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lunes, 27 de abril de 2026

La imagen del Pastor que a todos acoge para formar un solo rebaño en torno a un único pastor nos habla de la actitud de acogida que con todos hemos de tener

 


La imagen del Pastor que a todos acoge para formar un solo rebaño en torno a un único pastor nos habla de la actitud de acogida que con todos hemos de tener

Hechos 11, 1-18; Salmo 41; Juan 10, 1-10

En este lunes siguiente al domingo del Buen Pastor sigue la liturgia y la Palabra de Dios en ella proclamada la misma imagen del Buen Pastor que ayer nos ofrecía. Muchas son las cosas que podemos reflexionar, grande es la riqueza y la belleza de esa imagen que no agota nuestras reflexiones, como no se agota el amor de Dios que se derrama sobre nuestra vida y de lo que es precisamente signo y señal esta imagen del Buen Pastor.

Como hemos reflexionado es el Pastor que nos busca y que nos cuida, que nos protege y que nos sana de nuestras heridas, que nos alimenta porque da su vida por nosotros para que tengamos vida y vida en abundancia. Es el Pastor que nos llama y nos encanta con sus silbos amorosos para atraernos a su redil donde podemos encontrarnos y amarnos a pesar de las diferencias que hay entre nosotros. Quiere que seamos un solo rebaño bajo la guía de un único pastor.

Creo que es muy importante atender a esta consideración de la acogida porque también ha de ser una buena actitud que nosotros hemos de mantener en la vida y más en estos tiempos donde por una parte son tan fáciles los enfrentamientos en este mundo de violencia en el que vivimos, pero donde tenemos el peligro de comenzar a caer también en discriminaciones con la movilidad que hoy vivimos en nuestra sociedad donde continuamente nos pueden estar llegando personas de otras culturas, con otro sentido de la vida desde la idiosincrasia de cada pueblo y de cada lugar de donde provengan esas personas que llegan a nosotros y con las que nos estamos encontrando a diario.

La emigración es una constante de nuestro tiempo y ya no es raro encontrarnos a nuestro paso con personas diferentes. Pero bien sabemos también que eso está provocando una serie de reacciones en nuestra sociedad que algunas veces se vuelven inhumanas. La tentación del racismo y la discriminación es algo que nos circunda y nos envuelve, surgen fácilmente las desconfianzas y las culpabilizaciones sin razón de ser, simplemente porque la culpa siempre tenemos que echársela al otro. ¿Tendremos en estas circunstancias auténtica humanidad en nuestro trato con esos a los que vemos diferentes y afloran los valores cristianos que tendrían que aflorar?

Qué importante que sepamos hacer florecer de nuevo valores como la acogida y el respeto a la dignidad de toda persona sea quien sea. Tenemos la tentación y el peligro de endurecer el corazón y encerrarnos cada vez más en el círculo de los nuestros dejando fuera a los que nos parecen diferentes. Nacen los resentimientos y las reticencias para aceptar a quien llega a nosotros mirándolos como seres extraños que pudieran enturbiar nuestras mutuas relaciones. 

¿Cuáles serían las actitudes que como cristianos seguidores de Jesús tendrían que brillar en nuestras costumbres y en nuestra manera de hacer las cosas? ¿En qué tendríamos que imitar a ese buen pastor al que seguimos contemplando que quiere hacer de todos un solo rebaño bajo el cayado de un único pastor?

En ese sentido nos es muy válido también el texto de los Hechos de los Apóstoles que hoy se nos ofrece. Le habían echado en cara a Pedro que había entrado en casa de gentiles a los que también había bautizado; les cuenta Pedro la visión que había tenido con aquel mantel bajado del cielo con toda clase de animales que había que sacrificar y comer; Pedro se había negado por aquello de la pureza legal de los alimentos puros e impuros, pero la voz del cielo le advierte que lo que Dios ha hecho puro no lo puede hacer impuro el hombre. Cuando Pedro hablaba a aquellos gentiles que lo habían invitado a su casa, hablándoles de Jesús y del Evangelio el Espíritu Santo se manifestó como un nuevo Pentecostés para envolver a todos los presentes. ‘¿Quién soy yo para oponerme a Dios?’, reflexionaba Pedro porque ‘también a los gentiles se les ha otorgado la conversión que lleva a la vida’.

¿Nos ayudará esto a nosotros en esa actitud de generosa acogida que siempre hemos de tener a toda persona, lejos de toda discriminación y de todo racismo al que nos vemos tentados?


domingo, 26 de abril de 2026

Jesús, buen Pastor que nos conoce y nos llama por nuestro nombre, nos conduce por caminos de vida siendo la única puerta de nuestra salvación

 


Jesús, buen Pastor que nos conoce y nos llama por nuestro nombre, nos conduce por caminos de vida siendo la única puerta de nuestra salvación

Hechos 2, 14a. 36-41; Salmo 22; 1Pedro 2, 20-25; Juan 10, 1-10

Hoy escuchamos en el evangelio una de las imágenes más hermosas que nos ofrece Jesús de sí mismo, nos habla del pastor y de las ovejas, nos habla del aprisco y de la puerta para poder entrar, nos habla del pastor que conoce a sus ovejas y las conoce por su nombre, pero nos habla de las ovejas que conocen y escuchan la voz de su pastor.

Ya sé que es una imagen que en nuestros ambientes urbanos se habrá podido quedar en lo bucólico pero también por ese ambiente urbano tan alejada de la vida de nuestros campos muchos no llegarán a terminar de entender en todo su sentido. Pero la imagen está ahí con toda su riqueza y con su belleza y sigue hablándonos hoy de nuestra relación con Jesús pero sobre todo de cuanto significa Jesús para nosotros por la fe que hemos puesto en El.

No serán necesarias muchas explicaciones, sin embargo, porque simplemente contemplando el evangelio y todo lo que fue el camino de Jesús lo podremos comprender. Nos busca, nos llama, nos ofrece el mejor alimento para nuestra vida, Él mismo se hace alimento para nosotros. creo que bien puede ser una experiencia que hayamos experimentado en nuestra vida, a la manera de cómo Jesús se acercaba a todos en el evangelio, a todos escuchaba y alimentaba, por todos se daba como el pastor que tanto cuida a sus ovejas y no teme perder su vida por dar libertad y paz a sus ovejas. Son los caminos del evangelio, son los caminos de Jesús.

Podríamos detenernos en nuestra contemplación del evangelio de este día en la afirmación que hace Jesús diciéndonos que es la puerta para entrar y para salir; no nos valen otras puertas, no nos vale buscar otros atajos, no nos vale querer saltar por encima de las dificultades o los obstáculos para querer llegar más pronto, no nos vale hacernos nuestras puertas a nuestras medidas. Jesús en alguna ocasión nos hablará de la puerta estrecha por la que hemos de entrar.

Normalmente la puerta del redil no es una puerta ancha porque es la forma cómo el pastor controla que de verdad entran todas las ovejas; como nos dirá Jesús las conoce por su nombre, nos conoce por nuestro nombre. No somos un número más, un número indefinido, porque cada uno tenemos nuestras características, nuestros valores y nuestras riquezas humanas, como nuestras propias debilidades o tenemos nuestros personales tropiezos en el camino de la vida. Y así nos conoce Dios y así nos ama Dios.

