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miércoles, 15 de julio de 2026

Olfato para percibir el actuar de Dios, mirada creyente y contemplativa para leer que en lo pequeño y en lo sencillo también se nos manifiesta Dios

 


Olfato para percibir el actuar de Dios, mirada creyente y contemplativa para leer que en lo pequeño y en lo sencillo también se nos manifiesta Dios

 Isaías 10, 5-7. 13-16; Salmo 93; Mateo 11, 25-27

Algunas veces parece que solo vemos lo que tenemos, como solemos decir, en la punta de la nariz, lo que más brilla o lo que nos llama la atención por lo portentoso o nos parece más maravilloso, igual que ponemos filtros desde nuestros intereses o nuestras ambiciones, aquellas cosas que más nos complacen o simplemente de lo que nos produce envidia de lo que vemos en los demás.

Tener una mirada objetiva también nos cuesta, limpiar los filtros de nuestros ojos para ver con claridad no es fácil, pero no podemos olvidar que hemos de tener sin embargo ojos de discernimiento para saber descubrir lo mejor que quizás no está en eso aparatoso que nos encandila, para ir más allá de esos intereses o ambiciones, para saber escuchar con el corazón o ver lo maravilloso de las cosas pequeñas.

Estamos haciéndonos una reflexión en principio desde unas categorías o unos valores humanos que nos ayudan a ese crecimiento y maduración como personas en lo que todo tendríamos que estar empeñados. Pero como creyentes hemos de saber dar un paso más. Es a lo que nos está invitando Jesús hoy en este pasaje del evangelio. Jesús está haciendo una lectura orante con lo que está sucediendo con su presencia, con los signos que realiza y con la Palabra que anuncia, con la respuesta incluso que va encontrando y que hace sentir la acción de Dios en medio de su pueblo.

Le escuchamos cómo da gracias al Padre que se está revelando en los sencillos y que son precisamente los pequeños y los sencillos los que están más abiertos al misterio de Dios. ‘Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños…’ Muchos comentarios nos hemos hecho en diversas reflexiones sobre estas palabras de Jesús. No los que aparentan más sabios son los que se abren al misterio de Dios; los pequeños y los sencillos desde su pobreza y su humildad tendrán, podríamos decirlo así, mejor olfato para percibir el misterio de Dios que se revela.

Una hermosa lección para nuestra vida para que aprendamos a tener esa mirada de Jesús y sepamos ver en lo pequeño y lo sencillo, los que nos puede parecer humilde e insignificante un signo de esa llamada de Dios; que sepamos discernir lo que sucede alrededor, los acontecimientos de la historia de cada día, lo que escuchamos desde las noticias que recibimos o de lo que comparten con nosotros, para no dejarnos impresionar fácilmente ni dejarnos confundir, para mantener nuestra propia serenidad, para sacar todo lo bueno que podamos. Llegar a percibir como en lo pequeño de la vida cotidiana se va manifestando el actuar de Dios.

No es pues una mirada cualquiera, una mirada superficial, es una mirada con hondura que nos hace trascender con mirada contemplativa la realidad; por eso decíamos que no nos podemos quedar en lo que está en la punta de la nariz, ni solo lo que brilla o nos pretenden quizás imponer; necesitamos en la vida ser reflexivos y contemplativos, no perder la serenidad y la paz porque nos dejemos arrastrar por las prisas y las carreras de la vida, ir rumiando serenamente lo que vemos o nos va sucediendo. Es también una apertura a una trascendencia espiritual para no quedarnos solo en lo material que por muy bueno que sea nos puede también confundir, una apertura al misterio y a lo sobrenatural para llegar a descubrir la presencia de Dios en nuestra vida.

Que tengamos ese olfato, como decíamos, para percibir esa presencia de Dios, que tengamos esa mirada luminosa para ver el actuar de Dios, que tengamos esa sensibilidad para leer esos signos de los tiempos que en nuestra historia nos ayuden a descubrir lo que Dios quiere.

viernes, 15 de noviembre de 2024

Allí donde estamos o con la responsabilidad que tenemos muchas cosas tendríamos que cambiar en nosotros mismos para gestionar nuestra vida y lo que hacemos

 


Allí donde estamos o con la responsabilidad que tenemos muchas cosas tendríamos que cambiar en nosotros mismos para gestionar nuestra vida y lo que hacemos

2Juan 4-9; Salmo 118; Lucas 17, 26-37

La vida no siempre es fácil, todos lo sabemos. Exige esfuerzo y deseos de superación, nos pide muchas veces estar en pie de lucha ante las dificultades que van apareciendo, muchas veces nos suceden cosas que nos lo pueden trastocar todo y quedarnos como con las manos vacías sin saber que hacer, pero siempre podemos encontrar el ánimo, la fuerza de voluntad, el apoyo que necesitamos en ese camino. Son las luchas y los trabajos de cada día, familia, responsabilidades, crecimiento personal, que muchas veces desde nosotros mismos nos encontramos con tropiezos, por nuestros cansancios y nuestra falta de constancia, por nuestras propias pasiones que en ocasiones nos hacen perder el sentido más profundo, por cuanto nos sucede a nuestro alrededor. Pero yo diría que no podemos sentirnos derrotados.

Tiene que aparecer toda la madurez de nuestra propia persona, para reflexionar y para discernir, para saber encontrar el camino y no perder la esperanza, para mantenernos fieles a nuestros valores y a nuestros principios, para sentir también que la mano de Dios está detrás de todo eso y quizás a través de esas mismas cosas que nos suceden El quiere hablarnos al corazón, como al mismo tiempo abrirnos a nuevos horizontes. Aquí tiene que aparecer el discernimiento de nuestra fe, para no confundirnos, para saber que siempre hay una luz, que no nos faltará el amor de Dios, aunque el camino nos parezca oscuro. En cañadas oscuras El nos conduce como rezamos en alguno de los salmos.

El evangelio de hoy nos puede parecer un tanto enigmático y difícil de comprender. Jesús está en el camino de su subida a Jerusalén para la pascua y sabe bien cuál es la pascua que allí ha de vivir. En su entorno aunque los discípulos más fieles están siempre con El, alguno fallará sin embargo, comienza también a notarse el rechazo de algunos principales y que más tarde en Jerusalén se hará bien patente. Las palabras de Jesús de alguna manera tienen este trasfondo.

En los próximos días también vamos a escuchar mucho que Jesús hablará de los tiempos finales, de los últimos tiempos, como también anunciará proféticamente lo que va a suceder en medio de su pueblo, aunque a la gente le cueste entender las palabras de Jesús. Pero ahí han quedado en el evangelio y son palabras iluminadoras en todos los tiempos en que siempre los cristianos o nos vamos a encontrar con momentos difíciles, o vivimos también en la expectación de los últimos días. Por eso las palabras de Jesús siguen siempre palabras que iluminan, palabras de esperanza para los hombres de todos los tiempos.

Hemos hablado de nuestras luchas y de lo difícil que se nos pone la vida de muchas maneras, pero también hemos insinuado la necesidad de que reflexionemos sobre la vida y cuanto nos sucede, y seamos capaces de hacer un discernimiento para encontrar lo que tiene que ser nuestro camino, nuestro camino precisamente iluminado por esa fe que ponemos en Jesús.

En todo momento de la vida tenemos que descubrir esa luz que no nos falta, porque Dios estará siempre con nosotros aunque tengamos que pasar por momentos negros en la vida. Cuanto sucede a nuestro alrededor nos ha de servir de lección, de toque de atención, de plantearnos que es lo que de verdad estamos haciendo que la vida, qué estamos haciendo nuestro mundo, qué respuesta tenemos que ir dando.

