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miércoles, 24 de diciembre de 2025

Preparémonos en estos últimos momentos para dar señales de que recibimos la visita de nuestro Dios con su misericordia y salvación para el hombre y el mundo de hoy

 


Preparémonos en estos últimos momentos para dar señales de que recibimos la visita de nuestro Dios con su misericordia y salvación para el hombre y el mundo de hoy

2Samuel.7, 1-5. 8-11.16; Sal. 88; Lucas 1, 67-79

Estamos en la mañana del último día del Adviento y aunque ya todo nos trae como en adelante la música que va a sonar en esta próxima noche, que llamamos nochebuena por el nacimiento de Jesús me quedo aun en el texto que nos ofrece la liturgia en esta mañana que viene a culminar todo lo que ha sido la inmediatez del nacimiento de Jesús con el cántico de Zacarías tras el nacimiento de Juan.

Todo son bendiciones y alabanzas de la misma manera que estos días nos adelantamos con felicitaciones navideñas por lo que vamos a celebrar. Proféticamente siente Zacarías todo lo que significa el nacimiento de su hijo al que ha querido llamar Juan. Recordamos cómo las gentes se preguntaban qué iba a ser de aquel niño por todo cuanto en su nacimiento estaban contemplando. ‘El Señor, Dios de Israel, ha visitado y redimido a su pueblo’ proclama el sacerdote Zacarías. Lo anunciado por los profetas tiene su cumplimiento, ‘según lo predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas… ha suscitado una fuerza de salvación, que nos libra de nuestros enemigos’, con la que se realiza la misericordia de Dios que siempre se había manifestado con su pueblo, recordando la santa Alianza.

Bendice Zacarías a Dios, en cuya presencia se siente, de cuya misericordia se siente envuelto; Dios también había puesto sus ojos en él y el que Dios escuchara su oración, como le había dicho el ángel cuando la ofrenda del incienso allá en el templo era una manifestación de la misericordia divina; no eran sus méritos sino el amor misericordioso de Dios el que le había dado aquel hijo que iba a ser ‘el profeta del Altísimo’ para ir delante del Señor preparando sus caminos, anunciando al pueblo la salvación y el perdón de los pecados.

‘Por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz’.

¿Será eso en verdad lo que bulle en nuestro corazón en esta inmediatez de la celebración de la Navidad? Así tenemos nosotros que estar cantando y bendiciendo a Dios. Ese era el sentido tan bonito que tenían aquellas misas de luz que en esta semana inmediata a la nochebuena celebrábamos con tanta alegría en nuestros pueblos en otros tiempos. Ese canto del primer villancico anunciando el nacimiento de Jesús en Belén que sonaba en nuestras noches o en nuestras madrugadas llamando a las misas de Luz era algo muy hermoso que por la imposición de las carreras de la vida moderna hemos pedido, al menos en mi tierra. Sé como en otros lugares se conservan las posadas para recordar esa peregrinación de María y José hasta Belén, o las novenas del niño Dios como ambientación y preparación de las familias y los vecinos que se celebran en algunos sitios son cosas bien hermosas.

Nos queda prepararnos y no solo estar preocupados por la cena familiar y la fiesta, con todo el sentido bonito que puede tener, o los regalos que ahora nos trae un viejito vestido de rojo, sino pensar en el gran regalo que vamos a recibir en esta próxima noche si en verdad dejamos que Jesús nazca en nuestro corazón y con ello nazca más y mejor en nuestro mundo.

¿Qué señal vamos a dar de que recibimos la visita de nuestro Dios que llega a nosotros con su misericordia y su salvación?

martes, 24 de diciembre de 2024

Nos quedan unas horas para llegar a la nochebuena, pensemos seriamente el recorrido que hacer para que sea verdadera Navidad, auténtica encrucijada para nuestra vida

 

Nos quedan unas horas para llegar a la nochebuena, pensemos seriamente el recorrido que hacer para que sea verdadera Navidad, auténtica encrucijada para nuestra vida

Isaías 9, 1-6; Salmo 95; Tito 2, 11-14; Lucas 2, 1-14

Hay caminos que se entrecruzan y que en una primera impresión nos parecen de locura; unos que caminan en una dirección y otros en la opuesta, parecería que nos chocáramos y fuera difícil encontrarnos y entendernos. Pero realmente son encrucijadas que se convierten en punto de partida, en punto desde el cual podemos encontrar la dirección y el sentido del camino que queremos realizar, punto en el que finalmente se encauza todo ese tráfico para hacer que luego el recorrido tenga una verdadera fluidez.

