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miércoles, 13 de mayo de 2026

No podemos decir nunca, eso ya me lo sé, ya lo conozco, ya lo he leído muchas veces, porque si vamos con hambre de Dios el Espíritu se irá revelando en nuestros corazones

 


No podemos decir nunca, eso ya me lo sé, ya lo conozco, ya lo he leído muchas veces, porque si vamos con hambre de Dios el Espíritu se irá revelando en nuestros corazones

Hechos 17, 15. 22 — 18, 1; Salmo 148; Juan 16, 12-15

En la vida no nos podemos estancar, puede ser signo de una vejez caduca el decir que ya nada podemos aprender ni nada nuevo podemos ofrecer; el agua estancada se vuelve putrefacta e inservible porque las materias orgánicas que hay en ellas terminan por malearse y volverse putrefactas, o lo que podíamos decir también, llenas de muerte, necesita renovarse, darle movimiento, hacer que el oxigeno de vida la mantenga viva y pueda cumplir su función.

Así podemos decir que es la vida, ha de ser la vida de toda persona, siempre ha de estar en crecimiento, y no es solo el crecimiento orgánico en que las células que conforman el organismo humano se van renovando continuamente, sino fundamentalmente su mente; hay quien ha perdido todo deseo de aprender, o lo que es lo mismo, de crecer, bien porque dicen que ya todo se lo saben y a estas alturas de la vida qué es lo que les pueden enseñar, o porque no quieren hacer el esfuerzo que les llenaría de vida en esa curiosidad y deseo por saber más, por crecer interiormente, por seguir en ese proceso de maduración tan necesario. Hay gente que se avejenta con pocos años por falta de esa inquietud, pero también nos encontramos con gente con muchos años que aun se sienten jóvenes porque siempre quieren estar aprendiendo más, queriendo avanzar en la vida; su mente se mantiene despierta.

Podría parecer que esta reflexión que estoy haciendo poco pueda tener que ver con el evangelio porque parece que nos quedáramos sólo en unos aspectos humanos, pero sin embargo es algo que podemos aplicar con toda verdad a lo que es nuestra vida espiritual y a nuestros compromisos cristianos.

Jesús les dice que aún le quedan muchas cosas por decirles, pero que cuando venga el Espíritu de la verdad nos lo revelará todo. Es con la fuerza del Espíritu cómo se va a reavivar en sus corazones todo lo que han recibido de Jesús; solo con la fuerza del Espíritu es cómo podrán en verdad confesar que Jesús es el Señor. Han ido conociendo a Jesús pues con Él han convivido y El a ellos de manera especial les ha enseñado. Recordemos aquellos momentos en que de manera particular en casa les explicaba lo que a todos había enseñado en parábolas; recordemos cómo los tomaba aparte mientras iban caminando de un lado para otro para hablarles de cosas concretas, o los llevaba a lugares apartados para estar a solas con ellos marchando incluso en ocasiones para poder tener esa oportunidad a regiones limítrofes fuera ya del territorio propiamente judío. Pero aun así vemos como les costaba entender, como les estaba costando toda aquella conversación de sobremesa en la cena pascual. Así les veremos dudando y huyendo de miedo tras el prendimiento, o encerrados en el cenáculo por miedo a lo que a ellos también les podía pasar.

Será a partir de Pentecostés, al recibir la fuerza del Espíritu cuando se abran las puertas y con valentía hablen de Jesús al que Dios había resucitado de entre los muertos. Es la fuerza del Espíritu que les hará estar alegres y contentos cuando han tenido que sufrir por el nombre de Jesús; llenos del Espíritu replicarán cuando les quieren impedir hablar del nombre de Jesús que ellos tienen que obedecer a Dios antes que a los hombres.

Es el Espíritu de Dios que se les ha revelado en sus corazones, que les ha hecho crecer en su fe y tener la fortaleza para dar el testimonio ante todos. En la profundización que se ha producido en sus vidas en la medida en que se han dejado llevar por el Espíritu de Jesús.

¿Y nosotros seremos conscientes de esa fuerza del Espíritu que está también en nosotros? ¿Nos dejamos guiar para ir creciendo en nuestra fe, para llegar a esa madurez de nuestra vida cristiana? ¿Nos preocuparemos de ese crecimiento en la fe, de ese rumiar una y otra vez el Evangelio de Jesús para dejarnos impregnar por lo que el Espíritu va suscitando en nuestros corazones? 

Hemos de preocuparnos más de esa permanente formación en nuestra vida cristiana, que nos haga crecer, que nos haga madurar, que nos haga de verdad empaparnos del espíritu del Evangelio. No podemos decir nunca, eso ya me lo sé, eso ya lo conozco, eso ya lo he leído muchas veces, porque si vamos con hambre de Dios el Espíritu se irá revelando en nuestros corazones.


lunes, 11 de mayo de 2026

El Espíritu de la verdad, enviado desde el Padre que dará testimonio de Jesús, y que hará que nosotros también demos testimonio de Jesús

 


El Espíritu de la verdad, enviado desde el Padre que dará testimonio de Jesús, y que hará que nosotros también demos testimonio de Jesús

Hechos 16, 11-15; Salmo 149; Juan 15, 26 — 16, 4a

Es cierto que a veces al tener que enfrentarnos a lo desconocido se nos pueden llenar de temores el corazón porque en nuestras dudas y miedos no sabemos si sabremos afrontar esas nuevas situaciones que se nos presenten y de alguna manera se nos meten muchas cosas en la cabeza, muchas imaginaciones en que podemos barruntar que no va a ser fácil lo que tenemos que hacer.

Nos sucede en el día a día de nuestra vida, nos sucede cuando tenemos entre manos un nuevo proyecto que aunque nos llena de ilusión también nos aparecen esos miedos de si seremos capaces de llevarlo a cabo, nos sucede en la tarea de superación personal que cada uno vivimos donde nos damos cuenta de nuestras posibilidades pero también de nuestras debilidades que nos podrían llevar a muchos tropiezos, y nos sucede en el camino de nuestra fe, de nuestro compromiso cristiano en medio del mundo que nos rodea.

¿De donde sacaremos fuerza?, quizás nos preguntamos muchas veces, o quizás después de realizados esos proyectos también nos preguntamos cómo fuimos capaces de afrontar todo eso y llevarlo adelante, dónde encontramos esa fortaleza para llegar a hacer lo que incluso creíamos que éramos incapaces de realizar.

Jesús nos está hablando hoy del ‘Paráclito que enviará desde el Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre’. Jesús les había prometido que no los abandonaba, que El estaría con ellos pero les hacia saber que era de una manera nueva. Lo irán luego experimentando después de la resurrección en aquellas manifestaciones de Jesús como hemos venido meditando en esta pascua. Será el Espíritu de la verdad, enviado desde el Padre el que dará testimonio de Jesús, como hoy nos dice. Y el que hará que nosotros también demos testimonio de Jesús. Todo un misterio de Dios, todo un misterio de amor.

