Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta tesoro escondido. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tesoro escondido. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de julio de 2026

No es el peso negativo de las renuncias sino la riqueza de lo que vamos a vivir lo que tiene que poner alegría en nuestra vida con el tesoro del Evangelio que Jesús nos ofrece

 


No es el peso negativo de las renuncias sino la riqueza de lo que vamos a vivir lo que tiene que poner alegría en nuestra vida con el tesoro del Evangelio que Jesús nos ofrece

1Reyes 3, 5. 7-12; Salmo 118; Romanos 8, 28-30; Mateo 13, 44-52

¿Será todo en la vida cuestión de suerte? Parecería que es lo que andamos deseando; se multiplican los juegos de suerte, a ver si nos toca y nos parece que algo así tiene que ser la vida; fijémonos cómo con toda naturalidad nos estamos deseando suerte en lo que emprendamos, en lo que hacemos, en el camino que tomamos, en las decisiones que tenemos que tomar en la vida; pero si no buscamos con seriedad, no nos esforzamos y lo trabajamos, no nos preparamos en todos los aspectos no solo para lo que nos vaya a tocar sino para lo que vamos a ser en primer lugar y hacer en consecuencia, no es cuestión de que estemos esperando a que nos baje un pajarito del cielo y ponga la suerte en nuestras manos. Si no buscamos, ¿qué es lo que vamos a encontrar? Si no nos esforzamos ¿qué es lo que vamos a conseguir? Si no trabajamos ¿qué sentido tiene nuestro vivir?

Jesús nos está hablando del Reino de Dios y nos está explicando en qué consiste o como hemos de hacer para vivirlo. Nos propone parábolas, nos hace explicaciones, nos abre caminos, nos señala cuál es su importancia, nos está marcando los pasos que hemos de ir dando. Nos habló del sembrador y de la semilla, nos hablo de la tierra buena que hemos de preparar y de la realidad cruda que nos vamos a encontrar porque en el mismo campo encontremos el resultado de la buena semilla pero también de las plantas venenosas por así llamarlas que nos vamos a encontrar en una mezcla que pudiera ser confusa, nos habló de la importancia de la semilla en sí aunque nos pareciera insignificante pero que sin embargo nos pueden dar plantas hermosas, nos habló de la levadura que ha de hacer fermentar la masa y ahora nos habla de tesoros escondidos o de perlas preciosas por las que hemos de darlo todo.

Son las parábolas que hemos ido escuchando y las que hoy también nos ofrece. Tener un tesoro a nuestro alcance o una perla preciosa más que una suerte es un regalo que Dios nos está ofreciendo. El evangelio es ese regalo aunque a veces no lo sabemos apreciar o porque andamos entretenidos en otras cosas nos pasa desapercibido porque nos parece escondido. El plan que nos ofrece Dios para nuestra vida no es cualquier cosa que hemos de tomarnos con frivolidad. Pero hemos de tener ojos y oídos atentos, un corazón bien abierto con buena sintonía para poder descubrirlo y saborearlo. Cuando tengamos esa apertura de nuestro corazón llegaremos a entender la sabiduría de vida que encontramos en el evangelio. Y no la podemos desperdiciar, no la podemos dejar pasar, no podemos andar desinteresados por ella.

Las parábolas nos hablan de que aquellos hombres, el agricultor y el comerciante fueron capaces de darlo todo por obtenerla. No era lo importante aquello de lo que tuvieron que desprenderse, de lo que fueron capaces de desprenderse sino de lo hermoso que llegó a sus manos y que no querían perder. Muchas veces cuando pensamos o hablamos de la vida cristiana parece que pusiéramos por delante las cosas que tenemos que dejar y nos olvidamos de la maravilla que se nos ofrece para vivir. Y es que encontrarnos con Cristo y su evangelio es encontrar ese tesoro, esa perla preciosa por lo que tenemos que ser capaces de dejarlo todo para vivirlo. No es el peso de lo negativo sino la riqueza de lo que vamos a vivir.

Es algo en lo que tenemos que detenernos para pensar. Si estamos pensando en aquello de lo que tenemos que desprendernos parece que se nos haría duro y difícil por tantos apegos que tenemos en el corazón; se convierte así nuestra vida cristiana en una lucha tormentosa y es por lo que tantas veces vamos los cristianos por la vida sin alegría, con cara de circunstancias y de sufrimiento. Igual que quien he encontrado algo valioso irá alegre por la vida y a todos se lo irá contando, así tendríamos que ir los cristianos por la vida porque vamos contando una buena noticia, vamos queriendo transmitir algo que nos da mucha alegría en la vida. Algo nos está fallando cuando los cristianos vamos haciendo nuestro camino con caras de tristeza y como si lleváramos un peso insoportable encima de nosotros.

Sin embargo con Cristo hemos encontrado la libertad verdadera porque en El hemos encontrado el perdón de nuestros pecados, con Cristo hemos encontrado el camino de la verdadera felicidad, con Cristo seremos capaces de hacer que nuestro mundo sea mejor, con Cristo se acaban los agobios porque El es nuestra paz y nuestro descanso, con Cristo reverdece la esperanza y florece la ilusión porque vamos llenando nuestro mundo de amor. Y esto no es cuestión de suerte sino de un regalo de amor que Cristo nos ofrece.

miércoles, 30 de julio de 2025

Qué seremos capaces de hacer para buscar y encontrar esa luz de la fe, verdadera sabiduría de nuestra vida, auténtica riqueza espiritual de nuestra existencia

 


Qué seremos capaces de hacer para buscar y encontrar esa luz de la fe, verdadera sabiduría de nuestra vida, auténtica riqueza espiritual de nuestra existencia

Éxodo 34,29-35; Salmo 98; Mateo 13,44-46

¿Qué es lo que verdaderamente consideramos importante? ¿Qué es lo que para nosotros tiene mayor valor? ¿Cuánto estaríamos dispuestos a dar para conseguirlo? Son unas primeras preguntas que nos hacemos para ver por donde anda nuestra onda. Porque también nos puede suceder que nos contentamos con lo que somos o lo que tenemos, que nos parece lo suficientemente bueno y para que vamos a estar volviéndonos locos por conseguir algo distinto, posturas conformistas en las que podemos caer; que también podemos pensar si ya lo que tengo es más o menos válido, para que voy a desprenderme de algo que ahora me está sirviendo ante el interrogante que pueda representar lo nuevo, es quizás la mediocridad en la que me muevo  que no me impulsa a una superación, y sobre todo cuando quizás eso me exija sacrificar algo.

Bueno esto que estamos diciendo nos vale para pensar en muchas cosas que forman parte de nuestra vida. Muchas cosas diferente podemos considerar importantes y por ellas hemos de ser capaces de sacrificarnos. Quien piensa en sus negocios y en sus ganancias, quien puede pensar en lo que son sus posesiones  con las que pretende tener una buena vida sin sobresaltos, quien puede pensar en unas conocimientos y unos estudios que le ayudarán a cultivarse como personas y le puede ayudar a encontrar una sabiduría de la vida, quien puede pensar en la familia y todo lo que entrañan unas relaciones familiares por lo que somos capaces de sacrificarnos porque queremos el bien de la familia o pensamos en el futuro de nuestros hijos con lo que le podamos ofrecer para lograr un puesto en la vida, quien puede pensar en esa sociedad en la que vive y que quiere mejor y que se quiere ser capaz de trabajar por una transformación de esa sociedad.

En cada una de esas facetas podemos o tener que pensar en qué es lo mejor, por lo que merece la pena sacrificarse y luchar, en ese necesario espíritu de superación que tiene que haber en nuestra vida, aunque eso algunas veces nos signifique renuncias y sacrificios en la búsqueda de lo mejor. Forma parte de ese crecimiento humano como personas que todos hemos de anhelar, aunque muchas veces andamos un poco cegados por aquello de la inmediatez y no siempre tenemos la paciencia de esperar para conseguir eso mejor que busquemos.

