también a descubrirlas, porque son como un tesoro escondido, pero que se dejan encontrar.

Hoy el evangelio nos dice que José ‘era bueno’. Nos lo dice su silencio, su búsqueda de lo mejor para no hacer daño, su paciencia y su disponibilidad, su humildad para pasar desapercibido, pero su disposición siempre a ponerse en camino, la grandeza de su corazón y su esperanza, su apertura al misterio de Dios para escucharle allá en su interior aunque fuera bajo la imagen de los sueños. No escuchamos hablar a José en el Evangelio pero nos dice muchas cosas; no le vemos hacer cosas extraordinarias, pero supo hacer con extraordinario amor lo que cada día se le pedía aunque fuera insignificante.

Hoy estamos celebrando la fiesta de san José, porque en la coincidencia con un domingo de cuaresma su celebración litúrgica se traslada de día, pero no podemos dejar de celebrarlo. Tuvo un lugar muy significativo, aunque pudiera pasar desapercibido como él en todo solía hacer, en la historia de nuestra salvación. Importante fue el sí de María ante el anuncio del ángel, pero importante fue el sí silencioso de José cuando acogía a María en su casa, pero cuando se convirtió en el padre de Jesús, que era el Hijo del Dios.

De María siempre decimos, y no nos cansaremos nunca de alabarla, de la profunda espiritualidad de su vida, pero es que de José podemos hablar en el mismo sentido. Era el hombre siempre abierto a Dios, a lo que fuera su voluntad y así gastó su vida como hombre y como padre en servicio, precisamente al Hijo de Dios.

De José tenemos muchas cosas que aprender. Simplemente en pocas palabras tenemos que decir seamos unas personas buenas como José. Ese hombre bueno que describíamos al principio y que bien pudiera ser un retrato de José es la imagen de lo que nosotros en la vida tenemos que ser. Acogedores en silencio, transmisores de paz y de serenidad, con los oídos del corazón siempre abiertos para escuchar y para acoger, reflexivos que sabemos mantenernos en silencio lo que sea necesario pero que luego nuestras palabras estén llenas de esa sabiduría que hemos rumiado en nuestro interior, pacientes para amar sin cansarnos, para sonreír sin transmitir amarguras porque mucho que nos duela el corazón, dispuestos siempre al servicio sin buscar apariencias ni vanidades.

Que de san José aprendamos de su espiritualidad, porque nuestro corazón está siempre dispuesto para Dios, para escucharle y para descubrir en todo su voluntad encontrando así el camino de servicio y donación que hemos de hacer de nosotros mismos para los demás.

sábado, 19 de marzo de 2022

Contemplamos hoy a san José, el hombre justo, el hombre del silencio, el creyente con un sólido cimiento en su vida, que supo descubrir las señales de Dios

 


Contemplamos hoy a san José, el hombre justo, el hombre del silencio, el creyente con un sólido cimiento en su vida, que supo descubrir las señales de Dios

2Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16; Sal 88; Romanos 4, 13. 16-18. 22; Mateo 1, 16. 18-21. 24a

Hay silencios que hablan. Muchas veces nos quedamos en silencio en la vida, ¿no sabemos qué decir? Es cierto que hay cosas que nos desbordan, nos causan admiración y hasta sosiego, nos quedamos sin saber qué decir. Pero esos silencios también pueden hablar; porque nos están hablando en nuestro interior produciéndose interrogantes y el diálogo quizás es con uno mismo en aquello que nos sucede. Es cierto también que hay silencios que nos los imponen, porque no nos dejan hablar, porque no quieren que se escuche lo que queremos decir, porque nos llenan de miedo el alma y sufrimos en silencio.

Pero hay silencios que buscamos, porque quizás lo necesitamos, o porque nuestro silencio ya de por sí sea un grito, se convierta en testimonio, nos hable de prudencia, o nos ayude a mantener la rectitud en nuestro corazón ante aquello que no entendemos y de alguna manera nos abrimos al misterio. Son silencios de reflexión, de buscar como ahondar y profundizar en nosotros mismos y en lo que nos sucede, son silencios que en el creyente se convierten en oracion, porque se hacen ofrenda, porque son interrogantes ante Dios, porque nos preparan para la escucha interior descubriendo también lo que Dios nos quiera revelar.