Recuerdo significativamente que tanto para entrar en Belén a la Basílica de la Natividad, como para acercarnos al santo sepulcro en Jerusalén al lugar de la resurrección del Señor, hay que pasar por una puerta pequeña donde necesariamente tenemos que agacharnos para poder pasar. Y podemos recordar también aquello que en otro momento nos dice Jesús del camello que tiene que pasar por una aguja, que eran las puertas laterales de la gran puerta de las murallas que era una puerta estrecha, para señalarnos que cuando vamos recargados de muchas cosas tendremos dificultades para entrar. Humildad para poder pasar por la puerta que es Cristo, pero desprendimiento porque no son esos apegos buenas señales de lo que significa seguir a Jesús, porque su puerta será siempre un camino para el amor.

Jesús es, pues, el Buen Pastor, una imagen siempre muy presente en la vida de la Iglesia y de los cristianos, de manera que en la arqueología cristiana la primera imagen en figura que encontramos como referencia a Jesús es la del Buen Pastor, ya allá en las catacumbas de Roma. Es el pastor que nos alimenta y nos da vida, es el pastor que camina delante de nosotros y no nos deja nunca solos, es el pastor que siente lástima cuando contempla a aquellas muchedumbres que andaban como ovejas sin pastor, es el Pastor que se hace pan para alimentarnos dándonos a comer su carne porque al mismo tiempo es el Cordero sacrificado que arrancar la muerte de nuestro mundo, porque nos dirá hoy en el evangelio que Él ha venido para darnos vida y la tengamos en abundancia.

    Como nos decía el apóstol Pedro en su carta que hoy escuchamos ‘andábais errantes como ovejas (sin pastor), pero ahora os habéis convertido al Pastor y guardián de vuestras almas… porque con sus heridas fuisteis curados’. Así queremos seguir a Jesús, así queremos escucharle porque Él es nuestra única puerta de salvación, así queremos alimentarnos de Él porque solo comiéndole podremos tener vida eterna.

lunes, 12 de mayo de 2025

Con Jesús siempre seguros, porque tenemos la certeza de la puerta que se nos abre, la seguridad de la fortaleza para el camino, la luz suficiente para alejarnos de las tinieblas

 


Con Jesús siempre seguros, porque tenemos la certeza de la puerta que se nos abre, la seguridad de la fortaleza para el camino, la luz suficiente para alejarnos de las tinieblas

Hechos 11, 1-18; Salmo 41; Juan 10, 1-10

Si tenemos una puerta, ¿por qué tenemos que saltar por la valla? Por la valla saltan los que no pueden tener acceso por la puerta, o los que teniendo acceso posible por la puerta, como sus intenciones no son buenas, tratan de pasar disimuladamente para poder lograr sus fines ocultos. Y el que viene con esas intenciones o esos deseos seguramente lo que va a producir son estragos, trastornos, daños. Es importante y serio quien entre por la puerta, el sentido de la puerta.

Es una imagen más y bien enriquecedora que nos ofrece Jesús de sí mismo a lo largo del evangelio y que hoy de manera especial escuchamos. Ha estado hablando de las ovejas y del pastor, de las ovejas que escuchan y conocen a su pastor, pero del pastor que conoce y que ama a sus ovejas hasta el punto de dar la vida por ellas. En otros momentos del evangelio nos hablará de camino y de verdad, nos hablará de luz y de vida diciéndonos que todo eso es Él para nosotros.

Ha venido como la luz, aunque se encontrará que la tiniebla rechaza la luz, no la recibirá, como ya desde el principio del evangelio de san Juan se nos dice; nos dirá que quien le sigue no anda en tinieblas, y eso tiene que ser la opción que tenemos que hacer. Por eso la imagen de la luz aparecerá muchas veces en el evangelio pero además nos pide que vayamos a su encuentro con las luces en nuestras manos, pero que hemos de tener suficiente aceite para que se mantengan encendidas. Claro que su verdad y su sabiduría es ese aceite que nos mantendrá con la luz encendida.

Pero si nos manda caminar a su luz, también nos dirá que Él es el camino. Cuando los discípulos le piden que les muestre al Padre, del que tanto les viene hablando, les dirá que quien le ve a Él ve al Padre, porque nadie podrá ir al Padre sino por El; pero además nos dice que nadie conoce al Padre sino el Hijo y a quien el Hijo se lo quiere revelar; viene a decirnos así cómo El nos revela al Padre. ‘Nadie va al Padre, sino por mí’. Y concluirá con una afirmación definitiva, ‘Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida’.

Y hoy abundó en la idea de las ovejas que le siguen, le escuchan, El las ama y da su vida por ellas, en esa imagen del aprisco nos dirá que Él es la Puerta. Para entrar a formar parte de este aprisco, de ese rebaño no tenemos otro camino que El mismo. ‘En verdad, en verdad os digo, yo soy la Puerta’. Nos hablará del verdadero pastor y nos hablará de los malos pastores que no cuidan a su rebaño sino que solo se aprovechan de él. Pero eso nos hablará de ladrones que solo vienen para hacer estrago, para robar y para matar.

Es importante esta imagen. Una imagen que nos lleva a desear conocer esa puerta, que algunas veces nos dirá Jesús que es estrecha porque es exigente, pero que en otro momento nos dirá que no  hemos de temer en lo que Él pueda pedirnos porque reina por encima de todo la libertad porque reina el amor. ‘Mi yugo es llevadero y mi carga es liviana’, nos dirá. El desconocimiento nos hace ver muchas veces las cosas como demasiado grandiosas u opresivas. Estamos ante un paisaje que no conocemos, pero que además por ese desconocimiento se nos manifiesta de entrada oscuro, ya estamos pensando que todo lo que hay detrás es tenebroso y nos dará miedo entrar en ese huerto o en ese camino. Cuando tengamos conocimiento de lo que hay veremos que no es tan temeroso sino que los carriles por los que nos hace circular el Señor están bien engrasados con la gracia y nos dan facilidad a nuestro rodaje.

Con Jesús siempre nos tenemos que sentir seguros, porque tenemos la certeza de a dónde nos va a llevar la puerta que se nos abre, tenemos la seguridad de la fortaleza para el camino, tendremos la luz suficiente para alejarnos de las tinieblas y de los peligros, tenemos la certeza de la meta porque sabemos que nos vamos a encontrar con el Padre. Qué gozada seguir el mensaje del evangelio.


domingo, 11 de mayo de 2025

Escuchar para conocer, escuchar para poder seguir, escuchar para poder ser discípulos, escuchar para poder ser misioneros en medio de nuestro mundo

 


Escuchar para conocer, escuchar para poder seguir, escuchar para poder ser discípulos, escuchar para poder ser misioneros en medio de nuestro mundo

Hechos 13, 14. 43–52; Salmo 99; Apocalipsis 7, 9. 14b-17; Juan 10, 27-30

A veces damos la impresión que nos lo sabemos todo, vamos con nuestros prejuicios por delante, con nuestras ideas preconcebidas, con nuestras apariencias y empleo esta palabra no solo refiriéndome a nuestras apariencias personales que damos sino que nosotros nos hacemos una apariencia de la otra persona para juzgarla o para condenarla sin conocerla ni escucharla. No, si yo la conozco bien, de toda la vida, decimos, pero quizás nunca nos hemos detenido a hablar con esa persona para saber lo que piensa o por qué hace las cosas.