¿Es el sentido de estas parábolas que hoy Jesús nos propone en el Evangelio? Nos habla de un tesoro escondido que alguien encuentra y que porque no está en su campo buscará todos los recursos que sea para poder adquirir aquel campo y tener derecho a ese tesoro. Como nos habla también de una perla preciosa de gran valor que queremos tener y que somos capaces de desprendernos de todo lo que tenemos para tener los medios necesarios para poder conseguirla.

¿Cuál es ese tesoro que hemos de conseguir o esa perla preciosa que queremos adquirir? Es aquí donde tenemos que hacer nuestra escala de valores. No es que sean malas aquellas cosas que antes mencionábamos y que quisiéramos conseguir en la vida. Pero ahora con la parábola Jesús quiere plantearnos algo mucho más hondo. ¿Cuál es esa verdadera sabiduría de la vida? ¿Le daremos a nuestra fe ese valor de la perla preciosa por la que hemos de saber despojarnos de muchas cosas para poder alcanzarla?

Aquí tiene que entrar en juego también ese sentido espiritual de la vida, porque no todo se puede quedar en lo material, en unas ganancias o en unas riquezas que nos hagan poseer cosas, como si en ello estuviera toda nuestra felicidad. Es bueno que sintamos toda esa alegría y satisfacción por esas cosas conseguidas para lograr ese nuestro crecimiento humano como personas y de aquellos que están a nuestro lado.

Pero hemos de saber encontrar esa luz de la fe que nos va a dar una visión nueva y distinta de la vida, una mayor trascendencia a nuestro ser y a cuanto hagamos, que va a ser motor de nuestro camino, de nuestras luchas y deseos de superación, que nos ayudará a encontrar esos valores que nos ofrece el evangelio para que lleguemos a vivir ese sentido del Reino de Dios, que va a elevar nuestro espíritu para entrar en esa sintonía de Dios en quien encontramos todo el sentido de nuestra vida y nuestra existencia.

¿Qué seremos capaces de hacer para buscar y encontrar esa luz de la fe para nuestra vida, esa luz de la fe que va a ser la verdadera sabiduría de nuestra vida, esa luz de la fe que nos hará encontrar la verdadera riqueza espiritual de nuestra existencia?

martes, 20 de agosto de 2024

Tengamos la confianza de que Jesús no se va a dejar ganar en generosidad, sino que pongamos en El toda nuestra confianza, porque nunca nos sentiremos defraudados

 


Tengamos la confianza de que Jesús no se va a dejar ganar en generosidad, sino que pongamos en El toda nuestra confianza, porque nunca nos sentiremos defraudados

Ezequiel 28, 1-10; Dt 32, 26-36ab; Mateo 19, 23-30 

En la lógica de lo humano que vivimos entra el que deseemos ver el fruto del trabajo de nuestras manos y que contribuya además a una vida digna y mejor cada día; justo es que con el rendimiento del fruto de lo que hacemos podamos ir agenciándonos unos medios que de alguna manera enriquezcan nuestra vida, porque nos dan posibilidades de algo mejor para nosotros pero el poder dedicar nuestra vida sin agobios a una tarea verdaderamente humana.

No está lejos de lo que nos enseña Jesús, pues el mensaje del evangelio no lo hemos de ver solo por partes sino hacer una mirada y una escucha en todo su conjunto; ya nos dirá Jesús que hemos de darle rendimiento a los talentos que poseemos y precisamente condena a quien no supo o no quiso hacerlo, o quizás por medio escondió aquel talento; no era cuestión solo de no perderlo sino de negociarlo, incluso con sus riesgos, para obtener un beneficio mayor.

Una cosa que realmente es necesaria es saber valorar en su punto esos medios materiales y darles un uso que no está lejos de la humanidad con que hemos de vivir la vida no solo en relación a nosotros mismos sino a los demás. Nunca pueden ser un apego de corazón que nos limite o nos esclavice, que cierre nuestra mente con unas ambiciones materiales, o nos haga actuar con avaricia pensando solo en tener por tener sin en verdad disfrutarlo y colaborar también al disfrute de los demás.

Sin embargo nos puede resultar fuerte el texto del evangelio de hoy, pero que sin embargo hemos de saber leer en su conjunto. Fue después del episodio del joven rico que venía con grandes aspiraciones en su corazón, pero que sin embargo su corazón no era totalmente libre porque se sentía muy apegado a lo que poseía. Contemplamos la tristeza de quien no fue capaz de dar el paso, pero contemplamos la mirada de Jesús ante la vuelta atrás de aquel joven que por sus apegos, pudiendo llegar muy lejos, sin embargo se alejaba de Jesús.

Y es la sentencia con que se abre, por así decirlo, el pasaje de hoy del evangelio. ‘En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos’.

¿Imposible? Se preguntan los discípulos. Difícilmente, es lo que dice Jesús. Las jorobas de nuestra vida cargadas de tantas riquezas materiales de las que no queremos desprendernos, no harán nada fácil el paso por la puerta estrecha de las murallas del Reino de los cielos. Ya sabemos que los pesos muertos no nos dejarán caminar, si queremos ascender ligeros a ese monte de Dios, ligeros tenemos que ir de alforjas que siempre lo que harán es entorpecernos el camino.

Es el desprendimiento del que nos habla Jesús; es el buscar el verdadero tesoro, porque el que seremos capaces de abandonar todas las otras riquezas; es ese encontrar el tesoro escondido y hacer todo lo posible por hacernos con El. Es el descubrir esa belleza del evangelio, esa belleza del mensaje de Jesús, aunque al mismo tiempo se nos presente exigente, pero lo que quiere Jesús es que caminemos caminos de plenitud, no caminos de raquitismo.

Ante todas estas consideraciones que les va haciendo Jesús, por allá andan los discípulos más cercanos a Jesús que un día lo dejaron todo por seguirle y estar con El también con sus ambiciones y deseos normales y muy humanos. A nosotros que lo hemos dejado todo, ¿qué nos tocará? Tengamos la confianza de que Jesús no se va a dejar ganar en generosidad, será siempre mucho más lo que El nos ofrezca y nos regale. Pongamos en El toda nuestra confianza, porque nunca nos sentiremos defraudados.

miércoles, 31 de julio de 2024

Estamos al tanto de la última tecnología de última generación, pero nos hemos dejado de preocupar por el tesoro de la buena noticia siempre nueva del evangelio

 


Estamos al tanto de la última tecnología de última generación, pero nos hemos dejado de preocupar por el tesoro de la buena noticia siempre nueva del evangelio

Jeremías 15,10.16-21; Salmo 58; Mateo 13,44-46

Hoy queremos estar a la última; nos enteramos que salió un móvil - celular dicen en otros sitios – de última generación, o cualquier otro aparato electrónico o de informática con no sé cuantas aplicaciones y mejoras – yo ya me he quedado obsoleto en estas cosas – y corriendo vamos a conseguirlo, cueste lo que cueste, porque no nos podemos quedar atrás, porque no podemos ser menos que el amigo que ya lo tiene y va luciéndose por todas partes. Cuánto interés ponemos en estas cosas, cómo somos capaces de gastarnos lo que no tenemos con tal de estar a lo último.