¿Será ese punto de la historia que tiene por centro del nacimiento de Jesús como en este día celebramos? Por algo en algún momento de la historia centramos el calendario precisamente a partir del nacimiento de Jesús, más allá de los errores de cálculo que pudiera haber al señalar ese punto cero de la historia para decir antes de Cristo o después de Cristo. Pero me pregunta es algo más y ya es haciendo referencia a lo que en este momento nosotros estamos celebrando y lo que tiene que ser su sentido. ¿Nos encontraremos hoy también en una encrucijada de la historia y de la vida donde tendremos en verdad que encontrar esa dirección que necesitamos? Creo que una verdadera celebración de la navidad tendría que ir por ese planteamiento.

¿Qué nos ofrece realmente el mensaje de la navidad? ¿Qué es lo que realmente busca el hombre al menos en ese día a día de nuestra vida? Queremos paz pero vivimos en un mundo convulso de guerras y violencias. Queremos bienestar y felicidad pero estamos pensando en una carrera por la posesión de cosas o por el poder, y poder será tener influencia, poder será quizás poderme sentir por encima de los otros, y poder es querer disponer de todo lo que me pueda satisfacer de la manera que sea, y poder se convierte en ambición y en vanidad que me envuelve de superficialidad, y poder es decir que somos libres pero no pensando en lo que sea mejor para todos sino solo mejor para mi mismo, y poder es una autosuficiencia que al final me aísla o me endiosa creando barreras y abismos en mi derredor para que nadie me moleste o me inquiete con sus problemas.

Pero cuando con sinceridad, con espíritu abierto nos acercamos a la navidad, no la que imaginamos, sino la que realmente tuvo su origen en esa cueva de Belén que tanto contemplamos en estos días otra cosa será lo que nos encontremos. Un matrimonio pobre que ha tenido que desplazarse por el capricho de un gobernante que quería hacer un censo y que no teniendo donde cobijarse porque nadie le ofrece posada, se refugiará en un establo de animales en las afueras de Belén, unos humildes pastores que pasan al raso la noche en aquellos campos cuidando de sus ovejas o ganados, la pequeñez y humildad de un niño que no tendrá una cuna en su nacimiento sino el humilde pesebre comedero de unos animales.

Y ahí escucharemos un mensaje. Hoy en la ciudad de David os ha nacido un Salvador… y se les dará una señal, encontrareis un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre. Y en torno aparecerá el resplandor de la gloria de Dios que cantan los ángeles anunciando la paz para los hombres a los que Dios ama.

¿Cómo encajamos este cuadro de Belén que para nosotros es Evangelio, es una buena noticia como la que dan los ángeles a los pastores, con aquellos deseos de la humanidad que tenemos en estos mismos momentos? Y nos atreveremos a decir que este momento es encrucijada de la historia, tiene que ser encrucijada para nuestra vida.

Ese es el gran misterio de la Navidad, no solo de la que recordamos y queremos celebrar de lo acaecido hace más de dos mil años en Belén, sino que es, tiene que ser el misterio que hoy celebramos y que tenemos que hacerlo en su cruda realidad. Porque emigrantes como María y José seguimos encontrándonos a cada paso; gente que no tiene posada, que se ha quedado sin nada, o a los que vemos en los lugares más humildes, si abrimos los ojos nos estarán saliendo continuamente al paso; personas que viven en el frío de la soledad, que no son tenidos en cuenta porque no son de nuestra condición, a los que no valoramos o de los que desconfiamos en las calles del Belén de nuestra vida, de lo que sucede a nuestro alrededor nos vamos a encontrar muchos; y podemos seguir hablando de las violencias de la vida que no son solo las guerras sino también las que tenemos con los que están a nuestro lado y con los que no nos hablamos o ante quienes pasamos indiferentes, son el padrenuestro de cada día.

Y ahí en medio tenemos que celebrar Navidad hoy. Ahi viene Dios en el hoy de nuestra vida y nos ofrece un evangelio de salvación. Este momento que vivimos tendría que ser en verdad una encrucijada para nuestra vida, porque de este momento de la navidad no podemos salir de la misma manera, con la misma insensibilidad e indiferencias, con las mismas barreras y abismos que nos hemos creado. Algo nuevo tendría que comenzar en nuestra vida.

¿Qué vamos a hacer de nuestra navidad? ¿Solo unas palabras bonitas que nos decimos para felicitarnos y que se van a quedar en flor de un día que pronto se marchita o luz parpadeante que pronto se apaga?  ¿Llegaremos a sentir esa presencia de Dios que viene con su salvacion a ese mundo en que vivimos?

Nos quedan unas horas para llegar a lo que llamamos la nochebuena, pensemos seriamente el recorrido que aun tenemos que hacer para que sea verdaderamente Navidad, auténtica encrucijada para nuestra vida. Esa buena noticia que hoy escuchamos, ¿transformará realmente lo que son esos deseos de nuestra vida?