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martes, 29 de septiembre de 2026

Tenemos que cambiar el estilo de nuestra oración, buscando esa higuera bajo la que recogernos, ese lugar a solas y con tranquilidad porque nos sintamos llenos de la gracia de Dios

 




Tenemos que cambiar el estilo de nuestra oración, buscando esa higuera bajo la que recogernos, ese lugar a solas y con tranquilidad porque nos sintamos llenos de la gracia de Dios

Daniel 7,9-10.13-14; Salmo 137; Juan 1,47-51

Nos habremos quedado ‘moscas’, como suele decirse, cuando quizás nos han presentado a alguien de quien pensábamos que no le pudiéramos conocer de nada o él tampoco nos pudiera conocer a nosotros, cuando de repente nos dice que él ya nos conocíamos. ¿De qué me conoces?, seguramente la preguntamos y esperamos que nos dé razones de ese conocimiento. Y quizás podía haber buenas razones y motivos para que hubiera ese conocimiento, aunque no cueste comprender por qué.

Es lo que sucede en este pasaje del evangelio que hoy se nos propone en esta fiesta de los Santos Arcángeles; luego podremos ver la razón por la que se nos propone en la liturgia este evangelio. En este caso lo que sucede es que Natanael es llevado a la presencia de Jesús por su amigo Felipe que ya es seguidor de Jesús y cuando le es presentado a Jesús éste comienza a hablar maravillas de Natanael, ‘un israelita de verdad, en quien no hay engaño’. Realmente Jesús hace una gran alabanza de aquel a quien ahora le están presentando. A cualquiera que le hicieran una alabanza así se le subirían los colores a la cara.

Es entonces cuando surge la pregunta, ‘¿y de qué me conoces tú a mi?’ Hay que tener un buen conocimiento de la persona para hacer una alabanza así, y quiera que no el que así es alabado sentirá mucho orgullo y satisfacción en su corazón. Sin embargo se preguntará, ¿por qué esta alabanza? ¿Yo qué he hecho para merecer una alabanza así? Pero ahí está la respuesta de Jesús. ‘Cuando estabas debajo de la higuera, yo te vi’. Muchas elucubraciones nos hemos hecho a lo largo de los siglos sobre el sentido de estas palabras de Jesús. ¿Por qué no darle un sentido positivo?

Alguien en sus comentarios sobre este texto piensa en ese lugar secreto de Natanael donde él quizás buscaba el silencio interior y la reflexión. Todos tenemos un lugar, donde nos gusta retirarnos, donde aun en soledad nos sentimos muy a gusto porque nos ayuda a buscar esa paz interior que en las carreras de la vida no llegamos a alcanzar, un lugar para el silencio y para escucharnos a nosotros mismos, un lugar donde nos abrimos a la trascendencia y nos gusta comenzar a mirar más allá, a tratar de descubrir algo distinto, un lugar para rumiar una y otra vez cuanto nos sucede, lo que nos dicen y escuchamos, lo que sutilmente sentimos dentro de nosotros mismos muchas veces sin saber de dónde viene.

Un lugar de oración donde vamos más allá de la repetición de unas palabras dichas o pensadas por otros por muy bonitas que sean, un lugar para la escucha o para detectar aquello que eleva nuestro espíritu, un lugar donde al rumiar esos impulsos interiores se nos abren nuevos caminos, nos aparecen nuevas sugerencias. La oración no son esos rezos en que repetimos siempre las mismas palabras que se convierten en una rutina para nosotros; oración es entrar en otra sintonía en la vida cuando entramos en la honda de Dios; es la apertura del corazón para ver, para contemplar, para comprender algo nuevo y distinto pero también para entrar en diálogo con la mente y el corazón. abiertos a la escucha del mensaje que Dios quiere transmitirnos.

Aquellas palabras un tanto enigmáticas que se cruzaron entre Jesús y Natanael fueron una auténtica oración, porque quizás a Natanael le hizo recordar aquel lugar y aquellos momentos que quizás debajo de la higuera tantas veces se había pasado con tantos interrogantes de su vida. Algo especial y sobrenatural lo había envuelto en aquellos momentos aunque él no supiera bien lo que le estaba sucediendo; era la presencia de Dios en su vida que elevaba su corazón.; esa presencia de Dios que como tantas veces vemos en la Biblia se manifiesta a través de sus ángeles.

Con la presencia del ángel Gabriel en Nazaret María había sentido cómo Dios le envolvía haciendo que el Espíritu de Dios la inundará para convertirla en la Madre de Dios; con la presencia del arcángel san Rafael Tobías había sentido la gracia de Dios que le devolvía la luz a sus ojos y a su vida. Así le había manifestado el arcángel que era Él quien presentaba ante Dios las súplicas y oraciones que Tobías hacía y por eso había acompañado al joven Tobías en su camino. Es esa fuerza interior que sentimos en nuestras luchas contra la tentación y contra el mal como una presencia del Arcángel san Miguel en nosotros para vencer todo mal en nuestra vida.

Es lo que hoy estamos celebrando en la fiesta de los santos arcángeles. Es lo que Jesús terminará diciendo a Natanael y a los discípulos ante el asombro que los embargaba ante el misterio de Jesús. ‘En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre’. ¿No nos estará diciendo Jesús que es lo que experimentamos en una verdadera y auténtica oración que va más allá de pedir a Dios que nos solucione nuestros problemas? Es el ángel del Señor que está con nosotros y nos envuelve de esa presencia de Dios.

Pero tenemos que cambiar el estilo de nuestra oración, buscando esa higuera bajo la que recogernos, como nos dirá Jesús en otro lugar que cuando vayamos a orar busquemos ese lugar a solas y con tranquilidad, ese momento en que sintamos esa paz interior porque ciertamente nos sintamos llenos de Dios, como María, la llena de gracia porque el Señor estaba con ella. Será así cómo vivimos de forma auténtica nuestra oración.


sábado, 20 de diciembre de 2025

Como María hemos de sentirnos agraciados de que Dios quiere contar con nosotros para seguir haciéndose presente en nuestro mundo

 


Como María hemos de sentirnos agraciados de que Dios quiere contar con nosotros para seguir haciéndose presente en nuestro mundo

Isaías 7, 10-14; Salmo 23; Lucas 1, 26-38;

Ya me las arreglo yo. Lo habremos dicho en más de una ocasión en que alguien se ha ofrecido a ayudarnos a realizar aquel trabajo, a sacar adelante aquel proyecto en el que hemos puesto mucha ilusión, pero queremos hacerlo por nosotros mismos, mostrar que somos capaces y podemos, ¿quizás no queremos estar agradecidos porque otros nos echaron una mano y pudimos sacarlo adelante? Tengo un amigo que siempre anda agobiado por todo el trabajo que tiene; es cierto que es un trabajo fruto de sus ideas y su ingenio, pero sería un trabajo en que echar mano de otras personas que realicen su parte y entre todos, en equipo, podrían incluso sacarlo mejor adelante. Pero quiere hacerlo él porque piensa que al fin todo luego tiene que pasar por su supervisión. Y no hay manera. Pero sucede en muchas cosas y aspectos de la vida y a muchas personas.

