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sábado, 8 de agosto de 2026

El mundo necesita de esa luz que nosotros podemos ofrecer, no la ocultemos, nuestra fe nos compromete a ser mensajeros de luz en medio del mundo

 


El mundo necesita de esa luz que nosotros podemos ofrecer, no la ocultemos, nuestra fe nos compromete a ser mensajeros de luz en medio del mundo

Isaías 52, 7-10; Salmo 95; Mateo 5, 13-19

Con un poco de imaginación si queréis me estoy viendo a mi mismo caminar en una noche oscura y tenebrosa por caminos o calles de una ciudad que nos parece desconocida y que no están iluminados para poder saber por donde caminas o lo que te puedes encontrar; puede ser un lugar hermoso y bello que incluso podemos intuir en sus sombras pero no lo podemos contemplar, no podemos saborear su belleza porque por las razones que fuera carece de iluminación; andaremos desorientados y perdidos sin saber a donde vamos o lo que podemos encontrar, sin encontrarle sentido al camino que estamos haciendo a pesar de que quizás nos habían hablado de que era un lugar muy hermoso que había que disfrutar.

¿Será así cómo nos estamos haciendo la vida ya para nosotros mismos o para los que caminan a nuestro lado? ¿Nos podremos encontrar así sin luz y desorientados? Nuestro mundo y nuestra sociedad como la vida misma se nos presenta muchas veces compleja planteándonos quizás muchos interrogantes. Llegamos a un mundo de oscuridad en ocasiones a pesar de que son muchas las luces que brillan a nuestro alrededor pero al final nos quedamos sin saber que escoger o qué ofrecer que sea en verdad esa luz que dé sentido a la vida y al mundo en que vivimos.

Si somos creyentes y cristianos no podemos decir que no tenemos esa luz, pero muchas veces nos confundimos con esas luces parpadeantes que brillan a nuestro alrededor queriendo llamar nuestra atención. Y es aquí donde en verdad tenemos que clarificar nuestra vida y saber cual es la luz que verdaderamente nos ilumina y va a dar sentido a nuestra vida. Si decimos que somos cristianos y seguimos a Jesús es porque en El hemos encontrado esa luz porque en El hemos encontrado todo el sentido de nuestra vida.

Y esto es importante que lo tengamos bien claro y no haya en nosotros confusión. La Buena nueva que nos ha anunciado a eso nos conduce, es más, la gran noticia para nosotros es que hemos encontrado esa luz cuando nos hemos encontrado con El. Es evangelio. Jesús, luz del mundo es ese evangelio de nuestra vida, es la gran noticia de la salvación que hemos encontrado y con la que ahora queremos caminar siempre iluminados por su luz.

Pero hay algo que no podemos olvidar y es que Jesús ha puesto esa luz en nuestras manos, esa luz en nuestra vida para que vayamos a iluminar a los demás. Es cierto, nuestro mundo camina a oscuras a pesar de tener tantas luces parpadeantes, pero son luces caducas que un día dejarán de iluminar. Nosotros tenemos la luz que permanece para siempre y con la que tenemos que iluminar nuestro mundo. Hemos de salir, como aquellas doncellas de la parábola, con nuestras lamparas encendidas para iluminar los caminos de nuestro mundo; no se nos pueden apagar esa lámparas, no las podemos poner en lugares ocultos o no den el suficiente resplandor en los caminos que nos rodean. Es de lo que nos está hablando Jesús.

¿Para qué querríamos una luz que no ilumina, que no llevara ese resplandor nuevo a ese mundo que tanto lo necesita? Claro que aquí tenemos que plantearnos seriamente qué estamos haciendo de esa luz, ¿acaso la estaremos ocultando? Nuestros miedos y complejos, nuestros temores o nuestros respetos humanos hacen tantas veces que intentemos disimularla. ¿cómo es entonces que nos digamos cristianos y seguidores de Jesús si hacemos desplante a la luz que Jesús nos ofrece en el evangelio? El mundo necesita de esa luz que nosotros podemos ofrecer. No la ocultemos. ‘Contad las maravillas del Señor a todas las naciones’. Que sintamos el gozo del mensajero del que nos hablaba el profeta: ‘¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz,que anuncia la buena noticia!’

