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jueves, 19 de marzo de 2026

Necesitamos ser ese hombre bueno de la fe, como san José, para sentir que Dios está en nuestra vida, sea cual sea nuestra situación, y tiene para nosotros una misión

 




Necesitamos ser ese hombre bueno de la fe, como san José, para sentir que Dios está en nuestra vida, sea cual sea nuestra situación, y tiene para nosotros una misión

2Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16: Salmo 88; Romanos 4, 13. 16-18. 22; Mateo 1, 16. 18-21. 24a

Llegar a descubrir y sentir que, sea como sea nuestra vida, en las mas diversas y hasta contradictorias situaciones que vivamos, Dios está en nuestra vida y quiere contar con nosotros es una maravilla y un gozo que solo podemos alcanzar por la fe. la vida en ocasiones se nos vuelve ininteligible incluso para nosotros mismos, nos podemos ver confundidos por las situaciones que se nos presentan que en principio no sabemos a donde nos van a llevar, tendremos incluso conflictos en nuestro interior sin saber qué hacer, lo que pueda ser mejor, lo que nos puede dañar o no o a aquellos que pueden estar cerca de nosotros, pero si no perdemos el norte de la fe una luz nos va a iluminar para sentir que Dios anda detrás de todo eso y de alguna manera nos está hablando a nuestro corazón.

¿Era la situación en que se encontraba José con lo que estaba sucediendo en su vida, que de alguna manera le complicaba y ante lo que no sabía qué hacer o cómo actuar? Pero mostró una madurez humana muy grande porque él se sentía envuelto por el amor y cuando hay amor de verdad en nuestra vida no queremos hacer daño a nadie y tenemos la paciencia para esperar y un día poder llegar a comprender. Esperas y paciencia que algunas veces se nos pueden volver callejones oscuros pero tenemos por la fe la confianza de que una luz nos iluminará.

Es lo que contemplamos en este pasaje evangélico en la vida de san José a quien hoy estamos celebrando. ‘Era bueno’, nos dice el evangelista y con ello nos quiere significar mucho; era alguien que había ido madurando su vida en la fe y en el amor; ahora en nombre de ese amor no quería hacer daño a la mujer a quien amaba y con quien estaba desposado, aunque hubiera cosas que no comprendiera y fueran para él callejones oscuros.

Pero  san José sabía captar la sintonía de Dios, aunque en las turbaciones por las que estaba pasando se le podía hacer difícil. El evangelista en la forma de hablar propia de aquellas épocas habla de unos sueños en los que les habla el ángel de Dios. Será también en otros momentos donde volverán a aparecer esos sueños y esa voz de Dios a través de ellos. Pero solo quien tiene la sintonía de la fe, como decíamos antes, es capaz de ver a Dios presente en su vida aunque las situaciones y circunstancias sean difíciles de entender.

Y José desde su fe se deja guiar por esa voz de Dios que de esa manera llega a su vida. Y siente no solo que Dios está con El y Dios está en esas situaciones sino que Dios quiere contar con él. En el plan de Dios hay un lugar para José, el esposo de María, que le va a dar un hijo al que él como padre ha de imponer el nombre de Jesús. Es su función de padre, es el lugar que Dios le está reservando en el misterio de nuestra salvación, es la misión que ha de realizar aunque sea grande el misterio y no siempre las cosas aparezcan con la claridad necesaria. Hoy para nosotros cuando contemplamos estos hechos, lo que nos relata el evangelio, podría parecernos muy claro todo cuanto le está sucediendo a José.

Esto nos tiene además que hacer reflexionar para lo que es también nuestra vida. Jóvenes o mayores quienes nos estamos haciendo esta reflexión habremos tenido o habremos pasado también por situaciones muy diversas en nuestra vida; muchas veces también nos habremos visto perdidos, habrá habido cosas que nos han hecho sufrir, momentos en que también quizás nos hemos visto atormentados por la duda, cosas que no comprendemos y comenzamos a echarle la culpa a quien sea o nos culpabilizamos a nosotros mismos sintiéndonos a la vez confundidos, momentos también en los que habremos podido vivir la vida a la ligera sin preocuparnos ni preguntarnos por nada sino que simplemente nos hemos dejado llevar, cada uno conoce sus situaciones y sus circunstancias, pero quizás  tendríamos que preguntarnos si en esas cosas por las que hemos pasado habremos sabido descubrir la presencia de Dios en nuestra vida.

Aunque hayamos estado cegados Dios ha estado ahí, Dios nos ha ido conduciendo, de alguna manera nos ha estado diciendo que cuenta con nosotros porque tenemos nuestro lugar en el corazón de Dios, nos ha estado abriendo caminos, ampliando horizontes, señalándonos también una misión que tenemos que realizar.

Necesitamos ser ese hombre bueno de la fe como José, para que se manifieste nuestra madurez humana y cristiana para afrontar nuestra vida con un nuevo sentido que es el que le va a dar verdadera profundidad a nuestra vida. ¿Qué querrá Dios de mí? ¿Cuál será la misión que Dios aun sigue confiándonos en la altura que estemos de nuestra vida? Abramos nuestro corazón a Dios como lo hizo san José y dejémonos conducir por la acción de su Espíritu, que no nos hablará en sueños, pero si nos habla en lo más profundo del corazón.

jueves, 19 de diciembre de 2024

Sepamos discernir, aunque sean momentos oscuros, la mirada del Señor que se vuelve hacia nosotros para llenarnos de bendiciones en la misión que nos confía

 


Sepamos discernir, aunque sean momentos oscuros, la mirada del Señor que se vuelve hacia nosotros para llenarnos de bendiciones en la misión que nos confía

Jueces 13, 2-7. 24-25ª; Salmo 70; Lucas 1, 5-25

Cuando estamos esperando algo con mucha ilusión y durante mucho tiempo sin que veamos señales de que podamos conseguirlo y finalmente nos anuncian que después de tanta espera nos lo van a conceder, no nos lo creemos. Era tanto que lo deseábamos que ahora nos parece un imposible que se cumpla, que se haga realidad. Las esperas desesperan y el tener que esperar mucho nos hace perder la esperanza.

