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sábado, 6 de diciembre de 2025

Estamos adormilados los cristianos y tenemos que despertar, tenemos que dar las señales del Reino de Dios que vivimos y tenemos que ponernos en camino para curar

 


Estamos adormilados los cristianos y tenemos que despertar, tenemos que dar las señales del Reino de Dios que vivimos y tenemos que ponernos en camino para curar

Isaías 30, 19-21. 23-26; Salmo 146; Mateo 9, 35 — 10, 1. 5a. 6-8

Todos vamos haciendo camino todos los días por las calles  y senderos del mundo que nos rodea; son nuestras salidas a nuestros trabajos o a nuestra convivencia social, la búsqueda o compra de lo que vamos necesitando, o las visitas que hacemos a aquellos que queremos y apreciamos, pero ¿qué seremos capaces de contemplar? En las redes sociales vemos la reacción de tantos porque las cosas no están como desearíamos y protestamos porque las calles están llenas de basura o porque ha habido algo por donde todos pasamos que se ha estropeado y nadie la ha arreglado, y hablamos de la pasividad de nuestra sociedad o la falta de vitalidad del pueblo donde vivimos, si los servicios que necesitamos para la vida de nuestro pueblo funcionan o no, por ejemplo. Nos preocupamos de esas cosas materiales porque deseamos que todo sea más fácil para la convivencia o para la vida sana de nuestras gentes.

Pero ¿nuestra mirada se queda ahí? ¿Contemplaremos de verdad las personas que nos rodean y tratamos de comprender la situación por la que estarían pasando? Son cosas particulares de las personas y parece que sentir preocupación por ellos no es cosa nuestra. Pero ¿sabemos cuanto sufrimiento puede haber tras esos rostros con los que  nos cruzamos cada día? Pueden ser enfermedades, soledades, angustias en sus necesidades y tantas otras cosas que se ocultan tras unos rostros que nos parezcan quizás inexpresivos pero que pueden ser un grito que despierte nuestras conciencias ¿cuáles son las expectativas de la gente y en qué cosas quizá se sienten fracasados? ¿Cuáles son sus esperanzas o el sentido que le dan a sus vidas?

Hoy nos habla el evangelio de que Jesús iba atravesando todos aquellos pueblos y aldeas de Galilea, se iba encontrando con la gente y en todas partes quería dejar un mensaje de esperanza, hablaba del Reino de Dios que llegaba, que estaba cerca, que habían de sentir dentro de ellos. Y Jesús iba dejando signos y señales de esa llegada del Reino curando a los enfermos y expulsando demonios.

Y dice el evangelista que Jesús sentía compasión de aquellas muchedumbres ‘porque estaban extenuadas y abandonadas como ovejas que no tienen pastor’. Allí quiere dejar Jesús esas señales que despierten la esperanza; por eso, como nos dice, cura a los enfermos que le traen. Pero Jesús se hace una consideración en voz alta para aquellos discípulos que de cerca le siguen. ‘La mies es abundante, los obreros pocos, hay que pedirle al dueño de la mies que mande más obreros para poder atender a su mies’.

Pero no son solo deseos; es el impulso que Jesús quiere dar a sus discípulos porque ellos también han de ir a dar señales de la llegada del Reino, a hacer el anuncio del Reino de Dios. Y a ellos también les da poder y autoridad para que también vayan sanando ese mundo con el que se van a encontrar. Y habla de las ovejas descarriadas, de las ovejas perdidas que hay que ir a buscar. ¿No nos hablaría en otro momento de que El es el Buen Pastor que va a buscar a sus ovejas allá donde estén? El Reino de Dios no solo como anuncio, como Palabra, sino como vida traducida en hechos concretos tiene que llegar también a esas ovejas extraviadas, a esas ovejas que andan como perdidas sin rumbo ni sentido.

Como Jesús tenemos también nosotros que recorrer esos senderos, no para fijarnos en las cosas que están mal, sino para curar, para sanar, para llevar ese mensaje de salvación. Tenemos que abrir los ojos para darnos cuenta de esa realidad, mirar a nuestro alrededor, mirar a nuestros vecinos o a nuestros familiares, mirar esa gente con la que convivimos o con la que trabajamos, con las que nos vamos cruzando cada día en nuestro caminar ¿cuál es la señal de salud, de vida, de salvación que les podemos ofrecer? ¿Podrán llegar a descubrir en nosotros esos signos del Reino de Dios?