‘No se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa… Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos’.


jueves, 26 de marzo de 2026

Ansias de resurrección y de vida eterna que dan un sentido de plenitud a nuestra fe cuando guardamos y creemos en la Palabra de Jesús

 


Ansias de resurrección y de vida eterna que dan un sentido de plenitud a nuestra fe cuando guardamos y creemos en la Palabra de Jesús

Génesis 17, 3-9; Salmo 104;  Juan 8, 51-59

Hay palabras, conceptos, ideas que nos cuesta encontrar su verdadero sentido, cosas de las que rehusamos pensar en ellas y de las que casi  no queremos hablar, porque quizás nos traen recuerdos que nos entristecen y nos ensombrecen el alma, nos llenan de temores y tras las cuales algunas veces parece que nos encontramos con un sin sentido, pensamientos que nos cuesta asimilar y en la vida tan materializada que vivimos parece que no nos caben en la cabeza. No  nos gusta hablar de la muerte, cuando tenemos que enfrentarnos a ella como que nos rebelamos y hasta nos puede parecer todo un absurdo; y si hablamos de otra vida, queremos pensar en resurrección y en vida eterna nos quedamos atascados, parece como que vivimos sin pensar en ello, y algo así como los atenienses cuando Pablo les hablaba de la resurrección decimos que eso mejor lo dejamos para otro día, rehuyendo toda posibilidad incluso de aceptación.

No todos pensamos de esa manera, pero una inmensa mayoría de la gente que vive a nuestro lado se encuentra en esa situación. Y nosotros ¿hasta donde llegamos en estos pensamientos? Tendríamos quizás que preguntarnos. ¿Hasta donde llega nuestra fe y nuestra esperanza en la vida eterna?

Hoy nos está diciendo Jesús en el evangelio algo en este sentido, que a los judíos les costaba mucho aceptar en labios de Jesús. ‘En verdad, en verdad os digo: quien guarda mi palabra no verá la muerte para siempre’. Y ya vemos el rechazo de los judíos a las palabras de Jesús. Jesús habla de no ver la muerte para siempre. No es la primera vez que Jesús habla de ello, en el evangelio encontraremos muchos momentos en que Jesús nos habla de vida eterna, de resurrección en el último día, pero también de que teniendo fe en Él tendremos vida, como les habla por ejemplo a las hermanas de Lázaro cuando la muerte de su hermano.

Jesús le preguntaba a las hermanas después de lo que les estaba diciendo, ‘¿y tú crees en esto?’ que es lo que nos está preguntando Jesús ahora a nosotros. Como decíamos antes ¿hasta dónde llega nuestra fe y nuestra esperanza en la vida eterna? Jesús nos está diciendo hoy que guardemos su palabra, o sea, que pongamos toda nuestra fe en Él. Y es que el sentido más hondo de la vida y de la muerte no lo podemos encontrar sino desde la fe; la esperanza de la vida eterna no la podemos encontrar sino desde la fe.

Porque creemos en Jesús, porque contemplamos a Jesús, porque queremos vivir su muerte y su resurrección, sentimos que ese es nuestro camino. La muerte no se convierte para nosotros en un destino fatal, un terminarse todo sin poder ir más allá; es que somos más que un cuerpo que un día termina su función, nuestro ser tiene una grandeza mayor, no somos seres solo corporales sino también espirituales que conforman la unidad de la persona que somos. Y entonces estamos llamados a la resurrección, a un vivir para siempre en Dios desde esa fe que en Él ponemos. ‘Quien cree en mí vivirá para siempre’, como decía Jesús a las hermanas de Betania.

Y eso va a dar un sentido nuevo a nuestra vida, porque caminar sin futuro se tendría que convertir en algo triste; no es solo disfrutar del momento presente sino dándole una trascendencia a nuestra vida. No nos podemos quedar en un comamos y bebamos que mañana moriremos porque estará vacía nuestra vida. Es el valor de lo que hacemos y de lo que vivimos, es esa ansia honda que todos llevamos dentro de ir más allá, de buscar algo nuevo y mejor, de crecer no solo porque crece el cuerpo sino porque vamos creciendo por dentro en nuestra más honda personalidad, es la esperanza de plenitud que en Dios y solo en Dios vamos a encontrar.

