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martes, 29 de septiembre de 2026

Tenemos que cambiar el estilo de nuestra oración, buscando esa higuera bajo la que recogernos, ese lugar a solas y con tranquilidad porque nos sintamos llenos de la gracia de Dios

 




Tenemos que cambiar el estilo de nuestra oración, buscando esa higuera bajo la que recogernos, ese lugar a solas y con tranquilidad porque nos sintamos llenos de la gracia de Dios

Daniel 7,9-10.13-14; Salmo 137; Juan 1,47-51

Nos habremos quedado ‘moscas’, como suele decirse, cuando quizás nos han presentado a alguien de quien pensábamos que no le pudiéramos conocer de nada o él tampoco nos pudiera conocer a nosotros, cuando de repente nos dice que él ya nos conocíamos. ¿De qué me conoces?, seguramente la preguntamos y esperamos que nos dé razones de ese conocimiento. Y quizás podía haber buenas razones y motivos para que hubiera ese conocimiento, aunque no cueste comprender por qué.

Es lo que sucede en este pasaje del evangelio que hoy se nos propone en esta fiesta de los Santos Arcángeles; luego podremos ver la razón por la que se nos propone en la liturgia este evangelio. En este caso lo que sucede es que Natanael es llevado a la presencia de Jesús por su amigo Felipe que ya es seguidor de Jesús y cuando le es presentado a Jesús éste comienza a hablar maravillas de Natanael, ‘un israelita de verdad, en quien no hay engaño’. Realmente Jesús hace una gran alabanza de aquel a quien ahora le están presentando. A cualquiera que le hicieran una alabanza así se le subirían los colores a la cara.

Es entonces cuando surge la pregunta, ‘¿y de qué me conoces tú a mi?’ Hay que tener un buen conocimiento de la persona para hacer una alabanza así, y quiera que no el que así es alabado sentirá mucho orgullo y satisfacción en su corazón. Sin embargo se preguntará, ¿por qué esta alabanza? ¿Yo qué he hecho para merecer una alabanza así? Pero ahí está la respuesta de Jesús. ‘Cuando estabas debajo de la higuera, yo te vi’. Muchas elucubraciones nos hemos hecho a lo largo de los siglos sobre el sentido de estas palabras de Jesús. ¿Por qué no darle un sentido positivo?

Alguien en sus comentarios sobre este texto piensa en ese lugar secreto de Natanael donde él quizás buscaba el silencio interior y la reflexión. Todos tenemos un lugar, donde nos gusta retirarnos, donde aun en soledad nos sentimos muy a gusto porque nos ayuda a buscar esa paz interior que en las carreras de la vida no llegamos a alcanzar, un lugar para el silencio y para escucharnos a nosotros mismos, un lugar donde nos abrimos a la trascendencia y nos gusta comenzar a mirar más allá, a tratar de descubrir algo distinto, un lugar para rumiar una y otra vez cuanto nos sucede, lo que nos dicen y escuchamos, lo que sutilmente sentimos dentro de nosotros mismos muchas veces sin saber de dónde viene.

Un lugar de oración donde vamos más allá de la repetición de unas palabras dichas o pensadas por otros por muy bonitas que sean, un lugar para la escucha o para detectar aquello que eleva nuestro espíritu, un lugar donde al rumiar esos impulsos interiores se nos abren nuevos caminos, nos aparecen nuevas sugerencias. La oración no son esos rezos en que repetimos siempre las mismas palabras que se convierten en una rutina para nosotros; oración es entrar en otra sintonía en la vida cuando entramos en la honda de Dios; es la apertura del corazón para ver, para contemplar, para comprender algo nuevo y distinto pero también para entrar en diálogo con la mente y el corazón. abiertos a la escucha del mensaje que Dios quiere transmitirnos.

Aquellas palabras un tanto enigmáticas que se cruzaron entre Jesús y Natanael fueron una auténtica oración, porque quizás a Natanael le hizo recordar aquel lugar y aquellos momentos que quizás debajo de la higuera tantas veces se había pasado con tantos interrogantes de su vida. Algo especial y sobrenatural lo había envuelto en aquellos momentos aunque él no supiera bien lo que le estaba sucediendo; era la presencia de Dios en su vida que elevaba su corazón.; esa presencia de Dios que como tantas veces vemos en la Biblia se manifiesta a través de sus ángeles.

Con la presencia del ángel Gabriel en Nazaret María había sentido cómo Dios le envolvía haciendo que el Espíritu de Dios la inundará para convertirla en la Madre de Dios; con la presencia del arcángel san Rafael Tobías había sentido la gracia de Dios que le devolvía la luz a sus ojos y a su vida. Así le había manifestado el arcángel que era Él quien presentaba ante Dios las súplicas y oraciones que Tobías hacía y por eso había acompañado al joven Tobías en su camino. Es esa fuerza interior que sentimos en nuestras luchas contra la tentación y contra el mal como una presencia del Arcángel san Miguel en nosotros para vencer todo mal en nuestra vida.

Es lo que hoy estamos celebrando en la fiesta de los santos arcángeles. Es lo que Jesús terminará diciendo a Natanael y a los discípulos ante el asombro que los embargaba ante el misterio de Jesús. ‘En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre’. ¿No nos estará diciendo Jesús que es lo que experimentamos en una verdadera y auténtica oración que va más allá de pedir a Dios que nos solucione nuestros problemas? Es el ángel del Señor que está con nosotros y nos envuelve de esa presencia de Dios.

Pero tenemos que cambiar el estilo de nuestra oración, buscando esa higuera bajo la que recogernos, como nos dirá Jesús en otro lugar que cuando vayamos a orar busquemos ese lugar a solas y con tranquilidad, ese momento en que sintamos esa paz interior porque ciertamente nos sintamos llenos de Dios, como María, la llena de gracia porque el Señor estaba con ella. Será así cómo vivimos de forma auténtica nuestra oración.


lunes, 29 de septiembre de 2025

Tres nombres de arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael, que tendríamos que llevar gravado en nuestras vidas por el testimonio que hemos de dar del evangelio de Jesús

 


Tres nombres de arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael, que tendríamos que llevar grabado en nuestras vidas por el testimonio que hemos de dar del evangelio de Jesús

Daniel 7,9-10.13-14; Salmo 137; Juan 1,47-51

Hay cosas, por decirlo de alguna manera, que no siempre llegamos a entender en todo su sentido, que son de alguna manera un misterio para nosotros, pero que ahí están, que son para nosotros señal y signo de algo distinto y superior a todo lo que nosotros podamos entender o imaginar, pero que de alguna manera envuelven nuestra vida y nos hacen entrar en algo inmensamente superior a nosotros mismos y que abre para nosotros horizontes de plenitud que aunque nos sintamos pequeños llenan de una grandeza superior a nuestra vida.

Es el misterio de Dios que hoy celebramos; sí, quiero llamarlo misterio de Dios, porque nos hace sentir su presencia misteriosa que hace que nuestra vida entre en una nueva dimensión. A lo largo de la Biblia sobre todo en el Antiguo Testamento cuando se nos habla de la presencia de Dios que actúa en la vida de los hombres habitualmente se nos habla del Ángel de Dios que se nos manifiesta. Muchos podría ser los testimonios que nos ofrece la Biblia en este sentido, donde siempre quien recibe esa visita del Ángel del Señor se sentirá fortalecido desde lo más hondo y con una misión nueva en su vida.