Se me ha ocurrido poner esto tan propio de nuestros días, porque de alguna manera es una traducción de las parábolas que nos propone hoy Jesús en el evangelio, el tesoro encontrado en el campo, o la perla preciosa que hemos descubierto; en fin de cuentas tenemos hoy todos esos ‘aparatejos’ electrónicos como un gran tesoro para nuestra vida en virtud de cuantas cosas nos ofrecen y de las utilidades que tienen en la vida de hoy. Aquellos de la parábola eran capaces, como nos dice Jesús, de vender cuanto tenían con tal de conseguir aquel tesoro. Claro que hoy no solo es todo eso de la tecnología, de la que hemos venido hablando, sino también pensemos que, como se suele decir, vendemos el alma al diablo por algunas satisfacciones, por cosas que decimos que nos hacen felices, o muchas veces por dar esa apariencia de poder y de grandeza que manifestamos en tantas cosas de la vida.

Pero Jesús nos está diciendo que quien encuentra un sentido para su vida es como quien está encontrando un tesoro; nos habla del reino de Dios, del reino de los cielos. Es el gran mensaje que Jesús nos está presentando desde el inicio de su predicación. Y ya nos decía desde el principio cómo tendríamos que desprendernos de muchas cosas para poder creer y aceptar esa buena noticia que El nos estaba presentando. Convertíos, nos decía, para creer en la Buena Noticia.

Y esa Buena Noticia era hablarnos del Reino de Dios; no era hablar de un reino nuevo que había de establecerse en Israel para recuperar su soberanía; era la imagen que los confundía, y cuando comprendían que Jesús no iba precisamente por ese camino muchos le rechazaron. Ese Reino de Dios que Jesús les anunciaba era algo mucho más hondo porque era algo que había de realizarse en lo más hondo de la vida; era descubrir un sentido nuevo de la vida donde el único Señor de nuestra vida sería Dios, por eso lo llamaba reino de Dios.

Pero es que cuando se descubría esto, se estaba descubriendo un sentido más grandioso de la persona, se estaba queriendo recuperar la verdadera dignidad y grandeza de la persona que no podía quedarse en apariencias ni vanidades, ni en ritos ni en cumplimientos. Por eso nos está hablando de que ese sentido tiene su raíz en el amor; desde el amor que Dios nos tiene y desde el amor que en consecuencia hemos de tenernos los unos a los otros. Y amarnos es respetarnos, y valorarnos, y buscar el bien de la persona y respetar siempre su dignidad, es engrandecernos por dentro desde la generosidad con que vivamos la vida y nuestras relaciones con los demás, es buscar la verdadera felicidad, la que nos llena de satisfacciones por dentro y que nos conducen a una plenitud.

Descubrir todo esto es en verdad descubrir un tesoro, y quien encuentra el tesoro lo querrá tener consigo siempre. Por él lo daríamos todo. Ojalá tuviéramos tanto interés por encontrar ese sentido de la vida, como tenemos interés por estar al día en las últimas tecnologías o las últimas cosas que se lleven en el momento presente, ya sean las modas, ya sea las músicas, ya sean las últimas cosas que nos salgan en las redes sociales.

¿Aprenderemos algún día a valorar en todo su sentido el evangelio? ¿Pondremos todo el interés del mundo por escuchar el mensaje de la palabra de Dios igual que estamos al tanto de la última canción o del último concierto que nos da el artista del momento? ¿Prestaremos la misma atención al mensaje de la palabra de Dios como el interés que mostramos por escuchar y seguir al último ‘influencer’, o como se diga, del momento?

miércoles, 2 de agosto de 2023

Tenemos que darlo todo para comprar aquel campo que contiene el tesoro escondido, tenemos que darlo todo para vivir la alegría más honda de nuestra vida

 


Tenemos que darlo todo para comprar aquel campo que contiene el tesoro escondido, tenemos que darlo todo para vivir la alegría más honda de nuestra vida

Éxodo 34,29-35; Sal 98; Mateo 13,44-46

Siempre en la vida nos encontramos con cosas, con momentos, con acontecimientos, con personas que nos dan alegría.  Un acontecimiento inesperado que nos sorprende y que puede ser motivo de nuevas cosas para mi vida, nos llena de alegría; una buena noticia de algo que le ha sucedido a alguien y le ha dado mucha alegría, nos llena a nosotros de alegría también; la solución de unos problemas que teníamos enconados en la vida y que parecía que no tenían salida, nos da alegría; una buena cosecha, la consecución del fruto de unos trabajos y de unos esfuerzos, el alcanzar unas metas que nos habíamos propuesto, nos llena de alegría; el contemplar a alguien que es muy feliz y se siente realizada con lo que hace y con lo que ha conseguido, nos llena de alegría también… así podíamos seguir haciendo una lista grande de cosas que nos motivan, nos llenan de alegría, e incluso nos sentimos como impulsados a compartirlo con los demás para que participen también de esa misma alegría.

Hoy nos habla Jesús en la parábola del hombre que trabajando el campo de pronto se ha encontrado un tesoro escondido en él; se llena de alegría, nos dice el relato de la parábola, y va a conseguir los medios necesarios para adquirir aquel campo y con ello conseguir para sí el tesoro en él escondido. Jesús hace la comparación con esta parábola de lo que es el Reino de los cielos; en cierto modo nos está hablando de la alegría de encontrar el tesoro de la fe, el tesoro del evangelio, en una palabra, del encuentro con Jesús y su salvación.

Descubrir el mensaje del evangelio, tener un encuentro vivo con Jesús es algo profundo que sucede en nuestra vida y nos vamos a sentir totalmente transformados por ese encuentro y ese mensaje. Es encontrar luz para la vida; por eso el evangelio nos hace la comparación, incluso con palabras del profeta, que la aparición de Jesús de Nazaret por los pueblos y aldeas de Galilea fue como el aparecer una luz grande que iluminó aquellas tinieblas en que vivían. Con la presencia de Jesús algo nuevo se estaba sintiendo en aquellos lugares, en aquellas personas; querían seguir a Jesús, querían estar con El, querían escuchar su Palabra, se iban conviviendo en sus discípulos. Su vida se transformaba; Jesús había pedido conversión para creer y para aceptar aquella buena noticia que les estaba llegando.

¿Será en verdad para nosotros el encuentro con el evangelio y con Jesús algo semejante? ¿Sentiremos que en verdad hay una luz nueva que nos está iluminando y entonces haciéndonos ver las cosas de forma distinta – la luz nos hace descubrir lo más bello de la realidad – y trasformando nuestra vida que ya no será distinta?

Tenemos que redescubrir la alegría que produce en nosotros nuestra fe. Tenemos que despertar nuestra fe para que en verdad produzca esa alegría en nuestra vida. No podemos ser cristianos tristes; tenemos que ser los que creemos en Jesús los que vivimos la más intensa y profunda alegría. Yo tengo un gozo en el alma, recuerdo un canto que hacíamos hace unos años en la catequesis y en las celebraciones. Sí, tenemos un gozo en el alma, el gozo y la alegría que despierta en nosotros nuestra fe, nuestro encuentro vivo con Jesús; es la alegría de ser cristiano que llevamos con el mayor orgullo del mundo, y aquí el orgullo sí que no es pecado.