Estamos demasiado adormilados los cristianos, vivimos de las rentas pero las rentas se pueden acabar, no estamos curando a nuestro mundo como Jesús nos ha encomendado, no hemos terminado de ver y comprender esa muchedumbre que nos rodea y que tenemos que saber contemplar, tenemos que despertar un mundo nuevo, tenemos que volver a anunciar el evangelio como algo verdaderamente creíble que despierte la fe y la esperanza a nuestro alrededor.

martes, 8 de julio de 2025

Tenemos que escuchar la voz de Dios que nos llega de mil maneras – esta semilla también es resonancia de esa voz de Dios - invitándonos a ser operarios de su mies

 


Tenemos que escuchar la voz de Dios que nos llega de mil maneras – esta semilla también es resonancia de esa voz de Dios - invitándonos a ser operarios de su mies

Génesis 32, 23-33; Salmo 16;  Mateo 9,32-38

¿Cuánta gente necesitamos para hacer eso? Es quizás una pregunta que surge cuando nos presentan un proyecto de gran envergadura y para el que necesitaríamos muchas cosas para poder realizarlo. Pensamos sí en lo que cuesta, pensamos en como mejor entender ese plan o ese proyecto que nos presentan, pensamos con cuantos podríamos contar para poderlo llevar a cabo, no solo en el sentido de la cantidad, sino en el sentido de la capacidad y la fuerza para llevarlo adelante. Humanamente siempre nos estamos haciendo cálculos, estudiando posibilidades, viendo si somos capaces de llevar a término aquello que nos proponemos.

Válganos en principio esta primera reflexión para una profundización y una preparación para cuanto en la vida tenemos que realizar, con valentía y sin miedos, siendo capaces de arriesgarnos y poniendo toda nuestra confianza en ello también.

Pero cuanto este principio de reflexión me estoy haciendo estos planteamientos me los hago también en referencia a lo que hoy nos cuenta el evangelista. Parte de la curación de un hombre poseído por el mal, un endemoniado como es el lenguaje de aquel tiempo y del relato del evangelio. Admiración por parte de la gente, que no ha visto nunca cosa igual, como se dicen. Recorrido de Jesús que nos hace el evangelista por todos aquellos lugares de Galilea donde Jesús va anunciando el Reino pero también donde señales del  mismo con los signos, los milagros que iba realizando. Multitudes que se agolpan en torno a Jesús, que podríamos decir, se ve desbordado. Confidencia del corazón de Cristo a aquellos primeros discípulos que le siguen más de cerca. Mucha gente, multitudes a las que ve Jesús como abandonados, como ovejas sin pastor, ansiosas de algo nuevo y distinto, queriendo escuchar lo que Jesús les propone.

‘La mies es abundante y los obreros pocos’. Grande es la tarea, pero no es tarea para uno solo; Jesús sabe que El es el Redentor, el Mesías Salvador, pero su mensaje de salvación ha de llegar a todos. ‘Rogad al dueño de la mies que envíe operarios a su mies’.

Pero os confieso algo, no me quedo en el allá del relato del evangelio, en aquel tiempo, sino quiero mirar este tiempo, el aquí y ahora y comienzo a mirar alrededor. Camino por las calles y caminos de mi pueblo y pienso en tanta gente repartida, por así decirlo, por un lado o por otro; ayer mismo atravesaba en mi paseo lugares por los que hace tiempo no pasaba y notaba el cambio, el aumento de la población, la cantidad de nuevas viviendas, lo que significa cuánta gente habita en ellas.

Y pensaba, ¿cómo está llegando el evangelio a todos estos lugares? Probablemente la mayoría de esas personas están bautizadas, cuando llega la fiesta del pueblo, de la Virgen o del Santo de su devoción probablemente participaran en muchos de los actos de esas fiestas, pero ¿con eso solo podemos decir que está calando en sus corazones el sentido cristiano de la vida?, ¿habrá calado el evangelio en sus corazones? ¿Cómo estamos haciendo presente el Reino de Dios en esos lugares, cómo llega la voz de la Palabra de Dios a todos esos hogares?