Jesús no les oculta que no todo será siempre fácil. Les habla de persecuciones e incluso muerte, y les anuncia todo esto para que cuando lleguen esos momentos difíciles no se vengan abajo, ‘cuando llegue la hora os acordéis de que yo os lo había dicho’. Pero Jesús les estará garantizando que con la fuerza del Espíritu, el Paráclito, podrán dar ese testimonio de Jesús.

No se trata tanto de lo que nosotros por nosotros mismos seamos capaces de hacer, que podemos hacer más de lo que nosotros pensamos, pero es que no vamos por caminos de autosuficiencias ni de orgullos personales, estamos en otra honda, otro el sentido espiritual que debe envolver nuestra vida porque es envolvernos del Espíritu de Dios. El Espíritu que nos ilumina y nos llevar a que podamos comprenderlo todo, el Espíritu que completa en nuestro corazón esa revelación de Dios porque nos recordará todo lo que Jesús nos ha enseñado, el Espíritu que nos da fortaleza para quitar miedos, para abrir puertas, para saltar sobre esos abismos y barreras que tantas veces nos creamos, que le da profundidad a nuestra vida para que no nos quedemos ni en la apariencia ni en lo superficial, el Espíritu que nos hace humildes porque no somos dueños de una verdad sino mensajeros de una buena nueva, el Evangelio de Jesús, el Espíritu que va a animar y dar sentido también a nuestra oración porque solo con la acción del Espíritu podremos decir que Jesús es el Señor y llamar Padre a Dios.

Mucho tendríamos que reflexionar sobre todo esto porque aunque nos decimos cristianos y creyentes que hemos puesto nuestra fe en Jesús sin embargo con demasiada frecuencia nos olvidamos de esta acción del Espíritu Santo en nosotros. Nos sentimos débiles por nosotros mismos y cuando nos envuelven los problemas o se nos hace costoso el testimonio que hemos de dar de nuestra fe parece que nos sentimos sin fuerzas y en nuestros miedos muchas veces reculamos y no somos lo valientes que tendríamos que ser. Muchos miedos y cobardías se nos meten en el alma.

Tendríamos que escuchar con mucha atención estas palabras de Jesús y hacerlas vida de nuestra vida. Muchas veces decimos que el Espíritu Santo es el gran olvidado, pero es que realmente está ahí en el credo de nuestra fe, pero no terminamos de asimilar y sentir su presencia en nosotros y en la vida de la Iglesia.

miércoles, 28 de mayo de 2025

Damos gracias por la acción del Espíritu que se manifestó y se manifiesta el hoy del camino de la Iglesia y dejémonos enseñar y conducir por El que nos guiará a la Verdad plena

 


Damos gracias por la acción del Espíritu que se manifestó y se manifiesta el hoy del camino de la Iglesia y dejémonos enseñar y conducir por El que nos guiará a la Verdad plena

Hechos 17, 15. 22 — 18, 1; Salmo 148; Juan 16, 12-15

Los conocimientos no los podemos reducir a unas como estancias o espacios estancos que cuando se llenan ya no tienen capacidad para más; el conocimiento en sí mismo está en progresivo conocimiento, no podemos decir hasta aquí he llegado y ya no tengo más a donde ir para aprender algo nuevo; el sabio no lo es porque ya se lo sepa todo, sino porque está cada día queriendo conocer más. Lástima que en la vida algunas veces podamos encerrarlo en aquello de que yo eso ya lo estudié cuando era niño o cuando era joven y no necesita aprender más; es limitar nuestras capacidades, limitar nuestra misma humanidad que siempre ha de estar en crecimiento y siempre podemos dar un paso más y llegar un poco más allá. Tenemos siempre la base de lo aprendido pero sobre ella seguimos construyendo; así tiene que ser la vida.

Así tiene que ser también nuestra vida cristiana, no solo en cuanto a lo que podemos hacer sino también en cuanto a lo que podemos ser; es el crecimiento de Dios en nuestro corazón, es la comprensión de su Palabra que cada día ha de ser mayor, es el leer lo que es la Palabra eterna de Dios pero en el hoy de nuestra vida para seguir descubriendo la luz que tiene que estar siempre llena de vida y que nos ha de iluminar para comprender también lo que hoy vivimos y lo que hoy somos.

Seguramente los que cada día nos dejamos iluminar por la Palabra de Dios y reflexionamos sobre ella, nos damos cuenta de la novedad que siempre nos encontramos, de ese paso adelante que cada día podemos dar; aquellos textos que tantas veces hemos escuchado y nos pudiera parecer que ya lo tienen todo dicho para nosotros, nos damos cuenta que en una nueva lectura descubrimos aspectos nuevos, nuevas perspectivas, nuevas formas en como lo vamos aplicando a nuestra vida en nuestro hoy. Nunca la Palabra de Dios, incluso teniendo en cuenta la fidelidad que hemos de tener a esa Palabra, será algo anquilosado que nos frena sino que siempre nos ayudará a crecer un poco más.

Es lo que nos está diciendo hoy Jesús en el Evangelio. ‘Muchas cosas me quedan por decirnos, nos dice, no podéis cargar con ellas ahora, pero cuando venga el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la Verdad plena’.

Es el Espíritu de Dios que nos guía, que sigue guiando a la Iglesia a lo largo de los tiempos, es el Espíritu que nos hará comprender la verdad de Dios en cada momento, en cada situación, como lo ha sido a lo largo de la historia. Es la continuidad de la Iglesia, a pesar de sus debilidades porque está compuesta por seres humanos que también tienen sus debilidades, y ahora queramos hacer un juicio de la historia pasada – somos en todos los aspectos muy dados a hacer esos juicios de la historia – tenemos que darnos cuenta que a pesar de las oscuridades que ahora nosotros podamos ver, allí estuvo el Espíritu de Dios guiando a su Iglesia, y si aun permanece es por la permanencia del Espíritu Santo en su Iglesia a través de la historia.

Podemos pensar como Iglesia en lo que hemos vivido en los últimos tiempos y ahora mismo estamos viviendo; en cada momento el Espíritu nos ha dado el Papa que necesitaba la Iglesia, cada uno con sus características, con su visión, con su apertura; no podemos pedir que un Papa, por ejemplo, sea igual al anterior o sea igual a otro, como lo podemos pensar del obispo en nuestras diócesis o de los sacerdotes en nuestras parroquias; cada uno dejará su huella, sembrará su semilla, aportará su iniciativa, sin dejar de ser la Iglesia, la Iglesia querida por Jesús y que va guiada por el Espíritu.