En nuestra tierra hemos pasado – sobre todo en aquellas regiones más afectadas aunque todos queremos sentirlo como algo que nos ha sucedido a nosotros, como algo nuestro – unos momentos difíciles donde ha aparecido la destrucción y la muerte. ¿Todo esto no nos tendría que hacer pensar? ¿Cuáles han de ser los verdaderos afanes que hemos de tener en la vida? ¿Qué estamos haciendo allí donde estamos, allí donde vivimos, allí donde ejercemos nuestras responsabilidades por hacer que nuestro mundo sea mejor?

En medio de tanto dolor y oscuridad siempre podemos encontrar una luz, como siempre tenemos que sentir una llamada del Señor. Se ha despertado la solidaridad de muchos, hemos roto esa cadena de insensibilidad en que a veces parece que caminamos en la vida, ha habido una respuesta hermosa en tantos y tantos que han sentido como propios los sufrimientos de esas personas y de tantos que de una forma o de otra se han movilizado para ayudar.

¿No tendría que hacernos pensar en que sería de otra manera como gestionáramos nuestro mundo? Incluso desde nuestra vida personal, allí donde estemos o con la responsabilidad que tengamos, ¿no nos daremos cuenta que quizás haya muchas cosas que tendríamos que cambiar en nosotros mismos, en nuestra manera de hacer las cosas o donde empleamos lo que somos y lo que tenemos? Pueden ser llamadas que Dios está haciendo a nuestro corazón.

miércoles, 13 de noviembre de 2024

Es necesario que sepamos interiorizar para encontrar las verdaderas señales del Reino de Dios y podamos luego llevarlas al mundo que tanto lo necesita

 


Es necesario que sepamos interiorizar para encontrar las verdaderas señales del Reino de Dios y podamos luego llevarlas al mundo que tanto lo necesita

Filemón 7-20; Salmo 145; Lucas 17, 20-25

En la vida muchas veces nos vamos creando expectativas que no siempre son reales; son nuestros sueños o nuestra imaginación, muchas veces, cómo nos gustaría que fueran las cosas o lo que tendría que suceder, pero muchas veces no son realistas. Es bueno soñar, es bueno desear cosas mejores que las que tenemos y muchas veces esos sueños nos hacen caminar, nos hacen esforzarnos, nos hacen buscar; no es tan malo soñar, pero sabiendo diferenciar lo que es un sueño de lo que en verdad podemos conseguir, estamos capacitados para conseguir. Así hacemos camino, así avanzamos, así buscamos nuevas metas que queremos cada vez más altas, así en cierto modo nos vamos programando la vida.

Pero bien sabemos que tenemos que cuidar que no nos confundan; puede haber alguien que quiera aprovecharse de nuestra ilusión  y nos traza planes, pero que no son los nuestros, ni están adaptados a nuestras condiciones, que son las metas que de verdad tenemos en la vida, los principios por los que nos guiamos, y que no podemos dejar que se tergiversen, que se aprovechen de nosotros quizás desde otros intereses que no tienen que ver nada con nuestra vida. Por eso hemos de tener cuidado con las invitaciones o llamadas que nos puedan llegar de aquí o de allá y que no sabemos por qué vienen a nosotros. Otra cosa, claro, es que seamos capaces de dejarnos sorprender por Dios. Es aquí donde tenemos que discernir, sopesar las cosas, descubrir de verdad lo que Dios quiere de nosotros.

¿Sabremos nosotros discernir los signos que Dios va poniendo en nuestro camino de su presencia y de su amor y de la respuesta que nosotros hemos de dar? Atentos tenemos que estar; atentos para no dejarnos ni engañar ni confundir. De eso nos quiere hoy prevenir Jesús en el evangelio.

Por allá andan preguntándole sobre la inminencia de la llegada del Reino de Dios. Tenemos, es cierto, que entenderlos. Se habían creado también unas expectativas de lo que iba a ser y a hacer el Mesías. Confiaban en la inminencia de la llegada del Mesías, pero pensaban más en un Mesías caudillo, en un Mesías guerrero. La situación que vivían como pueblo que se pedía sometido a poderes extranjeros, por una parte, la situación de pobreza en que vivía el pueblo y la desorientación de sus vidas, les hacía soñar también.

Y Jesús había anunciado la llegada del Reino de Dios. Se habían hecho una idea, era el tiempo de la liberación de Israel, de unos tiempos nuevos de libertad, y poco menos que se veían como aquellos antepasados suyos que habían atravesado un desierto para llegar a una tierra prometida. ¿Serían ahora los tiempos de una nueva tierra prometida?

Jesús les hablaba y se los decía claramente que el Reino de Dios no era como los reinos de este mundo. Cuando incluso los apóstoles soñaban con poderes en ese Reino de Dios, Jesús les decía que entre ellos no podía ser como en los reyes del mundo. Otro era el sentido, otra era la manera de servir a ese nuevo pueblo de Dios. Pero les costaba entender, incluso a los discípulos más cercanos y que estaban siempre con Jesús, que seguían buscando puestos a la derecha y a la izquierda.

Por eso les dice que tengan cuidado con los tiempos de confusión que pueden venir, de si tienen que buscarlo aquí o allá. Jesús les están diciendo que se miren al interior, que el Reino de Dios tenemos que sentirlo en el interior de nosotros mismos. Había pedido conversión, cambio profundo desde el interior con nuevas actitudes, con nuevas manera de ser y de vivir, con nuevas manera de actuar. Y les costaba entender. Como nos sigue costando a nosotros hoy que también nos hacemos algunas veces una iglesia a la manera de los reinos de este mundo. Y a la gente le cuesta entender.

Es necesario que vayamos a lo más hondo de nosotros, que sepamos interiorizar, que sepamos buscar en el corazón esas señales del Reino de Dios que luego tendremos que manifestar en lo que hacemos, en nuestro trabajo o en el compromiso con los demás. No se trata solamente de hacer cosas como no se trata de contentarnos con celebraciones bonitas.

Tenemos que abrir nuestro interior a Dios y entonces lo encontraremos y lo podremos llevar también a los demás. Seremos en verdad misioneros que llevemos el mensaje del evangelio al mundo que nos rodea cuando en lo más hondo de nosotros mismos nos hayamos encontrado con Dios y desde nuestro interior saboreemos el verdadero sentido del Reino de Dios. Sin esa vivencia interior y profunda nada seremos ni nada podremos ofrecer con sentido al mundo que esta necesitando de esa luz.

viernes, 25 de octubre de 2024

Necesitamos aprender a discernir las señales que Dios hoy va poniendo en nuestro camino para desde nuestra fe dar respuesta a los problemas de la vida

 


Necesitamos aprender a discernir las señales que Dios hoy va poniendo en nuestro camino para desde nuestra fe dar respuesta a los problemas de la vida

Efesios 4, 1-6; Salmo 23; Lucas 12, 54-59

Cuando hoy queremos emprender una tarea, realizar una obra, sacar adelante una empresa o simplemente construir una casa no lo hacemos ‘a lo loco’, podríamos decir, sino que previamente hay que planificar bien lo que queremos hacer, hacemos un proyecto decimos, pero estudiamos sus posibilidades, las salidas que pueda tener lo que emprendemos; todo un trabajo técnico, si queremos llamarlo así, pero diríamos que es algo que hemos de llevar a cabo con todo cuidado. Hoy tenemos estudios y posibilidades de analizar todas las circunstancias que van a rodear aquello que emprendemos y a través de señales, podemos decir así, que nos da la misma sociedad en que vivimos, lo que sucede, lo que son las apetencias de la gente, las nuevas costumbres que van surgiendo, las necesidades, con todas esas circunstancias podemos conocer bien aquello en lo que nos metemos, hacia donde vamos y lo que podemos hacer.

¿Por qué seremos tan cuidadosos en la vida de nuestros negocios para ver las ganancias que podemos obtener pero no somos igualmente cuidadosos con nuestra vida para encontrarle el sentido profundo que tendríamos que darle? Es la tarea humana en la que de verdad tenemos que embarcarnos para que realmente vayamos creciendo más y más como personas, para desarrollar nuestras capacidades y valores, para darle verdadera profundidad a lo que hacemos.