Una presencia de Dios en sus ángeles que nos eleva y nos hace al mismo tiempo sentirnos espirituales, que se convierte en fortaleza para nuestro caminar, para mantener viva nuestra fe y para crecer en esa dimensión del amor. Sentiremos esa presencia del Ángel de Dios junto a nosotros que hace entrar en esa nueva dimensión nuestra vida, que no es solo la materialidad de un cuerpo humano sino ese espíritu que dentro de nosotros da sentido y grandeza a nuestro ser.

En este día del 29 de setiembre la iglesia ha querido aunar en una sola festividad a los santos Arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael, cada uno, podríamos decir, con sus particularidades propias según se nos van manifestando en distintos momentos de la Biblia y que de alguna manera van a encauzar lo que significa la presencia de los santos ángeles y arcángeles en nuestra vida.

¿No necesitaremos esa fortaleza de Dios que significa la figura del Arcángel san Miguel en esa lucha de nuestra vida por el bien y la verdad para preservar la santidad de nuestra vida en esa lucha contra el maligno?

¿No necesitaremos esa claridad y sabiduría de nuestra mente para saber escuchar y discernir lo que es la Palabra de Dios para nosotros como representó la figura del Arcángel Gabriel que fue mensajero de Dios que tanto en Zacarías como en María los descubría los misterios de Dios y la misión que Dios les confiaba?

Necesitamos sentirnos sanados porque nuestra vida se corrompe con el mal y el pecado, necesitamos sentirnos sanadas de esas perturbaciones que sentimos en nuestro espíritu desde nuestros miedos y nuestra dudas, desde esas influencias del mal y la mentira que dañan nuestro espíritu, necesitamos sentirnos sanados porque el desamor y el odio nos dañan interiormente y necesitamos encontrar esa paz de nuestro espíritu como el santo Arcángel Rafael fue medicina de Dios y acompañante en el camino para Tobías.

Es la imagen que se proyecta sobre nosotros y nuestra vida con esa presencia de Dios que se manifiesta en sus arcángeles para ayudarnos en el camino de nuestra vida. Pero es también en lo que nosotros hemos de convertirnos como signos de una vida nueva ante aquellos que nos rodean. Mensajeros de Dios hemos de convertirnos en medio de nuestro mundo con los signos de una vida santa y de una vida sana; mensajeros de Dios que con el testimonio de nuestra vida nos convertimos en portavoces y trasmisores de un mensaje de salvación para nuestro mundo.

¿No deberíamos llevar el nombre de estos tres santos arcángeles gravado en nuestras vidas sobre todo por el testimonio que damos y por el signo en que nos convertimos de ese Reino nuevo de Dios ante el mundo que nos rodea?

viernes, 29 de septiembre de 2023

Con los ángeles y con los arcángeles nosotros nos unimos a los coros celestiales para entonar el himno de la gloria del Señor


 

Con los ángeles y con los arcángeles nosotros nos unimos a los coros celestiales para entonar el himno de la gloria del Señor

Daniel 7,9-10.13-14; Sal 137; Juan 1,47-51

'Delante de los ángeles tañeré para tí, Señor', decimos con la liturgia de este día en que celebramos la fiesta de los Arcángeles de Dios. Nos unimos a los coros de los ángeles, decimos en otro momento de la liturgia y de ellos tomamos prestadas sus palabras para también entonar ese cántico de gloria del Señor.

No sé, pero aunque nos manifestamos con corazón agradecido a Dios cuando sentimos su presencia en nuestra vida, en medio de nuestras luchas y problemas, creo que no siempre sabemos cantar como es debido a la alabanza del Señor. 'Tuyo es el Reino, tuyo el Poder y la Gloria', diremos también en otro momento de la liturgia. Es algo que tendríamos que hacer más. Es gozarnos de la gloria del Señor, es reconocer su grandeza y las maravillas que hace con nosotros, es disfrutar de su presencia en la que nos gozamos con su presencia y de nuestra boca y de nuestro corazón tendrían que salir cada vez con más fuerza esos piropos de alabanza.

¿No es lo que hacen los enamorados que se vuelven poetas rebuscando las mejores y más bonitas palabras para describir de la mejor manera posible lo que han descubierto en su amado o su amada y regalarle con un cántico bien hermoso todo lo que quisieran expresar desde ese amor que sienten en el corazón?

¿No es lo que hacemos en nuestras relaciones humanas cuando descubrimos las cosas hermosas que una persona ha realizado por su comunidad o su pueblo y le dedicamos fiestas en su honor y buscamos los mejores poetas que ensalcen esas figuras que van ya a ser muy importantes para el pueblo?

Que no se enfríen nuestros sentimientos, que no decaiga nuestro amor, que vivamos con intensidad esos momentos en que se desborda nuestro corazón para cantar a Dios, cuando reconocemos sus maravillas, cuando nos sentimos inundados de su amor, cuando somos conscientes de cómo el Señor nos ayuda y nos libera, nos hace seguir caminando adelante con paso firme, porque Él está siempre con nosotros, que sepamos, pues, encontrar el modo en que también sepamos proclamar esas alabanzas para nuestro Dios.

Celebrar esta fiesta de los Santos Arcángeles, san Miguel, san Gabriel y san Rafael, tendría que despertarnos a esa alabanza y a esa acción de gracias que continuamente cantemos a nuestro Dios. Cuando contemplamos hoy a estos arcángeles estamos viendo la intervención divina en nuestra propia historia de la salvación. No solo recordamos a Rafael porque acompañara al joven Tobías en su camino de peregrinación y fuera signo de la medicina de Dios al curar al anciano Tobías; no solo estamos recordando a Gabriel como el mensajero de Dios que llegó a casa de María, como antes lo hiciera en el templo con el sacerdote Zacarías, para transmitirles los designios de Dios; no solo contemplamos a Miguel como algo así como el capitán de los ejércitos celestiales para significar la victoria del bien sobre el mal y el pecado.

Estamos contemplando esa acción de Dios en nosotros, que pone a sus ángeles como compañeros de nuestro camino - en unos días celebraremos a los santos Angeles Custodios -, vienen a ser la voz de Dios en nuestro corazón para inspirarnos el camino del bien o hacernos descubrir los planes de Dios para nuestra vida, sino que también descubrimos esa presencia sobrenatural junto a nosotros para librarnos del mal, para que no caigamos en la tentación, para que tengamos esa luz de lo alto que nos haga descubrir el camino del bien que hemos de recorrer.

