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miércoles, 24 de junio de 2026
Sintamos igualmente que el Señor ha hecho también para nosotros gracia hoy en el nacimiento de Juan en el desierto de nuestro mundo
martes, 23 de diciembre de 2025
Alegría y regocijo en el nacimiento de un niño, sorpresa, admiración e interrogantes que nos plantea Juan con su presencia ante la próxima navidad
Alegría y regocijo en el nacimiento de un niño, sorpresa, admiración e interrogantes que nos plantea Juan con su presencia ante la próxima navidad
Malaquías 3, 1-4. 23-24; Salmo 24; Lucas 1, 57-66
Alegría y regocijo como siempre es el nacimiento de un niño, sorpresa y admiración, preguntas e interrogantes eran las emociones y sentimientos que corrían en las montañas de Judea ante lo que estaba sucediendo en aquella pequeña aldea. Se gozaban con la madre que daba a luz un niño porque siempre era considerado una bendición de Dios y más aún en las circunstancias donde parecía que no podía ser madre pero ahora había logrado ese don de Dios; esto además les causaba gran sorpresa y conmoción por un hecho tan inusual, lo que le llevaba a interrogantes y preguntarse qué les quería decir Dios con tales hechos; lo acontecido en su circuncisión y la imposición del nombre aun les había dejado más descolocados, por el deseo de Isabel y la corroboración por parte de Zacarías de que su nombre sería Juan. Eran un pueblo creyente que en todo quería leer el actuar de Dios. ‘¿Qué va a ser de este niño?’ se preguntaban.
Hoy nosotros también nos hacemos una lectura creyente y con la tradición de la Iglesia desde siempre encontramos en Juan el cumplimiento de las profecías. Era aquel mensajero de la alianza, que cual otro Elías era como fuego de fundidor o lejía de lavandero que venía a preparar los caminos del Señor, a preparar un pueblo bien dispuesto para la llegada del Mesías.
Son los sentimientos y es la apertura de nuestro corazón con la que escuchamos en la inmediatez ya de la celebración de la Navidad estos textos de la Palabra de Señor. Aunque hoy estamos escuchando el relato de su nacimiento y circuncisión ya hemos venido escuchando a lo largo del Adviento esa predicación de Juan allá en el desierto, junto al río del Jordán que nos ayudaba también a nosotros a preparar los caminos del Señor.
Su voz sigue resonando en nuestro corazón. La figura del Bautista está muy presente en el camino de la Iglesia, no solo por todo lo que lo escuchamos y meditamos en el camino de nuestro Adviento sino porque también a lo largo del año litúrgico nos aparece en ocasiones para que en verdad nos vayamos centrando en el evangelio de Jesús. Son palabras fuertes las que le escuchamos al profeta que tendrían que despertarnos de cierta atonía espiritual que tantas veces nos envuelve. Nos vamos dejando arrastrar por las rutinas y la tibieza espiritual en las que hemos envuelto tantas veces nuestra vida de fe y necesitamos esa voz y ese grito que nos despierte.
Esa tibieza en la que vivimos dejando a un lado tantas veces la radicalidad del evangelio nos lleva por una pendiente peligrosa que se convierte a veces en un sincretismo que nos lleva a no saber dónde estamos o dónde deberíamos estar; todo nos parece bien, nos conformamos fácilmente con lo que otros hacen o dicen, la altura de nuestras metas cada vez las rebajamos más para entrar en aquello de la ley del mínimo esfuerzo, andamos en ocasiones tan confundidos que no nos damos cuenta que desde fuera nos están imponiendo hasta la manera de celebrar nuestras fiestas cristianas, a las que incluso se les despoja de su verdadero nombre.
Muchas veces vamos a escuchar estos días ‘felices fiestas’, pero no feliz navidad, se le dará más importancia a celebrar el nuevo año y no importa que sea a medianoche, pero a la misa del gallo de medianoche la hemos trasladado por nuestras comunidades hasta convertirla en una simple misa vespertina, la importancia se la damos a los regalos que nos trae papá Noel y a eso llamamos fiestas de navidad.
¿No necesitaremos una voz como la del Bautista que nos despierte? ¿No seguiremos necesitando su figura austera vestida de piel de camello que se contraponga a las vaporosas pieles de nuestras vanidades y lujos para celebrar a un Niño que nace pobre en un portal porque ni siquiera en la posada había sitio para El? ¿Llegaremos a fijarnos a quienes viven en semejantes condiciones a nuestro alrededor en el frío de la noche de Navidad?
¿No serán interrogantes que también tendrían que plantearse en nuestro corazón a la hora de la celebración de la Navidad?
martes, 24 de junio de 2025
La celebración del nacimiento de Juan nos tiene que llevar a una búsqueda de Jesús, verdadera Palabra que nos trae la auténtica Salvación
La
celebración del nacimiento de Juan nos tiene que llevar a una búsqueda de
Jesús, verdadera Palabra que nos trae la auténtica Salvación
Isaías 49, 1-6; Salmo 138; Hechos de los
apóstoles 13, 22-26; Lucas 1, 57-66. 80
‘¿Qué va a ser de este niño?’ es la pregunta que se hacen sus vecinos y todas las
gentes de las montañas a las que había llegado la noticia de su nacimiento.
Cuando los vecinos de Isabel se enteraron de la noticia de que estaba esperando
un hijo a pesar de su vejez daban gracias a Dios que se había manifestado
misericordioso con ella. Ahora se estaban sucediendo cosas extraordinarias, el
niño se iba a llamar como su padre sino que la madre había insistido en
llamarle Juan, el padre lo había ratificado escribiéndolo en una tablilla pues había
estado mudo desde lo que había sucedido en el templo, en verdad aquel nombre
venía a significar la misericordia del Señor que se había manifestado en aquel
hogar, como el mismo nombre significaba. Zacarías había recobrado el habla y
había terminando cantando también las misericordias del Señor.
‘¿Qué a ser de este niño?’ se preguntaban y con razón. ¿Sería sacerdote del
templo de Jerusalén como hubiera sido habitual en el hijo de un sacerdote?
¿Quedaría allá en aquel pueblo ignorado y perdido entre las montañas de Judea?
Pero Dios había ido señalando su camino.
‘Tu mujer, Isabel, te dará un hijo’, le había señalado el ángel. Será motivo de
gozo y alegría para muchos… estará lleno del Espíritu Santo ya en el vientre
materno’, le había anunciado el ángel. ‘Y la criatura saltó de gozo en
el seno de su madre’ con la visita de María, la prima, llegada desde la
lejana Galilea. ‘Convertirá a muchos de Israel al Señor, su Dios… porque irá
con el espíritu y el poder de Elías… para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto’.