El deseo de aquel buen matrimonio ya anciano era poder tener un hijo; con ansia lo habían pedido al Señor pero un día sus esperanzas se habían desinflado, Isabel era estéril y no podían tener hijos; ahora además eran muy mayores. Pero otros son los designios de Dios, aunque muchas veces nos cueste entenderlos. Zacarías era sacerdote y aquella semana estaba oficiando en el templo. Le tocaba hoy hacer la ofrenda del incienso entrando al lugar santo, mientras el pueblo estaba fuera a la espera.

Quizás con su pensamiento centrado en lo que era el deseo del todo buen judío, la pronta venida del Mesías, hasta había podido olvidar o dejar en segundo plano lo que eran sus deseos personales. Atento estaba a lo que tenía que realizar en el lugar sagrado recogiendo lo que eran las oraciones del pueblo. Su misión y función en aquel momento era recoger los anhelos de todos para presentarlos al Señor, y allí en esas ofrendas también estarían sus anhelos.

Su oración había sido escuchada. Un ángel del Señor, como un enviado de Dios, se iba a hacer presente en medio del humo que ascendía desde el santuario al cielo aquel día. A la derecha del altar del incienso allí estaba el ángel del Señor. ‘Tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría y gozo, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor’. Fueron las palabras del ángel invitándole a no perder la paz. ‘No temas, Zacarías’, había comenzado diciéndole.

Será el momento de la emoción ante el misterio de Dios que se le revelaba y fue el momento de la sorpresa. No lo podía creer. Lo había deseado tanto y parecía que el cielo se hacia sordo a sus peticiones, que ya le parecía imposible que su cumplimiento. Pero allí estaba la certeza y a veracidad de la Palabra de Dios que no podía ponerse en duda, aunque muchas seguían siendo las dudas que embargaban su corazón. Son las preguntas balbucientes que salen de sus labios.

Allí estaba el cumplimiento de la promesa del Señor. Aquel niño vendría como signo de contradicción como día otro anciano, pero como señalaba el ángel para cumplimiento de las promesas de Dios a través de los profetas, venía para convertir muchos corazones a Dios; con el espíritu y el poder de Elías se iba a manifestar de manera que luego Jesús vendría a corroborar que la segunda vuelta del profeta Elías se había cumplido en la figura de Juan Bautista, porque ‘venía para preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto’. A Zacarías le había costado entender y creer, de ahí el tiempo que permanecería mucho hasta el nacimiento de su hijo, mientras Isabel daba gracias a Dios que en ella había puesto sus ojos. Un día María también precisamente en la presencia de Isabel reconocería que Dios se había fijado en la pequeñez de su esclava y en ella había hecho cosas maravillosas. ¿No sería de alguna manera era la oración de Isabel en aquellos momentos?

Pasamos en la vida por momentos difíciles y contradictorios, mantener unas esperanzas en el corazón aunque nos cueste porque queremos seguir confiando en el Señor, hay momentos en que todo se nos vuelve turbio y oscuro y podría parecer que ya hemos de perder la ultima esperanza, pero Dios sigue contando y confiando en nosotros. A pesar de nuestras dudas tendríamos que saber reconocer como Dios se fija también en nosotros y para nosotros tiene también una misión

¿Sabríamos discernir esos momentos en que también sobre nosotros se vuelve la mirada del Señor para llenarnos de sus bendiciones ante la tarea que tenemos que nos confía realizar?


miércoles, 20 de diciembre de 2023

Se buscan creyentes que se dejen sorprender por las maravillas de Dios hoy, ¿cuál será la recompensa?

 


Se buscan creyentes que se dejen sorprender por las maravillas de Dios hoy, ¿cuál será la recompensa?

Isaías 7, 10-14; Sal 23; Lucas 1, 26-38

¿Somos capaces de sorprendernos o ya pasamos de todo, y parece que estamos tan curados de espanto que ya nada nos sorprende? Quizás si vamos a un espectáculo, o vemos una película de cine estamos buscando esas imágenes de efectos especiales y con ellas si nos dejamos sorprender; los medios técnicos que hoy tenemos, la digitalización de todo lo que hacemos nos puede permitir esos efectos y quizás eso es lo que buscamos.

Pero hay cosas que nos pueden parecer sencillas y que son sorprendentes, pero en ellas no nos fijamos; cuando entramos en el ámbito de lo religioso ya no nos queremos tragar nada, a todo lo llamamos mitos, en todo vemos unas manipulaciones y quizás ahí es donde tendríamos que contemplar las más grandes maravillas; quizás hasta los que más nos decimos creyentes, tratamos de disimular esas cosas porque no vayan a decir en este mundo tan materializado, agnóstico e indiferente ante el hecho religioso en que vivimos. 

Así ocultamos el hecho religioso, disimulamos todo lo que suene a religiosidad y terminamos por sustituir al niño Jesús de la Navidad por un una figura gorda con un vestido rojo y un gorro en la cabeza, el papá Noel. Y esos mitos sí que no nos importa seguirlos. ¿Dónde estamos los creyentes? No sé si tendríamos que poner el cartelito de ‘se buscan’, porque andan perdidos y ofrecer alguna recompensa.

Hoy sí nos encontramos a quien se deja sorprender por Dios. María se quedó rumiando, sorprendida, en su interior aquellas palabras que le había dicho el ángel, de manera que el ángel le dirá que no tema. Y es que María había encontrado gracia ante Dios, se dejaba sorprender por Dios y Dios la envolvía con su gracia y con su amor.

Cuidado. Cuidado que nos acostumbremos. Hemos escuchado ya tantas veces este relato del Evangelio que parece que ya no tiene nada nuevo que decirnos. Pero no puede ser así. Tenemos que escucharlo como su fuera la primera vez. Tenemos que  vaciarnos de nosotros mismos y de nuestras particulares interpretaciones, porque tantas veces lo hemos oído y lo hemos meditado, que si no nos dejamos sorprender no va a ser evangelio para nosotros. Y tiene que ser evangelio, buena noticia, y las noticias siempre son nuevas, porque de lo contrario no serían noticias. Recuerdo una vez a un profesor que nos hablaba de periodismo y nos decía que no hay noticia más vieja que la de ayer, ya dejó de ser noticia. Noticia es lo nuevo que ahora escuchamos.