He querido compartir esta reflexión porque frente a todos los comentarios que por un lado y por otro podamos escuchar, hemos de tener la serenidad que nace de la fe, de confiarnos al Espíritu Santo que está inspirando también estos momentos de la Iglesia. Ni podíamos pedir que Francisco fuera una copia del Papa Benedicto XVI, sino que ahora León XIV sea una copia mimética de lo que hizo el Papa Francisco. Damos gracias a Dios por la acción del Espíritu Santo que se manifestó y se manifiesta hoy del camino de la Iglesia.

Sintamos que de la misma manera así también el Espíritu se va manifestando en nuestra vida, en nuestro corazón y en lo que vamos en cada momento realizando. Dejémonos enseñar y conducir por el Espíritu que siempre nos guiará a la Verdad plena.


domingo, 25 de mayo de 2025

Nos sentimos amados y se desborda el amor, guiados por el Espíritu en el nombre del amor construimos la paz con los presupuestos del perdón y la reconciliación

 


Nos sentimos amados y se desborda el amor, guiados por el Espíritu en el nombre del amor construimos la paz con los presupuestos del perdón y la reconciliación

Hechos 15, 1-2. 22-29; Sal. 66;  Apc. 21, 10-14. 22-23; Jn. 14, 23-29

Muchas nos habremos escuchado a nosotros mismos decir ‘mi madre nos decía…’ ‘mi padre soñaba con…’ y plasmamos lo que fueron sus deseos, su manera de ver y de hacer las cosas, lo que realmente querían para nosotros y quizás no vieron realizados; y el mejor recuerdo que ahora podemos tener de ellos no es solo repetir sus palabras sino hacer realidad a través de lo que nosotros hagamos lo que fueron sus sueños o sus deseos; es el mejor monumento que podemos levantar en su memoria. ¿No es esa la mejor memoria que pueden tener los hijos de sus padres?

Las palabras de Jesús hoy en el evangelio tienen aire de despedida y de últimas voluntades; y las últimas voluntades en aquellos que nos sentimos amados y que queremos amar también con la misma intensidad tienen que realizarse, tienen que cumplirse. Por eso nos está diciendo Jesús, ‘El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él’.

Nos sentimos amados y amamos, es el gran testamento de Jesús, es la órbita nueva en la que debemos entrar. Y aquí está lo grandioso, lo maravilloso que Dios realizará en nosotros, ‘mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él’. Nos sentimos amados y desde nuestra respuesta de amor se desborda el amor de Dios sobre nosotros de tal manera que nos llenaremos de Dios, ‘vendremos a él y haremos morada en él’.

Pero termina ahí la maravilla del amor de Dios, nos da su Espíritu. Como nos dice Jesús, cuando Él no esté con nosotros el Espíritu nos lo recordará todo,  ‘el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho’. Algunas veces en nuestro primer pensamiento o reflexión pensamos cómo aquellos discípulos – y lo vamos a ver cuando celebremos la festividad de Pentecostés – se sintieron llenos y fortalecidos por el Espíritu Santo y revivieron por la sabiduría del Espíritu todo lo que habían vivido con Jesús y todo lo que escucharon a Jesús. Hoy pensamos que tenemos los Evangelios porque aquellos discípulos con la inspiración del Espíritu Santo nos pudieron dejar por escrito cuanto Jesús hizo y dijo.

Pero tenemos que pensar algo más; como guió el Espíritu Santo a aquella Iglesia naciente sigue guiando a la Iglesia en el hoy de nuestra historia. Estos días pasados con la elección del Papa una cosa que decimos y repetimos es que el Espíritu es el que inspira y guía a los cardenales reunidos en el cónclave para la elección del Papa.

Nos hemos encontrado opiniones diversas que se escuchan desde el mundo hablando de tendencias o de luchas de candidatos como si de un parlamento cualquiera se tratara, y de alguna manera es normal que escuchemos esas voces que provienen desde quienes no ven este momento de la Iglesia desde un sentido de la fe. El cristiano desde la convicción de su fe tiene que decir y reconocer que es el Espíritu prometido por Jesús, como hoy hemos escuchado, el que ha dado a la Iglesia el Papa que hoy la Iglesia necesita y que también necesita nuestro mundo. Es el Espíritu que ‘os lo enseñará todo y os va recordando lo que yo os he dicho’, como nos decía Jesús.

Pero nos habla de algo más hoy el evangelio, porque nos habla de la paz, no una paz cualquiera, como la puede dar o buscar el mundo, sino como nos la da Jesús. ¡Qué difícil es entender lo que es la verdadera paz aunque todos la deseemos! Nos duele la falta de paz con todas sus consecuencias. Candentes están ante nuestros ojos y en nuestro espíritu las consecuencias de la falta de paz; las imágenes que nos llegan de todos los lugares donde hay violencia o donde hay guerra muchas veces nos aturden, aunque muchas veces olvidamos esa otra falta de paz que muchas veces tenemos más cercana cuando se rompen las relaciones entre las personas en nuestro entorno, o cuando seguimos manteniendo esa llama destructora de nuestros resentimientos o deseos de venganza ante cualquier situación complicada que vivamos en nuestras mutuas relaciones.

Y hoy Jesús nos habla de paz, de que nos viene a traer la paz; estas palabras fueron pronunciadas momentos antes de comenzar su pasión y la primera palabra que escucharemos luego en labios de Cristo resucitado será también la paz. Hoy nos dice Jesús que no se turbe nuestro corazón ni nos acobardemos, que bien necesitamos recordarlo cuando estamos atravesando o sufriendo las sombras y tinieblas de nuestras violencias; pero cuando Cristo resucitado salude con la paz a los discípulos en el cenáculo les enviará con la fuerza del Espíritu a llevar el perdón por el mundo.

Aquí podemos descubrir cómo es que la paz que Jesús nos ofrece no es como la que el mundo pueda ofrecer; la paz de Jesús nace del amor, provoca el camino del perdón y nos lleva siempre al reencuentro y la reconciliación. ¿No fue Jesús el que mientras lo crucificaban dijo aquello de ‘Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen’?

