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sábado, 3 de enero de 2026

Estamos llamados como Juan a ser voz en medio de nuestro mundo que prepare también los caminos del Señor, con nuestra vida ser evangelio para los demás

 


Estamos llamados como Juan a ser voz en medio de nuestro mundo que prepare también los caminos del Señor, con nuestra vida ser evangelio para los demás

1Juan 2, 29 – 3, 6; Salmo 97; Juan 1, 29-34

Hemos venido contemplando y celebrando todo el misterio de la Navidad. Contemplamos ese momento maravilloso en que Dios nace hecho hombre en el niño que contemplamos en Belén. Contemplamos su pequeñez y su humildad, contemplamos su pobreza que nace, podíamos decir, en medio de un camino, mientras María y José se dirigen a Belén - ¡cuántas cosas  nos tendría que recordar este detalle que estamos resaltando! -, contemplamos al niño al que se busca su muerte y tendrá que salir errante como un refugiado camino de Egipto.

Hemos contemplado su gloria, el resplandor de los ángeles y del cielo cuando anuncian a los pastores el nacimiento de este niño que es el Salvador o cuando cantan diríamos que con toda la creación la gloria de Dios que nos trae la paz porque a todos sigue Dios amando, aunque para muchos pase desapercibido ese canto. Pudiera parecer que esas estrellas se van apagando, aunque aún tengamos que ver la de la Epifanía, como se van difuminando las luces de nuestros adornos de navidad y al final nadie sabrá que hemos celebrado el nacimiento del Salvador del mundo. ¿Hasta dónde llegará nuestro testimonio?

Pero la liturgia, para nosotros los cristianos que queremos seguir más de cerca todo este misterio de la Navidad, sigue erre con erre repitiéndonos y anunciándonos una y otra vez quién es ese Niño que hemos contemplado en Belén. Aunque haya pasado una semana aun no se ha acabado la Navidad, aunque para el creyente en Jesús casi tendríamos que decir que cada día y siempre tenemos que seguir viviendo el espíritu y el sentido de la navidad en nuestra vida.

Una vez más nos aparece la figura del Bautista, en lo que van siendo ya sus últimas apariciones en el Evangelio. Lo que hoy se nos relata es un hecho sucedido ya después del Bautismo de Jesús, aunque aún nos quedan días para celebrarlo cuando culminemos este tiempo de la Navidad. En torno a Juan permanecen los que le siguen escuchando fielmente. Y a ellos señala directamente quién es Jesús, aquel que de su mano había querido recibir aquel bautismo haciéndose uno con el pueblo que necesitaba preparar los caminos del Señor.

Pero el Señor ya está en medio de ellos. Es lo que viene a señalar Juan en esta ocasión. ‘Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo dije: Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel’.

Claramente  nos lo está señalando. ‘El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo’. Y les recuerda lo que ya les había dicho. Él no lo conocía pero ahora él ha podido contemplar todo el misterio de Dios. Él había hablado de quién venía detrás de él pero que estaba delante suyo porque existía desde siempre. No lo conocía pero esa era su misión, ‘bautizar con agua para que sea manifestado a Israel’, preparar los caminos del Señor como había anunciado el profeta. Si ahora podía anunciarlo era porque se le había revelado en su corazón. ‘Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y eso lo había contemplado cuando lo bautizó con las aguas del Jordán. Allí se había visto la gloria de Dios.

Es lo que a nosotros también se nos revela y se nos recuerda. No nos quedamos en lo infantil que tantas emociones quizás nos haya producido. Necesitamos también saber maravillarnos en las cosas de Dios y tal como Él quiere manifestárnoslas. Todo ese misterio de Belén con todos esos detalles que tantas veces hemos recordado necesitamos también revivirlos en nuestro corazón. Pero hemos de dar un paso adelante para reconocer todo el misterio de Dios que se nos manifiesta en Jesús y lleguemos así a una fe madura y a una fe comprometida con el sentido y los valores del Evangelio. Porque es el evangelio total de Jesús el que tenemos que escuchar para que maduremos nuestra fe, para que lleguemos a ser esos cristianos comprometidos en medio del mundo.

¿Hasta dónde seremos capaces de llegar? Quizás tengamos también que reconocer como lo hacía Juan que nosotros quizás no habíamos llegado a conocerle de verdad; pero a lo largo de nuestra vida cuántos impulsos, cuántas revelaciones hemos sentido en nuestro corazón que nos llevaban a esa confesión de nuestra fe en Jesús.

Ya son cosas que no podemos echar en el olvido sino que han de dejar una marca en nuestra vida, y de ello tenemos que dar testimonio; estamos llamados también como Juan a ser voz en medio de nuestro mundo que prepare también los caminos del Señor, con nuestra vida tenemos que ser evangelio para los demás, también como Juan tenemos que señalar a Jesús que es nuestro único Salvador, la única Salvación para nuestro mundo.


viernes, 26 de diciembre de 2025

El Niño que contemplamos en Belén lleno de los resplandores celestiales estaba recostado en un pesebre cuyas pajas podían ser punzantes para su tierno cuerpo de recién nacido

 


El Niño que contemplamos en Belén lleno de los resplandores celestiales estaba recostado en un pesebre cuyas pajas podían ser punzantes para su tierno cuerpo de recién nacido

Hechos 6, 8-10; 7, 54-59; Salmo 30; Mateo 10, 17-22

En medio del ambiente de alegría y de fiesta que vivimos en la Navidad, que además se prolonga con toda solemnidad durante toda la semana hasta la octava, para algunos pudiera resultar chocante, por decirlo de alguna manera, por cruentos estos de la Palabra de Dios que hoy se nos proclaman y la celebración de este día primero de la navidad. Se nos habla de sangre, de martirio, y se recogen los anuncios de Jesús de que no iba a ser fácil la vida de sus seguidores.

Sin embargo todo tiene su sentido. No todo es vivir la euforia de un momento de entusiasmo con aires de victoria; tenemos que saber afrontar la realidad de la vida. El mensaje del evangelio no es neutral, aunque tantas veces en nuestra sociedad se nos diga que la Iglesia no tiene que meterse en opiniones sobre los problemas de nuestra sociedad; se nos quiere poner en muchas ocasiones una mordaza, sobre todo por parte de quienes se ven reflejados en la luz de la Palabra que proclama la Iglesia. Ejemplos de ello tenemos muy recientes y los ha habido a lo largo de toda la historia.

La verdad del evangelio no se puede ocultar, el anuncio de algo nuevo para la vida de los hombres con todo lo que tenga que significar de conversión es algo que tiene que estar muy claro en lo que tiene que hacer la Iglesia, en lo que tenemos que proclamar los cristianos. Los paños calientes no llevan a una curación duradera y como se nos dirá en la Escritura santa ‘la verdad nos hace libres’, nos hace encontrar la verdadera libertad.

Por eso no nos han de extrañar las palabras de Jesús y que les escuchemos en medio de toda la alegría y esperanza que suscita la navidad, porque tenemos que estar preparados y fortalecidos para el camino que hemos de realizar. La alegría y la esperanza tienen que estar presente siempre en nuestra vida y en el testimonio que demos como cristianos. Pero sabemos que las piedras pueden llover sobre nosotros.

Por eso hoy la Iglesia nos presenta la figura del primero de los mártires, Esteban, uno de aquellos siete diáconos escogidos en la Iglesia primitiva para servir a los pobres. Su testimonio de servicio va acompañado por el testimonio y valentía de sus palabras que sus adversarios no pueden resistir. Es lo que se nos presenta en el texto de los Hechos de los Apóstoles. Esteban tiene visión profética y es un verdadero testigo que no puede callar lo que ve y lo que vive. Y da testimonio con su sangre. No vamos a entrar en más detalles porque ya están suficientemente explicados en el texto sagrado.

