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martes, 7 de octubre de 2025

Hay una luz de esperanza que nosotros podemos y tenemos que llevar a nuestro mundo, de María aprendemos a ponernos en camino para despertar la esperanza

 


Hay una luz de esperanza que nosotros podemos y tenemos que llevar a nuestro mundo, de María aprendemos a ponernos en camino para despertar la esperanza

Zacarías 2, 14-17; Salmo Lc 1, 46b-55; Lucas 1, 26-38

Puede sucedernos que a veces vivamos de forma inconsciente dejando pasar la vida, estando solamente a lo que salte y nos metemos como en un túnel insonoro porque no queramos saber lo que realmente pasa; nos habituamos a las cosas de cada día y aunque algunas veces las cosas no salgan a nuestro gusto vamos timoneando esas tempestades haciendo como que no nos enteramos de lo que sucede. Pero el ritmo trepidante de la vida sigue, nos hacemos oídos sordos en ocasiones porque no queremos quizás complicarnos, porque sabemos que las cosas tendrían que cambiar, tendrían que ser de otra forma, nos escudamos en que no sabemos o que eso no nos toca a nosotros, pero algunas veces parece como que vivimos sin esperanza de algo mejor, de que las cosas tendrían que cambiar.

Es la situación social que contemplamos alrededor, es ese caminar sin rumbo ni sentido, es la vida amorfa en que nos encerramos para no complicarnos, son los juicios que hacemos desde la distancia pero sin poner mano a que las cosas sean distintas, nos falta un norte, necesitamos un buen faro de luz que nos oriente y haga encontrar caminos, necesitamos una fuerza que nos empuje para salir de nuestro amodorramiento. ¿Dónde encontrarlo? ¿Nosotros como cristianos no tenemos nada que decir, nada que hacer? ¿Estaremos cayendo también en ese arramblamiento, dejándonos también arrastrar por lo que sea?

Tenemos que dejarnos sorprender por la Palabra de Dios que es para nosotros ese fogonazo de luz que nos despierta, que despierta en nosotros nuevas esperanzas. No nos podemos acostumbrar al evangelio. Hoy la liturgia, en esta fiesta de la Virgen María en su advocación del Rosario, nos ofrece un texto que hemos escuchado muchas veces y tenemos el peligro de acostumbrarnos a él y termine por no ser evangelio, buena noticia, para nosotros.

Es el anuncio que el ángel de Dios hace a María. Es el anuncio de esa luz que llega a nuestro mundo para transformarlo; decimos, es anuncio de salvación porque es el anuncio del nacimiento de Dios hecho hombre. Pero cuidado nos acostumbremos y no lleguemos a calibrar bien lo que eso viene a significar, sigue significando hoy para nuestra vida y para nuestro mundo. Algo nuevo y misterioso va a suceder. Algo que en verdad tiene que ser motivo de alegría para la humanidad. Como expresaban los judíos era la esperanza de la llegada del Mesías liberador.

Es el anuncio que hoy nosotros tenemos que escuchar para despertar de todo aquello que describíamos al principio, para despertar de esa vida amorfa y sin esperanza, para despertar de esas rutinas en las que hemos envuelto nuestra vida, para despertar de ese dejarnos simplemente arrastrar sin ansias ni deseos de algo nuevo y mejor. Fue lo que significó el nacimiento de Jesús, la presencia de Jesús en medio de aquel pueblo aunque muchos estuvieran en su contra. Pero la semilla del Reino de Dios quedó sembrada.

Es el camino en que tenemos que ponernos, es esa nueva orientación que le hemos de dar a nuestra vida porque hemos encontrado nuestra estrella polar, porque ese faro de luz nos ilumina y nos señala caminos nuevos. No podemos quedarnos preguntándonos que no entendemos, que no somos capaces, o diciéndonos que eso a nosotros no nos toca.