Pondrá el Señor a sus ángeles para que nuestro pie no tropiece en el camino, para presentar nuestras súplicas y oraciones ante el trono celestial, para ayudarnos a escuchar y discernir la Palabra de Dios que llega a nuestro corazón. No nos hagamos sordos ni nos resistamos a la gracia de la presencia de los ángeles de Dios a nuestro lado. 'Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre', le decía Jesús al sorprendido Natanael cuando descubrió que Dios conocía sus secretos más íntimos. Sepamos sentir como los ángeles de Dios que nos acompañan en nuestro camino están también contemplando el rostro de Dios y cantando eternamente la alabanza del Señor. Que con los ángeles y con los arcángeles nosotros nos unamos a los coros celestiales para entonar el himno de la gloria del Señor.


jueves, 29 de septiembre de 2022

Al celebrar a los santos arcángeles que Dios nos alcance ver a esos ángeles que a nuestro lado nos elevan y nos estimulan y nos llenan de nueva espiritualidad

 


Al celebrar a los santos arcángeles que Dios nos alcance ver a esos ángeles que a nuestro lado nos elevan y nos estimulan y nos llenan de nueva espiritualidad

Daniel 7,9-10.13-14; Sal 137; Juan 1,47-51

Algunas veces nos encontramos con personas que nos parecen extraordinarias por sus valores reflejados en posturas o en actuaciones valientes en la vida que aunque parezcan ir a contracorriente de lo que habitualmente vivimos sin embargo nos llaman la atención, pero es que además descubrimos que en esas personas hay como una hondura espiritual que crean en ellas un algo muy especial y con quien ciertamente aunque sus posturas o su actuar sean un interrogante en nuestra vida, sin embargo parece que trasmiten una paz que nos hace sentirnos bien. En algunos sitios y en expresiones muy coloquiales se suele decir que estas personas tienen un ángel. Solemos decir algunas veces que nos encontramos Ángeles en nuestra vida caminando a nuestro lado.

¿Creemos en los ángeles? Quizá cuando nos encontramos personas así, tan espirituales, parece que nos inducen de verdad a creer en los ángeles. Es lo que hoy y el próximo 2 de octubre con la liturgia de la Iglesia celebramos. Hoy de manera especial hacemos memoria de los arcángeles san Miguel, san Gabriel y san Rafael.  Hay una referencia especial a ellos en la Biblia y en especial en el Evangelio para san Miguel y san Gabriel, y san Rafael en el Antiguo Testamento en el Libro de Tobías.

Hoy mismo hemos escuchado en el texto del evangelio que se nos ofrece – el encuentro de Natanael con Jesús a pesar de sus reticencias cuando Felipe le habla de Jesús – que ‘veremos el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre’. Ya en muchos momentos del evangelio aparece la figura de los ángeles; no solo es el ángel Gabriel el que primero anuncia a Zacarías el Nacimiento del Precursor del Mesías sino también a María que de ella va a nacer el Hijo de Dios.

Serán los ángeles los que cantan la gloria de Dios en su nacimiento anunciando a los pastores que en la ciudad de David les ha nacido un salvador. Serán los ángeles que sirven a Jesús después que el ángel tentador lo haya abandonado en el monte de la cuarentena.  En el momento del inicio de la pasión en Getsemaní será el ángel del Señor el que acompañe a Jesús como consuelo. Más tarde serán los ángeles los encargados de anunciar a las mujeres que no busquen entre los muertos al que ha resucitado. Y como anuncia Jesús serán enviados los Ángeles a los cuatro vientos para reunir a los elegidos y acompañarán al Hijo del Hombre en su venida definitiva con gran poder y gloria, como los ángeles de los niños inocentes estarán contemplando en el cielo el rostro de Dios.

Son los ángeles de Dios que también están junto a nosotros en el camino de la vida inspirándonos lo bueno y haciéndonos sentir la presencia de Dios. Eso lo celebraremos con más intensidad el dos de octubre cuando celebremos los santos ángeles custodios. Pero eso no impide que hoy nos unamos a la liturgia celestial para cantar con los ángeles y con los arcángeles y con todos los coros celestiales la gloria del Señor como lo hacemos en nuestra liturgia de cada día en la celebración de la Eucaristía. Del cánticos de los ángeles en el nacimiento de Jesús tomamos prestadas sus palabras – ‘gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama’ - para entonar también el cántico de gloria y de alabanza cuando iniciamos la Eucaristía. Y deseamos que por mano de su ángel sea presentada nuestra ofrenda en el cielo para que así sea siempre todo para honor y gloria del Señor.

Pero como decíamos al principio debemos tener ojos de fe, ojos limpios de malicia, para descubrir a esos ángeles que Dios pone a nuestro lado en el camino de la vida en esas personas buenas, que con sus valores y también con la profundidad de sus vidas quieren elevarnos a nosotros a que descubramos metas más altas, caminos más grandiosos. Tenemos que dar gracias a Dios porque pone tantas personas buenas a nuestro lado que nos estimulan y nos impulsan a que vivamos una vida distinta, a que arranquemos de nosotros toda malicia, a que llenemos nuestra existencia de una verdadera espiritualidad.

Ojalá seamos capaces de ver ese cielo abierto con esos Ángeles significados en tantas personas buenas que a nuestro lado elevan nuestro espíritu y nos hacen gozar también de la gloria y la presencia del Señor.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

Santos Arcángeles, Miguel, Rafael y Gabriel que nos hacen sentir esa presencia de Dios en nuestra vida trayéndonos un mensaje de salud y salvación

 


Santos Arcángeles, Miguel, Rafael y Gabriel que nos hacen sentir esa presencia de Dios en nuestra vida trayéndonos un mensaje de salud y salvación

Daniel 7,9-10.13-14; Sal 137; Juan 1,47-51

Hoy celebramos la fiesta de los santos Arcángeles san Miguel, san Rafael y san Gabriel. Los mayores tenemos este día como si fuera únicamente de san Miguel, porque antes de la reforma del calendario romano después del Concilio Vaticano II, san Rafael se celebraba el 24 de octubre y san Gabriel la víspera de la Anunciación del Señor, el 14 de Marzo.

El Catecismo que estudiamos de niños nos decía que los ángeles son espíritus puros que están en la presencia del Señor alabándole siempre. Hoy precisamente en el evangelio Jesús nos habla de los ángeles que están en la presencia del Señor en el comentario que hace a Natanael que se siente admirado por la presencia de Dios en un momento determinado de su vida y le lleva a aquella hermosa confesión de fe en Jesús. ‘Has de ver cosas mayores, le dice… En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre’.

 En la liturgia, recogiendo el sentir del Apocalipsis y de algunos libros del Antiguo Testamento se nos habla de los coros de los Ángeles y de los Arcángeles, los coros celestiales que alaban y cantan la gloria del Señor. Dentro de pocos días celebraremos a los Santos Ángeles Custodios como esos Ángeles que Dios ha puesto a nuestro lado para inspirarnos el camino del bien y preservarnos de todo malo; ya hablaremos de ello.

Hoy celebramos a los Santos Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel, a quienes vemos en la Biblia con una muy concreta misión, como incluso el significado del mismo nombre indica. Mensajeros de Dios que nos traen la buena noticia o que nos acompañan en el camino de la vida para preservarnos del mal.

En concreto es habitual contemplar en nuestras iglesias o templos la imagen del Arcángel San Miguel en el cuadro de Ánimas del Purgatorio. Es la imagen que quizás los mayores mas recordamos como un intercesor o mediador para después de la purificación del purgatorio conducirnos a la presencia y gloria del Señor. Es por eso por lo que aparece casi siempre con esa imagen de la balanza en sus manos, signo de la justicia de Dios. Es el arcángel del que nos habla la Biblia algo así como capitán de las milicias y ejércitos celestiales – aunque la imagen aparezca un tanto guerrera – frente a la rebelión de Lucifer, el llamado ángel de la luz.