Tenemos que darlo todo para comprar aquel campo que contiene el tesoro escondido; tenemos que darlo todo para vivir la alegría más honda de nuestra vida; tenemos que darlo todo para vivir con alegría y con gallardía nuestra fe, dando testimonio valiente, contagiando de nuestra alegría a los demás.

jueves, 20 de abril de 2023

Escuchemos a Jesús dejándonos empapar por su Evangelio, es buena nueva de vida, es buena nueva que nos llena de luz, es buena nueva que nos trae la sabiduría de Dios

 


Escuchemos a Jesús dejándonos empapar por su Evangelio, es buena nueva de vida, es buena nueva que nos llena de luz, es buena nueva que nos trae la sabiduría de Dios

Hechos de los apóstoles 5, 27-33; Sal 33; Juan 3, 31-36

Se supone que hablamos de lo que sabemos; lo que sale por nuestros labios, y estamos haciendo referencia a nuestras palabras, es lo que llevamos dentro, lo que son nuestros pensamientos, que pueden ser nuestros deseos, que pueden ser nuestras experiencias, que puede ser la reflexión que nos hacemos sobre la vida, que puede ser lo que hondamente hayamos rumiado, pensado y reflexionado en nuestro interior; podemos incluso equivocarnos, pero es la sinceridad, o debe ser, de nuestro pensamiento; no hemos incluso de tener miedo de equivocarnos mientras haya una búsqueda sincera, que nos lleve a aceptar la verdad que podamos encontrar en lo que nos ofrecen.

Ya sabemos que hay personas que hablan y hablan y no saben de lo que hablan, están vacíos, pero de todo quieren saber; no reflexionan  hondamente pero de todo quieren opinar y en muchas ocasiones incluso pontificar dándoselas de sabios, pero donde se nota pronto el vacío que llevan dentro. Algo que tenemos que cuidar, algo de lo que también hemos de precavernos para no caer en esas redes ilusorias que nada dicen, nada nos pueden ofrecer.

¿A quien escuchamos? ¿Qué es lo que muchas veces se nos ofrece en nuestro entorno? Da gusto escuchar palabras sabias, palabras que te hacen pensar y reflexionar, palabras que te enriquecen, palabras quizás que te plantean interrogantes no para desorientarte sino para ayudarte a encontrar la verdad, palabras que se te ofrecen con sencillez, pero que van dando lustre a tu espíritu porque le dan hondura a tu vida. No es fácil en ocasiones encontrarlas, porque muchas veces encontramos vacío.

 Palabras que también tenemos que discernir para en medio de la arena encontrar la piedra preciosa. Sin confundirnos, con paciencia y con humildad, poniendo en juego toda nuestra inteligencia para dejar a un lado la escoria. Y eso cuesta, nos exige también esfuerzo, voluntad, constancia, perseverancia.

En Jesús encontramos esa fuente de sabiduría. Cuando decimos que creemos en El es porque en El hemos encontrado esa verdad que nos da vida, nos pone en camino de verdadera plenitud, nos llena de la sabiduría de Dios. Como nos dice hoy en el Evangelio ‘el que viene de lo alto está por encima de todos, el que es de la tierra es de la tierra y habla de la tierra el que viene del cielo está por encima de todos, de lo que ha visto y ha oído da testimonio…’

Ya nos lo repite muchas veces que El viene de Dios y nos viene a trasmitir la sabiduría de Dios. Por algo desde el principio del evangelio de san Juan se nos dice que es la Palabra, que estaba en Dios, que viene de Dios, y que viene como luz y como vida para el mundo. Es la Palabra que ha plantado su tienda entre nosotros. Es la Palabra que tenemos que escuchar y plantar en nuestro corazón. Es la Palabra que nos da vida y nos llena de salvación. Aunque a veces no queremos escucharla, a veces nos cuesta escucharla, porque son muchos los ecos de palabras vacías que resuenan a nuestro alrededor y nos ensordecen.

Hoy nos dice que ‘el que Dios envió habla las palabras de Dios, porque no da el Espíritu con medida’. Y concluye diciéndonos que ‘el que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios pesa sobre él’. 

Escuchemos pues a Jesús, dejémonos empapar por su Evangelio. Es buena nueva de vida, es buena nueva que nos llena de luz, es buena nueva que nos trae la sabiduría de Dios. Es quien va a dar verdadero hondura a nuestra vida, verdadero sentido y valor a nuestra existencia.

miércoles, 27 de julio de 2022

Dejémonos sorprender por el evangelio porque es el más hermoso tesoro que podemos encontrar para nuestra vida, con Jesús siempre llegaremos a la plenitud

 


Dejémonos sorprender por el evangelio porque es el más hermoso tesoro que podemos encontrar para nuestra vida, con Jesús siempre llegaremos a la plenitud

Jeremías 15,10.16-21; Sal 58; Mateo 13,44-46

Todos queremos encontrar el tesoro. Son nuestros sueños, los que tenemos todos los días. Hace unos días un amigo me decía que mala suerte había tenido; yo pensaba que le había pasado alguna desgracia, algún accidente, y me cuenta, por un número no se había sacado la primitiva; no sé como es eso de si por un número o no dejas de sacarte un premio, no ando yo muy ducho en estas cosas, pero las gentes son especialistas en esto de los juegos de la suerte. Estamos a ver si nos encontramos el tesoro fácilmente, que la suerte nos acompañe.

Pero, ¿qué es un tesoro en la vida? ¿Una joya preciosa de gran valor? ¿Una herencia que no esperábamos y que la tía de turno nos dejó? ¿Algo que voy a acumular y ya me va a dar la felicidad para siempre?  ¿Un dinero que tendré ahí acumulado y con sus intereses ya voy a vivir con toda comodidad sin preocuparme de nada? ¿Nos quedaremos solo en lo material? ¿Buscaremos otros tesoros?

Eso es lo serio y lo importante, pero lo triste es que no todos quizá lo vemos así. Y así andamos tan ciegos detrás de la suerte. ¿Algo quizá por lo que tengo que luchar y buscar? Algo de eso puede haber, pero hay algo quizás mucho más misterioso y grandioso. Porque quizás andaremos buscando motivos y razones para ser felices, y eso está bien y también quiere el Señor que seamos felices. ¿Pero no será algo mucho más hondo que sea lo que en verdad le dé un valor y sentido a mi vida? ¿Será algo que me va a llevar a una plenitud de vida con lo que yo realmente me halle plenamente realizado?

Hoy nos habla Jesús en el evangelio con parábolas de tesoros encontrados y de perlas preciosas que podemos conseguir. Y nos habla de que quien ha encontrado el tesoro buscará la forma de poseer aquel campo donde esta escondido para poder hacerse con él; o nos hablará de quien es capaz de vender todo lo que tiene para adquirir aquella joya tan maravillosa.

¿Suerte? ¿Regalo? ¿Fruto de un esfuerzo? ¿Un atento esfuerzo y un discernimiento por descubrir lo que realmente valen aunque tenga que desechar algunas cosas que pudieran ser buenas también?

Y Jesús cuando nos está proponiendo estas parábolas lo hace queriendo hablarnos de lo que realmente tiene que ser el Reino de Dios en nuestra vida, algo por lo que hemos de ser capaces de darlo todo. Encontrar lo que en verdad significa el Reino de Dios es encontrar un tesoro, es encontrar la más maravillosa joya para mi vida. ¿No había comenzado Jesús su predicación invitándonos a cambiar y transformar nuestra vida para creer en la Buena Nueva del Reino de Dios?

Es lo que significa para nosotros el encuentro con Jesús. Encontrarse con Jesús es una buena noticia, la mejor buena noticia que nosotros podamos recibir. Pero nos hemos acostumbrado y ha dejado de ser buena noticia para nosotros. Ya la fe no es esa alegría que inunda y transforma totalmente nuestra vida. Hemos caído en las rutinas, ya no nos preocupamos por encontrar ese tesoro; lo hemos sustituido por otros tesoros que nos pueden parecer más grandiosos pero que serán siempre efímeros y caducos.

