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viernes, 23 de enero de 2026

También nos sentimos llamados porque también nos elige por nuestro nombre para que estemos con El y encendiéndonos en la llama de su amor convertirnos en sus testigos

 


También nos sentimos llamados porque también nos elige por nuestro nombre para que estemos con El y encendiéndonos en la llama de su amor convertirnos en sus testigos

1Samuel 24, 3-21; Salmo 56; Marcos 3, 13-19

Una llamada en el sentido de lo que hoy queremos hablar podemos decir que es una invitación; podríamos hablar también de llamada como un toque de atención, o la llamada que hacemos ante una puerta cerrada para que nos abran, que en este caso seríamos nosotros los que hacemos esa llamada. Pero quiero pensar ahora en la llamada que se nos hace, para que prestemos atención es cierto, pero como una invitación a algo; llamada a la que podemos hacer oídos sordos y no prestar atención, a la que nos negamos a responder o a la que rechazamos porque no tiene interés para nosotros.

Pero la llamada no se queda en que nosotros nos enteremos de que nos hayan llamado sino que hemos de dar una respuesta, aceptar esa invitación y en consecuencia dar lo pasos necesarios para atender a eso a lo que se nos llama. Es importante lo que estoy diciendo porque si importante es el que alguien haya pensado en nosotros para llamarnos o invitarnos a algo, es importante la respuesta que nosotros damos haciendo que esa llamada sea importante para nosotros.

¿Por qué me hago esta previa reflexión? Hoy el evangelio nos habla de llamada y de llamada concreta no solo para que nos enteremos de lo que nos está anunciando, como una campana o una señal de alarma que se hace sonar para que nos enteremos de algo, sino para invitarnos a dar una respuesta.

Mientras subía al monte Jesús llamó a los que quiso para que fueran con Él. Ya comenzaba a haber muchos discípulos, pues la gente lo seguía, acudía para escucharle, le llevaba a sus enfermos para que los curase, y ya se iba formando un grupo de seguidores que con más o menos lealtad seguían a Jesús. Pero entre todos ellos Él llamó a los que quiso, y constituyó un grupo de doce, los llamaremos apóstoles, porque su misión era luego ser enviados para seguir anunciando el Reino de Dios como lo estaba haciendo Jesús. Por eso, nos dice incluso, que les da autoridad para expulsar demonios, para realizar los mismos signos que Jesús hacía como manifestación de la llegada del Reino de Dios.

Y nos dice el evangelista, después de hacernos relación de los nombre de los doce escogidos, que se fueron con Él. Escucharon y dieron respuesta, escucharon la llamada y se fueron con Él, porque luego habría una misión que realizar, para enviarlos a predicar, como lo hacía Jesús. Es hermoso este detalle, ‘se fueron con Él’;  serán los que estarán siempre a su lado, van a recibir sus confidencias y a ellos de manera especial les va a explicar lo que a toda la gente les enseñaba en parábola, van a ser testigos de toda la intimidad de Jesús como suele suceder en toda convivencia humana, podrán hablar con confianza con Jesús preguntándole lo que no entienden, se sorprenderán de lo que es de verdad el espíritu de Jesús y de El querrán aprender, viéndole orar le pedirán que les enseñe a orar, contemplando su espíritu de servicio aprenderán, aunque sean cosas que muchas veces les cueste, que su verdadera grandeza está en servir, seguían a Jesús con sus luces y con sus sombras, con sus momentos de entusiasmo y con los momentos duros en los que les cuesta entender de verdad la vida de Jesús y lo que les enseña, con sus ambiciones y con sus aspiraciones; todo eso iremos contemplando en el Evangelio.

Aunque este pasaje de manera especial nos está hablando de aquellos a los que iba a constituir apóstoles porque serían enviados con misión especial, no podemos dejar de pensar que también está hablando de nosotros los que queremos seguir a Jesús, ser sus discípulos, porque eso para nosotros es también una invitación y un regalo del Señor. También nosotros debemos estar con El, queremos estar con El.

Es el camino del cristiano, es nuestro camino, porque como seguidores de Jesús también tenemos la misión de ser testigos, de dar testimonio de nuestra fe. Pero tenemos antes que crecer por dentro, crecer en ese conocimiento de Cristo y empaparnos de su Evangelio y eso solo lo podemos hacer estando con Él. Es nuestra oración y es la escucha de su Palabra, es el rumiar allá en lo más hondo de nosotros mismos cuanto Jesús nos va enseñando, es crecer en ese espíritu de Cristo, crecer en nuestra espiritualidad cristiana porque será la forma de que podamos dar ese testimonio que no solo serán nuestras palabras sino sobre todo nuestra vida y principalmente nuestro amor.

Un amor que tenemos que encender en la llama del corazón de Cristo, en la llama de su amor.


miércoles, 24 de septiembre de 2025

No nos puede faltar la alegría de la fe para que el Evangelio siga siendo buena noticia que anunciar y curar la enfermedad de nuestro mundo

 


No nos puede faltar la alegría de la fe para que el Evangelio siga siendo buena noticia que anunciar y curar la enfermedad de nuestro mundo

Esdras 9, 5-9; Salmo Tb. 13; Lucas 9,1-6

¿Seremos capaces de echarnos a la calle para comunicar una buena noticia que hemos recibido a quienes nos vayamos encontrando, o llamar a la puerta de nuestros vecinos para hacerlos participes de esa alegría que hemos recibido?

Recuerdo en mi niñez que en mi tierra eran tiempos de emigración a Venezuela y las cartas de los familiares algunas veces tardaban en llegar, ver la alegría de mi madre cuando recibía noticias de los hijos que tenía en Venezuela entonces cuando recibía una carta y cómo buscaba la manera de compartir con las vecinas cercanas la alegría de las noticias recibidas. Hoy tenemos mejores medios de comunicación pero somos conscientes que de aquellas cosas que nos interesan bien que estamos al tanto de comunicar cualquier cosa buena que nos sucede a nuestros amigos a través de las redes sociales.

Pero ¿seremos tan prontos para compartir lo que nos alegra el alma y la experiencia de nuestra fe a los demás? Creo que es algo en lo que tenemos que pararnos a pensar, porque somos capaces de hablar de todas las cosas habidas y por haber, pero transmitir esos sentimientos del alma, esa parte de nuestra vida que es nuestra fe, parece que queremos dejarlo siempre en lo secreto y no tenemos la valentía de transmitirlo a los demás.

¿Cuándo hablamos de nuestra fe a los demás? Reconozcamos que vamos a Misa los domingos junto con otros cristianos y cuando salimos hablaremos de un montón de cosas que nos habrán sucedido recientemente o en la semana, pero comentar el evangelio que hemos escuchado es algo que se queda en el saco escondido, lo mismo que cuando llegamos a casa después de una celebración que estamos más pendientes de cualquier tarea o cosas que tengamos que hacer en el día, pero no de compartir aquella experiencia de fe que hemos vivido en la celebración. Con qué intensidad lo habremos vivido, quizás tendríamos que preguntarnos o si acaso ha sido un rito más que por rutina no queremos dejar de hacer pero sin implicación en la vida. ¿Habrá cobardía a la hora de dar testimonio de nuestra fe?