Nos queda lo que ese testimonio nos está ofreciendo para nuestra vida. Demasiadas veces somos como camaleones que nos queremos ocultar vistiéndonos los mismos ropajes del materialismo y de la sensualidad de la vida que nos rodea. Somos cobardes para testimoniar con palabras claras la verdad que nosotros vivimos y que tenemos que convertirla en buena noticia para el mundo que nos rodea. Muchos son los temores que envuelven nuestra vida, porque no queremos nadar a contracorriente de lo que, como se dice hoy, tiene que ser políticamente correctos. Demasiadas acomodaciones hacemos no mostrando con claridad nuestro carácter, nuestra identidad y nos hacemos como uno de tantos. ¿Es así como pensamos que tenemos que dar testimonio de nuestra fe y de ese mundo nuevo del Reino de Dios que Jesús nos ha proclamado con plan para nuestra vida?

Jesús nos dice en el evangelio al tiempo que nos anuncia esas persecuciones que podamos sufrir que no hemos de temer, con nosotros está su Espíritu que nos dará fortaleza, que nos llenará de sabiduría divina para responder también con nuestras palabras. Escuchemos y hagamos vida en nosotros las palabras de Jesús.

El Niño que contemplamos en Belén lleno de todos los resplandores celestiales estaba recostado en un pesebre cuyas pajas podían ser también punzantes para su tierno cuerpo de recién nacido. Puede ser significativo para comprender mejor el sentido de esta fiesta.

miércoles, 1 de enero de 2025

Que la mirada de María se pose sobre nuestros corazones haciéndonos llegar la mirada de Dios que es bendición de Dios para nosotros hoy

 


Que la mirada de María se pose sobre nuestros corazones haciéndonos llegar la mirada de Dios que es bendición de Dios para nosotros hoy

Números 6, 22-27; Salmo 66; Gálatas 4, 4-7; Lucas 2, 16-21

Días de bendiciones, de felicitaciones, de regalos, de alegría… son algunas de las características de estos días. Son las palabras y deseos que decimos y repetimos en estos días. Palabras que decimos, porque es navidad; cosas que decimos, porque es año nuevo y expresamos tantos buenos deseos para nosotros mismos y para todos; palabras que decimos, porque todos tenemos ansias de alegría y de fiesta, porque de algunas manera estamos como obstinados por tantas oscuridades que nos van apareciendo en la vida, problemas, violencias, luchas, vacíos… que queremos algo distinto, algo que nos traiga alegría, algo que nos haga disfrutar mejor de la vida, que nos haga olvidar esos momentos oscuros y duros.

¿Serán deseos de trascender nuestra vida más allá de lo caduco que cada día vamos encontrando y no nos llena, nos deja vacíos, para buscar algo más permanente y nos alcance una mayor plenitud?

Seguimos celebrando Navidad y queremos hacerlo con la misma solemnidad y con el mismo fervor. Es la octava de la Navidad. Y la Iglesia nos invita hoy a mirar a María en su maternidad divina; es la madre de Jesús que por eso mismo para nosotros se convierte en la madre de Dios, porque en Jesús estamos viendo, así lo confiesa nuestra fe, al Hijo de Dios que tomando nuestra carne se ha encarnado para hacerse hombre como nosotros, ha plantado su tienda entre nosotros. Y así, pues, contemplamos a María, la Madre de Dios.

Decíamos que son días de bendiciones y así nos aparece en la primera lectura esa bendición que Moisés propone a Aarón como fórmula con la que bendeciría al pueblo. ¿Y qué es la bendición de Dios sino que Dios vuelva su rostro compasivo sobre nosotros mostrándonos así su amor?  ‘El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre tu rostro y te conceda la paz’.

Dios ha vuelto su rostro sobre nosotros y nuestro mundo y nos ha dado a Jesús. Es lo que estamos celebrando precisamente en Navidad. Eso es precisamente lo que significa el nombre que le imponen al Niño, como nos dice el evangelista, como lo había llamado el ángel antes de su nacimiento. Dios es mi Salvador, viene a ser su significado.

El nombre de Jesús, pues, viene ya en sí mismo a ser una bendición para nosotros. ¿No decíamos que desde los vacíos de nuestra vida pretendemos trascendernos para encontrar aquello que nos llene en plenitud? En Jesús venimos a encontrarnos con esa paz que nos salva. Es el que viene a traernos la paz, como se nos dice en la bendición que se nos ofrecía en la primera lectura, porque viene a inundarnos del amor de Dios.

La paz en su sentido más profundo es mucho más que la carencia de violencia o de guerra; la paz nos está hablando de la integridad de nuestra vida, nos está hablando de la mejor realización de nosotros mismos, nos está señalando esa serenidad interior que nos sana por dentro alejando de nosotros todo tipo de malicia y maldad, nos está poniendo por encima de desconfianzas y recelos para encontrar esa armonía en nuestro espíritu pero también en nuestra relación con los demás, nos habla de rectitud y honradez, de lealtad y generosidad de espíritu, de comprensión y misericordia porque quien no sabe perdonar no sabrá nunca lo que es la paz, nos hace caminar sendas de humildad y sencillez para sentirnos siempre cercanos a los demás, nos abre a lo gratuito y desinteresado y al mismo tiempo nos hace agradecidos.

Hoy para nosotros es el día de la paz, la jornada que la Iglesia nos ha propuesto ya hace muchos años para celebrar y para pedir por la paz. Pedimos por ese mundo nuestro tan necesitado de paz, y pensamos en tantas guerras que afligen nuestro mundo en tantos lugares; pero pedimos y queremos construir la paz allí donde estamos, con los más cercanos, porque tenemos que comenzar por nuestras familias y por los que nos rodean en el día a día; cuánto nos cuesta, cuántas barreras nos interponemos, cuántas distancias mantenemos disimuladamente pero muy reales.

Pedimos la paz para nosotros mismos; tenemos que construirla, tenemos que sacar a flote esos valores que nos hacen encontrar la paz, en todo aquello que antes veníamos reflexionando. Una tarea ingente, porque algunas veces ahí dentro de nosotros mismos es donde más nos cuesta conseguir esa paz, que no puede ser una cosa ficticia, que no se puede quedar en apariencias, que tiene que nacer del corazón, que tenemos que vivir allá en lo más hondo de nosotros mismos sanando nuestro corazón de tantas heridas que lo van dañando.

Es una bendición que recibimos y que compartimos. Hoy también de manos de María. Quiero mirar el rostro de María en este momento en que los pastores llegan al portal buscando aquello que les había anunciado Dios por medio del ángel. Ojos de sorpresa, quizás, cuando todo se llenaba de luz con la presencia de los ángeles, con la presencia de aquellos pastores; qué lazos de afecto y gratitud se crearían en aquellos momentos entre María y los pastores, quien había visto cerrarse las puertas de las posadas a su llegada a Belén ahora era acogida por los pobres que poco tenían pero que tanto estaban ofreciendo con su presencia a los pies del niño. ¿Cómo sería entonces la mirada de la madre?

Que esa misma mirada de María se pose sobre nuestros corazones haciéndonos llegar la mirada de Dios. Su mirada es bendición de Dios para nosotros hoy.

sábado, 28 de diciembre de 2024

La fiesta de los santos mártires inocentes ha de ser un grito a nuestra conciencia comenzar a amar y defender la vida y colaborar en todo lo que haga que haya más vida

 


La fiesta de los santos mártires inocentes ha de ser un grito a nuestra conciencia comenzar a amar y defender la vida y colaborar en todo lo que haga que haya más vida

Juan 1, 5 – 2, 2; Salmo 123; Mateo 2, 13-18

La ambición y el orgullo, la soberbia y la vanidad nos llevan siempre por caminos de sombras y de muerte; queremos sobresalir y nos dejamos envolver por las ansias de poder, aquello que pudiera empañar nuestra vanidad buscamos la manera de destruirlo porque no queremos que nada nos haga sombra, nos humilla la posible grandeza de los otros y trataremos de despreciar y minusvalorar todo lo bueno que haya en los demás o los destruimos de la manera que sea.