Tenemos que dejarnos sorprender por el evangelio, tenemos que dejarnos sorprender por el encuentro con Jesús; tenemos que aprender a darle vida de verdad a lo que hacemos y a lo que vivimos; tenemos que aprender a sentir esa alegría honda del evangelio que hemos encontrado allá en lo más hondo de nosotros mismos.

jueves, 21 de octubre de 2021

Necesitamos dejarnos abrasar por ese fuego del amor divino que transformará nuestra vida, transformará nuestro mundo, en un hombre nuevo, en una tierra nueva

 


Necesitamos dejarnos abrasar por ese fuego del amor divino que transformará nuestra vida, transformará nuestro mundo, en un hombre nuevo, en una tierra nueva

Romanos 6, 19-23; Sal 1; Lucas 12, 49-53

Como que hablar de fuego ahora en estos momentos en nuestras islas cuando la lava del volcán se está devorando el territorio de una isla con la consiguiente destrucción que se está produciendo y las angustias que se están generando no parece que sea lo más agradable. Pero es la realidad que estamos viviendo y que tenemos que afrontar y nos puede servir de punto de apoyo para entender lo que Jesús nos está queriendo decir hoy en el evangelio.

Además de ese aspecto destructivo que ahora contemplamos, en la vida sin embargo utilizamos muchas veces la imagen del fuego para querer expresar significativamente también muchas cosas que pueden ser hermosas para nosotros. El fuego tiene también ese sentido purificador cuando echamos en él lo inservible para indicar también como tenemos que desprendernos de cosas que nos atan y nos impiden vivir en total libertad. Pero es el fuego también lo que expresa la pasión que podemos llevar en nuestro corazón y que se transforma en amor, y expresa también el ardor y la intensidad que ponemos en la vida que amamos o cuando queremos alcanzar algo que consideramos importante para nosotros.

Aquella imagen de la lava ardiente y de destrucción que todo lo va transformando a su paso sin embargo en esa misma isla en otros tiempos no tan lejanos fue crecimiento de su propia superficie que trabajada con tesón transformó aquel terrenos inhóspitos en riqueza de una floreciente agricultura. En el fuego del crisol tenemos que pensar también se purifican los más hermosos metales y con su ayuda se elaboran las más hermosas joyas.

Y Jesús nos dice hoy que ha venido a traer fuego a la tierra y lo que quiere es que arda. Una imagen que tiene todo su sentido cuando comenzamos a entender todo lo que significa el mensaje de Jesús. Encontrarnos con Jesús y escuchar su mensaje dejando que llegue a nuestro corazón es lo más grande que nos puede suceder. Ya nos hablará en otros momentos del tesoro escondido y la joya preciosa por la que merece la pena venderlo todo para adquirirlos. Y eso en verdad significa nuestro encuentro con Jesús, que se convierte como en un volcán en nuestro corazón que ya no podremos detener, porque quien se ha encontrado de verdad con Cristo ya su vida no es igual, corre como ese fuego impetuoso al encuentro de los demás para llevar esa Buena Noticia, corre al encuentro con su mundo para transformarlo según esos nuevos valores que descubrimos en el evangelio.

Quien se ha encontrado con la verdad del evangelio, quien tiene la experiencia de encontrarse con Cristo allá en lo más hondo de sí mismo se siente impulsado a algo nuevo, siente ese fuego dentro de si para con coraje y energía meterse de lleno en la transformación de la vida, en la transformación de nuestro mundo.

Claro, que habrá quien no lo entenderá y llamará loco al que así actúa; el loco de Dios fue san Juan de Dios cuando escuchó la Palabra de Dios en su corazón y se lanzó por las calles como un loco a comunicar esa buena noticia de que Dios nos ama. Por eso Jesús ya nos anuncia que su presencia y su Palabra pueden producir división, porque unos se decantarán a favor pero habrá, incluso entre los mismos más cercanos a nosotros, quienes se pongan en contra.

Necesitamos una cosa, dejarnos abrasar por ese fuego del amor divino. Transformará nuestra vida, transformará nuestro mundo.

 

viernes, 7 de agosto de 2020

Queremos la felicidad pero busquemos el camino por el que haciendo felices a los demás podemos todos disfrutar de la dicha del amor

 

Queremos la felicidad pero busquemos el camino por el que haciendo felices a los demás podemos todos disfrutar de la dicha del amor

Nehemías 2, 1, 3; 3, 1-3, 6-7; Salmo: Dt 32; Mateo 16, 24-28

Tenemos que reconocer que nos gusta una vida cómoda y fácil; cuando nos llegan los momentos de los sacrificios, de apretarnos el cinturón, de ver que no podemos conseguir todo aquello que ansiamos o que nos han prometido poco menos que nos ponemos de mal humor y parece que la vida se nos hace insoportable y no merece la pena vivirla.  Nos han hablado tanto de la sociedad del bienestar que nos hemos llenado de tantas ilusiones y fantasías que cuando nos vienen situaciones, por ejemplo, como la que estamos padeciendo ahora poco menos que nos angustiamos y parece que el mundo se nos cae encima.

No digo que no tenemos que desear la felicidad y luchar por alcanzarla de la mejor manera posible, pero también tenemos que decir que tengamos cuidado nos confundamos en lo que verdaderamente nos da la felicidad y no busquemos una felicidad honda y estable, sino momentos efímeros que pronto se evaporan. Pero ya ahora mismo en ese deseo de felicidad que tenemos hemos hablado también de lucha, que no son guerras, sino esfuerzos, caminos de superación, búsqueda de verdad de lo que nos puede hacer felices y entonces quizá tengamos que dejar de lado cosas que nos parecían que nos podían dar la felicidad pero nos damos cuenta de que por ahí no está el camino de esa verdadera plenitud de la persona.

Si vamos siguiendo el hilo de esta reflexión comprenderemos mejor las palabras de Jesús que hoy le hemos escuchado en el evangelio. Quizá sea un evangelio que en una primera apariencia nos parezca duro y que Jesús se nos está poniendo con unas exigencias que no terminamos de comprender. Ya hemos dicho que para conseguir esas metas y esos ideales tenemos que luchar, esforzarnos, hacer caminos de superación.

¿Y que es lo que nos está pidiendo hoy Jesús en el evangelio? No lo veamos con un sentido negativo, sino démonos cuenta de que para llegar a esa meta necesitamos crecer, y crecer significa también dejar atrás muchas cosas de niño que no nos valen como adultos. Crecer duele muchas veces porque el camino de superación es exigente, es cierto, pero lo importante es que veamos la felicidad de una plenitud del ser, una plenitud de vida donde hemos desarrollado todo lo mejor de nosotros mismos dándole brillo a esas perlas preciosas que hay en nuestra vida en esos valores que vivimos.

Jesús hablaba de un tesoro escondido que alguien un día se encontró en un campo; quería tener aquel tesoro, deseaba tener aquel campo para hacerse dueño del tesoro, pero para comprar aquel campo vendió todo lo que tenía. Renunció a unas cosas para tener algo mejor.

Nos encontramos con ese tesoro que es Cristo, que es su evangelio, y tenemos que ser capaces de valorarlo como lo más importante de nuestra vida, y que merece la pena todos los sacrificios que tengamos que hacer por poseer ese tesoro. Jesús hoy nos habla de negarse a sí mismo, de renunciar a algo para obtener lo mejor, de ser capaces de olvidarnos de nosotros mismos cuando nos damos cuenta lo felices que somos cuando nos damos por los demás, de arrancarnos de nuestros egoísmos y nuestros orgullos para sentir y disfrutar del gozo del amor cuando todos nos sentimos hermanos y vemos los felices que pueden ser los demás y lo felices que nosotros llegamos a ser haciendo felices a los que nos rodean.