Cuando el misterio de Dios se le revela a María, porque no terminaba de comprender todo lo que le sucedía, se preguntaba como podía ser lo que el ángel le anunciaba porque ella no conocía varón, y entendemos lo que eso significa. Pero María no se quedó en la duda y la pregunta sino que siguió adelante y se dejó conducir. Al final diría que ella era la esclava del Señor, que se realizase en ella la Palabra que el ángel le anunciaba. Dejémonos igualmente conducir, sigamos escuchando la Palabra en nuestro corazón hasta que quede en verdad sembrada en nuestra vida.

Esta fiesta de María que hoy celebramos a ello nos está enseñando. Es la fiesta del Rosario. ¿Y qué es el Rosario sino ponernos como María a rumiar en nuestro interior lo que la Palabra de Dios nos va revelando en el hoy de nuestra vida? No es simplemente recitar unas formulas con las que saludamos a María, sino que mientras contemplamos a María vamos rumiando en nuestro interior ese misterio de Dios. Después de un rosario bien rezado tenemos que terminar diciendo como María, ‘aquí está la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra’.

Así tenemos que sentirnos transformados en esa oración a María. Así tiene que renacer de nuevo la esperanza y la luz en nuestros corazones; así tenemos que ponernos en camino como lo hizo María después de la Anunciación, porque sabía que allá en las montañas de Judea alguien la necesitaba. 

¿Despertaremos nosotros para darnos cuenta de quien nos necesita y estaremos dispuestos a ponernos en camino? Hay una luz de esperanza que nosotros podemos y tenemos que llevar a nuestro mundo.

    Sí, el rezo del Rosario pone en un camino de esperanza porque ayuda a profundizar la fe, permite meditar la vida de Cristo a través de los ojos de María y ofrece consuelo y fortaleza ante las adversidades de la vida, generando una confianza en la voluntad divina y en la intercesión de la Virgen María. 

jueves, 15 de agosto de 2024

María en su Asunción sigue siendo hoy un faro de luz que pone esperanza en nuestros corazones despertando en nosotros los deseos de un mundo nuevo y mejor

 


María en su Asunción sigue siendo hoy un faro de luz que pone esperanza en nuestros corazones despertando en nosotros los deseos de un mundo nuevo y mejor

Apocalipsis 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab; Salmo 44; 1Corintios 15, 20-27ª; Lucas 1, 39-56

Tener una señal que nos garantice que aquello por lo que luchamos lo podemos conseguir será siempre algo que nos da esperanza en nuestro esfuerzo por lo que merece la pena, aunque sea duro el camino, seguir en nuestros deseos de superación y de alcanzar esa meta. ¿Estamos seguros que este camino nos llegará al final que pretendemos? ¿Merecen en verdad esos esfuerzos que algunas veces parece que se nos hace oscuro el camino por todas las cosas que nos vamos encontrando y que parecen que quieren distraernos de nuestra meta? Y confiamos, y esperamos, y mantenemos la tensión del esfuerzo, y somos capaces de pasar todos los sacrificios que sean necesarios porque nos sentimos seguros del final que buscamos.

No se trata ya de los caminos geográficos que tenemos que recorrer si queremos llegar a un lugar hermoso donde nos anuncian que vamos a disfrutar mucho. Podríamos estar haciendo referencia también a la situación que vivimos en nuestro mundo que en medio de tantas violencias y tanto egoísmo insolidario pudiera parecer que nos hace perder la esperanza. Sin dejarnos envolver por el pesimismo bien sabemos que la realidad es cruda, guerras que no se terminan sino que más bien parece que surgen con más fuerza cada día con el peligro incluso de que se abran nuevos frentes, y aun seguimos soñando con la paz aunque nos flaqueen las esperanzas.

