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martes, 18 de agosto de 2026

Aprendamos a despojarnos de ropajes de vanidad e ir ligeros de equipaje para que podamos hacer la tarea de la siembra de bien en nuestro mundo

 


Aprendamos a despojarnos de ropajes de vanidad e ir ligeros de equipaje para que podamos hacer la tarea de la siembra de bien en nuestro mundo

Ezequiel 28, 1-10; Dt 32, 26-36ab; Mateo 19, 23-30

Ya hasta nos dice que cuando vayamos a viajar vayamos ligeros de equipaje. No sé si os habrá sucedido o lo hemos contemplado, en un aeropuerto, en una estación de viajeros sea cual sea el medio de transporte que vayamos a utilizar a alguna persona que corre hacia el punto de encuentro o de salida de su viaje arrastrando maletas y equipajes, bolsos y paquetes por todos lados que ya no sabe cómo llevarlos o colgarlos incluso de sus brazos o de donde sea y que le hace ir dando traspiés y tropezando con todo en la dificultad de poder caminar ligero. Nos puede parecer incluso hasta cómico pero es una triste realidad con que tropezamos en la vida.

¿No será así cómo nosotros de alguna manera andamos por la vida? Cuántas cosas vamos acumulando, de cuantas cosas nos vamos envolviendo, cuánta avaricia tenemos que reconocer en el fondo llevamos en nuestra vida. Que no nos falte nada, nos decimos, y andamos agobiados a ver cómo podemos ganar más porque queremos tener de todo; y lo malo es que en ocasiones ni lo disfrutamos, sino solo por el placer de decir que tenemos no sé cuantas cosas, o no sé cuántos ahorros, pero que no queremos tocar porque algún día nos podrá faltar. Aquel hombre rico del que nos habla Jesús en una parábola que tuvo una gran cosecha y agrandó sus bodegas para guardar todo aquello que había cosechado y ya pensaba que tenía la vida resuelta porque tenía muchos bienes acumulados y ya ni siquiera tendría que trabajar.

Es lo que nos está planteando hoy Jesús en el evangelio; y todo partió de aquel joven rico que venía con buena intención buscando la manera de alcanzar la vida eterna, pero que al planteamiento de Jesús de guardar sus tesoros no en estas bodegas terrenales donde nos lo pueden robar o la polilla carcome los guardemos en el cielo. Pero como hemos reflexionado recientemente aquel joven se marchó triste porque era rico y le parecía que si se desprendía de cuanto poseía ya no tendría dónde apoyarse en la vida, ya no tendría seguridad en su vida.

Por eso hoy Jesús nos habla de que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos. No está condenando Jesus la posesión de unos bienes que necesitamos en el vivir de cada día; tendríamos que recordar el mandato de Dios en el paraíso de dominar la tierra para hacerle producir sus frutos; tendríamos que recordar la parábola de los talentos donde se nos pide cómo tenemos que desarrollar lo que somos y lo que tenemos, nuestros valores y nuestras capacidades porque todo ha de tener su rendimiento; condena Jesús en aquella parábola al que guardó el talento bajo tierra para no perderlo pero no fue capaz de ponerlo en valor.

Lo que hoy Jesús nos está queriendo hacer reflexionar es la utilización que nosotros hacemos de esos medios materiales que podemos obtener con nuestro trabajo y con el desarrollo de lo que tenemos y somos. Y es que lo que no nos vale es la actitud egoísta del que lo quiere acaparar todo, del que solo busca la acumulación de una riquezas por una parte muchas veces solo en beneficio propio, pero muchas veces también sin saberle sacar jugo para nuestro disfrute. Es la codicia la que nos hace daño porque nos encierra en nosotros mismos, porque nos viste de vanidad, porque son peldaños que queremos aprovechar para elevarnos sobre pedestales, porque es el juego que nos lleva a la prepotencia y al poder para elevarnos por encima de los demás, porque es la que nos crea una coraza de insolidaridad que endurece nuestro corazón.

Qué importante es que tengamos esa disponibilidad con lo que somos y con lo que tenemos que nos lleve al compartir, que nos valga para tender puentes que nos acerquen y nos ayudan a enriquecernos mutuamente, porque ya no solo seremos capaces de desprendernos de esos bienes materiales que tengas sino que aquello que somos lo disponemos para ese mutuo enriquecimiento porque yo tambien me veré beneficiado de los buenos valores de los demás.

