Vistas de página en total
martes, 5 de mayo de 2020
Corramos el riesgo de escuchar la voz del Buen Pastor que nos llama y nos guía por senderos que nos conducen a la plenitud
Corramos el riesgo de escuchar la voz del Buen Pastor que nos
llama y nos guía por senderos que nos conducen a la plenitud
sábado, 8 de junio de 2013
Latiendo al ritmo del Corazón de María aprendemos a latir al ritmo del amor de Dios
jueves, 20 de diciembre de 2012
Humildad, sencillez, fe, docilidad, alegría como María para recibir al Señor
martes, 25 de septiembre de 2012
sábado, 16 de junio de 2012
domingo, 19 de diciembre de 2010
Como José descubrir el designio de Dios y la colaboración que nos pide

Is. 7, 10-14;
Sal. 23;
Rm. 1, 1-7;
Mt. 1, 18-24
La navidad está cerca. Se cumplen las promesas. Nos sentimos seguros y firmes en nuestra esperanza. Queremos abrirnos a Dios que llega a nuestra vida y lo queremos hacer hoy como lo hizo María, como lo hizo José.
En este cuarto domingo de Adviento miramos a María, pero nos aparece como en contrapunto la figura de José y de él también tenemos que aprender para abrirnos al misterio de Dios que llega a nosotros, para tener unos ojos sensibles a lo divino como los tuvo José y aprender a descubrir también ese misterio de Dios, esos planes de Dios y prestar también la colaboración que Dios nos pide como lo hizo él.
Como lo hizo con María a quien Dios envía un ángel del cielo para comunicarle la maravilla de amor y de gracia que en ella se iba a realizar esperando también su sí, lo hizo también con José. Si María se sintió turbada ante las palabras del ángel que le manifetaban tanta grandeza de Dios para con ella, para José fueron momentos duros y difíciles hasta que no descubrió los designios de Dios, pues no entendía lo que pasaba en María. Fueron momentos de prueba en los que José manifestó la entereza de su vida y la reciumbre de su fe.
Era bueno. Las tinieblas de la duda le rodeaban pero en su bondad no quería hacer daño. Prefería quizá pasar por un doloroso silencio en su corazón, pero a él también Dios se le manifiesta y podíamos decir que también su corazón estaba lleno de gracia, del amor del Señor que quería contar con El.
‘No temas, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criartura que hay en su vientre viene del Espíritu Santo’. Las tinieblas se transforman en luz. También se siente tocado por la mano de Dios y él ha de colaborar igualmente en los planes de Dios. ‘Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque El salvará a su pueblo de los pecados’. Ponerle el nombre era la función del padre. Ahí tiene José que ocupar el lugar que Dios tenía reservado para él en la obra de la salvación.
‘Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho Dios por el profeta…’ Lo hemos escuchado en la primera lectura. Es la señal que Dios nos da y que tenemos que saber descubrir. ‘El Señor, por su cuenta, os dará una señal. Mirad la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel que significa Dios con nosotros’.
María diría como respuesta al anuncio del ángel: ‘Aquí está la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra’. José, en silencio como lo hacía siempre, también aceptaba el plan de Dios. ‘Hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a su casa a su mujer’. José había entrado también en el plan de Dios, en los designios divinos para nuestra salvación. Llamará al niño Jesús como le había dicho el ángel ‘porque El salvará a su pueblo de los pecados’.
¿No es hermosa la lección de José? Fidelidad y obediencia; silencio y obediencia; docilidad, humildad, servicio. Pocas pinceladas más nos dan los evangelistas de la vida de José, pero ese será el estilo del recorrido de su vida. Apertura a los designios de Dios en todo momento y obediencia; la obediencia de la fe, silenciosamente, siempre dispuesto a servir. Caminará a Belén cuando las circunstancias históricas se lo pidan, aunque también fueran momentos difíciles y llenos de carencias, pero ahí está viendo la voluntad del Señor. Marchará a Egipto para no poner en peligro la vida del niño y regresará más tarde a Nazaret en lugar de quedarse en Judea, porque en todo lo que va aconteciendo él descubre los designios de Dios para él.
Es la lección que tenemos que aprender y el camino que nos tiene que llevar a descubrir todo lo que es el amor de Dios que se nos manifiesta en esta navidad. Con fidelidad y esperanza también tenemos que aprender a abrir nuestro corazón a Dios y a su presencia maravillosa para descubrir también sus designios de amor para nosotros y para nuestro mundo. Tener unos ojos sensibles a lo divino y a lo sobrenatural como decíamos que había tenido José. Necesitamos esa sensibilidad para que se despierte nuestra fe, para que seamos capaces de admirarnos ante las maravillas que Dios quiere realizar en nosotros y a través de nosotros en los demás, en nuestro mundo.
José colaboró fielmente en ese designio de Dios que era designio de amor y salvación para la humanidad. Si nosotros llegamos a ser capaces de vivir esta navidad de una manera distinta dejándonos inundar por todo el misterio de Dios que llega a nosotros al encarnarse para nuestra salvación, no nos podemos quedar sólo para nosotros tantas maravillas de Dios sino que será algo que hemos de trasmitir, contagiar a los que nos rodean. No es sólo para nosotros; como nos decía san Pablo ‘por El hemos recibido ese don y esa misión: hacer que todos respondan a la fe, para gloria de su nombre’. Que todos puedan responder a la fe es tarea en la que hemos de empeñarnos y comprometernos.