Y lo decimos en ese plano humano, que va más allá de unos rendimientos económicos que podamos obtener y de lo que tanto nos preocupamos, pero también tenemos que hablarlo del sentido espiritual de nuestra existencia. Somos algo más que un cuerpo que come y que crece, que pueda encontrar unas satisfacciones físicas o pasionales, hay algo dentro de nosotros que nos tiene que hacernos elevar en la vida porque sería lo que nos daría verdadera profundidad.

Lo tenemos que mirar también en el camino de nuestra fe y de lo que tiene que ser nuestra vida cristiana. No lo podemos reducir a unas buenas costumbres o al seguimiento o cumplimiento de unas tradiciones. Algo más tiene que ser la fe y el evangelio en nuestra vida, porque no es solo un barniz que ponemos por fuera para que brille en unos determinados momentos; ya sabemos que los barnices al final se hacen opacos y ya no nos valen para mantener el autentico brillo; necesitamos renovarnos, como necesitamos renovarnos nosotros mismos, pero no desde el exterior, sino desde lo más hondo de nuestra vida.

Y es que con nuestra fe tenemos que responder a lo que es la vida que hoy vivimos; es ahí donde tenemos que vivirla y expresarla y con lo que tenemos que darle un sentido a todo cuanto hacemos. Necesitamos una profundidad espiritual. Necesitamos aprender a dar esa respuesta allí donde estamos. Pero para ello hemos de saber tener una sabia mirada a lo que es nuestra vida, pero también a ese mundo en el que estamos. Y esa renovación que surge será verdadera transformación, será verdadera levadura para ese mundo en el que vivimos.

Hoy hemos escuchado en el evangelio que Jesús les decía a la gente de su tiempo que sabían leer los signos del tiempo, si había nubes o si venía el bochorno y el viento del mar o del desierto, para saber qué tiempo tendrían, pero les echaba en cara que no habían sabido leer los signos de los tiempos. Sí, en aquello que estaba sucediendo, en la propia historia que estaba viviendo tenían que saber leer las señales que Dios iba poniendo en todo aquello. Así discernimos lo que es la voluntad de Dios, así discernimos lo que es plan de Dios, así ellos entonces tenían que descubrir esas señales de Dios en lo que Jesús les decía o lo que Jesús hacía. Pero no habían sabido hacerlo.

Pero no es la recriminación de Jesús solo para aquellas gentes sino que esas palabras de Jesús nos valen para nosotros hoy. Tenemos que aprender a hacer esa lectura de la vida, de lo que sucede en el hoy de nuestra historia, de aquello también de lo que somos herederos, es cierto, pero del momento presente, porque Dios también va poniendo señales en nuestro camino para que nos encontremos con El, para que descubramos de verdad el sentido que desde nuestra fe tenemos que darle al mundo de hoy, a la vida que vivimos en ese mundo concreto en el que estamos.

Necesitamos esa sabiduría del Espíritu que nos ilumine y que nos guíe. Pero tenemos que dejarnos conducir. Muchas son las señales que en la Iglesia podemos encontrar, muchos son los signos que en las necesidades y problemas de nuestro tiempo hemos de saber encontrar. Ahí tenemos una llamada de Dios. No cerremos los ojos; no nos hagamos oídos sordos; sintonicemos con esa Sabiduría de Dios para leer los signos de nuestro tiempo. Si somos tan listos para las cosas de la vida, seamos listos para discernir las señales de Dios.

miércoles, 23 de octubre de 2024

Seamos capaces de reconocer las señales de la presencia de Dios en nuestra vida como buenos administradores atentos a discernir las señales que Dios pone a nuestro paso

 


Seamos capaces de reconocer las señales de la presencia de Dios en nuestra vida como buenos administradores atentos a discernir las señales que Dios pone a nuestro paso

Efesios 3, 2-12; Sal.: Is. 12, 2-6; Lucas 12, 39-48

¿Va a venir alguien importante a visitarnos? Podemos pensar en el ámbito de nuestra sociedad, ya sea una autoridad que quizás no es tan habitual verlo por nuestras cercanías, ya sea algún personaje de la vida social de nuestro tiempo, ya sea un cantante famoso, un artista de reconocido prestigio, un deportista que por su brillantez en su mundo se ha ganado una merecida fama, como podemos pensar en un entorno más cercano como pueda ser nuestra familia donde se nos anuncia la visita de una persona muy querida, que ha mantenido siempre una buena relación con la familia, sea un caso u otro – podíamos pensar también en más cosas – los preparativos que hagamos queremos que sean lo más exhaustivos posibles.

En el ámbito social incluso hay unos protocolos de lo que hacer, unas exigencias de guión podríamos decir, a lo que estaremos muy atentos para que esa visita sea memorable; si es en el plano de la familia, ya procuraremos que todo lo que hagamos en nuestra casa sea lo más acogedor y cariñoso posible para mostrar también la felicidad que sentimos con dicha visita.

Preparativos con muchas exigencias, de eso nos está hablando también el evangelio. Es la imagen de la llegada del Hijo del Hombre, con la acogida que por nuestra parte hemos de ofrecer. Es la tensión y atención con que hemos de vivir nuestra vida para llegar a sentir y vivir en plenitud esa presencia del Señor. Y Dios llega a nosotros y no siempre somos capaces de vivir con intensidad su presencia.

Quizás pensamos o nos imaginamos cosas extraordinarias, porque parece que esas son las que nos llaman la atención y en cierto modo estamos pensando en cosas portentosas. Qué prontos estamos para correr allí donde hemos oído que ha habido un milagro, algo extraordinario. Y corremos el mundo tras apariciones ya sean de nuestra época o donde haya tradición de cosas extraordinarias más antiguas. Y hemos sembrado el mundo de santuarios milagrosos, como si solo allí se nos va a manifestar la gloria del Señor.

No quiero negar que quizás haya lugares que de manera especial nos puedan ayudar y que también pueden ser signos de esa presencia de Dios en medio del mundo, pero sí tenemos que aprender que en el día a día de nuestra vida, en ese recorrido de fe que tenemos que saber ir realizando cada día Dios también va poniendo señales y signos de presencia que hemos de saber descubrir. Es necesario estar atentos y vigilantes, es cierto, porque esos signos de Dios pueden ser como un susurro que no sabremos ni podremos escuchar si solo estamos expectantes a cosas grandiosas.

Nos habla el evangelio de aquel que en casa ha de estar atento para discernir en cada momento lo mejor que hay que hacer y que de alguna manera nos dará la orientación del camino que hemos de recorrer. El administrador de la casa, como lo llama Jesús en el evangelio. Saber administrar es saber discernir el momento, lo que sucede, la circunstancia, lo que puede ser una llamada o un toque de atención, lo que puede ser una señal en cada momento concreto de algo que hemos de comenzar a hacer. No de cualquier manera podemos hacer ese discernimiento, de alguna manera tenemos que entrenarnos, aprender, sintonizar los oídos de la vida para poder escuchar.

Y no podemos olvidar ni dejar a un lado esa presencia de Dios que se nos manifiesta en los demás. Es aquello que en otro momento Jesús nos dirá que lo que hicimos a cualquiera de esos pequeños que vamos encontrando en la vida a El se lo hicimos. Esos pequeños son presencia de Dios para nosotros, esas personas humildes y sencillas con las que nos vamos encontrando, ese que quizás porque desconocemos nos mostramos ante él con tanta precaución, ese que no nos parece digno porque tras de sí nosotros solo estamos viendo un historial que no es de nuestro agrado; esos pequeños son presencia de Dios en nuestra vida que tenemos que saber descubrir. De eso nos quiere hablar hoy el Evangelio.

