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miércoles, 22 de abril de 2026

Mantengamos viva nuestra fe en Jesús no para revestirnos exteriormente de apariencias sino para dejarnos transformar por El para llenarnos de vida eterna

 


Mantengamos viva nuestra fe en Jesús no para revestirnos exteriormente de apariencias sino para dejarnos transformar por El para llenarnos de vida eterna

Hechos 8, 1b-8; Salmo 65;  Juan 6, 35-40

Todos tenemos ansias de vida, queremos vivir y por supuesto querer vivir de la mejor manera; sin embargo no todos ponemos el sentido de esa vida en lo mismo, algunos se contentan con lo que podríamos llamar vegetar, la expresión puede parecer fuerte e inhumana, pero sabemos que vivir es algo más que comer para alimentar el cuerpo y todos sus órganos cumplan con sus funciones; es algo más profundo que comienza por una dignidad pero también por una humanidad; darle sentido de humanidad a lo que hacemos y a nuestras relaciones, que significa poner corazón que es hacernos cercanía, poner sentimientos para también sentir con los sentimientos de los demás, tener metas que nos elevan más allá de lo material, buscar algo más que sentir los latidos del corazón que impulsa la sangre por nuestras venas, hay otros latidos, hay algo más en nuestro ser que es lo que nos hace vivir. Cuando empezamos a transitar por esta forma de vivir sentiremos una mayor plenitud en nuestra vida.

Y eso y mucho más nos quiere decir hoy Jesús con las palabras que le hemos escuchado en el evangelio. Nos ha hablado de un pan de vida que nos va a saciar plenamente, o sea que nos va a hacer vivir con la mayor plenitud; y es que cuando escuchamos a Jesús nos damos cuenta de otro sentido de vida, de otro sentido de vivir. Por eso nos pide creer en El, escuchar sus palabras pero para hacerlas vida en nosotros. y es que cuando escuchamos de verdad a Jesús nos damos cuenta que nuestra vida tiene otro sentido, que tenemos que llenarla de humanidad, que hemos de tener otra mirada a cuanto nos rodea pero sobre todo otra mirada a los que nos rodean, que hemos de llenar nuestra vida de amor.

Es así como nos sentiremos henchidos por dentro, es así como nos damos cuenta de que estamos viviendo de verdad porque al mismo tiempo estaremos trasmitiendo vida a los que nos rodean. Cuando nos acercamos a alguien con amor quien siente esa sintonía, quien se siente amado le hace sentirse lleno de vida. Por eso nuestro vivir en plenitud será también siempre trasmitir, sembrar vida.

Y Jesús nos está diciendo que eso que sentimos será para siempre. Por eso quien come el pan de vida que Jesús nos ofrece sabrá lo que es la vida eterna. La voluntad del Padre, como nos dice, es que nosotros también resucitemos en el último día. ‘Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día’.

Es el camino en el que quiere ponernos Jesús, es la vida que El nos ofrece, por eso nos ha dicho que El es el verdadero pan bajado del cielo, para que el  hombre no muera, para que tengamos vida en el último día, para llevarnos a plenitud. Por eso tenemos que comer Cristo, que es entrar en profunda comunión con El, dejándonos empapar por su palabra que es la que nos llena de vida.

Qué importante mantener viva nuestra fe en Jesús. No lo miramos como un personaje de la historia como algunos lo quieren contemplar pero no trascienden a más, ni nos quedamos en un buen pensador que nos ofrece hermosos pensamientos con ideas muy bonitas, vamos a la persona, vamos a la vida, vamos a llenarnos de El. Nos despojamos de nuestras ideas, de nuestra manera de ver las cosas, de los mensajes que nos pueda ofrecer el mundo, para solo revestirnos de Cristo; pero no es un revestimiento externo para dar unas apariencias, es un vestirnos desde lo hondo de nosotros mismos dejándonos transformar por El. Su semilla de vida se siembra en nosotros para hacernos florecer como hombre nuevo con frutos de vida eterna.

domingo, 15 de febrero de 2026

La palabra de Jesús va llegando como un bálsamo que cura sobre nosotros porque va despertando nuevas esperanzas, y abriendo nuevos caminos en la armonía del amor

 


La palabra de Jesús va llegando como un bálsamo que cura sobre nosotros porque va despertando nuevas esperanzas, y abriendo nuevos caminos en la armonía del amor

Eclesiástico 15, 15-20; Salmo 118; 1 Corintios 2, 6-10; Mateo 5, 17-37

Los caminos, por supuesto, pretenden llevarnos a alguna parte, pero bien sabemos que algunos caminos se nos  hacen pesados, parece que estuvieran llenos de dificultades, detrás de cada curva pareciera que se nos presenta un nuevo obstáculo o dificultad; claro que si pensamos en caminos antiguos por una parte no estaban pensados para los vehículos o los medios de los que hoy podemos disponer, y también hay que tener en cuenta las circunstancias que podían tenerse en el momento de su construcción que de alguna manera condiciona trazados y no solventa siempre las dificultades que podamos encontrar. La visión de lo que ha de ser el trazado hoy de una vía nos da nuevas perspectivas y busca de alguna manera aliviar nuestro camino.