La respuesta a la pregunta estaba en lo
que el ángel le había anunciado a Zacarías y por lo que ahora Zacarías daría
gracias al Altísimo ‘porque ha visitado y redimido a su pueblo suscitándonos
una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo según lo había predicho
desde antiguo por boca de sus santos profetas’.
Si ahora la gente se preguntaba qué iba
a ser de aquel niño, un día allá en el desierto donde Juan estaba realizando
aquella misión para la que había sido elegido desde el seno de su madre, como
habían dicho los profetas, ahora le preguntarían a Juan de la misma manera. ‘¿Tú
quien eres para que podamos responder a los que nos han enviado?’ Y Juan
diría que él no era el profeta, que no era el Mesías, que solo era la voz que
clamaba en el desierto para preparar los caminos del Señor. Sí, sería como
proféticamente había cantado Zacarías ‘el profeta del Altísimo que irá
delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación y
el perdón de los pecados’.
En aquellos momentos tan llenos de confusión
por toda la situación, en cierto modo dramática para el pueblo, que estaban
viviendo Juan era la voz que anunciaba algo nuevo y bien distinto, la voz que
invitaba a la conversión, la voz que preparaba los caminos del Señor. Era la
voz que gritaba en el desierto, pero él quería pasar desapercibido porque no se
anunciaba a si mismo; no le importaba menguar y desaparecer para que quien iba
a venir creciera y se manifestara en verdad como el Salvador. Lo harán
enmudecer porque su palabra resultaba incomoda para los poderosos, de ahí su
martirio en manos de Herodes.
Hoy nosotros estamos celebrando su
nacimiento, que también a todos nos llena de alegría y nos hace hacer fiesta. También
son momentos de confusión donde necesitamos también escuchar una voz profética
que nos conduzca hasta la Palabra, porque es ahí donde vamos a encontrar la
salvación. Incluso hasta la misma celebración del nacimiento de Juan nos pueda
llenar de confusión porque estamos haciendo una mezcla de nuestros elementos
religiosos y cristianos con un nuevo paganismo que se va extendiendo por el
mundo y la sociedad.
Podemos pensar en la descristianización
de nuestra sociedad donde vamos dejando a un lado los valores cristianos y del
evangelio para vivir en una indiferencia muy peligrosa, en un materialismo que
nos desborda y en un sensualismo que preocupa en la manera de vivir de nuestra
sociedad. ¿Habrá una voz profética que nos despierte y haga volver nuestros
corazones a los caminos del Evangelio que aunque nos llamamos cristianos
tenemos tan olvidados? Pero incluso en las mismas formas que se han
reintroducido en la forma de celebrar el nacimiento de Juan está renacimiento
un nuevo paganismo en unos nuevos ritos que quieren ser como los nuevos
sacramentos para nuestra sociedad de hoy. Pensemos en todas las costumbres y
ritos de las que hemos llenado esta noche de san Juan, que quieren mimetizar
los sacramentos de la Iglesia, pero sustituyéndolos por un fuego que llaman
purificador.
¿Quién es el que de verdad nos
purifica? Juan había sido anunciado como el que venía a preparar los caminos
del Señor para la conversión y el perdón de los pecados. ¿Será eso lo que en
verdad nosotros buscamos y queremos celebrar con el nacimiento de Juan?
‘¿Qué va a ser de este niño?’, nos seguiremos preguntando, pero tenemos que hacerlo
en una búsqueda del Evangelio, que tiene que ser siempre una búsqueda de Jesús.
¿Será a Jesús a quien buscamos como nuestro único Salvador?
lunes, 23 de diciembre de 2024
Que la luz de navidad que se va a encender no sea luz de pronta caducidad que tan pronto se enciende como se apaga, sino una luz permanente para nuestra vida
Que
la luz de navidad que se va a encender no sea luz de pronta caducidad que tan
pronto se enciende como se apaga, sino una luz permanente para nuestra vida
Malaquías 3, 1-4. 23-24; Salmo 24; Lucas 1,
57-66
Un nacimiento
siempre nos abre a la vida, al futuro, a la esperanza. Es la gran alegría de un
hogar, el nacimiento de un niño. Pero es una alegría contagiosa, todos los
familiares se alegran, los vecinos felicitan a la madre y no faltan las
atenciones y los regalos. Es la ternura de un niño recién nacido, pero es la
ternura de la vida que a todos nos emociona. Es el arranque de unos sueños
porque de alguna manera todos pensamos en el futuro, en lo que va a ser, en lo
que puede ser este niño que ahora contemplamos recién nacido. Parece un ser
indefenso pero a todos nos pone en movimiento a su alrededor.
En las
montañas de Judea todo era alegría. Se alegraban porque Dios había regalado su
amor y su misericordia a aquella familia que no tenían hijos y parecían
perdidas las esperanzas de poder tenerlo. Sentían que la mano de Dios estaba
con ellos lo que les hacía que sus sueños fueran, por así decirlo, más
intensos. ‘¿Qué será de este niño?’ se preguntaban porque muchas cosas
maravillosas y extraordinarias estaban sucediendo en su entorno.
Su madre
era mayor y parecía estéril pero Dios le había concedido el don de la
maternidad. Su padre, que era sacerdote del templo de Jerusalén, después de un
servicio en el templo, que parecía coincidir con los nueve meses del embarazo
de la madre, había vuelvo mudo de Jerusalén después de ejercer allí su oficio.
Ahora la madre pretende ponerle un nombre distinto al habitual, que era ponerle
el mismo nombre del padre del niño, pues quería llamarlo Juan como significación
de que Dios había manifestado su misericordia con aquella familia – era el
significado del nombre – y el padre al que habían preguntado por señas así lo
había ratificado escribiéndolo en una tablilla; pero no se habían terminado ahí
las cosas asombrosas, pues había recobrado el alma y había comenzado a cantar en
acción de gracias a Dios, señalando lo que sería la misión de aquel niño. ‘¿Qué
será de este niño?’ se preguntaban y no sin razón, por lo que todos
alababan a Dios.
Hoy
nosotros casi en las vísperas del nacimiento de Jesús estamos contemplando en
el evangelio el nacimiento de Juan. Profeta del Altísimo, lo llamará su
propio padre Zacarías; el que viene a preparar los caminos del Señor,
como había anunciado los profetas; el mensajero de la Alianza como dicho
también el profeta Malaquías, como hoy mismo hemos escuchado; como el fuego
de fundidor, como lejía de lavandero… acrisolará como oro y plata, y el Señor
recibirá ofrenda y oblación justas… le contemplaremos invitando a la
penitencia en la orilla del Jordán.
Contemplamos
a Juan en su nacimiento, con la misma ilusión que contemplamos a un recién
nacido como una promesa de futuro; contemplamos el nacimiento de Juan y nos
llenamos de esperanza, porque es la aurora de la salvación que llega;
contemplamos a Juan y también nos sentimos invitados a la alegría que nace de
la esperanza, porque ya está cercano el día del Señor, sentimos cercana a
nosotros lo que es la misericordia y la compasión del Señor que sobre nosotros
está también volviendo su rostro. También nosotros queremos prorrumpir en
cánticos de alabanza al Señor, también queremos tener bien dispuesto nuestro
corazón para sentir y para vivir la misericordia de Dios en nuestra vida.