Es lo que hoy estamos contemplando en el texto del evangelio que se nos ofrece. El rey Herodes tuvo conocimiento con la llegada de los Magos de Oriente del nacimiento de un niño que podría hacer sombra a su reinado. Aquellos Magos hablaban del nacimiento de un Rey de los judíos y veía él entonces un peligro para su poder y su reinado. Con sus ardides de las que no tuvo resultado pretendía que los Magos le dijeran donde estaba aquel niño y se vio burlado. De ahí su reacción de mandar matar a todos los niños menores de dos años de Belén sus alrededores sembrando de muerte y de dolor aquellos campos de Belén.

‘Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron’, nos dirá el principio del evangelio de san Juan. Jesús iba a ser un signo de contradicción anunciaría el anciano Simeón en la presentación de Jesús en el templo, y de tal manera lo veremos a lo largo del Evangelio, y sigue siendo en el mundo de hoy el evangelio de Jesús. Mientras unos alaban y ensalzan las palabras y la vida de Jesús otros gritarán un día pidiendo su muerte; mientras hoy muchos intentamos seguir el camino de Jesús escuchando su evangelio, para muchos no tiene sentido ni significado lo que Jesús nos dice en el evangelio y tratarán de construir su vida en parámetros bien distante del sentido del evangelio, incluso tenemos que reconocer en algunos que quieren llamar cristianos o quieren realizar unas prácticas religiosas que llaman cristianas.

¿Cómo una tragedia de este tipo puede convertirse en motivo de fiesta para nosotros los cristianos? Por lo de signo que tiene para nosotros, el significado que siempre tuvo la sangre de los mártires, y como tales tenemos que ver a estos niños que incluso sin saberlo en su inocencia murieron por Jesús, y por el grito que puede significar para nuestra conciencia, incluso o más en el mundo de hoy, el dolor y el sufrimiento de tantos inocentes en las diferentes circunstancias de la vida.

En esa contradicción en que tantas veces nos encontramos en la vida, frente a tanto sufrimiento que encontramos a nuestro alrededor y del que algunas veces también con nuestras ambigüedades también podemos ser causa el evangelio tiene que despertarnos, una opción clara hemos de tomar en la vida y una cosa importante será siempre la defensa de la vida frente a tanta muerte como nos envuelve. No nos podemos quedar como insensibles con los brazos cruzados ante tantas cosas que llenan de sombras nuestra vida y nuestro mundo.

Tenemos que optar valientemente por unas actitudes nuevas en nuestros comportamientos y en nuestras mutuas relaciones; tenemos que sembrar de verdad semillas de luz con nuestro amor, con nuestra generosidad, con la solidaridad efectiva que vivimos con el sufrimiento de los que están a nuestro lado, con tantos gestos de vida que tenemos que ir dejando a nuestro paso para facilitar el encuentro y la buena convivencia entre todos, con esa mano tendida siempre para ayudar, para levantar, para mostrar nuestra confianza en las personas, con esa humildad que nos hace cercanos, que nos abaja de nuestros pedestales para saber caminar al lado de los sencillos, para valorar a los pequeños y ayudar a descubrir la grandeza de toda persona, sea quien sea, para nunca discriminar ni crear barreras.

Eso es poner vida, eso es defender la vida, eso es llenar de vida nuestro mundo. Algo que tenemos que cuidar, algo de lo que tenemos que dar valiente testimonio, reconociendo también que muchas veces hemos errado, siempre capaces de pedir perdón y recomenzar de nuevo.

 

jueves, 26 de diciembre de 2024

El camino de Belén siempre pasará por la cruz del calvario, con la certeza de finalmente encontrar la luz de la pascua en el sepulcro abierto de la resurrección

 


El camino de Belén siempre pasará por la cruz del calvario, con la certeza de finalmente encontrar la luz de la pascua en el sepulcro abierto de la resurrección

Hechos de los apóstoles 6, 8-10; 7, 54-59; Salmo 30; Mateo 10, 17-22

No está tan lejano ni es tan ajeno el amor del dolor, como los momentos de mayor dicha y felicidad siempre tendrán cercanos los momentos de la tristeza o de la inquietud. No hay ninguna boda sin lágrima, como no hay duelo en el que en algún momento aparezca la sonrisa. La vida no está hecha de estancos separados y que no tengan que ver o tengan alguna relación los unos con los otros.

Hoy en la liturgia lo estamos constatando porque en estos momentos de fiesta y alegría que estamos viviendo con la Natividad del Señor, pronto aparecen los tintes rojos del martirio que lleva parejas con si el dolor, el sufrimiento e incluso la muerte. ¿Querrá significarnos que no está tan lejos Belén del Calvario?

Celebramos hoy la fiesta de un mártir, el primer mártir cristiano que de manera consciente dará la vida por el nombre de Jesús, aunque en estos días volveremos a ver nuestra liturgia teñida de rojo en la fiesta de los protomártires, los santos inocentes. Hoy celebramos a san Esteban, uno de aquellos primeros siete diáconos escogidos en la Iglesia primitiva, aun sin salir de Jerusalén para ejercer el ministerio del servicio en la comunidad mientras los apóstoles se dedicaban enteramente a la predicación.

San Esteban precisamente que destaca no solo por esa diaconía, ese servicio a la comunidad en la atención a las viudas y a los huérfanos, a los pobres, sino también por la elocuencia de su predicación, pues en la cultivada sinagoga de los libertos a la que pertenecían muchos de aquellos que provenían de la cultura griega y romana nadie era capaz de hacer frente a sus palabras, a su argumentación en la predicación y anuncio que hacía del evangelio de Jesús.

Algo que concitó el odio, podríamos decir así, de aquellos judíos que se quedan sin tener argumentos contra la predicación que Esteban hacía. Algo que le conducirá al martirio, realmente es el protomártir, el primer mártir que haciendo el anuncio del evangelio de Jesús muere por su nombre, dando cumplimiento a lo que Jesús había anunciado de que serían llevados a las cárceles, los tribunales y la muerte, como hoy mismo hemos escuchado en el evangelio.

Destaca, pues, el ardor de la predicación del diácono Esteban dejándose conducir por el Espíritu del Señor. ‘Cuando os entreguen, había dicho Jesús, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros’. Algo que estaremos viendo de forma palpable en Esteban.

‘Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará’, seguirá diciendo Jesús. Un odio que le llevaría al martirio y a la muerte, testigo con su propia vida de la Palabra de Jesús. ‘El que persevere hasta el final se salvará’, es lo que escuchamos en el relato del libro de los Hechos, pues la muerte de Esteban que parece calcada en lo que fue la muerte de Jesús, repitiéndose gestos y palabras, terminará con que Estaba en el momento de su muerte contempla el cielo abierto y la gloria de Dios de la que él iba pronto a participar.

Las pajas del pesebre de Belén no siempre son mullidas y cómodas, tendrán asperezas y nudos como toda vida tiene por eso se pueden convertir para nosotros en anuncio y signo de lo que puede ser nuestra vida. No siempre serán caminos fáciles los que tenemos que hacer dando nuestro testimonio cristiano; muchas asperezas podemos encontrarnos en los caminos de la vida, porque no siempre nuestro mensaje y nuestro testimonio va a ser bien entendido.