‘La mies es abundante…’ los campos de trabajo son amplios, muchas son las multitudes que de una forma u otra están en la cercanía de nuestras iglesias o tienen alguna conexión en ocasiones con los actos religiosos que organizamos y vivimos, pero ¿nos podemos contentar con solo eso? ¿Cuántos son los que desde nuestras comunidades sienten la inquietud por participar en la acción pastoral de la Iglesia? ¿Qué estamos haciendo en este sentido?

‘Rogad al dueño de la mies que envíe operarios a su mies’. Tenemos que orar, pero tenemos también que comprometernos, tenemos que saber escuchar esa voz de Dios que nos llega de mil maneras – esta reflexión que nos estamos haciendo puede ser también una resonancia de esa voz de Dios - invitándonos a que nosotros seamos operarios de su mies. ¿Sentiremos en verdad inquietud por todo esto, por la obra que la Iglesia tiene que estar haciendo hoy en medio de nuestro mundo y que sea lo más parecida a lo que vemos en el evangelio?

domingo, 18 de junio de 2023

‘Gratis habéis recibido, dad gratis’, regalemos amor, que nuestros gestos sean luz para los demás, que algo nuevo comience a brillar en nuestro mundo

 


‘Gratis habéis recibido, dad gratis’, regalemos amor, que nuestros gestos sean luz para los demás, que algo nuevo comience a brillar en nuestro mundo

Éxodo 19, 2-6ª; Sal 99; Romanos 5, 6 11; Mateo 9, 36-10, 8

Tengo un amigo que siempre me dice que no le gustan las aglomeraciones, donde hay mucha gente, los apretujones, el no poderse mover a su aire, no se explica bien el porqué huye de esas aglomeraciones, pero en cierto modo se entiende, en medio de una masa uno se siente un desconocido, aunque rodeado de mucha gente se siente aislado, no te sientes conocido, de alguna manera ignorado porque solo eres uno más en medio de esa masa.

Algunas veces cuando voy en un medio de transporte, en medio de toda aquella gente que allí vamos como muy unidos, porque el espacio es reducido, sin embargo eres un desconocido; qué sabes de esas personas que van a tu lado, que están contigo en una cola, por ejemplo, y qué saben de ti; de alguna manera nos ignoramos los unos a los otros, porque cada uno va a lo suyo; hoy vamos enfrascados en nuestros móviles cada uno pendiente de la conversación que mantiene con alguien que está al otro lado del mundo, pero no se ha fijado en quien tiene a su lado. Cuando ves a alguien que se sonríe, o intenta tener un detalle contigo para cederte el paso o darte un lugar para sentarte, parece que ves la luz, algo nuevo comienza a brillar.

Hoy nos dice el evangelio que Jesús se encontró con una muchedumbre que le esperaba y sintió lástima de ellos, ‘porque andaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor’. Y les dice a los discípulos que la mies es mucha, pero que los obreros son pocos, que rueguen al Señor de la mies para que envíe trabajadores para su mies.

Pero aquí viene el detalle de Jesús, llamó a doce, a cada uno por su nombre, ‘y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia’. Y les dio instrucciones y los envió a anunciar el Reino, pero los envió a curar enfermos, resucitar muertos, limpiar leprosos, echar demonios. Son doce a los que envía, y los envía para que vayan teniendo un contacto directo con aquellos que están llenos de sufrimientos; se acercarán a la persona que está enferma para curarla, limpiarán a aquel en concreto que está leproso, liberarán en concreto del mal a quien está poseído por el maligno. Han de ir al encuentro con la persona, allí donde hay dolor y sufrimiento.

Nos rodea, sí, una muchedumbre desconcertada, desorientada. Miramos nuestro mundo y vemos la inmensidad de trabajo que nos espera si en verdad queremos coger el guante que nos lanza Jesús para que vayamos a realizar su obra. Miro en mi entorno y de me doy cuenta de cuanta indiferencia en tantas aspectos de la vida nos envuelve. Nos hemos convertido en seres anónimos, sin nombre.