Es el
preparativo importante que tenemos que hacer para la navidad. Disponemos
nuestro corazón, disponemos nuestras actitudes, nos abrimos al amor del Señor
que queremos también compartir con los demás. Grande e importante es la luz que
nos iluminará, que no se quede en luces abocadas a la caducidad que tan
pronto se encienden como se apagan, que sea una luz permanente para siempre la
que se va a encender en nuestra vida con la navidad.
lunes, 24 de junio de 2024
Por toda la comarca había corrido la noticia del nacimiento de Juan, estaban viendo la mano de Dios, como sólo saben hacerlo los humildes y los sencillos
Por toda la comarca había corrido la noticia del nacimiento de Juan, estaban viendo la mano de Dios, como sólo saben hacerlo los humildes y los sencillos
Isaías 49, 1-6; Salmo 138; Hechos de los apóstoles 13, 22-26; Lucas 1, 57-66. 80
Parece que estaba destinado para eso. Se nos escapa casi espontáneamente esa expresión cuando nos encontramos con una persona que nos resulta realmente espectacular; son las cosas que realiza y la manera especial que tiene de hacerlas, rompe moldes porque vemos que es capaz de hacer cosas que nadie ha sido capaz, se manifiesta con absoluta libertad y a nadie tiene miedo, actúa abriendo caminos, despertando las conciencias, poniendo nuevas ilusiones en los que caminan a su lado. Nos parece único.
¿Tendríamos que decir una cosa así de Juan el Bautista de quien hoy estamos celebrando la fiesta de su nacimiento? Por toda la comarca había corrido la noticia de su nacimiento, todos se hacían bocas de aquellas cosas que habían visto en su entorno, porque realmente era algo único; sus padres eran mayores y ya parecía imposible el nacimiento de un hijo de aquellos ancianos, pero Isabel estaba en cinta y ahora había dado a luz un niño.
Normal que todos la felicitaran, normal que se juntaran con los padres a la hora de la circuncisión e imposición del hombre; lo que no parecía normal eran los deseos de Isabel de llamarlo Juan porque según la costumbre debía llevar el nombre de su padre, Zacarías, aunque en ello aquella anciana estaba reconociendo el actuar de Dios en el propio significado del nombre. Por eso todos se preguntaban ¿cuál era el destino de aquel niño? ‘¿Qué iba a ser de aquel niño?’ Estaban viendo la mano de Dios, como sólo saben hacerlo los humildes y los sencillos.
Era el camino que iba a escoger Juan. Ya nos adelanta el evangelista que ‘El niño crecía y se fortalecía en el espíritu, y vivía en lugares desiertos hasta los días de su manifestación a Israel’. Ya lo veremos más tardes en la austeridad más severa, sus vestidos una piel de camello, su frugal comida las langostas del desierto y la miel silvestre, su estilo de vida la penitencia más severa con sus ayunos con lo que invitaba a todos a hacer penitencia porque había que preparar los caminos del Señor, su palabra que no estaba hecha de largos discursos pero sí de invitación a la conversión, a la solidaridad y a la rectitud de vida para actuar siempre con verdadera justicia. Era la sintonía que en los signos que rodearon su nacimiento supieron descubrir los pobres y los sencillos de corazón.
¿Era un profeta? ¿Era el Mesías anunciado? En el desierto se presentaría predicando la conversión porque había que preparar los caminos del Señor y de todas partes acudirán para escucharle y hacerse bautizar en las aguas del Jordán. De Jerusalén bajarán unos enviados preguntando con qué autoridad se presentaba ante Israel con aquel anuncio de la pronta venida del Mesías. Y él diría que no era un profeta, que no era el Mesías, que solo eran la voz que predicaba en el desierto invitando a preparar los caminos del Señor.
Pero Jesús dirá de El que es profeta y más que profeta porque no había nadie mayor que él de entre los nacidos de mujer. Era el precursor del Mesías, el que venía a preparar los caminos del Señor y para él lo importante era que recibieran a quien ya estaba en medio de ellos y no lo conocían. Pero El lo señalaría como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. De sus manos había recibido aquel bautismo en las aguas del Jordán, pero sobre todo había visto cómo se abría el cielo para bajar el Espíritu Santo sobre Jesús en forma de paloma y también había escuchado la voz que lo señalaba como el Hijo amado de Dios.
Por eso en su camino de humildad y sencillez no le importa menguar con tal que crezca el que había de crecer. Su misión era ser voz, pero la Palabra que había que escuchar era la de Dios, y eso se iba a reflejar en Jesús. Por eso dará paso al Mesías que viene, sus discípulos serán los primeros discípulos de Jesús y los que aún quedan con él cuando ya está en la cárcel serán enviados hasta Jesús para que lleguen a conocer y convencerse de que es el Mesías. ‘¿Eres tú el que ha de venir o hemos de esperar a otro?’ es el mensaje que le llevan a Jesús de parte de Juan.
Gran alegría se suscitó en las montañas de Judea con su nacimiento y todos daban gloria a Dios. Es la alegría con que nosotros seguimos celebrando su nacimiento. No nos queda sino seguir su camino, entrar en esos caminos de humildad y de sencillez porque será la manera de descubrir las señales de Dios que se sigue manifestando hoy entre nosotros, convertir nuestro corazón a Dios, preparar también los caminos del Señor entrando en esa órbita nueva del amor y de la solidaridad, de la conversión y de la penitencia, de la justicia y del bien, de la verdad y de la rectitud. El daría testimonio no solo con su palabra en el desierto sino con su vida que también es inmolada para hacer que andemos y tengamos una vida nueva de rectitud.
sábado, 23 de diciembre de 2023
Agradezcamos el nacimiento de Juan que nos recuerda con su palabra y su testimonio que Dios nos es propicio y sigue hoy preparando en nosotros los caminos del Señor
Agradezcamos
el nacimiento de Juan que nos recuerda con su palabra y su testimonio que Dios
nos es propicio y sigue hoy preparando
en nosotros los caminos del Señor
Malaquías 3, 1-4. 23-24; Sal 24; Lucas 1,
57-66
Aunque por nuestro orgullo nos cuesta
reconocerlo, a la larga agradecemos que haya habido alguien que nos haya dicho
la verdad, que nos haya llamado la atención sobre cosas que hacíamos que no
tenían mucho sentido, y a posteriori nos han hecho pensar. Nos sentimos heridos
quizás en aquel momento, nos parecieron fuertes las palabras que nos dijeron,
nos creíamos que no merecíamos esa corrección porque nosotros con buena
voluntad estábamos haciendo lo que nos corregían. Nuestro amor propio en
aquellos momentos se sintió mal y quizá no reaccionamos como deberíamos
hacerlo. Muchas veces solemos pensar tarde lo que tendría que ser nuestro
camino.