No son negaciones por negaciones, no son cruces por si mismas como si sádicamente amaramos el dolor, es descubrir el tesoro y hacer todo lo posible por alcanzarlo. Es descubrir la verdadera grandeza del amor y ser capaces de amar con ese amor de entrega y de donación por los demás porque lo que queremos es que todos amen, que todos nos amemos, y que todos seamos verdaderamente felices disfrutando del amor que recibimos de los demás. Seremos nosotros entonces de verdad felices porque aunque nos cueste arrancarnos de nuestro yo egoísta vemos muy felices a los demás.

domingo, 26 de julio de 2020

Aprendamos a detenernos y hacer silencio para estar atentos y poder encontrar el tesoro de la sabiduría de Dios




Aprendamos a detenernos y hacer silencio para estar atentos y poder encontrar el tesoro de la sabiduría de Dios

1Reyes 3, 5. 7-12; Sal 118; Romanos 8, 28-30; Mateo 13, 44-5
Frente a lo que habitualmente se piensa el hombre sabio no es de muchas palabras. Podríamos pensar que la sabiduría está en haber adquirido multitud de conocimientos sobre todas las ciencias y sobre todas las cosas, pero quizá esa multitud de saberes acumulados nos pueden dispersar y hacer que no nos centremos en lo más profundo del ser y de la vida.
La persona que rumia en silencio los aconteceres de la vida, lo mismo que esa cantidad de información o de conocimientos que pueda ir recibiendo será el que sabrá hacer una lectura certera de la vida y la que nos puede dar la pauta llena de sabiduría de lo que tenemos que no solo hacer sino sobre todo ser. Será el que tiene visión profética de las cosas, pero en ese silencio sabrá descubrir la visión de Dios, el sentido de lo que hacemos y el verdadero valor de nuestra existencia.
Hemos escuchado en la primera lectura que hoy se nos ofrece la oración de Salomón al Señor. No pide riquezas ni grandezas, pide saber estar atento, saber escuchar a su pueblo para poder discernir entre el bien y el mal y tener la sabiduría de saberlo gobernar. Estar atento, dice, porque el que está atento observa, escucha, mira con mirada distinta, es capaz de descubrir lo que verdaderamente es esencial.
En un librito que ha circulado mucho en los últimos años, ‘El principito’, hay una frase que casi como hoy diríamos se ha convertido en viral, ‘lo esencial es invisible a los ojos’. No es la mirada desde el exterior sino la mirada interior, no es solo lo que los ojos de la cara nos puedan señalar, sino lo que descubramos desde los ojos de nuestra interioridad lo que nos hará descubrir lo verdaderamente esencial, la verdadera sabiduría.
En este sentido podemos decir que van las parábolas que nos propone el evangelio. Nos habla del hombre del campo que encuentra un tesoro o del comerciante en perlas finas que encuentra una de gran valor. Podríamos decir que tanto en uno como en otro se prevé una atención y una búsqueda. Algo que parece al azar, que podemos considerar como un regalo que lo encontremos, pero que también presupone, repito, esa atención, porque podemos tenerlo a nuestros pies o incluso en nuestras manos y no verlo. Cuántas veces materialmente incluso nos suceden cosas así. Pero aquí estamos queriendo hablar de eso esencial, como se decía en el libro citado, que es invisible a los ojos.
Pero el tema no está solo en encontrarlo sino en convertirlo en la riqueza de nuestra vida. Tanto uno como otro en la parábola vendieron todo lo que tenían para conseguir aquel campo con el tesoro o para comprar aquella perla preciosa. Hay un detalle, para conseguir lo mejor tenemos que saber desprendernos de aquello que tenemos aunque lo consideremos muy bueno; pero si lo que vamos a conseguir es mejor, bien merece la pena ese desprendimiento. Es de hombre sabio, y volvemos con el tema de la sabiduría, el saberlo hacer, el saber conseguir ese preciado tesoro.
Todos estamos entendiendo a lo que se refiere ese tesoro. Ya Jesús al proponerlos estas parábolas no está haciendo la comparación con el Reino de Dios. Llegar al Reino de Dios es hacer como aquel hombre del campo, como aquel comerciante. Encontrarnos con el mensaje del Evangelio es la mayor riqueza que puede encontrar el hombre. Es que en Jesús tenemos todo el sentido y el valor de nuestra vida. Qué importante esa búsqueda de nuestra fe, qué importante que en verdad lleguemos a sorprendernos con el mensaje de Jesús, qué importante entonces que nos dejemos impregnar por el mensaje del evangelio. Malo sería que tanto nos hubiéramos acostumbrado de manera que ya no nos sorprenda, ya no nos diga nada.
Claro que sí, tendremos que desprendernos de muchas cosas para conseguir ese tesoro escondido. No podemos decir que nos hemos encontrado con Jesús en nuestra vida como sentido de nuestra existencia y que sigamos viviendo de la misma manera. Por eso no olvidemos que Jesús desde el principio nos está diciendo que hemos de convertirnos para creer en esa Buena Nueva que se nos anuncia.
Por eso necesitamos hacer ese silencio interior para poder escuchar, para poder saborear esa sabiduría de Dios. Y hacer silencio en nuestro interior nosotros lo llamamos oración, porque es abrir nuestro corazón a Dios. Y esa oración no es cuestión de muchos rezos o muchas palabras – es quizá nuestro gran fallo - sino quedarnos en silencio saboreando esa presencia de Dios para llenarnos así de su sabiduría. Tenemos que aprender a hacer verdadera oración, tenemos que aprender a hacer silencio, porque solo así podremos escuchar a Dios, así podremos discernir en verdad lo que es la voluntad de Dios, el plan de Dios para nuestra vida y nuestro mundo.
Podríamos seguir diciendo muchas más cosas, pero vamos a detenernos y a hacer silencio. Solo así podremos estar atentos y encontrar ese verdadero tesoro.

domingo, 8 de septiembre de 2019

Ser cristiano es haber encontrado el tesoro escondido que es Jesús y el evangelio y estar dispuesto a todo por vivirlo


Ser cristiano es haber encontrado el tesoro escondido que es Jesús y el evangelio y estar dispuesto a todo por vivirlo