Por lo que hoy escuchamos en el evangelio parece que Dios no quiere trabajar de esa manera en solitario. Quiere contar con nosotros, quiere contar con esa humanidad que ha creado y por la que lo está haciendo todo cuando nos ofrece un camino de salvación.

¿No es eso lo que realmente estamos escuchando en el evangelio hoy? Dios, que desde siempre había prometido un salvador, promesa repetida a través de los profetas – colaboradores de Dios, también tendríamos que decir - a lo largo de todos los tiempos cuando llega el momento de la plenitud de los tiempos quiere contar con María. Lo hemos escuchado hoy en el evangelio, el ángel del Señor viene de parte de Dios, podíamos decir, que a pedir el consentimiento de María.

Nos conocemos más que bien el diálogo pues es un pasaje del evangelio escuchado un millón de veces. Viene el Ángel del Señor a ofrecerle a María el plan de Dios. Dios se ha fijado en ella, quiere contar con ella para encarnarse en sus entrañas. Aun con las ansias de todo buen judío de la pronta venida del Mesías – esa era su súplica constante – pareciera que a María se le trastocan todos sus planes. María medita, considera, duda y pregunta, pero María se siente en las manos de Dios. Se siente superada en todos los sentidos por el Misterio que siente que la inunda. Luego cantará en su acción de gracias que el ‘poderoso se ha fijado en la pequeñez de su esclava y ha realizado obras grandes’, pero María dirá sí al plan de Dios. ‘Aquí está la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra’, responderá finalmente al ángel.

Estamos escuchando y meditando este evangelio ya en la cercanía de la Navidad. Poder celebrar la Navidad del Señor es una gracia de Dios, es un regalo del Señor. Tenemos que sentirnos agraciados, como María se sentía agraciada porque Dios había puesto sus ojos en ella. ‘Has hallado gracia ante Dios’, le dice el ángel. Igualmente nosotros tenemos que decir, porque Navidad significa que Dios sigue pensando en nosotros que en nosotros quiere hacerse presente. Ya nos dirá el evangelio en otro lugar que ‘tanto amó Dios al mundo que nos entregó a su Hijo Unigénito’. Es el amor que Dios nos sigue teniendo y al que hemos de corresponder, es la gracia que Dios quiere tener con nosotros por la que en verdad tendríamos que sentirnos más agradecidos.

Pensar en todo esto nos tiene que hacer reflexionar sobre nuestra manera de celebrar la Navidad. Porque cuidado que celebremos navidad pero sin Navidad; celebremos navidad porque nos metamos en ese ambiente de fiesta, de luces, de adornos, de fiestas pero realmente no estemos dejando a Dios hacerse presente en nuestra vida. ¿Cuántas veces celebramos una fiesta de navidad muy familiar y de mucha alegría pero en ningún momento hemos tenido un tiempo para considerar el misterio que estamos celebrando? Nos hace mucha más gracias la llegada del papá Noel con sus regalos, que el Dios que viene a morar en nosotros y con nosotros dándonos el mejor regalo de su amor.

¿En verdad nos sentiremos agraciados de Dios al celebrar Navidad, más llenos de la gracia de Dios para hacerlo más presente en nuestra vida y nuestro mundo? Habría que ponerse a pensar. De muchas maneras querrá hacerse presente en nuestra vida, dejémonos sorprender porque nos podrá llegar de la forma que menos pensemos. Y no olvidemos que Dios quiere contar con nosotros y en nosotros realizará cosas grandes.

lunes, 29 de septiembre de 2025

Tres nombres de arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael, que tendríamos que llevar gravado en nuestras vidas por el testimonio que hemos de dar del evangelio de Jesús

 


Tres nombres de arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael, que tendríamos que llevar grabado en nuestras vidas por el testimonio que hemos de dar del evangelio de Jesús

Daniel 7,9-10.13-14; Salmo 137; Juan 1,47-51

Hay cosas, por decirlo de alguna manera, que no siempre llegamos a entender en todo su sentido, que son de alguna manera un misterio para nosotros, pero que ahí están, que son para nosotros señal y signo de algo distinto y superior a todo lo que nosotros podamos entender o imaginar, pero que de alguna manera envuelven nuestra vida y nos hacen entrar en algo inmensamente superior a nosotros mismos y que abre para nosotros horizontes de plenitud que aunque nos sintamos pequeños llenan de una grandeza superior a nuestra vida.

Es el misterio de Dios que hoy celebramos; sí, quiero llamarlo misterio de Dios, porque nos hace sentir su presencia misteriosa que hace que nuestra vida entre en una nueva dimensión. A lo largo de la Biblia sobre todo en el Antiguo Testamento cuando se nos habla de la presencia de Dios que actúa en la vida de los hombres habitualmente se nos habla del Ángel de Dios que se nos manifiesta. Muchos podría ser los testimonios que nos ofrece la Biblia en este sentido, donde siempre quien recibe esa visita del Ángel del Señor se sentirá fortalecido desde lo más hondo y con una misión nueva en su vida.

Una presencia de Dios en sus ángeles que nos eleva y nos hace al mismo tiempo sentirnos espirituales, que se convierte en fortaleza para nuestro caminar, para mantener viva nuestra fe y para crecer en esa dimensión del amor. Sentiremos esa presencia del Ángel de Dios junto a nosotros que hace entrar en esa nueva dimensión nuestra vida, que no es solo la materialidad de un cuerpo humano sino ese espíritu que dentro de nosotros da sentido y grandeza a nuestro ser.

En este día del 29 de setiembre la iglesia ha querido aunar en una sola festividad a los santos Arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael, cada uno, podríamos decir, con sus particularidades propias según se nos van manifestando en distintos momentos de la Biblia y que de alguna manera van a encauzar lo que significa la presencia de los santos ángeles y arcángeles en nuestra vida.

¿No necesitaremos esa fortaleza de Dios que significa la figura del Arcángel san Miguel en esa lucha de nuestra vida por el bien y la verdad para preservar la santidad de nuestra vida en esa lucha contra el maligno?

¿No necesitaremos esa claridad y sabiduría de nuestra mente para saber escuchar y discernir lo que es la Palabra de Dios para nosotros como representó la figura del Arcángel Gabriel que fue mensajero de Dios que tanto en Zacarías como en María los descubría los misterios de Dios y la misión que Dios les confiaba?

Necesitamos sentirnos sanados porque nuestra vida se corrompe con el mal y el pecado, necesitamos sentirnos sanadas de esas perturbaciones que sentimos en nuestro espíritu desde nuestros miedos y nuestra dudas, desde esas influencias del mal y la mentira que dañan nuestro espíritu, necesitamos sentirnos sanados porque el desamor y el odio nos dañan interiormente y necesitamos encontrar esa paz de nuestro espíritu como el santo Arcángel Rafael fue medicina de Dios y acompañante en el camino para Tobías.

Es la imagen que se proyecta sobre nosotros y nuestra vida con esa presencia de Dios que se manifiesta en sus arcángeles para ayudarnos en el camino de nuestra vida. Pero es también en lo que nosotros hemos de convertirnos como signos de una vida nueva ante aquellos que nos rodean. Mensajeros de Dios hemos de convertirnos en medio de nuestro mundo con los signos de una vida santa y de una vida sana; mensajeros de Dios que con el testimonio de nuestra vida nos convertimos en portavoces y trasmisores de un mensaje de salvación para nuestro mundo.