La cruz no nos faltará en la vida, pero esto nunca puede ser causa de desánimo ni de angustia para nosotros, porque detrás siempre está la gloria del Señor; por la gloria del Señor lo hacemos y la gloria del Señor nos envolverá; en el nombre del Señor seguiremos echando la red y cuando menos lo esperemos o donde menos pensemos vamos a encontrarnos la buena redada, pero hemos de tener la paciencia del Señor y también la esperanza, la confianza en la fuerza del Espíritu del Señor y la certeza de que El caminará siempre en nuestro propio camino.

El camino de Belén siempre pasará por la cruz del calvario, pero con la certeza de que finalmente encontraremos la luz de la pascua en el sepulcro abierto de la resurrección.

 

miércoles, 25 de diciembre de 2024

No solo digamos feliz navidad sino que hagamos una feliz navidad porque en Jesús nosotros y nuestro mundo encontramos una nueva salvación

 


No solo digamos feliz navidad sino que hagamos una feliz navidad porque en Jesús nosotros y nuestro mundo encontramos una nueva salvación

Isaías 52, 7-10; Salmo 97; Hebreos 1, 1-6; Juan 1, 1-18

Con palabras nos comunicamos, expresamos lo que queremos y deseamos, expresamos lo que somos, nuestros pensamientos o nuestros recuerdos, lo que buscamos y lo que es la sabiduría de nuestra vida. Hay palabras que recibimos y que son grito de atención, se convierten en luz de nuestro camino, nos dan respuesta a nuestras ansias, nos hacen entrar en nosotros mismos y nos dan un sentido a lo que somos y lo que hacemos, nos hacen entrar en relación con los demás o son como escalera que nos llevan en continua ascensión; pero también hay silencios que se convierten en palabras que nos hablan dentro, que nos hacen rumiar nuestro saber o lo que nos haya sucedido, nos hacen trascendernos a nosotros mismos o se convierten en camino de plenitud.

Estamos hablando de las palabras que nos hacen entrar en comunicación con el otro o que nos trascienden hasta Dios, pero podemos pensar en la Palabra que nos viene de Dios, o en Dios que se hace Palabra y viene a nosotros y nos quiere hacer entrar en caminos de plenitud. Me atrevo a decir que es lo que hoy estamos celebrando, me atrevo a decir que eso es Navidad. Es revelación de Dios, es como nos dice hoy el evangelio ‘Palabra que se hace carne y planta su tienda entre nosotros’. Es el Misterio de la Navidad. Es la Palabra que no solo hemos de oír sino plantar en lo más hondo de nosotros mismos, es la Palabra de vida, es la Palabra que es Luz, es la Palabra que es Salvación.

Es el misterio de Dios que contemplamos hoy en Belén. No nos quedamos en un pesebre ni solo en unos pastores, no nos quedamos en esa escena aunque con atención y devoción contemplamos. Es una contemplación que hoy tenemos que hacer para no quedarnos ni en la anécdota ni en lo accidental. Para que nuestra alegría sea completa, para que no nos empañe ninguna tristeza ni añoranza, para que el ruido de la fiesta – que también tenemos que hacer – no nos ensordezca ni nos distraiga de lo que tiene que ser lo principal de la Navidad.

Estamos sintiendo que Dios llega a nosotros, es Palabra que se nos revela para que descubramos todo el misterio de Dios, pero es Palabra que nos revela también el sentido y el valor de nuestra vida; es Palabra que nos trae descanso y esperanza en medio de nuestras fatigas y nuestras luchas y se convierte en luz para nuestro camino; es Palabra que nos hace encontrarnos mejor a nosotros mismos, pero que nos abre de manera distinta a los demás, que pone una nueva claridad en nuestros ojos para mirar de manera distinta, para comprender mejor el valor de cada persona, para entender el sentido de la vida y de lo que tenemos que hacer.

Hoy es día de salvación. ‘En la ciudad de Belén nos ha nacido un Salvador’, como anunciaban los ángeles a los pastores. Y ese es el motivo de nuestra alegría porque con el que nos ha nacido en Belén toda nuestra vida tiene un sentido nuevo, tiene un valor nuevo; a partir de quien ha nacido en Belén nosotros tenemos que ser distintos porque alejamos de nuestro corazón toda amargura y porque nuestras relaciones con los demás van a ser distintas. Es la salvación que el que ha nacido en Belén nos ha venido a traer.

Navidad tiene que ser para nosotros un momento único e irrepetible, un arranque para algo distinto, un comienzo de algo nuevo en nuestra vida. No podemos decir que celebramos navidad con toda intensidad y luego sigamos siendo los mismos con nuestras rencillas y nuestras violencias, con nuestros orgullos y vanidades, manteniendo las mismas distancias y discriminaciones con los demás, la misma insensibilidad ante los problemas de los demás o del mundo que nos rodea, conservando el odio y el rencor en el corazón, siguiendo encerrados en nuestro egoísmo.

Si sucediera así, por mucho que hayamos cantado en navidad, porque muchas palabras bonitas que nos hayamos dicho, por muchas comidas y fiestas de navidad que hayamos celebrado, no habría habido navidad en nuestra vida. Es triste decirlo, pero todo ha sido una superficialidad y una vanidad. Por eso no podemos celebrar navidad de cualquier manera. Navidad es mucho más que una cena familiar que celebremos algunas veces por compromiso o solo por tradición si luego no seguimos siendo familia de verdad cada día y en cada circunstancia. Tenemos que hacer que esa Palabra de verdad plante su tienda en nosotros, y con esa Palabra plantada en nuestro corazón entonces nuestra vida sería distinta, habría habido de verdad navidad en nosotros.

‘Y la Palabra se hizo carne y plantó su tienda entre nosotros’. Que se note en nuestra vida, que se note en nuestro mundo que ha habido unos cristianos han celebrado de verdad navidad, porque a partir de hoy nosotros, nuestro mundo será distinto y mejor. No es solo decir ‘Feliz Navidad’, sino que es muy importante hacer Navidad para que entonces el mundo sea más feliz y con una felicidad duradera. Es la salvación que nos trae la Navidad.

sábado, 6 de enero de 2024

La Epifanía es el regalo del amor de Dios lo que se nos ofrece en Jesús, pero ha de ser también la ofrenda y el regalo que nosotros en los demás queremos ofrecer a Dios

 


La Epifanía es el regalo del amor de Dios lo que se nos ofrece en Jesús, pero ha de ser también la ofrenda y el regalo que nosotros en los demás queremos ofrecer a Dios

Isaías 60, 1-6; Sal 71; Efesios 3, 2-3a. 5-6; Mateo 2, 1-12

¿Buscar siguiendo los rastros de una estrella? ¿Buscar un mundo desconocido más allá de las estrellas? ¿Buscar algo nuevo y distinto que nos dé nueva ilusión y esperanza? ¿Qué hay más allá? Quizás de niño nos preguntábamos que había más allá de las montañas que veíamos en horizonte, qué había después del mar tan inmenso que veíamos delante. No es cosa baladí. Siempre el hombre, la humanidad ha estado en búsqueda que no solo es lo que pueda haber tras las montañas, aunque eso haya despertado le entusiasmo de conquistadores o de buscadores de otros mundos.

Ahí tenemos la historia de la humanidad. Pero esa historia de la humanidad nos habla también de otras búsquedas, de nuevos pensamientos, de nuevas maneras de ver las cosas, de un sentido a lo que vemos, a lo que vivimos, a lo que nos sucede. Y surge una filosofía, una manera de entender las cosas, una cultura que se va forjando desde esa búsqueda que se hace belleza y arte, que se hace en ocasiones guerrera, que siempre abre a nuevos horizontes, que nos eleva también a estadios superiores, que se convierte en búsqueda espiritual.