Cuando hoy buscamos paz para nuestro mundo, y tanto hablamos de treguas y de diálogos de paz  ¿estaremos pensando en una paz al estilo de lo que Jesús nos está proponiendo? La paz no puede ser solamente que se callen las armas, sino que sepamos construirla luego desde una verdadera reconciliación entre esos pueblos, o en esas situaciones cercanas en las que también nos vemos envueltos tantas veces en esa falta de paz. No olvidemos que los cristianos en nombre del amor que es nuestro distintivo siempre tenemos que llevar por delante el presupuesto del perdón y de la reconciliación. ¿Seremos capaces de hacerlo?


miércoles, 8 de mayo de 2024

No nos puede faltar arrojo y valentía para lanzarnos adelante y adentrarnos en ese desierto o enmarañado bosque de nuestro mundo, tenemos la fuerza del Espíritu

 


No nos puede faltar arrojo y valentía para lanzarnos adelante y adentrarnos en ese desierto o enmarañado bosque de nuestro mundo, tenemos la fuerza del Espíritu

Hechos de los apóstoles 17, 15. 22 — 18, 1; Salmo 148; Juan 16, 12-15

Quizás la preocupación de un padre cuando por la razón que sea tiene que dejar sus responsabilidades y dar paso al hijo al que ha venido formando y educando es pensar si acaso el hijo ya estará lo suficientemente preparado y maduro para asumir la tarea que se le va a confiar; quizás buscará personas que estén al lado del hijo y le sigan asesorando y apoyando, no lo quieren dejar solo, aunque sabe que es el hijo el que tiene que afrontar el reto que se pone en sus manos. Pensamos en situaciones así entre padres e hijos que les suceden, como podemos pensar en el responsable de una empresa y de la preparación de sus trabajadores, si acaso han llegado ya a estar a la altura de asumir mayores responsabilidades. Preocupaciones humanas normales y nacidas de la misma responsabilidad de la vida.

En los textos que nos ofrece la liturgia en estos días previos a la fiesta de la Ascensión se nos habla de esa despedida de Jesús, porque sabe que le ha llegado su hora – así se había expresado al comienzo del relato de la cena pascual – y llegaría un nuevo momento para sus discípulos; no era solo el escándalo de aquellos día de pasión, sino la continuidad a posteriori de la obra de Jesús. Van a ser enviados por todo el mundo llevando esa Buena Nueva de Jesús.

Habían, es cierto, tenido aquellas experiencias en que los embarcó Jesús más de una vez dejándolos solos, como la noche de la travesía del lago de Tiberíades, o como cuando los había enviado de dos en dos para comenzar a anunciar también ellos el Reino de Dios. ¿Solos como corderos en medio de lobos? ¿Solo sin más apoyo que aquel bastón que les había permitido llevar cuando los había enviado? ¿Solos con la misión y el poder de Jesús? Les había enviado también a curar enfermos y expulsar demonios. En sí tenían la posibilidad de atravesar los mares en contra en medio de sus miedos y fantasmas. El poder de Jesús estaba con ellos.

El Espíritu de Jesús estará con ellos. Es lo que ahora Jesús les está diciendo. No los deja huérfanos. ‘Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir’. Con ellos estará el Espíritu de la verdad que los guiará hasta la verdad plena.

Despertemos nosotros nuestra fe en la presencia del Espíritu del Señor en nuestras vidas. No estamos ni solos ni huérfanos. La travesía de los mares de la vida se nos hace dura y costosa en muchas ocasiones. Parece que nos faltara energía y fuerza interior, porque nos aparecen una y otra vez nuestros miedos y cobardías. Vemos también fantasmas por doquier cuando pasamos por esas noches oscuras del alma. Nos sentimos en muchas ocasiones cansados, débiles, sin fuerzas, parece que hasta hemos perdido el coraje y las iniciativas desaparecen de nuestra mente, cayendo de nuevo en tibiezas y en rutinas.

¿Dónde está el fuego del Espíritu que ha venido a prender nuestro mundo? ¿Seguimos teniendo miedo a ese torbellino que se forma en torno nuestro cuando decimos una verdad, cuando luchamos por algo bueno, cuando denunciamos las mentiras y falsedades que nos quieren hacer creer en la vida?

No nos puede faltar ese arrojo y valentía, ese lanzarnos hacia delante para adentrarnos en ese mundo que nos puede parecer un desierto o un enmarañado bosque. Pero ahí tenemos que abrir camino, ahí tenemos que comenzar a roturar la vida para sembrar la buena semilla. Con nosotros estará siempre la fuerza del Espíritu del Señor. Reavivemos esa fortaleza interior, crezcamos más y más en nuestra espiritualidad. Tenemos que sentir que estamos preparados porque con nosotros está la fuerza de su Espíritu.

miércoles, 17 de mayo de 2023

Será el Espíritu por el que hemos de dejarnos conducir, que anide en nuestros corazones y nos abra el entendimiento para comprender e interpretar las Escrituras

 


Será el Espíritu por el que hemos de dejarnos conducir, que anide en nuestros corazones y nos abra el entendimiento para comprender e interpretar las Escrituras

Hechos 17, 15. 22 — 18, 1; Sal 148; Juan 16, 12-15

De alguna manera a todos nos sucede, en ocasiones estamos saturados de noticias, son tantas las cosas que se nos cuentan en cualquier noticiero de radio o de televisión, que conocemos a través de Internet, de cosas que suceden en cualquier lugar del mundo y que al momento podemos tener en nuestras manos, que algunas veces quisiéramos apagar todos los medios de comunicación y quedarnos sin enterarnos de nada, un poco como para desintoxicarnos de todo y poder luego con calma comenzar a asimilar cuanto hemos oído.

Sucede con las noticias, sucede con los estudios que realizamos, las distintas materias a las que hemos de meter mano para poder sacar, por ejemplo, una carrera adelante; una pausa, un repasar con calma las cosas, un poner un poco de orden en la información o los conocimientos que recibimos. Nos sentimos a veces como apabullados.

¿Qué les estaba sucediendo a los discípulos de Jesús? Mucho nuevo les había sorprendido en aquellos cortos años que llevaban siguiendo a Jesús; su entusiasmo por El les hacía mantenerse fieles y leales, pero les costaba asimilar bien cuanto iban recibiendo; por eso en ocasiones parece que reculan, les vemos ir para adelante y para detrás en aquellas cosas que Jesús les iba proponiendo del sentido del Reino nuevo que les anunciaba. Cuánto les costaba por ejemplo entender lo del servicio y lo de hacerse los últimos.

Ahora en aquellos días próximos a la Pascua habían vivido con intensidad muchas cosas que incluso les costaba comprender. Seguían a Jesús y lo amaban, se habían decantado por El en momentos difíciles y sin comprender del todo lo que Jesús les anunciaba, pero sentían que era la Verdad que no podían negar, el camino que habían de seguir, la vida eterna que deseaban alcanzar. ¿A quien iba a acudir? Solo Jesús tenía palabras de vida eterna.

Y ahora Jesús, en aquella cena pascual, donde tantas cosas estaban sucediendo, tantos signos se iban realizando, tantas promesas Jesús iba haciendo, aun les dice que les queda muchas cosas que decirles y enseñarles. ¿Se sentirán saturados? Pero Jesús al mismo tiempo les está haciendo una promesa que les aclarará muchas cosas.