¿No deberíamos llevar el nombre de estos tres santos arcángeles gravado en nuestras vidas sobre todo por el testimonio que damos y por el signo en que nos convertimos de ese Reino nuevo de Dios ante el mundo que nos rodea?

viernes, 29 de septiembre de 2023

Con los ángeles y con los arcángeles nosotros nos unimos a los coros celestiales para entonar el himno de la gloria del Señor


 

Con los ángeles y con los arcángeles nosotros nos unimos a los coros celestiales para entonar el himno de la gloria del Señor

Daniel 7,9-10.13-14; Sal 137; Juan 1,47-51

'Delante de los ángeles tañeré para tí, Señor', decimos con la liturgia de este día en que celebramos la fiesta de los Arcángeles de Dios. Nos unimos a los coros de los ángeles, decimos en otro momento de la liturgia y de ellos tomamos prestadas sus palabras para también entonar ese cántico de gloria del Señor.

No sé, pero aunque nos manifestamos con corazón agradecido a Dios cuando sentimos su presencia en nuestra vida, en medio de nuestras luchas y problemas, creo que no siempre sabemos cantar como es debido a la alabanza del Señor. 'Tuyo es el Reino, tuyo el Poder y la Gloria', diremos también en otro momento de la liturgia. Es algo que tendríamos que hacer más. Es gozarnos de la gloria del Señor, es reconocer su grandeza y las maravillas que hace con nosotros, es disfrutar de su presencia en la que nos gozamos con su presencia y de nuestra boca y de nuestro corazón tendrían que salir cada vez con más fuerza esos piropos de alabanza.

¿No es lo que hacen los enamorados que se vuelven poetas rebuscando las mejores y más bonitas palabras para describir de la mejor manera posible lo que han descubierto en su amado o su amada y regalarle con un cántico bien hermoso todo lo que quisieran expresar desde ese amor que sienten en el corazón?

¿No es lo que hacemos en nuestras relaciones humanas cuando descubrimos las cosas hermosas que una persona ha realizado por su comunidad o su pueblo y le dedicamos fiestas en su honor y buscamos los mejores poetas que ensalcen esas figuras que van ya a ser muy importantes para el pueblo?

Que no se enfríen nuestros sentimientos, que no decaiga nuestro amor, que vivamos con intensidad esos momentos en que se desborda nuestro corazón para cantar a Dios, cuando reconocemos sus maravillas, cuando nos sentimos inundados de su amor, cuando somos conscientes de cómo el Señor nos ayuda y nos libera, nos hace seguir caminando adelante con paso firme, porque Él está siempre con nosotros, que sepamos, pues, encontrar el modo en que también sepamos proclamar esas alabanzas para nuestro Dios.

Celebrar esta fiesta de los Santos Arcángeles, san Miguel, san Gabriel y san Rafael, tendría que despertarnos a esa alabanza y a esa acción de gracias que continuamente cantemos a nuestro Dios. Cuando contemplamos hoy a estos arcángeles estamos viendo la intervención divina en nuestra propia historia de la salvación. No solo recordamos a Rafael porque acompañara al joven Tobías en su camino de peregrinación y fuera signo de la medicina de Dios al curar al anciano Tobías; no solo estamos recordando a Gabriel como el mensajero de Dios que llegó a casa de María, como antes lo hiciera en el templo con el sacerdote Zacarías, para transmitirles los designios de Dios; no solo contemplamos a Miguel como algo así como el capitán de los ejércitos celestiales para significar la victoria del bien sobre el mal y el pecado.

Estamos contemplando esa acción de Dios en nosotros, que pone a sus ángeles como compañeros de nuestro camino - en unos días celebraremos a los santos Angeles Custodios -, vienen a ser la voz de Dios en nuestro corazón para inspirarnos el camino del bien o hacernos descubrir los planes de Dios para nuestra vida, sino que también descubrimos esa presencia sobrenatural junto a nosotros para librarnos del mal, para que no caigamos en la tentación, para que tengamos esa luz de lo alto que nos haga descubrir el camino del bien que hemos de recorrer.

Pondrá el Señor a sus ángeles para que nuestro pie no tropiece en el camino, para presentar nuestras súplicas y oraciones ante el trono celestial, para ayudarnos a escuchar y discernir la Palabra de Dios que llega a nuestro corazón. No nos hagamos sordos ni nos resistamos a la gracia de la presencia de los ángeles de Dios a nuestro lado. 'Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre', le decía Jesús al sorprendido Natanael cuando descubrió que Dios conocía sus secretos más íntimos. Sepamos sentir como los ángeles de Dios que nos acompañan en nuestro camino están también contemplando el rostro de Dios y cantando eternamente la alabanza del Señor. Que con los ángeles y con los arcángeles nosotros nos unamos a los coros celestiales para entonar el himno de la gloria del Señor.


jueves, 29 de septiembre de 2022

Al celebrar a los santos arcángeles que Dios nos alcance ver a esos ángeles que a nuestro lado nos elevan y nos estimulan y nos llenan de nueva espiritualidad

 


Al celebrar a los santos arcángeles que Dios nos alcance ver a esos ángeles que a nuestro lado nos elevan y nos estimulan y nos llenan de nueva espiritualidad

Daniel 7,9-10.13-14; Sal 137; Juan 1,47-51

Algunas veces nos encontramos con personas que nos parecen extraordinarias por sus valores reflejados en posturas o en actuaciones valientes en la vida que aunque parezcan ir a contracorriente de lo que habitualmente vivimos sin embargo nos llaman la atención, pero es que además descubrimos que en esas personas hay como una hondura espiritual que crean en ellas un algo muy especial y con quien ciertamente aunque sus posturas o su actuar sean un interrogante en nuestra vida, sin embargo parece que trasmiten una paz que nos hace sentirnos bien. En algunos sitios y en expresiones muy coloquiales se suele decir que estas personas tienen un ángel. Solemos decir algunas veces que nos encontramos Ángeles en nuestra vida caminando a nuestro lado.

¿Creemos en los ángeles? Quizá cuando nos encontramos personas así, tan espirituales, parece que nos inducen de verdad a creer en los ángeles. Es lo que hoy y el próximo 2 de octubre con la liturgia de la Iglesia celebramos. Hoy de manera especial hacemos memoria de los arcángeles san Miguel, san Gabriel y san Rafael.  Hay una referencia especial a ellos en la Biblia y en especial en el Evangelio para san Miguel y san Gabriel, y san Rafael en el Antiguo Testamento en el Libro de Tobías.

Hoy mismo hemos escuchado en el texto del evangelio que se nos ofrece – el encuentro de Natanael con Jesús a pesar de sus reticencias cuando Felipe le habla de Jesús – que ‘veremos el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre’. Ya en muchos momentos del evangelio aparece la figura de los ángeles; no solo es el ángel Gabriel el que primero anuncia a Zacarías el Nacimiento del Precursor del Mesías sino también a María que de ella va a nacer el Hijo de Dios.