Escuchemos lo que nos dice el evangelio. Los discípulos de Jesús ‘se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea, anunciando la Buena Noticia y curando en todas partes’. Eran parte de aquel grupo de los que seguía a Jesús; pero hoy el evangelio nos habla de cómo Jesús escogió a doce ‘les dio poder y autoridad sobre toda clase de demonios y para curar enfermedades’ haciéndoles unas recomendaciones de cómo habían de actuar, y ‘los envió a proclamar el reino de Dios y a curar a los enfermos’ e inmediatamente se pusieron en camino.

Era algo que habían de realizar con humildad y con disponibilidad; no eran los medios materiales en lo que habían de apoyarse, solo un bastón para el camino, les dice, ni pan en las alforjas y ni dinero en el bolsillo; era solo la fuerza de la Palabra que proclamaban y la disponibilidad de un corazón lleno de amor. ¡Cuantos preparativos nos hacemos muchas veces y en ello se nos va nuestro tiempo y nuestra vida, y al final nos quedamos en casa! ¿Nos estará faltando la alegría de la fe?

Algo nos está fallando a los cristianos hoy cuando el evangelio parece que ya no es buena noticia que tengamos que comunicar. Es más, algunas veces cuando lo oímos nos lo damos por sabido y no lo sentimos como esa buena noticia que hemos de recibir en el hoy de nuestra vida. Si no nos dejamos sorprender por el evangelio en cada momento de nuestra vida parece que ya nada tenemos que comunicar, que trasmitir, que anunciar. ¡Cuánto nos cuesta ponernos en camino! Pero ese mundo enfermo ahí lo tenemos esperando quien lo sane, ese mundo aburrido y cansado porque no recibe buenas noticias que le levanten el animo ahí está a nuestro alrededor y parece que tenemos miedo de ir hasta él.

¿Cuándo nos vamos a despertar los cristianos? ¿Cuándo iremos por el mundo curando enfermos al llevar la buena noticia de Jesús? ¿Cuándo el evangelio va a ser una buena noticia que nos llene de alegría y contagie a nuestro mundo? Muchos medios tenemos en nuestras manos para realizarlo. Pongámonos en camino.

 


miércoles, 25 de junio de 2025

Tenemos que meditar el evangelio y rumiarlo bien en nuestro corazón, sin miedos, sin suavizantes, sin filtros, con valentía, con apertura del corazón

 


Tenemos que meditar el evangelio y rumiarlo bien en nuestro corazón, sin miedos, sin suavizantes, sin filtros, con valentía, con apertura del corazón

Génesis 15,1-12.17-18; Salmo 104; Mateo 7,15-20

A veces pensamos ¿y de quien nos podemos fiar? Nos sentimos engañados, bonitas apariencias, bonitas palabras, promesas que ya no sabemos a qué más pueden llegar, pero pronto la apariencia se desbarata, la máscara bonita que se han puesto para dar una buena imagen se cae y al final es como una máscara de carnaval tirada por los suelos cuando se acaba la fiesta, las palabras, como se suele decir, se las lleva el tiempo y las promesas con engodo para engatusarnos que al final resulta venenoso. Lo estamos viendo demasiado en nuestra sociedad y parece que se acaban las ilusiones, porque ya nos cuesta creer en alguien.

Puede parecer un cuadro demasiado trágico y triste el que estoy presentando pero por una parte no hago sino reflejar mucho de lo que estamos viendo en la vida social, en la política, en las relaciones entre unos y otros muy llenas de vanidad y en consecuencia de demasiadas apariencias y caretas. Y es que además nos podemos ver envueltos en esa turbina y terminar nosotros viviendo también de las apariencias y perdiendo autenticidad en nuestra vida.

Nuestras palabras y nuestras obras han de estar en la misma sintonía. Eso que llamamos congruencia, eso que nos tiene que manifestar auténticos, tal como somos, quizás también con nuestros fallos, pero con la aceptación de nuestros errores, con nuestros deseos de superarnos aunque nos cueste, con nuestras ganas de querer seguir avanzando y subiendo esos peldaños que nos llevan a ser mejores y a contribuir también a que nuestro mundo sea mejor.

Jesús nos previene por una parte para que no nos dejemos embaucar, pero también para que trabajemos por esa autenticidad de nuestra vida. Y es que en nuestros ámbitos, llamémoslos religiosos, también podemos encontrar esas tentaciones, o esos cantos de sirena que quieren atraernos, como nos dice Jesús esos falsos profetas que no nos trasmitirán con autenticidad la Palabra de Dios.

Ovejas con piel de lobos, los llama Jesús. Muchos predicadores en todos los ámbitos o que de rigurosos se ponen catastrofistas, lo que está muy lejos del sentido del evangelio que siempre es un anuncio de alegría y de esperanza, o vienen con la suavidad de dulces palabras que nada nos dicen o que nos confunden, personas que no son constructivas con lo que nos dicen sino que sintiéndose furibundos profetas todo lo quieren destruir para comenzar algo nuevo a su imagen. Pero también podemos encontrarnos los que no se acercan con radicalidad y apertura de corazón a la palabra y solo nos ofrecerán o cosas bonitas, o cosas repetidas tantas veces como de memoria como una cantinela que ya no nos dicen nada. De todo nos podemos encontrar.

¡Qué difícil es muchas veces ser fieles de verdad a la Palabra de Dios! Algunas veces parece que le tenemos miedo, o que aquello que vamos a escuchar o tengamos que decir nos compromete y nos exige algo nuevo en nosotros que no estamos dispuestos a dar. Tenemos que dejarnos guiar por el Espíritu del Señor, es quien nos lo revelará todo, es quien va a conducirnos de verdad por esos caminos nuevos del Reino de Dios; es quien inspira de verdad nuestra vida, pero tenemos que dejarnos conducir por El.

Recuerdo de nuevo íntegro el texto del evangelio que hoy se nos ha ofrecido. Tenemos que meditarlo y rumiarlo bien en nuestro corazón, sin miedos, sin suavizantes, sin filtros, con valentía, con apertura del corazón. ‘Cuidado con los profetas falsos; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Así, todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis’.

Y nosotros, ¿qué fruto es el que estamos manifestando?

 

sábado, 5 de abril de 2025

Del camino cuaresmal que estamos haciendo tendríamos que salir más fortalecidos, demos pues el paso adelante que se nos está pidiendo en el hoy de nuestro mundo

 


Del camino cuaresmal que estamos haciendo tendríamos que salir más fortalecidos, demos pues el paso adelante que se nos está pidiendo en el hoy de nuestro mundo

Jeremías 11, 18-20; Sal. 7; Juan, 7, 40-53

Cuántas veces andamos de confundidos en la vida. Vemos a alguien y aquella cara nos suena, por nuestra mente pasan como en una película una cantidad grande de situaciones donde podíamos localizar a aquella persona; pensamos en un lugar o en otro, en una situación determinada, pero nos parece que allí no fue, hacemos quizás nuestros comentarios entre los más cercanos a nosotros que quizás andan en la misma confusión pero no damos el paso de acércanos a aquella persona para situarlo mejor, para preguntar porque nos da corte que vaya a decirnos como es que no nos acordamos de él y nos quedamos con nuestras incertidumbres por nuestra indecisión, por nuestra cobardía, porque podrían pensar de nosotros alguna cosa, y no llegamos a saber.