Ya hemos dicho en otro momento de nuestro camino de adviento que el mundo necesita señales para descubrir a Dios y su plan de salvación para nosotros, y decíamos también que nosotros hemos de ser esos signos vivos del amor y de la presencia de Dios en medio del mundo. Es la colaboración que nos pide el Señor como a José. Nuestra vida quizá callada como la de José, sin embargo ha de ser un grito que despierte a los demás, una semilla que haga brotar y florecer la fe en muchos a nuestro lado.
‘Le puso por nombre Jesús porque El salvará a su pueblo…’ Con nuestra vida, con nuestro testimonio vamos nosotros diciendo también Jesús a cuantos nos rodean para que a todos llegue también esa salvación que viene a traernos. Diremos Jesús cuando hagamos ver que navidad no son sólo bonitas palabras y buenos deseos, que navidad no son sólo unos regalos que nos podamos hacer porque nos los trae papá Noel o los Reyes Magos, que navidad no son sólo unas luces parpadeantes que pongamos como adorno, que navidad no son unas simples fiestas para comer bien o mucho, sino que Navidad es el nacimiento de Jesús, que es el Hijo de Dios y nuestro Salvador.
Y diremos Jesús porque El sí es el gran regalo de Dios para nosotros porque nos está mostrando todo el amor que Dios nos tiene, que nos perdona y nos salva, que nos llena de vida y nos hace hijos, que nos pone en un camino de amor para que todos nos amemos y sintamos hermanos, y que nos llena de felicidad, pero no una felicidad externa y de jolgorio, sino una felicidad grande en lo más hondo de nosotros mismos porque nos llenamos de Dios, de su vida y de su gracia.
Aprendemos de José, aprendemos de María a abrirnos a Dios que llega a nosotros. Fidelidad y obediencia de fe, escucha de Dios y silencio como José, docilidad, humildad y servicialidad son actitudes que tenemos que poner en nosotros y así nos prepararemos de la mejor manera a vivir la próxima navidad.
viernes, 5 de febrero de 2010
Estando con Jesús saboreemos la sabiduría de Dios
Sal. 118
Mc. 6, 30-34
Quiero subrayar brevemente varios pensamientos que me surgen a partir de la reflexión de los textos de la Palabra proclamados hoy.
Hemos hablado en varias ocasiones recientemente cómo Jesús llamó a los Doce para que estuvieran con El. Y hemos escuchado en días pasados cómo los envió a predicar de dos en dos anunciando el Reino, predicando la conversión y dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Hoy contemplamos el regreso de los apóstoles que ‘volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado’.
A continuación nos dice el evangelista que Jesús quiso llevárselos a un lugar tranquilo y apartado para estar con El. ‘Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco’. Nos está manifestando la preocupación de Jesús por ese grupo de los apóstoles y cómo, podríamos decir, el trata de cuidarlos de manera especial.
Estar con Jesús. En la intimidad de la soledad. Como amigos que se encuentran y quieren estar juntos para contarse muchas cosas. Lo necesitamos hacer con Jesús. Después de un encuentro así cómo crece la amistad y el amor. Lo necesitamos para alimentar nuestra fe. Es la intimidad de la oración. Es el descanso y el alimento del alma. Es el diálogo de amor. Es sentir la paz del Señor en la vida. Es el hablarle, contarle nuestras cuitas y preocupaciones, pero también es el escucharle, sentir lo que El quiere decirnos allá en lo más hondo del corazón. Es el silencio, quizá, de estar simplemente con El. Necesitamos de ese silencio de paz.
Un segundo pensamiento al hilo de lo que sigue contándonos el evangelio. La gente quiere estar también con Jesús. En esta ocasión vemos que no lo dejan en paz y le buscan a donde quiera que se vaya. ‘Eran tantos los que iban y venían que no encontraban tiempo ni para comer’. Ahora vienen de todas partes e incluso se les adelantan para cuando llegue a desembarcar. ‘Al desembarcar Jesús vio una multitud’ que se les habían adelantado.
Pero aquí aparece una vez más el corazón lleno de amor de Jesús. ‘Le dio lástima de ellos porque andaban como ovejas sin pastor y se puso a enseñarles con calma’. Nunca nos faltará ese amor. Siempre El está dispuesto a alimentarnos. Ahora lo hace con su Palabra. Si siguiéramos leyendo el texto del evangelio, lo veríamos realizar el milagro de la multiplicación de los panes. Es un amor que da totalmente por nosotros.
Finalmente el tercer pensamiento lo tomamos del texto del libro de los Reyes. ¿Qué desearíamos en realidad pedir nosotros al Señor como deseo más importante? Nos lo va a enseñar este texto. Salomón ha heredado el reino de David, su Padre. Se acerca a los santuarios para hacer las ofrendas y dar gracias. ‘Pídeme lo que quieras’, le dice el Señor.
¿Qué es lo que le pediría Salomón? Comienza reconociendo la misericordia que el Señor ha tenido con David, su padre. Para él sólo pide sabiduría y prudencia. No pide riquezas, ni pide poder ni ostentación. ‘Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien…’ Un corazón dócil y discernimiento. En una palabra, sabiduría. Saber encontrar el sentido de la vida y de las cosas. Saber discernir el bien del mal. Un corazón que aprecie lo bueno, que busque lo bueno, que sus aspiraciones sean metas altas y nobles.
¿Qué le pedimos nosotros al Señor? ‘Bendito eres, Señor; enséñame tus leyes’, decíamos en el salmo; que sepamos descubrir lo que es la voluntad del Señor. Que por nuestra rectitud y bondad seamos gratos al Señor y toda nuestra vida será bendición y alabanza para el Señor.


.jpg)