Jesus le responde a Pedro que anda un poco preocupado porque ellos lo han dejado todo por seguir al Maestro con aquello de que recibirán cien veces más. Y es que si yo soy generoso me voy a encontrar con la generosidad de los demás, si yo pongo mis valores en juego para el bien de la comunidad esa riqueza a la que aportan también con generosidad los demás también me enriquecerá a mi. No podemos olvidar que tenemos que ser semillas de bien allá donde estemos y al final florecerá ese campo de la vida. Aprendamos a ir ligeros de equipaje, como decíamos al principio, porque solo así podremos hacer esa hermosa siembra en la vida.


jueves, 1 de octubre de 2020

En nuestra mochila para hacer el anuncio del Reino llevemos nuestras baterías recargadas de disponibilidad, generosidad y el gran signo de la austeridad de nuestra pobreza

 


En nuestra mochila para hacer el anuncio del Reino llevemos nuestras baterías recargadas de disponibilidad, generosidad y el gran signo de la austeridad de nuestra pobreza

Job 19, 21-27; Sal 26; Lucas 10, 1-12

Creo que todo el que ha tenido la experiencia de viajar, sobre todo en las primeras ocasiones pasa por la misma prueba, vamos a decirlo así. Y es que aunque sean pocos los días en que vamos a estar de viaje, comenzamos a meter cosas en la maleta o la mochila por si acaso lo podemos necesitar que al final llevamos en tremendo equipaje, que a la vuelta traeremos prácticamente sin haberlo utilizado. Porque lo podemos necesitar, porque no sabemos como va a estar el tiempo allí, porque se nos pueden presentar imprevisibles… y vamos poniendo y poniendo cosas que al final nos impedirán llevar con comodidad nuestro equipaje, por decirlo de una manera suave. Hay que ser una persona muy práctica y previsora en lo justo para no haber pasado por esa situación que luego si vamos haciendo más viajes en la vida aprenderemos a llevar lo justo y necesario.

Me acordé de mis viajes y mis maletas voluminosas cuando escuché el evangelio que hoy se nos propone. Jesús va a enviar a sus discípulos, aquel grupo que se ha ido formando en su entorno y que son más cercanos a hacer un primer anuncio del Reino de Dios por los lugares donde luego va a ir El. Y escuchamos sus recomendaciones. Hay que ir ligero de equipaje, porque el equipaje no es el anuncio y el anuncio es lo importante. Nada de alforjas repletas de cosas, simplemente lo necesario, lo puesto, que ya lo que vaya surgiendo de necesidad en el camino se irá resolviendo. Han de quedarse donde los reciban y simplemente han de ir llevando la palabra de la paz.

Grande, amplio es el campo que ante ellos se abre y pocos son los que van a trabajar en ese campo. Por eso a quien tenemos que rogarle es al dueño de la mies. Más que las que cosas que han de llevar, ha de ser la preparación espiritual que ellos han de hacer, porque lo primero que les pide Jesús al emprender la marcha es la oración al Padre.

Un anuncio de paz en la aceptación del Reino de Dios que anuncian, pero un anuncio que ha de ir expresado en la disponibilidad de sus vidas, en su generosidad para lanzarse a la tarea, pero en la austeridad de los medios, no vayamos a pensar que son los medios los que van a realizar el milagro de la conversión, de la aceptación del Reino de Dios. Y todo eso con la oración. ‘Rogad al dueño de la mies…’

Y nosotros que andamos preocupados con tantos equipajes, que nos volvemos locos con nuestras planificaciones, que nos gastamos lo que tenemos y lo que no tenemos para lograr una serie de medios que decimos que son necesarios para la evangelización, pero de repente al final nos olvidamos del anuncio del evangelio y de donde vamos a encontrar la fuerza para hacer ese anuncio.

Dedicamos más tiempo a planificar cosas que a rezar. Necesitamos cosas prácticas y concretas, nos justificamos. No tenemos tiempo, decimos, para detenernos a rezar con tantas cosas que hay que hacer y ya nos contentamos diciendo que el trabajo es oración, pero no hemos buscado el encuentro en silencio con el Padre para sentir la fuerza de su Espíritu en nosotros. ¿No estará ahí en parte el fracaso de nuestros trabajos pastorales?