Serán los ángeles los que cantan la gloria de Dios en su nacimiento anunciando a los pastores que en la ciudad de David les ha nacido un salvador. Serán los ángeles que sirven a Jesús después que el ángel tentador lo haya abandonado en el monte de la cuarentena.  En el momento del inicio de la pasión en Getsemaní será el ángel del Señor el que acompañe a Jesús como consuelo. Más tarde serán los ángeles los encargados de anunciar a las mujeres que no busquen entre los muertos al que ha resucitado. Y como anuncia Jesús serán enviados los Ángeles a los cuatro vientos para reunir a los elegidos y acompañarán al Hijo del Hombre en su venida definitiva con gran poder y gloria, como los ángeles de los niños inocentes estarán contemplando en el cielo el rostro de Dios.

Son los ángeles de Dios que también están junto a nosotros en el camino de la vida inspirándonos lo bueno y haciéndonos sentir la presencia de Dios. Eso lo celebraremos con más intensidad el dos de octubre cuando celebremos los santos ángeles custodios. Pero eso no impide que hoy nos unamos a la liturgia celestial para cantar con los ángeles y con los arcángeles y con todos los coros celestiales la gloria del Señor como lo hacemos en nuestra liturgia de cada día en la celebración de la Eucaristía. Del cánticos de los ángeles en el nacimiento de Jesús tomamos prestadas sus palabras – ‘gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama’ - para entonar también el cántico de gloria y de alabanza cuando iniciamos la Eucaristía. Y deseamos que por mano de su ángel sea presentada nuestra ofrenda en el cielo para que así sea siempre todo para honor y gloria del Señor.

Pero como decíamos al principio debemos tener ojos de fe, ojos limpios de malicia, para descubrir a esos ángeles que Dios pone a nuestro lado en el camino de la vida en esas personas buenas, que con sus valores y también con la profundidad de sus vidas quieren elevarnos a nosotros a que descubramos metas más altas, caminos más grandiosos. Tenemos que dar gracias a Dios porque pone tantas personas buenas a nuestro lado que nos estimulan y nos impulsan a que vivamos una vida distinta, a que arranquemos de nosotros toda malicia, a que llenemos nuestra existencia de una verdadera espiritualidad.

Ojalá seamos capaces de ver ese cielo abierto con esos Ángeles significados en tantas personas buenas que a nuestro lado elevan nuestro espíritu y nos hacen gozar también de la gloria y la presencia del Señor.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

Santos Arcángeles, Miguel, Rafael y Gabriel que nos hacen sentir esa presencia de Dios en nuestra vida trayéndonos un mensaje de salud y salvación

 


Santos Arcángeles, Miguel, Rafael y Gabriel que nos hacen sentir esa presencia de Dios en nuestra vida trayéndonos un mensaje de salud y salvación

Daniel 7,9-10.13-14; Sal 137; Juan 1,47-51

Hoy celebramos la fiesta de los santos Arcángeles san Miguel, san Rafael y san Gabriel. Los mayores tenemos este día como si fuera únicamente de san Miguel, porque antes de la reforma del calendario romano después del Concilio Vaticano II, san Rafael se celebraba el 24 de octubre y san Gabriel la víspera de la Anunciación del Señor, el 14 de Marzo.

El Catecismo que estudiamos de niños nos decía que los ángeles son espíritus puros que están en la presencia del Señor alabándole siempre. Hoy precisamente en el evangelio Jesús nos habla de los ángeles que están en la presencia del Señor en el comentario que hace a Natanael que se siente admirado por la presencia de Dios en un momento determinado de su vida y le lleva a aquella hermosa confesión de fe en Jesús. ‘Has de ver cosas mayores, le dice… En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre’.

 En la liturgia, recogiendo el sentir del Apocalipsis y de algunos libros del Antiguo Testamento se nos habla de los coros de los Ángeles y de los Arcángeles, los coros celestiales que alaban y cantan la gloria del Señor. Dentro de pocos días celebraremos a los Santos Ángeles Custodios como esos Ángeles que Dios ha puesto a nuestro lado para inspirarnos el camino del bien y preservarnos de todo malo; ya hablaremos de ello.

Hoy celebramos a los Santos Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel, a quienes vemos en la Biblia con una muy concreta misión, como incluso el significado del mismo nombre indica. Mensajeros de Dios que nos traen la buena noticia o que nos acompañan en el camino de la vida para preservarnos del mal.

En concreto es habitual contemplar en nuestras iglesias o templos la imagen del Arcángel San Miguel en el cuadro de Ánimas del Purgatorio. Es la imagen que quizás los mayores mas recordamos como un intercesor o mediador para después de la purificación del purgatorio conducirnos a la presencia y gloria del Señor. Es por eso por lo que aparece casi siempre con esa imagen de la balanza en sus manos, signo de la justicia de Dios. Es el arcángel del que nos habla la Biblia algo así como capitán de las milicias y ejércitos celestiales – aunque la imagen aparezca un tanto guerrera – frente a la rebelión de Lucifer, el llamado ángel de la luz.

Del Arcángel Rafael conocemos la historia de Tobías, donde él mismo se presenta como un ángel que está en la presencia de Dios y presentando las súplicas y las oraciones de los fieles. Se le verá como compañero de camino del joven Tobías y el que le inspirará tanto para elegir mujer, como para encontrar el remedio que curara la ceguera del anciano Tobías. Es algo así como medicina de Dios en la interpretación de los santos padres de la Iglesia nos han hecho a través de los tiempos.

Y del Arcángel Gabriel nos habla el evangelio, como del ángel que viene de parte de Dios para anunciarle al anciano Zacarías el nacimiento de un hijo y de cuál sería su misión, como luego quien vendrá hasta la doncella de Nazaret para anunciarle que iba a ser la madre del Señor. Mensajero de la Buena Noticia, primer mensajero del Evangelio que viene de parte de Dios para hacer el anuncio a María.

Brevemente hemos hecho una referencia a los tres arcángeles que en este día celebramos pero que viene a ayudarnos a la comprensión del significado de los ángeles en nuestra vida. Como decíamos, espíritus puros que están en la presencia de Dios, enviados y mensajeros de Dios que nos acompañan en el camino de nuestra vida para hacernos sentir la presencia del Señor. Recordemos como en el Antiguo Testamento normalmente cuando se habla de la presencia de Dios junto a los grandes patriarcas, los jueces de Israel e incluso a los profetas, se habla de cómo se manifestó el ángel del Señor que era una forma de hablar de la presencia de Dios.

Esa presencia de Dios que nosotros podemos sentir en nuestra vida cuando sentimos la inspiración para el bien o para alejarnos del mal. El ángel del Señor que nos acompaña, que nos inspira, que nos hace presente la gracia y la fuerza del Señor para liberarnos del mal. Ojalá sepamos dejarnos conducir esa inspiración buena que tantas veces sentimos en nuestro corazón y que casi no nos damos cuenta de donde nos viene, quien nos inspiró aquella cosa buena, quién se puso junto a nosotros como un escudo protector frente a ese mal o peligro que nos acechaba.