‘Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir…’

‘Cuando venga El, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena’. Solo con la fuerza del Espíritu podían llegar a entender cuanto Jesús les estaba enseñando. Aquí sí tenemos que decir que hay cosas que nos superan y que por nosotros mismos no podremos llegar a alcanzar. ¿Además cómo recordar todo cuanto Jesús les había ido enseñando?  Por eso podemos tener con tanta fiabilidad las palabras de Jesús, por la inspiración del Espíritu Santo. Será el Espíritu por el que hemos de dejarnos conducir, el Espíritu que anide en nuestros corazones y nos dé todo el impulso que necesitamos, el Espíritu que nos abrirá el entendimiento y el corazón para que podamos comprender e interpretar las Escrituras.

El Espíritu que seguimos necesitando hoy, lo necesita la Iglesia y lo necesitamos cada uno de nosotros, en nuestras luchas, en nuestro camino, en el testimonio que tenemos que dar, en el anuncio que tenemos que hacer al mundo. Será quien nos conduzca y nos ilumine, será nuestra sabiduría y el que nos llenará de la santidad de Dios, será el que llenándonos de la vida de Dios nos hará hijos de Dios, hará en nosotros un nuevo nacimiento para ser ese hombre nuevo del Reino nuevo de Dios.

domingo, 14 de mayo de 2023

Envueltos por el Espíritu de Jesús en Pentecostés todo cambiará en sus vidas, porque los miedos y las cobardías desaparecerán, no estarán huérfanos ni solos

 


Envueltos por el Espíritu de Jesús en Pentecostés todo cambiará en sus vidas, porque los miedos y las cobardías desaparecerán, no estarán huérfanos ni solos

Hechos 8, 5-8. 14-17; Sal 65;  1Pedro 3, 15-18; Juan 14, 15-21

Cuando en el camino de la vida nos sentimos acompañados por alguien que por su prestigio, por su bien hacer, por sus características de líder y sentimos que de un momento a otros nos va a fallar, no lo vamos a tener a nuestro lado, nos sentimos mal, nos sentimos como abandonados y nos entran los temores de qué va a ser de nosotros, de nuestro grupo, de los proyectos que traemos en mano.

En todo grupo humano siempre tenemos una persona así, que lo es todo para aquel grupo, que sabe mantenerlo unido, manteniendo en alto los ideales y metas; sucede hasta en cualquier grupo de muchachos como lo tenemos en cualquier organización. Hoy le ponemos diferentes nombres, será ‘coach’ como está ahora de moda, será dirigente, acompañante que es lo que realmente significa esa palabra mencionada, será maestro, será animador, será defensor, llamémoslo como queramos, pero si nos falta parece que el mundo se nos viene abajo, aunque la misión del líder es ponernos a caminar para que seamos capaces de hacerlo por nosotros mismos.

¿Por qué no podemos pensar que así se sentían los discípulos en relación a Jesús y que ahora en estos últimos momentos están sintiendo tantas palabras de despedida? La tristeza y la incertidumbre les embargan, porque aun no sabe lo que realmente va a suceder después de aquella cena tan llena de signos. La incertidumbre y la preocupación que también nos envuelve tantas veces a los cristianos frente al mundo y con la misión que en el mundo tenemos que realizar. También nos llenamos de miedos.

Pero Jesús les dice que no tienen por qué estar tristes, El marcha – es el momento de la entrega definitiva – pero les promete quien les va a acompañar siempre. El Espíritu de Jesús no les va a faltar. Les promete el Espíritu de la verdad, que se lo revelará todo, pero que será el acompañante, el Defensor que estará siempre con ellos. No se van a sentir solos, aunque ellos ahora no lo entienden.

‘No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros… Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad…’ Les costará entenderlo a los discípulos y su consuelo, de alguna manera, es confiarse a las palabras de Jesús. Lo pasarán mal en aquella pascua, más tarde Jesús les abrirá el entendimiento para que comprendan las Escrituras, para que comprendan todo lo que El les ha anunciado. Cuando se sientan envueltos por el Espíritu en Pentecostés todo cambiará en sus vidas, porque los miedos y las cobardías desaparecerán.

Tenemos que poner nosotros también toda nuestra confianza en las palabras de Jesús. Su Espíritu también ha inundado nuestras vidas porque desde el Bautismo nos hemos convertido en morada de Dios y en templos del Espíritu. Como don especial lo recibimos en el sacramento de la Confirmación y ya nosotros con la fuerza del Espíritu tenemos que ser testigos.

El Espíritu que abrió las puertas de la Iglesia para que se expandiera el mensaje del Evangelio, y llegara, como hemos escuchado hoy en la primera lectura, incluso a aquellos lugares a los que en principio tenían temor de llegar porque pensaban que no iban a ser recibidos. Fue el Espíritu el que impulsó a los que salieron de Jerusalén en aquellas primeras persecuciones para anunciarlo en Samaría, que para los judíos era una tierra maldita, y sin embargo vemos como acogen la predicación del diácono Felipe y bajarán luego Pedro y Juan para que por la imposición de las manos sobre ellos se realizara un nuevo Pentecostés.

¿Nos dejaremos conducir por el Espíritu para llegar también a las fronteras, esas fronteras que tenemos ahí cerca de nuestro lado, vecinos nuestros quizá en nuestro mismo pueblo en tantos a los que parece que no interesa el evangelio,  no interesa la Iglesia, para que también may hagamos un anuncio del mensaje del Evangelio?

Es el Espíritu que, como nos decía el apóstol Pedro en la segunda lectura de hoy, que nos hará dar razón de nuestra fe y nuestra esperanza al mundo que nos rodea. Es el testimonio que tenemos que dar con nuestra vida, que el mundo crea que hay razones para la esperanza, que el mundo vea que es importante mantener viva la fe; que con el testimonio de nuestra vida, por lo que hacemos y por lo que vivimos, por nuestro compromiso serio, por esa lucha que mantenemos contra el mal y la injustita, por esos gestos de humanidad y de cercanía con que nosotros caminamos tendiendo la mano, curando heridos de la vida, levantando caídos, acompañando soledades, poniendo el amor y la comprensión siempre por delante demos razón de la fe que anima nuestra vida, de la esperanza que llevamos en el corazón y que nos mantiene con espíritu alegre para poner alegría en nuestro mundo.

Y lo podremos hacer porque estamos llenos del Espíritu que nos ha dejado Jesús como nuestro acompañante y nuestro defensor, el Espíritu de la verdad que nos guiará hasta la verdad plena. Abramos las puertas de nuestro corazón para dejarnos inundar por la fuerza del Espíritu.