Pero no son solo esas situaciones humanas de nuestras relaciones de unos y otros, que también tienen su importancia porque puede significar un respeto que le debamos a esa persona y a la que en nuestras confusiones al final no tratamos bien; es en cosas más hondas donde andamos en esas confusiones; serán los planteamientos hondos del sentido de la vida, donde andamos de acá para allá, será a la hora de tomar decisiones que puedan ser importantes en nuestras relaciones con los demás; será a la hora de nuestra vivencia de Iglesia en lo que andamos perturbados porque hay cosas que no entendemos, hay cosas que nos dicen, hay influencias que recibimos desde muchos medios que querrán hacernos entrar en la duda y confusión como un camino de apartarnos de esos caminos, será en el camino de nuestra fe donde no terminamos de aclararnos, pero tampoco es que busquemos mucho o acudamos donde podemos encontrar la luz.

Hay muchas cosas que tenemos que ordenar en nuestra vida; llegan momentos en que tenemos que tomar decisiones valientes aunque tengamos que ir a la contra de cómo se camina a nuestro alrededor; tenemos que aclararnos y saber donde estamos, cual es el testimonio que tenemos dar, y buscar la manera de fortalecernos interiormente para afrontar los problemas que nos va presentando la vida.

Hoy escuchamos en el evangelio que alrededor de Jesús hay mucha confusión. confusión sobre su origen y lo que es su misión, confusión porque la gente se ve influida por aquellas corrientes de los que quieren quitarse de en medio a Jesús; unos lo escuchan y se quedan admirados porque como dirán ‘nadie ha hablado con El’, los signos y milagros que realiza llaman la atención, aunque no siempre sabrán leer entre esos renglones de la vida lo que es el actuar de Dios; saben que quieren prenderle e incluso mandan guardias con ese cometido que sin embargo no serán capaces de cumplir las ordenes que les dan, algunos salen a favor de Jesús aunque sea solo de una forma tímida pero sin dar el paso al frente; acaso irán a ver a Jesús de noche, cuando los demás no los vean.

¿No nos sucederá de alguna manera a nosotros también en este mundo tan revuelto de ideas y de cosas que también nos llenan de confusión? Creo que tenemos que tomarnos más en serio nuestra fe y nuestra manera de actuar; el mundo necesita testigos de la verdad y no siempre nosotros sabemos dar ese testimonio. Nuestras rodillas están vacilantes y vamos renqueando demasiado por los caminos de la vida. Tratemos de fortalecernos con el Espíritu del Señor. Es el camino cuaresmal que estamos haciendo del que tendríamos que salir más fortalecidos. ¿Cuándo daremos el paso adelante que se nos está pidiendo en la hora de nuestro mundo?

viernes, 24 de enero de 2025

Nos sentimos agradecidos y emocionados con el amor que el Señor nos tiene que sigue confiando en nosotros, impulsados a buscar nuevas metas de superación

 


Nos sentimos agradecidos y emocionados con el amor que el Señor nos tiene que sigue confiando en nosotros, impulsados a buscar nuevas metas de superación

Hebreos 8,6-13; Salmo 84; Marcos 3,13-19

Nosotros escogemos a nuestros amigos; conoceremos a muchos pero tener la consideración de amigos solo serán algunos; ¿qué les pedimos o qué les ofrecemos? Fundamentalmente la lealtad de la amistad con todas las características que les acompañan, normalmente teniendo en cuenta su sinceridad y sus valores humanos; habrá quienes sean interesados en otras cosas, poder, influencia, prestigios sociales, pero ahí no vamos realmente buscando la amistad; no nos importa quienes son en ese sentido sino como se muestran con nosotros para poder confiar. Con los amigos se van a compartir muchas cosas, todo lo que encierra la amistad.

De la misma manera podríamos decir cuando buscamos colaboradores para algo que vamos a emprender; no lo hacemos a la ligera y tendremos nuestros criterios propios; partiríamos de esa lealtad de la amistad y de ser personas con inquietud, aunque en la vida no hayan destacado por muchas cosas, pero buscamos lo que hay en lo más hondo de ellos mismos y que sabemos que pueden sacarlo a todo para emprender lo que le confiemos; muchas veces desde lo pequeño y lo que nos parece menos relumbrante quizás encontramos esas personas ideales en las que podemos confiar.

En torno a Jesús se había ido formando ya un grupo de personas que le seguían más de cerca, que compartían lealmente con Jesús muchas cosas, porque quizás a muchas cosas habían sido capaces de renunciar para escuchar a Jesús y estar al lado de Jesús. Llega el momento de ir formando aquel grupo que iba a ser como imagen de esa nueva comunidad que se iba a formar a partir de Jesús. Es lo que hoy contemplamos en el evangelio.

Algún evangelista nos dirá que se pasó la noche en oración; eran decisiones serias que no se podían tomar sin una previa reflexión; por eso le vemos que aquel día con sencillez, pero con la solemnidad que conllevaba aquel momento fue llamando uno a uno a los doce que iba a tener con El y a los que iba a llamar sus enviados, apóstoles. El evangelista nos da la relación. Les hemos visto en distintos momentos cuando Jesús los ha llamado a seguirle, cuando se han ido con él dejándolo todo, procedentes en cierto modo de diversos ambientes, pero muy cercanos a Jesús pues algunos incluso serán parientes. ‘Jesús subió al monte, llamó a los que quiso y se fueron con él’.

Y ya vemos desde el primer momento que se confía en ellos porque les da autoridad para lo que han de realizar. Ellos han de ser signos de ese Reino de Dios que se estaba constituyendo y habían de realizar también esas señales de que el Reino de Dios estaba llegando. Por eso nos dice el evangelista que ‘instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios’.

Comienza a plasmarse lo que era el Reino de Dios que Jesús venía anunciando. Había invitado a la conversión para creer en esa buena noticia y aquellos doce habían dado señales de que estaban en ese camino, a pesar de sus debilidades, a pesar de que haya momentos en que no terminen de entender lo que Jesús les enseñe, a pesar de sus ambiciones humanas que seguían latentes en sus corazones y de las que tendrían que irse poco a poco desprendiendo. Eran los que estaban con Jesús y los enviados de Jesús.

Con cierta emoción escuchamos nosotros este relato del evangelio porque estamos viendo que Jesús nos llama también a ser sus amigos, a que demos esas señales del Reino de Dios en nuestra vida y entonces seamos capaces también de desprendernos de esas cosas que quedan en nosotros como rémoras que nos impiden caminar libremente.

Nos sentimos agradecidos y emocionados con el amor que el Señor nos tiene que así sigue confiando en nosotros, conociendo como conocemos nuestras debilidades y tropiezos, pero al tiempo nos sentimos impulsados a caminar, a levantarnos, a mirar a lo alto, a buscar nuevas metas de superación en nuestra vida. Gracias, Señor, por seguir confiando en nosotros y seguir llamándonos amigos.

miércoles, 15 de enero de 2025

Seamos esa iglesia pobre y humilde que tiene solo a Jesús como su centro y sabe irse al silencio del descampado para anunciar también a los otros el Reino

 


Seamos esa iglesia pobre y humilde que tiene solo a Jesús como su centro y sabe irse al silencio del descampado para  anunciar también a los otros el Reino

Hebreos 2,14-18; Salmo 104; Marcos 1,29-39

Cómo con facilidad se nos llena de humo la cabeza cuando las cosas nos salen bien, cuando tenemos éxito en nuestras empresas o tareas, cuando tenemos un triunfo muy sonado quizá en aquel deporte que practicábamos, o en aquellas obras que realizamos. Nos sentimos halagados por las alabanzas que recibimos, al tiempo que parece que todos quieren ser amigos nuestros; el brillo del triunfo deslumbra también a los que están a nuestro alrededor y quieren como apropiárselo con el orgullo de que son amigos nuestros.