Pensemos, sí, en los Ángeles del Señor, en sus santos Arcángeles que hoy celebramos, en su protección que nos hacen presente y nos hacen sentir la presencia de Dios en nuestra vida y como decimos con los salmos delante de los ángeles, juntos con los coros de los ángeles cantemos para el Señor.


martes, 29 de septiembre de 2020

Con los santos arcángeles y todos los coros celestiales queremos cantar la gloria de Dios sabiendo que por sus manos nuestras oraciones son presentadas ante el trono de Dios

 


Con los santos arcángeles y todos los coros celestiales queremos cantar la gloria de Dios sabiendo que por sus manos nuestras oraciones son presentadas ante el trono de Dios

 Daniel 7,9-10.13-14; Sal 137; Juan 1,47-51

Tras la reforma litúrgica del concilio Vaticano II se unificaron en una sola fiesta en un único día, el 29 de septiembre, las fiestas de los tres Arcángeles. Todavía nos queda en el recuerdo a los mayores, sobre todo a quienes teníamos algún familiar con ese nombre la festividad del Arcángel san Rafael el 24 de octubre; sin embargo la festividad del Arcángel san Gabriel estaba cercana a la fiesta de la Anunciación y se celebraba en la víspera el 24 de marzo. Ahora celebramos a los tres Arcángeles San Miguel, San Gabriel y San Rafael en este día del 29 de setiembre.

En la liturgia hacemos referencia a los Ángeles y Arcángeles y a todos los coros celestiales que cantan la gloria de Dios a cuyas voces nosotros queremos unirnos con nuestra vida toda. Es, por ejemplo, la invitación que hace el Arcángel Rafael a Tobías a cantar las alabanzas del Señor, recordándole que su oració

n fue escuchada y presentada por los santos ángeles ante el Trono de Dios; de ahí la misión que ahora realizaba como compañero de camino, pero también como medicina de Dios, que por una parte devolvería la visión al anciano Tobías, pero que también liberó de todos los espíritus malignos a la que iba a ser la esposa del joven Tobías.

Así vemos, pues, que los arcángeles a parte de estar como signos de la presencia de Dios junto a los hombres para liberarlos del mal, son también los que tienen una misión especial que realizar en el orden de la historia de la salvación. Es la misión de mensajero de Dios que tiene el Arcángel Gabriel cuando viene a anunciar a María de Nazaret lo que es la voluntad de Dios y lo que Dios espera de ella.

Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret a una joven desposada con José y cuyo nombre era María, nos dice el evangelista Lucas. Es el mensaje de Dios que se va a convertir en centro de toda la historia de la salvación porque nos anuncia que Dios va a ser ya para siempre ‘Emmanuel’, Dios con nosotros cuando de las entrañas de María por la virtud del Altísimo va a nacer el Hijo de Dios y nuestra salvación. Igualmente Gabriel viene de parte de Dios a anunciarle a Zacarías el nacimiento del Precursor del Mesías que había de preparar los caminos del Señor.

Finalmente el Arcángel San Miguel al que quizá más recordamos en este día, pues ha sido el que no ha variado la fecha de su celebración y al que proclamamos de manera especial como protector de la Iglesia desde los tiempos de la Contrarreforma. Es el Arcángel que vemos en la Biblia como el que lucha contra la rebelión de Lucifer que había sido ángel de luz pero que se convirtió en el ángel de la maldad. ‘¿Quién como Dios?’ es el grito que da nombre al arcángel Miguel y se convierte en signo de la fortaleza de Dios que nos acompaña en nuestra lucha contra el mal.

Comentar que en nuestra tierra canaria hay mucha devoción al arcángel san Miguel a quien se proclama protector y patrono de varias islas y de muchos lugares que incluso llevan su nombre; son numerosos los templos y ermitas a lo largo y ancho de nuestra geografía dedicadas a san Miguel y en la mayoría de nuestros templos parroquiales es habitual encontrarnos con el cuadro de Animas, en cuyo centro siempre aparece la figura del Arcángel.

Cuando nosotros hoy celebramos esta festividad los santos Arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael aprendamos a considerar su verdadero significado porque sentir su protección es sentir ese signo de la presencia de Dios que nos llena de fortaleza frente al mal, que nos hace escuchar la voz de Dios en nuestro corazón como la escuchó María con la presencia del ángel del Señor, pero nos hace sentirnos siempre acompañados por esa presencia de Dios en el camino de nuestra vida, sintiendo que es la luz que abre nuestros ojos y la medicina y gracia que sana nuestros corazones.

Que sepamos unirnos al cántico de gloria con que en el cielo alaban y bendicen a Dios para que toda nuestra vida se convierta también en ese canto a la gloria de Dios con la certeza también de que nuestras oraciones son presentadas por manos de sus Ángeles ante el trono de Dios.

 

 

miércoles, 25 de marzo de 2020

La sorpresa del misterio de la Encarnación nos tiene que hacer descubrir el rostro de Dios en los mismos acontecimientos en que hoy nos vemos envueltos


La sorpresa del misterio de la Encarnación nos tiene que hacer descubrir el rostro de Dios en los mismos acontecimientos en que hoy nos vemos envueltos