Eso sucedió con Juan el Bautista, cuyo
nacimiento nos ofrece hoy el evangelio. Su palabra y su testimonio era fuerte,
pero esa era su misión. ‘Como fuego de fundidor, como lejía de lavandero…’
había anunciado el profeta que sería aquel que venía con el poder y el espíritu
de Elías ‘para convertir el corazón de los padres hacia los hijos, y el
corazón de los hijos hacia los padres, para que no tenga que venir a castigar y
destruir la tierra’.
El fuego quema, la lejía abrasa,
aparentemente duele y destruye, pero purifica y transforma. Era la voz fuerte
que iba a sonar en el desierto para preparar los caminos del Señor, para que
encontrara un pueblo bien dispuesto. ‘Para que no tenga que venir a castigar
y destruir la tierra’, como nos dice hoy el profeta Malaquías. Una corrección a tiempo nos salva de
tropiezos posteriores. Es lo que hacen los padres con los hijos, aunque a los
hijos no les guste que los corrijan; cómo nos rebelamos en nuestro interior,
pero es necesario pasar por ese fuego, ser abrasados por esa lejía para
enderezar muchas cosas que andan torcidas en la vida. Aunque hoy nos estamos
haciendo una generación de enclenques y consentidos, y ya nadie nos puede decir
nada. Pero ya sabemos que quien nos corrige nos ama.
Esa era la misión de Juan. Como
decíamos, hoy nos ofrece el evangelio el momento de su nacimiento con la
alegría que suscitó en su entorno – ‘Se enteraron sus vecinos y parientes de
que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella’
– y el relato del momento de la circuncisión que llevaba consigo la imposición
del nombre.
Hoy los padres escogen para los hijos
aquellos nombres que les gustan, que les llaman la atención, o que son de
tradición familiar; en la antigüedad poner el nombre significaba algo más, era
como destacar algo especial que había sucedido con su nacimiento o también
venía a señalar lo que había de ser luego su vida. La gente quiere que el recién
nacido se llame como Zacarías, su padre, no en vano era de raza sacerdotal y en
su misión futura era como suceder a su padre en el sacerdocio del templo. Pero
Isabel señala que su nombre ha de ser Juan, con la oposición de todos, hasta
que preguntan por señas a Zacarías – aun estaba mudo desde la vuelta del templo
y la aparición del ángel – que escribirá en una tablilla que ‘Juan es su
nombre’.
¿Qué significaba el nombre de Juan?
¿Por qué era el empeño en que llevara ese nombre? Juan viene a significa ‘Dios
es propicio’, ‘Dios se ha apiadado’, ‘Dios es misericordia’.
¿Qué había significado el nacimiento de Juan de aquellos padres ya mayores que
tanto lo habían deseado? Ya las mismas gentes lo habían manifestado en su
alegría por el nacimiento de aquel niño, cuya noticia había corrido por las
montañas de Judea, ‘el Señor le había hecho una gran misericordia’.
¿No era esa también la misión de quien
iba a ser el Precursor del Mesías? Invitar a la conversión como Juan iba a
hacer era invitar a reconocer la misericordia del Señor; su palabra venía a
señalarnos nuestros errados caminos, pero para que purificáramos nuestra vida
en el fuego de la misericordia del Señor. ¿No sería eso también lo que a
continuación Zacarías iba a cantar alabando y bendiciendo al Señor por el nacimiento
de Juan? ‘El Señor ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una
fuerza de salvación… por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos
visitará el sol que nace de lo alto… para guiar nuestros pasos por el camino de
la paz’. Y señalará la misión de
Juan, ‘a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del
Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de
sus pecados’.
¿No es el significado del nombre de
Juan, ‘Dios es propicio… y se ha apiadado con su misericordia’?
Agradezcamos el nacimiento del Bautista y cómo sigue hoy preparando en nosotros
los caminos del Señor.
sábado, 24 de junio de 2023
Una alegría y una esperanza porque con el nacimiento de Juan comienzan a abrirse en el horizonte los resplandores de un nuevo amanecer de salvación
Una alegría y una esperanza porque con el
nacimiento de Juan comienzan a abrirse en el horizonte los resplandores de un
nuevo amanecer de salvación
Isaías
49, 1-6; Sal 138; Hechos 13, 22-26; Lucas 1, 57-66. 80
Siempre el
nacimiento de un niño es un motivo grande de alegría; hasta en las familias más
humildes brilla siempre como una nueva luz de esperanza el nacimiento de un
niño. Es una nueva vida que comienza a palpitar y parece que todos en torno a recién
nacido nos llenamos de sueños y de esperanzas. Esa semilla que ha germinado
hará nacer y crecer una nueva planta, siempre soñamos con sus frutos, aparece
la esperanza de algo nuevo en el corazón, se despiertas inquietudes, y parece
que resucitan las iniciativas por la vida que estaban como dormidas; es un
nuevo despertar de ilusión y de esperanza.
¿Qué va a
ser de este niño? era una pregunta que como un eco iba rebotando por las montañas de
Judea con el nacimiento de Juan. Si las gentes cuando supieron de la pronta
maternidad de Isabel se alegraban porque el Señor había tenido gran
misericordia con ella, ahora cuando Juan ya nacido y a causa de todas las
extraordinarias que tras su nacimiento se iba sucediendo, surgía de nuevo la
alegría y la esperanza en las montañas de Judea, pues en cuanto acontecía veían
que la mano de Dios estaba con él.
Una alegría y
una esperanza que tenía aires de profecía porque estaba señalando cómo Dios
visitaba a su pueblo derramando su bendición y su misericordia, pero que ha
seguido teniendo eco a través de todos los tiempos y aun entre nosotros
celebramos con gran alegría el nacimiento de Juan, aunque a veces mantengamos
ciertas connotaciones paganas en la manera de celebrar su fiesta. Pero esa
profecía está queriendo decirnos y señalarnos hoy muchas cosas a quienes
tenemos que ser en cierto modos profetas y precursores de la presencia del
Mesías en nuestro mundo de hoy.
Juan venía
con la misión de reunir a los hijos dispersos de Israel y por eso su presencia
y su palabra en las orillas del Jordán y en el albores del desierto se
convierte en signo profético en medio de un pueblo que había perdido las
esperanzas y como diría Jesús más tarde andaban como ovejas descarriadas a las
que les falta el pastor. Su presencia fue luminosa, su palabra era ardiente, su
mensaje era riguroso y exigente porque abría a un mundo nuevo con nuevas
actitudes y con nuevos fogonazos de luz.