Necesitamos escuchar para conocer; y nos cuesta escuchar, porque ponemos una presintonía en nuestros oídos y no estamos escuchando a la persona sino escuchándonos a nosotros mismos en las prevenciones que podamos tener hacia esas personas. Escuchando podemos conocer y podemos comenzar a establecer una nueva relación, una relación de amistad, una relación de nueva comunión. Nos aislamos y solo nos escuchamos a nosotros mismos.

Pero nos sucede en todos los aspectos de la vida, en nuestras relaciones con las personas que nos rodean, muchas veces comenzando por la propia familia, pero puede sucedernos en las cosas que emprendamos que vayamos solo encuadramos en nuestras propias maneras de ver las cosas, o nos puede suceder en todo lo que es nuestra relación con la sociedad en la que vivimos; desconocemos cual es el sentir de ese mundo cercano a nosotros y luego no sabremos responder a los problemas que se presentan.

¿Nos sucederá también en lo que es nuestra relación con Dios, en nuestra manera de entender lo que significa ser cristiano, en la tarea que como cristianos tenemos que realizar en nuestro mundo, en nuestra relación también con la Iglesia? Quizás tendrían que ser cosas que también nos planteáramos.

Estamos en este ya cuarto domingo de pascua celebrando el domingo llamado del Buen Pastor, por la imagen que se nos ofrece en el evangelio en los tres ciclos litúrgicos. Hoy nos dice Jesús en el evangelio ‘Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano’.

Nos propone Jesús la imagen tan bucólica de las ovejas y de sus pastores. ‘Mis ovejas escuchan mi voz…’ nos dice, ‘y yo las conozco, y ellas me siguen’. Una imagen muy hermosa. Quizás en nuestra sociedad tan urbana en que vivimos estemos lejos ya de esa experiencia de las ovejas y de los rebaños en el campo, pero si en nuestra cultura de hoy estaremos más acostumbrados a tener nuestras mascotas en casa, unos animalitos que nos hacen compañía, que cuidamos o que ellos también nos siguen y hasta en cierto modo nos cuidan. ¡Cómo conocen nuestra voz! ¡Como sienten nuestra cercanía aunque no nos vean cuando llegamos a casa! Son experiencias que fácilmente muchos podamos tener.

Nos está queriendo hablar Jesús de cómo hemos de escucharle. Nos llamamos cristianos, sin embargo, y muchas veces no hemos sabido escucharle, no nos detenemos lo suficiente ante las páginas del evangelio para conocerle y para aprender a seguirle, no hacemos ese silencio interior para escucharle allá en lo más hondo de nosotros mismos. ¿En qué hemos convertido muchas veces eso de ser cristiano? ¿Solamente en una tradición porque aquí todos somos cristianos, porque mis padres eran cristianos y me bautizaron y un día quisieron que hiciéramos la primera comunión?

Es cierto que quienes nos acercamos más a las celebraciones litúrgicas tenemos más la oportunidad de escuchar la Palabra de Dios; pero eso tenemos que aprender a hacer, escuchar, escuchar de verdad la Palabra de Dios, que no es solo lo que luego el sacerdote pueda decirnos o comentarnos en la homilía, que forma parte también, es cierto, de esa proclamación de la Palabra de Dios, sino en ese necesario silencio interior que hemos de hacer para escuchar en lo más hondo de nosotros esa Palabra de Dios.

¿Andaremos muchas veces distraídos, entretenidos en nuestros pensamientos, atentos a otras cosas que puedan haber en el entorno de nuestras celebraciones pero no atentos a escuchar lo que allá en lo más hondo de nosotros mismos el Señor quiera decirnos? Nada tendría que distraernos en esa proclamación de la Palabra de Dios, en ninguna otra cosa tendríamos que estar entreteniéndonos. No siempre lo hacemos.

Escuchar para conocer, escuchar para poder seguir, escuchar para poder ser discípulos, escuchar para poder llenarnos de Dios, escuchar para descubrir por donde tiene que ir la respuesta de nuestra vida, nuestro compromiso cristiano, escuchar sin prevenciones o con ideas preconcebidas, escuchar para poder ser luego misioneros en medio de nuestro mundo. ¿Si no hemos escuchado qué es lo que luego podemos trasmitir?

domingo, 21 de julio de 2024

Encontremos ese momento para estar con Jesús, escucharle en nuestro corazón, disfrutar de su presencia, sentirnos renovados en el espíritu porque El está con nosotros

 


Encontremos ese momento para estar con Jesús, escucharle en nuestro corazón, disfrutar de su presencia, sentirnos renovados en el espíritu porque El está con nosotros

Jeremías 23, 1-6; Sal. 22; Efesios 2, 13-18; Marcos 6, 30-34

‘Mira, estás estresado, estas viviendo una tensión muy fuerte, mejor te vas unos días a descansar y luego hablamos’, quizás hemos dicho alguna vez a alguien que venía con sus agobios y problemas, no sabíamos por donde hacer algo por él, y pensamos que lo mejor es que tuviera ese tiempo de descanso para que él mismo se aclarara y luego poder hablar para encontrar soluciones. Es lo que le dice el padre al hijo que está viviendo un momento malo y no hay por donde hablar, y le dice ‘vete, duerme esta noche, y mañana estarás más tranquilo y podemos hablar’. Muchos ejemplos de situaciones así podíamos seguir poniendo en las relaciones de la pareja y del matrimonio, en los problemas de los amigos, en la tensión del trabajo cuando las cosas no salen y parece que todo puede ir al fracaso.

¿Es esa la solución y los protocolos técnicos que podamos tener para esos casos? Nos hablarán los sicólogos, nos hablaran los asistentes sociales, los consejeros matrimoniales, los asesores en recursos humanos… para todo tenemos protocolos y respuestas, que en esta reflexión no entro a valorar.

Solo quiero fijarme en este pasaje del evangelio que este domingo se nos propone. Jesús había enviado a los discípulos a hacer el anuncio del Reino e incluso les había dado autoridad, como en otros momentos hemos reflexionado, para curar enfermos y para expulsar demonios. Es el regreso de la misión que Jesús les había encomendado, vienen contentos por lo que han realizado en nombre de Jesús, pero sabe El que después de aquella actividad necesitan un descanso. Además eran tantos los que iban y venían que nos les daban tiempo ni para comer. ‘Vamos a un sitio aparte, a un lugar desierto, para descansar’.

¿Tú, duerme y descansa ahora que luego hablamos? No es eso lo que quiere Jesus. ‘Vamos’, dice, porque El va con ellos; vamos a un lugar apartado, pero será un lugar, al menos es lo que pretende, donde podamos estar juntos, donde podamos disfrutar de nuestro descansa, donde podamos tener tiempo de compartir. Vamos, que yo estaré con nosotros.