Un mundo duro y cruel de tantos que tienen que dejar su tierra y lugar de origen arriesgando sus vidas es búsqueda de algo mejor, pero como contrapartida esos resabios de racismo que aparecen en algunos lugares, esos brotes insolidarios que nos hacen pensar primero en nosotros sin querer mirar las tragedias pero también los sueños que hay detrás de cada uno de esos emigrantes; y nos vemos envueltos en ese torbellino y sentimos la tentación de dejarnos arrastrar por esas negruras que pueden aparecer en nuestro corazón. ¿Necesitará nuestro mundo, necesitaremos nosotros un faro de esperanza que nos anime a seguir en pie?

Es mucho lo que está en juego y esta fiesta de la Asunción de la Virgen es para nosotros un rayo de esperanza que nos llena de esas certezas y seguridades el corazón. Era turbulento también aquel momento de la historia del mundo en que apareció la Buena Noticia del Evangelio. Desde la Palabra de Jesús comenzó a brillar una nueva luz que llenaba de esperanza aquel mundo. Recordamos que los evangelios nos hablarán de que en aquel mundo que andaba en tinieblas, recordando a los profetas, allá por Galilea comenzó a brillar una nueva luz con el anuncio del evangelio de Jesús. Será la lectura que irán aprendiendo a hacer de la vida y de la historia aquellos que creían en Jesús, aquellos que seguían a Jesús. Cada hecho, cada momento comenzaba a tener una nueva lectura que seguía despertando esperanzas en los corazones.

Es lo que hoy también nosotros queremos sentir cuando celebramos esta fiesta de la Asunción de la Virgen que la queremos celebrar también en el contexto de nuestro mundo, con nuestras problemáticas sociales y también con nuestras problemáticas personales, porque a todos en algún momento no nos faltan esas oscuridades que pidieran entenebrecer también nuestras vidas. Pero no nos puede faltar la esperanza.

Es posible un mundo nuevo por el que luchamos y nos esforzamos, es posible que los corazones vayan cambiando y tengamos una nueva mirada  que nos llene de esperanza, es posible hacer un mundo mejor porque hay muchos corazones generosos que ya lo están trabajando.

Tenemos que estar atentos a esas buenas señales que nos pueden ir apareciendo y no podemos dejar que pasen desapercibidas. No todo son deseos de guerra y de violencia y hay un fuerte clamor por la paz en nuestro mundo; no todo es encerrarnos en nuestros egoísmos, racismos y discriminaciones, porque también nos encontramos con muchas personas de buena voluntad que trabajan por mejorar la situación de quienes llegan ansiosos de algo nuevo a nuestras costas; no siempre avanzamos todo lo que queremos, pero hay señales en el camino que tenemos que saber descubrir para no dejarnos embotar por cosas negras que se magnifican en exceso.

Hoy escuchamos el canto de María que se siente engrandecida en el Señor, porque siente que en ella Dios está realizando maravillas, pero porque siente también que por ella Dios está haciendo maravillas para nuestro mundo. ‘Los poderosos van a ser derribados de sus tronos y los humildes van a ser enaltecidos, los hambrientos van a ser saciados, pero aquellos que se creen satisfechos de todo van a sentir el peor de los vacíos en su corazones’. Es la imagen que en María contemplamos de esa transformación de nuestro mundo.

Algo nuevo tiene que surgir, algo nuevo ya está surgiendo, en eso nuevo tenemos que sentirnos implicados, a ese carro de transformación nosotros tenemos que apuntarnos. Dejémonos de catastrofismos que llenan de oscuridad los corazones – cuidado con las noticias que algunas veces difundamos que parece que lo que queremos es escachar la cabeza de los que no piensan como nosotros – y resaltemos los puntos de luz que vayamos encontrando que si abrimos los ojos los descubriremos.