¿Seguimos buscando? Tenemos que decir que sí, es el crecimiento de la vida, es la inquietud que siempre tenemos en el corazón, es el deseo de encuentros que nos hagan más felices, son los sueños que todos tenemos dentro y que a veces no sabemos cómo desarrollar, es esa lucha por la vida que en ocasiones se nos vuelve dura, son esos caminos que todos recorremos y que en ocasiones se vuelven enmarañados por los problemas, por las dificultades, por las ansias que tenemos de algo superior que no siempre encontramos, por esos deseos de felicidad que muchas veces no sabemos como realizarlos.

¿Seremos perseverantes en ese camino de búsqueda? ¿Sentiremos en ocasiones el desaliento y el desencanto porque no encontramos tan pronto lo que buscamos? ¿Nos aburre la vida por tanta lucha muchas veces, nos parece, sin resultados? ¿Dónde encontrar fuerza para seguir esa lucha y esa búsqueda? ¿Encontraremos en algún momento un rayo de luz que nos llene de esperanza? ¿Nos sucederá que algunas veces los que van a nuestro lado nos confunden, quizás o desde sus intereses, o desde su propia desorientación?

Muchas preguntas me estoy haciendo hoy por lo que es la vida, lo que es el camino que recorremos todos de una manera o de otra. Es en lo que me hace pensar el escenario que hoy contemplamos. Unos magos de oriente que han visto una nueva estrella en el firmamento, y sin saber bien lo que puede significar, sin embargo se ponen en camino. En la imagen geográfica incluso que podemos tener del relato del evangelio, el camino tenía que haber sido largo y dificultoso para atravesar desiertos y montañas hasta llegar a Jerusalén.

Por lo que ellos intuyen es el signo de un nuevo rey que ha nacido. En la antigüedad todos los grandes personajes de la historia tenían su estrella. Y en Jerusalén preguntan y se crea un sobresalto que moviliza a Herodes y a los sacerdotes y escribas del templo. Las respuestas que les van dando los dirigen a Belén, aunque el aviso por parte de algunos – Herodes en este caso – era bien interesado.

¿No puede ser imagen todo esto de lo que nos decíamos antes de nuestras vidas de búsquedas que también se hacían largas y dificultosas? ¿Nos estará queriendo decir algo para esa vida nuestra de cada día este episodio que hoy contemplamos en el Evangelio? Quizá tendríamos que preguntarnos también por nuestra perseverancia en esas búsquedas, por los medios en los que busquemos esas respuestas que queremos darle a nuestra vida.

Finalmente aquella estrella les condujo a Belén y allí encontraron a aquel niño al que ofrecieron sus dones de oro, incienso y mirra. Encontraron un niño con su madre, encontraron a Jesús, pero allí se estaban encontrando con un misterio inmenso, porque veían a un rey, pero veían a un Dios, y al mismo tiempo se habían encontrado con un hombre. Y ante el misterio se postraron y adoraron. Ellos eran unos sabios – es el sentido de la palabra ‘mago’ – pero tuvieron la humildad de postrarse ante lo nuevo que se les revelaba porque los estaba haciendo encontrarse con Dios.

¿Llegaremos nosotros también a encontrarnos con Dios en esa búsqueda que vamos haciendo en el recorrido de nuestra vida? Ojalá tuviéramos también la humildad para postrarnos y para adorar, para saber bajarnos de las alturas en que a veces nos queremos poner y encontrar en la pequeñez de un niño, encontrar en aquello que nos parece demasiado humilde y pequeño esa luz que necesitamos para nuestra vida.

Es encontrarnos con la Estrella, es encontrarnos con el Sol que nos viene de lo alto, es encontrarnos con la Luz porque en Jesús nos encontramos con Dios. Ahí está la verdadera sabiduría, ahí está la luz de nuestra vida que nos da profundo sentido, ahí está la verdadera riqueza de nuestra existencia cuando en lo pequeño del hermano que camino a nuestro lado nosotros somos capaces de ver a Dios. Dios quiere llegar de tantas maneras a nuestra vida, pero también nos ha dicho que cuanto hiciéramos al otro, al pobre, al hambriento, al enfermo o al que es menos considerado a El se lo estábamos haciendo. Ya sabemos pues donde tenemos que ir a adorar y a presentar nuestras ofrendas y regalos.

Es el regalo de Dios lo que se nos ofrece en Jesús que es todo un regalo de amor, pero será también la ofrenda y el regalo que nosotros en los demás queremos ofrecer a Dios. ¿A quien vas a hacer más feliz hoy por un gesto o un detalle especial de amor que vas a ofrecer? Puedes mirar cerca, a los tuyos, a los que están en tu entorno, o puedes dirigir la mirada un poco más donde están los que nunca reciben una sonrisa de nadie.

Sigamos en ese camino de búsqueda hasta que encontremos esa luz en los ojos de alguien que llene de dicha tu corazón.

jueves, 28 de diciembre de 2023

Ese niño recién nacido en Belén ha venido para destruir toda muerte, ha venido para que reine la vida, ha venido para transformar nuestro mundo, es nuestro salvador

 


Ese niño recién nacido en Belén ha venido para destruir toda muerte, ha venido para que reine la vida, ha venido para transformar nuestro mundo, es nuestro salvador

1Juan 1, 5 – 2, 2; Sal 123; Mateo 2, 13-18

¿No será lo que nosotros quisiéramos hacer también? A los que no son de los nuestros, a quienes nos pueden presentar alguna oposición a lo que nosotros queremos lograr, a aquellos que nos pudieran parecer un peligro para nuestros triunfos, si pudiéramos. Los queremos quitar de en medio. Son tantos a los que queremos descartar, hacer desaparecer.

El evangelio de hoy es de escalofríos, por el relato que se nos hace; la muerte de aquellos niños inocentes en Belén y sus alrededores. Todo, porque Herodes podía ver en peligro su trono. La habían anunciado que había nacido un nuevo rey de los judíos. Y él no se había enterado, tuvieron que venir aquellos Magos de países lejanos, que leyendo el curso de las estrellas había adivinado que se cumplían las promesas de los profetas, que contenían sus Escrituras Santas, y habían llegado hasta Jerusalén. Sus medios de información quedaban en entredicho y con ello se ponía en peligro su autoridad. Y aunque había advertido a aquellos personajes que si encontraban el niño le avisaran, a él no le volvieron a llegar noticias, y como los había enviado a Belén, porque así lo decían las Escrituras Santas consultadas a los maestros de la ley, ahora reaccionaba con aquella matanza.

No está tan lejano este cuadro de los trapicheos en los que andamos tantas veces; a los juegos sucios que vemos a los que tienen poder; a las luchas por el poder, por las influencias, por las manipulaciones que vemos en tantos que se creen poderosos o al menos tienen algunos hilos de poder en sus manos; pero también en núcleos más cercanos, en los ámbitos de los negocios o en la consecución de algún tipo de influencias que nos puedan mantener en ciertas posiciones en la vida social donde contemplamos tantas zancadillas, tantos desprestigios. Parece que el cuadro de Herodes con sus revanchas y con tantas sombras de muerte en su entorno, es algo que se sigue reflejando en nuestra sociedad. Como decíamos antes, es de escalofrío.

Es cierto que cuando contemplamos el evangelio este relato está haciendo una referencia clara ala rechazo de Jesús que ya vislumbramos de estas primeras páginas. Pero contemplamos también esa corona de mártires alrededor de Jesús en aquellos niños que fueron masacrados en los alrededores de Belén. Aparece de nuevo, como reflexionábamos hace unos días, esa Pascua, ese paso de Dios que algunas veces se nos puede hacer misterioso e incomprensible. Pero bien tenemos que comprender que el grano de trigo que es enterrado es el que nos va a producir fruto, y que la muerte de esos inocentes viene a ser como un preludio y un anticipo de lo que iba a significar la Pascua de Cristo, que no podemos olvidar ya desde estos primeros momentos en que estamos celebrando aun su nacimiento.