Así tenemos que escuchar el evangelio. Y será entonces cuando nos dejemos sorprender, porque siempre algo nuevo tiene que decirnos de Dios. La Palabra de Dios nunca es una noticia vieja, siempre es buena y nueva noticia. Así nos tenemos que poner ante este evangelio y dejarnos sorprender. No hacen falta efectos especiales. La noticia que no terminamos de creer es que Dios viene a estar con nosotros. Y será algo nuevo para nuestra vida. Por eso tenemos que ponernos como María, a rumiar las palabras del ángel, a rumiar las palabras que nos llegan desde el cielo, a rumiar las palabras que sentimos ahí en lo más hondo del corazón. Y para cada uno de nosotros Dios tiene una Palabra especial, porque El quiere plantarse en nuestra vida concreta, en la situación concreta, en el momento concreto que vivimos.

Una buena noticia traía el ángel para María que sería también buena noticia para toda la humanidad. Dios quería contar con María y María estaba dispuesta a poner en camino por los caminos de Dios aunque pareciera que se trastocaran sus planes. Iba a ser la Madre del Altísimo y María estaba dispuesta a decir Sí, era la humilde esclava del Señor y lo que quería era que se realizara en ella, se cumpliera su Palabra. ¿No habrá también en ese mensaje una buena noticia de que Dios quiere contar con nosotros en sus planes de salvación para el mundo de hoy?  ¿Seremos capaces de dar una respuesta como María?

Quizás la buena noticia nos viene hoy por ese dejarse sorprender. Hagamos silencio en el corazón, pongámonos con nuestra vida delante de Dios, con el momento concreto que vivimos, de manera personal, pero también como comunidad, como sociedad, como miembros de este mundo que todos compartimos en su dura realidad. Sentiremos, si lo hacemos con fe, de qué manera concreta vamos a sentir el Emmanuel, vamos a sentir a Dios hoy entre nosotros. Dejémonos sorprender por ese encuentro con Dios en su Palabra.

viernes, 7 de octubre de 2022

María, la agraciada del Señor, es regalada con una presencia especial de Dios en su vida, con una disponibilidad como la de María merezcamos ser también esos agraciados de Dios

 


María, la agraciada del Señor, es regalada con una presencia especial de Dios en su vida, con una disponibilidad como la de María merezcamos ser también esos agraciados de Dios

Zacarías 2, 14-17; Sal.: Lc. 1, 46b-55; Lucas 1, 26-38

‘El ángel, entrando en su presencia, dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo… has encontrado gracia ante Dios…’ Es lo que nos relata hoy el evangelio y que tantas veces hemos escuchado y meditado. Es el saludo del ángel, pero también la réplica que le hace porque María se siente turbada ante la presencia del ángel y sus palabras meditando lo que el ángel quería decirle.

Podríamos decir que el ángel que viene de parte de Dios con un mensaje claro para María al entrar en la presencia de María se encuentra con Dios. Eres ‘la llena de gracia, el Señor está contigo… has encontrado gracia ante Dios’. Dios que estaba en María y que ahora de una manera especial iba a hacerle sentir más fuerte su presencia. Es la agraciada del Señor, es la regalada de Dios, porque Dios en ella en especial se complace. Va a ser la Madre de Dios, ‘el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios’.

‘Alégrate y goza, Sión, pues voy a habitar en medio de ti…’ había anunciado el profeta. También proféticamente el anciano Zacarías en el nacimiento del bautista iba a bendecir a Dios, ‘porque ha visitado a su pueblo suscitándonos una fuerza de salvación… según lo había predicho por boca de sus santos profetas… y por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará el sol que nace de lo alto para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz’. Se está realizando en María. Es Dios que viene a visitar a su pueblo, Dios que se hace presente entre nosotros, el Emmanuel, Dios con nosotros.

María se deja llenar por esa gracia de Dios. Se siente en su humildad sorprendida por los anuncios y por las palabras del ángel, pero es que María se había dejado hacer por Dios. Es la disponibilidad de su vida lo que hace posible esa presencia de Dios en ella. Dios, es cierto, quiere estar con nosotros, pero Dios quiere contar con nosotros. Es lo que ahora está haciendo con esta embajada angélica. Pero María había ido respondiendo con la disponibilidad de su vida a esta acción de Dios, a esta invitación de Dios. Por eso no podrá al final responder de otra manera. ‘He aquí la esclava del Señor, hágase en mí, le dice al ángel, según tu palabra’.

Nos estamos haciendo esta reflexión en torno al evangelio en esta fiesta tan entrañable de María. Es la fiesta del Rosario. Algo más que una corona de rosas que queramos ofrecer a María con nuestra oración, con el rezo del rosario, a lo que también nos está invitando esta fiesta. Y es que el rezo del rosario con esas rosas cuyos pétalos vamos desgajando mientras repetimos una y otra vez el saludo del ángel, es contemplar todo el misterio de Dios que en María se nos manifiesta. María, podríamos atrevernos a decir, es como una revelación de Dios, porque en María Dios se hace presente de una manera especial para la humanidad. ¿No habíamos dicho antes que entrando el ángel en la presencia de María se había encontrado con Dios?

Es aquí donde tenemos mucho que imitar de María para que Dios nos visite y nos inunde como a María. Si ella era la agraciada del Señor – había encontrado gracia ante Dios, decíamos – Dios quiere hacernos a nosotros también sus agraciados, porque Dios también a nosotros quiere regalarnos su presencia. Pero necesitamos ser como María, tener la disponibilidad desde lo hondo de nuestro corazón que tuvo María.

Nos cuesta abrirnos así a Dios, porque parece que siempre queremos reservarnos algo para nosotros mismos. Pero Dios quiere contar con nosotros, no nos obliga, quiere también suscitar en nosotros una fuerza de salvación, quiere venir a nosotros ese sol que nace de lo alto, pero ¿seremos capaces como María de decir que somos también los esclavos del Señor y queremos que se haga en nosotros siempre lo que es su voluntad? Dejemos que la misericordia del Señor nos inunde con su gracia. Que por nuestra humildad, por nuestra disponibilidad como María hallemos gracia ante Dios, seamos los agraciados del Señor.