¿No nos sucede que algunas veces no sabemos el nombre de quien vive en nuestro mismo edificio, o quien vive cuatro casas más allá en nuestra misma calle? Vamos a lo nuestro, nuestros problemas, nuestras luchas, nuestras cosas, a lo más ese círculo de personas, que no siempre amigos, que están cerca de nosotros quizá por razón de trabajo, pero que cada uno se las apañe como pueda. Como mencionábamos antes por las redes sociales estamos más atentos a quien vive en otro continente, que de la persona que va con nosotros en el mismo transporte publico.

¿Tendremos que curar enfermos, resucitar muertos, limpiar leprosos? Empecemos por dejarnos curar nosotros mismos, queriendo escuchar esa llamada que por nuestro nombre nos está haciendo el Señor. Despojémonos de esos lienzos de individualismo que tantas veces nos envuelven para poder caminar liberados de ataduras y prejuicios al encuentro de esa persona que tenemos ahí muy cerca, pero que tantas veces pasamos a su lado ignorándolo. Esos son los milagros que nos pide el Señor.

Vayamos con ese bálsamo de la escucha, con esa luz de una sonrisa, con esa mirada a los ojos para que el otro vea que tú le interesas. Cuantas señales podemos dar de esa cercanía del Reino de Dios con nuestra cercanía, con nuestro cederle el paso o darle un asiento en el transporte, con tantos gestos de humanidad que tenemos que comenzar a dar si no queremos que cada vez se haga más inhumano nuestro mundo. No es cuestión de gritar derechos, que eso es muy fácil hacerlo enardecidos por una manifestación, sino sepamos darle esos derechos a la persona cuando nos interesamos por ella, cuando estamos a su lado, cuando ponemos el aire fresco de una sonrisa a nuestro paso por la calle en medio de tantos que caminan indiferentes.

‘Gratis habéis recibido, dad gratis’, termina diciéndonos hoy Jesús. Regalemos amor. Que nuestros gestos sean luz para los demás, que algo nuevo comience a brillar en nuestro mundo.

sábado, 7 de diciembre de 2019

La mies es mucha y los operarios son pocos no solo porque haya pocos sacerdotes o religiosos sino porque no siempre los cristianos nos tomamos en serio la tarea de la evangelización


La mies es mucha y los operarios son pocos no solo porque haya pocos sacerdotes o religiosos sino porque no siempre los cristianos nos tomamos en serio la tarea de la evangelización