Nosotros, los canarios, hoy invocamos a María con la hermosa advocación de Candelaria. Es la portadora de la luz, así un día la puso con su imagen en las playas de nuestra isla, pero quiere seguir siendo esa portadora de luz para nuestra tierra hoy pero nos está pidiendo que es lo que nosotros tenemos que ser en medio de este mundo que  nos ha tocado vivir. Dejémonos iluminar e iluminemos con esa luz del evangelio de Jesús que ella también nos ha venido a traer.

sábado, 28 de enero de 2023

Dios está ahí, siempre, en ese barco de la vida en el que vamos haciendo la travesía, no dudemos porque nunca nos faltará la luz de ese faro que está a nuestro lado

 


Dios está ahí, siempre, en ese barco de la vida en el que vamos haciendo la travesía, no dudemos porque nunca nos faltará la luz de ese faro que está a nuestro lado

Hebreos 11,1-2.8-19; Sal.: Lc 1,69-75; Marcos 4,35-41

Todos en la vida pasamos por distintos momentos de zozobras, donde nos vemos mal, los problemas aparecen y reaparecen cuando pensábamos que ya estaban resueltos, o nuevas dificultades aparecen cuando pensábamos que todo era un mar en calma. Son momentos difíciles, nos sentimos agobiados, no sabemos a quien acudir o tenemos quizás miedo porque desconfiamos y aquellos que nos habían prometido mucho, ahora se hacen los desentendidos; aunque sintamos a la familia cerca y que los amigos ahí están, nos parece que se desentienden, o están tan adormecidos que nos parece que no se enteran. Y así caminamos muchas veces de zozobra en zozobra.

¿Llegaremos a hacer la queja con aquellos que pensábamos que nos iban a ayudar y ahora están a lo suyo? Quizás nos la guardamos, pero en su momento la sacamos a relucir. Poco te importo yo en la vida, quizás llegamos a decirles, pero ellos nos responden que ahí estaban pero que quizás fuimos nosotros por nuestra desconfianza los que no nos decidimos a pedir ayuda.

¿Estaban así pasándolo mal aquel grupo que iba con Jesús en la barca aquel día mientras se había desatado una fuerte tormenta sobre el lago? La mayoría eran pescadores y de aquellas tierras cercanas al lago; conocerían de sobra aquellas tormentas porque ya las habrían pasado en más de una ocasión. Ahora iban con Jesús y querían tener la confianza de que le habían visto hacer cosas maravillosas; pero parecía que no se enteraba, pues dormido estaba allí en un rincón de la barca. ‘¿No te importa que nos hundamos?’ llegan ya a atreverse a decirle.

Allí estaba Jesús y no se habían atrevido a pedirle ayuda, sino ya cuando todo parecía perdido y la barca casi se hundía. Así andamos por la vida en medio de nuestras tormentas. Nos ponemos tan agobiados que no somos capaces de ver quien está ahí cerca y nos puede echar una mano. No vemos tan revueltos que habían pasado por otras tormentas, ahora con esta ya no recordamos las anteriores ni los medios que entonces tuvimos a nuestro alcance para superar aquellas duras situaciones. Así vamos de alelados en muchas ocasiones por la vida.

Y hasta nos sentimos abandonados de Dios. Parece que Dios se desentiende de nosotros, o estará allá arriba rodeado de sus ángeles y meciéndose entre las nubes; son las imaginaciones idílicas que algunas veces nos hacemos, para no reconocer que a nosotros nos ha faltado algo, a nosotros nos está faltando la fe y la confianza; a nosotros nos está faltando el empaparnos de la Palabra de Dios donde tenemos la fuente de la más hermosa sabiduría de la vida.

¿Tendrá que decirnos a nosotros también Jesús, ‘hombre de poca fe,’ porque estamos llenos de dudas también? Hombres de poca fe, es cierto, somos tantas veces en la vida; no la hacemos presente en la vida, en cada una de las situaciones que vivimos. Que no es solo acordarse de santa Bárbara cuando truena, que no es solo acudir a Dios para que nos ayude cuando nos encontramos con dificultades.