Reconozcamos, como María, que en nuestra pequeñez, a pesar incluso de nuestras debilidades, el Señor sigue realizando en nosotros cosas grandes. Encontraremos así la paz para nuestro corazón, ‘guiará nuestros pasos por el camino de la paz’.

domingo, 20 de diciembre de 2020

De María aprendemos a discernir y descubrir cuales son los planes de Dios para nosotros y el mundo hoy en una nueva navidad y humanidad que tiene que brotar

 


De María aprendemos a discernir y descubrir cuales son los planes de Dios para nosotros y el mundo hoy en una nueva navidad y humanidad que  tiene que brotar

2Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16; Sal 88; Romanos 16, 25-27;  Lucas 1, 26-38

Es parte de la vida de todo ser humano. ¿Seremos soñadores? ¿O es que hay una inquietud en el ser del hombre por el que no se siente satisfecho con lo que tiene y quiere algo más o quiere algo mejor? Continuamente en nuestra vitalidad queremos las cosas mejor y de otra manera y nos hacemos proyectos, buscamos cómo hacer, qué hacer, cómo mejorar, mejores metas, otras cosas distintas. Dice que aquel que no tiene iniciativas y se queda pasivamente en lo que tiene y lo de siempre está como muerto. Parte de esa vitalidad la expresamos en los proyectos que nos vamos haciendo en la vida.

Pero voy a decir una cosa que parece que rompe todo el razonamiento que he venido haciendo hasta ahora. El que verdaderamente tiene proyectos para nosotros es Dios. El es quien realmente tiene un proyecto para cada uno de nosotros, como para toda la humanidad. Es lo que el creyente sabe reconocer, sabe descubrir. Es, podríamos decir, la base de nuestra condición de creyentes, el dejar meter a Dios en nuestra vida o darnos cuenta de que nuestra vida a la larga es un proyecto de Dios, un proyecto de amor de Dios para cada uno de nosotros.

Todos aquellos proyectos humanos, que mencionábamos, hijos de nuestra vitalidad son como las ramificaciones del proyecto de Dios en nuestra vida. Por eso el verdadero creyente confronta su pensamiento y su deseo con el deseo de Dios, con el proyecto de Dios y sabe en un momento determinado descubrir cuando parece que todos sus proyectos humanos se vienen abajo que detrás como motor de todo está ese proyecto de Dios. Un proyecto de Dios, hay que decir, que no nos anula, sino todo lo contrario, nos engrandece porque nos hará caminar caminos de mayor plenitud. Difícil descubrirlo a veces, difícil en ocasiones de aceptar porque parece que trastoca nuestros planes pero cuando nos dejamos llenar por el Espíritu de Dios nos daremos cuenta de ese camino de plenitud por donde realmente nos conduce.

Me atrevo a decir que es lo que hoy nos quiere trasmitir la Palabra de Dios en este cuarto domingo de Adviento. Será, como nos dice la primera lectura, el proyecto de David de construir un pueblo grande, porque además siente que es lo que le ha confiado el Señor. Ha logrado estar por encima de todos sus enemigos, ha llevado a su pueblo a la paz, está construyendo una Jerusalén grande, y ahora quiere construir un templo para el Señor. Parece justo que así lo hiciera porque además en el concepto de su tiempo los templos esplendorosos construidos para Dios manifestaban de alguna manera la grandeza de los pueblos.

Pero Dios no le permite construir ese templo, sino que le dice que es El quien le va a construir una casa para él. Dios le va a dar una hermosa dinastía y hará que su trono dure para siempre. La palabra casa y dinastía o linaje tienen en el lenguaje hebreo una fuerte consonancia (bayit en hebreo) que es casi como si significaran lo mismo y es lo que como en un juego de palabras el profeta le anuncia a David de parte de Dios.

Es lo que contemplamos también en el evangelio en este cuarto domingo de Adviento. Lo conocemos como el evangelio de la Anunciación que tantas veces hemos escuchado y meditado. El Ángel del Señor que viene de parte de Dios a ofrecerle a María el proyecto de amor de Dios, que no solo es para ella sino que va a ser para toda la humanidad. Un diálogo de fe y de amor. El ángel la saluda como la llena de gracia y María en su humildad que se turba ante estas palabras del ángel que le dice que ha hallado gracia ante Dios para que colabore en el proyecto de Dios para la salvación de toda la humanidad.

María vivía su vida pobre y sencilla en aquel pequeño pueblo de Galilea de nombre hasta entonces desconocido; está desposada con José aunque aún no se han celebrado las bodas; podríamos decir que tenía su proyecto de vida como cualquier mujer sencilla y humilde de cualquier pueblo de Galilea. Y ahora se trastocan todos sus planes y proyectos, que por muy sencillos que fueran, eran sus planes y proyectos. Dios espera de ella algo más. Y María es la mujer creyente que se abre al misterio y al designio de Dios. Cosas incluso incomprensibles para ella pero que ella sabe aceptar porque acepta la Palabra de Dios que se le está trasmitiendo.

Si ella vivía como mujer creyente poniendo toda su confianza en Dios que mueve los hilos de la vida y de la historia, ahora en esa actitud creyente le toca dar un paso más y está dispuesta a todo porque se siente la humilde esclava del Señor. María se deja hacer por Dios. Y el proyecto de amor de Dios se lleva a término encarnándose el Hijo de Dios en sus entrañas, de manera que el hijo de María será el Hijo del Altísimo, y el pequeña aldeano de Nazaret que nacerá será el heredero del trono de David su padre, cuyo reino no tiene fin.

Grande es la lección de María cuando estamos ya a las vísperas de la Navidad. Una lección de María que tenemos que aprender para el conjunto de nuestra vida cuando también en los caminos de la historia, y de nuestra historia reciente, muchas veces vemos como se nos vienen abajo nuestros proyectos, nuestros deseos, aquellas cosas por las que aspirábamos y que vemos que ahora no nos valen porque son muchas las cosas que han cambiado. Es la situación que vivimos en estos momentos y que tantas incertidumbres producen en nuestro corazón, pero donde tenemos que saber despertar muchas esperanzas de que algo nuevo vaya a surgir de todo lo que vivimos.