Isaías 30, 19-21. 23-26; Sal 146; Mateo 9, 35-10, 1. 5a. 6-8
¡Cuánto trabajo por hacer, cuántas cosas quedan pendientes! Cosas así escuchamos muchas veces de boca de quienes quizá se sienten agobiados por el mucho trabajo, pero sobre todo de boca de aquellos que se han tomado la vida con responsabilidad; se lo toman todo muy en serio, quieren abarcar a todo y no pueden llegar; es el padre o madre de familia y no solo trabajar por traer un salario a casa con lo que pueda atender con dignidad a sus responsabilidades en el hogar y a sus responsabilidades como padre, sino que quiere llegar más allá atento siempre a la tarea educadora de sus hijos y al logro de la mejor armonía en su hogar para que sea ese recinto de amor donde todos desarrollen su vida.
Pero podemos pensar en quien tiene un proyecto para su vida, para su trabajo, queriendo lograr sus metas, queriéndolo desarrollarlo de la mejor manera no solo para lograr unos beneficios para su empresa sino porque piensa cuanto está haciendo por la sociedad. Quisiera tener más manos para poder atender a todo, que el día tuviera más horas para ver avanzar en sus proyectos, contar con más colaboradores en que todos a una pudieran lograr lo mejor.
Ya sé que luego nos encontraremos a muchos que mano sobre mano, de brazos cruzados, están sin hacer nada, porque nadie les ha ofrecido un trabajo, o porque no han sido tener las iniciativas que les lleven a emprender nuevas tareas o no encuentran la ayuda necesaria para salir de ese impase de la vida. Contamos también con la situación de crisis económica, es cierto, que se vive en nuestra sociedad, aunque también tendríamos que contar con la negatividad, la pasividad con que muchos se toman la vida sin ser capaces de intentar emprender algo nuevo. El emprendedor siempre intenta abrirse caminos en la vida.
Contemplamos hoy en el evangelio a Jesús realizando su acción evangelizadora queriendo llegar a todos, recorriendo aldeas y ciudades, enseñando a la gente, curando enfermos, acogiendo a cuantos acudían a El. ‘Al ver a las muchedumbres, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor’. Y es entonces cuando le habla a los discípulos de que la mies es mucha, pero los obreros son pocos, invitándoles a rezar al dueño de la mies para que envíe operarios a su mies.
Luego El enviará a sus discípulos para que realicen y continúen su labor. Y los envía con unas instrucciones muy concretas, pero también con una misión y unos poderes para poder realizar su misión.
En este texto normalmente vemos unas indicaciones que nos hemos tomado muy en concreto para orar por las vocaciones; y cuando  hablamos de vocaciones pensamos siempre en aquellos llamados con una vocación especial para consagrar su vida en el sacerdocio, la vida religiosa o la vida misionera. Miramos la realidad de nuestra Iglesia y constatamos esa ausencia de vocaciones, esas carencias que se ven en nuestras comunidades que no siempre pueden contar con un sacerdote o que no tienen a su lado el testimonio de unas personas consagradas en la vida religiosa y que realicen también su valor. Y oramos por las vocaciones queriendo que haya más sacerdotes, queriendo que haya mas consagrados en la vida religiosa, o quienes sientan la vocación misionera para ir a otros lugares para el anuncio del evangelio.
Pero ¿no nos estará faltando el pensar en algo más? la misión evangelizadora en la Iglesia no tiene que ser solo de los sacerdotes o de los consagrados; la misión evangelizadora de la Iglesia nos compete a todos, también a los no consagrados, a los seglares. Cada cristiano tendría que sentirse un evangelizador, llamado también a hacer ese anuncio del evangelio allí donde realiza su vida. Creo que es algo que tenemos que despertar en la Iglesia, esa conciencia en todos los cristianos de que todos tenemos que ser evangelizadores, que todos podemos realizar una labor apostólica en la Iglesia, que todos tenemos esa misión recibida de Jesús. Mucho más tendríamos que reflexionar.
Que se despierte la vocación evangelizadora de todo cristiano. Que se despierte esa iniciativa en cada uno de nosotros. Salgamos de la pasividad. ¿No sería un buen compromiso nacido en este Adviento que vivimos para que Jesús pueda nacer en cada corazón?

domingo, 7 de julio de 2019

Con nosotros va la paz del Señor que tenemos que anunciar porque nuestra fuerza está en el Señor que es quien hace fructificar nuestra tarea



Con nosotros va la paz del Señor que tenemos que anunciar porque nuestra fuerza está en el Señor que es quien hace fructificar nuestra tarea