Pero quizás nos aparece alguien que pareciera que nos echa un jarro de agua encima en medio de todos esos fervores, pues nos recuerda lo caducas que son todas esas alabanzas que un día se pueden volver contra nosotros, nos previenen de que con nuestro orgullo por lo realizado nos llenemos de un engreimiento que nos endiosa, y nos estará haciendo pensar de donde venimos o lo que somos para que no abandonemos los caminos de la humildad y de la sencillez y nos demos cuenta por demás que lo que logramos no es solo por nosotros y para nosotros sino que tendría alguna otra función. Cuánto tendríamos que agradecer que nos apareciera alguien así que nos haga pensar y reflexionar, aunque quizás a veces nos cueste aceptar esas palabras y esa reflexión. ¿No nos hará falta de vez en cuando hacer una parada para encontrarnos con la verdadera realidad de nuestra vida?

Hoy el evangelio nos está dando un resumen de lo que fueron aquellos primeros momentos de su predicación en Cafarnaún; la gente que le sigue y tan pronto pueden por aquello del descanso sabático, en la tarde de aquel mismo día tras la caída del sol se agolpan a la puerta de la Casa de Simón donde se ha hospedado Jesús. Vienen con sus dolencias, sus enfermedades, todo el mal que les aqueja porque igual que Jesús había liberado a aquel endemoniado en la sinagoga de su mal, a ellos también los podía sanar. Y nos dice el evangelista que sanó a muchos de sus dolencias y enfermedades, como ya anteriormente también había levantado de la cama a la suegra de Simón.

Tras todo aquel bullicio Jesús en lugar de permanecer en la casa donde le habían dado hospedaje nos dice el evangelista que marchó al descampado para orar. Un gesto bien significativo y que nos dice mucho. Había comenzado, por decirlo así, con éxito su obra, su predicación y anuncio del Reino de Dios y los signos y señales así lo estaban manifestando. Pero, ¿dónde tenía que esta el centro de todo aquel anuncio y de todo lo que Jesús había de realizar? Es lo que nos quiere enseñar.

Hay que detenerse para centrarse. Tantas veces en la vida nos dejamos llevar por el entusiasmo y terminamos en la superficialidad, en lo externo, en la vanidad. Y cuando comenzamos a hacer caminos así es fácil resbalarse por la pendiente. Es necesario mantener el equilibrio para saber donde estamos y lo que verdaderamente queremos, para descubrir los verdaderos medios que hemos de emplear. Porque no podemos pensar que todo vale, el fin no justifica los medios, sino que los medios tienen que ser buenos para poder conseguir el buen fin.

Aunque tengamos que renunciar a las vanidades que nos acechan, aunque tengamos que emprender el camino del esfuerzo y superación, que tiene que comenzar por nosotros mismos para no endiosarnos, para no creernos los mejores y los que lo sabemos hacer todo. Que muchas veces nos pasa y cuando nos dejamos arrastrar por esas vanidades, aunque nos creamos que estamos conquistando el mundo, estamos construyendo un castillo en el aire que pronto se nos va a derrumbar.

Esto tenemos que tener en cuenta en nuestra vida personal, en lo que hacemos cada día; esto tenemos que tenerlo en cuenta en las tareas que emprendamos buscando ese crecimiento y mejora de nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras metas; eso hemos de tenerlo en cuenta en nuestras comunidades, en nuestros grupos cristianos, en nuestra Iglesia, porque a todos nos tienta la vanidad.

Despojemos de esos brillos de gloria fatua a nuestra Iglesia que tanto daño le estamos haciendo; una Iglesia pobre y humilde es la que se hará creíble ante el mundo que la rodea, una Iglesia que sepa poner en su centro a aquel Jesús que se marchó al descampado para pasar la noche en oración. Así podremos ir también como Jesús a otras partes para anunciar a los otros también el Reino de Dios.

martes, 7 de enero de 2025

Qué lástima que pase el esplendor de la navidad y de nuevo nos quedemos a oscuras, que tras la celebración de la navidad no haya un renacer de la vida de fe de nuestras comunidades

 


Qué lástima que pase el esplendor de la navidad y de nuevo nos quedemos a oscuras, que tras la celebración de la navidad no haya un renacer de la vida de fe de nuestras comunidades

1Juan 3, 22 – 4, 6; Salmo 2; Mateo 4, 12-17. 23-25

‘La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, puso su tienda entre nosotros…’ hemos escuchado repetidamente estos días en que venimos celebrando el misterio de la Navidad. Aunque aun estamos dentro del ciclo de la Navidad hasta el próximo domingo en que celebraremos el Bautismo del Señor, ya en el evangelio nos van apareciendo esos primeros momentos de la predicación de Jesús. Hoy nos habla de que Jesús se estableció en Galilea, la tierra de Zabulón y Neptalí, haciendo referencia a las distintas regiones de Palestina donde se fueron estableciendo las distintas tribus que conformaban el estado de Israel.

Pero hay algo importante. Nos habla de que al establecerse Jesús en aquellos lugares fue como si una nueva luz maravillosa los iluminara. Recuerda el evangelista los anuncios de los profetas que hablaban de aquel pueblo que habitaban en tinieblas y sombras de muerte y una luz les brilló. El evangelista esta aplicando esa profecía al comienzo de la predicación de Jesús, al que acudían de todas partes, no solo en este caso de Galilea donde se estaba desarrollando la actividad de Jesús que se había establecido en Cafarnaún, sino que acudían de todos los lugares, multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania, que le traían a sus enfermos y a sus poseídos por espíritus inmundos, paralíticos y lunáticos, para que Jesús los curara.

Eso significaba la presencia de Jesús, esa luz que brillaba en la tiniebla, aunque muchas veces la tiniebla la rechazara, no quisiera recibirla, como ya nos decía el principio del Evangelio de Juan, pero que contemplaremos a lo largo de todo el evangelio.

¿Serán también momentos de luz los que nosotros los cristianos estamos viviendo en este momento con el anuncio del evangelio de Jesús? Es cierto que en la pasada Navidad todo se ha llenado de luces en nuestras vidas, en nuestros ambientes, en nuestros hogares, en nuestras calles, pero ¿habremos dejamos que la luz de Jesús haya iluminado de verdad nuestras vidas? ¿Serían solo luces parpadeantes que pronto perdieron su intensidad y dejaron de alumbrar? Se nos agotan las pilas y baterías, se agota la luz acumulada en las placas solares que quieren mantener encendidas nuestras luces y pronto se apagan. Lo habremos experimentado cuando hemos encendido las luces de nuestras ventanas y pronto dejaron de funcionar. ¿Será para nosotros como un ejemplo, como una parábola de lo que nos sucede y de lo que no tendría que sucedernos?

Los cristianos no podemos iluminarnos por luces parpadeantes que pronto pierden su energía, tenemos que buscar la luz verdadera, tenemos que dejarnos en verdad iluminar por esa luz de Jesús que nunca nos defraudará. Así tenemos que cuidar nuestra fe, así tenemos que saberla alimentar, así tenemos que dejarnos empapar por esa luz del Evangelio, así tenemos que cuidar nuestra escucha, nuestra atención, pero también la manera en que nosotros vamos a ser esos trasmisores de luz para los demás. Es lo que El nos ha confiado, es la luz que ha puesto en nuestras manos, que recibimos en el bautismo y que tenemos que mantener encendida para ir al encuentro con el Señor. No podemos permitir que las tinieblas ahoguen esa luz, ahoguen nuestra fe; es una tentación que continuamente sufrimos porque hay muchas falsas luces que nos hacen candilejas y nos confunden.