Detrás de todo lo que nos sucede como creyentes que somos tenemos que saber descubrir el designio de Dios. ¿Qué es lo nuevo que tiene que surgir para la humanidad de todo esto? Cuando sembramos la semilla para que germine y haga surgir una nueva planta su germinación es casi como un pudrirse, destruirse a sí misma la semilla para que brote ese nuevo vástago. ¿Será algo así lo que estamos viviendo? ¿Cómo será ese nuevo vástago lleno de nueva vida que tiene que surgir en nuestro mundo? Es lo que nos toca discernir, para discernir y descubrir cuales son los planes de Dios para nosotros y el mundo hoy. Una nueva navidad tiene que brotar.

miércoles, 25 de marzo de 2020

La sorpresa del misterio de la Encarnación nos tiene que hacer descubrir el rostro de Dios en los mismos acontecimientos en que hoy nos vemos envueltos


La sorpresa del misterio de la Encarnación nos tiene que hacer descubrir el rostro de Dios en los mismos acontecimientos en que hoy nos vemos envueltos

Isaías 7, 10-14; 8, 10b; Sal 39; Hebreos 10, 4-10; Lucas 1, 26-38
¿Habremos perdido la capacidad de asombro, de ser capaces de dejarse sorprender? Malo es acostumbrarse a todo, verlo todo como tan natural, no descubrir que hay cosas maravillosas con las que nos tenemos que dejarnos sorprender. Quizá buscamos cosas extraordinarias y grandiosas y no somos capaces de admirar algo tan pequeño y tan sencillo como una flor. Y es que quien no sabe dejarse sorprender por la belleza de una flor que quizá hasta puede pasar desapercibido en la orilla del camino, no será capaz de admirar las cosas grandes.
Hoy es un día para dejarse sorprender. Aparentemente no hay algo más normal que una mujer quede embarazada y espere un hijo en sus entrañas. Es algo maravilloso el misterio de la vida que así se desarrolla y crece en el seno de una mujer. Pero lo que hoy contemplamos además es que va lleno de misterio de tal manera que nos manifiesta la grandeza y maravilla de Dios y de su amor por nosotros.
Una sencilla muchachita en una pequeña aldea, aunque luego la llamemos ciudad, una pequeña aldea de la que nunca se había hablado ni en ella se había desarrollado ningún acontecimiento importante en la historia del pueblo, que recibe la visita de un ángel que le anuncia que va a ser la Madre de Dios. Sí, es el misterio de la vida engendrada en el seno de aquella mujer, pero que nos descubre la maravilla de Dios que quiere tomar nuestra carne para hacerse hombre y nacer entre nosotros. Cuidado que nos hemos acostumbrado a hablar de Anunciación o de Encarnación y no nos dejemos sorprender por el misterio de Dios que ahí se hace presente.
Ya conocemos el relato que nos hace san Lucas que tantas veces habremos leído y escuchado, tantas veces hemos meditado. Pero dejémonos sorprender por cuanto allí se nos relata. Algo nuevo e inesperado va a suceder y de lo que se trata ahora es descubrir lo que Dios quiere transmitir. Sorprendida María por la visita del ángel, todo en ella es oído abierto para escuchar lo que el ángel tiene que decirle.
Y es que desde los primeros renglones de ese relato ya se nos habla de asombro y de sorpresa. Es el asombro de María, es la sorpresa de María al recibir la visita del ángel. La contemplamos anonada balbuceando sus palabras que tímidamente expresan lo que siente y sorprendida por cuanto en ella va a suceder. Pone sus objeciones y dificultades pero el ángel la va convenciendo porque le hace ver la presencia de Dios, lo que es la voluntad de Dios y ella está siempre para hacer su voluntad.
Escuchando al ángel y dejándose llevar y llenar por el misterio al final le parece fácil o al menos en ella está la disponibilidad de un corazón puro y generoso. Si para Dios nada es imposible y hasta su prima allá en la montaña va a ser madre, ¿qué es lo que puede decir María, qué objeciones más podrá poner? Ella está disponible para Dios y parece que se siente fortalecida en su generosidad con la presencia del ángel.  Aquí está la que está disponible para Dios, aquí está la que es la servidora de Dios, aquí está la humilde esclava del Señor. Que se cumpla, que se realice, que se haga su voluntad, que sea en ella tal como le anuncia la Palabra que viene de Dios en la boca del ángel.
Un nuevo camino lleno de misterio, del misterio inescrutable de Dios, se abre ante María. Sorprendida se encuentra ante todo lo que se le revelado y manifestado. Ha sido el impulso generoso de corazón joven lo que le ha llevado a dar el Sí, pero ahora se encuentra sola ante ese misterio que en ella comienza a realizar y que no va a ser precisamente un camino de rosas. O camino de rosas si en la belleza de sus pétalos, pero también de espinas que siempre acompañarán a la fragancia y belleza de la flor. No hay rosa sin espinas. Y ese va a ser el camino de María.
Ahora en cierto modo parece que sentía arropada por la presencia del ángel, pero cuando todo ese misterio se le ha revelado y cuando ha brotado el sí generoso de su corazón el ángel la dejó, que nos dice el evangelista. No volverá a aparecer la fortaleza de Gabriel para acompañarla en su camino, sino que ha de ser un camino que ha de hacer María manteniéndose en la confianza que tiene en Dios. Ni estará el ángel en el duro camino hasta Belén, ni en el destierro de Egipto, ni en tantos y tantos otros momentos en que la duda y la angustia dolorosa podrán aparecer en el alma de María.
No estará el ángel cuando tenga que buscarle hasta hallarle en el templo, ni cuando Jesús abandone Nazaret para ir a anunciar el Reino de Dios. Soledades de María, pero soledades vividas en un corazón lleno de amor, de fe y de generosidad. Será la soledad de la calle de la amargura, donde no vendrá ningún ángel del cielo para limpiarle su sudor de sangre en el dolor de su corazón, ni al pie de la cruz donde estará sola acompañada por aquel pequeño resto de los que aun creen y esperan en Jesús.
Pero María en todo momento seguirá con los ojos del alma abiertos ante la sorpresa de cuanto Dios le va pidiendo pero con el corazón lleno de fe y de confianza porque nunca decaerá en la generosidad de su amor. La sorpresa de Dios que no era solo para Maria sino que era y es la sorpresa de Dios para nosotros a quienes quiere manifestarse y a quienes nos quiere señalar caminos que también con generosidad nosotros hemos de recorrer.
¿En qué podemos pensar? ¿Qué tenemos que aprender a descubrir? Todo el misterio que hoy celebramos es el misterio del Dios que se encarna y se hace hombre y camina entre nosotros los hombres. Es lo que tenemos que aprender a descubrir en los propios acontecimientos que se van sucediendo en el hoy de nuestra vida que en cierto modo nos sorprenden y hasta nos asustan porque no vislumbramos hasta donde vamos a llegar.
Pero ¿por qué, aunque se nos haga difícil, no vemos el rostro de Dios de todo eso que nos sucede? No es un rostro severo y de castigo, como algunos quizá quieran interpretar, sino que es la mirada de Dios que nos hace mirar a nosotros con mirada nueva y ver como entre todas esas espinas de sufrimiento va surgiendo, va brotando la fragancia de solidaridad, de amor, de cercanía y nueva preocupación de los unos por los otros, de parón en nuestras carreras para descubrir las cosas que son verdaderamente importantes, esas cosas que nos parecían invisibles pero con un corazón nuevo se están haciendo visibles y palpables en tantos hombres y mujeres a nuestro lado.
Intentemos tener una mirada nueva hacia cuanto nos sucede; abramos los oídos y dejémonos sorprender por la voz de Dios que nos habla a través de esos acontecimientos y demos respuesta generosa a su llamada siendo capaces de ponernos en camino aunque nos parezca que vamos solos, pero sabemos muy bien que Dios está con nosotros.