Isaías 7, 10-14; 8, 10b; Sal 39; Hebreos 10, 4-10; Lucas 1, 26-38
¿Habremos perdido la capacidad de asombro, de ser capaces de dejarse sorprender? Malo es acostumbrarse a todo, verlo todo como tan natural, no descubrir que hay cosas maravillosas con las que nos tenemos que dejarnos sorprender. Quizá buscamos cosas extraordinarias y grandiosas y no somos capaces de admirar algo tan pequeño y tan sencillo como una flor. Y es que quien no sabe dejarse sorprender por la belleza de una flor que quizá hasta puede pasar desapercibido en la orilla del camino, no será capaz de admirar las cosas grandes.
Hoy es un día para dejarse sorprender. Aparentemente no hay algo más normal que una mujer quede embarazada y espere un hijo en sus entrañas. Es algo maravilloso el misterio de la vida que así se desarrolla y crece en el seno de una mujer. Pero lo que hoy contemplamos además es que va lleno de misterio de tal manera que nos manifiesta la grandeza y maravilla de Dios y de su amor por nosotros.
Una sencilla muchachita en una pequeña aldea, aunque luego la llamemos ciudad, una pequeña aldea de la que nunca se había hablado ni en ella se había desarrollado ningún acontecimiento importante en la historia del pueblo, que recibe la visita de un ángel que le anuncia que va a ser la Madre de Dios. Sí, es el misterio de la vida engendrada en el seno de aquella mujer, pero que nos descubre la maravilla de Dios que quiere tomar nuestra carne para hacerse hombre y nacer entre nosotros. Cuidado que nos hemos acostumbrado a hablar de Anunciación o de Encarnación y no nos dejemos sorprender por el misterio de Dios que ahí se hace presente.
Ya conocemos el relato que nos hace san Lucas que tantas veces habremos leído y escuchado, tantas veces hemos meditado. Pero dejémonos sorprender por cuanto allí se nos relata. Algo nuevo e inesperado va a suceder y de lo que se trata ahora es descubrir lo que Dios quiere transmitir. Sorprendida María por la visita del ángel, todo en ella es oído abierto para escuchar lo que el ángel tiene que decirle.
Y es que desde los primeros renglones de ese relato ya se nos habla de asombro y de sorpresa. Es el asombro de María, es la sorpresa de María al recibir la visita del ángel. La contemplamos anonada balbuceando sus palabras que tímidamente expresan lo que siente y sorprendida por cuanto en ella va a suceder. Pone sus objeciones y dificultades pero el ángel la va convenciendo porque le hace ver la presencia de Dios, lo que es la voluntad de Dios y ella está siempre para hacer su voluntad.
Escuchando al ángel y dejándose llevar y llenar por el misterio al final le parece fácil o al menos en ella está la disponibilidad de un corazón puro y generoso. Si para Dios nada es imposible y hasta su prima allá en la montaña va a ser madre, ¿qué es lo que puede decir María, qué objeciones más podrá poner? Ella está disponible para Dios y parece que se siente fortalecida en su generosidad con la presencia del ángel.  Aquí está la que está disponible para Dios, aquí está la que es la servidora de Dios, aquí está la humilde esclava del Señor. Que se cumpla, que se realice, que se haga su voluntad, que sea en ella tal como le anuncia la Palabra que viene de Dios en la boca del ángel.
Un nuevo camino lleno de misterio, del misterio inescrutable de Dios, se abre ante María. Sorprendida se encuentra ante todo lo que se le revelado y manifestado. Ha sido el impulso generoso de corazón joven lo que le ha llevado a dar el Sí, pero ahora se encuentra sola ante ese misterio que en ella comienza a realizar y que no va a ser precisamente un camino de rosas. O camino de rosas si en la belleza de sus pétalos, pero también de espinas que siempre acompañarán a la fragancia y belleza de la flor. No hay rosa sin espinas. Y ese va a ser el camino de María.
Ahora en cierto modo parece que sentía arropada por la presencia del ángel, pero cuando todo ese misterio se le ha revelado y cuando ha brotado el sí generoso de su corazón el ángel la dejó, que nos dice el evangelista. No volverá a aparecer la fortaleza de Gabriel para acompañarla en su camino, sino que ha de ser un camino que ha de hacer María manteniéndose en la confianza que tiene en Dios. Ni estará el ángel en el duro camino hasta Belén, ni en el destierro de Egipto, ni en tantos y tantos otros momentos en que la duda y la angustia dolorosa podrán aparecer en el alma de María.
No estará el ángel cuando tenga que buscarle hasta hallarle en el templo, ni cuando Jesús abandone Nazaret para ir a anunciar el Reino de Dios. Soledades de María, pero soledades vividas en un corazón lleno de amor, de fe y de generosidad. Será la soledad de la calle de la amargura, donde no vendrá ningún ángel del cielo para limpiarle su sudor de sangre en el dolor de su corazón, ni al pie de la cruz donde estará sola acompañada por aquel pequeño resto de los que aun creen y esperan en Jesús.
Pero María en todo momento seguirá con los ojos del alma abiertos ante la sorpresa de cuanto Dios le va pidiendo pero con el corazón lleno de fe y de confianza porque nunca decaerá en la generosidad de su amor. La sorpresa de Dios que no era solo para Maria sino que era y es la sorpresa de Dios para nosotros a quienes quiere manifestarse y a quienes nos quiere señalar caminos que también con generosidad nosotros hemos de recorrer.
¿En qué podemos pensar? ¿Qué tenemos que aprender a descubrir? Todo el misterio que hoy celebramos es el misterio del Dios que se encarna y se hace hombre y camina entre nosotros los hombres. Es lo que tenemos que aprender a descubrir en los propios acontecimientos que se van sucediendo en el hoy de nuestra vida que en cierto modo nos sorprenden y hasta nos asustan porque no vislumbramos hasta donde vamos a llegar.
Pero ¿por qué, aunque se nos haga difícil, no vemos el rostro de Dios de todo eso que nos sucede? No es un rostro severo y de castigo, como algunos quizá quieran interpretar, sino que es la mirada de Dios que nos hace mirar a nosotros con mirada nueva y ver como entre todas esas espinas de sufrimiento va surgiendo, va brotando la fragancia de solidaridad, de amor, de cercanía y nueva preocupación de los unos por los otros, de parón en nuestras carreras para descubrir las cosas que son verdaderamente importantes, esas cosas que nos parecían invisibles pero con un corazón nuevo se están haciendo visibles y palpables en tantos hombres y mujeres a nuestro lado.
Intentemos tener una mirada nueva hacia cuanto nos sucede; abramos los oídos y dejémonos sorprender por la voz de Dios que nos habla a través de esos acontecimientos y demos respuesta generosa a su llamada siendo capaces de ponernos en camino aunque nos parezca que vamos solos, pero sabemos muy bien que Dios está con nosotros.

jueves, 19 de diciembre de 2019

No perdamos la sensibilidad, abramos los ojos para Dios porque desde lo pequeño y cotidiano es como seremos capaces de descubrir la grandeza del misterio de Dios


No perdamos la sensibilidad, abramos los ojos para Dios porque desde lo pequeño y cotidiano es como seremos capaces de descubrir la grandeza del misterio de Dios

Jueces 13, 2-7. 24-25ª; Sal 70; Lucas 1, 5-25
Hay sorpresas que aunque sean una noticia muy deseada nos dejan sin habla. Ansiamos y deseamos algo con mucha intensidad, aunque al mismo tiempo estamos poco menos que convencidos de que eso no es para nosotros, de que eso que tanto ansiamos no nos sucederá, pero llega un momento en que sí sucede, conseguimos aquello que tanto deseábamos y cuando nos dan la noticia nos quedamos mudos de emoción, no podemos articular palabra, no tenemos forma de expresar lo que sentimos o de dar gracias por haberlo conseguido; nos quisieran hacer hablar en público para que expresáramos lo que sentíamos cuando sabían que era alto tanto deseado y no pudimos articular palabra. Son cosas que nos suceden.
Humanamente hablando, aunque por supuesto tenemos que trascender el hecho que es aun mucho más grandioso y hay un actuar del cielo, es lo que sucedió al anciano sacerdote Zacarías aquella tarde en el templo. Estaba aquel día de turno, le tocaba entrar en Santuario para hacer la ofrenda del incienso y es entonces cuando se sucede lo sobrenatural. A la derecha del altar del incienso hay un ángel del Señor que le habla y le anuncia que sus ruegos han sido escuchados, van a tener un hijo. Tanto lo habían ansiado pero eran ya mayores y su mujer Isabel era considerada estéril. Pero allí estaba la obra de Dios. ¿No era para quedarse mudo ante el asombro de lo que le estaba sucediendo?
El hijo que va a nacer viene con el poder y el espíritu de Elías y viene con una misión. Va a ser el que prepare los caminos del Señor. Aquel niño que va a nacer va a vivir en la austeridad y la penitencia, por eso ya se le aconseja a la madre no beber vino ni licor, porque va a ser nazir, probablemente estaría en la cercanía de los esenios del Qumrán en las orillas del mar muerto, porque allí en la orilla del Jordán va a realizar su profética tarea.
Su nacimiento será motivo de mucha alegría – ya luego se nos hablará como correría la noticia por las montañas de Judea y todos alabaran el nombre del Señor – e  ‘irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos a los desobedientes, a la sensatez de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto’. Son las palabras del ángel del Señor, Gabriel, que sirve en la presencia del Señor, a un anciano sacerdote que casi no puede musitar palabras. Ve en su humildad aunque tanto lo deseara su propia inutilidad y su incapacidad, como la incapacidad de su mujer. Pero para Dios nada hay imposible, como le dirá más tarde el mismo ángel del Señor a María.
En la cercanía ya de la navidad vamos preparándonos contemplando estas primeras páginas del evangelio de Lucas, llamado el evangelio de la Infancia. Hoy hemos contemplado el anuncio del nacimiento del Bautista que viene a ser para nosotros como una invitación a ser capaces de admirarnos de las maravillas que hace el Señor. Parece que en la vida que hoy vivimos ya no somos capaces de admirarnos por nada, pero es un peligro que nos hace mucho daño porque nos incapacita para descubrir las maravillas del Señor que se realizan en las cosas pequeñas.
No perdamos esa sensibilidad, porque terminaremos siendo incapaces para llegar a descubrir a Dios que así en lo pequeño y en lo sencillo, en lo cotidiano de cada día y en lo que nos puede parecer lo más natural del mundo El quiere manifestársenos. Abramos los ojos para Dios porque desde eso pequeño y cotidiano seremos capaces de descubrir la grandeza del misterio de Dios.
  