No podemos ir como ciegos por el camino de la vida simplemente dejándonos llevar, dejándonos arrastrar, es encontrar esa luz que la fe nos va a dar, es encontrar ese sentido hondo a nuestra vida que no queremos vivir de una forma vacía. Dejémonos conducir por el Espíritu de Jesús y por su Palabra, que siempre será para nosotros Palabra de vida eterna.


jueves, 29 de enero de 2026

No podemos andar con una falsa humildad ocultando nuestros dones ni vamos a compartirlos desde autosuficiencia sino con la humildad del que se siente regalado con ellos

 


No podemos andar con una falsa humildad ocultando nuestros dones ni vamos a compartirlos desde autosuficiencia sino con la humildad del que se siente regalado con ellos

2 Samuel 7, 18-19. 24-29; Salmo 131; Marcos 4, 21-25

Solemos decir que aquel que acapara lo que tiene, bien porque lo haya ganado o porque lo haya recibido, solo para si mismo olvidándose y prescindiendo de los que están a su lado es un terrible e insolidario egoísta. Es mío, me lo gané yo, son mis cosas, hago lo que quiero… suele repetir para justificarse.

Pensamos en bienes materiales o riquezas y podemos decir no sé cuantas maravillas de justicia distributiva, de justicia social y de la insolidaridad injusta de quienes se creer ricos y absolutos poseedores de lo que tienen. Pero podemos darle una amplitud mayor, porque no es solo lo material, sino lo que soy, lo que son mis dones o mis cualidades, lo que llamamos nuestra riqueza espiritual que si mal la usamos terminaremos en la peor pobreza del espíritu. La riqueza de la vida, y quiero pensar en lo más profundo de la vida de cada uno, no es para acapararla solo para nosotros mismos.

Podemos decir que son nuestros esfuerzos o nuestras propias cualidades innatas, y es importante que sintamos toda esa riqueza espiritual que tenemos, reconozcamos nuestros valores y nuestras capacidades y nosotros mejoremos también nuestra vida. Pero ¿en qué consiste esa mejora? ¿En encerrarnos en nosotros mismos? ¿En poner una valla a nuestro alrededor para salvar lo que somos? ¿Y de qué te vale lo que eres si con ello no enriqueces también la vida de los demás? ¿No te das cuenta que aunque recibas muchas reverencias y adulaciones al final te vas a sentir muy solo?

Hoy nos está diciendo Jesús en el evangelio que la luz no es para ocultarla debajo de un cajón sino para ponerla en alto e ilumine a los demás. Esa luz que tú tienes no es solo para ti – es cierto que esa luz te ha ayudado a descubrir tu valor y el sentido de las cosas y de la vida – pero precisamente por eso con esa luz tienes que iluminar a los demás. Esa luz te ha ayudado a crecer por dentro porque te ha dado un sentido a tu ser y a lo que tienes, pero si la llegas a encerrar significa que no has entendido aun el sentido de esa luz.

‘No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no hay nada oculto, sino para que salga a la luz’, nos continúa diciendo hoy Jesús en el evangelio. Unos valores que tú tienes y que has de desarrollar, pero que necesariamente te han de llevar a abrirte a los demás. No podemos cruzarnos de brazos mientras vemos que hay oscuridades que podemos iluminar; no podemos quedarnos insensibles porque ya nosotros tenemos, ya nosotros sabemos, que los otros busquen, que los otros trabajen, como decimos tantas veces. La insensibilidad nos aleja bastante de esa madurez humana que hemos de alcanzar.

Todo esto nos lo está diciendo Jesús para el desarrollo de todos esos valores humanos con los que tenemos que contribuir al bien y la mejora de nuestra sociedad. Son un regalo y una responsabilidad, es un don y es una tarea. No podemos andar con una falsa humildad ocultando nuestros dones ni vamos a compartirlos de nuestra soberbia y autosuficiencia que los anularía, los apagaría y dejaría sin sentido.

Y aquí, claro, tenemos que plantearnos qué estamos haciendo con nuestra fe. Es una luz que ilumina nuestra vida, pero es una luz que la que tenemos que iluminar a nuestro mundo. No podemos ocultar nuestra fe, ni podemos acomodarnos tanto a la sociedad que nos rodea por aquello de que no le dan importancia a la fe, porque entonces les estaríamos haciendo perder todo el sentido a esa fe que tenemos. Si consideramos que es una luz para nuestra vida, esa luz no nos la podemos quedar para nosotros mismos sino que con ella, aunque sea con todo respeto, tenemos que iluminar a los demás. Es el testimonio que en todo momento tenemos que dar.