Si decimos que vivimos o queremos vivir el Reino de Dios, es porque queremos que Dios sea siempre el Rey y Señor de mi vida. En los momentos de los aplausos para agradecerle a Dios su gracia y su presencia que nos ha ayudado a salir airoso en cualquiera de los momentos de la vida; en los momentos buenos para saber dar gracias y nuestra vida se convierta en un cántico de alabanza al Señor; pero en los momentos turbios y de dificultades para sentir que no nos falta su luz, su fuerza, su gracia, su sabiduría para mantenernos en la lucha con la esperanza de la victoria; pero en esos momentos que parece que pasan indiferentes sin mayores cosas para saber descubrir esa acción de Dios, para saber descubrir esos caminos de Dios y no llegar a caer en la rutina y hasta en la desgana porque hayamos perdido la ilusión.

Dios está ahí siempre, en ese barco de la vida en el que vamos haciendo la travesía. No duerme, porque en su providencia está atento a cuando nos sucede en la vida. Aunque nos parezca que está en silencio, aprendamos a escuchar ese susurro de su voz allá en nuestro interior. Siempre será el faro que nos guía; no seamos torpes navegantes que no sepamos leer la brújula que a través de muchos signos nos va señalando siempre la ruta de nuestra travesía. No dudemos porque nunca nos faltará la luz y la señal de ese faro que pone a nuestro lado en la vida.

viernes, 16 de diciembre de 2022

En la cercanía de la navidad nosotros hemos de ser resplandores y destellos de luz que por nuestras obras anunciemos a quien va a venir para llenar el mundo de luz

 


En la cercanía de la navidad nosotros hemos de ser resplandores y destellos de luz que por nuestras obras anunciemos a quien va a venir para llenar el mundo de luz

 Isaías 56,1-3a.6-8; Sal 66; Juan 5,33-36

Los destellos de luz nos anuncian la llegada de algo o de alguien, los resplandores son antesala de la luz que llega; pienso en el resplandor del horizonte en el amanecer que nos anuncian la pronta salida del sol por el horizonte para iluminar un nuevo día; por aquello de los destellos me recordaba cuando circulábamos por caminos más tortuosos y llenos de curvas nuestro vehículo antes de llegar a la curva hacía unos destellos de luz para que quien viniera detrás de la curva sin visibilidad estuviera atento a la llegada de nuestro vehículo, o por sus destellos nosotros conociéramos su venida.

¿Será algo así lo que vamos viviendo en este adviento? Hemos ido escuchando a los profetas que con sus profecías nos estaban haciendo destellos para que nos preparáramos para la llegada del que había de venir; hemos escuchado con insistencia la voz que clama en el desierto, la voz del bautista preparando ya en la inmediatez los caminos del Señor.


Y es que hoy hemos escuchado en el evangelio a Jesús hablar de Juan el bautista, a quien, como les recuerda, habían enviado una embajada para saber cuál era su misión y si acaso era el Mesías; recuerda Jesús el testimonio que dio con su anuncio Juan el Bautista de Jesús. Ahora Jesús nos dice que Juan brilló por un instante con su luz que era luz anunciadora de una nueva luz permanente. ‘Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz’.

Todo nos conduce a la luz verdadera que viene a nuestro mundo, aunque muchas veces las tinieblas quisieran apagar esa luz. ‘La luz brilla en medio de la tiniebla’, nos dice Juan al inicio de su evangelio, ‘pero la tiniebla no la recibió. Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron’.

Nosotros ahora, queriendo vivir este adviento, queremos recibirle, queremos dejarnos iluminar por su luz. Busquemos la verdadera luz. Estos días nuestras calles se llenan de luces, nuestras casas se quieren adornar igualmente con muchas luces. Es navidad. Y la alegría de estas fiestas el mundo quiere manifestarla con esos derroches de luz. No está mal, pues en fin de cuentas es tomar una imagen muy nuestra, muy de nuestra navidad cristiana, aunque el mundo hoy la utilice o con otros intereses – por medio anda mucho lo comercial – o sin darle todo el sentido que tendría que tener.