Nos hará mirar nuestros propios sufrimientos, que algunas veces nos puede parecer que padecemos de forma injusta; piedras que nos hacen sufrir y que nos aparecen en el camino de nuestra vida que nos tienen que ayudar por otra parte a encontrarle un sentido y un valor, cuando somos capaces de ponernos al lado de la pasión de Cristo, porque con El tenemos que aprender a morir para poder renacer a nueva vida.


También nos hace reflexionar en algo más cuando contemplamos el sufrimiento y la muerte de tantos inocentes en nuestro mundo, desde la violencia de las guerras, desde ese mundo tan injusto en el que vivimos con tantas desigualdades, desde ese violencia que se adueña de nuestras calles, de nuestros hogares o en esos locos que van sembrando terror y muerte a su paso. ¿No tendremos que mirar al trasluz de la muerte de los niños inocentes todo ese cuadro de muerte que enmarca la vida del hoy de nuestro mundo?

Ese niño recién nacido en Belén, que ahora le vemos incluso huir como tantos desterrados a Egipto, ha venido para destruir esa muerte, ha venido para que reine la vida, ha venido para transformar nuestro mundo, es nuestro salvador. Pongamos en El nuestra fe y nuestra esperanza que nos haga luchar por la vida, que nos ayude a desterrar tanta muerte de nuestro mundo.

domingo, 1 de enero de 2023

Dios ha vuelto su mirada sobre nosotros y nos ha enviado a Jesús, que es el Salvador que nos ha nacido, nuestra vida y nuestro mundo se hacen distintos y se llenan de paz

 



Dios ha vuelto su mirada sobre nosotros y nos ha enviado a Jesús, que es el Salvador que nos ha nacido, nuestra vida y nuestro mundo se hacen distintos y se llenan de paz

Números 6, 22-27; Sal 66; Gálatas 4, 4-7; Lucas 2, 16-21

Pensemos en todo lo que nos puede decir una mirada cuando llega a nosotros en el momento que más lo necesitamos; nos sentimos solos en nuestra lucha, parece que nadie nos tiene en cuenta ni valora el esfuerzo que estamos realizando para salir adelante, el dolor nos oprime y el sufrimiento nos llena de angustia y hasta nos quita la paz del corazón, y cuando nos parece que más desesperados estábamos una mirada se vuelve sobre nosotros, nos está dando su asentimiento sin apenas movimiento perceptible, sentimos calor en aquellos ojos que parece que nos están diciendo que nos levantemos, que sigamos luchando, que está teniendo en cuenta todo aquel esfuerzo que estamos haciendo para salir adelante.

Es una verdadera mirada de bendición. Qué aliento sentimos en el corazón, que nuevos ánimos surgen en lo más profundo de nosotros y no tiraremos la toalla, seguiremos adelante cueste lo que cueste. Cuánto nos decía aquella mirada.

Hoy estamos celebrando esa mirada de Dios para nosotros que se convierte en bendición para nuestra vida. Recordamos cómo Dios le dice a Moisés allá en el Horeb que ha escuchado el clamor de su pueblo y responde enviándole a él. El nacimiento de Jesús es esa mirada de amor de Dios a la humanidad. Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo único… que nos dirá el evangelio. Dios que vuelve su rostro sobre nosotros y nos concede su paz, como decía la bendición del Libro de los Números que hoy escuchamos en la primera lectura.

Es la mirada de la ternura de Dios; es la mirada de la piedad y se vuelve compasión; es la mirada de la misericordia y nos inunda con su amor. Lo podemos sentir, lo podemos palpar, lo saboreamos en esa mirada de Dios, nos gozamos con su bendición y nos llenamos de una alegría que nadie nos podrá jamás quitar.

Como nos quiere explicar el evangelio, se asomó Dios al mundo y vio a aquellos pastores de Belén que pasaban la noche al raso cuidando de sus rebaños, y les envió el ángel de Dios que les anunciara que en los campos de Belén había nacido una flor, que iban a encontrar a un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre y era su Salvador. Y cuando los pastores sintieron sobre sí esa mirada de Dios en los ángeles que cantaban la gloria de Dios, en el ángel que les anunciaba lo ocurrido en Belén, se pusieron camino y encontraron tal como se les había anunciado.

Tenemos que aprender que hemos de ponernos en camino cuando sentimos esa mirada de Dios sobre nosotros. Son tantos los momentos en que Dios vuelve su rostro sobre nosotros, pero aunque andemos angustiados estamos distraídos y no sabemos leer las señales de Dios. Hemos de estar atentos para descubrir ese semblante que tanto nos puede decir. Nos está dando muchas señales el Señor y andamos preocupados de otras cosas y olvidamos lo principal. Queremos pasarlo bien y hacemos todo lo posible, pero nos olvidamos de la paz que hemos de llevar en el corazón. Podremos poner muchas pantallas de risas y de cánticos, de banderas que hablen de fiesta y de felicidad, pero nuestro corazón se ha adormecido y no terminamos de captar esas señales de Dios.

Despertemos y no dejemos de soñar, aunque nos parezca como un contrasentido. Despertemos de todas esos sucedáneos que nos adormecen para que no nos enteremos de lo que realmente nos pasa  - cuántos sucedáneos como drogas vamos metiendo en la vida para entretenernos – pero soñemos al mismo tiempo en algo bonito y hermoso, soñemos en lo maravilloso que podríamos hacer nuestro mundo si cambiaran un poquito esas actitudes negativas y de pasividad que nos envuelven en la vida, soñemos en esa felicidad y hermandad para todos porque eso no es un imposible, soñemos en que las sombras y las angustias no nos vencerán, porque detrás de todo estamos contemplando una mirada que nos levanta el ánimo, una mirada que se convierte en mano tendida, una mirada que nos hace sonreír en el alma, una mirada que nos está diciendo que Dios sigue confiando en el hombre, sigue confiando en nosotros para que hagamos que las cosas cambien.

Y nos ponemos en camino como los pastores de Belén, y confesaremos que Jesús es el Señor porque es el Salvador, el único salvador de nuestra vida y de nuestro mundo; nos ponemos en camino e iremos dando señales de ese mundo nuevo, de ese Reino de Dios porque Jesús es nuestro único Señor, la vida de nuestra vida. y nos ponemos camino para nosotros comenzar a mirar con mirada nueva cuanto nos rodea, para comenzar a mirar con mirada nueva a los que caminan en medio del dolor a nuestro lado, y en nuestra vida mirada sentirán el estímulo para ellos levantarse también, para ellos comenzar a caminar también. 

En esa mirada descubrirán la mirada y la bendición de Dios. Seamos para los demás esa mirada de Dios.

lunes, 26 de diciembre de 2022

El camino de Belén no está tan lejos del camino del Calvario, porque ambos son caminos de pascua porque son caminos de fidelidad y amor

 


El camino de Belén no está tan lejos del camino del Calvario, porque ambos son caminos de pascua porque son caminos de fidelidad y amor

Hechos de los apóstoles 6, 8-10; 7, 54-59; Sal 30; Mateo 10, 17-22

Quizás a alguien podría parecer en cierto modo incongruente que cuando ayer todo resplandecía de luz, todo era alegría y fiesta en la celebración del nacimiento del Señor hoy nos aparezca la liturgia con vestiduras rojas, como manchadas de sangre, pues nos están hablando de muerte y de martirio en esta fiesta que hoy celebramos de san Esteban el primer mártir del cristianismo.