Podíamos recordar otro pasaje del evangelio donde Jesus invita a los que están cansados y agobiados a ir con El, porque en El encontrarán su descanso, a ir con El, porque de su mansedumbre han de aprender para mantener la paz en el corazón, porque en El nos vamos a sentir fuertes frente a todos los embates, frente a todos los agobios y carreras, frente a todas las luchas que habremos de mantener, porque no es que no nos dejen ni comer, es que no nos dará cuartel ni descanso ese mundo que tenemos enfrente y del que no nos podemos desentender.

No es el descanso solo de meternos dentro de nosotros mismos y quizás querer olvidarnos de todo, es el descanso de estar con Jesus porque en El encontraremos la fuerza que necesitamos, recargamos nuestras pilar como decimos tantas veces; pero no es algo externo que venga a nosotros sino que será Dios mismo el que estará dentro de nosotros; es inundarnos de Dios, dejarnos empapar de Dios y de su Palabra, dejarnos conducir por Dios porque su espíritu estará con nosotros inspirando y haciendo nueva nuestra vida. El es nuestra paz, como nos decía san Pablo. El es el Pastor que en verdes praderas nos hace recostar y repara nuestras fuerzas, como decíamos en el Salmo.

No es aislarnos para nadie nos moleste, mientras resolvemos nuestras cosas, sino abrir nuestro espíritu de manera distinta para que sea el espíritu de Dios el que inhabite en nosotros; no es aislarnos para olvidarnos de ese mundo que nos rodea con sus problemas y con sus aspiraciones, sino aprender a tener una mirada distinta para conocerlo mejor y para también para mejor darle una respuesta. Solo lo podremos haces desde Dios, solo lo podremos hacer si aprendemos a hacerlo con la mirada de Dios.

En aquella travesía que hicieron entonces los discípulos con Jesus para encontrar aquel lugar apartado y de silencio no tuvieron tiempo de muchas cosas, porque al llegar a aquel sitio se encontraron que ese mundo estaba esperándolos. Y Jesús no se desentiende, se puso a enseñarles y a curar a sus enfermos; y los discípulos tuvieron ya con la fuerza de lo que habían estado con Jesús que comenzar a realizar también su tarea. Ya escucharemos en próximos domingos la continuación de este relato del evangelio.

Quedémonos aquí, o mejor, vayamos con Jesús, porque El quiere que estemos con El. Encontremos, sí, ese momento para estar con Jesus, para escucharle en nuestro corazón, para disfrutar de su presencia, para sentirnos renovados en el espíritu porque sabemos que El está con nosotros.

Que el domingo, día del Señor, día para ir y estar con el Señor de manera especial como El nos llama, sepamos aprovecharlo; no lo convirtamos en un cumplimiento que despachamos en unos minutos; mucho más tendría que ser nuestro encuentro con el Señor y su Palabra en la Eucaristía dominical, el prepara para nosotros una mesa, nos unge con perfume y nos ofrece una copa que rebosa. ¿Sabremos disfrutar de ese banquete del Señor que nos ofrece el Señor? Es mucho más que los protocolos de la vida nos puedan ofrecer.

lunes, 22 de abril de 2024

Entremos por la puerta de Jesús, aunque nos parezca estrecha, pero nos conduce con seguridad al redil de la vida, El está detrás de esa puerta esperándonos

 






Entremos por la puerta de Jesús, aunque nos parezca estrecha, pero nos conduce con seguridad al redil de la vida, El está detrás de esa puerta esperándonos

Hechos de los apóstoles 11, 1-18; Salmo 41; Juan 10, 1-10

Qué gratificante que cuando estamos buscando por donde entrar a un sitio por el que sentimos algún tipo de interés nos encontremos con la puerta y con quien posee las llaves de esa puerta. Me ha sucedido alguna vez visitando algún lugar, pero que nos encontrábamos cerrado y sin posibilidades de entrar para admirar, por ejemplo, la belleza y la riqueza histórica y cultural de aquel lugar, pero pronto encontramos por donde entrar, pero además quien nos facilitará aquella entrada porque no solo tenía en su mano la llave de entrada, sino también el conocimiento necesario para explicarnos lo que deseábamos visitar.

Andamos buscando en la vida esa llave y esa entrada  que nos haga encontrar sentidos, que nos llene de valores, que nos haga descubrir de verdad el valor de la vida y de lo que podemos hacer; andamos buscando esa luz o esa medicina, porque quizás muchas veces son muchos los desencantos que nos hieren el alma, muchas pueden ser las cosas que nos hacen sufrir y se convierten para nosotros en un dolor insufrible cuando no hay esperanza, cuando no se nos abren los horizontes de la vida, cuando andamos vagando de acá para allá sin saber muchas veces a qué atenernos. ¿No es cierto que muchas veces nos encontramos desorientados por esos caminos de la vida? ¿No es cierto que se nos llena de dolor el alma en tantas sombras y noches oscuras que nos encontramos por doquier y que muchas veces nos hacen perder hasta la ilusión por la vida?

A nuestro encuentro viene Jesús. Que quiere ser luz; que quiere abrir los horizontes de nuestro corazón; que quiere ser nuestro viático y acompañante en el camino, porque somos como aquel joven Tobías que necesitó de Rafael, el arcángel que estaba en la presencia de Dios, para acompañarle en el camino y orientarle en las diferentes situaciones en que se iba a encontrar.

Nos ha venido hablando de que es el Pastor de nuestra vida, pero hoy nos dice también que es la puerta por donde debemos entrar. No podemos echar en saco roto esas palabras de Jesús. Tenemos que dejarnos conducir para penetrar por esa puerta, sabiendo que vamos a tener los pastos de vida eterna que necesitamos y necesitaremos, sabiendo que nos da seguridad en esos pasos que hemos de ir dando porque es su Espíritu el que nos guía.

No será fácil el camino que nos señala pero sí sabemos que es certero. Muchos tenemos que ir desbrozando en nuestra vida para hacer ese camino, porque son muchas las malezas que hemos dejado introducir en nuestro corazón y eso nos cuesta y nos duele. Y arrancarlo de raíz no siempre es fácil, muchas veces doloroso, y también lleno de dificultad, pero con la seguridad de que lo podemos conseguir. Es la confianza que sentimos en el corazón cuando intentamos caminar, a pesar de nuestras cojeras y dificultades, al paso de Jesús. Va a ser nuestro cireneo, va a ser nuestra medicina y colirio que nos sane y que nos limpie los ojos para ver lo que realmente es importante.

Entremos por la puerta de Jesús, aunque nos parezca estrecha, pero nos conduce con seguridad al redil de la vida. El está detrás de esa puerta esperándonos. Es nuestro consuelo y nuestra fortaleza, el colirio que da luz a los ojos, y el camino que nos lleva a la vida eterna.

domingo, 21 de abril de 2024

Tenemos que ir hasta Jesús, encontrarnos con Jesús, alimentarnos de El y dejarnos conducir por su Espíritu, es la Puerta y es el Camino, El es el Pastor de nuestras vidas

 


Tenemos que ir hasta Jesús, encontrarnos con Jesús, alimentarnos de El y dejarnos conducir por su Espíritu, es la Puerta y es el Camino, El es el Pastor de nuestras vidas

Hechos de los Apóstoles 4, 8-12; Sal. 117; 1 Juan 3, 1-2; 10, 11-18

Cuando queremos construir un edificio que sea seguro y en el que podamos edificar todas las plantas que queramos tenemos que tener unos sólidos cimientos sobre el que se va a asentar y nos da va a dar seguridad de que no se nos venga abajo; si queremos una buena dirección para nuestra sociedad para que se puedan afrontar y resolver todos los problemas que se puedan presentar ya sea en la convivencia de los miembros de esa sociedad y para lograr las mejores formas de vida, hemos de tener unos líderes, unos dirigentes capaces y entregados al servicio de esa comunidad; si queremos entrar en un lugar y no tengamos problemas para su acceso o se nos pueda rechazar hemos de buscar la puerta porque no nos vale estar asaltando murallas o violentando sus limites o fronteras.