Estamos hoy ante un hombre de silencio. No conocemos ninguna de sus palabras en el evangelio. Pero sí vemos su actuar en silencio. El silencio de José nos habla, se convierte en un grito de Dios para nosotros. Es el silencio de quien se pone en las manos de Dios. Es el silencio que le produjera muchos interrogantes en su interior, y mucho sería lo que desde su corazón en silencio él le va a hablar a Dios. Es el silencio de quien supo descubrir su lugar, que aparentemente parecía que quedaba en un segundo término, pero que fue tan importante en la historia de la salvación de Dios para nosotros.

Será ese primer silencio ante el misterio que se estaba realizando en María y donde él querrá actuar en silencio para no herir, para no molestar, para no hacer daño, pero donde se le va a revelar no el misterio de María sino el misterio de Dios que allí se estaba haciendo presente. Y él comprendió su lugar y simplemente se dejó conducir. Vendrá el camino de Belén incomprensible e inesperado por el capricho de un gobernante, pero será el dolor de las puertas cerradas de Belén para terminar en un establo.

Ante todo lo que seguirá sucediendo, el nacimiento del niño, la aparición de los pastores, la llegada más tarde de los magos de Oriente, siempre lo veremos en un aparente segundo plano y siempre lo veremos en silencio; así lo contemplaremos en su función de padre a la hora de la presentación del niño en el templo, pero en silencio en un segundo plano porque los protagonistas serán otros en ese momento; surgirá también de manera inesperada la huida a Egipto con aquellos años que podríamos llamar de destierro y lo veremos siempre escuchando los designios de Dios y cumpliendo la función que como padre tendrá que realizar en esos momentos.

¿Silencios dolorosos? Dentro de toda la felicidad de participar en el misterio de Dios cuando con fe aceptamos lo que es la voluntad de Dios, humanamente como hombre tuvieron que ser momentos y silencios difíciles solo posibles de superar de quien podía vivir algo profundo en su interior, donde encontrara toda la fuerza cuando es Dios mismo el que se le va revelando aunque sea a través de sueños y de voces de Ángeles que se escuchan en su interior.

Es la profundidad del silencio de José. El hombre justo, como lo define el evangelio; el hombre de una fe profunda, porque sin esa fe no podría haber salido adelante en los momentos duros que se le fueron presentando en la vida. Es el silencio que resplandece en José, señal de esa espiritualidad profunda para discernir y para aceptar lo que son los planes de Dios.

Mucho tenemos que aprender del silencio de José; un aprendizaje que nos llevará de la mano a ese ir dándole hondura a nuestra vida, a poner cimientos sólidos que puedan sostener todo ese engranaje de la vida que algunas veces también se nos hace difícil. Sin sólidos cimientos el edificio se nos viene abajo ante el primer embate de la tormenta; es lo que nos está pasando tantas veces que nos parece que no tenemos nada debajo de nuestros pies en lo que mantenernos firmes en los embates de la vida.

¿Cómo podremos escuchar a Dios si solo nos entretenemos con los ruidos de la vida? Aprendamos de José para que seamos también nosotros esa persona justa, esa persona llena de Dios, esa persona que podrá navegar en medio de las tormentas de la vida sabiendo que su barca va a llegar a puerto porque está bien guiada por el único que es el buen piloto de nuestra vida. Dejemos actuar al espíritu de Dios en nosotros.

martes, 28 de diciembre de 2021

Despierta y levántate para descubrir quienes son los santos inocentes de hoy ante los que no podemos quedarnos insensibles cerrando los oídos a sus gritos

 


Despierta y levántate para descubrir quienes son los santos inocentes de hoy ante los que no podemos quedarnos insensibles cerrando los oídos a sus gritos