Valiente para
proclamar la verdad, valiente para señalar los caminos de rectitud que
habríamos de recorrer, valiente porque su palabra no callaba frente a los poderosos
y arriesgaba todo lo que fuera necesario, como valiente y arriesgada sería su
propia vida, por proclamar la verdad y los caminos de rectitud que habríamos de
recorrer.
Podría
parecer duro el mensaje y duras las palabras que pronunciaba si no estábamos
dispuestos a entrar por caminos de conversión, pero era la exigencia de la
necesaria conversión porque muchos caminos habría que enderezar, muchos valles
que allanar para preparar debidamente los nuevos caminos del Señor.
Y el mundo
sigue necesitando hoy esos precursores y esos profetas que preparen caminos y
corazones. El mundo que nos rodea sigue necesitando hoy que seamos esos
precursores, esos profetas aunque parezca que el mundo no nos quiere escuchar.
Necesita de nuestros gestos proféticos aunque nosotros sigamos pensando que
nuestro trabajo sea inútil quizás porque no nos escuchan. El mundo si nos
escuchará si ve que nuestra palabra es auténtica, que nuestros gestos son
verdaderos signos, que hay valentía en nuestros corazones para seguir proclamando
esa buena nueva de salvación. No nos escucha quizás porque nosotros seguimos
queriendo nadar y guardar la ropa pero hay que arriesgarse, que la Palabra de
la verdad será escuchada y tenida en cuenta.
Aquel niño
pequeño que hoy vemos recién nacido en las montañas de Judea nos está señalando
también a nosotros, aunque nos consideremos pequeños o tan pecadores como los
demás, para que vayamos a dar ese testimonio, para que seamos esos precursores
y esos profetas tan necesarios. No tengamos miedo de asumir nuestra misión. Es
el mensaje que Juan Bautista hoy deja en nuestra manos, es la semilla de
inquietud que siembra en nuestro corazón, es la osadía y valentía que hemos de
tener quitando toda clase de miedos y cobardías para hacer ese nuevo anuncio de
salvación.
viernes, 23 de diciembre de 2022
Qué navidad, qué es lo que tiene que nacer de nuevo en nosotros aquí y ahora en el momento que estamos viviendo
Qué
navidad, qué es lo que tiene que nacer de nuevo en nosotros aquí y ahora en el
momento que estamos viviendo
Malaquías 3, 1-4. 23-24; Sal 24; Lucas 1,
57-66
Esos
acontecimientos que se van sucediendo y que son los que de alguna manera
conforman nuestra vida podíamos decir que tienen como un hilo conductor que van
marcando como una línea; somos hijos de una familia que tiene sus tradiciones,
formamos parte de un pueblo que tiene su historia y sus costumbres; y mucho nos
sentimos orgullosos de nuestras raíces, de nuestra historia, de nuestras
costumbres y tratamos de mantenerles a toda costa, porque de alguna manera
forman parte de nuestra identidad.
Cuando
alguien quiere cambiar nuestras costumbres en principio nos revelamos, muchas
veces nos damos cuenta que la vida tiene una continuidad y una progresión y
podemos desear lo mejor, cambiar para mejorar, darle novedad e innovación. Nos
encontraremos a quien no le guste, y que luchará con eso que pueden llamar
innovaciones, pero no podemos olvidar que la historia tiene que ser también un
camino de progreso. Hay a quien le cuesta aceptarlo.
Hoy el
evangelio nos ha hablado del nacimiento de Juan. Cosas maravillosas habían
rodeado ya el origen de su vida en unos padres que eran mayores e incapaces de
engendrar una nueva vida, pero allí se estaba manifestando el Señor. Ahora
según la tradición y la costumbre a los ocho días tocaba circuncidar al niño y
ponerle nombre.
Todo
transcurre con normalidad hasta el momento de la imposición del nombre que su
madre quiere que se llame Juan. No era la tradición, nadie en la familia había
llevado jamás ese nombre, parece que se rompen los moldes, debería de llamarse
como su padre y a su padre acuden para que manifieste cual ha de ser el nombre.
Utilizando una tablilla pues aun permanecía mudo, desde el episodio del templo,
escribe que Juan ha de ser su nombre. El sello de sus labios se rompe y
prorrumpe a hablar cantando las glorias del Señor, bendiciendo a Dios.
Aquel niño,
cuyo nacimiento estaba rodeado de tantas obras maravillosas de Dios iba a ser
un signo del tiempo nuevo que se avecinaba. El estaba llamado a ser la voz que
gritara en el desierto para preparar los caminos del Señor, Y aunque se
presenta con signos de austeridad y penitencia invitando a la conversión, era la
señal de que algo nuevo estaba a punto de comenzar. Siempre lo hemos
considerado como el eje entre el Antiguo y Nuevo Testamento. Es el último de
los profetas, pero es el que anuncia el tiempo nuevo porque llegan los tiempos
de la salvación. Un cambio profundo había de realizarse por eso él está
invitando a la conversión, a la renovación, al cambio, porque es un nuevo
corazón el que ha de recibir al que viene como Mesías y Salvador.
Será Jesús el
que nos hablará del hombre nuevo, del
hombre que ha de nacer de nuevo, pero en Juan y cuanto le rodea estamos
viendo la señal. Y no nos podemos resistir a la acción de Dios en nosotros, no
hemos de rechazar su voz y su invitación, no nos podemos quedar anclados en lo
que siempre se ha hecho así, tenemos que estar siempre en camino que avanza, en
camino nuevo que nos conduce a vida nueva, muchas cosas del hombre viejo
tenemos que dejar atrás.
Y eso lo
seguimos necesitando hoy, porque no siempre hay en nosotros esa disponibilidad
para el cambio, para la renovación, para ser ese hombre nuevo, para vivir el
sentido nuevo que nos ofrece el evangelio, seguimos demasiado anclados en el
hombre viejo, apegados a tradiciones que nos envejecen. Cuánto nos cuesta
dejarnos renovar por el Espíritu.
¿Cuál sería
la renovación a la que nos está invitando el Espíritu en esta navidad que vamos
a celebrar? ¿Qué navidad, qué es lo que tiene que nacer nuevo en nosotros aquí
y ahora en el momento que estamos viviendo? Abramos el corazón al Espíritu y
dejémonos conducir. ¿A qué cosas viejas seguirá apegado el corazón? Discernamos
los tiempos del Espíritu.
jueves, 23 de junio de 2022
Juan Bautista hoy nos ayuda a encontrar ese silencio y ese desierto para aprender a rumiar los designios de Dios y la misión que nos quiere confiar hoy en medio de nuestro mundo
Juan
Bautista hoy nos ayuda a encontrar ese silencio y ese desierto para aprender a
rumiar los designios de Dios y la misión que nos quiere confiar hoy en medio de
nuestro mundo
Isaías 49, 1-6; Sal 138; Hechos 13, 22-26;
Lucas 1, 57-66. 80
Siempre
podemos encontrarnos con personas en la vida a las que realmente tendríamos que
llamar personajes porque por su manera de ser y de actuar, por el compromiso
con que viven su vida se convierten en algo así como un punto de referencia
para la sociedad. Siempre los recordamos, contamos sus hazañas y de alguna
manera los convertimos en iconos de nuestros pueblos o de los lugares donde
hayan desarrollado su tarea.