Del Arcángel Rafael conocemos la historia de Tobías, donde él mismo se presenta como un ángel que está en la presencia de Dios y presentando las súplicas y las oraciones de los fieles. Se le verá como compañero de camino del joven Tobías y el que le inspirará tanto para elegir mujer, como para encontrar el remedio que curara la ceguera del anciano Tobías. Es algo así como medicina de Dios en la interpretación de los santos padres de la Iglesia nos han hecho a través de los tiempos.

Y del Arcángel Gabriel nos habla el evangelio, como del ángel que viene de parte de Dios para anunciarle al anciano Zacarías el nacimiento de un hijo y de cuál sería su misión, como luego quien vendrá hasta la doncella de Nazaret para anunciarle que iba a ser la madre del Señor. Mensajero de la Buena Noticia, primer mensajero del Evangelio que viene de parte de Dios para hacer el anuncio a María.

Brevemente hemos hecho una referencia a los tres arcángeles que en este día celebramos pero que viene a ayudarnos a la comprensión del significado de los ángeles en nuestra vida. Como decíamos, espíritus puros que están en la presencia de Dios, enviados y mensajeros de Dios que nos acompañan en el camino de nuestra vida para hacernos sentir la presencia del Señor. Recordemos como en el Antiguo Testamento normalmente cuando se habla de la presencia de Dios junto a los grandes patriarcas, los jueces de Israel e incluso a los profetas, se habla de cómo se manifestó el ángel del Señor que era una forma de hablar de la presencia de Dios.

Esa presencia de Dios que nosotros podemos sentir en nuestra vida cuando sentimos la inspiración para el bien o para alejarnos del mal. El ángel del Señor que nos acompaña, que nos inspira, que nos hace presente la gracia y la fuerza del Señor para liberarnos del mal. Ojalá sepamos dejarnos conducir esa inspiración buena que tantas veces sentimos en nuestro corazón y que casi no nos damos cuenta de donde nos viene, quien nos inspiró aquella cosa buena, quién se puso junto a nosotros como un escudo protector frente a ese mal o peligro que nos acechaba.

Pensemos, sí, en los Ángeles del Señor, en sus santos Arcángeles que hoy celebramos, en su protección que nos hacen presente y nos hacen sentir la presencia de Dios en nuestra vida y como decimos con los salmos delante de los ángeles, juntos con los coros de los ángeles cantemos para el Señor.


martes, 29 de septiembre de 2020

Con los santos arcángeles y todos los coros celestiales queremos cantar la gloria de Dios sabiendo que por sus manos nuestras oraciones son presentadas ante el trono de Dios

 


Con los santos arcángeles y todos los coros celestiales queremos cantar la gloria de Dios sabiendo que por sus manos nuestras oraciones son presentadas ante el trono de Dios

 Daniel 7,9-10.13-14; Sal 137; Juan 1,47-51

Tras la reforma litúrgica del concilio Vaticano II se unificaron en una sola fiesta en un único día, el 29 de septiembre, las fiestas de los tres Arcángeles. Todavía nos queda en el recuerdo a los mayores, sobre todo a quienes teníamos algún familiar con ese nombre la festividad del Arcángel san Rafael el 24 de octubre; sin embargo la festividad del Arcángel san Gabriel estaba cercana a la fiesta de la Anunciación y se celebraba en la víspera el 24 de marzo. Ahora celebramos a los tres Arcángeles San Miguel, San Gabriel y San Rafael en este día del 29 de setiembre.

En la liturgia hacemos referencia a los Ángeles y Arcángeles y a todos los coros celestiales que cantan la gloria de Dios a cuyas voces nosotros queremos unirnos con nuestra vida toda. Es, por ejemplo, la invitación que hace el Arcángel Rafael a Tobías a cantar las alabanzas del Señor, recordándole que su oració

n fue escuchada y presentada por los santos ángeles ante el Trono de Dios; de ahí la misión que ahora realizaba como compañero de camino, pero también como medicina de Dios, que por una parte devolvería la visión al anciano Tobías, pero que también liberó de todos los espíritus malignos a la que iba a ser la esposa del joven Tobías.

Así vemos, pues, que los arcángeles a parte de estar como signos de la presencia de Dios junto a los hombres para liberarlos del mal, son también los que tienen una misión especial que realizar en el orden de la historia de la salvación. Es la misión de mensajero de Dios que tiene el Arcángel Gabriel cuando viene a anunciar a María de Nazaret lo que es la voluntad de Dios y lo que Dios espera de ella.

Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret a una joven desposada con José y cuyo nombre era María, nos dice el evangelista Lucas. Es el mensaje de Dios que se va a convertir en centro de toda la historia de la salvación porque nos anuncia que Dios va a ser ya para siempre ‘Emmanuel’, Dios con nosotros cuando de las entrañas de María por la virtud del Altísimo va a nacer el Hijo de Dios y nuestra salvación. Igualmente Gabriel viene de parte de Dios a anunciarle a Zacarías el nacimiento del Precursor del Mesías que había de preparar los caminos del Señor.

Finalmente el Arcángel San Miguel al que quizá más recordamos en este día, pues ha sido el que no ha variado la fecha de su celebración y al que proclamamos de manera especial como protector de la Iglesia desde los tiempos de la Contrarreforma. Es el Arcángel que vemos en la Biblia como el que lucha contra la rebelión de Lucifer que había sido ángel de luz pero que se convirtió en el ángel de la maldad. ‘¿Quién como Dios?’ es el grito que da nombre al arcángel Miguel y se convierte en signo de la fortaleza de Dios que nos acompaña en nuestra lucha contra el mal.

Comentar que en nuestra tierra canaria hay mucha devoción al arcángel san Miguel a quien se proclama protector y patrono de varias islas y de muchos lugares que incluso llevan su nombre; son numerosos los templos y ermitas a lo largo y ancho de nuestra geografía dedicadas a san Miguel y en la mayoría de nuestros templos parroquiales es habitual encontrarnos con el cuadro de Animas, en cuyo centro siempre aparece la figura del Arcángel.

Cuando nosotros hoy celebramos esta festividad los santos Arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael aprendamos a considerar su verdadero significado porque sentir su protección es sentir ese signo de la presencia de Dios que nos llena de fortaleza frente al mal, que nos hace escuchar la voz de Dios en nuestro corazón como la escuchó María con la presencia del ángel del Señor, pero nos hace sentirnos siempre acompañados por esa presencia de Dios en el camino de nuestra vida, sintiendo que es la luz que abre nuestros ojos y la medicina y gracia que sana nuestros corazones.

Que sepamos unirnos al cántico de gloria con que en el cielo alaban y bendicen a Dios para que toda nuestra vida se convierta también en ese canto a la gloria de Dios con la certeza también de que nuestras oraciones son presentadas por manos de sus Ángeles ante el trono de Dios.