Y terminará diciéndonos Jesús que ‘al que mucho se le dio, mucho se le reclamará; al que mucho se le confió, más aún se le pedirá’. Es a nosotros a quien Jesús se está refiriendo, porque tenemos que reconocer cuanto hemos recibido del Señor, recordemos cada uno nuestra historia reconociendo que ha sido una historia de amor de Dios para nosotros. ¿Sabremos reconocerlo? ¿Sabremos dar respuesta? ¿Cuál es la exigencia del amor de Dios para nuestra vida?

 

viernes, 1 de diciembre de 2023

Sepamos discernir esos brotes de buenos valores que van surgiendo en nuestro mundo aunque nos parezca tan duro y convulso, signos valiosos en el camino

 


Sepamos discernir esos brotes de buenos valores que van surgiendo en nuestro mundo aunque nos parezca tan duro y convulso, signos valiosos en el camino

Daniel 7,2-14; Sal.: Dn. 3,75-81; Lucas 21,29-33

Qué bueno es recorrer un camino que esté bien señalizado; no nos perderemos, podremos tener la seguridad de que llegaremos a donde deseamos. No sé si habréis tenido la experiencia de hacer un camino que no conocíais, un viaje por placer o por necesidad, un encargo que nos hicieron para que lleváramos algo a una persona y a un lugar determinado, nos dijeron que era fácil llegar si seguíamos las indicaciones del camino, nos arriesgamos a hacerlo aunque fueran lugares desconocidos porque teníamos un mapa que nos señalaba el camino, claro que hoy tenemos más medios técnicos, el GPS y no sé cuantas cosas más.

Pero ahora pensamos en el viaje de la vida, ese camino que vamos haciendo que nos tiene que llevar a alguna parte, ese camino de la vida en que nos hemos trazado unas metas, unos objetivos que conseguir, una trascendencia que nos lleva más allá de lo que incluso nuestros ojos ven, unos sueños que queremos realizar. ¿Cómo no perdernos? ¿Cómo mantener ese rumbo de nuestra vida? Hay cosas, sin embargo, que nos pueden distraer, cantos de sirena que quieren arrastrarnos a sus aguas ofreciéndonos que ellos tienen lo mejor, que sus caminos son los más certeros, dentro de nosotros también tenemos cosas y sueños que nos pueden distraer, en nuestra comodidad queremos evitar excesivos esfuerzos pensando que con poca cosa podemos llegar a la meta.

Y se trata de ese crecimiento personal como personas, esa maduración de nuestro espíritu, esos sueños que tenemos de un mundo mejor, esas responsabilidades que hemos asumido en la vida o que han puesto en nuestras manos porque en nosotros confiaban. ¿Cómo no desviarnos y acertar? Nos exige mucho discernimiento, mucha reflexión, estudiar muy bien el camino para no errar y alcanzar esa plenitud humana a la que ansiamos.

Y se trata del crecimiento de nuestro espíritu. No lo queremos hacer de cualquier manera. Un día hemos optado por el camino de Jesús, queremos ser cristianos, y es la meta que queremos buscar, es lo que en verdad nos trasciende, es la búsqueda de esa vida en plenitud, de esa vida eterna de la que Jesús nos ha hablado  y que nos ha prometido si de verdad ponemos en El toda nuestra fe, toda nuestra confianza. 

Es grande la tarea que como cristianos tenemos que realizar, porque además nos sentimos implicados con los demás; de lo que hagamos o vivamos va a depender también que los que están a nuestro lado encuentren la luz. Sentimos una responsabilidad grande en nosotros y en lo que hacemos y vivimos.

¿Dónde están y cuales son las señales que nos van a hacer encontrar el camino? Es la sintonía espiritual que hemos de saber despertar en nosotros. Puede sonar la música pero hemos acostumbrado tanto nuestros oídos a los ruidos que ya no sabemos percibir lo más delicado. Vamos en muchas ocasiones como ciegos por el camino, pero porque no sabemos discernir las señales que Dios va dejando en el camino.

Hoy Jesús nos ponía el ejemplo de la higuera que cuando vemos que sus yemas comienzan a hincharse es señal de que pronto brotan las hojas, pero nos da señal de la primavera que se acerca. Jesús, después de lo que ha venido hablando, está señalando que son señales para ese encuentro final o para esa plenitud del Reino de Dios en nosotros. Es lo que tenemos que discernir, cómo se va haciendo presente el Reino de Dios en nosotros y cómo vamos conquistando nuestro mundo para el Reino de Dios.

Sepamos discernir esos buenos brotes que van surgiendo en nuestro mundo aunque nos parezca tan duro y tan convulso. Hay valores, en consonancia con el evangelio, aunque provengan de lugares o de personas que nos pueda parecer que están alejados del Reino de Dios, que sin embargo se van viviendo y que son semilla que puede anunciar buenas cosas para nuestro mundo.

También haya signos de solidaridad, también hay deseos de paz y de justicia, también hay gente que vive con sinceridad su vida y hay congruencia en lo que hacen, también hay amantes de la verdad y de la belleza en nuestro entorno; no todo es oscuro, no todo es negro, no todo es desechable, son esos brotes de primavera como las hojas de la higuera que brotan. Sepamos discernir, sepamos valorar, sepamos contar con esas cosas y esas personas, porque si somos capaces de unirnos y de colaborar nosotros también estaremos dando señales de ese Reino de Dios.

Y nos dice Jesús que no pasará esta generación sin que esto suceda; nos está queriendo decir Jesús que en el ahora y en el aquí de nuestro mundo hoy hay también buenas señales que tenemos que saber discernir y valorar. No nos creamos los únicos poseedores de esos valores del Reino, porque Dios los hace brotar también en un campo que nos parece que está lleno de espinas. Siempre podemos encontrar señales del amor y de la verdad, de la paz y del bien.


jueves, 3 de agosto de 2023

 


Aprendamos de la vida siendo reflexivos, sabiendo detenernos para rumiar una y otra vez las cosas, para poder tener una mirada llena de sabiduría

Éxodo 40,16-21.34-38; Sal 83; Mateo 13,47-53

Algunas veces nos ponemos en plan de sabios, muy reflexivos y muy ‘filosóficos’ como queriendo dejar sentencias y nos decimos que la vida nos enseña, es la mejor escuela y el mejor maestro. No niego el aserto final pero si me digo que la vida nos enseña, pero si nos dejamos enseñar. Buenos maestros hemos tenido muchas veces y eso no significa que todos hayamos salido unas lumbreras, porque si no escuchamos al maestro, no quisimos aprender de él nada de su sabiduría se nos pegó.

Así me atrevo a decir, comentar o poner una pega a afirmaciones como esa. Tenemos que dejarnos enseñar, y para eso necesitamos reflexión, para eso necesitamos detenernos – eso que llamamos estudiar que no es solo aprendernos una cosa de memoria – para asimilar, para descubrir lo bueno y lo malo, lo que tenemos que aprovechar y lo que tenemos que descartar; y en eso tenemos que ir haciéndonos criterios, saber ir haciendo un juicio de valor a todo eso que nos va sucediendo o que vamos encontrando, para saber valorar y para saber descartar. No es solo lo que nos enseñen o nos metan a la fuerza en la cabeza, sino lo que nosotros vamos asumiendo.

Es lo que nos va a dar esa sabiduría de la vida, que no es fácil, que no lo conseguimos de un plumazo, que no es una nota que vayamos a conseguir aunque sea por lo raspado para decir que aprobamos. Es algo más y es algo distinto. Será lo que nos dará verdadera maduración a nuestra vida. Bien lo necesitamos.

Una hermosa tarea que tenemos que ir sabiendo hacer; no siempre es fácil, muchas vueltas tenemos que darle a las cosas, mucho tenemos que ir analizando lo que hemos experimentado en nuestra propia vida para irnos formando esos criterios, mucho también tenemos que dejarnos enseñar por quien nos pueda abrir cauces y horizontes para ver las cosas de otra manera, desde otra perspectiva, porque no todo nos lo vamos a tragar sea como sea. Será cuando nos encontremos a nosotros mismos, y seremos lo que tenemos que ser.