Son cosas necesarias de la vida, en nuestro nivel personal pero también como esa sociedad o comunidad que constituimos donde estamos mutuamente interrelacionados y dependemos en cierto modo los unos de los otros. Y he pensado en ese cimiento que tiene que ser profundo y con fuertes garantías frente a tanta superficialidad con que andamos por la vida, que al final no sabemos ni a donde vamos, ni de donde venimos ni tampoco lo que queremos, porque simplemente vamos a lo que salte. Es lo que realmente da sentido a nuestra existencia, nos hace descubrir lo que somos y lo que verdaderamente nos engrandece, lo que nos hará mantenernos con serenidad incluso en los más duros embates que podamos tener. Qué bueno es sentir a alguien seguro así a nuestro lado.

Y de todo esto nos está hablando el evangelio y toda la palabra de Dios que se nos ofrece en este domingo. Este cuarto domingo de Pascua que normalmente llamamos del Buen Pastor, por las imágenes con que se nos presenta Jesús en el evangelio. Nos habla del pastor que guía a su rebaño llevándolo con seguridad por caminos, valles y montañas, que lo defiende de peligros, del lobo que acecha o del ladrón que salta por encima de la puerta para robar y que entrega por sus ovejas curando los heridas o buscándolas donde se hayan perdido, que lo conduce con seguridad por los caminos de la vida, que lo resguarda en el redil desde el que lo sacará para conducirlo a los mejores pastos. 

¿Qué es lo que contemplamos de Jesús en el evangelio? No se queda en el templo o sentado en su cátedra, digamos de la sinagoga, sino que saldrá a los caminos para ir al encuentro de aquellos que le necesitan de una forma o de otra; saldrá a sembrar la semilla en los campos de la vida, enseñando ya sea desde la barca a las orillas del lago, o encontrándose con las multitudes hasta en los lugares descampados para enseñar y para curar y sanar cuerpos y corazones heridos, pero para alimentar sus cuerpos extenuados o sus espíritus ansiosos de esperanza.

Por eso esas dos imágenes que nos aparecen hoy también en la Palabra de Dios. Nos dirá Pedro que Cristo es la piedra fundamental que habían desechado los arquitectos, pero en quien encontramos esa fortaleza para nuestra vida, ese cimiento de nuestra existencia, esa luz y ese sentido de nuestro caminar y de nuestro vivir. En ningún otro nombre podremos encontrar la salvación, esa luz nueva que dará sentido a nuestra vida y que nos hará a nosotros también repartidores de luz en medio de un mundo tan ensombrecido. ¡Qué seguridad tenemos cuando lo  hacemos al paso de Jesús! Por eso en otro momento se nos presentará como el Camino, y la Verdad, y la vida, porque nadie va al Padre sino por Jesús.

Pero hoy cuando se nos está hablando del Pastor también se nos hablará de la puerta por la que hemos de entrar. El ladrón que va a robar y hacer estragos entrará por cualquier parte, saltando la tapia o rompiendo lo que encuentre a su paso y le impida la entrada. Pero Jesús nos dice que El es la puerta de las ovejas por las que entran y salen del redil guiadas por su pastor. Es Jesús por quien nosotros hemos de entrar porque solo por El conoceremos al Padre – ‘quien me ha visto a mi ha visto al Padre’, nos dirá en otro momento – y El es el único camino que nos lleva a Dios – ya recordábamos que El es el Camino, y la Verdad, y la Vida – porque es la Palabra que se hizo vida y da luz a los hombres. Así tenemos que ir a Jesús, encontrarnos con Jesús, alimentarnos de El y dejarnos conducir por su Espíritu. 

Pero en este domingo y desde estas consideraciones que nos hacemos contemplando a Jesús, Buen Pastor, nuestra mente y nuestro corazón se vuelve a quienes en nombre de Jesús están siendo pastores de nuestra vida en medio de la Iglesia. Con sus limitaciones humanas están queriendo realizar esa misión de Jesús desde la llamada que también un día sintieron con Jesús tocó sus corazones llamándolos también por su nombre. No es tarea fácil y no siempre somos conscientes de los dramas y sufrimientos que puede haber en sus corazones, pero que los cristianos tenemos que saber valorar y apoyar, estando al lado de nuestros pastores y sobre todo con nuestra oración.

Y es también el momento de orar al dueño de la mies, porque mucha es la mies y pocos los obreros, para que el Señor siga llamando y moviendo los corazones para que nunca falten a nuestra Iglesia esos pastores que en nombre de Jesús sigan alimentando nuestra vida y nuestra fe. Que sean muchos los llamados, y que sean muchos también los que con generosidad de corazón respondan a esa llamada del Señor. La Iglesia necesita muchos sacerdotes, el mundo necesita muchos pastores y testigos del evangelio de Jesús.

domingo, 30 de abril de 2023

Sepamos agradecer el amor que Dios nos tiene y nos pone los signos y las señales del Buen Pastor para que sepamos encontrar los pastos de vida eterna que El nos ofrece

 


Sepamos agradecer el amor que Dios nos tiene y nos pone los signos y las señales del Buen Pastor para que sepamos encontrar los pastos de vida eterna que El nos ofrece

 Hechos 2, 14a. 36-41; Sal 22; 1Pedro 2, 20-25; Juan 10, 1-10

La imagen del pastor que cuida su rebaño, que camina con sus ovejas en búsqueda de pastos, que las conoce por su nombre porque a cada una le ha puesto un nombre, que se desvive por la oveja perdida o enferma, que las guarda en su redil por la noche precaviéndolas de todo peligro, a los que hoy somos más urbanos que vivimos en las ciudades alejados de la vida campestre, nos puede parecer algo bucólico, muy hermoso y muy poético, casi como una novela pastoril, pero sin embargo no todos somos tan ajenos a esta realidad, porque ya viene siendo frecuente que aun en un ambiente urbano queramos tener un animalito aunque sea de compañía; y ya sabemos los lazos que se crean entre unos y otros, y no vamos a entrar en muchos detalles, y cómo se llega al sufrimiento incluso en la enfermedad de la mascota preferida y no digamos si nos llega a faltar.

De una forma o de otra en nuestro recuerdo o imaginación nos vale para comprender el sentido de este domingo pascual en el que Jesús vendrá a decirnos que El es el Buen Pastor, pero también nos habla de la puerta por donde se entra y se sale del redil. Terminará diciéndonos que lo que El quiere para nosotros es vida y vida en abundancia.