martes, 19 de diciembre de 2017

Abramos nuestro corazón a Dios, a su Palabra, a su revelación, a su presencia, a su amor porque a pesar de las turbulencias que nos hacen dudar se sigue haciendo presente en nosotros

Abramos nuestro corazón a Dios, a su Palabra, a su revelación, a su presencia, a su amor porque a pesar de las turbulencias que nos hacen dudar se sigue haciendo presente en nosotros

Jueces 13, 2-7. 24-25; Sal 70; Lucas 1, 5-25

‘Para Dios nada hay imposible’, le dirá el ángel a María cuando le anuncie a ella también lo que le está sucediendo a su prima Isabel. Los misterios de Dios, los caminos de Dios, las maravillas que Dios quiere hacer en nosotros. Necesitamos fe para descubrirlos, para decir sí, para aceptar el plan de Dios, para que así se realicen también en nosotros maravillas.
El evangelista nos da detalles. Zacarías e Isabel no tenían hijos; Isabel era estéril y ambos eran ya de edad avanzada. Para Dios nada es imposible. Y allí está el ángel que viene de parte del Señor. La oración de aquellos ancianos ha sido escuchada. Han encontrado gracia ante Dios. Y dentro del plan de salvación de Dios iban a ocupar un lugar, el hijo que nacería en la ancianidad de aquel matrimonio iba a tener un lugar importante.
Grande va a ser la alegría de aquellos ancianos, pero que será alegría para todo el pueblo. Mas tarde nos dirá el evangelista que cuando corrió la noticia por la Montaña primero del embarazo de Isabel y luego del nacimiento del niño todos se llenarán de inmensa alegría y darán gloria al Señor.
Pero allí está la fe de Zacarías a pesar de sus dudas. Todos tenemos dudas en la vida muchas veces; en ocasiones parece que se tambalea nuestra fe cuando los tiempos se nos ponen difíciles, cuando no vemos realizados nuestros sueños, cuando parece que no somos atendidos, cuando creemos que ni Dios nos escucha en nuestras peticiones. Pero como bien nos enseñará Jesús en el evangelio hemos de ser perseverantes en nuestra oración; perseverantes pero con confianza, con la confianza de los hijos que saben que Dios es su Padre que los ama. No nos faltará nunca el amor del Señor.
Zacarías tendrá que pasar por otra dolorosa prueba por no haber dado fe a las palabras del ángel. No podrá expresarse. Son cosas muy grandes las que les han sucedido. Nos quedamos mudos de admiración en muchas ocasiones y no sabemos como manifestar con palabras aquello maravilloso que nos ha sucedido.
Pero en nuestro corazón hemos de saber ser agradecidos, sentir lo que es la maravilla de lo que el Señor realiza en nuestra vida, de aquellas cosas de las que podemos ser partícipes también de lo bueno que realizan los demás y de lo que nos vemos beneficiados. Ojos de fe, ojos de creyente, ojos para saber admirar lo bueno, venga de donde venga, ojos atentos para ver lo bueno de los demás, ojos agradecidos por la riqueza que recibimos de los otros.
Nos hacemos esta reflexión en estos últimos pasos que estamos dando ya en nuestra preparación para la celebración del nacimiento del Señor. Queremos recibir a Dios en nuestra vida, que eso viene a significar la vivencia que hacemos de la navidad. No es solo un recuerdo, que también es y se vuelve acción de gracias. Queremos hacerlo con toda intensidad y por eso cantaremos la gloria del Señor.
Pero es saber descubrir cómo el Señor sigue llegando a nuestra vida. Necesitamos ojos de fe, aunque por las turbulencias de la vida algunas veces nos llenemos de duda. Dios sigue manifestándose, haciéndose presente en nuestro camino, viene a nuestro encuentro a través de tantas cosas. Abramos nuestro corazón a Dios, a su Palabra, a su revelación, a su presencia, a su amor. No lo olvidemos, ‘para Dios nada hay imposible’. Sepamos descubrir las maravillas del Señor.

martes, 22 de septiembre de 2015

Escuchamos la Palabra de Dios que nos impulsa a abrirnos al amor, al servicio, a la comunión de la nueva familia de Dios

Escuchamos la Palabra de Dios que nos impulsa a abrirnos al amor, al servicio, a la comunión de la nueva familia de Dios