Juan 1, 5 – 2, 2; Sal 123; Mateo 2, 13-18

Hay ocasiones en que aunque nos vaya mal preferimos seguir como estamos antes que el esfuerzo de despertar y levantarnos para tratar de encontrar un camino mejor. Muchas veces vamos de pasivos en la vida, nos da pereza tener que esforzarnos para cambiar y fácilmente caemos en una rutina que nos adormece. Solo los que son capaces de mirar alto distinto y con mayor altura, solo los capaces de esforzarse por levantarse y cambiar podrán lograr algo. Y en muchas cosas de la vida nos pasa; tratamos de hacer nuestros arreglos, nuestros apaños, pero no ponemos toda la voluntad que necesitamos para tratar de ver algo distinto. En cierto modo necesitamos ser soñadores, porque aunque sea en sueños podemos vislumbrar que las cosas pueden ser distintas, que se pueden hacer de otra manera, y seremos capaces de levantarnos para ponernos en camino.

En este día en que la liturgia conmemora a los santos inocentes de Belén, que por otra parte popularmente tratamos de llenar de humor con nuestras inocentadas, a pesar del drama que significa lo que conmemoramos, necesitamos adentrarnos un poco más en el evangelio, que como siempre quiere abrirnos nuevos caminos.

El texto ha partido del episodio de los magos de Oriente que porque fueron capaces de levantar la mirada a lo alto descubrieron una nueva estrella que les iba a conducir a Belén. Fue un levantar la mirada a lo alto y escuchar una voz en su interior que los hacía ponerse en camino porque lo que estaban contemplando tenía un significado hondo aunque ellos quizá en principio no fueran capaces de ver todo su alcance. Pero habían levantado la mirada a lo alto para soñar con algo nuevo y distinto.

Pero el episodio se centrará luego en el sueño de José que le hace levantarse también y marchar con el Niño y su madre a Egipto. ¿Eran sueños? Era algo más que sueños que puedan llenarnos de pesadillas en la noche. En el sueño vislumbraba algo distinto y era capaz de escuchar la voz de Dios que en un ángel se le manifestaba. Alguien podría hablar de supersticiones y fantochadas, pero hay unos hechos que se cumplieron y la vida del Niño pudo salvarse aunque fuera tras un arduo camino de huida a Egipto. José era un hombre creyente y estaba dispuesto a escuchar la voz de Dios aunque llegara a él a través de sueños.

Mucho nos están enseñando estos episodios. ‘Levántate…’ le decía la voz del ángel a José, como un día una voz semejante había hecho levantarse a aquellos magos de Oriente para ponerse en camino.

‘Levántate…’ podemos estar sintiendo que se nos dice también, levántate y sueña con algo distinto, levántate y sé capaz de descubrir nuevos caminos, levántate y descubre el mundo de sombras que puede haber a tu alrededor, levántate y mira la crueldad del sufrimiento de muchos en tu entorno… no podemos quedarnos adormecidos, no podemos quedarnos insensibles ante las violencias de nuestro mundo que sufren niños, que sufren mayores, que sufren las mujeres, no podemos cruzarnos de brazos ante tantas soledades de personas mayores o de tantos que no tienen una voz que los defienda, una mano amiga que les ayude a caminar, un corazón ardiente que les llene de nuevo de ilusión y de esperanza.

Son los santos inocentes del mundo de hoy. Tratemos de descubrirlos porque ahí a nuestro lado están. Nosotros no podemos refugiarnos en la huida, nosotros tenemos que ponernos manos a la obra para que las cosas cambien. Escuchamos el llanto y los gritos ¿y vamos a cerrar nuestros oídos?

sábado, 18 de diciembre de 2021

En medio de las zozobras y de los momentos de prueba se ha de manifestar la madurez de nuestra fe para ser capaces de dar el paso adelante que nos pide el Señor como lo hizo José

 


En medio de las zozobras y de los momentos de prueba se ha de manifestar la madurez de nuestra fe para ser capaces de dar el paso adelante que nos pide el Señor como lo hizo José

Jeremías 23, 5-8; Sal 71; Mateo 1, 18-24

Hay situaciones que se nos presentan en la vida que son verdaderas pruebas para nosotros. Una situación inesperada, un cambio de rumbo que hay que tomar dejando muchas cosas queridas a un lado, una estabilidad en la vida a la que nos habíamos acostumbrado pero que de la noche a la mañana todo cambia y nos sentimos totalmente inseguros, algo que parece romper nuestra relación con las personas que amamos por algún acontecimiento o por algo que sucede y que no tiene humana explicación.