¡Qué lástima que pase el esplendor de la navidad y de nuevo nos quedemos a oscuras! ¡Qué lástimas que tras la celebración cristiana de la navidad no hay un renacer de la vida de fe de nuestras comunidades! ¡Qué lástima que en nuestras comunidades no veamos ese relevo generacional que normalmente tendría que haber para ver cómo otras manos jóvenes toman esa luz en sus manos para seguir iluminando nuestro mundo! ¿Qué es lo que estamos haciendo los cristianos? ¿Dónde está esa urgencia que tenemos que sentir en nuestro corazón para realizar una nueva evangelización de nuestro mundo?

martes, 10 de septiembre de 2024

Necesitamos encontrar momentos de interiorización, de apertura del corazón a Dios para asumir la misión que Jesús también nos está confiando

 


Necesitamos encontrar momentos de interiorización, de apertura del corazón a Dios para asumir la misión que Jesús también nos está confiando

1Corintios 6, 1-11; Salmo 149; Lucas 6, 12-19

Cuando en la vida tenemos que tomar decisiones que consideramos importantes además de pensarlo y de reflexionarlo mucho normalmente pedimos consejo a personas que por su prudencia y sus conocimientos nos pudieran dar una opinión que nos ayudara en nuestra toma de decisiones; si se trata de escoger colaboradores para una tarea con los que hemos de trabajar codo con codo también nos lo pensamos mucho antes de elegirlos, viendo su experiencia y la práctica que hayan adquirido en otras actividades de sus vidas, sus conocimientos y su preparación, buscando también el consejo de personas expertas. No nos la podemos jugar.

Ha llegado el momento en el camino del anuncio del Reino de Dios que Jesús va realizando de ir escogiendo a personas que están cercanas a Jesús y al Evangelio que El nos está trasmitiendo para tenerlos como colaboradores directos suyos en esta tarea; estamos hablando quizás muy a lo humano, tal como se podría pensar en cualquier tarea que en la vida tengamos que realizar.

Pero aquí se trata de algo mas, es el anuncio del Reino de Dios, es la continuidad de la obra de Jesús, es la comunidad nueva que tiene que surgir desde la fe de aquellos que le siguen. ¿Jesús se aconseja, lo consulta con alguien? En un aspecto humano nada nos dice el evangelista, que además suele ser muy medido y escueto en el relato del Evangelio. Pero sí nos dice una cosa importante. Jesús se pasó a solas la noche en oración.

¿Dónde mejor podía acudir Jesús, hablando muy llanamente, cuando se trata de las obras de Dios y de la tarea del anuncio del Evangelio? Si nos fijamos bien en el evangelio tratando de hacer una análisis bien profundo de los gestos de Jesús, le veremos que en varios momentos que van a ser muy determinantes nos habla del evangelista de que Jesús se ha retirado a algún lugar apartado para orar.

Podemos pensar en el inicio de la predicación, que será a partir de aquella cuarentena de ayuno y oración que Jesús llevado por el Espíritu pasó en el desierto. Lo veremos igualmente en el momento en que va a vivir su Pascua, cuando van a comenzar los momentos de su entrega, de su pasión y muerte, se retira a Getsemaní. Ya al comienzo casi de su predicación por lo pueblos y ciudades de Galilea, tras aquellos primeros momentos allí en Cafarnaún, cuando toda la gente ya comenzaba a buscarlo, se retiró a solas a orar y cuando lo encuentran les dice que hay que ir a otro lugares para que allí también se anuncio la Buena Noticia del Reino de Dios. Ante de la resurrección de Lázaro, eleva también sus ojos al cielo dando gracias al Padre que le escucha por aquel signo de vida que va a realizar.

Podríamos seguir fijándonos en más momentos, pero nos quedamos en lo que hoy nos dice el Evangelio; va a escoger a aquellos discípulos que va a tener más cercanos a El para prepararlos para enviarlos como apóstoles en el anuncio del Evangelio y antes de pasa la noche en oración. Y de allí saldrán los hombres de los elegidos a los que llama por su nombre para tenerlos con El porque han de realizar su misma obra, su misma misión.

Con ellos bajará a la llanura y allí se encontrará con la multitud que le espera. Venían a escucharle, venían para ver liberados de sus dolencias y de sus males. Todos querían estar cerca de Jesús por en su presencia se sentían distintos, se sentían transformados y lanzados a algo nuevo, escuchándole renacían sus esperanzas y sentían que algo nuevo podía comenzar. No les importará venir de lejos o pasarse días en camino aunque se les acabaran sus provisiones.

Nos habla el evangelista que está en Galilea, pero allí hay gente de Jerusalén y de toda Judea; pero allí hay gentes venidas de lo que eran ya las fronteras de Israel porque vienen de la costa de Tiro y Sidón, aunque sean ciudades de gentiles. Por allá lo veremos un día marchar también porque curará a la hija de la Cananea, o al leproso de la región de la Decápolis, y también será en esa periferia donde un día pedirá la confesión de fe sus discípulos y prometerá que Pedro será la piedra sobre la que se edificará su Iglesia.

Una señal de la misión que ahora están recibiendo aquellos escogidos que habrán de ir al mundo entero para anunciar el evangelio de Jesús. Una señal de lo que es nuestra misión que también con el mismo espíritu de fe hemos de recibir de manos de Jesús. ¿No necesitaremos nosotros también encontrar esos momentos de interiorización, de reflexión, de oración, de apertura del corazón a Dios para escuchar allá en lo más hondo de nosotros mismos la misión que Jesús nos está confiando?

 

 

viernes, 2 de agosto de 2024

Nos acostumbramos a las mismas veredas y no tenemos ánimo para descubrir los nuevos caminos que el Espíritu va abriendo ante nosotros con la novedad del evangelio

 


Nos acostumbramos a las mismas veredas y no tenemos ánimo para descubrir los nuevos caminos que el Espíritu va abriendo ante nosotros con la novedad del evangelio

Jeremías 26, 1-9; Salmo 68; Mateo 13, 54-58

‘¿De donde saca todo eso?’, lo habremos dicho también. Nos sentimos sorprendidos porque no pensábamos que aquella persona pudiera tener aquellos razonamientos. Quizás incluso le dimos la mano, como se suele decir, en sus comienzos animándolo a hacer cosas distintas, a emprender algo que parecían ser sus sueños, a que intentara al menos hacer algo aunque le pareciera que le salía mal, dándole confianza para que creyera en si mismo. Pero ahora nos sentimos sorprendidos, sus apuntes de reflexiones tienen una profundidad que no pensábamos que esa persona pudiera lograr.

Y claro por nuestra parte caben también varias reacciones, porque incluso nos encontramos divididos en nosotros mismos; y aunque le dimos el impulso, vemos que está llegando a donde no imaginábamos, y hasta se nos pueden meter unos celos ahí dentro de nosotros, porque esa persona logras cosas que no pensábamos que fuera capaz; ¿tendremos miedo que nos haga sombra? Cosas así se nos pueden meter en la cabeza y hay el peligro que nuestras reacciones no sean tan positivas; somos humanos.