Esdras 6, 7-8.12b.14-20; Sal 121; Lucas 8, 19-21

‘Estos son mi madre y mis hermanos: los que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica’. Le habían dicho a Jesús que fuera estaba su madre y sus parientes que venían a verlo. Y esta fue la reacción de Jesús. Dejarnos esa hermosa sentencia. Escuchar la Palabra, pero no solo oírla, sino llevarla a la vida, llevarla a la práctica de cada día. Quienes así lo hicieran formarían parte de su nueva familia; así se constituía la nueva comunidad.
No es que no quisiera saber de su madre y de sus hermanos o parientes; quería más bien aprovechar todo momento para enseñarnos algo. Además María, su madre, era el mejor ejemplo y modelo de lo que estaba diciendo. María es modelo de escucha pero también de cómo hacer vida en la propia vida la Palabra de Dios escuchada. No quería María otra cosa que hacer que en ella se cumpliera siempre la voluntad de Dios.
Tenemos que recordar una y otra vez aquel episodio de Nazaret. María siempre tiene abierto su corazón a Dios, siempre quiere estar en la sintonía de Dios. Es así como recibe al ángel enviado por Dios, es así como se abre al misterio de Dios que se le manifiesta, es así como escucha y quiere hacerlo de una manera profunda la palabra que lleva a ella de parte de Dios.
Cuando la saluda el ángel se queda meditando en aquello que ha escuchado; quiere entenderlo pero quiere hacerlo vida de su vida; aunque le cueste entender, por eso pregunta, pero no quiere hacer otra cosa que descubrir los designios de Dios. Por eso María es la llena de Dios, la llena e inundada de la gracia de Dios. ‘Llena de gracia… porque el Señor está contigo’, le dice el ángel. Ella es la agraciada con el favor de Dios.
Por eso terminará sintiéndose la pequeña, la humilde, la esclava del Señor que no quiere otra cosa que hacer la voluntad de Dios. ‘Aquí está la esclava del Señor, hágase en mi, según tu palabra’. Que se cumpla en ella el designio de Dios es su deseo, es su oración. Y la Palabra de Dios se encarnó en ella; y la Palabra de Dios estuvo presente en su corazón durante toda su vida.
Esa Palabra de Dios que si le había abierto el corazón a Dios, ahora la llevaba a abrir su corazón a los demás; allí estaba María siempre dispuesta al servicio; allí estaba María siempre atenta allí donde hubiera una necesidad; allí estaría María donde se viviera la comunión en el amor; ahí estará María al pie de la cruz para hacer también su ofrenda de amor; pero ahí estará María siempre presente en la vida de la Iglesia para alentar a sus hijos a vivir en la comunión, en el servicio, en el amor.
Y hoy nos dice Jesús que si queremos ser parte de su familia, si queremos entrar en esa nueva comunidad de fe y de amor de todos los que quieren ser sus discípulos, tenemos que hacer como María, escuchar y plantar la Palabra de Dios en nuestro corazón, en nuestra vida. Cuánto tenemos que aprender de María. Qué hermoso caminos hemos de recorrer de mano de María para vivir en el amor, para vivir en el servicio, para vivir en esa nueva comunión. 

viernes, 19 de diciembre de 2014

No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado…

No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado…

Las promesas de Dios siempre tienen su cumplimiento. Dios es fiel a sus promesas. Lo anunciado desde el principio comienza a realizarse. Dios siempre escucha las oraciones de los humildes.
‘No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado…’ son las palabras con las que le saluda el ángel del Señor cuando se le manifiesta allá en el templo junto al altar de incienso. ‘La muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso’, nos relata el evangelista. Pero intensa había sido la oración de aquel anciano sacerdote en su deseo de tener un hijo. Es a lo que ahora le responde el ángel de Dios.
Es humilde. No sabe qué decir. No se le ocurre decir sino preguntarse ‘¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo y mi mujer es de edad avanzada’. Preguntas lógicas quizá cuando no se ha terminado de creer que ‘para Dios nada hay imposible’, como luego el mismo ángel le dirá a María. Y el ángel le da pruebas, aunque le resulten dolorosas. Pero la palabra del Señor se cumplirá. ‘Días después concibió Isabel, su mujer’, terminará diciéndonos el evangelista.
Que se mantenga viva nuestra esperanza. Viene el Señor para que se manifieste su misericordia, como cantará más tarde Zacarías. Viene el Señor y nosotros mantenemos viva nuestra esperanza. Nos queda la oración, como la de aquel pueblo que ‘pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso’; como Zacarías que una y otra vez había implorado al Señor; cómo sería de intensa su oración en aquel momento en que se había acercado al altar del Señor para hacer la ofrenda del incienso.
Que así nos preparemos para la venida del Señor. Es el camino de adviento que vamos haciendo. Son los caminos de nuestra vida siempre llenos de esperanza y abiertos a lo que es la voluntad del Señor. Es el camino que siempre vamos haciendo buscando la salvación y la gracia del Señor.
Que lleguemos a sentir en lo hondo de nuestro corazón como dichas a nosotros las palabras que le dirigió el ángel al anciano Zacarías. Es nuestro consuelo y nuestra esperanza.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Contemplemos a María que camina a nuestro lado como uno de nosotros pero nos enseña a abrir nuestro corazón a Dios

Contemplemos a María que camina a nuestro lado como uno de nosotros pero nos enseña a abrir nuestro corazón a Dios