Cuando nos vemos en una situación así lo pasamos mal y nos parece que todo el mundo se derrumba bajos nuestros pies. Es difícil enfrentarnos a la situación, es difícil mantener la serenidad y del equilibrio, la equidad del espíritu, es difícil lo que nos parece que es comenzar una vida nueva y de cero.

Pero ahí es donde se manifiesta nuestra madurez, nuestra fortaleza, el sentirnos bien afirmados en unos principios, en no perder la paz del corazón. No sentirnos resquebrajados y seguimos adelante; somos capaces de tener ecuanimidad y con serenidad de espíritu descubrir lo bueno que se nos puede deparar para nosotros incluso de esa situación amarga; como creyentes el saber descubrir lo que es la voluntad de Dios para mi vida y el paso adelante que Dios quizás nos está pidiendo. Y muchas veces, aunque no nos guste o las tratemos de disimular, tenemos que enfrentarnos a situaciones semejantes.

Hoy en el evangelio y en el entorno de Cristo vemos una situación así. Duro tuvo que ser el momento para José; María, su prometida, la que legalmente de alguna manera se podía considerar su esposa, estaba encinta sin haber convivido con él. Amaba a María, era su mujer, no podía entender lo que sucedía, María quizás tampoco se manifestaba porque María sí había comprendido el misterio de Dios que en ella se realizaba, pero era difícil hacerlo entender a otras personas. José, sin querer dañar a nadie, tenía más o menos la decisión tomada; pero aquí aparece el ángel del Señor.

José era bueno y un hombre abierto a Dios; lo que podemos llamar un auténtico creyente; nos da señales de ello. Y siente la voz de Dios en su corazón. ¿En sueños? ¿Un ángel? Dios tiene muchas formas misteriosas de manifestarse, lo que el hombre tiene que estar atento a la voz de Dios para ser capaz de escucharla, aunque muchas sean las tormentas que lleva en su corazón. Es lo que sucedió en José. Y supo escuchar la voz de Dios y a él también se le reveló el misterio; y él supo aceptar de forma madura ese designio de Dios. Y José se llevó a Maria su mujer a su casa.

¿Seremos capaces en medio de nuestras zozobras de escuchar la voz de Dios en nuestro corazón? Hemos de estar entrenados para ello; tenemos que saber ir abriendo nuestro corazón a Dios cada día hasta en las cosas más pequeñas; podrán venir tormentas fuertes pero estaremos bien anclados en Dios y sabremos tomar la decisión, dar el paso adelante y seguir el camino que se abre ante nosotros. Como lo hizo José, como lo hizo María, como tenemos que hacerlo nosotros cada día.

viernes, 19 de marzo de 2021

Dios nos va sorprendiendo a cada paso y como san José sabremos leer los caminos de Dios dejándonos conducir por la obediencia de la fe

 


Dios nos va sorprendiendo a cada paso y como san José sabremos leer los caminos de Dios dejándonos conducir por la obediencia de la fe

2Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16; Sal 88; Romanos 4, 13. 16-18. 22;  Mateo 1, 16. 18-21. 24a

‘Era el hijo de José, el carpintero’, darían como referencia para Jesús cuando fue a su pueblo y se levantó en la sinagoga para hacer la lectura. Y hoy la Iglesia y la liturgia nos hace volver la vista hacia san José, el esposo de María, de la cual nació Cristo, como se nos dirá en otro momento del evangelio. Y este año el Papa Francisco con una breve carta apostólica sobre san José nos invita a celebrar el año de san José; inmersos en ello estamos desde el pasado 8 de diciembre, día de la Inmaculada Virgen María.