Como el pastor que cuida de su rebaño, con todas aquellas características que ya antes mencionamos y muchas más que podríamos traer a colación. Nos alimenta y cuida de nosotros, es el Buen Pastor que va delante nosotros señalándonos el camino, pero será el Buen Pastor que será capaz de dar su vida por nosotros. Sentía lástima Jesús, lo hemos escuchado muchas veces en el evangelio, cuando contemplaba aquellas multitudes que le buscaban, que eran capaces de seguirle incluso a los descampados, o esperarle a la orilla de la playa por donde fuera a desembarcar, pero, como El nos dice, eran como ovejas sin pastor; y a unos ovejas sin pastor no solo por si mismas no van a encontrar los pastos que necesitan, sino que estarán ante los peligros de ladrones que nos asalten y nos roben.

Es Jesús la puerta, por donde se entra y por donde se sale; solo podrá atravesar esa puerta el que es verdadero pastor de esas ovejas, el ladrón buscará el asalto por otros medios con los que pueda sorprender. Pero Jesús estará a nuestro lado con ojo avizor, como el pastor que cuida de sus ovejas para fortalecernos y podemos estar atentos al acecho del ladrón, al acecho de la tentación que por otros caminos nos podría arrastrar.

Pero esta imagen aparece ante nosotros en este camino pascual que vamos realizando para que sepamos agradecer ese cuidado que Dios nos tiene y a nuestro lado nos pondrá los signos y las señales de Jesús para que andemos por su mismo camino, para que sepamos encontrar esos pastos de vida eterna que El nos ofrece, pero también para que caigamos en la cuenta cómo la pascua nos hace entrar en la órbita del servicio al estilo y a la manera de Jesús.

Aunque luego podamos llevar esa imagen del Pastor a otros aspectos y a otras funciones que en medio de la comunidad cristiana se han de realizar, sin embargo el mensaje del evangelio hoy es para todos, para todos los que nos llamamos seguidores de Jesús, porque en todos tiene que resplandecer esa imagen del servidor, del que se pone en servicio de los hermanos para continuar la misma obra de Jesús.

Todos estamos llamados al servicio porque todos por nuestra fe en Jesús entramos en la órbita del amor. Por su nombre hemos de conocer también a los hermanos que nos rodean, que significa mucho más que tener un nombre en nuestra mente por el que recordarle y llamarle porque toda persona merece y tiene el derecho de tener un nombre que es en cierto modo como reconocer y valorar su dignidad. Cuántas cosas se derivarían de este pensamiento para nuestra relación y nuestro trato con los demás.

Esta imagen aparece también en este domingo para hacernos recordar a aquellos que en nombre del Buen Pastor ejercen esa función de pastores del pueblo de Dios desde una vocación y una llamada especial. Es día de oración en la Iglesia por los pastores del pueblo de Dios, por todos los que ejercen desde una llamada especial del Buen Pastor alguna función pastoral en la Iglesia.

Por eso se convierte también en el día de las vocaciones, que no son solo al sacerdocio – aun con la urgencia que vivimos en nuestros tiempos por la escasez de sacerdotes -, sino a la vida religiosa de especial consagración y a todas esas funciones pastorales que un cristiano puede y tiene que ejercer en medio del pueblo de Dios. Tenemos que orar al dueño de la mies que envíe operarios a su mies para que suscite personas que con valentía respondan a esa especial llamada del Señor.

 


martes, 6 de diciembre de 2022

Quien tiene esperanza busca salidas, se esfuerza, lucha porque sabe quien viene en su rescate, nuestra fe en Jesús Buen Pastor que busca la oveja perdida nos llena de esperanza

 


Quien tiene esperanza busca salidas, se esfuerza, lucha porque sabe quien viene en su rescate, nuestra fe en Jesús Buen Pastor que busca la oveja perdida nos llena de esperanza

Isaías 40, 1-11; Sal 95; Mateo 18, 12-14

No sé, solo puedo imaginarlo, lo que sentirá una persona que en un lugar desconocido para ella se siente perdido, sin ningún tipo de orientación ni a quien poder acudir para encontrar una salida; son experiencias duras y no me atrevo a hablar con detalle de esa situación, porque, al menos no lo recuerdo, no he tenido esa experiencia. Pero todos hemos leído alguna vez relatos de este tipo, aunque sea en forma muchas veces novelada y nos podemos hacer una idea.

Pero, pienso, tiene que ser muy duro. Pero si por algún motivo a esa persona le llegaran indicios de que hay alguien que está buscándola, que se han organizado quizá equipos de rescate para ir en su búsqueda, en medio de sus amarguras está sintiendo algún tipo de consuelo y alguna esperanza se está suscitando en su corazón. Y una persona con esperanza lucha, busca salidas, se esfuerza por mantenerse firme en la espera de su rescate. No ha perdido la esperanza.

Es la esperanza que nos anima a los que tenemos fe. Es la esperanza que queremos revivir y cultivar con intensidad en este tiempo de Adviento. Y bien que lo necesitamos. Son muchas las sombras que nos envuelven. Necesitamos esperanza cuando vivimos la situación de nuestro mundo hoy. Algunas veces queremos encerrarnos en nosotros mismos en una campana que nos aísle de la situación que vive nuestro mundo, pero no podemos.

Ahí está la realidad de la vida con sus problemas, con sus guerras, con su racismo, con su pobreza, con tanta destrucción que parece que fuera lo favorito de muchos, con esa carrera que vivimos en medio de los pisotones de los más ambiciosos o de las angustias a los que les parece que se le cierran las puertas. ¿Podemos seguir así? ¿No tiene salida nuestro mundo? Necesitamos una luz que nos llene de esperanza.

Pero nos miramos a nosotros mismos y vemos que somos igual, que también nos dejamos envolver por nuestros orgullos, ambiciones y egoísmos, que muchas veces vestimos el traje de la vanidad con el que queremos disimular nuestras carencias, pero carencias de las peores cuando nos faltan valores, cuando nos olvidamos de unos principios, cuando dejamos a un lado los más elementales principios éticos. Nos sentimos mal,  nos sentimos perdidos, nos sentimos pecadores. ¿Habrá un rayo de luz que nos llene de esperanza?

Hoy Jesús nos dice algo muy hermoso, muy bonito, que siembra esperanza en el corazón. Somos esa oveja perdida que El viene a buscar. Como le he escuchado decir a algún comentarista ha dejado las noventa y nueve del cielo y se ha querido venir a la tierra, a esta tierra nuestra de sombras, a esta tierra nuestra donde nos hemos creados esos barrancos y abismos inmensos que nos hacen estar perdidos, pero para buscarnos.

Es lo que ahora en este tiempo de adviento nos estamos preparando para celebrar, para vivir. Navidad es ese Dios que como Buen Pastor viene a buscar a la oveja perdida y para eso se hace como nosotros, para caminar nuestros caminos, para enseñarnos el sendero que nos lleva a la vida, para poner esperanza, vida, salvación en nuestro corazón. Podemos sentirnos con esperanza, porque sabemos que hay alguien que nos busca, que viene a nuestro encuentro, que nos quiere hacer salir de esa piscina de nuestras imposibilidades donde nos hemos hundido, levantar de esa camilla de nuestro pecado donde nos hemos postrado, nos hace salir de nuestro camino de sombras.