¿Qué nos querrá decir la liturgia de la Iglesia con esta celebración? Decir claramente que nos está recordando que el camino de Belén no está lejos del camino del calvario, que ya en el mismo camino de Belén estamos viendo un camino de sacrificio y privaciones, cuando la familia de Nazaret tiene que abandonar su hogar para cumplir con el capricho del poderoso de hacer un censo y se traslada hasta Belén; pero allí no terminan esos momentos duros, porque no habrá sitio para ellos en la posada y tendrán que guarecerse en un establo donde ha de nacer Jesús, pobre entre los pobres; serán unos pobres pastores los que acudan hasta aquel niño envuelto en pobres pañales y recostado entre las pajas de un pesebre para hacer el primer reconocimiento pascual de quien es aquel recién nacido.

Es el camino que escogió Dios para hacerse presente entre nosotros los hombres y no podía ser ajeno al sufrimiento de los humanos cuando Dios se encarnó para hacerse como nosotros y emprender un camino de amor que condujera hasta la vida. Es también nuestro camino, no exento de sufrimiento y de dolor, pero un camino donde aprenderemos de aquel niño nacido en Belén que el amor más grande es el del que da la vida por aquellos a los que ama.

Es un camino de Pascua. ¿No decimos también estos cuando nos felicitamos también ‘felices pascuas’? Es el camino de la felicidad verdadera porque es el único camino que nos conducirá a la plenitud, es el camino de la fidelidad y del amor. Fiel le vemos a Dios mismo que al hacerse hombre no renuncia a todos los condicionamientos que tiene el ser humano que también está lleno de mucho sufrimiento y de mucho dolor. Pero es por la pascua, porque tendremos que aprender a realizar ese paso de la muerte a la vida cuando por el amor le demos sentido a cuanto hacemos, a cuanto vivimos e incluso también a cuanto sufrimos.

Tenemos nosotros también que asumir la frialdad de esas pajas del pesebre que solo encontrarán calor en el vaho de los animales que en su entorno también se refugian. En la vida encontramos espinas incómodas que muchas veces nos hieren y hacen también brotar la sangre entre nuestros dedos pero vamos buscando la flor, vamos buscando la rosa, queremos oler su perfume, queremos maravillarnos de su belleza. Es la vida que tendrá espinas, pero que también tiene el agradable aroma de los perfumes del amor; es la vida que tiene su belleza y nos eleva para que aprendamos a degustar lo que verdaderamente da belleza a nuestra vida.

Hoy contemplamos el rojo de la sangre que tiñen unos vestidos o que empapan la tierra junto al caído bajo aquellas piedras. Pero es rojo de vida y de fecundidad, es semilla que se planta y se entierra para que germine y aunque nos parezca que desaparece sin embargo hace brotar otra planta, hace brotar otra vida. ¿Seremos nosotros por nuestra fe ser capaces de ser engendradores de nueva vida porque somos capaces de mantener la fidelidad hasta el final aunque sea duro?

Esteban murió perdonando e incluso disculpando, como lo hizo Cristo en la cruz, y poniendo también su vida en las manos de Dios, en las manos del Padre. ¿Seríamos capaces de llegar nosotros también hasta ese extremo? El niño que contemplamos en estos días nacido en Belén llegó a ese extremo, fue el grano de trigo enterrado para darnos vida. Por eso no podemos olvidar que el camino de Belén no está lejos del camino de la Pascua. No es tan incongruente celebrar la fiesta del protomártir al día siguiente del nacimiento de Jesús en Belén.

domingo, 25 de diciembre de 2022

Es Navidad, son días de alegría y de esperanza de las que queremos contagiar al mundo, porque ha nacido Jesús en Belén, porque ha nacido Dios en nuestro corazón

 


Es Navidad, son días de alegría y de esperanza de las que queremos contagiar al mundo, porque ha nacido Jesús en Belén, porque ha nacido Dios en nuestro corazón

Isaías 9, 1-6; Sal 95; Tito 2, 11-1; Lucas 2, 1-14

Qué paz más bonita sentimos en el corazón cuando vemos cumplidos nuestros anhelos y esperanzas; es como si un rayo de luz nos envolviera haciéndonos salir de las sombras del desaliento, del temor, de la angustia. Todo parece nuevo, todo nos parece lleno de luz, todo nos impulsa a la vida, una alegría inmensa inunda nuestro corazón y se vuelve contagiosa con los que están a nuestro lado. Sentimos un ansia grande de que todo se llene también de luz y pronto nos pondremos manos a la obra para que otros también se llenen de la misma paz y de la misma alegría.

Es lo que hoy vivimos los que hemos puesto nuestra fe y nuestra esperanza en Jesús cuando celebramos su nacimiento. No son alegrías pasajeras y superficiales las que sentimos. Algo nuevo comienza a surgir en nuestro corazón. No decimos navidad simplemente porque todo el mundo dice navidad, sino porque sentimos que hay navidad en nuestro corazón.

Ese corazón nuestro tantas veces apenado porque le cuesta caminar y tantas veces las sombras lo invaden; ese corazón nuestro que sufre solidariamente con tantas penas que envuelven nuestro mundo y la vida de tantos que nos rodean; ese corazón nuestro que se siente turbado cuando oye palpitar los sonidos de la guerra y de la violencia.

Hay ocasiones en que nos parece que nos envuelve la desesperanza y perdemos la ilusión, todo parece marchar mal, la sociedad la encontramos tan revuelta y tan confusa, la acritud se ha ido apoderando de las mutuas relaciones porque las ansias de poder nos subyugan, porque queremos imponernos los unos a los otros, porque las ambiciones son muchas y enturbian los corazones y las relaciones entre unos y otros, porque nos dejamos dominar por la vanidad y la soberbia. Sentimos que son muchas las sombras y nos cuesta encontrar caminos de luz.

Pero hoy sentimos que sí hay un camino de salida, que los deseos de que las cosas cambien a mejor no los tenemos que dejar por imposibles, porque sí hay una luz que pueda disipar todas esas tinieblas. En medio de la noche de Belén brilló una luz y el cielo y la tierra se vieron envueltos por su resplandor. Una nueva buena noticia comenzaba a circular por el mundo. Hoy nos ha nacido un Salvador.

Los profetas habían ido anunciando esa luz a aquel pueblo que caminaba en tinieblas, las hachas de la guerra un día serían enterradas y de las espadas se forjarían arados, eran los signos y señales de que llegaría la paz, los signos y señales de ese mundo que también nosotros hemos de descubrir. No vendría un rey con ejércitos poderosos para imponer la paz; no son esos los caminos que llevan a la paz. Un niño que había de nacer entre la pobreza de los más pobres sería la señal.


Hoy lo estamos contemplando. Es la señal que se da a los pastores de Belén que en la noche cuidan sus rebaños. No fue a los poderosos y entendidos a los que se le dio esa noticia, porque estarían muy entretenidos en sus cosas y en sus propios ‘saberes’. Cuando un día llegue la noticia a Jerusalén, los maestros de la ley y los sacerdotes rebuscarán entre las Escrituras y aunque encuentran la respuesta no se ponen en camino. Estaban en sus cosas. Fue a los pequeños y a los pobres a quienes llegaron los Ángeles con esa Buena Nueva. Y ellos comprendieron y aceptaron, y se pusieron en camino, y encontraron aquel niño envuelto en pañales y recostado entre las pajas de un pesebre. Y allí se manifestó la gloria del Señor.

Hoy lo estamos celebrando. Hoy lo queremos vivir. Hoy queremos sentir cómo renace la vida en nuestro corazón y nos llenamos de esperanza. Tengamos la ilusión y la esperanza de los pequeños y de los pobres. Es el camino para abrir bien los ojos. Es posible ese mundo mejor. En ello tenemos que sentirnos comprometidos. No podemos dejarnos envolver por la desesperanza. Ante el mundo tenemos que dar testimonio de que en verdad Cristo ha nacido para ser nuestra salvación. El mundo que nos rodea necesita escuchar con claridad ese anuncio que puede pasar desapercibido para muchos porque simplemente están en sus cosas y no son capaces de esperar algo nuevo.