Justo, pues, que esta fiesta de san José que a causa de la pandemia estamos pasando por debajo de la mesa como decimos cuando no podemos celebrar un acontecimiento familiar, un cumpleaños de alguno de sus miembros. Nos pasa que no podemos darle mucha solemnidad externa, pero eso no nos quita para que reflexionemos sobre su figura y desde las pocas líneas que el evangelio le dedica entresaquemos hermoso mensaje y testimonio que nos ayude en el camino de nuestra vida cristiana, como queremos hacer siempre con la fiesta de cualquier santo.

Hombre de fe y hombre humilde como el que más, hombre abierto al misterio de Dios y obediente a sus designios no siempre de fácil comprensión y asimilación. Es el hombre creyente que sabe rumiar todo el misterio de Dios que envuelve su vida. No era hombre de decisiones apresuradas pero sí siempre pronto a confrontar su vida y lo que le sucedía con el misterio de Dios que todo lo envolvía. Es el hombre bueno que querrá hacer sufrir a nadie por la toma de sus decisiones, sino que siempre se abre al designio de Dios que se le revela, pero que él sabe leer esa revelación en aquello que le va sucediendo.

No es poco lo que hasta aquí estamos diciendo. Noches oscuras turbaban su vida cuando siendo bueno y siendo recto su vida se ve envuelta en hecho que pudieran mancillar su reputación y la de las personas que él más quería. El misterio que sucede en María y que él no termina de entender estaba poniendo en juego su rectitud y su madurez humana como hombre. La afecta profundamente a su vida pero ni quiere escandalizar, ni quiere dañar a nadie, por eso decide actuar en el silencio. Qué lección más bonita que tenemos que aprender, guardar silencio ante lo que sucede y no comprendemos; guardar silencio pero abrir su corazón a quien se le puede revelar en ese silencio o a quien en el silencio le habla y le señala caminos. Es le hermosa lección que de José aprendemos.

Y en el silencio de la noche, en el silencio de las horas pasadas en profunda reflexión dando vueltas y más vueltas a cuanto le sucede, en el silencio que se hace oración y apertura a Dios, José escucha en su corazón, José escucha la voz de Dios que le habla por el ángel del Señor y José llegará a comprender y aceptar todo el misterio de Dios tantas veces incomprensible. Cuánto bien nos hace rumiar una y otra vez en nuestro interior esos misterios de Dios que se nos revelan y nos tienen que llevar también a la toma de decisiones sobre lo fundamental de nuestra vida.

Así se nos muestra san José como ejemplo de lo que ha de ser la obediencia de la fe. Esa obediencia de la fe, cuando desde la luz de la fe y aunque los razonamientos humanos parezca que van en otro sentido, nosotros sabremos decir Sí, como lo hizo san José. Tras las palabras del ángel cuando en principio él pensaba huir lejos de cuanto le estaba sucediendo sin embargo se lleva a María, su mujer a casa; pero es el sí que siempre lo está poniendo en camino, primero Belén, más tarde Egipto, finalmente de nuevo Nazaret. No eran sus caminos pero eran los caminos que había que recorrer porque eran los caminos de Dios, aunque él nunca hubiera pensado tener que recorrer esos caminos.

Es lo sorprendente de san José, como muchas veces son sorpresas los caminos que se van abriendo delante de nosotros cuando sabemos hacer silencio para dejarnos conducir por el ángel del Señor. No siempre hemos hecho lo que pensábamos o hicimos lo que nunca habíamos pensado que tendríamos que hacer; es la vida que nos va sorprendiendo, pero que el verdadero creyente que nosotros hemos de ser a la manera de san José, descubrimos que no es la vida la que nos da las sorpresas sino que es Dios quien nos va sorprendiendo minuto a minuto cuando son sinceridad y con humildad nos ponemos a recorrer sus caminos.