Tenían
siempre una palabra certera, sus palabras aunque en momentos parecieran duras
sin embargo sembraban inquietud en los corazones, por su manera de ser
despertaban esperanzas y de alguna manera en la historia de ese pueblo los años
de su existencia se convierten en eje de su propia historia con un antes y con
un después. Siempre se recordarán aunque quizá para algunos su presencia
resultara incómoda por lo que suscitaba y despertaba en el corazón, cosas que
no siempre estaríamos dispuestos a aceptar. Si fuéramos capaces de emplear un
lenguaje medianamente religioso diríamos que fueron como profetas en medio de
nuestros pueblos.
Hoy sí,
recordamos y celebramos, a uno de esos grandes personajes de la historia,
porque aun al paso no solo de los años sino de los siglos lo seguimos
recordando y celebrando. Nos referimos a Juan Bautista, que este año estamos
celebrando un día adelantado, por la coincidencia de otra fiesta litúrgica de
gran relevancia en la vida de la Iglesia que es la solemnidad del Sagrado
Corazón de Jesús que celebraremos el viernes y por lo que se hace este adelanto
de la fiesta de san Juan Bautista.
Ya se
preguntaban las gentes de su entorno, allá en las montañas de Judea, por cuanto
sucedió en torno a su nacimiento ‘¿Qué va a ser de este niño?’ Porque
como nos dirá el evangelista al írnoslo presentando ‘la mano de Dios estaba
con él’. Al celebrar su nacimiento estamos recordando todas aquellas
circunstancias que lo rodearon, pues sus padres eran mayores y no tenían
descendencia, el ángel del Señor que se le manifiesta a Zacarías en el templo a
la hora de la presentación del incienso, el haberse quedado mucho hasta el
nacimiento del niño por su resistencia a terminar de creer en las palabras del
ángel, y ahora el mismo nombre que se le va a imponer, que no entraba en la
propia tradición familiar.
Era un
elegido del Señor; un elegido del Señor con una misión muy concreta, preparar
los caminos del Señor. El venía como el profeta que iba a reunir a las tribus
dispersas de Israel, como habían anunciado también los profetas, y se iba a
convertir en profeta del Altísimo preparando los caminos del Señor. Un elegido
del Señor por cuantas manifestaciones de que la mano del Señor estaba con él,
pero que supo asumir su papel y por eso marcha al desierto viviendo en la
austeridad más total, para abrir su corazón a Dios y a la misión que le iba a
encomendar.
Las horas y los tiempos de desierto son tiempos para rumiar la presencia de Dios, para rumiar y terminar de descubrir lo que es la voluntad de Dios. Algunas veces nos parece como anecdótica esa manera de presentarse con tal austeridad, vestido con una piel de camello, alimentándose de saltamontes y miel silvestre como nos lo describen los evangelistas – ya algunos lo apuntarían para esas modas ecologistas que algunos pretenden vivir o hacer vivir – pero todo ello era un signo de algo profundo que se iba realizando en su corazón en su apertura a Dios y a descifrar la misión que Dios le encomendaba. Si llegaba a tener esa certeza y contundencia en sus palabras, aunque a algunos les parecieran duras, significaban sin embargo una profundidad de vida en el Espíritu para poder anunciar esa Palabra de Dios.
Hoy
escuchamos el mensaje del Bautista cuando también en nuestro corazón queremos
preparar los caminos del Señor y de manera especial litúrgicamente cuando nos
acercamos en el Adviento a la Navidad, al Nacimiento del Señor. Pero la figura
del Bautista que hoy también contemplamos sigue siendo en todo tiempo un
revulsivo a nuestras conciencias, pero también una lección de esos pasos tan
necesarios que tenemos que saber dar en la vida, para encontrar ese silencio, para
encontrar ese desierto donde aprendamos a rumiar los designios de Dios para
nuestra vida y la misión que el Señor también a nosotros nos quiere confiar hoy
en medio de nuestro mundo.
Ojalá
lleguemos a sentir también que la mano del Señor está con nosotros; ojalá
seamos capaces de dejar que el Espíritu del Señor nos dé un revolcón en nuestra
vida, como significó la presencia de María que llevaba ya a Dios en su seno
cuando la visita a la montaña de Judá y ya el niño saltaba también de alegría
en el seno de su madre Isabel, como ella reconoce. Silencios y austeridades
penitenciales, pero revolcones a lo divino serán los que en verdad nos
motivaran y harán que seamos capaces también hoy como profetas de ayudar a
nuestra generación a preparar en verdad los caminos del Señor.
jueves, 23 de diciembre de 2021
En la ya inmediata navidad que vamos a celebrar dejémonos sorprender por Dios que quiere ser Emmanuel en nuestra vida, algo quiere decirnos
En la
ya inmediata navidad que vamos a celebrar dejémonos sorprender por Dios que
quiere ser Emmanuel en nuestra vida, algo quiere decirnos
Malaquías 3, 1-4. 23-24; Sal 24; Lucas 1,
57-66
Tenemos el
peligro hoy de perder la capacidad de sorpresa. El ritmo de la vida o el ritmo
con que todo progresa, de manera que ahora podemos contemplar cosas que ni
podíamos imaginar hace muy poquitos años, puede hacernos perder esa
sensibilidad, nada nos sorprende, damos casi por sentado que las cosas cambian
de un momento a otro y nos iremos encontrando cosas nuevas a cada instante.
Aceptando
incluso ese ritmo vertiginoso de la vida no podemos perder la capacidad de la
sorpresa, porque en cosas que nos pueden parecer normales y sencillas sin
embargo podemos descubrir grandes maravillas, o podemos describir cosas que nos
pueden engrandecer, nos puede ayudar en nuestro camino como personas en medio
del mundo, para no ser unos autómatas. Y nos sorprenden no solo las cosas que
nos asustan o llenan de temor, sino que nos hemos dejar sorprender por algo
sencillo que sin embargo puede llenar de alegría nuestro corazón.
El nacimiento
de Juan en casa de Zacarías e Isabel allá en las montañas de Judá aunque en una
cierta cercanía de Jerusalén estuvo lleno de sorpresas no solo para la propia
familia, sino también para sus vecinos y los habitantes de aquel lugar. El
mismo hecho del embarazo de Isabel siendo ya una mujer mayor causó admiración
entre sus vecinos y ya nos dice el evangelista en su relato que la felicitaban
porque Dios había obrado con misericordia con ella. Ya también era algo que no
entendían por qué Zacarías se había quedado mudo desde que nueve meses antes
había regresado de su servicio en el templo.