No la rechacemos sin más; aprovechemos esos rayos de luz para anunciar la luz verdadera. Es el tinte que todo cristiano debe poner en todo momento. Recordar, y tenemos que hacerlo principalmente con el testimonio de nuestra vida, de nuestras obras, quien es la luz verdadera que tenemos que buscar para que no nos quedemos en lo fatuo y lo efímero. Tenemos que hacer que de verdad todas esas luces conduzcan hasta Jesús, la luz verdadera.

Es nuestra tarea para que le demos un verdadero sentido a nuestra navidad, para que la navidad sea en verdad evangelio para el mundo. De nuevo tenemos que anunciar la verdadera navidad, de nuevo tenemos que seguir anunciando a Jesús y el evangelio de Jesús. Tenemos que hacer más presente a Jesús en nuestro mundo, volver a bautizar la navidad.

Hoy nos ha dicho Jesús: ‘las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que yo hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado’. Es lo que ahora nos toca hacer a nosotros, es el evangelio que tenemos que anunciar. Unos resplandores, unos destellos que tienen que haber en nuestra vida que anuncien a quien va a venir.

domingo, 15 de agosto de 2021

En la fiesta de la Asunción nos alegramos los hijos en la glorificación de la Madre y al tiempo sentimos el estímulo de María como un faro de luz que ilumina nuestra esperanza

 


En la fiesta de la Asunción nos alegramos los hijos en la glorificación de la Madre y al tiempo sentimos el estímulo de María como un faro de luz que ilumina nuestra esperanza

Apocalipsis 11, 19a; 12, 1. 3-6a. 10ab; Sal 44; 1Corintios 15, 20-27ª; Lucas 1, 39-56

Celebramos hoy una fiesta muy hermosa de la Virgen que se traduce en numerosas advocaciones con las que queremos invocarla en multitud de pueblos y lugares. Comienzo por mi tierra en que hoy la celebramos como patrona de nuestras islas, de todo el archipiélago en su advocación de Nuestra Señora de Candelaria, aunque como fiesta propia de esta advocación la tenemos el dos de febrero. 


Sin embargo en nuestras islas y sobre todo en la isla de Tenerife todos los caminos conducen estos días a Candelaria; si no hubiera sido por la pandemia que limita nuestros movimientos y encuentros desde hace días nos hubiéramos encontrado por los caminos de la isla peregrinos que se dirigirían a la Basílica de la Patrona.

No voy a entrar en otras numerosas advocaciones con que invocamos a la Virgen en este día en tantos lugares y en tantos pueblos, sino vamos a centrarnos en lo que litúrgicamente celebramos en este día. Hoy es el día, podríamos decirlo así, del triunfo pascual de María cuando celebramos su gloriosa Asunción en cuerpo y alma a los cielos. Es la culminación de la vida de María y de su plena unión con Jesucristo, su Hijo y nuestro Salvador. Si Jesús nos dijera un día que quería que donde El estuviera estuviéramos nosotros también y por eso va al Padre y nos prepara sitio, qué podríamos decir de lo que Jesús querría para su Madre María.

El final del decurso de su vida terrenal culmina con esta glorificación de María en que Cristo quiere hacerla a Ella como primicia partícipe de su misterio de Redención. La había hecho toda pura e inmaculada en su Concepción porque iba a ser la Madre de Dios en virtud de los méritos de Jesucristo, como confesamos en los artículos de nuestra fe, como no la va a hacer partícipe de su resurrección en su glorificación en cuerpo y alma a los cielos.