Sabiduría 9, 13-19; Sal 89; Filemón 9b-10. 12-17; Lucas 14, 25-33
Necesitamos tener criterios claros en la vida para no andar dando bandazos de un lado para otro, sentirnos frustrados porque no alcanzamos nuestras metas, sentir quizá el fracaso de que lo intentamos pero no sabíamos bien a donde queríamos ir y por una parte nos sentimos desorientados o no tenemos las fuerzas ni los medios para conseguirlo.
Tener criterios claros significa saber bien a lo que aspiramos pero de alguna manera ver las fuerzas o los medios con los que contamos. Cuando estamos seguros, tenemos clara la meta o los objetivos y consideramos que aquello que buscamos es la mejor y mayor riqueza que podamos obtener, ya pondremos todo nuestro esfuerzo, ya buscaremos los medios, las orientaciones, los caminos para lograrlo.
Claro que eso significará tener que dejar a un lado aquello que no es tan importante para centrarnos en lo que merece la pena. Para comprar, por ejemplo, una propiedad que anhelamos, haremos sacrificios por un lado o por otro sabiendo que lo que vamos a conseguir es lo mejor y que merece la pena. El que estudia y quiere conseguir un carrera universitaria que él ve como la vocación de su vida donde pueda en verdad realizarse, tendrá que poner todo su esfuerzo, renunciando incluso a momentos buenos cuando tiene que rendir de una materia, pero sabe que aquello es el sueño de su vida y merece la pena todo ese esfuerzo. Y así en tantas cosas de la vida.
Quizá llegue el momento en nuestra reflexión de preguntarnos si tenemos criterios claros en lo que comporta el seguimiento de Jesús. ¿Es en verdad Jesús ese tesoro escondido por el que merece venderlo todo, como nos dirá Jesús en otro momento del evangelio? Es importante este planteamiento porque es cuando adquieren todo su sentido las palabras que le escuchamos hoy a Jesús en el evangelio.
Ser cristiano no es una religión en la que simplemente se nos pide que renunciemos a cosas y más cosas así porque si. Quizá ha sido la confusión que muchos hemos tenido en nuestra cabeza y es la razón por la que tantos abandonan y ya no les dice nada lo de ser cristiano. Es una opción que hacemos por Jesús y por el Reino de Dios que El nos anuncia. Pero tenemos que ver que es importante, pero no con una importancia cualquiera. Tantas cosas que vemos importantes en la vida pero que en un momento nos decidimos por unas y en otro momento elegimos otras. El seguimiento de Jesús tiene una radicalidad mayor.
Tampoco es que digamos que somos cristianos porque lo hemos sido de toda la vida, por eso fue lo que me enseñaron, esa fue la religión de mis padres y de mis antepasados y solamente lo vemos como una tradición más que hay que seguir. Escuchando en estos días declaraciones y comentarios que se hacen desde los medios de comunicación con motivo, por ejemplo, de las fiestas de la Virgen o del Cristo que se proliferan en estos meses por todas partes, las gentes o los comentaristas de los medios hablaban de por qué iban a aquellos santuarios en estas ocasiones.
Respuestas de las más variadas con muy buena voluntad, que si es la fe que le tengo a esta Virgen o este Cristo que es muy milagroso, que si lo hacemos por devoción y como un sacrificio que ofrecemos, que así nos lo enseñaron nuestros padres y nosotros lo hemos hecho siempre, que son unas tradiciones que no hemos de perder, y no digamos nada en los que van por la fiesta o simplemente por pasarlo bien y hasta como un deporte. No me lo invento, lo he escuchado hoy mismo. Sin quitar la buena voluntad de estas personas ¿vemos aquí unas convicciones profundas sobre lo que es el ser cristiano y lo que nos dice el Evangelio para hacer un seguimiento total de Jesús con toda mi vida?
¿Significa que nos hemos encontrado con Jesús como la verdadera luz de mi vida, mi única salvación? Es que tenemos que ver que es lo que en verdad significa creer, creer en Jesús, decir que soy cristiano. Un nuevo sentido de vivir que me hace entrar en otra orbita de relación con Dios, pero también de relación con los demás y con el mundo en el que vivo.
Claro eso significará clarificar muy bien los criterios que tengo en la vida, purificando, cambiando si es necesario para emprender ese camino nuevo que se nos ofrece. Tendré que desprenderme mi yo, de mis antiguos criterios, de otras formas de vivir la vida, pero lo hago por conseguir lo mejor, por vivir lo mejor que es lo que encuentro en Jesús. Ya mencionábamos antes lo de venderlo todo para conseguir el tesoro escondido pero que hemos encontrado. Ahí nos dice Jesús que tenemos que aprender a decir no, a renunciar a muchas cosas que no son compatibles con el sentido del evangelio, con el sentido de Jesús.
Hoy nos habla Jesús de renunciar incluso a aquellos que más amamos, si son un obstáculo para alcanzar a vivir esa sabiduría de Dios; nos habla de negarnos incluso a nosotros mismos, que es por donde tenemos que empezar, aunque eso signifique abrazarme a la cruz del sufrimiento, porque será algo doloroso y algo que cuesta.
No nos pide Jesús el negarnos por negarnos, el cargar la cruz por hacer un sacrificio de sufrimiento, significa desprenderme de aquello que me puede producir desgarro en el corazón, pero por alcanzar la vida. Y claro mientras vamos caminando por la vida con estos nuevos criterios, los del evangelio, vamos a encontrar la cruz de los que no nos entienden e incluso se nos van a poner en contra, pero que en mi fidelidad he de mantenerme firme.
Pero todo eso porque nos hemos encontrado con el tesoro que es Jesús y el evangelio para nosotros. Y merece la pena. Y lo vivimos con alegría aunque haya cruz, porque en todo eso hay amor y el amor nos llena de plenitud.

miércoles, 31 de julio de 2019

Busquemos el tesoro escondido que nos ofrece el evangelio y vivamos intensamente la alegría de la fe con la que contagiemos a los demás

Busquemos el tesoro escondido que nos ofrece el evangelio y vivamos intensamente la alegría de la fe con la que contagiemos a los demás

 Éxodo 34,29-35; Sal 98; Mateo 13,44-46
Quien recibe un hermoso regalo se llena de alegría y seguro que en su generosidad compartirá su alegría también con los demás; recordemos cómo, por ejemplo, en un cumpleaños cuando recibimos los regalos de los amigos o de los seres queridos, llenos de alegría se los mostramos a todos compartiendo la dicha que sentimos.
Pero también otras cosas que encontramos o recibimos de los demás que nos llenan de satisfacciones hondas, desde lo bueno que nosotros hacemos, pero también cuando nos sentimos impactados por algo que descubrimos, que vemos en los demás y que nos abre los ojos, nos hace mirar las cosas o la vida de forma distinta, no nos lo guardamos para nosotros mismos sino que con esa alegría que llevamos dentro por aquel descubrimiento tratamos de trasmitirlo o contagiarlo a los demás.
Hoy nos habla Jesús, en ese lenguaje tan peculiar que son las parábolas, de una perla o de un tesoro escondido que hemos encontrado. Y nos habla también de alegría. Todos entendemos que esa perla o ese tesoro del que nos está hablando Jesús en sus parábolas significa encontrarse con El mismo, descubrir en verdad lo que significa el Reino de Dios, encontrar esa fe que da sentido nuevo a nuestra vida, abrirnos a ese mundo maravilloso que El nos ofrece con los valores del Evangelio. Y eso sí que tiene que ser una alegría grande para el ser humano.
Encontrarnos de verdad con el Evangelio de Jesús tiene que significar algo muy grande para el hombre, para toda persona. En medio de ese mundo turbio en que vivimos es encontrar una luz; en medio de esos males que nos envuelven es encontrar una esperanza de salvación y de que es posible un mundo distinto del que desterremos todo ese mal, todo ese odio, toda esa violencia, todas esas cosas que nos enturbian la vida y nos hacen vivir con amarguras en el corazón.
Nos hemos acostumbrado a decir que somos creyentes y cristianos de manera que en nuestra rutina – esa rutina en la que caemos cuando  no somos capaces de renovarnos cada día – hemos dejado de saborear lo que significa tener fe. Por eso ya nos da igual una cosa que otra, nos dejamos influenciar por tantas cosas que no llegamos a descubrir y saborear ese sentido nuevo que tiene todo cuando tenemos fe en Jesús y queremos vivir en el espíritu del Evangelio. Y es que no llegamos a vivir la alegría de nuestra fe. Y eso es triste.
El cristiano, el verdadero creyente tiene que ser una persona inquieta; buscamos y queremos saber, pero no para dejarnos llevar por cualquier corriente o pensamiento, sino para ahondar más y más en nuestra fe. Nos falta esa profundidad que nos llene de vida, vivimos demasiado superficialmente nuestra fe y no somos capaces de dejarnos sorprender cada día por lo que nos ofrece el evangelio. Y claro nos vamos tras cualquier atisbo de luz que relampaguee en cualquier parte.
Es triste que quienes hemos sido bautizados y educados en la fe cristiana como católicos – recibimos al menos unas catequesis para acceder a los sacramentos – luego se nos marchen detrás de cualquiera que toque a su puerta ofreciéndole otra fe u otra religión  y luego hasta vengan a decirnos que nuestra fe no sirve de nada, que estamos llenos de errores y no se cuantas cosas más, pero nunca se preocuparon de conocer a fondo su fe, de profundizar en el evangelio, de escuchar con corazón abierto lo que la Iglesia nos ofrece.
No estudiaste tu fe y ahora vienes a decirnos porque no sé quien te lo dijo o te convenció de que tu fe tiene errores, pero ¿conoces realmente lo que es la fe que vivimos en la Iglesia? ¿Llegaste a vivir la alegría de tu fe? ¿Fue para ti ese tesoro escondido que encontraste y por el que fuiste capaz de darlo todo porque allí encontraste el sentido de tu vida?
Busquemos ese tesoro escondido pero que ahí está delante de nosotros y vivamos la alegría de renovar plenamente tu fe cada día.

jueves, 19 de enero de 2017

Buscaban esperanza y se encontraron con el tesoro escondido en Jesús, por eso querían estar siempre con El, ¿lo buscamos nosotros y deseamos estar con El?