Isaías 66, 10-14c; Sal 65; Gálatas 6, 14-18; Lucas 10, 1-12. 17-20
Un texto del evangelio que hoy escuchamos que es verdaderamente gratificante en su mensaje; nos recuerda la misión que a todos se nos encomienda del anuncio de la Buena Nueva de la salvación que en Jesús encontramos, pero al mismo tiempo nos hace sentirnos seguros en nuestra tarea incluso en aquellos momentos en que podamos encontrar oposición o dificultades. Con nosotros va la paz del Señor que tenemos que anunciar y que no lo hacemos buscando apoyos humanos o los que en nosotros mismos podemos encontrar porque nuestra fuerza está en el Señor y es El quien hace fructificar nuestra tarea.
Es cierto que en la vida en tantas cosas estamos tentados por el desánimo; nos creemos que nos las sabemos todas y que tenemos todos los recursos para alcanzar lo que anhelamos, pero todo se nos puede venir abajo de un momento a otro. Y eso en muchas tareas de la vida; quizás nos habíamos preparado concienzudamente, habíamos incluso estudiado con todo ahínco para terminar aquella carrera que nos parecía que nos abría muchas puertas o muchos horizontes, pero luego nos encontramos con fracasos, no nos salen las cosas, hay aspectos que se nos han quedado en penumbra y cuando tenemos que enfrentarnos a la realidad nos sentimos como descolocados.
Hablo de los trabajos que profesionalmente realizamos, o podemos hablar de las responsabilidades familiares que luego nos van a costar mucho más de lo que habíamos pensado. La respuesta que esperábamos no la encontramos y casi no sabemos por qué ya que lo habíamos intentado preparar todo muy bien.
Es también en la tarea de superación personal, en que queremos ser mejores, luchando contra esas sombras que nos aparecen en nuestra vida y que se pueden convertir fácilmente en vicios y no llegamos a conseguir nuestras metas, no llegamos a superar aquello que pensábamos que ya lo habíamos logrado, porque parece que retrocedemos, volvemos a tropezar en las mismas piedras del camino y no llegamos a aquello en lo que habíamos soñado para nuestra vida.
He querido pensar en esos aspectos humanos de nuestra vida personal, nuestros trabajos o responsabilidades, porque en todo eso hemos de buscar también la luz del evangelio. Es cierto que de lo que hoy nos habla el evangelista es de aquel envío que Jesús hizo de setenta y dos discípulos para que fueran por delante anunciando el Reino de Dios del que Jesús nos hablaba dándoles instrucciones de qué habían de hacer aquel anuncio y como iban a enfrentarse a las situaciones de dificultad con que podrían encontrarse.
Le habla de un desprendimiento total; en pobreza han de ir a hacer el anuncio, porque la riqueza y la fuerza está en lo mismo que es anunciado. Es necesaria una disponibilidad total, ni siquiera han de preocuparse de llevar recursos en el bolsillo para resolver los problemas con que se han de encontrar. El anuncio es un anuncio gratuito y generoso. La paz que anuncian no es algo que se pueda imponer o que se pueda comprar. Es algo que hay que sembrar en el corazón. Y la fuerza esta en el Señor.
De ahí la manera en que han de reaccionar incluso ante las respuestas negativas que pudieran encontrar. Es la respuesta de la paz, porque es el anuncio de la paz lo que estarán haciendo. Pero ante la inmensa tarea que tienen por delante, saben que solo podrán realizarla regada con la gracia del Señor. Habla de la mies abundante y de los pocos obreros, y Jesús les dice que oren. ‘Rogad al dueño de la mies que envíe obreros a su mies’, les enseña Jesús.
Y con esa fuerza del Señor, con su gracia, podrán ir realizando esa transformación del mundo. Tenían poder sobre los espíritus, el espíritu del mal, ellos reconocen lo que han ido realizando y Jesús les dice que veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Cuando el evangelio es anunciado y es aceptado los corazones se transformarán de manera que arrojamos de nosotros todo lo que sea malo y contrario a ese Reino de Dios.
Es la tarea que nosotros tenemos en medio del mundo, es la tarea de la Iglesia, pero es la tarea de cada uno de los cristianos. También nosotros podemos sentir ese desaliento cuando no se encuentra la respuesta a nuestro esfuerzo evangelizador. Nos gastamos nosotros y gastamos hasta lo que no tenemos para conseguir esos recursos con los que queremos realizar de la mejor manera posible nuestra tarea evangelizadora. Y es aquí donde quizá tendríamos que detenernos, porque en ocasiones podemos dar la impresión que la eficacia del anuncio del evangelio la vamos a conseguir a base de esos recursos de los que hoy dispongamos.
Nos sentimos pobres en ocasiones porque no podemos tener todo lo que nosotros desearíamos para realizar nuestra tarea y a esa pobreza de medios quizá podemos echar la culpa de no conseguir lo que anhelamos. Tendría que ser todo lo contrario, porque no podemos sostener la eficacia de la evangelización en los medios, sino que desde nuestra pobreza hemos de confiar por encima de todo en la fuerza y la gracia del Señor.
Dedicamos mucho tiempo a la preparación de todas esas técnicas, y no damos tiempo suficiente a la oración que tiene que ser la auténtica preparación. Pedro tenía mucha técnica para la pesca y en aquellas dos ocasiones no consiguió nada, cuando en el nombre del Señor echó la red pudo hacer una redada de peces muy grande. Necesitaba, es cierto la red, pero solo haciéndolo en el nombre del Señor podría realizar aquella asombrosa pesca. ¿Nos sucederá así a los pastores o a los que realizamos alguna tarea pastoral?
Y así también en todas las tareas de nuestra vida, pondremos nuestro empeño y nuestro esfuerzo, valiéndonos también de todos los recursos humanos, ¿por qué no?, pero un verdadero creyente sabe que cuanto hace ha de ser en el nombre del Señor y siempre buscando la gloria del Señor.