Como nos dirá Jesús en otro momento ‘alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos’. ¿De verdad estaremos convencidos de estas palabras de Jesús? Entonces, ¿por qué no somos más misioneros en el mundo que nos rodea?

sábado, 21 de junio de 2025

Dios pondrá siempre una sombra en nuestro camino, una corriente de brisa fresca que suavice los ardores de la vida haciéndose presente a nuestro lado

 


Dios pondrá siempre una sombra en nuestro camino, una corriente de brisa fresca que suavice los ardores de la vida haciéndose presente a nuestro lado

2Corintios 12, 1-10; Salmo 33; Mateo 6, 24-34

¿Qué haré de comer mañana? Me recuerda algo que le escuché decir muchas veces a mi madre, no ahora en los últimos tiempos, sino cuando yo era niño, un muchacho todavía, que aquellos si eran años difíciles, aunque tanto nos quejamos ahora, pero nunca faltó el plato de comida al día siguiente en la mesa; siempre dije que mi madre hubiera sido un gran ministro de economía, porque con los escasos medios de que se disponía entonces, ella siempre encontraba qué ponernos en la mesa; quizás no era solamente la economía que hacía sino más bien la confianza que ella ponía siempre en las manos de Dios.

Me ha venido este recuerdo nada más empezar a leer y escuchar en mi corazón el texto del evangelio que hoy se nos ofrece con las palabras de Jesús.  ‘No estéis agobiados por vuestra vida pensando qué vais a comer, ni por vuestro cuerpo pensando con qué os vais a vestir’. Son los agobios que aun persisten en nuestro espíritu. ¿Qué comemos o con qué nos vestimos? Y ya no es por la necesidad o por la carencia que la mayoría de nosotros podamos tener de estas cosas – otra cosa tendríamos que decir de muchas familias, de muchos lugares, de muchas situaciones repartidas por nuestro ancho mundo con sus miserias y con sus guerras -, se trata en este caso de esos afanes con los que andamos por la vida; la manera que entendemos de lo que es vivir bien o de lo que es pasarlo bien. Son tantas las cosas en las que pensamos y que desearíamos o daríamos lo que fuera por tener para pasarlo bien. ¿Cosas que necesitamos o cosas que vienen hacernos soñar en vanidades y vanagloria? Muchas veces vivimos de la apariencia, vivimos esclavizados de las cosas y acumulamos cosas que al final ni nos son útiles.

Hoy el evangelio ha comenzado diciéndonos que no podemos servir a dos señores, porque al final nos apegaremos a uno mientras al otro lo desechamos. Nos habla Jesús del servir a Dios o el servir a las riquezas. Pensamos en la avaricia con que vivimos la vida, las dependencias que nos creamos, las cosas en las que ponemos nuestra felicidad, a la larga es comenzar a pensar en el sentido que le damos a la vida. Nos hemos materializado de una forma excesiva y eso nos ciega.

Como hemos reflexionado muchas veces hay otros valores, hay otras cosas por las que luchar, hay algo muy superior que ayudará de verdad a ser más feliz a la persona. Pero nos cegamos, nos volvemos ambiciones, nos comparamos los unos con los otros y si siempre nos parece que el otro es más feliz que yo porque tiene muchas cosas; y ya sabemos cómo detrás de esos comienzan nuestros agobios, pero comienzan también nuestras luchas.

Jesús nos está invitando a confiar más en la providencia de Dios que es Padre y que nos ama. No es que nos crucemos de brazos y no trabajemos en nuestras responsabilidades para conseguir aquello que necesitamos, pero comencemos a confiar más en Dios que de muchas maneras se va a hacer presente en nuestra vida colmándonos de aquello que verdaderamente necesitamos. El será nuestra fuerza para desempañar nuestras responsabilidades, para desarrollar nuestra vida a través del trabajo en esas capacidades y cualidades de las que Dios nos ha dotado, pero El también va a ser nuestra fortaleza interior para vivir libres de esos apegos que se convertirían en esclavitudes de nuestra vida.