Y decimos que ella es como primicia, porque es el camino al que estamos llamados todos los que creemos en Jesús. María, siempre lo decimos, es el mejor modelo de lo que es el seguimiento de Jesús. Así plantó ella en su vida la Palabra de Dios. Era como su lema y como su meta. Aquellas palabras que pronuncia ante el ángel en Nazaret no fueron fruto solo del fervor de un momento incluso con todo lo sublime que era aquel instante de la Encarnación, pero si ella fue capaz de decir ‘hagase en mi según tu palabra’, es porque ella ya en su vida se había dejado envolver totalmente por la Palabra de Dios. ‘Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica’, la plantan en su vida diría Jesús, lo que era como una alabanza a su madre, la que así se había dejado conducir por la Palabra de Dios.

¿Cómo no iba ella a prorrumpir en ese cántico de alabanza y acción de gracias a Dios que en ella había hecho obras grandes, fijándose en la humildad de su esclava? Solo quien vivía una espiritualidad profunda porque se había dejado traspasar por el Espíritu podía ser capaz de pronunciar tan hermoso cántico.

Un cántico que además se convierte en profético porque irá describiendo como todo se transforma y transfigura cuando nos dejamos inundar por la misericordia del Señor y nos dará las señales de ese mundo nuevo que va a surgir y que es el Reino de Dios. Un mundo donde son exaltados los humildes, un mundo que nos ofrecerá un orden nuevo donde los pobres y los hambrientos serán saciados mientras que aquellos que se consideraba a sí mismos hartos ahora se sentirán vacíos. Es todo un resumen del mensaje del evangelio, un resumen de la buena nueva del Reino de Dios que comienza.

Hoy con esta fiesta de la Asunción de María sentimos el gozo de los hijos cuando ven la gloria de la Madre, su glorificación al ser llevada en cuerpo y alma a los cielos. Es un momento para felicitarnos con María al tiempo que en ella nos sentimos estimulados en nuestro camino, y con ella renacen nuestras esperanzas. María viene a ser así como un impulso para nuestro camino y para nuestra esperanza; con la Asunción de María de alguna manera nos quedamos como atónitos y estupefactos al contemplarla en su glorificación, pero nos sentimos impulsados a seguir haciendo el camino donde queremos hacer presente esas señales del Reino de Dios entre nosotros.

En ocasiones podemos sentir el cansancio en nuestras luchas y en nuestros esfuerzos por hacer un mundo mejor, nos sentimos quizás en momentos algo defraudados porque nos parece que el mal avanza demasiado en medio de nuestro mundo, pero ahí está la presencia de la madre que nos alienta, que se pone a nuestro lado en el camino, que nos impulsa a dar un paso más, a poner un nuevo esfuerzo, a poner más ánimo en nuestro corazón. Es lo que hacen las madres con los hijos que con su presencia les alientan y les animan.

Así sentimos la presencia de María en esta fiesta que hoy estamos celebrando. Mitiga nuestras lágrimas ante los sinsabores de la vida y con su consuelo alivia nuestros corazones tantas veces de mil maneras atormentados. Es aliento y es esperanza, es fuerza nueva que nos da un nuevo impulso para caminar. En su imagen bendita de la Candelaria que hoy los canarios de manera especial contemplamos la sentimos como un faro de luz, en esa candela que lleva en sus manos, para ir delante de nosotros alumbrándonos el camino y haciéndonos vislumbrar nuestras metas finales.

 

sábado, 8 de agosto de 2020

Como un faro de luz que ilumina en la noche las tenebrosas oscuridades para hacernos encontrar el camino reflejemos la luz de Cristo que sigue sentido de vida para el hombre de hoy

Como un faro de luz que ilumina en la noche las tenebrosas oscuridades para hacernos encontrar el camino reflejemos la luz de Cristo que sigue sentido de vida para el hombre de hoy

Isaías 52, 7-10; Sal 95; Mateo 5, 13-19

La luz es para ponerla donde alumbre; si es luz tiene que iluminar, no la podemos ocultar, su brillo y resplandor hará que veamos con claridad; y cuando vemos con claridad los peligros se alejan, la seguridad está garantizada, veremos con claridad el camino, podremos salvar los obstáculos, nos da confianza en nuestro caminar.