Abramos los ojos para no perdernos la sorpresa de Dios, para sentirnos siempre inundados por su presencia y por su amor.

jueves, 19 de marzo de 2020

San José, el hombre creyente que desde su fe en la tormenta no perdió la serenidad del espíritu y llenó de bondad su corazón para descubrir el plan de Dios


San José, el hombre creyente que desde su fe en la tormenta no perdió la serenidad del espíritu y llenó de bondad su corazón para descubrir el plan de Dios

2Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16; Sal 88;  Romanos 4, 13. 16-18. 22; Mateo 1, 16. 18-21. 24a
‘¿No es este el  hijo del carpintero?’ se preguntaba la gente de Nazaret cuando escucharon a Jesús aquel sábado en la sinagoga. Es la forma de referirse a José en el evangelio del que en otro momento se dice que era un hombre bueno. Pero de los pocos rasgos de los que nos habla el evangelio se manifiesta el hombre creyente que en medio de las turbulencias y dudas a las que se vio sometido no perdió el sentido de la fe para saber descubrir detrás de todo cuanto le sucedía lo que era la voluntad de Dios.
Cuánto nos cuesta cuando nos vemos en la vida envueltos en turbulencias, en dudas, en problemas que nos parecen irresolubles no perder ese sentido de la fe. En ocasiones, es cierto, lo pasamos mal, no comprendemos lo que nos sucede o el por qué de las cosas, nos vemos como envueltos en oscuridad que nos llena de miedos, el futuro se nos hace incierto, y tememos los fracasos o los sufrimientos que de una forma u otra nos pueden sobrevenir, sufrimos por nosotros y lo que nos pueda suceder pero también por aquellos a los que queremos y están cerca de nosotros.
¿Qué hacer? ¿Cómo enfrentarnos a estas situaciones? ¿Dónde encontrar la fuerza para la lucha, para mantener la constancia y no hundirnos en la desesperanza? Dudas, incertidumbres, miedos, que nos inquietan y nos agobian. ¿Dónde encontrar esa luz que nos haga ver con claridad, que nos haga mantener la serenidad del espíritu porque sabemos que con la perseverancia podremos encontrar la salida?
José pasó por un momento fuerte de turbación. Lo que estaba sucediendo le quitaba el sueño porque había silencios que no entendía, sucedían cosas que estaban fuera de lo normal. Pero era bueno, quería buscar salidas honrosas para todos porque no quería de ninguna manera hacer daño y menos a quien amaba. El embarazo de María se salía de los cauces normales y eran terribles las pesadillas que pasaban por su espíritu. Pero esperó, confió, se dejó conducir por el Espíritu del Señor que estaba en su corazón aunque casi no se daba cuenta en medio de tantas oscuridades.
Y el Señor le habló a su corazón. En sueños - ¿acaso el podía dormir con aquel tormento? – el ángel del Señor se le manifiesta – es una forma bíblica de expresarnos lo que era la acción del Espíritu – y arroja un rayo de luz sobre su vida. Detrás de todo aquel misterio estaba Dios y él supo descubrirlo y escuchar lo que el Señor le pedía. Su colaboración iba a ser esencial en la historia de la salvación, en la obra de nuestra salvación. Aquel niño que se gestaba en el seno de María era obra de Dios y con El habría de nacer la salvación para el mundo. Aquel niño habría de llamarse – era él como padre quien tendría que ponerle el nombre – Jesús, porque era la salvación de la humanidad.
José no perdió el sentido de la fe. Una fe que le hacía confiar y le llenaba de esperanza; una fe que le hacia mantenerse fuerte en medio de la tormenta para no perder la serenidad del espíritu; una fe, es cierto, que le hacía buscar, pero que era al mismo tiempo su fortaleza en medio de toda la tribulación; una fe que le impulsaba a seguir actuando con responsabilidad pero que al mismo tiempo llenaba de bondad su corazón; una fe que le hizo sentir la presencia de Dios cuando podría parecer que todo estaba perdido; una fe que le daba fortaleza a su corazón cuando todo parecía oscuridad y se llenaba de temores; una fe que le hizo descubrir lo que era el plan de Dios para su vida.
Qué lección más hermosa para nuestra vida y en los momentos que vivimos. Que no nos falte la visión de fe ante todo lo que nos sucede; que desde esa fe sintamos la fortaleza de Dios en medio de las tormentas de la vida; que se mantenga la serenidad de nuestro corazón; que nos sintamos en todo momentos impulsados a lo bueno y a la solidaridad con los que sufren; que nunca perdamos la esperanza porque detrás de este túnel está la luz, encontraremos la luz; que descubramos detrás de cuanto nos sucede lo que es el plan de Dios para nosotros. Y es que Dios no nos abandona; Dios se hace presente en nuestra vida, nos acompaña y fortalece con su gracia, nos da la presencia y la fortaleza del espíritu. 