sábado, 29 de septiembre de 2018

Dejémonos sentir así mirados por Dios con su mirada de amor abriendo nuestro corazón a sus designios de amor cuando celebramos la fiesta de los Santos Arcángeles



Dejémonos sentir así mirados por Dios con su mirada de amor abriendo nuestro corazón a sus designios de amor cuando celebramos la fiesta de los Santos Arcángeles

Daniel 7,9-10.13-14; Sal 137; Juan 1,47-51

Una mirada puede ser en ocasiones algo decisivo en la vida. Alguna vez casi sin darnos cuenta presentimos que alguien nos está mirando, quizás nos sorprende, quizás sentimos como un reparo a que nos miren y quisiéramos ocultarnos, quizás nos agrade la sensación de paz que percibimos y que nos agrada porque parece que a nosotros nos llena de paz, otras veces nos interroga y parece como si se nos metiera en lo más hondo de nosotros descubriendo lo más intimo o lo más secreto que guardamos dentro de nosotros mismos.
Hay, es cierto, personas que hablan contigo y no te miran, otras veces somos nosotros los que rehuimos la mirada como queriendo ocultar algo, pero en el fondo nos agrada sentirnos mirados, o que cuando nos hablen nos miren a la cara, nos miren a los ojos. Sensaciones diversas pueden producirse en nosotros, pero también sentimos con agradecimiento esa mirada de estímulo que parece que nos está diciendo adelante, o una mirada puede ser que nos haga cambiar hasta la intención de lo que estamos haciendo y de alguna manera nos hace recomponer nuestras posturas o nuestra manera de ser o de hacer. Es más importante de lo que parece o de lo que queramos aceptar la mirada que recibimos de los demás, como importante puede ser los otros nuestra mirada.
¿Y las miradas de Jesús? sería una buena reflexión recorrer las páginas del evangelio fijándonos al detalle en la mirada de Jesús. Es un tema que me agrada y que muchas veces he reflexionado también. Hoy se nos habla de una mirada de Jesús en el evangelio que fue muy importante.
Felipe le había anunciado a Natanael que habían encontrado al anunciado por los profetas y esperado con tantas esperanzas hasta ahora nunca cumplidas por el pueblo de Israel. Y le señala en concreto a Jesús de Nazaret. No sin ciertas reticencias se acerca a Jesús, porque de Nazaret no puede salir nada bueno – rencillas y envidias de pueblos vecinos – y cuando se acerca Jesús se le queda mirándole. Y esa mirada de Jesús va acompañada de una alabanza. ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño’. Saludo recibido con ciertas reservas por parte de Natanael. ‘¿De qué me conoces?’ Y Jesús le habla de una mirada. ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi’.
Fueron suficientes esas palabras, pero también la sensación que había sentido porque en aquel momento, que no sabemos qué es lo que había sucedido, sin embargo se había sentido mirado. Una mirada de la que quizá entonces no se había enterado, pero saber que le habían mirado en aquellas circunstancias, le hizo cambiar totalmente su actitud. Le había hecho dar un vuelco total a su vida, a sus predisposiciones, a sus actitudes, y del rechazo del principio había nacido ahora una profesión de fe. ‘Rabí – le dice ya reconociéndolo como maestro -, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’  concluyendo con una hermosa confesión de fe’.
Qué importante había sido aquella mirada. Lo que expresábamos al principio, miradas que interrogan, miradas que penetran hasta lo mas hondo, miradas que nos transforman, miradas que nos hacen tener una nueva visión y nos abren un nuevo camino. Algunas veces somos conscientes, otras veces nos pasan desapercibidas, miradas que tenemos que aprender a recibir y apreciar, miradas de las que en ocasiones nos tendríamos que dejar llevar en lo que suscitan en nuestro corazón. Mucho podríamos seguir reflexionando.
Hoy queremos sentir la mirada de Dios sobre nosotros en esta fiesta que celebramos de los santos Arcángeles, san Miguel, san Rafael, san Gabriel. Podríamos atrevernos a decir siguiendo con nuestra reflexión precedente que de alguna manera son la mirada de Dios sobre nosotros. Misión de los Ángeles y de los arcángeles es hacernos sentir la presencia de Dios con la misión que nos confía y con las señales de su presencia que nos acompañan.
Mirada de Gabriel a María para trasmitirle la misión y el encargo que Dios le confiaba para hacerla su madre; mirada de Rafael a Tobías para ayudarle a encontrar los caminos de Dios, caminos que conducen siempre a la salvación; mirada de Miguel el arcángel que nos habla del poder y de la gloria del Señor que nunca podemos mancillar con nuestro pecado porque su presencia nos hace sentir la fuerza y el poder del Señor en nuestra lucha contra el mal y contra el pecado. Dejémonos sentir así mirados por Dios abriendo nuestro corazón a sus designios de amor.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Los Ángeles y los arcángeles nos ayudan a sentir la permanente presencia del amor de Dios en nuestra vida y con ellos queremos cantar eternamente la gloria del Señor

Los Ángeles y los arcángeles nos ayudan a sentir la permanente presencia del amor de Dios en nuestra vida y con ellos queremos cantar eternamente la gloria del Señor