El evangelio hoy nos habla de la red echada al mar y que recoge toda clase de peces; será el sabio pescador el que cuando llegue a la orilla y hará recuento de los peces que ha recogido la red, verá los que son válidos y los que no, descartará a unos y recogerá a otros. Y nos dice Jesús que el Reino de Dios es así. ¿Nos estará hablando de esa sabiduría que hemos de tener en la vida? Como nos hablará también del hombre sabio que saber ir sacando del arcos donde tiene guardadas las cosas lo que es válido en cada momento. ¿Cómo ha llegado a descubrir lo que es valido en cada momento para sacar lo oportuno en su tiempo? Como solemos decir, porque lo ha estudiado, porque lo ha reflexionado, porque ha ido comparando una y otra cosa para descubrir lo que es justo y lo que es bueno, porque ha ido madurando en su interior para irse trazando esos principios para su vida, pero ha llegado a ello después de una madura reflexión.

Adolecemos de muchas superficialidades en la vida, vamos a lo loco, nos vamos dejando arrastrar por nuestros impulsos sin valorar si aquello que hacemos de verdad es valido para el crecimiento de nuestra vida, vamos mirando la vida y lo que hacemos muy a corto plazo sin darle verdadera perspectiva a lo que hacemos o a lo que nos sucede, y por eso vivimos en esa superficialidad, y todo se nos convierte en locura, y pensamos que solo disfrutar del momento sea como sea es lo que importa, nos vamos dejando arrastrar por nuestros caprichos, lo que satisfaga en este momento, nos vamos construyendo la vida como un castillo de naipes que pronto se nos puede desmoronar. Con cuantos infantiles nos vamos cruzando en la vida.

¿Aprendemos de la vida? Si sabemos ser reflexivos, si sabemos detenernos a contemplar lo que nos va sucediendo para irlo analizando, para ir descubriendo la bueno, para aprender donde no debemos tropezar, para saber comenzar de nuevo rehaciendo lo que hemos hecho mal, siendo capaces de ser humildes para dejarnos enseñar, y ser valientes para reconocer nuestros errores. Es la mirada de la persona reflexiva, es la mirada del sabio de verdad. Dejémonos conducir por el Espíritu de Dios fuente de nuestra verdadera sabiduría.

domingo, 30 de julio de 2023

Saber escuchar con el corazón, saber rumiar en nuestro interior lo que es la vida un gran paso para alcanzar la verdadera sabiduría que nos hace testigos del Reino

 


Saber escuchar con el corazón, saber rumiar en nuestro interior lo que es la vida un gran paso para alcanzar la verdadera sabiduría que nos hace testigos del Reino

1Reyes 3, 5. 7-12; Sal 118; Romanos 8, 28-30; Mateo 13, 44-52

Saber escuchar con el corazón, saber rumiar en nuestro interior lo que contemplamos, los acontecimientos de la vida, lo que nos sucede, lo que podemos recibir un gran paso para alcanzar la verdadera sabiduría. No es la mirada superficial lo que nos hace descubrir la riqueza de la vida, no es la carrera loca con la que queremos llegar a todas, libar todas las mieles, lo que nos puede hacer entrar en ese camino de sabiduría. El hombre maduro es aquel que ha sabido rumiar la vida, el que sabe escuchar con el corazón, el que ha aprendido a discernir lo que le sucede o lo que recibe para lograr hacer resaltar lo mejor, lo más sabroso de la vida, lo que en verdad va alimentar nuestro espíritu para elevarnos sobre esas superficialidades que al final lo que harían es embrutecernos, para encontrar ese rico tesoro para la vida.

Jesús en el evangelio cuando nos quiere hablar del Reino de Dios nos propone hoy varias parábolas. Nos habla del tesoro encontrado en el campo y nos habla de la perla preciosa por la que merece venderlo todo para adquirirla. Ni uno ni otro es un encuentro al azar; no era la mirada superficial que pasar por encima de todas las cosas sin prestar atención la que pudo hallar aquel tesoro en el campo. ¿Habrían pasado otros antes junto a aquel tesoro y no lo habían sabido descubrir? ¿En manos de otros tratantes de perlas preciosas habría estado aquella perla especial y no habrían descubierto su brillo y su valor? Era necesario buscarla con atención, era necesario afinar la sensibilidad para captar entre otras cosas aquel tesoro o el valor de aquella joya.

Decíamos al principio que es necesario saber escuchar con el corazón. Es lo que le pedía el joven Salomón a Dios al comienzo de su reinado. Tener la suficiente sabiduría para escuchar a su pueblo, para discernir lo que en verdad tenía que hacer mejor para gobernar a su pueblo a pesar de su juventud. Le agrada a Dios que le concede esa sabiduría; proverbial es en la historia la sabiduría de Salomón, vendría incluso la reina del Sur, como dice la Escritura, para escuchar su sabiduría.

Es la sintonía que hemos de tener en nuestro corazón. Lo necesitamos en los quehaceres de la vida de cada día, lo necesitamos en nuestro encuentro con los demás, lo necesitamos para saber leer la vida, para saber leer lo que nos sucede, lo necesitamos para discernir entre lo malo y lo bueno. Vivimos en un mundo de confusiones, estamos llegando a un sincretismo terrible porque todo lo mezclamos, todo nos parece bueno, nos dejamos arrastrar por la ultima novedad que aparece en cualquier rincón, todo lo queremos probar.

Es necesario, sí, tener los ojos abiertos en la vida para descubrir el sentido de cuanto nos rodea, pero tener la sabiduría del discernimiento. Tenemos que aprender a hacerlo, tenemos que llenarnos de los valores más nobles y que más nos puedan engrandecer, hemos de tener, si, respeto a los demás y a lo que hacen porque nunca podemos meternos en las intenciones del corazón de los demás, pero tenemos que saber encontrar ese camino de rectitud, no abandonando nunca nuestros valores y nuestros principios.

Escuchar con el corazón es ir logrando esa maduración de nuestro interior, ese crecimiento de nuestro espíritu, es saber leer y escuchar con discernimiento los acontecimientos de la vida que son siempre una hermosa lección para nosotros, es abrir nuestros ojos y nuestros oídos para ver y para escuchar a Dios que nos habla de muchas maneras. Encontraremos esa perla preciosa, ese tesoro escondido por el que merece darlo todo para alcanzarlo, para conseguirlo.

Nos hablaba la parábola también de la red arrojada al mar y que recogía toda clase de peces, pero que luego había que saber bien escoger, para quedarnos con lo bueno, para desechar lo que no nos valen. Por eso, decíamos antes, que no nos valen las mezcolanzas, es tan importante esa virtud del discernimiento.

En nuestras manos tenemos la buena noticia del Reino de Dios que nos ofrece Jesús, pero que tenemos que saber llevar también como buena noticia a los demás. Ojalá seamos capaces de empaparnos de evangelio y lleguemos a vivir intensamente el Reino de Dios para que nos convirtamos en signos de ese Reino de Dios ante nuestro mundo. Será la riqueza de nuestra vida, nuestra salvación.