Me hago esta reflexión partiendo de cosas que realmente así nos pueden suceder en la vida y contemplando la reacción de las gentes de Nazaret ante la presencia de Jesús en su sinagoga. Es cierto, lo habían visto de niño y de joven entre ellos. ¿Destacaría en aquel Jesús, el hijo del carpintero? No vamos a dejarnos llevar por las imaginaciones que nos encontramos en los evangelios apócrifos que tan poco valor histórico y teológico nos presentan, pero es cierto por otra parte que algo podrían haber descubierto en aquel niño, en aquel joven sus convecinos de Nazaret. Sin embargo era solamente el hijo de María, el joven carpintero de Nazaret.

Ahora les habrán llegado noticias de las andanzas de Jesús, por Cafarnaún, por los alrededores de Tiberíades, por los pueblos y aldeas de Galilea, que sabían que iba anunciando la llegada del Reino nuevo de Dios y su predicación iba acompañada de signos y milagros. ¿Qué esperan que haga en Nazaret? ¿Tendría que hacer algo especial allí, pues en fin de cuentas era su pueblo y por allí andaban sus parientes?

Admiración sienten, porque se preguntan que de donde ha sacado todo eso, pero sus dudas tienen por dentro que llena sus corazones de desconfianza. No terminaban de creérselo. ¿Qué era eso que Jesús anunciaba que por lo que podían intuir les tendría que hacer salir de sus rutinas y de su modorra? Es que Jesús hablaba de cambio, de conversión, mientras ellos estaban bien como estaban. Si aquel profeta no producía la revolución que ellos esperaban para verse liberados del yugo opresor de los romanos, nada les hacía que creyeran en El. Por eso marcan sus distancias, recordando que ellos sabían bien quien era, porque era solo el pobre hijo del pobre carpintero, que a nada de lo que eran sus aspiraciones había llegado. Sus caminos parecían divergentes.

¿Andaremos también por caminos de ese calibre donde en cierto modo mantenemos también nuestras distancias de la Palabra que escuchamos en el evangelio? ¿No querremos nosotros también permanecer en nuestras modorras, en nuestras rutinas, en nuestras viejas costumbres que parece que con ellas tan bien nos iba?

Cuando nos llega la Palabra que nos hace despertar porque la sentimos como un grito en el alma, también tratamos de calmar nuestros ánimos, porque nos decimos que no es para tanto, que tenemos que hacer nuestras interpretaciones, que tenemos que conjugar la novedad que ahora escuchamos con lo que hemos hecho siempre. Nos acostumbramos a las mismas veredas y no tenemos ánimo para descubrir los nuevos caminos que el Espíritu va abriendo delante de nosotros.

Nos cuesta arrancarnos, despertarnos, salir de lo mismo que siempre hacemos; parece que se acaban las iniciativas, que no terminamos de ver la novedad del evangelio, que nos encontramos en la disyuntiva del camino que hemos de tomar.

jueves, 25 de enero de 2024

A mí seriamente me preocupa si estoy haciendo ese buen anuncio de la Buena Noticia de Jesús para el mundo de hoy

 


A mí seriamente me preocupa si estoy haciendo ese buen anuncio de la Buena Noticia de Jesús para el mundo de hoy

Hechos de los apóstoles 22, 3-16; Sal 116;  Marcos 16, 15-18

Algunas veces damos las cosas por hechas y no somos capaces de detenernos a pensar si acaso a pesar de lo que aparentemente vemos las cosas se pueden dar por realizadas. Pueden ser cosas que constatamos en la vida de los pueblos, de las gentes que nos rodean, que nos parece que todo está bien; al menos, decimos, las cosas no son como antes, se ha avanzado mucho, las cosas están mejor que en otros tiempos, pero ¿realmente podemos estar satisfechos? ¿Las cosas no podrían estar mejor, por ejemplo, en una cantidad de servicios que se necesitan en la sociedad pero a lo que vemos que no hay respuesta?

Podemos detenernos a pensar en muchas cosas, porque lo encontramos en el ámbito familiar, porque nos lo podemos encontrar en nosotros mismos que de alguna manera nos conformamos con lo que somos o con lo que tenemos, ¿para qué esforzarnos?, pensamos quizás muchas veces y seguimos con lo de siempre.

Como decía podemos detenernos en muchas cosas. Lo podemos pensar de nuestra religiosidad o de los caminos de la Iglesia; lo podemos pensar de nuestra fe y del anuncio del evangelio. Total, pensamos, aquí somos todos cristianos, aquí casi todo el mundo está bautizado – que ya no está tan claro eso -, aquí tenemos nuestra Iglesia y nuestras fiestas del Cristo, de la Virgen o la semana santa y la navidad. Pero tendríamos que plantearnos ¿de verdad el evangelio impregna la vida de todos los que nos llamamos cristianos, de los que celebramos nuestras fiestas o nuestra semana santa?

Hoy que estamos celebrando la conversión de san Pablo – a eso hace referencia precisamente la primera lectura en el relato que él mismo hace – en el evangelio hemos escuchado el mandato de Jesús de ir por el mundo anunciando el Evangelio a todas las gentes. ¿Y qué nos dice este evangelio hoy? Quizás cuando lo escuchamos podemos pensar en aquel momento de la Ascensión de Jesús al cielo y el envío que hace de sus discípulos a predicar por todo el mundo, y nos quedamos tan tranquilos porque pensamos que ya eso no nos afecta a nosotros. O podemos acaso pensar en las misiones, por aquello del domingo misionero del Domund que celebramos todos los años, y pensamos en países lejanos, países del tercer mundo donde haya otras religiones y los cristianos sean minoría. Pero ¿nos podemos quedar así tan tranquilos?

Hoy escuchamos mucho que la Iglesia nos está hablando de la nueva evangelización, que también se necesita en estos lugares que llamamos cristianos y, claro, pensamos que la gente ya viene menos a la Iglesia y que tenemos que buscar formas para atraerlos y vuelven a llenarse nuestros templos como sucedía quizás en otros tiempos. Pero ¿será sólo a eso a lo que nos referimos con la nueva evangelización?

Y es aquí donde tenemos que comenzar a cambiar el chip de nuestra mente, y de nuestras ideas. Evangelio, como todos bien sabemos, es buena noticia, es la Buena Noticia de Jesús cuando nos anuncia el Reino de Dios que hemos de vivir. ¿Y a la gente que nos rodea les suena de verdad como ‘buena noticia’ el evangelio que escuchan, por ejemplo, cuando vienen a la Iglesia por cualquier motivo devocional? Seguramente muchos de ellos de alguna manera se hacen oídos sordos, porque ya sobreentienden que eso lo han escuchado muchas veces y ya no les suena nada nuevo para ellos.

Y eso es lo tremendo, lo que tiene que hacernos pensar. El anuncio que estamos haciendo hoy en nuestro mundo no suena como buena noticia, no suena como algo nuevo que en verdad llame la atención a los que nos rodean. No se trata ya de decirles que vengan a la Iglesia, es algo más, es algo distinto, tiene que ser una palabra que llegue al corazón, tiene que ser en verdad una luz para sus vidas en los problemas que tiene, en las luchas que tienen que realizar en la vida, en los planteamientos que se puedan hacer de un sentido para la vida que les ayude de verdad a ser más felices.