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Seamos capaces de sentirnos unos instrumentos en los planes de Dios porque también nosotros ocupamos un lugar en la historia de la salvación de nuestro mundo


Seamos capaces de sentirnos unos instrumentos en los planes de Dios porque también nosotros ocupamos un lugar en la historia de la salvación de nuestro mundo

Jeremías 23, 5-8; Sal 71; Mateo 1, 18-24
Alguna vez en la vida nos habremos encontrado en una situación embarazosa en que teníamos que tomar una decisión importante, que era casi un dilema, decisión en la que podían verse afectadas otras personas, y nos encontramos sin saber qué hacer. Son momentos duros, de zozobra, de inquietud, de no poder dormir quizás, porque no queremos hacer daño, queremos tomar la decisión más correcta, quizás lo que decidamos no sea del agrado de todos y podamos llevarnos algunas críticas. Lo sopesamos detenidamente y como creyentes queremos invocar a Dios en esos momentos para sentir su luz sobre nuestra vida que además nos dé fuerzas para afrontar las consecuencias de nuestras decisiones. Se nos pueden dar en diferentes y múltiples situaciones y momentos.
Algo así se encontraba José cuando se enteró, porque las señales eran ya evidentes, porque quizás habían comenzado a circular los comentarios, de que la mujer con quien estaba desposado, aun sin vivir juntos según las costumbres y ritos de la época, estaba esperando un hijo. ¿Qué hacer? No quería hacer daño, su reputación también podía quedar mal parada, la situación de María era también bien difícil. ¿A quien acudir? ¿Qué decisión tomar?
Me viene a la mente una situación que se ha repetido y se repetirá muchas veces a lo largo de la historia de tantas familias y que sigue siendo hoy muy actual. Un embarazo no deseado y comienzan las cavilaciones para que decisión tomar. El tema de la despenalización del aborto ha llevado a muchos a pensar que por una parte es una solución fácil para evitar complicaciones pero también hay quien lo mira hasta como un derecho. No es un derecho, porque nadie tiene derecho a tomar decisiones sobre una vida, aunque las leyes permisivas de nuestra sociedad moderna lo haya llevado a una despenalización. En las angustias de José, que hoy contemplamos en el evangelio, me ha venido a la mente esta situación en que hoy muchos se pueden encontrar, aunque ahora no entremos demasiado a fondo en el tema, pero que da mucho que pensar.
Como decíamos antes con la situación de José que, como nos dice el evangelista, era bueno y justo y no quería hacer daño a nadie, ¿A quien acudir? ¿Con quien contar? José era un hombre justo y profundamente creyente, porque eso supo escuchar a Dios en su corazón aunque le hablara en sueños. Dios se nos manifiesta de muchas maneras y de muchas maneras nos hace ver cuál es su voluntad, aunque luego las decisiones sobre nuestra vida o que afectan a nuestra vida las deja en nuestras manos.
Dios respeta la voluntad del hombre. El creyente sabe buscar lo que es la voluntad de Dios y trata de conformar su vida a los planes de Dios. No siempre es fácil, no siempre vemos las cosas con claridad, pero tenemos que sabernos dirigir por la fuerza del Espíritu de Dios y es lo que hizo José. El evangelio  nos habla de unos sueños y de un ángel que se le manifiesta en esos sueños. Allá en lo más profundo de si mismo ha sabido descubrir José lo que eran los planes de Dios para su vida y él también dijo Sí, como un día lo hiciera María. Si Maria dijo aquí está la esclava del Señor, José fue capaz, frente a todo lo que podría parecer en contra y no ser una decisión fácil, de sentirse un instrumento en las manos de Dios para los planes de la salvación y se llevó a María, su mujer, a su casa.
Que seamos capaces de sentirnos unos instrumentos en los planes de Dios porque también nosotros ocupamos un lugar en la historia de la salvación de nuestro mundo.