Si vamos a hacer el anuncio de la paz, como signo de la llegada del Reino de Dios, pensemos que es lo que tenemos que poner en nuestra mochila para poder mejor hacer ese anuncio empezando por la oración y recargando bien nuestras baterías de disponibilidad, generosidad y el gran signo de la austeridad de nuestra pobreza. Mucho tendríamos que revisarnos en la Iglesia muchas veces muy preocupada por las cosas y medios materiales.

jueves, 1 de febrero de 2018

El equipaje más importante que hemos de llevar en nuestra vida es siempre un corazón lleno de amor, así será autentico nuestro anuncio del evangelio


El equipaje más importante que hemos de llevar en nuestra vida es siempre un corazón lleno de amor, así será autentico nuestro anuncio del evangelio

I Reyes 2,1-4.10-12; Marcos 6,7-13

¿A dónde vas con tanto equipaje? Quizá nos dijeron un día cuando nos vieron preparar la maleta para un viaje que íbamos a hacer. Empezamos a poner cosas y no acabamos, si nos puede faltar esto, si aquello otro lo voy a necesitar, esto lo llevo por si acaso lo necesite, y comenzamos a poner y poner cosas en el equipaje que luego no sabemos si lo podremos transportar.
Pero no es solo en los equipajes para los viajes turísticos o de trabajo que tengamos que hacer. La cosa está en que en la vida nos vamos llenando también de tantas cosas que se convierten en apegos que no nos dejan actuar con verdadera libertad. Miremos nuestras casa, nuestra habitación, las cosas que poseemos, ¿las necesitamos todas para ser verdaderamente felices? Más bien, como decíamos, nos restan libertad de movimientos en la vida, nos quitan generosidad y disponibilidad en nosotros porque nos sentimos apegados a ellas y parece que sin ellas no seríamos nadie. Pero ¿somos por las cosas que poseemos, o somos por lo que en nuestro propio interior valemos? Las cosas que poseemos se convierten en una rémora para nuestra vida. Un barco necesita cada cierto tiempo limpiar sus fondos, porque son tantas las cosas que se van apegando a su casco que no lo dejan deslizarse con la necesaria velocidad.
Por eso quizás nos sorprenda hoy las instrucciones que Jesús da a los discípulos que ha escogido como apóstoles cuando los envía a predicar, a anunciar el Reino. ‘Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto’. Y además les decía que no tenían que preocuparse donde habían de vivir sino aceptar la hospitalidad que les ofrecieran las gentes.
Solamente un bastón para el camino. Desprendimiento total, el único apoyo es el del amor, lo único que tiene que empujarnos a caminar es el amor. No vamos buscando intereses, no queremos beneficios, solo vamos a darnos, a repartir y compartir, a dar lo que más hondo llevamos en nuestro corazón, nuestra fe y nuestro amor. Es el anuncio que hemos de hacer, el Reino de Dios; es el testimonio que hemos de dar, que Dios nos ama y nos regala su amor. Por eso curamos, sanamos desde lo más hondo; son los enfermos del cuerpo, pero son los que necesitan resucitar el espíritu. Y eso se consigue solo con la fuerza del amor.
Es lo importante en nuestra tarea de evangelización. Algunas veces andamos un tanto confundidos y pensamos más en los medios materiales de los que dispongamos que en el propio mensaje que hemos de trasmitir. Los medios solo tienen que ser eso, medios, nunca en objetivos primordiales, porque el objetivo es el anuncio del Reino de Dios, es la vida de Dios. Por eso es el amor el que nos tiene que guiar; es de amor de lo que tenemos que llenar nuestro corazón; es el amor el verdadero equipaje de nuestra vida y es el que quizá algunas veces nos falta.
Nos dice muchas cosas este evangelio; para nuestra tarea evangelizadora dándole verdadera importancia a lo que ha de tenerlo, pero también para nuestra vida personal, en la que tenemos que desprendernos de tantos apegos. Que vivamos siempre con un corazón libre, un corazón limpio de apegos, un corazón generoso y desinteresado, un corazón lleno de amor.