Sí, que también nuestra vida se convierta en signo del Reino de Dios para los demás. Que a través de nuestros gestos, de nuestras actitudes, de nuestra manera de vivir, de nuestra alegría y nuestro amor, de la esperanza con que vivimos cada momento y de la madurez con que nos enfrentamos a las sombras y problemas que puedan aparecer en la vida, de nuestro entusiasmo y nuestro compromiso, de esa sabiduría con la que hemos envuelto nuestra vida el mundo que nos rodea sea capaz de llegar a descubrir y encontrar ese tesoro.

sábado, 29 de julio de 2023

Hemos de saber valorar nuestras emociones para descubrir los caminos de Dios y convertir nuestras lágrimas en flor de solidaridad con el sufrimiento de los demás

 

Hemos de saber valorar nuestras emociones para descubrir los caminos de Dios y convertir nuestras lágrimas en flor de solidaridad con el sufrimiento de los demás

Éxodo 24, 3-8; Sal 49; Juan 11, 19-27

Hay momentos en la vida en que la emoción puede más que nosotros y, aunque tratamos de controlarnos y disimular por aquello, si somos hombres, de que los hombres no lloran, o simplemente si somos personas mayores, hombre o mujer, no está bien que perdamos la serenidad y nos pongamos en la vida como plañideras – así pensamos muchas veces – sin embargo las lágrimas afloran a nuestros ojos, las emociones se hacen palpables, aunque quizá estemos pensando por dentro que si hubiéramos hecho las cosas de otra manera las emociones no se saldrían de cauce, pero nos damos cuenta de que son necesarias, porque al menos desahogamos la pena o la tristeza que llevamos dentro. Sí, nos suceden cosas así, y vienen las culpabilizaciones porque podríamos haberlo hecho de otra manera, o porque incluso podemos pensar que es un castigo de Dios cuanto nos está sucediendo.

No terminamos de caer en la cuenta que los caminos de Dios son distintos a los nuestros y que Dios nos pueda dar una luz con la que podamos comenzar a ver incluso aquello que no nos parece tan bueno, un camino de Dios que nos está pidiendo algo. Dios también nos habla por medio de esos caminos errados que podamos tomar en un momento determinado, de los errores que cometamos en la vida, o también desde esas mismas emociones que algunas veces tratamos de reprimir.

Se desbordó el corazón de Marta primero y luego también el de María, cosa que incluso se convirtió en sus labios en una queja a Jesús, porque si hubiera estado allí no habría sucedido aquel trance de dolor por el que están pasando. ‘Si hubieras estado aquí…’ fue la queja de ambas hermanas que parece se hubieran puesto de acuerdo, o era algo que aquellos momentos de duelo habrían hablado entre ellas. Con esa les salió Marta al encuentro con Jesús cuando se enteró de que llegaba, y fueron también las primeras palabras de María cuando le avisaron que había venido Jesús.

Pero ya Jesús les había dicho a los discípulos cuando le avisaron de la enfermedad de Lázaro, dándoles claves de interpretación a cuanto estaba sucediendo, de que aquello no era mortal, sino para que se manifestase la gloria de Dios. Por eso ahora la respuesta de Jesús es ‘tu hermano resucitará’. Y no se trata de la resurrección en el último día, como se apresta a confesar rápidamente Marta, sino que será ahora un momento para que se manifieste la gloria de Dios. Solo hace falta una cosa, creer en la Palabra de Jesús, porque el que cree tendrá vida para siempre.

Nos venimos haciendo esta reflexión del evangelio que nos habremos hecho muchas veces porque en este día celebramos la fiesta de santa Marta, la hermana de María de Betania y de Lázaro. Un momento de luz del evangelio que nos ayudará a encontrar sentido y valor a esos momentos que atravesamos muchas veces de dolor, de impotencia quizá antes los acontecimientos que se van desarrollando en nuestra vida, y esos momento en que afloran nuestras emociones que quizás tratamos de medio ocultar, pero que hemos de tratar de saber valorar bien, para descubrir los caminos que Dios va poniendo delante de nosotros.

No es que tengamos que ser plañideras con nuestros gritos desgarradores tratemos de contagiar de nuestra emoción a los que nos rodean, pero no nos ha de acobardar el dejar salir externamente esas emociones por las que pasamos, porque nos pueden ayudar a encausar ese torrente de ternura que muchas veces brota de nuestro corazón.

No temamos emocionarnos en público, no nos importe que afloren nuestras emociones, aparte de que sicológicamente se aflojen muchas tensiones que llevamos en nuestro interior muchas veces reprimidas sino que nos harán presentarnos en ese lado tan humano de la vida en el que somos capaces de sentir como nuestro también el dolor de los demás, de los que están a nuestro lado. Nuestras lágrimas se pueden convertir en flor de solidaridad con el sufrimiento de los demás.

jueves, 20 de abril de 2023

Escuchemos a Jesús dejándonos empapar por su Evangelio, es buena nueva de vida, es buena nueva que nos llena de luz, es buena nueva que nos trae la sabiduría de Dios

 


Escuchemos a Jesús dejándonos empapar por su Evangelio, es buena nueva de vida, es buena nueva que nos llena de luz, es buena nueva que nos trae la sabiduría de Dios

Hechos de los apóstoles 5, 27-33; Sal 33; Juan 3, 31-36

Se supone que hablamos de lo que sabemos; lo que sale por nuestros labios, y estamos haciendo referencia a nuestras palabras, es lo que llevamos dentro, lo que son nuestros pensamientos, que pueden ser nuestros deseos, que pueden ser nuestras experiencias, que puede ser la reflexión que nos hacemos sobre la vida, que puede ser lo que hondamente hayamos rumiado, pensado y reflexionado en nuestro interior; podemos incluso equivocarnos, pero es la sinceridad, o debe ser, de nuestro pensamiento; no hemos incluso de tener miedo de equivocarnos mientras haya una búsqueda sincera, que nos lleve a aceptar la verdad que podamos encontrar en lo que nos ofrecen.

Ya sabemos que hay personas que hablan y hablan y no saben de lo que hablan, están vacíos, pero de todo quieren saber; no reflexionan  hondamente pero de todo quieren opinar y en muchas ocasiones incluso pontificar dándoselas de sabios, pero donde se nota pronto el vacío que llevan dentro. Algo que tenemos que cuidar, algo de lo que también hemos de precavernos para no caer en esas redes ilusorias que nada dicen, nada nos pueden ofrecer.

¿A quien escuchamos? ¿Qué es lo que muchas veces se nos ofrece en nuestro entorno? Da gusto escuchar palabras sabias, palabras que te hacen pensar y reflexionar, palabras que te enriquecen, palabras quizás que te plantean interrogantes no para desorientarte sino para ayudarte a encontrar la verdad, palabras que se te ofrecen con sencillez, pero que van dando lustre a tu espíritu porque le dan hondura a tu vida. No es fácil en ocasiones encontrarlas, porque muchas veces encontramos vacío.

 Palabras que también tenemos que discernir para en medio de la arena encontrar la piedra preciosa. Sin confundirnos, con paciencia y con humildad, poniendo en juego toda nuestra inteligencia para dejar a un lado la escoria. Y eso cuesta, nos exige también esfuerzo, voluntad, constancia, perseverancia.

En Jesús encontramos esa fuente de sabiduría. Cuando decimos que creemos en El es porque en El hemos encontrado esa verdad que nos da vida, nos pone en camino de verdadera plenitud, nos llena de la sabiduría de Dios. Como nos dice hoy en el Evangelio ‘el que viene de lo alto está por encima de todos, el que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra el que viene del cielo está por encima de todos, de lo que ha visto y ha oído da testimonio…’

Ya nos lo repite muchas veces que El viene de Dios y nos viene a trasmitir la sabiduría de Dios. Por algo desde el principio del evangelio de san Juan se nos dice que es la Palabra, que estaba en Dios, que viene de Dios, y que viene como luz y como vida para el mundo. Es la Palabra que ha plantado su tienda entre nosotros. Es la Palabra que tenemos que escuchar y plantar en nuestro corazón. Es la Palabra que nos da vida y nos llena de salvación. Aunque a veces no queremos escucharla, a veces nos cuesta escucharla, porque son muchos los ecos de palabras vacías que resuenan a nuestro alrededor y nos ensordecen.

Hoy nos dice que ‘el que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida’. Y concluye diciéndonos que ‘el que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él’. 