Que en medio de todo ese bullicio con que celebramos estas fiestas en un momento dado resuene fuerte esa buena noticia; que seamos capaces de hacer saber que el importante de verdad en medio de todo este ajetreo que nos montamos es el Niño que nace en Belén, que es Dios con nosotros. Que no nos aturdan los ruidos de la fiesta de manera que no seamos capaces de escuchar en el silencio del corazón esa presencia de Dios.

Tenemos que dar señales de ello. No son necesarias cosas grandes, sintamos la paz en el corazón y vivamos con esa paz los unos con los otros, que brille la paz en nuestras familias, que sepamos tener gestos sencillos de paz y amor con los que están a nuestro lado, que hagamos crecer la amistad entre todos para que lleguemos en verdad a sentirnos hermanos.

Abramos las puertas de nuestro corazón a Cristo que llega a nosotros. Sepamos descubrir sus señales. Hagamos saber al mundo que nos rodea, porque en verdad nosotros estemos convencidos y lo vivamos, que es posible ese mundo nuevo porque ha llegado la salvación, el Salvador de nuestro mundo. Hagámoslo presente en el Belén de nuestra vida, en el pesebre de nuestra pobreza y nuestra pequeñez, en las pequeñas cosas de cada día, porque así se manifiesta el Señor.

Es Navidad, son días de alegría y de esperanza de las que queremos contagiar al mundo, porque ha nacido Jesús en Belén, porque ha nacido Dios en nuestro corazón. Vivamos con intensidad esa dicha y esa felicidad.

 

jueves, 6 de enero de 2022

Dejémonos sorprender por las señales de Dios que nos conducirán al Belén en que hoy nos encontraremos a Jesús pero también lo hagamos presente a nuestro mundo

 


Dejémonos sorprender por las señales de Dios que nos conducirán al Belén en que hoy nos encontraremos a Jesús pero también lo hagamos presente a nuestro mundo

Isaías 60, 1-6; Sal 71; Efesios 3, 2-3a. 5-6;  Mateo 2, 1-12

En esta noche de Reyes, como solemos celebrarla de manera especial en países europeos, hemos podido ver los rostros de los niños embelesados y sorprendidos ante el paso de la cabalgata de los Reyes Magos. Son características de nuestras costumbres y ya fue muy traumático para muchos el pasado año cuando no se pudieron celebrar de ninguna manera esas cabalgatas, aunque este año con muchas limitaciones sin embargo se han podido realizar.

No por repetida ha dejado de tener su encanto, aunque mucho se nos quede esta fiesta en lo anecdótico, lo costumbrista y peor aún en la absorción que el consumismo hace de nuestras vidas. Sin embargo hay algo hermoso en esas caras de sorpresa de nuestros niños, y ojalá ya los mayores también nos dejáramos sorprender por cosas maravillosas que pueden acaecer en nuestras vidas. Necesitamos de alguna manera no acostumbrarnos demasiado a las cosas y sobre todo ser capaces de dejarnos sorprender porque nos puede ayudar a encontrar cosas nuevas y maravillosas.

Me atrevería a decir que el evangelio que en esta fiesta de la Epifanía se nos proclama es el evangelio de las sorpresas. ¿Cuándo no el evangelio no ha de ser siempre una sorpresa de buena noticia para nosotros? Sorprendidos quedaron aquellos Magos de Oriente al ver aparecer una nueva estrella en el cielo y preguntándose por su significado se pusieron en camino. Sorprendidos quedaron los habitantes de Jerusalén ante la caravana que llega a la ciudad con unos seres extraños que preguntan por un recién nacido rey, del que no tenían conocimiento. Sorpresa fue para el rey Herodes que le hablaran de un recién nacido rey de los judíos que podría poner en peligro su trono. Sorprendidos estaban los sacerdotes y maestros de la ley cuando se ven preguntados por lo que podían haber dicho los profetas de un acontecimiento de este calibre. Finalmente de nuevo sorprendidos los magos, porque ante las indicaciones que les daban, vieron de nuevo aparecer la estrella que les condujera hasta Belén y hasta ese niño recién nacido.

¿Qué había detrás de todo este misterio de Dios que a través de estas imágenes trata de describírsenos? ¿Qué hay en todo esto que pudiera significar una sorpresa de fe para nosotros hoy? Hoy parece que quisiéramos tener todo atado y bien atado, porque todo lo tengamos previsto, porque para todo encontremos respuestas o soluciones a interrogantes o planteamientos que se nos pudieran hacer, porque incluso llegamos a acostumbrarnos a los vaivenes de la vida que parece que nada nos sorprende o todo  nos puede parecer tan natural.

Se me ocurre pensar que al final nos hacemos una vida aburrida, una vida que puede ser una rutina donde se van repitiendo las mismas cosas, una vida que nos llena de cansancios porque en lo que parece ser siempre la repetición de lo mismo es como si perdiéramos la ilusión; me atrevo a decir que una vida así parece que le falta vida, sí, una cierta vitalidad. Malo es que entremos en un ritmo de vida así. Nos faltarían alicientes que nos dieran empuje a la vida.

Malo es para nuestro camino de fe el que no seamos capaces de dejarnos sorprender por ese misterio de Dios que llega a nosotros. Y algunas veces podemos entrar en esas rutinas en nuestra vida religiosa y vayamos cayéndonos por esas peligrosas pendientes de cansancios y desganas. Tenemos que despertarnos para saber descubrir signos y señales.

Aquellos magos de los que nos habla el evangelio no se quedaron adormecidos contemplando las estrellas, sino que fueron capaces de descubrir algo nuevo que les hablaba desde los cielos. Y se pusieron en camino. Y ese recorrido que les vemos hacer en el relato del evangelio es para nosotros todo un signo. En la búsqueda de significados no se aburrieron ni cansaron, aunque muchas veces volvieran las oscuridades a vida en las mismas dificultades que encontraban. Encontraron camino y se encontraron finalmente con aquel a quien buscaban.

Busquemos esas estrellas, busquemos esos signos, abramos los ojos para contemplar cuanto sucede a nuestro lado, en cualquiera de esas cosas puede Dios habernos dejado una señal; tenemos que saber leer e interpretar, encontrar un sentido a esas señales y confrontar con todo aquello que esté a nuestro alcance. Las Escrituras antiguas fueron las primeras comprobaciones que hicieron aquellos magos, y serán las Escrituras sagradas de los profetas los que en Jerusalén les trazarán el camino.

Vayamos leyendo el camino de la vida de cada día con la Biblia en nuestra mano, con la Palabra de Dios presente en nuestro corazón; llegaremos en verdad a escuchar la voz de Dios para encontrar esa luz que guíe ciertamente nuestra vida. No temamos emprender nuevos caminos, según las señales que nos vayan apareciendo, porque así descubrimos nuestra vocación, descubrimos la tarea que tendremos que realizar en nuestro mundo. Seguro que superaremos nuestras rutinas y cansancios, seguro que encontraremos nueva vitalidad para nuestra fe, seguro que nos sentiremos impulsados a llenar también de nueva vida el mundo que nos rodea con nuestro compromiso.

La estrella condujo a los Magos hasta Belén para encontrarse con el que era la Luz del mundo; ¿dónde está el Belén hoy que nos haga encontrarnos con Jesús? Seamos capaces de ver los signos y señales que Dios va poniendo a nuestro paso porque cada uno tenemos nuestro camino de Belén, cada uno tenemos un lugar donde hacer presente a Jesús con nuestra vida. Dejémonos sorprender por las señales de Dios.