 

 

sábado, 29 de septiembre de 2018

Dejémonos sentir así mirados por Dios con su mirada de amor abriendo nuestro corazón a sus designios de amor cuando celebramos la fiesta de los Santos Arcángeles



Dejémonos sentir así mirados por Dios con su mirada de amor abriendo nuestro corazón a sus designios de amor cuando celebramos la fiesta de los Santos Arcángeles

Daniel 7,9-10.13-14; Sal 137; Juan 1,47-51

Una mirada puede ser en ocasiones algo decisivo en la vida. Alguna vez casi sin darnos cuenta presentimos que alguien nos está mirando, quizás nos sorprende, quizás sentimos como un reparo a que nos miren y quisiéramos ocultarnos, quizás nos agrade la sensación de paz que percibimos y que nos agrada porque parece que a nosotros nos llena de paz, otras veces nos interroga y parece como si se nos metiera en lo más hondo de nosotros descubriendo lo más intimo o lo más secreto que guardamos dentro de nosotros mismos.
Hay, es cierto, personas que hablan contigo y no te miran, otras veces somos nosotros los que rehuimos la mirada como queriendo ocultar algo, pero en el fondo nos agrada sentirnos mirados, o que cuando nos hablen nos miren a la cara, nos miren a los ojos. Sensaciones diversas pueden producirse en nosotros, pero también sentimos con agradecimiento esa mirada de estímulo que parece que nos está diciendo adelante, o una mirada puede ser que nos haga cambiar hasta la intención de lo que estamos haciendo y de alguna manera nos hace recomponer nuestras posturas o nuestra manera de ser o de hacer. Es más importante de lo que parece o de lo que queramos aceptar la mirada que recibimos de los demás, como importante puede ser los otros nuestra mirada.
¿Y las miradas de Jesús? sería una buena reflexión recorrer las páginas del evangelio fijándonos al detalle en la mirada de Jesús. Es un tema que me agrada y que muchas veces he reflexionado también. Hoy se nos habla de una mirada de Jesús en el evangelio que fue muy importante.
Felipe le había anunciado a Natanael que habían encontrado al anunciado por los profetas y esperado con tantas esperanzas hasta ahora nunca cumplidas por el pueblo de Israel. Y le señala en concreto a Jesús de Nazaret. No sin ciertas reticencias se acerca a Jesús, porque de Nazaret no puede salir nada bueno – rencillas y envidias de pueblos vecinos – y cuando se acerca Jesús se le queda mirándole. Y esa mirada de Jesús va acompañada de una alabanza. ‘Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño’. Saludo recibido con ciertas reservas por parte de Natanael. ‘¿De qué me conoces?’ Y Jesús le habla de una mirada. ‘Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi’.
Fueron suficientes esas palabras, pero también la sensación que había sentido porque en aquel momento, que no sabemos qué es lo que había sucedido, sin embargo se había sentido mirado. Una mirada de la que quizá entonces no se había enterado, pero saber que le habían mirado en aquellas circunstancias, le hizo cambiar totalmente su actitud. Le había hecho dar un vuelco total a su vida, a sus predisposiciones, a sus actitudes, y del rechazo del principio había nacido ahora una profesión de fe. ‘Rabí – le dice ya reconociéndolo como maestro -, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel’  concluyendo con una hermosa confesión de fe’.
Qué importante había sido aquella mirada. Lo que expresábamos al principio, miradas que interrogan, miradas que penetran hasta lo mas hondo, miradas que nos transforman, miradas que nos hacen tener una nueva visión y nos abren un nuevo camino. Algunas veces somos conscientes, otras veces nos pasan desapercibidas, miradas que tenemos que aprender a recibir y apreciar, miradas de las que en ocasiones nos tendríamos que dejar llevar en lo que suscitan en nuestro corazón. Mucho podríamos seguir reflexionando.
Hoy queremos sentir la mirada de Dios sobre nosotros en esta fiesta que celebramos de los santos Arcángeles, san Miguel, san Rafael, san Gabriel. Podríamos atrevernos a decir siguiendo con nuestra reflexión precedente que de alguna manera son la mirada de Dios sobre nosotros. Misión de los Ángeles y de los arcángeles es hacernos sentir la presencia de Dios con la misión que nos confía y con las señales de su presencia que nos acompañan.
Mirada de Gabriel a María para trasmitirle la misión y el encargo que Dios le confiaba para hacerla su madre; mirada de Rafael a Tobías para ayudarle a encontrar los caminos de Dios, caminos que conducen siempre a la salvación; mirada de Miguel el arcángel que nos habla del poder y de la gloria del Señor que nunca podemos mancillar con nuestro pecado porque su presencia nos hace sentir la fuerza y el poder del Señor en nuestra lucha contra el mal y contra el pecado. Dejémonos sentir así mirados por Dios abriendo nuestro corazón a sus designios de amor.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Los Ángeles y los arcángeles nos ayudan a sentir la permanente presencia del amor de Dios en nuestra vida y con ellos queremos cantar eternamente la gloria del Señor

Los Ángeles y los arcángeles nos ayudan a sentir la permanente presencia del amor de Dios en nuestra vida y con ellos queremos cantar eternamente la gloria del Señor

Daniel 7, 9-10.13-14; Sal 137, 1-5; Juan 1, 47-51
Tradicionalmente decimos que este día del 29 de septiembre es el día de san Miguel Arcángel, pero tras la reforma del calendario litúrgico después del concilio Vaticano II en este día se unificaron las fiestas de los tres Arcángeles, por lo que en este día celebramos también a san Gabriel y san Rafael.
La tradición bíblica y también tradicionalmente en la Iglesia cuando hablamos de los ángeles hablamos de los mensajeros de Dios. Como tales aparecen repetidamente en la Escritura Sagrada pero también como un signo de la presencia y del poder del Señor. Como decimos en la teología y en el catecismo son espíritus puros que están en la presencia de Dios alabando y cantando siempre la gloria del Señor. Pero al mismo tiempo están junto a nosotros, como lo celebraremos también en los próximos días, como mensajeros divinos que están a nuestro lado con su protección y para hacernos sentir las inspiraciones del Señor en nuestro corazón.
Pero tal como aparece en la Biblia diferenciamos entre los ángeles y los arcángeles, por cuanto estos aparecen con una misión especial para hacer presente la presencia y la gracia del Señor y para trasmitirnos su voluntad o su fortaleza que nos llena de vida y nos sana o nos preserva de toda tentación y peligro. La presencia de Dios junto a aquellos grandes patriarcas del Antiguo Testamento normalmente son señalados como el Ángel de Dios, el Ángel del Señor que se les manifiesta. Signos, pues, junto a nosotros de la presencia de Dios y de su amor que siempre nos protege.
Así nos aparecerá Gabriel como especial mensajero divino, junto al sacerdote Zacarías para anunciarle el nacimiento de su hijo y su misión, pero luego también junto a María para manifestarle como estaba llena de Dios y de su gracia – había encontrado gracia a los ojos de Dios como le dice como si fuera su nombre – y cómo  había sido la elegida de Dios para que se engendrase en sus entrañas el Hijo de Dios que se hacia Hijo del Hombre, Emmanuel, Dios con nosotros. Mensaje sublime y trascendental para la salvación del Señor y para la renovación del mundo que también nosotros hemos de escuchar.
Será Rafael, Medicina de Dios como lo llama san Gregorio Magno, para acompañar a Tobías su camino, inspirarle lo mejor para su vida y traerle la salud para los ojos ciegos de su padre. Significativa ese presencia del Ángel del Señor caminante a nuestro lado en los caminos de la vida acompañando nuestros pasos, inspirándonos los mejores deseos y acciones y trayéndonos la gracia de Dios que nos sana y que nos salva.
Finalmente nos fijaremos en san Miguel, el arcángel que aparece en la lucha de Dios contra el mal para vencer y para dominar al enemigo malo. Así aparecerá en el libro de los profetas, pero volverá aparecer en el Apocalipsis y en quien hemos de sentir esa especial protección y fortaleza de Dios en nuestra lucha contra el mal y el pecado. ‘¿Quién como Dios?’ es el significado de su nombre y con la presencia del espíritu divina a nuestro lado nada podrá apartarnos del amor de Dios, como diría el apóstol san Pablo.
Es lo que hoy estamos celebrando en esta fiesta de los santos Arcángeles Miguel Gabriel y Rafael.  Que esto nos ayude a sentir esa protección divina, nos haga escuchar en nuestro interior esa inspiración a lo bueno que ellos siempre nos trasmiten y nos sintamos fortalecidos en nuestra lucha contra el mal. Que nos ayuden a descubrir esa presencia de Dios permanente junto a nosotros de la misma manera que ellos están siempre contemplando el rostro de Dios en el cielo. Que con los ángeles y los arcángeles, y con todos los coros celestiales, como proclamamos en la liturgia, nosotros nos unamos a ese cántico celestial para que con toda nuestra vida siempre estemos buscando la gloria de Dios y cantando sus alabanzas para su gloria.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Los santos Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel mensajeros divinos y acompañantes en nuestro camino nos abren al misterio de Dios y con ellos queremos cantar su gloria