Estaremos perdidos, pero para nosotros hay una esperanza, a nosotros llega la salvación.

viernes, 24 de junio de 2022

Contemplar el Corazón de Jesús es aprender la lección del amor que llena de ternura nuestros corazones y le da una nueva sintonía a nuestro mundo

 


Contemplar el Corazón de Jesús es aprender la lección del amor que llena de ternura nuestros corazones y le da una nueva sintonía a nuestro mundo

Ezequiel 34, 11-16; Sal 22; Romanos 5, 5b- 11; Lucas 15, 3-7

Todos necesitamos amor; el mundo está ansiando amor, es un camino de plenitud que todos deseamos encontrar. Sin el amor sentiremos el vacío más hondo que no sabemos dónde llenar.

Aunque sea la palabra más repetida, aunque hablemos de tantas formas de amor que la lista parecería interminable, los poetas de mil maneras nos hablen románticamente del amor, terminemos incluso llamando amor a cualquier cosa que suscite pasión, pero siguen habiendo corazones rotos y con tantas heridas producidas por las confusiones del amor, siguen apareciendo hambrientos de amor que no terminan de encontrarlo, las miradas siguen frías porque no han encontrado esa chispa que las encienda en un nuevo calor y seguiremos encontrando caminantes desorientados que lo buscan y no lo encuentran, que dan vueltas y vueltas en su búsqueda pero siguen sufriendo la soledad del amor. Muestra un poquito de ternura y pronto encontrarás a tantos que se pegarán a ti en búsqueda de esa ternura.

¿Dónde encontraremos esa ternura y ese amor verdadero que nos llene de plenitud y de felicidad? ¿Dónde podemos encontrar ese amor que no solo llene nuestros vacíos existenciales sino que nos conduzca a lo que nos pueda hacer sentir la mayor grandeza del ser humano? Porque estamos hechos para el amor. La creación de la vida nació del amor más profundo de Dios que nos transmite y hace partícipes de su misma esencia.

Hoy estamos los cristianos celebrando una gran fiesta del amor simbolizado en el corazón de Cristo, en el corazón de Jesús. Su presencia entre nosotros siendo Emmanuel es la prueba más grande del amor que Dios nos tiene, nos dio y nos entregó a su propio Hijo. Por eso siempre contemplar a Jesús es contemplar el amor de Dios. Se manifiesta en cada gesto y en cada instante de su vida, lo vemos significado en su presencia en medio del pueblo elegido con su cercanía y con sus signos de amor.

El profeta nos había anunciado, como hoy se nos presenta en las lecturas de la liturgia, como el pastor que viene a apacentar a su rebaño en los mejores pastos escogidos. ‘Yo mismo buscaré mi rebaño y lo cuidaré… Como cuida un pastor de su grey dispersa, así cuidaré yo de mi rebaño y lo libraré… Buscaré la oveja perdida, recogeré a la descarriada; vendaré a las heridas; fortaleceré a la enferma; pero a la que está fuerte y robusta la guardaré: la apacentaré con justicia…’

Y nos habla Jesús en la parábola del evangelio del pastor que busca a la oveja perdida y hará fiesta cuando la ha encontrado. Es Jesús ese Buen Pastor, como nos dirá repetidamente en otro momento. Así es el amor que Dios nos tiene. Como nos decía el apóstol, ‘el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado… Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros’.

Contemplar a Jesús es aprender de El lo que es el amor verdadero, es comenzar a llenar también nuestro corazón de amor para que encontremos esos caminos de felicidad y de plenitud. ‘Venid a mí los que estáis cansados y agobiados, nos dirá en otro momento, aprended de mí que soy manso y humilde de corazón’. Esa mansedumbre y esa humildad que es el gran signo de que hemos llenado el corazón del amor verdadero.

Es la verdadera ternura que hemos de poner en nuestro corazón para que aprendamos a ir de manera nueva al encuentro con los demás. Vayamos con esa ternura, vayamos con esa sencillez y humildad de manifestarnos como somos incluso con nuestras debilidades, vayamos con esa mansedumbre de espíritu y veremos cómo iremos sintonizando de verdad con los corazones de los demás y estableciendo una nueva sintonía para nuestro mundo. ¿No decíamos antes que si manifestamos un poco de ternura pronto encontraremos cómo muchos quieren apegarse a nuestro corazón para disfrutar de ella?

Muchos corazones rotos se van a ver curados, muchos ojos se llenarán de un nuevo brillo, muchos corazones vacíos comenzarán de nuevo a tener vida, muchos van a encontrar ese rumbo que les lleve a ellos también de plenitud y de felicidad. Muchos aprenderán también lo que es el amor que va más allá de unas palabras bonitas o de un momento de pasión y comenzarán a darle a la mutua relación un nuevo sentido y valor. Porque cuando nosotros nos llenamos de amor verdadero nunca lo guardaremos para nosotros mismos sino que iremos repartiendo esa nueva vida a cuantos hambrientos deambulan a nuestro alrededor.

Aprendamos del corazón de Cristo que hoy estamos contemplando y celebrando.

martes, 10 de mayo de 2022

Intentemos caminar siguiendo los pasos de Jesús, escuchemos su voz, construyamos nuestra vida desde los valores profundos que harán en verdad grande a la persona

 


Intentemos caminar siguiendo los pasos de Jesús, escuchemos su voz, construyamos nuestra vida desde los valores profundos que harán en verdad grande a la persona

Hechos de los apóstoles 11, 19-26; Sal 86; Juan 10, 22-30

Mala cosa es que vayamos por la vida con ideas preconcebidas sobre algo, con una imagen que nos hayamos hecho de una persona, con prejuicios sobre cómo va a ser la manera de actuar, por ejemplo, de una persona determinada. No vamos a ver sino lo que llevamos en la cabeza, nada nuevo ni distinto vamos a aceptar, nadie nos va a poder quitar la idea que llevamos dentro.

Cuántas veces decimos eso no me va a gustar, y quizás nos vemos obligados por las circunstancias a asistir aquello que decíamos que no nos iba a gustar y por muy interesante que sea lo que allí se desarrolle o la mayor riqueza o belleza que pueda tener, ya íbamos con la idea preconcebida de que no nos iba a gustar, y no nos gustará, incluso lo pasaremos más por vernos obligados a asistir. Pasan así tantas cosas en la vida, tan llenos andamos de prejuicios o de ideas preconcebidas, marcados quizás por una ideología, o por los ‘influencers’ como ahora se dice, que nos van marcando rutas para lo que aplaudamos o no.

Eso pasaba con Jesús tal como nos lo cuenta el evangelio en diversos episodios. Era galileo y de Galilea no podía salir ningún profeta y no podían aceptarlo; no se mostraba amigo de los poderosos sino que a todos ponía en su sitio porque lo que pedía era autenticidad y no era profeta de su agrado; se mezclaba con toda clase de gentes, comía con publicanos y con pecadores, no podía ser un hombre bueno; no era el Mesías guerrero que ellos se habían preconcebido, y no podían aceptarlo porque el Mesianismo que Jesús presentaba iba por los corazones y por la autenticidad de una vida; lo que hablaba ponía en solfa a los que se consideraban dirigentes del pueblo y como iba en contra de sus posicionamientos no lo podían aceptar. Eran muchos los prejuicios que pesaban en sus corazones.