Hoy que estamos celebrando la conversión de san Pablo él mismo nos lo dice, no entendía el mensaje de Jesús porque además tenía que hacerle salir de sus costumbres y de sus rutinas, por eso perseguía a los que seguían el camino de Jesús. Pero un día Jesús le sale al encuentro en el camino de la vida y aquello fue un revolcón tremendo para su vida; hasta se quedó ciego, tuvieron que llevarlo poco menos que de la mano hasta la ciudad de Damasco a donde se dirigían. Ese encuentro con Jesús supuso para él un encuentro con esa buena noticia del Evangelio que le hizo cambiar todos sus planteamientos.

Es lo que necesitamos y es lo que se necesita en el mundo de hoy. Que el evangelio sea en verdad esa buena noticia que nos haga pensar y que nos haga cambiar nuestros corazones; lo demás vendrá como consecuencia. Por eso también nosotros los cristianos que tenemos que hacer ese anuncio tenemos que plantearnos muy bien cómo lo vamos a hacer, buscar caminos nuevos, buscar medios nuevos, buscar palabras auténticas, pero sobre todo auténticos testimonios que puedan hacer llegar esa buena noticia a cuantos nos rodean.

Muchas cosas tenemos que plantearnos, porque no podemos seguir pensando que todo está hecho, que porque tengamos unas fiestas a través del año, ya todos pensamos en cristiano, en el sentido de Cristo. A mí seriamente me preocupa si estoy haciendo ese buen anuncio de la Buena Noticia de Jesús.


viernes, 19 de enero de 2024

Dios sigue contando hoy contigo y conmigo, y cada uno sabe con sinceridad en su interior cómo es y cual es el recorrido, cuenta con nosotros y quiere que estemos con El

 


Dios sigue contando hoy contigo y conmigo, y cada uno sabe con sinceridad en su interior cómo es y cual es el recorrido, cuenta con nosotros y quiere que estemos con El

1Samuel 24, 3-21; Sal 56;  Marcos 3, 13-19

Todos queremos realizar nuestro trabajo y de la mejor manera posible; ponemos nuestro empeño, nuestro esfuerzo, nuestras capacidades para ir sacando adelante aquel trabajo de nuestras manos, o de nuestras capacidades y posibilidades. Pero todo comprendemos hoy que nada vamos a hacer en su totalidad por nosotros mismos, que necesitamos contar con tareas que otros hayan realizado, o con personas que trabajen a nuestro lado, cada uno según sus ‘saberes’ y sus capacidades para poder realizar un trabajo en conjunto que llegue a lo mejor. Buscamos para trabajar con nosotros los mejores colaboradores, las mejores cualidades y valores, queriendo rodearnos de lo mejor. Es, podríamos decir, la sabiduría de la vida que también hemos ido aprendiendo.

Es como Dios nos ha creado, pensamos y decimos desde nuestra antropología cristiana. El mundo no lo puso en las manos de un solo hombre, sino de toda la humanidad, y somos todos, sabiendo trabajar juntos en armónica colaboración, los que tenemos la tarea de continuar esa obra creadora de Dios puesta en nuestras manos. Si llegáramos a comprenderlo bien se acabarían tantos egoísmos y orgullos, tanto individualismos y tantas guerras que nos hacemos los unos a los otros, porque siempre queremos sobresalir individualmente y nos olvidamos de la belleza que entre todos tenemos que saber crear.

Es lo que contemplamos que va haciendo Jesús en el evangelio. Comienza haciendo el anuncio del Reino de Dios y le veremos ir de un lado a otro en esa proclamación de la Palabra. Pronto va llamando a aquellos que le van a seguir de mas cerca; invitará a los pescadores del mar de Galilea a ser pescadores de una pesca más amplia cuando les habla de ser pescadores de hombres; llamará a Mateo desde su garita de cobrador de impuestos, o invitará a Felipe a seguirle, aceptará a Natanael que viene hasta El aun con sus reticencias, y serán muchos los que le van siguiendo de cerca formando un grupo más compacto junto a El. En un momento a ese grupo grande de discípulos los envía de dos en dos por donde ha de ir El para que vayan por delante haciendo el anuncio del Reino.

Hoy en el evangelio contemplamos como, ‘mientras subía al monte, de entre todos los discípulos, llamó a doce para que estuvieran con El y para enviarlos a predicar con la autoridad de curar enfermos y expulsar demonios’, su misma autoridad. Y a continuación el evangelista nos da nominalmente quienes forman ese grupo con sus propios nombres.

‘Llamó a los que quiso y se fueron con El’, dice el evangelista. ¿Y a quienes llamó? En nuestros criterios humanos nos hubiéramos puestos a escoger muy bien, trazándonos unos perfiles muy concisos y exigentes, porque hubiéramos querido escoger a los mejores según nuestros criterios. Pero llamó a unos pescadores, llamó a una gente sencilla, la mayoría de ellos sin nombre y sin que hubieran destacado por otros lados, incluso alguno de los que más despreciados eran por los que se consideraban importantes, porque era un publicano, un recaudador de impuestos, algunos zelotes de aquellos grupos medio exaltados y revolucionarios que estaban en contra de la situación que vivía Israel en aquellos momentos. Pero fueron los que escogió Jesús para que estuvieran con El y para enviarlos a predicar con su misma autoridad.

Pero ya sabemos que el Señor no se fija en las apariencias, que Jesús mira el corazón, que Jesús descubre en nosotros otros valores que quizás los que están a nuestro lado no son capaces de ver, ni nosotros mismos de reconocer. Porque Dios sigue contando hoy contigo y conmigo; y cada uno sabe con sinceridad en su interior cómo es y cual es el recorrido, muchas veces lleno de sombras, que nosotros hemos hecho. Y Dios cuenta con nosotros. Y quiere que estemos con El. Y también nos dará esa autoridad para que sigamos haciendo el anuncio del Reino hoy.

¿Tendríamos que aprender a ver y reconocer los auténticos valores que llevamos por dentro, que tienen las personas que están cerca de nosotros? ¿Tendríamos que aprender a reconocer y agradecer ese querer contar Dios con nosotros a pesar de nuestras limitaciones o de las sombras que haya en nuestra vida? ¿Por qué andamos con tantos prejuicios, con tantas apreciaciones que nos hacemos de los demás, con tantos sambenitos que seguimos colgando sobre los hombros de los otros simplemente porque no nos caen bien? A muchas consideraciones tendría que llevarnos este evangelio que hoy estamos contemplando.

sábado, 9 de diciembre de 2023

La llamada del Adviento para este año es que mostremos con los signos de nuestra vida y de nuestro amor que el Reino de Dios ha llegado, despertemos

 


La llamada del Adviento para este año es que mostremos con los signos de nuestra vida y de nuestro amor que el Reino de Dios ha llegado, despertemos

Isaías 30, 19-21. 23-26; Sal 146; Mateo 9, 35-10, 1. 5a. 6-8

‘Recorría Jesús todos los pueblos y aldeas de Galilea… proclamando la buena noticia del Reino de Dios… curando toda enfermedad y toda dolencia…’

Su Palabra anuncia la llegada del Reino, sus obras hacían palpable la llegada del Reino. Un mundo nuevo comenzaba donde tendría que reinar la libertad de una vida nueva; sus palabras hacen sentir que algo nuevo tenía que comenzar, era la hora de la liberación, nada podía atar el corazón del hombre porque todos habrían de encontrarse con la verdad y con la vida. El camino estaba abierto, allí estaba Jesús que era el camino; allí podían encontrarse con la verdad y con la vida, porque allí estaba Jesús que era la verdad, que era la vida.