 

lunes, 8 de mayo de 2023

Vayamos pues disfrutando de esa inmensidad del amor que Jesús nos ofrece, saboreando el amor, saboreando esa presencia de Dios que habita en nosotros

 


Vayamos pues disfrutando de esa inmensidad del amor que Jesús nos ofrece, saboreando el amor, saboreando esa presencia de Dios que habita en nosotros

Hechos 14, 5-18; Sal 113; Juan 14, 21-26

Te amo, quiero estar contigo para siempre, quiero vivir contigo.  De forma romántica se podrá decir más bonito, pero de alguna manera es el proyecto de vida que se hacen, que tienen dos personas que se aman, dos enamorados. Y porque se aman habitan juntos, cohabitan es la palabra que solemos emplear; que es mucho más que estar juntos, porque de alguna manera viven el uno en otro, viven el uno para el otro, con todo lo que entraña la intimidad del amor.

Podríamos decir que es lo que nos está diciendo hoy Jesús. Le amamos y guardamos sus mandamientos. El que ama de verdad se da de tal manera que lo que busca es agradar al otro, hacer todo lo posible porque el otro sea feliz; no es solo buscar nuestra propia felicidad, que nos vendrá en consecuencia, sino que me doy de tal manera que con todo mi ser quiero hacer feliz al que amo. Cuando hemos buscado en algo que queremos llamar amor primero nuestra propia felicidad, ese tal llamado amor va demasiado cargado de egoísmo, de egocentrismo, que le falta lo importante para ser verdadero amor. Seré feliz cuando te vea feliz, y te veré feliz porque por mi parte pondré todo lo que sea necesario para agradarte y que lo seas.

Es lo que nos dice hoy Jesús. Me he quedado en esta reflexión casi en la primera frase. ‘El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama… Y el que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él’. Aceptar sus mandamientos, buscar siempre lo que es la voluntad de Dios, guardar su Palabra, plantarla en nuestro corazón y nuestra vida. Así manifestamos nuestro amor. Pero así se va a manifestar en mí el amor de Dios que me llevará por caminos de plenitud y de felicidad. ‘Mi Padre lo amará’, vamos a ser regalados por el amor de Dios, y el regalo más hermoso es que Dios va a estar con nosotros. Dios se ha enamorado de nosotros, ‘vendremos a él y haremos morada en él’.

Maravilla del amor de Dios, porque no va a ser un amor desde fuera. Es que Dios va a venir a mí, hará morada en mí. ¿No decimos que por el bautismo nos convertimos en morada de Dios y templos de su Espíritu? Aquí lo tenemos. No es simplemente sentir que Dios está a nuestro lado – y sentiremos, es cierto, a Dios caminando a nuestro lado porque eso es lo que se manifiesta cuando se nos dice que se ha encarnado y habita con nosotros, sino vamos a sentir que Dios está dentro de nosotros, habitando en nosotros.

¿Qué decíamos que sienten los enamorados? En nombre de su amor, decíamos, quieren vivir juntos, con lo que quiere entrañar esta expresión. Ahora decimos que Dios se ha enamorado de nosotros y no solo quiere habitar a nuestro lado, sino que quiere habitar en nosotros.

Es todo un misterio de amor, que por muchas semejanzas que tenga con nuestro amor humano, sin embargo no llegamos siempre a captar en toda su profundidad. Por eso Jesús nos promete su Espíritu, que cuando El venga nos lo revelará todo, nos hará comprender todas las cosas.

Estamos ya acercándonos a Pentecostés y poco más que una larga novena de preparación nos va ofreciendo la liturgia en estos días que quedan donde iremos escuchando toda esa promesa del Espíritu que Jesús nos hace. Ahondemos nosotros en ello, vayamos abriendo nuestro corazón para dejarnos conducir por el Espíritu, que nos lo revelará todo, que nos hará comprender todas las cosas.

Vayamos pues disfrutando de esa inmensidad del amor que Jesús nos ofrece. Vayamos saboreando el amor, esa presencia de Dios que habita en nosotros.


sábado, 4 de junio de 2022

Es en lo hondo del corazón donde tenemos que aprender a conocer y a vivir a Jesús dejándonos conducir por su Espíritu

 


Es en lo hondo del corazón donde tenemos que aprender a conocer y a vivir a Jesús dejándonos conducir por su Espíritu

Hechos de los apóstoles 28, 16-20. 30-31; Sal 10; Juan 21, 20-25

Una especie de anécdota o curiosidad, un testimonio y una hipérbole vienen a poner punto final al evangelio de Juan que hemos venido escuchando en estos momentos en que llegamos a la conclusión de la pascua.

Es la curiosidad de Pedro ante todo lo que le estaba anunciando Jesús pero sobre lo que le pudiera suceder, qué anuncios tendría Jesús reservados para aquel discípulo amado que ahora tan cerca de ellos estaba. Algo así como querer corresponder como un favor porque había sido precisamente Juan el que desde la barca lo había reconocido y solamente a Pedro se lo había contado. Pero Jesús, podríamos decirlo así, corta las preguntas y curiosidades de Pedro diciéndole poco menos que se preocupara solo de sus asuntos. Se queda todo en la interpretación que haría el resto de los discípulos de las palabras de Jesús – ‘Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué?’ – de que aquel discípulo no iba a morir.

Es, sí, el discípulo que va a dar un hermoso testimonio de Jesús, cuando nos deja reflejado en este texto la Buena Noticia de Jesús. ‘Este es el discípulo que da testimonio de todo esto y lo ha escrito; y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero’. Como se nos dirá en otro momento todo esto se ha escrito para creamos y creyendo tengamos vida en el nombre de Jesús.

Como el mismo Juan nos dirá en sus cartas, lo que ha visto y lo que ha oído no lo puede callar; lo que ha visto y lo que ha oído, lo que ha experimentado con su propia vida, tiene que trasmitírnoslo. Ese es su testimonio, esa es su verdad, esa es la vida que nos quiere transmitir.

Y es que quienes conocemos a Jesús, quienes creemos en Jesús como nuestra Salvación tenemos que convertirnos en testigos. Es lo que ha venido a ser la historia de la Iglesia a lo largo de los tiempos, un testigo que trasmite lo que ha vivido. Es así como se ha transmitido la fe, contagiándonos de unos a otros. No son las explicaciones las que nos convencen para que creamos, sino el testimonio de una vida, el testimonio de un creyente. No vamos a enseñar filosofías ni ideologías, no son simplemente doctrinas lo que queremos trasmitir sino que Jesús es en verdad nuestra verdadera y única sabiduría porque al encontrar en El la salvación encontramos la vida, encontramos el sentido más hondo para nuestro vivir.

Y como decíamos termina con una hipérbole. Algo que nos puede parecer una exageración pero que lo que quiere es manifestarnos la grandiosidad del mensaje de Jesús. ‘Muchas otras cosas hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni el mundo podría contener los libros que habría que escribir’.

Es cierto que la Biblia es el libro más editado en el mundo y que prácticamente se ha traducido a todas las lenguas conocidas del mundo; tenemos que reconocer también que inmensa biblioteca podríamos formar y nos preguntaríamos donde podríamos ponerla, si juntamos todos los libros que en el mundo y en la historia se han escrito que nos hablen de Jesús. Fue, es cierto, una hipérbole la que quiso expresar el evangelista aún sin saber cuánto a lo largo de la historia se escribiría sobre Jesús.