Escuchemos pues a Jesús, dejémonos empapar por su Evangelio. Es buena nueva de vida, es buena nueva que nos llena de luz, es buena nueva que nos trae la sabiduría de Dios. Es quien va a dar verdadero hondura a nuestra vida, verdadero sentido y valor a nuestra existencia.

martes, 22 de noviembre de 2022

Descubramos las señales de esperanza que Dios pone cerca de nosotros, siempre señales de vida, para que no perdamos la paz y serenidad del espíritu en las tormentas de la vida

 


Descubramos las señales de esperanza que Dios pone cerca de nosotros, siempre señales de vida, para que no perdamos la paz y serenidad del espíritu en las tormentas de la vida

Apocalipsis 14,14-19; Sal 95; Lucas 21,5-11

Entender la vida no es tarea fácil. Algunas veces vivimos sin mayor preocupación, las cosas se van sucediendo, seguimos con nuestras rutinas y parece que todo marcha siempre igual, que todo va bien. Parece que vivimos tranquilos. Pero todos sabemos que surgen cosas, ya sea en la vida personal, ya sea en la vida familiar, contratiempos, problemas, dificultades a las que tenemos que enfrentarnos y aunque nos cuesta parece que más o menos nos vamos defendiendo, en nuestra tranquilidad, al menos en la que queremos aparentar, no nos hacemos demasiados planteamientos. Pero ya comenzamos a darnos cuenta que no es fácil.

En el mundo que vivimos hemos pasado, sin embargo, por muchas cosas que algunas veces comienzan a quitarnos el sueño. No ha sido poco lo que hemos vivido con la pandemia de los últimos años, y quizá no hacemos demasiada memoria – recordamos muchas veces lo que queremos – por siempre la humanidad ha pasado por situaciones así; intentamos salir adelante como pudimos, aunque nos hace ya plantearnos muchas cosas sobre la vida misma; como en un momento determinado, por algo que nos podía parecer poca cosa, sin embargo la vida se nos complicó.

Detrás nos ha venido la guerra que, aunque algunos nos dicen que nos queda lejos de nosotros y tratamos de insensibilizarnos, sin embargo vemos que nos está afectando mucho, algunas veces cerrando los ojos a la crueldad y tragedia que en aquellos lugares se vive; pero como a nosotros nos afectan los suministros, comenzamos a llenarnos de miedo. Crisis económica que va aparejada con otras crisis sociales que está viviendo la sociedad actual.

Y comienzan a surgir las preguntas y las respuestas que nos intentan hacer llegar desde muchas partes y con una variedad grande de opiniones. Comienza en el fondo, aunque algunas veces tratamos de disimularlo a aparecer los miedos, los temores, las oscuridades que nos van envolviendo en la vida. ¿A dónde vamos? ¿En qué va a terminar todo? ¿Serán anuncios de catástrofes mayores de destrucción de nuestro mundo? Nos hablan por otro lado de cambios climáticos, hay cosas que no terminamos de entender de la mete reología, y vienen catastrofistas que nos hablan poco menos que del fin del mundo.

Y yo, como creyente, como cristiano, ¿qué tengo que decir a todo esto? ¿Qué respuestas podemos encontrar? ¿Perderemos también la paz y la esperanza? ¿Serán los anuncios apocalípticos de fin del mundo y de todas esas cosas? Y también escucharemos muchas voces, muchas opiniones tantas veces encontradas, con interpretaciones que hacemos para todos los gustos. Es difícil.

El evangelio que vamos escuchando estos días de fin del ciclo litúrgico podría ayudarnos; en ellos podemos encontrar alguna luz que ilumine y despierte nuestra esperanza.

En torno a Jesús se están manifestando diversas opiniones sobre la grandiosidad del templo, que quizás estaban contemplando desde el monte de los Olivos, porque desde allí se tenía una visión espectacular, y Jesús, como quien no quiere la cosa, les dice que todo aquello se vendrá abajo, que no quedará piedra sobre piedra de todo aquel esplendor. Y surgen las preguntas ¿Cuándo va a suceder eso? Pero Jesús nos les responde directamente, aunque todo aquel esplendor del templo y de la ciudad de Jerusalén en pocos años se vendrá abajo, sino que Jesús quiere ir más allá.

En el fondo de las preguntas que se van planteando a Jesús está en el pensar en los últimos tiempos. Jesús de alguna manera lo menciona, pero no para que nos llenemos de más temores, sino para que encontremos caminos de esperanza. Les previene ante los catastrofistas de turno, que con aires de profeta, vendrán trayendo sus confusiones. No los creáis, les viene a decir Jesús. Hay que mantener la calma, no se puede perder la esperanza. ‘Miren en no dejarse engañar por los falsos profetas, les dice, no se asusten que el miedo no les paralice’.

Solo tenemos que dejarnos conducir por el Espíritu de Dios. El mal existe, está ahí, vendrá con todas sus consecuencias de sufrimiento y de muerte, pero nosotros tenemos que saber en quien nos apoyamos, quien nos da fortaleza, quien estará con nosotros para que podamos vencer el mal. Es tiempo de esperanza, de permanecer firmes frente a todo el mal que nos puede rodear y que nos quiere engullir. Tenemos que tener serenidad de espíritu para poder discernir las señales de luz que Dios pondrá en nuestro camino. No siempre es fácil, pero el Señor nos va dejando unas señales.

En medio de todo eso tenemos que descubrir señales de amor y de solidaridad que van surgiendo en nuestro entorno, tenemos que saber descubrir a quienes llevan en verdad luz en el corazón y que pueden ser nuestro apoyo en nuestro caminar; no nos dejemos confundir por luces falaces que nos puedan engañar, sino sepamos descubrir lo bueno, hay mucho bueno alrededor, hay muchas gente que busca el bien y se preocupa de los demás, hay mucha gente solidaria, que tienen que ser un estímulo para nosotros, para mantener nuestra esperanza.

Es lo que tenemos que saber discernir, para que no nos entren los agobios y las angustias y mantengamos la paz en el corazón. Descubramos esas señales de esperanza, que son señales de vida.

 

viernes, 21 de octubre de 2022

Tendríamos que tener una mirada desde el Espíritu de Jesús de aquello que vivimos y nos sucede, para tener esa mirada de Dios y nuestro discernimiento sea mucho más sereno

 


Tendríamos que tener una mirada desde el Espíritu de Jesús de aquello que vivimos y nos sucede, para tener esa mirada de Dios y nuestro discernimiento sea mucho más sereno

Efesios 4, 1-6; Sal 23; Lucas 12, 54-59

La vida no la resolvemos con recetas; aunque hoy estamos acostumbrados a que en la sociedad tenemos establecidos unos protocolos de antemano que nos dicen lo que tenemos que hacer en un momento o en otro, sin embargo en el discurrir de la vida de cada día, donde tenemos que tomar unas decisiones en momentos determinados, tenemos que hacer una elección entre una cosa y otra hemos de ser nosotros con nuestro libre albedrío los que hemos de discernir que es lo que tenemos que hacer. No es fácil, y muchas veces incluso podemos equivocarnos, y eso forma parte de la vida misma, que nos va enseñando de lo mismo que vamos viviendo.

Muchas veces cuesta ese discernimiento porque son muchas las influencias que recibimos, o vemos lo fácil que a otros les resulta, pero llegar al momento de tener que tomar una decisión es algo que se nos puede poner cuesta arriba, pero ahí iremos mostrando nuestra madurez, esa sabiduría que hemos aprendido de la vida misma o de cuanto antes hemos vivido, ahí aparece nuestra capacidad de ponderación para descubrir lo mejor y lo más positivo y así llegar a actuar con la mayor rectitud.