¿Era Jesús un revolucionario? En verdad quería que todo cambiara, que otras fueran las actitudes, que de otra manera fuera la relacion con Dios, pero esas revoluciones no las entendían. Tampoco los que se consideraban más revolucionarios y en contra de los dirigentes actuales, aunque algunos se habían hecho sus discípulos, no estaban por la labor de seguir con el estilo que Jesús estaba planteando. Aquella buena nueva de Jesús de nueva vida y de salvación donde no cabían los remiendos y los apaños, era algo que no les convencía. No podían aceptar a Jesús.

Jesús no se identifica con el líder político y militar que se oponga a la dominación romana, sino que Jesús va más por la imagen del Mesías de la profecía davídica encarnado en el pastor del profeta Ezequiel que ‘apacienta a sus ovejas y las hace reposar, busca la oveja perdida, recoge a la descarriada, venda a las heridas, fortalece a la enferma’. Es la imagen con la que Jesús se nos presenta en el evangelio, no solo en las palabras que hoy le escuchamos pronunciar, sino en lo que han sido sus actitudes y su manera de actuar acercándose a los sencillos y a los pobres, acogiendo a los pecadores y sanando a los enfermos como un signo y señal de lo que en verdad quiere realizar en nuestros corazones.

El es el Pastor y los que en verdad son sus ovejas le escuchan y le siguen y se alimentan de sus pastos de vida eterna. El viene para ofrecernos vida, pero no una vida cualquiera; no es una vida que nos produzca un bienestar pasajero como tantos Mesías de hoy siguen ofreciéndonos cuando quieren hacernos soñar con un paraíso en la tierra, esa llamada sociedad del bienestar. Son otros los caminos de vida que Jesús nos ofrece y que no son perecederos, porque El nos ofrece vida eterna.

No significa que no quiera Jesús que vivamos mejor y más felices en esta tierra que nos toca pisar, porque si en verdad aceptáramos esos nuevos valores que se nos ofrecen desde el evangelio, otra sería nuestra vida y caminaríamos por caminos de verdadera justicia y alcanzaríamos la paz que nadie jamás nos podría quitar. Pero ya sabemos cómo andamos por este mundo, se nos ofrecen muchas cosas, pero la maldad sigue perdurando en el corazón, pensamos que todo hemos de construirlo sobre bases materiales y un día se nos derrumban esos pilares que creíamos tan fuertes, y así nunca podremos alcanzar esos caminos de vida nueva. No nos dejemos envolver por ese materialismo de la vida. Démosle mayor profundidad a cuanto hacemos. Pongamos siguientes de verdadera espiritualidad.

Intentemos caminar los caminos de Jesús, escuchemos su voz, sigamos sus pasos, alimentémonos de esa vida nueva que nos ofrece, construyamos nuestra vida desde esos valores profundos que harán en verdad grande a la persona, y no olvidemos nunca la trascendencia de vida eterna que tenemos que darle a cuanto hacemos.

 

lunes, 9 de mayo de 2022

Jesús es la Puerta acogedora que nos lleva a encontrar los pastos de vida eterna y recordemos que hemos de ser signos de esa puerta de Jesús siempre abierta para los demás

 


Jesús es la Puerta acogedora que nos lleva a encontrar los pastos de vida eterna y recordemos que hemos de ser signos de esa puerta de Jesús siempre abierta para los demás

Hechos de los apóstoles 11, 1-18; Sal 41; Juan 10, 1-10

Que a gusto nos sentimos cuando somos recibidos a la puerta de la casa que se abre para nosotros invitándonos a entrar. No es lo mismo ser recibidos a la puerta, por mucha que sea la amabilidad que se nos muestre si no nos permiten traspasar el umbral. Una puerta abierta es signo de acogida, de apertura de algo más que las paredes de un hogar, porque es de alguna manera poner a nuestra disposición todo el cariño y el amor que en ese hogar se vive haciéndonos partícipes de su amistad y de su vida. Demasiadas puertas cerradas nos vamos encontrando en la vida, no solo porque con los miedos y la intranquilidad que se vive se mantienen cerradas a prueba de intrusos y ladrones, sino porque puede ser signo también de la cerrazón con que vivimos muchas veces la vida con nuestras desconfianzas.

Hoy Jesús nos dice que El es la puerta. Nos está hablando del aprisco de las ovejas, porque se nos vienen ofreciendo esos textos que hacen referencia a Jesús Buen Pastor, y diciéndonos que El es el verdadero Pastor de nuestra vida, nos está diciendo que es el Puerta por donde tenemos que entrar. ‘Yo soy la puerta, nos viene a decir, quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos’.

Nos vienen a la memoria otros textos del evangelio donde nos hablará de cómo El es la puerta y el camino de la salvación. ‘Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida’, nos dirá en otra ocasión, ‘y nadie va al Padre sino por mí’. Por eso nos dirá que conociéndole a El conoceremos al Padre porque viene a ser el verdadero rostro de Dios. No quiere otra cosa Jesús sino cumplir la voluntad del Padre, para eso ha venido y eso es lo que El nos quiere trasmitir. Su alimento es hacer la voluntad del Padre. Porque El ha venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia.

Una hermosa consideración que se nos hace hoy en el texto sagrado que nos ofrece la liturgia que tiene que despertar en nosotros ese deseo de conocer a Jesús. Son textos que tenemos que rumiar una y otra vez para que así lleguemos a encontrar todo ese sabor de vida eterna que siempre en la Palabra de Dios vamos a encontrar. No nos cansemos de querer conocer a Jesús, no nos cansemos de adentrarnos una y otra vez en las páginas del evangelio. Es conocer a Jesús, es empaparnos de Jesús, es dejarnos conducir por su Espíritu para que por El lleguemos a alcanzar la vida eterna.

En Jesús siempre vamos a encontrar esa puerta abierta. Esa hermosa acogida, como decíamos antes, que nos hace sentirnos bien, cuando se nos invita a traspasar el umbral. Es la hospitalidad y es la acogida, es el ofrecernos el descanso del hogar en la suavidad del amor donde encontraremos el agua fresca que sacie nuestra sed y donde se nos ofrece el pan que nos haga recuperarnos del duro camino.

‘Venid y aprended de mí, nos dirá en otra ocasión, venid todos los cansados y agobiados y en mi encontraréis vuestro descanso’. La puerta que nos introduce en el aprisco, lugar de resguardo y descanso para las ovejas, siguiendo con la imagen que se nos está ofreciendo estos días; pero es la puerta que nos lleva a encontrar los pastos de vida eterna. Ya hemos venido reflexionando en la pasada semana cómo El se nos ofrece como alimento de vida eterna, cuando nos dice que El es el Pan de Vida y que quien le come vivirá por El, tendrá vida eterna.

Todo eso es Cristo para nosotros. Pero no olvidemos que de todo eso también nosotros tenemos que ser signos de Cristo para los demás. No cerremos puertas en el camino de la vida, abramos el corazón y seamos también nosotros acogedores de los que pasan a nuestro lado en el camino de la vida; así nos convertiremos en verdaderos signos del amor de Jesús, de la Puerta abierta que Jesús siempre será para todos.