Daniel 7, 9-10.13-14; Sal 137, 1-5; Juan 1, 47-51
Tradicionalmente decimos que este día del 29 de septiembre es el día de san Miguel Arcángel, pero tras la reforma del calendario litúrgico después del concilio Vaticano II en este día se unificaron las fiestas de los tres Arcángeles, por lo que en este día celebramos también a san Gabriel y san Rafael.
La tradición bíblica y también tradicionalmente en la Iglesia cuando hablamos de los ángeles hablamos de los mensajeros de Dios. Como tales aparecen repetidamente en la Escritura Sagrada pero también como un signo de la presencia y del poder del Señor. Como decimos en la teología y en el catecismo son espíritus puros que están en la presencia de Dios alabando y cantando siempre la gloria del Señor. Pero al mismo tiempo están junto a nosotros, como lo celebraremos también en los próximos días, como mensajeros divinos que están a nuestro lado con su protección y para hacernos sentir las inspiraciones del Señor en nuestro corazón.
Pero tal como aparece en la Biblia diferenciamos entre los ángeles y los arcángeles, por cuanto estos aparecen con una misión especial para hacer presente la presencia y la gracia del Señor y para trasmitirnos su voluntad o su fortaleza que nos llena de vida y nos sana o nos preserva de toda tentación y peligro. La presencia de Dios junto a aquellos grandes patriarcas del Antiguo Testamento normalmente son señalados como el Ángel de Dios, el Ángel del Señor que se les manifiesta. Signos, pues, junto a nosotros de la presencia de Dios y de su amor que siempre nos protege.
Así nos aparecerá Gabriel como especial mensajero divino, junto al sacerdote Zacarías para anunciarle el nacimiento de su hijo y su misión, pero luego también junto a María para manifestarle como estaba llena de Dios y de su gracia – había encontrado gracia a los ojos de Dios como le dice como si fuera su nombre – y cómo  había sido la elegida de Dios para que se engendrase en sus entrañas el Hijo de Dios que se hacia Hijo del Hombre, Emmanuel, Dios con nosotros. Mensaje sublime y trascendental para la salvación del Señor y para la renovación del mundo que también nosotros hemos de escuchar.
Será Rafael, Medicina de Dios como lo llama san Gregorio Magno, para acompañar a Tobías su camino, inspirarle lo mejor para su vida y traerle la salud para los ojos ciegos de su padre. Significativa ese presencia del Ángel del Señor caminante a nuestro lado en los caminos de la vida acompañando nuestros pasos, inspirándonos los mejores deseos y acciones y trayéndonos la gracia de Dios que nos sana y que nos salva.
Finalmente nos fijaremos en san Miguel, el arcángel que aparece en la lucha de Dios contra el mal para vencer y para dominar al enemigo malo. Así aparecerá en el libro de los profetas, pero volverá aparecer en el Apocalipsis y en quien hemos de sentir esa especial protección y fortaleza de Dios en nuestra lucha contra el mal y el pecado. ‘¿Quién como Dios?’ es el significado de su nombre y con la presencia del espíritu divina a nuestro lado nada podrá apartarnos del amor de Dios, como diría el apóstol san Pablo.
Es lo que hoy estamos celebrando en esta fiesta de los santos Arcángeles Miguel Gabriel y Rafael.  Que esto nos ayude a sentir esa protección divina, nos haga escuchar en nuestro interior esa inspiración a lo bueno que ellos siempre nos trasmiten y nos sintamos fortalecidos en nuestra lucha contra el mal. Que nos ayuden a descubrir esa presencia de Dios permanente junto a nosotros de la misma manera que ellos están siempre contemplando el rostro de Dios en el cielo. Que con los ángeles y los arcángeles, y con todos los coros celestiales, como proclamamos en la liturgia, nosotros nos unamos a ese cántico celestial para que con toda nuestra vida siempre estemos buscando la gloria de Dios y cantando sus alabanzas para su gloria.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Los santos Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel mensajeros divinos y acompañantes en nuestro camino nos abren al misterio de Dios y con ellos queremos cantar su gloria

Los santos Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel mensajeros divinos y acompañantes en nuestro camino nos abren al misterio de Dios y con ellos queremos cantar su gloria

Daniel 7,9-10.13-14; Sal 137; Juan 1,47-51

Los ángeles en el cielo cantan la gloria del Señor. Así lo expresamos en cada celebración cuando queremos unirnos a los Ángeles y a los arcángeles y a todos los coros celestiales para cantar por siempre la gloria del Señor, para bendecir con nuestro canto y con nuestra vida el santo nombre del Señor.  ‘Santificado sea tu nombre’ pedimos en la oración que el Señor nos enseñó y queremos santificarlo cantando la gloria del Señor.
Pero los ángeles se convierten para nosotros también en signos de la presencia del Señor que nos acompaña siempre con su gracia. Así, por ejemplo, en el Antiguo Testamento cuando en una visión decían que estaban viendo al Ángel del Señor que se les manifestaba era una expresión para decir cómo sentían esa presencia de Dios en sus vidas. Podemos recordar episodios de la vida de Abraham o de Moisés, pero también lo vemos expresado en otros momentos como fue la aparición de aquellos jueces que Dios suscitaba para conducir al pueblo de Dios en momentos difíciles.
Ya en el Nuevo Testamento veremos como Jesús nos habla de los ángeles que acompañan la vida de los niños, pero que al mismo tiempo están gozando de la visión de Dios, o como se nos manifiesta en el evangelio de esta festividad en la que Jesús le dice a Natanael que veréis a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre.
Signos, pues, de la presencia de Dios que nos acompañan en nuestro caminar, inspiran en nuestro corazón todo lo bueno que tendríamos que realizar al tiempo que nos preservan de los peligros que nos pueden acechar en nuestra vida con la fuerza y la gracia de Dios que nos trasmiten. Son para nosotros mensajeros divinos al tiempo que medicina y fortaleza para nuestro caminar; son medicina de Dios que nos hacen llegar la gracia divina que nos preserva de los peligros y del mal.
Es lo que vienen a significar los Arcángeles cuya festividad hoy estamos celebrando. Aunque comúnmente decimos que hoy es día de san Miguel, tras la reforma litúrgica del concilio Vaticano II se unieron en esta fiesta la celebración de los tres Arcángeles que se celebraban en días distintos. Por eso hoy es la fiesta de los santos Arcángeles San Miguel, san Gabriel y san Rafael.
Esos santos Arcángeles que en la Biblia y en especial en el Evangelio se nos manifiestan con especiales misiones divinas con especial relevancia en la historia de nuestra salvación. Será el poderoso san Miguel  que al grito de su nombre ‘¿Quién como Dios?’ lucha contra Lucifer como signo de la victoria sobre el mal. Cuánto puede significar para nuestra vida de lucha contra el maligno que nos tienta.
Será el arcángel san Rafael acompañante de Tobías hijo en los caminos para inspirarle las mejores decisiones que había de tomar para su vida, como medicina de Dios según el mismo significado de su nombre para enseñarle lo que diera de nuevo luz a los ojos ciegos de su padre, y como intercesor que presentaba ante el trono de Dios las súplicas y oraciones de aquellos corazones fervorosos. Ojalá nos dejáramos acompañar y enseñar con sus inspiraciones de los ángeles de Dios que sabemos que tenemos a nuestro lado, aunque nuestros ojos ciegos no los vean, con la confianza de que ellos presentan nuestras suplicas ante el trono de Dios.
Finalmente será el mensajero divina que vino de parte de Dios a anunciarle a Zacarías el nacimiento del precursor del Mesías, pero que se manifestará a María para darle la Buena Noticia de todos esperada de que de sus entrañas virginales nacería el que iba a ser la luz y la salvación del mundo. A Zacarías le costó creer porque solo veía las dificultades de su propia vida pero María supo ser la humilde esclava del Señor para que en ella se plantara la Palabra de Dios para en su encarnación convertirse en el Emmanuel, en el Dios con nosotros. Aunque nos sintamos débiles, instrumentos inútiles y con nuestro corazón manchado sepamos como María abrirnos al misterio divino para también llenarnos de Dios.