Los santos Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel mensajeros divinos y acompañantes en nuestro camino nos abren al misterio de Dios y con ellos queremos cantar su gloria

Daniel 7,9-10.13-14; Sal 137; Juan 1,47-51

Los ángeles en el cielo cantan la gloria del Señor. Así lo expresamos en cada celebración cuando queremos unirnos a los Ángeles y a los arcángeles y a todos los coros celestiales para cantar por siempre la gloria del Señor, para bendecir con nuestro canto y con nuestra vida el santo nombre del Señor.  ‘Santificado sea tu nombre’ pedimos en la oración que el Señor nos enseñó y queremos santificarlo cantando la gloria del Señor.
Pero los ángeles se convierten para nosotros también en signos de la presencia del Señor que nos acompaña siempre con su gracia. Así, por ejemplo, en el Antiguo Testamento cuando en una visión decían que estaban viendo al Ángel del Señor que se les manifestaba era una expresión para decir cómo sentían esa presencia de Dios en sus vidas. Podemos recordar episodios de la vida de Abraham o de Moisés, pero también lo vemos expresado en otros momentos como fue la aparición de aquellos jueces que Dios suscitaba para conducir al pueblo de Dios en momentos difíciles.
Ya en el Nuevo Testamento veremos como Jesús nos habla de los ángeles que acompañan la vida de los niños, pero que al mismo tiempo están gozando de la visión de Dios, o como se nos manifiesta en el evangelio de esta festividad en la que Jesús le dice a Natanael que veréis a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre.
Signos, pues, de la presencia de Dios que nos acompañan en nuestro caminar, inspiran en nuestro corazón todo lo bueno que tendríamos que realizar al tiempo que nos preservan de los peligros que nos pueden acechar en nuestra vida con la fuerza y la gracia de Dios que nos trasmiten. Son para nosotros mensajeros divinos al tiempo que medicina y fortaleza para nuestro caminar; son medicina de Dios que nos hacen llegar la gracia divina que nos preserva de los peligros y del mal.
Es lo que vienen a significar los Arcángeles cuya festividad hoy estamos celebrando. Aunque comúnmente decimos que hoy es día de san Miguel, tras la reforma litúrgica del concilio Vaticano II se unieron en esta fiesta la celebración de los tres Arcángeles que se celebraban en días distintos. Por eso hoy es la fiesta de los santos Arcángeles San Miguel, san Gabriel y san Rafael.
Esos santos Arcángeles que en la Biblia y en especial en el Evangelio se nos manifiestan con especiales misiones divinas con especial relevancia en la historia de nuestra salvación. Será el poderoso san Miguel  que al grito de su nombre ‘¿Quién como Dios?’ lucha contra Lucifer como signo de la victoria sobre el mal. Cuánto puede significar para nuestra vida de lucha contra el maligno que nos tienta.
Será el arcángel san Rafael acompañante de Tobías hijo en los caminos para inspirarle las mejores decisiones que había de tomar para su vida, como medicina de Dios según el mismo significado de su nombre para enseñarle lo que diera de nuevo luz a los ojos ciegos de su padre, y como intercesor que presentaba ante el trono de Dios las súplicas y oraciones de aquellos corazones fervorosos. Ojalá nos dejáramos acompañar y enseñar con sus inspiraciones de los ángeles de Dios que sabemos que tenemos a nuestro lado, aunque nuestros ojos ciegos no los vean, con la confianza de que ellos presentan nuestras suplicas ante el trono de Dios.
Finalmente será el mensajero divina que vino de parte de Dios a anunciarle a Zacarías el nacimiento del precursor del Mesías, pero que se manifestará a María para darle la Buena Noticia de todos esperada de que de sus entrañas virginales nacería el que iba a ser la luz y la salvación del mundo. A Zacarías le costó creer porque solo veía las dificultades de su propia vida pero María supo ser la humilde esclava del Señor para que en ella se plantara la Palabra de Dios para en su encarnación convertirse en el Emmanuel, en el Dios con nosotros. Aunque nos sintamos débiles, instrumentos inútiles y con nuestro corazón manchado sepamos como María abrirnos al misterio divino para también llenarnos de Dios.

martes, 29 de septiembre de 2015

En la fiesta de los santos Arcángeles nos unimos a los coros celestiales para cantar la gloria y la santidad del Señor

En la fiesta de los santos Arcángeles nos unimos a los coros celestiales para cantar la gloria y la santidad del Señor