Dios pondrá siempre una sombra en nuestro camino, una corriente de brisa fresca que suavice los ardores de la vida, porque hará llegar a nosotros sus ángeles a través de tantas personas buenas que a nuestro lado son también un aliciente y un estimulo para nuestro camino. No tenemos que buscar milagros espectaculares ni que sucedan cosas extraordinarias, en pequeñas cosas Dios hará siempre notar su presencia y la luz que necesitamos para nuestro camino. Abramos los ojos de nuestra fe y descubriremos esa presencia de Dios con nosotros, por algo es Emmanuel en nuestra vida.

jueves, 30 de enero de 2025

Despertemos nuestra fe, demos testimonio de nuestra fe; con ella seremos luz para los demás, estamos llamados a ser luz en medio del mundo envuelto en tanta oscuridad

 


Despertemos nuestra fe, demos testimonio de nuestra fe; con ella seremos luz para los demás, estamos llamados a ser luz en medio del mundo envuelto en tanta oscuridad

Hebreos 10,19-25; Salmo 23; Marcos 4,21-25

Hace unos días por las redes me comentaba un amigo lo mal que lo estaban pasando porque con frecuencia fallaba la energía y se quedaban sin luz no solo durante horas sino muchas veces días enteros; me hablaba desde uno de esos países que se encuentran con grandes deficiencias de todo tipo y uno de los problemas que les afectaban para muchas cosas de su vida diaria era la falta de energía, la falta de luz. A quienes vivimos donde frecuentemente no tenemos esas dificultades nos cuesta entender esas carencias y comprender cómo se las pueden arreglar sin luz.

Quiero ir más allá de esa triste realidad y que de alguna manera nos sirva de ejemplo y de base para otra falta de luz que muchas veces podamos sufrir en nuestra vida. Luz podría ser los conocimientos y el saber, la cultura y lo que pueda elevar nuestra vida desde lo material a niveles más altos y de mayor espiritualidad; podríamos pensar en todo aquello que nos puede hacer encontrar un sentido y un valor a la vida porque caminar por la vida de esa manera sería como ir dando pasos de ciego y podría ser encontrarnos como sin un rumbo por donde encaminar nuestros pasos; y como creyentes podríamos pensar en la oscuridad y falta de trascendencia de nuestra vida cuando no tenemos fe.

La fe no es simplemente una tradición que recibimos o unas costumbres de cosas que estamos acostumbrados a hacer y si no las hacemos nos encontraríamos con falta de algo; la fe no son unos ritos que realizamos como unos amuletos en los que apoyarnos para quitar nuestros miedos; la fe no se da simplemente porque digamos que las cosas siempre han sido así y en nuestro pueblo todos somos cristianos y son cosas que todos hacen; la fe no son unas motivaciones sociales para tener unos días de asueto o de fiesta; la fe no es un barniz que adorne unos objetos o un vestido que nos podamos poner o quitar según nos convenga según las conveniencias sociales.

Estaríamos quedándonos en un aspecto muy superficial que como tal en si mismo no tendría sentido. Tenemos que descubrir toda la profundidad que va a dar a nuestra vida envolviendo y empapando de un sentido profundo cuanto hacemos o cuanto vivimos. La expresaremos con palabras, se hará fiesta en nuestra vida, tendremos unas expresiones para manifestarla y celebrarla, pero va a ser el cauce por el que gire toda nuestra existencia, nos haga comprender el mismo sentido de la vida y de cuanto hacemos, nos hará mirar de manera nueva entonces también a los que están a nuestro lado, elevará nuestro espíritu porque le dará un sentido espiritual a nuestra existencia, porque nos hace encontrarnos con el Dios que nos ha creado y nos ama, y se quiere hacer presente en nuestro corazón.

Sin esa fe que nos hace encontrarnos con Dios, que nos hace escuchar a Dios andaríamos como sin luz; es en Dios en quien encontramos el verdadero valor de nuestra vida, la mayor grandeza de la persona, el que va a dar sentido a cuanto hacemos, le dará hondura a nuestras alegrías y un valor y un sentido a nuestros sufrimientos, no porque Dios quiera nuestros sufrimientos, sino porque en El encontraremos esa fuerza para superarnos y para crecer, para poner esperanza incluso en ese dolor y para saber que al final del camino siempre vamos a encontrar una luz.

No escondamos nuestra fe. Como nos dice hoy Jesús en el evangelio ‘¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero?’ Despertemos nuestra fe, demos testimonio de nuestra fe; con ella seremos luz para los demás, estamos llamados a ser luz en medio del mundo envuelto en tanta oscuridad.