Pero quiere decirnos algo más, y es que el mensaje de Jesús no son solo las palabras que como historias nos han dejado los cuatro evangelistas, sino que el mensaje de Jesús va mucho más allá de esas palabras porque llegará a lo que llevamos en el corazón con la fe que en El tenemos. Y es ahí en lo hondo del corazón donde tenemos que aprender a conocer y a vivir a Jesús dejándonos conducir por su Espíritu que nos lo revelará todo.

miércoles, 25 de mayo de 2022

Llenemos el corazón de verdadera humildad para abrirnos al misterio de Dios y dejarnos sorprender por la acción del Espíritu que nos lo revela

 


Llenemos el corazón de verdadera humildad para abrirnos al misterio de Dios y dejarnos sorprender por la acción del Espíritu que nos lo revela

Hechos de los apóstoles 17, 15. 22 — 18, 1; Sal 148; Juan 16, 12-15

En una ocasión un niño pequeño, de los primeros años escolares, entró en mi lugar de estudio y se quedó como paralizado con los ojos bien abiertos contemplando todos los libros que yo tenía en sus estantes y me preguntó asombrado ¿Tú te has leído todo esos libros y te los sabes todos?  Asombrado estaba que yo hubiera podido leer todos aquellos libros, pero además sabérmelos todos.

Me viene al recuerdo esta simple anécdota tras el anuncio que le escuchamos hoy a Jesús. ‘Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir’.

Mucho era lo que Jesús les había ido enseñando, pero mucho eran aun lo que les quedaba por aprender, por conocer. Me recuerda también el final del evangelio de Juan en que termina diciéndonos que allí en aquel evangelio está cuanto necesitamos para creer que Jesús es el Hijo de Dios, el Salvador del mundo y creyendo tengamos vida en su nombre, pero que muchas más cosas hizo y dijo Jesús que si se escribieran todas ni el mundo entero podría contener los libros que habría que escribir. Un lenguaje, es cierto, un poco hiperbólico pero que nos viene a expresar la grandeza del evangelio que nos lleva a nuestra fe en Jesús y a nuestra salvación.

Hoy nos promete Jesús la presencia del Espíritu con su Sabiduría que nos lo enseñará todo, ‘nos guiará hasta la verdad plena’. ¿Cómo podríamos tener nosotros la garantía de que no olvidamos las palabras de Jesús, su buena noticia de salvación? ¿Cómo se nos puede garantizar que no manipulemos las palabras de Jesús para hacerle decir cosas distintas a lo que El nos enseñó?

Podríamos tener la tentación de dudar de la autenticidad del evangelio que hoy enseñamos y trasmitimos, como podríamos tener también la tentación de tergiversar sus palabras. Es quizás la tentación de muchos que todo lo ponen en duda; lo escuchamos muchas veces en el mundo que nos rodea o nos puede pasar a nosotros también por nuestro interior. Son tantos los que se cierran a la fe y en todo ven manipulación.

En un mundo y en una sociedad en la que contemplamos a tantos que ansían el poder, no para servir a esa sociedad sino para tener dominio sobre ella, casi podría parecer normal que haya también quien dude del auténtico sentido de la autoridad dentro de la Iglesia y también pueden ver esas ansias de poder y de dominio en los pastores de la Iglesia.

Cuántas cosas escuchamos decir en este sentido y cuanto se manipula desde los medios de comunicación para ir envenenando la fe de los creyentes. Siembra dudas y crearás división; crea abismos que dividan y separen destruyendo la comunión y desde esa manipulación se irá logrando destruir hasta lo más sagrado, arrancando la fe del corazón de los creyentes.

Quienes en verdad nos dejamos conducir por la fe sentimos que verdaderamente es otra cosa, otro es el sentido de las cosas, porque creemos en la presencia del Espíritu Santo que nos prometió Jesús que es el que verdaderamente inspira la acción de la Iglesia. Esa presencia del Espíritu que nos guiará a la verdad plena, como nos dice hoy Jesús, es la garantía de esa autenticidad de la Verdad proclamada, transmitida y enseñada por la Iglesia.

No perdamos esa visión de la fe; dejémonos conducir por el Espíritu Santo; dejemos que su luz nos llene de su Sabiduría y podremos, aunque nos consideremos los más humildes y los más pequeños y precisamente por eso, conocer el misterio de Dios que en Cristo Jesús se nos manifiesta. Mientras no llenemos nuestro corazón de verdadera humildad difícilmente podremos abrirnos a Dios y a la acción de su Espíritu. Abramos bien los ojos del corazón para dejarnos sorprender por el misterio de Dios que podremos llegar a conocer.

miércoles, 12 de mayo de 2021

Abramos nuestro corazón a la presencia y a la sabiduría del Espíritu dejándonos conducir por el Espíritu que nos revela a Jesús y nos hace partícipes de su misma vida

 


Abramos nuestro corazón a la presencia y a la sabiduría del Espíritu dejándonos conducir por el Espíritu que nos revela a Jesús y nos hace partícipes de su misma vida

Hechos de los apóstoles 17, 15. 22 — 18, 1; Sal 148; Juan 16, 12-15

El estudiante comienza con ilusión su carrera, pero a medida en que avanza en sus estudios se va dando cuenta de que aquello es mucho más complejo que lo que había imaginado; quiere conocer y aprender, quiere seguir avanzando, pero hay momentos en que se ve desbordado; como se suele decir hay que dar tiempo al tiempo y todo se irá caminando.

Pongo el ejemplo del estudiante o podemos pensar en otras muchas situaciones de la vida en que también nos sentimos desbordados; la complejidad de los problemas, los nuevos caminos que se abren ante nosotros, la posibilidad de hacer que las cosas cambien, pero exige esfuerzo, dedicación, no perder el entusiasmo, continuar en la tarea a pesar de los pesares como suele decirse.

Los discípulos de Jesús lo habían ido conociendo poco a poco; aquel grupo más íntimo y más particular que constituían los que Jesús había elegido y los había llamado apóstoles iban teniendo cada vez un conocimiento más profundo de Jesús, sin embargo algo nuevo iban descubriendo cada día del misterio de Cristo que algunas veces les costaba entender y aceptar; ahora se encontraban en una encrucijada con los anuncios que había hecho Jesús de lo que iba a suceder; los recuerdos de todo lo que Jesús les había enseñado se iba como acumulando y les costaba asimilarlo.

Y, ¿cuándo Jesús no estuviera, dado los anuncios que estaba haciendo? Les parecía casi imposible recordarlo todo para llegar a vivir aquel nuevo sentido de vida que Jesús les estaba enseñando. Es lo que Jesús les esta anunciando ahora. No han de temer porque el Espíritu será su sabiduría.