Pero hay luces que nos engañan, o que no están en el lugar adecuado, o que encandilan y nos ciegan porque no nos ofrecen la claridad adecuada. Algunas veces tendemos a difuminar las luces, o con ellas queremos resaltar lo que nos apetece y dejamos en sombras lo que no nos gusta, pero que no deja de estar ahí; por su situación o por los intereses de donde están colocadas quizás nos pueden distraer o engañar porque no nos ofrecen la realidad, la verdad auténtica. Tenemos que discernir bien para que no nos entre confusión.

Jesús nos habla de la luz, de lo importante que es la luz, donde podemos encontrar la verdadera luz y como nosotros tenemos que reflejar esa luz, siendo luz para los demás. Tenemos que entenderlo muy bien, porque con demasiadas confusiones andamos en la vida; hay muchas ocasiones en que nos parece que andamos a oscuras porque nubarrones de sombras se ciernen sobre la sociedad en la que vivimos, sobre nosotros mismos que nos llenamos de confusiones. Los problemas que nos van apareciendo en la sociedad, cada día parece que más multiplicados, nos meten en un callejón de confusiones que nos parece que somos tragados por las oscuridades de la vida. Pudiera sucedernos que de donde tendríamos que esperar esa luz que nos ilumine no nos llega o nos llegan confusiones.

Y tenemos que preguntarnos donde estamos los cristianos en ese mar de confusiones de nuestro mundo. Nos decimos cristianos pero parece en ocasiones que nos faltan seguridades; porque no hemos echado bien el ancla donde teníamos que echarla. El ancla sirve para que el barco no se vaya a la deriva empujado por los vientos o la Marsella. El buen marino sabe bien donde echarla para darle seguridad a su embarcación. Y nosotros ¿habremos anclado bien nuestra vida en Jesús? ¿Nos habremos de verdad dejado iluminar por su luz? Porque quizá esas confusiones en que nos vemos envueltos es porque no nos hemos dejado iluminar bien por la luz de Jesús.

Tenemos que dejar que esa luz de Jesús que nos llega en su evangelio ilumine de verdad cada rincón de nuestra vida; así encontraremos sentido a cada cosa, encontraremos seguridad en cualquier situación, veremos claramente el sentido de las cosas, podemos convertirnos en faros de luz, que reflejen la luz de Cristo, para todos cuantos están a nuestro lado. Tenemos que ser luz en medio del mundo; el testimonio de nuestra vida bien iluminada por Cristo tiene que ser ese faro de luz que oriente, ayude a encontrar el rumbo a los que están a nuestro lado.

Como ese faro que en la noche ilumina las aguas tenebrosas de nuestros mares y por su posición y por los guiños que nos hace nos previene de los peligros, nos señala el buen rumbo, nos hace navegar con seguridad. Eso tenemos que ser en medio del mundo para que no se ahogue en sus oscuridades, pero igual que el faro marítimo tiene que funcionar bien, así nosotros tenemos que reflejar de manera acertada en nuestra vida esa luz de Cristo que nos ilumina.

Nos estamos haciendo esta reflexión a partir del evangelio que escuchamos en la fiesta de santo Domingo de Guzmán que hoy celebramos. El fue un faro de luz en su tiempo, tenebroso y tan lleno de herejías contra las que luchó con su predicación. Así nació la Orden de Predicadores con esa vocación de llegar la luz del mensaje de Jesús por el mundo con la predicación. Así su testimonio sigue ayudándonos hoy e impulsándonos a que llevemos la luz, a que demos ese testimonio de la verdad que solo en Cristo encontramos y que será la auténtica orientación también para la vida de los hombres y mujeres de hoy envueltos también en tantas oscuridades.

Seamos ese faro de luz que señalemos el buen camino para no hundirnos en las tenebrosidades de tantas oscuridades que nos acechan a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.