Daniel 7,9-10.13-14; Sal 137; Juan 1,47-51

‘Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor’, es el responsorio o antífona que nos ofrece la liturgia con el salmo para alabar y bendecir al Señor en esta fiesta de los santos Arcángeles que hoy celebramos. Comúnmente por tradición decimos que hoy es el día de san Miguel, puesto que los otros arcángeles tenían otro día para su fiesta, pero la reforma litúrgica unió su celebración en un único día. Por eso hoy celebramos a san Miguel, san Rafael y san Gabriel.
Los ángeles y los arcángeles cantan la gloria del Señor. Así lo expresamos en la liturgia y al comenzar la celebración de la Eucaristía, en el prefacio de la plegaria eucarística, nos unimos a los coros de los ángeles y arcángeles para cantar la gloria y la santidad del Señor. Dentro de unos días la liturgia nos ofrecerá la memoria de los santos Ángeles Custodios, esos Ángeles que están a nuestro lado para traernos la inspiración del Señor en ese camino de santidad que habríamos de recorrer.
Hoy son los santos arcángeles recordando de manera especial aquellos que en la aparecen con una misión muy especial y concreta en el desarrollo de la historia de la salvación. Mensajeros de Dios nos ayudan a descubrir el misterio de Dios y nos manifiestan lo que es la gloria del Señor. Es el ángel del Señor que anuncia el momento culminante de la salvación con la aparición del Arcángel Gabriel primero a Zacarías para el nacimiento del Bautista que había de preparar los caminos del Señor y luego a María que manifestaba así la efusión del Espíritu Santo para que de ella naciera el Hijo del Altísimo, nuestro Salvador.
Será el arcángel también que como mensajero divino viene a acompañar el camino de Tobías que será camino de salud y de vida para aquel hogar de hombres piadosos del Señor; es la misión del Arcángel Rafael. O será la manifestación del poder del Señor frente al mal que nos recuerda siempre la fortaleza del Señor en medio de nuestras adversidades y peligros para sentir así la gracia que nos haga mantenernos en fidelidad a Dios; el arcángel Miguel es el signo que nos manifiesta la presencia del Señor que nos llena de fortaleza.
El camino del creyente, el camino del cristiano ha de ser siempre un camino de fidelidad; muchas veces los caminos de la vida se nos oscurecen pero Dios nos hace sentir su luz y su presencia; es el Señor el que mueve nuestros corazones y nos fortalece con su gracia. Los ángeles del Señor nos hacen sentir esa presencia de Dios, inspiran nuestro corazón, nos hacen llegar ese mensaje divino que nos está manifestando siempre lo que es el amor eterno de Dios.
Que así vivamos y sintamos su presencia junto a nosotros; no como unos talismanes milagrosos que misteriosamente nos lo resuelvan todo, sino que nos ayuden a descubrir y sentir esa presencia de Dios, ese amor eterno que Dios nos tiene. Son espíritus puros que están junto a Dios y nos acompañan en el camino de la vida; muchas personas tienen una confusión grande con el misterio de los ángeles como si fueran espíritus que actúan por si mismos y que no nos manifestaran esa presencia y gracia del Señor. Hemos de verlos en todo su sentido. y pensemos que son siempre esos mensajeros de Dios que nos alcanzan esa gracia y fortaleza del Señor que es quien nos cura y nos salva, quien nos perdona y nos llena de la gracia divina que nos hace a nosotros también hijos de Dios.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Bajo la fiel custodia de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael caminamos seguros por la senda de la salvación

Bajo la fiel custodia de los santos arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael caminamos seguros por la senda de la salvación

Apoc. 12, 7-12; Sal.137; Jn. 1, 47-51
‘Bendecid al Señor, Ángeles suyos, poderosos ejecutores de sus ordenes, prontos a la voz de su palabra’. Era la antífona con la que comenzaba hoy nuestra celebración. Estamos celebrando en una misma fiesta a los Arcángeles, san Miguel, san Gabriel y san Rafael. Antes de la reforma litúrgica se celebraban por separado en diferentes fiestas, pero tras la reforma litúrgica del concilio Vaticano II se unificaron en una misma fiesta.
Ángeles y Arcángeles que con todos los coros celestiales alaban a Dios por toda la eternidad en el cielo. Bendecid al Señor, repetimos en diferentes momentos de la liturgia, en donde con todos los ángeles y arcángeles nosotros nos unimos a los coros celestiales para cantar la gloria del Señor, como hacemos, por ejemplo, en el prefacio de la plegaria eucarística.
Arcángeles que hoy celebramos que aparecen en la Sagrada Escritura como ejecutores de las órdenes de Dios, como decíamos en la antífona antes reseñada, cual mensajeros divinos que nos hacen llegar la voluntad de Dios en su plan de salvación para nosotros los hombres, o nos manifiestan esa presencia y esa protección de Dios en los caminos de nuestra vida y de nuestra fe.
El arcángel Gabriel como mensajero divino anuncia primero a Zacarías el nacimiento de quien iba a ser el precursor del Mesías, y luego a María el nacimiento del Hijo del Altísimo de sus purísimas y virginales entrañas, donde el Hijo de Dios se encarnase.
El arcángel Rafael como compañero de camino para Tobías y como signo de la medicina de Dios que le liberaba de la fuerza de los espíritus malignos, pero que también abría los ojos al anciano Tobías como señal de la misericordia divina que premiaba también sus desvelos y su dedicación a la atención de los necesitados.
Finalmente el arcángel Miguel como su mismo nombre indica fuerza de Dios en el combate contra el mal y que nos señala como teniendo a Dios con nosotros siempre podremos sentirnos victoriosos frente a las fuerzas del maligno.
Es lo que se expresa en cierta manera en el sentido de las oraciones de la liturgia de esta fiesta de los santos arcángeles. Ya en el evangelio Jesús nos aseguraba que veríamos ‘el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del Hombre’. En otros momentos, que recordaremos dentro de unos días al celebrar a los santos ángeles custodios, Jesús nos habla de los Ángeles que están en el cielo contemplando para siempre el rostro del Padre celestial. En este sentido pedíamos en la oración litúrgica ‘vernos siempre protegidos aquí en la tierra por aquellos que te asisten continuamente en el cielo’.
Contemplan los ángeles la gloria de Dios, el rostro del Padre del cielo, y al mismo tiempo se convierten en protectores nuestros en nuestro camino de la tierra con la esperanza de que un día nosotros podamos contemplar también en el cielo el rostro de Dios, o lo que es lo mismo, participar y gozar de la gloria de Dios. El camino no es fácil porque siempre nos vemos tentados por las fuerzas del maligno que nos quieren apartar de ese camino de Dios, pero nosotros sentimos en nuestra vida la protección de los ángeles. ‘Que caminemos seguros por la senda de la salvación bajo la fiel custodia de los ángeles’.
 En la primera plegaria eucarística pedimos ‘humildemente que esa ofrenda sea llevada a tu presencia - a la presencia de Dios - hasta el altar del cielo, por manos de tu ángel’. Y el arcángel Rafael le decía a Tobías que su oración había sido escuchada porque los santos ángeles la habían presentado ante el trono de Dios. Es lo que ahora también nosotros queremos suplicar humildemente al presentar al Señor ‘este sacrificio de alabanza lo recibas con bondad por intercesión de tus ángeles y nos sirva para nuestra salvación’.