‘Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará’.

El Espíritu de la verdad que nos guiará hasta la verdad plena. Buscamos la verdad, está en el deseo más profundo del hombre. Es una constante que se repite continuamente en el evangelio. Jesús nos dirá que El ha venido para dar testimonio de la verdad, esa es su razón de ser. Será cómo responderá a Pilato cuando éste le pregunta sobre su identidad, aunque ante la respuesta de Jesús el Procurador se preguntará con sorna qué es la verdad. Un hombre que procedía del mundo gentil, de la cultura griega y romana donde habían abundado los filósofos, maestros que enseñan el camino de la sabiduría y de la verdad, al final tiene dudas de lo que es la verdad. Por eso la pregunta-respuesta que se hace Pilatos aunque no espera la respuesta de Jesús. ‘¿Qué es la verdad?’

Pero ya Jesús a lo largo del evangelio nos irá dando testimonio de la verdad, porque nos está descubriendo todo el misterio de Dios que es en fin de cuentas descubrirnos también todo el misterio del hombre. Y ahí está nuestra sabiduría, ahí está la verdad que buscamos y que tenemos que creer. Por eso Jesús terminará afirmándonos que El es la Verdad. ‘Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida, nadie va al Padre sino por mí’. Es Jesús mismo la respuesta a esa eterna pregunta de la humanidad.

Y hoy nos dice Jesús que tendremos con nosotros el Espíritu de la Verdad que nos lo revelará todo y nos guiará hasta la verdad en plenitud. Es el Espíritu que nos va a guiar al conocimiento pleno de Jesús. Y ese conocimiento pleno de Jesús va mucho más allá de saber muchas cosas de Jesús. Hay muchos que saben muchas cosas de Jesús, pero les falta algo importante, la fe en Jesús, creer en Jesús.

La fe no nos la da solamente el conocimiento que podamos tener, aunque también lo necesitemos, sino el Espíritu que anida en nuestro corazón y que será quien en verdad despierte la fe en nosotros. Sin dejarnos guiar por el Espíritu Santo no llegaremos al conocimiento pleno de Jesús, no llegaremos a poner toda nuestra fe en Jesús. Porque será el Espíritu el que nos revele en nuestro corazón quién es Jesús, el secreto y el misterio de Jesús para reconocer en El al Hijo de Dios que es nuestra Salvación.

Abramos nuestro corazón a la presencia y a la sabiduría del Espíritu, preparémonos con intensidad para la celebración de la venida del Espíritu, y dejémonos conducir por el Espíritu que nos revela a Jesús y nos hace participes de la vida misma de Jesús para ser también nosotros hijos de Dios.

lunes, 10 de mayo de 2021

Jesús nos ha prevenido frente a todos esos malos momentos que pueden aparecer en nuestra vida y nos ha prometido la presencia del Espíritu de la verdad

 


Jesús nos ha prevenido frente a todos esos malos momentos que pueden aparecer en nuestra vida y nos ha prometido la presencia del Espíritu de la verdad

Hechos de los apóstoles 16, 11-15; Sal 149; Juan 15, 26 — 16, 4a

‘Ya te lo había dicho’, nos dice el amigo que nos había prevenido pero a cuyas palabras habíamos hecho poco caso. Y nos sucedió como nos lo había dicho el amigo. Son cosas que nos pasan en la vida, alguna cosa que queríamos emprender pero que el amigo quizás veía los peligros de fracaso o dificultad, una tarea en la que nos habíamos comprometido pero por nuestra falta de constancia no fuimos capaces de llevar hasta el final a pesar de que el amigo que nos conocía muy bien nos había prevenido.

Jesús también nos previene con todo cariño ante lo que nos puede pasar, aunque muchas veces nos parece que todo va a ir bien y quizás bajamos la guardia, no ponemos toda la atención y la intensidad que tendríamos que poner en muchos aspectos de nuestra vida cristiana. Es lo que hoy escuchamos en las palabras de Jesús, aunque lo hemos escuchado muchas veces; quizás nos pensamos que esos tiempos de persecución o dificultad son propios de otros tiempos, recordamos acontecimientos de la Iglesia del pasado, pero no somos capaces de abrir los ojos para ver lo que hoy también nos puede pasar.

Claro que cuando nos vemos incomprendidos, o no somos aceptados nos sentimos mal y hasta podemos amargarnos porque nos parece que no vamos a encontrar salida o no vamos a tener la fuerza para enfrentarnos a esas situaciones. Son cosas que nos pueden suceder hoy, de hecho en esta sociedad tan plural en la que vivimos, tan dominada por tendencias de todo tipo, tan esclavizada a un materialismo imperante o un sensualismo que pareciera que es lo único importante en la vida, cuando nosotros queremos ser fieles a unos principios y a unos valores nos vamos a encontrar un muro muy fuerte en contra.

Todos por otra parte estamos sujetos a muchas tentaciones de todo tipo y si bajamos la guardia en nuestra espiritualidad fácilmente nos vamos a ver debilitados y arrastrados por mil cosas que nos alejan del espíritu cristiano que tendría que envolver nuestra vida.

Jesús hoy les dice a los discípulos en su despedida – estas palabras corresponden a los discursos de despedida de Jesús en la última cena – que incluso van a ser expulsados de las sinagogas, lo que para un judío tenia que ser algo muy doloroso.

Pero Jesús al tiempo que les anuncia esas dificultades con las que se van a encontrar también les promete que el Espíritu Santo será su guía y su fortaleza, que El será luz en esos momentos de dificultad y oscuridad, pero será también la fuerza para mantenerse firmes porque incluso pondrá palabras en sus labios para responder a los ataques que puedan sufrir.

‘Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo’.

El Espíritu de la verdad que procede del Padre. Es la promesa de Jesús que iremos escuchando repetidamente en estas semanas y días del tiempo pascual. Es el Espíritu divino que fortalece nuestra vida. No actuamos solos y por nuestra cuenta; no actuamos solo con nuestras fuerzas humanas por mucha fuerza de voluntad que digamos que tenemos. Aparece la debilidad de nuestra condición humana, aparece la debilidad que se puede llamar confusión, aparece la debilidad que nos llena de desanimo, aparece la debilidad de nuestros desencantos porque nos habíamos imaginado quizá un mundo muy irreal, aparece la debilidad cuando contemplamos fracasos en quienes creíamos fuertes y eso nos desalienta.

Jesús nos ha prevenido frente a todos esos malos momentos que pueden aparecer en nuestra vida y Jesús nos ha prometido la presencia del Espíritu de la verdad que dará testimonio en nosotros. Pero frente a todas esas debilidades tenemos la seguridad de la fortaleza del Espíritu. Invoquémosle con fervor para sentir su gracia y su presencia.