Pero también son muchos los signos y las señales que podemos descubrir en nuestro entorno, saber leer la vida, lo que no es fácil, para llegar a tener unos criterios, que no van a ser protocolos cerrados que nos digan lo que cogemos con una mano o qué hacemos con la otra, sino que está además nuestra libertad personal en esa toma de decisiones, aunque quizá en ocasiones nos pueda parecer que vamos a contracorriente de lo que todo el mundo hace.

Hoy Jesús les habla a los discípulos de los signos de los tiempos, tomando el ejemplo de la propia naturaleza, si hay nubes, si hace sol, si va a hacer bochorno, si vamos a tener tiempo de lluvia. Ya lo hacemos en la vida y eran las señales que nuestros mayores sabían descubrir y que les ayudaba en lo que era el desarrollo de su vida campesina con sus correspondientes siembras y cosechas.

Pero si Jesús nos pone ese ejemplo o nos habla de ello, es para hacernos pensar en algo más hondo. A la gente de su tiempo le costaba entender quien era Jesús, a pesar de los signos y señales que veían que Jesús realizaba, con lo que además se daba cumplimiento a lo anunciado por los profetas. Eran un pueblo con una visión creyente de la vida y sin embargo no supieron ver las señales de la presencia del Hijo del Hombre en medio de ellos.

¿Tendremos nosotros una visión creyente de la vida? ¿Sabremos hacer una lectura creyente, con ojos de fe, de cuanto sucede y nos sucede? No es que vayamos a ponernos fanáticos, como algunos que sacan a relucir las palabras más duras de los profetas, para contemplar lo que hoy nos sucede en nuestra sociedad. Pero sí tendríamos que tener una mirada desde el Espíritu de Jesús de aquello que vivimos, de aquello que nos sucede, para tener esa mirada de Dios, para saber escuchar a Dios que nos puede estar hablando desde esos acontecimientos.

Proféticamente pueden estar llegando palabras a nuestros oídos que nos despierten porque andamos muy adormilados por la vida. No busquemos palabras tremendistas – valga la palabra – sino que escuchemos palabras serenas que nos hagan reflexionar, que nos hagan pensar, que nos hagan tener otra visión de las cosas. Y esas palabras existen, esas palabras las podemos escuchar quizá en boca del que menos pensamos, pero nos pueden hacer llegar un punto de reflexión, de arranque para algo nuevo para nuestra vida.

Son señales, signos que Dios va poniendo hoy también a nuestro lado y que hemos de saber leer y escuchar. Seguro que nuestro discernimiento será mucho más sereno y descubriremos mejor lo que hemos de hacer.

sábado, 11 de junio de 2022

Aprendamos a discernir para descubrir y valorar a tantos a nuestro lado capaces de manifestar también con sus obras las maravillas de Dios

 


Aprendamos a discernir para descubrir y valorar a tantos a nuestro lado capaces de manifestar también con sus obras las maravillas de Dios

Hechos de los apóstoles 11, 21b-26; 13, 1-3; Sal 97; Mateo 5, 33-37

Algunas veces tenemos la tendencia de hacer las cosas solos y no sabemos confiar en nadie; nos parece quizás que nosotros sabemos hacer bien las cosas y que las hacemos mejor y lo tremendo es que no sabemos descubrir los valores de los demás y darles la oportunidad de que ellos desarrollen cuanto valen. Es una buena sabiduría y un signo también de nuestra madurez humana el ser capaces de fijarnos en los otros para saber descubrir cuánto bueno tienen en sí mismos y cuánto podrían desarrollar desde una responsabilidad que le confiemos y no pensar que solo por nosotros mismos seremos capaces de hacerlo todo.

Es la tarea educadora de unos padres que saben descubrir los distintos valores que tienen los hijos y que no son solo lo que nosotros queremos que sean, sino lo que ellos por sí mismo tienen y pueden desarrollar; es la tarea de todo educador y de todo aquel que se considere de alguna manera dirigente de la sociedad; saber discernir, saber descubrir, saber valorar, saber dejar hacer confiando en el otro, saber dejar que cada uno aporte su granito de arena en esa sociedad en la que vivimos.

Alguien al hilo de esta reflexión se podría estar preguntando a qué viene todo esto. Me vais a permitir que lo diga ya así claramente de entrada, es lo que vemos que supo hacer san Bernabé a quien estamos celebrando en este día. Pudiera parecer que hacemos un aparte en la continuidad del texto evangélico que se nos va proclamando en estos días, pero no nos alejamos del espíritu del evangelio cuando contemplamos la obra de san  Bernabé.

El texto escogido en la liturgia de este día nos lo presenta enviado por la comunidad de Jerusalén cuando tienen conocimiento de cómo va creciendo la nueva comunidad de Antioquia. Los Apóstoles atentos a la proclamación del evangelio que les ha confiado Jesús, quieren tener un conocimiento directo de las noticias tan esperanzadoras que llegan de Antioquía y envían a alguien de confianza, Bernabé. El ‘consolado’, lo ha venido a definir previamente el texto de los Hechos, y ya se nos habló de su generosidad para desprenderse de sus bienes a la hora de la conversión y poner todo a los pies de los apóstoles para que se cubrieran las necesidades de aquella Iglesia naciente. Ya vamos viendo una cualidad valiosa de este que sin ser del grupo de los doce, sin embargo es considerado también como un apóstol.

Es en Antioquía desde donde va a resplandecer aun más su figura. Es ‘un hombre lleno del espíritu Santo y de fe’ y sabrá discernir cuánto sucede en aquella comunidad animándolos a todos en su fe. Allí es necesario alguien más y marcha a Tarso a buscar a Saulo para incorporarlo a la predicación y enseñanza en aquella comunidad, dando incluso la cara por Pablo, cuando aún algunos tenían cierta desconfianza en él.

Pero sabrán dejarse conducir por el Espíritu Santo que estando la comunidad en oración sienten como son escogidos para ser enviados a una misión evangelizadora que sería principio de grandes viajes apostólicos. Bernabé se lleva consigo a Saulo - a partir de Chipre ya comenzará a llamársele Pablo -, y también a Juan Tomás, aunque posteriormente él les abandone en su camino para volverse a la comunidad de origen. Será un primer viaje recorriendo gran parte del Asia Menor, donde irá dejando la iniciativa a Pablo, sabiendo hacer ese discernimiento para encontrar al gran apóstol de los gentiles como se le llamará.

A su regreso serán otros los viajes y las tareas que se le encomendarán y subirán a Jerusalén para en aquel primer concilio de los Apóstoles tener también su palabra  desde la experiencia vivida para que el evangelio se abra también a los gentiles sin necesidad de imponerles la ley y las costumbres judías. Será la apertura a nuevos rumbos y a nuevos horizontes de la predicación del evangelio y en lo que tuvo buena parte este apóstol lleno también del Espíritu para discernir lo que era la obra de Dios.

Un estímulo hermoso para nuestra vida, y para la vida de nuestras comunidades cristianas. Ojalá sepamos tener ese espíritu de discernimiento para descubrir la obra de Dios en lo que hacemos, pero también en lo que hacen tantos a nuestro lado que quizá no siempre tenemos en consideración. Desgraciadamente muchas veces andamos con nuestros celos llenos de desconfianzas y desaprovechamos la obra de Dios que se está manifestando en el buen hacer de quien está a nuestro lado y que quizá no le prestamos atención.

Nos quejamos en ocasiones de que nuestras comunidades cristianas están muertas, que no surgen nuevas personas inquietas y con deseos de trabajar, pero quizás los que ya estamos en esas tareas no hemos sabido discernir, estamos llenos de desconfianzas hacia los otros, y no descubrimos cuántos apóstoles pueden estar escondidos a nuestro lado, como verdaderos diamantes en bruto, en personas a las que solamente tendríamos que hacerles una invitación, tener un gesto de cercanía y confianza y ya serían capaces de hacer también las maravillas de Dios en nuestro mundo que tanto lo necesita.