Bendecimos, sí, al Señor con todos los Ángeles y arcángeles esta fiesta porque así sentimos su protección, nos sentimos conducidos por los camino de la fidelidad al Señor y sabemos que son intercesores nuestros en el cielo que hacen llegar hasta Dios nuestras suplicas y nuestras peticiones. 

sábado, 29 de septiembre de 2012


Con los ángeles y arcángeles cantamos sin cesar el himno de tu gloria

Apoc. 12, 7-12; Sal. 137; Jn. 1, 47-51
‘Con los ángeles y con los arcángeles, y con todos los coros celestiales cantamos sin cesar el himno de tu gloria’, proclamamos en el prefacio de la plegaria eucarística. Nos unimos así al cántico de gloria celestial como repetimos en el salmo ‘delante de los ángeles tañeré para ti, Señor’.
Así queremos hacerlo mientras aún vamos peregrinos por este mundo, con la esperanza de que un día en el cielo, con los ángeles, con los arcángeles, con todos los coros celestiales, con todos podamos cantar y proclamar eternamente la gloria del Señor. Hoy lo hacemos, podríamos decir con una intensidad especial, cuando estamos celebrando la fiesta de los santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael.
A través de lo que se nos va revelando en la Biblia contemplamos esos diversos coros angélicos que cantan la alabanza del Señor eternamente en el cielo pero que tienen como diversos ministerios o funciones en la relación que establecen con los hombres, como protectores especiales de los hombres y como poderosos ejecutores de las órdenes del Señor. Lo hemos expresado en la oración litúrgica: ‘con admirable sabiduría distribuyes los ministerios de los ángeles y de los hombres’. Por eso pedíamos también que ‘nuestra vida esté siempre protegida en la tierra por aquellos que te asisten continuamente en el cielo’.
Los arcángeles que hoy celebramos son especiales mensajeros del cielo en relación con la historia de nuestra salvación. Al arcángel san Miguel lo hemos contemplado en el Apocalipsis como en ángel vencedor contra el maligno, Lucifer que era ángel de la luz como su nombre indica, que se había rebelado con sus ángeles contra Dios. ‘¿Quién como Dios?’ es el grito y nombre del arcángel y viene a ser signo de esa victoria sobre el maligno. ‘Ya llega la victoria, el poder y el reino de nuestro Dios y el mando de su Mesías’, que es el grito de victoria que se escucha en el cielo.
Gabriel es el mensajero divino que, primero a Zacarías para el anuncio de Juan y luego a María para anunciarle la Buena Nueva del nacimiento del Hijo del Altísimo, nos viene a anunciar el inicio ya de la plenitud de los tiempos que nos traería la salvación a todos los hombres. ‘Yo soy Gabriel, le dice a Zacarías, que estoy en la presencia de Dios, y he sido enviado para hablarte y darte esta Buena Noticia’.
Al arcángel san Rafael lo contemplamos en el libro de Tobías como compañero, protector y defensor en el camino del joven Tobías que va en búsqueda también de luz y salud para los ojos apagados de su padre ciego. Por eso lo consideramos también como imagen de la medicina de Dios que nos alcanza la salud y la  salvación. O como dice el mismo Rafael su misión era también ser quien presentara ante el trono de Dios las oraciones humildes y confiadas que surgían del corazón lleno de fe y amor de Tobías. ‘Yo presentaba el memorial de vuestra oración delante de la gloria del Señor’, les dice el arcángel cuando se les da a conocer. ‘Soy Rafael, uno de los siete ángeles que asisten al Señor y pueden contemplar su gloria’, les dice.
En ese sentido van las oraciones de la liturgia de este día. Ya hacíamos referencia a la primera de las oraciones, pidiendo vernos siempre protegidos aquí en la tierra por aquellos que están contemplando la gloria del Señor. Que sintamos, sí, la protección de los ángeles para que nos veamos liberados del mal y podamos caminar caminos de santidad.
Pero pediremos también que el Señor reciba nuestras ofrendas y oraciones, con la intercesión de los santos ángeles; o como pedimos en la primera de las plegarias eucarísticas ‘que esta ofrenda sea llevada a tu presencia, hasta el altar del cielo, por manos de tu ángel’. Pero también vamos a pedir finalmente que quienes nos hemos alimentado del pan celestial ‘caminemos seguros por la senda de la salvación bajo la fiel custodia de los ángeles’.
Por eso terminaremos esta reflexión diciendo con los salmos ‘Te doy gracias, Señor, de todo corazón; delante de los ángeles tañeré para ti’; con todos los ángeles y los santos queremos cantar para siempre la gloria del Señor.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Miguel, Gabriel y Rafael nos alcancen la fortaleza de Dios y nos acompañen en el camino de los designios de Dios



Apoc. 12, 7-12;

Sal. 137;

Jn. 1, 47-51

‘Se hizo silencio en el cielo cuando el dragón trabó batalla con el arcángel Miguel. Se oyó una voz que decía: victoria, honor y poder al Dios todopoderoso…’

‘Y el ángel Gabriel se apareció a Zacarías y le dijo: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan…’

‘Yo soy el ángel Rafael, que estoy al servicio de Dios; vosotros bendecid al Señor y escribid todo lo que os ha ocurrido…’

‘Y un ángel se puso junto al altar del templo con un incensario de oro en sus manos, y le entregaron muchos perfumes. Y por manos del ángel subió a la presencia del Señor el humo de los perfumes, que son las oraciones de los santos…’

Estas son algunas de las antífonas que la Iglesia nos propone, sobre todo en la liturgia de los horas en esta fiesta de los Santos Arcángeles, Miguel, Gabriel y Rafael que hoy estamos celebrando en una misma fiesta. Pueden ser un buen resumen del sentido de esta celebración al igual que nos manifiestan el significado de los santos Arcángeles que están en la presencia de Dios cantando siempre la gloria del Señor.

Pero nos manifiestan también la misión y el ministerio que ejercieron y ejercen a favor de los hombres en la historia de la salvación. Mensajeros divinos que nos hacen sentir la presencia y la fortaleza del Señor en nuestra lucha contra el mal, al tiempo que inspiran en nuestro corazón el mensaje divino que nos manifiesta la voluntad de Dios escondida desde los siglos pero que nos quiere ofrecer siempre su amor y su salvación. Angeles que nos protegen y nos acompañan, que nos hacen llegar la medicina de Dios pero que también a través de sus manos como un incienso divino que sube hasta el cielo hacen llegar nuestras oraciones ante el trono de Dios.

Miguel en su lucha contra el maligno nos hace pregustar la victoria definitiva sobre el mal para hacernos partícipes del Reino eterno de Dios en que Dios mismo será siempre nuestra victoria y nuestro gozo; como su mismo nombre indica, ‘¿quién como Dios?’, nos hace sentir esa presencia de Dios en nuestra vida que con su gracia nos fortalece en nuestra lucha contra el mal.

Gabriel mensajero divino no solo para Zacarías anunciándole el nacimiento de Juan, sino para María a quien revela lo que son los designios divinos que quiere contar con ella, con su Sí, para que se realiza la obra de nuestra redención a través del misterio de la Encarnación que se iba a consumar en las entrañas de María. Así tendremos que escuchar allá en lo hondo de nuestro corazón ese designio de amor de Dios para con nosotros, y así tenemos que aprender a abrirnos a ese Misterio de Dios que se nos manifiesta y se nos revela.

Rafael, compañero de camino y medicina de Dios, como su mismo nombre indica; no sólo nos acompaña en el camino de la vida librándonos de todo peligro sino que nos conducirá siempre hasta Jesús es es la verdadera medicina de salvación para el hombre porque es nuestro salvador y redentor que nos cura, nos sana y nos salva de todos nuestros males y pecados. Cuánto necesitamos nosotros encontrar esa medicina de Dios que nos haga llegar la gracia y la salvación.

Que el árcangel Rafael, presente ante el trono de Dios también el memorial de nuestras oraciones como hizo con Tobías y Sara para que así alcancemos siempre la gracia del Señor frente a las adversidades peligros que nos encontramos tantas veces en los caminos de la vida. Mejor acompañante no podemos encontrar para ese nuestro peregrinar hacia la patria definitiva donde podamos cantar para siempre la gloria del Señor.