Buscaban esperanza y se encontraron con el tesoro escondido en Jesús, por eso querían estar siempre con El, ¿lo buscamos nosotros y deseamos estar con El?

Hebreos 7,25–8,6; Sal 39; Marcos 3,7-12
Cuando encontramos alguien con quien sentimos especial sintonía porque responde a nuestras expectativas, nos comprende en nuestros problemas o necesidades, es capaz de mostrarnos afecto aun sin manifestarlo con palabras o gestos especiales, nos sentimos con confianza como para exponerle nuestras inquietudes o esas negruras que podamos llevar dentro siendo capaces de expresarle lo más intimo de nuestro ser, no nos queremos separar de esa persona, deseamos estar siempre a su lado, nos bebemos sus palabras, casi nos aprendemos de memoria sus gestos, queremos como copiarle en nuestra vida en sus actitudes y hasta en su manera de vivir.
Son las amistades hermosas que muchas veces florecen en la vida que no nacen precisamente desde unos deseos sensuales, sino desde esa sintonía espiritual que se crea entre las dos personas. Ojalá en la vida sepamos irnos encontrando así con los que nos rodean porque no solo veríamos el mundo y la vida con unos ojos más llenos de color y de vida, sino que además de enriquecernos mutuamente en realidad estamos haciendo un mundo mejor. Por eso decimos que encontrar un verdadero amigo así es encontrar un tesoro.
Un tesoro, la perla escondida y preciosa era lo que las gentes en tiempos de Jesús habían encontrado. Por algo Jesús nos dirá más adelante que el Reino de Dios es como el tesoro escondido en el campo que un hombre encuentra y que hará todo lo posible por obtenerlo; por algo nos lo comparará también con la perla preciosa que todos querrán tener.
Ya el evangelista nos hablará de la luz que resplandeció en medio de las tinieblas y aquellos pueblos de Galilea se vieron iluminados con una nueva luz con la presencia de Jesús. El evangelista hoy nos dice que todos querían ver y estar con Jesús. Nos dirá incluso que Jesús pedirá que tengan una barca preparada porque la gente parece que lo quiere estrujar.
Habían venido de todas partes; ya el evangelista se encarga de hacernos una descripción mencionando lugares del norte y del sur de palestina, no solo será Galilea en el norte, sino que vendrán de más allá porque llegarán hasta de tierra de paganos, Tiro y Sidón ya en Fenicia; pero nos hablará de los lugares del sur porque nos menciona Judea y Jerusalén, pero también de mas allá del Jordán vendrán para escuchar a Jesús.
Y todos vienen con las inquietudes de su alma, con los problemas que tienen en la vida, con las necesidades no satisfechas, con sus sufrimientos y dolores. Parece siempre que cuando vemos a la gente venir hasta Jesús fueran solo los enfermos del cuerpo o los discapacitados físicamente los que vinieran o trajeran hasta Jesús. Pero el evangelio nos habla de toda clase de sufrimientos y dolencias, y nos habla de los atormentados en su espíritu. Cuántos dolores del alma, cuantas inquietudes no satisfechas, cuantas esperanzas rotas, cuantos deseos de más y mejor que no se quedan solo en lo material, cuantos corazones atormentados tenemos que ver en los que acuden a Jesús.
Como nosotros, como tantos a nuestro lado que también necesitamos encontrar ese tesoro, esa luz, esa vida para nuestro espíritu. Porque no son solo los achaques de nuestro cuerpo los que nos hacen sufrir; también muchas veces tenemos rotas nuestras esperanzas, nuestra vida se vuelve turbulenta y parece que le falta luz, le falta un norte por el que luchar o al que dirigir los pasos de su vida. Así tenemos que vernos ante Jesús. Así tendríamos que desear estar con El y escucharle, y empaparnos de su vida, de sus valores.
¿Será así como vamos a Jesús, como buscamos a Jesús? ¿También desearemos estar con El, no separarnos de El nunca? Que no se nos convierta en una rutina nuestra fe en Jesús.

miércoles, 27 de julio de 2016

Jesús es ese tesoro escondido que hemos de saber encontrar siendo capaces de darlo todo por seguir su camino

Jesús es ese tesoro escondido que hemos de saber encontrar siendo capaces de darlo todo por seguir su camino

Jeremías 15,10.16-21; Sal 58; Mateo 13,44-46
Todos tenemos prioridades en la vida. Hay cosas que consideramos muy importantes y por las que estamos dispuestos a darlo todo. Pero entre todas las cosas que consideramos buenas e importantes siempre habrá una que ocupe el primer lugar, lo que es la verdadera prioridad. Es importante tener prioridades, porque es señal de que sabemos o al menos intentamos tener claro hacia donde vamos. Por esos principios o esos valores seremos capaces de sacrificarnos, incluso, por conseguirlo. Por ello merece la pena luchar; es una meta que nos ponemos en la vida.
Podrán ser prioridades de esa meta que nos ponemos en la vida, podrán ser prioridades en nuestro trabajo o en lo que queremos conseguir en la vida, aquello en lo que nos desarrollamos como personas, serán prioridades desde el ámbito de la familia o en el entorno social en donde vivimos; pero creo que hemos de tratar de buscar, si somos verdaderamente creyentes, lo que serian esas prioridades desde nuestra, porque en el fondo eso es lo que va darnos un sentido en la vida y que le darán un tinte, un valor o un sentido a todo eso que como decíamos queremos conseguir. Es necesario tener una verdadera escala de valores.
Hoy en el evangelio escuchamos dos parábolas de Jesús, el tesoro escondido o la perla preciosa. En una y en otro caso quien los ha encontrado será capaz de vender todo lo que tiene por conseguir ese tesoro o por conseguir esa perla. Y es ahí donde hemos de preguntarnos ¿cual es ese tesoro para nosotros, cual es esa perla? ¿Tendrá que ver algo el evangelio de Jesús con ese tesoro o con esa perla?
Aquel hombre de la parábola encontró el tesoro en el campo. En eso de encontrar me hace recordar aquel momento en que Andrés después de pasar una tarde y una noche con Jesús, a la mañana siguiente se fue hasta donde su hermano Simón para decirle ‘hemos encontrado al Mesías’, y se trajo a su hermano hasta Jesús. Era su tesoro porque el que merecía dejarlo todo como un día hicieran cuando Jesús les invitó a ser pescadores de hombres, ‘dejaron las redes y la barca y lo siguieron’.
Es bueno y creo que tenemos que decir necesario que nosotros encontremos ese tesoro, nos preguntemos si en verdad nuestra fe eso significa para nosotros. ¿Será en verdad Jesús nuestro tesoro por el que somos capaces de dejarlo todo para seguir su camino, para vivir su vida? ¿Cuál es la prioridad que le damos a nuestra fe? Queden ahí esas preguntas que tenemos que hacernos con sinceridad para que descubramos bien cuál es la sinceridad y autenticidad con que queremos vivir nuestra vida cristiana, nuestro seguimiento de Jesús.