Gn. 3, 9-15.20; Sal. 97; Ef. 1, 3-6.11-12; Lc. 1, 26-38
Es tan grande el amor que le tenemos a María y son tantas las gracias que Dios derramó sobre ella cuando quiso escogerla como su Madre, para que en ella se encarnase por obra del Espíritu Santo el Hijo de Dios que cuando nos ponemos a hablar de María queremos ser poetas para sacar las mejores palabras para cantar sus alabanzas, queremos ser artistas para representárnosla con las más grandiosas bellezas y es tanto lo que la elevamos al considerar las maravillas que en ella Dios derramó que tenemos el peligro de porque la levantemos tanto casi la alejemos de nosotros o nosotros nos alejemos de ella.
Pero habla y canta el corazón de los hijos que la aman que si Dios, porque era su Madre, la adornó con tantas gracias, de igual manera en la forma que nosotros sepamos y podemos hacerlo también así la queremos adornar y pintar con las más bellas hermosuras. ¿Qué no le dice un hijo a la madre? ¿qué no le dice un enamorado a su amada?
Hoy estamos celebrando una fiesta muy hermosa porque estamos considerando lo que fue el primer instante de su existencia terrena, aunque en la mente de Dios estaba elegida desde toda la eternidad. Es el instante de su concepción y porque Dios la había elegido desde toda la eternidad para que ocupase ese lugar tan importante en el misterio de nuestra redención, pudo y quiso hacerla toda santa e inmaculada preservándola incluso de aquel pecado heredado de Adán con el que todos nacemos. Empleamos la palabra Concepción para llamarla e invocarla, y por otra parte la llamamos también Inmaculada por su pureza y su santidad, pero realmente siempre tendríamos que utilizar las dos palabras unidas, porque el misterio de amor y de gracia de Dios en ella que hoy celebrar es ser Inmaculada desde el primer instante de su Concepción.
Pero me van a permitir que me atreva a bajarla de los tronos y de los altares, que la despoje de coronas y de joyas preciosas, que le quite los mantos de brocado y ricas telas y a contemplarla como contemplaría a mi madre en las faenas más normales de la casa, quizá con su delantal puesto para evitar la suciedad proveniente de los quehaceres normales del hogar o del campo, y quizá echando una mano allí donde sabe que puede prestar un servicio, con ojos atentos allí donde haya una necesidad.
Es que eso es lo que era María; ella es una de los nuestros, humana como nosotros y atendiendo las responsabilidades propia de un hogar como lo haría nuestra madre o como lo haríamos cualquiera de nosotros. Ella era muchachita entre otras de Nazaret a quien un día llegara un ángel con palabras de Dios para decirle que Dios había pensado en ella para algo grande como ser la Madre del Altísimo, pero no la sacó el ángel de Nazaret para llevarla a ningún palacio ni a ningún templo, sino que allí seguiría ella en las mismas tareas de cada día, también con sus dudas e interrogantes en su interior, con las mismas inquietudes de su alma y también con la turbación grande que comenzaba a sentir ante lo maravilloso que estaba descubriendo que Dios en ella iba a realizar. ‘Ella se turbó al oír estas palabras’, que nos detalla el evangelista.
Pero María siguió con sus tareas y servicios; la veremos preocuparse de su prima, que era mayor e iba a ser madre, y a la que ella podría prestar un servicio; por eso se puso en camino. Mas tarde la veremos en los ajetreos de una boda de algún pariente o vecino de la cercana aldea de Caná, porque no me la imagino simplemente sentada mientras otros le servían - no era lo normal que las mujeres en aquella época estuvieran sentadas a la mesa en un banquete - sino ayudando, colaborando en lo que fuera necesario, porque por algo se enteró de que el vino estaba escaseando y acudió a Jesús en búsqueda de ayuda y solución.
Sí, quiero contemplar a María así, cercana, caminando a nuestro lado en medio de los quehaceres de cada día y los problemas que cada día vayamos encontrando. Porque es ahí, viéndola así tan humana, tan cercana a nosotros podremos aprender que podemos parecernos a María; porque fue ahí en la vida de cada día con sus luchas y problemas donde ella, aunque se decía pequeña y se llamaba a si misma la esclava del Señor, era grande, manifestaba la grandeza de su espíritu, lo portentoso de su fe y de su amor que es lo que tenemos que de ella aprender.
Sí, a María la podemos ver envuelta en problemas y dificultades como cada uno de nosotros podemos tener; ¿no sería el primero un problema para ella que José no supiera el misterio que en ella se estaba realizando y estando desposada con el, sin haber cohabitado juntos, ella apareciera embarazada? A María le costaba entender el misterio de Dios que en ella se realizaba y por eso pregunta al ángel, ‘¿cómo será eso porque yo no conozco varón?’ Problema era el tener que hacer un viaje tan largo, porque surgieron los caprichos de un gobernante de hacer un censo, cuando ella estaba a punto de dar a luz sin saber ni siquiera si podrían encontrar alojamiento en Belén. No digamos su camino de huída a Egipto con el niño recién nacido y así tantas cosas que se iban acumulando en su vida hasta que llegara el momento de la pasión y de la cruz de su Hijo Jesús.
Pero es ahí en todas esas cosas, contemplándola en problemas semejantes a los que nosotros nos podemos encontrar en la vida, es donde aparece la grandeza del alma de María, su entereza, su fortaleza, su fe recia. Ella se fía de Dios; ella quiere siempre escuchar a Dios en su corazón para discernir bien cual es la voluntad de Dios; ella es la mujer que se abre a Dios y aunque se sienta turbada por los problemas o las cosas que no entiende no pierde la paz de su corazón. Es más, todo cuanto le sucedía lo guardaba en su corazón, lo rumiaba en su corazón para seguir dándole su sí a Dios en cada momento de su vida.
El sí de María cuando la visita el ángel con la embajada de Dios no fue una cosa puntual de aquel momento, sino era el sí a Dios que ella en cada momento sabía dar, por ese abrir su corazón a Dios. Abría su corazón a Dios y se llenaba de Dios. Es lo que le dice el ángel que la llama ‘la llena de gracia’ o ‘la que ha encontrado gracia ante Dios’, porque es la mujer en la que Dios habita de una manera especial; ‘el Señor está contigo’, le dice el ángel. Así podría terminar diciendo María, la que ya iba a ser la Madre de Dios tras aquel sí: ‘Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra’.
Así cercana a nosotros aprendemos nosotros tantas cosas de María. También tenemos nuestras inquietudes y turbaciones, nuestros problemas y luchas de cada día, interrogantes que se nos pueden plantear de lo que somos o de lo que podemos hacer, pero aprendemos de María a abrirnos humildemente a Dios, a querer escucharle, como lo hacía ella, allá en lo más hondo de nuestro corazón para descubrir en todo momento lo que es el querer de Dios. Como María queremos mostrarnos humildes y quizá pasar desapercibidos pero eso nos impide estar con los ojos abiertos y atentos para ver dónde podemos prestar un servicio, dónde quizá nuestra presencia sea necesaria, dónde podemos poner más amor y más paz para que todos se amen más y mejore nuestra convivencia de cada día.
Miremos así a María cercana a nosotros y caminando a nuestro lado, y aunque nuestros ojos no la vean, con los ojos del alma si sabemos que está ahí caminando a nuestro lado y escucharemos  allí en nuestro corazón que nos dice como a Jesús ‘mira que no tienen vino’, mira que allí hace falta que pongas una mano, mira que aquella persona está sola y sería bueno que le hicieras compañía, mira que hay allí una persona que está sufriendo y puedes estar a su lado y servirle de apoyo. Cuántas cosas podemos sentir que nos va diciendo María cada día allí en lo secreto de nuestro corazón para que nos parezcamos más a ella, para que vayamos poniendo cada día más amor. Y ella siempre nos estará diciendo allá en nuestro interior ‘haced lo que El os diga’, porque siempre nos estará poniendo en referencia a Jesús.
Nos gozamos hoy con María en esta fiesta tan entrañable de la Inmaculada Concepción, pero ya estamos viendo cómo ella quiere estar a nuestro lado y de nosotros más que piropos lo que quiere es que siempre hagamos lo que nos enseña Jesús. Es el mejor piropo que a la madre le podemos decir. Es lo que le dijo Jesús, dichosa María porque escuchó la Palabra de Dios y la puso en práctica.