Pero las
sorpresas aún con la alegría del nacimiento de un niño fueron grandes en los
siguientes momentos. A la hora de la circuncisión era el momento de la
imposición del nombre al recién nacido; lo normal para todos ellos era que se
llamara Zacarías como su padre, pero la madre insistía en que había de llamarse
Juan; no era un nombre que llevara ninguno de sus familiares pero sorprendía la
insistencia de Isabel. Preguntan por señas al padre cómo había de llamarse y
escribiendo en una tablilla – estaba aún mudo – señaló que había de llamarse
Juan.
‘¿Qué va a
ser de este niño?’, se preguntaban todos asombrados; el nombre tiene también su
significado y Juan viene a significar ‘Dios ha tenido misericordia con él’, que
se correspondería como dicen algunos analistas de significados como el hombre
que es respuesta a esa misericordia se mantiene fiel a Dios por encima de todo.
Ya los mismos vecinos habían felicitado a Isabel porque Dios había tenido
misericordia con ella al concederle el don de la maternidad, algo que era muy
apreciado en Israel. No ha de extrañar, pues, el nombre que se le quiere
imponer. Pero las gentes se sorprenden y se admiran porque están viendo que la
mano del Señor se está allí haciendo presente.
¿Seremos
capaces de ver nosotros la mano de Dios que también se hace presente de mil
maneras en nuestra vida? A todo hoy queremos darle explicaciones naturales y
racionales, pero sigue habiendo misterio en la vida del hombre, se sigue
haciendo presente el misterio de Dios en nuestra vida. Es lo que el corazón de
un creyente ha de saber intuir y descubrir, es precisamente la base que nos
hace creyentes. Dejémonos sorprender por Dios, incluso en aquellas cosas que
nos suceden que nos puedan resultar o incomprensibles o duras. Dios nos está
queriendo decir algo, Dios quiere manifestarse en nuestra vida, dejemos actuar
a Dios.
¿Nos hará
falta esa capacidad de sorpresa y admiración ante la cercana navidad en las
circunstancias concretas en que tendremos que vivirla en este año? ¿Qué nos
estará queriendo decir el Señor cuando así de esa manera se hace, se sigue
haciendo Emmanuel, Dios con nosotros?
jueves, 24 de junio de 2021
La alegría con que celebramos la natividad del Bautista nos tendría que conducir a un silencio de desierto para en estos momentos de la vida escuchar el susurro de Dios
La alegría
con que celebramos la natividad del Bautista nos tendría que conducir a un
silencio de desierto para en estos momentos de la vida escuchar el susurro de
Dios
Isaías 49, 1-6; Sal 138; Hechos 13, 22-26;
Lucas 1, 57-66. 80;
Celebramos hoy la fiesta de la
Natividad de Juan Bautista, que había venido para dar testimonio de la luz y
para preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto. No era él la luz sino el
que venía a ser testigo de la luz, no era la Palabra sino la voz que anunciaba
y nos preparaba para escuchar al que era en verdad la Palabra de Dios, no era
el Mesías ni se consideraba un profeta – aunque Jesús nos dijera que no había ningún
profeta mayor que él - sino que era el anunciado por los profetas que venía a
preparar los caminos del Señor. Es lo que hoy estamos celebrando.
Una fiesta que nos llena de alegría
como su nacimiento llenó de alegría las montañas de Judea, porque algo
asombroso estaba sucediendo y cuando los vecinos de Isabel se enteraron de la
noticia la felicitaban y hacían que corriera la noticia con gran alegría por
todas las montañas de Judea. Con la misma alegría nosotros seguimos celebrando
su nacimiento y en este día por donde se haya anunciado el evangelio de Jesús
todos hacen fiesta y se llenan de alegría en el nacimiento del que había de ser
el precursor del Mesías, el que venía a preparar los caminos del Señor
preparando un pueblo bien dispuesto para el Señor.
Hechos portentosos rodean su nacimiento
desde el anuncio que el ángel Gabriel hiciera a Zacarías en el templo. Muchas
habían sido las oraciones de aquella pareja ya ancianos pidiendo un hijo al
Señor, pero cuando el ángel del Señor viene a anunciarlo al sacerdote Zacarías
que estaba en el servicio del templo en la ofrenda del incienso, a éste le
cuesta entender los planes del Señor que están por encima de nuestros planes y
se realizan por caminos que a nosotros nos parece imposible recorrer, y se
queda mudo hasta el nacimiento y la circuncisión de su hijo.
Algunas veces tenemos que aprender a
hacer silencio ante los planes de Dios. Caminamos desde nuestras lógicas y
baremos humanos pero cuando el Señor en su gracia quiere manifestársenos quizá
trastrueque esos planteamientos nuestros y es cuando tenemos que saber dejarnos
conducir por la fe y el amor de Dios. Pueden parecernos tortuosos y difíciles
de transitar esos caminos que se abren delante de nosotros pero hemos de saber
tener la visión de la fe que llena de confianza nuestro corazón; en fin de
cuentas tener fe es lo mismo que poner toda nuestra confianza en aquel en quien
creemos.
Y esos caminos que nos pueden parecer
difíciles tendrán una salida y se pueden convertir para nosotros en una nueva
luz para nuestra vida. Parecía imposible que unos ancianos pudieran engendrar
un hijo pero por encima siempre está la fuerza y la gracia del Señor. Ese fue
el silencio en que tuvo que permanecer Zacarías hasta que asumió plenamente el
camino que le señalaba el Señor. Cuántas cosas rumiará en su corazón en ese
tiempo de silencio que le haría prorrumpir luego en ese hermoso cántico de
alabanza y acción de gracias a Dios después del nacimiento de su hijo
reconociendo como Dios en su misericordia había querido visitar a su pueblo. En
esos caminos que nos pueden parecer oscuros pero recorridos con fe
descubriremos la visita de Dios a nuestra vida.
Allá estará Juan en el desierto
precisamente para ayudarnos a preparar los caminos del Señor. Su voz sonará
fuerte y desde todos los rincones de Palestina llegarán hasta las orillas del Jordán
todos aquellos que sienten la inquietud en su corazón por los tiempos de gracia
que han de llegar. Es solo una voz que da testimonio, una voz que llama la
atención y señala los caminos de la vida que hemos de enderezar. Jesús en la
sinagoga de Nazaret señalará que el tiempo de la gracia y de la amnistía ha
llegado, pero Juan invitando a la penitencia nos hará reconocer que somos
pecadores, que estamos necesitados de esa amnistía y de ese perdón sumergiéndonos
en las aguas purificadoras del Jordán pero con la promesa de que un día
habremos de ser bautizados con el Espíritu santo. Son los caminos oscuros de
nuestra vida que tenemos que enderezar y hacer iluminar con esa luz de la que
Juan nos quiere dar testimonio.