martes, 19 de marzo de 2019

Un silencio que nos habla de la espiritualidad profunda que se abre a Dios y se hace disponible para el servicio sencillo y humilde del hombre justo


Un silencio que nos habla de la espiritualidad profunda que se abre a Dios y se hace disponible para el servicio sencillo y humilde del hombre justo

2Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16; Sal 88; Romanos 4, 13. 16-18. 22;  Mateo 1, 16. 18-21. 24a

Hombre justo lleno de fe, servidor fiel y prudente, sencillo y humilde de corazón son algunas cosas que de entrada podemos decir de San José a quien hoy estamos celebrando.
De Jesús dijeron sus propios convecinos allá en la sinagoga de Nazaret que era el hijo del carpintero, para resaltar su condición humilde. Ser carpintero o artesano era un oficio humilde en un pueblo pequeño como lo era Nazaret, pero no era solo la pobreza de medios sino era el espíritu humilde y sencillo de quien en su oficio estaba dispuesto a ayudar y remediar cualquier necesidad o problemas en aquellos humildes hogares.
Cuando en la vida nos encontramos con una persona de corazón sencillo y humilde, podríamos decir que nos sentimos cautivados por esa generosidad de espíritu que se deja traslucir tras unos humildes ropajes quizá, pero que nos están hablando de una riqueza espiritual que ya nosotros quisiéramos tener. Y es lo que descubrimos en los pocos retazos de su vida que nos trasmite el evangelio.
No era un hombre que viviera en la superficialidad que no se tomara en serio los problemas que la vida misma le fuera ofreciendo. Era el hombre prudente que rumiaba las cosas en su interior antes de tomar decisiones, pero además era un hombre de un profundo sentido de fe para tratar de discernir en todo cuanto le sucedía lo que era la voluntad de Dios. Momentos duros y difíciles por los que tuvo que pasar en su vida descubrimos en esos pocos momentos que nos trasmite el evangelio.
Fueron las dudas ante lo que sucedía en Maria, pero era el hombre bueno y justo que no quería nunca hacer daño. Como hombre, y más en aquella cultura, podría haber sentido profundamente herido en cuanto veía o sospechaba. Pero era un hombre abierto a lo bueno y abierto a lo que fuera la voluntad del Señor. Por eso no quería repudiar a Maria, pero se abría a la inspiración del Señor que le viene a través del ángel en el sueño.
En el sentido bíblico el sueño era una manera de expresarnos lo que se siente en el interior sin saber de donde procede, pero que se siente como la voz del Señor. Y es lo que va a ayudar a José en diferentes momentos de su vida. Será ahora con la aceptación de Maria en su casa, será en el tener que desplazarse hasta Belén desde los caprichos de un gobernador que quiere hacer un censo, como será en el momento en que el niño está en peligro y tendrá que huir a Egipto.
Solo una persona de fe profunda, de una gran religiosidad y espiritualidad llega a descubrir de esa manera lo que son los caminos del Señor. De resto, en la vida de José, silencio. Cuánto tenemos que aprender de su silencio.
No le escucharemos pronunciar palabra pero su vida silenciosa nos está hablando de lo que hay en su corazón. Nos está enseñando a rumiar las cosas con serenidad y sin dejarse llevar por los primeros impulsos como tantas veces nos sucede; nos está enseñando a tener un corazón abierto a lo trascendente, un corazón abierto a Dios siempre dispuesto a escucharle. Nos está enseñando a esa disponibilidad que tiene que haber en nuestra vida siempre para el servicio, siempre para lo bueno, para hacer el bien. Es el silencio de san José que nos está gritando hoy en el corazón.
Que aprendamos de ese silencio que nos tiene que hacer reflexivos, profundos en nuestra espiritualidad, siempre abiertos a Dios, siempre disponibles para el servicio, siempre resplandecientes por nuestra sencillez y humildad como san José.