El paso de Jesús va desatando los corazones; el paso de Jesús irá llenándolo todo de luz; el paso de Jesús les hará encontrarse consigo mismos para sentir que una vida nueva habían de vivir; el paso de Jesús nos va transformando en hombres nuevos; el paso de Jesús es una buena noticia, es la buena noticia, porque la noticia es Jesús.  Una buena noticia llegaba a los pobres y a los desesperanzados, una nueva noticia que iría haciendo romper cadenas. ¿No recordaría un evangelista aquello que había anunciado el profeta de que al pueblo que caminaba en tinieblas le amaneció una gran luz? El momento  había llegado con Jesús.

Y Jesús sigue contemplando aquel pueblo que andaba extenuado, que habían perdido las esperanzas, que muchas veces se dejaban llevar por ese caminar sin rumbo porque aun no habían encontrado la luz; andaban como ovejas sin pastor. Era amplio el campo que se contemplaba que parecía que no tenía horizontes. Y Jesús siente compasión, y nos dice que la mies es mucha, que los operarios son pocos, que roguemos al dueño de la mies para que envíe más operarios; como aquel buen hombre que salió en las distintas horas del día a buscar operarios para su viña.

Es nuestro mundo, ese mundo que nos rodea en toda su amplitud. También contemplamos un mundo extenuado que no sabe que rumbo tomar porque hay muchos cantos de sirena que pretenden atraerle de un lado y de otro. Esa mies necesita operarios. Miremos alrededor nuestro, miremos la manera de actuar de los que están a nuestro lado, démonos cuenta de esa carencia de valores que reina en nuestro mundo, seamos conscientes de que los valores del Reino están lejos de muchos corazones que no se dejan guiar sino por la ambición y la vanidad, que se encierran en si mismos y rehuyen todo compromiso por algo nuevo y mejor. La mies es mucha, ¿cuántos son los operarios?

Tiene que dolernos también el corazón viendo la realidad de nuestro mundo, pero no solo quedarnos en quejarnos de los males que podamos contemplar, sino tener compasión, como la tuvo Jesús. Jesús sintió compasión ante lo que contemplaba y no se quedó con los brazos cruzados, allá por donde pasaba iba repartiendo vida, despertando esperanza, caldeando los corazones para el amor. Y lo manifestaba a través de los signos que hacía. ¿Será el camino que nosotros también tenemos ya de una vez por todas que emprender?

Nos dice el evangelista que Jesús llamó a algunos discípulos y los constituyó en apóstoles que envió con su misma misión y con su mismo poder.  ¿Encontrará en nosotros esos discípulos disponibles para poner la mano en el arado y no volver la vista atrás, sino lanzarnos en medio del mundo a sembrar la semilla del Reino de Dios? Es la tarea que Jesús nos quiere confiar. ‘Id y proclamad que ha llegado el Reino de Dios’, nos dice. Mostrémoslo con los signos de nuestra vida y de nuestro amor.

¿Será esa la llamada del Adviento para este año? Despertemos.

martes, 18 de julio de 2023

Con sinceridad tendríamos que decirnos a nosotros mismos, mira qué desagradecido con Dios con tanto que de Dios ha recibido

 

Con sinceridad tendríamos que decirnos a nosotros mismos, mira qué desagradecido con Dios con tanto que de Dios ha recibido

 Éxodo 2,1-15a; Sal 68;  Mateo 11,20-24

Mira qué desagradecido, nos atrevemos a pensar en más de una ocasión cuando no somos correspondidos por alguien al que quizás en muchas ocasiones habíamos ayudado de alguna manera pero que ahora parece que se desentiende de todo y todo parece darlo por olvidado. No es que hagamos las cosas para que nos las agradezcan, eso al menos decimos no sé si por quedar bien, pero nos gusta que esas personas correspondan de alguna manera, se acuerden de lo que un día hicimos por ellas y de alguna manera den una respuesta.

Claro que eso nos es fácil pensarlo de los demás y quizás somos nosotros en muchas cosas de la vida los que de alguna manera estamos actuando así. En fin de cuentas en la vida todo nos relaciona a los unos con los otros y siempre directa o indirectamente siempre estamos recibiendo algo de los demás. Son cosas que hemos de saber valorar, tener en cuenta, corresponder de alguna manera, es como iremos haciendo crecer también nuestras relaciones de amistad y todo lo que es el aprecio que nos hemos de tener los unos a los otros. Mucho tenemos en la vida que aprender en este sentido.

El evangelio de hoy nos está hablando de una queja de Jesús, por llamarlo de alguna manera; una queja hacia algunos pueblos y ciudades de aquel entorno de Galilea donde Jesús se prodigó más en su predicación y en sus milagros.  Se nos está refiriendo a algunos pueblos de aquel entorno del lago de Tiberíades, como eran Betsaida, precisamente la patria de Simón y de Andrés, y otras ciudades como Corozaín. Mucho había predicado Jesús allí y muchos milagros habría realizado y sin embargo no daban señales de conversión, no daban señales de creer en El.

‘Se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían convertido: ¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida!’ Y Jesús les hace la comparación con Sodoma y Gomorra, aquellas ciudades destruidas por la increencia y la maldad con fuego del cielo, y también compara con Tiro y con Sidón, dos ciudades de gentiles, en las tierras de Fenicia junto al mar, dedicadas al comercio sobre todo pero que eran famosas por su increencia.

Y Jesús ahora les dice que si en esos sitios se hubieran hecho los milagros que en Corozaín y Betsaida se han realizado, seguro que hubieran dado señales de conversión. ‘Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Pues os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras… Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, - y está haciendo referencia ahora a Cafarnaún - habría durado hasta hoy’.

Pero releamos este pasaje del evangelio no solo pensando en aquellas ciudades y aquel entorno donde Jesús realizaba el anuncio del Reino de Dios, sino haciendo referencia a nosotros mismos. Hablábamos al principio de esa actitud desagradecida con que muchas veces caminos en la vida en nuestras relaciones entre unos y otros, hagamos ahora referencia a nuestra relación personal con Dios. ¿Cuál es nuestra respuesta? ¿Seremos en verdad conscientes de cuanto recibimos cada día de Dios en la misma vida que vivimos y en cuanto nos rodea que tendríamos que saber descubrir la mano de Dios?

Pensemos en nuestra vida personal, con nuestra historia, con nuestras luces y con nuestras sombras, todo lo que ha sido el camino en nuestra vida en lo religioso y en nuestra fe, en los sacramentos que hemos recibido o la Palabra de Dios que tantas veces hemos escuchado, en los problemas con que nos hemos ido encontrando en la vida y cómo tantas veces hemos pedido la ayuda de Dios, en tantos que Dios ha puesto a nuestro lado y que con su palabra, con su testimonio y su ejemplo han sido voz de Dios para nuestra vida, en las veces que nos hemos sentido pecadores y hemos implorado el perdón del Señor, y así podríamos según pensando en muchas cosas más. ¿Cuál ha sido nuestra respuesta? ¿Qué frutos de vida cristiana estamos manifestando en nuestra vida? ¿Hasta donde llega nuestro compromiso con la Iglesia?

Mira qué desagradecido, decíamos al principio pensando en las cosas que vemos en nuestro entorno en otras persona, pero ¿no tendríamos que decirnos a nosotros mismos, mira qué desagradecido con Dios con tanto que de Dios ha recibido?