Cuando hoy estamos llenos de alegría
celebrando su fiesta ¿no tendrían que abrirse los oídos de nuestro corazón para
escuchar esa voz que clama en el desierto? ¿No nos habrá enseñado este tiempo
tan especial que hemos vivido que nos ha llenado de tantas incertidumbres y
sombras a ir al desierto para hacer silencio en nuestro corazón y escuchar la
Palabra que ilumine con sentido nuevo nuestra vida? Nos ha costado recluirnos y
vernos obligados a muchos silencios; no nos gustan los silencios porque tenemos
miedo a que nos grite el corazón, pero tenemos que saber hacer silencio para
escuchar también ese susurro de Dios que puede llegar a nuestra vida y que
entre los ruidos del mundo no podríamos escuchar.
Silencio como el de Zacarías, silencio
como el de Juan en el desierto, silencio en nuestro corazón para escuchar el
susurro de Dios.
miércoles, 23 de diciembre de 2020
La alegría del nacimiento de aquel niño en las montañas de Judea tiene que motivarnos a todos para llegar al nacimiento de Jesús llenos de la más confiada esperanza
La
alegría del nacimiento de aquel niño en las montañas de Judea tiene que
motivarnos a todos para llegar al nacimiento de Jesús llenos de la más confiada
esperanza
Malaquías 3, 1-4. 23-24; Sal 24; Lucas 1,
57-66
El nacimiento de un niño siempre se ve
rodeado de alegría y de expectativas. Es como un signo de esperanza que se
levanta al surgir esa nueva vida y en el fondo todos nos preguntamos qué va a
ser de aquel niño; su nacimiento viene rodeado de muchos sueños, llenos de
imaginación quizá, pero que son deseos de un futuro bueno al que miramos con
esperanza. Todos se alegran y se felicitan en su nacimiento, porque todos al
contacto de esa nueva vida que en aquel niño está palpitando nos hace desear
incluso lo que nosotros no hemos conseguido pero con la esperanza que esos
mejores sueños se conviertan en realidad de vida para aquel ser que allí
comienza a palpitar.
Es lo que nos está reflejando el
evangelio de lo sucedido entonces en las montañas de Judea. Felicitan a la
madre y todos mutuamente se felicitan. Las circunstancias especiales que
acompañan el nacimiento de aquel niño de unos padres que parece que se les ha
pasado la edad de engendrar, hace suscitar mayores esperanzas porque los que
mantienen su actitud creyente están viendo la mano de Dios en el nacimiento de
aquel niño.
En cierto modo lo miran como algo
propio cuando todos se disputan cual ha de ser el nombre de aquel niño. Pero el
nombre que va a llevar vendrá determinado por lo que se está ya manifestando
que es la acción de Dios con su pueblo a través del nacimiento de aquel niño,
por eso su nombre será Juan. Lo señala la madre, lo corrobora el padre a través
de la escritura en una tablilla, pero es que está expresándose como Dios ama a
su pueblo y está con él.
El nacimiento de Juan es algo verdaderamente
importante porque llega la voz del mensajero que nos vendrá a señalar donde
está la Palabra. Su misión será grande porque está llamado como había anunciado
el profeta porque venia a convertir el corazón de los padres hacia los hijos
y el corazón de los hijos hacia los padres, porque había de preparar para el
Señor un pueblo bien dispuesto.
El será la voz que grita en el desierto
para preparar los caminos del Señor, el mensajero que nos anuncia la inminente
llegada del Salvador, por eso también con regocijo hemos de acoger al mensajero
que llega porque es una forma de escucharle y es una forma de preparar en
nuestros corazones los verdaderos caminos del Señor.
Necesitamos escuchar y acoger al
mensajero. Es más necesitamos hoy un mensajero que nos anuncie una Buena Nueva
cuando parece que todo fueran malas noticias. Necesitamos un mensajero que
brille como una luz porque son muchas las tinieblas de muerte que nos están
envolviendo en el hoy de nuestra vida.
Escuchemos las noticias y fijémonos bien
en lo que nos están diciendo cada día; cada día parece que con mayor intensidad
se nos anuncian números teñidos de luto y de muerte, nos hablan del crecimiento
de la pandemia, nos hablan del número de muertos y pocas son las esperanzas que
se suscitan en nuestros corazones incluso con las noticias buenas y que podrían
ser esperanzadoras que en ocasiones se intentan transmitir. Aumenta el
desasosiego en nuestros corazones, nos sentimos frustrados cuando no vemos
mejoría y nuestros corazones se visten cada vez más de luto.
Por eso, como decíamos, necesitamos un
mensajero que alumbre alguna nueva esperanza; no podemos seguir viviendo con
nuestros espíritus turbados por la incertidumbre. Necesitamos que la Navidad
sea en verdad para nosotros una luz de nueva esperanza, porque ahora más que
nunca necesitamos un Salvador pero que no queremos recibir solamente de una
forma ritual.
Nuestra navidad a pesar de todas las
turbulencias tiene que estar llena de vida y de luz. Escuchemos al mensajero,
predispongamos nuestro espíritu para algo nuevo y para algo bueno. El Señor
puede realizar maravillas en nuestros corazones. Avivemos nuestra fe para que
no decaiga la esperanza, encendamos ese fuego del amor que dé un calor nuevo y
vivo a nuestra vida, alejémonos de todo lo que signifique frialdad de muerte.
La alegría del nacimiento de aquel niño en las montañas de Judea tiene que
motivarnos a todos para llegar al nacimiento de Jesús llenos de la más confiada
esperanza.
‘¡Levantaos, alzad la cabeza, se
acerca vuestra liberación!’
miércoles, 24 de junio de 2020
Como las gentes se interrogaban ante el nacimiento o la figura del Bautista nosotros también tenemos que preguntarnos qué es lo que tenemos que hacer
Como las gentes se interrogaban ante el nacimiento o la
figura del Bautista nosotros también tenemos que preguntarnos qué es lo que
tenemos que hacer
No era extraño, pues,
aquel canto de bendición en que prorrumpió el anciano al soltársele la lengua
que antes que dar explicaciones de cuanto había sucedido era una forma de
alabar y bendecir al Señor que en su misericordia venia a visitar a su pueblo,
porque aquel niño iba a ser en verdad el Profeta del Altísimo que iría delante
del Mesías prometido preparando un pueblo bien dispuesto. Lo que Dios había
prometido desde siglos comenzaba ahora a realizarse y se anunciaba al pueblo de
Dios la salvación. Era el principio de una Buena Nueva que se nos anunciaría invitándonos
a la conversión para enderezar los caminos que nos llevan al Señor. 