¿Estaremos esperando un ingeniera que echara abajo todo lo hecho para inventarse algo totalmente nuevo? Claro que en la materialidad de las vías y caminos para nuestro transito eso es posible, pero ahora cuando estamos hablando de caminos estamos refiriéndonos a algo más que una senda que cruza una geografía. Queremos ir a algo más hondo que la materialidad de un camino porque estamos queriendo hablar de la vida, de nuestra vida.

¿Era Jesús ese ingeniero esperado, y válganos la imagen y el ejemplo, que venía a echar abajo todo como si nada de lo vivido hasta entonces hubiera valido o no tuviera un sentido? La aparición de un profeta abría siempre la esperanza a nuevas perspectivas, y más en aquel pueblo que se sentía oprimido, y no era ya solo la opresión que pudiera ejercer sobre ellos un pueblo extranjero, los romanos, que dominaban aquellos territorios; eran también muchas las influencias que iban recibiendo de las culturas de los pueblos vecinos, y aquí podríamos pensar en todo lo relacionado con la filosofía griega referencia para la cultura de aquellos pueblos; pero era otra opresión o manipulación interior en las mismas corrientes que iban surgiendo en el judaísmo, cada uno en su momento pretendía imponer sus criterios y de ahí había surgido una cantidad de normas y preceptos que de alguna manera enturbiaban la autenticidad de la ley de Moisés y la predicación de los profetas.

¿Pensaban quizás que con la novedad que Jesús anunciaba como buena noticia del Reino de Dios todo aquello había de cambiar? Es por lo que Jesús es tan tajante en el Sermón del Monte. El no ha venido a abolir la Ley y los Profetas sino a darles plenitud. Lo que Jesús querrá purificar es la hojarasca en la que hemos envuelto la Ley de Dios y que de alguna manera en lugar de ayudarnos nos ha puesto más difícil el camino, para que vayamos a lo que es lo fundamental, lo esencial que tiene que estar en el amor y en consecuencia en el respeto y la valoración de la persona, de toda persona por encima de cualquier condición con que queramos revestirla. Jesús quiere ayudarnos a reencontrar el camino verdadero y auténtico que es lo que nos viene a ofrecer la novedad del evangelio.

Es lo que nos irá desgranando en toda esa seria de sentencias o principios que nos va proponiendo a lo largo del Sermón del Monte y que ha comenzado con la proclamación de las Bienaventuranzas. Se había congregado en su entorno una gran multitud nos detalla el evangelista con gente venida de todas partes. Quiero poner un poco de imaginación en mi mente y en mis palabras para ver cómo Jesús va desparramando su mirada sobre toda aquella gente y El que conoce bien el corazón de todos e irá viendo tras aquellos rostros esas diversas situaciones por las que cada uno está pasando y la palabra de Jesús va dando respuesta a esas angustias que van surgiendo de aquellos corazones.

Corazones desbordados en esperanzas fallidas, en violencias y contrariedades de todo tipo, por los mil problemas de la vida en las relaciones entre unos y otros, por las tormentas que van surgiendo en el interior de las personas cuando los conflictos no se resuelven y se van creando abismos de incomprensión y acaso muchas veces de odio, corazones heridos porque se sienten oprimidos y tratados injustamente y a los que les falta paz porque quizás no tienen seguridad para sus vidas, corazones envueltos quizás muchas veces por la vanidad y por la falta de autenticidad y de verdad en sus vidas… y la palabra de Jesús va llegando como un bálsamo que cura sobre cada una de aquellas personas porque va despertando nuevas esperanzas, porque es posible que se vayan abriendo caminos, porque sienten que es posible una nueva armonía si en verdad comenzamos a amarnos más los unos a los otros.

Es la Buena Nueva de Jesús, que no solo fue para aquella gente de su tiempo, sino que es Buena Nueva de Jesús para nosotros hoy que también estamos envueltos en nuestros problemas y en nuestros desencantos, que también nos vemos arrastrados por un materialismo que nos ahoga cada vez más y por una sensualidad de la vida que le hace perder la perspectiva de cosas grandes y más nobles. Entremos en la sensibilidad del Evangelio que es entrar en la sensibilidad del amor, pero un amor que nos eleva y que al mismo tiempo nos hace más espirituales. Escuchemos en lo hondo de nosotros mismos el verdadero sentido de las palabras de Jesús.